Categoría: Economia y Finanzas

  • La era de los superricos: ¿beneficio o amenaza a la democracia?

    La era de los superricos: ¿beneficio o amenaza a la democracia?

    En su artículo “La era de los superricos”, Guy Sorman reflexiona sobre la creciente influencia de los multimillonarios en la economía global y la política contemporánea, planteando una crítica tanto moral como estructural sobre el papel que estas élites juegan en nuestras sociedades modernas.

    Sorman parte de una observación estadística: según cálculos de la prensa económica anglosajona, el mundo cuenta con alrededor de 3 000 multimillonarios, una cifra sin precedentes en la historia. Para él, este número no solo refleja un auge sin igual de la acumulación extrema de riqueza, sino también una transformación en la distribución del poder económico y político a escala global.

    El economista francés distingue varias categorías entre estos superricos. Por un lado están los herederos, que representan aproximadamente la mitad de los multimillonarios y que, según Sorman, viven de rentas sin aportar contribuciones significativas al progreso económico o social. Por otro lado, distingue entre creadores —como Bill Gates, cuya innovación tecnológica expandió el acceso a la informática— y depredadores, aquellos cuya fortuna se sustenta principalmente en la especulación financiera.  Esta segunda categoría es particularmente polémica para Sorman, ya que sitúa a figuras como George Soros, Stephen Schwartzmann o Warren Buffett en un grupo que obtiene enormes beneficios sin necesariamente contribuir al bien común.

    Una de las preocupaciones centrales que Sorman plantea es la proximidad entre dinero y poder político. Argumenta que muchos multimillonarios han acumulado parte de su riqueza gracias a sus vínculos con gobiernos y élites políticas, una tendencia que se observa no solo en Estados Unidos, sino también en países como China, India, Rusia y Nigeria. Esta interconexión, advierte, plantea un riesgo para la democracia liberal porque los intereses de un puñado de individuos ricos pueden llegar a prevalecer sobre los de las mayorías ciudadanas.

    Además de su influencia política, Sorman subraya que los superricos tienen cada vez más control sobre los medios de comunicación y las plataformas digitales, lo que les permite moldear narrativas públicas a su favor. En Francia, por ejemplo, el oligarca del sector del lujo Bernard Arnault no solo mantiene relaciones estrechas con el poder político, sino que también ejerce control sobre medios escritos, ampliando así su capacidad de influencia cultural y social.

    Sorman no ignora las aportaciones filantrópicas de algunos multimillonarios, especialmente en el contexto de Estados Unidos, donde figuras como Rockefeller, Carnegie, Gates o Buffett han donado importantes sumas a causas humanitarias y educativas.  Sin embargo, el autor señala que esta filantropía representa una excepción y no la regla, y en muchos casos también se retuerce para fines fiscales o de prestigio personal.

    La crítica de Sorman va más allá de un juicio moral: sugiere que la concentración extrema de riqueza puede generar distorsiones estructurales en la economía global, disminuyendo la equidad, reforzando monopolios y distorsionando los mecanismos de competencia.  También advierte que esta concentración puede debilitar la base de la democracia representativa, ya que los superricos tienen recursos para influir en elecciones, políticas públicas e incluso en la legislación fiscal a su favor.

    “La era de los superricos” de Guy Sorman plantea una pregunta inquietante: ¿puede una democracia liberal prosperar cuando una minoría acumula niveles de riqueza y poder comparables a los de los Estados nacionales? Sorman sugiere que si no se toman medidas para limitar la influencia política y económica de estas élites —sea a través de políticas fiscales, regulación mediática o controles antimonopolio— la democracia y la equidad social podrían verse seriamente debilitadas. La discusión libertaria está servida.

  • Stablecoins: ¿Una Amenaza Real para los Depósitos Bancarios?

    Stablecoins: ¿Una Amenaza Real para los Depósitos Bancarios?

    La rápida expansión de las stablecoins —criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, típicamente vinculadas al dólar estadounidense— ha generado debates intensos sobre su impacto potencial en el sistema bancario tradicional. Un reciente informe del banco global Standard Chartered advirtió que estas monedas digitales podrían convertirse en una amenaza significativa para los depósitos bancarios en Estados Unidos y en otras regiones del mundo.

    Según el análisis de Geoff Kendrick, jefe global de investigación en activos digitales de Standard Chartered, el crecimiento de las stablecoins podría causar que hasta un tercio de los depósitos bancarios de Estados Unidos migren hacia estos activos digitales si la adopción continúa al ritmo actual. Es decir, de un mercado de stablecoins de alrededor de 301.4 mil millones de dólares, potencialmente cientos de miles de millones podrían salir del sistema bancario tradicional antes de 2028.

    Este fenómeno no se presenta necesariamente como una crisis repentina, sino como una transformación estructural del dinero y los servicios financieros. A diferencia de los retiros bancarios clásicos que ocurren en momentos de pánico, las salidas de depósitos hacia stablecoins podrían suceder gradualmente a medida que individuos y empresas perciban mejores rendimientos, mayor eficiencia en pagos y liquidez 24/7.


    ¿Por Qué las Stablecoins Pueden Desplazar Depósitos?

    Las stablecoins, al estar diseñadas para mantener paridad con el dólar, ofrecen beneficios atractivos frente a las cuentas bancarias tradicionales:

    • Liquidez inmediata y pagos instantáneos: las transacciones se procesan en minutos o segundos, sin las demoras habituales de la banca tradicional.
    • Acceso a rendimientos externos: plataformas de criptomonedas o servicios DeFi (finanzas descentralizadas) permiten generar rendimientos sobre stablecoins, algo que muchos depósitos bancarios no ofrecen o lo hacen a tasas reducidas. Esto crea presión competitiva sobre los depósitos bancarios.

    Estas ventajas han impulsado la adopción, especialmente en economías emergentes donde los ciudadanos buscan alternativas más estables a monedas locales inestables o sistemas financieros menos desarrollados. De hecho, según estimaciones, una parte importante de la demanda de stablecoins proviene de mercados fuera de Estados Unidos.


    Impacto Sobre los Bancos Tradicionales

    Los depósitos bancarios no son un simple número; representan la base de financiamiento del sistema bancario. Los bancos usan estos fondos para otorgar préstamos, generar intereses y sostener operaciones generales. Una migración masiva de depósitos fuera de la banca tradicional puede significar:

    • Menores ingresos por margen de interés: el diferencial entre lo que un banco gana por los préstamos y lo que paga por los depósitos se reduce si los depósitos disminuyen.
    • Mayor coste de financiamiento: para compensar la salida de depósitos, los bancos podrían verse obligados a ofrecer tasas más altas para captar recursos, lo que presiona sus márgenes.
    • Reducción de crédito a empresas y consumidores: con menos depósitos disponibles, los bancos ajustan su oferta de préstamos, afectando la economía real.

    Especialmente vulnerables son los bancos regionales, que dependen más del financiamiento local y de depósitos estables, a diferencia de los grandes bancos diversificados.


    Regulación: ¿Solución o Problema?

    En Estados Unidos, la aprobación de marcos regulatorios como la CLARITY Act busca establecer reglas claras para las stablecoins, incluyendo limitar su capacidad de pagar intereses directos a los tenedores. Esto es clave porque si las stablecoins pueden ofrecer rendimientos competitivos, la migración de depósitos se aceleraría todavía más.

    Al mismo tiempo, las voces de la industria cripto argumentan que prohibiciones estrictas podrían ser anti-competitivas y sofocar la innovación. La disputa legislativa entre reguladores, bancos y empresas cripto indica que aún no hay consenso sobre cómo integrar estos activos en el sistema financiero sin poner en riesgo la estabilidad.


    Hacia un Futuro Financiero Híbrido

    Más allá de los riesgos, la creciente adopción de stablecoins podría impulsar una transformación del sistema financiero tradicional, dando lugar a modelos híbridos donde bancos, monedas digitales y sistemas de liquidación colaboren en vez de competir. Investigaciones académicas sugieren que arquitecturas que integren reservas fiduciarias con tecnologías de cadena de bloques podrían mitigar riesgos y salvaguardar la confianza del público.

    Las stablecoins han pasado de ser una curiosidad cripto a un factor que podría, a largo plazo, remodelar la estructura de los depósitos bancarios tradicionales. Aunque no implican un colapso inminente, su adopción creciente plantea desafíos reales para el sistema bancario, la regulación y el equilibrio entre innovación y estabilidad financiera.

  • Comercio internacional en crisis: acuerdo UE-Mercosur bloqueado

    El reciente voto del Parlamento Europeo para remitir el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha vuelto a poner de manifiesto una paradoja fundamental del comercio internacional contemporáneo: un tratado de libre comercio —forjado durante más de 25 años de negociacionesqueda paralizado por mecanismos jurídicos internos que lo convierten en un terreno minado de litigios y vetos políticos antes incluso de entrar en vigor.

    Este acuerdo, que fue firmado el 17 de enero de 2026 y que aspira a crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo —eliminando más del 90% de los aranceles entre la UE y los países de Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay)— debería representar un triunfo del comercio abierto.  Sin embargo, la decisión del Parlamento Europeo de someter el tratado a una revisión judicial y de demorar su aprobación durante posiblemente hasta dos años, pone en evidencia cómo las instituciones públicas, en lugar de facilitar intercambios beneficiosos, se convierten en obstáculos proteccionistas disfrazados de rigor legal.

    Desde una perspectiva liberal, este tipo de parálisis no solo es frustrante; es corrosivo para las propias bases del comercio internacional. El objetivo de un libre comercio genuino es permitir que individuos y empresas intercambien bienes y servicios voluntariamente, sin barreras artificiales que distorsionen precios, reduzcan eficiencia y limiten oportunidades económicas. Cuando el Estado —en este caso, a través de un órgano supranacional como el Parlamento Europeo— obliga a que un acuerdo comercial sea sometido a dilaciones jurídicas por cuestiones reglamentarias o de soberanía, está elevando las barreras estatales por encima de las decisiones de los actores económicos. El resultado inevitable es menor comercio, precios más altos y menor bienestar para consumidores y productores en ambas regiones.

    Este fenómeno no es exclusivo de la UE. En un contexto global donde Estados Unidos ha reforzado políticas proteccionistas en los últimos años —con aranceles u otras medidas defensivas siempre bajo justificaciones de seguridad nacional o política interna— se multiplica la percepción de que las grandes potencias prefieren controlar el comercio internacional a través del Estado antes que liberarlo en favor de individuos y empresas. En ambos casos, el proteccionismo se oculta bajo la bandera de “defender mercados domésticos”, pero termina perjudicando precisamente a quienes se pretende defender: los consumidores que pagan precios inflados y los productores que ven limitada su capacidad de competir en mercados más amplios.

    El debilitamiento o bloqueo de un acuerdo como el UE-Mercosur tiene consecuencias reales y tangibles: menor acceso a bienes más baratos, interrupciones en las cadenas de suministro, reducción de competitividad y una señal negativa para los países emergentes que buscan integrarse al mercado global. El bloqueo no solo retrasa beneficios económicos, sino que alimenta el ciclo de desconfianza entre bloques comerciales, empujando a gobiernos y legisladores a adoptar medidas aún más restrictivas para “proteger” sectores concretos. Así, por un laberinto judicial o un veto político, se sacrifican décadas de esfuerzos para conectar mercados.

    La crítica liberal al proteccionismo europeo o estadounidense no es dogmática ni abstracta: se basa en la experiencia histórica de que las economías abiertas generan mayor prosperidad, innovación y dinamismo que las cerradas. Para que los acuerdos de libre comercio cumplan su cometido, no bastan negociaciones interminables; deben ser facilitados, protegidos y defendidos como expresiones de la libertad económica. Cuando, en cambio, se convierten en objeto de litis judiciales o escudos arancelarios, los beneficiarios últimos no son los ciudadanos, sino las élites que obtienen réditos de la escasez y la burocracia.

    En última instancia, quienes siempre pierden con estas parálisis son los individuos: consumidores que pagan más, productores que venden menos y economías enteras que pierden competitividad. Si el objetivo declarado de los gobiernos es incrementar la prosperidad y la cooperación pacífica, deberían permitir que el comercio florezca, no entorpecerlo con tribunales y vetos políticos. El libre comercio debe ser libre no solo en el papel, sino en la práctica.

  • Interés falso, crisis real

    Interés falso, crisis real es la expresión que mejor sintetiza el conflicto reavivado en enero de 2026 entre Donald Trump y la Reserva Federal. Esta vez, el choque no fue solo retórico. Jerome Powell afirmó que el Departamento de Justicia (bajo la administración Trump) llegó a amenazar con una acusación penal vinculada a su testimonio sobre la renovación de la sede de la Fed, y calificó el movimiento como un “pretexto” para forzar a la autoridad monetaria a recortar tipos “más y más rápido”.

    En paralelo, Trump reforzó públicamente su preferencia por condiciones crediticias más laxas. El episodio más llamativo ocurrió el 10 de enero de 2026, cuando pidió un tope del 10% a la tasa de interés de las tarjetas de crédito durante un año (a partir del 20 de enero), sin detallar el mecanismo legal para imponerlo; el anuncio movió mercados y golpeó acciones de emisores y bancos.

    Presionar a la Fed es una mala idea (aunque “bajar tasas” suene popular)

    Para la tradición libertaria y, en particular, para la Escuela Austríaca, el problema no es solo “Trump vs. Powell”, sino el incentivo permanente a manipular el precio más importante de la economía: el tipo de interés. El interés no es un botón tecnocrático; es un precio intertemporal que coordina ahorro, inversión y consumo (la señal que conecta la preferencia temporal de millones de personas con los planes de empresas y bancos).

    Cuando una autoridad (o un poder político influyente sobre ella) empuja artificialmente las tasas a la baja, se distorsiona esa señal. En términos misesianos, el crédito barato no crea recursos reales: solo redistribuye y reordena decisiones. Ludwig von Mises advertía que la expansión del crédito no respaldada por ahorro real induce una prosperidad aparente que termina en ajuste: el auge se sostiene mientras el crédito se expande; cuando se frena, aparecen pérdidas y liquidaciones. Esa es la columna vertebral de la Teoría Austríaca del Ciclo Económico (Mises–Hayek): tasas artificialmente bajas → proyectos de inversión más “largos” y arriesgados (“malinvestment”) → choque con la realidad de recursos escasos → recesión/reestructuración.

    Dicho de forma menos académica: si el interés se “abarata” por presión política, se invita a empresas y hogares a endeudarse como si el ahorro abundara, aunque no sea cierto. El resultado típico no es bienestar sostenible, sino burbujas, asignación errónea de capital y, al final, un ajuste que castiga especialmente a quienes llegan tarde: trabajadores y pequeños ahorristas.

    El vínculo con inflación, empobrecimiento y “devaluación” del salario y del ahorro

    El relato popular suele presentar “bajar tasas” como un regalo: hipotecas más accesibles, consumo más fácil, bolsas contentas. La mirada austríaca pregunta: ¿a costa de qué?

    1. Efecto Cantillon (distribución desigual): el dinero nuevo (o el crédito creado) no entra parejo a la economía. Beneficia primero a quienes reciben el crédito antes (sector financiero, grandes deudores, Estado), mientras que los precios empiezan a subir antes de que los salarios del trabajador promedio se ajusten. Resultado: cae el salario real y se erosiona el ahorro.

    2. Inflación como fenómeno monetario: para los austríacos, la inflación es, en esencia, expansión de dinero/crédito; la suba de precios es el síntoma. Si el entorno político empuja a “dinero barato” y facilidades crediticias, se alimenta el riesgo de más expansión monetaria (directa o indirecta), con pérdida de poder adquisitivo.

    3. Empobrecimiento por incertidumbre y ciclos: los booms inducidos por crédito distorsionan la estructura productiva. El ajuste posterior destruye empleo y capital mal asignado. En ese vaivén, el trabajador paga dos veces: primero con encarecimiento del costo de vida, luego con inestabilidad laboral y estancamiento salarial.

    Por eso, desde esta óptica, la independencia del banco central no es un tecnicismo: es un dique imperfecto contra el uso político del dinero. Lo que narró Powell —amenazas y un clima de intimidación para conseguir recortes— se interpreta como un paso más hacia una política monetaria subordinada al ciclo electoral.

    ¿Y el tope a tasas de tarjetas? Popular, pero profundamente intervencionista

    La propuesta de Trump de capar al 10% las tasas de tarjetas de crédito añade otra capa al mismo impulso: si el crédito es caro, se ordena por decreto que sea barato. Pero, para un austríaco, un precio tope no elimina el riesgo ni el costo del capital: lo desplaza.

    • Si obligas a prestar barato en un segmento de alto riesgo (tarjetas), los intermediarios tienden a racionar crédito, subir comisiones, reducir límites o expulsar a los perfiles más vulnerables hacia opciones peores.

    • La tasa, guste o no, es información: refleja morosidad esperada, costo de fondeo y regulación. “Bajarla” por orden no hace que esas realidades desaparezcan.

    Además, el mensaje político combinado —presionar a la Fed por recortes y, a la vez, anunciar topes de tasas privadas— refuerza la percepción de que el objetivo es forzar una relajación financiera general, aun a costa de distorsionar señales y contratos.

    El atajo del “dinero barato” y su factura social

    Desde una perspectiva libertaria/austríaca, el problema de fondo no es si Powell “cede” o si Trump “gana” el pulso, sino el principio: intervenir el mercado financiero manipulando tasas —por presión política o por mandato— altera el mecanismo de coordinación que permite planificar a largo plazo. La aparente bonanza del crédito fácil suele pagarla el ciudadano común con inflación, pérdida del salario real, ahorros licuados y un ciclo de auge y caída que redistribuye riqueza hacia quienes están más cerca del grifo del crédito.

    En otras palabras: cuando el precio del tiempo (el interés) se politiza, la economía deja de guiarse por preferencias reales y pasa a guiarse por objetivos de corto plazo. Y la cuenta, tarde o temprano, llega al supermercado, al alquiler y a la libreta de ahorro del trabajador.

  • Salario mínimo y empleo “mínimo” 

    Cada vez que se anuncia un ajuste al salario mínimo, el debate se enciende con la misma promesa: “subir el piso” para mejorar la vida de quienes menos ganan. Suena noble. Pero la pregunta incómoda sigue allí: ¿la norma realmente eleva el bienestar de los trabajadores más vulnerables o, en la práctica, termina cerrándoles la puerta del empleo formal?

    En Panamá, el salario mínimo no es una cifra única, sino un mosaico de tasas: se fija por región, actividad económica y tamaño de empresa, y se revisa al menos cada dos años. Eso no es un detalle técnico; es el corazón del problema. Cuando el Estado define precios —y el salario es un precio: el de la hora de trabajo— inevitablemente afecta decisiones de contratación, horarios, inversión y, sobre todo, supervivencia de negocios pequeños. El Decreto Ejecutivo del 10 de enero de 2024 formalizó ese esquema por hora y por categorías en todo el país.

    El marco reciente lo ilustra bien. En 2025, la propia mesa tripartita reconocía que el sistema vigente comprende 59 tasas para 74 actividades, y hablaba de un salario mínimo promedio alrededor de B/.636.80 mensuales; además, admitía que aún estaban en fase técnica sin cifras propuestas, revisando informalidad, mipymes y comportamiento del mercado laboral.  Ese punto es crucial: si el diagnóstico incluye informalidad y fragilidad empresarial, un aumento mal calibrado puede acelerar lo que se quiere evitar.

    Y, sin embargo, el proceso cerró con humo blanco. El 10 de diciembre de 2025, el Ministerio de Trabajo informó un “consenso histórico” entre trabajadores, empleadores y gobierno: nuevas tasas que regirán desde el 16 de enero de 2026, con ajustes descritos como escalonados y con ejemplos de incrementos de entre B/.9.50 y B/.15 mensuales en ciertos rubros y regiones.  Medios que citan despacho de EFE resumieron el resultado como aumentos de US$10 a US$15 al mes, también con entrada en vigor el 16 de enero de 2026.

    Ahora bien: incluso cuando el aumento es “moderado”, el impacto no se reparte parejo. En el mercado hay empresas holgadas y empresas al límite. Las primeras absorben costos o los trasladan con más facilidad; las segundas recortan turnos, frenan contrataciones o cierran. En esa transición, los primeros en quedar fuera suelen ser los de menor productividad inicial: jóvenes sin experiencia, trabajadores con baja escolaridad, personas con discapacidad, y quienes necesitan horarios flexibles. La ley, que pretendía ayudar, termina actuando como filtro.

    A esto se suma una realidad que hoy día ya nadie discute: la automatización avanza. Cuando el costo legal de contratar sube, la máquina compite mejor. No por maldad del empresario, sino por aritmética. Un incremento pequeño puede ser la gota que justifique el autoservicio, la cocina semiautomatizada o el reemplazo de tareas rutinarias.

    El objetivo debería ser que más gente gane más, sí, pero a través de productividad, formación, reducción de trabas y formalización, no solo por decreto. Si el salario mínimo se convierte en “empleo mínimo”, el precio lo pagan, paradójicamente, quienes menos margen tienen para esperar. Y esa es la ironía que Panamá debería vigilar muy de cerca en 2026.

  • El ciclo de cuatro años de Bitcoin sigue vivo, pero ahora lo marcan la política y la liquidez

    Durante años, los analistas y entusiastas de Bitcoin han hablado de un patrón repetitivo que surge aproximadamente cada cuatro años, un ciclo tradicionalmente ligado al evento de halving —la reducción programada a la mitad de la recompensa minera que limita la emisión de nuevos BTC— y que históricamente ha coincidido con mercados alcistas de alta intensidad. Sin embargo, según Markus Thielen, director de investigación en 10x Research, ese patrón no ha desaparecido: continúa presente, aunque ahora está siendo impulsado por factores externos como la política monetaria, los ciclos electorales y la disponibilidad de liquidez en los mercados globales, más que por el propio halving.

    En una reciente aparición en The Wolf Of All Streets Podcast, Thielen destacó que muchos observadores han llegado a la conclusión errónea de que el ciclo de cuatro años de Bitcoin estaría “roto” o extinto. Para él, no es así: el ciclo sigue intacto, pero su dinámica subyacente ha evolucionado. Mientras que en el pasado el halving jugaba un papel central en la formación de tendencias alcistas, hoy este rol lo desempeñan elementos vinculados al entorno macroeconómico y político.

    Uno de los argumentos más llamativos se basa en el alineamiento de máximos históricos anteriores: 2013, 2017 y 2021, que coincidieron con trimestres finales del año en momentos de incertidumbre política o cerca de elecciones presidenciales en Estados Unidos. Esto sugiere, según Thielen, que las expectativas y decisiones políticas —como cambios de administración, debates fiscales o resultados electorales— están influyendo más en el comportamiento del mercado que los eventos técnicos programados de Bitcoin.

    Este cambio de énfasis a los factores macro también se observa en el impacto de las decisiones de los bancos centrales, especialmente la Reserva Federal de Estados Unidos. Aunque históricamente los recortes de tasas de interés han apoyado el apetito por activos de riesgo —incluyendo criptomonedas—, en el entorno actual ese efecto no ha sido tan claro. Aunque la Fed ha recortado tasas recientemente, Bitcoin no ha mostrado un fuerte impulso alcista inmediato. La razón, según el análisis de 10x Research, es que inversores institucionales, ahora dominantes en los mercados cripto, están siendo más cautelosos, y las señales ambiguas de política monetaria junto con condiciones de liquidez relativamente ajustadas han ralentizado las entradas de capital necesarias para una ruptura parabolica de precios.

    Este enfoque en la liquidez no es exclusivo de Thielen. Otros analistas han señalado que los mercados de Bitcoin y criptomonedas en general son particularmente sensibles al flujo global de liquidez, y que los eventos de halving han sido más correlativos que causales para los ciclos de mercado. Es decir, las subidas generales de liquidez en el sistema financiero global tienden a coincidir con rallys de Bitcoin, independientemente del calendario de reducciones de emisión.

    La conclusión es que los inversores podrían necesitar replantear cómo piensan sobre el ciclo de Bitcoin. En lugar de enfocarse ciegamente en fechas fijas como el halving, podría ser más útil prestar atención a catalizadores macroeconómicos y geopolíticos: elecciones presidenciales en mercados clave, debates sobre deuda fiscal, cambios de política monetaria en economías avanzadas y variaciones en la liquidez global. Todos estos factores pueden actuar como disparadores tanto para periodos de euforia como de consolidación.

    Por ahora, Bitcoin parece estar en una fase de consolidación dentro de un rango, con la falta de liquidez impulsando menos volatilidad direccional. Esto no significa que los ciclos hayan desaparecido, sino que su naturaleza ha evolucionado. Los participantes del mercado que comprendan esta nueva dinámica —donde la política y la liquidez global pesan tanto como los fundamentos técnicos del propio Bitcoin— probablemente estarán mejor posicionados para anticipar los próximos movimientos significativos del activo.

  • Tether: una reserva global privada en oro?

    Recientemente, según un informe de Cointelegraph, Tether compró 26 toneladas de oro durante el tercer trimestre de 2025 —una cantidad superior a la adquirida ese trimestre por cualquier banco central que publicó sus datos.  Con ese paso, sus reservas totales de oro ascendieron a unas 116 toneladas, lo que la coloca entre los 30 mayores poseedores de oro del mundo —un lugar típicamente reservado a entidades soberanas.

    Este giro marca un fenómeno inédito: una empresa privada, emisora de criptomonedas, rivaliza en acumulación de oro con naciones. ¿Qué significa esto para el mercado, para Tether, y para quienes operan con criptomonedas?

    ¿Por qué Tether compra tanto oro?

    Según Cointelegraph, la estrategia de Tether combina varios objetivos:

    • Diversificación de reservas: en un contexto global de incertidumbre, inflación creciente y dudas sobre las monedas fiat, el oro vuelve a ser visto como refugio. Tether parece querer reforzar su estabilidad financiera, alejándose de la dependencia exclusiva del dólar u otros activos financieros.
    • Respaldo de sus stablecoins / criptoactivos respaldados: parte del oro podría servir de colateral para sus productos, incluidos tokens respaldados por metales, como XAUt —el token “oro-tokenizado” de Tether.
    • Convertirse en un actor institucional “entre bancos”: al acumular activos tradicionalmente reservados a bancos centrales, Tether está redefiniendo su rol: ya no es solo un emisor cripto, sino un jugador en los mercados globales de reservas.

    Para muchos inversores y actores del mercado, estos movimientos podrían fortalecer la confianza en Tether: un respaldo tangible, diversificado, menos dependiente de políticas monetarias, y con oro —un activo históricamente reconocido.

    ¿Qué señales da este cambio de paradigma?

    1. Un nuevo tipo de “reserva global” privada

    Tether pone en evidencia que no solo los estados pueden acumular metal precioso como reserva. Las grandes firmas privadas, con respaldo cripto, ahora compiten en igual de condiciones. Esto reconfigura la idea de reserva de valor: ya no es patrimonio exclusivo nacional.

    2. Hibridización del mundo cripto y los mercados tradicionales

    Con este enfoque, Tether mezcla lo tradicional (oro, reservas, colaterales tangibles) con lo nuevo (blockchain, stablecoins, tokenización). Esa hibridización podría convencer a quienes dudaban del cripto: ofrece una puerta de entrada al mundo digital con respaldo tangible.

    3. Presión al sistema monetario tradicional y rol de los bancos centrales

    Si más entidades privadas siguen este camino, los bancos centrales podrían ver erosionada su hegemonía sobre las reservas de valor. En un contexto de crisis monetarias o inflación alta, el oro privado-tokenizado puede competir con monedas nacionales —con las consecuencias estructurales que eso implica.

    Riesgos y dudas que permanecen

    Pero no todo es optimismo: este movimiento trae consigo advertencias importantes:

    • Aunque Tether declara que sus compras provienen de beneficios, la concentración de gran parte del oro en una firma privada plantea riesgos de centralización, opacidad y vulnerabilidad ante decisiones corporativas arbitrarias.
    • Que una empresa privada acumule tanto oro puede generar presión especulativa sobre los precios del metal, vinculando el mercado del oro a la volatilidad del mundo cripto —algo inusual para un refugio tradicional.
    • A largo plazo, la correlación creciente entre criptoactivos, tokens respaldados y metales preciosos puede alterar la función histórica del oro como reserva estable y refugio, transformándolo en un activo financiero más, sujeto a ciclos de confianza tan volátiles como cualquier otro.

    Un giro paradigmático —con oportunidades y riesgos

    La estrategia de Tether de comprar más oro que muchos bancos centrales es —sin duda— un punto de inflexión. Revela que el mapa global de reservas ya no pertenece únicamente a los estados. Las firmas cripto pueden acumular metal, tokenizarlo y ofrecerlo como respaldo, reconfigurando el equilibrio entre finanzas tradicionales y digitalización.

    Para quienes buscan alternativas al sistema tradicional, esto puede representar una oportunidad real: diversificación, respaldo tangible, menor dependencia del dólar o del sistema bancario. Pero al mismo tiempo, abre interrogantes profundos sobre soberanía monetaria, riesgos de concentración, estabilidad del mercado del oro, y la naturaleza misma de lo que consideramos “seguro”.

    El movimiento de Tether no es simplemente un dato más —es una señal de que el mundo financiero podría estar entrando en una fase de transformación estructural, en la que criptomonedas y oro coexisten, redefinen reservas y desafían modelos históricos. Y como toda transformación, traerá consigo beneficios, riesgos, experimentos, y un margen de incertidumbre considerable.

  • ¿Cómo deciden los pequeños inversores? La sabiduría colectiva en el ‘crowdfunding’

    En la última década, las plataformas de crowdfunding (micromecenazgo) –como Kickstarter, Indiegogo, Verkami o Ulule– se han convertido en uno de los motores más visibles de la financiación colectiva, ayudando a pequeños emprendedores con proyectos innovadores a conseguir financiación por casi 10 000 millones de dólares.

    Desde relojes inteligentes hasta cafeteras portátiles o videojuegos, millones de personas han apoyado ideas creativas aportando pequeñas sumas de dinero a cambio de una recompensa futura (compra del producto con descuento, versiones exclusivas o tempranas, merchandising, eventos, talleres, etc.). Pero detrás de este fenómeno aparentemente espontáneo se esconde una pregunta fascinante: ¿cómo decide la multitud (los inversores y financiadores) qué proyectos apoyar?

    En un estudio académico publicado en verano de 2025 ofrecemos una respuesta basada en la evidencia. Analizando los datos diarios de casi 4 000 proyectos de Kickstarter encontramos un patrón de comportamiento colectivo que combina dos fuerzas:

    1. La señalización: la información que transmite el creador.
    2. El comportamiento de manada (herding): la imitación a los primeros financiadores por parte de los posteriores.

    Lejos de ser irracional, esta combinación genera lo que en economía se denomina una cascada informativa: un proceso en el que las decisiones individuales, observadas y acumuladas, transmiten información útil al resto del mercado. En otras palabras, la sabiduría surge dentro de la multitud… si las condiciones son las adecuadas.

    La curva de comportamiento: del análisis a la imitación

    Kickstarter es un laboratorio perfecto para estudiar cómo la gente toma decisiones en entornos de incertidumbre. A diferencia del crowdfunding de capital, donde los inversores compran participaciones de una empresa y los expertos financieros juegan un papel clave, el crowdfunding basado en recompensas carece de expertos identificables.

    Los financiadores (backers) son, en su mayoría, consumidores normales que aportan pequeñas cantidades a cambio de recibir el producto cuando se fabrique. Esto plantea un problema: ¿cómo distinguir los buenos proyectos de los malos si en estos mercados apenas hay analistas o inversores profesionales que filtren la información?

    El resultado más revelador del estudio es la existencia de dos fases claramente diferenciadas en la evolución de las campañas de Kickstarter: la fase de señalización y la fase de comportamiento de manada.

    La fase de señalización

    Durante los primeros días, un grupo reducido de patrocinadores (entre el 5 y el 10 % del total) se comporta de manera racional e informada. Estos financiadores tempranos no actúan por impulso, sino basándose en señales observables de calidad, como la claridad y extensión de la descripción del proyecto, la experiencia previa del emprendedor, la existencia de actualizaciones tempranas o enlaces externos (páginas web, redes sociales), y el uso de un tono positivo y transparente en la descripción de los riesgos del proyecto.

    En términos prácticos, estos primeros patrocinadores “leen la letra pequeña”, analizan la información y deciden si vale la pena confiar en el creador del proyecto: el emprendedor.

    Nuestro estudio muestra que los proyectos mejor presentados logran alcanzar rápidamente el 10 % de su objetivo de financiación, lo que constituye una señal pública de credibilidad.

    La fase de comportamiento de manada

    A medida que avanza la campaña, la lógica cambia. Los patrocinadores tardíos –la gran mayoría– dejan de basar sus decisiones en la información directa del proyecto y comienzan a imitar el comportamiento de los primeros.

    Si una campaña avanza rápido en sus primeros días, esa velocidad genera confianza y atrae nuevas aportaciones. Si, por el contrario, tarda demasiado en despegar, el efecto es el opuesto.

    El estudio demuestra que existe una relación directa entre el tiempo en que el proyecto tarda en alcanzar el 10 % inicial y la velocidad de financiación en las fases posteriores: cuanto más rápido se recauda al principio, más rápido se financia todo el proyecto.

    Este patrón genera una curva característica: un inicio muy dinámico (la señalización), seguido de una aceleración sostenida impulsada por el comportamiento de manada. En los proyectos exitosos, la curva de financiación tiene forma convexa –una subida creciente–. En los fracasados, la curva es plana o decreciente desde el inicio.

    ¿Sabiduría o contagio?

    Podría pensarse que este comportamiento colectivo es simplemente una forma de contagio emocional. Sin embargo, el comportamiento de manada que observamos en Kickstarter no es irracional, sino el resultado de un aprendizaje social eficiente, conocido como “la sabiduría de la multitud”, que hace que los patrocinadores se autoseleccionen:

    • Los que tienen más conocimientos sobre el producto (por ejemplo, diseñadores que apoyan un nuevo dispositivo) tienden a ser patrocinadores tempranos, capaces de analizar la calidad del proyecto y del emprendedor.
    • Los menos informados prefieren esperar y observar qué hacen los primeros antes de decidir.

    Esa autoselección produce una cascada informativa positiva, donde las primeras decisiones contienen información útil que se transmite al resto. Conforme la campaña avanza, la información transmitida por el comportamiento de los patrocinadores tempranos se vuelve más fuerte. Es decir, la manada sustituye a la señalización de la calidad, pero no la destruye sino que la complementa.

    ¿Por qué la cascada informativa es una buena noticia?

    La multitud aprende colectivamente. Los patrocinadores más informados enseñan con sus decisiones a los menos informados y el resultado es que la asignación de fondos termina siendo, en promedio, más eficiente de lo que cabría esperar en un mercado sin supervisión profesional.

    Este mecanismo permite compensar la falta de expertos y reducir los problemas de información asimétrica que suelen limitar la financiación de proyectos creativos.

    En conclusión, la multitud, bien guiada, puede ser sabia.

    Implicaciones directas para los emprendedores

    Las dos fuerzas que intervienen en esta toma de decisiones, señalización y comportamiento de manada hacen del crowdfunding una herramienta muy atractiva para los emprendedores con ideas creativas, ya que aquellos proyectos buenos consiguen el 100 % de la financiación en apenas días.

    La clave está en la calidad de las señales iniciales y en la capacidad de las plataformas para hacer visible la información sobre el comportamiento temprano de los financiadores. Las campañas con mejor diseño y comunicación inicial en crowdfunding atraen a los patrocinadores informados, que actúan como catalizadores del éxito.

    Es crucial que el emprendedor publique información transparente y señales de compromiso (por ejemplo, actualizaciones tempranas, prototipos o vídeos claros).

    La atención debe centrarse en los primeros días, porque la financiación temprana genera un efecto “bola de nieve” que determina el resultado final.

    Implicaciones para los reguladores

    Al contrario de lo que algunos temen, la evidencia sugiere que los mercados de crowdfunding no están dominados por el fraude o la irracionalidad, sino que tienden a autorregularse mediante el aprendizaje social.

    Por lo tanto, el riesgo de fraude es bajo mientras que una regulación excesiva podría sofocar la innovación de los creadores y la participación de los financiadores.The Conversation

    Gabriel Rodríguez-Garnica, Profesor de Finanzas, FinTech, Blockchain y Criptoactivos, Universidad Pontificia Comillas

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Existe una burbuja de la inteligencia artificial y esto es lo que podría pasar si estallase

    Los auges y las crisis son una característica recurrente de la economía moderna, pero cuando el valor de un activo se infla en exceso, un auge se convierte rápidamente en una burbuja.

    Los dos episodios de este tipo más recientes fueron la burbuja puntocom en Estados Unidos (1996-2000) y las burbujas inmobiliarias que surgieron alrededor de 2006 en diferentes países. Ambas terminaron en recesión: la primera fue relativamente leve y la segunda, catastróficamente grave. Los recientes y vertiginosos aumentos en los precios de las acciones de las empresas relacionadas con la IA han llevado a muchos inversores a preguntarse: “¿Estamos presenciando otra burbuja de precios de activos?”.

    Es importante situar el actual auge de la IA en su contexto. El precio de las acciones de Nvidia, que fabrica muchos de los chips informáticos que alimentan la industria de la IA, se ha multiplicado por 13 desde principios de 2023. Las acciones de otras empresas relacionadas con la IA, como Microsoft y Alphabet, la empresa matriz de Google, se han multiplicado por 2,1 y 3,2, respectivamente. En comparación, el índice S&P 500, que sigue la evolución de las acciones de las empresas más importantes de Estados Unidos, solo se ha multiplicado por 1,8 en el mismo periodo.

    Es importante destacar que estas empresas relacionadas con la IA están incluidas en el S&P 500, lo que aumenta aún más la diferencia con las empresas no relacionadas con la IA. Por lo tanto, parece que existe una burbuja de IA, pero no tiene por qué acabar repitiéndose lo ocurrido en 2008.

    Cómo se forma una burbuja

    El precio de cualquier acción se puede desglosar en dos componentes: su valor fundamental y el valor inflado de la burbuja. Si el precio de la acción está por encima de su valor fundamental, existe una burbuja en su precio.

    El valor fundamental de un activo es la suma descontada de sus dividendos futuros esperados. La palabra clave aquí es “esperados”. Dado que nadie, ni siquiera ChatGPT, puede predecir el futuro, el valor fundamental depende de las expectativas subjetivas de cada inversor. Pueden ser optimistas o pesimistas; con el tiempo, algunos tendrán razón y otros se equivocarán.

    Los inversores optimistas esperan que la IA cambie el mundo y que los propietarios de esta tecnología obtengan beneficios (casi) infinitos. Al no saber qué empresa saldrá victoriosa, invierten en todas las empresas relacionadas con la IA.

    Por el contrario, los inversores pesimistas piensan que la IA es solo un programa informático complejo, en lugar de una tecnología verdaderamente innovadora, y ven burbujas por todas partes.

    Una tercera posibilidad son los inversores más sofisticados. Se trata de personas que piensan, o saben, que hay una burbuja, pero siguen invirtiendo con la esperanza de poder aprovechar la ola y salir antes de que sea demasiado tarde.

    La última de estas posibilidades recuerda la infame cita del director ejecutivo de Citigroup, Chuck Prince, antes de que estallara la burbuja inmobiliaria de 2008: “Mientras suene la música, hay que levantarse y bailar”.

    Como economista, puedo afirmar con seguridad que es imposible que todas las empresas relacionadas con la IA acaben dominando el mercado. Esto significa, sin lugar a dudas, que el valor de al menos algunas acciones relacionadas con la IA tiene un gran componente de burbuja.

    Escasez de activos

    Las burbujas de los precios de los activos pueden ser la respuesta natural del mercado a la escasez de activos. En un momento en el que la demanda de activos supera la oferta (especialmente en el caso de activos seguros como los bonos del Estado), hay margen para que surjan otros activos más nuevos.

    Este patrón explica la aparición, por ejemplo, de la burbuja puntocom de la década de 1990 y la posterior burbuja inmobiliaria de la década de 2000. En ese contexto, el papel cada vez más importante de China en los mercados financieros aumentó la demanda de activos en Occidente: el dinero se destinó primero a las empresas puntocom en la década de 1990 y, cuando estalló esa burbuja, a financiar la vivienda a través de valores respaldados por hipotecas.

    En el contexto actual, una combinación de factores ha allanado el camino para la burbuja de la IA: el entusiasmo por las nuevas tecnologías, los bajos tipos de interés (otro indicio de la escasez de activos) y las enormes cantidades de efectivo que fluyen hacia las grandes empresas.

    El estallido de la burbuja: escenarios buenos, malos y feos

    Como mínimo, parte del aumento vertiginoso del valor de las acciones relacionadas con la IA es una burbuja, y una burbuja no puede mantenerse inflada para siempre. Tiene que estallar por sí sola o, en el mejor de los casos, desinflarse cuidadosamente mediante medidas específicas del Gobierno o del Banco Central. La actual burbuja de la IA podría terminar en uno de estos tres escenarios: bueno, malo o feo.

    El bueno: auge, no burbuja

    Durante la burbuja puntocom, muchas empresas malas recibieron demasiado dinero; el ejemplo clásico fue Pets.com. Pero la burbuja también proporcionó financiación a empresas como Google, lo que (posiblemente) contribuyó a convertir internet en una tecnología que mejora la productividad.

    Algo similar podría ocurrir con la IA, ya que la actual avalancha de inversiones podría, a largo plazo, crear algo bueno: una tecnología que beneficie a la humanidad y que, con el tiempo, genere un retorno de la inversión. Sin los niveles de flujo de caja propios de una burbuja, no se financiaría.

    En este escenario optimista, la IA, aunque pueda desplazar algunos puestos de trabajo a corto plazo (como ocurre con la mayoría de las tecnologías), resultará positiva para los trabajadores. También supongo que, obviamente, no conducirá a la extinción de la humanidad. Para que esto sea así, los Gobiernos deben introducir regulaciones adecuadas y sólidas. También es importante destacar que no es necesario que los países inventen o inviertan en nuevas tecnologías, sino que deben adaptarlas y proporcionar aplicaciones para que sean útiles.

    El malo: un estallido suave

    Todas las burbujas acaban estallando. Tal y como están las cosas, no sabemos cuándo ocurrirá esto, ni el alcance de los posibles daños, pero probablemente se producirá una corrección del mercado cuando un número suficiente de inversores se dé cuenta de que muchas empresas están sobrevaloradas. Esta caída del mercado bursátil provocará inevitablemente una recesión.

    Esperemos que sea de corta duración, como la recesión de 2001 que siguió al estallido de la burbuja puntocom. Aunque ninguna recesión es indolora, esta fue relativamente leve y duró menos de un año en Estados Unidos.

    Sin embargo, el estallido de la burbuja de la IA puede ser más doloroso porque hay más hogares que participan (ya sea directamente o indirectamente a través de fondos de inversión) en el mercado de valores que hace 20 años.

    Aunque la función de los bancos centrales no es controlar los precios de los activos, es posible que tengan que plantearse subir los tipos de interés para desinflar la burbuja antes de que crezca demasiado. Cuanto más repentino sea el colapso, más profunda y costosa será la recesión posterior.

    El feo: colapso y caída

    El estallido de la burbuja de la IA sería grave si compartiera más características de las que imaginamos con la burbuja inmobiliaria de la década de 2000. En el lado positivo, las acciones de IA no son viviendas. Esto es bueno porque, cuando estallan las burbujas inmobiliarias, los efectos sobre la economía son mayores y más duraderos que con otros activos.

    La burbuja inmobiliaria no solo causó la crisis financiera de 2008: también provocó el colapso del sistema financiero mundial. Otra razón para ser optimistas es que el papel de los bancos comerciales en las finanzas de la IA es mucho menor que en la vivienda, ya que una gran cantidad del dinero de cada banco está perpetuamente inmovilizado en hipotecas.

    Sin embargo, una advertencia importante es que no sabemos cómo reaccionará el sistema financiero si estas grandes empresas de IA incumplen el pago de su deuda. Resulta alarmante que esta parezca ser la forma en que están financiando actualmente nuevas inversiones: un análisis reciente del Bank of America advirtió que las grandes empresas tecnológicas dependen en gran medida de la deuda para construir nuevos centros de datos, muchos de los cuales están destinados a cubrir una demanda que aún no existe.The Conversation

    Sergi Basco, Profesor Agregado de Economia, Universitat de Barcelona

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Reduflación: Qué es, por qué ocurre y cómo afecta al consumidor

    En los últimos años, el término reduflación ha ganado protagonismo en los debates económicos y en las conversaciones cotidianas. Aunque para muchos puede sonar novedoso, describe un fenómeno que se ha vuelto cada vez más común: pagar lo mismo —o incluso más— por un producto que trae menos cantidad. Esta práctica, que suele pasar desapercibida, tiene implicaciones profundas en la economía doméstica y en la percepción de los precios por parte de los consumidores.

    ¿Qué es la reduflación?

    La reduflación es una estrategia utilizada por algunas empresas en contextos de inflación o aumento de costos. Consiste en reducir el tamaño, peso o cantidad de un producto sin modificar su precio, o bien aumentando el precio de forma menos evidente. En esencia, el consumidor paga lo mismo, pero recibe menos. Esta táctica permite a las compañías enfrentar el incremento en los costos de producción sin provocar un impacto tan visible como lo sería un aumento directo en el precio.

    Orígenes del concepto

    El término tiene sus raíces en la palabra inglesa shrinkflation (de shrink, encoger, y inflation, inflación). Surgió para describir un fenómeno observado especialmente a partir de la década de 1970, cuando varias economías enfrentaban presiones inflacionarias significativas. A medida que los costos subían, las empresas buscaban formas creativas de mantener sus márgenes sin alienar a los consumidores. Recortar cantidad —pero no precio— se convirtió en una solución discreta y eficaz.

    Con el tiempo, este fenómeno se ha globalizado, adoptando nombres distintos en diversos países hispanohablantes: reduflación, infladecimiento o inflación encubierta.

    Ejemplos comunes de reduflación

    La reduflación se presenta principalmente en productos de consumo masivo, especialmente aquellos en los que el consumidor no suele revisar con detalle el peso neto. Algunos ejemplos típicos incluyen:

    • Snacks y galletas: Una bolsa que antes contenía 200 gramos ahora trae 170 gramos, pero mantiene el mismo precio.
    • Productos de higiene personal: Champús o geles que reducen su contenido de 400 ml a 350 ml.
    • Chocolate y dulces: Barras que disminuyen unos gramos o cambian su forma para ocultar la reducción.
    • Cereales y alimentos en caja: Envases del mismo tamaño exterior pero con menor contenido interior gracias a un mayor “espacio de aire”.
    • Papel higiénico: Rollos con menos hojas o más delgadas.

    En muchos casos, el envase conserva dimensiones similares, por lo que la reducción es difícil de detectar a simple vista.

    Por qué ocurre la reduflación

    Las causas principales incluyen:

    1. Aumento en los índices de la inflación.
    2. Incremento en los costos logísticos, especialmente en transporte y energía.
    3. Presión competitiva: las empresas temen que subir precios cause pérdida de clientes.
    4. Estrategias de marketing que buscan mantener productos dentro de rangos psicológicos de precio.

    Impacto en el consumidor y el mercado

    Aunque legal, la reduflación puede generar una sensación de engaño. Contribuye a una inflación percibida mayor, ya que el consumidor nota que sus compras rinden menos pese a pagar lo mismo. Además, dificulta la comparación de precios entre productos y marcas.

    Cómo detectar la reduflación

    • Revisar el peso neto y compararlo con versiones anteriores.
    • Observar variaciones en el diseño del envase.
    • Comparar el precio por unidad de medida (por gramo o mililitro), información que muchos comercios ya exhiben.

    La inflación disfrazada, un deber detectarla

    La reduflación es una respuesta empresarial a la inflación y al aumento de costos, pero también representa un desafío para la transparencia y la confianza del consumidor. Con una mayor conciencia y hábitos de compra críticos, es posible reducir su impacto en la economía doméstica.