Categoría: Economia y Finanzas

  • Bitcoin, crypto y Dorsey: una mirada mengeriana

    La reciente declaración de Jack Dorsey —“Bitcoin is not crypto”— reaviva un debate conceptual: ¿es Bitcoin una criptomoneda o algo diferente? Más allá del marketing, lo que está en juego es cómo entendemos la naturaleza de la moneda: ¿un bien de intercambio espontáneo, un monopolio estatal forzoso o un servicio privado sujeto al escrutinio del mercado?

    La moneda como bien de intercambio

    Desde la óptica libertaria, la moneda ideal no es una imposición estatal, sino un bien que surge espontáneamente del mercado: los agentes privados eligen libremente qué medio de intercambio toleran, en función de sus atributos (liquidez, divisibilidad, transporte, resistencia al deterioro, etc.). No es algo que “el Estado otorga”, sino que emerge como solución al problema del intercambio indirecto.

    Carl Menger, padre de la teoría subjetiva del valor y figura clave de la Escuela Austriaca, analizó cómo ciertos bienes primigenios (sal, ganado, conchas, metales) evolucionan hacia un uso monetario porque, históricamente, adquirieron demanda más allá de su valor de uso directo. Menger describe cómo, en un mercado libre, aquellos bienes que anticipan que se usarán en intercambios posteriores adquieren un valor especial: se generalizan como medios de intercambio.

    Para Menger, la moneda no es un fin en sí misma, ni algo decretado; es un bien intermedio que facilita el intercambio. La gente elige, en sus decisiones subjetivas, qué bien (o bienes) desempeñará ese rol.

    Así, en un mundo libertario no hay curso forzoso de uso, no hay dinero estatal obligatorio: hay competencia entre medios de intercambio privados. Si un activo privado es mejor aceptado —por estabilidad, seguridad, facilidad de uso— será premiado por el mercado.

    Bitcoin como emprendimiento privado

    Desde esa perspectiva, Bitcoin se inscribe como un emprendimiento privado de medio de intercambio basado en criptografía. El hecho de que no sea “moneda de curso forzoso” es una virtud desde el punto de vista libertario: nadie está obligado a usarlo; su adopción depende del valor que los usuarios le asignen libremente.

    Cuando Dorsey dice que “Bitcoin is not crypto”, trae a la mesa el argumento de que Bitcoin debe verse principalmente como dinero, no como un token o una “criptomoneda” entre muchas. Él subraya que el White Paper no emplea la palabra “crypto” sino que describe un sistema de “cash digital peer-to-peer” basado en prueba criptográfica.

    El matiz es válido: “crypto” es un término amplio que incluye multitud de proyectos con propiedades muy distintas. Pero el punto libertario central sigue siendo: Bitcoin es un medio privado, voluntario, descentralizado —no un dictado estatal.

    Claro que hay proyectos “scam”, “memes” o tokens con promesas vacías —y es legítimo distinguirlos. Pero todos ellos compiten en el mercado; su éxito o fracaso dependerá de su utilidad, credibilidad y respaldo real. No hay privilegios por decreto.

    Si Bitcoin logra combinar escasez predictible, resistencia a la censura, divisibilidad, verificabilidad, seguridad criptográfica y aceptación social, entonces puede crecer como medio de intercambio generalizado. Quienes lo rechacen pueden seguir usando otros medios. Esa es la competencia monetaria.

    Cripto, criptografía y libertad monetaria

    “Crypto” alude genéricamente a “criptografía aplicada” y “criptoactivos”. Bitcoin efectivamente descansa en cryptografía, pero lo hace como pieza en un sistema monetario distribuido. Decir “Bitcoin no es crypto” suena provocador, y en cierto sentido semántico puede tener aplicación si “cripto” se asocia con todo token especulativo. Se entiende lo que Dorsey quiere diferenciar y no parece que esté equivocado en lo esencial: enfatiza que Bitcoin apunta a servir como dinero más que como experimento especulativo; sin embargo, es preciso reconocer que Bitcoin (o cualquier activo similar) es un emprendimiento privado libre de curso forzoso, sujeto al juicio del mercado. Y he ahí la clave para una visión libertaria del dinero. No es que todos los criptoactivos sean moralmente equivalentes, pero su carácter voluntario y competitivo es lo que los torna interesantes.

  • Innovación, libertad y la vigencia de la destrucción creativa: lecciones del Nobel de Economía 2025

    El reciente anuncio del Premio Nobel de Economía 2025 —otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt— es más que un reconocimiento académico: es una reivindicación intelectual de la libertad creativa como motor del progreso humano. El fallo de la Real Academia Sueca distingue a Mokyr “por haber identificado los prerrequisitos del crecimiento sostenido mediante el progreso tecnológico”, y a Aghion y Howitt “por la teoría del crecimiento impulsado por la destrucción creativa”.

    El mensaje de fondo es nítido: las economías prosperan cuando las instituciones y los valores sociales permiten innovar, competir y aprender. El crecimiento no se impone por decreto ni por redistribución, sino por la acumulación de conocimiento útil y la valentía de destruir lo viejo para crear lo nuevo.

    Desde una óptica liberal, el galardón rinde homenaje a una línea de pensamiento que conecta a Schumpeter con la economía moderna del conocimiento. Aghion y Howitt formalizaron en los años noventa la intuición schumpeteriana de la “destrucción creativa”: el proceso mediante el cual las innovaciones reemplazan tecnologías obsoletas, generando incrementos sostenidos de productividad. Su modelo mostró que la competencia no destruye el capitalismo, sino que lo renueva constantemente.

    Mokyr, por su parte, aportó la mirada histórica y cultural. En The Lever of Riches y A Culture of Growth, demostró que la Revolución Industrial no fue un accidente geográfico, sino el resultado de una cultura de la curiosidad y del intercambio intelectual. Las sociedades que valoran el conocimiento práctico, la libre experimentación y la crítica abierta son las que logran innovar de forma sostenida. En otras palabras, la libertad —en el pensamiento, en el comercio y en la investigación— es condición necesaria del progreso.

    Economistas liberales como Peter Boettke han celebrado el premio precisamente por esa reafirmación del rol de las instituciones abiertas. Boettke recuerda que el capitalismo de libre entrada y competencia es el mejor marco para que la innovación florezca sin depender de planificadores ni burócratas. El mérito de Aghion, Howitt y Mokyr es haber ofrecido, cada uno a su modo, evidencia teórica e histórica de esa premisa: la prosperidad surge cuando las reglas del juego premian la creatividad, no la captura de rentas.

    También resuena aquí el eco de Deirdre McCloskey, quien ha insistido en que la “gran enriquecedora” moderna fue, ante todo, un cambio de actitudes hacia el comercio y la innovación. Su noción de “dignidad burguesa” complementa la teoría de la destrucción creativa: no hay progreso material sin una cultura que legitime al innovador y al empresario como agentes de mejora social.

    La coincidencia entre estos enfoques no es casual. En todos, la libertad ocupa el centro del escenario. El mercado competitivo —con sus imperfecciones y sobresaltos— sigue siendo el entorno más fértil para que surjan ideas nuevas. La intervención estatal, cuando busca “proteger” sectores obsoletos o dirigir la innovación hacia fines políticos, suele congelar justamente ese dinamismo que Schumpeter consideraba esencial para la vitalidad capitalista.

    Sin embargo, el premio también invita a una autocrítica liberal: la innovación sin competencia real degenera en monopolio, y el capitalismo sin virtud puede derivar en captura política. De ahí la necesidad de preservar instituciones que mantengan abiertos los canales de entrada, difundan el conocimiento y reduzcan los privilegios. La destrucción creativa no debe convertirse en destrucción concentrada.

    El Nobel de 2025, en definitiva, no celebra una moda académica, sino un principio civilizatorio: el progreso sostenido depende de la libertad de innovar. Mokyr, Aghion y Howitt nos recuerdan que el crecimiento económico no nace del control, sino de la confianza en la mente humana cuando se le permite crear, competir y equivocarse. Ese sigue siendo el fundamento moral y práctico del liberalismo económico.

  • Crash cripto de octubre: la lección más cara sobre riesgo y apalancamiento

    El crash cripto volvió a recordarnos lo que muchos habían olvidado: el riesgo nunca desaparece, solo cambia de forma. El 10–11 de octubre de 2025 quedará en los registros como uno de los peores episodios de volatilidad en el mercado cripto: en pocas horas se desencadenó una oleada de ventas que provocó liquidaciones masivas por cerca de $19–20 mil millones y arrancó una cascada de órdenes forzadas en derivados y posiciones apalancadas. El detonante inmediato fue una noticia geopolítica —el anuncio de aranceles del 100% a ciertas exportaciones chinas por parte de la administración estadounidense— que encendió el pánico macro y hizo caer bitcoin y otros activos de riesgo con una rapidez inusitada.

    ¿Cómo se convierte una noticia en una catástrofe de este tipo? En esencia, por la combinación de tres factores: (1) posiciones apalancadas masivas en exchanges centralizados y descentralizados; (2) mecanismos automáticos de liquidación que ejecutan ventas forzadas cuando el margen cae por debajo de ciertos umbrales; y (3) la naturaleza 24/7 del mercado cripto, que permite movimientos gigantescos incluso fuera del horario de los mercados tradicionales. Cuando los precios caen con rapidez, los stops y los márgenes fallan en cascada: una liquidación dispara otra y así hasta que el impacto se amplifica exponencialmente.

    A la turbulencia se sumaron fallos operativos y acusaciones públicas. Usuarios reportaron dashboards congelados, stops que no se ejecutaron y movimientos extraños en liquidez: las principales plataformas se culparon entre sí por sistemas sobrecargados y “flash crashes”. En paralelo surgieron sospechas en redes sobre operaciones muy oportunas —grandes cortos abiertos poco antes del anuncio— y tweets que apuntaron a posibles prácticas de “inside trading” o ejecuciones que habrían intensificado la caída. Estas acusaciones todavía están en el terreno del rumor y el escrutinio público, pero han alimentado la demanda de investigación y mayor transparencia del mercado.

    El coste humano fue doloroso y real. En Kyiv, medios locales e internacionales informaron la muerte de un conocido influencer y trader cripto, Konstantin (Kostya) Kudo/Galish, hallado sin vida en circunstancias que la policía investiga; su deceso coincidió con la oleada vendedora y ha sido vinculado por muchos a la presión financiera y emocional que sufren operadores altamente apalancados. Es importante tratar ese hecho con respeto: detrás de cada número hay vidas y personas afectadas.

    Lecciones prácticas y nunca del todo aprendidas.

    1. Solo arriesga lo que puedas perder. El tenedor emocional y financiero debe ser la primera regla: si una pérdida te arruina, no deberías exponerte. El apalancamiento amplifica ganancias y pérdidas; a menudo lo segundo es devastador.

    2. Gestión de riesgo y tamaño de posición. Usa tamaños de posición conservadores, fija márgenes adecuados y evita multiplicadores extremos. Diversificar y usar órdenes limitadas puede mitigar slippage en mercados volátiles.

    3. No confiar ciegamente en stops en exchanges congestionados. En un mercado 24/7, los stops pueden no ejecutarse al precio esperado durante un “flash crash”. Aprende a gestionar salidas manuales y planes de contingencia.

    4. Salud mental y comunidad. El trading de alta intensidad exige apoyo emocional y límites claros. Si sientes angustia o desesperación por pérdidas, busca ayuda profesional y apela a redes de apoyo; nadie vale menos por un trade fallido.

    5. Demandar mejor transparencia. Las acusaciones de operaciones oportunas y fallos de infraestructura muestran la necesidad de supervisión, auditorías de exchanges y reglas que reduzcan conflictos de interés y “dark liquidity” que empeora las caídas.

    6. Aprender de la historia, no especular con la tragedia. Las pérdidas ajenas no son lecciones abstractas: son advertencias sobre la fragilidad del apalancamiento y la asimetría de información en mercados emergentes.

    En conclusión, los mercados cripto ofrecen oportunidades reales, pero su naturaleza especulativa y apalancada transforma noticias geopolíticas en catástrofes financieras en cuestión de minutos. Jugar a ganar rápido puede salir caro; la prudencia, la gestión de riesgo y la responsabilidad colectiva (de traders, exchanges y reguladores) son las únicas formas de reducir el precio humano y económico de la próxima gran caída.  En el mercado, como en la vida, no se trata de ganar siempre, sino de poder volver a jugar mañana.

  • En el Gobierno el Fracaso es Éxito

    ¿Te parece absurdo lo que digo en el título, donde en el gobierno el fracaso es éxito ? Entonces explícame ¿cómo es que mientras más fracasa el NODUCA más $$$ se le asigna? El reto está en entender las razones detrás de algo tan absurdo; y no crean que hablo sólo de Panamá, ya que el mismo fenómeno se dan en Gringolandia y otros sitios. Las “razones” son muchas, pero comencemos con las más básicas que son las reglas o realidades de la diferencia entre lo que es gobierno y lo que es empresa privada.

    En la empresa privada el éxito depende de si se logra ganancia, lucro; que, a su vez, requiere ofrecer un producto por el cual alguien o muchos están dispuestos a soltar sus billetes, lo cual no es el caso en la empresa gubernamental, cuyos fondos operativos le llegan vía los ‘impuestos’; es decir, aquello que se impone de Fidanque a Toledano. Y ya, nomás con esta realidad deberíamos entender que él o los gobiernos no están para los negocios, sean estos: electricidad, agua, transporte, educación, salud, etc.

    La función de gobierno no es compatible con los negocios, no sólo por las razones expuestas anteriormente sino es la de asegurar que las actividades comunitarias se lleven a cabo respetando al prójimo; sus derechos inalienables de libertad al hablar, transitar, religión, comerciar y mucho más. Pero, desdichadamente, desde siempre, están los que se ganan el sustento respetando a los demás y, por otro lado, los que eligen ganarse el sustento o el disfrute violando al prójimo. Si tan sólo los gobiernos se dedicaran a su verdadero encargo otro gallo cantaría en el mundo y en Panamá.

    Si mañana se les regala a los educadores y funcionarios del NODUCA las escuelas para que se conviertan en empresas privadas educativas y su éxito dependa de la calidad del producto ¿qué cree el lector harían los sindicatos magisteriales y los funcionarios?

    Tomemos el caso del fracasado NODUCA, el cual es una entidad de gobierno que se ha metido a hacer lo que no es gobernar. ¿O crees que educar es gobernar? Desgraciadamente el “no a la privatización” es prueba latente del lavado de cerebro que le han metido pervertidos políticos y otros al pueblo con el propósito de mantenerlos mansitos.

    Vean no más lo que ocurriría si se privatiza en MEDUCA: Se reduciría notablemente la congestión vehicular Se mejoraría la educación Se reduciría la burrocracia Los padres dejarían de ser víctimas pasando a ser clientes con el derecho de elegir Mejorarían notablemente las condiciones de las escuelas Se reduciría en grande la politiquería Mejoraría la economía Se reduciría el tamaño de mastodonte gubernamental Aumentaría notablemente la diversidad educativa El gasto educativo disminuiría ya que las privadas, entre otras, compiten en calidad y precio Se reduciría en grande la pobreza Al achicar el gobierno el mismo se torna más eficiente Crearíamos una cultura de emprendimiento y no de sometimiento En fin… podría seguir y seguir enumerando los resultados positivos; tal como que en vez de tener una sola entidad planificando la educación, tendríamos miles.

    El tuétano del mal es que, en nuestra querida Panamá, desde tiempos inmemorables, hemos cultivado una cultura de juega vivo, de sacarle provecho a la masa inculta e ignorante. Recuerdo de niño que mi padre, que igual que mi abuelo Novey, hizo empresa que dio miles de plazas de trabajo e hizo patria, hablaba de la cantidad de rabos blancos que como empresarios se morían de hambre, pero como políticos se volvían ricos, poderosos y engreídos. Pero hoy ya los de rabo prieto se la aprendieron y entraron a la competencia de la corrupción y el desgobierno.

  • Bitcoin supera los USD 125.000: cuando la desconfianza en el gobierno impulsa el nuevo oro digital

    El precio de Bitcoin (BTC) volvió a sorprender al mundo financiero al superar los USD 125.700, un récord que llega en un momento particularmente simbólico: Estados Unidos enfrenta un nuevo cierre parcial de su gobierno (shutdown), mientras crece el temor a un default y a un ciclo de desaceleración económica global.

    La coincidencia no es casual. Cada vez que el sistema político muestra grietas, Bitcoin parece recordarle al mundo que existe una alternativa sin bancos centrales, sin congresos trabados y sin límites fronterizos.

    1. Los motores del repunte

    De acuerdo con un informe de Cointelegraph y análisis de Glassnode, el salto de BTC responde a una combinación de factores macro y de comportamiento de mercado.

    • Crisis política en EE. UU. → El bloqueo presupuestario genera incertidumbre institucional y pone en duda la solvencia del Tesoro. Este tipo de episodios —como los shutdowns de 2013 y 2018— históricamente coincidieron con repuntes del precio de Bitcoin.

    • Liquidez global abundante → A pesar de las subas de tasas, el flujo de capital hacia activos de riesgo continúa. Según Willy Woo, analista on-chain, “el mercado está descontando un entorno de inflación estructural donde los activos duros superan al dinero fiduciario”.

    • Acumulación institucional → Datos de CoinMetrics muestran que las direcciones con más de 1 000 BTC están aumentando posiciones, mientras el volumen de monedas en exchanges alcanza mínimos de dos años.

    • Narrativa de refugio digital → Ante la erosión de la confianza en las monedas nacionales, Bitcoin refuerza su identidad como “oro digital” —una tesis que PlanB, creador del modelo Stock-to-Flow, considera cada vez más validada.

    bitcoin shutdown

     2. Un patrón que se repite

    En 2013, durante un shutdown similar del gobierno norteamericano, Bitcoin pasó de USD 120 a más de USD 900 en pocos meses. En 2020, en plena pandemia y tras la expansión monetaria de la Fed, su precio se multiplicó por seis. Hoy, el escenario político-fiscal parece replicar los mismos incentivos: deuda creciente, déficit estructural y desconfianza ciudadana.

     3. Los riesgos

    No todo es euforia. Si la Reserva Federal reacciona endureciendo su política monetaria para compensar el impacto del shutdown, podría enfriar el apetito por activos de riesgo. Además, la historia muestra que después de cada máximo —2017, 2021— se producen correcciones de entre el 25 % y el 35 %.

    4. Reflexión final: la desconfianza como motor

    Más allá de las cifras, lo relevante es el trasfondo: Bitcoin prospera cuando se erosiona la confianza en las instituciones. Cada crisis política, cada emisión excesiva y cada medida improvisada alimentan la percepción de que el dinero estatal ya no garantiza estabilidad.

    BTC no solo crece por codicia especulativa; crece porque millones de personas —desde inversores institucionales hasta ciudadanos en economías frágiles— están buscando una reserva de valor ajena al control político.

    Los USD 125.000, entonces, no son solo un récord de mercado. Son un reflejo del momento histórico: cuando la credibilidad de los gobiernos tambalea, el capital global busca refugio en el único activo que no necesita permiso para existir.

  • Entre Quesos y Gobiernos

    Jamás imaginé que existiera una relación significativa entre los quesos y los gobiernos, hasta que leí un ensayo de Ludovico Lumicisi, ingeniero en computación radicado en Dinamarca, quien aborda esta conexión de manera tan curiosa como reveladora. En su texto, Lumicisi relata cómo el queso, junto con otros alimentos duraderos como las carnes secas o la leche fermentada, tuvo un papel fundamental en la historia militar: fue sustento indispensable para las legiones romanas, los ejércitos mongoles y otras fuerzas preindustriales. Sin embargo, su análisis no se limita al ámbito gastronómico o histórico, sino que avanza hacia un terreno más profundo: la economía política.

    Lumicisi utiliza el queso como metáfora para explicar la noción de “dinero sano”, es decir, de una moneda respaldada por valor real y no distorsionada por políticas monetarias arbitrarias. Según el autor, pocos comprenden verdaderamente qué es el dinero, cuál es su origen y cómo los poderes políticos han manipulado su función a lo largo del tiempo. Así, el queso se convierte en símbolo de un bien tangible, de algo que posee valor intrínseco y cuya escasez o abundancia responden a dinámicas naturales, no a decretos gubernamentales.

    Históricamente, diversos bienes han servido como medios de intercambio: la sal, el cacao, el trigo, el arroz, el ganado o incluso el tabaco. Todos ellos representaban valor en la medida en que eran útiles, deseables y difíciles de producir. De manera similar, el queso, al igual que otros productos alimenticios, fue utilizado en ciertos contextos como moneda de trueque, reflejando una economía basada en la producción real y no en la emisión monetaria. Este paralelismo sirve de punto de partida para una crítica más amplia: la del intervencionismo estatal en los mercados y sus consecuencias sobre la estabilidad económica y la cultura social.

    Uno de los ejemplos más ilustrativos que cita Lumicisi es el caso de los Estados Unidos durante las décadas de 1970 y 1980, cuando el gobierno federal acumuló aproximadamente 1.4 mil millones de libras de queso en almacenes nacionales. La medida se justificó como un subsidio para proteger a los productores lácteos ante la sobreproducción y la caída de precios. Sin embargo, la política resultó contraproducente: al intervenir artificialmente en la oferta y la demanda, el Estado generó distorsiones que, a largo plazo, afectaron tanto a productores como a consumidores. El resultado fue un “montaña de queso” almacenada a costa del contribuyente, un ejemplo paradigmático de cómo la buena intención de “ayudar al mercado” puede terminar perjudicándolo.

    En términos económicos, este tipo de políticas se asocian con la teoría del intervencionismo, la cual sostiene que el Estado, al alterar los precios y subvencionar sectores específicos, termina debilitando la eficiencia del mercado y creando dependencias estructurales. Autores como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises advirtieron que tales intervenciones conducen inevitablemente a una expansión del poder político y a una pérdida de libertad económica. En otras palabras, el intervencionismo no solo afecta los precios, sino también la cultura política de las naciones: promueve la idea de que el bienestar depende de la acción del gobierno y no de la responsabilidad individual o la competencia productiva.

    Ejemplos de estas distorsiones abundan en América Latina. En Panamá, por ejemplo, la intervención gubernamental en la producción y comercialización del arroz ha generado ciclos de sobreproducción y escasez, acompañados de conflictos entre productores, distribuidores y el propio Estado. Las políticas de control de precios, aunque presentadas como medidas para proteger al consumidor, terminan desincentivando la inversión agrícola y fomentando la informalidad. Algo similar ocurre con otros productos básicos o energéticos, como el etanol mezclado con gasolina, que responde más a intereses políticos que a criterios de eficiencia económica.

    El verdadero problema, por tanto, no es el queso en sí, sino la mentalidad que subyace a la idea de que el Estado puede y debe regular todos los aspectos de la economía. Cuando los gobiernos se arrogan funciones empresariales o paternalistas, se produce una confusión entre lo público y lo privado, entre lo político y lo productivo. En última instancia, quienes se benefician no son los ciudadanos comunes, sino los grupos de poder que manipulan las políticas públicas para su propio beneficio.

    Si los gobiernos se limitaran a cumplir su función esencial, esto es, garantizar el orden, la justicia y la protección de derechos fundamentales, sin interferir en los mecanismos naturales del mercado, la sociedad experimentaría una auténtica prosperidad. El intervencionismo, aunque a menudo se presenta como una solución compasiva, termina siendo una trampa económica y cultural. Tal vez por eso la analogía del queso resulte tan oportuna: como producto, puede fermentar y madurar; pero, si se le encierra en exceso, acaba por pudrirse.

  • Stablecoins, Visa y el futuro de los pagos transfronterizos: ¿una oportunidad para Panamá?

    El anuncio de Visa sobre su programa piloto con stablecoins para pagos transfronterizos marca un posible punto de inflexión en la infraestructura de pagos globales. La iniciativa, que permite a bancos y entidades financieras usar monedas estables como USDC o EURC para prefinanciar transferencias internacionales, abre la puerta a un sistema más ágil, menos costoso y con menor dependencia de intermediarios tradicionales. Para países como Panamá, que dependen casi por completo de la banca corresponsal estadounidense, el impacto potencial puede ser significativo.

    El sistema legacy: SWIFT y la banca corresponsal

    Hoy en día, la gran mayoría de las transferencias internacionales se liquidan a través de SWIFT y de la red de banca corresponsal. Este mecanismo, vigente desde hace décadas, implica que los bancos de un país deben mantener cuentas prefondeadas en bancos de otro país para procesar pagos en diferentes monedas.

    El modelo funciona, pero con costos:

    • Altos tiempos de liquidación, que pueden ir de uno a tres días hábiles.
    • Comisiones elevadas, que en muchos casos se trasladan al usuario final.
    • Dependencia política y regulatoria: países como Panamá, dolarizados y sin banco central propio, dependen de bancos corresponsales en Nueva York para mover dólares hacia el exterior. Esto los hace vulnerables al “de-risking” (cuando bancos internacionales cierran relaciones por riesgo reputacional o regulatorio) y a presiones externas.

    Qué propone Visa con las stablecoins

    El piloto de Visa busca desintermediar parcialmente ese sistema. En lugar de tener que mantener cuentas prefondeadas en múltiples jurisdicciones, las entidades financieras podrían:

    • Usar stablecoins para liquidar pagos casi instantáneamente, 24/7.
    • Reducir los costos operativos y de intermediación.
    • Minimizar la exposición cambiaria al trabajar con monedas digitales ligadas al dólar o al euro.

    En términos simples, Visa crea una capa alternativa de pagos globales donde las stablecoins funcionan como “efectivo digital” para las transferencias internacionales.

    Impacto sobre la banca corresponsal

    No significa la desaparición inmediata de la banca corresponsal, pero sí un cambio en las reglas de juego. Con stablecoins, los bancos locales pueden reducir su dependencia de corresponsales para ciertos flujos, obligando a los actores tradicionales a modernizarse o a abaratar costos.

    Para SWIFT y la red legacy, este tipo de iniciativas son una competencia directa en velocidad, eficiencia y disponibilidad horaria.

    Panamá: ¿riesgo o oportunidad?

    El caso panameño es paradigmático. Al no tener banco central ni moneda nacional, el país depende enteramente de bancos corresponsales en EE. UU. para cursar pagos internacionales en dólares. Eso implica:

    • Altos costos de operación.
    • Riesgo de exclusión financiera internacional, si corresponsales reducen su exposición.
    • Limitada autonomía en la gestión de flujos financieros.

    La adopción de sistemas como el de Visa podría brindar a Panamá:

    • Mayor autonomía operativa en pagos internacionales.
    • Menores costos para comercio, banca local y remesas.
    • Una vía de escape parcial a la dependencia casi absoluta de bancos en Nueva York.

    No obstante, los riesgos son reales:

    • Se necesita un marco regulatorio claro sobre stablecoins y prevención de lavado.
    • La confianza en los emisores de stablecoins aún no está consolidada, con antecedentes de colapsos.
    • Una adopción apresurada podría tensionar la relación con corresponsales tradicionales.

    El piloto de Visa con stablecoins no elimina de inmediato el sistema tradicional, pero sí abre una alternativa concreta a décadas de dependencia en la banca corresponsal. Para Panamá, que vive en la intersección de la dolarización y el comercio internacional, esta puede ser una oportunidad histórica para diversificar su infraestructura de pagos y ganar autonomía.

    La cuestión no es si las stablecoins impactarán los pagos globales, sino cuándo y bajo qué reglas. El reto para Panamá será adelantarse, con regulación y estrategia, para convertir este cambio en una ventaja competitiva y no en una fuente de vulnerabilidad.

  • Aguinaldos públicos: la fiesta inmoral del privilegio

    La reciente revelación de que diversas entidades del Estado panameño destinarán más de 70 millones de dólares en 2025 y 67 millones en 2026 a gratificaciones y aguinaldos debería encender una alarma no solo económica, sino fundamentalmente moral. Desde una perspectiva republicana responsable, lo preocupante no es solo la cifra , ya de por sí escandalosa en un contexto de crisis fiscal y carencias sociales, sino la filosofía que subyace a este tipo de prácticas: la idea de que el dinero de los demás puede usarse como si fuese propio, para premiar lealtades, alimentar clientelas y perpetuar privilegios.

    Incluso si existiera algo parecido a una verdadera meritocracia en la administración pública (lo que en la práctica está muy lejos de ocurrir, pues las vacantes suelen llenarse por simpatías políticas más que por concurso de oposición y antecedentes), el otorgamiento de bonos y aguinaldos extraordinarios con recursos públicos es profundamente inmoral. El dinero estatal no es un fondo privado de gratificaciones, ni una caja de celebración para premiar al funcionario más sumiso al jerarca de turno. Es, en rigor, el fruto del esfuerzo de millones de ciudadanos que trabajan y producen, y a quienes el Estado extrae coercitivamente parte de su ingreso mediante impuestos.

    La administración del dinero de otros sólo puede justificarse en nombre de economías de escala y coordinación, para proveer bienes que, de otra forma, serían más costosos o ineficientes de gestionar individualmente. Es decir: seguridad, justicia, salud y educación básica. Servicios esenciales cuya provisión colectiva tiene una justificación pragmática y, también humanitaria. Más allá de ese marco, todo uso de los fondos públicos es un acto de expoliación.

    Por eso, cuando se destinan decenas de millones a aguinaldos y bonos para funcionarios, muchos de los cuales ya disfrutan de estabilidad laboral, privilegios sindicales y escalas salariales difíciles de encontrar en el sector privado, lo que se consuma es un acto de despilfarro inmoral. Se premia no al mérito, sino a la cercanía política; no al esfuerzo, sino al servilismo. Y peor aún: se financia ese derroche con los recursos que podrían aliviar problemas urgentes y reales, como el acceso al agua potable, la infraestructura de salud colapsada o la crisis educativa.

    No se puede juzgar estas cifras con criterios de legalidad formal, porque la ley puede ser tan solo el instrumento de un sistema de privilegios. Lo que está en juego es un principio ético: nadie tiene derecho a disponer del fruto del trabajo ajeno salvo para lo estrictamente necesario en términos de convivencia y protección mutua. Cuando se usan millones de dólares para “coronar” al mejor burócrata complaciente, lo que ocurre es un doble atropello: se roba al ciudadano y se degrada la noción misma de servicio público, transformándola en botín partidista.

    No hay que perder de vista lo más importante: lo que para un funcionario es un “bono de gratificación”, para un ciudadano es el sacrificio de horas de trabajo, de emprendimientos postergados, de inversión no realizada. Cuando el Estado se convierte en una fiesta de aguinaldos, deja de cumplir su función más básica y se convierte en un festival de saqueo institucionalizado.

    La ética liberal nos recuerda que administrar el dinero de los demás es siempre un acto de extrema responsabilidad. No se trata de hacer fiestas con recursos públicos, sino de garantizar que lo que se toma al ciudadano retorne en forma de bienes esenciales que aseguren la vida en sociedad. Todo lo demás es abuso, y el abuso no se justifica ni con leyes ni con lindos discursos.

  • El verdadero mercado cripto no está en Wall Street.

    Mientras la industria cripto dirije su mirada hacia Estados Unidos y la Unión Europea —peleando por claridad regulatoria, acceso institucional y “mainstream adoption” en mercados desarrollados— la verdadera revolución silenciosa podría estar ocurriendo en ciudades tan dispersas entre sí como Buenos Aires, Lagos o Manila.
    La noticia de Cointelegraph plantea que el foco geográfico de discursos y productos cripto está equivocado: lo que está creciendo de verdad no es la especulación en el mercado avanzado en Wall Street, sino el uso cotidiano en economías vulnerables.

    Adopción cripto como herramienta de supervivencia

    El informe de Chainalysis, citado en el artículo, confirma que India lidera en adopción de cripto, seguida por Nigeria, Vietnam y Filipinas. Pero más relevante es el propósito con que esas sociedades acceden: no para especular, sino para protegerse de la inflación, mover remesas o evitar costos excesivos de intermediarios financieros tradicionales.

    Argentina es un caso paradigmático: con inflaciones históricamente altas, muchos ciudadanos no compran Bitcoin para “hodlear”, sino que convierten sus pesos en stablecoins para conservar poder adquisitivo y pagar bienes básicos, alquileres o servicios. En Nigeria, la criptoacumulación y uso también apuntan a comercio transfronterizo y remesas, para esquivar los costos elevados de los sistemas tradicionales.

    Estos usos no son marginales: representan la metamorfosis del cripto desde un activo especulativo hacia una infraestructura financiera alternativa —un reemplazo parcial del sistema bancario en zonas con altos costos, exclusión financiera o controles cambiarios rígidos.

    ¿Qué falla en la estrategia cripto occidental?

    Mientras en EE. UU. y Europa las discusiones giran alrededor de ETFs, custodias institucionales, regulaciones y competencia normativa, ocurre que esos debates parecen casi irrelevantes para millones que necesitan una transacción cripto para enviar dinero al exterior, ahorrar frente a una devaluación diaria o simplificar pagos locales.

    Si la industria cripto sigue diseñando productos para inversores institucionales y reguladores de Wall Street, puede seguir perdiendo terreno frente a proyectos más simples, móviles y orientados al uso real en mercados emergentes.

    Datos que refrendan esta visión

    • En 2024, las remesas globales superaron los 685 mil millones de dólares, y reducir siquiera un 1 % de los costos de transferencia podría dejar miles de millones en manos de quienes los necesitan.

    • En países como Filipinas, ya más de un millón de comercios aceptan criptomonedas mediante billeteras móviles vinculadas.

    • Algunas jurisdicciones emergentes están reaccionando rápido: Nigeria ha lanzado un sandbox regulatorio para criptoactivos y otorgado nuevas licencias.

    Este tipo de impulso regulatorio local puede ser más significativo para la adopción real que las luchas reglamentarias en foros occidentales.

    Implicancias y riesgos

    El redireccionamiento del “mercado cripto” hacia países emergentes no está exento de peligros. La volatilidad de las stablecoins locales, riesgos regulatorios impredecibles, controles cambiarios o cierres normativos abruptos pueden desincentivar proyectos sólidos. También existe el desafío de la educación financiera: muchos usuarios carecen de conocimiento técnico o de seguridad digital.

    Sin embargo, la apuesta está clara: quien logre construir una infraestructura cripto simple, de bajo costo y accesible vía dispositivos móviles, estará entrando en el verdadero “mainstream” no del mercado rico, sino del mercado que necesita herramientas financieras alternativas, confiables y resilientes.

    El error del ecosistema cripto occidental ha sido creer que la adopción masiva vendrá de los grandes mercados regulados. Pero lo que ya está sucediendo es mucho más profundo: en economías golpeadas por inflación, exclusión financiera o barreras del sistema tradicional, las criptomonedas no son un lujo especulativo sino una necesidad operativa.

    El futuro del cripto no se escribirá en Wall Street: se está escribiendo, silenciosamente, en barrios de Buenos Aires, en iniciativas de Manila, en comercios de Lagos. Y los proyectos que lo entiendan serán los que definan la próxima frontera financiera.

  • Argentina bajo la lupa de Saifedean Ammous: ¿un Ponzi insostenible?

    Saifedean Ammous, autor de The Bitcoin Standard, lanzó una dura advertencia hacia el modelo económico de Argentina bajo la presidencia de Javier Milei. En un reciente post en X y artículos en redes, Ammous describe la estrategia de bonos de alto rendimiento del país como un “Ponzi de deuda e inflación” que está al borde del colapso.

    ¿Qué señala Ammous?

    Según Saifedean Ammous, el modelo económico en la Argentina de Milei se caracteriza por:

    • La llamada bicicleta financiera (“carry trade” de bonos estatales) es central. Inversores compran bonos con tasas que superan la devaluación del peso, apostando a que ese diferencial les dará ganancias reales.
    • Para sostener esos rendimientos, dice Ammous, el gobierno imprime moneda, lo que devalúa más el peso, obligando a ofrecer tasas cada vez más altas. Este bucle lo califica como insostenible: “no puede durar para siempre”.
    • Afirma que el gobierno ha destruido la moneda, convertido el sistema financiero en un “casino de shitcoins” (una metáfora para describir políticas monetarias volátiles o dudosas), y que la única defensa real para quienes tienen ahorros es refugiarse en activos más seguros como Bitcoin o el dólar.
    • Además, advierte que una fuga de inversores se producirá cuando la devaluación del peso supere los retornos que ofrecen los bonos, lo que provocará una corrida hacia activos más estables.

    ¿Qué ha dicho antes Ammous en relación al modelo argentino?

    Algunos posteos anteriores de Ammous ayudan a entender que esta advertencia no es nueva:

    • En agosto de 2025 criticó al gobierno de Milei por proponer rollovers de bonos con tasas de interés altísimas (69%), de los cuales sólo se logró renovar aproximadamente el 61%.
    • También denunció lo que llama “fraude del fiat” (“fiat fraud”), en referencia a la emisión de moneda sin respaldo y el uso de deuda estatal y rescates multilaterales como estrategias de corto plazo que ocultan un problema estructural.

    Implicaciones reales

    Este modelo tiene efectos concretos sobre la economía argentina:

    • Fuga de capital y dependencia de los bonos como mecanismo de liquidez. En lugar de fomentar la inversión en producción o infraestructura, gran parte del capital se destina a apuestas financieras volátiles.
    • Pérdida del poder adquisitivo para quienes tienen pesos, pues la inflación erosiona ahorros y salarios, mientras los retornos de los bonos pueden quedar por debajo de la tasa real de devaluación si el peso cae muy rápido.
    • Riesgo político y social: cuando los rendimientos ya no compensen las pérdidas cambiarias, puede generarse pánico financiero, retiro masivo de depósitos en moneda local y presión al gobierno para devaluar o recurrir al financiamiento externo (como el FMI).

    Escenarios posibles según Ammous

    1. Colapso del esquema financiero: el modelo de «la bicicleta financiera» llega a un punto en que los bonos ya no resultan atractivos frente a la inflación y la devaluación, provocando una salida masiva hacia dólares o Bitcoin.
    2. Dependencia creciente de financiamiento externo para sostener obligatoriamente los compromisos del Estado, lo cual puede generar pérdida de autonomía económica.
    3. Políticas regresivas: para pagar los intereses altos, el Estado podría reducir gasto social, aumentar impuestos o depreciar aún más su moneda, lo que golpea más a quienes menos tienen.

    Reflexión final

    Lo que Ammous denomina “Ponzi” no es simplemente una etiqueta provocativa, sino una alerta con bases que combinan inflación persistente, deuda insostenible, emisión monetaria y pérdida de confianza. Para quienes comparten una visión liberal o de dinero sólido, su crítica subraya que sin dejar de lado la retórica, lo que realmente importa es la disciplina sobre el gasto, la transparencia, y la creación de condiciones que favorezcan la productividad antes que la especulación financiera.

    Para Argentina, el reto es inmenso: equilibrar tasas que atraigan inversores sin hipotecar la moneda, evitar que los bonos sean la única salvación financiera, y restaurar la credibilidad económica. Y para los que buscan refugio, Bitcoin ya no es solo un activo más: se presenta cada vez más como una alternativa real ante la fragilidad del sistema fiat.