Categoría: Politica y Actualidad

  • Rerum Novarum y el mercado.

    ¿Nuestra constitución y nuestros gobiernos cumplen con los preceptos emanados de Rerum Novarum y Centécimus Annus?

    Como bien decía Tres Patines: “Ni con la izquierda ni la derecha sino todo lo contrario” con lo cual quiero referirme o enfocar las diferencias que existen entre el comunismo el socialismo y el capitalismo y para abordar la forma disparatada en que tantos usan estos términos, tal como ocurre cuando hablamos de “capitalismo salvaje” o de “ultra derecha” y tal, lo cual es como hablar de un “perro gato”. Hay perros y gatos, pero no perrogatos. ¿Cuál es el trillo de semejante disparate arriero?

    En la vida hay bienandar y malandar lo mismo que hay capitalismo y totalitarismo: el primero es gobierno limitado a controlar el malandar y promover el bienandar; mientras que el intervencionismo presupone corregir los errores u horrores del capitalismo, en lo cual fallan aparatosamente. Sí, el capitalismo en cierto sentido es salvaje; porque la vida es salvaje. Pero… ¿no han notado que el socialismo es mucho más salvaje?

    Bien dijo Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”. Y es que pocas cosas son más aterradoras que asomarse sobre el muro de la ignorancia y avistar el Universo; o… tal vez es fascinante. El reto es ver cómo los humanos logramos mayor desarrollo y menos pobreza; tanto económica como espiritual. Se equivocan si creen que sea con el comunismo, socialismo u otras variantes de totalitarismo e intervencionismo; tal como el que tenemos enquistado en la constitución panameña y en nuestro corrupto gobernar.

    Al respecto de lo que vengo apuntando, el 13 de mayo del 1891 el pontífice León XIII expuso la Encíclica Papal Rerum Novarum, latín por “de las cosas nuevas”; en dónde abordaba las consecuencias de la Revolución Industrial y el surgimiento y diferencias entre el socialismo el liberalismo y la “justicia social”, tan mal usada y entendida en nuestra constitución. Pero, curioso que el recién electo Papa, Robert Provost, haya elegido el nombre de León XIV… ¿Tendrá algo que ver con Rerum Novarum y con Centécimus Annus? Pongamos atención:

    • Los gobiernos del estado deben contribuir al logro de los sanos objetivos del trabajador, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, mediante la creación de condiciones favorables para el libre ejercicio de la actividad económica…

    Pero debe hacerlo respetando otro principio fundamental de la propiedad privada:

    • La propiedad privada es un derecho natural del hombre, y ejercer ese derecho, especialmente como miembros de la sociedad, no sólo es lícito, sino absolutamente necesario.” Rerum Novarum

    Y es que como también se deja claro en Rerum Novarum:

    • Los límites deben ser determinados por la naturaleza de la ocasión que exige la intervención de la ley, siendo el principio que la ley no debe emprender más ni proceder más allá de lo requerido para remediar el mal o eliminar el daño.

    Y también nos recuerda Rerum Novarum que:

    • Pero no son pocos los imbuidos de principios perversos y ávidos de cambios revolucionarios, cuyo principal propósito es sembrar el desorden e incitar a sus semejantes a actos de violencia. La autoridad de la ley debería intervenir para frenar a estos agitadores, para evitar que las clases trabajadoras sean engañadas por sus maniobras y para proteger a los legítimos propietarios del expolio.

    Y termino citando a Juan Pablo II en Centécimus Annus:

    • Una comunidad de orden superior no debe interferir en la vida interna de una comunidad de orden inferior, privándola de sus funciones, sino que debe sostenerla en caso de necesidad y ayudar a coordinar su actividad con las actividades del resto de la sociedad, siempre en vista del bien común.”

    ¿Nuestra constitución y nuestros gobiernos cumplen con estos preceptos? El actual gobierno lo intenta, pero… el malandar que traemos a cuestas es inmenso.

  • ¿Qué futuro tiene el sistema PAYG? Pensar fuera de la caja en la era del trabajo líquido

    Durante gran parte del siglo XX, los sistemas de pensiones PAYG (Pay-As-You-Go) —basados en la solidaridad intergeneracional— funcionaron como columna vertebral del contrato social moderno. En su esquema más simple, los trabajadores activos financian las jubilaciones de los retirados, con la promesa de que las futuras generaciones harán lo mismo por ellos. Pero esta fórmula, antaño vista como un equilibrio justo entre generaciones, hoy muestra signos crecientes de agotamiento.

    Con el envejecimiento poblacional, la baja tasa de natalidad y el creciente número de trabajadores informales o independientes, el sistema PAYG está tensionado hasta el límite. La proporción entre activos y pasivos se reduce año a año, mientras la longevidad se incrementa y los Estados, sobreendeudados, ya no pueden cubrir los baches con simples ajustes fiscales. En resumen: el modelo es insostenible tal como está.

    Pero más allá de parches o reformas paramétricas (edad de retiro, aportes, topes), el verdadero desafío es conceptual. ¿Tiene sentido seguir apostando a un sistema basado en una solidaridad forzada entre generaciones que ya no comparten ni valores ni trayectorias de vida? ¿Podemos seguir esperando que los jóvenes de hoy financien a los mayores cuando apenas logran financiarse a sí mismos?

    La era del individuo soberano

    La revolución tecnológica y la transformación del empleo están alterando las bases mismas sobre las que se sostenía el modelo tradicional. Hoy los jóvenes:

    • Trabajan de forma fragmentada, autónoma o por proyectos.

    • Piensan más en inversiones, criptomonedas o emprendimientos que en “empleo estable”.

    • Tienen mayor aversión a la dependencia estatal y menos confianza en las instituciones públicas.

    En este contexto, pensar en formas alternativas de previsión social se vuelve urgente. Aquí algunas propuestas «out of the box» que podrían redefinir la jubilación del futuro:

    Nuevas ideas para un nuevo mundo

    1. Capitalización individual descentralizada:
    El modelo chileno fue pionero, pero su implementación fue incompleta. La idea de que cada individuo capitalice su retiro a lo largo de su vida laboral sigue siendo potente, pero puede potenciarse mediante tecnología blockchain, sistemas de ahorro automatizado y vehículos de inversión más flexibles y portables, como fondos tokenizados.

    2. Seguros de retiro privados y colectivos:
    Emergen formas de mutualismo moderno, donde grupos familiares, comunidades o redes de afinidad contribuyen a fondos comunes con reglas claras y transparentes. Es una especie de «solidaridad voluntaria» basada en la cercanía, no en la coerción estatal.

    3. Incentivos fiscales para ahorro familiar:
    En lugar de confiar ciegamente en el Estado, las familias podrían ser el nuevo núcleo de previsión. Políticas que incentiven el ahorro intergeneracional, fideicomisos familiares o herencias planificadas con beneficios fiscales pueden restituir el rol de la familia como pilar del bienestar futuro.

    4. Renta vitalicia compartida (peer-to-peer):
    Modelos de seguros P2P, donde grupos de personas se agrupan para pagar una renta vitalicia entre sí, sin necesidad de un Estado mediador. Estos esquemas se valen de contratos inteligentes y algoritmos que ajustan pagos y distribuciones.

    5. Rediseñar la longevidad laboral:
    La jubilación como ruptura abrupta entre trabajo y ocio es una noción obsoleta. Se pueden promover formas de retiro gradual, trabajos part-time para seniors, mentorías pagadas o economías del conocimiento donde la experiencia sea monetizable aún a los 70 años.

    De la solidaridad forzada a la autonomía responsable

    Tal vez el problema de fondo no sea solo económico, sino cultural: seguimos atados a un modelo que presupone que otros deben cargar con nuestro bienestar futuro. En lugar de ello, la jubilación debería ser una expresión de libertad acumulada, no de dependencia prolongada.

    La solidaridad no debe desaparecer, pero sí relocalizarse: más entre familias, redes, comunidades voluntarias. Y menos en estructuras estatales burocráticas, insostenibles y cada vez más desconectadas de la realidad.

    Quizás el mayor cambio que podamos promover sea este: dejar de pensar en que el sistema debe garantizarnos algo, y empezar a planificar desde la libertad, la responsabilidad y la inteligencia individual.

  • Reino Unido dice NO al Bitcoin como reserva estratégica

    La reciente decisión del Reino Unido de no establecer una reserva nacional de Bitcoin ha generado un debate significativo, especialmente desde una perspectiva libertaria. Esta postura se alinea con una visión conservadora que prioriza la estabilidad económica y la regulación prudente sobre la adopción de activos digitales volátiles.

    Emma Reynolds, Secretaria Económica del Tesoro británico, afirmó que seguir el ejemplo de Estados Unidos en la acumulación de Bitcoin «no es el plan para nosotros», indicando que tal enfoque «no es apropiado para nuestro mercado» . Esta declaración refleja una cautela respecto a la volatilidad inherente de las criptomonedas y una preferencia por mantener la integridad del sistema financiero tradicional.

    Desde una perspectiva libertaria, esta decisión puede interpretarse como un reconocimiento de los principios fundamentales de la descentralización y la soberanía individual que sustentan las criptomonedas. Al abstenerse de institucionalizar la tenencia de Bitcoin, el gobierno británico evita centralizar un activo diseñado para operar fuera del control estatal, lo que podría considerarse coherente con una visión que valora la autonomía del individuo sobre la intervención gubernamental.

    Sin embargo, esta postura también ha sido objeto de críticas por parte de líderes de la industria y defensores de las criptomonedas, quienes argumentan que el Reino Unido está perdiendo una oportunidad estratégica para fortalecer su posición en la economía digital emergente. Freddie New, jefe de políticas de Bitcoin Policy UK, señaló que el gobierno británico posee actualmente alrededor de 61,245 BTC, valorados en más de £4 mil millones, principalmente adquiridos a través de incautaciones relacionadas con actividades delictivas . New argumenta que estos activos podrían utilizarse para financiar programas públicos o como una reserva estratégica, en lugar de ser liquidados.

    Además, el Reino Unido está explorando el uso de la tecnología blockchain para la emisión de deuda soberana, lo que indica una disposición a adoptar innovaciones tecnológicas sin comprometer la estabilidad financiera . Esta estrategia sugiere que, aunque el gobierno británico es cauteloso respecto a la acumulación de criptomonedas, reconoce el potencial de la tecnología subyacente para mejorar la eficiencia y transparencia de sus operaciones financieras.

    En contraste, Estados Unidos ha adoptado una postura más proactiva, con iniciativas para establecer una reserva nacional de Bitcoin, argumentando que podría servir como cobertura contra la inflación y fortalecer la posición del dólar en el mercado global . Esta divergencia de enfoques refleja diferencias fundamentales en la percepción y gestión de las criptomonedas entre ambas naciones.

    La respuesta tajante del Reino Unido sacude la fantasía de una carrera entre potencias occidentales por atesorar Bitcoin como si fuera el nuevo oro digital. Si el entusiasmo por la adopción estadounidense alimentó la ilusión de un efecto dominó inevitable, la decisión británica introduce un contrapeso lúcido: no hay consenso, ni fe ciega, en que Bitcoin sea el ancla financiera del futuro. Cada país está escribiendo su propia historia en esta nueva era monetaria, y no todos están dispuestos a seguir el mismo guion.

  • Cónclaves papales: entre el humo blanco, las intrigas y el cisma

    La plaza está en silencio. Miles de ojos miran hacia lo alto, donde una delgada chimenea corona la Capilla Sixtina. De repente, una columna de humo comienza a ascender: ¿negra?, ¿blanca?, ¿gris? No hacen falta palabras porque, desde hace siglos, el mundo aprende a leer en el humo los misterios del poder, el alma y la historia. Más allá del rito solemne, los cónclaves también tienen una historia paralela: encierros forzosos, alianzas secretas, muertes repentinas, errores rituales y renuncias inesperadas. Cada uno refleja su tiempo. Todos juntos componen una crónica de la Iglesia en su dimensión más humana y, a veces, más frágil.

    Cuando el cielo se abrió: el nacimiento del encierro sagrado

    En 1268 los cardenales se encerraron en Viterbo para elegir el sucesor de Clemente IV. Pero el cónclave duró casi tres años.

    Ante esta situación, la ciudad cerró con llave el edificio, retiró el techo para que el cielo presionara y redujo la dieta de los electores a pan y agua. Tres cardenales murieron en el proceso. Al fin, eligieron a Teobaldo Visconti. Sería él, Gregorio X, quien instauraría el encierro obligatorio con la constitución Ubi periculum en 1274.

    No fue el único cónclave accidentado. En 1287, en plena elección, seis cardenales murieron a causa de una epidemia de malaria, lo que interrumpió el proceso hasta el año siguiente.

    Y en 1294, los cardenales eligieron a un ermitaño casi octogenario, Pietro del Morrone, convertido en Celestino V. Su pontificado, que se desarrolló entre julio y diciembre de 1294, fue turbulento y estuvo marcado por la influencia de personajes poderosos y ambiciosos. Agotado, y convencido de que no era digno del cargo, decidió renunciar. Su sucesor, Bonifacio VIII, lo encerró en el castillo de Fumone, donde murió aislado.

    Tres papas, una Iglesia rota: cismas y sombras de legitimidad

    En 1378 la presión popular sobre los cardenales reunidos en Roma derivó en la elección de Urbano VI. Su carácter reformista y autoritario provocó que muchos cardenales declararan inválida su elección y eligieran a Clemente VII, que se instaló en Aviñón. Así, con las dos sedes, comenzó el Cisma de Occidente.

    Pronto habría un tercer papa, en Pisa, y tres cónclaves simultáneos, tres sedes y tres versiones de la misma Iglesia.

    La unidad se recuperó décadas más tarde, en el Concilio de Constanza (1414–1418). Ahí, Gregorio XII (sucesor de Urbano VI) renunció, Juan XXIII (sucesor de Alejandro V, el papa de Pisa) fue depuesto y Benedicto XIII (sucesor de Clemente VII) quedó solo.

    Finalmente, el cónclave de 1417 eligió a Martín V y cerró una herida que había afectado a toda la cristiandad.

    Veneno, veto y humo en la historia del cónclave

    En el Renacimiento los cónclaves se transformaron en luchas de poder. En 1492 Rodrigo Borgia fue elegido papa y adoptó el nombre de Alejandro VI, tras una campaña de compra de votos tan pública como eficaz. Prometió cargos, diócesis, rentas e influencias. Su elección marcó el apogeo de los Borgia, una familia que convirtió el papado en el centro de una política dinástica.

    Como pontífice, Alejandro VI consolidó el poder territorial del Vaticano, pero también convirtió a sus hijos, especialmente a César Borgia, en agentes de ambición y violencia.

    Retrato del papa Alejandro VI.
    Retrato del papa Alejandro VI.
    Bibliothèque nationale de France

    La curia papal funcionaba en este contexto como una sede cortesana más del Renacimiento. Johannes Burchard, maestro de ceremonias, documentó con crudeza las intrigas, rituales y escándalos de aquel pontificado.

    En agosto de 1503, tras una cena con varios cardenales, Alejandro VI y su hijo enfermaron gravemente. Una de las teorías que se barajan es que el veneno que debía eliminar a un rival se introdujo por error en la copa del papa. El pontífice murió. César sobrevivió, pero su poder se fue debilitando.

    El papa Pío III fue elegido en septiembre de 1503 como sucesor de Alejandro VI. Su nombramiento respondió más a un intento de equilibrio entre facciones que a una apuesta a largo plazo. Su salud, ya deteriorada antes del cónclave, se agravó rápidamente. Apenas 26 días después concluyó su pontificado, sin que pudiera adoptar decisiones significativas. Su muerte reabrió de inmediato las maniobras entre cardenales, en un momento especialmente inestable para la curia.

    Cuatro siglos más tarde, persistían las interferencias externas en la elección papal. El emperador Francisco José I intervino en el cónclave de 1903 invocando el ius exclusivae (derecho de veto papal) para impedir la elección del cardenal Mariano Rampolla. El colegio cardenalicio rechazó formalmente el veto, pero su efecto fue decisivo. La presión derivó en la elección de Giuseppe Sarto, proclamado como Pío X. La elección marcó el fin de este privilegio secular, que no volvió a ejercerse en ningún otro cónclave.

    El humo y la elección invisible

    Hasta el cónclave de 1903, no existía una distinción clara en los colores del humo, que podía aparecer blanquecino u oscuro. En algunas ocasiones –como en la elección de Pío X– ni siquiera había habido humo.

    La diferenciación oficial entre la fumata blanca, que anuncia la elección, y la negra, que indica un resultado fallido, se estableció por primera vez en el cónclave de 1914, en el que fue elegido Benedicto XV.

    Gente esperando en una plaza redonda.
    La gente espera en la plaza de San Pedro la fumata blanca en el cónclave de 1922.
    Bibliothèque nationale de France

    El cónclave no es una mera tradición conservada por la inercia. Es el momento en que la Iglesia se repliega sobre sí misma, suspende su visibilidad pública y traslada toda su autoridad a una asamblea cerrada, con reglas estrictas, sin cámaras, sin declaraciones, sin discursos.

    Desde el siglo XIII, su arquitectura simbólica –el encierro, la votación secreta, la quema de papeletas, el humo– no ha cambiado sustancialmente, y sigue cumpliendo la misma función: proteger la decisión que definirá el rumbo de la Iglesia católica en el mundo.

    La historia demuestra que estos procesos no están exentos de tensiones. Ha habido elecciones pactadas para garantizar una transición breve, y otras que abrieron el camino a reformas de largo alcance. En algunos casos, incluso, el papa elegido encarnaba un proyecto eclesial cuya magnitud solo se entendió años después.

    El humo que emana de la Capilla Sixtina no explica, solo informa. Durante siglos, ha sido ambiguo, equívoco o prematuro. Pero una vez que sale blanco, se dirige la mirada hacia el balcón. El “Habemus Papam” es el inicio de una etapa cuya dirección aún nadie puede anticipar.

    Cuando el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronuncie la fórmula “Extra omnes” se activará una liturgia institucional que ha resistido guerras, cismas, epidemias, cambios de época y colapsos políticos. Y una vez más, todo dependerá de lo que ocurra dentro de esas paredes.The Conversation

    Anna Peirats, IVEMIR-UCV, Universidad Católica de Valencia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El Carácter como Condición para la Libertad

    Lawrence Reed, presidente honorario de la Foundation for Economic Education (FEE) y autor de Are We Good Enough for Liberty?, sostiene una tesis fundamental: sin carácter, la libertad es insostenible.

    Reed explica que el carácter fuerte es la base indispensable de una sociedad libre. No se puede preservar la libertad en un pueblo que carece de virtudes esenciales como la honestidad, la humildad, la paciencia, la responsabilidad, la autodisciplina, la autosuficiencia, el optimismo, el coraje, una visión de largo plazo y el deseo constante de aprender. Estos valores no son simples adornos morales: son pilares estructurales. Donde faltan, la libertad inevitablemente se deteriora.

    Los Elementos Fundamentales del Carácter

    Cada una de estas virtudes cumple un rol esencial en el sostenimiento de una sociedad libre:

    • Honestidad:
      La verdad es la base de la confianza social. Sin honestidad, las relaciones humanas —y la vida en comunidad— se corrompen. La honestidad actúa como primer escudo contra el abuso de poder. Por el contrario, cuando se toleran la mentira y el engaño, los líderes corruptos ascienden al poder reflejando el desprecio generalizado por la verdad.

    • Humildad:
      Reconocer que nadie posee todo el conocimiento y que siempre hay algo que aprender evita el autoritarismo y la soberbia. La falta de humildad genera gobernantes arrogantes y planificadores centrales que creen saber más que la sociedad misma.

    • Paciencia:
      La construcción de una sociedad libre y próspera requiere tiempo. La impaciencia conduce a atajos que, a menudo, erosionan derechos.

    • Responsabilidad:
      Asumir las consecuencias de los propios actos es vital para la libertad. Sin responsabilidad personal, se alimenta la cultura de la culpa y la dependencia. La irresponsabilidad fomenta una cultura de la victimización, en la que cada quien culpa a otros por las consecuencias de sus propios errores.

    • Autodisciplina:
      Quien no es capaz de gobernarse a sí mismo, abre la puerta para que otros lo gobiernen. La autodisciplina es autodefensa en una sociedad libre. La ausencia de autodisciplina convierte a las personas en presas fáciles de controles externos. Quienes no se gobiernan a sí mismos terminan siendo gobernados por otros.

    • Autosuficiencia:
      La capacidad de proveerse lo necesario reduce la dependencia del Estado o de terceros, protegiendo así la autonomía individual. La falta de autosuficiencia transforma a los ciudadanos en dependientes manipulables.

    • Optimismo:
      La creencia en que los individuos pueden mejorar su destino mediante el esfuerzo y la creatividad es el motor del progreso en libertad. El pesimismo, a su vez, apaga el impulso de construir, innovar y progresar.

    • Coraje:
      La defensa de los derechos individuales requiere valentía, especialmente cuando enfrenta presiones o amenazas. El coraje es otra virtud indispensable: la gente tímida tiende a permitir que sus derechos sean pisoteados sin resistencia.

    • Enfoque a largo plazo:
      Pensar en el futuro evita sacrificar principios o libertades por soluciones rápidas que hipotecan generaciones futuras. Una visión de corto plazo, que busca soluciones inmediatas sin considerar las consecuencias futuras, termina hipotecando a generaciones enteras.

    • Deseo constante de aprender:
      Finalmente, una mente cerrada al aprendizaje condena a repetir los errores del pasado. Una mente abierta y curiosa permite comprender las lecciones de la historia y adaptarse a nuevos desafíos sin caer en errores cometidos.

    Cada uno de estos elementos no sólo define al individuo, sino que también moldea la cultura de una sociedad. Donde estos valores florecen, la libertad prospera; donde se marchitan, la libertad muere.

    Lawrence Reed plantea una pregunta contundente: ¿quién, en su sano juicio, querría vivir en un mundo donde estas virtudes estén ausentes? La respuesta es evidente, pero a menudo las sociedades actúan como si la libertad fuera un hecho garantizado y no un bien que exige ser sostenido mediante el esfuerzo personal.

    La libertad no se preserva únicamente mediante discursos o legislaciones. Se mantiene viva en los actos cotidianos de millones de individuos. Sociedades integradas por ciudadanos virtuosos tienden naturalmente hacia la libertad. Sociedades dominadas por ciudadanos sin carácter, por el contrario, terminan clamando por su propia servidumbre, buscando que «otros» resuelvan lo que ellas mismas no son capaces de enfrentar.

    Así, el desafío central que plantea Reed no es político, sino profundamente moral: ¿somos suficientemente buenos para ser libres? Cada acto de responsabilidad, de honestidad, de compromiso con el aprendizaje, responde afirmativamente a esa pregunta. La libertad no es un regalo que se recibe sin condiciones: es una responsabilidad que exige virtud, carácter y sacrificio. Sin estas bases, tarde o temprano, la libertad se pierde.

  • Quien fracasa es el gobierno no el capitalismo

    «El capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral».

    Hoy leí un artículo del Instituto Mises, escrito por George Ford Smith en el cual comienza señalando que la crisis económica inmobiliaria del 2008 se dio debido a que, como dijo en su momento el presidente Bush: “Wall Street se embriagó”; a lo cual añadió Peter Schiff diciendo: “Así fue; y quien puso el licor fue la FED”. Un año antes de la crisis del 2008 consulté un experto que me dijo estuvo en Wall Street y allá le aseguraron que no había problema alguno; que mis inversiones estaban seguras pues el gobierno no dejaría que nada malo ocurriera. ¿Quién iba a pensar que confiar asuntos económicos al gobierno era malísima idea?; ya que “gobernar” y “economía” ni riman ni conjugan.

    ¿Deben los gobiernos entrometerse en los asuntos económicos de la población o sólo velar por las mejores condiciones bajo las cuales los ciudadanos y extranjeros en nuestro país manejen sus asuntos económicos? Si fuésemos a tomar en serio nuestro mandato básico constitucional que en su artículo 282 establece que “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares” debía ser obvio que el gobierno no debía entrometerse. Lastimosamente, el mismo artículo luego de un “pero” y un punto y coma, se contradice o y agrega que “el Estado planificará el desarrollo económico y social…” supuestamente para “asegurar beneficios para el mayor número posible de habitantes…”; contradicción que es una barbaridad que abre las puertas al pillaje de los fondos públicos.

    Es risible que los izquierdistas del patio digan que Panamá es un país capitalista, ya que el capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral. Si algo dejó claro el Título X de nuestra actual constitución, creada en la época arnulfista, fue el intento de volver a Panamá un país socialista, fascista, comunista, todos estos hijos del mismo padre, el colectivismo. Bien lo dijo Benito Mussolini, quien comenzó su carrera como editor de una revista socialista. Y ¿cómo olvidar que Arnulfo Arias admiraba a Hitler?

    El enredo de fondo germina con una población falta de buena educación o peor; una educación diseñada hacia el adoctrinamiento y el servilismo hacia los políticos y sus secuaces ladrones que dejan migajas al pueblo. ¿Cree el lector que el SUNTRAC y los funcionarios del magisterio público del MEDUCA cierran calles y luchan por una mejor educación? ¿Acaso luchan por sus clientes, los estudiantes? ¡Ja!, el colectivismo no tiene clientes.

    La pregunta que poco o jamás nos hacemos es ¿si la intromisión gubernamental política en lo económico nos conduce hacia una mejor economía o sólo sirve para facilitar el pillaje central? Es ceguera no ver que, hasta ahora, el intervencionismo, más que nada, ha servido para el pillaje. Y lo peor es que ni siquiera vemos o cuantificamos los daños colaterales de todo ello. ¿Cuánto cuesta el desorden vial, la mala educación, el mal transporte, agua, electricidad, etc.? Tristemente, hoy día, cambiar todo eso requeriría un «ejército Buqueles». No le envidio la tarea a Mulino.

    Toda actividad que dificulta la actividad del mercado causa daños terribles a la economía; más que nada del que menos tiene. Decir que el mercado fracasa es lo mismo que culpar la borrachera al licor. La medida de éxito empresarial que logremos hoy día en Panamá no es gracias a los gobiernos sino a emprendedores que saben sortear perversas leyes y autoritarismo gubernamental. Pero ¡cuidado!, que la cultura de intervencionismo pillaje central enquistada en nuestro país está herida y busca como sobrevivir.

  • Por qué la ‘noviolencia’ es más efectiva, aunque vivamos en un mundo violento

    Vivimos inmersos en un mundo y una cultura que legitiman la violencia. Gaza, Ucrania y el rearme de Europa son sus máximas expresiones visibles. Aunque no podemos olvidar otros lugares del planeta que la padecen y parecen invisibles. Sudán, Myanmar o la República Democrática del Congo entran en esa categoría. Frente a estas realidades, ¿es la resistencia noviolenta efectiva en un mundo violento? El término “noviolencia” fue utilizado por Gandhi. Su origen está en la palabra sanscrita ahimsa, que significa privación total del deseo de violencia. Representa una respuesta frente a escenarios sociopolíticos violentos complejos. Una salida solidaria y con visión constructiva de futuro ante el conflicto. No es un concepto aceptado universalmente, ya que no hemos sido capaces de crear una palabra que refleje su auténtica riqueza.

    Hablar de resistencia noviolenta puede sonar utópico o simplemente ingenuo, sobre todo cuando los conflictos son muy graves o el “enemigo” ya ha comenzado a utilizar la violencia. Pero ¿qué nos dicen los estudios recientes al respecto?

    Las investigaciones de las profesoras Erica Chenoweth y Maria J. Stephan desmienten la creencia popular a favor de la violencia. Sus trabajos muestran que las campañas de resistencia noviolenta han sido “históricamente más eficaces en la consecución de sus objetivos que las campañas de resistencia violenta”.

    No solo Gandhi y Luther King Jr.

    “Esto ha sido así incluso en condiciones en las que la mayoría de la gente esperaría que la resistencia noviolenta fuera inútil”, señalan las mismas investigadoras.

    Pocas personas conocerán estas herramientas pacíficas, más allá de las referencias a algunos personajes históricos, como Gandhi o Martin Luther King Jr.

    A excepción de activistas altamente comprometidos con la noviolencia y académicos e investigadores de la misma, el público en general no ha tenido la oportunidad de conocer, por ejemplo, el informe del profesor e investigador Felipe Daza. Este fue realizado entre febrero y junio de 2022 y nos muestra 235 acciones de resistencia civil noviolenta en Ucrania frente a la invasión rusa.

    Mapa de la disidencia ‘noviolenta’ en Ucrania

    La investigación del profesor Daza incluye un mapa interactivo donde se recogen estas acciones y su marco geográfico. Boicots a empresas multinacionales, pintadas de protesta, actos simbólicos, plantones de empleados públicos, desobediencia civil o intervenciones en las comunicaciones del ejército ruso son algunas de las actuaciones que localiza el informe.

    Otro tanto sucede con la publicación Confrontando el Califato, liderada por el profesor Isak Svensson, sobre la extendida y diversa resistencia noviolenta frente al Estado Islámico.

    Gene Sharp documentó 198 métodos de acción noviolenta en la obra ya clásica titulada De la dictadura a la democracia. Michael A. Beer completó el trabajo de Sharp, llegando a registrar 346.

    Frente a mitos e ideas preconcebidas, estas referencias prueban que no estamos hablando ni de algo pasivo ni limitado a manifestaciones o simples buenas intenciones y discursos. La noviolencia posee todo un compendio de estrategias, tácticas, métodos y herramientas eficaces.

    Existe un cuerpo de conocimiento teórico y práctico cada vez más amplio y una creciente investigación empírica en la que apoyar dicho conocimiento. Este cuerpo se suma a la historiografía, filosofía y teología existente de la noviolencia. Su enseñanza en las escuelas y universidades contribuiría a cambiar el imaginario colectivo sobre la violencia y la noviolencia.

    La rica historia de la ‘noviolencia’

    Los estudiantes deberían poder conocer y reflexionar sobre las experiencias de noviolencia en el pasado. Por ejemplo, las huelgas de profesores en Noruega para impedir la implantación del currículum nazi en las escuelas durante la Segunda Guerra Mundial o el activismo People Power en Filipinas, frente a la dictadura en los años ochenta. Sin olvidar el movimiento serbio Otpor, que desembocó en la caída de Milošević en el año 2000.

    Otras experiencias son más actuales, pero igualmente relevantes. Es el caso de la lucha pacífica por las personas desaparecidas en El Salvador, México y otros países latinoamericanos o la resistencia noviolenta frente al fraude electoral en Venezuela.

    En el clima actual de belicismo, donde la guerra y la violencia parecen inevitables, resulta especialmente necesario exponer este conocimiento, así como la efectividad de las estrategias y herramientas de noviolencia al alcance de la población en general y de quienes toman las decisiones en materia de seguridad y defensa en particular.

    Hacer lo contrario significa trabajar de espaldas al conocimiento y dejarnos guiar por un pensamiento de carácter precientífico, mitológico, sobre la guerra y la violencia.

    Testimonio militar a favor de la noviolencia

    El capitán Daniel Moriarty, oficial de operaciones especiales de asuntos civiles con experiencia en Afganistán y el Golfo Pérsico, señalaba ya en 2022 cómo se “infravalora enormemente la utilidad que puede ofrecer la resistencia civil noviolenta”.

    “A pesar de sus tasas de éxito, históricamente superiores a las de la resistencia armada o las campañas insurgentes, ocupa un espacio marginal en las publicaciones militares sobre resistencia”, señala en un artículo sobre la guerra de Ucrania publicado por The Civil Affairs Association.

    La evidencia científica desmiente la creencia popular: las estrategias y herramientas de la resistencia noviolenta son más efectivas que la utilización de recursos violentos. Sin embargo, vivimos en un mundo violento. Precisamente por ello, no tener en cuenta las aportaciones de la noviolencia representa un error.The Conversation

    Nicolás Paz Alcalde, Profesor Asociado. Mediador, Universidad Pontificia de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • “Costo Neutro”: ¿Puerta trasera a la pérdida de la neutralidad del Canal?

    ¿Puede Panamá compensar el pago de peajes de buques estadounidenses como parte de una fórmula de “costo neutro” sin comprometer su marco jurídico internacional.?

    La política exterior del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se caracteriza por un enfoque abiertamente transaccional, donde el poder duro reemplaza al poder blando como herramienta diplomática. Su lema “Make America Great Again” se traduce en una agresiva renegociación de tratados, una visión utilitaria de las relaciones internacionales y el desprecio por instituciones multilaterales que limitan los intereses estratégicos de Washington.

    Trump ha dejado claro que su doctrina “America First” no reconoce obligaciones globales si no se traducen en beneficios tangibles y unilaterales para Estados Unidos. En esa lógica caben propuestas como la compra de Groenlandia, su proyecto inmobiliario en la Franja de Gaza, el intento de apoderarse de las tierras raras de Ucrania y su amenaza de retomar el control del Canal de Panamá, bajo el argumento de que “fue un regalo de EE.UU. que no está siendo debidamente respetado”.

    En ese contexto, la propuesta de implementar un esquema de “costo neutro” entre Panamá y Estados Unidos para el tránsito de buques de guerra estadounidenses por el Canal genera una legítima preocupación nacional e internacional. Bajo este mecanismo, los peajes que deberían ser pagados por dichas embarcaciones serían compensados indirectamente por Panamá mediante la prestación de servicios de seguridad por parte de Estados Unidos.

    Aunque la medida podría presentarse como parte de la cooperación bilateral en defensa del Canal, su implementación violaría el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá de 1977, tanto desde una interpretación jurídica como desde su práctica histórica. Veamos por qué:

    Violación del Principio de Neutralidad

    1. Igualdad de condiciones (Artículo II): El Tratado exige que el Canal esté abierto “a los buques de todas las naciones en condiciones de entera igualdad”, lo que abarca no solo el acceso físico, sino también las condiciones económicas, operativas y administrativas. Cualquier esquema que beneficie económicamente a una nación sobre otras rompe este equilibrio.

    2. Prohibición de exenciones (Artículo III): Establece que todos los buques, incluidos los militares, deben pagar peajes, sin discriminación por bandera, tipo o carga. Un esquema de “costo neutro” que compense solo a EE.UU. equivale a una exención disfrazada, incompatible con el texto y el espíritu del tratado.

    3. Condiciones de cooperación (Artículo V): El tratado sí permite la cooperación en defensa entre Panamá y EE: UU., pero establece dos límites clave:

    • Dicha cooperación no puede estar vinculada a temas tarifarios ni dar lugar a contraprestaciones económicas relacionadas al tránsito.

    • Toda cooperación debe ser transparente y no generar privilegios operativos o financieros para una nación en particular.

    Riesgo de discriminación y conflicto internacional

    Aceptar un esquema de “costo neutro” exclusivo con Estados Unidos implicaría una ventaja económica para una sola potencia y podría provocar reclamos por trato desigual de parte de otras naciones con presencia naval en la región como China, Rusia, Francia o Reino Unido. La neutralidad no es solo una obligación para Panamá, sino un compromiso multilateral frente a la comunidad internacional.

    Un trato preferencial, aunque sea indirecto, puede abrir la puerta a:

    • Demandas internacionales por violación de principios de igualdad.

    • Represalias diplomáticas o económicas.

    • La erosión del prestigio y la credibilidad del régimen de neutralidad, que Panamá ha logrado consolidar con esfuerzo desde que asumió el control del Canal.

    En resumen, Panamá no puede compensar el pago de peajes de buques estadounidenses como parte de una fórmula de “costo neutro” sin comprometer su marco jurídico internacional. Cualquier arreglo que implique reembolsos, créditos cruzados, condonaciones implícitas o contraprestaciones por servicios de seguridad debe ser evaluado con extrema cautela, pues puede interpretarse como una subvención encubierta, trato preferencial hacia una potencia específica, o corresponsabilidad operativa prohibida en los tratados.

    La única vía jurídicamente aceptable para una cooperación en materia de seguridad entre Panamá y Estados Unidos es que se realice fuera del régimen tarifario del Canal y mediante acuerdos bilaterales autónomos, ya sea de carácter diplomático, financiero o institucional que no interfieran con las reglas de neutralidad.

    El Canal de Panamá es más que una infraestructura: es un símbolo de soberanía, legalidad y equidad. Su neutralidad no debe ser moneda de cambio en ninguna transacción.

  • ¿Es mala la sobrepoblación?

    Un día un amigo me preguntó: “¿Sabes Johnny, cual es el mayor problema que tiene la humanidad?”; la sobrepoblación. Le dije que no compartía esa noción y eso fue hace muchos años, cuando deambulaba yo por los cincuenta o sesenta o algo así. Hoy, pasado mis 80 lustros y sentado en la soledad de mi aposento desván de la vida me salta ese incidente a la conciencia y creo es hora de contestarle a mi amigo; lo cual es muy difícil ya que se me adelantó en el camino a la próxima dimensión, de manera que la explicación se las pasó a quien lea estas líneas.

    Gran parte de la población en este mundo piensa que demasiados humanos no es algo bueno; que debemos limitar la cantidad porque… ¡buena pregunta!, no “porque” sino ¿por qué? El argumento típico va por la línea del socialismo, del centralismo y de las mentes incapaces de asomarse al Universo y a la Creación. Personas que creen que los recursos, las riquezas y tal son finitas y que si aumenta la población hay que repartir entre muchos. De hecho, así funcionamos en Panamá: es la política con la cual los grupos de poder vienen engañando al pueblo; es el manantial de los programas que osamos llamar de “subsidio” cuando lo único que subsidian es la pobreza y la ignorancia.

    Pero el asunto derrama mucho más allá de nuestro Panamá. Tomemos el caso de China, en dónde el gobierno llegó a prohibir más de un hijo por familia y hoy están en inmenso problema social y económico. No sólo por falta de quienes sustituyan a los viejos sino de quienes aporten más riqueza; riqueza de recursos, de ideas, y de amor. Se estancaron en un ayer obsoleto. Pero… ¿es eso lo que hemos visto al paso del tiempo y con el incremento poblacional? ¡Nop! Es miopía no ver los adelantos en recursos, en ciencias y tantas otras avenidas que nos abren camino al Más Allá.

    Lo que muchos no ven es que los humanos estamos dotados de facultades únicas que hoy apenas comenzamos a atisbar. Cada ser humano es un manantial creativo, innovativo, capaz de abrir nuevos caminos, particularmente en comunión con sus hermanos cercanos y distantes; en un mundo en el cual lo distante ya prácticamente no existe.

    Detrás de todo ello, y como bien lo señaló Huerta de Soto, más gente es más fuerza de desarrollo y cambio. Es el alma de la incomprendida “división del trabajo” que también es la división del conocimiento y, en particular, la del conocimiento emprendedor; que en Panamá se topa con el “no a la privatización”, que es lo mismo que decir, no al desarrollo.

    En el emprendimiento de la población y no en el gobierno es dónde está la riqueza de la nación. Pero en Panamá el gobierno y sus torcidos políticos en infecciosa coyunda con malos emprendedores se enquistan en la misma carne del pueblo, como un cáncer mortífero. Simplemente no vemos que el conocimiento emprendedor es subjetivo, exclusivo, y propio de cada quien, a punto que no se puede centralizar. No más veamos que nuestros gobiernos no son evolutivos sino involutivos; es decir, dados a caminar hacia tras.

    En fin, el mayor peligro en Panamá y el resto del mundo no reside en la «sobrepoblación», sino está en no ser capaces de conocer lo que es la creatividad humana. Que en vez de temer el futuro, debemos conocer el camino hacia el Más Allá; lo cual jamás encontraremos en los pasillos del Palacio de las Garzas y otros oscuros laberintos del centralismo.

  • ¿Qué no se puede tocar en una constitución? El rol de las cláusulas pétreas

    La democracia se basa en la idea de la soberanía popular. La constitución, como norma fundamental, impone límites y fronteras a la voluntad popular. Cuando esos límites pierden vigencia, el cambio constitucional se hace presente en el discurso político y la sociedad. En ocasiones, se plantea, incluso, como una vía de escape para graves crisis políticas. Pero la constitución, por naturaleza, se resiste a ser cambiada, y por ello crea mecanismos de autopreservación. Límites temporales, mayorías especiales o referéndums son algunos de ellos. El más absoluto es la cláusula pétrea. ¿Qué son esas cláusulas pétreas? ¿Cómo se ven? ¿Qué contemplan? ¿Por qué importan? Eso queremos responder.

    Una tensión resuelta por lo “indecidible”

    Entre el constitucionalismo y la democracia hay una tensión innegable. Mientras la democracia habla del poder popular para el autogobierno, el constitucionalismo va de “frenos y contrapesos”, controles al poder. La reconciliación de ambas ideas se produce al admitir el modelo de democracia constitucional, en la cual “la regla de la mayoría se mantiene, pero ciertos temas o decisiones no se someten a la consulta ciudadana porque se entiende que forman parte del ámbito de lo no decidible”, según algunos expertos.

    Ahora, lo indecidible no es una categoría binaria, sino gradual, y se manifiesta en distintas intensidades. Cuando se exige una mayoría especial para adoptar una ley, se impone un límite a la mayoría simple. Así, en cierto sentido, el contenido de esa ley entra en dicho ámbito.

    Las normas que impiden la restricción al núcleo esencial de los derechos también imponen la “cualidad de lo indecidible” a los mismos. Más rígidas que el ejemplo anterior, estas normas no se pueden superar ni con una mayoría especial. Pero un cambio de la constitución podría superar ambos supuestos.

    Las fronteras del cambio constitucional

    Las constituciones buscan estabilidad, por eso es difícil modificarlas. Los muros que se deben salvar para reformar una constitución también son una escala de lo indecidible. Requisitos de tiempo, supermayorías o referéndums son mecanismos que van elevando la dificultad del cambio constitucional.

    La frontera final está en las cláusulas pétreas. Como su nombre indica, son normas revestidas de una solidez especial, pretenden estar “talladas en piedra”. Ellas declaran que ciertos aspectos de la constitución no pueden cambiar por ser considerados esenciales. Son verdaderos límites materiales a la voluntad popular.

    Anatomía de las cláusulas pétreas

    Estas cláusulas, también llamadas “de intangibilidad”, son jurídicamente insuperables, por lo que solo se pueden abolir a través de una sustitución total del marco constitucional, es decir, por el poder constituyente revolucionario.

    Su alcance varía de país en país. Típicamente, se refieren a aspectos como los derechos fundamentales, la forma del Estado, el régimen político o el sistema de gobierno. Sin embargo, pueden incluirse otros temas. Por ejemplo, si en un país se estima que la pertenencia a una organización como la Unión Europea es inseparable de su identidad, esa membresía puede hacerse intangible.

    En suma, estas cláusulas buscan proteger los principios esenciales, es decir, el espíritu del ordenamiento constitucional. En América Latina, la forma republicana, la alternancia en el poder y la división de poderes suelen estar protegidas por cláusulas pétreas. Tanto Italia como Francia hacen lo propio con la forma republicana del Estado.

    Las cláusulas pétreas se ubican, casi sin excepción, en las secciones de la constitución referidas a su reforma, y aparecen expresando que uno o varios temas no podrán ser reformados (artículo 268 de la Constitución de República Dominicana) o que las reformas que pretendan afectarlos no podrán ser consideradas (artículo 60, sección 4 de la Constitución de Brasil). También pueden aparecer como declaraciones en los apartados sobre principios fundamentales (artículo 6 de la Constitución de Venezuela).

    La Constitución española no incluye ninguna cláusula que diga que ciertos aspectos no se pueden cambiar nunca (“cláusula de intangibilidad”). En cuanto a los límites para reformarla, la única restricción explícita que aparece es la del artículo 169. Aquí se dice que no se puede empezar un proceso de reforma constitucional si el país está en guerra o si se encuentra vigente alguno de los estados de excepción, alarma o sitio mencionados en el artículo 116.

    Claro está, visto que son el mayor obstáculo a la posibilidad de cambio constitucional, su uso debe ser racional. Una constitución excesivamente rígida, con amplísimas cláusulas pétreas, puede producir un congelamiento que la distancie de la sociedad. Por otro lado, si no se incluyen, se corre el riesgo de que por vía de reforma se alteren temas medulares del Estado, desvirtuando su naturaleza.

    La importancia de saber que existen

    El autoritarismo avanza de forma preocupante en el mundo. En varios países, los gobiernos anuncian y proponen reformas constitucionales dirigidas a avanzar en sus agendas políticas particulares. Hoy más que nunca, los ciudadanos debemos conocer cuáles son los “no negociables” de nuestras normas fundamentales y alzarnos en su defensa cuando sea necesario.

    Advertir que un cambio vulnera las cláusulas pétreas nos permite actuar para evitarlo. Acudir a la justicia para denunciarlo es crucial, y ella debe actuar en consecuencia protegiendo a la Constitución. Pero sobre todo, se debe procurar la organización social en rechazo de fraudes y en defensa del pacto social.

    También es necesario que, en procesos constituyentes, la sociedad conozca y participe de la discusión cuando se quieran incluir cláusulas pétreas. Como hemos señalado, ellas deben reflejar el espíritu o núcleo de la norma fundamental, y conocer ese núcleo solo es posible cuando hay un máximo de participación y apertura. Asimismo, solo el consenso puede dar origen a este tipo de normas, porque se acuerda que son consustanciales a la existencia misma del Estado.

    La protección de los derechos humanos, como misión de toda sociedad, debe entenderse como una “cláusula pétrea universal” cuya defensa es una obligación de los ciudadanos del mundo, en cualquier momento y lugar. Lo mismo puede decirse del sistema democrático, sin el cual no tiene sentido la democracia constitucional.

    En síntesis, las cláusulas pétreas son esa constitución que no cambia, el corazón mismo de las normas fundamentales en un país. Por ello, deben ser determinadas por el consenso, y conocer su contenido es un deber ciudadano, puesto que al promoverlas y defenderlas, en definitiva, garantizamos la paz social y la legitimidad del sistema jurídico.The Conversation

    Anselmo Coelho Hernández, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Católica Andrés Bello

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.