Categoría: Politica y Actualidad

  • Guy Sorman abre el debate: una respuesta liberal a la IA

    En su reciente artículo publicado en ABC,  el pensador liberal francés Guy Sorman propone una reflexión provocadora y mesurada sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial (IA), anclada firmemente en los principios del liberalismo clásico. Frente al alarmismo apocalíptico y al entusiasmo sin matices, Sorman traza una tercera vía: aceptar el avance tecnológico, pero con conciencia de sus impactos y con propuestas desde la libertad.

    La nota arranca con una anécdota reveladora: un libro supuestamente escrito por un autor chino fue en realidad producido por una IA. Este experimento ficticio sirve para introducir una primera idea central: la IA, en su forma actual, no “crea”, sino que ensambla lo ya existente. Así, para Sorman, la IA no es aún una amenaza a la creatividad humana, pero sí plantea interrogantes sobre la autenticidad, el estilo y el juicio, elementos que todavía escapan a los algoritmos.

    A partir de allí, Sorman avanza con una comparación histórica poderosa. La IA sería, según él, comparable en impacto potencial a la Revolución Industrial. Y recuerda cómo ese cambio, en el siglo XIX, dio origen tanto a la revuelta ludita como al nacimiento del socialismo, entendidos ambos como reacciones ante el temor (justificado o no) de ser desplazados por las máquinas.

    Pero lo que distingue a Sorman de los pesimistas tecnológicos o de los planificadores sociales contemporáneos es su apuesta por una respuesta desde el liberalismo. En lugar de combatir el progreso, propone acompañarlo con herramientas propias del pensamiento liberal: en particular, la renta mínima universal. Esta idea, originalmente esbozada por Milton Friedman como “negative income tax”, consiste en garantizar a cada ciudadano una suma básica para vivir, sin condicionar su uso ni imponer burocracias.

    Sorman subraya que esta propuesta no implica un Estado paternalista, sino una política de redistribución equitativa, no intrusiva y acorde a los valores de una sociedad libre. Frente a la alternativa del “socialismo general” o la “violencia reaccionaria”, la renta mínima aparece como la única utopía liberal que permitiría encarar el cambio tecnológico sin dejar víctimas en el camino.

    Es relevante que Sorman no niega los riesgos: enumera profesiones enteras amenazadas (secretariado, traducción, redacción, análisis médico), pero se cuida de caer en el catastrofismo. Su optimismo está condicionado a que la transición sea bien gestionada, y a que las sociedades liberen sus energías creativas en vez de encerrarse en la defensa de lo conocido. Se pregunta: «¿Deberíamos, como los luditas, aplastar estas máquinas antes de que nos deshumanicen? Imposible, porque la inteligencia artificial no es una máquina, sino un algoritmo que no puede destruirse a martillazos.».

    El artículo deja abierta una invitación al debate: ¿es compatible el liberalismo con un ingreso garantizado? ¿Puede una política así ser financiada sin derivar en un Estado hipertrofiado? ¿Cómo se define una renta “mínima” en términos dignos? ¿Cuál es el límite entre una ayuda y una renta de ocio permanente?

    Guy Sorman no impone respuestas. Su virtud está en plantear el dilema con honestidad intelectual y coherencia doctrinaria, sin esconder los costos de la transición ni idealizar la tecnología. A fin de cuentas, como él mismo insinúa en una de sus reflexiones más agudas: si la IA no puede generar ironía, tal vez allí esté todavía nuestra frontera humana.

  • Cuando el MEDUCA Noduca

    El fenómeno del colapso de las instituciones educativas gubernamentales se está dando alrededor del mundo, desde sitios como Nueva Delhi, Islamabad, Lagos y México; y obvio que Panamá no se queda por fuera. Por supuesto que no tiene sentido seguir haciendo más de lo mismo pensando que la culpa es de Lucy. Hay que ser muy ingenuo para pensar así; y en todo caso los problemas de Lucy son de Lucy y los de la educación, como el MEDUCA, son de todos. Pero invito a todo el que tiene Internet de colocar en su buscador de Internet “Makoko Lagos”, y luego “imágenes” y entraran el inframundo de uno de los barrios más pobres del planeta. Lo curioso es que allí lado a lado nos podemos encontrar con una escuela construida con retazos de madera carcomida, huecos por ventanas, porta focos sin focos y abanicos que no abanican. Y sin embargo en ese sitio inesperadamente está surgiendo una educación muy superior a la que se imparte en una escuela gubernamental cercana en dónde los estudiantes se rascan la cabeza esperando a un profesor que no vendrá. ¿Qué hay detrás de todo esto?

    Las investigaciones muestran que estas escuelas de bajo costo de los pobres para los pobres en Lagos, Nigeria, suman arriba de 18,000 y cientos más abren cada año. El costo promedio de colegiatura es como de $35 por período lectivo (7,000 nairas); y algunas cobran hasta 3,000 nairas. En comparación las escuelas de gobierno suman apenas 1,600 y casi ninguna dentro del arrabal. Algunas escuelas son de órdenes religiosas y otras de grupos caritativos; pero la mayoría es de empresarios educadores del mismo arrabal, cuyos clientes ganan menos de $2 al día.

    El gran problema de escuelas por y para pobres es que de acuerdo al gobierno “no existen”; y aun cuando llevas a los funcionarios y se las muestras te dicen algo como, “no, eso no es una escuela, ¿Quién sabe qué será?” Pues sepan que esa es la respuesta del pueblo a la carencia o estafa educativa gubernamental.

    El fenómeno que se observa en países como Nigeria es que sus ciudadanos ya toman conciencia que si no actúan por cuenta propia no habrá futuro para sus hijos. En muchos países del sureste de Asia, más de la mitad de los graduandos de escuelas gubernamentales apenas saben leer y su vocabulario no pasa de unas 300 palabras.

    Algunos piensan que la solución está en construir más escuelas gubernamentales, pero se equivocan. Necesitamos más ciudadanos independiente y no más gobierno metiche. A fin de cuentas, para las privadas ser mejor que el MEDUCA no es difícil y, menos frente a los clientes que te exigen calidad; lo cual no existe con el MEDUCA.

    Un caso interesante es el de cuatro provincias en Pakistán en dónde el gobierno ha decidido no construir más escuelas gubernamentales y en su defecto están canalizando esos fondos al sector privado a través de la Punjab Education Foundation (Fundación Educativa de Punjab); una asociación civil sin fines de lucro que se enfoca en los más pobres. Y una de las ventajas de las escuelas privadas es que tienen mucha más flexibilidad a la hora de contratar y descontratar educadores.

    Me da mucha pena ver la guerra que le arman los del MEDUCA a las escuelas rancho; y es que no ven que el secreto del aprendizaje no está en las paredes de cemento sino en la motivación de los buenos educadores y buenos emprendedores; esos que igual que hacen los negocios asiáticos en Panamá, buscan a su clientela colocando sus establecimientos en los barrios y dando buen servicio.

  • ¿Se rompen los bonos? Bitcoin toma el volante

    Mientras los mercados tradicionales se tambalean, Bitcoin avanza. No es la primera vez que escuchamos esta frase, pero en estos días cobra un nuevo significado. El precio de la criptomoneda más popular del mundo ha vuelto a dispararse, y muchos expertos creen que esto es solo el comienzo. ¿La razón? El mercado de bonos está mostrando señales de agotamiento que podrían marcar un punto de quiebre en la economía global. Y cuando los activos tradicionales flaquean, Bitcoin se fortalece.

    ¿Qué está pasando con los bonos?

    En pocas palabras: los rendimientos están subiendo, y eso no es necesariamente bueno. El bono del Tesoro de EE. UU. a 30 años acaba de superar el 5,15%, algo que no se veía desde 2007. En condiciones normales, esto podría interpretarse como una señal de confianza en la economía. Pero esta vez, el trasfondo es distinto: hay miedo, hay incertidumbre, y sobre todo, hay dudas sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense.

    Con una deuda nacional que ya supera los 36,8 billones de dólares, y pagos de intereses proyectados en casi un billón para 2025, el panorama no es alentador. Y mientras la Reserva Federal se mantiene firme sin bajar las tasas, el mercado comienza a buscar otras salidas.

    Bitcoin entra en escena

    En este contexto, Bitcoin no solo se ha mantenido fuerte: ha crecido más de un 30% en el último mes. Este impulso no es casualidad. Cada vez más inversores están viendo en las criptomonedas –especialmente en Bitcoin– una alternativa frente a la inestabilidad de los activos tradicionales. ¿Por qué? Porque a diferencia del dólar o de los bonos, Bitcoin no depende de bancos centrales ni de gobiernos.

    Además, hay señales claras de que el interés institucional está creciendo. Los ETF de Bitcoin al contado han superado los 104 mil millones de dólares en entradas. No hablamos de un par de entusiastas cripto: hablamos de grandes fondos que están viendo valor en una moneda descentralizada en medio del caos financiero global.

    El caso japonés y el efecto dominó

    Japón, uno de los principales compradores de bonos del Tesoro estadounidense, está comenzando a subir sus propias tasas de interés tras décadas de política monetaria ultra laxa. Esto podría tener un impacto directo en la demanda global de bonos de EE. UU., debilitando aún más su posición como activo refugio. Si eso ocurre, la presión sobre el dólar aumentará, y Bitcoin volverá a estar en el centro de la escena como alternativa.

    ¿Refugio digital?

    Durante años, se pensó en Bitcoin como un activo volátil, más útil para especular que para resguardar valor. Pero el contexto está cambiando. La narrativa del “oro digital” está ganando terreno, y no solo en el discurso de los criptoevangelistas. Hoy, incluso analistas financieros tradicionales comienzan a aceptar que Bitcoin puede funcionar como una reserva de valor políticamente neutral.

    Y en tiempos de inflación, crisis de deuda y tensiones geopolíticas, esa neutralidad vale oro.

    Los bonos están en crisis, los bancos centrales no tienen margen, y la confianza en los sistemas tradicionales está en declive. En ese escenario, Bitcoin se presenta como una tabla de salvación para muchos. ¿Será el inicio de una nueva etapa para las finanzas globales? Puede que sí. Lo cierto es que, esta vez, la narrativa cripto no suena tan descabellada.

    ¿Querés seguir profundizando? Podés leer el artículo original acá.

  • El Manantial de la Riqueza

    Son muchos los economistas que sostienen que no se puede confiar en un libre mercado y por tanto los diputados y tal deben entrar a controlar lo que allí ocurre. Lo otro que también sostienen economistas de la vertiente del control centralizado, desde Keynes al día de hoy, es que el secreto del desarrollo depende del consumo y cuando el mercado flaquea el llamado “estado” debe actuar de bombero sacando las mangueras para rociar el país con dinero; aunque el mismo sea de Monopolio. El dinero fácil es el manantial de perversas inversiones o negocios poco productivos o simplemente improductivos. Y si a ello agregamos una actuación burrocrática por parte del personal de entidades gubernamentales no habrá incentivos para la inversión; que es parte del problema que tenemos en Panamá.

    Pero… antes de que puede haber producción tiene que darse un mercado lucrativo que permita ahorros pues, sin ahorros ¿de dónde saldrán los fondos para invertir? Nuestra familia Novey tuvo una industria que soportó pérdidas por 14 años antes de lograr ganancias; y luego escucha uno cometarios como: “¡qué suerte han tenido!” O ocurrió que nuestra industria de alimento avícola fueses forzada por el gobierno dictatorial a subsidiar a los avicultores mediante control de precios.

    La verdadera riqueza no está en los papelitos verdes sino en el ahorro y en el uso del capital, tanto físico como intelectual, junto con el trabajo que permite ser productivo. Pero en ello llega la politiquería corrupta que para ganar votos y enquistarse en los sillones del poder crea subsidios pérfidos que terminan produciendo terribles daños económicos y sociales.

    O están esas fabulosas pirámides a la grandeza de regentes mayúsculos en su ego y minúsculos en su actuar. Tal es el caso de la creación del Metro y de Mi Bus que aunque pocos lo ven, son mayúsculas barbaridades deficitarias que no solucionaron, sino que crearon más problemas al tránsito y al transporte. Llamar “subsidio” a semejantes esperpentos, por diversas razones, es patético; pues había mejores soluciones a una fracción de costo de inversión, operación y productividad. Pero hoy, que no alcanza el dinero para mantenimiento y que el desorden vial está peor que nunca, seguimos alabando las pirámides de la ignominia.

    Nuestro infortunio está en una población que no entiende de productividad y que vota por subsidiar los caminos a la servidumbre y la pobreza. En estos días bien lo señaló René Quevedo al decir que cada puesto de trabajo que se ha perdido en el sector formal ha sido reemplazado por 3 en el sector gubernamental; ese que algunos dicen es “formal” y que yo discrepo en ello, pues el verdadero formal paga impuestos surgidos de la producción y no de la imposición fiscal y la malversación.

    En un mercado libre de interferencias centrales politiqueras, empresarios somos todos. Es inmenso el sin sentido de vilipendiar el emprendimiento, al tiempo que se piense que el mero trabajar sea el motor de la productividad. Es empobrecedor el rechazo al emprendimiento productivo en nuestra sociedad; y más sufren quienes carecen de recursos. Quien quiera constatarlo nada más tiene que darse un paseo por Cuba.

    El primer ministro de Estonia cuando estuvo en Panamá en una conferencia de la APEDE preguntó: ¿Conocen ustedes el nombre del presidente de Suiza? Nadie entre los 300 presentes contestó. Y Mart Laar dijo: “No se preocupen, que los suizos tampoco lo conocen.».

    En fin, el buen gobierno es como las tuberías de aguas servidas, que están allí pero no tenemos que verlas ni olerlas.

  • Un nuevo capítulo post Brexit: del distanciamiento al reencuentro

    El 19 de mayo de 2025 se selló un acuerdo histórico entre el Reino Unido y la Unión Europea que marca un giro auspicioso en sus relaciones tras años de tensiones post-Brexit. Este nuevo entendimiento, que abarca áreas clave como comercio, pesca, defensa y movilidad juvenil, no solo apunta a superar heridas abiertas, sino también a trazar una hoja de ruta común hacia una cooperación más madura y pragmática.

    Del desencuentro a la reconstrucción

    Desde que el Reino Unido concretó su salida de la UE en 2020, las relaciones bilaterales se vieron atravesadas por desencuentros, burocracia y desconfianza mutua. Pero con el paso del tiempo y el peso de la realidad geopolítica, ambas partes reconocieron que el aislamiento no era una opción sostenible. Así, este nuevo acuerdo no revierte el Brexit, pero sí representa una aproximación más sensata: una manera de convivir sin renunciar a la soberanía, pero aceptando la interdependencia.

    Los pilares del acuerdo

    Comercio y regulación sanitaria.
    Uno de los avances más celebrados es la eliminación de los controles fronterizos sobre productos agroalimentarios británicos destinados a la UE, gracias a un nuevo acuerdo veterinario. Esto armoniza normativas sanitarias, facilita el comercio y podría inyectar hasta £9.000 millones anuales a la economía británica, reduciendo trabas que afectaban a productores y consumidores por igual.

    Pesca: pragmatismo sobre el orgullo.
    El pacto extiende por 12 años el acceso mutuo a zonas pesqueras, una cuestión especialmente simbólica y conflictiva desde el referéndum de 2016. Aunque algunos sectores pesqueros británicos ven esto como una concesión, el acuerdo garantiza previsibilidad y sostenibilidad para ambos bloques.

    Defensa y seguridad compartida.
    El Reino Unido se reincorpora parcialmente al sistema de defensa europeo a través del fondo “Safe”, con acceso a un presupuesto de €150.000 millones para innovación y seguridad. En un contexto donde EE. UU. reduce su implicancia en la seguridad europea, este giro es estratégico para ambas partes.

    Movilidad y juventud: puentes para el futuro.
    Se restablece la participación del Reino Unido en el programa Erasmus y se lanza un esquema de movilidad juvenil para facilitar intercambios de estudiantes y profesionales jóvenes. Además, los ciudadanos británicos podrán volver a usar e-gates al ingresar a la UE, agilizando el tránsito y reduciendo la fricción en los viajes.

    Ciudadanos en el centro

    Para los ciudadanos británicos, este acuerdo significa recuperar muchas facilidades perdidas post Brexit: acceso a programas educativos, menos burocracia para viajar y mayores oportunidades laborales en Europa. Para los europeos, se mantiene el acceso a recursos y mercados británicos, además de contar con un aliado activo en materia de defensa y cultura.

    Una lectura ética y política del momento

    En un tiempo donde el cortoplacismo político ha primado, este acuerdo podría interpretarse como un ejemplo alentador de visión a largo plazo. Hoy por hoy, en muchas sociedades, la ética, la libertad y los valores republicanos no se valoran tanto como el beneficio inmediato que ofrece el pragmatismo político. Sin embargo, este nuevo pacto muestra que la cooperación estratégica, basada en principios compartidos y no solo en la urgencia del momento, puede generar beneficios reales y duraderos.

    Una nueva era sin nostalgia

    Este acuerdo no implica un retorno al pasado ni una marcha atrás en el Brexit. Se trata, más bien, de una adaptación madura a una realidad compleja, en la que ni la confrontación ni la autosuficiencia total resultaron viables. Reino Unido y la UE, tras años de incertidumbre, eligen post Brexit, una relación menos ideológica y más funcional. Un nuevo capítulo comienza —y esta vez, con los ciudadanos en el centro.

  • Rerum Novarum y el mercado.

    ¿Nuestra constitución y nuestros gobiernos cumplen con los preceptos emanados de Rerum Novarum y Centécimus Annus?

    Como bien decía Tres Patines: “Ni con la izquierda ni la derecha sino todo lo contrario” con lo cual quiero referirme o enfocar las diferencias que existen entre el comunismo el socialismo y el capitalismo y para abordar la forma disparatada en que tantos usan estos términos, tal como ocurre cuando hablamos de “capitalismo salvaje” o de “ultra derecha” y tal, lo cual es como hablar de un “perro gato”. Hay perros y gatos, pero no perrogatos. ¿Cuál es el trillo de semejante disparate arriero?

    En la vida hay bienandar y malandar lo mismo que hay capitalismo y totalitarismo: el primero es gobierno limitado a controlar el malandar y promover el bienandar; mientras que el intervencionismo presupone corregir los errores u horrores del capitalismo, en lo cual fallan aparatosamente. Sí, el capitalismo en cierto sentido es salvaje; porque la vida es salvaje. Pero… ¿no han notado que el socialismo es mucho más salvaje?

    Bien dijo Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”. Y es que pocas cosas son más aterradoras que asomarse sobre el muro de la ignorancia y avistar el Universo; o… tal vez es fascinante. El reto es ver cómo los humanos logramos mayor desarrollo y menos pobreza; tanto económica como espiritual. Se equivocan si creen que sea con el comunismo, socialismo u otras variantes de totalitarismo e intervencionismo; tal como el que tenemos enquistado en la constitución panameña y en nuestro corrupto gobernar.

    Al respecto de lo que vengo apuntando, el 13 de mayo del 1891 el pontífice León XIII expuso la Encíclica Papal Rerum Novarum, latín por “de las cosas nuevas”; en dónde abordaba las consecuencias de la Revolución Industrial y el surgimiento y diferencias entre el socialismo el liberalismo y la “justicia social”, tan mal usada y entendida en nuestra constitución. Pero, curioso que el recién electo Papa, Robert Provost, haya elegido el nombre de León XIV… ¿Tendrá algo que ver con Rerum Novarum y con Centécimus Annus? Pongamos atención:

    • Los gobiernos del estado deben contribuir al logro de los sanos objetivos del trabajador, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, mediante la creación de condiciones favorables para el libre ejercicio de la actividad económica…

    Pero debe hacerlo respetando otro principio fundamental de la propiedad privada:

    • La propiedad privada es un derecho natural del hombre, y ejercer ese derecho, especialmente como miembros de la sociedad, no sólo es lícito, sino absolutamente necesario.” Rerum Novarum

    Y es que como también se deja claro en Rerum Novarum:

    • Los límites deben ser determinados por la naturaleza de la ocasión que exige la intervención de la ley, siendo el principio que la ley no debe emprender más ni proceder más allá de lo requerido para remediar el mal o eliminar el daño.

    Y también nos recuerda Rerum Novarum que:

    • Pero no son pocos los imbuidos de principios perversos y ávidos de cambios revolucionarios, cuyo principal propósito es sembrar el desorden e incitar a sus semejantes a actos de violencia. La autoridad de la ley debería intervenir para frenar a estos agitadores, para evitar que las clases trabajadoras sean engañadas por sus maniobras y para proteger a los legítimos propietarios del expolio.

    Y termino citando a Juan Pablo II en Centécimus Annus:

    • Una comunidad de orden superior no debe interferir en la vida interna de una comunidad de orden inferior, privándola de sus funciones, sino que debe sostenerla en caso de necesidad y ayudar a coordinar su actividad con las actividades del resto de la sociedad, siempre en vista del bien común.”

    ¿Nuestra constitución y nuestros gobiernos cumplen con estos preceptos? El actual gobierno lo intenta, pero… el malandar que traemos a cuestas es inmenso.

  • ¿Qué futuro tiene el sistema PAYG? Pensar fuera de la caja en la era del trabajo líquido

    Durante gran parte del siglo XX, los sistemas de pensiones PAYG (Pay-As-You-Go) —basados en la solidaridad intergeneracional— funcionaron como columna vertebral del contrato social moderno. En su esquema más simple, los trabajadores activos financian las jubilaciones de los retirados, con la promesa de que las futuras generaciones harán lo mismo por ellos. Pero esta fórmula, antaño vista como un equilibrio justo entre generaciones, hoy muestra signos crecientes de agotamiento.

    Con el envejecimiento poblacional, la baja tasa de natalidad y el creciente número de trabajadores informales o independientes, el sistema PAYG está tensionado hasta el límite. La proporción entre activos y pasivos se reduce año a año, mientras la longevidad se incrementa y los Estados, sobreendeudados, ya no pueden cubrir los baches con simples ajustes fiscales. En resumen: el modelo es insostenible tal como está.

    Pero más allá de parches o reformas paramétricas (edad de retiro, aportes, topes), el verdadero desafío es conceptual. ¿Tiene sentido seguir apostando a un sistema basado en una solidaridad forzada entre generaciones que ya no comparten ni valores ni trayectorias de vida? ¿Podemos seguir esperando que los jóvenes de hoy financien a los mayores cuando apenas logran financiarse a sí mismos?

    La era del individuo soberano

    La revolución tecnológica y la transformación del empleo están alterando las bases mismas sobre las que se sostenía el modelo tradicional. Hoy los jóvenes:

    • Trabajan de forma fragmentada, autónoma o por proyectos.

    • Piensan más en inversiones, criptomonedas o emprendimientos que en “empleo estable”.

    • Tienen mayor aversión a la dependencia estatal y menos confianza en las instituciones públicas.

    En este contexto, pensar en formas alternativas de previsión social se vuelve urgente. Aquí algunas propuestas «out of the box» que podrían redefinir la jubilación del futuro:

    Nuevas ideas para un nuevo mundo

    1. Capitalización individual descentralizada:
    El modelo chileno fue pionero, pero su implementación fue incompleta. La idea de que cada individuo capitalice su retiro a lo largo de su vida laboral sigue siendo potente, pero puede potenciarse mediante tecnología blockchain, sistemas de ahorro automatizado y vehículos de inversión más flexibles y portables, como fondos tokenizados.

    2. Seguros de retiro privados y colectivos:
    Emergen formas de mutualismo moderno, donde grupos familiares, comunidades o redes de afinidad contribuyen a fondos comunes con reglas claras y transparentes. Es una especie de «solidaridad voluntaria» basada en la cercanía, no en la coerción estatal.

    3. Incentivos fiscales para ahorro familiar:
    En lugar de confiar ciegamente en el Estado, las familias podrían ser el nuevo núcleo de previsión. Políticas que incentiven el ahorro intergeneracional, fideicomisos familiares o herencias planificadas con beneficios fiscales pueden restituir el rol de la familia como pilar del bienestar futuro.

    4. Renta vitalicia compartida (peer-to-peer):
    Modelos de seguros P2P, donde grupos de personas se agrupan para pagar una renta vitalicia entre sí, sin necesidad de un Estado mediador. Estos esquemas se valen de contratos inteligentes y algoritmos que ajustan pagos y distribuciones.

    5. Rediseñar la longevidad laboral:
    La jubilación como ruptura abrupta entre trabajo y ocio es una noción obsoleta. Se pueden promover formas de retiro gradual, trabajos part-time para seniors, mentorías pagadas o economías del conocimiento donde la experiencia sea monetizable aún a los 70 años.

    De la solidaridad forzada a la autonomía responsable

    Tal vez el problema de fondo no sea solo económico, sino cultural: seguimos atados a un modelo que presupone que otros deben cargar con nuestro bienestar futuro. En lugar de ello, la jubilación debería ser una expresión de libertad acumulada, no de dependencia prolongada.

    La solidaridad no debe desaparecer, pero sí relocalizarse: más entre familias, redes, comunidades voluntarias. Y menos en estructuras estatales burocráticas, insostenibles y cada vez más desconectadas de la realidad.

    Quizás el mayor cambio que podamos promover sea este: dejar de pensar en que el sistema debe garantizarnos algo, y empezar a planificar desde la libertad, la responsabilidad y la inteligencia individual.

  • Reino Unido dice NO al Bitcoin como reserva estratégica

    La reciente decisión del Reino Unido de no establecer una reserva nacional de Bitcoin ha generado un debate significativo, especialmente desde una perspectiva libertaria. Esta postura se alinea con una visión conservadora que prioriza la estabilidad económica y la regulación prudente sobre la adopción de activos digitales volátiles.

    Emma Reynolds, Secretaria Económica del Tesoro británico, afirmó que seguir el ejemplo de Estados Unidos en la acumulación de Bitcoin «no es el plan para nosotros», indicando que tal enfoque «no es apropiado para nuestro mercado» . Esta declaración refleja una cautela respecto a la volatilidad inherente de las criptomonedas y una preferencia por mantener la integridad del sistema financiero tradicional.

    Desde una perspectiva libertaria, esta decisión puede interpretarse como un reconocimiento de los principios fundamentales de la descentralización y la soberanía individual que sustentan las criptomonedas. Al abstenerse de institucionalizar la tenencia de Bitcoin, el gobierno británico evita centralizar un activo diseñado para operar fuera del control estatal, lo que podría considerarse coherente con una visión que valora la autonomía del individuo sobre la intervención gubernamental.

    Sin embargo, esta postura también ha sido objeto de críticas por parte de líderes de la industria y defensores de las criptomonedas, quienes argumentan que el Reino Unido está perdiendo una oportunidad estratégica para fortalecer su posición en la economía digital emergente. Freddie New, jefe de políticas de Bitcoin Policy UK, señaló que el gobierno británico posee actualmente alrededor de 61,245 BTC, valorados en más de £4 mil millones, principalmente adquiridos a través de incautaciones relacionadas con actividades delictivas . New argumenta que estos activos podrían utilizarse para financiar programas públicos o como una reserva estratégica, en lugar de ser liquidados.

    Además, el Reino Unido está explorando el uso de la tecnología blockchain para la emisión de deuda soberana, lo que indica una disposición a adoptar innovaciones tecnológicas sin comprometer la estabilidad financiera . Esta estrategia sugiere que, aunque el gobierno británico es cauteloso respecto a la acumulación de criptomonedas, reconoce el potencial de la tecnología subyacente para mejorar la eficiencia y transparencia de sus operaciones financieras.

    En contraste, Estados Unidos ha adoptado una postura más proactiva, con iniciativas para establecer una reserva nacional de Bitcoin, argumentando que podría servir como cobertura contra la inflación y fortalecer la posición del dólar en el mercado global . Esta divergencia de enfoques refleja diferencias fundamentales en la percepción y gestión de las criptomonedas entre ambas naciones.

    La respuesta tajante del Reino Unido sacude la fantasía de una carrera entre potencias occidentales por atesorar Bitcoin como si fuera el nuevo oro digital. Si el entusiasmo por la adopción estadounidense alimentó la ilusión de un efecto dominó inevitable, la decisión británica introduce un contrapeso lúcido: no hay consenso, ni fe ciega, en que Bitcoin sea el ancla financiera del futuro. Cada país está escribiendo su propia historia en esta nueva era monetaria, y no todos están dispuestos a seguir el mismo guion.

  • Cónclaves papales: entre el humo blanco, las intrigas y el cisma

    La plaza está en silencio. Miles de ojos miran hacia lo alto, donde una delgada chimenea corona la Capilla Sixtina. De repente, una columna de humo comienza a ascender: ¿negra?, ¿blanca?, ¿gris? No hacen falta palabras porque, desde hace siglos, el mundo aprende a leer en el humo los misterios del poder, el alma y la historia. Más allá del rito solemne, los cónclaves también tienen una historia paralela: encierros forzosos, alianzas secretas, muertes repentinas, errores rituales y renuncias inesperadas. Cada uno refleja su tiempo. Todos juntos componen una crónica de la Iglesia en su dimensión más humana y, a veces, más frágil.

    Cuando el cielo se abrió: el nacimiento del encierro sagrado

    En 1268 los cardenales se encerraron en Viterbo para elegir el sucesor de Clemente IV. Pero el cónclave duró casi tres años.

    Ante esta situación, la ciudad cerró con llave el edificio, retiró el techo para que el cielo presionara y redujo la dieta de los electores a pan y agua. Tres cardenales murieron en el proceso. Al fin, eligieron a Teobaldo Visconti. Sería él, Gregorio X, quien instauraría el encierro obligatorio con la constitución Ubi periculum en 1274.

    No fue el único cónclave accidentado. En 1287, en plena elección, seis cardenales murieron a causa de una epidemia de malaria, lo que interrumpió el proceso hasta el año siguiente.

    Y en 1294, los cardenales eligieron a un ermitaño casi octogenario, Pietro del Morrone, convertido en Celestino V. Su pontificado, que se desarrolló entre julio y diciembre de 1294, fue turbulento y estuvo marcado por la influencia de personajes poderosos y ambiciosos. Agotado, y convencido de que no era digno del cargo, decidió renunciar. Su sucesor, Bonifacio VIII, lo encerró en el castillo de Fumone, donde murió aislado.

    Tres papas, una Iglesia rota: cismas y sombras de legitimidad

    En 1378 la presión popular sobre los cardenales reunidos en Roma derivó en la elección de Urbano VI. Su carácter reformista y autoritario provocó que muchos cardenales declararan inválida su elección y eligieran a Clemente VII, que se instaló en Aviñón. Así, con las dos sedes, comenzó el Cisma de Occidente.

    Pronto habría un tercer papa, en Pisa, y tres cónclaves simultáneos, tres sedes y tres versiones de la misma Iglesia.

    La unidad se recuperó décadas más tarde, en el Concilio de Constanza (1414–1418). Ahí, Gregorio XII (sucesor de Urbano VI) renunció, Juan XXIII (sucesor de Alejandro V, el papa de Pisa) fue depuesto y Benedicto XIII (sucesor de Clemente VII) quedó solo.

    Finalmente, el cónclave de 1417 eligió a Martín V y cerró una herida que había afectado a toda la cristiandad.

    Veneno, veto y humo en la historia del cónclave

    En el Renacimiento los cónclaves se transformaron en luchas de poder. En 1492 Rodrigo Borgia fue elegido papa y adoptó el nombre de Alejandro VI, tras una campaña de compra de votos tan pública como eficaz. Prometió cargos, diócesis, rentas e influencias. Su elección marcó el apogeo de los Borgia, una familia que convirtió el papado en el centro de una política dinástica.

    Como pontífice, Alejandro VI consolidó el poder territorial del Vaticano, pero también convirtió a sus hijos, especialmente a César Borgia, en agentes de ambición y violencia.

    Retrato del papa Alejandro VI.
    Retrato del papa Alejandro VI.
    Bibliothèque nationale de France

    La curia papal funcionaba en este contexto como una sede cortesana más del Renacimiento. Johannes Burchard, maestro de ceremonias, documentó con crudeza las intrigas, rituales y escándalos de aquel pontificado.

    En agosto de 1503, tras una cena con varios cardenales, Alejandro VI y su hijo enfermaron gravemente. Una de las teorías que se barajan es que el veneno que debía eliminar a un rival se introdujo por error en la copa del papa. El pontífice murió. César sobrevivió, pero su poder se fue debilitando.

    El papa Pío III fue elegido en septiembre de 1503 como sucesor de Alejandro VI. Su nombramiento respondió más a un intento de equilibrio entre facciones que a una apuesta a largo plazo. Su salud, ya deteriorada antes del cónclave, se agravó rápidamente. Apenas 26 días después concluyó su pontificado, sin que pudiera adoptar decisiones significativas. Su muerte reabrió de inmediato las maniobras entre cardenales, en un momento especialmente inestable para la curia.

    Cuatro siglos más tarde, persistían las interferencias externas en la elección papal. El emperador Francisco José I intervino en el cónclave de 1903 invocando el ius exclusivae (derecho de veto papal) para impedir la elección del cardenal Mariano Rampolla. El colegio cardenalicio rechazó formalmente el veto, pero su efecto fue decisivo. La presión derivó en la elección de Giuseppe Sarto, proclamado como Pío X. La elección marcó el fin de este privilegio secular, que no volvió a ejercerse en ningún otro cónclave.

    El humo y la elección invisible

    Hasta el cónclave de 1903, no existía una distinción clara en los colores del humo, que podía aparecer blanquecino u oscuro. En algunas ocasiones –como en la elección de Pío X– ni siquiera había habido humo.

    La diferenciación oficial entre la fumata blanca, que anuncia la elección, y la negra, que indica un resultado fallido, se estableció por primera vez en el cónclave de 1914, en el que fue elegido Benedicto XV.

    Gente esperando en una plaza redonda.
    La gente espera en la plaza de San Pedro la fumata blanca en el cónclave de 1922.
    Bibliothèque nationale de France

    El cónclave no es una mera tradición conservada por la inercia. Es el momento en que la Iglesia se repliega sobre sí misma, suspende su visibilidad pública y traslada toda su autoridad a una asamblea cerrada, con reglas estrictas, sin cámaras, sin declaraciones, sin discursos.

    Desde el siglo XIII, su arquitectura simbólica –el encierro, la votación secreta, la quema de papeletas, el humo– no ha cambiado sustancialmente, y sigue cumpliendo la misma función: proteger la decisión que definirá el rumbo de la Iglesia católica en el mundo.

    La historia demuestra que estos procesos no están exentos de tensiones. Ha habido elecciones pactadas para garantizar una transición breve, y otras que abrieron el camino a reformas de largo alcance. En algunos casos, incluso, el papa elegido encarnaba un proyecto eclesial cuya magnitud solo se entendió años después.

    El humo que emana de la Capilla Sixtina no explica, solo informa. Durante siglos, ha sido ambiguo, equívoco o prematuro. Pero una vez que sale blanco, se dirige la mirada hacia el balcón. El “Habemus Papam” es el inicio de una etapa cuya dirección aún nadie puede anticipar.

    Cuando el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronuncie la fórmula “Extra omnes” se activará una liturgia institucional que ha resistido guerras, cismas, epidemias, cambios de época y colapsos políticos. Y una vez más, todo dependerá de lo que ocurra dentro de esas paredes.The Conversation

    Anna Peirats, IVEMIR-UCV, Universidad Católica de Valencia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El Carácter como Condición para la Libertad

    Lawrence Reed, presidente honorario de la Foundation for Economic Education (FEE) y autor de Are We Good Enough for Liberty?, sostiene una tesis fundamental: sin carácter, la libertad es insostenible.

    Reed explica que el carácter fuerte es la base indispensable de una sociedad libre. No se puede preservar la libertad en un pueblo que carece de virtudes esenciales como la honestidad, la humildad, la paciencia, la responsabilidad, la autodisciplina, la autosuficiencia, el optimismo, el coraje, una visión de largo plazo y el deseo constante de aprender. Estos valores no son simples adornos morales: son pilares estructurales. Donde faltan, la libertad inevitablemente se deteriora.

    Los Elementos Fundamentales del Carácter

    Cada una de estas virtudes cumple un rol esencial en el sostenimiento de una sociedad libre:

    • Honestidad:
      La verdad es la base de la confianza social. Sin honestidad, las relaciones humanas —y la vida en comunidad— se corrompen. La honestidad actúa como primer escudo contra el abuso de poder. Por el contrario, cuando se toleran la mentira y el engaño, los líderes corruptos ascienden al poder reflejando el desprecio generalizado por la verdad.

    • Humildad:
      Reconocer que nadie posee todo el conocimiento y que siempre hay algo que aprender evita el autoritarismo y la soberbia. La falta de humildad genera gobernantes arrogantes y planificadores centrales que creen saber más que la sociedad misma.

    • Paciencia:
      La construcción de una sociedad libre y próspera requiere tiempo. La impaciencia conduce a atajos que, a menudo, erosionan derechos.

    • Responsabilidad:
      Asumir las consecuencias de los propios actos es vital para la libertad. Sin responsabilidad personal, se alimenta la cultura de la culpa y la dependencia. La irresponsabilidad fomenta una cultura de la victimización, en la que cada quien culpa a otros por las consecuencias de sus propios errores.

    • Autodisciplina:
      Quien no es capaz de gobernarse a sí mismo, abre la puerta para que otros lo gobiernen. La autodisciplina es autodefensa en una sociedad libre. La ausencia de autodisciplina convierte a las personas en presas fáciles de controles externos. Quienes no se gobiernan a sí mismos terminan siendo gobernados por otros.

    • Autosuficiencia:
      La capacidad de proveerse lo necesario reduce la dependencia del Estado o de terceros, protegiendo así la autonomía individual. La falta de autosuficiencia transforma a los ciudadanos en dependientes manipulables.

    • Optimismo:
      La creencia en que los individuos pueden mejorar su destino mediante el esfuerzo y la creatividad es el motor del progreso en libertad. El pesimismo, a su vez, apaga el impulso de construir, innovar y progresar.

    • Coraje:
      La defensa de los derechos individuales requiere valentía, especialmente cuando enfrenta presiones o amenazas. El coraje es otra virtud indispensable: la gente tímida tiende a permitir que sus derechos sean pisoteados sin resistencia.

    • Enfoque a largo plazo:
      Pensar en el futuro evita sacrificar principios o libertades por soluciones rápidas que hipotecan generaciones futuras. Una visión de corto plazo, que busca soluciones inmediatas sin considerar las consecuencias futuras, termina hipotecando a generaciones enteras.

    • Deseo constante de aprender:
      Finalmente, una mente cerrada al aprendizaje condena a repetir los errores del pasado. Una mente abierta y curiosa permite comprender las lecciones de la historia y adaptarse a nuevos desafíos sin caer en errores cometidos.

    Cada uno de estos elementos no sólo define al individuo, sino que también moldea la cultura de una sociedad. Donde estos valores florecen, la libertad prospera; donde se marchitan, la libertad muere.

    Lawrence Reed plantea una pregunta contundente: ¿quién, en su sano juicio, querría vivir en un mundo donde estas virtudes estén ausentes? La respuesta es evidente, pero a menudo las sociedades actúan como si la libertad fuera un hecho garantizado y no un bien que exige ser sostenido mediante el esfuerzo personal.

    La libertad no se preserva únicamente mediante discursos o legislaciones. Se mantiene viva en los actos cotidianos de millones de individuos. Sociedades integradas por ciudadanos virtuosos tienden naturalmente hacia la libertad. Sociedades dominadas por ciudadanos sin carácter, por el contrario, terminan clamando por su propia servidumbre, buscando que «otros» resuelvan lo que ellas mismas no son capaces de enfrentar.

    Así, el desafío central que plantea Reed no es político, sino profundamente moral: ¿somos suficientemente buenos para ser libres? Cada acto de responsabilidad, de honestidad, de compromiso con el aprendizaje, responde afirmativamente a esa pregunta. La libertad no es un regalo que se recibe sin condiciones: es una responsabilidad que exige virtud, carácter y sacrificio. Sin estas bases, tarde o temprano, la libertad se pierde.