Etiqueta: control

  • Estado, Estatismo y Cultura

    Estado, Estatismo y Cultura

    “La educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial «.

    Una contradicción fundamental reside en el corazón de la Constitución de Panamá. Mientras prohíbe formalmente el ejercicio arbitrario y discrecional del poder, su propio lenguaje crea las condiciones que hacen tal comportamiento no solo posible, sino inevitable.

    Los artículos 282 y 284 abren el compás para que los gobiernos del Estado queden facultados en “orientar, dirigir, reglamentar, reemplazar o crear” actividades económicas y de intervenir en cualquier empresa en busca de objetivos vagos como la “justicia social”, la “utilidad pública” y la “función social” de la propiedad. Estas cláusulas elásticas entregan a los sucesivos gobiernos un cheque en blanco de enorme amplitud ideales para cosas nada sanas.

    Así, lo que la Constitución pretende prohibir como abuso de autoridad, lo habilita estructuralmente mediante la misma amplitud y ambigüedad de sus disposiciones. El resultado es una invitación permanente a la aplicación selectiva de las normas, al favoritismo político, al exceso regulatorio y a la corrupción: exactamente las prácticas discrecionales que el texto legal dice querer restringir.

    Nos advierte Rahimi Zonouz que lo típico alrededor del mundo ha sido que “la educación formal, las políticas culturales y el extenso financiamiento de las artes fueron todos dirigidos hacia la construcción de una «cultura oficial«. Esta afirmación captura con precisión uno de los mayores riesgos del estatismo, que es:

    la tendencia del Estado a no limitarse a crear condiciones para el florecimiento cultural, sino a intervenir directamente en su producción, distribución y orientación”. John A. Bennett N.

    En Panamá, esta inclinación se manifiesta a través de la educación pública centralizada (MEDUCA), las políticas culturales estatales y el financiamiento selectivo de expresiones artísticas. Lejos de respetar la espontaneidad y diversidad cultural, el Estado busca moldear una cultura que sirva a sus objetivos de control, perpetuación un poder torcido y protección serviles intereses particulares que han marcado históricamente la gobernanza en el país.

    El tema de fondo o meollo es que existe una relación básica entre lo que es o debe ser el “Estado”; es decir, el pueblo soberano que en su dispersión sociocultural busca vivir en sano albedrío sin ataduras de desviados intereses políticos. A ello se lo conoce como el “Estado-nación”.

    Curiosamente no todos los países son Estados-nación; tal como Russia, India y otros más. Muchos de estos son multiculturales con clara identidad regional, tal como nuestros pueblos originarios. La tendencia general es ver a Panamá como un Estado-nación; sin embargo, me parece que como ocurre con tantas cosas, el asunto no es blanco y negro, sino mestizo.

    Pero, lo que debería llamarnos a la meditación es que a pesar de que Panamá tiene considerables libertades civiles y apertura económica, al menos y según el ranking de libertad, está infectada de un considerable grado de corrupción y clientelismo partitocrático que; al agregar las particulares realidades indígenas, que tienen sus propios entendimientos de los derechos de propiedad, son difíciles de acoplar con los preceptos constitucionales vigentes.

    Nuestra realidad estatal precede y dio forma a gran parte de la conciencia moderna nacional; más relacionado con el Canal que con una homogeneidad étnica; lo cual debería llamarnos al estudio de cómo la libertad personal, económica y cultural, interactúa con el poder de los gobiernos del Estado y el mismo Estado. El Artículo 127 de la Constitución nos da un buen pantallazo de una realidad que escapa a muchos panameños.

    En resumen, el enfoque de este escrito está dirigido a crear conciencia del enorme reto que tenemos los panameños no sólo relativo a la diversidad cultural que dificulta la creación o existencia de una cohesión social; sino también estatismo malsano que padecemos y que está evidente en nuestra supuesta Constitución; esa que lo que más constituye o facilita es el desgobierno.

  • El Estado como monopolista de la inteligencia: el caso Fable 5

    El Estado como monopolista de la inteligencia: el caso Fable 5


    El viernes 12 de junio de 2026, a las 5:21 de la tarde, hora del Este, el Departamento de Comercio de los Estados Unidos entregó una carta al CEO de Anthropic, Dario Amodei. No era una invitación. Era una orden. En pocas horas, uno de los modelos de inteligencia artificial más avanzados jamás desplegados públicamente —Claude Fable 5— fue desconectado para todo usuario que no portara un pasaporte estadounidense. Sin audiencia pública. Sin proceso legislativo. Sin transparencia sobre las razones específicas. Un funcionario tomó una decisión y cientos de millones de personas en el mundo perdieron acceso a una herramienta que ya usaban para trabajar, investigar, crear y aprender.

    Esto no es un problema técnico. Es un problema político. Y merece ser analizado como tal.


    El pretexto: un «jailbreak» que no lo es

    El gobierno de Trump, a través del Secretario de Comercio Howard Lutnick, justificó la medida alegando que otra compañía había encontrado un método para eludir las salvaguardas de seguridad del modelo —lo que en el argot técnico se llama un jailbreak— que potencialmente permitiría usar Fable 5 para ejecutar ciberataques a escala masiva. La narrativa sonaba alarmante. La realidad es bastante más matizada.

    La propia Anthropic respondió con notable claridad: el «jailbreak» identificado era estrecho, no universal, y las capacidades que desbloqueaba —la identificación de vulnerabilidades menores en código— eran igualmente accesibles a través de otros modelos disponibles públicamente, incluyendo GPT-5.5 de OpenAI, que no ha sido objeto de restricción alguna. Según la empresa, ningún evaluador ha logrado hasta la fecha encontrar un jailbreak universal que derribe de manera amplia las protecciones del modelo. La compañía añadió algo que todo experto en seguridad informática ya sabe: la resistencia perfecta a jailbreaks no es alcanzable hoy por ningún proveedor del mundo. Si ese fuera el estándar exigido, como señaló Anthropic, el resultado sería la paralización de todos los nuevos despliegues de modelos de frontera en la industria entera.

    El gobierno no respondió a estos argumentos técnicos. Sencillamente ordenó el apagón.


    La arquitectura del control: Export Controls para el siglo XXI

    Lo que ocurrió con Fable 5 no es un episodio aislado. Es la primera aplicación visible de una lógica regulatoria que lleva años siendo diseñada en Washington: tratar los modelos de inteligencia artificial de frontera como si fueran tecnología de uso dual —armas en potencia— y someterlos al mismo régimen de control de exportaciones que históricamente se ha aplicado a semiconductores avanzados, sistemas de misiles y tecnología nuclear.

    El Bureau of Industry and Security (BIS) del Departamento de Comercio, el mismo organismo que administra las listas de entidades sancionadas y controla las exportaciones de chips de Nvidia, es ahora el árbitro de qué modelos de IA pueden cruzar fronteras digitales y cuáles no. La carta de Lutnick a Amodei fue redactada con funcionarios del BIS. El mecanismo legal utilizado —la invocación de «autoridades de seguridad nacional»— es el mismo que se ha usado para bloquear exportaciones de semiconductores a China durante los últimos tres años.

    Lo relevante aquí no es si los modelos de IA pueden suponer un riesgo de seguridad —es un debate legítimo y necesario. Lo relevante es el proceso por el cual se ejerció este poder: opaco, abrupto, sin notificación previa de los argumentos específicos, aplicado de manera retroactiva sobre un producto ya en manos de cientos de millones de usuarios, y con un criterio técnico que la propia empresa afectada calificó de erróneo.


    Los daños colaterales que nadie contabiliza

    La orden del Departamento de Comercio tenía un problema estructural: es técnicamente imposible bloquear el acceso a un modelo de lenguaje exclusivamente para ciudadanos extranjeros sin deshabilitar el servicio para todos. Verificar la nacionalidad de cada usuario en tiempo real, con la precisión jurídica que requiere la directiva, no es factible con la infraestructura actual. Anthropic, por tanto, se vio obligada a desconectar Fable 5 y Mythos 5 para la totalidad de sus clientes, incluyendo ciudadanos estadounidenses, empresas con contratos vigentes, investigadores universitarios, y sus propios empleados que no son nacionales de EE.UU.

    El daño fue inmediato y concreto. Clientes empresariales con flujos de trabajo integrados en Fable 5 vieron sus operaciones interrumpidas sin previo aviso. Desarrolladores que habían construido productos sobre la API de Anthropic se encontraron con una ruptura unilateral de facto de sus contratos de servicio. Investigadores en ciberseguridad defensiva —el mismo campo que el gobierno dice querer proteger— perdieron acceso a una herramienta que usaban precisamente para identificar vulnerabilidades antes de que los atacantes lo hicieran.

    La ironía es estructural: al prohibir Fable 5 para protegerse de potenciales atacantes extranjeros, el gobierno desarmó también a los defensores domésticos.


    El problema de fondo: soberanía tecnológica como arma del Estado

    Desde una perspectiva liberal clásica, el episodio de Fable 5 ilumina una tensión que va a agravarse con el tiempo: la colisión entre el derecho de los individuos a acceder a herramientas de conocimiento y la pretensión del Estado de controlar qué tecnologías pueden cruzar sus fronteras —o los cuerpos de quienes las usan.

    La lógica de los controles de exportación tiene una genealogía honesta: nació en la Guerra Fría para evitar que tecnologías militares pasaran a manos de adversarios geopolíticos. Tenía cierta coherencia cuando hablábamos de centrifugadoras para enriquecer uranio o de sistemas de guiado para misiles balísticos. Pero su extensión al software —y ahora a los modelos de lenguaje— presenta un problema filosófico y práctico fundamental: el conocimiento no es un objeto físico. Un modelo de inteligencia artificial es, en esencia, información comprimida. Y la información, una vez que existe, tiende a fluir.

    Prohibir que un ingeniero de software nacido en India, empleado de Anthropic, acceda a Fable 5 mientras trabaja en San Francisco no protege ningún secreto tecnológico. El modelo ya existía. Las capacidades ya eran conocidas. Lo que la orden produce es, principalmente, discriminación basada en el origen nacional, traducida en un régimen de control laboral disfrazado de política de seguridad.


    El precedente que nadie quiere nombrar

    Hay algo más que está en juego. Si el estándar para bloquear el despliegue de un modelo de IA es la existencia de un jailbreak estrecho, aplicable a funciones que otros modelos también pueden ejecutar, entonces ningún modelo de frontera debería existir en el mercado. Y si la lógica de los controles de exportación se aplica de manera consistente, el resultado lógico es un internet balcanizado donde el acceso a las herramientas más poderosas de la historia del procesamiento de información quedará determinado por el pasaporte de cada usuario.

    Este no es un escenario abstracto. Es el camino que estamos recorriendo.

    China lleva años construyendo su propio ecosistema de IA, precisamente porque no puede acceder al de Estados Unidos. Europa debate su propio marco regulatorio, en parte como respuesta a la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses. El mundo se fragmenta tecnológicamente, y cada fragmentación genera incentivos para el desarrollo de capacidades alternativas menos transparentes, menos auditadas, y potencialmente más peligrosas.

    La ilusión de que controlar Fable 5 hará el mundo más seguro ignora esta dinámica de segundo orden. Si Anthropic no puede vender a ingenieros de defensa taiwaneses, el gobierno de Taiwán desarrollará o adquirirá modelos alternativos con menos salvaguardas. Si un investigador en ciberseguridad en Varsovia no puede usar Fable 5, buscará herramientas sin los filtros que Anthropic ha dedicado miles de horas a construir. El resultado no es menos IA peligrosa en el mundo. Es más IA peligrosa, producida por actores con menos incentivos para la transparencia.


    Lo que Anthropic dijo, y lo que no pudo decir

    Anthropic respondió a la orden con una declaración notablemente directa para ser una empresa en proceso de IPO bajo la supervisión del mismo gobierno que acaba de sancionarla. Dijo que discrepaba. Dijo que el criterio aplicado era erróneo. Dijo que si ese estándar se aplicara consistentemente en la industria, paralizaría el despliegue de todos los modelos de frontera. Dijo que creía que el gobierno debería tener mecanismos de control sobre despliegues inseguros, pero que esos mecanismos debían ser «transparentes, justos, claros y fundamentados en hechos técnicos».

    Fue, en el lenguaje corporativo de Silicon Valley, un mensaje bastante combativo.

    Lo que Anthropic no pudo decir —lo que ninguna empresa en su posición puede decir— es lo que este artículo dice: que el problema no es solo la implementación incorrecta de un poder legítimo, sino la existencia misma de ese poder sin las garantías procesales que justificarían su ejercicio. Que una empresa privada no debería poder ser obligada a cortar el servicio a cientos de millones de usuarios en todo el mundo mediante una carta enviada a las 5 de la tarde, sin audiencia, sin apelación efectiva inmediata, sin transparencia pública sobre las razones específicas.

    Anthropic tiene que mantener su licencia para operar. Nosotros no.


    El mapa del futuro

    Lo que ocurrió el 12 de junio de 2026 no fue una anomalía. Fue un ensayo general. Los gobiernos del mundo —empezando por el de Estados Unidos— están aprendiendo a ejercer poder sobre la IA no a través de leyes transparentes y debatidas democráticamente, sino a través de la arquitectura de control que ya existe para las exportaciones de hardware militar. Es un poder discreto, técnico en apariencia, y enormemente difícil de contestar por vías ordinarias.

    Para quienes creemos que el acceso al conocimiento y a las herramientas que lo procesan es una condición de la libertad individual en el siglo XXI, este es el momento de prestar atención. No cuando los modelos sean diez veces más potentes. No cuando el daño ya haya sido hecho. Ahora, mientras todavía es posible articular un argumento sobre proceso, proporcionalidad y derechos.

    Porque lo que se está construyendo, silenciosamente, bajo el lenguaje de la seguridad nacional, es la infraestructura para que el Estado decida qué inteligencias —artificiales o no— tienen permiso de cruzar sus fronteras.

    Y eso, históricamente, nunca ha terminado bien.


  • Cuando la excepción se convierte en norma, como los retenes

    Cuando la excepción se convierte en norma, como los retenes

    En 2019, en medio del cambio de gobierno en Panamá, surgió un debate entre quien escribe y un amigo liberal, que iba mucho más allá de la eliminación de retenes policiales. La discusión apuntaba a una cuestión de fondo: ¿qué sucede cuando el Estado adquiere facultades que restringen derechos individuales bajo el argumento de la seguridad, la administración o la eficiencia?

    La preocupación expresada era que los retenes no representaban simplemente un mecanismo de control vehicular, sino una inversión del principio jurídico fundamental según el cual un ciudadano libre no debe justificar permanentemente su inocencia ante el poder.

    La lógica liberal clásica sostiene que el Estado debe tener motivos concretos para intervenir sobre una persona. Cuando ocurre lo contrario —cuando se detiene a ciudadanos al azar para verificar documentos o detectar posibles infracciones administrativas— se produce un cambio sutil pero importante: el individuo deja de ser considerado libre por defecto y pasa a estar bajo sospecha permanente.

    La cuestión no era solamente legal. Era moral e institucional.

    El costo oculto de la burocracia

    Otro aspecto señalado en aquella conversación era la tendencia de los gobiernos a medir únicamente los ingresos fiscales que generan determinadas regulaciones, ignorando los costos que esas mismas regulaciones imponen a la sociedad.

    Tomemos un ejemplo sencillo. La renovación periódica de placas, permisos o certificaciones puede representar una fuente de ingresos para el Estado. Sin embargo, rara vez se contabiliza el tiempo perdido por millones de ciudadanos, las horas laborales desperdiciadas, los desplazamientos innecesarios, las filas, los trámites y la energía económica que se desvía desde actividades productivas hacia el simple cumplimiento burocrático.

    Desde la economía institucional, estos costos reciben el nombre de costos de transacción. Son reales, aunque no aparezcan en ningún presupuesto oficial.

    El resultado es paradójico: una medida que parece recaudar dinero puede terminar destruyendo más riqueza de la que genera.

    La corrupción visible y la invisible

    Cuando se habla de corrupción, la mayoría piensa en sobornos, contratos amañados o desvío de fondos públicos.

    Sin embargo, existe una forma más profunda y menos visible de corrupción: aquella que queda incorporada a las propias reglas del sistema.

    Cuando una estructura institucional permite discrecionalidad excesiva, controles arbitrarios o intervenciones permanentes sobre la vida cotidiana de los ciudadanos, se crean incentivos para el abuso incluso aunque no existan funcionarios particularmente corruptos.

    No se trata únicamente de personas corruptas.

    Se trata de instituciones que facilitan comportamientos corruptos.

    Por eso el problema rara vez está en el agente de menor rango. La pregunta relevante es quién diseñó las reglas, quién las mantiene y quién se beneficia de ellas.

    El silencio social

    Quizás la observación más dura del intercambio fue la referida a la complicidad social.

    Las restricciones a la libertad rara vez avanzan únicamente por decisión gubernamental. También necesitan la indiferencia de buena parte de la sociedad.

    Empresarios que prefieren adaptarse antes que cuestionar.

    Medios de comunicación que consideran ciertos abusos como algo normal.

    Ciudadanos que aceptan pequeñas restricciones porque creen que afectan a otros.

    Gradualmente se instala una cultura donde la defensa de los derechos individuales deja de ser una prioridad y pasa a verse como una molestia o una excentricidad.

    La consecuencia es que las instituciones dejan de servir como límites al poder y comienzan a funcionar como herramientas de administración de la obediencia.

    La lección

    La discusión de 2019 sigue siendo relevante porque plantea una pregunta que trasciende a Panamá y a cualquier gobierno particular.

    La verdadera prueba de una sociedad libre no es cuánto poder tiene un gobernante bien intencionado, sino cuánto poder se le impide ejercer cuando aparecen gobernantes menos virtuosos.

    Las libertades individuales rara vez desaparecen de golpe. Normalmente se erosionan mediante pequeñas excepciones, trámites aparentemente inocentes y controles que la sociedad acepta porque parecen razonables en el corto plazo.

    Y cuando finalmente se percibe el costo acumulado, muchas veces la maquinaria institucional ya está funcionando por inercia.

    Como advertía Hayek, el peligro para la libertad no suele llegar disfrazado de tiranía abierta, sino de administraciones convencidas de que saben mejor que los ciudadanos cómo deben vivir sus vidas.

  • La Doctrina de la Obediencia

    Un MEDUCA (Ministerio de Educación) no puede más que vender doctrina de obediencia a los gobiernos del estado; y vemos que cada gobierno tiende a imponer sus intereses más que los de la comunidad. Pero la tiranía no conjuga con el verdadero espíritu humano, ese que crece y florece en libertad, tal como dice nuestra Constitución en el mero principio de su Preámbulo. En los gobiernos de la Cosa Nostra es natural la emergencia del despotismo y vaya que si se tiene la herramienta ideal para adoctrinar no la van a usar.

    En el MEDUCA será raro encontrar espontaneidad, diversidad, y personas independientes, el producto de la educación centralizada son caminos de servidumbre semejantes a los rebaños de semovientes. Aún, históricamente, las manifestaciones estudiantiles han sido más instrumentos de la Cosa Nostra, en dónde sus clanes se baten furiosamente por ganarse el Palacio de las Garzas.

    ¿Crees que el estatista o el estatismo no va a procurar el servilismo? Las opciones están entre el control parental o estatal. Y si creen que exagero, sólo tienen que fijase en nuestro Panamá en dónde el estado, a través de sus gobiernos los tenemos metido hasta en el agua de nuestros retretes.

    La educación no siempre la manejaron los gobiernos del estado. Y en esto vale hacer un alto y distinguir entre “estado y gobierno”. El estado es la población, mientras que los gobiernos son los organismos que crea el estado para arbitrar el partido de la nación. Y perdonen que lo diga, pero hasta para robar. El asunto es que con la centralización educativa no se logró mejorar ni la educación ni los educados. En los EE.UU. lo que si se logró en los primeros 5 años luego de la centralización fue un aumento de 750% en los salarios de los funcionarios encargados del adoctrinamiento; con el perdón de los verdaderos educadores que sé los hay pero como dice el refrán: “La excepción confirma la regla”.

    La otra fue la educación compulsoria, en dónde o vas al MEDUCA o a las escuelas privadas que son tuteladas por el MEDUCA. Al comienzo de la centralización la educación en casa era muy mal vista o hasta prohibida. Recuerdo el caso de una familia alemana que se mudó a los EE.UU. para educar en casa a sus hijos. Un día entró el SWAT derribando pureta y armados hasta los dientes, y se llevaron esposados a los padres, frente a sus hijos; porque habían recibido una orden de captura por INTERPOL.

    Y, con el centralismo viene apareado el síndrome de la igualdad o equidad; lo cual es absurdo dado que si algo caracteriza este mundo es la desigualdad. ¿Se imaginan un mundo en dónde todos son iguales en la ignorancia? En el aula lo peor es la uniformidad en la enseñanza, ya que el aprendizaje no es parejo. Yo fui uno de los alumnos más retrasados en mi primaria y parte de la secundaria y, sin embargo, miren que no escribo tan mal.

    La igualdad en el salón hace que los aventajados se aburran y los retrasados se frustren. Cada niño aprende a su ritmo y en virtud de la emoción. ¿Crees que en un partido de futbol hay igualdad? Aún, la tendencia de una educación centralizada e igualitaria es tornarse represiva, lo cual destruye el proceso educativo. La igualdad no puede ser obligada; lo cual ha llevado a aguar la sopa para que todos sean igualmente ignorantes.

  • Control remoto y vigilancia extrema: la Distopía ya está aquí

    La noticia reciente sobre la operación llevada a cabo por el Mossad consistente en un ataque remoto y sofisticado, contra los bípers utilizados por cientos de miembros de Hezbollah que explotaron casi a la vez en Líbano y Siria el martes,  nos sumerge en un inquietante futuro tecnológico. De acuerdo a las últimas líneas de investigación, se trata de un compuesto explosivo insertado en baterías que, con un simple control remoto, podrían sobrecalentarse y explotar, poniendo en peligro la vida de los usuarios sin que ellos lo sepan. Este tipo de innovación no solo es impresionante desde el punto de vista técnico, sino profundamente perturbadora en términos de sus implicaciones éticas y sociales.

    Estamos acostumbrados a escuchar sobre la vigilancia masiva a través de cámaras, redes sociales y nuestros dispositivos digitales, pero este nuevo nivel de manipulación representa una amenaza completamente distinta. La tecnología ya no solo invade nuestra privacidad; ahora tiene la capacidad de atacar físicamente y de manera letal. Si algo tan personal como un dispositivo de comunicación puede ser transformado en un arma sin que sus dueños lo sepan, entonces estamos frente a una peligrosa evolución del control y la violencia en nuestra sociedad.

    Este tipo de acción nos lleva a reflexionar sobre la distinción cada vez más borrosa entre la guerra y la vida cotidiana. Las herramientas que usamos para mantenernos conectados, trabajar o simplemente vivir día a día, podrían convertirse en armas potenciales en manos de quienes controlan la tecnología. ¿Dónde queda entonces el margen de seguridad para el ciudadano común? ¿Qué tan vulnerables somos ante este tipo de operaciones encubiertas?

    La distopía que solíamos imaginar en la literatura o el cine, donde los individuos son vigilados constantemente y donde los objetos a nuestro alrededor son instrumentos de control, parece estar materializándose. Ya no se trata solo de espionaje o recolección de datos; es la capacidad de eliminar a una persona sin dejar rastro, en silencio, y sin ningún aviso. La tecnología avanza de manera rápida, pero, junto con ella, también lo hacen las herramientas para ejercer poder y control de formas inimaginables hasta hace poco.

    El uso de estas técnicas plantea enormes desafíos éticos. ¿Quién decide quién es el enemigo o el objetivo? ¿Qué sistemas de supervisión o limitaciones existen para evitar que se abuse de este poder? Si el estado, o cualquier organización con acceso a esta tecnología, tiene la capacidad de intervenir en los dispositivos cotidianos de cualquier persona, entonces todos, sin excepción, estamos en riesgo de ser vigilados, manipulados y, eventualmente, eliminados.

    El concepto de privacidad y seguridad personal se diluye rápidamente en un mundo donde nuestros propios objetos pueden ser nuestros enemigos. Este tipo de operaciones debería generar un debate más amplio sobre los límites del poder tecnológico en manos del estado, las agencias de seguridad y las corporaciones.

    La verdadera pregunta es: ¿cómo defendemos nuestra humanidad y nuestras libertades básicas en un entorno donde la tecnología, que se supone que está aquí para mejorar nuestra vida, puede volverse en nuestra contra de la manera más letal posible? La distopía ya no es un futuro distante; está aquí, y cada día que pasa, se vuelve más real.

  • George Orwell y «1984»: La lucha contra el totalitarismo y su duradera influencia

    George Orwell, reconocido escritor y periodista británico, nació el 25 de junio de 1903. En este aniversario de su nacimiento, es relevante destacar su obra maestra: «1984». Esta novela distópica publicada en 1949 ha dejado una huella imborrable en la literatura y en la conciencia colectiva. Con su visión sombría del futuro y su crítica al totalitarismo, Orwell nos invitó a reflexionar sobre el poder, la manipulación y la lucha por la libertad.

    El impacto de «1984» en la sociedad:

    «1984» narra la historia de Winston Smith, un hombre atrapado en un mundo dominado por un régimen opresivo conocido como el Gran Hermano. La novela presenta una visión aterradora de un Estado totalitario que controla cada aspecto de la vida de sus ciudadanos, manipulando la información, suprimiendo la libertad de expresión y vigilando constantemente a la población. Orwell plasmó en estas páginas su profundo temor hacia el abuso de poder y la pérdida de la autonomía individual.

    Desde su publicación, «1984» ha sido ampliamente aclamada y estudiada, convirtiéndose en un referente literario y político. La novela ha trascendido generaciones y fronteras, resonando con lectores de todo el mundo y despertando conciencias sobre los peligros del totalitarismo y la importancia de la libertad y la privacidad.

    La advertencia contra el totalitarismo:

    «1984» es una advertencia contra los regímenes autoritarios y una llamada a la resistencia frente a la manipulación y la opresión. Orwell describió un sistema en el que la verdad es distorsionada y los ciudadanos son constantemente vigilados, recordándonos la importancia de cuestionar la información oficial y defender nuestros derechos fundamentales.

    El concepto del Gran Hermano, representado por el omnipresente líder del partido en la novela, ha sido adoptado como un símbolo de vigilancia y control gubernamental. La frase «Gran Hermano te vigila» ha permeado la cultura popular, sirviendo como una advertencia constante sobre el poder y los abusos del Estado.

    La influencia duradera de Orwell:

    La visión profética de Orwell en «1984» ha influido en numerosos escritores, artistas y activistas a lo largo de los años. La novela ha sido citada y referenciada en discursos políticos, obras de teatro, películas y canciones, demostrando su impacto cultural y su relevancia continua.

    Además de «1984», Orwell es conocido por su ensayo «La política y la lengua inglesa«, en el cual explora la relación entre el lenguaje y el poder. Su concepto de «neolengua», un lenguaje diseñado para limitar el pensamiento crítico y controlar la expresión, también ha resonado en el ámbito académico y literario.

    George Orwell y su obra «1984» representan una voz valiente y profética en la lucha contra el totalitarismo y la defensa de la libertad individual

  • Intervencionismo castrante

    Castrante, más allá de su sentido genital, lo definen en diccionarios como aquello que “limita la originalidad y libertad de ideas. Es la actuación de personajes y entidades políticas que, a través de meterse en lo que no deben, intervencionismo,  debilitan el poder llevar a cabo el curso normal y productivo de la sociedad. Es el padre o la madre autoritaria cuya actuación limita el desarrollo de sus vástagos. En fin, es una actuación contraria a la misma naturaleza del Creador que nos hizo libres para actuar, aprender, errar o tener éxito, como único camino de evolución.

    Desdichadamente, proponer a la politiquería burlesca y corrupta que deje de intervenir en lo que no le compete ni conviene a la sociedad, es caer en el desfiladero; caer en desgracia y correr riesgos de ser anulado por los personajes de mezquinos y procaces intereses. Lo que necesitamos es menos intervención central para ver si aún estamos a tiempo para evitar fatales colapsos, como lo de la CSS. O, tal vez me equivoco y resulta que el colapso es la única vía de solución que nos queda.

    Cuando dejamos que sean los actores del mercado los que, al compás de sanas limitaciones constitucionales, simples y claras, sean las que nos conduzcan por los mejores senderos del desarrollo, es que vamos por mejores caminos. Debemos evitar el proteccionismo estéril, los subsidios castrantes y los mercados sobre regulados que terminan logrando todo lo contrario al interés común o “social”, tal como sediciosamente fue plasmado en la actual constitución panameña.

    Imaginemos una familia en la cual el padre y/o la madre no permitan que sus hijos se desarrollen en experiencias, en criterio y en la sana búsqueda de un nuevo y mejor mundo. Una familia que produzca hijos castrados, incapaces de valerse por sí mismos.

    Alrededor del mundo, igual que en Panamá, el intervencionismo central, a través de malévolas leyes, de una castrante intervención educativa, del malgasto, sistemas de transporte viciados y tanto más. Y, ni hablar de un poder legislativo que se usa y se aprovecha de la autoridad para ser autores del mal.

    Casos como las vedas de pesca marina en épocas de desove, que sólo las cumplen las empresas pesqueras serias y fáciles de controlar; mientras que a los desordenados se les da rienda suelta para violar a sus anchas. O todos esos desordenados que en las vías conducen por los hombros, mientras se castiga a los respetuosos de las normas de tránsito que se resignan a los tranques. Una y otra vez la intervención es castrante y no edificante.

    Entre los grandes secretos y retos que aún asoma entre nuestros disparates constitucionales vemos, en el Preámbulo constitucional, lo siguiente: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad, asegurar la democracia… exaltar la dignidad humana…” Pero… ¿cómo vamos a lograr estos nobles fines cuando más adelante leemos cosas como: “El Estado intervendrá en toda clase de empresas… para hacer efectiva la justicia social…”.

    En su momento, altos personeros de la dictadura militar que se tomó, por la vía no democrática la facultad del intervencionismo castrante, declararon que ellos ya tenían el control de las armas, pero que les faltaba el controlo económico. Tristemente y desde entonces, poco saben y entienden qué hicieron con esos pérfidos poderes.

  • Educación estatal, la vaca sagrada de nuestro tiempo

    No resulta posible enseñar libertad sobre la base de la compulsión. Entonces no solo no tienen sentido los llamados ministerios de educación y de cultura, sino que la educación estatal resulta un contrasentido igual que literatura estatal, periodismo estatal, arte estatal y demás dislates. Y no digo «educación pública» puesto que se trata de un disfraz ya que la educación privada es también para el público.

    Hay justificadas quejas por la politización y el consiguiente adoctrinamiento en instituciones de enseñanza y, sin embargo, se acepta que los aparatos estatales impongan criterios curriculares en esos centros, sean estatales o privados, que en este último caso están privados de independencia.

    La característica medular de la educación estriba en un proceso de prueba y error en un contexto evolutivo. Nadie debiera tener la facultad de imponer estructuras curriculares puesto que de ese modo se cierran las puertas y ventanas de un sistema que requiere el máximo oxígeno en un proceso competitivo en el que se establecen auditorías cruzadas para lograr los mayores niveles de excelencia. Uno de los pilares de cualquier educación que se precie de tal consiste en fomentar el pensamiento independiente y en la capacidad de cuestionar el statu quo y despejar telarañas mentales, lo cual pretendemos hacer en esta nota periodística. Los aparatos de la fuerza debieran ser ajenos a la educación. No resulta posible enseñar libertad sobre la base de la compulsión.

    Entonces no solo no tienen sentido los llamados ministerios de educación y de cultura, sino que la educación estatal resulta un contrasentido igual que literatura estatal, periodismo estatal, arte estatal y demás dislates. Y no digo «educación pública» puesto que se trata de un disfraz ya que la educación privada es también para el público.

    No se trata de sostener en modo alguno que en las instituciones estatales no hay excelentes profesores y profesoras. Por otra parte, no sería consistente con mi propia trayectoria fuera de ámbitos universitarios privados si pensara que toda la enseñanza estatal es deficiente ya que también me he desempeñado en universidades estatales. No se trata de refutar el hecho de lo mucho y bueno aprendido en entidades gubernamentales de enseñanza merced a las esforzadas y meritorias tareas de maestras y maestros. Salvando las distancias, tampoco es el caso de discutir en nuestro medio la faena formidable de Sarmiento en un territorio virgen, aun con las críticas por haber desplazado la enseñanza privada debido a la «gratuidad» de su propuesta (recordemos al pasar que nada es gratis).

    A esta altura de los acontecimientos, se trata de revisar el fondo del asunto y no para circunscribirlo al caso argentino, sino para formular un análisis global que cabe a todas las instituciones estatales de educación en todas las latitudes. No es un asunto de mala voluntad, sino de independencia y de incentivos puesto que no es lo mismo cuando uno paga las cuentas que cuando fuerza a otros a pagarlas.

    Las acreditaciones, en los casos en que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven también de auditorías cruzadas y en competencia por la calidad de los programas.

    Por otra parte, es menester contemplar las características únicas de cada uno de los que aplican para la educación formal, que incluso lo son de un modo multidimensional en la misma persona, por lo que se requiere un proceso dinámico y cambiante.

    Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres, que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, disminuye salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida.

    Más aún, si tomamos en cuenta el concepto de utilidad marginal resulta claro que una unidad monetaria –a pesar de que no son posibles las comparaciones intersubjetivas de utilidad ni tampoco pueden referirse a números cardinales– en general no es lo mismo para una persona pobre que para una persona rica. En el primer caso, manteniendo los demás factores constantes, el efecto negativo del tributo será mayor, lo cual hace que el impacto impositivo recaiga en definitiva con mayor peso en los más pobres como consecuencia de la antedicha contracción en las inversiones.

    Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son habitualmente más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón que opera «la tragedia de los comunes» en cuanto a incentivos que hacen que las mal llamadas «empresas estatales» sean ineficientes. Por ende, debieran venderse las instituciones estatales de enseñanza, por ejemplo, a los mismos encargados de los respectivos claustros con todas las facilidades del caso. Y en la transición, para financiar a los que no cuentan con ingresos suficientes, pero tienen condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes, se ha sugerido el sistema de vouchers en repetidas ocasiones. Este sistema exhibe un non sequitr: esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiera.

    Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de no rivalidad y no exclusión propios de los bienes públicos.

    También se ha dicho una y otra vez que la educación estatal debe incorporarse porque le da sustento a la idea de la «igualdad de oportunidades». Esta figura, prima facie parece atractiva pero es del todo incompatible y mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. El liberalismo y la sociedad abierta promueven que la gente disponga de mayores oportunidades, no iguales, debido a que las personas son distintas. La igualdad es ante la ley, no mediante ella.

    Se argumenta que los niños debieran contar con un minimum de enseñanza tal como el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero si los padres de familia consideran que eso es importante, es eso a lo que se le otorgará prioridad tal como ha ocurrido a través de la historia por medio de pagos directos o por medio de becas. Es muy cierto que la educación es fundamental, pero más importante aún es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del Estado, porque la hambruna es segura.

    Si prestamos atención a los escritos de historiadores, comprobaremos que, comenzando con Atenas, la Roma de la República antes del Imperio, el mundo árabe en España y en el comienzo de las colonias estadounidenses no había interferencia estatal en materia educativa. Cualquiera podía instalar un colegio y competir para atraer alumnos a muy diferentes precios y condiciones, lo cual produjo como resultado la mejor educación del mundo de entonces. Debido a que el control gubernamental poco a poco se fue apropiando de la educación, desde el siglo XVII se instaló el primer sistema estatal en Alemania y en Francia. Ya en el siglo XVIII la mayor parte de Europa estuvo bajo la influencia de este sistema (excepto Bélgica, que lo impuso en 1920).

    Por último, destaco que, en una sociedad abierta, cuando se estima que padres lesionan derechos de sus hijos sea en materia educativa, alimentaria o física, quienes detectan esas conductas pueden actuar como subrogantes ante la Justicia.

  • ¿Cómo es que tantos se dejan arrear? Parte I

    Tantos se dejan arrear, que caen presa del embrujo, que conduce a la “transformación de masa, algo así como control masivo y al totalitarismo, tal como lo ocurrido en Rusia en 1930 y Alemania en 1935.

    Entrevista de Dan J. Gregory del PANDEIC PODCAST al Dr Mattias Desmet – Psicólogo Clínico

    A continuación, les ofrezco una transcripción del audio de una entrevista que le hacen a Mattias Desmet en el Pandemic Podcast. No me limité a una transcripción pura, sino que fui introduciendo mis experiencias y otros comentarios que se fueron presentando ante las explicaciones de Desmet. Quien quiera buen puede buscar el video aquí de la entrevista y para verla sin mis intromisiones.

    La entrevista

    Con algo de paráfrasis

    Inicialmente no lo vi en su magnitud y alcance. Pero cuando fui comparando las estadísticas vi cómo se exageraba la mortalidad del virus. El virus gubernamental era mucho más mortal que el COVID. Modelos Imperial College… hablaban de 80 mil y en Suecia sólo fueron 6 mil, sin que allí se dieran los cierres de otros sitios que cerraron. Allí fue que comencé a ver el tema con sospecha. Comencé a preguntarme ¿cómo era posible que tantos cayeran en semejante engaño? Que en muchos países pobres morirían más de hambre que por el CORONA; pero aun así siguieron el sendero de la vaca.

    Fenómeno de Gran Formación en Masa: Fenómeno que emerge en una sociedad en el cual ocurre o se promueve una disociación social en la cual se coinciden al menos 4 condiciones, a saber:

    1. La primera condición y la más importante se da cuando hay mucha gente que sufre una perdida social o asociativa.
    2. La segunda condición se da cuando mucha gente pierde el sentido de la vida, lo cual está asociada a la primera condición. Los humanos, siendo seres sociales, si pierden el contacto con el rebaño, su vida pierda sentido.
    3. La tercera condición se da cuando mucha gente entra en un estado de ansiedad no conectada a una representación mental; por ejemplo, si ves un león sabes la causa de tu miedo, pero si no logras ubicar la causa de tu miedo o ansiedad es probable que entres en un estado emocional negativo, ya que no puedes controlar lo que sientes.
    4. La cuarta condición es un gran nivel de frustración y agresión. Una agresión que sientes pero que no tienes a dónde o a quien dirigirla.

    Cuando se dan estas condiciones se pueden dar situaciones típicas en las cuales alguna entidad, política y tal, pueda aprovechar y canalizar esas emociones a su antojo. En tal situación es fácil conducir al rebaño; se dejan arrear. Hoy día lo vemos en el uso exagerado de las máscaras y de otras maneras que ni caemos en cuenta; tal como un guardia que me llamó la atención al entrar el Albrook Mall porque no estaba de acuerdo con la manera en que yo llevaba mi máscara; sin embargo, a pocos metros de distancia estaban las mesas de gente comiendo y charlando si máscaras. En otras palabras, llenan el vacío dando una representación mental a la ansiedad. A fin de cuenta lo que esto permite, como ya señalé, es controlar a rebaño y llevarlo al matadero. Otro ejemplo es la pasividad de tantos a los encierros, la vacunación aun cuando las personas han tenido el COVID, lo cual es mucho más efectivo que la vacuna, y quien sabe cuál otra forma de control podrá surgir más adelante; tal como poder meter a millones de hebreos en hornos.

    Más aún y más adelante, cuando ya el fenómeno descripto ocurre, se va formando otra clase de asociación social con un nuevo sentido; algo así como una nueva solidaridad. Esto permite que el rebaño pase de un estado de aislamiento social a uno contrario, caracterizado por un alto grado de conexión que fácilmente puede ser pervertida. Algo así como la reacción en una masa de protesta o de linchamiento.

    Por las razones expuestas es entendible que tantos estén cayendo en conclusiones inmensamente absurdas y equivocadas. Es algo como esos rituales que hemos visto llevan a un grupo religioso fanático a cometer suicidios en masa. Es un comportamiento mediante el cual las personas muestran su pertenencia al grupo o la masa; se dejan arrear. Y lo más curios u horripilante es que mientras más absurda la proposición, mejor funciona dentro del ritual. Es así ya que al actuar alocadamente están dando testimonio fehaciente de su lealtad; algo así como los ritos de iniciación a fraternidades y tal.

    Pero, todo esto va mucho más allá, dado que están dadas o presentes las condiciones de inconformidad con sus vidas: su trabajo, el estilo de vida, la carrera diaria en el tropel a los puestos de trabajo, el consumismo, en un ambiente que en buena medida desfavorece la toma de responsabilidad, potencia la fijación de sus ansiedades en dirección errada; tal como ocurrió en la Alemania nazi que culparon a los hebreos de todo, a tal punto que terminaron metiendo a millones en hornos. En Panamá uno de las falsedades típicas ha sido la división de clases con el “no a la privatización”.

    Una realidad típica y poco conocida y menos entendida es que al menos un 50% de los ciudadanos en países desarrollados sienten que sus trabajos no tienen sentido. ¿Cómo será en Panamá? Todas estas son realidades sociales que poco o jamás abordamos y menos abordan las autoridades electas, esas que tienen sus propias “prioridades”. Y, todo ello propicia las condiciones para la toma de malísimos caminos. En países como Bélgica anualmente se usaban 300,000,000 dosis de medicamentos antidepresivos, en una población de 11 millones.

    El virus del CORONA

    En la situación actual, el virus del CORONA ha permitido o facilitado de venderle “soluciones” quiméricas. Se trata de atender los síntomas y no la patología, o peor, atender falsas patologías, tal como alegar que los hebreos eran demonios que merecían ir a los hornos.

    Por otro lado, el reto y lo que corresponde es entender cómo llegamos a esas situaciones de aislamiento y pérdida de sentido en la vida, lo cual fácilmente se torna en ansiedad y hasta agresividad. Uno de los síntomas del mal que ha ido creando las condiciones del descontento y tal lo vemos en esos medios informativos que se han vuelto completamente partisanos o, partidista, si se quiere, lo cual ha ido creando una nefasta polarización que se sustenta sobre un bombardeo de falsedades. Y ni hablar lo que aportan los medios de intercomunicación social el enredo.

    Todo lo presentado nos lleva a estudiar aquellas realidades que nos han llevado a la formación masiva en direcciones muy perjudiciales caracterizada por fomentar una visión de túnel; que es algo que ocurre cuando se nos presenta una emergencia, tal como un perro grande que se nos viene encima. En ese momento nuestra vista se centra en la amenaza inminente o la que creemos ser la mayor amenaza; pero no vemos que en realidad el perro no viene a atacarnos, sino que huye de una avalancha o tal. Es así con tanta gente que sólo viendo una pequeña parte de la realidad se abocan a acciones desconectadas con el gran panorama. Se dejan arrear. Otro síntoma ilustrativo es ver que de pronto la única patología que parece importar es el COVIDA, mientras que el resto de las enfermedades y causas de mortalidad y sufrimiento parecen perder importancia.

    En mi caso, al inicio de la pandemia, escribí en varios medios de que los efectos económicos y otros de las medidas que tomaban los gobiernos iban a causar problemas colaterales mucho más perjudiciales que el COVID; realidad que se asoma, pero sólo la cabeza. En el caso de los EE.UU., una sociedad que logró organizarse en torno a ideales de libertad jamás soñados en la historia humana y que hoy día vemos a tantos despreciarlos. Mas raro o curioso es que el fenómeno de formación masiva no se caracteriza por un egoísmo, ya que la mayoría de los afectados están dispuestos a perder su libertad y todas esas cosas que tanto les costaron y que atesoraban, para satisfacer su fijación patológica. Tal es el suicidio de toda una comunidad religiosa fanática. Se dejan arrear.

    Y más allá, se dan otros fenómenos de adaptación a la mentalidad de masa o semoviente consistente en que a muchos les gusta o acomoda más la nueva realidad, pero no se detienen a ver si es sana o malsana o cuan sana y cuan malsana. Se dejan arrear. En semejante situación, son muchos que no quieren regresar al corrinche de ayer. Tal puede ser el caso de los profesores gubernamentales que se han acostumbrado a trabajar desde casa. Se ahorran costos y todo el alboroto del ir y venir en el desorden vial. Pero pocos se detienen a ver las causas de ese ayer incómodo o peor. No se dan cuenta de la forma desordenada en que los gobiernos conducían la autoridad de tránsito; o peor, el uso de las instituciones para sacar provecho del partido de turno.

    A todo eso puede resultar fácil que la gente crea que la solución está en volver a lo pasado, lo cual sería error fatal. La salida lógica y buena es hacia adelante; el problema es que ese “adelante” es un nuevo mundo de cambios alucinantes que no conocemos ni entendemos y que nos intimida. Existen nuevas formas de cambiar y mejorar el “nuevo normal”, pero ello requiere que lo entendamos y busquemos. Por ejemplo, la descentralización de la educación, que en el caso de Panamá ya salen proyectos legislativos en esa dirección, pero los mismos están plagados de centralismo, de no querer soltar las riendas del control. Así, vemos que los políticos que veían esfumarse sus controles, de pronto no vieron la crisis como un momento de mudarse a un mejor mundo sino de perpetrar el viejo de control y saqueo.

    Por otro lado, vemos que asoman otros fenómenos tales como el rechazo o peor, el descrédito y hasta ataque a personas que, como yo en este caso, van señalando estas cosas. De pronto el problema es quien advierte y señala la verdadera patología y habla de auténticas vías de solución. Estos fenómenos los estamos viendo claramente en los EE.UU., en dónde se dan casos como los de sindicatos magisteriales de las escuelas del gobierno, esas que apodan “públicas”, ha pedido al presidente Biden la intervención de la FBI y otras entidades anti terroristas, que tomen carta contra los padres de familia que acuden a las reuniones de las directivas de los colegios para oponerse a lo que muchos vemos que es más adoctrínenlo que educación. Han llegado a punto de decir que no compete a los padres meterse con lo que se les enseña a sus hijos.

    Peor es ver que en la mentalidad de masa, muchos están dispuestos a cometer atrocidades luego de haberse convencido que tienen una “autoridad moral” o algo semejante. Y regresamos al caso del nazismo, ¿cómo explicar los campos de concentración y los hornos? El fenómeno presente en la mentalidad de masa favorece el caramelo sobre el purgante; es decir, que a muchos les resulta más fácil o potable creer el cuento que enfoca la ira personal, a escuchar y creer a personas que explican como lo hago yo ahorita. Pero no, se dejan arrear. Y, en ello, regreso al ejemplo del comportamiento de una masa de linchamiento, de esas comunes en la cinematografía del oeste o en el pasaje bíblico en el cual Jesús advierte: “El que esté libre de pecado que lance la primera piedra.” Existe una marcad tendencia de callar la voz de la razón cuando no conforma con los sentimientos de ira.

    No a la privatización

    Otro ejemplo de lo señalado en el párrafo anterior es el del “no a la privatización” que atrae a tantos. Y si un John Bennett o marcado “rabiblanco” sale a decir que semejante eslogan es una perversión, es muy posible o, de hecho, se vuelve el objeto del ridículo y oprobio. Eso mismo señaló Gustave Le Bon, destacado polímata francés, antropólogo, psicólogo, médico e inventor, quien señaló que una de las características sobresalientes del comportamiento de masas enfurecidas o incensadas es su intolerancia contra “disidentes”. La masa incensada busca que se le unan y no que les contradigan. Lo otro curioso es que las masas inflamadas necesitan enemigos que atizen la hoguera de su ira y, en buena medida no los eliminan sino los mantienen como el torero a los banderilleros.

    Otra forma de plantear lo señalado en el párrafo anterior nos retrotrae a «no a la privatización», en dónde la población que siente frustración por su lamentable situación, necesita chivos expiatorios y en ello vemos a los zorros del gallinero o políticos que acusan al “empresario”; lo cual es absurdo ya que todos somos, en alguna medida, empresarios o personas que emprenden sus vidas y su economía. Dicho eso, ¿se imaginan lo que ocurriría en una gran masa de frustrados e incensados si descubren que sus padecimientos no vienen de parte de empresarios sino de los zorros de gallinero? Sí… es muy probable que los liquiden. Imagínense un pueblo que despierte a la realidad del sistema politiquero que los ha entregado y condenado a la pobreza, mientras que personas inmigrantes que no han sido envenenados llegan y logran éxito económico. Y, ¡por supuesto! que no tienden a mezclarse con los nativos ya que no comparten su torcida visión del mundo. Tampoco es que estos sean “mejores” sino que no les lavaron la cabeza en cuanto al mercado y lo que es una sociedad sanamente productiva que no se deja engañar por los zorros del gallinero. No se dejan arrear.

  • Xavier, el robot que Singapur pone para patrullar áreas públicas

    Singapur ha comenzado a probar robots de patrulla que inspeccionan áreas peatonales en la ciudad-estado, donde la vigilancia es una prioridad principal y, a menudo, controvertida. Con el nombre de Xavier, los robots de policía del centro comercial viajarán de forma autónoma por el distrito central, buscando «comportamientos sociales indeseables» según un comunicado de prensa del equipo local de ciencia y tecnología del gobierno.

    Los robots de seguridad parecen ser una realidad inminente en todo el mundo. En 2020, la policía de Nueva York utilizó Spot the robot dog de Boston Dynamics en una escena del crimen, y China por su parte, ha tenido robots policiales durante años, equipados con software de reconocimiento facial.

    El robot itinerante de Singapur ha salido a las calles de Toa Payoh Central como parte de una prueba de 3 semanas desde este domingo, para ayudar a los funcionarios públicos a mejorar la salud y la seguridad públicas.

    Es un proyecto conjunto que involucra a 5 agencias gubernamentales de Singapur, incluidas HTX, la Agencia Nacional de Medio Ambiente, la Autoridad de Transporte Terrestre, la Agencia de Alimentos de Singapur y la Junta de Vivienda y Desarrollo. Los propios robots han sido construidos por HTX y la Agencia de Ciencia, Tecnología e Investigación.

    Los «comportamientos sociales indeseables» que Xavier buscará incluyen una congregación de más de cinco personas (según las medidas COVID-19 del gobierno), fumar en áreas prohibidas, venta ambulante ilegal, bicicletas estacionadas incorrectamente dentro del Centro de la Junta de Vivienda y Desarrollo, y la conducción de dispositivos de movilidad activa motorizados y motocicletas en las aceras. Si alguien está participando en alguna de estas actividades, el robot alertará al centro de comando del proyecto y mostrará un mensaje correspondiente a su ofensa.

    El robot autónomo está equipado con sensores para navegación autónoma, una transmisión de video de 360 ​​grados al centro de comando y control, detección y análisis en tiempo real, y un tablero interactivo donde los funcionarios públicos pueden recibir información en tiempo real y poder monitorear y controlar múltiples robots simultáneamente.

    Otra cuestión será, ¿a dónde van exactamente los datos de las cámaras de Xavier? En su comunicado de prensa, HTX dijo que los datos se «transmitirán a un sistema de análisis de video con capacidad de inteligencia artificial» donde los funcionarios públicos pueden analizarlos para obtener información a lo largo del tiempo o para implementar recursos adicionales si es necesario. Según la agencia, el proyecto tiene como objetivo reducir los recursos humanos necesarios para las patrullas policiales a pie.

    «El despliegue de robots terrestres ayudará a aumentar nuestros recursos de vigilancia y cumplimiento», dijo Lily Ling, directora de la Oficina Regional Este de la Agencia de Alimentos de Singapur, en un comunicado de prensa. «Por ejemplo, la vigilancia de los vendedores ambulantes ilegales puede requerir mucha mano de obra, ya que los agentes deben desplegarse en varias zonas de la isla. La adopción de tecnología robótica puede utilizarse para mejorar esas operaciones y reducir la necesidad de que nuestros agentes realicen patrullas físicas»

    Ver el uso de robots en Singapur no es un hecho infrecuente. El año pasado, el país desplegó androides de cuatro patas de Boston Dynamics, apodados Spot, en sus parques, jardines y reservas naturales para recordar a las personas sobre el distanciamiento social. Singapur también ha probado drones para vigilancia en los últimos años, citando la falta de personas para hacer el trabajo. Luego, se implementó una flota de robots Lightstrike en uno de los hospitales generales de Singapur en un intento por desinfectar a fondo las habitaciones de patógenos. Más recientemente, en mayo, el gobierno lanzó una prueba de un año de uso de robots autónomos para facilitar las entregas de alimentos y comestibles a pedido.