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Más allá de Internet, el Internet de las Cosas

A inicios de los 80s, se dio un experimento en la Universidad Carnegie Mellon. Sin comprender muy bien aún las implicancias que significarían en el futuro, un grupo de programadores de esa universidad querían comprobar en forma remota, que la máquina expendedora tenía latas disponibles, en lugar de gastar suelas de zapatos por los pasillos para encontrarla muchas veces vacía, dado que se cargaba en un horario aleatorio por estudiantes voluntarios de posgrado.

Instalaron micro-interruptores en la máquina de Coca-Cola para verificar el estado de la máquina y determinar si había o no una bebida fría esperándoles. Comenzaba el Internet de las Cosas.

Si tuviéramos que dar una definición del Internet de las Cosas o IoT ,Internet of Things por su sigla conocida en inglés, probablemente lo mejor sería decir que se trata de una red que interconecta objetos físicos valiéndose de Internet y que tienen una única finalidad: conectar el máximo de objetos que nos rodean, entre ellos y con nosotros.

El Internet de las Cosas potencia objetos que antiguamente se conectaban mediante circuito cerrado y ahora lo hacen a través de tecnologías que combinan sensores, procesadores y permiten comunicarse globalmente mediante el uso de Internet.

Se calcula que en 2020, entre 22.000 y 50.000 millones de dispositivos se conectarán a Internet con el fin de proporcionar a los ciudadanos una serie de servicios y aplicaciones inteligentes sin precedentes.

El ejemplo más cercano del IoT está en el propio hogar, donde electrodomésticos, servicios o pequeños gadgets ya están conectados a Internet. El otro gran ámbito de acción del IoT es el de las ciudades avanzadas o Smart Cities.

Quienes hayan transitado su infancia allá por los 70s, recordarán una de las series de dibujos animados preferidas por todos los niños: me refiero a Los Supersónicos (The Jetsons), emitidos en EEUU entre 1962 y 1963, con nuevas ediciones en la década de los 80.

Los Supersónicos nos mostraban la vida diaria de una familia en un futuro probable que ya para nosotros hoy día es pasado, “Welcome to 1995” era la frase eslogan de la serie animada.

La serie, increíblemente nos mostraba adelantos tecnológicos que en algunos casos recién en los últimos años se están haciendo realidad, como los carros automáticos o voladores.

Sin embargo, hay otros anticipos de los cuales recién estamos comenzando a experimentar más a menudo, por ejemplo, escenas como el fastidioso reloj despertador de todas las mañanas al Sr Jetsons o el reloj de mano. Administrar la vida con un dispositivo en la muñeca era algo completamente impensable en la época en la que Los Supersónicos salió al aire. Un dispositivo parecido a un reloj funcionaba como una pantalla para que las personas pudiesen realizar videollamadas y ejecutar otras funciones de la vida cotidiana. Encender el televisor con el celular, controlar la lavadora desde el cuarto, revisar la nevera mientras se ve televisión, graduar la temperatura automáticamente son algunas de las tantas funciones que tienen las soluciones de domótica que actualmente implementan diferentes fabricantes dedicados a hacer de los hogares, espacios cada vez más inteligentes.

Hoy día, Samsung Smarthome es un claro ejemplo de un hogar integrado a un sistema informático.

En la última conferencia de Apple en California, se dieron importantes anuncios referidos al Internet de las cosas: El primero de los anuncios tuvo que ver con el Apple Watch, el reloj inteligente de la marca que fue dotado de comunicación M2M de forma que ahora cuando un propietario de uno de estos dispositivos entre al gimnasio, el reloj se sincronizará con la máquina de ejercicio compatible para trasladar los datos de salud y colectar los de la sesión de entrenamiento con el fin de hacer más eficientes las rutinas.

El segundo anuncio fue el HomePod, un altavoz parecido a los que ya comercializan Google y Amazon. El HomePod utiliza al asistente virtual Siri para por medio de comandos de voz administrar los objetos conectados que el usuario tenga en su casa u oficina.

A pesar de que ambas funcionalidades, tanto la del smartwatch como la del altavoz no estarán disponibles hasta principios de 2018, Apple, que se caracteriza por definir tendencias de uso, ha reconocido el valor potencial del mercado del Internet de las Cosas, lo que hará que muchos de sus aliados comerciales apuesten por la plataforma.

Pero también en el ámbito público, en las denominadas Smart Cities, el Internet de las Cosas ya se utiliza para medir ciertos parámetros como temperatura, energía, actividad, luz, humedad, errores, de forma automática y sin la interacción del ser humano. Y esos datos viajan a un centro de procesamiento para que se tomen las decisiones adecuadas en tiempo real.

Por ejemplo, son muchas las ciudades que están implementando redes de sensores en multitud de puntos como alarmas, semáforos, alcantarillas, vehículos, vías de tren, alumbrado. Existen muchas soluciones de la mano del gigante sueco Ericsson y hay mejoras interesantes que se espera conseguir, como la cuantificación de los peatones que pasan por un determinado cruce para optimizar automáticamente el tráfico en esa zona. Otra de las áreas en las que está teniendo más éxito el Internet de las cosas, es el control ambiental, dado que permite acceder desde prácticamente cualquier parte a información de sensores atmosféricos, meteorológicos, y sísmicos.

También hay aplicaciones del Internet de las Cosas para el transporte, la industria energética, y prácticamente todos los sectores comerciales. En ese sentido, dispositivos de campo, sensores en plantas de generación eléctrica, soluciones de telemedicina y monitorización sanitaria, edificios inteligentes o iluminación predictiva son sólo algunos de los dispositivos conectados que más éxito obtendrán en próximos años.

Para calcular hasta qué punto nos dirigimos hacia las viviendas conectadas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha analizado el estilo de vida de una familia de cuatro miembros residente en un país desarrollado. En 2012 tenían en casa 10 dispositivos conectados, y a tenor por el uso que hacen de ellos, calcula que para 2017 los habrán ampliado hasta 25, llegando a duplicarse en 2022. Las predicciones de la OCDE van en línea con un estudio reciente que publicó Ericsson, en el que calculaba que en 2018 llegaremos a los 16.000 millones de dispositivos conectados a Internet, estando totalmente integrados en la electrónica de consumo de cara a finales de 2021.

Para la firma Gartner, los análisis son más optimistas aún: cuando acabe el presente año 2017, ya habrá 8.400 millones de objetos conectados en todo el mundo, un 31% más que en 2016 y se alcanzará la cifra de 20.400 millones de objetos inteligentes , para finales de la década.

Según Hans Vestberg , CEO de Ericsson, las repercusiones serán considerables: «Si una persona se conecta a la red, le cambia la vida. Pero si todas las cosas y objetos se conectan, es el mundo el que cambia.»

About the author

Irene Gimenez

Irene Gimenez, analista internacional. Es abogada con maestría en economía y ciencias políticas. Su especialidad es el análisis económico del derecho. También tiene especializaciones en temas financieros, tecnología y globalización. Su preferencia hoy día es analizar el impacto de los desarrollos bajo tecnología Blockchain y el impacto que ello generará en las próximas décadas.

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