Etiqueta: Covid 19

  • Los efectos del virus gubernamental

    Los efectos del virus gubernamental, más dañino que el actual que abrió las puertas del primero, perdurarán por generaciones.

    Los actos de gobierno o gobernanza deben estar basados en la ley vigente e, idealmente, esa ley debe ser sana y no como la prostituída que tenemos en nuestra Constitución estatista; la cual, por ser incumplible, termina siendo no sólo ignorada sino promotora del mal de discrecionalidad que la misma Constitución prohíbe. Pero, más allá, deberíamos estar conscientes de que los actos de gobierno tienen efectos sobre el comportamiento social; y típicamente, esos cambios de comportamiento actúan sobre las tomas de decisión de los actores de mercado en el sector privado.

    En nuestro caso, en Panamá, los cambios de conducta por parte del sector privado emprendedor, han sido, en gran medida, del lado de la perversión a raíz de una gobernanza que pare leyes como el manzanillo sus frutos venenosos. Un caso ilustrativo, aunque no directamente asociado a lo que señalo, lo tenemos en los mandatos de máscara. Anoche veía un reportaje de un médico virólogo hablando de la inmensa cantidad de gérmenes detectados en las máscaras que obligadamente usan los niños en las escuelas y tal. ¿Acaso fue eso parte del propósito de obligar el uso de máscaras sin mayores limitaciones? O ¿es que el verdadero propósito, en buena medida era uno de control?

    En el caso de las coimas para poder conducir negocios, ¿se han puesto a seguirle el rastro a todos los cambios de comportamiento que ello ha producido a través del tiempo? ¡Claro que no!, pero les aseguro que esos cambios de comportamiento no han sido nada sanos. El ciudadano no puede usar máscara porque quiere, sino que es obligado y no hacerlo hará que te detengan y multen o electrocuten. En fin, el comportamiento humano frente a los mandatos gubernamentales es harto complejo y lo importante es no abusar del poder, de manera que se promueva el sano albedrío, de otra forma, el virus gubernamental ya queda inoculado. Y más preocupante cuando salen estudios que indican que el uso de máscaras es poco efectivo en la reducción de la transmisión del virus.

    Otros aspectos de los mandatos covidosos ha girado en torno a las costumbres de movilidad; lo cual ha tenido importantes efectos en el comercio. Ya el tiempo nos dirá si los inconstitucionales mandatos gubernamentales fueron efectivos o, por el contrario, perjudiciales en formas que aún ni imaginamos. Está el caso de una amistad que caminaba por el Causeway con una amiga, un día de poca concurrencia. Iban sin máscaras, lo cual en el Causeway debería ser obvio. Pero, al pasar cerca a un restaurante, el agente allí les gritaba que se pusieran las máscaras. ¡A eso hemos llegado! En un patio del vecindario veo un empleado cortando la grama con máscara puesta.

    A fin de cuentas, los efectos benéficos de la ordenanza del uso de máscaras habrían sido marginales; pero por otro lado los efectos negativos respecto a la auto determinación esencial en una sociedad, salió gravemente afectada. Luego, cuando uno arguye que en sitios como Suecia no fue obligatorio, salen los necios a decir que: “Alla la gente es más culta”. ¡Ajá! ¿Y cómo llegaron a serlo? Por los vientos que soplan por estos lares… ¡jamás!.

  • ¿Qué subsidian los subsidios?

    Los subsidios derrochan dineros ciudadanos que en gran medida se obtienen a través de costosos préstamos. Y, como ocurre tantas veces, ya nadie se acuerda de cómo fue el parto del niño “Subsidio”. Fue una movida politiquera para ganar votos y respaldo. Y es que, cuando no se puede lograr respaldo prometiendo lo correcto, eso que conviene a todos, hay que usar carnada con un buen anzuelo dentro.

    Cuenta Robert Blumen, ingeniero de software y editor de podcasts, que el relajo comenzó en Inglaterra, por allá en 1937, cuando el genio de la pérfida economía, Lord Keynes, durante una crisis económica vendió el concepto de los “estímulos”, alegando que estimulaban la economía. Y la población se tragó la carnada y el anzuelo. Y, a todo ello, los políticos fascinados con el genio economista, lo elevaron a rango de San Keynes.

    Hoy día, la evidencia contraria a los estímulos es más que evidente en los EE.UU., que, en medio de la crisis económica provocada por demenciales y virulentos encierros, se reparten estímulos que estimulan quedarse en casa; ya que así ganan mucho más que si salen a trabajar. Y ¡por supuesto!, que los sindicatos, amiguitos del relajo politiquero, se unen con estos para seguir el festín de engaño.

    Lo triste de todo lo señalado es que el sistema centralizado educativo, ese que NODUCA, no enseña economía; ya que un pueblo educado en economía se daría cuenta de que los politicastros los están usando y abusando. Peor aún es que, hasta la Iglesia Católica, años atrás, abandonó el tema económico aduciendo que era asunto del Rey y no de Dios. ¡Grave error! La economía es acción humana y la acción humana ¡vaya si es asunto de Dios! Eso lo señalaron los eruditos escolásticos en su corriente teológica y filosófica medieval para enseñar la revelación religiosa del cristianismo. Hablamos de personajes desde Santo Tomás de Aquino y tantos otros jesuitas y franciscanos: Francisco Vitoria, filósofo, teólogo y jurista español, fundador de la tradicional filosofía conocida como La Escuela de Salamanca.

    Luego, en 1803 nos encontramos con Jean-Baptiste Say, economista clásico que nos advierte que la creación de un producto crea la demanda de otros productos, en virtud de una creación de valor que da lugar a intercambios con otros productos; llamémosle “comercio”. Y la pregunta que se desprende como papaya madura es: ¿Acaso los subsidios estimulan la producción y el comercio? ¡No! Lo que sí hacen es estimular la dependencia y el servilismo. De hecho, no son auténticos “subsidios”, ya que un subsidio no crea dependencia, sino que ayuda a ser productivo.

    Y entre las perversiones de supuestos estímulos, vemos los controles de precio, entre los cuales está el salario mínimo; que son vagabunderías de sindicatos aliados a los zorros del gallinero.

    Un buen ejemplo de como la libertad de comercio mejora calidad y disminuye precios se da en el caso de la ivermectina, medicamento tan viejo que perdió su patente. Hoy, este efectivo medicamento lo fabrican muchas casas farmacéuticas y su precio es bajo. Indudablemente por ello fue rechazado por gobiernos títeres de casas farmacéuticas que ofrecen costosos medicamentos protegidos bajo patente.

    Un buen comentario que me encontré al preparar este escrito fue: “Los estímulos no estimulan dado que el verdadero factor que impulsa la producción es mucho más que financiero; ya que involucra el deseo de trabajar y una disposición de enfrentar incertidumbres». ¿Será eso algo que enseñan en las escuelas del NODUCA?.

  • OCDE: economía de América Latina se recuperará más lenta tras la pandemia

    OCDE: economía de América Latina se recuperará más lenta tras la pandemia

    La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dice que la recuperacion global tras la pandemia marcha a un «auge impresionante», pero persisten «muchos factores adversos» para las economías emergentes.

    La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hizo este lunes un pronóstico optimista sobre la recuperación de la economía global tras la pandemia del coronavirus, pero advirtió que muchos países, entre ellos los de América Latina, tardarán más para regresar a los niveles anteriores.

    Aunque el informe prevé un crecimiento del producto global de casi un 6% este año, dice que son demasiados los países que no alcanzarán regreso a la normalidad para finales de 2022.

    Según la OCDE, “es un auge impresionante tras la contracción del 3½ por ciento de  2020”, pero persisten “muchos factores adversos”.

    “Resulta sumamente inquietante que no estén llegando suficientes vacunas a los países emergentes y de bajos ingresos. Esto expone a estas economías a una grave amenaza, porque tienen menos capacidad para apoyar la actividad económica que las economías  avanzadas”.

    De los países latinoamericanos que forman parte de la OCDE, el más avanzado es Chile, que podría recuperar su nivel anterior a la pandemia a mediados de este año, mientras que Brasil y Colombia se proyectan para el segundo semestre de 2022.

    Más atrás aparecen Costa Rica y México para mediados de 2023, y finalmente Argentina con un pronóstico que se extiende hasta más allá de 2025.

    Impulsada por un plan de estímulos multimillonario, la economía de Estados Unidos se prevé que crecerá este año 6,9%, de un pronóstico anterior del 6,5%, pero solo se expandirá 3,6% en 2022, de 4,0% previsto en marzo pasado.

    En general, la OCDE dice que “16 meses después del inicio de la pandemia, muchos países controlan mejor los nuevos brotes del virus. Los gobiernos han administrado cerca de 2.000 millones de dosis de vacunas, y la capacidad mundial de ensayo, producción y administración de vacunas ha mejorado rápidamente”.

    “En términos más generales, mientras la gran mayoría de la población mundial no esté vacunada, todos nosotros seguiremos siendo vulnerables a la aparición de nuevas variantes.”, advirtió la OCDE. “La imposición de nuevos confinamientos y la intermitencia de las actividades económicas podrían socavar gravemente la confianza.

    Mientras tanto, “la economía mundial navega actualmente hacia la recuperación, con múltiples fricciones. El riesgo de que no se alcance o no se generalice un crecimiento pospandémico suficiente es elevado.

    “Esto dependerá en buena medida de la adopción de marcos de política flexibles y sostenibles, así como de la calidad de la cooperación internacional” concluyó el informe.

  • Los gasbagger modernos

    Los gasbagger modernos. Hace más de dos años escribí uno de mis artículos más clave, ‘Privación institucionalizada de la responsabilidad moral individual’, en el que describía que en todo momento y en todas las sociedades hay cierto tipo de personas que ‘ejemplarmente’ siguen las leyes vigentes y la ideología actual en ese momento, perdiendo en el proceso la capacidad de autorreflexión interior y la moralidad. No piensan en si una determinada ley tiene o no sentido, no piensan en si una determinada norma perjudica o no a algunas personas (causando «daños colaterales») y, desde luego, no abordando si es o no realista su eficacia.

    Este es el tipo de guardias que, de acuerdo con la normativa estatal, cargaron a los judíos en vagones, los metieron en hornos, y más tarde, como guardias fronterizos, les dispararon legalmente a las personas que huían a países más libres, o, como los StBK, que delataron y destruyeron la vida de muchos inocentes como parte de la salvación de la república.

    Llamémoslos simplemente: gasbagger (gaseadores).

    Los gasbagger no se extinguieron. Los gaseadores sólo esperaban un sistema en el que se les volviera a escuchar. En el que volverían a ser importantes y visibles. Los conocerás simplemente porque al preguntarles «¿por qué?»,  van a responder «porque es la ley».

    A los gasbagger no les gusta la desviación, por eso les gusta darse importancia. Argumentan que «¡todos somos iguales!», confundiendo la palabra «derecho» con la palabra «ley».

    Los gasbagger son muy flexibles. Si haces algo que ayer era legal, pero hoy no lo es, serán los primeros en decirte que tenemos una nueva ley que hay que respetar.

    Los gaseadores son expertos en posracionalizar cualquier ley disparatada (sino, claro, no podrían defenderla públicamente). Están convencidos de que toda ley debe ser siempre en beneficio del pueblo.

    De hecho, a los gasbagger les encanta el interés público. Sus predecesores ya saben que  asesinar en su nombre es lo más fácil de realizar.

    La pandemia de COVID-19 ha hecho que se aprueben rápidamente varias leyes nuevas y drásticas en Eslovaquia y la República Checa. No sabemos si seguir el «camino chino» es lo correcto, porque hay muchos otros países desarrollados, como Corea del Sur o Suecia, que han seguido el camino del laissez-faire y han rechazado las restricciones draconianas en sus vidas. Sin embargo, no subestimaron el riesgo de contagio en sí, protegiendo cuidadosamente a los ciudadanos más expuestos y es evidente que han ido gestionando bien la situación.

    Sin embargo, los gaseadores ya saben que las leyes draconianas aprobadas al mismo tiempo son las correctas y deben aplicarse honestamente. De hecho, los gasificadores siempre encontrarán una razón por la que cualquier ley sin sentido tenga sentido y por la que deban luchar por ella.

    «Los eslovacos son estúpidos, por eso necesitamos leyes restrictivas» es el argumento más común que escucho de personas inteligentes en defensa de la introducción de las leyes restrictivas (por ejemplo, la legislación de espionaje que permite el acceso a la localización de la población sin una orden judicial, la prohibición de la venta de respiradores, etc.). Suelo recibir esto como respuesta automática cuando empiezo a describir la situación de Corea del Sur, Suecia o Suiza (y esto se aplica no sólo a la situación actual, sino a prácticamente cualquier cosa – por ejemplo, en Suiza se vota habitualmente en referéndum sobre la cuantía de los impuestos, pero los eslovacos son «pero demasiado estúpidos» y, por lo tanto, tienen esta opción directamente prohibida en la Constitución – véase el artículo 93).

    El problema es que si abordamos la «estupidez de los eslovacos» con leyes y medidas restrictivas, nunca serán más inteligentes y, sobre todo, más responsables. Nunca llegarán al nivel de Suiza, donde votan voluntariamente en un referéndum de vez en cuando para subir los impuestos (esto no quiere decir, por supuesto, que los impuestos más altos sean mejores que los más bajos).

    La reacción en forma de leyes restrictivas porque la población es «estúpida» tiene un efecto negativo muy grave. Y eso se llama «daños colaterales», lo que significa que un gran número de personas inocentes sufrirán o serán criminalizadas como resultado.

    Por ejemplo, ahora mismo, si empiezo a vender tarjetas SIM anónimas en Eslovaquia, porque considero de forma realista que aumenta la privacidad de los ciudadanos, que está en riesgo real sobre todo en tiempos de la nueva legislación de espionaje; o si quiero vender respiradores de alta calidad, porque considero de forma realista que está en riesgo la salud de un grupo de riesgo de la población, seré criminalizado (en el mejor de los casos, penalizado) enseguida.

    ¿Es esto correcto en tu opinión? Si respondes a esa pregunta con un «¡Pero si eso es lo que dice la ley ahora!», acabas de entrar en la categoría de «gasbagger».

    La policía gasbagger

    Dado que siguen las «leyes primarias» (y, por desgracia, a menudo no les importa cuáles son), los policías, los aduaneros o los soldados suelen estar sujetos a las opiniones de los gasificadores cuando cambia el sistema, el régimen o una crisis importante. Suelen ser los obedientes ejecutores de cualquier nueva ley en primera línea. Debido a su frecuente falta de autorreflexión interna y de moral que está por encima de la ley, no los respeto internamente (aunque exteriormente tenga que hacerlo, porque «me van a disparar»). Ya he abordado este fenómeno en mis artículos «Percepciones binarias de la ética» y «Las raíces de mi fobia a la policía».

    Los gaseadores de la policía, especialmente en estos tiempos difíciles, están «despertando» y reasumiendo hiperactividad. Los mismos gaseadores que hace apenas unos meses prohibían e impedían que como mujer musulmana te cubrieras la cara (ya sea con burka o hiyab) ahora son capaces de darte una patada por no cubrirla con una máscarilla.

    Entiendo que las mascarillas son muy importantes hoy en día (yo personalmente uso respiradores FFP3 ), pero agredir físicamente a quienes no los tienen es realmente mostrar una falta de civismo.

    «Pero no podríamos resolver la actual situación de crisis sin policías que cumplan la ley de forma ejemplar y criminalicen a todos los ciudadanos insumisos». Es lo que podría argumentar más de un ciudadano que trata de posracionalizar su comportamiento agresivo. Pero eso es precisamente lo que no sabemos. Sólo creemos que lo hacemos. Quizás el modelo surcoreano o sueco, más liberal, tenga más éxito.

    Pero hasta que lo hagamos, debemos tener siempre presente el enorme número de víctimas inocentes de las nuevas y drásticas leyes que hemos introducido y estamos introduciendo. Porque podría ser que nuestra crisis pandémica tuviera más «daños colaterales» que cualquier guerra de bombardeos.

    Y, sobre todo, ¡cuidado con los gasbagger modernos!

     

  • El crecimiento económico mundial será impulsado por China, según la ONU

    El crecimiento económico global será impulsado principalmente por China, señaló un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) este miércoles. La recuperación del comercio mundial de la crisis de COVID-19 alcanzó un récord en el primer trimestre de 2021, un 10 por ciento más respecto al año pasado, y se espera que siga manteniendo el ritmo sostenido.

    Las tendencias positivas de los últimos meses de 2020 se fortalecieron a principios de 2021, según Global Trade Update. El volumen del comercio mundial de bienes y servicios en los primeros tres meses aumentó aproximadamente un 4 por ciento intertrimestral, una cifra superior al nivel anterior a la pandemia, potenciando el crecimiento económico global.

    El repunte significativo continúa siendo impulsado por el sólido desempeño de las exportaciones de las economías del este de Asia, cuyo éxito temprano en el control de la pandemia les permitió recuperarse rápidamente y capitalizar la creciente demanda mundial de productos relacionados con COVID-19, según el informe.

    Las exportaciones de China, en particular, registraron un fuerte aumento no solo con respecto a los promedios de 2020, sino también en relación con los niveles prepandémicos.

    El país exportó más de 4,61 billones de yuanes ($ 706 mil millones) en bienes y servicios de enero a marzo, un 38,7 por ciento más que el año anterior, fueron los datos aportados por la Oficina Nacional de Estadísticas.

    Sin embargo, la recuperación económica desigual y desequilibrada se ha convertido en un problema, señaló el informe; especialmente entre los países en desarrollo y las economías en transición, Oriente Medio, Asia Meridional y África, el valor de las exportaciones se mantuvo por debajo de los promedios en el 1T 2021.

    De cara al futuro, el informe esperaba que el comercio mundial siguiera creciendo en 2021 y se mantuviera fuerte en la segunda mitad del año, especialmente en Asia oriental y los países desarrollados, y que se retrasará en muchos otros países. El informe proyecta un crecimiento del 16 por ciento en el comercio mundial en 2021, desde el punto más bajo de 2020: 19 por ciento para bienes y ocho por ciento para servicios.

    También esperaba que el valor del comercio mundial de bienes y servicios alcanzara $ 6,6 billones en el 2T 2021, equivalente a un aumento interanual de alrededor del 31 por ciento en relación con el punto más bajo de 2020 y de alrededor del tres por ciento en relación con el período anterior a niveles prepandémicos de 2019.

    el crecimiento económico

    Pero la perspectiva positiva depende en gran medida del levantamiento de las restricciones pandémicas, el mantenimiento de la tendencia positiva en los precios de las materias primas, relajamiento en las restricciones generales de las políticas comerciales proteccionistas y el sostenimiento de las condiciones macroeconómicas y fiscales favorables, según el informe.

    «Se espera que los paquetes de estímulo fiscal, particularmente en los países desarrollados, respalden fuertemente la recuperación del comercio mundial a lo largo de 2021», enfatizó el informe, «el valor del comercio mundial también debería aumentar debido a las tendencias positivas en los precios de las materias primas».

    Sin embargo,  la tendencia de los patrones comerciales a lo largo de 2021 sigue sin estar clara en medio de la actual crisis de COVID-19. Por ahora, el driver es China, donde se originó la crisis sanitaria; y mientras ellos empujan el comercio global sin restricciones, el resto del mundo aún sigue con mascarillas, el comercio restringido y las personas impedidas de trabajar. Claramente, ya hay ganadores y perdedores en esta situación.

  • El capitalismo se “resetea” solo

    El problema de un nuevo “contrato social” es que si quienes lo imponen se equivocan, nos perjudicamos todos

    La pandemia global del COVID-19 ha impactado en nuestras vidas de muchas formas: no hemos podido ver a nuestros familiares, ni visitarlos en algunos casos; no hemos podido despedir a seres queridos; hemos cambiado profundamente nuestra vida diaria; sufrimos el impacto psicológico del aislamiento y una rutina de encierro. Todas ellas han sido muy importantes, pero vamos a analizar aquí aquellos cambios que han impactado en nuestras instituciones, con especial relevancia para nuestra salud, nuestra actividad productiva y nuestra libertad.

    El inicio de la pandemia vino acompañado de un conjunto de restricciones a nuestra movilidad que fue aceptada de buen modo por una gran mayoría de la población global, preocupada por la expansión del virus. Los gobiernos reaccionaron a una demanda de acción y se lanzaron a tomar medidas, no siempre racionalizadas o estudiadas. Los políticos apelaron al miedo y a la urgencia, vieron su futuro en juego y que no importaba ser prudentes, y buscaron ordenar las vidas de los ciudadanos de una forma diferente a la que éstos pudieran haberlo hecho. Se tomaron todo tipo de decisiones y se emitieron directivas haciendo uso de poderes ejecutivos extraordinarios que fueron justificados por el peligro de la pandemia. No hubo mayor consideración sobre derechos o libertades, y buena parte de la población, asustada, tampoco se preocupó demasiado. No fue en todos lados igual, por supuesto, sabemos que hubo países con mayores restricciones y otros que confiaron en mayor medida en la responsabilidad social de las personas.

    El objetivo de estas medidas era doble: frenar el contagio del virus y demorar su impacto en el sistema de salud. Pero en muchos casos excedieron los problemas de salud pública y el oportunismo de algunos políticos aprovechó la circunstancia para concentrar más poder, poniendo en peligro las limitaciones constitucionales.

    Un grupo de investigadores de las universidades de Harvard y Stanford analizó encuestas con 480.000 respuestas en 15 países y encontró que la mayoría de los ciudadanos estaban predispuestos a sacrificar libertades civiles a cambio de mejores condiciones sanitarias durante la pandemia del COVID-19. No obstante, también encontraron que cuanto más tiempo esas medidas están vigentes, el apoyo decae y, por el contrario, la preocupación por el debilitamiento de las libertades crece.

    Los países latinoamericanos fueron muy estrictos cuando había pocos casos y redujeron las restricciones cuando los casos alcanzaban un pico. Esto muestra que la elevada “rigurosidad” o, violación de derechos individuales básicos, no brindó un mejor resultado sanitario y ni hablar del costo económico.

    Trabajo y producción en la pandemia

    Los cuatro países con medidas más estrictas en América Latina han sufrido drásticas caídas de su actividad económica durante 2020 según las estimaciones del FMI: Honduras (-6,6%), Argentina (-11,8%), Bolivia (-7,9%) y Venezuela (-25%). En buena medida se explican no solamente por las medidas tomadas en la pandemia sino por la frágil situación de sus economías antes de que ésta llegara.

    Tampoco es que los demás pueden mostrar resultados muy superiores, pero al menos infligieron en sus ciudadanos un costo menor por las restricciones a su libertad. Sí puede afirmarse lo contrario: los países con medidas más restrictivas causaron un mayor daño económico y una mayor pérdida de la libertad individual, sin obtener mejores resultados.

    Algunos sostienen que es necesario un “reseteo” del capitalismo, un nuevo contrato social, ante el descontento que genera la pandemia, pero no es tan evidente que lo sea hacia una reformulación “social” del capitalismo actual, que ya es una clara mezcla de mercados y serias intervenciones estatales en el gasto, los impuestos, las regulaciones o los programas sociales. También puede ser que ese descontento se dirija a quienes tomaron las riendas durante la pandemia, es decir, los gobiernos y los políticos que los conducen. Un verdadero test para la eficiencia del Estado será su desempeño en la distribución de vacunas contra el COVID. Esto recién ha comenzado y ese descontento se nota. Los gobiernos han tomado en sus manos el monopolio de la distribución de la vacuna y han descartado a las instituciones de mercado, que eficientemente distribuyen todo tipo de medicamentos y vacunas.

    Puede que ese descontento social explote y efectivamente tengamos un “nuevo contrato social”; pero también es posible que continúen ocurriendo cambios en base a instituciones que ya han probado en el pasado su capacidad para promover el progreso: el derecho de propiedad, los contratos, las sociedades comerciales.

    En el segundo trimestre de 2020, se crearon en los Estados Unidos 930.000 nuevas empresas o negocios, un leve aumento en comparación con las 910.000 creadas en el mismo período en 2019, pero en el tercer trimestre el número fue cercano a 1.400.000, un incremento del 49% y del 67% respecto al mismo trimestre del año anterior. Según el US Census Bureau en enero de 2021 solamente se crearon 492.133. Bajo la cuarentena, el porcentaje de ventas minoristas por e-commerce en Estados Unidos creció en ocho semanas lo que había crecido en cinco años. Según EMarketer el comercio electrónico habría alcanzado 84.950 millones de dólares en 2020. La penetración en América Latina pasó de 43,4% a 71,5%, y fue una de las regiones con mayor crecimiento, 36,7% anual.

    El “reinicio” del capitalismo parece ser más una preferencia de las elites. La gente se ha lanzado a desarrollar y utilizar las instituciones del mercado, aprovechando la tecnología también en áreas como la educación o la salud. Las empresas privadas de tecnología educativa (apps para idiomas, tutoriales virtuales, video conferencias y software para educación virtual) invirtieron 18.660 millones de dólares en 2019, cifra que llegaría a 350.000 millones en 2025, según datos difundidos por el mismo Foro Económico Mundial que promueve el reseteo.

    Millones de personas se adaptaron en poco tiempo al trabajo en sus casas. Muchos no querrán volver a trabajar en oficinas, al menos todo el tiempo y muchas empresas tampoco querrán gastar en oficinas lo que estaban gastando. Esto va a cambiar el transporte dentro de las ciudades, y hasta las ciudades mismas, pero no es parte de ningún “plan” o “reseteo” de nada, sino tan solo parte del normal proceso evolutivo que se produce en la sociedad y en los mercados para adaptarse a nuevas situaciones.

    La pregunta que será importante responder, entonces, no es “qué tipo de contrato deberíamos ahora tener”, sino qué tipo de instituciones permitirán una mejor evolución hacia ese mundo que se avizora por delante.El problema de un nuevo “contrato social” es que si quienes lo imponen se equivocan, nos perjudicamos todos; mientras que en los “órdenes espontáneos” habrá distintos experimentos y podremos ver cuáles funcionan. Los que fracasen no perjudican a todos sino solamente a aquellos que invirtieron en ellos.

    No es un tema de diseñar un nuevo contrato social, es fortalecer las instituciones que permiten evolucionar hacia nuevas formas de atender a las necesidades de la gente. Es la “mano invisible”, que para algunos no existe, pero que ya está reseteando al mundo.

  • La perversión del lenguaje como camino al autoritarismo

    La perversión del lenguaje como camino al autoritarismo es el recurso clásico;  es utilizar al mismo como arma, redefiniendo los conceptos y aplicando metáforas que modifican el contexto con que interpretamos la realidad. Para lograrlo, se utilizan un par de herramientas excusatorias, como el uso de la fuerza  y la persuasión.

    Para el primer objetivo, esto es, el uso de la fuerza, es necesario la figura de un enemigo, sea real o no, y que adecuadamente podría ser el actual Covid 19(84); para el segundo, se puede persuadir de manera subliminal, mediante el miedo o el engaño.

    Para persuadir es necesario un uso del lenguaje adecuado que suavice las verdaderas consecuencias de las medidas a tomar. Y la perversión del lenguaje es la mejor manera para persuadir. George Orwell conocía el poder del lenguaje antes de que la era de la televisión y de Internet lo revelara en forma exponencial.

    En su libro «1984», intenta advertirnos de las consecuencias de poner el lenguaje al servicio de un Estado totalitario. “La decimoprimera edición es la definitiva —dijo—. Le estamos dando al idioma su forma final, la forma que tendrá cuando nadie hable más que neolengua. Cuando terminemos nuestra labor, tendréis que empezar a aprenderlo de nuevo. Creerás, seguramente, que nuestro principal trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada día. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos. De las palabras que contenga la onceava edición, ninguna quedará anticuada antes del año 2050”.lla perversión del lenguaje

    Modificar la antigua lengua era el objetivo para dominar el pensamiento de los miembros del partido. La idea que nos intenta transmitir Orwell es que si las personas no dominan el lenguaje, no podrán pensar correctamente, y que si no pueden pensar correctamente, entonces serán otros quienes pensarán por ellos. El objetivo de la neolengua orwelliana entonces, no es crear un medio de expresión sino establecer un canal ideológico. Así, explicó con qué facilidad el «doble pensamiento» y la «neolengua» nos pueden convencer de que “la guerra es paz, la libertad es la esclavitud, y la ignorancia es la fuerza”.

    También escribió en “Política y el idioma inglés”: “En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible” para ocultar lo que se propone su utilizador. Así, por ejemplo, “Se bombardean poblados indefensos desde el aire, y a eso lo llaman “pacificación”.” Recuerden que para mantener dominada a la opinión pública Joseph Goebbels usaba el termino «Solución Final» para hablar del exterminio judío.

    Actualmente, debido al Corona virus, el lenguaje oficial de la pandemia deviene en un lenguaje no preciso, infantilizado, no muy elaborado ni muy sofisticado, que potencia la angustia, el miedo y la sensación de aislamiento. Entonces, a la restricción de la libertad se las denomina “cuarentenas”, a las personas sanas, “asintomáticos” , a una autorización de uso de emergencia, «vacunas», al aislamiento forzado, «burbujas» y a las personas de espíritu crítico, aquellos que observamos y señalamos lo que vemos inconsistente, nos denominan “negacionistas”, los “malos”, por contraposición a ellos que son «los buenos, la ciencia y los que saben más» que nosotros lo que nos conviene para nuestra salud o nuestras vidas en general.

    Lo que escribo es para no caer en la trampa del lenguaje, especialmente en estos días. No tenemos un enemigo, no tenemos un «new normal». Tenemos un virus altamente contagioso que convive con nosotros. Y no debemos normalizar lo anormal. Debemos regresar a la normalidad, a nuestras vidas comunes, como debe ser mal que les pese a los fatales arrogantes. De otro modo, el camino al totalitarismo está servido.

  • Día del beso, que se perdió con el sentido común

    “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!”, Gustavo Adolfo Bécquer.

    La cultura occidental hace agua por todos lados y es que el racionalismo la inundó desprestigiando a la metafísica, ciencia que cultivaron los griegos como Aristóteles, y a la teología que, como método científico, es independiente de religiones particulares.

    Sintetizando, la metafísica dice que existe un orden en el cosmos para el desarrollo de la vida que la pequeñez del hombre no puede alterar, y la teología asegura que Dios ha creado al universo para el bien, “a su imagen y semejanza”, y esta omnipotencia no puede ser, ni remotamente, desafiada por el cerebro humano. Así, los “religiosos” que no sigan a la teología deben revisar sus creencias porque resultan esotéricas, fetichistas.

    Por ello es que el racionalismo -pseudo religión y pseudo ciencia, decía el destacado epistemólogo Paul Feyerabend- que pretende controlar al cosmos con la “razón” humana, necesita desprestigiar a la metafísica y a la teología. Y ha montado a los Estados modernos que se creen capaces de cuidar y hasta diseñar la vida humana (la “nueva normalidad”).

    De estas ciencias surge que no pueden existir amenazas naturales contra el desarrollo y crecimiento de la vida, o sea, es irreal la posibilidad de la existencia de una “pandemia” que ponga en jaque a la humanidad y quienes esto creen, además, desoyen al sentido común (sensus communis), como lo describe Tomás de Aquino, que unifica los datos del episodio perceptivo, y le da al sujeto la certeza del hecho que está viendo, oyendo, etcétera.

    Por el contrario, la fantasía o imaginación según Tomás es un instrumento cognitivo que cree reales hechos solo pensados por la mente humana. Como señala Feyerabend, suele ser mucho más acertado el sentido común de las personas cuyos propios intereses están en juego, que las decisiones -las fantasías- de lejanos “expertos” racionalistas subidos en una torre de marfil ridículos al punto de decir que trabajar y socializar no es saludable.

    Son estos “expertos” quienes inventaron esta falsa pandemia que los números desmienten, ya que los muertos totales en el mundo a casi año y medio de comenzada son apenas el 0,04% de la población global. Y ahora, pretenden asustar con la cantidad de contagios, claro que se aseguran de no revelar que lo normal es que, en una temporada de gripe, se contagie alrededor del 70% de la población, es decir, más de 5 mil millones de personas en todo el mundo y la mayoría ni se entera.

    Como cada día aumentan los testeos, se detectan más casos y los gobiernos utilizan el “aumento de casos” para asustar, y la gente en pánico agrava su situación y concurre a hospitales ante síntomas mínimos.

    Y, además de las gravísimas consecuencias de los confinamientos, nos quieren dejar sin el beso cuyo día internacional se festejó el 13 de abril y que es una manifestación universal de afecto y alegría que ya aparecía en el Antiguo Testamento.

    Algunos científicos creen que besar es un comportamiento instintivo con raíces en la biología. Junto con la oxitocina y la dopamina que provocan afecto y euforia, besar libera serotonina, otra sustancia que incrementa el bienestar y la felicidad, y moviliza 146 músculos e intercambia 80 millones de bacterias nuevas, lo que no debe asustar, es natural.

  • Mascarillas de uso diario, ¿están libres de efectos secundarios indeseables y peligros potenciales?

    Un estudio reciente, del 20 de Abril 2021, publicado por la revista académica suiza MDPI, en su capítulo  International Journal of Environmental Research and Public Health, cuya dirección académica es llevada a cabo por Paul B. Tchounwou, encontró que el uso prolongado de mascarillas conlleva efectos adversos para la población en general.

    Dicho estudio fue conducido por los investigadores privados Kai Kisielinski, Paul Giboni, Stefan Funken desde Alemania, junto al Institute of Molecular and Cellular Anatomy (MOCA), al Institute of Pathology, al Institute of Neuroscience and Medicine, al Institute of Neurosurgical Pathophysiology, University Medical Centre of the Johannes Gutenberg University of Mainz Langenbeckstr y al Department of Psychology, FOM University of Applied Sciences, todos ellos también de Alemania.

    A continuación, se citan casi textualmente, los principales hallazgos del estudio, cuya completa investigación, puede encontrarse citada al final de este artículo.

    Muchos países introdujeron el requisito de usar máscaras en espacios públicos para contener el SARS-CoV-2, lo que lo convirtió en un lugar común en 2020. Hasta ahora, no ha habido una investigación exhaustiva sobre los efectos adversos para la salud que pueden causar las máscaras. El objetivo de la investigación era encontrar, probar, evaluar y compilar efectos secundarios relacionados científicamente probados del uso de máscaras. Para una evaluación cuantitativa, se referenciaron 44 estudios, en su mayoría experimentales, y para una evaluación sustantiva, se encontraron 65 publicaciones. La literatura reveló efectos adversos relevantes de las mascarillas en numerosas disciplinas. En este trabajo los investigadores se refieren al deterioro psicológico y físico así como a los múltiples síntomas descritos por su presentación consistente, recurrente y uniforme desde diferentes disciplinas como el Síndrome de Agotamiento Inducido por Máscara (MIES). La evaluación objetivada evidenció cambios en la fisiología respiratoria de los usuarios de máscara con una correlación significativa de caída de O2 y fatiga (p 0.05), una co-ocurrencia agrupada de insuficiencia respiratoria y caída de O2 (67%), máscara N95 y aumento de CO2 (82%), Mascarilla N95 y gota de O2 (72%), mascarilla N95 y dolor de cabeza (60%), insuficiencia respiratoria y aumento de temperatura (88%), pero también aumento de temperatura y humedad (100%) debajo de las máscaras. El uso prolongado de mascarillas por parte de la población en general podría tener efectos y consecuencias relevantes en muchos campos médicos.

    Al comienzo de la propagación del nuevo patógeno SARS-CoV-2, fue necesario tomar decisiones de gran alcance incluso sin datos científicos explícitos disponibles. La suposición inicial fue que las medidas de emergencia pandémica se establecieron para reducir la amenaza aguda del sistema de salud pública de manera efectiva y rápida.

    En abril de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó el uso de mascarillas solo para personas sintomáticas, enfermas y trabajadores de la salud y no recomendó su uso generalizado.

    En junio de 2020, cambiaron esta recomendación para respaldar el uso generalizado de máscaras en, por ejemplo, lugares concurridos. La OMS no recomendó el uso general o acrítico de máscaras para la población general y amplió su lista de riesgos y peligros en solo dos meses. Si bien la directriz de abril de 2020 destacó los peligros de la autocontaminación, las posibles dificultades respiratorias y la falsa sensación de seguridad, la directriz de junio de 2020 encontró efectos adversos potenciales adicionales como dolor de cabeza, desarrollo de lesiones cutáneas faciales, dermatitis irritante, acné o mayor riesgo de contaminación en espacios públicos debido a la eliminación inadecuada de las mascarillas.

    Sin embargo, bajo la presión de un número absoluto cada vez mayor de pruebas positivas de SARS-CoV-2, muchos prescriptores extendieron el uso de la mascarilla según determinados momentos y situaciones, siempre justificado por el deseo de limitar la propagación del virus. Los medios de comunicación, numerosas instituciones y la mayor parte de la población apoyaron este enfoque.

    Entre la profesión médica y los científicos, los usuarios y observadores de dispositivos médicos, ha habido simultáneamente llamamientos para un enfoque más matizado. Si bien ha habido una polémica discusión científica en todo el mundo sobre los beneficios y riesgos de las máscaras en los espacios públicos, al mismo tiempo se convirtieron en la nueva aparición social en la vida cotidiana en muchos países.

    Aunque parece haber un consenso (entre los responsables de la toma de decisiones que han introducido las mascarillas obligatorias), de que se justifican las exenciones médicas, en última instancia es responsabilidad de los médicos individuales sopesar cuándo recomendar la exención de las máscaras obligatorias. Los médicos tienen un conflicto de intereses con respecto a este asunto. Por un lado, los médicos tienen un papel de liderazgo en el apoyo a las autoridades en la lucha contra una pandemia. Por otro lado, los médicos deben, de acuerdo con el ethos médico, proteger los intereses, el bienestar y los derechos de sus pacientes con la atención necesaria y de acuerdo con el estado reconocido de los conocimientos médicos.

    Un análisis cuidadoso de riesgo-beneficio es cada vez más relevante para los pacientes y sus médicos con respecto a los posibles efectos a largo plazo de las mascarillas. La falta de conocimiento de la legitimidad jurídica, por un lado, y de los hechos científicos médicos, por otro, es motivo de incertidumbre entre los colegas clínicamente activos.

    El enfoque del estudio está centrado en los efectos negativos en consonancia con Villalonga-Olives y Kawachi. La búsqueda bibliográfica se centró en los efectos negativos adversos de las máscaras, en particular para señalar los riesgos, especialmente para ciertos grupos de pacientes.

    Scoping review flow diagram according to the PRISMA scheme

     

    No solo se encontró evidencia en la literatura revisada de mascarillas de posibles efectos a largo plazo, sino también evidencia de un aumento en los efectos directos a corto plazo con un mayor tiempo de uso de la mascarilla en términos de efectos acumulativos para: retención de dióxido de carbono, somnolencia, dolor de cabeza, Sensación de agotamiento, irritación de la piel (enrojecimiento, picazón) y contaminación microbiológica (colonización de gérmenes).

    La revisión de la literatura efectuada muestra que tanto las personas sanas como las enfermas pueden experimentar el síndrome de agotamiento inducido por máscaras (MIES), con cambios y síntomas típicos que a menudo se observan en combinación, como un aumento en el volumen del espacio muerto respiratorio, aumento de la resistencia respiratoria, aumento del dióxido de carbono en sangre, disminución de la saturación de oxígeno en sangre, aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de presión arterial, disminución de la capacidad cardiopulmonar, aumento de la frecuencia respiratoria, disnea y dificultad para respirar , dolor de cabeza, mareos , sensación de calor y humedad, disminución de la capacidad de concentración , disminución de la capacidad de pensar , somnolencia, disminución de la empatía percepción, barrera cutánea deteriorada función con picazón ,acné, lesiones e irritación cutáneas, fatiga y agotamiento percibidos en general.

    En general, la frecuencia exacta de la constelación de síntomas descritos MIES en la población que usa máscaras sigue sin estar clara y no se puede estimar debido a datos insuficientes.

    Teóricamente, los efectos inducidos por la máscara de la caída de oxígeno en los gases en sangre y el aumento de dióxido de carbono se extienden al nivel celular con la inducción del factor de transcripción HIF (factor inducido por hipoxia) y un aumento de los efectos inflamatorios y promotores del cáncer y pueden, por tanto, también influyen, negativamente en los cuadros clínicos preexistentes.

    Unfavorable mask effects as components of Mask-Induced Exhaustion Syndrome (MIES). The chemical, physical and biological effects, as well as the organ system consequences mentioned, are all documented with statistically significant results in the scientific literature found

     

    Para los científicos, la perspectiva del uso continuo de máscaras en la vida cotidiana sugiere áreas para futuras investigaciones. En “nuestra opinión”, señalan los investigadores, “es deseable realizar más investigaciones en los campos ginecológico (fetal y embrionario) y pediátrico, ya que los niños son un grupo vulnerable que enfrentaría las consecuencias más prolongadas y, por lo tanto, más profundas de un uso de mascarillas potencialmente riesgoso. La investigación básica a nivel celular sobre la activación inducida por máscara del factor de transcripción HIF con potencial promoción de inmunosupresión y carcinogenicidad también parece ser útil en esta circunstancia. Nuestra revisión del alcance muestra la necesidad de una revisión sistemática”.

    Los cambios descritos relacionados con la mascarilla en la fisiología respiratoria pueden tener un efecto adverso sobre los gases en sangre del usuario subclínicamente y en algunos casos también clínicamente manifestarse y, por lo tanto, tener un efecto negativo sobre la base de toda la vida aeróbica, la respiración externa e interna con influencia en una amplia variedad de sistemas orgánicos y procesos metabólicos con consecuencias físicas, psicológicas y sociales para el ser humano individual.

    En cualquier caso, el MIES potencialmente desencadenado por máscaras contrasta con la definición de salud de la OMS: “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia”.

    Todos los hechos científicos encontrados en el trabajo de investigación amplían la base de conocimientos para una visión diferenciada del debate de las máscaras. Esta ganancia puede ser relevante para los tomadores de decisiones que tienen que lidiar con el tema del uso obligatorio de mascarillas durante la pandemia bajo constante revisión de proporcionalidad, así como para los médicos que pueden asesorar a sus pacientes de manera más apropiada sobre esta base. Para determinadas enfermedades, teniendo en cuenta la bibliografía encontrada en este estudio, también es necesario que el médico tratante sopese los beneficios y los riesgos con respecto a la obligación de una mascarilla. Con una consideración general estrictamente científica, una recomendación para la exención de la mascarilla puede justificarse en el marco de una evaluación médica.

    Además de proteger la salud de sus pacientes, los médicos también deben basar sus acciones en el principio rector de la Declaración de Ginebra de 1948, revisada en 2017. De acuerdo con esto, todo médico promete anteponer la salud y la dignidad de su paciente y, incluso bajo amenaza, no utilizar sus conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades civiles. En el marco de estos hallazgos, por lo tanto, los investigadores propagan una acción explícita, médicamente juiciosa y legalmente compatible en consideración de la realidad científica fáctica contra una afirmación predominantemente basada en supuestos de una efectividad general de las máscaras, siempre teniendo en cuenta los posibles efectos individuales no deseados para el paciente y el usuario de la mascarilla en cuestión, totalmente de acuerdo con los principios de la medicina basada en la evidencia y las directrices éticas de un médico.

    La investigación completa y sus resultados pueden bajarse aquí.

  • El látigo del miedo, la herramienta probada de control

    A través del tiempo el látigo ha sido instrumento de control y sumisión. Hoy, que ya hemos superado el uso desinhibido de esa brutal herramienta, los que buscan arrear han echado mano a otras herramientas de control más sutiles, pero igualmente o hasta más efectivas; me refiero a «el látigo del miedo» o del espanto. El miedo es una característica animal de sobrevivencia. Sin miedo nuestras probabilidades de sobrevivir disminuyen notablemente. Pero, los miedos pueden ser tanto reales como imaginarios y, exagerados, se pueden tornar peligrosos. El terrorismo es uno de los métodos más eficaces que infunde miedo para facilitar el control y la sumisión.

    Son muy variadas las formas de infundir espanto y sumisión, unos más velados que otros; tal como leyes que garantizan inmunidad contra despidos. Si yo soy gobierno y te garantizo ingresos e inmunizo contra el despido, igual te puedo retirar el ingreso y hacer que te despidan; y así los politicastros ejercen control sobre sindicatos y sindigarcas, como también entran en coyunda con una clientela de comerciantes e industriales.

    Por otro lado, quienes buscan controlar al prójimo, no sólo se valen del miedo sino de la ignorancia que promueven a través de sistemas educativos centralizados, que más que educar lo que hacen es adoctrinar. No hay mejor forma de controlar que la promesa de dádivas en una mano, con el rejo de miedo en la otra.

    Hoy, que a los politicastros del mundo se les presentó la herramienta terrorífica del COVID, se han afanado en ponerla a buen uso. Sin embargo, con el aumento de las comunicaciones, muchos ya advierten la tramoya y ello hace peligrar la dominación del estado profundo; y con ello arrecian sus artimañas de control.

    En la historia los gobiernos nacen de la conquista violenta; pero con el tiempo la gente clama liberación, tal como sucedió con la independencia de los EE.UU. de Inglaterra, y la creación del pacto constitucional de mayor libertad en la historia humana.

    Sin embargo, la herramienta del miedo tiene límites. Es algo así como el chico en la escuela que lo molestan y atormentan hasta que le colman y entonces viene la ¡sorpresa!.  Desafortunadamente, pasa el tiempo y bajamos la guardia, dando oportunidad a los inescrupulosos de ingeniar nuevas formas de control. En los años setenta fue el enfriamiento global, luego el calentamiento y hoy el acuerdo verde. Así, pervertidos gobernantes ingenian nuevas formas de infundir miedo y controlar; manteniendo a sus rebaños semovientes dóciles al aumento de impuestos, al uso de máscaras más allá de lo sensato, a los encierros y prohibición de reunión en iglesias, pero no en casinos,  gubernamentales y tal.

    En artículo reciente en GCC Views se nos informa sobre el Neuralink de Elon Musk, chip que pretenden implantar en el cerebro humano para el 2022. La innovación tecnológica es algo maravilloso. Tristemente están los inescrupulosos que ven en ello el nuevo látigo.

    En el Panamá de 300,000 funcionarios públicos al mando de ministros, directores, comisionados y tal, se pasan todo el día ingeniando nuevas trabas o formas de justificar su intromisión en nuestras vidas.  Dilapidan ingentes recursos económicos que serían mucho más útiles en manos de quienes saben producirlos y, de hecho, los producen, creando oportunidades para salir de la pobreza.

    No hay que temer al libre mercado sino a los ejércitos de parásitos que están en o fuera de los gobiernos, dañando al buen funcionario. Los de adentro llegan con cada nueva elección. Por fuera del gobierno está toda su clientela sumisa y leal, que vende su alma al mejor postor al son de “no a la privatización”.