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  • Cómo la química de nuestro cerebro hace que las drogas tomen el control

    Las drogas forman parte de nuestra sociedad, con todas sus formas y aplicaciones. Desde el tabaco al alcohol, pasando por los opiáceos, siempre han estado de moda. En los medios vemos constantemente noticias relacionadas con la crisis del fentanilo, la legalización del cannabis y los efectos antioxidantes del consumo de vino. Pero ¿cuál es la base química que hace que estas sustancias sean tan populares y peligrosas?

    Una vieja costumbre

    La historia del consumo de drogas es prácticamente tan antigua como la de la humanidad. Ya en la Edad Antigua, numerosas drogas como el opio recorrieron ampliamente las civilizaciones de la cuenca mediterránea, principalmente aplicadas como remedios medicinales. Pese al aviso de pensadores como Diágoras de Melos (“es mejor sufrir dolor que volverse dependiente del opio”, siglo V a. e. c.), su aplicación recreativa no tardó en llegar.

    Otro ejemplo de droga popular desde la Antigüedad es el alcohol. Persas, griegos, chinos, egipcios, mayas, romanos… Por todos los rincones del mundo la elaboración y el consumo de bebidas alcohólicas formaba parte de la vida social, espiritual y cultural de cada civilización. Hoy en día la situación se mantiene: el consumo moderado de alcohol en la cultura occidental está normalizado, legalizado y extendido a gran parte de la población. En ocasiones, el cine, la televisión y la música incluso glorifican su ingesta, enfatizando sus efectos eufóricos.

    ¿Cuál es el secreto de estas sustancias? ¿Cómo es posible que afecten a nuestra química cerebral hasta el punto de influir en el devenir de las civilizaciones?

    La respuesta se encuentra en un conjunto de áreas interconectadas de nuestro cerebro conocido como sistema mesocorticolímbico.

    ¿Me está engañando mi dopamina?

    Para hacernos saber que un estímulo es beneficioso para la supervivencia, nuestro cerebro se encarga de que este nos guste. Ejemplo de ello son las sensaciones de placer que experimentamos a través de una comida calórica, el sexo y la interacción social.

    Acompañando a esa sensación, nuestro cerebro también señaliza ese estímulo y hace que aprendamos que nos ha gustado: así es más probable que repitamos esa actividad positiva. De hecho, gracias a este sistema tendremos además una gran motivación, necesaria para poner en marcha nuestro cuerpo y así obtener esos estímulos.

    ¿Son siempre importantes para la supervivencia las conductas que se ven reforzadas? La respuesta es que no.

    Al sistema mesocorticolímbico encargado de la recompensa se le puede hackear.

    A nivel celular, las dos regiones más relevantes de este sistema son el área tegmental ventral y el núcleo accumbens. Las neuronas de la primera región conectan con las de la segunda y envían una molécula neurotransmisora llamada dopamina. Esta cumple un rol esencial en la recompensa: cuando se aumenta el nivel de dopamina que se libera se inician una serie de procesos. El resultado final es que aprendemos que ese estímulo es importante para la supervivencia y provoca que estemos más motivados para volver a buscarlo en el futuro.

    Este sistema requiere regulación. De esto se encargan unas proteínas en la superficie celular llamadas receptores opioides. Es aquí donde entran en juego las drogas y el hackeo del sistema: este tipo de receptores pueden ser activados tanto por estímulos naturales como por las drogas. Al hacerlo, se intensifica la liberación de dopamina.

    El resultado es que a nuestro cerebro le gustan estas drogas, aprende que son estímulos importantes y nos motiva a volver a conseguirlas. Aunque no aporten ventajas para la supervivencia.

    De este modo se explican parcialmente los efectos eufóricos y reforzantes del consumo agudo de estas sustancias. Sin embargo, también es la base de su cara más oscura: la adicción. ¿Qué pasa cuando el uso de drogas se cronifica?

    La delgada línea entre la euforia y el dolor

    Si bien el consumo moderado de drogas se normaliza y hasta celebra en contextos sociales, este puede desencadenar problemas graves. El consumo prolongado de alcohol y de otras sustancias no solo afecta a nuestras percepciones y comportamientos, sino que también deja su huella en nuestro cerebro de una manera que puede ser difícil de revertir.

    Recordemos que nuestro sistema mesocorticolímbico es un sistema de recompensa, diseñado para hacernos sentir bien cuando realizamos acciones beneficiosas. No obstante, el consumo repetido de estas sustancias puede hacer que su funcionamiento cambie y que aquello que solía producir placer ya no lo haga en la misma medida.

    Estos cambios en las capacidades reforzantes del alcohol y los opioides se deben, entre otras cosas, a reducciones en la liberación de dopamina. Pero ¿quién es responsable de estas alteraciones?

    Igual que hay receptores opioides –receptor Mu opioide– que provocan un incremento en la liberación de dopamina y son responsables del refuerzo positivo, existen otros –receptor Kappa opioide– que actúan de forma opuesta. Es decir, su actividad hace que disminuya la liberación del neurotransmisor y da lugar a efectos opuestos: disforia, aversión y pérdida de motivación.

    Durante el consumo repetitivo de sustancias como alcohol y opioides tienen lugar cambios en la expresión de estos receptores. Mientras que los Mu están cada vez menos activos, los Kappa lo están cada vez más.

    La disminución de la capacidad de las drogas para generar sensaciones placenteras hace que estas se vuelvan menos gratificantes con el tiempo. Este hecho, junto a los estados disfóricos que se manifiestan en ausencia de la sustancia, conducen a escaladas en el consumo con la finalidad de autotratar dicho malestar.

    Es tan importante este mecanismo en la adicción que hasta se ha acuñado un nuevo término: hyperkatifeia, del griego katifeia, que significa “abatimiento” o “estado emocional negativo”. Curiosamente, estas alteraciones en los receptores opioides son similares a las que ocurren en situaciones de dolor crónico y pueden desencadenar estados negativos como falta de motivación, ansiedad y depresión.

    La conclusión es que el consumo continuado de ciertas sustancias puede tener consecuencias físicas, mentales y sociales graves, y alterar la manera en que nuestro cerebro experimenta el placer y el dolor. No es de extrañar que la adicción a las drogas haga tocar fondo. Aunque se disfracen como aliadas para sobrellevar los problemas, acaban convirtiéndose en el mayor de ellos.The Conversation

    María Ros Ramírez de Arellano, Doctorando en Neurociencias, Universitat de València; Lucía Hipólito Cubedo, Profesora en el área de Farmacia y Tecnología Farmacéutica, Universitat de València y Víctor Ferrís Vilar, Doctorando en Neurociencias, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Hitler y las flatulencias que trastocaron al mundo

    Adolf Hitler sufrió de problemas digestivos durante gran parte de su vida. Desde la infancia, padecía de calambres estomacales y flatulencias, especialmente en momentos de estrés. A medida que envejecía, estos síntomas se intensificaron y se alternaban con ataques de estreñimiento y diarrea.

    Como dictador estresado, los agonizantes ataques digestivos ocurrían después de la mayoría de las comidas: Albert Speer recordó que el Führer, con el rostro desencajado, saltaba de la mesa y desaparecía en su habitación.

    Para tratar estos problemas, Hitler intentó curarse por primera vez en 1929 leyendo manuales médicos y llegó a la conclusión de que una dieta principalmente vegetariana aliviaría su digestión y haría que sus pedos fueran menos ofensivos para el olfato. Además, Hitler se sometía regularmente a enemas de manzanilla y examinaba sus propias heces.

    Después de que su sobrina (y presunto interés romántico) Geli Raubel se suicidara en 1931, Hitler decidió dejar de comer carne completamente. Cuando se le presentó un plato de jamón para el desayuno a la mañana siguiente, lo apartó murmurando: ‘Es como comerse un cadáver’. Desde entonces, su dieta principal consistió en grandes cantidades de verduras, crudas o trituradas en puré para bebés, y Hitler mostraba una predilección especial, según afirman los historiadores culinarios, por la avena con aceite de linaza, la coliflor, el requesón, las manzanas cocidas, los corazones de alcachofa y las puntas de espárragos en salsa blanca.

    Curiosamente, esta dieta rica en fibra tuvo el efecto contrario al deseado en su digestión. Su médico privado, un charlatán incompetente que se hizo cargo de la atención médica de Hitler en 1937, el Dr. Theo Morell, anotó en su diario que después de que Hitler consumiera un plato típico de verduras, «el estreñimiento y la flatulencia colosal ocurrieron en una escala que rara vez había encontrado antes». Aunque Morell era desagradable incluso para los estándares nazis dado que era demasiado gordo, sudoroso y tenía un mal aliento permanente, consiguió la confianza de Hitler al curarle un caso doloroso de eczema en las piernas y al proporcionarle alivio temporal para sus cólicos estomacales. A pesar de la irritación de otros médicos nazis, Hitler seguía ciegamente a Morell y procedió a tragarse cualquiera de sus consejos , sin importar cuán descabellados eran, durante los siguientes ocho años.

    Los problemas estomacales de Hitler podrían haber influido en la conducción de la guerra debido a la influencia del Dr. Morell.

    Para tratar las recurrentes flatulencias de Hitler, el Dr. Theo Morell, le daba un medicamento llamado «Las píldoras antigás del Dr. Köster», que contenía grandes cantidades de estricnina. Hitler solía tomar hasta 16 de estas pequeñas píldoras negras al día. Los signos de envenenamiento por estricnina, como la piel amarillenta, los ojos verdosos y la falta de atención observados más tarde durante la guerra, son consistentes con el uso de este medicamento.

    Otro ingrediente de las píldoras, la antropina, puede causar cambios de humor que van desde la euforia hasta la ira violenta. Aún más extraños fueron las inyecciones de anfetaminas que Morell le administraba a Hitler cada mañana antes del desayuno desde 1941, lo que podría haber agravado el comportamiento errático, la inflexibilidad, la paranoia y la indecisión que Hitler comenzó a mostrar con más frecuencia a medida que avanzaba la guerra.

    Además, Hitler tomaba una gran cantidad de otros suplementos: vitaminas, testosterona, extractos de hígado, laxantes, sedantes, glucosa y opiáceos, todos destinados a aliviar sus dolencias reales o imaginarias. Después de la guerra, los oficiales de inteligencia de los Estados Unidos descubrieron que Morell estaba suministrando a Hitler con 28 medicamentos diferentes, incluyendo gotas para los ojos que contenían un 10% de cocaína (hasta 10 tratamientos al día), una mezcla de placenta humana y «píldoras de potencia» hechas con semen de testículos de toro.

    A pesar de todos estos medicamentos, los diarios de Morell (que fueron recuperados de Alemania y se conservan en los Archivos Nacionales de Washington D.C.) indican que los episodios de «flatulencias agonizantes» seguían siendo frecuentes. Hitler, que era relativamente saludable cuando conoció a Morell, empeoró rápidamente al final de la guerra y se convirtió en un desastre físico. Sus brazos estaban tan llenos de marcas de inyecciones que incluso Eva Braun, normalmente introvertida, se quejó con su madre de que Morell era «el charlatán de las inyecciones».

    Cuando Hitler contrajo ictericia en 1944, tres médicos nazis intentaron despedir a Morell. Sin embargo, Hitler se mantuvo fiel, o probablemente adicto, a sus cócteles químicos y en su lugar despidió al trío de médicos, quedándose casi hasta el final al lado de su ya proveedor, el Dr.Morell.

    Ahora que conocemos todo este pequeño y vergonzante asunto de las flatulencias, y que todo ese cóctel explosivo le era suministrado a diario causándole efectos secundarios graves, como excitación, confusión, alucinaciones y locura, ¿podemos aunque sea plantearnos la idea de que buena parte de la II guerra y el nazismo fue debido a los problemas digestivos que padecía Hitler y que le hacían echar muchos pedos?. Nada más alejado de nosotros que tratar de banalizar o exculpar a Hitler de su responsabilidad absoluta por los horrores padecidos en el siglo pasado, pero por las dudas y especialmente en estos días post fiestas decembrinas, vaya a su médico y elimine de inmediato cualquier incipiente problema estomacal . Y si de flatulencias se trata, ya sabemos que no nos hará mal soportar olores apestosos un rato.

    Fuentes: Gordon, Bertram, “Fascism, the Neo-Right and Gastronomy: A Case in the Theory of the Social Engineering of Taste,” Proceedings of the Oxford Symposium on Food and Cookery (1987); Heston, Leonard and Renate, The Medical Casebook of Adolf Hitler: His Illnesses, Doctors and Drugs, (New York, 2000); Irving, David, The Secret Diaries of Hitler’s Doctor, (London, 1983); Waite, Robert G.L., The Psychopathic God: Adolf Hitler, New York, 1993.

  • San Francisco suspenderá el impuesto al cannabis para combatir el mercado ilegal.

    Los supervisores de San Francisco aprobaron este martes por unanimidad una ordenanza para suspender el Impuesto Comercial de Cannabis de la ciudad hasta fines de 2022.

    Con la legalización de la marihuana recreativa en cada vez más estados de EEUU, los dispensarios legales se han convertido en algo habitual. A pesar de ello, la mayor parte de las ventas siguen teniendo lugar en la clandestinidad. Las estrictas regulaciones provocaron el cierre de tiendas y la huida de los operadores del sector, algunos incluso terminaron vendiendo su producto en el mercado ilegal, que se acerca a los USD 8.000 millones anuales en California, duplicando el número de ventas legales.

    Los votantes de San Francisco aprobaron el impuesto en noviembre de 2018, que imponía un tributo del 1 al 5% en toda la ciudad sobre los ingresos brutos de las empresas de cannabis.

    La oficina del supervisor Rafael Mandelman, autor de la legislación, señaló un informe del 19 de diciembre de la Oficina del Analista Legislativo de California que encontró que el aumento de las tasas de impuestos estatales sobre el cannabis estaba directamente relacionado con las ventas ilegales de cannabis. Además, el aumento de los robos también está creando problemas para los minoristas del sector.

    “Las empresas de cannabis crean buenos empleos para los habitantes de San Francisco y brindan productos seguros y regulados a sus clientes. Lamentablemente, el mercado ilegal está floreciendo al rebajar los precios de los negocios legales, lo cual es malo para nuestra economía, ya que los negocios ilegales no pagan impuestos mientras someten a los trabajadores a condiciones peligrosas ya los consumidores a productos peligrosos”, afirmó Mandelman. “Ahora no es el momento de imponer un nuevo impuesto a las pequeñas empresas que recién se están estableciendo y están tratando de competir con los operadores ilícitos”, agregó.

    «Las empresas de cannabis, junto con muchos otros minoristas en San Francisco, están luchando bajo el peso del robo minorista fuera de control», dijo Mandelman. «San Francisco necesita hacer más para proteger estas empresas, sus empleados y sus clientes antes de que les impongamos un nuevo impuesto».

    Una vez que la legislación entre en vigor, Mandelman dijo que su oficina trabajará en conjunto con la Oficina del Controlador de la Ciudad, la Oficina del Tesorero y Recaudador de Impuestos y la Oficina de Cannabis, entre otras partes interesadas, para analizar datos sobre las ventas comerciales de cannabis en la ciudad.

    «La industria del cannabis no es lo suficientemente madura para soportar cargas fiscales adicionales además de los impuestos estatales increíblemente altos», dijo Ali Jamalian, presidente de Sunset Connect, la primera planta de fabricación de equidad social en San Francisco y presidente de San Francisco Cannabis Oversight Comité.

    “La industria del cannabis requiere un uso intensivo de capital para las empresas emergentes, lo que deja poco espacio para que los operadores de equidad social recién acuñados y los operadores heredados paguen un impuesto sobre los ingresos brutos. Esta legislación nos ayudará a seguir construyendo una base sólida para una industria del cannabis sólida y con todo incluido en San Francisco «.

    El objetivo sería presentar un conjunto de recomendaciones sobre la tasa impositiva y la estructura para los minoristas de cannabis a la Junta de Supervisores e implementar un nuevo plan para 2023.

  • CBD, marihuana y cáñamo; cómo diferenciarlos y cuál es su status legal

    El cáñamo, la marihuana y el CBD (Cannabidiol) están relacionados, pero difieren de manera significativa. Esto es lo que necesita saber sobre su legalidad, efectos y posibles beneficios para la salud.

    Tanto el cáñamo como la marihuana pertenecen a la misma especie, Cannabis sativa, y las dos plantas se ven similares. La diferencia es su componente psicoactivo: tetrahidrocannabinol o THC. El cáñamo tiene 0.3% o menos de THC, lo que significa que los productos derivados del cáñamo no contienen suficiente THC para crear el «subidón» tradicionalmente asociado con la marihuana.

    El CBD por su parte, es un compuesto que se encuentra en el cannabis. Existen cientos de estos compuestos, que se denominan «cannabinoides», porque interactúan con receptores involucrados en una variedad de funciones como el apetito, la ansiedad, la depresión y la sensación de dolor. El THC también es un cannabinoide.

    La investigación clínica indica que el CBD es eficaz para tratar la epilepsia. La evidencia anecdótica sugiere que puede ayudar con el dolor e incluso la ansiedad, aunque todavía se está probando científicamente. La marihuana, que contiene CBD y más THC que el cáñamo, ha demostrado tener beneficios terapéuticos para las personas con epilepsia, náuseas, glaucoma y potencialmente incluso esclerosis múltiple y trastorno de dependencia de opioides.

    La Agencia de Control de Drogas de EE.UU. clasifica el cannabis como una sustancia de la Lista 1, lo que significa que maneja el cannabis como si no hubiera un uso médico aceptado y tuviera un alto potencial de abuso. Los científicos no saben exactamente cómo funciona el CBD, ni cómo interactúa con otros cannabinoides como el THC para darle a la marihuana sus efectos terapéuticos adicionales.

    El CBD viene en alimentos, tinturas y aceites, solo por nombrar algunos. Si bien los términos «tintura de CBD» y «aceite de CBD» a menudo se usan indistintamente, los dos son en realidad diferentes. Las tinturas se elaboran empapando el cannabis en alcohol, mientras que los aceites se obtienen suspendiendo el CBD en un aceite portador, como el aceite de oliva o de coco.

    El CBD «puro», también llamado «aislado de CBD», se llama así porque se han eliminado todos los demás cannabinoides. También los terpenos y flavonoides, que le dan a la marihuana su fuerte aroma y sabor terroso. El CBD de «amplio espectro» normalmente contiene al menos otros tres cannabinoides, así como algunos terpenos y flavonoides, pero aún no contiene THC. El CBD de «espectro completo», también llamado CBD de «flor entera», es similar al de amplio espectro, pero puede contener hasta un 0,3% de THC.

    En los estados donde la marihuana recreativa es legal, la lista de productos derivados del cannabis se amplía enormemente para incluir CBD con un contenido de THC mucho más alto que el 0.3%. No existe una dosis estandarizada de CBD.

    Otra gran diferencia entre el cáñamo, la marihuana y el CBD es cómo los trata la ley. Aunque 15 estados ya han legalizado la marihuana recreativa, sigue siendo ilegal a nivel federal en EE.UU. Técnicamente, aquellos en posesión de marihuana en un estado legal de marihuana aún pueden ser castigados por la ley federal, y está prohibido cruzar las fronteras estatales con cannabis.

    El cáñamo, por otro lado, se legalizó para cultivar y vender en los Estados Unidos en la Ley Agrícola de 2018. Uno podría pensar entonces, que el CBD derivado del cáñamo debería ser legal a nivel federal en todos los estados porque los niveles de THC no superan el 0.3%. Pero el CBD ocupa un área gris legal. Varios estados, como Nebraska e Idaho, todavía regulan esencialmente el aceite de CBD como una sustancia de la Lista 1 similar a la marihuana.

    Según estudios, las personas promedio en los EE. UU. no ve el cáñamo, el CBD, el THC o incluso la marihuana de la misma manera que las sustancias ilícitas como la metanfetamina y la cocaína, a pesar de que ambos están clasificados por la DEA como de menor potencial de abuso que la marihuana, por lo que la prohibición federal actual de la marihuana no se alinea con la opinión del público.

    Las ventas minoristas de marihuana recreativa en EE.UU. pueden alcanzar los $ 8.7 mil millones en 2021, frente a los $ 6.7 mil millones en 2016. A medida que crece el interés en otros cannabinoides, como el cannabigerol o CBG, que algunos promocionan como el nuevo CBD, también crece la necesidad de realizar más investigaciones médicas sobre el cannabis.

  • El impacto económico de la industria del cannabis en EE. UU. podría alcanzar los 130 mil millones de dólares en 2024

    Después de las elecciones de noviembre, 4 nuevos estados (Nueva Jersey, Dakota del Sur, Montana y Arizona) se unieron a Colorado y Washington y otros 9 como estados que legalizaron el cannabis medicinal y recreativo.

    Todas las iniciativas de votación que involucran la despenalización o legalización de la marihuana fueron aprobadas en las elecciones de 2020 . Los votantes en Nueva Jersey y Arizona optaron por legalizar la marihuana para uso recreativo de adultos. Mississippi votó a favor de legalizar el uso de marihuana medicinal y Dakota del Sur legalizó la droga tanto para uso recreativo como médico. Nueva York y Nuevo México se convirtieron en los dos últimos estados en legalizar la marihuana recreativa. Ambos estados aprobaron medidas en marzo de este año.

    Fuente: DISA Global Solutions

    Aproximadamente un mes después de las elecciones, la Cámara controlada por los demócratas aprobó la ″ Ley de Reinversión y Eliminación de Oportunidades de Marihuana ″ o la Ley MORE. Este proyecto de ley legalizaría la marihuana a nivel federal e implementaría amplias regulaciones y reformas en torno a la droga.

    A pesar de ser un fenómeno social controvertido, la industria del cannabis es sin duda un campo lucrativo y emergente. Su legalización traerá importantes ingresos fiscales, generará miles de empleos y ayudará a eliminar la disparidad económica y racial entre las diferentes comunidades. La industria del cannabis está preparada para ser un contribuyente invaluable para la economía estadounidense y mundial.

    Estos cambios legales han generado una industria floreciente de empresas legales de cannabis, incluidas las que tienen como objetivo investigar y desarrollar productos médicos a base de cannabis, las que trabajan para distribuir y cultivar marihuana, y muchas otras. En total, más de la mitad de los estados de EE. UU. tienen leyes sobre la marihuana medicinal.

    Fuente: Marijuana Business Factbook

    Las empresas estadounidenses de marihuana podrían inyectar hasta $ 130 mil millones anuales en la economía de los EE. UU. Para 2024, una cifra asombrosa que resalta el verdadero alcance de la industria del cannabis de la nación.

    Las estimaciones publicadas en el recientemente publicado Marijuana Business Factbook muestran que el impacto económico total de las ventas legales de cannabis aumentaron de $ 38 mil millones a $ 46 mil millones en 2019 a $ 106 mil millones a $ 130 mil millones para 2024, un aumento del 181%. En comparación, la cifra de $ 130 mil millones es similar al producto interno bruto de Nebraska en 2019, que asciende a $ 129 mil millones, según la Oficina de Análisis Económico de EE. UU.

    En otras palabras, por cada $ 1 que los consumidores / pacientes gasten en dispensarios y tiendas recreativas de marihuana, se inyectarán $ 2.50 adicionales de valor económico en la economía, en gran parte a nivel local.

    Los negocios de marihuana afectan la economía positivamente de muchas maneras: los turistas visitan los estados recreativos para comprar y consumir cannabis, la creación de sitios de cultivo, dispensarios / tiendas de recreación y empresas de productos infundidos estimula la actividad inmobiliaria y de la construcción. Muchos cultivos, por ejemplo, ocupan espacio de almacén que anteriormente estaba vacante, mientras que una buena parte de los minoristas se hicieron cargo y renovaron los escaparates en ruinas. Por último, las empresas de cannabis pagan colectivamente cientos de millones de dólares en impuestos estatales y locales, que financian proyectos como carreteras y hospitales rurales, así como programas gubernamentales como la educación.

    Según un estudio de RCG Economics, la legalización de la marihuana recreativa crea 6,208 nuevos puestos de trabajo a tiempo completo en el comercio minorista y la producción de marihuana y genera un ingreso laboral total de $ 260,732,000. Además de los trabajos directos en el comercio minorista, la industria tiene innumerables trabajos inducidos indirectamente, incluidos marketing, analistas de datos, abogados, profesionales de la salud, etc. Leafty, un centro de información sobre cannabis, afirma que la industria puede generar 211.000 puestos de trabajo en Estados Unidos. Este número superó al de la minería del carbón (52,000) y la fabricación de textiles (112,000) en solo años después de la legalización de la marihuana.

    La legalización de la marihuana tiene impactos sociales que se traducen en crecimiento económico. A medida que el cannabis se convierte en una sustancia más aceptada, su uso se vuelve menos tabú. Además, las personas pueden comprar cannabis en dispensarios legales regulados, que ofrecen cannabis más seguro con un THC inferior al 3% para minimizar el daño y la adicción. Como resultado, la marihuana se vuelve menos destructiva socialmente. Se gasta menos dinero en condenar delitos innecesarios, sino en bienes públicos para promover el crecimiento económico. Con una regulación clara y un escrutinio cuidadoso, la industria del cannabis puede ser un campo poderoso que puede ofrecer beneficios económicos y sociales a los EE. UU.

  • Los dolorosos costos no calculados que produjo el enfrentar la pandemia

    A fines de diciembre, Associated Press informó que 2020 estaba en camino de convertirse en el año más mortífero en la historia de EE. UU. con un pronóstico de que el número total de muertes aumentará un 15 por ciento en comparación con 2019, donde el Centro de Control y Prevención de Enfermedades  de los US (CDC) contabilizó 2.854.838 muertes en todos los Estados Unidos. Pero las cifras preliminares sugieren que Estados Unidos está en camino de ver más de 3,2 millones de muertes el año 2020, o al menos 400.000 más que en 2019, que se supone principalmente debido a la pandemia de coronavirus. Sin embargo, también hubo varios otros factores contribuyentes más pequeños, que incluyen un mayor número de muertes por enfermedades cardíacas y circulatorias, así como por la crisis de opioides del país.

    Incluso antes de que llegara el coronavirus, EE. UU. estaba en medio de la epidemia de sobredosis de drogas más mortal de su historia. Los datos para todo 2020 aún no están disponibles, aunque el CDC ha informado más de 81,000 muertes por sobredosis de drogas en los 12 meses que terminaron en mayo del 2020, lo que la convierte en la cifra más alta jamás registrada en un período de un año.

    Los expertos creen que la interrupción de la pandemia en los servicios de tratamiento y recuperación en persona puede haber sido un factor. También es más probable que las personas consuman drogas solas, sin el beneficio de un amigo o familiar que pueda llamar al 911 o administrar medicamentos para revertir la sobredosis, dadas las medidas de aislamiento impartidas.

    Pero quizás un factor más importante que las mismas drogas haya sido que el COVID-19 causó problemas de suministro a los traficantes, por lo que posiblemente se haya estado mezclando fentanilo de bajo costo y mortal , con heroína, cocaína y metanfetamina, dijeron los expertos.

    «No sospecho que haya un montón de gente nueva que de repente comenzó a consumir drogas debido a COVID. En todo caso, creo que la oferta a las personas que ya consumen drogas, está más contaminada «, dijo Shannon Monnat, investigadora de la Universidad de Syracuse que estudia las tendencias de sobredosis de drogas.

    Si bien se ha demostrado que las medidas de seguridad como la cuarentena y el distanciamiento social reducen la propagación, desde el  CDC dicen que «el potencial de resultados adversos sobre el riesgo de suicidio es alto». Ahora que llevamos casi un año en la pandemia, el Dr. Charles Pemberton, consejero clínico local de terapia familiar de Dimensions Family Therapy, dice que están viendo más suicidios en casi todos los grupos de edad. “Nuestra población de ancianos tiene una enorme tasa de suicidios. Si escuchas a alguien decir eso, no lo ignores ‘, dijo Pemberton.

    Si bien la tasa de suicidios para 2019 se redujo en un 2,1%, un total de 833 muertes menos, respecto al año anterior, los expertos dijeron que este progreso podría descarrilarse por la pandemia de coronavirus. Los efectos del COVID-19 sobre el suicidio no se podrán medir durante algún tiempo, pero se espera que las tasas hayan aumentado durante 2020 a medida que empeora la salud mental. De acuerdo a la poca data al momento suministrada por el CDC, el número de suicidios a la fecha, ya revelan que la cifra que iba en descenso, no sólo se mantuvo respecto al año anterior, sino que se incrementó.

    Estados Unidos también experimentó su año más violento en décadas con un aumento sin precedentes de homicidios. El Archivo de Violencia con Armas informó que más de 19,000 personas murieron en tiroteos o incidentes relacionados con armas de fuego en 2020, la cifra más alta en más de dos décadas.

    El analista criminalista con sede en Nueva Orleans, Jeff Asher, examinó más de cerca el número de asesinatos en 57 ciudades estadounidenses importantes y descubrió que el número de delitos aumentó en 51 de ellos. Solo se centró en las agencias donde había datos disponibles y la mayoría de ellas tenían cifras hasta noviembre o diciembre de 2020. El crecimiento de los delitos violentos varió según la ciudad; Seattle experimentó un aumento del 74 por ciento en los homicidios entre 2019 y 2020, mientras que Chicago y Boston vieron crecer sus delitos. 55,5 por ciento y 54 por ciento, respectivamente. En otros lugares, Washington D.C. y Las Vegas vieron un crecimiento en sus delitos de asesinato, aunque a un ritmo más lento de menos del 20 por ciento.

    El recuento de homicidios de Nueva York aumentó casi un 40 por ciento y el alcalde Bill de Blasio afirmó que las cifras deberían preocupar a todos los neoyorquinos y que tiene que detenerse. Atribuyó la situación «en parte, al coronavirus y al hecho de que la gente está encerrada», según NPR, y agregó que «ciertamente está relacionado con el hecho de que el sistema de justicia penal está en pausa y eso está causando muchos problemas. «. El aumento de los homicidios no se ha limitado a las ciudades y Asher dice que el problema también es cada vez más rural. Le dijo a NPR que las cifras para 2020 no son de ninguna manera definitivas y que las estadísticas oficiales de fin de año contarán una historia sorprendentemente sombría. También dijo que Estados Unidos está en camino de lograr el mayor aumento en un año en su recuento de asesinatos jamás registrado.

    Se ha analizado la data disponible en los US, para analizar los efectos no deseados ni suficientemente atendidos producto de las medidas tomadas para enfrentar la Pandemia. En Panamá, no hay data accesible y disponible para hacer este mismo análisis, aunque no debería extrañarnos que encontráramos similares comportamientos.