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  • Panamá y su revolución en el café de especialidad: del terroir al podio mundial

    En los últimos años, Panamá ha logrado posicionarse como una de las referencias mundiales en el ámbito del café de especialidad. Ajustando su mirada hacia la calidad más que al volumen, el país centroamericano ha combinado condiciones naturales privilegiadas —altitudes, suelos volcánicos, microclimas— con innovación agronómica, trazabilidad y una cultura productiva colectiva que ha permitido escalar premios y récords internacionales.

    Un ecosistema único para el café premium

    Las regiones de Boquete, Tierras Altas, Renacimiento y Dolega, en la provincia de Chiriquí, constituyen el corazón del café de altura panameño. Allí, la confluencia de suelos ricos, altitudes entre 1 500 y más de 2 000 metros, lluvias bien distribuidas y brisas que suavizan las temperaturas crean un “terroir” difícil de replicar. Ese entorno natural, mediado por productores con alta especialización, da como resultado cafés con perfiles aromáticos florales, notas frutales delicadas, vivacidad en acidez y una claridad inusual en taza.

    Pero el mérito no es solo del entorno natural: muchos caficultores han profesionalizado su labor, dominando catación, procesos de fermentación controlada, secado de precisión y trazabilidad genética. Esta atención milimétrica permite que sus lotes logren puntajes superiores a los 90 puntos —umbral para considerarse “de especialidad”— con frecuencia sostenida en competencias internacionales.

    “Best of Panama”: plataforma de excelencia y subastas globales

    La puerta de entrada del café panameño al mundo es, sin duda, el concurso Best of Panama (BOP), organizado por la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP). Cada año, los mejores lotes de diferentes categorías —Geisha (lavado y natural), Pacamara, tradicionales, varietales— compiten en rigurosas catas evaluadas por jueces locales e internacionales. Los ganadores luego se subastan mundialmente, atrayendo compradores de Europa, Asia, Oriente Medio y América.

    La fama de Panamá se ha cimentado en esas subastas. En la edición de 2025, por ejemplo, un lote de Geisha Washed de la Hacienda La Esmeralda fue vendido por 30 204 dólares por kilogramo, estableciendo un nuevo récord global.  Esta cifra, jamás antes vista en la historia del café de especialidad, y no sólo en Panamá, ratifica cómo el mundo del café premium valora no sólo el origen, sino la narrativa, el control total de la cadena y la excelencia sensorial.

    De hecho, esa puja récord no es algo accidental: de los 50 lotes subastados en esa edición, 30 superaron los 1 000 USD por kilo. Y en otras versiones anteriores del BOP, lotes de Geisha han vendido por más de 1 000 USD la libra, haciendo de Panamá sinónimo de exclusividad cafetera.

    Innovación, colaboración y mirada al futuro

    Uno de los pilares del éxito de Panamá con el café de especialidad radica en el modelo colaborativo entre productores. A diferencia de otros países donde domina la competencia fragmentada, en Panamá se favorece el intercambio de conocimientos, la profesionalización colectiva, y la adhesión a estándares de calidad comunes. Además, existe un incentivo legal: cualquier persona puede convertirse en exportador incluso con pequeños volúmenes, lo que democratiza el acceso al mercado global.

    El 2025 también marcó otro hito: durante el BOP se anunció que Panamá será sede del World of Coffee 2026, el congreso internacional más importante del sector, y será la primera vez que se realice en Latinoamérica. Esta elección reafirma el protagonismo del país como epicentro global del café gourmet.

    Dentro del país, eventos como La Cosecha refuerzan la conexión entre el productor, el consumidor y el turista. En 2025, por primera vez, La Cosecha abrió su experiencia al público mediante paquetes turísticos, permitió visitar fincas emblemáticas y destacar la cultura cafetera como componente turístico-sensorial.

    Un camino de más que café

    El caso panameño trasciende la producción agrícola: es una historia de transformación cultural, científica y comercial. En apenas tres décadas, tras décadas de producción convencional, Panamá ha redefinido el café como lujo, cultura y obra artesanal. En ese trayecto, su especialidad (con el Geisha como emblema) ha servido para guiar la evolución global del segmento premium del café.

    Hoy, cada taza panameña que se consume en Europa, Asia o Norteamérica lleva consigo una narrativa de altura, de trazabilidad, de pasión y de un pequeño país que apostó por calidad en lugar de escala. Esa apuesta, respaldada por premios, récords y reconocimiento, inspira no solo a baristas y tostadores, sino también a productores de otras latitudes que sueñan con elevar su café más allá del convencional.

  • Emprendedurismo desde la perspectiva libertaria: Kirzner vs. Schumpeter

    El emprendedurismo es uno de los motores fundamentales del progreso económico y social. Sin embargo, no todos los economistas lo han entendido de la misma manera. Desde una perspectiva libertaria, el análisis del emprendedor se centra en su rol como descubridor de oportunidades en un mercado libre, donde la innovación y la competencia son los instrumentos que impulsan la creación de riqueza. Dos de los autores más influyentes en la teoría del emprendedurismo, Israel Kirzner y Joseph Schumpeter, ofrecen visiones contrastantes que, en conjunto, iluminan las complejidades del fenómeno.

    Israel Kirzner: el emprendedor como descubridor

    Para Kirzner, representante de la Escuela Austríaca de Economía, el emprendedor no es necesariamente un inventor o un disruptor radical, sino un descubridor de oportunidades. Su principal aporte reside en la noción de “alertness” o estado de alerta: la capacidad de percibir discrepancias entre los precios, las preferencias de los consumidores y la disponibilidad de recursos.
    En un mercado dinámico, las imperfecciones y errores son inevitables. Los emprendedores kirznerianos detectan esas ineficiencias y las aprovechan, coordinando mejor la oferta y la demanda. Por ejemplo, alguien que nota que un producto muy demandado en un barrio no tiene suficiente oferta puede crear un negocio para satisfacer esa necesidad. El beneficio económico surge de haber reducido la descoordinación previa.

    Desde un enfoque libertario, esta visión es atractiva porque no requiere intervención estatal: el propio mercado, a través del emprendimiento, corrige sus desajustes. Además, resalta la importancia de la libertad económica como condición necesaria para que los emprendedores puedan actuar y descubrir.

    Joseph Schumpeter: el emprendedor como destructor creativo

    En contraste, Schumpeter concibe al emprendedor como un agente de innovación disruptiva, capaz de transformar industrias completas mediante lo que él denomina “destrucción creativa”. Para este autor, el emprendimiento es el motor de los ciclos económicos: nuevas tecnologías, productos y métodos desplazan a los antiguos, generando crecimiento a largo plazo, aunque con períodos de inestabilidad.

    El enfoque schumpeteriano subraya la figura del emprendedor como héroe económico, pero su énfasis en la disrupción lo aleja de la visión coordinadora de Kirzner. Desde la óptica libertaria, Schumpeter inspira admiración por la creatividad individual, pero también plantea un reto: la destrucción creativa puede generar resistencia política y tentaciones intervencionistas cuando sectores desplazados buscan protección estatal.

    Un contraste libertario

    La combinación de ambas perspectivas ofrece una lectura rica para quienes defienden la libertad económica. El emprendedor kirzneriano representa la eficiencia incremental y la coordinación social, mientras que el emprendedor schumpeteriano encarna la innovación radical y el cambio estructural.
    Un mercado verdaderamente libre necesita de ambos: de quienes corrigen errores cotidianos y de quienes rompen con el statu quo para abrir nuevas fronteras.

    El riesgo de las intervenciones estatales es que sofocan tanto la coordinación como la innovación. Regulaciones excesivas, subsidios mal diseñados o impuestos punitivos no solo limitan la capacidad de los emprendedores para actuar, sino que distorsionan las señales de precios que permiten descubrir oportunidades. En cambio, un marco institucional basado en propiedad privada, contratos libres y competencia abierta maximiza la probabilidad de que los emprendedores florezcan.

    Se necesita mayor libertad económica

    El emprendedurismo, visto desde la perspectiva libertaria y austríaca, no es solo un fenómeno económico, sino un pilar de la libertad individual y del progreso social. Kirzner nos enfatiza en que cada oportunidad detectada y explotada mejora la coordinación en la economía; Schumpeter nos inspira a ver al emprendedor como un transformador que rompe moldes y crea riqueza nueva.
    Ambas visiones coinciden en un punto esencial: la creatividad humana florece cuando el mercado está libre de trabas, y es allí donde el emprendimiento revela su potencial como motor de desarrollo y prosperidad.

  • Medida de Éxito de una Economía

    Recién, un connotado economista en Panamá declara que “la verdadera medida del éxito de una economía es su capacidad de generar empleos” pero, el asunto no es tan simple. Los empleos pueden ser un indicador de la salud económica pero no son “la medida de su éxito. No existe una clara medida del éxito o valor de las cosas. Hoy día, que la ciencia y la robotización van mermando el empleo tradicional, ¿acaso dirán que es un fracaso económico?.

    Para algunos, tal como yo, el mejor indicador del éxito se da a partir del grado de libertad de emprendimiento y, ahorita, eso va quedando muy patente en Argentina, en dónde ya redujeron de 24 ministerios a 8, con lo cual la economía se está disparando. La razón es más que simple… economía y gobierno no son sinónimos. Los gobiernos, ante todo, son entidades de seguridad y mejor es que dejen los asuntos económicos a los emprendedores y a la comunidad. Los gobiernos jamás deben hacer por el pueblo lo que el pueblo puede y debe hacer por cuenta propia; pues, de lo contrario lo anula.

    En Panamá, por ejemplo, los gobiernos pasados centraron su política económica en la teoría Keynesiana, según la cual el gasto gubernamental sería el motor económico cuando el mercado y las empresas trastabillan. ¡Qué linda idea para los zorros del gallinero!

    El elemento medular socioeconómico ocurre a partir de la familia, que es el núcleo de una sociedad, sin la cual sin la cual el país zozobra. Visto así, ¿cuán sana es la economía panameña cuando el 90% de niños nace fuera del matrimonio y se desarrollan sin una figura paternal?

    La gran mayoría en Panamá no sabe que la educación se centralizó con la creación del Ministerio de Educación en 1941, y muy pocos ven o advierten los motivos tras ello. Era la época del eugenismo con el cual Hitler buscaba mejorar la calidad genética del pueblo alemán cuyo coletazo llegó hasta Panamá.

    La idea era moldear a los niños a la imagen y semejanza del llamado “progresismo” que buscaban darles dirección y control a las masas. Dicha realidad quedó plasmada en nuestra constitución; esa que muchos leen y pocos entienden; tal como el Artículo 97 que habla sobre “la educación laboral…” ¿Sabes lo que es educación laboral? Y también habla de educación de emprendimiento. ¿Crees que el MEDUCA puede y enseña a ser emprendedor?.

    La constante universal es el cambio y es la obsolescencia la cual crea crisis y nos obliga a innovar, y ello es la esencia del emprendimiento; de manera que, decir que la medida del éxito de una economía está en su capacidad de generar empleo no es real; y ello cobra relevancia difícil de visualizar en el futuro abrumador presente y eminente.

    Y tal vez debo reincidir con algo que repito incansablemente, dado que es incansablemente ignorado o, peor… toreado; y me refiero a que el éxito económico de una nación está íntimamente ligado a la riqueza que existe dispersa entre su gente y que los sistemas centralistas dificultan o, aún, rechazan, porque les cierra las puertas de los gallineros, con sus posturas y sus aves de corral.

    El secreto del éxito de las competencias, sean económicas, deportivas y de cualquier clase, está en darles rienda suelta, ya que ningún gobierno tiene la capacidad de saber quiénes son y por dónde andan los exitosos. Triste que las noticias en Panamá suelen girar en torno a lo que hacen los zorros del gallinero y no las gallinas, que son las que ponen huevos. 

  • Ni el MEDUCA ni la U de Panamá pueden enseñar a ser empresario

    No se requiere una licenciatura para ser para ser exitoso en los negocios. Y, absurdo creer que los funcionarios públicos del MEDCA sabrán cómo desarrollar el espíritu empresarial en sus estudiantes. Lo que sí lograrán infundir en ellos es el desorden que hoy día han estado promoviendo en los cierres de calles. Debemos ver y entender que no puedes entrenar a una persona a ser empresario; y menos en el país del “no a la privatización”, en el cual el gobierno lo tenemos metido hasta en nuestros retretes. En fin, el emprendimiento es una actividad social de distribución del trabajo productivo entre la comunidad; lo cual no se logra cuando dicho intercambio es secuestrado por los gobiernos. La interacción social se da primariamente en la familia, el barrio y tal; pero la función gubernamental primaria es la de dar la seguridad necesaria para que pueda prosperar la actividad social; lo cual se pierde cuando los gobiernos dejan su rol de árbitros para volverse perversos actores en el mercado.

    La realidad a menudo deambula por curiosos laberintos. Imagínense que personajes como Steve Jobs, Bill Gates, Elon Musk, Richard Branson, Jeff Bezos y empresarios exitosos en Panamá tienen en común y quedarán muy sorprendidos. Nos cuenta Douglas French del Mises Wire, que Branson sufría de dislexia y fue malísimo en la escuela, tal como lo fui yo, que como Branson, no me gradué de la Universidad; aunque no se me ocurre compararme con él. Steve Jobs desertó la universidad, lo mismo que Bill Gates. Y el caso de Bezos que se graduó de ingeniero eléctrico. U Oprah Winfrey quien ganó tres Emmy antes de graduarse.

    En mi caso, tuve la oportunidad de involucrarme en una gran cantidad de actividades no sólo empresariales y gubernamentales, aviación, educación, actividades marinas, en el arte de la pintura, la poesía, la composición de canciones, cocina, la escritura, y muchas otras más. Suelo contar que luego de pintar no tan mal con carboncillo, un día me encontré con un libro de como pintar a carboncillo y lo leí todo, pero… curiosamente, ya en la práctica y por cuenta propia había aprendido prácticamente todo lo que el libro enseñaba; lo cual me trae a mente el caso del empresario Booker T. Washington, un negro nacido esclavo que, entre muchas otras, aprendió a leer y escribir solito.

    Lo otro que me ha quedado luego de tantos caminos trillados es que mis actividades no siguen caminos trillados por otros sino que aprendí por mi cuenta, a mi ritmo y entusiasmo. Es como lo que me ocurrió al ir a registrar mis canciones y una funcionaria me preguntó cuál era el género de mis canciones; le dije: “Ni idea”, déjeme consultar con mi hijo, que es compositor graduado de la U de Carolina del Norte. Cuando le pregunté, estaba con otro profesor de música y se pusieron a discutir el genero de mi música, y hasta el día de hoy no concuerdan. Le dije a la funcionaria… “típico” y ¿vaya usted a ver que es típico. Típico mío, será.

    En fin, el buen empresario actúa frente a frente a lo desconocido; tal como mi padre, Irving Bennett, que montó en Novey la primera ferretería en Panamá y probablemente en toda Latinoamérica que sacó toda la mercancía de los depósitos y la expuso a la clientela. Lo curioso es que cuando lo propuso a los socios, estos, junto a muchos amigos le advertían: “Irving, no puedes hacer eso, te van a robar todo.” No fue así y el primer año Novey cuadruplicó sus ventas. ¿Crees que en el MEDUCA enseñan eso? 

  • ¿Qué entendemos por empresa?

    Respondiendo la pregunta del título, diría que “muy poco”; basado en el “no a la privatización” que es mantra en nuestra hermosa Panamá. Quien bien explicó lo que es la “empresa” o “emprendimiento” fue Richard Cantillon en 1755, considerado una figura fundacional en la economía y quien definió al empresario como alguien que asume riesgos comprando bienes a precios conocidos y especulando vendiéndolos a precios inciertos. ¡Ah, sí!, especular es ver y pensar o meditar acerca de algo. Y “empresario” es quien emprende o inicia una aventura harto incierta y riesgosa. Estar en contra del emprendimiento a la vez que se demandan subsidios es engaño politiquero y es el camino a la servidumbre.

    En 1274 hubo claridad en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, quien abordó el tema de lo económico desde la perspectiva de la justicia en los intercambios mercantiles. Y luego le siguieron los clérigos escolásticos. Tristemente, luego de ello devino el pensamiento llamado progresivo; el cual, en realidad es una regresión. Menos mal que en 1962 Murray N. Rothbard publicó su magna obra El Hombre, la Economía y el Estado, en la cual nos advierte acerca de las torcidas visiones de la degeneración progre del pensamiento económico, moral y social; mediante la cual los promotores de la gobernación centralizada dominaron el panorama económico. Este es el mal que nos infecta hoy día en Panamá.

    Hoy día, que tanto preocupa lo que paga el consumidor en las tiendas y tal, nos hemos olvidado de lo que nos advertía Carl Menger en 1871; quien se había dado cuenta que los precios del mercado, incluyendo salarios, rentas y tasas de intereses eran el resultado del juicio de cada quien, de quienes producen y vende y de quienes compran. Visto así, bien podemos descubrir lo que es la empresa, producir y ahorrar; es decir, poner la paila con lo que ganamos.

    Pero, cuando una clase política que hemos ungido con poder gubernamental bajo la titulación de “autoridades”, en vez de concentrar sus esfuerzos gubernativos en crear las mejores condiciones bajo las cuales la población puede dar riendas sueltas a sus actividades mercantiles en una división del trabajo, se dedica a la creación de gobiernos mandones y regalones, ello destruye el sano emprendimiento.

    En el primer párrafo de este escrito vimos que la creatividad está preñado de riesgo; ya que es algo como el pescador que cada vez que sale al mar debe batirse con las tormentas y la incertidumbre de la pesca. Y que jamás deben ser los políticos y sus funcionarios los que salen a pescar; ya que ésa es función de Juancho Pescador. Y no es lo mismo gobernar que pescar.

    Cuando los gobiernos están metidos hasta la coronilla en actividades propias del mercado o la empresa; tal como vender agua, energía, transporte, educación y tal, dejando la función de crear las condiciones propicias para convertirse en el actor central o ‘empresario ilegítimo’. todos perdemos.

    ¿Cómo puede un gobierno cumplir con artículos constitucionales como el 47, que garantiza la propiedad privada, cuando luego la misma constitución pare otras normas populistas que controlan los precios, obligándote a vender lo tuyo a precio de politiqueros que están empeñados en ganar votos? Me refiero a salarios mínimos, descuentos a jubilados y tal. Y no contentos con eso, disponen toda clase de disque subsidios que cuando creen desastres económicos ya sus autores se habrán fugado.

    Luego el artículo 49 que garantiza la calidad y resarcimiento por daños. ¿De verdad crees que el aparato político gubernamental te garantizará calidad y dará resarcimiento cuando sus torcidas leyes, coimas, robadera y otros abusos te llevan a la quiebra?

  • Panamá a la sombra de Panamá la Vieja

    Los seres humanos pasamos nuestras vidas recluidas en el intramuros de la frágil fortaleza de nuestra imaginación; mientras que el país decanta por los vertederos de la corrupción institucionalizada. Así es la sociedad en la cual vemos al mundo a través de los lentes de nuestra ignorancia mientras soñamos con carnavales y favores políticos. Y luego, celebramos los discursos de políticos independientes con la casi certeza de que el rancio centralismo seguirá marcando el compas de los desfiles patrios que auguran la entrada del nuevo partido que será tan viejo como las ruinas de Panamá la Vieja.

    Y no es que vivamos en una realidad estanca. No es que a diario no surgen nuevas realidades… ¡vaya si no las hay!, el problema es que cambiar “los viejos senderos torcidos que el pie, desde la infancia,” sin treguas recorrió, es harto difícil. Panamá esta profundamente dividida entre la sociedad forjada en el centralismo, un sector empresarial que lucha desesperadamente por sortear las riadas burrocráticas y el Panamá cuyo Canal ya no sólo es el marítimo sino uno terrestre entre páramos que arden en llamas y la esperanza de una mejor vida.

    Detrás de todo ello está la realidad de una costumbre gubernamental administrativa insostenible, como insostenible es la Caja del (supuesto) Seguro Social. Todas las sociedades van y vienen como las mareas y la marea en Panamá va de retirada en época de aguaje; en dónde, desde la Avenida Balboa se descubre el extenso lodazal de cieno de nuestra indolencia.

    La novedad que se agita en nuestro medio son los nuevos medios de comunicación en dónde ya los tradicionales diarios y la radio son “los árboles antiguos conocidos que al alma le conversan de un tiempo que pasó.” Y en ese vaivén entre la coima y el precio se va descubriendo el descaro de la corruptela política y en buena parte del alma de la ciudadanía crece la furia del atroz engaño. ¿Cómo no va a ser si cada bache de golpea el transporte nos repite una y otra vez, entre las llantas delanteras y las traseras: “corrupción, corrupción”?

    Y como bien señala un crítico del pensamiento político: “Una vez que la cultura política estrecha el sendero de la obscura triada, el narcisismo, Maquiavelismo, y la sicopatía, el resultado final no es sólo posible, sino inevitable.” B. Duncan Moench.

    El Panamá de ayer fue el Panamá de una rancia clase oligárquica que con el tiempo fue mutando y extendiéndose a la clase media y más allá. Hoy, las mansiones de lujuria no sólo están en los barrios exclusivos sin que brotan en los suburbios periurbanos como rosales en un campo de ortigas.

    El Panamá de hoy no reconoce ni celebra el emprendimiento como camino de prosperidad y bienandar, sino que practica la influencia en el servilismo. Ninguna sociedad puede funcionar desde el Palacio hacia abajo. Son tantos los politicastros que cacareando democracia practican la dedocracia del centralismo. Y todo ello desde las estancas aulas de un MEDUCA que mejor debíamos llamar NODUCA. En las escuelas gubernamentales no se aprende a emprender sino se enseña el servilismo y a decir cosas como “robó, pero dio al pueblo”.

    Ya el país no podrá seguir financiando su grotesco andar entre: estériles subsidios, llaves en manos, una planilla nacida en Cerro Patacón, feudales instituciones, una CSS que de “seguro” sólo tiene el colapso, un código de trabajo que asegura el desempleo, una constitución que no constituye sino pobreza… mejor lo dejo allí que si no me entienden a poco ya entenderán.

  • Jesús y los empresarios

    En escrito anterior he presentado el gravísimo problema cultural que agobia a tantos en nuestra tierra panameña que han sido víctimas del grave engaño de autoridades políticas, incluyendo presidentes, que distraen la atención de sus malandares acusando a los empresarios; con lo cual se va creando una división y lucha de clases. Muchos se sorprenderán el que, en la historia de José, María y su hijo Jesús, hay grandes lecciones de empresarialismo; comenzando por la profesión de José, quien, como carpintero, construía casas. Al respecto, Llewellyn H. Rockwell Jr., fundador y presidente del Instituto Mises en Auburn, Alabama, nos trae a colación las importantes y esenciales lecciones de emprendimiento y el rol de la riqueza en la sociedad.

    El ataque a los empresarios o empresarialismo, viene desde siempre y en el caso de José y María, viene en la tergiversación según la cual malos empresarios les niegan alojamiento en las posadas. La realidad es que se había producido una carencia de hospedajes debido al decreto romano dado el afán de llevar a cabo un censo y de cobrar impuestos. No tiene sentido de que los sitios de alojamiento rechazarían a clientes.

    La verdadera historia, vertida en los escritos de San Lucas, no dice que fueron “rechazados” sino que relata la caridad de un empresario cuyo alojamiento estaba lleno y les ofreció lo único que pudo, sus establos. El relato ni siquiera entra a detallar si les cobró. Muy triste que en esta inmensa historia se perdiese su verdadero valor, el de la caridad o, simplemente, la sensibilidad social de un emprendedor para con una pareja de viajeros.

    Lo anterior me hace recordar algo muy curioso que ocurrió en el entierro de nuestro abuelo materno, George Francis Novey Stuart, fundador de las empresas Novey. Recuerdo a mi madre preguntar a ciertos asistentes al entierro, personas que no conocíamos, la razón de su asistencia; y, la cantidad de estos que relataban acerca de ayudas que el su papá les había dado.

    Pero la historia va mucho más allá; a cuando el abuelo Novey, que llegó a Panamá como cadenero de agrimensura en la construcción del Canal, y que eventualmente estudió ingeniería y se inició en afanes de emprendimiento, un día se encontraba en un bar, tomando unos tragos; cuando un señor en mesa vecina se la acercó y le preguntó: ¿Qué le ocurre, señor, que le veo con cara triste? El abuelo le contestó al extraño que no sabía cómo llegar a casa y decirle a su esposa, Amalia Garrido, que lo había perdido todo en unos negocios. El extraño le preguntó: “¿Y cuánto perdió, señor? Según tengo entendido, el abuelo le dijo que $6,000, que en esa época era mucho dinero. Entonces el extraño sacó una chequera y le hizo un cheque por la cantidad. El abuelo le aseguró que le pagaría; pero el extraño le contestó: No podrá pagarme ya que sólo estoy de paso. Págueles a otros que lo necesiten. Y fue así que entendimos la cantidad de extraños que llegaron a dar sus respetos a George Novey.

    Curioso que en el caso de Jesús su padre fuese constructor de casas, y en el caso de George, este también era constructor. Lo otro que siempre me llamó la atención, es que el abuelo Novey tenía una política de no contratar con nuestros gobiernos; ya podrán imaginarse la razón. Años más tarde luego de su fallecimiento, cuando me tocó ser miembro de la directiva de Novey y Richard Novey, presidente de la empresa, me mandó al ministerio de Comercio a hablar con el ministro, para informarle que su viceministro nos quería coimear. Al vice lo castigaron cambiándolo de puesto; y, nosotros refrescamos la lección del abuelo.

    En cuanto a los tres reyes en la noche, el rey Herodes les mintió, diciéndoles que él quería adorar al Redentor y que, por favor, le informaran dónde estaba. ¡No!, lo quería asesinar; y los reyes magos que no eran tontos, regresaron por otra ruta sin ir a ver a Herodes.

    En resumen, empresarios somos todos y, como es la vida, una minoría son torcidos y se van a la política y al gobierno porque como emprendedores se morirían de hambre.

  • Sin empresarialismo no hay ni concolón

    Ahora, ¡de pronto!, parecemos despertar a la crítica situación de la antigua Aspinwall y hoy Colón y en ello saltan toda clase de propuestas de “solución”, pero, como siempre, las más fundamentales soluciones ni asoman en el discurso ciudadano y menos en el político. Me refiero a tema del empresarialismo, sin el cual no hay salida de la pobreza y no sólo Colón sino todo Panamá ira perdiendo camino; lo cual es lastimoso ya que tenemos muchas ventajas, pero vivimos sumidos en los arrabales de la lujuria de la corrupción endémica.

    El empresarialismo ser refiere a quienes organizan, administran y se toman el riesgo de montar una empresa, sea esta mínima o grandota. Lástima que, en nuestro país, desde siempre, los politicastros zorros del gallinero se han dado a la tarea de vilipendiar ese elemento sine qua non del desarrollo económico y social; vale decir, el emprendimiento privado o el empresarialismo como lo llamo. En vez, lo que han promovido los zorros de gallinero es la hegemonía del centralismo; ese que vemos en las pancartas de Colón y otros sitios, en los cuales la población clama cosas como: “Exigimos que el gobierno venga a resolver…”

    Imagínense que en el gallinero las gallinas salgan con pancartas pidiendo que vengan los zorros o zorras a poner orden y resolver los problemas. Ciertamente lo harán, el asunto es, ¿los problemas de quién?

    El otro ataque que es común es el de acusar de que los empresarios se quieren hacer ricos. Siíiii… eso no sólo es deseable sino necesario en toda empresa exitosa. El emprendedor que sólo quiere ganar un poquito casi que tiene asegurada la quiebra; ya que uno de los secretos del emprendimiento es el ahorro. Sin ahorro no hay para invertir, mejorar, mantener, y capear los malos tiempos.

    El ejemplo que guardo de mis padres y mis tíos en las empresas Novey, es de las muchas empresas que crearon y miles de plazas de trabajo. Pero jamás vi que ninguno de ellos viviera una vida de grandes lujos. Y hoy día, viendo el caso de Elon Musk, las cosas que está logrando para beneficio de toda la humanidad y, sin embargo, tampoco se dedica a una vida de lujos sino de inversiones y desarrollo.

    Entonces, regresando a Colón y a Panamá en general, ¿acaso vemos en la grotesca sobredimensión gubernamental un serio esfuerzo por promover el emprendimiento? ¿Promovemos el empresarialismo a través del NODUCA?, y del resto de las burrocráticas entidades gubernamentales?

    Ayer vimos llegar a una empresa de esas que quedaron precarias con las locas medidas covidosas, un grupo de funcionarios de salud a multar por faltas de higiene o tal. Lo mismo nos pasó un día cuando recién abrimos impecables nuestras oficinas. Y no, no buscan mejorar la salud sino… bueno, ustedes saben lo que buscan. Para rematar, luego llegó el banco y este sí cerró la empresa, dejando a 16 empleados en la calle. Por los vientos que soplan, pareciera que los bancos se están volviendo empresas inmobiliarias.

    En resumen, el término emprendimiento viene del francés “enterprendere” que significa “hacer algo” o darse a la tarea. Es la aventura de los negocios que depende de los ciudadanos y no de los politicastros. Estos últimos están para ayudar, pero más se la pasan en lo contrario.

    Más aún, el famoso economista Schumpeter hizo énfasis en lo que él llamó la “destrucción creativa”; esa que aprovecha los fracasos para aprender y superar con innovaciones. Eso es lo que puede salvar a Colón o Aspinwall, que es el nombre de quien fundó dicha ciudad. Un personaje de gran visión y arrojo emprendedor, sin el cual no existiría esa hermosa ciudad caribeña.