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  • La riqueza la produce el empresario, no el desgobierno

    La riqueza la produce el empresario, no el desgobierno

    Si cada día el dinero en tus bolsillos compra menos, ello, en buena medida, se debe al desgobierno. ¿Y a qué me refiero con “desgobierno”? No sólo a la robadera de los fondos públicos sino a su mal uso; ese que los malos políticos llaman “inversión” y que, en realidad, más a menudo de lo imaginado, no sólo es despilfarro sino “artilugio”, palabra que significa el arete del engaño, el llanto fingido y la trampa. Y lo peor es que gran parte de la población está convencida de que los “empresarios” son los malos de la película; y sí, hay empresarios malévolos que se hace amiguitos en el delito con torcidos gobernantes, pero la generalización es cosa mala. Imagínense, decir que ser empresario es malo nos deja varados en el desierto de una población con patología parasitaria.

    ¿Cómo fue que en tantos países los gobiernos se corrompieron? Para asomarnos a esa triste realidad, veamos el caso de los EE.UU., que, a pesar de ser el país más desarrollado del mundo también tiene sus gravísimos problemas de desgobierno y corrupción. Y cuando digo “desgobierno” no me refiero nada más al gobierno federal en Washington sino a los gobiernos de los estados o países con conforman la unión de Estados Unidos, esa que tantos ven como un país cuando en realidad son 50 países unidos en confederación.

    En épocas que se llevó el tiempo, el dinero no era papelitos de colores con numeritos pintados; los medios de intercambio eran cosas que tenían precio propio, tal como el oro, plata, cacao, café, sal o hasta la hija hermosa. Pero, en cierto momento los gobiernos comenzaron a apoderarse de los medios de intercambio, llamándole “dinero” a papelitos de color. Recuerdo cuando niño, que los dólares tenían una leyenda que decía “veinte dólares redimibles en oro”; oro que, supuestamente estaba guardadito en Fort Nox… ¡ja!

    En el caso de los EE.UU., el presidente Franklin Delano Roosevelt, que asumió la presidencia en 1933 y duró hasta 1945, sirviendo 4 períodos presidenciales en 12 años. Para muchos fue una maravilla de presidente, pero… otros cuentan que su política del “New Deal” o nuevo acuerdo o, diría yo, “nuevo enredo”, que supuestamente fue para combatir la crisis económica de esa época. La IA o AI dice que FDR creo 69 oficinas o agencias gubernamentales nuevas; yo he leído que llegaron a más de 100; entre ellas, Fanny Mae que llegó a ser la causa del desastre económico del 2008 del cual aún no hemos visto el último capítulo. Lo cierto es que hoy día la inflación la producen los gobiernos imprimiendo papelitos e interviniendo en asuntos ciudadanos que no son propios de la buena gobernanza. Lo deleznable es que hay muchos que culpan al empresario insaciable.

    El secreto básico de una economía descansa sobre la productividad, la oferta que crea demanda y no al revés, como muchos lo pintan. La oferta o producción, productividad, depende de una población educada con cultura de emprendimiento y no de servilismo y dependencia de un “robó pero lo dio al pueblo”. Si hoy fuésemos a comprar la casa o el carro pagando con vacas, les aseguro que quien vende la casa o el carro le miraría los colmillos al caballo. Lastimosamente hoy, no le miramos nada bien los colmillos a los zorros del gallinero. Más aún, votamos por los que tienen los colmillos más grandotes.

    Lástima que hoy ni el NODUCA, las iglesias ni casi nadie enseña economía; es decir la realidad del comportamiento humano. O, enseñan una economía chueca, tal como la keynesiana.

  • ¿Quién o Qué es un Empresario? Usando las palabras correctas

    James V. Shuls y Neal P. McCluskey, en su libro Luchando por la Libertad de Aprendizaje, comienzan su introducción advirtiendo una realidad que pocos advertimos; y es que nuestra relación con el mundo y el prójimo es a través de palabras y el entenderlas y usarlas bien es esencial. La realidad que señalo nos llega en las Escrituras:

    -En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1).

    ¿Qué nos advierten las Escrituras? Que el Creador y su Creación se nos manifiesta mediante palabras que son luz y entendimiento. La palabra está en todo lo creado y, en ello nos fue entregada la llave hacia un mañana inimaginable.

    Y… ¿qué tiene ello que ver con los “empresarios”? Todo, ya que si no entendemos la palabra y la usamos mal nos alejamos del camino. Y, en el vocablo “empresario” está la gracia de quien emprende un camino en la división del trabajo y la creatividad; y que ese camino que ofrece soluciones es harto riesgoso. Y triste que hoy le hayamos viciado el sentido y el propósito.

    Al alterar las palabras y la semántica corrompemos la realidad y pervertimos el alma. “Empresarios” o emprendedores somos todos los que, lastimosamente y por razones vagabundas e ideológicas vilifican hasta las bondades; presentando al emprendedor como “explotador codicioso”. Y aunque en el mundo hay corrupción, generalizarla en los “empresarios” es la corrupción de la palabra y de la realidad.

    Tristemente los corruptos sobran y hasta el mismo vocablo “corrupto” lo hemos torcido; ya que tal no es sólo quien roba, sino todo el o lo que deja de servir su función; sea el burócrata, el político, clérigo, rico y pobre. Las generalizaciones son odiosas y destructivas; a punto que tantos no desean ser aquello que debían ser. Por ello Panamá está repleta de emprendedores asiáticos.

    Luego, al corromper el alma de la comunicación desfiguramos hasta la misma Creación, creadora de riqueza; de lo que es rico o sabroso, lo sano, lo productivo, lo que da gracia y amor. El empresario es todo el que arriesgando su patrimonio ofrece servicios, empleo y satisface las necesidades de la vida. Pero al decir cosas como “robó, pero le dio al pueblo”, enaltecemos al mismo demonio; ese que al final termina generando más pobreza y sufrimiento.

    Semejantes distorsiones no son meramente casuales sino producto del pecado de la envidia y del odio que se arraiga en las comunidades que sufren; tal como hemos visto con el “kulak”, o campesino exitoso que en la USSR se convirtió en enemigo del pueblo, deviniendo en más de 50 millones en exterminio y muchos más en hambrunas y terror. Recuerdo pasajes históricos en pueblos de Rusia en que en la noche parecía nevar… pero no era nieve sino cenizas de los hornos en los cuales incineraban personas.

    Y mejor no vayamos a la Cuba en la cual “burgués” justificó las expropiaciones masivas que han dado lugar a la pobreza masiva. O tantos sitios en Latinoamérica, como en Venezuela, en dónde “empresario” es malo, mientras que a los verdaderos malos los ungen de “autoridades”; cuando sólo son autores del mal.

    En fin, recuperar el lenguaje es recuperar la libertad. El “empresario” sólo es una persona que lucha en la marejada de la vida. Y, si el Verbo se hizo carne para revelar al Padre, también nuestro verbo o palabra debe hacerse carne para revelar la verdad y el amor por el prójimo y la creación. Mejor apartemos los ídolos y al resentimiento y aprendamos a emprender y amar.

  • Ahorros y producción

    Se conocen como “bienes de capital” (BC) los activos que utilizan las empresas para elaborar sus productos y servicios; los cuales pueden incluir edificios, maquinaria, herramientas y equipos necesarios para producir y vender; pero, para tener BC tienes que lograr ahorros, cosa que la gran mayoría no ve ni entiende y, más bien creen que los empresarios exitosos usan todas sus ganancias para vivir bien; lo cual es disparate. Los billonarios usan menos del 1% de sus ganancias para vivir; el resto va dirigido a la producción y de allí es que derrama la economía que le llega a la comunidad.

    También hay que tener en cuenta que entre los recursos de producción están los empleados o trabajadores, y ello también requiere que el productor tenga ahorros y reservas para pagar los salarios y demás costos asociados. No más enfoquemos el trabajo y las inversiones que debe hacer una ganadero o agricultor para producir y generar buenos ingresos; algo que muy pocos logran.

    Visto lo anterior, enfoquemos la relación entre el gobierno y la economía, comparado con el emprendimiento y la economía. ¡Ah sí!, la palabra economía se refiere a la buena administración de los recursos disponibles; o, como me gusta decirlo: “cómo poner la paila con lo poco que te entra”. Y, para entender la relación entre el gobierno (gobernanza) y la economía del país debemos ver de que la función gubernamental es reguladora y no productora; lo cual no es fácil de advertir en un sitio como Panamá en el cual los gobiernos han usurpado el rol empresarial; pero no para producir sino para robar y en ello inculcaron el “no a la privatización”.

    Lo otro es que quien no produce no ahorra y, como los gobiernos no producen, tampoco ahorran; pero lo que sí hacen es dedicarse a despilfarrar los dineros impuestos que roban a los productores. Y peor aún, le llaman “inversiones”. O sea, que el Metro, que pierde millones, es una inversión. Sigan creyendo semejante boberías.

    Y sí, los economistas gubernamentales sacan toda clase de informes con datos que muestran lo berracos que son las disque “inversiones” de los gobiernos; pero, lo que no vemos es que los gobiernos son buenísimos despilfarrando los dineros que otros lograron produciendo con ahorros. Y tampoco entendemos que mientras más empresarios productivos hay, más derrama hacia sus empleados; y, esos, a su vez, son quienes sostienen a buena parte de la actividad económica o mercado. Lástima que hay tantos por allí que creen y cacarean que si le sacas más a los ricos para repartir a los pobres, sin que el pobre sea productivo, se mejorará la economía.

    Lo que sí serviría en la economía es que los gobiernos cumpliesen con su verdadera función de evitar la criminalidad; cosa que no hacen nada bien. Miremos no más la ATTT con sus retenes de asalto. ¿El desorden en nuestras calles lo dice todo? Me tocó presidir la Comisión de Tránsito y Transporte Intergremial de la APEDE por 5 años y que escribí un ensayo sobre el tema que han sido vistos en muchos países.

    En cortito, mientras más gasta el gobierno, más desvía de la producción al despilfarro y a la pobreza. Y hay que ver y entender que los intercambios entre ciudadanos son voluntarios; mientras que lo que sacan los gobiernos a la gente “impuesto”. Inclusive la noducación del MEDUCA es impuesta. Y, si lo que hace el gobierno es tan bueno, la gente correría a darle dinero. ¿Y cuando quien estafa son las empresas gubernamentales, como el NODUCA, ¿a dónde vas a quejarte?.

  • ¿Qué entendemos por empresa?

    Respondiendo la pregunta del título, diría que “muy poco”; basado en el “no a la privatización” que es mantra en nuestra hermosa Panamá. Quien bien explicó lo que es la “empresa” o “emprendimiento” fue Richard Cantillon en 1755, considerado una figura fundacional en la economía y quien definió al empresario como alguien que asume riesgos comprando bienes a precios conocidos y especulando vendiéndolos a precios inciertos. ¡Ah, sí!, especular es ver y pensar o meditar acerca de algo. Y “empresario” es quien emprende o inicia una aventura harto incierta y riesgosa. Estar en contra del emprendimiento a la vez que se demandan subsidios es engaño politiquero y es el camino a la servidumbre.

    En 1274 hubo claridad en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, quien abordó el tema de lo económico desde la perspectiva de la justicia en los intercambios mercantiles. Y luego le siguieron los clérigos escolásticos. Tristemente, luego de ello devino el pensamiento llamado progresivo; el cual, en realidad es una regresión. Menos mal que en 1962 Murray N. Rothbard publicó su magna obra El Hombre, la Economía y el Estado, en la cual nos advierte acerca de las torcidas visiones de la degeneración progre del pensamiento económico, moral y social; mediante la cual los promotores de la gobernación centralizada dominaron el panorama económico. Este es el mal que nos infecta hoy día en Panamá.

    Hoy día, que tanto preocupa lo que paga el consumidor en las tiendas y tal, nos hemos olvidado de lo que nos advertía Carl Menger en 1871; quien se había dado cuenta que los precios del mercado, incluyendo salarios, rentas y tasas de intereses eran el resultado del juicio de cada quien, de quienes producen y vende y de quienes compran. Visto así, bien podemos descubrir lo que es la empresa, producir y ahorrar; es decir, poner la paila con lo que ganamos.

    Pero, cuando una clase política que hemos ungido con poder gubernamental bajo la titulación de “autoridades”, en vez de concentrar sus esfuerzos gubernativos en crear las mejores condiciones bajo las cuales la población puede dar riendas sueltas a sus actividades mercantiles en una división del trabajo, se dedica a la creación de gobiernos mandones y regalones, ello destruye el sano emprendimiento.

    En el primer párrafo de este escrito vimos que la creatividad está preñado de riesgo; ya que es algo como el pescador que cada vez que sale al mar debe batirse con las tormentas y la incertidumbre de la pesca. Y que jamás deben ser los políticos y sus funcionarios los que salen a pescar; ya que ésa es función de Juancho Pescador. Y no es lo mismo gobernar que pescar.

    Cuando los gobiernos están metidos hasta la coronilla en actividades propias del mercado o la empresa; tal como vender agua, energía, transporte, educación y tal, dejando la función de crear las condiciones propicias para convertirse en el actor central o ‘empresario ilegítimo’. todos perdemos.

    ¿Cómo puede un gobierno cumplir con artículos constitucionales como el 47, que garantiza la propiedad privada, cuando luego la misma constitución pare otras normas populistas que controlan los precios, obligándote a vender lo tuyo a precio de politiqueros que están empeñados en ganar votos? Me refiero a salarios mínimos, descuentos a jubilados y tal. Y no contentos con eso, disponen toda clase de disque subsidios que cuando creen desastres económicos ya sus autores se habrán fugado.

    Luego el artículo 49 que garantiza la calidad y resarcimiento por daños. ¿De verdad crees que el aparato político gubernamental te garantizará calidad y dará resarcimiento cuando sus torcidas leyes, coimas, robadera y otros abusos te llevan a la quiebra?

  • Caminos de emprendimiento

    Hablar de emprendimiento es hablar del punto de partida, es hablar de un camino; particularmente, del camino de una actividad que busca lograr beneficios a través de la satisfacción que brinda en bienandar en un mercado. No son tantas las personas a quienes les resulta atractivo pasar de asalariado a emprendedor cuyo salario o ingreso depende de su capacidad creativa y organizativa; es decir, a ser buen empresario. Tristemente, en nuestro medio como en muchos otros, el concepto de “empresario” ha sido vilipendiado por una clase política corrupta, apunto que ser empresario es mal visto.

    De no ser por todos los emprendedores a través de la historia los humanos todavía andaríamos colgándonos por el rabo de las ramas de los árboles. Lo tristísimo hoy día es ver a tantos hablar de igualdad, equidad, solidaridad y tal, sin recapacitar que esas cosas no prosperan en una sociedad de poco emprendimiento. Los países más prósperos son aquellos con mayor cantidad de buenos empresarios; y he allí el meollo del asunto, que el malandar ha sido tal que, hasta las cosas buenas, como el emprendimiento, lo hemos torcido.

    Constituciones exitosas han buscado enfocar los derechos de procurar la vida, la libertad, propiedad y la felicidad. Por su lado, la felicidad está ligada a un crecimiento personal, en muchos sentidos. Y, también en la definición y uso de los vocablos: empresario, emprendedor, emprendimiento, vemos la Babel, cada quien asignándoles definiciones erradas. El emprendedor (empresario) es quien encuentra aquello que busca el prójimo. ¿Y dónde más lo va a buscar sino es en el mercado?; es decir, en la plaza en dónde a través de la división del trabajo se intercambian los bienes y servicios que satisfacen necesidades.

    Las empresas y emprendedores van ligadas al entusiasmo de quienes las fundan; entusiasmo que no necesariamente pasa a los herederos, razón por la cual tantas empresas fracasan luego de unas generaciones. Es por ello que resulta esencial crear una atmósfera que fomente el emprendimiento. ¿Cree usted que, en las escuelas, mal llamadas “públicas”, los funcionarios estatales fomentan amor por el emprendimiento?

    Triste y lastimosamente, en ciertos países las oligarquías de turno se han aprovechado de la ignorancia de sus pueblos y han vilipendiado al empresario y al empresarialismo. De hecho, hoy día en los EE.UU., frecuentemente se escucha al presidente Biden culpando a empresas y empresarios de todos de todos los males que han originado en sus políticas neoliberales; esas que osan llamar “progresivas”. Hablo de la inflación; esa que devalúa el poder adquisitivo de la moneda papel causando lo que la población percibe como una elevación de los precios. Luego, el mandatario culpa a los empresarios de todos los males; mientras que el pueblo, ese que ha sido muy bien aleccionado, dócilmente sigue su camino de ignominia.

    El otro mensaje importante es el de perder el miedo al fracaso; ya que no existe mejor escuela que la del fracaso. Es raro el buen empresario que no ha quebrado negocios anteriores. Es como ser clavadista o saltar en camas elásticas, montar bicicleta y tal, uno aprende con los golpes. Lo cierto es que no hay camino al sano desarrollo que no sea caminando los senderos del emprendimiento; pero no ese emprendimiento que igual que el llamado “pueblo” ha caído en las fauces de las oligarquías políticas.

  • Empresarios y pseudoempresarios

    Los empresarios exitosos son los responsables de los medicamentos, los alimentos, las comunicaciones, los transportes, la vestimenta, la vivienda y todo lo que nos rodea. Debemos aplaudirlos cuando operan en el mercado abierto y preocuparnos cuando entran a la casa de gobierno.

    En el mercado libre el empresario es decisivo para atender las necesidades del prójimo. Su función es detectar arbitrajes entre lo que conjetura son costos subvaluados respecto a los precios finales. Si acierta saca partida por la diferencia, si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de ganancias y pérdidas resulta crucial para marcar el rumbo.

    En este contexto es que Herbert Spencer sostenía que en lugar de contar con monumentos en las plazas públicas de guerreros blandiendo sables o políticos varios, es pertinente hacerlo con los empresarios exitosos pues ellos son los responsables de los medicamentos, los alimentos, las comunicaciones, los transportes, la vestimenta, la vivienda y todo lo que nos rodea. Este razonamiento lo levanta y subraya Juan Bautista Alberdi.

    Todo eso es muy cierto y hay que repetirlo pero cuando el empresario se alía con el poder de turno para obtener privilegios se convierte en un explotador de la gente puesto que vende más caro, de peor calidad o ambas cosas a la vez. Se convierte en un barón feudal o un ladrón de guante blanco: como no queda bien para su status social entrar a la casa del vecino y robarle los muebles lo hace a través del aparato estatal.

    Días pasados consigné en Twitter que Adam Smith en su obra de 1776 sobre el empresario que desfigura su misión y se convierte en cortesano del poder: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley que proponga esa clase de personas para el comercio” (Cap. XI, libro primero, parte III). Más aún ese destacado profesor escocés desconfiaba de los prebendarios disfrazados de empresarios que tienen “interés en engañar e incluso oprimir al público” (idem). Como es sabido Smith fue uno de los mayores propulsores de la libertad de comercio y el baluarte de la función bienhechora del genuino empresario.

    Por ello es que debemos estar agradecidos con los empresarios propiamente dichos, no porque hacen filantropía con sus ventas pues proceden en su interés personal: no tienen más remedio que servir a otros al efecto de mejorar su estado patrimonial pero debemos rechazar con todas nuestras fuerzas a los que negocian y reciben privilegios que siempre hacen mucho daño a la sociedad. Esta es la razón por la que aplaudimos cuando los vemos operar en el mercado abierto pero por los motivos apuntados debemos estar muy preocupados y alarmados cuando los vemos entrar a la casa de gobierno.

    El premio Nobel en economía George Stigler en su obra Placeres y dolores del capitalismo moderno escribe que “Han sido ellos [los empresarios] quienes han convencido a la administración federal [en Estados Unidos] y a la administración de los estados de que iniciaran controles sobre instituciones financieras, los sistemas de transporte y las comunicaciones, las industrias extractivas, etc” y concluye que muchos ingenuos piensan que ellos son los únicos beneficiarios pero “el Estado no es una concubina, es una ramera.” Por su parte, desde la Universidad de Harvard Robert Nozick enfatizó que “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven empresarios establecidos” y el distinguido hombre de negocios estadounidense de los rubros de la refinería de petróleo y agricultura y sus derivados Charles G. Koch quien en el año en curso fue ubicado por Bloomberg Billonaries Index en el puesto quinceavo de las personas más ricas de Estados Unidos. Koch se pregunta “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a manos de reglamentaciones gubernamentales?”.

    Es que los hay que piensan que acercándose al calor oficial protegerán su empresa sin percatarse que la están rematando junto con sus familias a las voraces fauces del Leviatán. En ese tren de cosas si no aplauden con entusiasmo los discursos de los burócratas son expoliados. Si se escudan en el mal llamado “proteccionismo” vía aranceles al comercio exterior -que en verdad desprotege a todos por obligarlos a comprar más caro y de peor calidad- al endosar sus ineficiencias sobre las espaldas de los consumidores en lugar de afrontar el asunto con sus propios recursos. Si no pueden hacerlo de ese modo deben vender su proyecto para abrirlo a la participación de otros pero si nadie lo compra es porque la idea es antieconómica y por lo tanto en esa instancia debe abandonarse y no sufragarse coactivamente con el fruto del trabajo ajeno.

    En resumen, en esta nota telegráfica por una parte pretendo mostrar los peligros de acciones promovidas por quienes irrumpen camuflados como empresarios pero que en verdad son asaltantes, y por otra mostrar los inmensos beneficios que reporta el verdadero empresario.

    El empresario como tal no tiene conocimientos de economía, derecho, filosofía o historia, su fuerte es el olfato y la percepción adecuada para el antes referido arbitraje. Por ello es que es muy común que banqueros no sepan que es el dinero o directores de marketing que desconocen el significado del proceso de mercado. De todos modos, es muy recomendable que en los estudios de grado y posgrado sobre negocios se incluyan asignaturas que pongan de manifiesto la trascendencia del contexto en el que se desenvuelven los empresarios y por tanto la imperiosa necesidad de defender lo que comúnmente se conoce como el sistema de libre empresa. También en esos estudios detenerse a indagar en el nexo entre inversiones y salarios e ingresos en términos reales: la única causa de las mejoras en el nivel de vida son las tasas de capitalización, esa es la explicación por la que unos países son ricos y otros pobres lo cual requiere marcos institucionales civilizados a los efectos de proteger en primer término la propiedad privada que es lo que permite la asignación eficiente de los siempre escasos factores productivos.

    En su momento mi desempeño como asesor económico de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, de la Cámara Argentina de Comercio, de la Sociedad Rural Argentina y del Consejo Interamericano de Comercio y Producción me permitió indagar de primera mano en el mundo empresario y antes también en mis quince años de trabajo en una empresa familiar fui expuesto a distintos ajetreos y menesteres de los negocios.

    Los pseudoempresarios actúan bajo el síndrome de Estocolmo, una caracterización del psiquiatra Nils Bejerot luego del asalto a un banco de esa ciudad sueca por parte de Jan-Erik Olsson quien trató muy malamente a sus cuatro rehenes a pesar de lo cual éstos protegieron al delincuente.

  • Jesús y los empresarios

    En escrito anterior he presentado el gravísimo problema cultural que agobia a tantos en nuestra tierra panameña que han sido víctimas del grave engaño de autoridades políticas, incluyendo presidentes, que distraen la atención de sus malandares acusando a los empresarios; con lo cual se va creando una división y lucha de clases. Muchos se sorprenderán el que, en la historia de José, María y su hijo Jesús, hay grandes lecciones de empresarialismo; comenzando por la profesión de José, quien, como carpintero, construía casas. Al respecto, Llewellyn H. Rockwell Jr., fundador y presidente del Instituto Mises en Auburn, Alabama, nos trae a colación las importantes y esenciales lecciones de emprendimiento y el rol de la riqueza en la sociedad.

    El ataque a los empresarios o empresarialismo, viene desde siempre y en el caso de José y María, viene en la tergiversación según la cual malos empresarios les niegan alojamiento en las posadas. La realidad es que se había producido una carencia de hospedajes debido al decreto romano dado el afán de llevar a cabo un censo y de cobrar impuestos. No tiene sentido de que los sitios de alojamiento rechazarían a clientes.

    La verdadera historia, vertida en los escritos de San Lucas, no dice que fueron “rechazados” sino que relata la caridad de un empresario cuyo alojamiento estaba lleno y les ofreció lo único que pudo, sus establos. El relato ni siquiera entra a detallar si les cobró. Muy triste que en esta inmensa historia se perdiese su verdadero valor, el de la caridad o, simplemente, la sensibilidad social de un emprendedor para con una pareja de viajeros.

    Lo anterior me hace recordar algo muy curioso que ocurrió en el entierro de nuestro abuelo materno, George Francis Novey Stuart, fundador de las empresas Novey. Recuerdo a mi madre preguntar a ciertos asistentes al entierro, personas que no conocíamos, la razón de su asistencia; y, la cantidad de estos que relataban acerca de ayudas que el su papá les había dado.

    Pero la historia va mucho más allá; a cuando el abuelo Novey, que llegó a Panamá como cadenero de agrimensura en la construcción del Canal, y que eventualmente estudió ingeniería y se inició en afanes de emprendimiento, un día se encontraba en un bar, tomando unos tragos; cuando un señor en mesa vecina se la acercó y le preguntó: ¿Qué le ocurre, señor, que le veo con cara triste? El abuelo le contestó al extraño que no sabía cómo llegar a casa y decirle a su esposa, Amalia Garrido, que lo había perdido todo en unos negocios. El extraño le preguntó: “¿Y cuánto perdió, señor? Según tengo entendido, el abuelo le dijo que $6,000, que en esa época era mucho dinero. Entonces el extraño sacó una chequera y le hizo un cheque por la cantidad. El abuelo le aseguró que le pagaría; pero el extraño le contestó: No podrá pagarme ya que sólo estoy de paso. Págueles a otros que lo necesiten. Y fue así que entendimos la cantidad de extraños que llegaron a dar sus respetos a George Novey.

    Curioso que en el caso de Jesús su padre fuese constructor de casas, y en el caso de George, este también era constructor. Lo otro que siempre me llamó la atención, es que el abuelo Novey tenía una política de no contratar con nuestros gobiernos; ya podrán imaginarse la razón. Años más tarde luego de su fallecimiento, cuando me tocó ser miembro de la directiva de Novey y Richard Novey, presidente de la empresa, me mandó al ministerio de Comercio a hablar con el ministro, para informarle que su viceministro nos quería coimear. Al vice lo castigaron cambiándolo de puesto; y, nosotros refrescamos la lección del abuelo.

    En cuanto a los tres reyes en la noche, el rey Herodes les mintió, diciéndoles que él quería adorar al Redentor y que, por favor, le informaran dónde estaba. ¡No!, lo quería asesinar; y los reyes magos que no eran tontos, regresaron por otra ruta sin ir a ver a Herodes.

    En resumen, empresarios somos todos y, como es la vida, una minoría son torcidos y se van a la política y al gobierno porque como emprendedores se morirían de hambre.

  • Sin empresarialismo no hay ni concolón

    Ahora, ¡de pronto!, parecemos despertar a la crítica situación de la antigua Aspinwall y hoy Colón y en ello saltan toda clase de propuestas de “solución”, pero, como siempre, las más fundamentales soluciones ni asoman en el discurso ciudadano y menos en el político. Me refiero a tema del empresarialismo, sin el cual no hay salida de la pobreza y no sólo Colón sino todo Panamá ira perdiendo camino; lo cual es lastimoso ya que tenemos muchas ventajas, pero vivimos sumidos en los arrabales de la lujuria de la corrupción endémica.

    El empresarialismo ser refiere a quienes organizan, administran y se toman el riesgo de montar una empresa, sea esta mínima o grandota. Lástima que, en nuestro país, desde siempre, los politicastros zorros del gallinero se han dado a la tarea de vilipendiar ese elemento sine qua non del desarrollo económico y social; vale decir, el emprendimiento privado o el empresarialismo como lo llamo. En vez, lo que han promovido los zorros de gallinero es la hegemonía del centralismo; ese que vemos en las pancartas de Colón y otros sitios, en los cuales la población clama cosas como: “Exigimos que el gobierno venga a resolver…”

    Imagínense que en el gallinero las gallinas salgan con pancartas pidiendo que vengan los zorros o zorras a poner orden y resolver los problemas. Ciertamente lo harán, el asunto es, ¿los problemas de quién?

    El otro ataque que es común es el de acusar de que los empresarios se quieren hacer ricos. Siíiii… eso no sólo es deseable sino necesario en toda empresa exitosa. El emprendedor que sólo quiere ganar un poquito casi que tiene asegurada la quiebra; ya que uno de los secretos del emprendimiento es el ahorro. Sin ahorro no hay para invertir, mejorar, mantener, y capear los malos tiempos.

    El ejemplo que guardo de mis padres y mis tíos en las empresas Novey, es de las muchas empresas que crearon y miles de plazas de trabajo. Pero jamás vi que ninguno de ellos viviera una vida de grandes lujos. Y hoy día, viendo el caso de Elon Musk, las cosas que está logrando para beneficio de toda la humanidad y, sin embargo, tampoco se dedica a una vida de lujos sino de inversiones y desarrollo.

    Entonces, regresando a Colón y a Panamá en general, ¿acaso vemos en la grotesca sobredimensión gubernamental un serio esfuerzo por promover el emprendimiento? ¿Promovemos el empresarialismo a través del NODUCA?, y del resto de las burrocráticas entidades gubernamentales?

    Ayer vimos llegar a una empresa de esas que quedaron precarias con las locas medidas covidosas, un grupo de funcionarios de salud a multar por faltas de higiene o tal. Lo mismo nos pasó un día cuando recién abrimos impecables nuestras oficinas. Y no, no buscan mejorar la salud sino… bueno, ustedes saben lo que buscan. Para rematar, luego llegó el banco y este sí cerró la empresa, dejando a 16 empleados en la calle. Por los vientos que soplan, pareciera que los bancos se están volviendo empresas inmobiliarias.

    En resumen, el término emprendimiento viene del francés “enterprendere” que significa “hacer algo” o darse a la tarea. Es la aventura de los negocios que depende de los ciudadanos y no de los politicastros. Estos últimos están para ayudar, pero más se la pasan en lo contrario.

    Más aún, el famoso economista Schumpeter hizo énfasis en lo que él llamó la “destrucción creativa”; esa que aprovecha los fracasos para aprender y superar con innovaciones. Eso es lo que puede salvar a Colón o Aspinwall, que es el nombre de quien fundó dicha ciudad. Un personaje de gran visión y arrojo emprendedor, sin el cual no existiría esa hermosa ciudad caribeña.

  • El peligro inmenso de los empresarios prebendarios

    En una sociedad abierta, el empresario es un benefactor de la comunidad: lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio, pero para lograr ese propósito está obligado a servir a su prójimo.

    Adam Smith en su obra cumbre de 1776 se refiere a las propuestas de comerciantes contrarios a la competencia y aliados al poder de turno de este modo: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley o de ordenanza nuevas que proponga esta clase de personas […] cuyo interés no coincide jamás con el del público, de una clase de personas que tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello han engañado y oprimido, efectivamente, en muchas ocasiones”.

    Los problemas apuntados se redoblan para la comunidad cuando cámaras empresarias adhieren a las prebendas.,…

    …Es que el empresario se caracteriza por desarrollar un sentido de oportunidad para detectar cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por ende, sacar partida del arbitraje correspondiente. En un mercado libre cuando el comerciante da en la tecla con los gustos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y cuando yerra incurre en quebrantos. Pero el empresario como tal no está preparado en temas de filosofía política ni en los fundamentos de la economía por lo que si el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno le ofrece prebendas, en general las aceptará pues aparentemente resulta más cómodo y menos oneroso que esforzarse por competir en el mercado, aunque como veremos más abajo sus empresas quedan colonizadas por el poder político. Claro que además estos procedimientos tienen su contrapartida en el derroche de capital que implican cuando la gente se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Y, a su turno, el consecuente despilfarro inexorablemente conduce a la reducción de salarios e ingresos en términos reales puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización. Esto desde luego que no va para todos los empresarios, los hay que no solo comprenden los efectos negativos para la comunidad de las políticas de la prebenda sino que mantienen un sentido de la dignidad y de independencia.

    Pero existe el riesgo de la tentación autoritaria y estatista, por lo que la actividad empresaria en una sociedad libre debe limitarse a operar en el mercado lejos de las redes políticas. Es común que los susodichos empresarios prebendarios argumenten que, por ejemplo, no debe abrirse la competencia internacional eliminando aranceles puesto que necesitan tiempo para ajustar sus actividades a la experiencia del exterior, sin percatarse de que no hay derecho a endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores. Si necesitan ese tiempo deben absorber los costos que demandan los primeros períodos con la idea de más que compensarse en las etapas subsiguientes y si mantienen que no tienen los recursos para afrontar semejante situación deben vender la idea a otros para lograr el objetivo. Y si nadie les compra la idea es porque el proyecto está mal evaluado, o estando bien presentado el negocio en cuestión si otros empresarios no aceptan el ofrecimiento, es debido a que hay otros reglones que son aun más atractivos y como todo no puede llevarse a cabo al unísono puesto que los recursos son limitados, el proyecto de marras debe esperar a una mejor ocasión.

    A veces el discurso se pone grandilocuente al referirse al comercio internacional, pero el concepto es exactamente el mismo si un vecino descubre un procedimiento más eficiente de producir un bien o prestar un servicio. Nadie en su sano juicio a esta altura del partido propondrá aduanas interiores para “protegerse” de la eficiencia. Los ríos, las montañas y los mares no modifican los nexos causales de las leyes económicas. Como hemos destacado antes, desde la perspectiva liberal la única razón por la que el globo terráqueo está dividido en naciones es para defenderse del riesgo fenomenal de la concentración de poder en un gobierno universal, pero tomarse en serio las fronteras constituye una sandez mayúscula. Las culturas alambradas son una muestra de regresión a la edad de piedra.

    El empresario en una sociedad abierta es un benefactor de la comunidad, no porque haga las cosas por filantropía. Lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio; pero para lograr ese propósito en un mercado libre está obligado a servir a su prójimo. En este sentido, hay autores que han sostenido que debieran sustituirse en las plazas públicas los monumentos de militares y políticos y colocar monumentos a empresarios puesto que los primeros muchas veces ponen palos en la rueda, mientras que los segundos son los que resuelven los problemas de los transportes, comunicaciones, alimentación, vestimenta, fármacos y todo cuanto se nos ocurra. Pero reiteramos que esto ocurre cuando el empresario opera en el terreno que le es propio sin politizarse y mucho menos combinarse en aquella cópula hedionda con el gobierno del momento, para explotar miserablemente a la gente en cuyo contexto actúan como aplaudidores oficiales, es decir, agentes rastreros y serviles del aparato estatal.

    El premio Nobel en economía George Stigler señala en Placeres y dolores del capitalismo que “han sido ellos, los empresarios, quienes han convencido a los gobiernos que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transportes, las comunicaciones, las industrias extractivas, etc.” y a continuación subraya que es ingenuo pensar que solo ellos serán los beneficiarios y no otros sectores pero “el Estado no es una concubina, sino una ramera”. Robert Nozick coincide en esta conclusión en su obra más divulgada: “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven las empresas establecidas”. Y Richard McKenzie en su libro que lleva el sugestivo título de Usando el poder gubernamental: los empresarios contra la libre empresa afirma que “cuando no hay límites en la acción gubernamental, los empresarios compiten por el uso del poder gubernamental». También el prominente empresario estadounidense Charles Koch declara: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a reglamentaciones gubernamentales? La contestación desde el luego es simple. No, los empresarios ejecutivos no comparten el deseo del suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas, pero se están engañando. En realidad están vendiendo su futuro”.

    Exactamente esta es la explicación: los empresarios prebendarios están rematando sus empresas, su familia y su futuro al entregar el sistema a las fauces del Leviatán. Como ha escrito el antes mencionado profesor McKenzie, “los empresarios necesitan la libre empresa porque es un sistema que los protege contra ellos mismos”, además de beneficiar a toda la comunidad, muy especialmente a los que menos tienen.

    Dejando de lado las donaciones, solo hay dos formas de enriquecerse: sirviendo al prójimo o expoliándolo. En la sociedad libre, los arreglos contractuales voluntarios hacen posible obtener ventajas recíprocas, mientras que el robo al fruto del trabajo ajeno es característica medular del estatismo donde los gobiernos abandonan su misión de proteger las autonomías individuales y los consecuentes derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia de los aparatos estatales. En la antigüedad, los reyes y emperadores otorgaban permisos y licencias para todas las actividades de sus súbitos, mientras que los mercados libres abolieron esos privilegios y barreras, una situación que los empresarios prebendarios apuntan a revertir al efecto de volver a las edades de las cavernas.

    Resulta en verdad paradójico que muchos de los burócratas modernos la emprenden contra los genuinos empresarios mientras cobijan a los prebendarios, esto es, atacan a los benefactores de la humanidad y defienden a los explotadores. Esto es así en gran medida porque buena parte de los políticos nunca han tenido nada que ver con el trabajo honesto en una empresa y no tienen la más pálida idea de que significa. Esta es una razón adicional para adoptar sugerencias en cuanto a que, por ejemplo, los miembros del Poder Legislativo trabajen en ese campo tiempo parcial y de manera muy limitada para no solo poner coto al absurdo y contraproducente ímpetu legislativo sino para que los legisladores se ganen el sustento en el mercado y no vivan solamente a costa de los que trabajan en faenas legítimas y todavía se burlan de sus ocupaciones que consideran subalternas a sus designios imperiales.