Etiqueta: impuestos

  • La OCDE advierte que Crypto y Blockchain están desafiando la transparencia fiscal.

    La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha emitido un informe para los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G20. El informe examina los logros y objetivos de la OCDE al avanzar en sus esfuerzos para ‘redefinir el panorama internacional’, identificando nuevas tecnologías, criptomonedas y tecnología de contabilidad distribuida como desafíos únicos a la ‘transparencia fiscal’.

    La OCDE analiza la agenda tributaria internacional

    El informe afirma que la OCDE, con la asistencia del G20, ha realizado ‘enormes avances’ en la implementación de la ‘agenda impositiva’ internacional de la OCDE. La organización afirma que sus políticas han resultado en una transición del ‘sistema financiero global’ de ‘opacidad e incongruencia a transparencia y coherencia’.

    Entre los principales objetivos políticos buscados por las instituciones ha sido una mayor ‘transparencia tributaria’, con el informe que establece que ‘la transparencia fiscal ha estado en el corazón del rol de la OCDE en el área fiscal internacional.

    A pesar de que se jacta de numerosos logros con respecto a fomentar una mayor transparencia tributaria, el informe identifica la creciente ‘digitalización de la economía’ como una serie de desafíos significativos para los objetivos de política internacional de la OCDE.

    Cryptocurrencies identificada como amenaza a la transparencia impositiva

    La OCDE afirma que ‘las tecnologías como blockchain dan lugar a métodos nuevos y seguros de mantenimiento de registros, al tiempo que facilitan las’ criptomonedas ‘, que se describen como’ riesgos potenciales para los avances logrados en la transparencia tributaria en la última década. ‘

    Aunque el informe afirma que’ ya se está trabajando para comprender mejor y abordar estos desarrollos ‘, la OCDE afirma que’ se requiere más trabajo para garantizar que los gobiernos puedan aprovechar las oportunidades que estos cambios brindan al tiempo que garantizan la efectividad continua del sistema impositivo ‘.

    El informe establece que’ El Foro sobre Administración Tributaria, trabajando con el Marco Inclusivo, desarrollará herramientas prácticas y cooperación en el área de administración tributaria y también examinará las consecuencias tributarias de las nuevas tecnologías (p. ej., criptomonedas y tecnología de contabilidad distribuida de blockchain), con una actualización de los hallazgos del foro.  Se espera que se entregue en 2019.

  • Hay que leer la letra menuda, en especial, la que impone el estado.

    Los contratos masivos de adhesión son un uso común del comercio. En éstos, un comerciante ofrece un contrato de compraventa, de alquiler o de servicios, en el cual las condiciones son estándares para todos los clientes. No se negocia el contrato con cada cliente, sino que se le pide a cada cliente que se adhiera a un contrato estándar preexistente.

    Las redes sociales trabajan así, cuando uno se da de alta en Facebook, Instagram, Snapchat, Twitter, uno firma un contrato de adhesión. Contrato que muy pocos leemos.

    No sabemos que cedemos la propiedad de las fotos que subimos a ciertas redes sociales a la compañía dueña de la red, no sabemos que autorizamos a las compañías a recabar información sobre nosotros y lo que es peor, a compartirla con empresas de mercadeo y publicidad. Nadie lee la letra menuda.

    Por eso no nos sorprendamos cuando una compañía de éstas vende fotos nuestras y éstas aparecen en una publicidad sin nuestro consentimiento o si una compañía de estudios de mercado termina con información personal nuestra.

    La información de que una compañía llamada Cambridge Analytica recibió 50 millones de perfiles individuales para poder atacarlos con propaganda política es solo el principio. Facebook no ha calificado esta información como un robo de información ni como una fractura de la seguridad, pero, tampoco aceptan que compartieron la información libremente. El resultado es que es extrajeron datos de la plataforma y se usaron en cosas que sus usuarios no consintieron.

    Y es que el gran negocio de Facebook y de muchas redes sociales no solo es la publicidad pagada, sino el recabar información sobre sus usuarios. Sus gustos, ideas y demás. Saben tu nombre, tus gustos, tus ideas, lo que te interesa, tus amigos: tienen algoritmos que sugieren amigos, lugares, o páginas de acuerdo con tus gustos y tu idioma. Saben más sobre ti que muchos familiares o amigos tuyos. Eso las convierte en una mina de información para las publicitarias. Pero las redes sociales protegen usualmente esta información, porque después de todo, es una ventaja competitiva sobre las demás redes sociales lo cual hace el fallo de Facebook más grave para Facebook. La compañía violó el acuerdo que tenía con Facebook y Facebook no pudo hacer nada porque pensaron que la información se compartía para usos científicos.

    Facebook se encuentra en una tormenta relacionada con plataforma de publicidad, sus técnicas de recolección de datos, y la privacidad del usuario.

    Pero nos olvidamos de algo. Adherirse a una red social es voluntario. Nadie te pone una pistola en la cabeza y de dice que te metas en Twitter, Facebook, Instagram, Linkedin, Snapchat, Tinder. En cambio, mientras la gente se escandaliza por Facebook, cede de manera obligatoria información sobre sus vidas a una red social manejada de manera autoritaria, a escala mundial sin decir nada ni protestar.

    Cedemos nuestras vidas al fisco. El fisco ahora está cada vez más informatizado, y a diferencia de las redes sociales, no es de adhesión voluntaria sino obligatoria. Y con cosas como la factura electrónica, cada vez va a poder conocer más de nuestras vidas, de nuestros hábitos de consumo, de nuestros gustos, de nuestros movimientos en el espacio y tiempo. Y peor, con los intercambios automáticos de información entre los Estados, esta red puede poco a poco ser de alcance mundial.

    Y es una red donde no puedes demandar, renunciar o por lo menos bloquear ciertos datos tuyos u omitirlos como puedes hacer con las redes sociales de carácter voluntario. No puedes evitar que el Estado abuse de la información que obtenga de tí. Y recuerden algo, los algoritmos son cada vez mejores en lo que hacen. Así que los gobiernos, pueden de sus fuentes de datos sacar una información impresionante sobre sus ciudadanos.

    El gran hermano fiscal es una realidad, y no vemos que las personas se escandalicen por esto de la misma manera que se escandalizan por Facebook. Poco a poco vivimos en un panóptico fiscal, que a diferencia de otros panópticos, como las redes sociales, es irrenunciable. Pero esta red social es la que nadie critica, y la que todos vemos como necesaria, porque el Estado debe tener el derecho a hacer lo que sea para cobrar impuestos. Aunque terminemos entregando nuestras vidas en bandeja de plata.

  • La evasión/elusión fiscal o un cuento de tontos y locos

    La evasión/elusión fiscal o un cuento de tontos y locos

    En los tardíos ‘90s la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) empezó a examinar la forma de abordar “los efectos nocivos de los paraísos fiscales” el cual luego le proporciona una base sólida al G20 para que lanzara una ofensiva contra ellos en medio de la crisis financiera del 2009. Según su particular diagnóstico, no sólo evadiendo/escondiendo impuestos se perdían oportunidades para la redistribución de la riqueza en países necesitados, sino que también se contribuía a otras actividades más nocivas como facilitadores de actividades de financiación al terrorismo, lavado de dineros y otras más peligrosas aún.

    Lo que los funcionarios de la OCDE no entienden es que los impuestos y su origen fueron al solo efecto de sostener las funciones esenciales de un estado, que son brindarles seguridad y justicia a sus habitantes para que ellos puedan realizar sus transacciones en forma libre y voluntaria y si esas condiciones se alteran por alguna de las dos partes, el estado acudirá para restablecer el equilibrio contractual entre ellas. Nada de lo que hasta aquí se expuso implica recaudar cantidades en forma exorbitante y en algunos casos confiscatoria del derecho fundamental de las personas, que es el derecho de propiedad.

    Sin embargo, es lo que ha venido sucediendo; y en constante aumento en los países más desarrollados, como Alemania, Francia, los países nórdicos y los que en los últimos 40 años se le han sumado especialmente, los países latinos. Estos países, verdaderos infiernos fiscales, no pueden producir, porque su socio principal en las ganancias solamente, es el estado. Y por eso existen los paraísos. Y por eso desde la OCDE, otros organismos de apoyo técnico y los países con mayor tributación, le atribuyen a los individuos y empresas conductas cuasidelictivas cuando deciden irse a otras jurisdicciones más amigables hacia la producción o cuando deciden armar estructuras tributarias que les ayuden a mitigar en algo el efecto de vivir bajo jurisdicciones de muy alta tasación.

    Esto es algo nuevo? No, desde los inicios de la tributación, siempre las personas han intentado buscar remediar su situación casi de indefensión ante el ahogo del ente recaudador. Esta historia es una de ellas.

    En el Medioevo, el Señor feudal, el Lord, era quien servía al Rey en sus incursiones bélicas y por ello, sus tierras quedaban a cargo de los habitantes que debían pagarle sus respectivos impuestos para mantenerse en sus propiedades y hacerlas producir.

    Todo sucedía normalmente en la aldea Gotham, por fines del Siglo XII, cuando el Rey John, de origen normando francés, debía pasar por ese pueblo que quedaba a medio camino hacia su destino. Esta situación convertía automáticamente al pueblo y su ruta en “rutas reales” o “rutas públicas”, que implicaba ser susceptible de recaudar impuestos so pretexto de mantenerlas. Si era cierto o no, dicho pueblo comenzó una serie de acciones para “evadir o eludir” ese pago de impuestos. Las primeras acciones fueron hacerse pasar por locos y como para esa época se creía que la insania era contagiosa, y conociendo las leyes locales, en las cuales se exceptuaban de impuestos a las poblaciones que sufrían de epidemias, los pobladores esperarían a la llegada de los “raids by royal tax collectors”, nuestros modernos inspectores fiscales, que al igual que hoy, cuando las personas comunes se resisten, se imponen por la fuerza legal, para que en un acto bien coordinado, fingir que todo el pueblo estaba loco a causa de una rara enfermedad.

    Fingiendo varias locuras lograrían horrorizar a los recaudadores. Algunos “estaban tratando de ahogar una anguila en un estanque, otros estaban subiendo sus carruajes a la parte superior de un granero para protegerlo de los rayos del sol, otros arrojaron sus quesos cuesta abajo con la esperanza de que así iban a encontrar su propio camino hacia el mercado de Nottingham, algunas personas estaban construyendo un cerco para atrapar a un cuco. El recaudador les preguntó qué estaban haciendo.

    ‘Estamos lanzando piedras hacia arriba para hacer salir el sol’, dijeron.

    ‘¡Tontos!’ dijo el Recaudador Real. ‘¿No sabes que el sol saldrá sin ninguna ayuda?

    ‘Oh, ¿verdad?’, respondieron. ‘Nunca pensamos en eso. ¡Qué sabio que eres!”.

    Pues fueron muy eficaces en que el rey y su comitiva evitaran esa ruta para prevenir cualquier contaminación de locura.

    De esta misma época nace la otra leyenda de Robin Hood, es decir, este pueblito de Gotham siempre le tuvo aversión a los impuestos. A toda clase de impuestos? No, mientras que los impuestos generales (gracious aid) eran algo excepcional para financiar las guerras o algún acontecimiento extraordinario, su colecta si bien no era bien recibida, finalmente se contribuía, porque suponían algo temporal y con uso específico. Cuando se realizó el intento de gravar sobremanera a todos los pobladores (los free men), gravando con dos impuestos a los bienes muebles, en aras de financiar la expedición de 1203 y la de 1207 a las tierras francesas, allí se produce quizás la primera rebelión fiscal moderna. No era lo mismo pagar impuestos para recaudar fondos para rescatar a un Rey o pelear por la Iglesia. No se iban a permitir recaudaciones para aventuras bélicas extranjeras (el Rey Juan era de origen francés).

    Y allí nació la leyenda, los “Wise men of Gotham”, que mediante la utilización de diversas maniobras legales, eludieron el abuso de las cargas fiscales y cuyo relato ha sobrevivido hasta el presente gracias al libro publicado en 1540, “The Merry Tales of the Mad Men of Gotham”. Estos pobladores, que de tontos y locos tenían muy poco, le hicieron una advertencia a los inspectores fiscales, pero quedó como sentencia para la historia de la humanidad: «We ween there are more fools pass through Gotham than remain in it.» Algo así como “Hemos visto pasar más tontos por Gotham que los que realmente hay en él”. Hora de tomar nota.