Etiqueta: poesía

  • El Algarrobo: Viernes de letras y poesías

    ¿Por qué cambio mi tema político económico al hediondo algarrobo (hymenaea coubaril)? Pues… para dar variedad a la lectura sobre temas que tienen su encanto; tal como lo tengo con el algarrobo o “algarroba” como le conocíamos cuando niños. En el terreno baldío frente a nuestra casa en el hoy Obarrio, antes Juan Franco, había un gran árbol de algarrobo que nos alimentaba con sus “fragantes” frutos. Bueno, los gringos le apodan “the Stingking Toe Tree” o el árbol de la pezuña hedionda, que para nosotros era un aroma de fino manjar; ¿o es que no hay millones que gustan de los quesos “hediondos”? En fin, para el gusto se hicieron los colores o, más bien, los sabores.

    Esta mañana que salí a tomar el sol matinal, ausculté las frutas del algarrobo que adorna el frente de nuestra casa en Las Cumbres, para ver si ya están maduras y podía disfrutarlas y regresar a mi infancia. No, aún falta un poco, ya que hay que esperar que vayan cayendo solas, pues están tan altas que no hay como cosecharlas del árbol; y ojo que caigan en el parabrisas del auto.

    Se trata de un árbol caducifolio; ¡la maravilla de las palabras! “Caduci” de caducar y “folio” de hojas” o árbol de hojas caducas; que las cambia en otoño y en primavera, estaciones que sí tenemos en Panamá, que llamamos invierno al verano y verano al invierno. El algarrobo cambia sus hojas al entrar la estación invernal seca por hojas que no botan agua. En primavera, entrando nuestro verano lluvioso, vuelve y cambia a hojas que botan mucha agua, con lo cual mueven la alimenticia sabia del suelo a sus hojas.

    Hoy, me vino una pregunta a mente: ¿Por qué son tan duras las vainas de la fruta? ¡Durísimas!, a punto que hay que darle con martillo. Como todo en la naturaleza tiene motivos evolutivos de sobrevivencia, los árboles crecen ricas y alimenticias frutas para que quienes las coman distribuyan las semillas; imaginé que habían evolucionado como alimento de grandes animales con grandes molares. La AI me dio la razón: “El perezoso gigante…” Grandes herbívoros que requerían mucho alimento; y, ciertamente el algarrobo con sus dulces frutos ofrecía eso, empacado en una vaina resistente y transportable. Luego, las partían para merendar y en el proceso dejaban caer las semillas, ya sea de la boca o del ano, con lo cual el algarrobo lograba su dispersión.

    Pero… los perezosos gigantes se extinguieron hace miles de años, en la época del Pleistoceno. La sabia Madre Natura le halló nuevos amigos, tales como el ñeque o agoutí, con sus afilados dientes. Estos toman las vainas y se las llevan a sus madrigueras, entierrándolas para guardarlas para más tarde.

    Tristemente, hoy, pocos en Panamá conocen el algarrobo y cuando se los presento y sienten su aroma me ponen cara de asco y preguntan: “¡¿Cómo rayos puedes comer eso?! No saben lo que es bueno. Sus propiedades son extraordinarias: es antibacterial; antimicótico; antiparasitario; súper nutritivo, debido a sus características químicas y bromatológicas; alto en fibra y antioxidantes. Mi nieta, Micaela, aprendió a saborear los batidos de algarroba que en la licuadora con algo de leche se vuelven como una malteada debido a su capacidad de absorción de agua y su característica mucilaginosa. Y ni hablar que para hacer pan, una de mis aficiones, es lo máximo.

    Son tantas las propiedades benéficas del algarrobo que mejor búsquenlas en el Internet, que no sólo es una fruta súper saludable sino que tiene grandes valores industriales. Su dura madera sirve para instrumentos musicales y tanto más. Pero en especial el algarrobo sirve por su belleza y por los recuerdos que me trae de mi juventud.

  • Sor Juana, defensora de la mujer en un siglo de varones

    Mujer genial, estudiosa insaciable y magnífica escritora, sor Juana Inés de la Cruz, la gran figura de las letras novohispanas del siglo XVII, fue también defensora del derecho de la mujer para acceder al conocimiento, y precursora de las causas feministas.

    Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació el 12 de noviembre de 1648 (1651?) en San Miguel Nepantla (México). Fue una niña prodigio, una adolescente brillante y una talentosa monja que dejó un invaluable legado a las letras hispanoamericanas.

    Gracias a su inteligencia y a su carisma supo sortear los obstáculos y ahondar en el estudio de las disciplinas más importantes de su época, como las letras, la astronomía, la alquimia, la música y la arquitectura, entre otras. Todo esto lo realizó además de desempeñar con acierto sus tareas en el convento.

    Denuncias en verso

    Su vida da testimonio de sus ideas, avanzadas para un siglo en que las estructuras del poder eran regidas por varones y el papel femenino se limitaba a roles domésticos y sociales, alejados del estudio. Sor Juana tuvo consciencia de esta desigualdad y del injusto trato a la mujer y lo denunció en sus textos.

    El ejemplo más famoso de esta consciencia lo constituyen sus famosas redondillas –estrofas compuestas de cuatro versos, normalmente octosílabos–, que muestran la inequidad en las relaciones amorosas, y visibilizan la forma en que la mujer era sometida injustamente.

    Hombres necios que acusáis

    a la mujer sin razón

    sin ver que sois la ocasión

    de lo mismo que culpáis (…)

    Este poema denuncia cómo, a fin de cuentas, la mujer es señalada como culpable sin importar la actitud que sostenga ante las pretensiones masculinas. Al referirse a los varones, el poema agrega:

    Con el favor y el desdén

    tenéis condición igual,

    quejándoos, si os tratan mal,

    burlándoos, si os quieren bien (…)

    Derecho al estudio

    Pintura de una mujer vestida de monja que escribe en sentada a la mesa.
    Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz por Andrés de Islas.
    Museo de América/Wikimedia Commons

    No sólo en sus octosílabos sor Juana mostró tales injusticias. En otros textos dejó pruebas, inteligentes y sólidas, de su postura en favor de los derechos de la mujer, contraviniendo las costumbres sustentadas por los discursos que emergían del poder político, de la organización social y de la jerarquía eclesiástica de la Nueva España.

    Su resplandor inevitable y su innegable talento ganaron la admiración (y a veces la envidia) de sus contemporáneos. Pero también el favor incondicional de la marquesa de Mancera, Leonor Carreto, virreina entre 1664 y 1673, quien la invitó a la corte cuando Juana tenía alrededor de 15 años; así como el de la condesa de Paredes, María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, virreina entre 1680 y 1686, quien cultivó con ella una muy estrecha amistad y promovió en España la publicación de sus primeras obras.

    Que la inteligencia no tiene sexo lo tenía claro sor Juana. En 1682, en la carta con la que despide a su confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda, queda de manifiesto su férrea defensa del derecho de la mujer al estudio y al conocimiento. El párroco la había presionado largamente para que abandonara la escritura de versos y dedicará su vida sólo al cultivo espiritual. Sor Juana, en su misiva, se duele de tal insistencia y defiende el derecho de la mujer a cultivarse:

    “No ignoro que el cursar públicamente las escuelas no fuera decente a la honestidad de una mujer […] pero los privados y particulares estudios ¿quién los ha prohibido a las mujeres? ¿no tienen alma racional como los hombres? Pues ¿por qué no gozará el privilegio de la ilustración como ellos? ¿no es capaz de tanta gracia y gloria de Dios como la suya?”

    Pionera en la búsqueda de la equidad y precursora de las luchas feministas, postuló la igualdad de hombres y mujeres. Para mostrar el valor de las virtudes femeninas, las realza en varios escritos, como lo hace, por ejemplo, en las cartas aquí descritas y en el poema dedicado a la duquesa de Aveiro, María Guadalupe de Lencastre, amiga suya y destacada intelectual del Barroco hispano, a la que describe como:

    (…) claro honor de las mujeres,

    de los hombres docto ultraje,

    que probáis que no es el sexo

    de la inteligencia parte.

    De sor Juana a sor Filotea

    Portada de la _Carta Atenagórica_ con el texto de Sor Juana Inés de la Cruz.
    Portada de la Carta Atenagórica con el texto de Sor Juana Inés de la Cruz.
    Cervantes Virtual

    Otro testimonio de su defensa del derecho femenino a los estudios y al conocimiento quedó plasmado cuando el obispo de Puebla y amigo epistolar suyo, Manuel Fernández de Santa Cruz, publicó con el título de Carta Atenagórica (1690), y sin consentimiento de la monja, un escrito que ella le había enviado a instancias suyas, donde contradecía lo que el renombrado teólogo Antonio de Vieyra había expresado en el Sermón del Mandato (1650) en torno a las finezas de Jesucristo.

    La Carta se publicó acompañada de un texto que Fernández firmó con el seudónimo de sor Filotea, en donde comentaba los argumentos de sor Juana y le recomendaba dedicar sus esfuerzos a las letras espirituales más que a las mundanas. “Lástima es que un tan gran entendimiento, de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el Cielo”, decía, entre otras cosas.

    La publicación de ambos documentos causó revuelo en la Nueva España y tuvo repercusiones en una lucha de poder que libraban el obispo de Puebla y el arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Seijas, cuyo teólogo favorito era, precisamente, Antonio de Vieyra.

    Sor Juana, dolida, reaccionó a la Carta con su Respuesta a Sor Filotea, un texto intenso y apasionante donde sintetiza su vida, refiere su inclinación al estudio y muestra la grandeza de la mujer al enumerar a una treintena de ellas muy notables. Pero lo más trascendente es el fervor con el que defiende el acceso femenino al conocimiento:

    “Lo que sólo he deseado es estudiar para ignorar menos: que, según San Agustín, unas cosas se aprenden para hacer y otras para sólo saber. […] Pues ¿en qué ha estado el delito?”

    En el mismo documento reclama el derecho de… ¡hacer versos!: “Pues nuestra Iglesia Católica no sólo no los desdeña, mas los usa en sus Himnos”. Con solidez, rechaza la creencia de que las mujeres por ser mujeres “por tan ineptas están tenidas”, mientras los hombres “con sólo serlo piensan que son sabios”.

    La Respuesta fue publicada póstumamente, en 1700. Cinco años antes, sor Juana había fallecido víctima de una epidemia que alcanzó al convento. Desde entonces, el texto ha sido analizado y comentado por numerosos estudiosos y críticos, y se considera fundamental para comprender y contextualizar la vida de la monja jerónima.

    Sor Juana no sólo argumentó, sino que con su propia vida dio testimonio de la grandeza de la mujer, dejó una huella perenne en las letras y mostró su esplendor en un siglo en el que sólo a los hombres les era permitido brillar.The Conversation

    Jorge Alfonso Souza Jauffred, Investigador y coordinador de la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega y del Centro de Investigaciones Filológicas, Universidad de Guadalajara

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Viernes de poemas: De la libido

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «De la libido», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Del eros

    El impulso sexual es central en la humanidad y en la naturaleza en general. Más aún, es vital. Es el deseo vehemente de la vida por la vida; pero como tantas cosas de pasiones exaltadas, son muy difíciles de apaciguar y muy fáciles de desbocar, y así vivimos en un constante pugilato entre lo que sentimos y el recato del bienandar. De la Libido es una anotación del vaivén de las mareas de nuestras pasiones.

    De la libido

    Por fin

    He roto las sensuales cadenas

    Que me unían a ti,

    Oh despiadada diosa del placer.

     

    Tú que estás sólo en ti misma,

    En el ciego sobrevivir de la especie.

    Más pudo mi templanza

    Que el sutil veneno de tu zagas tentación.

     

    Ahora,

    No se desmorona mi compostura,

    Ante cualquier maniquí

    De tu usura.

     

    De hecho,

    Puedo asegurar

    Que he ingresado al mundo

    De hombres cabales.

     

    Que no me doblego

    Como manso borrego

    Ante el cenagoso cortejo

    De banales incontinencias.

     

    Ahora cuando miro

    Lo hago con altura,

    Con admiración pura

    Y recatada compostura.

     

    Al doblado escote soslayo,

    Ante sayas voladas retiro,

    El dulce coqueteo evito,

    Las blusas ceñidas rechazo.

     

    Soy,

    En fin,

    Un perfecto caballero

    De hidalguía completa.

     

    Mi único temor,

    Admito,

    Es, ¿qué hacer mañana,

    Cuando me levante de la cama?

    Juan Alejo.

  • Viernes de poemas: Camino errado

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «Camino errado», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    De la arrogancia

    Camino errado trata de poner en blanco y negro algo de la actuación intrépida e irreflexiva típica de la juventud; cuando andamos por el mundo impulsado por nuestras pasiones y creyéndonos mucho más grandes de lo que somos. Y, como es la vida, no tarda en castigar semejantes indiscreciones y nos hace regresar a casa con la cola entre las piernas. Es ese proceso de maduración que dura toda la vida, y que si tenemos suerte nos va tornando más discretos y mucho más humildes.

    Camino errado

    Desde la madriguera furtivo

    Contemplo en mundo,

    Relamiendo las heridas

    De la última contienda.

     

    Pasa el tiempo

    Y mientras cierra la brecha,

    Medito en silencio

    Aumentando mí arrojo.

     

    Nuevamente, arrogante,

    Salgo en busca, rebelde;

    Paseando mí antojo

    Con desdén despojo.

     

    Con cada conquista

    Aumenta la confianza,

    Que prepara la trama

    De la próxima zarpada.

     

    Y como es de suponer,

    No se hace esperar

    El desenlace usual

    A semejante proceder.

     

    ¿Por qué será?

    Es tan fácil aprender

    De lo vano presumir

    Del recato desusar?

     

    Lo peor es saber

    Que cuando logre aprender

    Chocho ya estaré

    Y lo aprendido olvidaré.

  • Viernes de poemas: Jeanine

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «Jeanine», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Retoños tardíos

    Los hermanos Bennett Novey fuimos tres. Jamás supe lo que sería tener una mujer en la familia que no fuera Yvonne, nuestra madre; pero pasó el tiempo y en mi unión con Ely, mi esposa de más de 55 años que hoy, igual que mi padre, ya sólo está en cenizas, trajimos al mundo a John-John, Jorge y a Jeanine, cambiando todo eso. Por años Jeanine nunca supo de este poema. La primera estrofa habla de un ave que pocos citadinos conocen; el conocido, en el interior, como “el gallito de monte”, perdiz de la familia de los tinamous. El gallito es un ave furtiva que al deambular por los suelos de las espesuras de los rastrojos selváticos, pues poco vuela, particularmente al alba y en el ocaso, tiene un trino lúgubre y encantador. Durante el resto del día, el macho y la hembra no caminan juntos pero se mantienen en contacto cuando el macho canta un trino de menos a más y la hembra contesta con otro de más a menos. Curiosamente, yo aprendía a imitar el canto de muchas aves, a tal grado que podría engañar a los gallitos de monte. En otras ocasiones silababa entre amigos y estos buscaban al cantante entre los árboles; hasta que alguno me veía y irrumpían en carcajadas. El asunto es que Jeanine fue la última de los hijos e hijas de los hermanos Bennett que nació años después de sus primas y resentía haberse perdido la compañía de sus primas y primos. Es de ello que nace está poesía dedicada a Jeanine, quien, entre otras, tiene una hermosa voz de canto.

    Jeanine

    Cuando cantó el gallito de monte,

    lanzando su trémulo en ocre atardecer,

    abrió su faz al mundo una taciturna flor,

    llenando con viso ruboroso el paraje,

    réplica profusa de su enojo

    al verse florecer,

    en el crepúsculo anochecer

     

    Añorando el floral vaho

    del adormecido vergel,

    con mirada rápida,

    en vislumbre enojo,

    reflejo tenue de irisado flagrar;

    entornó sus lindos ojos,

    cual refulgente fanal

    y se puso a cantar

  • Viernes de poemas: Chengue

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «Chengue», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Miguel Valdés

    Chengue fue su apodo y su nombre poco conocido. Amigo de infancia, que más tarde en la vida se unió a nuestra familia por lazos de afinidad conyugal. También fue compañero del golf y de las reuniones de familia y luego de su muerte estas fueron sus impresiones que quedaron en mí.

     

    Chengue

     

    Se ha ido Chengue

    ¿Cuál era su nombre?

    Miguel. . .

    Que extraño;

    Conocer a una persona

    Por tantos años

    Sin conocer su gracia.

    Me cuentan que se fue

    Como se van las golondrinas

    Al final del verano;

    Como un viento

    Que pasa y no se siente.

     

    ¿Qué nos queda

    De las personas

    Que fueron nuestras?

    ¿Acaso,

    Sólo su recuerdo?

     

    Recuerdos de Chengue

    Hay muchos,

    Pero de Miguel

    Muy pocos.

     

    De Chengue me acuerdo

    Su sonrisa,

    Y su forma de mirar.

    Como quien te mira

    Y en esa mirada,

    Te está diciendo

    Que ten conoce.

    Que sabe que en ti

    Hay más que lo que

    Dejas ver.

    Que eres su amigo.

     

    Me acuerdo

    Su fierro uno;

    Su fabuloso auto

    Y su afable trato.

    La cadencia

    En las manos

    Y la música en su alma.

     

    Se ha ido Chengue

    Sin decir adiós.

    Suspiró

    Y se fue a buscar

    La armonía divina,

    En la morada del mañana

    Donde algún día

    Le iremos a buscar.

     

    Ahora,

    Sólo nos quedan

    Sus recuerdos.

    Los recuerdos

    Que viven

    En su mundo

    De ayer.

    Recuerdos que lloran

    Y a su vez

    También recuerdan.

    Recuerdos

    Que llevan su esencia

    Y la esparcen

    En la corriente viva

    Del mañana.

     

    No hay caso,

    Chengue se fue.

    Pero. . .

    Pensándolo bien,

    Nos dejó algo más

    Que recuerdos.

    Nos dejó

    Lo más preciado que

    Puede dejarse

    A los amigos.

    Nos dejó

    Sus anhelos

    Y nos dejó

    Sus esperanzas.

    Nos dejó

    Lo que era suyo

    Y ahora es nuestro.

    Nos dejó

    Su descendencia

    Que es

    Mucho más

    Que un recuerdo.

  • Viernes de poema: Afán Escondido

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «Afán Escondido», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Desde muy joven, en la escuela secundaria, comencé a familiarizarme con poemas clásicos, principalmente de la era del romanticismo. Leía algo sobre la vida de los autores y leía sus poesías, pero poco sobre cómo se inspiraron; es decir, cuál era su situación en el momento de la composición. ¿Será cierto que los poemas deben sustentarse por sí mismos; que en ellos está encerrado un mensaje autosuficiente? En lo particular, no me basta con leer el poema; quisiera saber algo más del autor, de qué lo motivó a la obra.

    Sabemos que a Panamá Viejo la quemaron los piratas, y podemos escuchar mil poemas de sus piedras vetustas que hablan de heroicidad; sin embargo, al leer los relatos de testigos presenciales que vivieron el momento, se acerca uno mucho más a revivir y entender el suceso, o aquello que se contempla y que nos infunde sentimientos profundos, que de una u otra forma afectar nuestras vidas.

    ¿Por qué escribo?

    Es un misterio saber dónde nacen las ideas que expresamos en palabras, ni en qué momento o por qué razón se presentan en nuestra conciencia buscando salida al mundo. Por muchas razones, muchas incomprendidas, no siempre las dejamos salir; y Afán Escondido no es más que una visión de este proceso, en dónde la musa nos motiva. Me encuentro sentado frente a una lámina blanca de papel como queriendo que mis pensamientos vagabundos se posen en la blancura de la lámina de papel. Y… a menudo así nace la inquietud que esparcimos en versos o prosa.

    Afán Escondido

    ¿Hasta dónde puede mi inquietud verterse?

    No lo se.

    Pero preciso derramar el tintero

    En esquivas líneas elocuentes;

    Pues tanta tinta empozada,

    Ansía ser derramada,

    Sobre el blanco algodón laminado;

    En busca de un afán escondido.

     

    Juan Alejo

     

     

  • Viernes de poemas: El tintero

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «El Tintero», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    De la tinta al teclado

    Bien recuerdo cuando la escuela, en la década de 1950 ir con mi tintero Esterbrook y una pluma fuente. En particular está la memoria del frasco tintero que tenía una pequeña recámara superior dispuesta para retener suficiente tinta para rellenar la pluma; no de ave sino de metal. Y… más viene a mi mente las veces que derramé el tintero en manos, ropa y más. Y ni hablar de las plumas fuente defectuosas que al colocarlas en el bolsillo de la camisa blanca dejaban escapar la azul tinta; hasta que algún compañero te decía: “Tienes manchada la camisa”. Lo cierto es que los tinteros o depósitos de tinta evocan o derraman las ideas, pasiones, y tanto más, que luego eran vertidas en impolutas láminas de papel. Ya la tinta y el papel algodón poco se usan y vertemos nuestro pensamiento poético en un teclado electrónico y en pantallas led. Pero, ¡ha! la pluma, la pulpa y el algodón… ¡Qué combinación!

    El Tintero

    La pluma recoge del negro estanque, el carbón.

    húmeda cual noche sin estrellas,

    viaja cargada de pasiones

    a depositar su fardo de ilusiones

    en la virginal blancura de un papel.

     

    Delineadas ansias

    desbordan del rasgante estilo,

    que absorbe la impoluta lámina,

    como amante apasionada

    el esperma de su amante.

     

    Y luego del derroche

    de tanta pasión,

    sólo queda el claro oscuro,

    de hulla y algodón,

    fardo olvidado en un rincón.

  • Viernes de poemas: Valles y montañas

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «Valles y montañas», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Valles y montañas

    El Cerro Gaital, centinela norteño del Valle de Antón, en realidad es un cono volcánico extruido por inmensas presiones de las entrañas del caldero. Pero, para los que allí discurrimos nuestra juventud y casi toda la vida, ese macizo guarda recuerdos inolvidables y evoca pasiones magistrales. Este poema lo escribí sentado en la misma silla en que se sentaba nuestro padre, Irving, a tomar sus copas en plena vista del Gaital, y describe las impresiones de ese momento eterno. Hoy a poca distancia de esa silla, yacen los restos cenizas de Irving e Yvonne, nuestros progenitores. El día de inspiración poética, más allá, en el río, jugaban nuestros hijos y el carillón de sus voces en algarabía me hablaban de nueva vida. Lo otro que pinta este poema es esa característica particular del Valle de Antón, cráter del inmenso volcán dormido, bajo el cual aún yacen temibles calderos. En particular, el Gaital y sus vecinos, el Caracoral y el Pajita, en la estación invernal que en Panamá apodamos “verano”, reciben los vientos alisios y los desvía hacia abajo junto con el bajareque nuboso que nos moja el cuerpo y acaricia el alma.

    Gaital

    En este remanso de paz y vientos esquivos,

    donde antaño rugieron temibles calderos,

    el ocaso enciende mi alma

    fecunda en recuerdos de otrora mustia.

     

    Valle de Antón, tu cima norteña

    cual viejo centinela,

    anida en sus faldas cenizas del alma,

    que al igual que tus fuegos dormidos

    brillaron refulgentes,

    cual capullos encendidos.

    La voz alegre de retoños en juego

    cual carillón sonoro en tardes baldías

    soslayan angustias de cuitas futuras.

     

    Pasarán los días, cual hojas al viento

    y cerrarán los ojos que tu imagen grabaron,

    pero, aun viviremos en recuerdos eternos.

     

    Alegrías y tristezas giran en esta tarde ventisca;

    mañana, debemos ver el camino porvenir,

    donde aniden amores que nunca mueren.

  • Viernes de poema: Noches en vela

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «Noches en vela», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Prologo

    Toda mi vida he sentido la inclinación de expresar los sentimientos que despierta en mí las cosas del mundo. No ha sido una obsesión con alguna forma particular de expresión artística, sino un deseo vehemente de expresión a través de la música, la pintura y la poesía. Pero tal como somos, cada cual a su hechura, no he sabido compartir mis manifestaciones; seguramente debido a inseguridades personales.

    Debo agradecer profundamente a ciertas personas que me han dado el ánimo para publicar estas mis obras, pues no es sino a través de la apreciación de los demás que vemos la valía de lo nuestro. Obras que, en lo personal atesoramos, pero que nos aterra dejarlas libres, como quien teme la salida de un hijo en la tenebrosa marejada de la vida. Sin embargo reconozco que esa es la finalidad de nuestra existencia; es decir, la de prepararnos y preparar a nuestros hijos para que salgan al mundo. Y sí, mis obras son como mis hijos: sentimientos profundos que emanan de la interacción con la misma Creación.

    Quiero dar las gracias a personas como mi hermano Tito, que hace mucho me viene empujando. A Albalira Franco de Linares que me invitó a participar en una obra de poesía leída del poeta José Franco. Y a don José Franco por haberme dado el ánimo de no seguir guardando en láminas de papel, escondidas en desvanes cibernéticos, en paredes de aposentos solitarios, y ante audiencias remotas, estas obras mías que ahora son tuyas.

    Noches en vela

    Normalmente duermo bien, pero en ocasiones y sin tener la mínima noción de razón, mi sueño se espanta y quedó envuelto en la oscuridad con mis pensamientos revoloteando como mariposas dentro de un frasco vítreo. En realidad es algo que disfruto, porque es tiempo de meditación trascendental, ya que por alguna razón que no comprendo, la mente se torna más aguda; pero eso sí, es bueno apuntar las ideas, porque estas se espantan al salir el sol. En todo caso, este es un recuento de una de esas noches de insomnio.

    El desvelo

    En esta noche vigilia

    De agudo canto vespertino

    Peregrinos son mis anhelos

    Revoleando entre oscuros aposentos

     

    Y… aun sin comprender

    La razón de tanto afán

    Me lanzo a recorrer

    Laberintos del desván

     

    En esta oscura velada

    Sin pena de amores dolidos

    Abandono la mullida almohada

    Y recorro las teclas dormidas

     

    Me sorprende luz alborada

    Bordada de cantos alados

    Y apresuro la locuaz jornada

    Temeroso del sol ser desterrado

     

    Y aunque es fácil terminar

    Una prosa natural

    Aun vacilo en agotar

    Mi copla nocturnal

     

    Desafío el luminar

    Que abate mi inspiración

    Que es temprano para desayunar

    Y tarde para el Alción

     

    El café ha de esperar

    Y el resto de este clan

    Que solo no vale desayunar

    Y aún no ha llegado el pan

     

    Y menos mal

    Que no es usual

    Es sólo un desvelo anual

    Y no algo preternatural