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  • Las realidades económicas del socialismo democrático

    Alguien tiene que pagarlo

    Es increíble cuánto puede cambiar en 25 años la plataforma de un partido político.

    El 27 de enero de 1996, el entonces presidente de EE. UU., Bill Clinton, proclamó que la “era del gobierno grande se terminó, pero no podemos volver a un tiempo donde dejábamos a nuestros ciudadanos librados a su suerte”. Y agregó: “Así que por lo tanto […] le pedí al Congreso que se me una para realizar los recortes que acordamos. Démosle al pueblo estadounidense el presupuesto balanceado que se merece, con un modesto recorte de impuestos y menores tasas de interés y una esperanza más brillante por el futuro que nos traerá”.

    Comparemos el mensaje de Clinton con los favoritos demócratas socialistas de hoy, Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. El programa emblema de Sanders es “Medicare para todos”, un plan que pone toda la responsabilidad del gasto para la atención médica de Estados Unidos sobre el presupuesto federal. Como lo explicó Sanders: “Ha llegado también el tiempo de decir que necesitamos expandir Medicare para cubrir a cada hombre, mujer y niño con un programa de atención médica nacional de pagador único”.

    Fiel al estilo, Ocasio-Cortez apoyó recientemente varios otros favoritos de Sanders, como la expansión de los beneficios por seguridad social, 12 semanas de licencia familiar, educación universitaria gratuita junto con un rescate financiero para las deudas de préstamos a los estudiantes, un programa de trabajos garantizados y grandes proyectos de infraestructura.

    Puede sonar ridículo, pero esta visión de expandir masivamente al gobierno apela indudablemente a muchos votantes demócratas, la mayoría de los cuales dicen que prefieren el socialismo al capitalismo. El Partido Demócrata de los 90 es tan diferente al que hoy aspira a tomar el país, que necesitaríamos miles de palabras para cubrir el asunto. Pero un área donde es fácil ver la diferencia es en el gasto.

    Adiós austeridad fiscal

    Una limitación de este ejercicio es que no estamos comparando manzanas con manzanas, porque los números de Clinton son cifras del gasto real, mientras que las de Sanders/Ocasio-Cortez son meramente aspiraciones. Clinton hizo su campaña prometiendo que el gobierno se haría cargo de la cobertura médica, pero no lo consiguió. Eso significa que un puntaje de su propuesta de campaña habría sido peor que los números reales. Es, no obstante, informativo.

    Durante sus dos mandatos en el Salón Oval, Clinton redujo el gasto del gobierno al 17,6 por ciento del PBI en el año fiscal 2001, desde un 20,3 por ciento en el año fiscal 1994. El gasto ajustado por inflación creció un 12,7 por ciento en ocho años—creció un 22,9 por ciento con Reagan y un 100 por ciento con Bush. Gracias a una economía creciente y un Congreso republicano un tanto responsable fiscalmente, el presupuesto de Clinton quedó equilibrado al final de su segundo mandato.

    Ahora bien, los socialistas democráticos nunca hablan sobre cuánto costará su plan. Sin embargo, algunos intelectuales se han ofrecido como voluntarios para hacerles el trabajo. Mi colega Charles Blahous escribió un formidable artículo que puntúa la propuesta de “Medicare para todos” de Sanders. Suponiendo realizable cada una de las optimistas suposiciones de Sanders, él encuentra que el plan costaría, como mínimo, la impresionante cifra de 32,6 billones de dólares en 10 años y agregaría un 12,7 por ciento del PBI al gasto federal para el 2031.

    Más indiscutible es el dramático impacto que tal plan tendría en la oferta y calidad de la atención médica en el país si Sanders obtuviera el recorte del 40 por ciento al reembolso a los proveedores de coberturas privadas que su plan requiere. El plan es tan malo que incluso el Washington Post publicó una editorial en contra.

    Decenas de billones

    Brian Riedl del Manhattan Institute ha contabilizado todo el plan: universidad gratuita, atención médica pagada y demás. Él encuentra que el plan de ensueño de Sanders/Ocasio-Cortez aumentaría el gasto federal en USD 42,5 billones en la próxima década. Y eso es además de los USD 12,4 billones adicionales que se proyecta que el gobierno federal aumente sin que haya ningún nuevo plan socialista en el mismo período.

    La proporción de la deuda respecto al PBI se dispararía al 239 por ciento en 2028 y casi al 500 por ciento en 2048—eso es tres veces más que las proyecciones actuales de la Oficina de Presupuesto del Congreso. El gasto como porcentaje del PBI superaría el 40 por ciento del PBI —más del doble del promedio desde 1965— y alcanzaría el 50 por ciento para el 2048. En otras palabras, Sanders y Ocasio-Cortez hacen que Clinton parezca el economista liberal Murray Rothbard.

    Ellos también hacen que el expresidente Barack Obama parezca Ronald Reagan. Riedl calcula cuántos impuestos adicionales se requerirían para convertir el sueño socialista en realidad. Él supone, generosamente, que el plan democrático socialista recortaría el gasto proyectado de USD 42,5 billones a USD 34 billones.

    Pero pagar incluso los USD 34 billones requeriría una tasa impositiva del 100 por ciento a todas las ganancias corporativas y un 100 por ciento a todos los ingresos salariales por encima de los USD 92.000 para solteros o USD 150.000 para los casados. Incluso este nuevo nivel de impuestos no pagaría ni un centavo de la acumulación de deuda proyectada actualmente, esto simplemente “financiaría” los nuevos sueños socialistas.

    Y todo lo anterior supone de manera no realista que los estadounidenses no van a cambiar su comportamiento cuando los impuestos se vuelvan confiscatorios. Datos de la oferta de trabajo agregada, como la diferencia en horas trabajadas entre países con diferentes niveles impositivos, sugieren que la gente, de hecho, sí cambia su comportamiento cuando la tasa impositiva es mayor y reduce su producción.

    El premio Nobel Ed Prescott, en su famoso artículo de 2004, “¿Por qué los estadounidenses trabajan mucho más que los europeos?” muestra que los trabajadores pasan considerablemente más horas trabajando cuando las tasas impositivas en sus ingresos son menores. Así que, básicamente, con el tiempo, la gente reduce la cantidad de horas que trabaja, el crecimiento económico se desacelera y se recauda menos dinero. Como muestra el trabajo de Prescott, el efecto es incluso más fuerte a medida que crece la asistencia social del gobierno.

    Y luego está el largo plazo. En relación al objetivo de Obama de subir drásticamente la tasa impositiva máxima durante su presidencia, la investigación económica muestra otro punto interesante: impuestos más altos no disuaden de trabajar a la gente rica, pero esas altas tasas aminoran los incentivos de los jóvenes a invertir en educación y en carreras que mejorarían sus posibilidades de volverse la gente rica del mañana. Estas consecuencias económicas negativas obviamente reducen las chances de un crecimiento económico robusto.

    En definitiva, ninguno de nosotros puede pagar los costos reales del presupuesto del sueño democrático socialista. Y estos son solo los costos financieros. No dice nada sobre paralizar la innovación, el emprendurismo y el trabajo bajo tal plan. Es increíble cuánto puede cambiar en 25 años la ideología de un partido político.

    Veronique de Rugy es una investigadora en el Centro Mercatus de la Universidad George Mason y senior fellow en el Instituto Americano de Investigación Económica. Este artículo fue publicado con anterioridad en AIER.org

  • El nazismo, el fascismo y el socialismo tienen sus raíces en el comunismo

    El concepto de una “extrema izquierda” en contraposición a una “extrema derecha” es falso. Los sistemas que se ubican en los dos extremos del espectro, incluido el socialismo y el nazismo, tienen todos su raíz en el comunismo. Y todos ellos creen en los mismos conceptos comunistas clave, como el colectivismo de Estado, la economía planificada y la lucha de clases.

    Todos ellos fueron simplemente interpretaciones diferentes del marxismo, formado justo antes de la Primera Guerra Mundial, en un tiempo en el que la materialización de las ideas de Karl Marx fracasó y los comunistas tuvieron que comenzar de cero.

    Antes de introducirnos en la historia de estos sistemas divergentes, primero necesitamos entender la ruptura entre el socialismo y el comunismo.

    El socialismo se describe en la teoría de Marx de las cinco etapas de la civilización. Luego de ayudar a encuadrar el concepto de “capitalismo” como una sociedad donde la gente puede comerciar libremente, Marx profetizó que luego del capitalismo, vendría una etapa de “socialismo”, seguida de “comunismo”.

    El socialismo fue la etapa que Vladimir Lenin describió como el “monopolio estatal-capitalista”, en el cual una dictadura se adueña de todos los medios de producción.

    La idea es que un régimen comunista usa el poder absoluto de la “dictadura del proletariado” socialista, para destruir todos los valores, todas las religiones, todas las instituciones y todas las tradiciones; lo cual teóricamente conduciría a la “utopía” comunista.

    En otras palabras, el socialismo es el sistema político, y el comunismo es el objetivo ideológico. Por esta razón los seguidores del comunismo argumentan que nunca se alcanzó el “verdadero comunismo”. El sistema ha fracasado en destruir completamente la moral y la creencia humana, aunque se haya cobrado las vidas de más de 100 millones de personas en los últimos 100 años.

    “Antes de la Revolución Rusa de 1917, ‘socialismo’ y ‘comunismo’ eran sinónimos”, dice Bryan Caplan, en el capítulo sobre comunismo de la “Enciclopedia Concisa de Economía”. Caplan es profesor asociado en economía en la Universidad George Mason.

    “Ambos se referían a los sistemas económicos en los cuales el gobierno se adueña de los medios de producción”, sigue Caplan. “Los dos términos divergen en significado en gran medida como resultado de la teoría y práctica política de Vladimir Lenin”.

    Por supuesto, el fracaso de las predicciones de Marx fue también lo que hizo surgir las muchas interpretaciones del comunismo que emergieron después de la Primera Guerra Mundial; entre ellos el leninismo, el fascismo y el nazismo.

    Mientras el mundo hervía en el tumulto que condujo a la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918, muchos comunistas se refugiaron en las palabras de Marx, quien en el “Manifiesto Comunista” de 1848 dijo: “Trabajadores del mundo, uníos”.

    Así todo, los trabajadores del mundo no se unieron, al menos no como lo envisionó Marx. En vez de marchar con el comunismo, en gran parte marcharon detrás de sus respectivos reyes y países.

    Además, la vida de los trabajadores mejoró bajo el capitalismo, contradiciendo las predicciones de Marx que vaticinaban que serían peores. Entonces, cuando surgió la revolución comunista, no sucedió en las sociedades “capitalistas en su última etapa”, que en ese tiempo eran Gran Bretaña y Alemania, sino que sucedió en Rusia. Y en vez de que la Revolución Bolchevique fuera del “proletariado” contra la “burguesía”, como predijo Marx, fue el ejército y el espionaje contra el sistema feudal ruso de los zares.

    Esta serie de eventos refutó en gran parte las predicciones de Marx y obligó a los comunistas de la época a repensar todo de cero, como lo nota el autor bestseller Dinesh D’Souza en su libro: “La gran mentira: Exponiendo las raíces nazis de la izquierda americana”.

    Luego de Lenin, la siguiente revisión comunista en pisar el escenario mundial nació de la mano de Benito Mussolini, quien aprendió de la Primera Guerra Mundial la lección de que el nacionalismo es más unificador que la idea de una revolución de los trabajadores. Él entonces reacondicionó al marxismo en su nuevo sistema de fascismo, usando el principio colectivista “fasci”, que se refiere a un manojo de palitos que refuerzan el mango de un hacha.

    Mussolini explicó el concepto en su autobiografía de 1928, en la cual dice: “El ciudadano en el Estado fascista ya no es más un individuo egoísta que tiene el derecho antisocial de rebelarse contra alguna ley de la Colectividad”.

    Según “Rusia bajo el régimen bolchevique” de Richard Pipes, “No hubo socialista europeo prominente antes de la Primera Guerra Mundial que se haya parecido más a Lenin que Benito Mussolini. Como Lenin, él lideró el ala antirevisionista del Partido Socialista del país; como él, creía que el trabajador no era por naturaleza revolucionario y tenía que ser empujado a la acción radical por la elite intelectual”.

    Luego, poco después, Adolf Hitler emergió con su nuevo sistema socialista bajo el eslogan “nacional socialismo”.

    Aprovechando que el pueblo alemán había quedado dividido en nuevas fronteras nacionales establecidas por el armisticio, Hitler usó políticas de identidad para agrupar a sus seguidores.

    D’Souza hace notar que las políticas del partido Nazi seguían el modelo comunista. El programa de 25 puntos incluía educación y salud gratuitas, nacionalización de grandes corporaciones y fondos, control estatal de los bancos y el crédito, la división de grandes propiedades de tierras en unidades más pequeñas, y otras políticas similares.

    Además, D’Souza dice que “Mussolini y Hitler identificaban ambos al socialismo como el núcleo del Weltanschauung [estilo de vida] nazi y fascista. Mussolini era la figura líder del socialismo revolucionario italiano y nunca dejó de ser leal al socialismo. El partido de Hitler se definía como el defensor del “socialismo nacional”.

    Como todas las otras ideologías comunistas, Hitler se oponía agresivamente al sistema capitalista tradicional. Tal como Lenin culpaba a los ricos dueños de campos y Mao Zedong culpaba a los propietarios de tierras, Hitler transfirió la culpa a un único grupo de personas: los judíos.

    Como dice D’Souza: “el antisemitismo nazi nació del odio de Hitler al capitalismo. Hitler hace una distinción crucial entre el capitalismo productivo, al cual él puede aceptar, y el capitalismo de finanzas, al cual él asocia a los judíos”.

    El conflicto que tomó lugar más tarde entre los varios sistemas durante la Segunda Guerra Mundial no fue una batalla de ideologías opuestas, sino una pelea sobre cuál interpretación del comunismo prevalecería.

    Según “Camino de servidumbre” de F.A. Hayek, “El conflicto entre el partido fascista o nacional socialista y el viejo partido socialista se puede pensar, en gran parte, como la inevitable clase de conflicto entre facciones socialistas rivales”.

    El actual relato de que el socialismo está de algún modo separado del nazismo y el fascismo, y aún mas, creer que estos conceptos están divorciados de sus orígenes comunistas, se debe al revisionismo histórico y a mucha acrobacia mental.

    D’Souza atribuye este cambio de relato a lo que Sigmund Freud llama “transferencia”. La idea es que la gente que comete actos terribles suele transferir la culpa a otros, acusando incluso a sus víctimas, de ser lo que ellos mismos son.

    Por Joshua Philipp – La Gran Época
  • Tren al Oeste, la deriva socialista del actual gobierno.

    La gente habla de los países escandinavos como ejemplo de socialismo, pero no lo son. Son países capitalistas, con propiedad privada que se respeta, con facilidades para abrir e iniciar empresas, con libre mercado y libre competencia. Lo único en lo cual los escandinavos difieren de la ortodoxia anglosajona, es que tienen unos impuestos relativamente altos (aunque viéndolo bien, los impuestos de los países anglosajones son casi tan altos) que financian una red de gasto social amplia en temas como la salud, la vejez y la educación. Ojalá fuéramos “socialistas” a la escandinava en lugar de ser “capitalistas” a lo latinoamericano. Porque una de las características del verdadero socialismo es la propiedad pública de los medios de producción que no se da en los países escandinavos, salvo el petróleo Noruego, y sí suele darse en el “capitalismo” latinoamericano, donde las empresas más grandes de un país, usualmente las que más aportan a la economía suelen estar en manos del Estado.

    Panamá durante la época de los militares, inició un camino socialista desarrollista, donde se nacionalizaron los servicios públicos, y se crearon una serie de empresas estatales enormes, que supuestamente iban a conducir el país al primer mundo, cuando la empresa privada no lo había hecho. Por supuesto la mayoría de esas empresas estatales perdían dinero y tenían que ser financiadas al final por los impuestos que pagaban los ciudadanos. O sea que las empresas productivas privadas sostenían las empresas improductivas estatales eternamente, mediante los impuestos, impuestos que bien podían dedicarse a la seguridad, justicia, salud o educación. Un desperdicio de recursos limitados. Ese es el problema del socialismo, los medios de producción en manos estatales, han resultado mucho menos eficientes que los medios de producción en manos privadas, y la planificación centralizada ha resultado ser menos eficiente que el supuesto caos del mercado.

    Esa sangría de recursos públicos era insoportable a largo plazo, y de hecho hizo que la brecha entre ricos y pobres en Panamá se disparara, así que los gobiernos post dictadura empezaron a deshacerse de las empresas estatales. Primero, la administración Endara se deshizo de las empresas estatales que perdían dinero eternamente, esto sin mucha fanfarria. Luego, la administración Perez Balladares se deshizo de la mayoría de las empresas estatales que ganaban dinero, pero que requerían de una reinversión en recursos para mantenerse al día que Panamá no tenía. Le falto el IDAAN y las consecuencias las vemos hoy.

    En el siglo XXI las administraciones Moscoso y Torrijos detuvieron la tendencia a privatizar, pero siguieron la ruta trazada de que los medios de producción que mueven la economía de Panamá, salvo el Canal de Panamá deberían seguir en manos privadas. El cambio regresivo se inicia durante el Gobierno de Ricardo Martinelli; éste no solo tenía alergia a la palabra concesión y privatizar, sino que fue el primero en renacionalizar empresas privadas. Durante el gobierno de Ricardo Martinelli se nacionalizaron los servicios de autobuses en la ciudad capital, primero para darlos en concesión a una sola empresa colombiana y luego para que el estado asumiese directamente el manejo de esta empresa.  Luego se procedió a nacionalizar los corredores Norte y Sur, a un costo de aproximadamente mil millones de dólares, sin que esto añadiera un solo centímetro cuadrado de carreteras al país. Está claro que Ricardo Martinelli consideraba que un gobierno de empresarios no era un gobierno pro mercado, sino un gobierno donde el Estado era el empresario, un capitalismo de estado. Un socialismo sin las intenciones igualitarias. Y ésta política, con un discurso un poco más social e igualitario ha sido seguida por el actual gobierno.

    Un ejemplo, cuyos resultados podemos pagar por generaciones es el Tren al Oeste. De Panamá a Chiriquí. Un tren en sí no es mala idea, para transporte de carga por tierra a larga distancia es más barato que un camión. Mucho más barato. Articular un ferrocarril de Centroamérica a Arraijan o de Panamá hasta Medellín en Colombia sería un sueño económico. Un ferrocarril muy bien llevado tiene menor impacto ecológico que una carretera. Por eso sería ideal hacerlo por el Darién.

    El gobierno de China ha ofrecido a Panamá financiar un ferrocarril de Arraijan a David. El gobierno ha nombrado una comisión de alto nivel para analizar el tema (con gastos y presupuesto que ya comenzamos a pagar). Y por ahora parecieran que quieren hacer algo paralelo a la carretera Panamericana, con 17 paradas. Y orientado más al tránsito de pasajeros.

    Allí es donde está el problema, un tren de pasajeros usualmente no es tan viable económicamente, y suele ser subsidiado permanentemente, ya sabemos que los subsidios se comen el 90% de los ingresos del Canal de Panamá. En Asia y Europa existe la densidad de población para que los trenes de pasajeros sean viables, no la existe en Norteamérica, y por eso no hay trenes de pasajeros en los USA y Canadá salvo en parte del Noreste de los Estados Unidos, y aun así AMTRACK es sostenida por el estado. Panamá es uno de los países menos poblados de la región. Y casi toda la población se concentra en los municipios de Panamá/ San Miguelito, Arraiján/la Chorrera y Colón. Salvo David, los municipios del interior están mucho menos poblados.  Además la idea de un tren es que sea rápido. Los trenes suelen tener vías rectas, con viaductos entre montañas y túneles a través de ellas. Curvas muy amplias y larguísimas rectas. Un tren lechero que va a parar en cada municipio de la Panamericana, derrota la idea de tener una comunicación rápida entre la zona canalera y Chiriquí.

    Sería mucho mejor tener un tren de carga y pasajeros combinado, que pare en menos lugares, pero que estas estaciones sirvan para hacer conexiones con empresas de autobuses y camiones de carga que distribuyan a los pasajeros y las cargas por sitios cercanos. Por ejemplo una ruta Arraijan, Rio Hato, Aguadulce, Santiago, Tolé, David, sería más rápida y con la mitad de paradas que simplemente imitar a la carretera Panamericana. Y el énfasis del tren debe ser el transporte de carga, no de pasajeros. Claro que la vía férrea la podrán usar para ambas cosas. Esto en cuanto al diseño del proyecto.

    El otro problema es la naturaleza del mismo. Lo quieren ver como una empresa estatal política, subsidiada permanentemente, o como un negocio productivo? Si es un empresa política, bueno el tren lechero de pasajeros hace mucho sentido; si es un negocio productivo, menos paradas donde realmente están los negocios de carga y pasajeros sería más efectivo. Y lo mismo pasa con la administración y el financiamiento.

    Si es un negocio político, endeudarnos con los chinos, que no fían ni el mafá, para luego tener que subsidiarlo eternamente por varias generaciones, hace sentido, aunque esa deuda la paguemos de miles de maneras, y esos subsidios sean dinero público que no podremos usar en otras cosas.

    Si es un negocio productivo, bueno dar el tren en concesión y permitir eventualmente la competencia de rutas en concesiones distintas sería lo mejor. Total, los ferrocarriles en los Estados Unidos, en Argentina se iniciaron como empresas privadas. El ferrocarril de Panamá era una empresa privada hasta que los gringos la nacionalizaron y luego pasó a Panamá, que la volvió a privatizar. No vemos por qué no podemos hacer lo mismo en el caso del tren, con la opción de extender este tren hasta nuestras fronteras y más allá, a San José y a Medellín eventualmente.

    Pero esa parece no ser la visión de las últimas dos administraciones. Un ejemplo es el Aeropuerto Scarlet Martinez en Rio Hato. Desde la administración de Mireya Moscoso se había propuesto que para utilizar la pista capaz de albergar jets internacionales, se hiciera un túnel para que la carretera Panamericana pasara por debajo. Como esto tenía un costo, lo más sensato era otorgar en concesión el Aeropuerto de Rio Hato entero a un desarrollador de aeropuertos, que no solo hiciera el túnel, sino que además pudiera modernizar las terminales de pasajeros, instalar zonas libres, servicios aeronáuticos, terminales de autobuses, centros comerciales y crear una alternativa a Tocúmen de la misma manera que aeropuertos regionales en Europa se convierten en la alternativa de bajo costo a los aeropuertos en las capitales. Esto no le hubiera costa un centavo al fisco panameño. En su lugar, durante la administración Martinelli se eligió hacer el túnel y la terminal nueva a costo del Estado, para el ocasional vuelo chárter o privado.

    Parece que esa es la mentalidad que se mantiene en la administración siguiente. El estado empresario porque aparentemente el fisco lo puede todo y los recursos son infinitos, solo hay que cobrarlos.

    Esperemos que la comisión de alto nivel salga con ideas creativas y esté dispuesta a admitir que las soluciones privadas deben integrarse en el futuro ferrocarril para hacerlo un negocio viable, auto sostenible y que sea el país y no la administración de turno el que gane.

  • Solo los humanos se tropiezan mil veces con la misma piedra.

    La estupidez es infinita. Y la terquedad, que es su hermana. Cuantas veces oímos, “dejen de mencionar el muro”, “dejen de mencionar la Unión Soviética”. Dejen de mencionar los crímenes de Stalin, o las hambrunas de Mao. Ya cansan. Curiosamente nadie se cansa de mencionar los crímenes de Hitler, o de Franco. Nunca hay suficiente memoria histórica en esos casos. El tema es que en el fondo los fascismos están orgullosos de sus crímenes. Por más que los neonazis nieguen al Holocausto, siguen al mismo tiempo presentado todas las razones por las cuales este seria para ellos una buena idea. Por más que la extrema derecha española justifique las acciones violentas de Franco, en el fondo sienten que salvaron a España y valió la pena. Solo que no lo dicen.

    No sucede así con los socialistas igualitarios de la izquierda tradicional. Usualmente estos siguen un ciclo. Primero se lanzan a defender, adorar y justificar el último experimento para construir la utopía. Luego a justificar sus graves errores y crímenes cuando se ve que el experimento no va bien. Y finalmente cuando el experimento ha fallado, a justificar los fallos mientras se busca otro experimento. Otra gran esperanza. Otra gran decepción. Por supuesto está siempre la idea de recurrir a la falacia del “no es un escocés verdadero”. Lo que pasó en X o Y lugar “no era socialismo verdadero,” o fulano de tal “no era un verdadero socialista”. La próxima vez que construyamos el socialismo, lo vamos a hacer bien. Porque siempre habrá una próxima vez. La aspiración socialista a construir la utopía porque el mundo real no funciona sigue allí, terca, obsesiva, constante.

    “El socialismo no ha fallado, solo que nunca lo han hecho bien”. La falacia de no es un verdadero escocés repetida hasta el infinito. Tras aceptar de manera renuente, “que en la Unión Soviética o en Cuba no hay democracia”, algo que de por sí es un triunfo, porque históricamente han dicho que sí, se dice, bueno es que la próxima vez el socialismo se construirá con los votos y sin escuadrones de fusilamiento.

    El problema es cómo se construye una sociedad radicalmente distinta, que requiere una cultura y manera de pensar totalmente diferente, en sociedades complejas de millones de personas, cada una con ideas y aspiraciones distintas, sin usar la coacción y la violencia. Porque los sueños socialistas de que la gente de la nada va a deponer sus egoísmos naturales y hacer un mundo más solidario o va a ceder su vida personal a la planificación central, hecha por planificadores que son como Dios, lo saben todo, lo pueden todo y son infinitamente buenos, de manera voluntaria, son eso, solo sueños que son imposibles realizar sino mediante la coacción y la violencia.

    En oposición, el capitalismo no fue una creación planeada. El mundo feudal colapsó gracias a la Peste Negra, las armas de fuego debilitaron el poder de los señores feudales, las ciudades crecieron y con ella los burgueses. Los viajes por mar globalizaron Europa, la revolución industrial lo cambió todo. Nada de esto fue planeado. No hubo un Karl Marx del capitalismo. Cuando Adam Smith describe como debe funcionar un sistema capitalista para crear riqueza, simplemente describe lo que por experiencia conoce. El socialismo en tanto busca describir un mundo futuro e inexistente con fundamento en las aspiraciones de hoy. Mientras que el capitalismo es producto de una evolución histórica aleatoria, el socialismo busca ser producto de una construcción racional de príncipes filósofos.

    “Forjemos nuevos caminos”, “democraticemos la economía”. Eslóganes bonitos. Pero cuando se rasguña debajo de la cubierta superior,  se encuentra que nada de eso podría ser posible sin la coacción de un pequeño grupo de personas sobre la mayoría.

    ¿En serio creen que un grupo de millones de personas va a poder tomas decisiones económicas racionales de manera democrática? Para los socialistas todas las versiones fallidas anteriores son hombres de paja, todos los casos fallidos no eran escoceses verdaderos. Así se disgustan cuando se las mencionan.

    Los apologistas del socialismo no explican por qué todos los experimentos pasados terminaron tan mal. Sería que nunca las ideas estuvieron en manos de las personas correctas o que desde un principio, nunca tuvieron las ideas correctas? Porque si distintas personas, en distintos lados del mundo aplican las mismas ideas, y todo termina mal, no son las personas, son las ideas.

    El socialismo nunca se podrá construir, porque es una mala idea desde el principio.

  • Cambios en Cuba.

    Desde 1959, dos hermanos, han gobernado la isla de Cuba. Ningún cubano que no tenga menos de 59 años ha vivido bajo otro gobierno que no sea el de Fidel o Raúl Castro. La gente que luchó por la Revolución Cubana o en contra, están llegado a los ochenta años de edad los más jóvenes.

    Los Estados Unidos que tanto lucharon en contra del gobierno comunista de Cuba, parecen haberse contentado desde los años 90s con dejar las cosas como están, pero siempre tomando el cuidado de mantener una postura crítica hacia la revolución cubana y su gobierno, y mantener las sanciones económicas; más bien para buscar el voto cubanoamericano en Florida, que para lograr un cambio en Cuba.

    Y la revolución cubana es hasta cierta medida un desastre anunciado de la política exterior norteamericana. En 1898, España era un imperio decadente, y los Estados Unidos, por el contrario eran un país que empezaba a coquetear con el imperialismo clásico. Ya no solo se había expandido el territorio a costas de México, sino que se buscaba un imperio de ultramar. Así que se inventaron una guerra con España, y en esa guerra los Estados Unidos despojaron a España de las últimas colonias de ultramar que le quedaban. Cuba, Puerto Rico y la Filipinas. Cuba y las Filipinas fueron convertidos en protectorados, Puerto Rico en una especie de Estado Libre Asociado, o sea en una dependencia territorial de los Estados Unidos pero sin representación federal.

    Este hecho marcaría la historia de Cuba durante el siglo siguiente. Cuba tenía un creciente movimiento nacionalista de tendencia liberal, cuyo máximo exponente era José Martí, y la independencia forzada más el estatus del semiprotectorado de facto, coartaron este movimiento, Cuba era uno de los países más avanzados del continente, su educación y salud eran ya buenas para la época, algo que el régimen cubano ha tratado de mantener dentro de sus limitaciones. No solo como arma de propaganda sino porque genuinamente los cubanos daban un elevado valor a estas cosas. Pero Cuba tuvo un dolor grande. El ver a su país como un semi protectorado era algo que muchos cubanos, tanto conservadores pro españoles como liberales, como comunistas, no aceptaban. De hecho en Cuba se inició un patrón que sería común en los países de habla hispana, la fusión del nacionalismo, que suele ser de derecha, con el socialismo que suele ser internacionalista en socialismos nacionalistas.

    Los hermanos Castro, hijos de terratenientes españoles, se hicieron comunistas por haber sido criados nacionalistas. Y la revolución cubana, pese su claro fracaso económico, se mantiene no solo por la represión, sino porque hubo cierto espíritu nacionalista cubano detrás. El hecho de que las presiones para cambio de gobierno vengan de los Estados Unidos más que todo, pone en muchos cubanos la idea de que “el gobierno es incompetente, no hay futuro, pero sigue siendo nuestro gobierno”. Por eso el embargo a Cuba ha sido uno de los mayores errores de los Estados Unidos, permite al gobierno cubano tener excusas para su incompetencia, producto de la ausencia de propiedad privada y planificación central, y  justificar el estancamiento general de la isla como producto del embargo. Al mismo tiempo, moviliza el nacionalismo diciendo, “miren, los gringos nos castigan porque no queremos vivir como ellos quieren que vivamos”.

    Raúl Castro y Miguel Díaz.

    Cuba fuera de los logros, que en algún momento serán sometidos a comprobaciones independientes, en materia de educación general, no universitaria, o en salud, o en materia militar cuando eran proxis de la URSS en el tercer mundo, ha logrado muy poco en 60 años. Ya hasta el dominio de los atletas cubanos en la región parece haber disminuido.

    El orgullo de Fidel Castro y su carisma, impidieron cualquier cambio profundo en el sistema. Raúl calentó las sillas mientras su hermano se enfermaba y moría, proceso que tardó unos 10 años. Ahora Raúl también pasa a retiro e inicia una transición a Miguel Díaz Canel. Este nació en 1960 y ha vivido toda su vida bajo alguno de los hermanos Castro, y bajo el comunismo. Y nada en su historial permite pensar que esté dispuesto a hacer cambios profundos. Ni siquiera cambios a la China o Vietnam. El régimen cubano es después del Norcoreano, el régimen marxista leninista más conservador.

    Y probablemente los cubanos calculan que una liberalización económica a la China o Vietnamita, puede traer el colapso del régimen. Y una liberalización política al estilo de la Perestroika es totalmente impensable. Fidel Castro nunca dejó de demostrar que responsabilizaba a la Perestroika como causante del derrumbe de la URSS. Y la manera como se reaccionó contra el general Ochoa, héroe de la guerra de Angola, vinculándolo al narcotráfico, cuando muchos piensan que su pecado real era querer que Cuba imitara Gorbachov, hace pensar que el partido comunista cubano va a ser muy tímido en ofrecer cambios profundos. El hecho de que el partido comunista cubano sea el partido único, y que la represión contra personas disidentes continúe, nos impide pensar en cualquier apertura política.

    Así que no esperemos milagros.

  • Igualdad, Pobreza y Libertad

    El último discurso del presidente argentino, Mauricio Macri,  valoró fundamentalmente el haber logrado una reducción en el nivel de pobreza en el año 2017, que según los datos pertinentes se habría reducido del 28% al 25%. Y asimismo repitió que su propuesta de política nacional es el de reducir la pobreza a cero, lo que manifestó como el proyecto pincipal de su política. Lo que no explicó es cuál es la política a seguir para lograr ese objetivo.

    Al respecto voy a comenzar refiriéndome a algunas consideraciones de Ayn Rand que estimo trascendentes ante el mundo en que vivimos, en el cual la izquierda ha monopolizado la ética en nombre de la supuesta igualdad y los derechos del pueblo. Olvidando que cuando los derechos son del pueblo ni Ud. ni yo tenemos derechos. Ya debemos de saber que los derechos del pueblo son la retórica izquierdista para lograr el poder absoluto violando los derechos individuales.

    Y así dice Ayn Rand: “El principio básico del altruismo es que el hombre no tiene derecho a vivir por su propio motivo, y que su servicio a los demás es la única justificación de su existencia”. Esperemos, entonces, que el proyecto de Macri no esté basado en el altruismo. Ya con el pensamiento de Kant al respecto de que la búsqueda de la felicidad es deshonesta pues se hace por interés y no por deber, determinó el principio básico del Iluminismo que creara el totalitarismo europeo, como la racionalización del despotismo. Por supuesto que doy por sentado que Macri no pretende un proyecto de esa naturaleza, pero es imprescindible determinar cuáles son los principios en que basa el logro de la eliminación de la pobreza.

    Entonces voy a insistir en el pensamiento de Ayn Rand al respecto del capitalismo: “Comparado con los siglos de hambre pre capitalista, las condiciones de vida de los pobres en los primeros años del capitalismo fue la primera oportunidad que los pobres tuvieron de sobrevivir”.

    En virtud de esa realidad surge la descalificación de Marx del capitalismo como la explotación del hombre por el hombre, que constituye el desconocimiento del sistema que cambió la historia del mundo y que fuera el Rule of Law, cuyo principio fundamental es el respeto por los derechos individuales “a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad”. Y asimismo el reconocimiento de la naturaleza humana para decidir la necesidad de limitar el poder político, pues como reconoció John Locke: “Los monarcas también son hombres”.

    El Rule of Law es un sistema ético político y al respecto me voy a volver a referir al Locke que dijo: “Lo que importa no es la Ley, sino que ley” Y al respecto Hayek se refirió claramente cuando escribió: No es lo mismo una ley que regula el tránsito, que una que ordena donde tenemos que ir”.

    El respeto al derecho a la búsqueda de la propia felicidad es como reconociera Locke el principio fundamental de la libertad. Así fue reconocido por Adam Smith en su visión de la llamada mano invisible conforme a la cual el individuo beneficia más a la sociedad en la persecución de su propio interés que aquellos que pretenden actuar por el bien público. Y al respecto Vaclav Ravel dijo: “La riqueza de las naciones depende  de la libertad de sus habitantes, no de la fertilidad de sus tierras”.

    Por todo lo dicho anteriormente es indudable que la eliminación de la pobreza requiere la implementación del sistema que crea riqueza, y que no se basa en la generosidad del gobierno. Ya debiéramos saber que hay una correlación inversa entre e nivel del gasto público y la tasa de crecimiento económico. Por tanto la conditio sine qua non del propósito de Macri de la eliminación de la pobreza requiere la reducción del gasto público.

    El otro factor que afecta la posibilidad del crecimiento económico es la tendencia socialista a la búsqueda de la igualdad. Como bien dijera Karl Popper: “Me percaté que en la búsqueda de la igualdad se perdía la libertad, y después no había igualdad entre los no libres”. Pero al respecto vale recordar las sabias palabras del Papa León XIII que en 1891 escribió la encíclica Rerum Novarum donde dijo: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales los altos y los bajos. Afánanse en verdad, por ella los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud, ni las fuerzas; y la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad”. Como vemos León XIII había aceptado la mano invisible de Adam Smith y hoy lamentablemente el Papa Francisco parece no haber leído la Rumrum Novaran.

    Hoy a mi juicio seguimos en una confusión prístina a la que se ha añadido la situación de China. La China bajo un gobierno supuestamente comunista crece a tasas inconmensurables y ha pasado a ser la segunda economía mundial. Y en ese proceso ha logrado sacar a 300 millones chinos de la pobreza. Esa situación aparentemente nos deja perplejos ante el hecho de que la Unión Europea democráticamente prácticamente no crece hace más de diez años.
    Yo me permito concluir al respecto que la China es hoy más capitalista que la Unión Europea, que se encuentra en manos del socialismo democrático. O sea Marx, Eduard Bernstein mediante. Según la última información al respecto el gasto público en China alcanza al 31% del PBI en tanto que el promedio en la Unión Europea alcanza al 47,5% del PBI Y en Francia al 56% del PBI. Otro dato importante al respecto es que el 40% de la inversión extranjera va a la China. Por ello no puedo menos que concluir que desde el autoritarismo de Xi Jimping se respetan los derechos de propiedad y de la búsqueda de la felicidad.

    Entonces volviendo a la situación de Macri insisto que lo que crea la pobreza no es la desigualdad tal como lo reconoció Margaret Thatcher en Inglaterra, sino la falta de creación de riqueza. Y esta depende del derecho de propiedad que está siendo violado fácticamente por el incremento inusitado del nivel del gasto público. Y recordemos Churchill cuando escribió: “El socialismo es una filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia. Su virtud inteligente es el reparto igualitario de la miseria”.

    Decididamente Macri no está en esa era, y por ello uno de sus aportes fundamentales al cambio ha sido la restauración de la seguridad jurídica y el restablecimiento de la confianza en Argentina en el orden externo. Por ello la oposición tradicional argentina lo ataca por estar de parte de los ricos. Y la realidad es que son los ricos ante la seguridad jurídica los que generan riqueza. Cuando por el contrario. en nombre de los pobres se violan los derechos de propiedad, se genera más pobreza y la única riqueza es la que queda en las manos de los que la reparten.