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  • Para ser optimistas

    Las noticias son generalmente malas, en realidad afortunadamente puesto que el día que nos transmiten como una noticia que un avión llegó a destino estamos en el horno. Lo que se transmite es lo irregular, lo bochornoso, lo alarmante, no es noticia que se diga que no hubo choques de planetas pues eso querría decir que lo normal es el choque y así sucesivamente con los demás asuntos. Es una suerte que se destaque y se comente como anómalo la catástrofe, la peste, la muerte masiva y equivalentes de lo contrario como queda dicho significaría que lo común y corriente es la desgracia.

    Sin embargo es cierto que lo que debiera ser una excepción en algunos lugares es moneda corriente, lo cual es evidentemente una desgracia que en la mayor parte de los casos es consecuencia del desacierto de aparatos estatales que imponen absurdos permanentes que no dan tregua a las personas.

    Ahora bien, es pertinente centrar la atención en el bien que hacen tantas personas abnegadas con el prójimo, tanta solidaridad en momentos difíciles, tanto emprendedor que ejecuta nuevos proyectos que benefician a la humanidad y tantos buenos propósitos. A veces por centrar la atención en las noticias del día en el sentido apuntado las buenas nuevas quedan eclipsadas, es como si un ruido que ensordece opacara la buena música.

    Antes de abordar un controvertido tema de nuestro tiempo, ilustro lo dicho con un libro titulado Grandes avances de la humanidad. El futuro es mejor de lo que pensamos, escrito por el profesor de la Universidad de Estocolmo, Johan Norberg. En la introducción que titula “Estamos mejor que nunca” escribe que en Suecia “luego de medio siglo de ampliar libertades humanas, aumentan los ingresos, se reduce la pobreza y mejora la asistencia médica.” Apunta “la forma en que la gente realmente vivía antes de la Revolución industrial, sin medicamentos ni antibióticos, agua potable, suficiente alimento, electricidad o sistemas sanitarios.” Si miramos con la suficiente perspectiva vemos que “la esperanza de vida al nacer aumentó más del doble […] el liberalismo clásico comenzó a emancipar a la gente de las cadenas de los legados, el autoritarismo y la servidumbre.”

    Por supuesto que el autor declara enfáticamente que “sería un error terrible dar por sentado tal progreso […] los pilares de nuestro desarrollo: las libertades individuales, la economía abierta y el progreso tecnológico […] los populistas, tanto de izquierda como de derecha tienen un resentimiento generalizado contra la globalización y la economía moderna […] ya sea mediante la nacionalización de la economía, el bloqueo de las importaciones extranjeras o la expulsión de inmigrantes.”

    Otros capítulos se refieren a la alimentación, la higiene, la violencia, la alfabetización y el medio ambiente todos mostrando progresos sustanciales pero en nuestro caso me refiero a éste último ítem sobre lo que he escrito antes pero vuelvo sobre el asunto pues es un tema de debate constante en diversos medios. Pero antes es menester subrayar también los progresos en las recreaciones, en los teatros, en la música, en la vestimenta, en las construcciones, calefacciones, refrigeraciones, los transportes, las comunicaciones y servicios varios que permiten una mejor vida que sin duda depende de lo que cada uno sea capaz de hacer en cuanto a velar por las libertades para no ser sofocados por el Leviatán. Todos los progresos debido a los pequeños espacios que deja el estatismo que permiten la potencia de la libertad, es a pesar de los gobiernos.

    Veamos lo del medioambiente entonces. De un tiempo a esta parte los socialismos se han agazapado al ambientalismo como una manera más eficaz de liquidar la propiedad privada: en lugar de decretar su abolición al estilo marxista, la tragedia de los comunes se patrocina con mayor efectividad cuando se recurre a los llamados “derechos difusos” y la “subjetividad plural” a través de lo cual se abre camino para que cualquiera pueda demandar el uso considerado inadecuado de lo que al momento pertenece a otro.

    Antes que nada, subrayamos que toda invasión a la propiedad debe ser castigada, ya se trate de un asalto o de la emisión de monóxido de carbono o del desparramo de ácidos, basura o cualquier otra acción que lesione derechos de terceros. Ahora la tecnología permite a través de remote sensoring y de tracers detectar los emisores, sean automotores, fábricas o fuentes equivalentes. De más está decir que no se trata de eliminar toda polución, de lo contrario habría que dejar de respirar debido a la contaminación de la exhalación.

    Vamos entonces a la ecología propiamente dicha. En primer lugar, el denominado calentamiento global. El fundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman, el premio Nobel en física, Ivar Giaever y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore, sostienen que se trata de un fraude en el sentido de tergiversación de estadísticas puesto que, por una parte, el aumento en la temperatura en el planeta Tierra se ha elevado medio grado en el transcurso del último siglo y fue antes de que aparecieran los gases que fueron inyectados por los humanos en la atmósfera (principalmente dióxido de carbono). Por otra parte, explican que desde hace cincuenta años se ha producido un leve enfriamiento del planeta con cambios en los que el neto de masas de hielos engrosados y derretidos resultó a favor de lo primero. También apuntan que en la época de los dinosaurios, en la Tierra el nivel de dióxido de carbono era entre cinco y diez veces superior al actual lo cual contribuyó a la riqueza de la vegetación, épocas en las que la Tierra era a veces más calurosa y húmeda y otras de enfriamiento y sequedad, en simultáneo con las referidas altas dosis de dióxido de carbono.

    El efecto invernadero es controvertido. La opinión dominante es refutada por académicos y científicos de peso como Donald R. Leal, Fredrik Segerfeldt, Martin Wolf, Terry L. Anderson y Ronald Bailey. Según estas opiniones, en las últimas décadas hay zonas donde se ha engrosado la capa de ozono que envuelve el globo en la estratosfera. En otras se ha debilitado o perforado. En estos últimos casos, los rayos ultravioletas, al tocar la superficie marina, producen una mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, que dificultan la entrada de rayos solares. Esto conduce a un enfriamiento del planeta, que se verifica con adecuadas mediciones tanto desde la tierra como desde el mar, lo cual no quita circunstanciales y cambiantes temperaturas elevadas en zonas terrestres.

    Se sostiene también que el fitoplancton consume diez veces más dióxido de carbono que todo el liberado por los combustibles fósiles. Y que las emisiones de dióxido de sulfuro a través de aerosoles compensa la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera que produce el mencionado enfriamiento. El Executive Committee of the World Meteorological Organization de Ginebra concluye: “El estado de conocimiento actual no permite realizar predicciones confiables acerca de la futura concentración de dióxido de carbono o su impacto sobre el clima”.

    En cualquier caso, como nos aconseja Thomas Sowell, siempre debe tenerse muy presente el balance neto de cada medida que se adopta. Por ejemplo, al conjeturar que los clorofluorcarbonos destruyen las moléculas de la capa de ozono a causa del uso de refrigeradoras y aparatos de aire acondicionado, combustibles de automotores y ciertos solventes para limpiar circuitos de computadoras, hay que considerar las intoxicaciones que se producen debido a refrigeraciones y acondicionamientos deficientes de la alimentación, como también de los accidentes automovilísticos debido a la fabricación de automotores más livianos.

    A veces la arrogancia impide advertir que los cambios más radicales en el planeta tuvieron lugar antes de la Revolución Industrial, lo cual incluye las notables bajas en el mar (se podía cruzar a paso firme el estrecho de Bering y las especies y las temperaturas se modificaron grandemente).

    En segundo lugar, la preocupación por la extinción de especies animales. Muchas especies marítimas están en vías de extinción. Esto hoy no sucede con las vacas, aunque no siempre fue así: en la época de la colonia, en buena parte de América latina el ganado vacuno se estaba extinguiendo debido a que cualquiera que encontrara un animal podía matarlo, engullirlo en parte y dejar el resto en el campo. Lo mismo ocurría con los búfalos en Estados Unidos. Esto cambió cuando comenzó a utilizarse el descubrimiento tecnológico de la época: la marca, primero, y el alambrado, luego, clarificaron los derechos de propiedad. Lo mismo ocurrió con los elefantes en Zimbabwe, donde, a partir de asignar derechos de propiedad de la manada se dejó de ametrallarlos en busca de marfil.

    Tercero, respecto al temor por la desaparición del agua, el premio Nobel en economía Vernon L. Smith escribe: “El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas”. El planeta está compuesto por agua en sus dos terceras partes, aunque la mayoría es salada o está bloqueada por los hielos. Sin embargo, hay una precipitación anual sobre tierra firme de 113.000 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000. Eso deja un neto de 41.000, capaz de cubrir holgadamente las necesidades de toda la población mundial. Sin embargo, se producen millones de muertes por agua contaminada y escasez. Tal como ocurre en Camboya, Ruanda y Haití, eso se debe a la politización de la recolección, el procesamiento y la distribución del agua. En esos países, por ejemplo, la precipitación es varias veces superior a la de Australia, donde no tienen lugar esas políticas y en consecuencia no ocurren esas tragedias.

    En cuarto lugar, la lluvia ácida que tal como lo refiere Robert Balling, doctor en geografía y ex director de la Oficina de Climatología de Arizona, se traduce en precipitaciones que incluyen ácido nítrico y ácido sulfúrico provenientes de algunas industrias. Especialmente, de plantas eléctricas que generan emisiones de dióxido de sulfuro y óxido de nitrógeno, que afectan los vegetales e incorporan acidez en los ríos y lagos, con consecuencias negativas para las especies que allí se desarrollan.

    Por último, Julian Simon y Herman Kahn se detienen a considerar el tema de los recursos naturales referido a los conceptos de sustitución, reciclaje y la tecnología. Si el carbón de la época de la Revolución Industrial fue sustituido con creces por el petróleo y este eventualmente lo será por la energía nuclear, solar y eólica, la humanidad no solo no ha perdido nada sino que ha ganado mucho. Si el cobre es reciclado ad infinitum no hay pérdida de cobre y si el reciclado genera resultados más satisfactorios, la situación evidentemente mejora para el hombre (y si, además, en este caso, es en gran medida sustituido por la fibra óptica, las consecuencias benéficas resultan exponenciales). Si la tecnología progresa a pasos más agigantados que el consumo de un recurso que se estima no renovable y no duradero, el resultado es también mejor y si trabaja con recursos renovables y duraderos como la arena para fabricar chips de computadoras los efectos son más auspiciosas aún.

    Estos autores mantienen que hay dos métodos de calcular reservas de recursos naturales. Uno es el de los ingenieros y el otro es el de los economistas. El de los ingenieros se limita a extrapolar el precio y el ritmo de consumo en relación a las reservas físicas estimadas al momento. El método de los economistas, en cambio, consiste en no considerar la extrapolación de una situación estática sino, como queda expresado, de comprender que cuando se considera más urgente un bien el precio se eleva y por ende las reservas se estiran.

    Además, señalan que si se concluye que los precios futuros se elevarán, los especuladores comprarán en el presente para vender en el futuro con lo que elevan el precio actual y lo deprimen en el futuro.

    Finalmente, la ingeniería genética ha producido una llamativa revolución al posibilitar mejoras extraordinarias en la calidad de vida en muy diversos planos. Nos estamos refiriendo a notables aumentos en la productividad, a plantas resistentes a plagas y pestes que, por ende, no requieren el uso de plaguicidas y pesticidas químicos, a la posibilidad de incrementar el valor nutriente, a la capacidad de incorporar ingredientes que fortalezcan la salud (incluyendo la disminución de alergias) y mejoren el medio ambiente y el enriquecimiento de los suelos, tal como ha explicado entro otros el biólogo molecular, premio Nobel en medicina, Richard Roberts. De más está decir que lo que aquí dejamos consignado no es incompatible con que simultáneamente se trabajen otros procedimientos como los alimentos orgánicos en los que se excluyen todo tipo de transgénicos, para lo que se recurre a fertilizantes producto de la composta o abono orgánico que son el resultado de residuos animales y vegetales. Es la gente la que debe decidir sus preferencias en base a la información disponible y si hubiera conflictos estos deberán resolverse en los estrados judiciales en el contexto de un proceso evolutivo y abierto, excluyendo la posibilidad que unos impongan sus criterios a otros.

    Por todo esto es que podemos ser optimistas a pesar de las ocurrencias negativas que naturalmente nos deben mantener alertas para no reincidir. La manía de la monotonía debe ser contradicha.

  • La actualidad política de Woody Allen

    A través del tiempo aquí y allá aparecen producciones cinematográficas que son calcos de ocurrencias varias. Esto ha sucedido con la quinta producción de Woody Allen en 1971 que ha sido escrita, dirigida y actuada por él. Bananas es básicamente una sátira política pero que lamentablemente refleja lo que tiene lugar en no pocos lares con gobiernos que han perdido el rumbo en cuanto a la protección de los derechos de las personas para en su lugar aniquilarlos. Son sujetos atados a los aparatos estatales que se consideran con las capacidades de dirigir vidas y haciendas ajenas con total desparpajo produciendo todo tipo de iniquidades y, sobre todo, conduciendo a la miseria más horripilante a todos los habitantes excepto siempre a un grupo de cortesanos mientras se mantengan dúctiles a los deseos de los amos circunstanciales instalados en el poder.

    Toda la secuencia ocurre en un país que se conoce como San Marcos. Se inicia con el asesinato de un ex presidente que es asediado por periodistas y cámaras televisivas para tomar las últimas e insólitas declaraciones del malherido por las balas opositoras no para liberar a esa nación sino para sojuzgarla aun con mayor vehemencia.

    El film muestra la miseria de la población y los caprichos que una y otra vez imponen los mandones de turno que tiene reminiscencias de la dictadura cubana y los permanentes desafíos a la embajada estadounidense con la consiguiente quema de su bandera como señal estúpida de una falsa independencia.

    En el contexto de sucesos hilarantes para el público pero dramáticos para los habitantes del lugar al reflejar las inmensas contradicciones y sandeces del gobierno, se ilustra la canallada del Leviatán local con una escena en la que el dictador se dirige a una multitud que convoca forzosamente desde el consabido balcón y les grita a una perpleja audiencia de hispanoparlantes una de las tantas decisiones absurdas: “A partir de mañana el idioma oficial será el sueco.” Esto refleja a las mil maravillas la imbecilidad de megalómanos incrustados en el monopolio de la fuerza.

    Esta producción sigue exhibiéndose con éxito lo cual es de esperar que entre risa y risa también despierte la indignación de personas que conservan su dignidad y renuncian a dejarse manejar como corderos.

    A esta altura del siglo veintiuno es a todas luces inaceptable que existan países que se dejen arrastrar por estos canallas. Es indispensable recapacitar y no permitir estos desquicios por seres que se consideran iluminados pero que a la postre son unos mequetrefes cuya única capacidad es el uso indiscriminado de la violencia. Como escribe Allen en Sin plumas: “Nuestros hombres políticos son incompetentes o son corruptos. Y a veces las dos cosas en el mismo día.” No es que este director de cine adhiera a la tradición de pensamiento liberal pero muchas de sus producciones escritas y en el arte visual constituyen cantos a la necesidad de rebelarse frente a tanto desatino.

    Antes de cerrar esta acotada nota periodística reproduzco algunas de las frases más graciosas de Woody Allen con la intención de distraer en algo a los lectores habitualmente ametrallados con noticias cotidianas a cada cual más desagradable, pero antes hago una digresión para aludir a un concepto que se ha dado en denominar “disonancia cognitiva” y que refleja el grave problema de entregarse a las fauces del poder político (que como también se ha dicho debe por lo menos ser rotativo pues “igual que con los pañales, los políticos en funciones deben cambiarse y por las mismas razones”).

    Es de interés indagar en los motivos que hacen que personas formadas con determinados valores en los que creen, en la práctica de la vida operan a contramano de aquellos principios. En economía hay un precepto que se denomina “la preferencia revelada”: no importa en qué consistan los discursos y las declamaciones, lo relevante son las acciones que en verdad ponen al descubrimiento los valores que se profesan.

    Si una persona dice y repite que lo importante para él es la lectura pero se pasa la vida jugando al tenis, en la práctica, pone de manifiesto que lo prioritario para él es el deporte y no la lectura. Sin duda que también hay que tener en cuenta que pueden sostenerse de buena fe ciertos principios y, en los hechos, se violan debido a que “nadie puede tirar la primera piedra” en el sentido de que todos nos equivocamos. Pero el asunto es la continuidad en el tiempo: si permanentemente se cae en el pantano y no hay esfuerzo alguno para mantener la brújula y subirse a la huella y rectificarse, queda claro el principio que se aplica eclipsa y deglute al declamado. Sin duda que peor que esta situación es olvidarse de los mojones y parámetros de la conducta recta y ni siquiera declamarlos porque, en ese caso, se borra toda esperanza de reencauzar la acción hacia la buena senda.

    En esta misma línea de pensamiento, intriga cómo es que muchos estudiantes universitarios que, dados lo tiempos que corren, tienen el raro privilegio de atender clases en las que se exponen las ventajas de la sociedad abierta o quienes han obtenido los beneficios -también poco comunes- de haber recibido esa educación en sus hogares y adhieren a esa forma de convivencia basada en el respeto recíproco, pero, sin embargo, en los avatares de la vida, en la práctica, renuncian a esos valores. Y lo curioso es que no lo hacen porque deliberadamente abandonan ese modo de pensar, al contrario, insisten en suscribir los pilares de la sociedad libre en el contexto de las relaciones sociales pero, nuevamente decimos, en los actos cotidianos ese pensamiento, de tanto amoldarse a las opiniones que prevalecen, se diluye y finalmente es devorado y triturado por los hechos diarios.

    La explicación consiste que en numerosos casos, la persona aún manteniendo en las palabras esos principios, percibe que en el mundo que lo rodea las conductas son muy otras y, para sobrevivir, como si se tratara de un instinto inconsciente de supervivencia, aplican los valores opuestos en lugar de hacer frente a los acontecimientos e intentar revertirlos para mejorar la situación.

    Internamente se pretende el autoengaño que, para suavizar la tensión subyacente, aparentan mantener los principios en los que racionalmente adhieren pero todos sus dichos y hechos apuntan en la dirección opuesta. Muchas veces de tanto simular terminan creyendo en sociedades autoritarias de diverso grado. Al fin y al cabo, como ha escrito Nathaniel Hawthorne en La letra escarlata “Ningún hombre puede por un período considerable de tiempo usar una cara para él mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse acerca de cuál es la verdadera”.

    Independientemente de las concepciones del psicólogo Leon Festinger en otros ámbitos, fue él quien bautizó en 1957 la idea de la referida tensión (aunque aplicada a casos y, en cierto sentido, contextos diferentes a los aquí expuestos) como “disonancia cognitiva”. Un neologismo fértil para explicar el fenómeno a que nos venimos refiriendo. Me llamó la atención sobre este término y el profesional que lo comenzó a utilizar, mi amigo Alberto Mansueti, de la Universidad de San Pablo.

    Hay otra situación a la que también aplicamos la antedicha noción de “disonancia cognitiva” y es cuando una persona sostiene que procede convencida de la más alta calidad de un bien pero queda a todas luces patente que su conducta obra por snobismo, show-off, para llamar la atención o simplemente para esconder algún complejo. Es cuando se encandila por precios altos de un bien y está atraída a su compra, no tanto por el contenido de lo que adquiere sino precisamente por el precio especialmente elevado.

    Como es sabido, en economía se enseña que cuando el precio aumenta la demanda decrece (según sea su elasticidad). Sin embargo, se sostiene que en el caso comentado no tiene lugar la mencionada ley puesto que cuando el precio se incrementa se incrementa también la cantidad demandada. Esto no es así. Hay un espejismo que se conoce como “la paradoja Giffen” (por Robert Giffen, a quien Alfred Marshall le atribuyó la autoría del concepto). En realidad la ley se mantiene inalterada, lo que ocurre es que aparece un nuevo bien que se superpone al anterior y es el snobismo o sus antes referidos equivalentes que hacen de nuevo producto, para el que al elevarse el precio naturalmente se contrae la demanda.

    Nadie declara que procede por snobismo, incluso puede pensarse que no se opera en base a esa tontera pero, en la práctica, la tensión interna hace que tenga lugar el autoconvencimiento de que se compra el bien en cuestión debido a “la calidad superior del mismo”. Dicho sea de paso, esa es, por ejemplo, la razón por la que la botella del vino Petrus se cotice a cinco mil dólares ya que no hay fundamentos enológicos para tal precio en comparación con otros vinos de igual o mejor calidad pero sin el mercadeo y la presentación de aquel (reflexión que para nada se traduce en que el valor deja de ser puramente subjetivo y dependiente de la utilidad marginal). Esto también ocurre con la pintura, la moda y otras manifestaciones públicas de variado tenor y especie pero, de más está decir, esta no es la tendencia prevaleciente en el mercado ya que la gente elige microondas, comida, televisores y demás bienes por su calidad y no por esnobismo (de lo contrario, con suficiente mercadeo y publicidad se podría convencer a la gente que use candelas en lugar de luz eléctrica, carpas en lugar de edificios, monopatines en lugar de automóviles etc).

    Otro ejemplo -lamentablemente de gran actualidad por estos días- es el método Ponzi (llamado así por el célebre estafador Carlo Ponzi emigrado a Estados Unidos de Italia en 1903) que se basa en un esquema piramidal en el que se prometen altos rendimientos sustentado en ingresos de nuevos inversionistas engatusados por grandes retornos y no debido a prometidas pero inexistentes colocaciones de fondos tomados de los clientes. Ha habido sonados casos de quienes sospechaban el fraude pero se autoconvencían de supuestos éxitos y habilidades de los tramposos…otra vez, la “disonancia cognitiva” (y no se trata de introducir más regulaciones estatales sino de abrir paso a las auditorías de los “inversionistas” o de los controles societarios si se trata de ejecutivos que operan de ese modo para que los accionistas tengan adecuada información en base a la flexibilidad y los necesarios reflejos libres de la intromisión gubernamental, aparato que debe limitarse a condenar luego del correspondiente proceso a los denunciados, del mismo modo que no se requieren disposiciones especiales para evitar que se vendan pollos en mal estado).

    En todo caso, el punto central de estas reflexiones consiste en destacar esos raros y un tanto misteriosos vericuetos internos que apuntan al alivio de tensiones entre posiciones opuestas a través del autoengaño o la “disonancia cognitiva” que conducen a los episodios de Bananas que también fueron ilustrados por otro actor colega: “Los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos y por los mismos motivos.”

    Vamos finalmente al recreo anunciado al transcribir siete de las humoradas de Woody Allen:

    -”La eternidad se hace muy larga, especialmente la última parte”

    – “Más que ningún otro tiempo en la historia de la humanidad estamos frente a una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación y a la negación de toda esperanza. El otro desemboca en la total extinción. Recemos para tener la suficiente sabiduría al efecto de elegir correctamente”

    – “La confianza es lo que se tiene antes de haberse enterado del problema”

    – “El sexo es la mejor diversión sin reírse”

    – “Uno viviría hasta los cien años si es capaz de renunciar a todo aquello por lo que desearía vivir hasta esa edad”

    – “La última vez que penetré en una mujer fue cuando visité la Estatua de la Libertad”

    – “Creo firmemente que hay algo allí afuera que trasciende y nos observa, pero lamentablemente es el gobierno”.

  • El anarco-capitalismo

    ¿Has oído hablar o conoces lo que es el “anarco-capitalismo”? ¿No? Puede que te resulte interesante… Se trata de una ideología que, ha dado buenos resultados en el mundo real en dónde se ha practicado; tal como en la Islandia medieval y en Cospaia, una pequeña república ubicada dentro de Italia en el norte de Umbría, que fue independiente entre 1440 a 1826. Pero estos dos sitios no son los únicos en dónde se ha puesto en práctica un gobierno minimalista con sorprendentes resultados, tanto económicos como sociales. Tal vez los panameños debíamos poner un poco de atención, ya que vamos por el camino contrario.

    Hay quienes sostienen que el gobierno es el mayor de las infamias; o, si se quiere, maldad o vileza, que afecta el honor, o el crédito de una persona; y al decir “crédito”, no me refiero al sentido común en que se usa esta palabra, asociado al crédito económico sino a las cosas, personas o entidades que son confiables. ¿Tienen ustedes ‘confianza’ en nuestros gobiernos? De hecho, el camino que lleva nuestra querida república va directo al Cerro Patacón. ¡Hay que cambiar de rumbo!

    Y hacia dónde debemos dirigirnos es hacia una sociedad capaz del autogobierno; vale decir, una sociedad que puede hacer casi todo por cuenta propia, sin tener que recurrir a los zorros del gallinero: el anarco capitalismo. Cuando vemos una población que en sus protestas portan letreros que dicen: “exigimos al gobierno que venga a resolver nuestros problemas”, podemos estar seguros no sólo de que es una sociedad en serios aprietos sino que el camino que los colocó en semejante situación se debe, más que nada, a profanos grupos oligárquicos corruptos; y de eso hay demasiado en nuestro país.

    No hay mejor gobierno que aquel que se origina en la familia, el barrio, la iglesia no prostituida, la escuela no centralizada, las asociaciones civiles; todo lo cual conforma una opinión pública saludable; muy distante a el “no a la privatización” que con tanto éxito han sembrado los zorros del gallinero istmeño en nuestro pueblo.

    Lo curioso de la historia de Acadia, es que la mayoría de sus habitantes eran personas o familias que poseían una verdadera fé, más que nada, judeo-cristiana, que se habían alejado de los feudos europeos, en dónde no existían los derechos de propiedad.

    La tendencia es ver al anarquismo como cosa mala; y sí, todo en extremos suele conducir al malandar. Pero en realidad, cuando hablo de “anarquismo”, hablo de una sociedad cuyos gobiernos son lo justo necesario para la función que es propia de la gobernanza; más allá, se va entrando en el territorio dónde pululan y prosperan los zorros. En Panamá hablamos de la “contención del gasto…” ¡ja! Lo que debemos hablar es de la contención del tamaño y alcance de nuestros gobiernos; que, si los reducimos a su justa expresión, los demás problemas irán desapareciendo.

    En Acadia la frase o concepto de “redistribución de la riqueza” tenía que ver con un sistema que buscaba la paridad en oportunidades y no el confisca, parte y reparte, para que los zorros se apropiaran de la mejor parte. Más aún, el que algunos lograran mayor caudal era visto como cosa buena, ya que en la medida de su prosperidad también mejoraban su condición los que participaban de sus actividades.

    Las políticas del anarco capitalismo practicado en Acadia no eran de coerción sino comunitarias, que surgían a partir de criterios compartidos en cuanto a lo que está bien conduce al bien; es decir, al “bienandar”. La justicia era pareja, justa y rauda. En Acadia unos no les cerraban el tránsito a otros, ya que ello es infame. El secreto está en no llegar a tal grado de cosas. Y lo que más distinguió a Acadia fue el grado de prosperidad de sus habitantes; para lo cual creían y practicaban la privatización y el mercado. Pero no el mercado del IMA, MEDUCA, IDAAN y tal.

    Lástima que todo esto llegó a su fin con la ocupación británica, y la muerte del 55% de la población que no se plegó a los mandatos de los zorros del nuevo gallinero.

  • Neoliberalismo y Globalismo

    El título de este escrito va dirigido a quienes mal entienden lo que es liberalismo y neoliberalismo; este último asociado al fenómeno del globalismo; termino que igual que tantos, lo desnaturalizamos en caprichosas definiciones que varían de acuerdo con la corriente política que se vale del término para adelantar su agenda.

    Son tantos que por despecho a las injusticias que nos rodean, ciertas o percibidas, se afanan en la búsqueda de mejores caminos de sociedad!, pero, desdichadamente, no es tan fácil encontrar un sistemas o doctrina política que no esté sujeta a iguales o peores males que el defectuoso sistema que llamamos democracia, y con demasiada regularidad escogemos algo peor. Tal es el caso de quienes rechazan el liberalismo clásico para arrimarse a los sistemas que dicen ser “socialistas”; es decir, que favorecen un mejor entorno de asociación humana. Pero ¿realmente crees que, si los humanos, en uso del albedrío concedido en la Creación (y no hace falta añadir “libre” al término albedrío ya que “albedrio” se define como “la potestad de obrar por reflexión y elección), no podemos ser socialmente justos, sino que requerimos de un tropel de burócratas gubernamentales para evitar la injusticia? Si ese fuese el caso, ni siquiera con ejércitos de burócratas gubernamentales podríamos superar el salvajismo.

    El título de este escrito va dirigido a quienes mal entienden lo que es liberalismo y neoliberalismo; este último asociado al fenómeno del globalismo; termino que igual que tantos, lo desnaturalizamos en caprichosas definiciones que varían de acuerdo con la corriente política que se vale del término para adelantar su agenda. Para algunos el globalismo se refiere a una interacción desembarazada global humana; tal como de un verdadero comercio libre, que no requiere ser negociado. Para otros, el globalismo se traduce en instituciones o gobiernos supranacionales, tales como UN, OCDE, FMI y tal, que favorecen estas burocracias o burrocracias internacionales que procuran un mundo más humano y justo; en oposición a los que no creemos en dicha óptica, que «estaríamos en contra del bien de la humanidad».

    Por otro lado, el término “neoliberal” o “neoliberalismo” se desfigura al perder su sentido a lo largo de los laberintos del tiempo y de las intrigas políticas e ideológicas. Pero, intentemos volver a rescatar el parto de este abusado vocablo, ¿o debo llamarle, “frase”? que une los términos “neo” o nuevo, con “liberalismo”, que es liberal o libre… nuevo liberalismo.

    Parece que el primero en acuñar el término “neoliberal” o quien fue acusado de ser inventar una nueva aproximación liberal, fue “Wilhelm Röpke, localista suizo que propuso la ideología de un globalismo económico. La intención de Röpke no estaba mal intencionada, pero, como bien se ha dicho, “de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno.” Para Röpke, las ideas del capitalismo de “laissez-faire” o del ‘dejar hacer’, propuestas por personajes como Jean-Babtiste Say, Lord Acton y Ludwig von Mises, eran extremas o radicales. Röpke pensaba que tal vez el liberalismo clásico o fundamental sería lo ideal pero no funcional; que no sería aceptado ni por las clases dominantes, como tampoco la clase del confisca, parte y reparte. En fin, Röpke buscaba la manera de preservar la libertad en la nueva era del colectivismo. ¿Acaso el neoliberalismo de Röpke logró tales objetivos? Hoy muchos amigos me dicen que mis ideas y planteamientos, tal como la eliminación del MEDUCA, son utópicas y me piden algo intermedio. Tal vez; pero… no sin antes plantear lo ideal. Tu destino es “C”, pero de pronto tendrás que llegar al “B” antes de proceder al destino final.

    Y veamos que todo esto sigue siendo el meollo de la filosofía política o el tuétano del hueso; ya que la misma Constitución panameña comienza planteando los ideales, para luego de un punto y coma, contradecirse y dar riendas sueltas a los burrócratas estatales. En Panamá, por ejemplo, el Artículo 282 de la Constitución dice que: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales…” ¡Ah!, y tal vez un pitito. Es decir, que corresponde a los particulares, pero el gobierno, con sus autoridades y burrócratas, hará con todo ello lo que le venga en ganas, alegando un interés social que no queda definido sino en la discrecionalidad de los políticos de turno. Lo que ya pocos recuerdan o jamás supieron, es que está Constitución fue diseñada para dar más poder a los milicos de nuestra Dictadura. Que igual que Röpke, creían en los principios, pero no si ellos no pudiesen controlarlos; o, quizá debía decir, abusarlos. Y ni hablar cuando la Constitución habla de “exaltar la dignidad humana…”, o cuando dice que “las autoridades… están instituidas para proteger…” la “honra…” ¿Seremos tan imberbes que necesitamos que autoridades como nuestros diputados nos protejan la honra?

    Pero Röpke, frente a la “utopía” de lo ideal, propuso la idea del “mercado social”; lo que debía enamorar a tantos socialistas de hoy en vez de ensalzar a Röpke lo vilipendian y se burlan de los neoliberales; esos son sus parientes. ¿Será que no tienen la menor idea de lo que es neoliberalismo? Y lo propuso Röpke bajo el pensar que un mercado socializado requeriría una buena dosis de juiciosa intervención estatal para mitigar las destructivas tendencias del capitalismo y su ‘dejar hacer’. Pero aún más, y es que Röpke no favorecía el socialismo o el comunismo; sino que propuso el neoliberalismo como exorcismo contra el maligno intervencionismo socialista y comunista.

    Tal vez no debemos condenar a Röpke, quien cedió el partido antes de que el mismo se jugara; algo así como los políticos de hoy que ceden sus principios alegando que luego, cuando sean semi dioses, no cumplirán sus demoníacas promesas y se irán por los trillos del bien. En su época, la posición de Röpke le valió el epíteto de “neoliberal”. Pero los socialistas de hoy, que igual usan el término como epíteto, lo usan como si el neoliberalismo fuese un movimiento de derecha. Y es que en las épocas de Röpke, con Alemania destruida por el bombardeo aliado, existía una real y verdadera posibilidad de que los medios de producción fuesen expropiados por los amantes del dominio centralizado; de hecho, Röpke era furibundo defensor de los derechos de propiedad, entre los cuales está el derecho al mercado. Más aún, el gobierno había impuesto medidas de control de precios y tenían serios problemas con la devaluación del Marco. Tomemos el caso del Marco alemán, que al fin de la Primera Guerra Mundial estaba 7/1 con el dólar. En ese momento en la Alemania Weimar, se podía comprar una postura de gallina por algo así como 1 Marco. ¿Saben cuanto llegó a costar 1 postura de gallina un par de años más tarde? Como 100,000,000 de marcos. Sí, ¡cien millones! Todos los alemanes que no tenían la capacidad de producir bienes de consumo inmediato se morían de hambre. Una alemana cuyo marido murió en la Guerra, perdió todos sus ahorros bancarios que estaban en marcos y lo que le permitió alimentar a sus hijos fue una gran colección de cigarros que dejó en casa su esposo.

    Ya nadie se acuerda ni destaca que luego de la Segunda Guerra, los imperialistas estadounidenses, que eran social demócratas, fue gracias al Plan Marshall. Sin embargo, pocos sacan a relucir los programas neoliberales de Erhard y a la infusión de cantidad de dólares desde 1948. Más aún, Röpke fue furibundo defensor del principio de subsidiaridad; que sin un libre mercado en donde la gente se ocupa de lo suyo, muy pronto se va perdiendo la libertad.

    A todo ello, luego de la Segunda Guerra, también fue la época en la cual comenzaron a tomar fuerza las organizaciones político-económicas supranacionales; que si EU, GATT, IMF y tal, acobijadas como defensoras de la liberad. Y es que el grave problema del intervencionismo central es que una vez que admites la punta de la espada, detrás viene el resto de la hoja; dado que la naturaleza del monstruo metiche es no tener límites. ¿Cómo distinguir entre una intervención sana y una malsana? O, ¿cuándo y hasta dónde permites que tu hijo salga a jugar a la calle? Si, a fin de cuentas, lo que es bueno para unos no lo es para todos. Si dejamos que los zorros entren al gallinero, eventualmente terminaremos con pura pluma y nada de pollo.

    Al final del día, los males de la sociedad moderna bien pueden ser adscritos al surgimiento de la democracia mal entendida; la democracia como el dominio de la voluntad mayoritaria, sin reservas. Hoy día el problema que surge evidente es el de una mayoría que busca imponer sus “conquistas” sobre la minoría; sin darse cuenta que a fin de cuentas quienes terminarán pagando son los adherentes de una falsa democracia.

    Hoy día, cuando son tantos los que condenan la concentración del poder económico, particularmente el de las grandes corporaciones, no ven que el verdadero problema sigue siendo el gobierno desmedido, ese que se alía con el poder económico y sostiene la perversión de la libertad; que si tarifas, subsidios y otras formas de clientelismo castrante. Así, el problema de fondo es el estatismo desembarazado. ¿Cómo podemos llamar a los zorros para que custodien el gallinero? El buen empresario no requiere mayor ayuda central; es decir, nada más allá de la defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Los problemas no vienen asociados a ser libre, sino a ser intervenido. Son los gobiernos y sus diputados y tal que imponen un ordenamiento falso y fatídico. ¿Acaso los diputados y tal, abogan por una igualdad? ¿Acaso los hijos de diputados van a las escuelas del gobierno? Röpke habrá tenido sus buenos enfoques, pero como todos tuvo otros muy malos; pues no se atrevió a defender a capa y espada al gallinero de los zorros. Y nos quedó el neoliberalismo.

  • Petro llega a gobernar una Colombia polarizada: analistas

    Petro, el nuevo presidente de Colombia llega a gobernar un país polarizado y hastiado por los partidos tradicionales que han gobernado durante las últimas décadas, además de ser el primer presidente de izquierda en un país relativamente conservador, señalan analistas.

    Tras una campaña marcada por la polarización en las redes sociales y la ausencia de debates entre candidatos, Gustavo Petro se convirtió en el primer presidente de izquierda de Colombia.

    Con antecedentes que incluyen su pasado como guerrillero, y su paso en la política como senador y alcalde de Bogotá, Petro llega a gobernar un país relativamente conservador pero hastiado de los partidos tradicionales que han gobernado durante las últimas décadas, señalaron analistas consultados por la Voz de América.

    “El camino estará lleno de retos para el nuevo mandatario, que deberá buscar una coalición mayoritaria en el congreso para tener gobernabilidad y poder sacar adelante sus propuestas sociales, ambientales y económicas y demostrar que Colombia no se transformará en otra Venezuela”, dijo el economista Alejandro Useche, de la Universidad del Rosario.

    El nuevo presidente no ha expresado opiniones, ideas o planes de gobierno que indiquen un modelo comunista, sin embargo existe «temor en muchos sectores de una presidencia de izquierda, que tienda a aplicar un modelo económico totalitarista y autoritario que se oriente hacia el comunismo, como el caso de Venezuela», dijo Useche.

    El politólogo de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo dijo que lo que vendrá para Colombia es enfrentar una polarización creciente, ahora entre la izquierda y la oposición, que tendrá como bandera sacar a los corruptos del gobierno.

    «Creo que en Colombia, a pesar de que ha sido un país muy estable en los últimos tiempos es posible que venga una etapa de convulsión social, manifestaciones, divisiones y polarización, por eso la gobernabilidad dependerá de la capacidad que pueda tener Petro para construir consensos amplios”, manifestó a la VOA.

    “Con la llegada de Gustavo Petro al poder habría un gran pacto, una suerte como de frente amplio en Uruguay o Morena en México, es decir, un gobierno en cabeza de un movimiento progresista, pero muy cercano al centro por todos los compromisos que ha adoptado para lograr el triunfo con ese centro”, añadió Jaramillo.

    En este gobierno habría mucha moderación, habría un bloque parlamentario más o menos sólido que serían las fuerzas del Pacto Histórico, con algunas fuerzas del centro y del partido Liberal, lo que le permitiría implementar un modelo económico más progresivo, agregó.

    “Este modelo económico será modificado moderadamente, con un Estado más intervencionista en la economía, en términos de subsidios y con impuestos más progresivos, es decir, que paguen más los que tengan más rentas”, manifestó.

    “Además, tendrá una política exterior mucho más cerca al discurso Latinoamericano actual, pero sin señales de simpatía por Venezuela, y obviamente de manera ineluctable, Colombia entrará en una fase de polarización que seguramente va a tener a la mitad del país prácticamente aborreciéndole”, agregó.

    Según el politólogo de la Universidad del Rosario, Yann Basett, los primeros desafíos del nuevo presidente serán armar su equipo de gobierno y definir qué tipo de relaciones tendrá con el Congreso.

    “El presidente Gustavo Petro deberá tratar de armar una coalición, y buscar apoyos más allá de su partido, para poder tener una mayoría funcional en el congreso, y esto significará hacer modificaciones a su programa, porque tiene una serie de cambios sociales y económicos muy fuertes, pero no tendría una mayoría para implementarlos, entonces va tener que negociar”, explicó.

    Para Gerardo Berthin, vicepresidente de Programas Internacionales del centro de pensamiento estadounidense Freedom House, el triunfo de Gustavo Petro genera expectactiva por lo que será su postura y acciones con Estados Unidos y con Maduro en Venezuela.

    “Es muy posible que en la región se alíe inmediatamente con las fuerzas de extrema izquierda y populistas de Argentina, México, Perú, Bolivia, Nicaragua y Cuba”, señaló el analista.

    Berthin aseguró que pese a que en las últimas semanas de campaña Petro moderó sus posiciones, siguen siendo de izquierda para una sociedad relativamente más conservadora y que nunca ha tenido un presidente de izquierda.

    Petro tiene también historia como senador y como guerrillero, y sus gestiones como alcalde no fueron estelares y terminó con un tercio de aprobación a su gestión, agregó.

    “Para calmar la ansiedad e incertidumbre, tendrá que articular una ruta clara y factible para cumplir sus promesas de campaña, que, si bien no son necesariamente extremas, quiebran con el modelo anterior, son de largo alcance y profundas, y se inclinan hacia la izquierda”, argumentó.

    Un ejemplo es el impuesto a las más grandes fortunas, la desmilitarización, la transición energética de la matriz dependiente del petróleo y el carbón a las energías renovables y un cambio radical en el modelo económico que impulse la producción agropecuaria, añadió el analista.

    Petro tendrá que demostrar a corto plazo que no es ideológico y que está dispuesto a “negociar un pacto por Colombia” para el cambio con otros actores que no votaron por él.

    Los expertos consideran que es importante que el nuevo presidente defina rápidamente su equipo económico, lo que le daría tranquilidad al mercado y a los inversionistas extranjeros que tienen proyectos de inversiones en el país.

  • La tiranía de lo colectivo

    Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Seguramente el desafío mayor de nuestra época estriba en comprender el valor descomunal de la persona. Entender que cada uno de los humanos es único e irrepetible, por ende, con potencialidades exclusivas en toda la historia de la humanidad. No hay entonces justificativo alguno para que el grupo se imponga y tuerza las inclinaciones y vocaciones de cada cual. Solo es aceptable el uso de la fuerza cuando hay lesiones de derechos, de lo contrario debe respetarse de modo irrestricto los proyectos de vida de los congéneres por más que no los suscribamos.

    El “ogro filantrópico” de Octavio Paz, es decir el aparato estatal, ha mutado su función de proteger y garantizar los derechos de la gente por su descarado atropello que anula la solidaridad y la caridad que como es sabido para que tenga sentido debe llevarse a cabo voluntariamente y con recursos propios. Lo contrario es un atraco. Un Leviatán desbocado que aniquila a la persona y como ha escrito Julián Marías, la persona no es solo lo que se ve en el espejo, es su interioridad única. Como apunta Roger Williams cada uno es extraordinario desde el punto de vista anatómico, bioquímico, y sobre todo psicológico.

    Friedrich Hayek ha mostrado las características del individualismo como protector de la dignidad de cada persona y los correspondientes incentivos para la cooperación social. Las diferencias de cada uno es lo que hace atractivo y necesario el intercambio y las relaciones interpersonales como también diría Ortega y Gasset. Si ocurriera la inmensa desgracia de ser todos los humanos iguales no habría interés ni provecho en los intercambios culturales y materiales pues todos se dedicarían a lo mismo. Como he dicho muchas veces, hasta la simple conversación resultaría en un tedio mayúsculo pues sería igual a conversar con uno mismo. En economía, la división del trabajo está basada en la desigualdad de talentos y fuerzas físicas. Por ello es que la guillotina horizontal impuesta por los gobiernos conduce a un doble estropicio: por una parte destroza los incentivos para progresar puesto que la nivelación bloquea la producción de cantidades mayores a la marca niveladora y los que esperan redistribuciones lo hacen de balde por el primer suceso. Por otra parte, aniquila la esencial igualdad ante la ley para hacerla mediante ella con lo que el marco institucional civilizado queda amputado.

    La obsesión malsana por el igualitarismo indefectiblemente conduce al empobrecimiento moral y crematístico. El delta entre los más ricos y los más pobres depende exclusivamente del comportamiento de cada uno en el supermercado y afines: al elegir con mayor o menor intensidad va estableciendo niveles de rentas y patrimonios. El comerciante que acierta con las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Solo son objetables los que la juegan de empresarios mientras se alían en una cópula hedionda con el poder político de turno para alzarse con privilegios y así explotar miserablemente a los demás.

    Habitualmente en los países más prósperos la diferencia entre el más rico y el más pobre es mayor lo cual no solo no es óbice para el progreso sino que es su condición para que los promedio ponderados de los salarios e ingresos en términos reales resulten más altos debido a la gran diversidad en un contexto donde todos cuentan con las mayores oportunidades posibles debido a dar rienda suelta a la energía creadora y a la consecuente productividad. El más eficiente como un efecto no buscado transmite su potencia a los marginales puesto que las tasas de capitalización fruto de anteriores ahorros constituyen la única causa de mayores salarios. No se trata de recursos naturales, de climas ni de etnias, se trata de mayores inversiones (como hemos ejemplificado antes, el continente africano abriga la mayor dosis de recursos naturales y la miseria está muy extendida, mientras que Japón es un cascote habitable solo en un veinte por ciento).

    Gustave Le Bon destaca las barrabasadas de los grupos a contramano del individuo y concluye que “en las multitudes lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”. En materia educativa es muy necesario abrirla a la competencia a los efectos de contar con auditorías cruzadas de las muy diversas instituciones y estructuras curriculares para lograr los máximos niveles de excelencia en un contexto donde pueda extraerse lo mejor de cada estudiante, al contrario de sistemas burocráticos que dependen del los caprichos de lo que sucede en el vértice del poder estatal en procesos de la siempre nefasta igualación.

    Estas consideraciones de más está decir no solo no se oponen a las faenas en equipo sino que las promueven como parte medular de las metas y aspiraciones individuales que muchas veces se logran de mejor manera aliados en equipos voluntariamente establecidos. Son los espíritus colectivistas los que se oponen a estas iniciativas al imponer todo tipo de cortapisas dentro de un país y al injertar tarifas, aranceles y cupos a las migraciones de personas y a la entrada de mercancías.

    Ludwig von Mises nos enseña que “la distinción principal de la filosofía social de Occidente es el individualismo. Su meta se dirige a la creación de una esfera en que el individuo es libre de pensar y actuar sin ser restringido por la interferencia de aparatos sociales de coerción y opresión, el Estado. Todos los logros espirituales y materiales de la Civilización Occidental fueron el resultado de la operación de esta libertad.” Desde luego como ha escrito Jorge García Venturini, la referencia a Occidente no alude a un lugar geográfico sino al espíritu de libertad.

    En otra oportunidad he escrito sobre lo que sigue pero dado el empecinamiento con la idolatría del colectivismo, es pertinente reiterar parte de lo dicho. Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Es curioso que los que usan la pantalla de la unión de todos en realidad separan y generan aislamiento y conflictos permanentes entre los miembros de la sociedad. Interfieren permanentemente en los arreglos voluntarios de sus integrantes. En definitiva alimentan una secuencia sin solución de continuidad de guerras sin cuartel de todos contra todos. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en lugar de abrir paso a la suma positiva donde ambas partes ganan en un acuerdo voluntario, provocan la suma cero. Los megalómanos de siempre intervienen en el mecanismo de precios con lo que indefectiblemente se generan faltantes y desajustes de todo tipo al tiempo que desdibujan los únicos indicadores con que se cuenta para saber dónde invertir y donde desinvertir al efecto de aprovechar del mejor modo los siempre escasos factores productivos.

    El individualismo machaca sobre la importancia de la descentralización del poder político y el federalismo. Rechaza de plano las cargas fiscales insoportables, deudas estatales astronómicas, inflaciones galopantes y gastos públicos desmesurados en el contexto de regulaciones que asfixian las libertades. Considera una estafa sideral los sistemas denominados de seguridad social pero que son de llamativa inseguridad antisocial debido a la succión de ingresos de todos pero con especial saña contra los más débiles.

    Las discusiones semánticas a veces no son constructivas pero como las palabras sirven para pensar y para comunicar pensamientos es a veces de interés detenerse en algunos vocablos clave. Estimamos que ese es el caso del individualismo tan vapuleado y poco comprendido en nuestra época.

    Huxley sostiene que la importante y por cierto muy verdadera visión de Eric Blair -que como es sabido firmaba con el pseudónimo de George Orwell- se refiere a la acción imperturbable y maliciosa del Gran Hermano sobre las libertades individuales, en cambio el primer autor apunta a algo peor aún, es decir, al pedido de la gente para ser esclavizada en base a lo antes descrito y especialmente debido a una educación perversa que como queda dicho donde más que educar se adoctrina con lo que las personas mutan a la condición de autómatas esclavizados. Abrigo grandes temores de lo anticipado por Huxley respecto a tecnologías de avanzada en manos de gobernantes para el control de la gente, por ejemplo, entre muchos otros casos, el peligro que encierra la digitalización coactiva de todas las transacciones monetarias para eliminar efectivos y así perturbar y dirigir de un modo más efectivo la vida y las haciendas de las personas, para no decir nada de la sugerencia de algunos energúmenos sobre la obligatoriedad de instalar un chip en el cuerpo de cada uno.

    A su vez en el terreno laboral, en el contexto del individualismo, los sindicatos se desempeñan como asociaciones libres y voluntarias y de ninguna manera como entidades que imponen representaciones y aportes forzosos ni huelgas que sean distintas al derecho a no trabajar para en vez imponer procedimientos violentos e intimidatorios para los que quieren seguir con sus tareas laborales.

    En este razonamiento debe destacarse que las llamadas “conquistas sociales” como la entronización de salarios mínimos y equivalentes indefectiblemente provocan desempleo. Y debe tenerse en cuenta que la incorporación de mayores productividades liberan recursos humanos y materiales para atender otras necesidades para lo cual los comerciantes son incentivados en la capacitación de personal al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes que las circunstancia ofrecen.

    Allí donde hay acuerdos libres entre las partes no hay tal cosa como sobrante de aquel factor indispensable para abastecer las ilimitadas necesidades de la gente. Poner palos en la rueda conduce al empobrecimiento. Cuando se dice que los gobiernos deben inmiscuirse en esta materia para equilibrar las fuerzas dispares en la contratación laboral no se tiene presente que es del todo irrelevante el estado de la cuenta corriente de las dos partes, lo definitorio son las antedichas tasas de capitalización. Las partes podrán disponer de recursos suculentos o estar en la quiebra, esto es indistinto lo trascendental es que el ingreso se establece por las tasas de capitalización y no por la voluntad y la condición de las partes.

    Milton Friedman escribe la introducción a la colección de la revista The Individualist Review que se inauguró en abril de 1961 donde señala que siguió las huellas de una entidad anterior de 1953 fundada por Frank Chodorov bajo el nombre de Intercollegiate Society of Individualists. Friedman destaca lo consignado en el editorial del primer número de la referida revista académica que apuntaba a fortalecer los valores de “la empresa privada y libre y a la estricta imposición de límites al poder del gobierno” y anunciaba se abocaría al “compromiso con la libertad”, una publicación en la que Friedman formaba parte de su Consejo Editorial y también colaboraba con ensayos de su autoría junto con otros destacados colegas. También en esa introducción Friedman apunta que el establecimiento de la Mont Pelerin Society en 1947 -la academia internacional como la denominaba Hayek- ayudó mucho a refutar las falacias tejidas en torno al individualismo y a explicar sus enormes beneficios respecto a su consideración por las autonomías individuales y el consiguiente estímulo a las más extendidas aperturas a las relaciones contractuales entre las personas de todo el globo.

    Se ha exhibido hasta el cansancio las tretas en las que está complotado un grupo para afirmar falsedades frente a gráficos varios en las pantallas que se muestran a todos y que finalmente resultan en que un sujeto no informado que se lo invita al grupo termina por sostener las mentiras que dicen todos los demás. Esto para explicar la malsana tendencia a dejarse empujar por lo colectivo.

    En resumen, el individualismo resalta y resguarda la condición humana de cada cual en cuyo contexto la función de los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno deben cuidar y preservar el derecho de cada uno de los miembros en su jurisdicción y abstenerse de manejar el fruto del trabajo ajeno. La hipocresía colectivista pretende ocultar resultados altamente negativos con un discurso mentiroso dirigido a conquistar a incautos y desprevenidos frente a la avalancha de miserias que invariablemente generan las granjas colectivas y equivalentes que siempre hundieron a la gente en las hambrunas y las miserias más desgarradoras vía de lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie. El colectivismo aplasta al individuo y a sus derechos que son anteriores y superiores a todo gobierno.

  • Sobre mi amigo Antonio Escohotado

    El filósofo español Antonio Escohotado murió el pasado 21 de noviembre. El mundo del pensamiento está de luto por la partida de este titán de la cultura universal.

    Lo conocí en Lima en marzo de 2015 en una comida que ofreció Mario Vargas Llosa a un grupo de amigos a raíz de nuestras respectivas ponencias en el congreso de la Mont Pelerin Society. Luego de ese encuentro nos hemos escrito regularmente con Antonio, con quien hemos mantenido un par de intercambios mano a mano vía Zoom que se encuentran en Youtube.

    Como es del dominio público, Antonio Escohotado murió el 21 de noviembre por lo que me comuniqué tanto con su hijo Jorge como con Diego San José Jiménez, que fue el que organizó el primer Zoom referido desde Madrid. El mundo del pensamiento está de luto por la muerte de este titán de la cultura universal. Comenzó su ciclópea producción intelectual con una tesis doctoral sobre Hegel la cual se fue nutriendo con un número impresionante de contribuciones tanto en libros como ensayos académicos y artículos periodísticos. Con el tiempo fue mutando de su marxismo inicial al liberalismo, desde la abolición de la propiedad a la importancia decisiva de esa institución, desde la tragedia de los comunes al uso y disposición de lo propio como eje central de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

    De todas sus múltiples obras en esta nota periodística me voy a referir muy sumariamente a sus colosales tres tomos titulados «Los enemigos del comercio». Una historia moral de la propiedad que me trajo de regalo mi hijo Bertie desde España hace tiempo. Tal como «La acción Humana», Tratado de economía de Ludwig von Mises es hasta el momento el trabajo cumbre en esa ciencia tan poco explorada, tan difamada y poco comprendida, del mismo modo la triada de Escohotado constituye un aporte monumental a la historia desde la perspectiva filosófica, aunque este autor es más conocido por su publicación sobre las drogas alucinógenas para usos no medicinales, solo comparable a las publicaciones de su amigo Thomas Szasz en la misma materia.

    Soy consciente que es absolutamente imposible hacer justicia en una nota periodística a una obra de esta envergadura que abarca 2049 páginas, pero solo esbozamos algunos pocos puntos en la esperanza que los lectores se interesen en la indagación del trabajo completo.

    En el primer tomo destaco que nuestro autor confiesa que comenzó a revertir su posición socialista con la lectura de Carl Menger «Principios de Economía», muy especialmente referido a la teoría subjetiva del valor. Se detiene a considerar la influencia disolvente de Platón y su propuesta comunista en «La República» e incluso pensadores de la talla de Aristóteles que refutó ese comunismo pero justificó la esclavitud. Antes que eso, el Nuevo Testamento contiene dos versiones encontradas sobre el rol de la propiedad, la de Santiago en Mayor y Pablo de Tarso. Podemos ahora lamentablemente decir que la primera versión que había sido fuertemente criticada y en buena medida abandonada debido a la primacía de la segunda, volvió a surgir con fuerza con la denominada Teología de la Liberación y ahora con el actual Papa Francisco a quien cuando le preguntaron si es comunista respondió que “son los comunistas los que piensan como los cristianos” (La Reppublica, noviembre 11 de 2016) y su mentor fue Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros, de ahí sus Encíclicas, Cartas Pastorales, sus actitudes tan pastosas sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sus alabanzas a tercermundistas y repetidas declaraciones donde pondera el pobrismo al tiempo que critica al proceso de mercado y al capitalismo en línea con lo inaugurado por el antisemita San Juan Crisóstomo en cuanto a que dar a los pobres no sería más que entregar lo que a ellos les pertenece.

    Pasa revista en detalle a las utopías tan destructivas de Tomás Moro y Campanella y sus parientes y derivados, así como también a las influencias de Marx y Engels. También estudia las formidables contribuciones a la libertad de los Fueros españoles, el habeas corpus y la Carta Magna en Inglaterra junto a la Revolución Gloriosa de Guillermo de Orange y María Estuardo, la Revolución Francesa con su defensa del derecho de propiedad y la igualdad ante la ley, antes de la contrarrevolución de los jacobinos y el reino de la guillotina. En este último sentido es de interés reproducir lo que cita el autor de Robespierre en cuanto a que “todo lo indispensable para la preservación es propiedad común” y condena “el bandidaje y fratricidio disfrazados bajo el sofístico nombre de libertad comercial”.

    En el segundo tomo sobresalen los temas de la contribución pionera de William Godwin del absurdo y contraproducente anarquismo dado que resulta imposible la convivencia a través de la abolición de toda norma y tribunales tal como propone este pensador. Luego la extraordinaria experiencia estadounidense que pudo prosperar merced al abandono inicial del comunismo en la colonia de Massachusetts, resurgimiento explicado por el gobernador Bradford en sus memorias una vez dejada de lado la idea de mantener los bienes en común que estaba conduciendo a la población a la miseria y a las hambrunas de los primeros tiempos y el posterior florecimiento merced a la extendida libertad y respeto a los derechos de todos luego aconsejados y reiterados por los Padres Fundadores.

    También elabora sobre la fracasada utopía en La Nueva Armonía de Robert Owen bajo la idea de “liberar a la humanidad de sus tres males más monstruosos: la propiedad privada, la religión irracional y el matrimonio”, un experimento que hubo que abandonar a poco andar por ruinoso y que provocó en los incautos “corazones decepcionados” en un clima de conflictos inevitables de unos contra otros en un proyecto que pretendía la armonía, en lugar de eso “topamos con antagonismos”. En este volumen se analizan principalmente las obras de Jeremy Bentham, Edmund Burke y James Mill y la contracara de Rousseau, Johann Fichte, Thomas Carlyle y Charles Fourier para luego abordar la influencia y difusión de los ensayos de Saint-Simon y Comte.

    Cierra este voluminoso aporte con la Revolución Rusa y la irrupción de la Sociedad Fabiana en un capítulo sugestivamente titulado “El colapso del liberalismo inglés”. Nos dice Escohotado que “la asociación adopta como símbolo la tortuga, acorazada y lenta y como nombre el del cónsul romano Fabio Máximo” con su estrategia gradualista y de penetración contra Ánibal. Fue “una forma ampliada del socialismo estatal instaurado por Bismark”. Adhirieron autores como Bertrand Russell a quien Escohotado cita afirmando que “el comunismo soviético es necesario para el mundo y el bolchevismo merece la gratitud y la admiración de todos los progresistas.” Sidney Webb escribió para el lanzamiento de la Sociedad un artículo titulado “El socialista cristiano” donde propugnaba el socialismo “sin lucha de clases y sin Marx, básicamente por medios fiscales”. El propio Chamberlain reseñó la Fabbian News como “una obra maestra” y señalaba los aciertos de la plusvalía marxista.

    El matrimonio Webb -Sidney y Beatrice- visitaron la Unión Soviética en 1932 luego de lo cual declararon a la prensa que “aplaudían el excelente rendimiento del sector educativo y sanitario” y más adelante, en 1935 en plenas purgas publicaron alabanzas aun más generalizadas del régimen stalinista en dos tomos titulados «El comunismo soviético ¿Una nueva civilización?». También George Bernard Shaw visitó Rusia en 1931 y en lugar de declarar sobre los campos de concentración y la miseria espantosa del momento afirmó al Manchester Guardian que “no había visto a nadie desnutrido, sino más bien niños notablemente rollizos”. Como también apunta Escohotado, Henry George toma en Estados Unidos los principios de la Sociedad Fabiana para cargar las tintas contra la propiedad de la tierra ya que esa entidad en sus bases en 1887 subraya que “la Sociedad trabaja para extinguir la propiedad privada de la tierra” con vistas a “emancipar sus frutos de la apropiación individual.”

    En el tercer tomo sobresale una sección titulada “De cómo el mundo imitó a la URSS”. Uno de los capítulos se encabezan con un epígrafe que reproduce un dicho de Babeuf que refleja bien toda la concepción socialista: “La sociedad debe erradicar para siempre el deseo individual de ser más rico, sabio o poderoso” y en otro pasaje Escohotado describe el “totalitarismo latino” en el que aparece como figura descollante Mussolini quien declara que “nada humano o espiritual existe ni tiene valor alguno fuera del Estado […] La fachada democrática, hermosa en teoría, constituye una falacia en la práctica y estamos aquí para celebrar el entierro del cuerpo putrefacto de sus libertades.” En este contexto consigna el autor que caracteriza al estatismo latinoamericano, las nacionalizaciones, la cogestión obrera de la industria, los impuestos progresivos, el control de precios, el redistribucionismo y la cerrazón al comercio exterior.

    En realidad el sistema fascista no solo permite una penetración mayor del espíritu totalitario sin tantas resistencias como las que presenta habitualmente el comunismo, sino que permite responsabilizar al sector privado por los resultados nefastos de su política ya que se mantiene la fachada de la propiedad. Finalmente nuestro autor hace un llamado urgente a “reconstituir la saga anticomercial” para bien de todos pero muy especialmente para la suerte de los más vulnerables que solo pueden prosperar en la medida que se incrementen las tasas de capitalización fruto de la libertad de mercados y la consiguiente asignación de derechos de propiedad a los efectos de maximizar la energía creadora. Excelente como completa el título de la referida terna pues el trabajo trata nada más y nada menos que un asunto eminentemente moral y no solo jurídico y económico.

    Jorge conserva los archivos de su padre y no se si toda su correspondencia se publicará donde también se consigna que tuvimos el proyecto de escribir un libro en coautoría en forma de diálogo que habíamos titulado «El veneno totalitario» y del que apenas comenzamos con los primeros tramos. Consignar que no todo eran coincidencias en nuestros respectivas conclusiones, escritos e interpretaciones es una verdad de Perogrullo, nunca es así ni siquiera con nosotros mismos cuando miramos para atrás y constatamos que podríamos haber mejorado la marca. En cualquier caso, como colofón a este apunte en esta ocasión con orgullo reproduzco en su integridad uno de los tantos correos electrónicos que me escribió Antonio Escohotado, esta vez el 10 de junio de 2019. De más está decir que no me tomo en serio sus halagos extremos, es para dejar constancia de su ilimitada generosidad. Lo que sí me tomo en serio es su inmenso afecto que era recíproco y que fuimos cultivando desde que nos conocimos en Lima. En la última línea de la misiva de marras el interrogante se refiere a la Universidad Francisco Marroquín de la que fui su primer profesor visitante durante tres años para que nuestros hijos con María evitaran el constante tiroteo de los setenta en tierra argentina:

    “Querido Alberto, acabo de sacarle unos minutos a la odiosa agenda que me persigue últimamente para disfrutar con cosas tuyas en YouTube, porque menuda planta y elocuencia tienes, y me encanta ver cómo improvisas -lo mismo en televisión que en aulas docentes o recibiendo el Juan de Mariana- sobre la base de una formación apoyada en fuentes de primera mano.

    Ya te dije que sencillamente no he conocido a nadie vivo con quien pueda discurrir en términos de igualdad, si me perdonas la arrogancia del propio comparar; y como a despecho de tal o cual achaque sigo apasionado por leer y escribir -quizá más que nunca-, me haces compañía e instruyes aunque solo sea por el prodigioso regalo de la Red.

    Quizá ella nos ayude a librar el combate sempiterno de la libertad y el conocimiento con los amantes de su inverso, y te confieso que si echo de menos trabar contacto físico es entre otras cosas por tentar nuestros respectivos daimones (según Hesiodo apoyados sobre “huellas de héroes pretéritos”), y algo en principio tan delirante como el brebaje eleusino, que era sin duda amida del ácido lisérgico, y algún colega químico tan redomadamente distinto como el látex de algunas adormideras.

    Siempre comprometida con las fuentes primarias, tu obra solo parece pasarlas por alto en ese campo, donde demuestras el absurdo de la prohibición sin tomar en cuenta el programa socrático de la sobria ebrietas, que preservó a la Antigüedad de memeces y crueldades sin incurrir en el siempre hipócrita ideal del abstemio.

    Mi tasa de trabajo y alegría desde mediados de los años 60 es inseparable de la pesquisa y el disfrute en ese orden de cosas, al margen del menú impuesto leyes y costumbres (porque “de la piel para dentro mando yo”), y me parece que dejar el reino de los vivos sin alguna experiencia digamos visionaria y eufórica en sentido literal no es solo ignorar la curiosidad sino desprotejerse, cuando empieza a soplar Boreas.

    Naturalmente, toma lo previo como una insensatez, pues bien podría serlo, y quédate con el testimonio de mi cercanía espiritual. Veremos si hay algo donde no coincidamos, porque por ahora no lo encuentro, y ojalá alguna institución mejicana -lo digo por equidistar de aquí Baires, ahorrando la paliza extra de aeropuertos y aviones- se le ocurra reunirnos para un curso o cosa pareja. ¿Existirá el señor Marroquín? Un abrazo”.

  • La solidaridad desvirtuada

    El término “solidaridad” es muy interesante y tiene variedad de usos y sentidos. Pero, como ocurre con tantas cosas buenas y útiles, todo se puede pervertir y “malusar”. El vocablo “solidaridad” le ha venido a pelo a los socio-comunistas en su desesperada avalancha hacia el totalitarismo; ya que dicha palabra es altisonante y el comodín perfecto.

    El uso y sentido del término de marras me llama la atención debido a la creciente tendencia hacia el llamado “socialismo”; en particular, a que, la cuna del mayor experimento de libertad en el mundo, los EE.UU., parece estar girando hacia la izquierda y desdeñando la libertad de mercado, bajo el baladí argumento de la “solidaridad”. El término se usa típicamente para dar a entender que tal o cual acción o comportamiento es dadivoso o de buena intención.

    El sentido que da la iglesia católica a la solidaridad es una ayuda desinteresada que se da a la persona en necesidad, desamparada o minusválida. Pero para que esa asistencia sea auténtica y efectiva, la misma debe cumplir cuatro condiciones: 1) Quien da es el dueño de lo que se da; 2) Lo que se da debe tener valor para quien lo da; 3) Lo que se da debe tener valor para quien lo recibe, y; 4) La ayuda debe evitar la creación de dependencia endémica.

    En la práctica, el concepto de “solidaridad”, que algunos lo entienden como “igualdad”, ha quedado desvirtuado por el abuso del discurso politiquero que anda en la búsqueda de aquello que está lejos de ser solidario; vale decir, en búsqueda del clientelismo o servilismo patológico.

    La verdadera solidaridad es una característica de una elevada sociedad humana que actúa por amor al prójimo y no por coacción gubernamental centralizada e interesada. Es algo como lo que ocurre en una familia sana, en dónde el necesitado no tiene que mendigar ya que su gente le conoce y le da una asistencia basada en el amor.

    Visto desde otro ángulo, la solidaridad no es cosa que se puede masificar y entregar al estado para que la administre; tal como vemos que se pretende en tantos estados, a través de esquemas impositivos y tal. El ser humano ve y siente a su prójimo; es decir, a quien está “próximo” o allí mismo, en dónde le vemos, palpamos, y que nos mueve a darle asistencia.

    La función del estado en todo ello debe apuntar, antes que nada, a no estorbar o entorpecer el mecanismo social; ese que nace en la unión de la familia, del barrio y así va impregnado a toda la comunidad. No es cosa que decanta desde lo alto, sino que asciende tal como asciende la savia por efecto osmótico, desde las raíces hasta lo más alto del árbol.

    A partir de lo señalado, debemos advertir que la verdadera solidaridad no requiere inmensos esquemas de redistribución conducidos por interesados politicastros. Y, en cuanto a la “igualdad”, sólo vale destacar que todos debemos ser iguales ante la ley. Otra cosa muy diferente y sin sentido es pretender que todos somos iguales en otros aspectos. Más aún ¡viva la diferencia!, que en la diversidad está la riqueza.

    Cuando vemos que se pretende vender una “solidaridad” impuesta, es hora de estar en alerta. La solidaridad no es cosa que se delega a los políticos; ya que, si los ciudadanos carecen de ese sentido de hermandad, no hay político ni gobierno que pueda reemplazarlo. La verdadera fuerza solidaria nace y se manifiesta a través de toda una población que conoce y participa de lo que le es propio.

  • Entre la libertad y el mandato

    Richard W Rahn, director del Institute for Global Economic Growth y MCon LLC, cuenta que, en junio del presente una encuesta de Momentive halló que en los EE.UU. los jóvenes entre 18 y 24 años, el 54% favorecía el socialismo y sólo el 42% al capitalismo, es decir, entre la libertad y el mandato, elegían el mandato. Esta realidad nos lleva a deducir que la mayoría de esos jóvenes, que rechazan el capitalismo, desconocen que el socialismo ha fracasado en todos los sitios en que se ha puesto en práctica. Y tampoco están enterados que los principales países comunistas asesinaron a más de 100, 000, 000 de su propia gente.

    ¿Saben esos jóvenes lo que es capitalismo o socialismo? En pocas palabras, el socialismo es un sistema totalitario de coerción; algo así como lo que ocurre hoy día en Panamá y el mundo en general, en dónde el gobierno ordena encierros, cierre de negocios, uso de máscaras, y ahora quiere obligar a tener pasaporte de vacunado. Eso no es capitalismo; ya que el capitalismo requiere que los ciudadanos sean libres para resolver sus necesidades sin imposiciones o mandatos. Lo planteo de otra forma: “¿Le darías a las autoridades del gobierno el poder de darte ordenes? ¿Estarías de acuerdo que en la Constitución estuviese plasmada semejante entrega de nuestro albedrío (libertad personal que requiere reflexión y elección consciente)? Mi sentido pésame si estás en esa línea.

    El capitalismo se basa en el libre intercambio de bienes y servicios en una división voluntaria del trabajo, de manera que cada uno resuelve sus necesidades dependiendo de su particular condición, sus habilidades y gustos. No hay sistema de gobierno que sea capaz de tomar esas realidades en cuenta al momento de dar órdenes. Si Pedro es bueno en música, ofrecerá sus servicios de músico. O Pablo es bueno cocinando, resolverá sus necesidades siendo cocinero y así. Lo que se busca son ciudadanos que resuelvan por su cuenta y que les digan a los gobernantes: “¡Oye, no empujes!, que yo toco a mi ritmo y Pablo cocina a su gusto”. Si no te gusta la música de uno o la comida del otro, pues te buscas otro ritmo o platillo.

    En Panamá hemos cultivado una cultura disfuncional en dónde se popularizó el “no a la privatización”; un decir sin sentido. Si estás en San Miguelito y dices: “me voy para Colón, pero no voy por la Transístmica; automáticamente estas diciendo que te vas por otra ruta o medio. Es decir, que te irás por el corredor o en avión. Si le preguntas a quien dice “no a la privatización” ¿qué otro sistema de gobierno pretende?, no te sepa decir y terminamos sin chicha ni limonada, sumidos en el guacho de servidumbre, que es servilismo o capitalismo de compinches.

    El servilismo, que es una condición en la cual uno carece de libertad para determinar cómo actúa en su vida. En tal situación, tu vida no es tuya, no es de tu propiedad; y así lo ven los marxistas, que el estado es dueño de tu cuerpo, pensamiento, palabra y acción. Pero… el estado no es el pueblo sino los Castro, Chávez y Maduros del mundo.

    En la Colonia, el rey de España era la ley; y muchos perdieron la vida por contradecir los deseos de su lacayo, Pedrarias. Algunos ilusos pensarán y dirán que todo eso cambió y que en Panamá hay capitalismo y democracia… ¡falso! En Panamá tenemos, si acaso, un “capitalismo de compinche” o mafia de “honorables”.

    Hoy, a medida que el mundo evoluciona y que los ciudadanos vamos logrando estar más y mejor informados, vamos despertando y exigiendo nuestros derechos. ¡Por supuesto!, que eso incomoda a los “honorables”, que ven peligrar la fuente de sus fétidos sancochos. Esto los lleva a buscar maneras de someter a sus siervos; lo cual hacen con toques de queda, máscaras y tal, bajo la falsa argucia del COVID. Y si eso lo aceptamos, ¿quien sabe qué otra cosa peor aceptaremos?. Entre la libertad y el mandato, se vuelve a elegir el mandato.

    ¿Y cómo resolvemos o salimos del servilismo? Tal vez la mejor forma está en convencer a los panameños de exigir su derecho a elegir cómo y dónde educan a sus hijos. Lo que jamás debimos hacer es encargar a los zorros del gallinero la educación de nuestros hijos; ¿o es que no se han dado cuenta de que no los educan? Esos mismos “honorables” que obligan a los que menos tienen a enviar sus hijos a las mazmorras públicas que osan llamar “escuelas”, envían a los suyos a las privadas. ¿Por qué no darles ese mismo derecho a todos?; si, a fin de cuentas, el NODUCA gasta más por alumno que lo que se cuestan promedio las escuelas privadas.

  • Al final, comunistas somos todos

    Según un principio metafísico, que ya conocían los griegos como Aristóteles, el mal no tiene existencia propia, es ausencia de bien. Como el color negro no existe, es ausencia de luz en tanto que la luz blanca es la sumatoria de todos. O sea, la luz blanca es la sumatoria de las ondas electromagnéticas de todos los colores mientras que el negro es ausencia de ondas y desaparece encendiendo una luz.

    Entonces, para eliminar el mal basta poner bien allí donde no hay, cuanto más, mejor, pero basta un poco para que el mal vaya desapareciendo. Corolario: si el mal no desparece es porque no estamos poniendo bien.

    El comunismo, en tanto violenta -policial, militar- represión de las personas, de su libertad, es un mal. Ergo, si no desapareció fue porque los “anticomunistas” -los “buenos”- al final no eran tan buenos. La guerra fría entre la URSS y Occidente y, finalmente, la misma URSS cayó cuando algunos actores supieron poner bien donde faltaba.

    A los cien años falleció George Schultz, exsecretario de Estado de EE.UU. al final de la Guerra Fría (1982-1989). Al cumplir cien años, The Wall Street Journal publicó un artículo de Paul Wolfowitz asegurando que “Su diplomacia permitió un final pacífico para la Guerra Fría”. Su vocación por la paz, el bien en contraposición con la violencia del comunismo caracterizó su carrera.

    “Si en un momento de peligro hubiera que escoger en quien depositar la seguridad de EE.UU. ese hombre sería George Shultz”, dijo Henry Kissinger, quedando claro que la paz es el arma eficiente para lograr la seguridad.

    ¿Por qué duró tanto el comunismo en Europa Central y persiste en algunas partes? Porque, ahora queda claro, Europa Occidental también era, y es, bastante comunista.

    Más allá de la discusión sobre la gravedad del Covid 19 o no, las personas en libertad, el mercado, podrían manejarlo con eficiencia. Pero al aparecer en Wuhan, el comunismo optó por su receta típica: reprimir como en la Plaza de Tiananmén. Y Occidente copió al comunismo: confinamientos y todo tipo de violentas restricciones a la libertad.

    Siguiendo con la metafísica, el bien crece, como todo lo que tiene existencia, mientras que el mal no. El corolario es que, con el tiempo, el bien necesariamente ocupará el lugar del mal.

    Mientras China, prácticamente, ya ha levantado todas las restricciones logrando ser una de las pocas economías que crece, Europa Occidental insiste con confinamientos y todo tipo de violentas restricciones a las libertades. Y, mientras el líder chino habla de liberar el comercio internacional, EE.UU. con Trump hizo lo contrario.

    Pero no solo eso, impuso entre otros a Cuba un bloqueo que, en rigor, es contra los ciudadanos de EE.UU. a quienes se les prohíbe relacionarse con estos caribeños lo que ha servido para aislar más, dentro de la Isla Cárcel, a los cubanos.

    Pero, como a la larga el bien se expande, aunque lentamente, Cuba va hacia una sociedad menos represiva. En 2010, había 157.000 trabajadores por cuenta propia, en 2014 ya eran 478.000 y hoy superan los 600.000 (13% de la población activa). Y ahora se eliminará la actual lista que autoriza solo 127 actividades, dejando liberadas unas 2.000. Quedando excluidas, parcial o totalmente, 124 actividades consideradas “asuntos prioritarios o de seguridad nacional”, como la medicina, la educación, la defensa o la explotación de “recursos naturales”.