Categoría: Politica y Actualidad

  • ¿Es inteligente la denominada “inteligencia artificial”?

    El lenguaje resulta esencial para pensar y para comunicar pensamientos, por lo que su uso inapropiado conduce a conclusiones erradas y en su caso peligrosas. No solo el tema se aplica a la mal llamada “inteligencia artificial”, sino también a la “memoria” de la “computadora”. Pues ni lo uno ni lo otro.

    Sin duda la tecnología ha prestado, presta y prestará inmensos beneficios a la humanidad. Desde las herramientas rudimentarias de nuestros ancestros de las cuevas referidas al simple garrote y el arco y la flecha, pasando por el taladro, la licuadora y la cortadora de césped, hasta la informática y la robotización.

    En todos los casos se libera trabajo para atender nuevas necesidades, ya que, como es sabido, los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, y el recurso por excelencia es el trabajo indispensable para concebir la producción de bienes y la prestación de servicios. El empresario deseoso de obtener ganancias está muy especialmente interesado en sacar partida del arbitraje correspondiente, para lo cual se ve obligado a capacitar al efecto de lograr su cometido.

    Todos los cambios tecnológicos introducen cambios laborales, que van desde la desaparición del hombre de la barra de hielo al aparecer la heladera; los fogoneros de las locomotoras al irrumpir los motores diésel; la disminución de los carteros cuando se generalizó el mail; los trabajos de cableados, cuando se comenzó a recurrir al teléfono inalámbrico, y así sucesivamente. Este es el progreso, que, naturalmente, implica cambio, por lo que progresar y mantenerse estancado en lo mismo constituye una contradicción en los términos. Por supuesto que se ponen palos en la rueda si legislaciones laborales no permiten la adecuada asignación de personas y recursos, con lo que se perjudica muy especialmente a los más vulnerables.

    El decimonónico Frédéric Bastiat, en el capítulo 20 de su célebre Sofismas económicos, ya había ridiculizado la absurda sugerencia de destruir maquinarias y herramientas “para defender el trabajo” y establecía un correlato con las restricciones impuestas al comercio exterior por parte de mal llamados empresarios, que son explotadores, puesto que obligan a comprar más caro y de peor calidad “al efecto de proteger fuentes de trabajo”, lo cual empobrece al forzar a que se desembolsen mayores montos por unidad de producto, lo que necesariamente conduce a que haya menos productos.

    Pero una cosa es celebrar con entusiasmo el progreso tecnológico que beneficia a todos y otra bien distinta es distorsionar conceptos claves. Inteligencia proviene de inter-legum, es decir, leer adentro, captar esencias y capacidad para decisiones autónomas, en otros términos, libre albedrío, lo cual contrasta con la peregrina idea de que los humanos somos solo kilos de protoplasma, en cuyo caso estaríamos determinados por los nexos causales inherentes a la materia. En ese caso no habría tal cosa como ideas autogeneradas, no tendría sentido la responsabilidad individual, ni la moral ni la misma libertad, que sería mera ficción. Entre otros muchos textos, este es el sentido del libro en coautoría del filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en Neurofisiología John Eccles, que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro para distinguir la mente, los estados de conciencia o la psique del cerebro, de neurotransmisores y de la sinapsis.

    La inmensa gratitud por las maravillas de la tecnología y las extraordinarias contribuciones de algoritmos que resuelven problemas intrincados a velocidades notables, incluidos autocorrectores, no nos debe hacen caer irresponsablemente en lo que C. S. Lewis estampó como un alarido de alarma en el título de su célebre obra La abolición del hombre.

    El lenguaje resulta esencial para pensar y para comunicar pensamientos, por lo que su uso inapropiado conduce a conclusiones erradas y en su caso peligrosas. No solo el tema se aplica a la mal llamada “inteligencia artificial”, sino también a la “memoria” de la “computadora”. Pues ni lo uno ni lo otro. Cuando nuestros bisabuelos hacían un nudo en el pañuelo para recordar algo, a nadie en su sano juicio se le ocurría referirse a la gran memoria del pañuelo. De modo semejante es pertinente subrayar que es el ser humano el que computa, la máquina opera sobre la base de impulsos eléctricos.

    En otra ocasión me referí al experimento del conocido matemático Alan Turing en el que colocaba a una persona en una habitación en la que se ubicaban dos terminales de computadoras, una conectada en otra habitación con otra computadora y la otra conexión, a otro ordenador manejado por otra persona. A continuación, Turing solicitaba a la primera persona referida que formulara todas las preguntas que estimara pertinentes por el tiempo que demandara su investigación, a efectos de conocer cuál era cuál. De lo contrario, si no podía establecer la diferencia (distinguir cuál era humano y cuál, el aparato), concluía Turing que era una prueba de que no había diferencia entre el humano y el aparato en cuanto a sus cualidades de decisión.

    Por su parte, el filósofo John Searle refutó las conclusiones de ese experimento con otro que denominó “el experimento del cuarto chino”. Este consistía en ubicar también a una persona aislada en una habitación y totalmente ignorante del idioma chino, a quien se le entregaba un cuento escrito en esa lengua y se le daba una serie de cartones con preguntas sobre la narración del caso y otros tantos cartones con respuestas muy variadas y contradictorias a esas preguntas. Simultáneamente, también se le entregaban otros cartones adicionales con códigos claros para que pudiera conectar acertadamente las preguntas con las respuestas correctas.

    Explica Searle que de este modo el personaje de marras contestaba todo satisfactoriamente sin que hubiera entendido chino. Lo que prueba este segundo experimento es que el sujeto en cuestión es capaz de seguir las reglas, los códigos y los programas que le fueron entregados, que es la manera en que la máquina opera (desde luego no en cuanto a la capacidad de amar, autoconciencia, decisión independiente y equivalentes). Esto remite a la mera reacción de la computadora sobre la base de programas insertos (agregamos que la persona del ejemplo decidió seguir el programa, cosa que podía haber rechazado, decisión que no puede asumir la máquina). Todo esto para subrayar el rol de la programación.

    Es de interés destacar la opinión del premio Nobel de Física Max Planck en el contexto del no determinismo en el ser humano y su libertad. Afirma: “Se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como razón de la conducta”.

    Antony Flew precisa la diferencia entre causas y motivos. Escribe: “Cuando hablamos de causas de un evento puramente físico –digamos un eclipse de sol–, empleamos la palabra causa para implicar al mismo tiempo necesidad física e imposibilidad física: lo que ocurrió era físicamente necesario y, dadas las circunstancias, cualquier otra cosa era físicamente imposible. Pero este no es el caso del sentido de causa cuando se alude a la acción humana. Por ejemplo, si le doy a usted una buena causa para celebrar, no convierto el hecho en una celebración inevitable”.

    Debemos estar en guardia respecto de nomenclaturas modernas que se han filtrado y que degradan la condición humana, aunque sean del todo inocentes, basadas en las mejores intenciones y propósitos.

  • Presentadores en inteligencia artificial de China difunden desinformación en las redes sociales

    El grupo de investigación estadounidense Graphika dice que los presentadores de inteligencia artificial (IA) están reforzando la propaganda de Beijing y hablando mal de Washington.

    Los presentadores de noticias generados por inteligencia artificial se han desplegado por primera vez para hacer propaganda de contenido político en las redes sociales, dijo una firma de investigación estadounidense en su último informe.

    Graphika, con sede en Nueva York, dijo en el informe ‘Deepfake It Till You Make It‘ que Spamouflage, una operación de influencia alineada con el estado de China, ha estado utilizando personas ficticias generadas por IA para promover el papel global de China y difundir desinformación contra Estados Unidos desde finales de 2022.

    Spamouflage, una combinación de Spam y Camouflage, es una táctica utilizada por los spammers para evadir los filtros de spam de correo electrónico reemplazando ciertas letras con números. Los investigadores de seguridad cibernética usan el término, así como otros términos como Dragonbridge o Spamouflage Dragon, para referirse a la red de propaganda pro china en Internet.

    Spamouflage es responsable de publicar, a través de cuentas falsas dirigidas a usuarios de redes sociales, miles de activos que elogian a China, critican a Estados Unidos y atacan el movimiento prodemocracia de Hong Kong, así como la independencia de Taiwán.

    Recientemente ha estado “promoviendo una forma nueva y distintiva de contenido de video en plataformas de redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube”, dijo Graphika.

    Los investigadores de la empresa detectaron y analizaron dos videos «únicos» que mostraban a un presentador masculino y femenino, ambos hablando inglés y con aspecto caucásico.

    Los videos usaban el logotipo de una «compañía de medios probablemente ficticia» llamada ‘Wolf News’ con el eslogan que lo acompañaba «Enfóquese en los puntos calientes y transmita en tiempo real».

    El presentador masculino criticó al gobierno de EE. UU. por su «repetición hipócrita de retórica vacía» al abordar la violencia armada, mientras que la mujer destacó la importancia de la cooperación entre China y EE. UU. para la recuperación económica mundial.

    Ambos videos reflejaron “esfuerzos anteriores de Spamouflage para pasar como medios de comunicación legítimos”, dijo el informe de Graphika.

    Alex, Jason y James

    Las abundantes similitudes detectadas en los videos y otros activos de Spamouflage en Internet llevaron a la conclusión sobre la conexión entre los dos.

    China aún no ha respondido al informe de Graphika que apunta al alarmante posible mal uso de la sofisticada tecnología de IA en campañas de desinformación por parte de actores estatales.

    Hasta ahora, las operaciones de influencia en línea se han limitado a rostros falsos generados por computadora y videos fabricados, pero los nuevos videos presentaban personas ficticias generadas por IA que parecían casi reales.

    “A primera vista, los presentadores de Wolf News se presentan como personas reales. Nuestra hipótesis inicial fue que eran actores pagados que habían sido reclutados para aparecer en los videos”, dijo el equipo detrás del informe.

    Después de una mayor investigación, detectaron el habla robótica de los presentadores que no se sincroniza con los movimientos de los labios, así como numerosos errores gramaticales en los subtítulos.

    El equipo de Graphika dijo que los anclajes probablemente se crearon con tecnología proporcionada por Synthesia, una compañía británica de video de IA.

    Encontraron varios videos de marketing usando el mismo dúo generado por IA que hablaba varios idiomas además del inglés. El avatar masculino, llamado Alex en el video de Wolf News, también se llamaba Mr Curtis, Jason y James.

    “El principal beneficio de esta tecnología para los creadores de videos de Spamouflage parece ser una mayor eficiencia, específicamente la producción de contenido de alta velocidad y bajo costo”, dice el informe, y agrega que los productos de Synthesia pueden crear videos generados por IA en cuestión de los minutos y las suscripciones comienzan en solo US $ 30 por mes.

    ‘Deepfakes, problemas reales’

    Los actores de operaciones de influencia “continuarán experimentando con tecnologías de IA, produciendo artefactos de medios cada vez más convincentes que son más difíciles de detectar y verificar”, advirtió Graphika.

    En 2018, la agencia de noticias estatal china Xinhua reveló el primer presentador de noticias de inteligencia artificial del mundo, que era una imagen masculina con voz, expresiones faciales y acciones de una persona real.

    El avatar fue desarrollado conjuntamente por Xinhua y la empresa china de motores de búsqueda Sogou.com.

    Xinhua dijo que el presentador de habla inglesa “puede trabajar las 24 horas del día en su sitio web oficial y en varias plataformas de redes sociales, reduciendo los costos de producción de noticias y mejorando la eficiencia”.

    presentadores
    Xinhua reveló el primer presentador de noticias de inteligencia artificial del mundo en 2018. Crédito: Xinhua

     

    En la última década, China ha puesto gran atención en el desarrollo de tecnología de IA.

    El Índice de IA 2022 de la Universidad de Stanford , que evalúa los avances en IA en todo el mundo, clasifica a China en el segundo lugar en inversión privada total en IA y en el número de empresas de IA recién financiadas, solo después de Estados Unidos.

    Beijing introdujo la primera regulación de su tipo sobre imágenes y videos generados por IA, o «deepfakes», en enero. Según él, «los servicios de síntesis profunda no pueden usar la tecnología para difundir noticias falsas».

    La nueva regulación también dijo que está prohibido el contenido que pone en peligro la seguridad y los intereses nacionales, daña la imagen nacional o perturba la economía.

    Sin embargo, la regulación no se aplica a las falsificaciones profundas generadas fuera del país. Los críticos dicen que su prioridad es reforzar la censura en línea y sofocar la disidencia.

     

  • Terremotos en Turquía: ¿Por qué muchos edificios se derrumbaron como un panqueque?

    Dos terremotos de gran magnitud han sacudido Turquía, dejando miles de muertos y de heridos o desplazados.

    El primer seísmo, cerca de Gaziantep, junto a la frontera siria, tuvo una magnitud de 7,8 y se sintió hasta en el Reino Unido. El segundo se produjo nueve horas más tarde, en lo que parece ser una falla transversal, y registró una magnitud de 7,5.

    Además de la devastación, según el gobierno turco, se han derrumbado unos 3 450 edificios. Muchos han fallado en un “modo panqueque” de colapso estructural.

    ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Fue simplemente la enorme magnitud y violencia del seísmo, o el problema está en los edificios?

    Miles de años de terremotos

    Los terremotos son frecuentes en Turquía, que se encuentra en una región sísmicamente muy activa donde tres placas tectónicas chocan constantemente entre sí bajo la superficie de la Tierra. Los registros históricos de terremotos en la región se remontan al menos 2.000 años atrás, hasta un seísmo en el año 17 de la era cristiana que arrasó una docena de ciudades.

    La zona de la falla de Anatolia Oriental en la que se produjeron estos seísmos se encuentra en el límite entre las placas tectónicas de Arabia y Anatolia, que se desplazan entre sí a una velocidad aproximada de 6 a 10 mm al año. La tensión elástica que se acumula en esta zona limítrofe de placas se libera con terremotos intermitentes, que se han producido durante millones de años. Así pues, los terremotos recientes no son una sorpresa.

    A pesar de este conocido peligro sísmico, la región contiene muchas infraestructuras vulnerables.

    En los últimos 2 000 años hemos aprendido mucho sobre cómo construir edificios que puedan resistir las sacudidas incluso de terremotos graves. Sin embargo, en realidad hay muchos factores que influyen en las prácticas de construcción de edificios en esta región y en otras del mundo.

    La mala construcción es un problema conocido

    Muchos de los edificios derrumbados parecen haber sido construidos con hormigón sin el refuerzo sísmico adecuado. Los códigos de construcción sísmica de esta región sugieren que estos edificios deberían poder soportar terremotos fuertes (en los que el suelo incrementa entre un 30% y un 40% la gravedad normal) sin sufrir este tipo de colapso.

    Los seísmos de 7,8 y 7,5 parecen haber provocado sacudidas del orden del 20 al 50 % de la gravedad. Así pues, una parte de estos edificios fallaron con intensidades de sacudida inferiores a las del “código de diseño”.

    Existen problemas bien conocidos en Turquía y en otros lugares para garantizar la seguridad de la construcción de edificios y el cumplimiento de los códigos de construcción sísmica. Se han observado derrumbes de edificios similares en anteriores terremotos en Turquía.

    Foto aérea de un edificio colapsado
    Un problema conocido: el derrumbe de un edificio de apartamentos tras el terremoto de 1999 en Izmit (Turquía).
    Hurriyet / AP

    En 1999, un gran terremoto cerca de Izmit causó 17.000 muertos y el derrumbe de hasta 20.000 edificios.

    Tras un terremoto en 2011 en el que murieron cientos de personas, el entonces primer ministro de Turquía y hoy presidente, Recep Tayyip Erdogan, culpó a la construcción deficiente del elevado número de víctimas mortales, afirmando: “Municipios, constructores y supervisores deberían ver ahora que su negligencia equivale a un asesinato”.

    Reconstrucción

    Aunque las autoridades turcas saben que muchos edificios son inseguros en caso de terremoto, sigue siendo un problema difícil de resolver. Muchos de los edificios ya están construidos, y la adaptación sísmica puede resultar cara o no considerarse prioritaria en comparación con otros retos socioeconómicos.

    Sin embargo, la reconstrucción después del terremoto puede ser una oportunidad para reconstruir de forma más segura. En 2019, Turquía adoptó una nueva normativa para garantizar que los edificios estén mejor equipados para soportar las sacudidas.

    Aunque las nuevas normas son bienvenidas, queda por ver si se traducirán en auténticas mejoras de la calidad de la construcción.

    Además de la importante pérdida de vidas humanas y de los daños a las infraestructuras, es probable que ambos terremotos hayan causado una miríada de efectos medioambientales, como la ruptura del terreno, la licuefacción del suelo y los corrimientos de tierras. Estos efectos pueden hacer que muchas zonas no sean seguras para reconstruir, por lo que los esfuerzos de reconstrucción también deben incluir decisiones de planificación sobre qué se puede construir y dónde, para reducir los riesgos futuros.

    Por ahora, las réplicas siguen sacudiendo la región y continúan las labores de búsqueda y rescate. Una vez que se asiente la situación, empezará la reconstrucción, pero ¿veremos edificios más fuertes, capaces de resistir el próximo seísmo, o más de lo mismo?The Conversation

    Mark Quigley, Associate Professor of Earthquake Science, The University of Melbourne

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Definamos “educación”

    Educación, en cuanto se aplica al ser humano, es aquel proceso que nos desarrolla los procesos cognitivos desde cero en el vientre materno hasta dónde sea que podemos llegar según una inmensa amplitud de variables. Y, el buen desarrollo de la cognición implica o involucra el proceso de analizar la naturaleza de la Creación en la cuan nos encontramos inmersos. Nacemos y evolucionamos inmersos en las increíbles realidades de un complejo universo que nos llama y reta a su exploración. Y, mientras mejor lo logramos entender, mejor nos puede ir.

    Visto así, la educación se inicia en el hogar en asociación con nuestros padres, hermanos y más allá; es decir, es un proceso de socialización, dado que el ser humano es un ser social, incluyendo lo emocional, cuyo desarrollo cognitivo está íntimamente relacionado con los demás miembros de nuestra especie.

    En cuanto a lo “emocional”, es esencial y elemental entender que el motor de la educación está en las emociones; esas que abundan en el jugar que nos invita a sentir y disfrutar la vida y la aventura de exploración en risas junto a otros. Por ello, los claustros gubernamentales que osamos llamar “educativos” no pasan de ser una aberración; sitios en dónde se extingue el juego y la risa, y con ello el deseo de explorar el universo que nos rodea.

    A todo ello, y desde muy temprano en el proceso educativo en la familia, vamos aprendiendo y adaptando en un sentido moral, vocablo que nos viene del término “moris” o “costumbres”; que abarcan nuestras valoraciones del mundo, de dónde formamos normas de subsistencia, adaptación y desarrollo que nos permiten vivir en armonía con los demás.

    El problema con lo social se complica y agudiza cuando pasamos de la interacción de la familia, el barrio y, eventualmente llegamos al estado y a sus gobiernos; esos que, idealmente, procuran mejorar la seguridad del rebaño. Tristemente, los gobiernos o la gobernanza, que típicamente se traduce en ‘poder’ son sumamente corrompibles, pues como ya debíamos saber, el poder corrompe, y si es absoluto corrompe de manera absoluta. De hecho, a través de la historia, los gobiernos han surgido a través o de las invasiones y las conquistas; ¿acaso no es eso lo que estamos viendo hoy entre Rusia y Ucrania?

    Y, cuando enfocamos lo moral, nos adentramos en el ámbito de lo religioso, con lo cual todo se complica aún más; o, tal vez, se simplifica, dependiendo del enfoque moral o sobrenatural. A través de la historia la educación privada fue diversa y flexible, mientras que la gubernamental tendía a ser inflexible y controladora.

    Es más, desde que llamamos a las escuelas gubernamentales “públicas”, entramos en el mundo del engaño, ya que las privadas también están disponibles al público. Más aún, las escuelas gubernamentales son un afronte a la libertad humana, al derecho de escoger; particularmente cuando consideramos que las gubernamentales se financian con dinero de la gente, que si no tienen la capacidad económica para ir a las privadas quedan condenadas a las gubernamentales que suponen ser seculares.

    Resulta contradictoria la educación centralizada cuando consideramos el mandato preambular constitucional que anuncia en su mismo inicio el “garantizar la libertad”. Y más aún, de “exaltar la dignidad humana”. ¿Acaso es “digno” que te quiten el dinero a punta de pistola para luego meterte forzadamente en mazmorras gubernamentales que poco o nada educan? Un sistema politiquero que lo que sí logra es empoderar a los sindicatos magisteriales cuyo enfoque primario está no está en la creación de emprendedores sino el mejoramiento de salarios y tal.

    En fin, si valoramos la libertad, debíamos valorar el derecho a escoger la educación de nuestros hijos.

  • El problema no es el cambio sino la resistencia al cambio

    Los menos distraídos están muy conscientes acerca, no sólo, de la avalancha del cambio, ya sean climáticos, perláticos o pancreáticos, sino de lo extraordinario de todo ello; lástima que los “menos distraídos” son inmensa minoría, mientras que los más andan totalmente perdidos en la obsolescencia de lo que el viento se llevó.

    Tal vez, para muchos, uno de los ejemplos más ilustrativos e impactantes es que alguien les diga que en un futuro mucho más cercano de lo imaginado, cosas tales como la construcción de carreteras irá en mengua. O, que jamás deberíamos encargar a los gobiernos no sólo de la educación de nuestros hijos sino de la construcción de las carreteras y mucho más. Las razones de todo ello debían ser obvias y el hecho de que no lo sean es clara evidencia de caducidad; y de estar perdidos en la miasma de la corruptela política y social.

    Las carreteras, igual que los negocios, sean educativos o de cualquier índole, no sólo deben responder a una viabilidad económica que podemos encontrar dispersa entre la población, pero rara vez en los gobiernos, que jamás tuvieron el propósito de los negocios. Tanto la construcción y mantenimiento de las vías de circulación como la educación, etc., son los motores de una economía pujante y adaptable; mientras que los gobiernos, particularmente cuando se sobredimensionan, tienden a lo contrario.

    En el mercado, que es la plaza pública en dónde actúa la gente, encontraremos los fenómenos económicos y sociales de “aquello que se ve, y lo que no se ve”; realidades que requieren luces largas, dado que cada acción humana, desde el sexo, los hábitos, leyes, y mucho más, dan lugar a efectos; es decir, acción y reacción.

    Por un lado están los efectos inmediatos y visibles, tal como la felicidad de quienes reciben jamones o subsidios. Luego vienen los menos visibles, pero sí previsibles; tal como la inflación, aumento de precios, impuestos y, en general un aumento en la pobreza debido a una interferencia politiquera; de pillos que tiran la piedra y esconden la mano.

    Cuando fui presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos (APEDE), la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) nos dio una charla acerca de la expansión del Canal y al final preguntas y respuestas. Luego de varias preguntas y respuestas, yo levanté el dedito y el presentador me digo, “sí, diga Sr. Bennett”. Pregunté: “¿Qué será del Canal cuando se invente el trasbordador molecular?” Un escandaloso silencio llenó el recinto. De pronto, el presentador irrumpió en risa y dijo: “Ya entiendo su pregunta Sr. Bennett, pero tenemos previsión del Canal hasta el año 2050; luego de lo cual vino mi segunda pregunta: “¿Alguno aquí se atreve a describir el año 2050?” Otro silencio total. Y he allí el problema, que seguimos legislando, haciendo y construyendo hacia lo desconocido.

    Cambios que ya están ocurriendo, tales como la robotización, sea de neveras que serán más inteligente que nosotros o de autos que volando burlarán los retenes, dejarán a los distraídos cantando: “¿Qué pasó, no sé decirte, que paso?” Y… ¡sorpresa!, hasta el mal concebido Metro, junto con el Metrobus, ese que no es tal cosa, quedarán en la obsolescencia.

    Es más, el Metro y el Metrobus, fueron y son la mayor estafa de nuestra historia, y casi nadie lo ve. No sólo en sus costos de construcción y operación, sino en cuanto a que no resolvieron nuestras necesidades de transporte urbano; las cuales se hubiesen resuelto a una fracción del costo, tanto de inversión como de operación y servicio con un verdadero sistema de Transporte Rápido por Buses o BRT en inglés.

    Resumiendo, el cambio es inevitable. El problema es seguir resistiéndose al cambio proponiendo soluciones arcaicas que pretenden evitarlo y claro, nunca lograrlo.

  • Retenes de tránsito perniciosos

    Los retenes de tránsito legales y bien llevados a cabo son un mal necesario; y, por tanto, deben seguir procesos y lineamientos que, como bien señala el preámbulo constitucional, deben “exaltar la dignidad humana”. Pero, cuando las autoridades permitan o apadrinen los retenes ilegales y mal llevados a cabo, podemos estar seguros de que estamos frente a un estado de avanzado deterioro social. Estamos frente a la horrible realidad de retenes cuyo propósito es de asalto a mano armada; los cuales son del conocimiento de las autoridades que se hacen de la vista gorda, demostrando con ellos el bajo talante de su moralidad y de una comunidad que lo permite.

    La burla de los fundamentales mandatos constitucionales de: “garantizar la libertad… exaltar la dignidad humana… perturbación del tránsito… transitar libremente…” es clara señal de deterioro social y degeneración gubernamental. Detener la marcha de un auto sin que exista base o criterio objetivo para ello, aumenta exponencialmente las prácticas abusivas policiales; además de ser pernicioso adoctrinamiento.

    Los retenes de tránsito sólo deben llevarse a cabo cuando existan motivos y mandato de autoridad competente para ello. En cual caso, los agentes del retén deben recibir las instrucciones de cómo llevarlos a cabo. Como toda herramienta, el retén es útil y legal bajo estrictos lineamientos de legalidad, evitando la discrecionalidad del funcionario.

    Dado que la detención es contraria a la norma constitucional de “libre tránsito”, debemos tener presente de que ‘detener’ a las personas es asunto serio. El peligro en ello está en que las agencias de policía pierdan la noción de respeto a los derechos ciudadanos de transitar “sin más limitaciones que las que impongan las leyes o reglamento de tránsito…”

    Y sí, el Artículo 125 del Reglamento de Tránsito dicen que la licencia “podrá ser solicitada… en cualquier momento…” Pero, debemos ver que esta norma está dirigida a los conductores y no a los agentes de policía; los cuales no están facultados a solicitarla en cualquier momento y sin medir razón. De haber tal instructivo a los agentes de policía, este sería inconstitucional; sería la legalización de un abuzo de discrecionalidad.

    Los retenes deben seguir lineamentos tales como: ser realizados en sitios difíciles de ser burlados; con espacio suficiente para estacionar los autos de manera que no obstaculicen el flujo vehicular; siempre que sea posible, evitando que se realicen en los horarios de alta densidad de tránsito.

    Los retenes no pasan de ser una excusa “legalizada” para detener y escudriñar a los motoristas cuando no existen otras razones valederas para ello: verificar estado de embriaguez, licencias o seguros vencidos, papeles de auto y tal. Pero, cuando los retenes son como los trasmallos de pesca, que no discriminan; estaremos tratando a la inmensa mayoría de ciudadanos como infractores o malhechores; lo cual es una barbaridad.

    Los retenes son instrumento de intimidación, lo cual no es recomendable y debe ser llevado a cabo con todo respeto y consideración. Cuando ello no es así, la comunidad pierde fe en la policía; lo cual es malísimo. Por ejemplo: Ser detenido en un retén no legaliza el cateo del conductor y pasajeros ni la revisión del auto; a menos que exista causa razonable y sustentable para ello.

    No debemos caer en el engaño de consentir a una revisión. Te dirán que quien no la debe no la teme… a lo cual debemos contestar que tenemos el derecho y deber de proteger nuestra privacidad. Es más, existe la posibilidad de que los policías coloquen algún elemento ilegal en el auto para justificar la detención. Y, en todo caso, la persona detenida debe preguntar al agente las razones de la detención, lo que buscan y la razón de creen que ello está en tu auto. Es bueno preguntar: “¿Ya terminaron, puedo irme? Si no existe razón válida, deben permitir que prosigas tu camino.

    Cuando las autoridades de tránsito se vuelcan a realizar retenes de sobriedad, estos son claros y serios indicadores del deterioro de una sociedad y de sus agencias de policía. La escasa cantidad de personas ebrias que típicamente se detectan habla de la poca racionalidad de llevar a cabo semejantes retenes; lo cual también se aplica a la búsqueda de armas y tal.

    Existen fórmulas mucho más productivas y legales para buscar ebriedad, armas, criminales y tal; consistente en el patrullaje y detención de quienes son sorprendidos en francas y peligrosas infracciones. Se ha visto que entre los infractores consuetudinarios están los malandros.

    No debemos consentir que nos pregunten de dónde venimos o a dónde vamos; igual que contestar si has estado en parranda. Pero, si por alguna razón te ordenan a salir del vehículo, debes trancarlo al salir. Una vez fuera no tienes obligación a que te pongan a bailar ni a responder acertijos y tal. Debes respetuosamente rehusar.

    Y, de ser retenido sin mayor causa o razón, debemos ser respetuosos y no debemos entrar en debates. Podemos decir algo como: “Estimado oficial, no estoy de acuerdo con los retenes ni siento la necesidad de dar mayores explicaciones”.

  • ¿Son inteligentes los servicios de inteligencia?

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre.

    En los últimos tiempos observamos con cierta alarma que los aparatos estatales teóricamente encargados de velar por los derechos de los gobernados son en realidad atacantes y en la materia de esta nota periodística espían a la gente con lo que se invade su privacidad. Como ha escrito Milan Kundera “si se pierde la privacidad se pierde todo”. Es sumamente curioso que el ciudadano se vea obligado a financiar con impuestos acciones que lo persiguen y aplastan. Antes he escrito sobre este tema de los llamados servicios de inteligencia, pero en vista que vuelva a surgir el asunto es del caso reiterar lo dicho.

    El adagio consigna que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse qué grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de esta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

    Conviene llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos.

    Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que éstos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino, echando mano a fondos reservados para propósitos de espionaje y otros menesteres non sanctos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y que se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

    Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio y en otros partes del mundo se agregan asesinatos, sabotajes y en la mayor parte de los casos lados seguimiento de los dirigentes de partidos políticos de oposición son sólo algunos de los hechos que producen los más renombrados “servicios”. Esto es en el “mundo libre”, ya que en los países totalitarios se añade la tortura y la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno.

    En los Estados Unidos, actualmente existen veinticuatro “oficinas de inteligencia”, entre las que se destaca la CIA, creada a fines de la década del 40. En Inglaterra, el M15 y el M16; en Canadá, la CSIS; la BND en Alemania; el Mossad en Israel, y la FSB, sucesora de la KGB, en Rusia son sólo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

    El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds puso en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia más destacados del mundo a raíz de la célebre invasión de Irak, en una columna titulada “¿Podemos confiar en los servicios de inteligencia?”. Por su parte, Harry Browne señala los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en Vietnam, Corea, Somalía y Haití, e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa.

    Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar este y otros departamentos y oficinas para fines políticos, y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad los abusos no deben sorprender, sin contar con las traiciones, las falsas denuncias y las delaciones internas y ex amistades, como ocurría con la policía secreta de Sha de Persia, incluso con Ben Laden y en la CIA.

    Por esto es que León Hadar, del Cato Institute, sugestivamente titula su ensayo “Los servicios de inteligencia no son inteligentes” que inspira el título del presente texto. Allí muestra con profusión de datos cómo la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos. Imaginemos qué le cabe, por ejemplo, a lo que fue nuestra SIDE creada por Perón, luego SI y hoy AFI. Cambios de nombres pero con una alarmante y persistente continuidad de procedimientos aberrantes que incluyen casos espantosos y muy sonados en todos los rincones del planeta como es el del fiscal Alberto Nisman.

    David Canon, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado Inteligencia y ética, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios: “Los temas legales, morales y éticos no me los planteo, igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]”, dice, y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”.

    En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán, China e Indonesia. Asimismo, el ex presidente estadounidense Harry S. Truman 15 años después del comienzo de la oficina de inteligencia declaró a la prensa: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

    Pero, como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs, en un artículo titulado “Ethics and Intelligence”, en el que añade las encrucijadas del célebre embajador Joseph Wilson, quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto de la patraña de las armas de destrucción masiva.

    No se avanza mucho aunque se establezcan estrictos controles republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites al poder político si puede deslizarse por la puerta trasera todo tipo de abusos, sin rendir cuenta al público, por más que se tejan subterfugios más o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje.

    Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. Si no se procede a esta revisión periódica, podemos encontrarnos con que estamos avalando ciertas políticas que resultan nocivas, pero que continúan en vigencia sólo por inercia, rutina o molicie. John Stuart Mill decía que todas las buenas ideas pasan invariablemente por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. Este tema de los llamados servicios de inteligencia se vincula con muchos otros que también requieren limpieza de telarañas mentales para su mejor comprensión.

    Ahora se informa que miembros del servicio de inteligencia del gobierno anterior en Brasil ayudaron en los actos de vandalismo a la sede de los tres poderes, tomando como ejemplo el bochorno de Donald Trump que además de alentar el ataque al Capitolio con el apoyo logístico de algunas reparticiones de los servicios, desconoce los resultados electorales a pesar de estar certificados por los cincuenta estados, por sesenta y un jueces federales y locales y su propio Vicepresidente.

    En conexión con la llamada “inteligencia” menciono cuatro áreas adicionales al correr de la pluma. En primer término, la seguridad. Paradójicamente, en no pocos lugares para proteger este valor se lo conculca. Esto ocurre hoy, en gran medida, con la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, por ejemplo, en lo que ha sido el baluarte del mundo libre –los Estados Unidos–, con el argumento de proteger aquellos derechos se los lesiona, con lo que en la práctica se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror. Tal es el ejemplo de la vergonzosa denominada “ley patriótica”.

    En segundo lugar, para mitigar las convulsiones que hoy tienen lugar, debería hacerse un esfuerzo mayor para no caer en la trampa mortal de las guerras religiosas y para distinguir un asesino de quien suscribe determinada religión. Hay que insistir en los graves peligros y acechanzas que aparecen al vincular el aparato estatal con una denominación confesional.

    El tercer capítulo, emparentado con el surgimiento de los servicios de inteligencia para contrarrestar las guerras, son las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos a que nos hemos referido la semana pasada en este mismo medio y que toman los lugares de nacimiento como un valor y un desvalor para el extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder.

    Por último, no estaría mal revisar exhaustivamente el papel de las Naciones Unidas, de la que dependen innumerables oficinas que pregonan a los cuatro vientos, en sus publicaciones y en las declaraciones de sus directivos, políticas socializantes que conducen a la pobreza y a la guerra, al tiempo que muchas veces se constituyen durante largos períodos en observadores incompetentes, tal como ha ocurrido hasta el momento en el caso actual de Hezbollah e Israel.

    Un comentarista de la televisión mexicana proclamó: “Nosotros también somos observadores, pero de la inoperancia de las Naciones Unidas”. En este sentido es recomendable la lectura de gruesos volúmenes como The Fearful Master, A Second Look at the United Nations de Edward Griffin en su época el periodista radial de mayor audiencia en CBS Network y UN: Planned Tyranny del profesor de economía de la Universidad de Harvard Orval Watts donde se detallan las ideas de planificación socialista de los organizadores originales de la institución en 1945 y sus propósitos de extender sus idearios a los países miembros confirmadas luego en algunas de las entidades que han surgido de esa fundación como es el caso resonante de la CEPAL que ha propiciado el estatismo en América Latina, una tendencia en otros casos consignada en estatutos a veces apoyados en distintas operaciones por servicios de inteligencia. Todo lo cual no significa desconocer que algunos de los miembros han denunciado políticas a contramano aquellas medidas muchas de las cuales intensifican los problemas que se anuncia se quieren resolver.

    De todos modos, al efecto de ilustrar preocupaciones justificadas con un ejemplo extremo, el dictador de Uganda Idi Amin Dada -”el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros, además de hacer alarde de sus servicios de inteligencia criminales- el autor relata minuciosamente en el libro de referencia que el primero de octubre de 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas le brindó una ovación de pie por parte de todos los delegados cuando llegó al podio el dictador y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, en el contexto de las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas donde ahora el régimen de la tiranía cubana ocupa un sitial de peso.

    Entonces, en nuestra línea argumental de fondo, no sólo debemos concentrar la atención en la naturaleza y los alegados servicios que prestan las estructuras de “inteligencia”, sino también prestar atención a las causas que dan lugar al debate que ahora pretendemos abrir, al efecto de seguir averiguando los graves inconvenientes de este tipo de organizaciones. A esta altura del partido y en vista de los antecedentes truculentos de estos llamados servicios, tal vez debiera abandonarse el uso de la expresión “inteligencia” y sustituir esos departamentos por otros bajo auditorias y controles solo para evitar ataques a los derechos en diversas manifestaciones pero nunca provocar atropellos a las libertades individuales, que como queda dicho constituyen actos contra los principios más elementales de la civilización.

  • La naturaleza de la bestia gubernamental

    Nos dice la Wikipedia que el estado profundo (“deep state”) es aquella gobernanza compuesta por redes potencialmente secretas y que, sin la debida autorización, operan independientemente del liderazgo oficial estatal; y que dichas redes persiguen agendas y fines propios, a las cuales también se les apoda de “gobiernos-sombra” (“shadow governments”) o estado dentro del estado. Sin embargo, habiendo yo trabajado 14 años en funciones gubernamentales, en las cuales dirigí, con rango de autoridad, dos veces una institución estatal, formé otra visión de lo que es el estado profundo o, como preferiblemente suelo llamarle el “gobierno profundo”.

    La definición de la Wikipedia tiende a sugerir que se trata de algo así como una red de conspiración; pero yo lo veo de otra forma. Veo al gobierno profundo como el resultado propio y natural del ejercicio del poder centralizado; realidad que es imperativo conocer y controlar para evitar el mal rumbo que llevamos. Que no se trata solamente de corrupción y conspiración sino de la realidad de las flaquezas humanas que se traducen en aprovecharse del puesto de poder. Pero, también entra en juego la inmensa dificultad de lidiar con una inmensa organización gubernamental centralizada pero disgregada en dónde cada órgano se centra en sus objetivos; o, lo que cree que son sus objetivos, sin la debida coordinación con los demás órganos estatales y sin la debida atención a los límites constitucionales.

    Pero, aún más allá y mucho más insidioso, hay otros factores sociales que también inciden en la formación o deformación del ente gubernativo; vale decir, hablo de aquellas culturas de la población que se han acostumbrado a la gobernanza corrupta y corrompedora. Que, es de esta realidad cultural de dónde se forman los partidos políticos, que luego quedarán encargados de gobernar; no con apego a los mejores intereses de la población sino del partido o peor, de las cúpulas del partido.

    Y más insidioso aún es el que no sólo sean las clases populares las que prohíjan la desordenada gobernanza sino que la patología hace metástasis al resto del organismo de la nación. He trabajado o lidiado con diversas organizaciones empresariales y sindicales en las cuales he sido testigo de los males que saco a relucir. Por ejemplo, a un consejo empresarial que se vende a bastardos intereses del poder central. O sindicatos dominados por espurios intereses ideológicos que quedan por encima del bienestar de sus asociados y de la comunidad. En resumen, el problema es mucho mayor e insidioso.

    Tomemos el caso del llamado MEDUCA, con sus 65,000 funcionarios, al cual “le” asignamos educar a nuestros hijos y que, supuestamente, debía regirse con apego a los fundamentos constitucionales de libertad de pensamiento, tránsito, propiedad y tal. ¿Es eso lo que promueve al MEDUCA? ¿Quién realmente manda en el MEDUCA? ¿Cuánto del poder y decisión lo ejercen los sindicatos y los intereses económicos mezquinos? En fin, el poder central le sustrae la savia económica a la población para darles a cambio un producto inservible.

    En conclusión, no estamos hablando de conspiraciones sino de lo que ocurre abiertamente ante nuestras narices, a ciencia y paciencia de todos. Pero, como bien en su momento señalara Bastiat: es la ley puesta al servicio de los inescrupulosos para proteger a los pillos de los probos. Para castigar a quienes osan advertir que el rey va desnudo en la procesión y aún así todos lo aclaman diciendo: “Robó pero dio”. No estamos hablando de una democracia sino de algo mucho más siniestro y peligroso.

  • El veneno de nacionalismos y patrioterismos

    Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”.

    En su momento en Rusia, el vicepresidente de la Duma, Nicolai Kurianovich, presentó un proyecto de ley por el que se prohibía a rusas y rusos contraer nupcias con extranjeros al efecto de “preservar el fondo genético”. El proyecto de marras anunciaba penas de deportación y privación de nacionalidad para quienes incumplan con la norma una vez promulgada. Ahora en la administración Putin se reaviva el proyecto en medio de represiones y crímenes de diversa magnitud entre los cuales se destaca la espantosa agresión a Ucrania. Es inaudito que el máximo representante del gobierno argentino haya invitado al mandamás ruso a que la Argentina sea la puerta de entrada a América Latina para su país.

    Lamentablemente, sin llegar a estos extremos insólitos, en distintos lares, especialmente en Europa, aunque no únicamente allí, se observan manifestaciones racistas de distinto tenor que naturalmente alarman a los espíritus civilizados. Ya el magistral Jean-Francois Revel demuestra en su libro La gran mascarada el estrecho parentesco entre el nacionalsocialismo y el comunismo (ahora resabios de la Nomenklatura). El proyecto renovado revela una mente patética y una necedad digna de mejor causa.

    Como ha señalado Thomas Sowell, los sicarios nazis debían rapar y tatuar a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Hitler, después de mucho galimatías clasificatorio, finalmente sostuvo que “la raza es una cuestión mental”, con lo que inauguró el polilogismo racista, bajo la absurda pretensión de que el ario y el semita tienen una estructura lógica distinta. Esto fue calcado del polilogismo marxista, por el que se arguye que el proletario y el burgués tienen distintas lógicas, aunque, como ha señalado Ludwig von Mises, nunca se explicó en qué se diferencian concretamente esas estructuras del pensamiento. Tampoco se explicó qué le ocurre en la cabeza a la hija de una burguesa y un proletario ni qué le ocurre a este último cuando se gana la lotería o comienza a tener éxito en los negocios. En este sentido cabe subrayar que la idea de clase proviene de este subsuelo del pensamiento que desafortunadamente no pocos distraídos recurren a esa noción estrafalaria sin percatarse de su origen. En realidad al recurrir a esa clasificación se debiera hacer referencia a ingresos altos, medio o bajos pero aludir a la clase como si se tratara de personas de naturaleza distinta es impropio de no marxistas y no nazis. La expresión clase baja es repugnante, clase alta es de una frivolidad alarmante y media es a todas luces anodina.

    Por otra parte, en estos embrollados ejercicios, se suele confundir el concepto de lengua con el de etnia. En este último sentido, la filología demuestra que el entronque del sánscrito con las llamadas lenguas europeas -como el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas- dio como resultado las lenguas denominadas indoeuropeas o indogermánicas, expresiones que más adelante se sustituyeron por la de ario, debido a que el pueblo que primitivamente hablaba el sánscrito en la India se denominaba arya. Max Müller (en Biography of Words and the Home of the Aryans) dice: “En mi opinión un etnólogo que hable de la raza aria comete un error tan importante como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”.

    También, en este mismo contexto, es frecuente que se asimile la idea estereotipada de raza con religión, por ejemplo, en el caso de los judíos. Antiguamente, este pueblo provino de dos grupos muy disímiles: unos eran del Asia menor y otros de origen sudoriental de procedencia árabe. A esto debe agregarse los múltiples contactos con otras civilizaciones y poblaciones de distintas partes del planeta, lo cual ha producido las más variadas características (en última instancia, todos somos de todas partes, ya que nuestros ancestros son de orígenes muy entremezclados).

    Como ha dicho Darwin, hay tantas razas como clasificadores. En verdad produce congoja cuando -ingenuamente a veces, y otras no tan ingenuamente- se hace referencia a las “diversas sangres” que tendrían diferentes grupos étnicos. Vale la pena aclarar este dislate. Hay solamente cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las personas. La sangre está formada por glóbulos que están en un líquido llamado plasma. Los glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes), y el plasma es un suero compuesto de agua salada y sustancias albuminoides disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos, denominada aglutinógeno, y otra conocida como aglutinina, que contiene el suero, da como resultado los antes mencionados cuatro grupos sanguíneos. Eso no tiene nada que ver con las respectivas evoluciones que van estableciendo diversas características exteriores. Y esos grupos sanguíneos no pueden modificarse ni siquiera con transfusiones.

    Los rasgos físicos que hacen que hablemos de etnias responden a procesos evolutivos. En el planeta tierra todos provenimos de África (y, eventualmente, del mono). Spencer Wells -biólogo molecular, egresado de las universidades de Oxford y Stanford- explica magníficamente bien nuestro origen africano (The Journey of Man) y las distintas migraciones que, según las diversas condiciones climáticas, hicieron que la piel y otros rasgos físicos vayan adquiriendo diferentes propiedades.

    En este último sentido, siempre me ha llamado poderosamente la atención que muchas personas llamen a los negros estadounidenses “afroamericanos” como una manifestación un tanto atrabiliaria de lo que se ha dado en llamar political correctness. Curioso es en verdad que muchos de esos negros se dejen llamar afroamericanos como si fuera algo distintivo. Esto no los diferencia del resto puesto que, por las razones apuntadas, por ejemplo, el que esto escribe es afroargentino, así como todos los que vivimos en el continente americano y, para el caso, todos los que ocupan espacio en el globo terráqueo. Sin recurrir a expresiones peyorativas o con intención denigratoria, el uso de black es equivalente a que nos digan a nosotros “blancos”o “amarillos” a algunos orientales. Todos son hechos que proceden de la evolución según donde hayan vivido nuestros ancestros. Es más, como han apuntado diversos estudiosos de la materia, muchos blancos tienen ancestros negros y viceversa.

    Tal vez uno de los mayores males de nuestro tiempo reside en el racismo que, por otra parte, como queda dicho, se basa en puras fantasías que encubren, en realidad, las máscaras para odiar al prójimo y bucear a la pesca de chivos expiatorios de quienes quieren descargar el vacío existencial y los fracasos personales de acomplejados y endebles psíquicos.

    Sin duda, el ejemplo más repugnante estriba en la criminal judeofobia alimentada por tanto mequetrefe que anda suelto por el mundo. Obras tales como Veintitrés siglos de antisemitismo del sacerdote Edward Flannery, y la Historia de los judíos de Paul Johnson son suficiente testimonio de la barbarie racista.

    La noticia tan inquietante con que abrimos esta nota remite al sujeto de referencia y a quienes lo rodean, quienes promueven el proyecto aludido, en el sentido que estiman que los matrimonios de nacionales con extranjeros harán que los primeros pierdan su identidad. Karl Popper y Stefan Sweig muestran la fertilidad producida a través de los estrechos vínculos interculturales y ofrece, como ejemplo, la Viena del siglo de oro antes de que las hediondas botas nacionalsocialistas produjeran otra de las tantas diásporas características de los regímenes totalitarios. Ese caso se ilustra con las notables manifestaciones en el campo de la música, la literatura, la ciencia económica, el derecho y el psicoanálisis.

    Precisamente, como ha señalado Juan José Sebreli, la identidad de la persona se fortalece y enriquece en la medida en que está expuesta a las más diversas expresiones culturales. Por el contrario, lo que alguna vez denominé “cultura alambrada” debilita, bloquea y finalmente extingue la posibilidad de cultivarse por la asfixia a que conduce la cerrazón que sólo es a veces compensada por dificultosas manifestaciones subterráneas y clandestinas.

    El oxígeno resulta indispensable y esto se logra abriendo puertas y ventanas de par en par. La guillotina horizontal que pretende nivelar y enclaustrar necesariamente empobrece. La cultura no es de esta o aquella latitud, del mismo modo que las matemáticas no son holandesas ni la física es asiática. Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”. Incluso Donald Trump ha ponderado aquel desatino de “la superioridad” de estadounidenses nativos a contracorriente de los valores en su momento estipulados por los Padres Fundadores en ese país otrora el baluarte del mundo libre y, por otra parte, desconociendo el origen de esos nativos (sin perjuicio de las otras medidas de signo autoritario adoptadas por Trump en la economía y en relación al campo institucional).

    En una sociedad abierta, las jurisdicciones territoriales tienen por única función evitar los peligros de la concentración de poder que significaría un gobierno universal. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras hay un salto lógico inaceptable. Obstaculizar cualquiera de las muchísimas maneras de intercambios culturales libres y voluntarios constituye una seria amenaza y una forma grotesca de contracultura.

    Mario Vargas Llosa apunta en su columna “El elefante y la cultura” que “considerar lo propio como un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad espiritual de un país […] semejante tesis difícilmente resiste el más somero análisis y es fácil mostrar lo prejuiciado e ingenuo de sus argumentos y la irrealidad de su pretensión –la autarquía cultural- la historia nos muestra que arraiga con facilidad […], el nacionalismo es la cultura de los incultos”.

    Esta concepción cavernaria propia de los nacionalismos se extiende a la cerrazón de las aduanas por medio de tarifas y cupos que empobrecen a todos a favor de comerciantes inescrupulosos que explotan miserablemente a sus congéneres a través de privilegios de toda naturaleza.

  • Tasa impositiva y recaudo impositivo no son lo mismo

    Se ha visto que un impuesto ideal no debe pasar de un 10% y, definitivamente no más allá del 20%; lo cual es mucho más lógico cuando quienes administran la cosa pública son una banda de malhechores; que son tan ignorantes que no se dan cuenta de que podrían robar más con una tasa impositiva menor.

    La ignorancia legislativa es uno de los grandísimos problemas de nuestra sociedad; es decir, legisladores o, si se quiere, diputados, que no entienden de economía. Pero, antes de seguir sería bueno ponernos en sintonía respecto al o a los significados de la palabra “economía”; la cual viene del griego “oikos» o “casa”, término que incluía todo el contenido de la casa. La palabra “oikos» asociada con el vocablo “nemó” o “administrador”, de la casa. Pero la definición mía al término es: “Cómo poner la paila con lo que nos entra”; es decir, con recursos limitados. Luego, vienen definiciones tales como “la riqueza de los recursos de un país, especialmente en términos de la producción y consumo de bienes y servicios.” Pero… realmente ¿acaso en ello está la verdadera riqueza? Y, también hay definiciones como: “el manejo cuidadoso de los recursos disponibles”; lo cual nos debería llevar a la pregunta: ¿Nuestros legisladores y políticos en general, manejan cuidadosamente nuestros recursos?.

    A lo que voy es que, mal andamos cuando no entendemos que los aumentos de las leyes de impuestos no se traducen en mayor recaudo; lo cual debía ser obvio para quienes alguna vez han administrado su propio negocio. Lastimosamente, son pocos los políticos o politicastros que han montado empresas y las han administrado exitosamente; estos, más bien lo que “administran” son los recursos ajenos, y los administran muy mal. Si tienes un negocio y aumentas precios no significa que automáticamente vas a ganar más. Obviamente, disminuirá la clientela; sea que no estén dispuestos a pagar más o que puedan pagar más.

    Más allá, el aumento en impuestos tiende a disminuir los recaudos a más largo plazo. Tal vez en el corto plazo el político de turno aumente su recaudo; hasta que el efecto negativo o dañino de semejante medida socave la producción y actividad del mercado. Nuevamente, en este caso, vemos que se trata de desincentivos, tal como el disminuir los ahorros del productor, los cuales son esenciales para la inversión y el crecimiento. Desgraciadamente los politicastros tienden a torcerles las mentes a la población diciéndoles cosas tales como: “es que los ricos se quieren hacer más ricos.”

    La realidad es que llega el momento en que las personas muy acaudaladas ya no pueden vivir mejor y sus riquezas las usan para efectuar nuevos negocio e inversiones. Esta es la experiencia que me quedó de mi abuelo Novey y de sus hijos y mi padre, quienes crearon docenas de empresas y miles de plazas de trabajo; pero si los conocías en casa, te darías cuenta que no vivían en lujosa extravagancia.

    Está el caso del economista Laffer, quien publicó la hoy famosa “Curva Laffer”, la cual explica de forma obvia lo que ocurre cuando aumentamos los impuestos más allá de lo racional. El problema con la explicación gráfica de Laffer es que es demasiado sencilla, a punto que cualquiera puede entender el mensaje y eso no les gusta a los malos políticos. En efecto, los impuestos tienen consecuencias y a partir de cierto punto dichas consecuencias se tornan negativas; particularmente par los más pobres. Se ha visto que un impuesto ideal no debe pasar de un 10% y, definitivamente no más allá del 20%; lo cual es mucho más lógico cuando quienes administran la cosa pública son una banda de malhechores; que son tan ignorantes que no se dan cuenta de que podrían robar más con una tasa impositiva menor.

    En fin, el secreto de una pujante economía está en motivar o incentivas un emprendimiento que se traduzca en mejores ganancias para todos.