Categoría: Politica y Actualidad

  • El cuello de botella del mundo: quién manda de verdad en el estrecho de Ormuz

    El cuello de botella del mundo: quién manda de verdad en el estrecho de Ormuz

    El estrecho de Ormuz se sitúa geográficamente como la única vía de comunicación marítima entre el golfo Pérsico, al oeste, y el golfo de Omán y el mar Arábigo, al sureste. Este canal de escasa anchura divide la costa septentrional de la República Islámica de Irán de la península arábiga, delimitada particularmente por el territorio fragmentado omaní de Musandam y los Emiratos Árabes Unidos.

    Su trascendencia estratégica es innegable al ser cuello de botella por el que transita gran parte del crudo transportado por vía marítima a nivel mundial. Dada la dependencia energética del planeta de los combustibles fósiles, cualquier modificación en su tráfico afecta gravemente la estabilidad económica internacional.

    El paso inocente y en tránsito

    El meollo del problema jurídico radica en determinar qué derechos asisten a los buques extranjeros durante su travesía por estas aguas. Para ello, es indispensable diferenciar entre el régimen de paso inocente y el de paso en tránsito.

    Mientras el primero habilita al Estado ribereño para establecer regulaciones en aras de su seguridad y orden, el derecho de paso en tránsito garantiza libertades de navegación y sobrevuelo más amplias para un tránsito rápido e ininterrumpido que no puede ser suspendido unilateralmente.

    La interpretación de ambos conceptos es el centro de las tensiones en esta zona de gran inestabilidad.

    La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) es el principal texto jurídico que rige los espacios marinos a escala mundial. Este acuerdo estipula la delimitación de zonas como el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, prescribiendo asimismo reglas para la protección del medio marino.

    Irán niega el derecho del mar

    El valor estratégico del tratado radica en promover la paz y la utilización equitativa de los recursos oceánicos. Aun así, su eficacia se ve condicionada por el hecho de que no todos los Estados lo han ratificado plenamente. Esta falta de adhesión universal, como es el caso de Irán, representa un pilar básico para el análisis de las tensiones marítimas internacionales.

    El derecho de paso inocente constituye una de las instituciones más significativas del régimen jurídico de los espacios marinos, pues busca armonizar la libertad de navegación con la seguridad estatal. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el concepto de paso se define como la navegación por el mar territorial con el propósito de atravesarlo sin penetrar en aguas interiores, o bien para dirigirse hacia ellas o salir de las mismas. Para que dicho tránsito sea legítimo, la norma internacional indica que este debe ser necesariamente rápido e ininterrumpido.

    El principio básico que califica la condición de inocencia es que el paso no resulte, bajo ninguna circunstancia, perjudicial para la paz, el buen orden o la seguridad del Estado ribereño. En ejercicio de su soberanía, el Estado costero está capacitado para promulgar leyes y reglamentos que regulen este derecho, especialmente en materias relacionadas con la seguridad marítima, la prevención de infracciones pesqueras y la preservación del medio ambiente.

    De igual forma, el ribereño puede exigir a los buques extranjeros el cumplimiento de dispositivos de separación del tráfico o el uso de vías marítimas designadas.

    Además, el ordenamiento jurídico faculta al Estado para suspender temporalmente el paso inocente en áreas específicas de su mar territorial cuando dicha medida resulte esencial para proteger su seguridad, como en el caso de ejercicios con armas, siempre que medie una publicación formal previa.

    En segundo lugar, el régimen de paso en tránsito constituye la norma fundamental aplicable a los estrechos utilizados para la navegación internacional que comunican una parte de la alta mar o de una zona económica exclusiva con otra área de igual naturaleza.

    Este sistema jurídico especial nace como una necesidad imperativa para facilitar y asegurar las comunicaciones globales en puntos geográficos estratégicos. A diferencia del paso inocente, como ya se explicó más arriba, el derecho de paso en tránsito faculta a todos los buques y aeronaves a ejercer las libertades de navegación y sobrevuelo con el fin exclusivo de un tránsito rápido e ininterrumpido.

    Una de las particularidades decisivas del régimen iraní es su carácter absoluto, pues la Convención prescribe de forma tajante que no habrá suspensión alguna de este derecho por parte de los Estados ribereños. Esta protección jurídica es considerablemente superior a la del paso inocente ordinario por el mar territorial.

    Por lo tanto, el control del Estado ribereño es menor y queda limitado a la promulgación de leyes sobre seguridad de la navegación, prevención de la contaminación y control aduanero que no pueden, bajo ninguna circunstancia, denegar o menoscabar el ejercicio efectivo del tránsito.

    En definitiva, este régimen jurídico prioriza la libertad de las comunicaciones internacionales sobre las prerrogativas soberanas de carácter local.

    Libertad de navegación

    El estrecho de Ormuz se clasifica jurídicamente como un estrecho internacional al conectar el golfo Pérsico con el mar Arábigo. En este contexto, el ordenamiento jurídico aplicable es el derecho de paso en tránsito, caracterizado por libertades de navegación y sobrevuelo que no admiten suspensión.

    A pesar de ello, la República Islámica de Irán, al no haber ratificado plenamente la Convención y ser un objetor persistente, defiende en la práctica y en su legislación interna limitaciones similares al paso inocente. Teherán sostiene la facultad de exigir autorizaciones previas, oponiéndose al automatismo del tránsito.

    Este choque entre la norma convencional y las pretensiones soberanas origina serias fricciones jurídicas y políticas que comprometen la estabilidad operativa en esta región estratégica. Además, las declaraciones de Donald Trump y las órdenes dirigidas al bloqueo del estrecho por parte de las fuerzas navales de las que dispone en la zona no contribuyen a rebajar la tensión y ponen de manifiesto el clima de inestabilidad existente.

    La problemática en el Estrecho de Ormuz emana de interpretaciones contradictorias y de la falta de ratificación de la CNUDM por actores estratégicos, quienes dan prioridad a derechos soberanos frente al automatismo del tránsito.

    El derecho y los estrechos internacionales

    En definitiva, la posición del Estado persa no es una simple negación del derecho del mar: acepta las normas consuetudinarias que refuerzan su soberanía, mientras rechaza todas aquellas que limitan su control sobre el estrecho invocando su condición de objetor persistente.

    Por otro lado, la comunidad internacional opera de tal forma que el derecho de tránsito en estrechos internacionales es vinculante para todos. La práctica estatal contemporánea revela una posición casi uniforme: los estrechos estratégicos como Ormuz no pueden quedar a discreción unilateral del Estado ribereño.

    En esta línea, el derecho internacional trabaja menos como un sistema formal cerrado y más como un acuerdo estratégico que trata de garantizar la continuidad de la navegación global.

    Julián Santana Silva, Profesor Asociado del área de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El camino al infierno digital está empedrado de buenas intenciones

    El camino al infierno digital está empedrado de buenas intenciones


    Hoy, Ursula von der Leyen ha presentado ante las cámaras con toda la solemnidad que el cargo permite, la nueva aplicación europea de verificación de edad. El anuncio es impecable en su retórica: proteger a los niños, acabar con los depredadores en línea, devolverle la inocencia a la infancia digital. «Los padres deben educar a sus hijos, no las plataformas», proclamó la presidenta de la Comisión Europea, con una frase que, en su superficie, suena casi libertaria. Casi.

    Porque lo que von der Leyen no mencionó en su alocución es la paradoja fundamental que entraña toda esta arquitectura: para que los padres protejan a sus hijos sin que lo hagan las plataformas, la Unión Europea ha construido una plataforma estatal que lo hará por todos.

    Los hechos, primero

    La aplicación funciona de manera aparentemente sencilla: el usuario la descarga, la configura con su pasaporte o documento nacional de identidad, y a partir de ese momento puede «demostrar su edad» ante cualquier servicio digital. Von der Leyen asegura que es anónima, de código abierto y que ha sido probada en siete países, entre ellos España, Francia, Grecia, Italia, Dinamarca y Chipre. El sistema se enmarca dentro de un proyecto mucho mayor: la Cartera Europea de Identidad Digital, regulada por el reglamento eIDAS2, que deberá estar operativa para todos los ciudadanos europeos antes de finales de 2026.

    El diagnóstico que mueve a Bruselas no carece de fundamento empírico: uno de cada seis menores sufre acoso en internet, los algoritmos de las plataformas están diseñados para generar adicción, y en 2023 se registraron más de 36 millones de denuncias de abuso sexual infantil en línea. Son números que hielan la sangre. Son números que, políticamente, hacen imposible cualquier objeción sin parecer cómplice del horror.

    Y aquí comienza el problema.

    Hayek tenía razón: las buenas intenciones no garantizan buenos resultados

    Friedrich Hayek advirtió en «Camino de servidumbre» que los regímenes que más daño han causado a la libertad no arrancaron con manifiestos totalitarios, sino con programas de bienestar social llenos de compasión genuina. La intención no es el resultado. El instrumento no es neutral. Y el Estado que hoy vigila a los menores es el mismo Estado que mañana vigila a todos.

    Preguntémonos lo que von der Leyen no preguntó en su rueda de prensa: ¿qué ocurre cuando cada ciudadano europeo debe identificarse con su pasaporte o DNI para acceder a servicios digitales? ¿Qué base de datos almacena esas verificaciones? ¿Quién audita al auditor? La presidenta afirma que la app es «completamente anónima» y que los usuarios no revelarán información personal más allá de su edad. Pero eso es técnicamente imposible: para verificar que alguien tiene 18 años, el sistema tiene que saber en algún momento quién es esa persona. El anonimato criptográfico que promete Bruselas puede existir en teoría; en la práctica regulatoria y política, las excepciones siempre aparecen.

    La infraestructura del control no se desmonta

    El argumento más grave no es lo que esta aplicación hace hoy, sino lo que hace posible mañana. Una infraestructura de identificación digital universal, vinculada a documentos de identidad nacionales y desplegada en todos los dispositivos del continente, es exactamente el tipo de herramienta que cualquier gobierno futuro —democrático o no— necesitaría para rastrear, filtrar y controlar el acceso de sus ciudadanos a la información.

    Varias leyes similares en Estados Unidos —en Arkansas, Utah o Texas— ya han sido impugnadas judicialmente por invadir la privacidad. El Online Safety Act británico enfrenta críticas similares. No son objeciones tecnicistas: son defensas de un principio cardinal que la Europa de hoy parece haber olvidado, el de que la carga de la prueba recae sobre quien quiere vigilar, no sobre quien quiere ser libre.

    El monopolio de la tutela

    Hay algo más, menos técnico y más filosófico, que debería inquietarnos. Cuando el Estado asume la función de proteger a los niños en internet de manera sistemática y obligatoria, no está complementando a los padres: los está sustituyendo. No como excepción sino como norma. La responsabilidad parental, que es irreductiblemente individual y contextual, se convierte en un trámite burocrático que se delega en una app diseñada en Bruselas.

    Los libertarios no negamos que internet presenta riesgos reales para los menores. Lo que negamos es la conclusión de que la respuesta óptima sea construir una infraestructura de identificación masiva gestionada por instituciones que no rinden cuentas ante ningún hogar concreto, ante ningún padre o madre específicos, sino ante la abstracción difusa de «la sociedad europea».

    La alternativa no es la indiferencia. Son herramientas voluntarias, competencia entre soluciones privadas, educación digital real en las aulas, y responsabilidad contractual directa de las plataformas ante sus usuarios. Todo eso es más difícil de anunciar en una rueda de prensa con una aplicación reluciente. Pero es también lo que preserva la libertad cuando cambia el gobierno.

    El precio de la seguridad perfecta

    Von der Leyen dijo hoy que «ya no hay excusas» para que las plataformas no verifiquen la edad. Es una frase que debería hacernos temblar. Cuando un poder ejecutivo supranacional declara que ya no hay excusas para cumplir sus mandatos, está diciendo también que ya no habrá espacio para la desobediencia civil, para la privacidad técnica, para el anonimato legítimo.

    Los niños merecen protección. Los ciudadanos adultos merecen privacidad. Y ambas cosas, en una sociedad libre, no deberían estar reñidas. El problema de la propuesta europea no es su objetivo, sino su método: construir la mayor infraestructura de identificación digital de la historia del continente para resolver un problema que requería, ante todo, más educación y más responsabilidad parental real.

    El infierno, decía Hayek, no lo construyen los malvados. Lo construyen los bienintencionados que están seguros de tener razón.

  • Origen y Naturaleza del Estado y Sus Gobiernos

    Origen y Naturaleza del Estado y Sus Gobiernos

    El Estado, con mayúscula, se refiere a la comunidad organizada políticamente para constituir su seguridad, tanto interna como externa. “Estado» no es sinónimo de gobierno sino el pueblo que en su unión crea la entidad gubernamental con presidente, parlamento y un organismo que administre lo constituido. Desafortunadamente poca importancia se le ha dado al conocimiento y origen del Estado y de sus gobiernos, ya sea en los centros educativos o en medios informáticos y me pregunto si ello no sería a propósito de mantener el control del pueblo por medio de la ignorancia; ya que si no conoces que es estado y gobierno poco te darás cuenta de los abusos y manipulaciones viciosas.

    El Estado nace cuando una comunidad de personas se organiza para crear los medios que le den una seguridad que les permita dedicarse a sus actividades económicas; es decir, el trabajo para sobrevivir en un mercado productivo. El estado y sus gobiernos están para evitar la anarquía. La triste realidad es que mientras la mayoría de las personas escogen vivir por medio de su creatividad y el trabajo, otros escogen hacerlo robando al productivo. Y mucho más triste cuando los gobiernos del Estado son secuestrados por los ladrones.

    Aristóteles veía al Estado o la polis (la ciudad Estado) en la naturaleza del humano como ser social y político. Pero en ello Aristóteles destacaba que el Estado emergía a partir de la base de la sociedad, que es la familia, la villa, el pueblo y la ciudad; todo con miras a permitir el sustento y mejoramiento de la población, siempre orientado hacia lo virtuoso y el desarrollo o florecimiento. El problema surge cuando invertimos este orden y los gobiernos dictan a la población como deben actuar; ya que en tal situación el pueblo es el ganado y los gobernantes los vaqueros hacendados.

    Algunos pensadores Albert Jay Nock, advertían sobre el poder excedido y escribió libros con títulos como “La Criminalidad y el Estado” y “Nuestro Enemigo, el Estado”. Para Nock el Estado era la encarnación de los medios políticos, que en la historia no surgió por la vía de la cooperación sino de la conquista y la barbarie; y, cambiar de una gobernanza dictatorial y abusiva a una limitada y subsidiaria ha sido tan difícil que aún no es lo típico.

    El problema ocurre cuando el organismo estatal interrumpe o altera la organización y cooperación voluntaria y va metiendo normas compulsorias como los impuestos exagerados, los controles de precio y tantas otras leyes metiches. Y mucho peor cuando los gobiernos invaden actividades propias de la población, como la educación, agua, transporte, etc.; ya que ello viola groseramente el principio de subsidiaridad y favorece la rapiña.

    El enredo comienza cuando le damos al Estado y a sus gobiernos la fuerza de la coerción; la cual bien usada, de manera limitada y en contra del criminal, es bueno; pero por el mismo camino se presta para el surgimiento de los gobiernos de rapiña. Todo ello lo vemos con el surgimiento de la burrocracia, los compinches, y grupos de intereses, El interés típico del político panameño es egoísta y si no lo vemos en el desgobierno a nuestro alrededor, que el Señor nos ampare.

    En fin, darles poder a una clase gobernante viciosa es abrir las puertas a la corrupción y, desafortunadamente una población que no entiendes estas cosas fácilmente usará el mayor poder que tiene, el voto, no para limitar el poder desbocado sino para facilitarlo bajo la equivocada idea de que el gobernante ladrón derramará algunas migajas de sus mesas de banquete.

  • Bitcoin en el Estrecho de Ormuz: cuando el dinero deja de pedir permiso

    Bitcoin en el Estrecho de Ormuz: cuando el dinero deja de pedir permiso

    La reciente decisión de Irán de exigir el pago de peajes en Bitcoin para transitar el Estrecho de Ormuz no es simplemente una curiosidad geopolítica: es un acontecimiento histórico. Por primera vez, un Estado está utilizando un sistema monetario descentralizado como infraestructura de liquidación en un punto crítico del comercio global. Y eso, guste o no, cambia las reglas del juego.

    Segúnmúltiples reportes recientes, Irán ha comenzado a exigir pagos en criptomonedas a petroleros que atraviesan este paso estratégico (por donde fluye alrededor del 20% del petróleo mundial) con tarifas que pueden llegar hasta millones de dólares o, en algunos casos, alrededor de 1 dólar por barril transportado. El objetivo declarado es controlar el tránsito durante un frágil alto el fuego, pero el objetivo real es mucho más profundo: escapar del sistema financiero internacional dominado por Occidente.

    Bitcoin como arma de soberanía

    Desde una perspectiva libertaria, esto confirma lo que muchos llevamos años defendiendo: Bitcoin no es una inversión, es una herramienta de soberanía. Es dinero sin permiso. Y cuando un Estado sancionado como Irán lo adopta para cobrar peajes, está reconociendo implícitamente que el sistema fiat, especialmente el dólar, no es neutral, sino político.

    Irán no puede confiar en SWIFT ni en bancos occidentales sin exponerse a bloqueos o confiscaciones. Bitcoin, en cambio, permite recibir pagos de forma directa, global y resistente a la censura. Como señalan analistas, las transacciones en cripto “complican la interceptación o congelación de pagos en tiempo real”. Es decir: exactamente lo que Bitcoin fue diseñado, ser resistente a la censura.

    El fin práctico del monopolio monetario

    Este movimiento también ataca el corazón del sistema del petrodólar. Durante décadas, el comercio energético global ha estado denominado en dólares, lo que ha otorgado a Estados Unidos un poder desproporcionado sobre la economía mundial. Pero si un chokepoint como Ormuz empieza a aceptar Bitcoin, se abre la puerta a un comercio energético parcialmente desdolarizado.

    No estamos hablando de una adopción ideológica. Irán no es libertario. Es un régimen autoritario que simplemente está utilizando la mejor herramienta disponible para sobrevivir a sanciones. Pero precisamente ahí está la lección: Bitcoin no necesita aprobación moral. Funciona porque es útil.

    Y cuando incluso los Estados más hostiles al libre mercado lo utilizan, queda claro que el dinero descentralizado ha cruzado el Rubicón.

    De la teoría a la infraestructura real

    Hasta ahora, muchos críticos decían que Bitcoin no tenía “uso real” más allá de la especulación. Ese argumento acaba de morir. Aquí vemos Bitcoin integrado en una infraestructura física crítica: rutas marítimas, comercio de petróleo, logística global.

    El proceso descrito, es decir el registro previo del cargamento, cálculo del peaje y pago rápido en Bitcoin antes de cruzar, convierte a la red en una capa de liquidación para comercio internacional en tiempo real. Esto no es teoría. Es infraestructura.

    El lado incómodo: coerción y libertad

    Ahora bien, un análisis honesto debe reconocer la tensión moral: este uso de Bitcoin no es voluntario. Es coercitivo. Los barcos pagan porque no tienen alternativa.

    Pero esto no es un fallo de Bitcoin, sino una prueba de su neutralidad. El mismo protocolo que empodera a individuos frente a gobiernos también puede ser utilizado por gobiernos frente a otros actores. Bitcoin no discrimina; simplemente ofrece un sistema monetario incorruptible.

    Desde una óptica libertaria, la solución no es rechazar Bitcoin, sino expandir su adopción para que todos tengan acceso a esta herramienta de soberanía (y no por los Estados convenientemente).

    El mundo ya cambió

    Lo que está ocurriendo en el Estrecho de Ormuz y el Bitcoin es un anticipo del futuro: un mundo donde el dinero ya no está completamente controlado por bancos centrales ni imperios financieros.

    Bitcoin ha pasado de ser un experimento cypherpunk a convertirse en una pieza funcional de la geopolítica global. Y cuando el comercio de petróleo, la columna vertebral de la economía mundial, empieza a tocar la red, estamos ante un cambio de paradigma. Claro, no es la forma que hubiéramos deseado, pero sí señala una dirección. No es el fin del sistema fiat… todavía. Pero es el principio del fin de su monopolio.

    Y como libertarios, eso es exactamente lo que llevábamos esperando.

  • ¿Quiénes son las Élites?

    ¿Quiénes son las Élites?

    La élite o élites se refiere a esa minoría selecta, que supone ser superior o rectora gobernante; y la definición de la IA la he alterado yo debido que la IA no dice que “supone ser superior” sino sólo superior; lo cual me deja pensando… ¿superior en qué? En el pensamiento romano político y clásico el vocablo “superior” existen dos vertientes, la de “autoridad” y la de “potestad”:

    • “Autoridad” viene de autor, o quien conoce y escribe la obra y aportando valor y crecimiento, actuar que le da prestigio y legitimidad.
    • “Potestad” es la capacidad legal respaldada por la fuerza para mandar; sea o no “autoridad” que tenga los méritos, o la razón.

    En el escenario panameño vemos exceso de una potestad adaptada al pillaje, pero poca o ninguna para hacer crecer al país y sacar a los pobres del pantano de la pobreza. Y, el uso típico que le hemos dado al término “élite”, rabiblanco y tal, es para referirse a la oligarquía del Club Unión; sin importar de que esa oligarquía ya poco suena o truena. La realidad y el problema es que la élite y la oligarquía de antaño ha mutado dando cabida a una élite con rabos multicolor. Y, tristemente, en ello, se ha formando una mafia que busca justificación legal con poca moral.

    Hoy estamos frente a lo que se conoce como una “movilidad social oportunista” que se vale del mimetismo para sus fechorías. Ahora, desde el poder político y económico, no aportan nuevos valores, sino que, habiéndose copiado los vicios y estética de la vieja guardia, buscan validar su corrupto actuar disfrazándose de pobres; aunque ya muchos son más ricos que los ricos del ayer.

    Antaño, el poder de los rabiblancos se basaba, más que nada, en la propiedad de la tierra, ya que verdaderos comerciantes no eran; su negocio, empresa o emprendimiento estaba en el Palacio de las Garzas y tal. Era allí desde dónde fluía y sigue fluyendo el chen-chen que le sustraen al sector realmente productivo; ya que nuestros gobiernos monopólicos nada tienen de productivos; y más bien son destructivos.

    La nueva rabiblancura busca legitimidad aprendida en el corrupto ayer; haciéndose pasar por lo que no son… gobernantes. A diferencia, extranjeros que llegaron a Panamá pobres, crearon empresas que dieron miles de plazas de trabajo y desarrollo. Mi abuelo Novey solía decir, “quien con niños se acuesta, cagado amanece”, pues él rehusaba hacer negocios con el “gobierno”. Tristemente, yo no le hice caso y la empresa que fundé, luego de que me despidieran como director de aeronáutica, porque no era ladrón, fracasó porque a pesar de que ganábamos contratos y nuestro producto era de primera, no accedimos a pagar las coimas. ¿Cómo pagarlas si no las habíamos incluido en el presupuesto?

    Tristemente, tanto los rabiblancos de antaño como la nueva mezcolanza de rabos multicolor carecen de ética, caminando en malandar. Hoy, como ayer, el pueblo vota por los más corruptos pensando que estos les derramarán despojos desde las mesas de sus banquetes; lo cual aflora en aquello de “robó, pero le dio al pueblo”. En fin, los que hoy llamamos “élites”, en buena medida son mutantes que se graduaron en las universidades del desenfreno.

    Ahora, el gobierno y la gobernanza secuestrada se disfrazan de emprendedores, en actividades que no es “gobierno ni gobernanza”. Son las élites del engaño y la rapiña. Y mientras el pueblo languidece en los arables periurbanos de pobreza, los empresarios extranjeros tienen el campo libre para emprender; y… menos mal, ya que alguien debe producir para lograr prosperidad.

  • Negocios con el poder: la trampa prebendaria y la traición al ideal liberal

    Negocios con el poder: la trampa prebendaria y la traición al ideal liberal


    Uno de los principios más elementales del liberalismo es la estricta separación entre el poder político y los negocios privados. No por una cuestión moral abstracta, sino por una razón profundamente práctica: cuando esa frontera se diluye, emerge inevitablemente el sistema prebendario, donde el éxito económico deja de depender del mérito y pasa a depender del acceso al poder.

    El reciente escándalo vinculado a la criptomoneda $LIBRA vuelve a poner este problema en el centro de la escena. La promoción pública del activo por parte del presidente generó un aumento explosivo de su valor seguido de un colapso abrupto, con pérdidas millonarias para miles de inversores y ganancias concentradas en unos pocos actores con información privilegiada.

    Más grave aún, investigaciones posteriores han revelado posibles vínculos previos, comunicaciones directas y hasta la existencia de borradores de acuerdos económicos asociados a esa promoción, lo que ha derivado en denuncias judiciales, pedidos de investigación y cuestionamientos éticos de fondo.

    Sin embargo, el problema excede lo jurídico. Puede que algunos aspectos terminen siendo legales o indemostrables en términos penales. Pero el liberalismo no se agota en la legalidad. Existe una dimensión anterior y más exigente: la legitimidad.

    El fenómeno que aquí se observa no es nuevo. Es el clásico patrón de captura del poder por intereses privados o, en su variante más moderna, de utilización del poder para habilitar negocios que no existirían sin esa influencia. En términos de la teoría de la elección pública (public choice), los incentivos están alineados: quien detenta poder tiene la capacidad de generar beneficios extraordinarios, y quienes buscan esos beneficios tienen incentivos para acercarse al poder.

    El resultado es un sistema donde las oportunidades no se distribuyen en función del talento o el riesgo asumido, sino en función de la cercanía política. Eso es, precisamente, el prebendarismo.

    Y aquí radica el punto más delicado: cuando este tipo de prácticas ocurre bajo gobiernos que se presentan como liberales, el daño es doble. No sólo se afecta la confianza institucional, sino que se erosiona el propio capital simbólico de las ideas de la libertad.

    Porque el liberalismo no es un discurso antiestatal en abstracto. Es una ética del poder. Implica límites, implica renuncias, implica —sobre todo— la decisión consciente de no utilizar la posición pública para generar ventajas privadas.

    Cuando esa barrera se rompe, lo que queda no es un “liberalismo imperfecto”. Es otra cosa. Es la repetición de un patrón histórico donde el poder político deja de ser árbitro y se convierte en jugador.

    Y en ese punto, la narrativa de la “casta” pierde sentido. Porque el problema nunca fue sólo quién estaba en el poder, sino qué se hace con él.

    En cualquier economía sana, hacer negocios depende del mercado. En una economía capturada, depende del poder.

    Y cuando esa lógica se instala, el sistema deja de premiar la innovación y empieza a premiar la proximidad.

    Por eso, el verdadero daño de estos episodios no está únicamente en las pérdidas económicas o en las investigaciones judiciales en curso. Está en algo más profundo: la degradación de las reglas de juego.

    Un gobierno que prometía terminar con los privilegios no puede, sin costo, ser percibido como parte de ellos.

    Porque en política, como en los mercados, la confianza es el activo más valioso.

    Y una vez que se pierde, no hay relato que la reconstruya.

  • El Alma del Predador Gobernante

    El Alma del Predador Gobernante

    El vocablo “predador” describe a quienes saquean o actúan con rapiña; ya sea para sustento o para ascender en la escalera social y económica de manera ladina. Murray Rothbard en su obra Hombre, Economía, y Estado (1962) desarrolló una teoría económica de libertad, tal como lo hace nuestra Constitución, que luego contradictoriamente, en el mismo párrafo se contradice, abriendo camino para la discrecionalidad de las autoridades, lo cual contraría la misma Constitución. Y para quienes lo dudan, vean el artículo del abogado Carlos Barsallo intitulado “El Nuevo Excepcionalísimo Panameño «.

    Barsallo pregunta: “¿cómo puede un país alcanzar niveles de ingreso alto mientras mantiene percepciones persistentes de corrupción?”. Pero, yo añadiría que son más que percepciones; lo cual toma cuerpo cuando Barsallo cita a James Loxton en el Journal of Democray un artículo intitulado “The Puzzle of Panamanian Excepcionalism” (el rompecabezas del excepcionalísimo panameño). Es decir, que Panamá es berraca ya que a pesar de su corrupción gubernamental endémica, que ha afectado el desarrollo socioeconómico de gran parte de la población, flota por encima de las consecuencias de corruptela; tanto en el ámbito social como en el gubernamental.

    El excepcionalísimo de Panamá, como yo lo veo y coincido con Barsallo, nos llega debido a que nos hemos convertido en un refugio financiero de dólares, pero no porque tengamos una población productiva. Pero el asunto va bastante más allá y tiene raíces históricas y socioeconómicas, entre otras. En cortito, la triste realidad de los panameños es que no somos muy dados al emprendimiento; lo cual tiene raíces coloniales que persisten desde Cristobal Colón, Pedrarias y tal.

    Uno de los comentarios de Barsallo que más me llamó la atención, cuando dice:

    “…somos muy grandes porque engordamos, no porque crecimos… pesamos más por grasa y no por músculo”.

    Pero profundizando más en el asunto debemos ver y entender que difícilmente existe mejor herramienta para oprimir y controlar a una sociedad que un gobierno prostituido; que, por un lado, mantiene a los rabiprietos aplastados, y se alía con algunos empresaurios para cometer sus fechorías.

    Que en Panamá tenemos menos impuestos. ¡Que lindo!; ¿y acaso el Canal y todas las empresas gubernamentales metidas en actividades propias del mercado no son una forma de impuesto? Impuesto que no sólo sirve para el pillaje, sino que destruye la cultura de emprendimiento, lo cual aflora, como suelo señalar, en el “no a la privatización” que debemos traducir a “sí al pillaje gubernamental”. Y más aún, que las empresas estatales, a diferencia de las privadas, si dan mal servicio, no pagan las consecuencias. Es un intervencionismo coercitivo que si lo ven, lo pasan de alto. El caso del MEDUCA o NODUCA como le llamo yo, es buen ejemplo; pues no educa y tampoco deja educar.

    Curioso que ya en los EE.UU. el gobierno de Trump cerró el ministerio o como le llamen, de educación federal; y mutó en un programa que impulsa el derecho de la familia a escoger dónde educan a sus hijos. Y, en ello, están surgiendo las escuelas chárteres, que son estatales pero administradas privadamente. Pero también está aumentando rápidamente los programas que dan a la familia los fondos para que estas elijan dónde educar a sus vástagos. Ahora cada estado maneja por cuenta propia el tema educación.

    Y, otro aspecto que pocos ven es que cuando los gobiernos del estado se meten a ser empresaurios, destruyen algo vitalísimo… ‘el cálculo económico’; sin lo cual una empresa privada no puede subsistir. La privada que no entrega cantidad y calidad no subsiste; pero las empresas gubernamentales, tal como NODUCA, siguen campantes y rampantes fabricando pobreza; violando el precepto constitucional vertido en el artículo 49 que garantiza resarcimiento por daños ocasionados. ¡Inmensa burla!

  • La guerra en Irán redibuja el mapa del turismo mundial

    La guerra en Irán redibuja el mapa del turismo mundial

    En 2025, el turismo mundial no se frenó pese a la inestabilidad global. Según ONU Turismo, el año pasado, el volumen global de viajeros internacionales fue de más de 1 500 millones, por encima de los niveles previos a la pandemia. La cuestión ya no es si la geopolítica reduce los viajes, sino cómo está cambiando el mapa del turismo.

    El turismo sigue creciendo, pero ya no igual

    Durante mucho tiempo las crisis geopolíticas tenían un efecto casi automático sobre esta actividad: menos viajeros, menos reservas y menos actividad.

    Después de la caída abrupta en los desplazamientos provocada por la pandemia, el turismo internacional ha ido creciendo, pese a la acumulación de conflictos e incertidumbre. No obstante, los flujos se están reconfigurando y uno de los mejores ejemplos está en los países del Golfo. En los últimos años, esta región ha invertido miles de millones de dólares para consolidarse como destino turístico innovador y gran nodo de conexión entre Europa, Asia y África.

    Antes del comienzo de la guerra en Irán, esa estrategia parecía consolidada. Dubái recibió en 2025 casi 20 millones de turistas internacionales y Doha (Catar) fue designada capital del turismo del Golfo 2026. Pero para mantener esas ventajas se debe garantizar la conectividad en las comunicaciones y la estabilidad en los países, cuestiones que la guerra ha puesto en entredicho.

    Quién gana y quién pierde

    En turismo, la percepción del riesgo pesa casi tanto como el riesgo real. Un destino puede no estar directamente afectado por una guerra o una crisis, pero si queda asociado a una situación de inestabilidad, muchos viajeros optan por alternativas que les resultan más tranquilizadoras.

    Cuando aumenta la incertidumbre, muchos viajeros no dejan de viajar, pero sí cambian de destino. Eligen lugares que perciben como más seguros, más accesibles o más predecibles. En otras palabras, el turismo no desaparece: se mueve.

    Ese desplazamiento ya se está viendo en las zonas de influencia de donde se libra la guerra entre EE. UU.-Israel e Irán. La crisis en Oriente Próximo ha empujado parte de la demanda hacia destinos considerados más seguros. Por ejemplo, algunas grandes compañías turísticas han reforzado su capacidad en las Islas Canarias tras salir temporalmente de Oriente Próximo.

    Estos movimientos no se producen por motivos turísticos, el patrimonio cultural, la gastronomía o la naturaleza, sino que vienen dados por factores geopolíticos: la estabilidad política, la conectividad aérea, los visados o la percepción internacional del riesgo.

    Viajar se hace más caro

    Tras el comienzo de los ataques, a principios de marzo, aeropuertos clave de Oriente Medio como los de Dubái, Doha y Abu Dabi sufrieron cierres o restricciones. Este no es un asunto menor: Oriente Medio concentra el 14 % del tráfico aéreo internacional en tránsito, y Dubái, Abu Dabi, Doha y Baréin mueven juntos unos 526 000 pasajeros al día.

    Esta reconfiguración también afecta a otros nodos de conexión aérea. Cuando rutas clave quedan interrumpidas, el tráfico aéreo se redirige hacia otras alternativas más seguras u operativamente estables. El aeropuerto de Estambul, hub de conexión estratégico entre Europa, Asia y África, podría verse beneficiado por la inestabilidad en el Golfo y reforzar su papel como punto intermedio global, captando pasajeros que antes conectaban vía Dubái, Doha o Abu Dabi. Esto tiene implicaciones para el transporte aéreo y también para el turismo urbano: más escalas implican más pernoctaciones, más consumo turístico y mayor visibilidad internacional del destino.

    A eso se suma el coste económico directo. El Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WTTC) calcula que el conflicto con Irán está provocando pérdidas diarias de unos 510 millones de dólares para el turismo. Una parte de ese impacto acaba trasladándose al viajero en forma de trayectos más caros, más largos y más inciertos.

    Los viajeros también cambian

    En contextos de incertidumbre, los turistas ajustan sus decisiones. Aumentan las reservas con cancelación flexible, cobra más importancia el seguro de viaje y crece el interés por destinos cercanos o bien conectados.

    También pesa más la relación entre precio y seguridad. Un destino puede seguir siendo atractivo pero si genera dudas o implica más costes muchos viajeros optan por alternativas más simples.

    Eso modifica el perfil de la demanda. En 2025, Allianz aumentó un 9 % su facturación en seguros de viaje y las anulaciones concentraron más de la mitad de las incidencias. Se sigue queriendo viajar pero el viajero se vuelve más cauteloso y más sensible al riesgo.

    La estabilidad importa

    Para muchos destinos, transmitir seguridad, conectividad y previsibilidad se ha convertido en una parte central de su atractivo. Lo que pasa en el Golfo lo demuestra. Dubái, Doha o Abu Dabi habían construido una propuesta basada en lujo, innovación, grandes eventos y eficiencia aeroportuaria. Pero esa ventaja depende de que las rutas funcionen y de que la percepción de seguridad se mantenga. Cuando eso falla, no solo pierde el destino afectado: se reordena el mapa entero.

    Por eso algunos países ganan peso. No siempre son los más baratos ni los más espectaculares, sino los que ofrecen menos fricción al viajero: mejores conexiones, menos incertidumbre y una imagen de normalidad.

    El principal efecto de la geopolítica sobre el turismo mundial no parece ser, al menos por ahora, un colapso general. Lo que estamos viendo es un sistema más fragmentado, más desigual y más sensible a la percepción del riesgo.

    José Tomás Arnau Domínguez, Departamento de Economía Aplicada, Universitat de València y Paula Simó-Tomás, Departamento de Economía Aplicada, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Polymarket, la guerra de Irán y el olor a información privilegiada

    Polymarket, la guerra de Irán y el olor a información privilegiada

    Hay mercados que no mienten. O más precisamente: hay mercados donde mentir cuesta dinero propio. Polymarket, la mayor plataforma de predicción del mundo, se ha convertido en las últimas semanas en algo más que un casino geopolítico. Es, para quienes saben leerlo, un detector de información que los gobiernos aún no han hecho pública.

    El origen: 28 de febrero

    Todo comenzó el día que Estados Unidos e Israel lanzaron la «Operación Epic Fury» contra Irán. Mientras caían los primeros misiles, seis wallets recién creadas en Polymarket habían apostado con precisión quirúrgica al 28 de febrero como fecha exacta del ataque. La firma de blockchain Bubblemaps identificó que esas cuentas, con prácticamente sin historial previo, generaron colectivamente 1,2 millones de dólares en ganancias.

    La mayoría de esas wallets fueron creadas en febrero, no tenían actividad previa más allá de ese único contrato, y compraron posiciones «sí» horas antes de que las primeras explosiones fueran reportadas en Teherán. El precio de cada participación cuando abrieron posiciones era inferior a 20 centavos. Cuando Trump confirmó la operación, cada participación valía un dólar. Una rentabilidad del 400% en pocas horas.

    El precio del petróleo y el caos de Ormuz

    El impacto sobre los mercados energéticos fue inmediato y brutal. El crudo llegó a rozar los 120 dólares el barril aproximadamente una semana después del inicio de la guerra, para luego caer a cerca de los 100, donde ha permanecido varios días. Antes de la guerra, el barril cotizaba alrededor de 70 dólares.

    El Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, permanece efectivamente cerrado. La clausura forzó a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak a recortar producción ante la acumulación de barriles sin salida al mercado y el agotamiento de la capacidad de almacenamiento. El jefe de la Agencia Internacional de Energía describió la situación como «el mayor desafío de seguridad energética global de la historia.»

    Los mercados han estado literalmente a merced de tuits. Un día el Brent se desplomó un 17% por debajo de los 80 dólares, para luego rebotar hasta los 90 después de que el secretario de Energía Chris Wright publicara —y rápidamente borrara— un mensaje en X afirmando que la Armada había escoltado un petrolero por el Estrecho. La Casa Blanca lo desmintió horas después. Eso es todo lo que hace falta hoy para mover el precio de la energía mundial.

    Lo que está pasando ahora mismo: el patrón se repite

    Hoy, 23 de marzo, el patrón inquietante vuelve a aparecer. Datos en cadena rastreados por PolymarketHistory muestran que 10 wallets se activaron el domingo pasado apostando un acumulado de 160.000 dólares a un alto el fuego antes de fin de marzo, con un potencial de cobro superior al millón de dólares. Las wallets no tienen historial previo de transacciones y fueron creadas prácticamente al mismo tiempo.

    Analistas que siguen Polymarket señalan que las mismas wallets que apostaron con precisión al inicio de la guerra antes del 28 de febrero ahora están posicionando el fin de las hostilidades para el 31 de marzo o el 15 de abril. Puede ser análisis. Puede ser otra cosa.

    La conexión Trump y la impunidad regulatoria

    El contexto político complica aún más el cuadro. Donald Trump Jr. es asesor de Polymarket y su firma de capital de riesgo 1789 Capital ha invertido millones en la plataforma. La administración Trump abandonó dos investigaciones federales abiertas contra Polymarket por la administración Biden, y luego aprobó la apertura de su exchange en territorio estadounidense.

    En enero, un trader no identificado ganó una fortuna en Polymarket justo antes de que las fuerzas estadounidenses capturaran al presidente venezolano Nicolás Maduro. En febrero, la justicia israelí procesó formalmente a un reservista militar y a un civil por usar inteligencia clasificada para apostar en Polymarket —la primera acusación criminal conocida vinculada al insider trading en un mercado de predicción.

    La pregunta que nadie puede responder todavía

    WTI cotiza hoy cerca de los 95 dólares por barril. La probabilidad de que el Estrecho de Ormuz vuelva a la normalidad antes del 30 de abril ha caído al 26%. Los mercados de predicción asignan un 89% de probabilidades a que el conflicto militar se extienda más allá del 31 de marzo.

    Lo que Polymarket ha demostrado en estas semanas es algo que los mercados tradicionales no pueden mostrar tan crudamente: que hay personas que saben lo que va a pasar antes de que pase. Y que en lugar de advertir al mundo, apuestan. La diferencia entre inteligencia geopolítica e insider trading nunca había sido tan delgada, tan lucrativa, ni tan difícil de probar.

    Si las nuevas wallets de hoy cobran su millón de dólares antes del 1 de abril, sabremos que alguien, en algún lugar, ya conoce el final de esta historia.

  • Estrecho de Ormuz: la prueba geopolítica de Trump

    Estrecho de Ormuz: la prueba geopolítica de Trump

    A 16 de marzo de 2026, la novedad central no es solo que el Estrecho de Ormuz siga severamente perturbado, sino que la guerra entre Israel, con apoyo militar de EE. UU. bajo Trump, e Irán ha abierto una crisis de hegemonía: Washington puede golpear, pero no logra ordenar una coalición amplia para estabilizar el teatro ni restaurar plenamente la libertad de navegación. Reuters, AP y otros medios coinciden en tres hechos: Irán ha reducido de forma drástica el tráfico por Ormuz; Trump ha pedido ayuda a aliados y socios para reabrirlo; y la respuesta internacional ha sido fría, cautelosa o directamente negativa.

    Lo más importante para entender la crisis del Estrecho de Ormuz hoy es que no está “herméticamente” cerrado en términos absolutos, pero sí funciona como un chokepoint bajo coerción iraní. Hay paso selectivo y altamente riesgoso: un petrolero pakistaní logró cruzar, e India e Irán negocian tránsito seguro para algunos buques, mientras Washington admite que por ahora tolera el paso de ciertos barcos iraníes, indios y chinos para evitar un shock energético aún mayor. Eso sugiere que Teherán no ha impuesto un bloqueo clásico total, sino una interdicción política y militar selectiva, suficiente para hundir el tráfico, disparar primas de riesgo y demostrar capacidad de veto.

    En el plano estratégico, Trump pidió apoyo internacional y no lo consiguió en la escala que buscaba. España descartó participar en operaciones militares en Ormuz; Grecia dijo que no irá más allá de la misión Aspides en el Mar Rojo; Alemania, Italia y otros aliados europeos han rechazado enviar fuerzas navales para una operación ofensiva o de imposición liderada por EE. UU.; Japón dijo que no planea por ahora una misión de escolta; y Australia tampoco prevé mandar buques de guerra. El Reino Unido es el caso intermedio: rechaza verse arrastrado a una guerra más amplia, pero estudia fórmulas limitadas de apoyo a la reapertura del paso, sin comprometerse a una participación ofensiva clásica.

    El problema de Trump no es solo militar, sino de legitimidad estratégica. La campaña ha probado que EE. UU. e Israel pueden degradar activos iraníes, pero no que puedan traducir esa superioridad cinética en un nuevo orden regional estable. Israel ya habla de al menos tres semanas más de guerra; Irán sigue golpeando por vías asimétricas; el tráfico energético global continúa dañado; y los aliados no quieren firmar un cheque en blanco para una guerra cuyo objetivo oscila entre castigo, disuasión, contención nuclear y eventual cambio de régimen.

    El mercado ya está votando con miedo. Brent rondó los 101-102 dólares tras haber superado el umbral psicológico de 100, mientras la IEA activó una liberación extraordinaria de 400 millones de barriles y mantiene más de 1.400 millones en reservas de emergencia. Aun así, la propia Reuters subraya que las herramientas para absorber el shock se están agotando rápido. La interrupción en Ormuz afecta alrededor del 20% del petróleo y del gas licuado transportados por mar, y ha obligado a recortes severos de producción en Emiratos y otras plazas regionales.

    La crisis del Estrecho de Ormuz ha expuesto que Trump no puede destruir el multilateralismo un día y reclamarlo al siguiente sin pagar un precio. Pero la formulación más sólida no es que ya haya “derrota” estadounidense en sentido total, sino que existe una brecha cada vez mayor entre la capacidad de infligir daño y la capacidad de construir coalición, legitimidad y orden. Y en geopolítica, esa brecha acaba siendo decisiva: una potencia puede ganar ataques y perder posición. Hoy, en Ormuz, ese es exactamente el riesgo de Washington.