Rúa: la Soberanía del Espíritu

rúa

Desde niño me ha fascinado la fruta del algarrobo. Para llegar a su pulpa, esa que a algunos nos parece delectable y a otros desagradable, hace falta un martillo que logre romper su impenetrable corteza; pero jamás me puse a contemplar por qué la Madre Natura le había dado una cáscara tan dura; y no fue hasta ya octogenario que un día me pregunté: “si la naturaleza diseña los frutos para que los animales consuman la pulpa y esparzan las semillas lejos del árbol progenitor, ¿para qué criatura del planeta destinó el algarrobo una protección tan descomunal? La IA me lo explicó: es que el fruto estaba diseñado para el perezoso gigante, una bestia de la megafauna extinta hace milenios. Hoy, el algarrobo sigue ejecutando un programa biológico casi obsoleto, esperando a un comensal que ya no existe. Menos mal que están los ñeques y los Johnny Bennett; los primeros las pueden abrir y diseminar y el segundo, aparte de comerse las frutas tal cual, hace deliciosos batidos y pan de algarroba, como también le hace propaganda a uno de los frutos más beneficiosos que hay.

Si la inmensa mayoría de la humanidad vive sin entender siquiera el diseño de los árboles, ¿qué oportunidad real tenemos de que entiendan la Matrix artificial que los gobierna? O: ¿por qué hay tantos policías muertos en la ciudad; el desorden y tranques en las vías; ha crecido y sigue creciendo la deuda pública; la terminal moderna de Tocumen está en estado desastroso; hay tantos baches en las calles; el agua se va; el flujo eléctrico anda mal, bombillos parpadeando y aparatos eléctricos quemándose; las escuelas MEDUCA no abren a tiempo y están destruidas, mientras todas las privadas abren y están en buen estado… ¿y para qué seguir?

Esa misma pobreza sociológica domina nuestro presente. La colmena actual se pasa la vida relatando incidentes menores, pero es incapaz de profundizar en las causas y en las curas. Nos desgastamos comentando lo que anda mal, pero muy pocos entienden las razones y menos las soluciones.

Creen ciegamente, como afirma el adoctrinamiento común, que monopolios estatales como el MEDUCA «educan», cuando en realidad su única función es fabricar súbditos obedientes que jamás cuestionen las causas. Confían la economía a los gobiernos del Estado, olvidando la verdad factual de que el sector público jamás debe competir en el mercado, a menos que queramos entregarle voluntariamente la custodia del gallinero a los zorros.

Frente a esta colectivización digital —donde las masas unifican su pensamiento a la baja, repitiendo consignas vacías en chats y pegando gritos en partidos de fútbol— solo nos queda la resistencia de la Rúa. La Rúa es el soplo de viento invisible que mueve las olas, las velas y las hojas de los árboles; así como el Espíritu mueve nuestras almas… no lo vemos, pero allí está. O la materia negra que hoy buscan los astrónomos con telescopios espaciales. Una fuerza cuántica y creadora que está allí, que la ciencia materialista no entiende, pero que muevas las galaxias y la energía universal.

En eso… entra la IA, capaz de tomar todo el conocimiento humano y ponerlo a nuestra disposición en segundos; de manera que ya no seremos más esclavos sumisos de las burrocracias corruptas; esas que intentan desesperadamente mantener a los pueblos en corrales de sumisión o en arrabales de perdición. Hoy, y no mañana, la humanidad necesita despertar y sintonizar con el Padre, el Hijo y la Rúa que es el Espíritu Santo. Ello nos permitirá desplegar las velas de la barca que nos permitirá viajar por el Universo.

NOta: Ensayo 4/4: La Singularidad de la Noosfera

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *