Etiqueta: desburocratización

  • Recuperación Económica Post-COVID: Innovación, Inversión y Desregulación

    El documento «Post-Covid Economic Recovery» de Juraj Bednár, aborda la recuperación económica tras la pandemia de COVID-19, destacando cómo las recetas macroeconómicas tradicionales, como la expansión cuantitativa, han fracasado en reactivar las economías y han provocado inflación, escasez y disrupciones en las cadenas de suministro. Bednár argumenta que los enfoques tradicionales no funcionan y propone una estrategia basada en la innovación, la inversión y la desregulación para superar estos desafíos.

    Problemas con la Planificación Central y la Intervención Gubernamental

    Se critica la planificación centralizada y las intervenciones gubernamentales, como las cuotas de precios y las regulaciones, que a menudo resultan obsoletas incluso antes de implementarse. Bednár destaca ejemplos de economías paralelas que prosperan al evitar estas regulaciones, como el auge de las criptomonedas. Señala que algunos países, como China, adoptan posturas adversas contra la innovación, mientras que otros, como El Salvador y algunos cantones suizos, la fomentan.

    Políticas de Desregulación

    El documento propone que los políticos deberían permitir que los emprendedores lideren la innovación, sugiriendo que la intervención mínima y la creación de un entorno favorable para la inversión y la innovación son claves para la recuperación económica. Bednár subraya que la verdadera influencia de los políticos radica en permitir que las innovaciones beneficien a los ciudadanos y atraigan a emprendedores.

    Ejemplo del BitLicense de Nueva York

    Se menciona el ejemplo del BitLicense de Nueva York, una licencia para actividades con monedas virtuales, que intentó proteger a los residentes de la «inseguridad» de la innovación en criptomonedas. Sin embargo, esta regulación provocó que muchas empresas de criptomonedas excluyeran a los residentes de Nueva York y se establecieran en otras jurisdicciones más amigables como Suiza, Singapur y Texas.

    Economía Cripto y Descentralizada

    Bednár explora cómo las criptomonedas han creado una nueva clase de activos que permite servicios financieros accesibles para cualquiera en cualquier lugar. Las criptomonedas facilitan el movimiento de capital, el acceso a pagos en línea y opciones de ahorro para los no bancarizados, y nuevas oportunidades de inversión. Además, las organizaciones autónomas descentralizadas (DAOs) representan una nueva forma de organización que trasciende las fronteras geográficas y desdibuja las antiguas consultas fiscales y de gestión.

    Desafíos y Oportunidades para los Gobiernos

    El documento discute cómo los gobiernos pueden atraer capital de la nueva economía cripto mediante políticas de desregulación. Bednár sugiere la implementación de un régimen de impuestos cero para los ingresos y ganancias de capital en criptomonedas, permitiendo que los ingresos criptográficos se gasten en la economía local sin los obstáculos de la contabilidad y el reporte fiscal tradicionales.

    Acceso Fácil a Infraestructura Bancaria y Cripto

    Se propone facilitar el acceso a la infraestructura bancaria y cripto, eliminando requisitos que obliguen a los bancos a separar los sistemas financieros tradicionales y criptográficos. Esto permitiría una mayor fluidez de la riqueza en la economía y fomentaría un mercado de vivienda saludable impulsado por la producción en lugar de la expansión de la deuda.

    Ejemplos Positivos

    El documento cita ejemplos positivos de países como Paraguay, Uruguay y Panamá, que no regulan las criptomonedas de manera estricta. Sin embargo, se reconoce que la falta de infraestructura cripto y la conservadurismo del sector bancario pueden limitar el potencial de estos países. También se mencionan casos en Europa, como Portugal y Alemania, que han adoptado regímenes fiscales favorables para las inversiones en criptomonedas.

    Efectos de Red Secundarios

    Finalmente, Bednár destaca los efectos de red secundarios de atraer a participantes de la nueva economía cripto. La facilidad de inmigración con tratamiento fiscal favorable puede atraer a trabajadores remotos y nómadas digitales, quienes traerán nueva riqueza y gasto a las economías locales, impulsando así la recuperación económica. Ya Panamá ha dado pasos en este sentido, sólo es cuestión de continuarlos y profundizarlos.

  • La desconexión entre la ley y la realidad

    Como bien lo dijo Thomas Hobbes: “No es la sabiduría sino la autoridad la que hace la ley.” No sigas leyendo… detente a pensar en lo dicho por Hobbes. La actual constitución de Panamá no fue preparada en virtud sino interesadamente, sin medir consecuencias a futuro. Y, he aquí la triste realidad del mal camino que venimos trillando los panameños cuyas leyes no fueron orientadas para el bien común sino el provecho de bajos intereses de quienes en su momento secuestraron el poder estatal.

    Lo típico que percibe quien ausculta la ley panameña es su desconexión con todos los pequeños empresarios: choferes del transporte público y comercial, los camaroneros, los que cambian regularmente de trabajo, y tantas otras actividades comerciales sobre las cuales depende buena parte de la economía. Pero, este sector económico no se rige por las leyes constitucionales y decretos ejecutivos, dado que se trata de un mercado autorregulado, con salario mínimo variable y sin prestaciones laborales y otra lastra de normas clientelistas y castrantes.

    Quien verdaderamente intente regular actividades tan variables y cambiantes en estos tiempos de transformación, debería ponerse en los zapatos de quienes caminan en el sector informal y también en el sector del pequeño empresario formal; ya que no es lo mismo cumplir con normas grotescas cuando eres chico que cuando eres grande. El grande tiene contadores, abogados, economistas y, por qué no, hasta coimeros a su disposición. Y todo ello en una época en la cual lo que era bueno y funcional o, tolerable ayer, ya no lo será.

    Imagínense las condiciones que imponen los días festivos; sean los carnavales, fiesta del Cristo Negro, otras fiestas patrias, año nuevo y tal. A todo ello agreguemos los elementos de un sistema de transporte mal pensados y mal construidos y desarrollados. ¿No lo crees? Sólo fíjate en la estación Metro de San Isidro, la cual a pocos años de su construcción tuvieron que remodelar y a tres años de terminada la remodelación aún no la inauguran. Y, ni hablar que el santificado Metro, y el Metro Bus que no es tal cosa; que no lograron eliminar a los diablos rojos y parieron miles de los “coasters”. Lo más triste es ver que la gran mayoría de panameños creen que estos sistemas fueron un éxito.

    Más allá, es casi imposible describir los cambios que se están dando en actividades tales como la de los restaurantes, las cuales fueron profundamente golpeada, no por la pandemia sino por la desconexión entre la ley y la realidad; tema que quedó claramente descrita en la Declaración de Great Barrington, en dónde un grupo de profesionales de la medicina alertó en cuanto a sus serias reservas ante las consecuencias físicas y mentales debido al impacto de las políticas respecto al COVID-19. Imagínense, más les preocupaban las acciones legislativas que la plaga.

    Si algo queda claro en el nuevo mundo que surge a nuestro alrededor es que la actividad laboral está cambiando y cambiará en formas que no podemos vislumbrar; tal como en los empleos o actividades del mercado a tiempo parcial. ¿Crees que nuestras leyes o nuestras escuelas y universidades se ajustan a esa realidad? ¿Crees que el MEDUCA sirve para ello?

    ¿Has escuchado hablar de la “economía gig”? La economía de un mercado laboral que depende de los trabajos temporales que, a su vez, dependen de trabajadores camaroneros con gran capacidad de adaptación; es decir, muy flexibles, lo cual requerirá leyes flexibles y no la ley laboral desfazada que tenemos. La realidad es que nuestras leyes adversan la actividad emergente que ya nadie la cambia. ¿Qué harán nuestros legisladores; esos cuyo principal incentivo para legislar tiene muy poco que ver con las necesidades de un mercado desembrazado de politiquerías? Sólo imaginen como Uber ha cambiado el panorama del transporte; y lo ridículo de legisladores que intenten detener todo lo que se viene.

    Y, finalmente, si a esa ecuación añadimos los monumentales problemas de la CSS, del tránsito, de gobiernos desmedidos que trabajan para la Cosa Nostra y no para la población, el futuro augura negros nubarrones. Pero, al mismo tiempo augura épocas de cambio una vez que despertemos al mundo futuro de maravillosas posibilidades inimaginables.

  • Mayor confianza es clave para la recuperación postpandemia de América Latina y Caribe: BID

    Los países con mayor confianza tienden a gozar de mayores niveles de productividad, que aquellos donde los índices de confianza son bajos y que poseen una economía informal más grande en relación con su PIB.

    Fortalecer la confianza es fundamental para que el sector empresarial se vuelva más dinámico y se realicen las reformas económicas necesarias para potenciar la recuperación de América Latina y el Caribe post-COVID, reveló el jueves un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

    De acuerdo el informe «Confianza: la clave para la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe» la desconfianza es un problema que limita el desarrollo socioeconómico de la región y afecta la capacidad de sus países para resolver retos complejos, como el cambio climático.

    Nueve de cada diez personas en la región desconfían del prójimo, según el estudio que encontró niveles de confianza equivalentes a una cuarta parte a los de países desarrollados que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

    «Promover la confianza mediante una mayor transparencia e instituciones más sólidas debería ser una prioridad en la agenda política de América Latina y el Caribe. Colocar la confianza en el centro de la toma de decisiones gubernamentales reavivaría significativamente el desarrollo en la región», dijo en un comunicado el presidente del BID, Mauricio Claver-Carone.

    «Mayor confianza significa menos burocracia que daña a los negocios, a las inversiones y a la innovación. Significa gobiernos más transparentes, comprometidos en cumplir sus promesas y a rendir cuentas», agregó.

    Para Claver-Carone la confianza también permite a los ciudadanos aportar su voz y opiniones para participan activamente en las democracias apoyando la construcción de sociedades más inclusivas.

    Los países con mayor confianza tienden a gozar de mayores niveles de productividad, mientras que aquellos donde los índices de confianza son bajos, poseen una economía informal más grande en relación con su Producto Interno Bruto (PIB), según el informe.

    Altos niveles de confianza producen democracias más sólidas, aumento del emprendimiento y la innovación, mayor crecimiento de empresas y contratación de empleados, alza de la recaudación de impuestos, aumento de la inclusión financiera de las personas y un incremento de la demanda de bienes públicos como la educación de calidad, de acuerdo con el estudio del BID.

    El informe recomienda que los gobiernos de la región, al momento de diseñar políticas públicas, crear incentivos para que funcionarios públicos, agentes económicos y los ciudadanos actúen de manera fiable.

    Los gobiernos deben reducir las brechas de acceso a la información invirtiendo tanto en organismos reguladores de primer nivel como en educación poniendo más información a disposición de los ciudadanos para empoderarlos y disuadir conductas poco fiables, según la investigación del BID.

    Asimismo, los gobiernos deben elevar las rendiciones de cuentas y fortalecer a las instituciones independientes que velan por el cumplimiento de las normas para que los ciudadanos sientan que puedan contar con estas en caso de abuso gubernamental, de empresas u otros ciudadanos.

    «Este informe ofrece un camino hacia reformas que favorecerán al mercado, y a la vez desarrollarán una mayor cohesión social», dijo Eric Parrado, economista jefe del BID.

    Fuente: BID, VOA

  • El estado destructor de la pequeña empresa

    Desde el inicio de la Pandemia covidosa escribí artículos advirtiendo que la dictadura de encerronas y tapabocas iba a terminar causando daños más graves que el virus. Triste que aún seguimos dormidos. Enfoquemos en tema, el estado destructor de la pequeña empresa.

    Un buen amigo me comentó que favorecía las políticas que castigan a quienes no se vacunan, dado que vacunarse es “asunto de salud pública”. Igual sería con cualesquiera otras plagas virales, como las del pasado, que han llenado hospitales, causado muertes y sufrimiento. Lo medular del tema está en el alcance de la autoridad que hemos y debemos delegar a los gobiernos del estado. El propósito fundamental de una constitución es el de limitar el poder estatal. ¿Cuántas veces hay que repetirlo para entenderlo? O ¿será que no basta con repetir algo que debía ser más que obvio? ¿Acaso no es obvio que el abuso del poder por parte de la mayoría de nuestros politicastros?

    Perversa es la autoridad excedida y putrefacta: un diputado, ministro, juez, presidente, cura, papa, o más arriba. O, más abajo, tal como un padre de familia. El padre y madre son la piedra angular de la sociedad. No sólo es asunto de engendrar un nuevo ser humano, sino una función que es más que reproductiva. La función clave de desarrollo, protección, educación, y ser agente vital en su desarrollo. Pero, ¿qué tiene todo esto que ver con la pequeña empresa? ¡Todo! Pues igual que el mal padre destruye al hijo, el mal gobierno lo destruye todo; el estado destructor se cobra a sus ciudadanos. El problema en Panamá nace de la histórica perversidad de sus gobiernos; y estos, a su vez, son el reflejo de la falta de paternalismo responsable y de verdadero amor.

    Ahora, retomo el hilo del título en eso de “el estado destructor de la pequeña empresa.” Si damos o permitimos que las autoridades tengan y usen el poder de obligar a encerrar, vacunar, usar máscaras y tal, ¿dónde ponemos límites? Y si lo que tenemos no son políticos sino politicastros, ¿a dónde creen que nos llevará todo ello?

    Quien lea algo de la constitución panameña y tenga la capacidad de comprender lo que lee, verá que la misma no es un instrumento que limita el poder estatal sino todo lo contrario. Tomemos un solo artículo, el cual he citado a cansancio: Artículo 282: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales y dentro de las normas del presente Título…” “El Estado planificará el desarrollo económico y social…” ¿Necesito ampliarles el poder que esto confiere a nuestros politicastros? En todo caso, léanse los siguientes artículos del Título X de la Constitución.

    A través del tiempo nuestros politicastros se dedicaron a infectar mentes humildes con un “no a la privatización”. Y es que, si dices “no a la privatización”, automáticamente está diciendo sí a otra cosa. ¿Qué otra cosa? Si no la empresa privada, chica o grande ¿qué? Tal vez las botellas, el gobierno regalón y obeso. O, a favor de la politiquería corrupta o del capitalismo de compinches que sufrimos.

    La libertad es naturaleza y derecho humano. Nacemos y somos libres para hacer el bien. Pero, mi amigo me decía algo como: Si favoreces la libertad entonces no pagues impuestos, no hagas caso a los altos, a los semáforos, construye fuera de tu propiedad, no saques placa y tal… Le dije que eso no era libertad sino libertinaje, que no es lo mismo ni se escribe igual.

    Ser emprendedor es tener el coraje para asumir el riesgo de tomar tus ahorros y montar un negocio; sea una escuela, un hospital, un restaurante, etc. Ello requiere coraje porque de cada 10 empresas que nacen a los diez años 9 se van a pique y los inversionistas pierdan todo. Lo sé por experiencia propia y por la de familiares, amigos y tantos otros. Pero, tío pueblo, que no gusta de los ricos, quiere ser rico, pero sin privatización. ¡Plop!

    En fin, nuestro desgobierno está destruyendo miles de empresas y empobreciendo a todos. Ahora, esos mismos “geniales” politicastros, se están quedando sin $$$ para seguir con el relajo regalón. ¿Qué crees que pasará cuando se les acabe el $$$?

  • Cuando la convicción moral manda

    A menudo leo cosas que no encuentro mejor forma de expresarlas y en esta ocasión cito una de ellas: “Para ser un economista con integridad significa el tener que decir cosas que la gente no quiere escuchar y especialmente el decir cosas que el gobierno no quiere que se digan.” Llewellyn H. Rockwell Jr.

    Llewellyn H. Rockewell Jr., es el fundador del Instituto Mises, dedicado a la defensa y promoción del sagrado derecho de albedrío engendrado en la misma Creación. En especial, el Instituto celebra la vida y obra de Ludwig Heinrich Edler von Mises (1881-1973) En esencia, el legado que nos dejó Mises fue el sostener que la única política económica viable para la humanidad era la de dejar hacer; mientras que los gobiernos se limitasen al cuido de la vida y la propiedad, dentro de sus territorios.

    Y digo o escribo sobre estas cosas ya que si algo he aprendido con los años es que se aprende ejercitando tanto el cuerpo como la mente. Y la mejor forma de ejercitar es con la repetición; esa que permite ir descubriendo nuevas maneras y formas de ver la realidad y la verdad. Es por ello que comparto con mis amistades en la «Cara del Libro», de manera insistente, una revisión de los principios de libertad sin los cuales la humanidad sería retrógrada; como en buena medida lo está siendo en manos de quienes desdeñan la libertad de sus prójimos.

    En estos días un amigo economista me comenta sobre el malandar económico, que en realidad es social, en el que deambulamos como ciegos en pantano, con lo cual algunos nos preguntamos: “¿Cómo diablos fue que nos metimos en semejante situación?” Y Rockwell nos lo aclara recordando las advertencias de Frédéric Bastiat, que hasta Omar Torrijos las reiteró a su manera, y que el partido de turno parece despreciar. Hablo de andar no sólo con luces cortas sino también con las largas. Los economistas de gobierno que no pueden ver aquello que subyace al intervencionismo estatal, ese que estamos viviendo en Panamá, harían bien en ganarse la vida limpiando parabrisas de autos en las calles y no haciendo ver que gobiernan.

    La economía no es asunto de numeritos sino de acción humana. Es decir, que se trata sobre lo que hace la gente, por qué lo hacen y cómo lo hacen; cosa que hasta la maligna constitución que sufrimos lo dicen en su Artículo 282, antes de contradecirse arrastradamente a la dictadura que sufrimos: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará…” Oda a Mario Moreno, alias Cantinflas. O sea, la economía es asunto de los particulares, pero «yo estado», hago lo que me viene en ganas con ella. Y… ¿aún no entendemos por que andamos a ciegas en el pantano de la corruptela institucional?

    Un ejemplo alegórico es el de los tsunamis, que cuando la marea se retrae súbitamente, muchos se van a la playa a retozar y recoger caracoles que se quedaron varados. ¿Cómo es que no ven lo raro de una marea que se vacía súbitamente? Es la marejada destructiva que la recoge antes de embestir.

    ¿Y qué mejor ejemplo de la acción estatal descarriada que aquella que leía en Facebook ocurrió en El Valle de Antón? Que, luego de casi un año de retraída la actividad económica el fin de semana se desata una oleada de turismo interno que reboza los restaurantes y tiendas. ¿Y cómo reacciona es sistema centralizado de luces cortas o putrefactas? Manda una oleada de burrócratas auditores: sanidad, trabajo, seguridad social, y tal, con el propósito de que no los ignoren; pues no hay peor que ser ignorado. Es cierto, para quienes andan con luces cortas. Pero como nos dijo el 2 veces primer ministro de Estonia Mart Laar cuando nos visitó en Panamá: “El mejor gobierno es como el sistema de aguas negras: Sabes que está allí, pero no lo tenemos que ver ni oler.”

  • Por qué es importante limitar al gobierno

    En esta época de COVID y de encierros dictatoriales, más que nunca, debemos examinar la naturaleza de los gobiernos, sus funciones y sus limitaciones. Y cuando digo “limitaciones” me refiero a: para lo que sirven y para que no sirven. Como suelo repetir incansablemente, los gobiernos no sirven para “resolver tus problemas”, tal como estaba escrito en la pancarta de un manifestante en Colón: “Exigimos vengan a resolver nuestros problemas”.

    Hace unos días fue aniversario del 9/11 y fecha en que se desencadenó un aumento sustancial del intervencionismo gubernamental o central en la vida de los ciudadanos, no sólo allá sino aquí mismo en Panamá; ¿o es que no han visto el jaleo de viajar en aviones y tal? O el caso de policías decomisando licor que pasajeros llevaban en sus maletas en viajes a Taboga. Y ahora que ciertos legisladores proponen una vacunación ¡obligatoria! Tanto el 9/11 como el COVID y tal, son eventos ideales para que el estado profundo se vuelva más profundo; con lo cual los ciudadanos van perdiendo el control de sus vidas. Y no, no estoy contra el gobierno sino contra el gobierno desmedido.

    Uno de los comodines que han surgido con la Pandemia es ese de “confía en los expertos”. Curioso si consideramos que los expertos no confían en los expertos. Mejor sería decir: “Escucha a los expertos, investiga y usa el sentido común.” El problemita es que resulta tan cómodo dejarnos ir con la corriente… Cuando dicen, “el gobierno o los gobiernos son corruptos”, salta la respuesta: “Bueno, sí, pero eso siempre ha sido el caso.” Pero ello no significa que lo será para siempre ya que, igual que ocurre hoy con la CSS, todo mal camino conduce a mal destino. Arreglar el jaleo de la CSS es más que factible. El reto está en el exitoso lavado de cerebro del “no a la privatización”; particularmente cuando quienes lo vociferan no tienen la menor idea de los que es la privatización o descentralización.

    En cuanto a la vacunación OBLIGATORIA, vayámonos enterándonos de que ello no es ético, como tampoco es legal. Ya han salido versiones según las cuales aún no se ha demostrado que la vacuna rusa es más segura que el mismo COVID. ¿Qué te parece que legislen la obligación de tomar pastillas para reducir el colesterol o lo que sea? ¿O es que piensas que el COVID es más mortal que las enfermedades coronarias?

    A fin de cuentas, prácticamente nada obligado es bueno; tanto así que ni el mismo Creador nos obligó a ser buenos. Lo que hizo fue decirnos: “Amaos los unos a los otros” y según entiendo “amar” y “obligar” no son sinónimos.

    En resumen, lo que sí es completamente importante es que los ciudadanos vayamos logrando ser auto determinantes; que seamos capaces de ser productivos y compasivos. Y… de no dejarnos mangonear por los politicastros del estado profundo.

  • ¡Ojo!, con pedir protección al zorro del gallinero

    La semana pasada publiqué un escrito acerca de como el intervencionismo central conlleva serias consecuencias económicas y sociales; y, como me ocurre muy a menudo, un amigo de Facebook comentó su preocupación en cuanto a que en la ausencia intervencionista gubernamental, tío pueblo quedaría a “la merced del mal empresario”. Como suele ser, el amigo no está falto de un pedazo de la razón; es decir, que existen problemas con los precios que se elevan. Pero lo que pocos ven, son las verdaderas causas de la elevación de precios, que son muchas y sólo les dejo con algunas.

    Comencemos por señalar que a través de la historia los precios de los productos, incluyendo los alimentos, han ido en disminución. Hace unos 100 años la gente vivía en un estado de desnutrición, particularmente en los países poco desarrollados. Pero hoy, cualquiera que transita por las calles de nuestro Panamá verá cantidad de gente que de flaca no tiene nada. Es más, la obesidad se torna en problema social de salud. En síntesis, hoy los alimentos resultan unas 8 veces más económicos que hace 100 años. Y las razones deberían ser obvias, pues los métodos de hoy permiten una producción mucho mayor a menor esfuerzo y costo. En todo caso, sí existen problemas, pero debemos conocerlos.

    La pregunta a responder es: ¿Tío pueblo está a merced de los malos empresarios o…?; y en el “o” es está el tuétano. El asunto es enredado, pero si damos un paseo por la cadena de producción y suministros, encontraremos cosas muy curiosas a la que pocos ponen atención. De salida, al uso del nombrecito “empresario”. Empresario somos todos los que emprendemos la aventura de ganarnos el pan. El agricultor que siembra, sus jornaleros, el transportista y quienes le ayudan a cargar, y toda la gran lista de intermediación, hasta llegar a los sitios de venta. Estas cosas no las ve tío pueblo, al que sólo le importa el precio y culpar al empresario, sin discriminar en su enojo.

    Pero, pregunto: ¿Acaso todo el costo de mantener al brontosaurio gubernamental no entra en los precios de la comida? ¿O es que no te lo habías imaginado? ¿Sabes cuántas botellas pululan los pasillos de la burrocracia central? Más allá de los costos burrocráticos, que entran en escena, están los costos que deben capear los empresarios para cumplir con la lluvia de normas gubernamentales, muchas de las cuales no tienen ni pie ni cabeza. Y ni hablar de la corruptela institucionalizada.

    Ahora, vayamos al final de este cuento, al momento en que pides ayuda al Chapulín gobierno. ¿Crees que nuestra clase política está allí para resguardarte contra los malos empresarios? ¿O, no te has dado cuenta que están más bien para hacer mancuerna con ellos? Me queda clarísimo el recuerdo de mi abuelo George F. Novey, quien rehusaba hacer negocios con el estado porque  «quien con chuecos se asocia, chueco es y chueco queda».

    Años más tarde sus ejemplos saldrían a flote cuando me tocó ir a un ministerio a poner una queda contra un sub director que nos extorsionaba en la Novey. ¡Uy!, qué mal, me dijo el ministro, y al torcido lo cambiaron de puesto. ¡Por favor!, vayamos dejando la inocencia, la envidia y el odio irracional a un lado y, aprendamos para qué está el gobierno, qué servicios le son indelegables prestarnos y a elegir a gente honesta en consecuencia; porque, por lo que he visto a mis 77 años, son demasiados los que se identifican con los deshonestos que abusan del abultado sistema.

  • Las falsas premisas

    Desde prácticamente el inicio de las medidas contra el Corona Virus, el latiguillo del gobierno ha sido “conservar los empleos”, al mismo tiempo que regulaba por Decreto, algo ciertamente ya permitido por Ley, sobre la cesantía temporal de los contratos laborales.

    Lo cierto es que mientras se cerraban las actividades comerciales consideradas “no esenciales” por el equipo a cargo de gobernar, las empresas en esa consideración, tuvieron que hacer frente a gastos corrientes difíciles de obviar y trazar planes para una reapertura diferente, en tiempos medianamente previstos.

    Pero la cuarentena se extendió y demasiado, de 40 días a unos 100 por ahora. Con ello, las consecuencias económico-financieras comenzaron a presionar a dueños y gerentes sobre qué hacer ante un escenario cada vez más incierto y riesgoso.

    Y la falsa premisa mientras tanto manteniéndose incólume ante el mismo entorno empresarial. ¿Qué quiero significar con esto? La premisa es falsa porque en primer lugar no se puede decidir en forma uniforme  y desde un organismo centralizado, sobre la complejidad y diversidad de una sociedad, (¿acaso para el chichero su actividad no es esencial para alimentar a sus hijos?); y segundo, la premisa sigue siendo falsa porque sin empresas no hay empleos posibles.

    Y no se ha hecho nada para preservar la premisa correcta, que es crear las condiciones para dejar  que el mercado fluya en un entorno libre y amigable. No se ha hecho nada para que explote y se libere la energía creativa de las personas y se adapten a un entorno altamente riesgoso. Y el castigo cae ahora sobre las empresas, porque se vence su plazo legal para los contratos laborales cesados y ante la incertidumbre, tendrán la horrible disyuntiva si asumir el pasivo laboral que les ha generado la situación o intentar mantener la empresa a flote bajo otros escenarios, esperando una recuperación. Es horrible, porque en las dos situaciones se pierde: si se decide reestructurar, y la negociación no funciona entre empresas y empleados, rige el marco legal actual y la empresa pierde, debe cerrar o irse a litigio. Los empleados tendrán por un tiempo liquidez para pagar sus deudas o consumir nuevamente, pero posiblemente no encontrarán otro trabajo por mucho tiempo, porque no habrá empresas que los generen. Esta situación donde unos ganan y otros pierden, es típica en mercados altamente intervenidos, no así en una sociedad libre donde todos ganan. Es típica en sociedades donde se crean enemigos en lugar de cooperadores. Y mientras el enemigo siga siendo el empresario, no hay sociedad próspera posible.

    Esperaba algún anuncio en la vía de migrar hacia mercados más desregulados; un anuncio de una reforma laboral, un anuncio de una reforma fiscal real y un anuncio de desburocratización del sector público, requisitos claves para atraer inversión genuina, sea local o internacional;  pero lo único que escuché fue un largo enunciado de préstamos y créditos, que incluso por los montos, no van a contribuir mucho más que para pagar deudas atrasadas de los beneficiarios.

    Esta otra falsa premisa, de “estimular el consumo”, choca contra la realidad de una sociedad que ya no tenía capacidad de ahorro al inicio de la Pandemia, y estaba muy endeudada, de acuerdo a los números a la vista proporcionados por la Superintendencia de Bancos de Panamá, de los saldos de préstamo al consumo.  Si una familia o una empresa no pueden afrontar un mes sin tener ingresos, implica que no estaban generando ahorros; por algo surgió en forma inmediata la solicitud de moratoria. Y sin ahorro, no hay consumo posible. Lo que el gobierno piensa y piensa mal, es que a estas empresas y personas los préstamos anunciados les van a ayudar. Todo lo contrario, les están arrojando un salvavidas de plomo. Sólo van a contribuir a la falsa sensación de seguridad temporal de que pueden continuar la actividad normal como previa a la Pandemia. Lo cual podrá ser cierto para ciertas actividades, pero no para todas. Nuevamente, la pretensión del conocimiento de cómo funciona la totalidad de la sociedad y sin temor a equivocarse, es lo que causa juegos de suma cero. Y así no funciona la economía. La sociedad no necesita ayudas estatales, necesita que, al igual que Diógenes, no les haga sombra.

    Uniendo ambas falsas premisas, un pésimo diagnóstico da como resultado un peor remedio, que sólo va a agravar la enfermedad que no es la del Covid 19. Aunque es tarde, aún hay tiempo para explorar otras ideas, aunque sea para obtener resultados diferentes. Sino, haciendo siempre lo mismo, nos llevará siempre a los mismos resultados: cada vez más con más deudas y sin empleos genuinos o ingresos para honrarlas.

  • Las tres reformas necesarias para  el día después. Parte I. La necesaria desburocratización.

    El panorama se nos presenta sombrío. Con  todo lo optimista que uno quisiera ser y ver el vaso medio lleno, lo cierto es que  para atenuar los primeros pronósticos del Banco Mundial sobre una caída de al menos 2 puntos del PIB panameño, no hay plan estatal que pueda funcionar. Sencillamente porque una caída en los ingresos estatales de cerca del 50 %, están demostrando que no sólo la situación económica ya venía un tanto débil, sino que agravada ahora por el Covide-19, no tendrá la fortaleza suficiente para sostener por un lado la burocracia estatal y por el otro, mantener la rueda de la actividad económica girando. Doble carga para un sector privado que a raíz de la pandemia, es descubierto por primera vez por mucha gente, como el real hacedor y generador de empleos y riqueza.

    Para romper con esta situación y generar crecimiento sin trauma, se deben adecuar los “marcos institucionales”. Ellos son los que permiten que fluya la inversión en un marco de competencia de jurisdicciones cada vez más acentuada; y más ahora con la aparición del Covide-19. Los países compiten ofreciendo “marcos institucionales” para atraer los recursos cuya movilidad ha acelerado la globalización. Tanto sea para atraer recursos externos como para retener a los propios. Los países que pueden ofrecer esas condiciones reciben recursos, los que no, los expulsan (personas, capitales, ideas, innovaciones, tecnologías).

    Entonces, ¿qué deberían hacer los responsables de las políticas públicas, no sólo para alivianar al único sector productor que hoy no puede soportar la enorme carga que pesa sobre sus actividades, sino para convertir al país en un imán para las inversiones, sean locales o extranjeras?  Tres reformas. Tres reformas correctas que lograrían transformar la Pandemia, de ser una amenaza a una enorme oportunidad para el país. Tres reformas que generarían un éxito económico como pocas veces visto. Tres reformas para situar al país en pocos años en la cima de cualquier  reputado ranking global.

    Primer reforma. Desburocratización del estado.

    Las necesidades estatales no han decrecido; curiosamente, a pesar de ya lejanas privatizaciones,  de la implementación de programas de modernización de la administración pública y el espectacular crecimiento que se ha logrado en los años post invasión, el Estado sigue utilizando mayores recursos en el gasto corriente, particularmente en el pago de salarios y compensaciones. El problema es la desorganización interna de las organizaciones públicas, y, si sumamos a esta desorganización el hecho de que la cultura paternalista  y el estado visto como generador de empleo ha continuado en aumento siempre, alcanzamos a visualizar el porqué de la necesidad de que los recursos con los que se mueve el sector público tengan que ser usados con la mayor eficiencia y eficacia posible.

    Complementariamente a ello, el exceso de regulaciones es motivo de una mala calidad institucional porque involucra al Estado en actividades que no debería realizar, crea gigantescas burocracias para atenderlo, oportunidades de corrupción y desvía la atención de los funcionarios electos de cuestiones que deberían ser prioritarias.

    El enfoque analítico necesario en esta reforma debe estar centrado en redefinir el rol del Estado, en delimitar las áreas de las que debe ocuparse y en establecer la estructura con la que debería hacerlo, eliminando o redefiniendo aquellas otras en las cuales se observe que han cumplido ya, o que nunca han cumplido, el objetivo para lo cual fueron creadas. El conjunto de acciones vinculadas con esta Reforma debe estar dirigido básicamente a mejorar la calidad y cantidad de prestaciones del Sector Público a la par que disminuyendo su costo por servicio, al impacto cuali-cuantitativo sobre el personal y a una re-definición de las estructuras del aparato estatal. Estas acciones implican lograr una mayor eficiencia del gasto público, lo que implica hacer más con menos.

    Un entorno macroeconómico estable es sólo una de las condiciones del crecimiento y el desarrollo de un país, pero no es automáticamente eficaz en un contexto de instituciones débiles  y mercados altamente regulados que favorecen la corrupción.

    La denominada “productividad del sector público” influye (directa o indirectamente, en las esferas económicas y sociales) en la posición cada vez más competitiva que los países deben mantener en un mundo de mercados globalizados.

    Según el Dr. Martín Krause, autor del Índice de Calidad Institucional, es muy difícil medir la “calidad institucional” de un país ya que se trata de un concepto “cualitativo” y, además, determinado por muy diferentes variables. Existen, no obstante, una serie de indicadores comparativos que nos permiten tener una idea de lo que estamos hablando, los que abarcan una gran cantidad de variables. Pero lo que es claro es que estos indicadores reflejan la posición relativa del país, aspecto fundamental que tienen en cuenta los inversores cuando consideran tomar sus decisiones.

    Como hoy nos concentramos en la primer reforma propuesta, esta es, la desburocratización del Estado,  analizaremos el comportamiento del Doing Business del Banco Mundial, que es parte integrante del mas completo Índice de Calidad Institucional , teniendo como parámetros la mayor o menor facilidad para hacer negocios en Panamá. Tomando en cuenta la media  de acuerdo a los puestos obtenidos en los últimos 15 años (72), hemos caído unos 15 puestos en el ranking, los cuales urge recuperar para que los negocios fluyan, quieran establecerse en el país. Necesitamos muchos más negocios para generar muchos más empleos si queremos llenar el hueco del 20 % de desempleo que prevee el mismo Ministerio de trabajo luego de la Pandemia.

    Los lineamientos básicos para una reforma de este tipo pueden abordarse en dos dimensiones: A) un nivel macro/funcional: particularmente se deben remover o transformar aquellos aspectos normativos que impidan o dificulten el redimensionamiento de los planteles a la nueva estructura ágil y moderna; la reforma de las estructuras orgánico-funcionales; la conformación, fusión o disolución de organismos u empresas estatales, autónomos, descentralizados y/o desconcentrados; y los procedimientos que habiliten la posibilidad de las tercerizaciones. B) un relevamiento normativo de las misiones y funciones y sus alcances, de todos los organismos panameños, y en consecuencia de las superposiciones de competencias y funciones que presenten, tanto dentro de sí mismos como entre los diferentes Ministerios y Organismos autónomos.

    Como resultado de ello, se dispondrá de elementos para eliminar funciones superpuestas o concurrentes; fusiones de organismos y/o departamentos; y  se elimine, en todo o en parte, aquellos que puedan ser tercerizados. Se contará así con un nuevo mapa institucional ultracompetitivo del sector público panameño.

    Uno de los aspectos contemplados en esta propuesta  está constituido por la determinación de las alternativas que se abrirán a los funcionarios como consecuencia de la racionalización administrativa, la reestructuración de las funciones y la privatización de servicios  seleccionados. La adecuada respuesta a la situación planteada supone hacer compatibles las soluciones desde la perspectiva de los funcionarios afectados por el proceso de transformación y desde las necesidades de la Administración de asegurar la eficiente y satisfactoria prestación de los servicios esenciales para su funcionamiento.

    Existen distintos mecanismos a aplicar en el caso de redimensionamiento de personal de una estructura pública. Algunos operan en forma directa como regímenes de retiro voluntario de personal, jubilaciones anticipadas y retiros indemnizados. Otros procuran una salida laboral para el personal. En esta línea se podrían considerar, en general, los planes de capacitación y apoyo para reconversión de acuerdo a las necesidades del sector privado y la apertura de opciones ocupacionales a los funcionarios afectados, en servicios de apoyo que puedan ser externalizados o privatizados.

    El plan de reconversión laboral podría considerar la inserción laboral en el sector privado basada en el desarrollo de incentivos a las empresas que tomen personal proveniente del sector público por efecto de la reforma, ellos pueden ser menores cargas tributarias, pago de una parte del salario por un tiempo determinado, etc  y la generación de empleos alternativos, concebida fundamentalmente como el otorgamiento de subsidios y asistencia técnica para la conformación de micro o pequeños emprendimientos que puedan brindarle productos o servicios en forma privada al propio Estado.

    También se hará necesario , una vez redefinido el rol del estado, que el Presupuesto del mismo sea vigorizado por flujos de participación privada en áreas donde se necesita una administración más eficiente y ágil que pueda adaptarse a las necesidades de los ciudadanos.  Ello contribuirá a la  contención o reducción del gasto público. También se necesitará el establecimiento de determinadas figuras contractuales que permiten la gestión directa o indirecta de los servicios públicos como el agua o corredores, o el fomento de la competencia entre los sectores público y privado, allí donde ambos pueden concurrir  en la oferta de servicios (jubilaciones y pensiones o sistema de salud tipo Bismark). Estas medidas tienen como objetivo evitar o reducir las ineficiencias asignadas tradicionalmente a la burocratizada gestión de la Administración Pública.

    Por último, pero no menos importante, es necesario realizar una reingeniería de procesos tendiente a simplificar y agilizar los mismos en aras de hacerlos cónsonos con tecnologías  apropiadas y teniendo como eje al ciudadano. Es importante entender este último punto: si se aplica tecnología o se pretende que por poner trámites online es modernizar el estado, el error es fatal, dado que sólo se está profesionalizando o tecnologizando la burocracia, pero no se la disminuye o elimina donde sea posible.

    Concluyendo, si no comenzamos ya mismo la desburocratización del estado, no sólo no se podrá reducir el déficit fiscal que se disparará por el Covid-19, sino que peligrará cualquier calificación del país a futuro, haciendo cada vez más difícil la competitividad jurisdiccional. Si no logramos hacer competitivo al país, la inversión, local e internacional, votará  yéndose a otros países o no llegando, con la consecuente pérdida de empleos o de generación de ellos. Hay que generar señales que iremos en este sentido, que haremos una reforma que nos permita mejorar sino regresar, a los indicadores que supo ostentar Panamá.

    Me dicen que no es viable políticamente, a lo que contesto con dos respuestas. La primera, si se ha logrado el lockdown sin resistencia, el argumento de que no es viable, simplemente es inviable. Y la segunda respuesta es que es lo correcto. Y lo correcto no lo es porque muchos lo digan, o aplaudan o condenen por Twitter; es porque es lo correcto, aún cuando sea asumido en soledad.

  • Senderos de libertad

    Una realidad perturbadora es que los movimientos liberadores siempre han sido, son y serán movimientos minoritarios. Más siniestro y preocupante es que la ideología democrática, entendida y aplicada llanamente como una mayoría de votos, vienen preñada por el mal de la dictadura de las mayorías. Es así ya que, como dije al inicio, si sólo una minoría logra buena comprensión acerca de las responsabilidades implícitas en un verdadero proceso liberador, una dictadura de mayorías termina usando el sufragio como herramienta para satisfacer apetitos desbocados y subyugar a las minorías.

    Sólo a manera de ejemplo, en Panamá y otros países vemos que las mayorías exigen que sus gobiernos se constituyan en maquinarias de subsidios supuestamente benefactores. Poco o de nada sirve que a través de toda la historia humana semejantes sistemas terminen en monumentales fracasos económicos y sociales. Para ponerlo en un contexto más fácil de asimilar, es como darle a un salón de niños todas las golosinas que pidan, sin contrapesos. Semejante anarquía concedida o permitida a imberbes terminará en desgracia.

    La realidad objetiva del mundo es que el mismo no produce una mayoría de personas dotadas del entendimiento y de la voluntad de estudiar, perseguir y trabajar de manera sostenida en defensa de los derechos fundamentales connaturales del ser humano.

    Parte del problema o de la carencia de mística libertadora tiene que ver con las limitaciones de comunicación humana. Sin embargo, en estos momentos nos encontramos en la antesala de la singularidad; es decir, de un momento de inflexión que nos trasladará a una nueva dimensión de comunicación que, a su vez, se traduce en conocimiento y desarrollos tecnológicos. Como bien lo visualizaban personajes tales como Teilhard de Chardin, la nueva era del conocimiento o “noosfera”; que sucede a la biósfera (etapa biológica), que a su vez sucedió a la etapa de la litosfera (etapa mineral) planetaria. Así, vemos que el ser humano surge de los minerales de la tierra que le permiten la transformación biológica; luego de lo cuan estamos pasando a la nueva etapa del conocimiento o noosfera.

    Una de las características del conocimiento es la de una comunicación más ágil, que permea y permite un entendimiento comúnmente sin intermediaciones. Esta realidad ya emerge en la sociedad, en la cual va produciendo cambios fenomenales que muy pocos advierten. Como bien lo ilustró el presidente del Salvador en su presentación ante el consejo de las UN, quien al inicio se tomó un selfie ante el asombro de todos; luego de lo cual anunció o sentenció que la distribución cibernética del selfie lograría ser visto por una audiencia inmensamente superior a la que vería la filmación de una conferencia de la UN, llevada a cabo con costos alucinantes.

    Pero mucho más allá, la noosfera permitir una evolución liberal o libertadora al dar bypass a las restricciones impuestas por los conmutadores del conocimiento. Me refiero a todos esas instancias de intermediación entre humanos, que tiende a demorar y hasta trastocar las realidades. Son esos diarios de papel que terminan siendo usados como envolturas o elementos de limpieza.

    Sin embargo, la evolución tecnológica de la comunicación, así como todos los descubrimientos tecnológicos en general, van produciendo otros cambios contundentes que igual tienen que ver con el bypass a interruptores. En tal sentido tenemos los monopolios del licenciamiento gubernamental, los cuales perderán todo sentido ante una comunicación que no requiere intermediación. Es el caso de esos diplomas que sólo servirán como adornos en las paredes.

    Y aún más allá, el mismo comercio fluirá entre quienes comercian sin detenerse en estancos aposentos de intermediación política. Y los políticos se irán a pastar junto a las carretas y esos caballos que alguna vez derramaron estiércoles en las vías de comunicación vial.

    La naturaleza que nos fue legada en la Creación es, en su esencia, liberadora. Hemos recibido un don de albedrío que dada nuestra imperfección hemos abusado; pero, sin ello no podríamos viajar a las estrellas y heredar el mismo Universo.