Etiqueta: exceso de gobierno

  • A más gobierno más pobreza

    Dudo que podría excederme en mi constante criticar no sólo el desbocado poder gubernamental sino el desbocado tamaño de megalodón gubernamental. Y ¡ojo!, que no uso el término “estatal”, ya que estado, supuestamente somos todos y gobierno son los supuestos «servidores públicos», esos que poco sirven. El asunto está en ¿por qué no sirven? Y, la respuesta ya la di: porque se han o nos hemos excedido no sólo en el tamaño del aparato de gobierno sino en los encargos que le hemos o se han dado.

    Lo cierto es que, desde el momento en que una población permite el desbocamiento de su gobierno, dicha población está en problemas; ya que el aparato gubernamental es como un león glotón, que mientras más le das más quiere. Pero, no sólo eso, sino que dicho organismo estatal se va transformando y mutando en un monstruo que ya no sirve el interés de su gente, sino que sólo se enfoca en satisfacer su insaciable apetito.

    El elemento clave en todo esto es lograr que sean los ciudadanos, en su persona, en su familia, en el barrio y así, quienes atiendan y resuelvan sus vidas. ¡A cosas que jamás se delegan! La constitución la hace la gente, y le delega el cumplimiento de ello al gobierno. Pero, si, de salida, la constitución está mal constituida, allí comienza el problema. O peor, cuando una constitución, tal como la panameña, es tan torcida que instituye una absurda discrecionalidad a una abusadora clase política.

    Cuando hablamos del “mercado” estamos hablando de la relación entre ciudadanos, en dónde el poder estatal juega el papel mediador y no de ejecutor. Pero, cuando el gobierno pasa árbitro a jugador, se pone en marcha un proceso fatal; el proceso de juez y parte, permitiendo que el juez se quede con la mejor parte.

    Hay variedad de casos que ilustran el problema; tal como aquello del COVID o el Cambio Climático, que son como tantos males que, o no son tal como los pintan, o se curan con reposo y sopita de caldo de pollo; pero, ¡jamás con lobotomía!

    Cuando, como ocurre en Panamá, quien paga coima es quien se lleva la chuleta, entonces todo el mercado se prostituye. Me consta, ya que nuestra empresa perdió contratos ganados en licitación porque no “pagó”.

    Y ¡por supuesto! que los que menos tienen son los que más ilusión tienen de “¿qué hay para mí?” Es como el caso de los comederos para pájaros y tal, en dónde ya nadie trabaja en producir sino en ver qué “autoridad” es la que más promete dar lo que no le pertenece. Por algo en los años desde el COVID en nuestro patio son pocas las nuevas empresas que han sido creadas; sólo la informalidad y las botellas y garrafones.

    Desde 1751 ya personajes como el marqués d’Argenson habló del “laissez-faire”, que traduce “dejar hacer”. Tristísimo que luego de 271 años aún no veamos que dar al gobierno lo que es del gobierno y al pueblo lo que es del pueblo. En fin, los subsidios sirven, más que nada, para beneficiar a los politicastros y no a la población que, a la larga, sale perdiendo; ya que la verdadera riqueza es aquella que emana de la producción y no de la repartidera.

    Por otro lado, los precios deben obedecer o reflejar la realidad del mercado y no la codicia de los politiqueros. ¿Qué es más urgente, el aumento de salarios impuesto por agremiados o el logro de mayor empelo? Y, los bonos gubernamentales son un mecanismo destructor de la productividad y la riqueza. No es fácil de entender, pero es la realidad. En fin, sin una reducción del malgasto gubernamental, no hay salida.

  • Lo Peor Para Luchar Contra la Pobreza son los Gobiernos

    ¿Y por qué es que los gobiernos son chambones luchando contra la pobreza? Pues, por la misma razón que un martillo no sirve para limpiar cristales. Simplemente el 99.9% de la población no tiene la menor idea de qué es un gobierno ni para qué es. Usamos a los gobiernos para todo y muy poco para lo que suponen ser. La mejor analogía para explicar para qué son los gobiernos del estado la podemos encontrar con los árbitros del futbol que están allí para asegurar que la contienda se realice en regla y no para andar pateando balones. Pero ¿es eso lo que vienen haciendo y hacen nuestros gobiernos? ¡Nop! Nuestros gobiernos han venido dedicándose a patear los balones.

    Es raro ver un funcionario gubernamental que haya sido buen empresario; es decir, que sepa administrar bien; pero tristemente en Panamá les hemos delegado la administración del país. Una cosa es cuidar que no se den trampas en el partido y otra muy diferente es ser jugador en el partido.

    En corto, los gobiernos no son para hacer sino para ver que se haga sin trampas; pero, si el que hace o participa en la trampa son los árbitros ¿entonces quien les pone el cascabel a esos gatos?

    Los gringos, para hacer el Canal, tuvieron que limpiar la ciudad, pavimentar las calles, poner agua potable y sistemas sanitarios, electricidad y otras más. Y, a todo ello, los panameños nos acostumbramos a ello. Luego, cuando se fueron, todo ello pasó a manos de los árbitros del partido, eehh, digo, a los gobiernos. Llegó un presidente que más o menos privatizó; pero fue sólo a medias y los árbitros siguieron controlando los negocios del estado y en adelante, como accionistas, comenzaron a recibir dividendos. ¡Y claro!, ni modo que se harían inversiones en redes eléctricas caducas, pues ello reduciría sus dividendos.

    ¿Crees que educar es gobernar? ¿No te has dado cuenta el grado de incapacidad del MEDUCA? Luego pretendemos encargar a los gobiernos la solución de la pobreza. La pobreza es el estado natural en este mundo; y no ha sido hasta hace muy poco que la humanidad comenzó a disminuir la cantidad de pobres. Los humanos no nacemos en riqueza; la riqueza hay que crearla con ingenio, trabajo y dedicación honesta; algo sobre lo cual no entienden o les importa a los árbitros que han vendido pateando balones y robando goles. Ahora, le tiramos el jaleo a un presidente que busca mejorar; pero muchos grupos amenazan con cierres de calles. Absurdo pensar que con ello se resolverá el enredo de la CSS.

    Dos cosas únicas marcaron el cambio hacia una nueva condición humana: Una fue la Revolución Industrial y la división del trabajo; la otra fue el nacimiento de los EE.UU. con una constitución de apenas 7 artículos, creando un gobierno limitado. Lástima que eso se ha ido perdiendo cuando allá, acá y por todos lados la gente pide más árbitros que pateen balones; con pancartas que leen: “Exigimos que el gobierno venga a resolver nuestros problemas.”

    Casi nadie sabe para qué son y para qué sirven o no los gobiernos. ¿Para qué son los “cupos” para taxi, que cuestan $10, pero los “reparten” para luego ser vendidos por miles de coimas que luego se parten y reparten. O sea, la ATTT es y ha sido una entidad mafiosa que el único tránsito que mejora es el tránsito de la corrupción.

    El inmenso reto en adelante está en darnos cuenta para qué son y no son los gobiernos. Lo triste es que hemos dejado que pervertidos políticos los hayan estado usando para el pillaje y ahora cambiar eso no será nada fácil.

  • La Crítica de Hayek al Gobierno Ilimitado y la Planificación Centralizada

    Friedrich Hayek, uno de los economistas y filósofos políticos más influyentes del siglo XX, es conocido por sus firmes críticas al poder gubernamental ilimitado y la planificación centralizada. Sus ideas, profundamente arraigadas en el liberalismo clásico, abogan por la limitación del poder estatal para proteger la libertad individual y la eficiencia económica. Esta visión se articula claramente en su afirmación de que «El principal mal es el gobierno ilimitado… nadie es apto para ejercer un poder ilimitado».

    El Problema del Poder Ilimitado

    Hayek sostenía que el poder ilimitado en manos del gobierno es inherentemente peligroso. Argumentaba que ninguna persona o grupo de personas es lo suficientemente sabio, justo o informado para manejar tal poder sin cometer abusos o errores. La concentración de poder tiende a corromper y lleva a la toma de decisiones arbitrarias, lo que puede resultar en la violación de los derechos individuales y la erosión de la libertad personal.

    Este argumento se basa en la desconfianza de Hayek hacia la capacidad humana para ejercer un juicio infalible y justo cuando se le otorga un control absoluto. La historia ha demostrado que los gobiernos con poderes ilimitados a menudo caen en el autoritarismo, la represión y la corrupción. Para Hayek, la solución a este problema es limitar estrictamente el alcance del poder gubernamental, asegurando que esté siempre sujeto a controles y equilibrios que protejan la libertad individual.

    El Conocimiento y la Planificación Centralizada

    Una de las contribuciones más significativas de Hayek al pensamiento económico es su teoría sobre la dispersión del conocimiento. Hayek argumentaba que el conocimiento relevante para la toma de decisiones económicas y sociales está disperso entre millones de individuos. Este conocimiento incluye información sobre recursos, necesidades, preferencias y circunstancias locales que no puede ser completamente conocido o comprendido por una autoridad central.

    La planificación centralizada, según Hayek, es inherentemente ineficaz porque intenta imponer decisiones desde una autoridad central que carece de acceso a toda esta información dispersa. Los planificadores centrales, al no poder incorporar todo el conocimiento local y específico, tienden a cometer errores y a tomar decisiones subóptimas. Esto contrasta con un sistema de mercado libre, donde los individuos toman decisiones descentralizadas basadas en su propio conocimiento y circunstancias particulares, lo que conduce a una mayor eficiencia y adaptación a las necesidades reales de la sociedad.

     Gobierno Limitado y Sociedad Libre

    Para Hayek, la combinación de un gobierno limitado y una economía de mercado es esencial para una sociedad libre y próspera. Limitar el poder del gobierno no solo protege contra los abusos de poder, sino que también permite que el conocimiento disperso se utilice de manera efectiva a través del proceso de mercado. En este sistema, los precios actúan como señales que coordinan las decisiones de millones de individuos, reflejando la información dispersa y ajustándose dinámicamente a las cambiantes circunstancias.

    La visión de Hayek subraya la importancia de la libertad individual y la descentralización en la creación de una sociedad que respete la dignidad humana y promueva el bienestar general. Al abogar por un gobierno limitado, Hayek no rechazaba la necesidad de un estado, sino que insistía en que su papel debía ser claramente definido y restringido para evitar la concentración de poder y preservar la libertad.

    Las ideas de Hayek sobre el gobierno ilimitado y la planificación centralizada destacan los peligros de concentrar el poder y la importancia de aprovechar el conocimiento disperso a través de un sistema de mercado libre. Estas ideas continúan siendo relevantes en el debate contemporáneo sobre el papel del estado y la organización económica de la sociedad.

  • El gobierno como manantial de pobreza

    ¿Qué entiendes por  “gobierno”? Pregunto ya que pocos parecen saber lo que es el gobierno o gobernar; lo cual nos lleva a dejarnos manipular por pérfidos gobernantes. RAE dice que “gobierno” es: “Acción y efecto de gobernar y gobernar es: “Mandar con autoridad o regir algo; y que “mandar” es ordenar. En fin, mientras más busca más me enredo. ¿Verdaderamente queremos ser mandados, regidos, ordenados; o, ¿tal vez saqueados?, que parece ser mejor definición de lo que hacen nuestros gobiernos y gobernantes.

    En fin, ¿qué rayos es el gobierno, que es gobernar y para que queremos gobiernos y gobernantes?

    El ser humano, que es persona, es, ante todo, un ser social, que vive asociado a otros seres humanos, no sólo con fines reproductivos sino de seguridad y prosperidad. Así, vemos que lo prioritario es la seguridad de nuestras vidas, que son propiamente propiedad nuestra. Pero la vida no se puede mantener sin movilidad y labranza, facultades que nos permiten tomar cosas naturales, tal como aire, agua, alimentos y más, transforándolas para acopiar o lograr mejor función en nuestras vidas. Así, apropiadas las cosas del entorno, sin violar lo propio de otras personas, las cosas pasan a ser de nuestra propiedad; vale decir, nos pertenecen, tal como como la misma vida nos pertenece y tenemos el derecho de defender nuestras vidas y pertenencias de quienes, en vez de obtenerlas por la vía del acuerdo pacífico y voluntario, eligen obtenerlas por la vía violenta y confiscatoria.

    Determinados los derechos a lo que es propio de cada persona, debemos considerar las mejores formas de defender esos derechos, y en ello entramos a considerar al estado y sus gobiernos. Pero relativo a la conducción social no está sólo en juego la propiedad sino los medios que, de una u otra forma, facilitan las actividades de apropiación de bienes y servicios; tales como las leyes, los ejércitos, las carreteras, correo, bomberos, la moneda y más. Es entonces que debemos considerar y deliberar en cuanto a la viabilidad e importancia tanto del estado como de sus gobiernos, considerando sus funciones y el alcance o limitaciones de dichas funciones.

    Y he aquí el momento de aclarar que “estado” y “gobierno” no son sinónimos, no son lo mismo sino cosas muy diferentes. El “estado” es la organización de los medios políticos de una nación y, sin embargo, los gobiernos electos no representan a la mayoría del pueblo y por tanto no son el pueblo. Por su parte, los gobiernos del estado son organizaciones políticas que intentan lograr el monopolio del uso de la fuerza y la violencia, y que lo hace de forma confiscatoria, y coercitiva impositiva. Visto así, es eminente que el estado y sus gobiernos deben ser limitados en constitución y de hecho en acción.

    También debemos ver que los gobiernos del estado no son la única forma o herramienta para lograr los propósitos sociales; y, como ejemplo, podemos considerar que la seguridad policial no corresponde únicamente a los gobiernos sino que pueden ser privadas, tal como de hecho en muchos casos lo son, y con mayor efectividad que los organismos centralizados de policía; los cuales se prestan para monopolizar poderes políticos y tal; vale decir, el monopolio del uso de la violencia de grupos entronizados en el poder central, que ha sido en la historia la mayor de todas las inseguridades sociales.

    Entonces, debía quedar muy claro que en Panamá el poder estatal, vertido en sus gobiernos, ha sido utilizado como herramienta de control, abuso y violación de los derechos generales de propiedad y sociedad.

    Pero, lo que no vemos es que en el mundo que ya se nos viene como avalancha, los mercados están logrando su propia libertad por la vía científica, tecnológica e informativa y quienes no lo adviertan están condenados al sepulcro de la caducidad y el fracaso.

  • Cómo nos empobrece el estado según Guy Sorman

    El artículo de Guy Sorman, «Así nos empobrece el Estado», publicado en ABC, ofrece una crítica incisiva sobre el estancamiento económico en Europa y Estados Unidos, respaldada por datos concretos y comparaciones entre regiones. Sorman comienza citando a Winston Churchill, quien afirmaba que las estadísticas eran una forma elaborada de mentir, insinuando así la manipulación de datos por parte de los gobiernos para respaldar sus decisiones. Destaca la importancia de utilizar series temporales consistentes para realizar comparaciones significativas a lo largo del tiempo.

    El autor hace referencia al ‘Economics Observatory’, que ha publicado un cuadro comparativo de la renta per cápita en los últimos diez años, contrastando específicamente Europa y Estados Unidos. Señala que, mientras la renta per cápita en Europa Occidental ha experimentado un crecimiento prácticamente nulo del 1% anual, países como España y Portugal se benefician ligeramente del turismo, mientras que Europa del Este, particularmente Polonia, ha experimentado un crecimiento per cápita del 4% anual. Por otro lado, Estados Unidos ha mantenido un crecimiento promedio del 2.4% anual, reflejando su liderazgo en innovación y libertad empresarial.

    Sorman plantea interrogantes sobre las razones detrás de este desfase económico entre Europa y Estados Unidos. Atribuye parte de esta disparidad a la preferencia europea por la solidaridad colectiva sobre el éxito individual, lo que se refleja en las políticas de «redistribución de la riqueza». Además, destaca la influencia de la agenda ambiental en el estancamiento económico europeo, señalando que el costo de las políticas ambientales recae en los ingresos personales de los ciudadanos.

    El autor propone reflexionar sobre la eficacia y gestión de estas políticas de redistribución y medio ambiente, y cuestiona si se están tomando en consideración adecuadamente las opiniones y preocupaciones de los ciudadanos. Critica la imposición de estas políticas por parte de élites y tecnocracias, sin un examen crítico de su eficacia económica y social.

    Además, destaca la creciente resistencia contra estas políticas, evidenciada por movimientos antiinmigración y protestas agrícolas en Europa. Sorman concluye instando a una mayor participación ciudadana en la formulación de políticas y a un nuevo equilibrio entre la supuesta salvación del planeta y la exigencia de remuneración por el esfuerzo en el trabajo.

    En resumen, el análisis de Sorman ofrece una visión crítica y provocadora sobre el papel del Estado en la economía y la sociedad, destacando la importancia de considerar las implicaciones económicas y sociales de las políticas gubernamentales intervencionistas. Su análisis exhaustivo proporciona una base sólida para el debate sobre el futuro de la economía y el bienestar social en Europa y Estados Unidos. Con una reflexión más amplia sobre las implicaciones de las políticas estatales, se puede fomentar un diálogo más informado y una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones políticas, puede evitar lo que empobrece el estado, a las personas y sus negocios . Es fundamental que los gobiernos escuchen las preocupaciones y necesidades de sus ciudadanos y busquen un equilibrio entre la solidaridad social que pretenden implementar y el dejar fluir al emprendimiento y la innovación. En definitiva, el texto de Sorman invita a una reflexión profunda sobre el rol del Estado en la sociedad contemporánea.

  • Informalidad, la otra cara de la moneda

    El periodista de La Prensa Rekha Chandiramani saca un interesante artículo intitulado “Informalidad ¿cómo vencerla?, y, como toda moneda tiene dos caras, a ver qué les parece el dorso de la que bien nos trae Chandiramani😊, quien basa su escrito en un análisis del Centro Nacional de Competitividad (CNC).

    La primera pregunta que se me vino a mente cuando leí el interesante artículo de Chandiramani fue: ¿Es mala la informalidad?
    No es malo querer proteger al trabajador; lo malo está en el pugilato entre los adulterados intereses de la politiquería y los auténticos intereses y necesidades de los trabajadores y… los emprendedores; pues no debemos ignorar que no todos los “informales” son “trabajadores”, en el sentido callejero del término. En fin ¿cómo hemos de llamar al trabajador que labora por cuenta propia?

    ¿De verás que nuestras autoridades gubernamentales laborales no entienden que el intervencionismo central tiene consecuencias no previstas y muy indeseables?, tales como: 1) Aumentar el salario mínimo vía la ley crea desempleo entre los trabajadores marginales; 2) que las políticas de protección feminista inducen a las empresas a contratar menos mujeres; 3) que las leyes de protección laboral son el motor de la AI y la robotización; etc.?

    Otro elemento que es vital en todo emprendimiento en todos los sectores, sean empresariales o los llamados “laborales”, es la capacidad de ajuste o flexibilidad para enfrentar los cambios que pocos prevén y no son fáciles de ajustarse a ellos. La experiencia que hoy tantos desconocen y los viejos olvidan fue que durante la Gran Depresión las normas de protección laboral fueron las culpables de aumentar y prolongarla.

    En los EE.UU. y ahora en Latinoamérica hemos ido creando la Bable de llamar “liberalismo” al antiliberalismo, neoliberalismo o socialismo. Tales fueron las llamadas privatizaciones que al tomar monopolios gubernamentales y transformarlos en monopolios medio privados; fórmula perfecta para crear billonarios. El caso de Venezuela ilustra en grande, cuando vemos un gobierno “democrático” en dónde no hay libertad.

    Típico son normas laborales y demás programas gubernamentales antipobreza que no pasan de ser el curandero estatal dando tratamiento a los desordenes que él mismo conjuró. La vida trae sus propios desórdenes y desafíos y, tristísimo es ver que nuestras “autoridades” en vez de tirar salvavidas lo que hacen es aventar anclas normativas.

    ¿Qué sería una persona con título de “autoridad gubernamental” sin un programa tipo conjuro que aduce eliminar o mitigar la pobreza? Luego de la Invasión, vimos al gobierno de Endara gastando millones para reconstruir los guetos destruidos pues ¿qué sería de los pobres políticos sin pobres clamando asistencia gubernamental? Guetos de los cuales es casi imposible fugarse.

    Fuimos dotados en Creación con la capacidad de resolver nuestros problemas dado que sentarse a esperar que tío político los resuelva es… mejor ni lo digo. Lo que sí digo es que tantos problemas, cada uno muy particular, no pueden ser resueltos desde el Palacio de las Garzas o, mejor dicho, el Palacio de los Gallotes Políticos.

    Las normativas típicamente están diseñadas para crear pobreza y dependencia; lo cual me consta luego de 14 años como funcionario y dos veces director de una institución gubernamental; ambas veces despedido por no permitir la robadera.

    ¿Cuándo aprenderemos que la economía nace, crece y vive entre la población y no entre los gallotes carroñeros políticos? ¿De dónde crees que nacen los mercados negros si no es de las normativas negras?; tal como la de salarios mínimos y control de precios.

    ¿Cómo es que hoy día sale más económico viajar en Uber que en los taxis amarillos? Pues, porque los Uber y tal no están tan regulados o controlados por la mafia del transitar. El “cupo” cuesta muy poco, pero la coima miles. ¿Qué son los conductores de taxi, trabajadores o empresarios? “Ni uno ni el otro sino todo lo contrario”.

    ¿Qué es la informalidad? Es no vivir en jaulas de zorros. ¿Somos tan ciegos que no vemos que mientras más pobre es la gente más necesitan la informalidad? Que para sobrevivir en la “formalidad” se requiere ser: Houdini, coimero o genio.

  • Plan económico Panamá, ninguno

    En el título de este escrito digo que Panamá no tiene plan económico, basado en que debía ser más que obvio. Obvio porque desde el mismo instante en que un gobierno hace metástasis hacia el gigantismo, está demostrando con toda claridad que su plan es politiquero; que no tiene nada que ver con economía y… podía dejar allí este artículo, pero vayamos un poco más allá.

    Entrémosle al tema por el lado de lo que es economía, término, tristemente, poco conocido. Los griegos le llamaban “oikos” a la casa, y “nemo” a quien la administraba; de dónde salió el vocablo “okomos” o administrador de la casa. Visto así, debía ser obvio que la economía concierne a los asuntos del hogar y no de la ciudad; dado que la característica distintiva y esencial del ser humano es el concepto de la acción o acción humana; vale decir, lo que hacemos para sobrevivir en un mundo de escasez, o como me gusta decirlo: “cómo poner la paila con lo poco que nos entra”.

    De lo señalado salta o debe saltar a la mente que toda acción humana económica debe estar preñada de propósito. Así, cuando vamos al súper o al chinito, nuestro actuar o comprar está, como dije, preñado de propósito o, propósito económico; vale decir, de economizar. Y en el vocablo “economizar” o “economía” va el otro elemento vital de todo esto; que estamos hablando de ser ahorrativos, selectivos, eficientes en el uso del recurso pecuniario del que disponemos. Visto así… ¿es eso lo que hacen nuestros desgobiernos?

    Todo lo anterior nos debía conducir por un nuevo derrotero o idea de lo que es o debe ser un gobierno o un gobernar; veamos. La función básica y primordial de un gobierno no es económica; dado que la economía se refiere a los asuntos de la casa y de la persona y no de todo el país. La gobernanza debe estar enfocada en promover la libertad de pensamiento, palabra, tránsito y propiedad. ¡Pongan atención!, que en lo señalado no hay nada sobre economizar; a no ser que sea en el actuar del gobierno en las funciones señaladas. Y vuelvo a la carga: ¿Es eso lo que hacen nuestros desgobiernos?

    Como bien lo señaló Murray N. Rothbard en su obra “Man, Economy, and Sate” (El hombre, la economía y el estado): Lo que debemos descubrir acerca de la acción humana es que la misma sólo le es propia a la persona o individuo. Quien puede ahorrar son los ciudadanos. Los grupos, es decir, el estado o sus gobiernos, no pueden economizar por los ciudadanos. Otra cosa es el despilfarro gubernamental; y… ni hablar del pillaje.

    En resumen, la acción humana económica está referida a la persona y los propósitos de cada quien; ya que la acción implica una imagen de un fin que se persigue y ¡vaya usted a ver si los diputados y tal tienen el fin de cada ciudadano en su mente! Pedirles a los políticos y, particularmente a los torcidos, que se encarguen de lo económico es de tontos.

    Si los gobiernos y sus “autoridades” y funcionarios no puede siquiera cumplir con los encargos básicos de vida, libertades, tal como las de tránsito, cosa que hemos visto en estos días, y propiedad, ¿para qué les vamos a dejar que se encarguen de nuestra economía; es decir, que se birlen los dineros de sector productivo para hacer fiesta con lo ajeno. ¡Por favor!

  • Nuestro enemigo el gobierno

    Los organismos estatales, es decir, los gobiernos del estado, no son empresas cuyo éxito económico depende de la calidad y del precio del producto que venden, sino de los engaños que pregonan y de su capacidad de robar al segmento productivo de la población. Y no sólo se trata de falsas promesas sino de su capacidad de adoctrinar a una crédula población. Visto así, bien puedo concluir que el gobierno, los gobiernos, desde el momento que rebasan sus funciones y debida dimensión, se vuelven organismos mafiosos que viven del pillaje de la población a la cual dicen servir; es decir, son organismos parasitarios.

    Lo peor es que como los mafiosos gubernamentales saben que su período es corto, estos se esmeran por los grandes y desmedidos proyectos de los cuales pueden sacar tajadas más grandotas; tal como es el caso del Metro de Panamá que es un mamotreto y fiel representación del desgobierno. A ver si me explico.

    La ciudad de Panamá bien podía, a una fracción del costo, resolver sus necesidades de transporte urbano con un auténtico sistema de metrobus, tal como lo hizo Bogotá y no con el mamotreto de Mi Bus que falsamente llaman “metrobus”.

    En USA al metrobus le apodan BRT, o “bus rapid transit”, que traduce a ‘transporte rápido por bus’. Es lo que también llaman un “metro de superficie”, dado que tiene todas las características de un metro soterrado: vías dedicadas, estaciones fijas, boletería por adelantado, horario, capacidad de dar servicio a casi toda la ciudad, etc.; todo lo cual se traduce en transporte rápido con buses. ¿Es eso lo que nos dieron con el Metro y Mi Bus?

    Lo señalado es apenas un atisbo al mamotreto empobrecedor que son nuestras instituciones gubernamentales. Es más, dudo haya una sola autoridad de gobierno en Panamá que sepa lo que es gobernar. Y, si la hay, la excepción confirma la regla.

    Es imposible advertir y entender el sistema feudal que padecemos en Panamá si no sabemos para qué es un gobierno. Ciertamente que los gobiernos no deber gallineros para alimentar zorros. Uno de los que bien lo sintetiza es el candidato a presidente de Argentina Javier Milei: La función gubernamental es velar por la libertad de la persona y de su propiedad. ¡Meto!, pero muy pocos saben lo que es propio de la persona humana.

    En cuanto al sistema empresarial, en buena o gran medida, es parte de la trama de corrupción; ya que quien no entra en la jugada lo aplastan. Y a los que se someten les permiten participar de los banquetes de arroz con pollo. Esta tendencia de dominación no sólo existe en los países sino que ha emigrado a los organismos de política internacional que buscan conformar un estado mundial o gobernación mundial.

    Decir que en Panamá practicamos el capitalismo es ignorancia o embuste. El capital no prospera en gallineros de dónde los zorros alimentan a las gallinas para luego engullírselas. En un sistema capitalista los servicios de agua, luz, escuela, seguridad social, transporte y mucho más no lo manejan los zorros de gallinero sino los ciudadanos a través del mercado.

    Menos mal que ya asoma un destello de luz al final del sombrío túnel de la corrupción centralizada. Ya, ante la magnitud del descaro de corrupción gubernamental la dormida población comienza a despertar; aunque todavía falta mucho por aprender antes de que logremos la capacidad de mudarnos a un sistema de verdadera libertad ciudadana; en la cual cada persona, familia, barrio, ciudad, aprenda a caminar su propio camino y no el camino de los zorros del gallinero.

  • Las malas políticas y costumbres afectan a los más vulnerables

    La inmensa tentación de los políticos y, en particular, de los politicastros, es la de sucumbir a la tentación no sólo de complacer al votante que pide lo que daña y no le conviene, sino a la tentación de convertirse, a través de sus políticas, en agentes de la prestación de su pueblo. Es parecido al padre que da al hijo malcriado cosas que no le convienen.

    El otro factor agrio del debate político es el promover políticas o modelos que se originan en las vísceras y no en el cerebro. Y, ni entremos a ver como los neosocialistas tuercen el significado de las palabras para confundir. Divide y vencerás. O peor, destruye y vencerás.

    Por ejemplo, si abordamos el tema del precio de los alimentos, también debemos abordar otros elementos, tales como la producción, distribución y venta de estos. La mayor parte de lo que comemos viene de afuera y se advierte que habrá seria escasez, debido a Ucrania, el combustible, fertilizantes y tal. Pero, lo triste de ello es que la escasez no será, necesariamente, a una falta tecnológica sino a otros factores más elusivos; tales como las malas costumbres alimenticias y gubernamentales.

    Veamos un solo ejemplo, ocurrido en Venezuela, en donde a puerto llegaron barcos cargados de comida y la misma se pudrió en los contenedores debido a una desorganización en sus procesos y corrupción.

    Si lo que he venido vaticinando hace muchos años es cierto, que nuestros gobiernos comen tanto que se han vuelto maquinarias obesas e inservibles, entonces por allí va el mal. Lo malo y difícil es que bajar de peso no es nada fácil; ya sea en nuestros cuerpos o el de grasosos gobiernos.

    Un buen ejemplo de ello es nuestro hábito de comer cantidad de arroz y pocas frutas y vegetales. Los resultados de esas malas costumbres las vemos caminando por todas nuestras calles. Si tuviésemos más consumo de buenos alimentos, lograríamos más producción y menores precios; y, de ñapa, mejor salud y menos costos hospitalarios y de medicamentos.

    Por otro lado, la comida es una forma de energía; es el combustible que requiere nuestro cuerpo para andar, lo cual trae al tapete el tema de nuestras políticas energéticas. ¿Están estas en las mesas de diálogo?

    O está la terrible costumbre de politicastros de vilipendiar al empresario y al empresarialismo… el mejor ejemplo es ese “no a la privatización” que está en boca de la mayoría de nuestro pueblo. ¿¡De veras!? Si no crees en el emprendimiento ¿en qué crees? Si no lo sabes te lo soplo: la aspiración de muchos es ser funcionarios públicos o… receptores de subsidios. No sólo los politicastros han vendido estas ñamerías, sino los gobiernos a través del MEDUCA; ese que NODUCA.

    En resumen y, como dice el proverbio chino: “en cada crisis hay oportunidades”. Hoy, en medio del alboroto, se nos está presentado la oportunidad de cambiar malos caminos; oportunidad que surge, gracias a que ¡por fin!, estamos comenzando a despertar. El gran reto es el de aprender a pensar desde el órgano de arriba y no el de abajo.