Etiqueta: función del gobierno

  • Los productores de mendicidad

    La mendicidad es la acción de mendingar y quienes se dedican a producir mendigos son los gobernantes ineficientes y deshonesto o que siguen fines no loables. Pero… ¿cómo es que los malos gobernantes promueven el comportamiento mendaz? Lo promueven metiendo al gobierno en todo lo que no corresponde a una buena gobernanza. Han acostumbrado a la población a creer que todas las cosas que hacen nuestros gobiernos son propias de la gobernanza. Mendigos son los que viven a costillas de otros, aportando poco a nada a cambio. Pedir a los politicastros que provean… eeeh… de todo: trabajo, jamones, salarios mínimos, vivienda, salud, seguridad social, días libres, carnavales, ¡agua, agua!, descuentos, transporte, y tal vez el novio o la novia, es mendicidad.

    Y ¡por supuesto! que los burrócratas gubernamentales se desviven por crear una burrocracia o regalierno que promueve pedigüeños que pagan con votos. Entre las perversidades que todo ello promueve está el arrebatar al productivo para dar al improductivo y, de paso, van dañando la actividad empresarial de la cual todos dependemos.

    Visto así, los impuestos se convierten en un régimen de caridad compulsoria; aunque, si le dices a funcionarios y otros que reciben gracias del gobierno, que son mendaces, seguro se disgustarán; más que nada debido a que el regalierno se ha convertido en práctica común, a punto que ha llegado a ser cosa “normal”. O peor, que tienen ‘derecho’ a que les den. Que el empresario es un privilegiado que debe ser esquilmado para mantener a los mendaces consuetudinarios.

    En otras palabras, nuestros gobiernos se han convertido en maquinarias que producen mendicidad, a punto que la misma se convierte en potable; o “normal”. Como ya podrá ver quien quiere ver, estamos ante una dicotomía moral; en dónde se desalienta al productivo y promueve al parásito. Y peor aún es que todo ello va produciendo más y más mendigos que respaldan a los politicastros.

    ¿Cuántos panameños cuestionan o ven mal la mayoría de las actividades en que están metidos los gobiernos desde los servicios de agua hasta la repartición de jamones?

    A todo eso y por otro lado, si nos fijamos, veremos que toda la mala práctica señalada tiene otros efectos colaterales perversos; tal es el caso de que la buena caridad, esa que es personal y no politiquera, promueve la productividad, mientras que la mala caridad centralista tiene efectos nefastos en la productividad y el bienestar del país.

    Aunque no lo sepan, la mayoría de los panameños son empresarios que por naturaleza humana son caritativos con su prójimo; es decir, con quienes conoce porque están “próximos” a ellos y viven sus penurias. La destrucción de está verdadera caridad es una barbaridad. El “normalizar” el confisca, parte y reparte por parte de politicastros a punto de que dicho malandar sea “normal”, va aumentando o degradando esa esencial autoestima de cada persona; ya que, a fin de cuentas, no son tan ingenuos como para no ver que son mendigos.

    La auténtica caridad no crea dependencia y así deja espacio para que las personas necesitadas lleguen a mejorar su situación. En general, la caridad siempre, en alguna medida, es degradante; pero lo es mucho más cuando no sólo es falsa sino que viene de parte de quienes suponen dirigir la nación.

    En fin, son tantos los que acusan que los intercambios del mercado, esos que se hacen en libertad, y no con descuentos obligados y controles de precio y tal, son tildados de sacar ventaja a los que menos tienen; ¿acaso son tan ciegos que no ven la perversidad del regalierno?

  • Constitución Nacional y la economía. Parte 1

    El Título X de la Constitución política de Panamá, que aborda el tema de la Economía Nacional merece cuidadosa atención, por diversos motivos. Porque el tema económico es central al bienestar ciudadano y debemos atender los principios que deben servir de guía para el mejor desempeño económico de quienes son los actores esenciales en todo ello. Igual debemos alejar dicha actividad de los vaivenes e intereses de desnaturalizadas políticas que reprimen la auto determinación de las personas, elemento sin el cual no prospera lo económico ni lo social. Esto cobra mayor importancia no sólo por el desatino de la constitución de 1972, nacida durante la época del totalitarismo militar; que, obviamente, fue alterada para proveer más controles a los intereses dictatoriales. Luego, en la “propuesta constitucional 2012” persisten execrables vicios. Me refiero a la pretensión de salvaguardar “funciones económicas sociales” que no sólo no quedan definidas, sino que son indefinibles en el contexto de la acción humana que es central al desenvolvimiento económico de las personas y de la unión familiar. En particular, el Título X abre la puerta de par en par a la discrecionalidad de las autoridades, lo cual la misma Constitución prohíbe en el Artículo 18, que le precede. Veamos y analicemos este artículo y otras normas:

    ARTICULO 282. El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, remplazará o creará, según las necesidades sociales y dentro de las normas del presente Título, con el fin de acrecentar la riqueza nacional y de asegurar sus beneficios para el mayor número posible de los habitantes del país.

    El Estado planificará el desarrollo económico y social, mediante organismos o departamentos especializados cuya organización y funcionamiento determinará la Ley.

    Artículo 282 del Título X, “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente[1] a los particulares…” acciones económicas que debemos suponer interactúan en un mercado de intercambios voluntarios, libre de toda coacción. Con esta introducción al tema económico, antes del punto y coma, los constitucionalistas dan un paso firme y seguro al reconocer lo obvio y natural, porque nadie puede economizar por otra persona, igual que tampoco pueden respirar por ella. Pero, luego de un punto y coma, los amanuenses del poder militar dan rienda suelta a sus verdaderas intenciones de control, al decir: “pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, remplazará o creará, según las necesidades sociales…”, dando en una misma oración la prioridad económica a la persona para luego negarla. En materia legislativa es imperativo ser sumamente cauto al momento de poner peros y establecer excepciones que tienden a negar el principio primordial que ya se ha establecido, en virtud de circunstancias que difícilmente pueden ser determinadas por lo cual da lugar a dudas y la creación de suspicacias o peor, de contradicciones que promueven la discrecionalidad de las autoridades y de sus agentes.

    Es obvio que los constitucionalistas del 72 no creían en la libertad de la persona, término que originalmente nace para referirse a Jesucristo como la tercera Divinidad. Y si entendemos que fuimos creados en la imagen y semejanza de nuestro Creador, debemos entender que lo que lo caracteriza y heredamos es el albedrío o juicio propio. Entonces, cuando los constitucionalistas dictaminan que “el estado podrá ‘crear…”, no podemos más que preguntarnos: “¿Crear qué cosa? Ello no deja más lugar que lo pretendido es el ejercicio de las actividades económicas, que ya con anterioridad declaran corresponder primordialmente a los particulares; y, por tanto, no a esa entidad elusiva que llamamos “estado”. No sólo se trata de una imposibilidad sino que algo absurdo. ¿Cómo va el Estado a crear, orientar, dirigir, reglamentar o remplazar lo que hace cada persona? Y más allá de lo imposible, saca a relucir la tendencia totalitaria del constitucionalista. De aquí en adelante es inevitable cuestionar la validez de todo el resto del Capítulo X, lo cual quedará claro cuando revisamos los artículos posteriores; que se supone complementan y amplían el precepto inicial y primordial.

    Pero antes de seguir examinando los artículos posteriores, detengámonos a explorar con mayor esmero el principio del albedrío.[2] ¿Qué es el hombre sin albedrío? Si el ser humano fue creado con albedrío a la imagen y semejanza de su creador, siendo aquello que determina su misma humanidad, cualquier ley que no lo reconozca y pretenda negar esta facultad, automáticamente pierde sentido y queda invalidada. Invalidada porque es incumplible; análogo a legislar la prohibición de respirar o alimentarse. Y cuando decimos que el albedrío es elemento connatural e inviolable de la persona humana, no faltarán los que piensen y argumenten que ello abre el camino al “libertinaje;” lo cual no es cierto, porque la libertad para actuar, en la misma Constitución, está constreñida a la actuación lícita.

    Más allá de estar constreñida a lo licito, el albedrío sólo tiene sentido cuando está circunscrito a un bienandar, que en última instancia coincide y depende del bien del otro. Ese actuar está establecido en las costumbres de los pueblos y depende de la ley natural que es previa a los códigos legales. La ley no se inventa, se descubre. Por ello, debemos ser cautos en cuanto a lo que es y no es “lícito,” debido a que la misma ley es vulnerable a ser falaz y convertida en instrumento contrario a la naturaleza del ser humano. Entonces, ¿qué ocurre cuando la ley es viciada, al punto que se torna difícil o imposible de acatar?

    Así, en el contexto de lo que se discute, ¿cómo podría el ciudadano ejerce con albedrío su economía[3] personal y familiar, si antes debe esperar que el estado le “oriente, dirija, reglamente, remplace, o cree según necesidades sociales” que no quedan definidas? Y no sólo el hecho de que no queda claro, sino que arrebata libertad y con ello criterio, para ser remplazado por el criterio de otras entidades, que sabemos son eminentemente políticas; más que nada en el sentido peyorativo del vocablo. Abundan las fuentes autorizadas que hacen énfasis en la necesidad de no alienar al ser humano de su albedrío; tal como la ya citada en cuanto a que el ser humano por naturaleza es libre, moldeado a imagen y semejanza de su creador, que si algo lo caracteriza es la libertad. Esto está reconocido en la Carta universal de los derechos humanos y en incontables constituciones y en otras fuentes. Paso a enunciar algunas.

    Encíclica papal “Año Centésimo,” en dónde el Papa Juan Pablo II delineó los principios de la solidaridad y de subsidiaridad[4] y demostrando un entendimiento de las reacciones que puede darse en la esfera social cuando los límites del estado no quedan bien definidos y mantenidos. Aunque esta encíclica fue escrita hace más de dos décadas, bien puede ser aplicada al mundo del momento: Mediante la intervención directa estatal en el mercado se despoja a la sociedad de su responsabilidad, y el estado de asistencialismo central deviene en la pérdida de las energías humanas y en un desmedido aumento de las agencias públicas, que son dominadas más por maneras burocráticas de pensar que por una auténtica solidaridad y deseo de servir al cliente ciudadano; todo lo cual es acompañado por un enorme aumento del gasto. De hecho, las necesidades de los más desposeídos son mejor servidas por quienes están más cercanos a ellos y que por eso los entienden mejor; sin mediar intereses electoreros y peores. Hablamos de los vecinos y de la comunidad inmediata y más cercana. A menudo las necesidades humanas van mucho más allá de lo material y requieren de una respuesta más profunda y humana que no puede venir por intermedio del aparato político.

    [1] PRIMORDIAL: “muy importante o necesario, fundamental” – rae –; también, “primitivo, primero o esencial,” y más aún: eje, elemental. Primordial

    También deriva en “primar,” que es aquello que “sobresale, prevalece o domina.” Una vez que el legislador establece el carácter primordial de la actividad en la persona no tiene sentido más adelante anular el principio con vaguedades. Algunos interpretan que “primordial” significa que existe una segunda instancia que abre el camino a la intervención centralizada. Sin embargo, primordial se refiere solamente a la persona.

    [2] ALBEDRÍO: Albedrío deviene del latín arbitrium, generando así una dualidad expresiva en albedrío y arbitrio. Arbitrium en latín significa la capacidad de juicio, discernimiento y opinión. Es la libertad de opinar o actuar según nuestro juicio. Desafortunadamente el uso ha ido desfigurando el significado y sentido del término; al cual se le ha añadido la innecesaria redundancia de “libre” albedrío. Y más trágico aún es que la RAE destaque en primera acepción que se trata la “voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito, antojo o capricho.” Decepciona esta definición de la RAE. ¿Qué sería el hombre sin arbitrio o albedrío? ¿Acaso el actuar a juicio propio es desorden? El ser humano es libre para actuar, sí; pero constreñido a la actuación lícita o de bien. La misma Constitución dice que somos libres para todo lo que no está prohibido.

    [3] Economía: o economizar es ver como logramos satisfacer necesidades ilimitadas con recursos limitados. Como lograr que la quincena alcance.

    [4] solidaridad: sólo se puede ser solidario a título personal y con aquello que es propio; por ello los gobiernos no pueden ser solidarios. Subsidiaridad: principio que advierte que una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo de orden inferior, privándola de sus competencias, sino que más bien debe sostenerla en caso de necesidad.

  • ¿Podemos delegar al Estado la educación de nuestros hijos?

    La pregunta fundamental que nos debemos plantear en la materia política siempre será: ¿para qué queremos al Estado?; es decir, ¿cuáles son sus funciones? Otra forma de ver el tema sería: ¿Para que sirve o son buenos los gobiernos del estado y para que no.

    Casi todos podemos hallar suelo común en que al Estado corresponde la función de seguridad y en particular la de defender la nación en caso de invasión. Pero, aquí ya debemos hacer un alto y diferenciar en el tema de la “seguridad” ciudadana, pues jamás podríamos delegar toda nuestra seguridad personal, lo cual ni siquiera debía requerir explicación; ya que el estado carece de la facultad de la omnipresencia y; más aún, ni debíamos querer delegar semejante función a los gobiernos, aunque, tristemente, muchos así parecen desearlo. La seguridad comienza en lo personal, en la casa, en el barrio y así hasta llegar al estado. Visto desde otro enfoque, todos somos policías y delegamos esa función en la medida de lo posible y conveniente.

    Dicho lo anterior, podemos extender los conceptos vertidos a la educación y entender que al Estado corresponden algunas funciones sociales pero no todas y no del todo, y se hace vital trazar la frontera entre el Estado, la persona y familia. Con ánimo didáctico mordaz, igualmente señalo que el Estado no puede comer o beber agua por nosotros, y vale la pena señalar esto porque como van las cosas pareciera que algunos hasta la ida al retrete desean delegar. Todo esto nos lleva a la pregunta fundamental formulada en el título de este ensayo; es decir, ¿hasta dónde podemos delegar al estado la educación de nuestros hijos? El problema comienza en artículo 56 de nuestra Constitución cuando dice: “…el Estado… garantiza a los padres de familia el derecho de participar en el proceso educativo de sus hijos.” Magnánima la Constitución que permite a los padres “participar”; y he aquí que asoma el problema.

    Lo malo es que no queremos ver lo que está frente a nuestras narices, tal como vemos con el desorden vial en Panamá, y emana o responde a un grupo de legisladores en la Comisión de Transporte de la Asamblea que ven y usan a la ATTT como su feudo personal. En tal situación, muy lejos quedan los propósitos de seguridad y efectividad del transporte. ¿Acaso no vemos la ilegalidad tantos retenes de tránsito? Tal vez la mayoría no lo ve, y he allí la fuente de anarquía. ¿Acaso no vemos que muchos de los agentes de tránsito no salen a ordenar sino a asaltar a mano armada? ¿No vemos que retienen ilegalmente con la finalidad de mejorar sus ingresos personales y hasta partir y repartir hacia arriba?

    Algo análogo ocurre con el sistema que llamamos “educativo” el cual no educa, porque responde a los bastardos intereses de grupos enquistados en al Apparatchik estatal; cuyas prioridades no compaginan con sus funciones y responsabilidades, y luego, para lograr permanencia, derraman ventajas en gremios sindicales y tal; al tiempo que cacarean de igualdad y equidad.

  • Cuando los impuestos se vuelven asalto

    Nos plegamos al asalto fiscal, ya sea por la fuerza de leyes prostituidas o porque el sistema enseñó a muchos que es posible vivir a las patas de las mesas del banquete de pérfidos gobernantes o, simplemente por que nos acostumbramos al sistema, perdiendo de vista su inmoralidad.

    Los impuestos son, como bien lo define el mismo término, cosas que nos imponen, por vía de la fuerza o compulsión; lo cual, debería llevarnos a preguntar ¿por qué a la fuerza y no voluntariamente? ¿Dirás que mi pregunta es ingenua? ¿Lo es? Anoche veía una serie en Netflix en la cual los recaudadores del rey hacían la recolecta a punta de espada. En fin ¿puedes darme una explicación moral que justifique la imposición forzada?

    Uno de los argumentos o argucias morales mediante la cual se intenta justificar el asalto fiscal jala por el lado de la “integración social”. Es muy entretenido como le cuelgan apéndices al término “social”; la constitución de Panamá está llena de ejemplos, cada uno más bobo que el otro.

    Pero, lo que nos dicen otros es que el verdadero motivo de la recolecta coercitiva o violenta nace desde el momento en que la comunidad percibe que el gobierno anda desbocado, tanto en tamaño como en alcance. Y sí, el asunto es sumamente sencillo y lo triste es que somos todos unos congos. El gobierno es una institución social necesaria o buena, ¡sólo en su medida justa!, a punto tal que pagar los impuestos sería mayormente cosa voluntaria.

    Nos plegamos al asalto fiscal, ya sea por la fuerza de leyes prostituidas o porque el sistema enseñó a muchos que es posible vivir a las patas de las mesas del banquete de pérfidos gobernantes o, simplemente por que nos acostumbramos al sistema, perdiendo de vista su inmoralidad. Tristísimo, ya que robar es robar, y peor cuando apodamos “autoridad” a los ladrones.

    El problema yace más allá del asalto, en las consecuencias de todo ello, que las sufren los que menos tienen; al tiempo que disculpan a los ladrones y acusan a quienes, bien o no tan bien algo producen, dando economía y trabajo.

    Si revisamos la historia humana, veremos que los impuestos tienen su origen en la conquista y en la iniquidad. En el Panamá de la historia, llamada Castilla de Oro, el verdugo mayor y celador de la finca del rey, tenía sus puestos y sistemas de control y recaudo. ¿Qué diferencia podemos ver en los dominios de Al Capone o los capos en México?, que en muchos casos brindan mayor y mejor seguridad de que las mismas autoridades gubernamentales.

    Veamos lo que ocurre hoy en Panamá con los precios del combustible, que ahora, insoportables, muchos se lanzan al paro para exigir controles de precio. Pero… $0.60 de cada galón son impuestos que usa el gobierno para que “el pueblo” pueda comprar el gas licuado a $5, cuando el precio de mercado está cerca a los $20. Podrás vivir a costillas de otros por cierto tiempo, pero, tarde o no tan tarde se acaba el espejismo.

    Por otro lado, pocos conocen o entienden la desproporción entre los costos de producción o distribución y lo que cuesta superar los costos normativos y burrocráticos; sin entrar a lo de las coimas. ¿Qué más prueba requieren que el tamaño de la economía informal? ¿Conocen los costos asociados a la producción de un molde de pan? Tío pueblo pide impuesto a los relojes de oro de los ricos; pero no se dan cuenta que el verdadero costo que paga la sociedad está en esos $0.60 del combustible o el los $0.35 del pasaje del Metro, que les está costando diez veces más que eso; cosa que no sufren porque no lo ven.

    Y no entremos en las marañas de la CSS y otros instituciones públicas o privadas que desde su nacimiento no fueron más que engaño monumental; el cual, por lo visto, aprenderemos a lo rudo.

    ¿Y qué hacer al respecto? La respuesta es simple pero probablemente utópica, al menos hasta que lleguemos al colapso; ese que es la mayor de todas las escuelas. La solución y la señalé en este escrito, que está en disminuir el tamaño e intromisión del gobierno a lo que verdaderamente es su función. Ese día nacería un nuevo Panamá.

  • Discurso inaugural de Volodymyr Zelenskyy en 2019. Un ejemplo de líder político

    Transcripción de un discurso que hoy cobra verdadera dimensión y explica con toda claridad el por qué Putín y sus secuaces se sintieron amenazados y por qué desearíamos por las latitudes tropicales escuchar algo así, a un verdadero líder político, aunque fuera de vez en cuando.

    Este post intenta aclarar la mala y escasa información que ha conducido a buena parte de la llamada «derecha» (junto a la izquierda también, pero de esta última ya se sabe qué esperar) a condenar la culpabilidad y desde el primer día a Ucrania y su presidente Zelensky sobre la invasión rusa a Ucrania. Lamentablemente, una sociedad totalmente infantilizada, mediatizada y poco propensa a estudiar a profundidad la historia, tiende a juzgar rápidamente actos y personas sin más respaldo que un par de memes o argumentos a la autoridad. Y con ello no basta. No bastó con el Covid y tampoco basta con la espantosa guerra en Ucrania.

    Por ello, y como muestra también de lo que es un verdadero líder político, transcribimos hoy lo que fue el discurso inaugural de la Administración del ciudadano  Zelensky cuando asumió la presidencia ucraniana en Mayo del 2019. Releyéndolo y a la vista de lo que sucede hoy en Ucrania, no sólo es fácil de catalogarlo como un ejemplo de líder político y un verdadero héroe de nuestro tiempo, sino como un adelantado. Y ello, especialmente,  debería ser cierto para aquella derecha e izquierda rancia que se niega a aceptar que la verdadera posición ética no trata sobre nombres y etiquetas, sino con lo que hacen los hombres cuando se ven enfrentados a ejercer los valores que pregonan. Una derecha ignorante que se sorprendería ver a su citado tantas veces Ronald Reagan en este discurso conmovedor.

    Aquí la transcripción de un discurso que hoy cobra verdadera dimensión y explica con toda claridad el por qué Putín y sus secuaces se sintieron amenazados y por qué desearíamos por las latitudes tropicales escuchar algo así, a un verdadero líder político, aunque fuera de vez en cuando:

    «Queridos ucranianos!

    Después de mi victoria electoral, mi hijo de seis años dijo: «Papá, dicen en la televisión que Zelenskyy es el presidente… Entonces, eso significa que… ¡¿yo soy… el presidente también?!» En ese momento, sonó divertido, pero luego me di cuenta de que era cierto. Porque cada uno de nosotros es el Presidente. No solo el 73 por ciento que votó por mí, sino el 100 por ciento de los ucranianos. Esto no es solo mío, esta es nuestra victoria común. Y esta es nuestra oportunidad común de la que somos responsables juntos.

    No he sido solo yo quien acaba de tomar el juramento. Cada uno de nosotros acaba de poner su mano sobre la Constitución y jurar lealtad a Ucrania.

    Ahora imagínate los titulares: «El presidente no paga impuestos», «El presidente borracho se saltó el semáforo en rojo» o «El presidente roba en silencio porque todo el mundo lo hace». ¿Estarías de acuerdo en que es vergonzoso? A esto me refiero cuando digo que cada uno de nosotros es el Presidente. De ahora en adelante, cada uno de nosotros es responsable del país que le dejamos a nuestros hijos. Cada uno de nosotros, en su lugar, puede hacer todo por la prosperidad de Ucrania.

    Nuestro país europeo comienza con cada uno de nosotros. Hemos elegido un camino hacia Europa, pero Europa no está en alguna parte. Europa está aquí (en la cabeza — Ed.) Y después de que aparezca aquí, estará en todas partes, en toda Ucrania.

    Este es nuestro sueño común. Pero también compartimos un dolor común. Cada uno de nosotros ha muerto en el Donbas. Todos los días perdemos a cada uno de nosotros. Y cada uno de nosotros es un refugiado: el que ha perdido su propio hogar y el que ha abierto la puerta de su hogar, compartiendo el dolor. Y cada uno de nosotros es un trabajador migrante: el que no pudo encontrarse en casa, pero ha encontrado ingresos en un país extranjero, y el que luchando contra la pobreza, se ve obligado a perder su propia dignidad.

    ¡Pero superaremos todo esto! Porque cada uno de nosotros es ucraniano.

    Todos somos ucranianos: no hay ucranianos más grandes o más pequeños, correctos o incorrectos. De Uzhgorod a Luhansk, de Chernigiv a Simferopol, en Lviv, Kharkiv, Donetsk, Dnipro y Odesa, somos ucranianos. Y tenemos que ser uno. Después de todo, solo entonces somos fuertes.

    Hoy hago un llamamiento a todos los ucranianos del mundo. Somos 65 millones. Sí, no se sorprenda: somos 65 millones, los nacidos en suelo ucraniano. Ucranianos en Europa y Asia, en América del Norte y del Sur, Australia y África: ¡hago un llamamiento a todos los ucranianos del planeta!

    Realmente te necesitamos. A todos los que estén listos para construir una Ucrania nueva, fuerte y exitosa, con mucho gusto les otorgaré la ciudadanía ucraniana. Debes venir a Ucrania no para visitar, sino para volver a casa. Te estamos esperando. No es necesario que traigas souvenirs del exterior, pero por favor, trae tus conocimientos, experiencia y valores.

    Eso nos ayudará a comenzar una nueva era. Los escépticos dirán que es imposible, una fantasía. Pero, ¿y si esta es, de hecho, nuestra idea nacional: unirnos y hacer lo imposible contra viento y marea?

    ¿Recuerdas el equipo de fútbol de Islandia en el Campeonato Europeo, cuando un dentista, un director, un piloto, un estudiante y un limpiador defendieron el honor de su país? Nadie creía que pudieran hacerlo, ¡pero lo hicieron!

    Y este debe ser precisamente nuestro camino. Debemos convertirnos en islandeses en el fútbol, ​​israelíes en la defensa de su tierra natal, japoneses en tecnología y suizos en la capacidad de vivir juntos en armonía, a pesar de todas las diferencias.

    Sin embargo, nuestra primera tarea es el alto el fuego en el Donbas. A menudo me han preguntado: ¿Qué precio está dispuesto a pagar por el alto el fuego? Es una pregunta extraña. ¿Qué precio está dispuesto a pagar por la vida de sus seres queridos? Les puedo asegurar que estoy dispuesto a pagar cualquier precio para detener la muerte de nuestros héroes. Definitivamente no tengo miedo de tomar decisiones difíciles y estoy listo para perder mi fama, mis calificaciones y, si es necesario, sin dudarlo, mi posición para lograr la paz, siempre que no renunciemos a nuestros territorios.

    La historia es injusta. Nosotros no somos los que hemos comenzado esta guerra. Pero nosotros somos los que tenemos que terminarlo. Y estamos listos para el diálogo. Creo que el primer paso perfecto en este diálogo será el regreso de todos los prisioneros ucranianos.

    Nuestro próximo desafío es devolver los territorios perdidos. Sinceramente, esta redacción no me parece del todo correcta porque es imposible devolver lo que siempre ha sido nuestro. Tanto Crimea como Donbas han sido nuestra tierra ucraniana, pero la tierra donde hemos perdido lo más importante: la gente.

    Hoy tenemos que devolverles el sentimiento, eso es lo que hemos perdido. A lo largo de los años, las autoridades no han hecho nada para que se sientan ucranianos y comprendan que no son extraños, sino que son nuestra gente, son ucranianos. E incluso si se les otorgan 10 pasaportes diferentes, no cambiará nada. Porque ser ucraniano no es una línea en el pasaporte, ser ucraniano está aquí (en el corazón, Ed.)

    Lo sé con seguridad. Lo sé por los soldados que ahora defienden Ucrania, nuestros héroes, algunos de los cuales hablan ucraniano, mientras que otros hablan ruso. Allí, en primera línea, no hay luchas ni discordias, solo hay coraje y honor. Entonces, quiero apelar a nuestros defensores ahora:

    No puede haber un ejército fuerte en un lugar donde las autoridades no respetan a las personas que cada día sacrifican su vida por la patria. Haré todo lo posible para que sientan el respeto. Esto significa salarios decentes y, lo que es más importante, seguros, condiciones de vida, licencias por vocación después de las misiones de combate y vacaciones para ustedes y su familia. No solo debemos hablar sobre los estándares de la OTAN, debemos crear esos estándares.

    Por supuesto, además de la guerra, hay muchos otros problemas que preocupan a los ucranianos. Entre ellos están las impactantes tarifas de servicios públicos, salarios y pensiones humillantes, precios dolorosos y empleos inexistentes. También está la atención de la salud que se considera que se puede mejorar principalmente por aquellos que nunca han estado en un hospital regular con su hijo. Y luego, también están las míticas carreteras ucranianas que se están construyendo y reparando solo en la imaginación prolífica de alguien.

    Permítanme citar a un actor estadounidense que se ha convertido en un gran presidente estadounidense: «El gobierno no resuelve nuestros problemas. El gobierno es nuestro problema.»

    No entiendo a nuestro gobierno que solo se encoge de hombros y dice: «No hay nada que podamos hacer». No es verdad. Puede. ¡Puede tomar una hoja de papel y un bolígrafo y liberar sus asientos para aquellos que piensan en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones! Háganlo y la gente lo apreciará.

    Sus aplausos son bastante tímidos… ¿Supongo que no a todos les gusta lo que estoy diciendo? Lástima, ya que no soy yo, sino el pueblo ucraniano quien dice eso.

    Mi elección demuestra que nuestros ciudadanos están cansados ​​del sistema político pomposo y experimentado que durante 28 años ha creado un país de oportunidades: las oportunidades para sobornar, robar y aprovechar los recursos.

    Construiremos el país de más oportunidades, aquel donde todos sean iguales ante la ley y donde todas las reglas sean honestas y transparentes, iguales para todos. Y para eso, necesitamos personas en el poder que sirvan al pueblo. Es por eso que realmente no quiero mis fotos en sus oficinas, porque el Presidente no es un ícono, un ídolo o un retrato. En su lugar, cuelguen las fotos de sus hijos y mírelas cada vez que tomen una decisión.

    Puedo continuar, pero los ucranianos quieren acciones, no palabras. Entonces, queridos diputados! He designado la inauguración del lunes, un día laboral, que tiene un beneficio: significa que estamos listo para trabajar.

    Por lo tanto, les pido que aprueben:

    1. La ley de supresión de la inmunidad parlamentaria.

    2. La ley que establece la responsabilidad penal por enriquecimiento ilícito.

    3. El ansiado Código Electoral y las listas abiertas.

    Además, descarten:

    1. Jefe del Servicio de Seguridad de Ucrania.

    2. Fiscal General de Ucrania.

    3. Ministro de Defensa de Ucrania.

    Ciertamente, esto no es todo lo que podría hacer, pero por ahora, será suficiente.

    Tendrán dos meses para hacerlo. Háganlo. Y llévense todas las medallas por ello, no es un mal movimiento antes de las elecciones parlamentarias anticipadas. Disuelvo la Verkhovna Rada de la octava convocatoria.

    ¡Gloria a Ucrania!

    Y finalmente:

    ¡Querida Nación!

    Toda mi vida traté de hacer todo lo posible para que los ucranianos se rieran. Esa era mi misión. Ahora haré todo lo posible para que los ucranianos al menos no lloren más.»

  • El gobierno no existe para gobernar ni menos economizar, sino controlar

    En Panamá, lo mismo que muchos otros países, los gobiernos no existen para gobernar y mucho menos para economizar; es decir, ahorrar, sino para controlar el gallinero y así poder merendar huevos y comer gallinas. Desafortunadamente muchos desconocen la importancia del ahorro y lo dañino del despilfarro.

    La función propia y esencial de gobierno es ser: ¿arbitro y no jugador? Cuando el gobernante pasa de se árbitro y también patea la bola se pone en marcha una marejada decadente; tal como lo que estamos viendo en nuestro patio hoy día. E, igual que no hay peor pedófilo que el cura, no hay peor maleante que la autoridad política prostituida.

    En la finca del rey de España, conocida como Castilla de Oro, el “gobernador” no era sino el mayordomo de su majestad; ordenado a ser vehículo de recolección y envío de riquezas al monarca. Y quien cobra, parte y reparte, se queda con la mejor parte.

    Desde entonces, muy poco ha cambiado, y más bien se fue perfeccionando el sistema de pillaje y rapiña. Hoy día, con los adelantos en las comunicaciones, que todo sale a la luz, lo único que ha cambiado es que los mayordomos del rey han perdido la vergüenza y han convertido la ley en instrumento del pillaje y a la justicia en injusticia.

    ¿Cuál es el remedio, y cómo podemos economizar y lograr convertir a la población en creadores de riqueza y no en consumidores de pobreza? Lo primero, es tener claro que la pobreza es la condición natural de la persona humana, esa que llega al mundo desnuda de toda capacidad productiva; lo cual no cambia sino gracias a la relación social de la familia sana, del barrio y así hasta llegar al arbitraje gubernamental. Pero, si el pueblo no entiende que la autoridad no es jugador sino árbitro, no hay cura.

    En tal orden de cosas, la función de la familia está en tener sumo cuidado de no limitar el desarrollo de sus hijos, igual que el gobierno no debe limitar el desarrollo del pueblo soberano para disponer de uno servil. El ciudadano no es súbdito al cual hay que poner máscaras y clavar vacunas y tal; ya que cuando hemos llegado a tal grado de cosas estamos perdidos.

    Para freír un huevo no se requieren cien cocineras; y, para gobernar a Panamá no se requieren 360,000 funcionarios, pues con unos 5,000 basta y sobra. ¿No lo crees? Eso es economizar y es trágico que para entender ésto tengamos que esperar la destrucción del país.

    Más del 90% de lo que hoy hace el gobierno no le corresponde. Cosas como la salud, educación, el MOP, IDAAN, etc. Bien haríamos en privatizar cosas como las carreteras, el sistema de justicia y la policía; o, al menos, volverla municipal; para economizar, pero también despejar la posibilidad de otra dictadura militar. ¡Ha!, y antes que se me olvide, no necesitamos más diputados que el número de provincias que tenemos. ¿Se imaginan el ahorro, no sólo en dinero sino en chifladuras y pillaje?

    En fin, si el pueblo no puede reunirse libremente en la plaza, a interactuar, vender, comprar, platicar, bailar o lo que sea, no habrá prosperidad. En la realidad actual, el pueblo se siente cómodo en su condición sumisa y servil; una realidad que está inscrita en el Génesis. Una población que se siente cómoda en los subsidios, en los retenes, cateos, o peor, en el “robó, pero dio al pueblo”, no tiene futuro. Es una realidad ilustrada en el Rey de los Anillos, de Frodo y los suyos que se sentían protegidos en su pueblo, cuando el mundo entero se estaba despedazando.

    ¿Por qué creen que tantos en Latinoamérica escapan hacia el odiado monstruo colonizador de los EE.UU.? Emigran en busca de libertad y oportunidad. Escapan de Venezuela, Nicaragua, Cuba y otros sistemas opresores. Escapan porque buscan ser dueños de sus vidas.

    Y, en Panamá se promueve una falaz economía redistributiva; ya que en el confisca, parte y reparte el corrupto se lleva la mejor parte. A fin de cuentas, el gobierno compite con la empresa privada, con la ventaja que, si administra mal y no satisface a sus clientes, no quiebran sino el pueblo.