Etiqueta: función del gobierno

  • Pérdidas y Ganancias

    «La intervención gubernamental no sólo da al traste con las señales de ganancias y pérdidas sino que destruye el sector formal del emprendimiento»

    Por muchas razones, gobernar y administrar empresas no son actividades compatibles; pero en Panamá vemos que nuestros gobiernos han invadido actividades propias del mercado, lo cual tiene consecuencias desastrosas. Montar y administrar una empresa es una aventura de mucho riesgo; tanto así que de cada 10 empresas que un día inician, a los 10 años sólo subsiste una. 1/3 subsiste a tablas, otro ganando poco y la mayor parte de las que ganan no ganan mucho. Por ello, generalizar insinuando que todos los empresarios son ricos es absurdo.

    El elemento esencial que motiva el éxito está en perder o ganar; para lo cual también es esencial entender las señales del mercado y ninguna de estas cosas se aplican a gobernar países, ya que es asunto de lucro o ganancias ni de pérdidas sino de cumplir el mandato estatal vertido en constitución; si ello es posible.

    El empresario debe conocer y estar atento a las señales del mercado, mientras que la función de las autoridades, que es mantener la libertad y la paz que permita a los ciudadanos emprender sus vidas, no consiste en estar atento a las pérdidas o ganancias sino al encargo que se les hace.

    Las empresas ganan cuando atienden y entienden las señales del mercado y los políticos ganan cuando atienden y entienden las señales políticas o politiqueras.

    En un mercado libre el premio de ganancia va al buen emprendedor; mientras que, en la política, muy a menudo, el premio va al que engaña. La función gubernamental no es otra que garantizar libertad y justicia; de manera que con el éxito del mercado salgan todos favorecidos, tanto empleadores como empleados.

    Lastimosamente en el esquema señalado anteriormente no les va bien a los zorros politiqueros del gallinero. Sin embargo, la intervención gubernamental más allá de su función propia no sólo da al traste con las señales de ganancias y pérdidas, sino que va destruyendo el sector formal de emprendimiento; mientras que aumenta el informal; y menos mal, ya que si ni a este último le va bien, entonces sí es serio el asunto.

    Las estrategias de los zorros para cazar gallinas son variadas; controles de precios; subsidios; tasas en intereses flacos; hacerse pasar por empresa, tal como el IDAAN, MEDUCA, electricidad, transporte, gas licuado, etc. Hacen ver que subsidian y favorecen a los que menos tienen… ¡falso! Tristemente el común de la gente ve el costo reducido, pero no cómo hacen los zorros para engañar con esos supuestos subsidios. Bien se ha dicho que: “lo barato sale caro”.

    Más aún, la intervención trae otras perversidades, tal como una mala asignación de los recursos “impuestos”, los humanos, incentivos y, ni hablar la prostitución de empresarios que se inscriben en el juego sucio y logran ganancias no en el libre mercado sino en el adulterado. Y ni hablar que por allí entran las ideas socialistas que terminan acabando con el buen emprendimiento.

    Me apena decirlo, pero… en Panamá el empresario que no juega según las reglas de los zorros no le suele ir nada bien. Y algo poco conocido es que buena parte de lo que en el país llamamos inversión empresarial nos llega por dineros que vienen en fuga de sitios en dónde las cosas andan mucho peor que aquí. Por ejemplo ¿cómo saber cuáles negocios no son más que lavamáticos de fondos externos?

    Y, como ya he señalado y vale abundar, las distorsiones que se dan cuando los gobiernos de zorros se apoderan de los gallineros producen distorsiones inimaginables al común de las gallinas; luego de lo cual lo que tenemos no es un mercado sano que promueve el desarrollo, sino todo lo contrario.

  • Nuestros Gobiernos Pedófilos

    Y retomo el tema sobre ¿qué y para qué son los gobiernos? Una manera de explicar y lograr entendimiento de la pregunta formulada aparece en un lema a la entrada del puerto de Ámsterdam que lee “Comercio y Paz” o, digo yo, “el comercio es paz”. Es así ya que el ser humano es un ser social; vale decir, que vivimos en sociedad con nuestros semejantes a partir del núcleo familiar; de la fecunda y productiva coyunda entre el macho y la hembra que luego del hecho conyugal le corresponde cuidar y educar al producto de su pasión.

    Más allá del núcleo familiar está el prójimo, palabra cuya etimología se refiere a quien está “próximo” o cercano y por ello conoce y los conoces de manera que se pueden y deben ayudar; y así se va extendiendo la relación social hasta que en «última instancia» está el gobierno, cuya función esencial no esta en hacer o patear los balones en el partido de la vida sino de ser árbitro; que jamás debe patear los balones pues al hacerlo deja de ser “arbitro”, a punto que más bien es una relación pedófila.

    Los gobiernos existen para promover una pacífica interacción social; lo cual implica libertad de interacción comercial, que es social y de diálogo cultural, que son cosas que van de la mano. El mal comienza cuando los gobiernos se desvían y en vez de promover una pacífica interacción social, se dedica y acaparan para sí las actividades que son propias de la sociedad; comenzando por la relación macho hembra y la familia. ¿Acaso no se han dado cuenta que en el comunismo tus hijos no son tus hijos sino hijos del estado?

    Más aún, los gobiernos son un mal necesario, que surge a partir de la imperfección humana. Bien podemos decir que dicha “imperfección” es un cáncer que debe ser tratado con la quimioterapia gubernamental; siempre que tengamos claro que la quimio es veneno que en dosis limitada sólo mata las células cancerosas, pero no a todo el organismo. Lastimosamente, los gobiernos, por estar compuestos de seres imperfectos, tienen la tendencia de extralimitarse y llegar al punto de envenenar a todo el cuerpo social.

    Gobernar, ser rey, presidente o cualquier otro puesto de autoridad, es análogo a la relación del padre con sus hijos; es decir, el padre y la madre son los autores que en fértil coyunda traen a la vida a sus crías, esas que deben criar, más que nada con el ejemplo ya que son los autores o los que escribieron el libro de la vida. Tristísimamente, la historia nos muestra que fácilmente las “autoridades” no son sino autores del mal que en vez de actuar como ejemplos actúan como pedófilos que usan a los que están por debajo para satisfacer sus más bajos instintos.

    Por todo lo anterior, el estado; es decir, la comunidad, debe ser culta y entender esta lúgubre realidad, de manera que pueda poner jáquima al corcel del gobierno estatal, que no se desboque. Tristísimamente, en Panamá como en tantas otras comunidades mundiales, particularmente cuando los gobiernos han secuestrado actividades propias de la comunidad, tal como la educación, transporte y mucho más, los mismos se dedican a lavar cerebros y a mantener a la población sin cultura; lo cual vemos en Panamá con el “no a la privatización”, que significa, no hagas nada, que la mafia gubernamental hará por ti.

    Y así, hemos quedado en Panamá sin gobiernos, ya que llamar “gobierno” al desgobierno es absurdo. Desde el instante en que los gobiernos se debocan, dejan de ser gobierno y convierten en metástasis gubernamental.

  • El Estado y el Mercado

    Nuevamente y a riesgo de ser cansón, a fin de explicarme con mayor claridad, les reitero que el “estado” somos todos los que vivimos en una república supuestamente democrática. Hago énfasis en ello ya que lo común es ver la cantidad de personas a todos los niveles que hablan y escriben del “estado” para referirse al gobierno. ¡No!, el gobierno no es el estado y el estado no es el gobierno. Por lo señalado es que suelo hablar de “los gobiernos del estado”; para dar a entender que el pueblo en constitución ha creado los organismos gubernamentales a los cuales delega la función de cumplir con lo dispuesto en constitución; es decir, aquello que nos constituye; que, lastimosamente, en Panamá no tenemos ya que lo que tenemos y llamamos “constitución” no es tal cosa, ya que lo que constituye en la corrupción.

    El estado y el mercado somos todos o, más bien dicho, el mercado es lo que hacemos todos cuando intercambiamos bienes y servicios en comunión de supervivencia. Mi nieto compraba pastillas en el súper y las revendía en la escuela a una pequeña ganancia; eso es mercado, igual que todo el resto de la actividad mercantil; incluyendo la parte que los gobiernos han invadido.

    Pero son muchos los que vilipendian al mercado. ¿Qué hay detrás de ello? Detrás de ello hay una variedad de razones tétricas; comenzando por el hecho de que quienes controlan los gobiernos del estado buscan acaparar la mayor cantidad de poder y fortuna posible, y, a tal fin, inculcan de maneras trapicheras en la población la errada creencia de que lo que hacen favorece el pueblo. ¡Qué ingenuidad! Y obvio que el pueblo necesitado se lo traga. Me refiero al ‘estado profundo’; es decir, el monstruo en que se convierten los gobiernos cuando la comunidad no los mantiene encadenados a una sana constitución; que como dije, no tenemos. Más aún, bien podemos decir que en Panamá no hay constitución sino prostitución.

    El mercado, por su naturaleza, sólo crece, florece y fructifica en una sociedad que goza de libertad; libertad para poder salir adelante en un mundo de carencias. No existe gobierno que pueda coordinar tamaña y compleja actividad, pero eso es exactamente lo que tantos intentan hacer; pero no como su objetivo primordial sino luego de que se llenan los bolsillos, lo cual es como la pedofilia, que el padre o el cura usa su posición y poder para satisfacer sus más bajos instintos, aunque en ello prostituya a sus dependientes.

    Los pederastas gubernamentales que viven ebrios de poder los vimos en su gloria durante el COVID, nombrando “expertos” que desde sus púlpitos de grandeza recomendaron encerrar a toda la jauría pueblerina disque para salvarnos. También hasta para puyarnos con agujas hasta por la viña de los ojos. Detrás de todo ello estaba y está el estado profundo que se alimenta de la población; en su afán rechaza la libertad.

    En resumen, hablo de la hiper centralización gubernamental; que en Panamá desde la misma constitución se entromete en nuestras vidas y el mercado cuando en artículos como el 284 dice que el estado puede intervenir en toda empresa en función de un interés social que por ningún lado queda definido.

    Pero, tristemente, el proceso centralista o socialista, contrario al mercado, es destructivo de la sociedad productiva al quitar a unos y luego entregar miserias a otros. Vean no más el caso de la hija de Hugo Chávez cuya fortuna se calcula en $4,197,000,000 -cuatro mil, ciento noventa y siete millones, mientras gran parte del pueblo se dio a la fuga y el resto yace en la miseria.

  • El Gobierno quita más de lo que da

    Es normal que el gobierno quite más recursos de los que da, ya que su función no es ser empresa productiva sino de función normativa; y, lo que jamás ve Tío Pueblo son los costos de gobernar, en especial la parranda de costos escondidos; y no me refiero al pillaje sino a los costos asociados a lo que llaman “inversiones”.

    Miren no más lo que ha ocurrido en países que cacarean el parte y reparte, tal como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o hasta países nórdicos que una vez fueron muy prósperos, hasta que adoptaron políticas socialistas y llegaron a tal punto que no podían siquiera pagar los salarios sus funcionarios; tal como ocurrió con Suecia en 1990. Para arreglar el enredo tuvieron que achicar el gobierno y hasta privatizar muchas funciones. ¡Ah!, pero de esas cosas no hablan los medios que gustan vender cuentos de hadas.

    El tema no explican en los medios son cosas como las complejidades del desarrollo de las estructuras de capital; que es algo que definitivamente no pueden hacer los gobiernos porque los capitales que manejan son ajenos. Todos, de una manera u otro, nos beneficiamos o perjudicamos de esas estructuras de capital. Tristemente, el no entender estas complejidades lleva a las mafias gubernamentales a invertir con fines politiqueros y no de economizar. Así, distorsionan las estructuras de los capitales del mercado. Se ve en el crecimiento del sector informal y el estancamiento del formal.

    Y si hemos logrado inversiones de afuera no es porque las hemos alentado con nuestras torpezas sino porque las que han llegado es porque huían de sitios como Venezuela y otros que están peor que nosotros. Me crispa escuchar en medios y en la misma Constitución cuando se habla del “interés social”. Sí, como no, los gobernantes saben lo que es eso. O hablar de bienestar económico, cuando lo que se practica no lleva a eso. Uno de los ejemplos más horribles fue la doctrina social de la Iglesia, cuando la misma la torcieron hacia el socialismo. La Iglesia sí tiene una sana doctrina social; pero todo se puede usar para el bien o para el mal.

    El problema del llamado “interés social” es que sirven para justificar el intervencionismo y hacer ver que el gobierno es una entidad volcada a servir. ¡Sí claro!, ¿servir a quién? El problema de estos espejismos está en hacer creer que los gobiernos son fuentes inagotables de riqueza; hasta que, como en Cuba y tal, el manantial se queda sin agua porque talaron la selva y envenenaron las aguas.

    Jamás olvido la vez que hice amistad con un señor que había logrado montar su propio taller de herrería y me estaba construyendo un vivero en casa. Un día, le dije que él era un capitalista y se sintió ofendido. “¿Cómo así?”, me dijo. “Yo no soy eso…” Le respondí: “Acaso no tienes una empresa, oficina, autos, equipos, contabilidad y tal?” “Sí, me respondió”. “Bueno, todo esos es capital o cápita, palabra del latín que significa ‘cabeza’. Capitalista es quien usa la cabeza y sus bienes de capital para producir. Lástima que en el país del “no a la privatización” desarrollamos una cultura anti empresarial; lo cual aprovechan otras culturas que llegan y logran echar “palante”.

    Y no hay que ir muy lejos, en vez de pedir que hagamos un uso correcto de la minería lo que pedimos es que cerremos las minas porque crea daños ambientales y tal. Si es así, vamos a cerrar el Canal, que es la obra que más daños ambientales ha creado.

  • Economistas y Gobiernistas no Conjugan

    Como bien lo señala nuestra constitución en su artículo 282: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares…”, lo cual no es sólo cierto sino fundamental; lastimosamente luego de un punto y coma la constitución se contradice agregando que el Estado hará lo que le venga en gana con la economía, lo cual demuestra con plena claridad el alma totalitaria de la clase gobernante en nuestro hermoso istmo.

    ¿Y cómo no va la economía a ser asunto de los particulares si su principio central y fundamental es ser el medio para mejorar el bienestar humano a título personal y de la familia, mediante la apropiación de bienes de consumo?: comida, ropa, cobija, casa, y tanto más; cosas cuya producción o captación no corresponde a los gobiernos del estado ya que para eso no son. Quien no se da cuenta de la enormidad de la faena de procurar y producir todos los bienes de consumo, bienestar y deleite humano está desasociado de la realidad; que es la carencia y cada quien sabrá lo que necesita, más no el gobierno.

    Los gobiernos comunistas en Rusia intentaron dictar la producción y fue inmenso fracaso; tanto así que cuando el gobierno ponía en venta los productos, tal como hace el IMA en Panamá, no tenían como determinar los precios y para ello usaban los catálogos de la Sears. El meollo del asunto y a riesgo de ser cansonamente repetitivo: el juego es para los jugadores y no para los gobernadores, cuya función es el arbitraje. Lástima que ni saben ni pueden arbitrar por estar ocupados en el pillaje.

    Los gobiernos del Estado no son el pueblo sino organismos creados por el pueblo para desempeñar una función de arbitraje. Y, ojalá no fuese necesario tener árbitros. ¿Acaso cuando joven no jugaste algún partido sin árbitro, que si uno hacia trampa los otros le caían a pelonera?

    Lo otro que se les escapa a casi todos es que el pueblo o la población es una masa amorfa o informe -sin forma; es decir, que carece de personalidad y carácter propio. Pero no así los gobiernos del pueblo o estado, que son, supuestamente, organizaciones piramidales con mando y jurisdicción. Los gobiernos tienen propósito, pero el pueblo, carente de personalidad y en conjunto no tiene propósito sino en su cultura; y eso, en Panamá, nos abre una Caja de Pandora. Bien lo dijo Bastiat:

    El estado es la gran entidad ficticia mediante la cual todos buscan vivir a costillas de los demás.”

    Y precisamente eso es lo que debe evitar la población; el caer en semejante ficción que conduce al servilismo. Prueba de ello la tenemos en las narices; vale decir, en el crecimiento desbocado del tamaño de los gobiernos, en los cuales tantos buscan acomodo partidario.

    Y, por otro lado, está la naturaleza humana que no podemos extinguir así no más. Me refiero a que, a cada presidente, ministro, diputado, y tal, siendo humano, que busca mejorar su condición personal, le será más que difícil separar esas inclinaciones de su tarea como autoridad. Pero no sólo están las autoridades gubernamentales sino todo el ensamble del funcionariado que fácilmente se convierten en las rémoras de los gobiernos convertidos en tiburones de rapiña. El instinto de las entidades gubernamentales es crecer y crecer.

    En fin, gran cantidad de economistas se han integrado al estado profundo en la función de consejeros y promotores del estado regalón. Estos amiguitos del centralismo se la pasan inventando argumentos mafá que promueven el crecimiento desmedido del aparato gubernamental. Y… como preguntó uno por allí: “¿Cuál es la diferencia entre un economista y un viejo senil? El economista es el que tiene la calculadora en mano.

  • Lo Peor Para Luchar Contra la Pobreza son los Gobiernos

    ¿Y por qué es que los gobiernos son chambones luchando contra la pobreza? Pues, por la misma razón que un martillo no sirve para limpiar cristales. Simplemente el 99.9% de la población no tiene la menor idea de qué es un gobierno ni para qué es. Usamos a los gobiernos para todo y muy poco para lo que suponen ser. La mejor analogía para explicar para qué son los gobiernos del estado la podemos encontrar con los árbitros del futbol que están allí para asegurar que la contienda se realice en regla y no para andar pateando balones. Pero ¿es eso lo que vienen haciendo y hacen nuestros gobiernos? ¡Nop! Nuestros gobiernos han venido dedicándose a patear los balones.

    Es raro ver un funcionario gubernamental que haya sido buen empresario; es decir, que sepa administrar bien; pero tristemente en Panamá les hemos delegado la administración del país. Una cosa es cuidar que no se den trampas en el partido y otra muy diferente es ser jugador en el partido.

    En corto, los gobiernos no son para hacer sino para ver que se haga sin trampas; pero, si el que hace o participa en la trampa son los árbitros ¿entonces quien les pone el cascabel a esos gatos?

    Los gringos, para hacer el Canal, tuvieron que limpiar la ciudad, pavimentar las calles, poner agua potable y sistemas sanitarios, electricidad y otras más. Y, a todo ello, los panameños nos acostumbramos a ello. Luego, cuando se fueron, todo ello pasó a manos de los árbitros del partido, eehh, digo, a los gobiernos. Llegó un presidente que más o menos privatizó; pero fue sólo a medias y los árbitros siguieron controlando los negocios del estado y en adelante, como accionistas, comenzaron a recibir dividendos. ¡Y claro!, ni modo que se harían inversiones en redes eléctricas caducas, pues ello reduciría sus dividendos.

    ¿Crees que educar es gobernar? ¿No te has dado cuenta el grado de incapacidad del MEDUCA? Luego pretendemos encargar a los gobiernos la solución de la pobreza. La pobreza es el estado natural en este mundo; y no ha sido hasta hace muy poco que la humanidad comenzó a disminuir la cantidad de pobres. Los humanos no nacemos en riqueza; la riqueza hay que crearla con ingenio, trabajo y dedicación honesta; algo sobre lo cual no entienden o les importa a los árbitros que han vendido pateando balones y robando goles. Ahora, le tiramos el jaleo a un presidente que busca mejorar; pero muchos grupos amenazan con cierres de calles. Absurdo pensar que con ello se resolverá el enredo de la CSS.

    Dos cosas únicas marcaron el cambio hacia una nueva condición humana: Una fue la Revolución Industrial y la división del trabajo; la otra fue el nacimiento de los EE.UU. con una constitución de apenas 7 artículos, creando un gobierno limitado. Lástima que eso se ha ido perdiendo cuando allá, acá y por todos lados la gente pide más árbitros que pateen balones; con pancartas que leen: “Exigimos que el gobierno venga a resolver nuestros problemas.”

    Casi nadie sabe para qué son y para qué sirven o no los gobiernos. ¿Para qué son los “cupos” para taxi, que cuestan $10, pero los “reparten” para luego ser vendidos por miles de coimas que luego se parten y reparten. O sea, la ATTT es y ha sido una entidad mafiosa que el único tránsito que mejora es el tránsito de la corrupción.

    El inmenso reto en adelante está en darnos cuenta para qué son y no son los gobiernos. Lo triste es que hemos dejado que pervertidos políticos los hayan estado usando para el pillaje y ahora cambiar eso no será nada fácil.

  • El gobierno como manantial de pobreza

    ¿Qué entiendes por  “gobierno”? Pregunto ya que pocos parecen saber lo que es el gobierno o gobernar; lo cual nos lleva a dejarnos manipular por pérfidos gobernantes. RAE dice que “gobierno” es: “Acción y efecto de gobernar y gobernar es: “Mandar con autoridad o regir algo; y que “mandar” es ordenar. En fin, mientras más busca más me enredo. ¿Verdaderamente queremos ser mandados, regidos, ordenados; o, ¿tal vez saqueados?, que parece ser mejor definición de lo que hacen nuestros gobiernos y gobernantes.

    En fin, ¿qué rayos es el gobierno, que es gobernar y para que queremos gobiernos y gobernantes?

    El ser humano, que es persona, es, ante todo, un ser social, que vive asociado a otros seres humanos, no sólo con fines reproductivos sino de seguridad y prosperidad. Así, vemos que lo prioritario es la seguridad de nuestras vidas, que son propiamente propiedad nuestra. Pero la vida no se puede mantener sin movilidad y labranza, facultades que nos permiten tomar cosas naturales, tal como aire, agua, alimentos y más, transforándolas para acopiar o lograr mejor función en nuestras vidas. Así, apropiadas las cosas del entorno, sin violar lo propio de otras personas, las cosas pasan a ser de nuestra propiedad; vale decir, nos pertenecen, tal como como la misma vida nos pertenece y tenemos el derecho de defender nuestras vidas y pertenencias de quienes, en vez de obtenerlas por la vía del acuerdo pacífico y voluntario, eligen obtenerlas por la vía violenta y confiscatoria.

    Determinados los derechos a lo que es propio de cada persona, debemos considerar las mejores formas de defender esos derechos, y en ello entramos a considerar al estado y sus gobiernos. Pero relativo a la conducción social no está sólo en juego la propiedad sino los medios que, de una u otra forma, facilitan las actividades de apropiación de bienes y servicios; tales como las leyes, los ejércitos, las carreteras, correo, bomberos, la moneda y más. Es entonces que debemos considerar y deliberar en cuanto a la viabilidad e importancia tanto del estado como de sus gobiernos, considerando sus funciones y el alcance o limitaciones de dichas funciones.

    Y he aquí el momento de aclarar que “estado” y “gobierno” no son sinónimos, no son lo mismo sino cosas muy diferentes. El “estado” es la organización de los medios políticos de una nación y, sin embargo, los gobiernos electos no representan a la mayoría del pueblo y por tanto no son el pueblo. Por su parte, los gobiernos del estado son organizaciones políticas que intentan lograr el monopolio del uso de la fuerza y la violencia, y que lo hace de forma confiscatoria, y coercitiva impositiva. Visto así, es eminente que el estado y sus gobiernos deben ser limitados en constitución y de hecho en acción.

    También debemos ver que los gobiernos del estado no son la única forma o herramienta para lograr los propósitos sociales; y, como ejemplo, podemos considerar que la seguridad policial no corresponde únicamente a los gobiernos sino que pueden ser privadas, tal como de hecho en muchos casos lo son, y con mayor efectividad que los organismos centralizados de policía; los cuales se prestan para monopolizar poderes políticos y tal; vale decir, el monopolio del uso de la violencia de grupos entronizados en el poder central, que ha sido en la historia la mayor de todas las inseguridades sociales.

    Entonces, debía quedar muy claro que en Panamá el poder estatal, vertido en sus gobiernos, ha sido utilizado como herramienta de control, abuso y violación de los derechos generales de propiedad y sociedad.

    Pero, lo que no vemos es que en el mundo que ya se nos viene como avalancha, los mercados están logrando su propia libertad por la vía científica, tecnológica e informativa y quienes no lo adviertan están condenados al sepulcro de la caducidad y el fracaso.

  • Cómo nos empobrece el estado según Guy Sorman

    El artículo de Guy Sorman, «Así nos empobrece el Estado», publicado en ABC, ofrece una crítica incisiva sobre el estancamiento económico en Europa y Estados Unidos, respaldada por datos concretos y comparaciones entre regiones. Sorman comienza citando a Winston Churchill, quien afirmaba que las estadísticas eran una forma elaborada de mentir, insinuando así la manipulación de datos por parte de los gobiernos para respaldar sus decisiones. Destaca la importancia de utilizar series temporales consistentes para realizar comparaciones significativas a lo largo del tiempo.

    El autor hace referencia al ‘Economics Observatory’, que ha publicado un cuadro comparativo de la renta per cápita en los últimos diez años, contrastando específicamente Europa y Estados Unidos. Señala que, mientras la renta per cápita en Europa Occidental ha experimentado un crecimiento prácticamente nulo del 1% anual, países como España y Portugal se benefician ligeramente del turismo, mientras que Europa del Este, particularmente Polonia, ha experimentado un crecimiento per cápita del 4% anual. Por otro lado, Estados Unidos ha mantenido un crecimiento promedio del 2.4% anual, reflejando su liderazgo en innovación y libertad empresarial.

    Sorman plantea interrogantes sobre las razones detrás de este desfase económico entre Europa y Estados Unidos. Atribuye parte de esta disparidad a la preferencia europea por la solidaridad colectiva sobre el éxito individual, lo que se refleja en las políticas de «redistribución de la riqueza». Además, destaca la influencia de la agenda ambiental en el estancamiento económico europeo, señalando que el costo de las políticas ambientales recae en los ingresos personales de los ciudadanos.

    El autor propone reflexionar sobre la eficacia y gestión de estas políticas de redistribución y medio ambiente, y cuestiona si se están tomando en consideración adecuadamente las opiniones y preocupaciones de los ciudadanos. Critica la imposición de estas políticas por parte de élites y tecnocracias, sin un examen crítico de su eficacia económica y social.

    Además, destaca la creciente resistencia contra estas políticas, evidenciada por movimientos antiinmigración y protestas agrícolas en Europa. Sorman concluye instando a una mayor participación ciudadana en la formulación de políticas y a un nuevo equilibrio entre la supuesta salvación del planeta y la exigencia de remuneración por el esfuerzo en el trabajo.

    En resumen, el análisis de Sorman ofrece una visión crítica y provocadora sobre el papel del Estado en la economía y la sociedad, destacando la importancia de considerar las implicaciones económicas y sociales de las políticas gubernamentales intervencionistas. Su análisis exhaustivo proporciona una base sólida para el debate sobre el futuro de la economía y el bienestar social en Europa y Estados Unidos. Con una reflexión más amplia sobre las implicaciones de las políticas estatales, se puede fomentar un diálogo más informado y una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones políticas, puede evitar lo que empobrece el estado, a las personas y sus negocios . Es fundamental que los gobiernos escuchen las preocupaciones y necesidades de sus ciudadanos y busquen un equilibrio entre la solidaridad social que pretenden implementar y el dejar fluir al emprendimiento y la innovación. En definitiva, el texto de Sorman invita a una reflexión profunda sobre el rol del Estado en la sociedad contemporánea.

  • La naturaleza del gobierno según Ayn Rand

    En su trascendental ensayo «La Naturaleza del Gobierno», Ayn Rand aborda con profundidad la esencia y la justificación moral del gobierno en una sociedad libre. Publicado en 1963 como parte del libro «La Virtud del Egoísmo», este ensayo representa una defensa apasionada de los derechos individuales y una crítica contundente a las formas de gobierno que socavan esos derechos fundamentales.

    Rand comienza planteando una pregunta crucial: ¿necesitan los hombres una institución gubernamental? Su respuesta se centra en la premisa de que la mente del hombre es su herramienta básica de supervivencia, y por lo tanto, la libertad para pensar y actuar de acuerdo con el juicio racional es una condición esencial. En este sentido, Rand establece una conexión crucial entre la libertad individual y la capacidad del individuo para utilizar su mente en la búsqueda de su propia supervivencia y prosperidad.

    La autora resalta los dos grandes valores que una sociedad puede obtener de la interacción humana: el conocimiento y el comercio. El conocimiento, acumulado y transmitido de generación en generación, y la división del trabajo, que permite a las personas especializarse y comerciar entre sí, son fundamentales para el éxito y la supervivencia en una sociedad. Sin embargo, Rand advierte que estos beneficios solo pueden lograrse bajo ciertas condiciones, específicamente, en una sociedad compuesta por hombres racionales, productivos e independientes.

    La crítica más severa de Rand se dirige a las sociedades que violan los derechos individuales, describiéndolas como «hordas unidas por las reglas institucionalizadas de una pandilla». Según su perspectiva, cualquier sociedad que prive a un individuo de los productos de su esfuerzo, lo esclavice o limite su libertad mental está condenada y representa una amenaza mortal para la supervivencia humana. Rand va más allá al comparar la vida en una isla desierta como más segura e incomparablemente preferible a vivir bajo regímenes que violan los derechos individuales.

    La relación entre el individuo y el gobierno es un tema central en el ensayo. Rand argumenta que el gobierno debe tener el monopolio legal del uso de la fuerza física para proteger los derechos individuales. La policía, las fuerzas armadas y los tribunales son las funciones básicas del gobierno destinadas a salvaguardar esos derechos y resolver disputas de manera justa e imparcial.

    La autora insiste en la importancia de la separación entre fuerza y capricho, presentando al gobierno como un árbitro objetivo que sigue leyes claramente definidas. Este énfasis en la objetividad y la limitación del poder gubernamental refleja las preocupaciones de Rand sobre el abuso de la autoridad y la necesidad de mantener al gobierno bajo un estricto control.

    El ensayo concluye con una reflexión sobre el progreso moral de la humanidad y la necesidad de aceptar y defender principios políticos que aseguren la libertad individual. Rand sostiene que el sistema estadounidense de controles y equilibrios, aunque imperfecto, fue un logro excepcional al limitar el poder del gobierno. Al mismo tiempo, advierte sobre la inversión moral que se está produciendo en la que el gobierno, en lugar de proteger los derechos, se está convirtiendo en su violador más peligroso.

    En resumen, «La Naturaleza del Gobierno» es un ensayo magistral que combina filosofía política, ética y una defensa apasionada de los derechos individuales. Ayn Rand aborda las cuestiones fundamentales sobre el propósito del gobierno y la importancia de preservar la libertad individual en una sociedad civilizada. Su análisis crítico sigue siendo relevante hoy en día, planteando preguntas cruciales sobre la relación entre el individuo y el gobierno, y subrayando la necesidad de un gobierno limitado y controlado para garantizar la coexistencia pacífica y la protección de los derechos fundamentales.

  • Plan económico Panamá, ninguno

    En el título de este escrito digo que Panamá no tiene plan económico, basado en que debía ser más que obvio. Obvio porque desde el mismo instante en que un gobierno hace metástasis hacia el gigantismo, está demostrando con toda claridad que su plan es politiquero; que no tiene nada que ver con economía y… podía dejar allí este artículo, pero vayamos un poco más allá.

    Entrémosle al tema por el lado de lo que es economía, término, tristemente, poco conocido. Los griegos le llamaban “oikos” a la casa, y “nemo” a quien la administraba; de dónde salió el vocablo “okomos” o administrador de la casa. Visto así, debía ser obvio que la economía concierne a los asuntos del hogar y no de la ciudad; dado que la característica distintiva y esencial del ser humano es el concepto de la acción o acción humana; vale decir, lo que hacemos para sobrevivir en un mundo de escasez, o como me gusta decirlo: “cómo poner la paila con lo poco que nos entra”.

    De lo señalado salta o debe saltar a la mente que toda acción humana económica debe estar preñada de propósito. Así, cuando vamos al súper o al chinito, nuestro actuar o comprar está, como dije, preñado de propósito o, propósito económico; vale decir, de economizar. Y en el vocablo “economizar” o “economía” va el otro elemento vital de todo esto; que estamos hablando de ser ahorrativos, selectivos, eficientes en el uso del recurso pecuniario del que disponemos. Visto así… ¿es eso lo que hacen nuestros desgobiernos?

    Todo lo anterior nos debía conducir por un nuevo derrotero o idea de lo que es o debe ser un gobierno o un gobernar; veamos. La función básica y primordial de un gobierno no es económica; dado que la economía se refiere a los asuntos de la casa y de la persona y no de todo el país. La gobernanza debe estar enfocada en promover la libertad de pensamiento, palabra, tránsito y propiedad. ¡Pongan atención!, que en lo señalado no hay nada sobre economizar; a no ser que sea en el actuar del gobierno en las funciones señaladas. Y vuelvo a la carga: ¿Es eso lo que hacen nuestros desgobiernos?

    Como bien lo señaló Murray N. Rothbard en su obra “Man, Economy, and Sate” (El hombre, la economía y el estado): Lo que debemos descubrir acerca de la acción humana es que la misma sólo le es propia a la persona o individuo. Quien puede ahorrar son los ciudadanos. Los grupos, es decir, el estado o sus gobiernos, no pueden economizar por los ciudadanos. Otra cosa es el despilfarro gubernamental; y… ni hablar del pillaje.

    En resumen, la acción humana económica está referida a la persona y los propósitos de cada quien; ya que la acción implica una imagen de un fin que se persigue y ¡vaya usted a ver si los diputados y tal tienen el fin de cada ciudadano en su mente! Pedirles a los políticos y, particularmente a los torcidos, que se encarguen de lo económico es de tontos.

    Si los gobiernos y sus “autoridades” y funcionarios no puede siquiera cumplir con los encargos básicos de vida, libertades, tal como las de tránsito, cosa que hemos visto en estos días, y propiedad, ¿para qué les vamos a dejar que se encarguen de nuestra economía; es decir, que se birlen los dineros de sector productivo para hacer fiesta con lo ajeno. ¡Por favor!