Etiqueta: intervención del gobierno

  • Nueva Zelanda impone prohibición de por vida a los jóvenes que compran cigarrillos

    Nueva Zelanda aprobó el martes un plan único para eliminar gradualmente el consumo de tabaco al imponer una prohibición de por vida a los jóvenes que compran cigarrillos. La ley establece que el tabaco nunca se puede vender a nadie nacido a partir del 1 de enero de 2009.

    Significa que la edad mínima para comprar cigarrillos seguirá aumentando. En teoría, alguien que intente comprar un paquete de cigarrillos dentro de 50 años necesitaría una identificación para demostrar que tenía al menos 63 años.

    Pero las autoridades sanitarias esperan que el tabaquismo desaparezca mucho antes de esa fecha. Tienen el objetivo declarado de hacer que Nueva Zelanda esté libre de humo para 2025.

    La nueva ley también reduce el número de minoristas autorizados a vender tabaco de aproximadamente 6000 a 600 y disminuye la cantidad de nicotina permitida en el tabaco que se fuma.

    “No hay una buena razón para permitir que se venda un producto que mata a la mitad de las personas que lo usan”, dijo la ministra adjunta de Salud, la Dra. Ayesha Verrall, a los legisladores en el Parlamento. “Y puedo decirles que terminaremos con esto en el futuro, cuando aprobemos esta legislación”.

    Dijo que el sistema de salud ahorraría miles de millones de dólares al no tener que tratar enfermedades causadas por fumar, como cáncer, ataques cardíacos, derrames cerebrales y amputaciones. Ella dijo que el proyecto de ley crearía un cambio generacional y dejaría un legado de mejor salud para los jóvenes. Los legisladores votaron a lo largo de las líneas del partido al aprobar la legislación 76 a 43. El partido libertario ACT, que se opuso al proyecto de ley, dijo que muchas tiendas pequeñas, conocidas en Nueva Zelanda como lecherías, cerrarían porque ya no podrían vender cigarrillos “Nos oponemos a este proyecto de ley porque es un proyecto de ley malo y su política es mala, es así de directo y simple”, dijo Brooke van Velden, líder adjunto de ACT. “No habrá mejores resultados para los neozelandeses”. Ella dijo que la prohibición gradual equivalía a una ‘prohibición del estado niñera’ que terminaría creando un gran mercado negro. Ella dijo que la prohibición nunca funcionó y siempre terminó con consecuencias no deseadas.

    La ley no afecta el vapeo, que ya se ha vuelto más popular que fumar en Nueva Zelanda.

    Estadísticas de Nueva Zelanda informó el mes pasado que el 8% de los adultos de Nueva Zelanda fumaban a diario, frente al 16% de hace diez años. Mientras tanto, el 8,3% de los adultos vapeaba a diario, frente a menos del 1% hace seis años.

    Las tasas de tabaquismo siguen siendo más altas entre los indígenas maoríes, con alrededor del 20% informando que fuman.

    Nueva Zelanda ya restringe la venta de cigarrillos a mayores de 18 años, requiere que los paquetes de tabaco vengan con advertencias sanitarias gráficas y que los cigarrillos se vendan en paquetes estandarizados.

    En los últimos años, Nueva Zelanda también impuso una serie de fuertes aumentos de impuestos sobre los cigarrillos.

    El cambio de ley fue bien recibido por varias agencias de salud. Health Coalition Aotearoa dijo que la nueva ley representaba la culminación de décadas de ardua defensa por parte de organizaciones comunitarias y de salud.

  • Panamá a la sombra de Panamá la Vieja

    Los seres humanos pasamos nuestras vidas recluidas en el intramuros de la frágil fortaleza de nuestra imaginación; mientras que el país decanta por los vertederos de la corrupción institucionalizada. Así es la sociedad en la cual vemos al mundo a través de los lentes de nuestra ignorancia mientras soñamos con carnavales y favores políticos. Y luego, celebramos los discursos de políticos independientes con la casi certeza de que el rancio centralismo seguirá marcando el compas de los desfiles patrios que auguran la entrada del nuevo partido que será tan viejo como las ruinas de Panamá la Vieja.

    Y no es que vivamos en una realidad estanca. No es que a diario no surgen nuevas realidades… ¡vaya si no las hay!, el problema es que cambiar “los viejos senderos torcidos que el pie, desde la infancia,” sin treguas recorrió, es harto difícil. Panamá esta profundamente dividida entre la sociedad forjada en el centralismo, un sector empresarial que lucha desesperadamente por sortear las riadas burrocráticas y el Panamá cuyo Canal ya no sólo es el marítimo sino uno terrestre entre páramos que arden en llamas y la esperanza de una mejor vida.

    Detrás de todo ello está la realidad de una costumbre gubernamental administrativa insostenible, como insostenible es la Caja del (supuesto) Seguro Social. Todas las sociedades van y vienen como las mareas y la marea en Panamá va de retirada en época de aguaje; en dónde, desde la Avenida Balboa se descubre el extenso lodazal de cieno de nuestra indolencia.

    La novedad que se agita en nuestro medio son los nuevos medios de comunicación en dónde ya los tradicionales diarios y la radio son “los árboles antiguos conocidos que al alma le conversan de un tiempo que pasó.” Y en ese vaivén entre la coima y el precio se va descubriendo el descaro de la corruptela política y en buena parte del alma de la ciudadanía crece la furia del atroz engaño. ¿Cómo no va a ser si cada bache de golpea el transporte nos repite una y otra vez, entre las llantas delanteras y las traseras: “corrupción, corrupción”?

    Y como bien señala un crítico del pensamiento político: “Una vez que la cultura política estrecha el sendero de la obscura triada, el narcisismo, Maquiavelismo, y la sicopatía, el resultado final no es sólo posible, sino inevitable.” B. Duncan Moench.

    El Panamá de ayer fue el Panamá de una rancia clase oligárquica que con el tiempo fue mutando y extendiéndose a la clase media y más allá. Hoy, las mansiones de lujuria no sólo están en los barrios exclusivos sin que brotan en los suburbios periurbanos como rosales en un campo de ortigas.

    El Panamá de hoy no reconoce ni celebra el emprendimiento como camino de prosperidad y bienandar, sino que practica la influencia en el servilismo. Ninguna sociedad puede funcionar desde el Palacio hacia abajo. Son tantos los politicastros que cacareando democracia practican la dedocracia del centralismo. Y todo ello desde las estancas aulas de un MEDUCA que mejor debíamos llamar NODUCA. En las escuelas gubernamentales no se aprende a emprender sino se enseña el servilismo y a decir cosas como “robó, pero dio al pueblo”.

    Ya el país no podrá seguir financiando su grotesco andar entre: estériles subsidios, llaves en manos, una planilla nacida en Cerro Patacón, feudales instituciones, una CSS que de “seguro” sólo tiene el colapso, un código de trabajo que asegura el desempleo, una constitución que no constituye sino pobreza… mejor lo dejo allí que si no me entienden a poco ya entenderán.

  • El anarco-capitalismo

    ¿Has oído hablar o conoces lo que es el “anarco-capitalismo”? ¿No? Puede que te resulte interesante… Se trata de una ideología que, ha dado buenos resultados en el mundo real en dónde se ha practicado; tal como en la Islandia medieval y en Cospaia, una pequeña república ubicada dentro de Italia en el norte de Umbría, que fue independiente entre 1440 a 1826. Pero estos dos sitios no son los únicos en dónde se ha puesto en práctica un gobierno minimalista con sorprendentes resultados, tanto económicos como sociales. Tal vez los panameños debíamos poner un poco de atención, ya que vamos por el camino contrario.

    Hay quienes sostienen que el gobierno es el mayor de las infamias; o, si se quiere, maldad o vileza, que afecta el honor, o el crédito de una persona; y al decir “crédito”, no me refiero al sentido común en que se usa esta palabra, asociado al crédito económico sino a las cosas, personas o entidades que son confiables. ¿Tienen ustedes ‘confianza’ en nuestros gobiernos? De hecho, el camino que lleva nuestra querida república va directo al Cerro Patacón. ¡Hay que cambiar de rumbo!

    Y hacia dónde debemos dirigirnos es hacia una sociedad capaz del autogobierno; vale decir, una sociedad que puede hacer casi todo por cuenta propia, sin tener que recurrir a los zorros del gallinero: el anarco capitalismo. Cuando vemos una población que en sus protestas portan letreros que dicen: “exigimos al gobierno que venga a resolver nuestros problemas”, podemos estar seguros no sólo de que es una sociedad en serios aprietos sino que el camino que los colocó en semejante situación se debe, más que nada, a profanos grupos oligárquicos corruptos; y de eso hay demasiado en nuestro país.

    No hay mejor gobierno que aquel que se origina en la familia, el barrio, la iglesia no prostituida, la escuela no centralizada, las asociaciones civiles; todo lo cual conforma una opinión pública saludable; muy distante a el “no a la privatización” que con tanto éxito han sembrado los zorros del gallinero istmeño en nuestro pueblo.

    Lo curioso de la historia de Acadia, es que la mayoría de sus habitantes eran personas o familias que poseían una verdadera fé, más que nada, judeo-cristiana, que se habían alejado de los feudos europeos, en dónde no existían los derechos de propiedad.

    La tendencia es ver al anarquismo como cosa mala; y sí, todo en extremos suele conducir al malandar. Pero en realidad, cuando hablo de “anarquismo”, hablo de una sociedad cuyos gobiernos son lo justo necesario para la función que es propia de la gobernanza; más allá, se va entrando en el territorio dónde pululan y prosperan los zorros. En Panamá hablamos de la “contención del gasto…” ¡ja! Lo que debemos hablar es de la contención del tamaño y alcance de nuestros gobiernos; que, si los reducimos a su justa expresión, los demás problemas irán desapareciendo.

    En Acadia la frase o concepto de “redistribución de la riqueza” tenía que ver con un sistema que buscaba la paridad en oportunidades y no el confisca, parte y reparte, para que los zorros se apropiaran de la mejor parte. Más aún, el que algunos lograran mayor caudal era visto como cosa buena, ya que en la medida de su prosperidad también mejoraban su condición los que participaban de sus actividades.

    Las políticas del anarco capitalismo practicado en Acadia no eran de coerción sino comunitarias, que surgían a partir de criterios compartidos en cuanto a lo que está bien conduce al bien; es decir, al “bienandar”. La justicia era pareja, justa y rauda. En Acadia unos no les cerraban el tránsito a otros, ya que ello es infame. El secreto está en no llegar a tal grado de cosas. Y lo que más distinguió a Acadia fue el grado de prosperidad de sus habitantes; para lo cual creían y practicaban la privatización y el mercado. Pero no el mercado del IMA, MEDUCA, IDAAN y tal.

    Lástima que todo esto llegó a su fin con la ocupación británica, y la muerte del 55% de la población que no se plegó a los mandatos de los zorros del nuevo gallinero.

  • Instituciones y pragmatismo: atención al gato.

    Las discusiones que se están generando estos días «son pragmáticas» me dice un analista, casi despreciando en su respuesta al planteamiento de las ideas; es decir, se plantea lo que se quiere y se deciden herramientas para obtenerlo. El problema con ésto es que siguen sin atenderse a las instituciones violentadas que generan estos pésimos resultados que padece la población en su conjunto. Entre oligopolios, privilegios, precios, inflación, corrupción y educación pasan desapercibidos los diseños que han dado origen a tal situación. Y si no se presta atención a las causas generadoras de la enfermedad, mal diagnóstico y peores resultados. Como los que estamos viendo.

    El problema es de diseño institucional y ello requiere mucho más que una mesa: por empezar, una República descansa sobre tres poderes y ellos deben o deberían ser entre sí un freno y contrapeso, por lo que a malas leyes violentadoras de los principios fundamentales, el Poder Judicial debería declararlas inconstitucionales; lo mismo debería hacer la Asamblea frenando al Ejecutivo ante extralimitaciones del poder y el Ejecutivo debería poder administrar la cosa pública sin demasiada intervención en los asuntos privados, que para ello está la sociedad que produce.

    Entonces, qué hacer?

    Ante todo, discutir los problemas donde reside el poder, que hasta donde rige la Constitución hoy día, es la Asamblea. A quien legitime otra situación, sería bueno refrescar lo que hiciera Fujimori en Perú en 1992, cuando disolvió la Asamblea y dicha medida fue aplaudida por el 80 % de la población, respaldándose así en una suerte de «legitimidad social» que tanto gusta al populismo. Pregúntense cómo terminó Fujimori y cómo transcurren sus días hoy. El apoyo de las masas cambia tan rápidamente como sus pretensiones e intereses;  y justamente para ello están las instituciones y su importancia.

    Pero atención, cuando hablamos de instituciones no nos referimos a edificios de ladrillos u oficinas gubernamentales. Las instituciones son los mecanismos que limitan al poder: división de poderes, el «rule of law», independencia judicial, libertad de prensa que funcionando, se limitan a garantizar el ejercicio de los derechos individuales (vida, libertad, propiedad) y miden con la misma vara al conjunto de la sociedad. A ello nos referimos con la igualdad de todos ante la ley.

    Por lo tanto, si un grupo de personas decide e impone reglas que deberá afrontar un grupo de la población para satisfacer al grupo que decide en forma circunstancial, estamos de facto violentando las instituciones y ello nos convierte en un grupo tribal, una sociedad cerrada y oscura como denominaba Karl Popper a este tipo de sociedades cavernarias. La aspiración debe ser a una Sociedad Abierta, donde la libertad y la propiedad sean los rectores de una sociedad de individuos que en el mercado realizan permanentemente acuerdos libres y voluntarios entre sí.

    Cómo hacerlo?

    El primer paso es no sonreír y pensar que ésto es academia, que «esto es en los papeles, pero que la realidad es otra». Son las ideas las que mueven el mundo, son el faro que ilumina el camino. No hay caminos medios: o se está con la libertad o se está contra ella. Aún cuando pequeñas intervenciones aparentemente sin importancia se imponen, se deben desestimar. A nadie parecía importarle mucho el control de precios hasta que le tocó; a nadie parecía importarle mucho los subsidios hasta que le tocó pagarlos; a nadie parecía importarle mucho la educación estatal hasta que le tocó padecerla; a nadie le importó mucho que el gobierno cerrara toda acción humana, hasta que le tocó sufrir sus consecuencias; a nadie le importó mucho el sistema de gestión estatal de salud y pensiones hasta que lo sufrió y así podrían enumerarse casi todas las actividades que deberían manejarse en el ámbito privado y el gobierno lo hace público. Y la lista es enorme y continúa.

    Sin embargo, con todo a la vista, se siguen cometiendo los mismos errores una y otra vez. Se debe terminar de una buena vez por todas con la idea del pragmatismo;  las políticas se deben decidir en razón de las ideas. Si no se tiene clara la Visión, nos puede pasar lo que a Alicia, la del país de las maravillas del famoso cuento de Lewis Carroll, cuando le pregunta al gato de Cheshire en un cierto punto qué camino debía tomar. Cheshire le contesta: “Eso depende mucho del lugar adonde quieras ir. Si no sabes adónde quieres ir, no importa qué camino sigas”.

  • Cuánto gobierno es demasiado gobierno

    Cuánto gobierno es demasiado gobierno

    La pregunta del título de este escrito no sólo es fundamental sino esencial para el desarrollo y prosperidad de una sociedad nacional; y, el mejor ejemplo se dió con los movimientos de independencia de los EE.UU. de Inglaterra. Cuenta Hans Eicholz, integrante senior del Liberty Fund y autor de Harmonizing Sentiments y otros libros históricos, que cuando la provincia de Massachusetts, en acto de rebeldía, dejó de pagar los impuestos, al parlamento inglés le pareció gracioso, ya que confiaban que les iría muy mal sin gobierno y en anarquía. Sin embargo, los días pasaron a semanas, y luego a meses, y la gracia del parlamento se volvió mueca y frustración, hasta convertirse en shock. La explicación la dió Edmund Burke:

    Estábamos confiados que la experiencia de anarquía y falta de gobierno movería a la provincia a la sumisión, de manera que no se ordenó una acción de fuerza inmediata. Pero… algo nuevo e inesperado apareció. La población no sólo halló la anarquía tolerable sino provechosa; por doce meses sin gobernador, sin concejo distrital, sin jueces, ni magistrados ejecutivos. Los miembros del parlamento inglés estaban perplejos.

    Los gobernantes ingleses estaban convencidos de que el orden y la prosperidad fluían desde arriba hacia la masa inculta y no como es en la realidad, que el orden tiene muchos manantiales en cada miembro de la comunidad. Que cada persona, cada familia y cada comunidad cuentan con avenidas de accionar, que tienen sus propios intereses, fe, y capacidad de hacer lo suyo. Que el orden no se origina solamente desde el gobierno político. En fin, que las mejores sociedades son aquellas cuyos miembros no sólo son capaces de conducir sus propias vidas, sino que anhelan su independencia y rechazan las interferencias indebidas que vienen de arriba.

    Nuestro problema en Panamá es que, a través de nuestra historia, hemos delegado demasiado a los poderosos centrales, a los políticos y a la politiquería. Hablo del Intramuros de la vieja ciudad amurallada de San Felipe, en donde a lo negros les estaba prohibida la buhonería. Hablo de la cultura del “bien cuidao”, que degeneró en el fétido clientelismo politiquero de las botellas y de los gobiernos que están metidos en cada paila que ponemos en la mesa cada día.

    Es el Panamá en donde el gobierno no está para gobernar sino para estar repicando en la procesión; es el MEDUCA que compite con las escuelas privadas; es la pervertida CSS; es ese MERCA PANAMÁ al que le cuelgan un “S.A.”; es el IDDAN en nuestros grifos y retretes; y ¿para qué seguir?, pues si ya no van entendiendo el problema, entonces estamos fritos.

    La verdadera riqueza de una comunidad está en su gente, en la diversidad que aporta cada quien en la búsqueda de su felicidad y no en los caminos torcidos que nos marcan los politicastros de la Asamblea y del resto del pútrido andamiaje gubernamental que hemos parido los panameños. Pero que no sólo lo parimos, sino que día a día lo seguimos amamantando.

    El único camino de recuperación de nuestra independencia no está en la separación de España o de Colombia sino del gobierno desmedido y corrupto. Está en tener una Asamblea con la misma cantidad de diputados que provincias para cortar con los compinches.

    En fin, el camino de rectificación no es simple. Dar marcha atrás luego de tanto malandar no será fácil, pero es vital; pues de lo contrario nos iremos al desastre. Será como el condimento del caldo o el picante del sancocho, sólo lo justo para saber que está allí pero no para quemarnos el hocico.

  • La pésima situación económica: ¿debido al Covid o a malas decisiones?

    La pregunta del título es análoga a preguntar si la carne chamuscada se debe a la sartén o al cocinero. O, si te diagnostican un cáncer ¿a quién vas a recurrir para la cura, a los políticos o al médico de tu elección? En el caso del COVID no hubo elección sino dictadura. ¿Cómo fue qué todos nos copiamos de China, país en el que encierran a toda su población sin el menor reparo de las consecuencias?

    Y, sí, digamos que el COVID era malísimo, pero… ¿y el encierro no era malísimo y hasta peor? Esas consecuencias ya las estamos viendo en la pésima situación económica actual; lástima que la inmensa mayoría no tenga la capacidad de las “luces largas” de Omar. Vean esto: Uno de los principales estudios de todo esto lo realizó el Instituto John Hopkins en su departamento de Economía Aplicada, bajo el título de: “Literature Review and Meta-analysis of the Effects of Lockdowns on COVID-19 Mortality” (literatura de la revisión y meta-análisis de los efectos del encierro del COVID-19 en la mortalidad), en el cual se halló que en los encierros en Europa y los EE.UU. la reducción de muertes lograda fue de apenas un 0.2%.

    ¿Cuál es la gran diferencia entre quienes rechazamos el centralismo o el izquierdismo, y los que favorecemos la libertad? Y ¡ojo!, que no hablo de libertinaje sino de gobierno limitado a las funciones que son propias de una gobernanza sana. La diferencia está en que quienes creemos en la libertad rechazamos toda ropa de tamaño estándar para todos y toda situación. La lucha contra el COVID no tenía respuestas únicas sin muy variadas; y no me canso de insistir y repetir que la riqueza está en la diversidad.

    Veamos el caso de Mendoza en Argentina, que prácticamente no cerraron ni usaron máscaras y tal; y, sin embargo, tuvieron menos enfermedad y muertes que el resto del país. La Florida es otro caso ilustrativo.

    Y para ver el grado de estupidez a que pueden llegar los gobiernos, sus gobernantes y partidos politiqueros, veamos lo que ocurre hoy día en USA, en dónde su presidente, junto con el partido en el poder, o al revés, están llevándolo al desastre económico y social. O en Colombia en dónde casi la mitad de la población quiere seguir los pasos de Venezuela. Es escuchar a la secretaria del tesoro de EE.UU., Janet Yellen, que hace un año, frente al gasto desmedido del mandatario chocho, declaró: “Creo que la inflación es administrable. No anticipo que la inflación será un problema”. Ahora, el primero de junio, Yellen declara que: “Creo que yo estaba equivocada en lo de la inflación…” Ella “cree” … y todos sufrimos.

    Lo que pocos parecen entender es el grado de complejidad e interacción de los actores en una economía, que al ser intervenida produce toda clase de terribles afectaciones. ¡Por favor! lean la historieta “Yo Lápiz” de Leonard E. Reed, magistral obra que nos abre los ojos a la complejidad de la división del trabajo.

    También está el ‘Efecto Mariposa’ con lo cual Edwar Norton Lorenz, el matemático y meteorólogo estadounidense nos explicaba que aún los pequeños eventos en un sitio pueden tener grandes efectos por otro lado, dada la complejidad de nuestro mundo y del mismo universo. Que el aleteo de una mariposa en el Brasil puede causar un tornado en Tejas; ni hablar lo que un encierro de toda la población puede casuar más adelante.

    En corto, es inaudito e inadmisible que quienes se hace pasar por “autoridades”, que deben ser atendidas y que tienen el supuesto derecho de encerrar al ganado, no entiendan el alcance pernicioso de sus actos. Y, la terrible conclusión es que estas cosas las hacen a propósito y con motivos ulteriores; es decir, para asegurar el encierro de las gallinas en el gallinero.

    Creer que los subsidios y el gasto central desmedido es bueno para el pueblo pinta de cuerpo y alma a los centralistas o zorros del gallinero. Lo que necesitamos a gritos son líderes y autoridades que respeten a su gente; lo cual se traduce en enseñar a pescar y no a regalar pescado podrido.

  • La tiranía de lo colectivo

    Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Seguramente el desafío mayor de nuestra época estriba en comprender el valor descomunal de la persona. Entender que cada uno de los humanos es único e irrepetible, por ende, con potencialidades exclusivas en toda la historia de la humanidad. No hay entonces justificativo alguno para que el grupo se imponga y tuerza las inclinaciones y vocaciones de cada cual. Solo es aceptable el uso de la fuerza cuando hay lesiones de derechos, de lo contrario debe respetarse de modo irrestricto los proyectos de vida de los congéneres por más que no los suscribamos.

    El “ogro filantrópico” de Octavio Paz, es decir el aparato estatal, ha mutado su función de proteger y garantizar los derechos de la gente por su descarado atropello que anula la solidaridad y la caridad que como es sabido para que tenga sentido debe llevarse a cabo voluntariamente y con recursos propios. Lo contrario es un atraco. Un Leviatán desbocado que aniquila a la persona y como ha escrito Julián Marías, la persona no es solo lo que se ve en el espejo, es su interioridad única. Como apunta Roger Williams cada uno es extraordinario desde el punto de vista anatómico, bioquímico, y sobre todo psicológico.

    Friedrich Hayek ha mostrado las características del individualismo como protector de la dignidad de cada persona y los correspondientes incentivos para la cooperación social. Las diferencias de cada uno es lo que hace atractivo y necesario el intercambio y las relaciones interpersonales como también diría Ortega y Gasset. Si ocurriera la inmensa desgracia de ser todos los humanos iguales no habría interés ni provecho en los intercambios culturales y materiales pues todos se dedicarían a lo mismo. Como he dicho muchas veces, hasta la simple conversación resultaría en un tedio mayúsculo pues sería igual a conversar con uno mismo. En economía, la división del trabajo está basada en la desigualdad de talentos y fuerzas físicas. Por ello es que la guillotina horizontal impuesta por los gobiernos conduce a un doble estropicio: por una parte destroza los incentivos para progresar puesto que la nivelación bloquea la producción de cantidades mayores a la marca niveladora y los que esperan redistribuciones lo hacen de balde por el primer suceso. Por otra parte, aniquila la esencial igualdad ante la ley para hacerla mediante ella con lo que el marco institucional civilizado queda amputado.

    La obsesión malsana por el igualitarismo indefectiblemente conduce al empobrecimiento moral y crematístico. El delta entre los más ricos y los más pobres depende exclusivamente del comportamiento de cada uno en el supermercado y afines: al elegir con mayor o menor intensidad va estableciendo niveles de rentas y patrimonios. El comerciante que acierta con las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Solo son objetables los que la juegan de empresarios mientras se alían en una cópula hedionda con el poder político de turno para alzarse con privilegios y así explotar miserablemente a los demás.

    Habitualmente en los países más prósperos la diferencia entre el más rico y el más pobre es mayor lo cual no solo no es óbice para el progreso sino que es su condición para que los promedio ponderados de los salarios e ingresos en términos reales resulten más altos debido a la gran diversidad en un contexto donde todos cuentan con las mayores oportunidades posibles debido a dar rienda suelta a la energía creadora y a la consecuente productividad. El más eficiente como un efecto no buscado transmite su potencia a los marginales puesto que las tasas de capitalización fruto de anteriores ahorros constituyen la única causa de mayores salarios. No se trata de recursos naturales, de climas ni de etnias, se trata de mayores inversiones (como hemos ejemplificado antes, el continente africano abriga la mayor dosis de recursos naturales y la miseria está muy extendida, mientras que Japón es un cascote habitable solo en un veinte por ciento).

    Gustave Le Bon destaca las barrabasadas de los grupos a contramano del individuo y concluye que “en las multitudes lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”. En materia educativa es muy necesario abrirla a la competencia a los efectos de contar con auditorías cruzadas de las muy diversas instituciones y estructuras curriculares para lograr los máximos niveles de excelencia en un contexto donde pueda extraerse lo mejor de cada estudiante, al contrario de sistemas burocráticos que dependen del los caprichos de lo que sucede en el vértice del poder estatal en procesos de la siempre nefasta igualación.

    Estas consideraciones de más está decir no solo no se oponen a las faenas en equipo sino que las promueven como parte medular de las metas y aspiraciones individuales que muchas veces se logran de mejor manera aliados en equipos voluntariamente establecidos. Son los espíritus colectivistas los que se oponen a estas iniciativas al imponer todo tipo de cortapisas dentro de un país y al injertar tarifas, aranceles y cupos a las migraciones de personas y a la entrada de mercancías.

    Ludwig von Mises nos enseña que “la distinción principal de la filosofía social de Occidente es el individualismo. Su meta se dirige a la creación de una esfera en que el individuo es libre de pensar y actuar sin ser restringido por la interferencia de aparatos sociales de coerción y opresión, el Estado. Todos los logros espirituales y materiales de la Civilización Occidental fueron el resultado de la operación de esta libertad.” Desde luego como ha escrito Jorge García Venturini, la referencia a Occidente no alude a un lugar geográfico sino al espíritu de libertad.

    En otra oportunidad he escrito sobre lo que sigue pero dado el empecinamiento con la idolatría del colectivismo, es pertinente reiterar parte de lo dicho. Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Es curioso que los que usan la pantalla de la unión de todos en realidad separan y generan aislamiento y conflictos permanentes entre los miembros de la sociedad. Interfieren permanentemente en los arreglos voluntarios de sus integrantes. En definitiva alimentan una secuencia sin solución de continuidad de guerras sin cuartel de todos contra todos. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en lugar de abrir paso a la suma positiva donde ambas partes ganan en un acuerdo voluntario, provocan la suma cero. Los megalómanos de siempre intervienen en el mecanismo de precios con lo que indefectiblemente se generan faltantes y desajustes de todo tipo al tiempo que desdibujan los únicos indicadores con que se cuenta para saber dónde invertir y donde desinvertir al efecto de aprovechar del mejor modo los siempre escasos factores productivos.

    El individualismo machaca sobre la importancia de la descentralización del poder político y el federalismo. Rechaza de plano las cargas fiscales insoportables, deudas estatales astronómicas, inflaciones galopantes y gastos públicos desmesurados en el contexto de regulaciones que asfixian las libertades. Considera una estafa sideral los sistemas denominados de seguridad social pero que son de llamativa inseguridad antisocial debido a la succión de ingresos de todos pero con especial saña contra los más débiles.

    Las discusiones semánticas a veces no son constructivas pero como las palabras sirven para pensar y para comunicar pensamientos es a veces de interés detenerse en algunos vocablos clave. Estimamos que ese es el caso del individualismo tan vapuleado y poco comprendido en nuestra época.

    Huxley sostiene que la importante y por cierto muy verdadera visión de Eric Blair -que como es sabido firmaba con el pseudónimo de George Orwell- se refiere a la acción imperturbable y maliciosa del Gran Hermano sobre las libertades individuales, en cambio el primer autor apunta a algo peor aún, es decir, al pedido de la gente para ser esclavizada en base a lo antes descrito y especialmente debido a una educación perversa que como queda dicho donde más que educar se adoctrina con lo que las personas mutan a la condición de autómatas esclavizados. Abrigo grandes temores de lo anticipado por Huxley respecto a tecnologías de avanzada en manos de gobernantes para el control de la gente, por ejemplo, entre muchos otros casos, el peligro que encierra la digitalización coactiva de todas las transacciones monetarias para eliminar efectivos y así perturbar y dirigir de un modo más efectivo la vida y las haciendas de las personas, para no decir nada de la sugerencia de algunos energúmenos sobre la obligatoriedad de instalar un chip en el cuerpo de cada uno.

    A su vez en el terreno laboral, en el contexto del individualismo, los sindicatos se desempeñan como asociaciones libres y voluntarias y de ninguna manera como entidades que imponen representaciones y aportes forzosos ni huelgas que sean distintas al derecho a no trabajar para en vez imponer procedimientos violentos e intimidatorios para los que quieren seguir con sus tareas laborales.

    En este razonamiento debe destacarse que las llamadas “conquistas sociales” como la entronización de salarios mínimos y equivalentes indefectiblemente provocan desempleo. Y debe tenerse en cuenta que la incorporación de mayores productividades liberan recursos humanos y materiales para atender otras necesidades para lo cual los comerciantes son incentivados en la capacitación de personal al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes que las circunstancia ofrecen.

    Allí donde hay acuerdos libres entre las partes no hay tal cosa como sobrante de aquel factor indispensable para abastecer las ilimitadas necesidades de la gente. Poner palos en la rueda conduce al empobrecimiento. Cuando se dice que los gobiernos deben inmiscuirse en esta materia para equilibrar las fuerzas dispares en la contratación laboral no se tiene presente que es del todo irrelevante el estado de la cuenta corriente de las dos partes, lo definitorio son las antedichas tasas de capitalización. Las partes podrán disponer de recursos suculentos o estar en la quiebra, esto es indistinto lo trascendental es que el ingreso se establece por las tasas de capitalización y no por la voluntad y la condición de las partes.

    Milton Friedman escribe la introducción a la colección de la revista The Individualist Review que se inauguró en abril de 1961 donde señala que siguió las huellas de una entidad anterior de 1953 fundada por Frank Chodorov bajo el nombre de Intercollegiate Society of Individualists. Friedman destaca lo consignado en el editorial del primer número de la referida revista académica que apuntaba a fortalecer los valores de “la empresa privada y libre y a la estricta imposición de límites al poder del gobierno” y anunciaba se abocaría al “compromiso con la libertad”, una publicación en la que Friedman formaba parte de su Consejo Editorial y también colaboraba con ensayos de su autoría junto con otros destacados colegas. También en esa introducción Friedman apunta que el establecimiento de la Mont Pelerin Society en 1947 -la academia internacional como la denominaba Hayek- ayudó mucho a refutar las falacias tejidas en torno al individualismo y a explicar sus enormes beneficios respecto a su consideración por las autonomías individuales y el consiguiente estímulo a las más extendidas aperturas a las relaciones contractuales entre las personas de todo el globo.

    Se ha exhibido hasta el cansancio las tretas en las que está complotado un grupo para afirmar falsedades frente a gráficos varios en las pantallas que se muestran a todos y que finalmente resultan en que un sujeto no informado que se lo invita al grupo termina por sostener las mentiras que dicen todos los demás. Esto para explicar la malsana tendencia a dejarse empujar por lo colectivo.

    En resumen, el individualismo resalta y resguarda la condición humana de cada cual en cuyo contexto la función de los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno deben cuidar y preservar el derecho de cada uno de los miembros en su jurisdicción y abstenerse de manejar el fruto del trabajo ajeno. La hipocresía colectivista pretende ocultar resultados altamente negativos con un discurso mentiroso dirigido a conquistar a incautos y desprevenidos frente a la avalancha de miserias que invariablemente generan las granjas colectivas y equivalentes que siempre hundieron a la gente en las hambrunas y las miserias más desgarradoras vía de lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie. El colectivismo aplasta al individuo y a sus derechos que son anteriores y superiores a todo gobierno.