Etiqueta: intervención del gobierno

  • Menos gobierno mejores gobiernos

    ¿Cuántos panameños creen que nuestros gobiernos han contribuido a disminuir la pobreza en el país? Algunos pensarán que fueron “beneficiados”, pero si les preguntas: ¿beneficiados, cómo así? La respuesta típica sería algo como: “Bueno, es que me dieron un trabajo en la fábrica de botellas? Pero el asunto va mucho más allá y si hemos puesto algo de atención verán que lo que hacen los gobiernos es más de lo mismo: más engaño, actividad improductiva, más creación de pobreza y dependencia.

    Quien esté verdaderamente interesado en conocer la realidad del mejor camino de salida de la pobreza debe comenzar por entender algo muy básico; que la pobreza es el estado natural del ser humano. Que para llegar a la riqueza hay que usar la inteligencia y trabajar muy duro, sin esperar que Tío Gobierno te tire la toalla; pues, simplemente, eso no es gobernar sino controlar y crear sumisión.

    Hoy día la inmensa mayoría de los que llamamos pobres viven mucho mejor que los reyes de antaño. La extrema pobreza era el estado típico de la inmensa mayoría; y que los ricos de antaño lo eran relativo a la masa. El progreso económico y de vida surgió a partir del mercado, de los intercambios voluntarios entre la gente, bajo sistemas de libertad y respeto a los derechos humanos, con poca intervención normativa.

    En particular, el gran cambio hacia la riqueza comenzó con la Revolución Industrial y la publicación de Adam Smith, Wealth of Nations (la riqueza de las naciones); en dónde expuso la importancia de una especialización, de manera que ello contribuyó al intercambio de bienes y servicios.

    Otro elemento que contribuyó al incremento general de la riqueza, y que pocos conocen, fue el nacimiento de los EE.UU. Que, en especial, exaltó la importancia fundamental de la libertad; del respeto a la vida, la expresión, el tránsito y a la propiedad; lo cual se traduce en simplicidad. Por algo, la primera constitución gringa sólo tuvo 7 artículos y no como la nuestra con más de 300.

    En términos más simples: a menos políticos y menos funcionarios mayor riqueza. Quien se tome el trabajo de examinar las leyes y reglamentos que tenemos, verá que sus propósitos no apuntan a lo sencillo, ya que si es muy fácil no da lugar a la coima.

    Otro aspecto que obviamente no vemos o peor, vemos y nos importa un bledo, es el proteccionismo que no solo no protege sino que crea dependencia y pobreza. Tanto en los EE.UU. como en Panamá, los emigrantes han sido motor del desarrollo y leyes que limitan el trabajo de buenos extranjeros son dañinas, dado que dichas leyes existen no para crear riqueza sino para dar votos a los zorros políticos del gallinero.

    Otra realidad poco conocida es que cuando los gobiernos subsidian, si es que es tal cosa, con ello logran más pobreza. O lo peor, es que muchos politicastros lucran con la pobreza, ya que el desvalido es quien les da más votos. ¿Sabes cuánto de cada dólar cobrado en impuestos llegan al pobre?

    Los impuestos sólo son buenos cuando no son exagerados, ya que cuando son excesivos alimentan la corrupción. Otro gallo cantaría si los panameños pudiésemos ver la realidad de grandes obras, tales como la del Metro, cuyos costos de construcción y luego de operación han sido abominables.

    Ningún político puede sacarlo a uno de la pobreza. Si no puedes salir por esfuerzo propio es mentira que algún funcionario contribuirá; a menos que sea disminuyendo las trabas típicas de la burrocracia.

  • El Populismo y la Libertad

    En ese mundo Babel en el cual comunicarse con el prójimo y más allá se complica debido a que cada quien le da diferente sentido a las palabras que usa, tal como en el caso de este escrito de opinión cuando hablo de “populismo”, y mejor ni abordo el vocablo “libertad” más allá de decir que se refiere a “somos libre para hacer el bien”. Lo cierto es que al comenzar a redactar sobre el populismo y la libertad inicialmente me dirigí al diccionario Merriam Webster e inmediatamente me tropecé con un argumento circular exasperante de “la doctrina económica y política argumentada por populistas”, pero si busco populista me dice que es “relativo al populismo”. Una definición que en vez da aclarar oscurece.

    Entonces me fui al Diccionario. De en el cual hallé algo de luz: El término populismo tiene sentido peyorativo, ya que hace referencia a las medidas políticas que no buscan el bienestar o el progreso de un país, sino que tratan de conseguir la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias.”

    Pero, con ánimo de buscar lo bueno en las penumbras, Definición.de también nos dice: “Cuando la noción de populismo se utiliza de manera positiva, en cambio, se califica a estos movimientos como propuestas que buscan construir el poder a partir de la participación popular y de la inclusión social.”

    Y aún no abordo si el populismo es antibiótico, purgante o veneno; y en ello entra al auxilio la Wikipedia, quien nos informa que populismo” se refiere a un rango de tendencias políticas afines “al pueblo”, concepto yuxtapuesto a la “elite. Nada raro cuando vemos que el término tiene su origen en los movimientos rusos durante la segunda mitad del siglo XIX en el movimiento llamado “narodnismo” o populismo en ruso; lema del pueblo en movimientos que dicen ser “democráticos” pero, de la estirpe rusa. ¡Meto!

    Defino yo populismo o tendencia popular de las clases menos aventajadas, tanto en sentido económico como cultural e influencia política, que es la forma natural de los que se sienten oprimidos de reaccionar, sea para bien o mal. Desgraciadamente grupos inmorales se han aprovechado de la corriente popular para conducirles por los caminos de la servidumbre; y no sólo grupos de las élites sino de nada élites, salvo en vagabunderías.

    En Panamá, en dónde los gobiernos y sus programas de gobernanza, a través del tiempo, han seguido modalidades de engaño y sacar ventaja a la población en general en pos del pillaje, el llamado “pueblo” o “Tío Pueblo” no deja de tener razón en sentimientos. De si la reacción popular frente tales sentimientos sea buena y/o productiva es harina de otro costal y las respuestas por lo general es alguito de pan para hoy mucha hambre para mañana.

    Justo ahora, frente a las elecciones del 2024 nos vemos inundados por asquerosas promesas populistas de parte de todos los candidatos; que prometen cielos que seguramente resultarán en infiernos. Y ¡por supuesto!, si algún despistado como yo sale a decir verdades, todos le entran a pelonera.

    El inmenso problema en Panamá es que la pervertida politiquería, a través del tiempo, logró tornar el pensamiento y diálogo populista en práctica política y gubernamental: en jamones, botellas, salarios mínimos y toda clase de intervención castrante. Y todo ella a tal grado que logró infectar a buena parte del empresariado formal e informal.

    Quizá no hay mejor caso que la mina. Sacan a relucir la basura del contrato a sabiendas del descontento general, particularmente entre la juventud, y la reacción no se hace esperar. Hoy, la pregunta queda colgando: ¿Es buena la solución de un cierre desordenado? Algo así como: se infectó el dedo gordo, amputa la pierna.

  • El Regalierno Produce Pobreza

    El “regalierno”, como le llamo yo al gobierno regalón, empobrece a todos debido a que destruye el mercado o intercambio de bienes y servicios entre los ciudadanos; intercambio que es la base de la creación de riqueza humana.

    Buenos indicadores advierten que gran parte del mundo ya ha entrado en recesión o está entrando; lo cual nos lleva a definir de forma somera la recesión como una mala asignación de los recursos económicos por dislocados intereses politiqueros o peor, por intereses de pillaje, tan comunes en nuestro patio y más allá.

    Son muchos los factores que alteran el libre mercado llevándonos a ciclos recesivos; tal como cuando políticos amantes del clientelismo prometen aumentos de salario mínimo, control de precios, descuentos, subsidios y más subsidios. Como bien se ha dicho a cansancio “nada es gratis” en el regalierno y digo yo que toda carnada lleva anzuelo.

    En fin, nadie puede controlar los intercambios que se dan a diario entre millones de personas en el mercado. Lo que sí pueden hacer es cambiar las reglas del juego para servir intereses bastardos que piensan les pueden favorecer para llegar puestos de poder que les permiten robar a sus anchas.

    Dicho todo lo anterior, sí es cierto que la inflación ya está golpeando los bolsillos de todos; afectando más a unos que a otros ¡por supuesto! Y una vez más… “inflación” no es aumento de precios sino la pérdida del valor o poder adquisitivo de la moneda. En épocas cuando el dinero eran cosas como la sal, cacao y tal, si alguien traía cacao en cantidad de otras partes y lo tiraba al mercado, cuando intentabas pagar con él, te pedían más cantidad del mismo porque se había vuelto fácil de conseguirlo. Tan simple y tan difícil de entender.

    La verdadera asistencia económica social jamás debe ser parasitaria que llega para quedarse, ya que al final todos terminamos pagándola. Lastimosamente los mercaderes de la mentira han dado por llamar “derechos” a los subsidios; lo cual es ¡absurdo! Tal como tener derecho a subsidios pero no al libre tránsito que nos quitan grupos sindicales. Todos estos son factores que inciden en la recesión y crean pobreza: el regalierno.

    Luego, con cada nuevo regalón político, el gobierno sale a cacarear que debemos aumentar impuestos; con lo cual el gobierno de turno y los anteriores van tomando una tajada más grande de los panameños que realmente producen cosas y servicios de valor para destinar dichos recursos a malas inversiones y al pillaje. Lo que pocos ven es que el verdadero gasto que vale es la capacidad de gasto de la gente que es el motor de una economía sana.

    Bien dijo Rothbard que todo impuesto y el gasto resultante disminuye los ahorros y el consumo por parte de auténticos productores, y pasa al supuesto beneficio parasítico de los consumidores que nada producen.” Visto así, el gasto gubernamental no es una suma cero sino una suma negativa.

    Lastimosamente en Panamá demasiados creen que el gobierno es el motor de la economía cuando, en realidad, es el desastre de la misma. Panamá puede y debía ser el país más rico de América pero con la carga de maleantes que disque gobiernan… Y ¡por supuesto! que todo ello desincentiva a buen productor y convierte a muchos empresarios en coimeros ya que si no pagan los quiebran.

    Sin ahorro y la inversión privada no vamos a ningún lado. El secreto de nuestro progreso está en disminuir el gasto gubernamental. ¿Cuántos candidatos a las próximas elecciones prometen disminuir el inútil gasto central?

  • Intervencionismo empobrecedor

    Hay un genial dicho que reza: “si no está roto no lo repares.” Desgraciadamente pocos parecen entenderlo o peor, pocos lo quieren entender; tal como los pervertidos políticos que si no hacen ver que reparan las cosas, se mueren de hambre; tal como los zorros que no logran entrar al gallinero. El mal del intervencionismo en los asuntos propios del ciudadano es que toda acción económica conlleva efectos colaterales o consecuencias imprevistas e indeseables que afectan las estructuras productivas y el buen o mal aprovechamiento de los recursos; sean estos naturales o humanos.

    Y es que, desde el instante en que los zorros entran al gallinero, las gallinas se ponen nerviosas y dejan de poner huevos. Es impresionante ver la cantidad de inversiones que se han esfumado en Panamá debido a la actividad zorrera. Quienes jamás han montado empresas, particularmente las más aventuradas, poco o nada entienden de lo difícil y riesgosas que son; y mucho peor si además debes navegar entre enjambres de zorros coimeros y rateros.

    El otro malandar que es endémico en nuestro patio consiste en desestimar la importancia de la ‘creación de valor’, cualidad que se pierde cuando dejamos entrar en el gallinero a los zorros políticos; esos que alegan lo hacen para beneficiar al pueblo. Peor aún es la nefasta coyunda que se ha formado a través del tiempo entre los zorros y algunas pervertidas gallinas empresariales.

    Hoy día, en la ecuación interventora han aparecido otras argumentaciones estrambóticas que se valen de verdades a medias para justificar la intervención en la vida ajena. Hablo del: cambio climático, la contaminación, sea minera o de otra índole; que si la pesca mal llevada y así va el engaño. Engaño que se basa en no distinguir entre el buen y mal manejo los recursos, tal como ocurre con lo del cambio climático. ¡Por supuesto que hay cambio climático!, si el cambio es una constante universal; el asunto es cuanto de dicho cambio es de origen androgénico y qué podemos y conviene hacer al respecto.

    El otro valor que poco vemos es el de la riqueza humana que existe dispersa entre toda la comunidad y que sólo se expresa en un sistema de libre emprendimiento. Para ilustrar, tomemos el ejemplo del Título X de nuestra corrupta constitución, título que consagra la intervención de los zorros en el gallinero nacional: Artículo 284: “El Estado intervendrá en toda clase de empresas… para los siguientes fines: 3. Coordinar los servicios y la producción…”

    O la intervención de los salarios mínimos que supuestamente subsidian a los que menos tienen; tanto en recursos económicos como de otra índole. ¡Falso!, por completo; sólo se trata del aullido engañoso de los zorros. Las normas de salario mínimo, que son control de precios, sólo benefician a los zorros del gallinero, al tiempo que causan grandes perjuicios a quienes suponen asistir. Que no seamos capaces de verlo es harina de otro costal.

    Las leyes deben beneficiar al sector productivo empresarial del cual depende el bienestar y mejoramiento de los trabajadores. Desgraciadamente, los malhechores gubernamentales han sido sumamente exitosos en el engaño; tal como en el “no a la privatización”. Si no quieren a las empresas privadas ¿qué quieren? ¿A los zorros?

    Los beneficios que pierde la comunidad por causa de la intervención no se ven dado que esos negocios y desarrollos tecnológicos jamás llegaron a realizarse. Conozco íntimamente una inversión que inicialmente hubiese sido de unos 30 millones, que no se hizo realidad gracias a la desconfianza de los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros.

  • Nuestro enemigo el gobierno

    Los organismos estatales, es decir, los gobiernos del estado, no son empresas cuyo éxito económico depende de la calidad y del precio del producto que venden, sino de los engaños que pregonan y de su capacidad de robar al segmento productivo de la población. Y no sólo se trata de falsas promesas sino de su capacidad de adoctrinar a una crédula población. Visto así, bien puedo concluir que el gobierno, los gobiernos, desde el momento que rebasan sus funciones y debida dimensión, se vuelven organismos mafiosos que viven del pillaje de la población a la cual dicen servir; es decir, son organismos parasitarios.

    Lo peor es que como los mafiosos gubernamentales saben que su período es corto, estos se esmeran por los grandes y desmedidos proyectos de los cuales pueden sacar tajadas más grandotas; tal como es el caso del Metro de Panamá que es un mamotreto y fiel representación del desgobierno. A ver si me explico.

    La ciudad de Panamá bien podía, a una fracción del costo, resolver sus necesidades de transporte urbano con un auténtico sistema de metrobus, tal como lo hizo Bogotá y no con el mamotreto de Mi Bus que falsamente llaman “metrobus”.

    En USA al metrobus le apodan BRT, o “bus rapid transit”, que traduce a ‘transporte rápido por bus’. Es lo que también llaman un “metro de superficie”, dado que tiene todas las características de un metro soterrado: vías dedicadas, estaciones fijas, boletería por adelantado, horario, capacidad de dar servicio a casi toda la ciudad, etc.; todo lo cual se traduce en transporte rápido con buses. ¿Es eso lo que nos dieron con el Metro y Mi Bus?

    Lo señalado es apenas un atisbo al mamotreto empobrecedor que son nuestras instituciones gubernamentales. Es más, dudo haya una sola autoridad de gobierno en Panamá que sepa lo que es gobernar. Y, si la hay, la excepción confirma la regla.

    Es imposible advertir y entender el sistema feudal que padecemos en Panamá si no sabemos para qué es un gobierno. Ciertamente que los gobiernos no deber gallineros para alimentar zorros. Uno de los que bien lo sintetiza es el candidato a presidente de Argentina Javier Milei: La función gubernamental es velar por la libertad de la persona y de su propiedad. ¡Meto!, pero muy pocos saben lo que es propio de la persona humana.

    En cuanto al sistema empresarial, en buena o gran medida, es parte de la trama de corrupción; ya que quien no entra en la jugada lo aplastan. Y a los que se someten les permiten participar de los banquetes de arroz con pollo. Esta tendencia de dominación no sólo existe en los países sino que ha emigrado a los organismos de política internacional que buscan conformar un estado mundial o gobernación mundial.

    Decir que en Panamá practicamos el capitalismo es ignorancia o embuste. El capital no prospera en gallineros de dónde los zorros alimentan a las gallinas para luego engullírselas. En un sistema capitalista los servicios de agua, luz, escuela, seguridad social, transporte y mucho más no lo manejan los zorros de gallinero sino los ciudadanos a través del mercado.

    Menos mal que ya asoma un destello de luz al final del sombrío túnel de la corrupción centralizada. Ya, ante la magnitud del descaro de corrupción gubernamental la dormida población comienza a despertar; aunque todavía falta mucho por aprender antes de que logremos la capacidad de mudarnos a un sistema de verdadera libertad ciudadana; en la cual cada persona, familia, barrio, ciudad, aprenda a caminar su propio camino y no el camino de los zorros del gallinero.

  • El cuento del bien común

    El cuento del bien común

    Las mayores injusticias típicamente vienen en envolturas de un bien común o de justicia social completamente torcidas de la realidad. Sí ¡claro que hay bien común y justicia social!, el problema está en darse cuenta si el hongo es comestible o venenoso. Es el caso de lo que algunos en EE.UU. llaman “liberal” cuando en realidad estos no creen en la libertad; o que estos se hacen pasar por demócratas o progresivos, cuando no son ni uno ni otro.

    Por otro lado están aquellos que dicen defender los intereses de las minorías arguyendo que estas también tienen su verdad y su justicia. Es lo que vemos en las calles de ciertas grandes ciudades en los EE.UU. en las cuales las autoridades locales han decidido proteger los “derechos” de los criminales; alegando que estos no tienen la culpa de sus desmanes. La culpa es de la sociedad; y si seguimos esa pendiente resbaladiza pronto estarán metiendo en cárcel a los probos que osan defenderse de los ímprobos. ¡Uy!, disculpen, que eso ya está ocurriendo.

    Otro enfoque del asunto argumenta que el libre mercado favorece a los ricos y deja varados en la pobreza a los pobres. El inmenso o imposible reto, según los progres, está en encontrar un sistema socio económico que flote a todas las embarcaciones; pero eso sí, que dicho sistema no sea de libre mercado, ya que este sólo logra flotar a los yates de lujo.

    El sistema de mercado, con todas sus imperfecciones, más que nada de parte de grupos de poder político que lo trastocan en busca, no del bien común sino del común bien del pillaje, es el único sistema que ha permitido adelantes extraordinarios en la humanidad y que están allí a plena vista, para quienes tienen vista o quieren ver.

    El enredo del bien común mal entendido se da cuando en nombre del mismo se pisotean los derechos inalienables de la persona humana; es decir, que no podemos vejar a unos porque conviene a muchos. Y ni hablar que el mentado “bien común” es uno de los mayores comodines jamás inventados. Es, entre otras tantas, la justificación de procaces malandros políticos para quitar a ricos para dar a pobres.

    O el argumento de que un supuesto bien común, tal como la encerrona del COVID o las máscaras, eran tal y favorecían semejante bestialidad que ha causado estragos económicos y de otra naturaleza.

    Es como ayer que no podía entrar a ver al médico si no me ponía máscara; pero, apenas entré el médico me quitó la máscara. ¿Y por que me hacen ponerme la máscara, pregunté? Porque el ministerio de salud lo manda; es decir, el bien común imponiéndose sobre el sentido común.

    El verdadero y auténtico bien común es bueno para todos; tal como amar al prójimo; tristemente, hay muchos que no saben amar. Y típico es que muchos vean el bien común como bienes materiales, tal como el salario o e dinero; que debe haber un salario mínimo y el dinero debe ser redistribuido por los zorros del gallinero.

  • La República de Minerva: el efímero sueño libertario en tiempos de cambio

    En la década de 1970, mientras Estados Unidos experimentaba cambios geopolíticos y sociales tras la Segunda Guerra Mundial, un hombre adinerado llamado Michael Oliver se sintió agobiado por lo que percibía como una creciente amenaza del gobierno autoritario y disturbios sociales. Inspirado por los ideales libertarios y anarcocapitalistas, Oliver buscó una forma de escapar de esta realidad y fundar su propio país independiente. Así nació la República de Minerva, una isla artificial en el Océano Pacífico que representaba el sueño libertario de un territorio gobernado por la libertad individual y la ausencia de gobierno.

    El Clima Social y Político de los 70s:

    En los años 70, Estados Unidos se enfrentaba a dramáticos cambios sociales y políticos. La descolonización y la Guerra Fría dieron lugar a debates sobre el significado de ideales como la democracia y la libertad, con posiciones opuestas entre aquellos que priorizaban la libertad individual y aquellos que enfatizaban la igualdad social. En medio de estas luchas, individuos preocupados por proteger su patrimonio y libertad buscaron abandonar el país y establecer sus propios territorios independientes, donde las relaciones sociales se basaran en contratos e intercambios, siguiendo los principios libertarios.

    Los Ideales Libertarios y Anarcocapitalistas:

    En este contexto, los ideales libertarios y anarcocapitalistas ganaron popularidad. Estos principios promovían la libertad individual, la propiedad privada y la no interferencia gubernamental en la vida y negocios de las personas. Académicos como Ayn Rand, Milton Friedman, Ludwig von Mises y Robert Nozick influyeron en el pensamiento libertario de la época. Sus obras defendían un gobierno mínimo cuya única función legítima era proteger a las personas de la fuerza y el fraude.

    La Inquietud de Michael Oliver:

    Michael Oliver, un sobreviviente del Holocausto, vivió experiencias traumáticas en su juventud, lo que lo llevó a valorar la libertad individual y la seguridad de sus bienes. Con el paso del tiempo, se convirtió en un exitoso empresario y se enriqueció considerablemente. Sin embargo, su riqueza no lo protegía de la preocupación por el creciente intervencionismo gubernamental y los disturbios sociales que veía en su país.

    El Sueño de Minerva y su Constitución como una Opción de Escape:

    Ante el temor de un posible colapso social y económico, Michael Oliver buscó una forma de proteger sus ideales libertarios y su riqueza. La idea de establecer su propio país independiente en alta mar surgió como una opción de escape. Creía que un territorio privado y soberano gobernado por una constitución libertaria podría garantizar la libertad individual y la no interferencia gubernamental: la estructura la esbozó en un libro de 1968 autoeditado, «Una nueva constitución para un nuevo país». Oliver redactó su constitución para un territorio libertario imaginado liberado de restricciones burocráticas y el aparato regulador del estado de bienestar. El libro contenía una declaración de propósito, un plan de acción y una constitución con 11 artículos. Oliver diseñó la constitución como una versión mejorada de la Constitución de los Estados Unidos; mejorada en el sentido de que «explicaría los detalles mediante los cuales el gobierno puede, al mismo tiempo, proteger adecuadamente a las personas de la fuerza y el fraude y también evitar que exceda esta única función legítima». Publicado en febrero de 1968, el libro de Oliver se agotó rápidamente, y una segunda edición apareció en mayo del mismo año. Los lectores admiradores encontraron el libro a través del boca a boca y anuncios en revistas libertarias y pronto convencieron a otros de la visión de Oliver.

    Influencias Académicas en el Sueño de Minerva:

    Michael Oliver basó su sueño en una visión optimista y romántica de lo que podría lograr en alta mar. Sin embargo, sus ideales libertarios también fueron influidos por académicos y pensadores de la época. Autores como Ayn Rand con su novela «La rebelión de Atlas» y Robert Nozick con su obra «Anarquía, Estado y Utopía» proporcionaron fundamentos filosóficos para sus ideas sobre la libertad individual y el gobierno mínimo.

    La Fundación de la Vida Oceánica y la Creación de Minerva:

    Para hacer realidad su visión, Michael Oliver contó con el apoyo de figuras influyentes como Willard Garvey, Seth Atwood, John Templeton y Tad Weed. A través de la Fundación de Investigación de la Vida Oceánica, estos seguidores financiaron la construcción de la isla artificial en el arrecife de Minerva.

    El Fin del Sueño Libertario:

    El sueño de Minerva no duró mucho tiempo. La realidad geopolítica demostró ser un desafío insuperable. El rey de Tonga, Taufa’ahau Tupou IV, consideró la plataforma de Oliver como una amenaza para su propio control sobre la región. Temía que Minerva pudiera convertirse en un refugio para piratas o contrabandistas que desafiaran su autoridad y soberanía. Además, la proclamación de Oliver de la independencia de Minerva y su intento de crear un país soberano en las aguas internacionales provocaron la ira del rey y su gobierno. El 19 de junio de 1972, el rey Tupou IV llevó a cabo su atrevida operación de invasión. Abordó el yate real con un grupo de prisioneros liberados de la única cárcel de Tonga, la Banda Real de la Policía y una banda de música de cuatro piezas. Luego, navegó hacia el arrecife de Minerva, donde retiró la bandera de Minerva, destruyó la plataforma y declaró que había anexado el territorio al Reino de Tonga. El sueño libertario de la República de Minerva llegó a su fin en menos de una semana desde su nacimiento. Aunque Oliver intentó desafiar la anexión ante las Naciones Unidas, su caso no fue exitoso y Minerva continuó siendo parte de Tonga.

    Conclusión:

    La República de Minerva fue un audaz intento de establecer un país libertario independiente en alta mar. Impulsado por los ideales libertarios y anarcocapitalistas, Michael Oliver buscó escapar de lo que percibía como la creciente amenaza del gobierno autoritario y disturbios sociales. Influenciado por académicos y figuras influyentes de la época, el sueño de Minerva representó un intento por materializar una visión de libertad individual y no interferencia gubernamental.

    Sin embargo, la realidad geopolítica demostró ser más poderosa que el sueño, y la República de Minerva llegó a su fin en manos de la invasión del rey de Tonga. A pesar de su breve existencia, el legado de Minerva perdura como un recordatorio de los desafíos y complejidades de llevar a la práctica los ideales libertarios en el mundo real. La historia de Minerva sigue inspirando a aquellos que buscan promover la libertad individual y la autonomía en el siglo XXI, recordándonos que, aunque el sueño de un país independiente puede ser efímero, la lucha por la libertad continúa.

  • Estado profundo

    El término «estado-profundo» es difícil de entender sin tener una comprensión clara del concepto de «estado» en primer lugar. La definición de «estado» es problemática debido a la falta de definiciones precisas en los diccionarios. Además, muchas obras que abordan el concepto de «estado-profundo» no definen claramente el término «estado». Esto nos lleva a la dificultad de hablar correctamente del «estado» y mucho menos de uno «profundo» sin estudiar previamente el significado y la etimología de la palabra o concepto de «estado».

    Si examinamos la etimología del término «estado», nos encontramos con que proviene del latín «status», del verbo «stare», que significa «estar» o «estar parado». También podemos considerar el estado de las cosas o del ánimo, lo cual podría llevar a utilizar el término «estado» para referirse al «estado de la situación pública», como el estado de la república, es decir, cómo va la situación del pueblo. Sin embargo, la falta de definiciones claras en los diccionarios dificulta aún más la comprensión del término.

    Uno de los conceptos erróneos más comunes al utilizar el término «estado» es considerarlo sinónimo de gobierno. Sin embargo, según Murray N. Rothbard, el estado no es el gobierno, sino una organización en la sociedad que busca mantener el monopolio del uso de la fuerza y la violencia en un territorio. El estado se diferencia del gobierno, que es la base política y civil suprema con autoridad y poder político. Rothbard señala que muchos creen que «todos somos el gobierno» y justifican todo lo que hace el gobierno. Aquí radica la confusión entre «estado» y «gobierno».

    El «estado-profundo» se refiere a un tipo de gobierno compuesto por redes de poder secretas o no autorizadas que operan de forma independiente al liderazgo político estatal. Funcionan en pro de sus propias agendas y fines. También se le conoce como «gobierno sombra» o «estado dentro del estado». La existencia del estado-profundo plantea la preocupación de que el gobierno pierda el control sobre su propio aparato de gobierno y se convierta en un ente que se aprovecha de la población en lugar de servirla.

    En resumen, el estado-profundo se refiere a un gobierno que opera independientemente del liderazgo político estatal y persigue sus propias agendas. Es importante entender la diferencia entre «estado» y «gobierno» para comprender plenamente el concepto de estado-profundo. El estado es una organización en la sociedad que busca mantener el monopolio del uso de la fuerza, mientras que el gobierno es la autoridad política suprema. El estado-profundo plantea desafíos y preocupaciones en relación con el control y la transparencia del gobierno.

    Nota: artículo resumen de un ensayo extenso sobre el tema

  • Gobiernos de gorrones

    “Gorrón” es aquel que se aprovecha consumiendo o utilizando bienes que otras personas producen, sin ofrecer ninguna compensación o devolver favores; de dónde emana la pregunta: ¿acaso ello no guarda relación con la forma en que los gobiernos y sus funcionarios, que poco o nada funcionan, desempeñan sus labores? Lo peor del gobierno de gorrones es que ocurre gracias a la complacencia o peor, el contubernio de la población en general y de empresarios en particular que toleran semejante insensatez.

    En su momento, quien bien destacó el fenómeno del gorroneo gubernamental fue Ayn Rand, en su obra La Rebelión de Atlas, en dónde saca a relucir que sean tantos los que en vez de oponerse de forma contundente contra el autoritarismo castrante, se doblegan y adaptan a los gorrones en detrimento a la actividad de sus negocios y del bienestar común.

    A muchos les cuesta entender que el llamado al amor del prójimo no es una contundente obligación que emplaza a unos a socorrer a otros sin mayor contemplación a las dificultades inherentes en el socorro. Por ejemplo, si ves que alguno se está ahogando, no te tires al agua a salvarlo si no sabes nadar. Pero, más allá, cada persona tiene todo el derecho de usar su mente para satisfacer sus necesidades propias, luego de lo cual podrá asistir a otros en la medida de sus posibilidades y no de manera obligada; tal como ocurre con las normas de asistencia social impuestas por gobiernos que, en muchos casos, ni siquiera convienen o asisten de manera definitiva.

    Gran parte del andamiaje gubernamental existente termina abrazando la mediocridad o peor, en nombre de un falso y imprudente igualitarismo colectivista. ¿De dónde sacan que es obligación de unos servir a otros, no a través de una sensibilidad personal sino a través de una intervención centralizada?

    Muchos no realizan que cada día hay más personas emprendedoras que están cansadas de que el fruto de su trabajo sea arrebatado para fondear una disfuncionalidad gubernamental cada vez mayor. Y es que a menudo olvidamos que la actividad emprendedora no prospera en un ambiente infértil en libertad. Emprender es harto complejo y peor cuando cargamos al emprendedor con normas abusivas y sin sentido.

    Y ¿qué mejor ejemplo de lo que señalo en el párrafo precedente que lo visto con el COVID, dónde las medidas normativas obligadas no sólo fueron infructíferas sino que causaron y seguirán causando inmensos daños a futuro.

    ¿Acaso somos tan irreflexivos que no rechazamos una gobernanza tiránica? O como algunos suelen decir: que el gobierno deriva su autoridad del consentimiento de los gobernados. No más veamos lo que ocurre en nuestro patio en dónde los agentes de tránsito hacen retenes delictivos con el fin de asaltar a los conductores y luego alegar que “nos están cuidando”.

    Pero, peor aun cuando los politicastros, siguiendo el ejemplo de tantos mandatarios, vilipendian al empresario o rico, acusándolo de acaparador y falto de compasión. Sí, por supuesto que los hay, pero la generalización es falaz y odiosa.

    En fin y tal como lo señala Jon Miltimore, “no es solamente los impuestos exagerados que afectan sino otros, tales como: costos, moralidad, sociedad, cultural y tal; conjuntamente con la violación de los derechos de propiedad y peor, cuando se celebra el pillaje.

    A todo ello, poco reparamos en aquello de la pendiente resbaladiza; es decir, que el malandar no es estacionario sino que va en aumento. Ello es análogo al alcoholico o drogadicto cuya adicción aumenta y lo lleva al desastre. Es el fenómeno que vemos en nuestro patio de una rebatiña de pillaje que va en aumento.

  • ¿Es perversa la desigualdad?

    Para reducir la desigualdad vía el apparatchik se requiere violencia. Y los resultados siempre han sido Venezuelas o Cubas. Los rusos asesinaron millones para lograr igualdad sin saber que sería en la pobreza.

    Si la igualdad fuese una virtud Dios no habría creado un mundo desigual; lo cual nos deja cavilando acerca de la sensatez o insensatez de dictaminar la igualdad por la vía coercitiva gubernamental. ¿Cuántos jugadores de basquetbol pueden igualarse con Michael Jordan? Es fatal arrogancia pensar que se puede dictar igualdad por intermedio de la ley del hombre; lo cual se torna evidente cuando vemos a tantos que entienden la “igualdad” como “igualdad de resultados” y creer que se puede lograr repartiendo lo que otros producen. Vale decir, confunden igualdad de oportunidades y trato ante la ley con igualdad de resultados.

    La “riqueza” no se puede redistribuir. La riqueza es aquello que es rico o sabroso, tal como la felicidad, inteligencia, el buen ánimo y tal. Decir que el dinero es riqueza conduce a la pobreza; aquella en la cual a pesar de tener muchos billetes te sientes miserable. El “problemita” es que si un político dice estas cosas la gente no vota por él.

    Más allá, delegar al gobierno, con sus diputados y tal, para que estos creen aquello que ni Papá Dios dispuso hacer, es mucho más que absurdo; es pecaminoso y creador de pobreza. Si prestásemos atención al mundo que nos rodea veríamos que la naturaleza es más que aleccionadora. Veríamos que Papá Dios está en su creación. Veríamos que la prosperidad hace mancuerna con la desigualdad. Fácil es crear igualdad de pobreza. Igualdad de riqueza no es nada fácil.

    El dinero mal nacido crea pobreza, más no así cuando es bien habido. Los pérfidamente ricos son minoría y quien no lo ve es pobre de entendimiento. A través de la historia ilustres personajes han destacado que el progreso siempre fue acompañado por una desigualdad. Mucho peor es creer que se puede distribuir riqueza de inteligencia por intermedio de los NODUCAs del mundo.

    Para reducir la desigualdad vía el apparatchik se requiere violencia. Y los resultados siempre han sido Venezuelas o Cubas. Los rusos asesinaron millones para lograr igualdad sin saber que sería en la pobreza. Lo peor es que no lograron eliminar a los ricachones corruptos; esos como Putin, que van al frente del pérfido desfile. Sin embargo, países como Suecia y Dinamarca, que tanto cacarean como “igualitarios,” están entre los que tienen mayor libertad económica en el mundo.

    El “laissez faire” o dejar hacer, sigue siendo la voz de la razón; no como en Panamá, en dónde cada día los gobiernos metiches crean pobreza. Cuando la igualdad resulta de la coerción la misma es inmoral. La otra confusión es llamar “derecho humano” a lo torcido.

    El mercado no nos hace iguales pero sin él todos seríamos mucho más iguales, en la pobreza, esa que era la realidad en la historia humana hasta que fuimos adoptando la división del trabajo a través del mercado; pero no el intervenido por politicastros. Más allá, si ponemos atención, veríamos que decretar salarios mínimos, vacaciones y otros llamados “derechos laborales” producen votos pero no riqueza. Es así ya que semejante intervencionismo no nace en la nobleza de espíritu sino en la pobreza de bastardos intereses sindicales.

    En resumen, la izquierda ama la igualdad de resultados o redistribución que sólo se puede lograr a través de una coerción gubernamental. Pero el intervencionismo centralizado sólo crea más desigualdad; dado que los gobernantes controladores son más iguales en su caudal económico, que los gobernados en su pobreza económica. Simplemente, el atajo intervencionista, ése que sólo se da por intermedio de torcidas autoridades, siempre conducirá a una igualdad en la pobreza.