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  • La banca en el 2018, ¿estamos listos para los retos?

    Todo el mundo sabe que abrir una cuenta en los Estados Unidos toma menos tiempo que en Panamá, por algo los activos líquidos del Centro Bancario se están mudando a los Estados Unidos en los últimos dos años. La única ventaja comparativa era el secreto bancario y la privacidad corporativa. Y eso se perdió. Ahora no tenemos más ventaja comparativa y aquello de que es más fácil visitar a Panamá porque no han visas. Mientras tanto en los Estados Unidos, el país del dólar, con un mejor sistema judicial y con menos requisitos para abrir cuenta se dan los siguientes desarrollos:

    1. Reforma fiscal: los impuestos a los bancos y empresas han bajado, ahora ya es rentable para muchas multinacionales y bancos mover sus negocios a los Estados Unidos.
    2. El Fintech llegó para quedarse. El blockchain, Zelle, la nube bancaria, el uso de estas tecnologías para abreviar «conoce a tu cliente», el uso de bots y de inteligencia artificial para predecir las necesidades de los clientes y detectar movimientos sospechosos.
    3. Las API y el uso de teléfonos móviles serán cada vez más importantes.
    4. La ciberseguridad y el manejo de datos tienen que mejorarse, así como las políticas de manejo de riesgos serán claves.

    Ante todos estos retos, pareciera que la banca local y la autoridad regulatoria están más preocupadas por calmar la tormenta desatada tras los Panamá Papers, que en ser competitivos internacionalmente; y esto se refleja en una caída de los activos líquidos del 20%.

    La tecnología va a romper el mundo financiero actual, según en Foro Económico Mundial. Sin embargo no vemos que estemos haciendo el trabajo para ponernos al día.

    Entre las tecnologías en las que tenemos que ponernos al día, está la inteligencia artificial que permitiría que los bancos mejoren sus operaciones y el servicio al cliente. Para KPMG la inteligencia artificial es la tecnología en la cual los bancos se tienen que concentrar más. Las razones, es que es ahora mucho más fácil saber los gustos de los clientes, dar un trato más personalizado y eventualmente estableciendo servicios de voz artificial.

    Las API van a acelerar los servicios financieros y es una de las áreas más importantes para las fintech, y uno de los puntos más importantes que los bancos tienen que desarrollar. Se calcula que la mitad de los bancos tier 1 y tier 2 tendrán para fin de año por lo menos 5 APIs.

    La banca en Línea y la banca de teléfono móvil va a ser muy importantes en el futuro, pero todavía no han crecido lo suficiente. En los Estados Unidos se calcula que uno de cada cuatro clientes usa la banca en línea o móvil, y que eventualmente las sucursales bancarias físicas van a desaparecer o reducirse gradualmente.

    Las criptomonedas funcionan, pero su valor cayó fuertemente comparado con el año pasado. La causa principal fueron los factores regulatorios y el miedo a las futuras regulaciones han hecho que las criptomonedas pierdan el valor que tenían el año pasado. Y la gente se pregunta hasta qué punto hay una burbuja, y la vulnerabilidad al hackeo y a los robos. Pero las presiones vienen de China, Corea del Sur y los Estados Unidos. Por lo tanto el uso de medidas de seguridad con blockchain ha aumentado.

    El problema actual es que en Panamá estas cosas no se están discutiendo con la intensidad necesaria y ya es hora que se empiece a hablar de ello.

     

  • El mundo de los offshores después de Trump.

    El mundo de las compañias offshore está sometido a dos revoluciones simultáneas. Por un lado, las presiones de la OCDE y la Unión Europea para eliminar la Erosión de la Base Imponible  (BEPS) y por otro lado la reforma fiscal de Donald Trump. Esta combinación no trae buenos augurios para el sistema offshore Panameño. Porque por un lado estamos cerrando la puerta a la inversión extranjera y por la otra ésta ya no tiene razones para estar en Panamá cuando ya no es un refugio fiscal y los Estados Unidos sí lo es y mejor aún.

    Un sistema offshore implica tener sociedades de personas que no residen en Panamá, en un País que no les cobra impuestos por sus operaciones en el territorio, en el caso de Panamá no porque tengan una ventaja especial, sino porque Panamá es un país que no ve a sus personas como activos, sino como personas y no cobra impuestos a las rentas extranjeras. Finalmente los sistemas ofshore ofrecen privacidad financiera, en diversos grados. Panamá ha tenido que ceder su privacidad a las presiones del GAFI y la OCDE. El problema es que ahora también tiene presiones para evitar servir como refugio fiscal que erosione la base impositiva en otros países, justo cuando los Estados Unidos, de la mano de Donald Trump se quiere convertir en un enorme refugio fiscal por lo menos para que las empresas repatríen sus ingresos y a la vez atraer inversionistas del extranjero.

    Tras los acuerdos de intercambios de información fiscal, las empresas offshore deben seguir sirviendo para proteger el patrimonio personal, después de pagados los impuestos. Si bien cada vez se hace más difícil usar los sistemas offshore para evitar impuestos, un sistema offshore todavía puede servir para protección de activos post impuestos. También un sistema offoshore puede servir para hacer negocios multinacionales, usando la jurisdicción como base para lidiar con negocios que se realizan en multiples jurisdicciónes. En otras palabras, el sistema offshore panameño sigue siendo útil, pese a las presiones de la OCDE y el GAFI, eso sí, siempre y cuando el gobierno entrante, ya que no tenemos esperanzas de que el gobierno actual quiera hacer algo, tome las medidas necesarias para adaptar el sistema a las nuevas circustancias.

    Uno de los grandes cambios de Trump es que su portafolio de acciones, wallet electrónicos de criptomonedas, e inversiones de bienes raíces ahora van a tener que pagar impuestos sobre las ganancias aunque la transacción sea en el extranjero. Esto es un desafío importante porque ahora muchas operaciones que se hacían offshore se van a hacer en los Estados Unidos porque no hay ventajas reales en hacerlas en el extranjero. La única manera de beneficiarse del sistema offshore para un ciudadano norteamericano es viviendo él también en el extranjero. Otras jurisdicciones han reconocidio esto y creado ventajas migratorias para los ciudadanos extranjeros que quieran hospedarse en los refugios fiscales y llevar su dinero allí. Esto en muchos casos implica la nacionalidad del país; Panamá de hecho no ha tomado medidas para casar su política migratoria con la politica fiscal y de atracción de negocios offshore.

    Una de las políticas de Trump con su reforma fiscal es que las corporaciones ya no pueden retener sus ganancias offshore. La principal razón para los ciudadanos norteamericanos para tener negocios offshore es la Foreign Earned Income Exclusion y el no tener que pagar gastos del Seguro Social o impuestos a la planilla para ser mas explícitos, si se es autoempleado en una corporación offshore.

    Está claro que para poder seguir usando los beneficios de tener sociedades offshore lo mejor es ser un expatriado.  Trump no ha cumplido del todo sus promesa de campaña de eliminar la extraterritorialidad sobre la renta; si bien la hizo para las corporaciones, no lo hizo para los individuos. Donald Trump favoreció a las grandes multinacionales versus los ciudadanos expatriados, aunque sí subió a mas de 100,000 dólares los ingresos personales en el extranjero que no son gravables en los Estados Unidos.

    El problema ahora es que las presiones hacia la privacidad van por otros lugares mas allá de los acuerdos de intercambios de información;  por ejemplo, el gobierno británico ha pedido, para frenar el lavado de dinero en inversiones inmobiliarias, que los beneficiarios finales sean conocidos. El nuevo ataque regulatorio ya no va orientado a las jurisdicciones sino a la posibilidad de usar sus productos en otros países.

    Ante estas medidas lo mas exitoso es convertir a Panamá en un centro de operaciones con impuestos bajos ya que la hora de usar las sociedades y las cuentas de papel para esconder dueños ausentes está cada vez más bajo asalto. Y es allí donde Donald Trump ha ganado: la reforma fiscal que ha aprobado hace menos necesario para las multinacionales tener sedes en el extranjero.

    Queda para el siguiente gobierno proponer reformas para que Panamá sea competitiva en lugar de ver cómo los bancos y firmas de abogados pierden empleos y el gobierno recaudación. La reforma debe ser por convertir a Panamá en un centro de operaciones multinacionales real, no solo de facturación y de protección de activos, y no solo líquidos.

  • Panamá, del puesto 4 al número 27 en el Índice de Libertad Económica

    Panamá llegó a figurar entre las veinte economías más liberales del mundo. A comienzos del siglo XXI, décadas de estabilidad monetaria, apertura comercial, flexibilidad financiera y fiscalidad baja hicieron del istmo uno de los destinos de inversión más populares de América. Sin embargo, esa ventaja se ha perdido en los últimos años, dando como resultado una progresiva pérdida de competitividad que amenaza la prosperidad futura del país.

    Para entender mejor lo ocurrido, echemos un vistazo al Índice de Libertad Económica. Esta publicación nació en los años 90, después de que Milton Friedman sugiriese la posibilidad de clasificar a los países según su grado de apertura al mercado. La propuesta del Premio Nobel de Economía fue respondida por el Instituto Cato, de Estados Unidos, y el Instituto Fraser, de Canadá.

    Ambas organizaciones hicieron un monumental esfuerzo para estudiar la evolución de la libertad económica desde 1975 hasta nuestros días. Gracias a ese ejercicio sabemos que, hace ahora cuatro décadas, la economía panameña era la cuarta más abierta del mundo, con una nota de 7 puntos sobre 10.

    Sin embargo, la evolución en las décadas siguientes no solo no sirvió para consolidar un avance hacia las primeras posiciones del ranking, sino que apuntaló una progresiva pérdida de dinamismo y flexibilidad. En 1980, Panamá cae al octavo puesto del ranking, mientras que en 1990 se desplomó hasta el número quince de la tabla, con 6,3 puntos sobre un total de 10.

    Si avanzamos hasta 2016, el último año estudiado por Cato y Fraser, encontramos que Panamá está ahora en las últimas posiciones del top treinta. El país centroamericano ha llegado a caer fuera del “top cincuenta” y, aunque ha mejorado levemente sus resultados, figura en un decepcionante puesto 27, después de años de malas políticas económicas.

    El informe, punto por punto

    Centrándonos en la categoría del informe que se refiere al tamaño del gobierno, la nota que recibe Panamá es de 7,4 puntos. Puede parecer un resultado digno, pero no hay que olvidar que, apenas hace una década, este indicador rondaba los 8,5 puntos. Por tanto, el aumento del gasto público y de los impuestos tiene un efecto perjudicial para la evaluación general de la economía panameña. Especialmente dañino es el efecto de los impuestos directos (renta, seguro social, etc.), donde el Índice de Libertad Económica apenas otorga a Panamá un total de 4 puntos sobre 10.

    Tampoco hay avances en lo tocante a la calidad institucional. La nota de 2016 es de 5,24 puntos sobre 10, prácticamente igual que la calificación obtenida hace una década. Panamá suspende en áreas tan dispares como las que miden la independencia judicial, la neutralidad en las cortes, el cumplimiento efectivo de los contratos, etc. La protección de la propiedad sí logra el aprobado, pero con una nota de apenas 6,37 puntos.

    Mucho mejor es la calificación que recibe la apertura comercial: 8,7 puntos sobre 10. No obstante, si desglosamos este resultado, llegamos a algunas conclusiones preocupantes. Quizá la más respetable es que el control y las restricciones a los inversores extranjeros han hecho que el pilar dedicado a medir estas cuestiones haya caído hasta apenas 7,7 puntos. Las crecientes restricciones que ha aprobado el gobierno bajo presión de organismos internacionales imponen numerosas trabas y limitaciones a la llegada de capital foráneo.

    La regulación es otro punto problemático. Panamá recibe solo 6,9 puntos en este indicador, sobre todo por las dificultades que enfrentan las empresas a la hora de contratar (5,05 puntos) y de operar (6,54 puntos). Especialmente preocupante es que el coste de las obligaciones tributarias reciba una nota de 5,33 puntos. Un país que antaño destacaba por sus impuestos bajos y sus facilidades para hacer negocios ha terminado recibiendo calificaciones muy decepcionantes en las áreas que miden estos asuntos.

    Al menos la estabilidad monetaria cotiza al alza y arroja una nota de 9,7 puntos. Sin embargo, si se siguen introduciendo trabas que golpean la entrada y salida de capitales, la dolarización terminará resintiéndose.

    Poner fin al entreguismo

    Es cierto que Panamá ha sufrido en las últimas décadas una fuerte presión por parte de organismos como la OCDE. Sin embargo, también es cierto que otros gobiernos han enfrentado choques similares y han conseguido blindar e incluso mejorar su libertad económica. Desde los años 70 hasta hoy, Irlanda ha dado ejemplo a la hora de bajar impuestos y reducir trabas a la inversión extranjera, pero también ha enseñado al mundo lo importante que es defender la soberanía fiscal como baza de competencia económica. Si el Tigre Celta hubiese actuado como Panamá, su ventaja tributaria se habría esfumado hace años y su milagroso crecimiento económico jamás habría tenido lugar.

    El entreguismo de las autoridades panameñas es preocupante. Una economía que antaño se colocaba a la cabeza de América Latina en libertad económica no puede plegarse sin más ante todo tipo de requisitos intervencionistas que reducen el atractivo del país como centro financiero internacional. Es imposible mantener al istmo como un “hub” de inversiones adaptado a los tiempos modernos si no existe una estrategia de país volcada en recuperar las ventajas perdidas.

    Para consolidar esa agenda de futuro, es fundamental que el gobierno panameño sirva a los intereses de los panameños y no a la voluntad de los burócratas de la OCDE. Partiendo de esa base, habrá que reformar el código tributario, recuperar la defensa de la privacidad inversora, apostar por nuevas tecnologías como blockchain y consolidar una alianza con países que juegan un rol similar en la economía mundial. Ese es el camino de la libertad, que es también el de la prosperidad.

  • Cuidado con la trampa de la deuda china

    Un viejo dicho chino dice que si le prestas dinero a los pobres serán tus esclavos para siempre. Sri Lanka, Paquistán, Montenegro, las Islas Maldivas, Djibouti y Venezuela son países que han caído en la trampa de la deuda china. La trampa de la deuda china funciona de esta manera.

    China presta dinero para proyectos económicos poco viables, a gobiernos que no tienen crédito de la banca occidental porque son proyectos poco viables económicamente hablando. Estos préstamos, como son muy arriesgados son contratados a intereses elevados. Luego cuando el gobierno falla, China pide concesiones portuarias que pueden tener algún uso militar y comercial a cambio con condiciones ventajosas. Este ha sido el modus operandi en estos países. Es una manera mucho más agresiva de hacer las cosas que lo que hacen las potencias occidentales a través del FMI y el Banco Mundial. Por lo menos los occidentales disimulan y no piden concesiones territoriales y navales. Solo políticas y económicas. China no tiene paciencia para esto. Le sobra el dinero y está ansiosa de ser una potencia. Es hacer más o menos lo que hacían Francia e Inglaterra en el siglo XIX. Solo que China por ahora no invade a los deudores.

    Panamá, de la mano del afortunadamente gobierno saliente, se ha lanzado de manera poco transparente a ofrecer cosas a los chinos y a pedirle cosas a los chinos. Una de las megaobras que más llama la atención es el ferrocarril, que típicamente el gobierno actual, estatista a morirse quiere que sea estatal, no privado y financiado con préstamos de China. Panamá tiene que saber una cosa, los Chinos son comerciantes natos, y los cuentos chinos se pagan caro. Mucho cuidado con estas ofertas brujas. Veamos los casos en los cuales quienes creen en cuentos chinos han terminado en la esclavitud del deudor y el control chino de partes estratégicas del país.

    La iniciativa de la cinta y el camino de China (Belt and Road) busca recrear la ruta de la Seda de China a Europa, por tierra a través del Asia Central y Rusia al estilo de Marco Polo o por mar vía el Canal de Suez y el Cabo de Hornos. El problema es el método, muchos de los países necesitan dinero para hacer su parte de la ruta, sean carreteras o sean puertos; China presta el dinero, pero con intereses garantizados bastante elevados. Y cuando los países no pueden pagar, los chinos piden cesión de territorio a 99 años o bases militares.

    China está jugando a un ajedrez naval. Salvo en el caso de Montenegro, Paquistán, Sri Lanka y las Maldivas son lugares estratégicos con respecto a la India. Un rival militar potencial de la India y con la cual China tiene conflictos. La invasión del Tibet y las aventuras chinas en estos países tienen como objeto rodear militarmente a la India a largo plazo. La presencia China en Djibouti tiene como objeto bloquear la presencia de militares de la OTAN en el cuerno de África. La presencia China en Nicaragua, Panamá y Venezuela puede servirles para controlar el sur del Caribe y poder mover recursos de Sudamérica sin interferencia norteamericana. Esto explica la entrada de Colombia en la OTAN y trae augurios pésimos para la neutralizad del Canal, algo que nuestro gobierno parece querer ignorar olímpicamente. Una cosa es que los puertos estén manejados por empresas chinas civiles y la otra es que se ceda al gobierno chino territorio para poner una embajada a orillas del Canal. Este es un patrón que se ha seguido en varios otros países. Y todavía no nos han prestado plata.

    Caso Sri Lanka. En el 2010 los Chinos prestaron 1.5 millardos para hacer un puerto, que no tuvo éxito, así que los chinos obtuvieron una concesión por leasing por 99 años. Esto no tiene a los indios muy felices. Pese al supuesto uso civil de los puertos.

    Caso Pakistán. Este le debe China 6 mil millones de dólares, China le cobró un interés elevado garantizado por el gobierno paquistaní. Pakistán le pagó en parte con un puerto de aguas profundas y una base militar. Ahora China rodea a la India por el Occidente y por el Sur.

    Caso Las Maldivas. Una deuda que llega al 100 del GDP, y que eventualmente China quedará por cobrar en dinero, o en tierras, cerca de la India.

    Caso Montenegro. Una autopista a ninguna parte. Que ha endeudado a Montenegro y que todavía no puede pagar sin endeudarse más. La deuda vs PIB de Montenegro llega al 80%. Todavía no sabemos que pedirá China.

    Caso Djibouti. Los chinos tomaron el control de un puerto de Contenedores, cerca del acceso a las bases navales de la OTAN. En la entrada del Mar Rojo donde está el canal de Suez.

    Caso Venezuela. El gobierno, sin dinero e imprimiendo dinero del aire, recurre cada vez más a dar en garantía sus recursos mineros y petroleros a China a cambio de préstamos que los Chinos saben que no podrán pagar.

    Malasia iba por el mismo camino, hasta que un cambio de gobierno de votantes molestos por la influencia china suspendió dos tercios de los contratos chinos, pidiendo la cancelación de los proyectos. El proyecto más familiar es el ferrocarril financiado por un banco estatal Chino. Un ferrocarril que costaba más de lo publicado y que iba a meter a Malasia en un serio problema de deuda. Esto nos debe encender varias luces amarillas de cautela. Porque a nosotros también nos han ofrecido un tren………..

    Soy un creyente en que Panamá debe tener relaciones cordiales con el país más poblado de la Tierra y la segunda economía del mundo, pero los panameños tenemos la tendencia de ser como esas mujeres que se divorcian de un marido abusivo para caer en las manos de otro marido abusivo. Salimos de Madrid para caer en Bogotá, de Bogotá para caer en Washington y ahora queremos salir de Washington para caer en las manos de Beijing. Lo ideal es aprender a ser independientes.

    El problema es que tenemos una administración totalmente autista, inmune a las opiniones y omisiones del mundo exterior hasta que éstas no conlleven amenazas directas contra las personas que tienen el poder, sólo en ese caso reconsideran o reculan.

    Ya metimos la pata con la embajada, ahora toca mirar con lupa lo del tren.

  • Lecciones Macri para el próximo presidente de Panamá.

    Macri llegaba a la presidencia argentina pensando que por ser el nuevo, el poder mágicamente iba a poder desactivar todas las bombas económicas que le dejaban los esposos Kirchner.

    Error garrafal. Cuando una persona busca llegar al poder de manera responsable, debe tener un plan de gobierno, no una carta de deseos al niño Dios. Cuando ganó Macri por un lado respiré tranquilo de que había un aliado menos de Maduro en la región, pero por otro lado, deseaba que hubiera ganado el candidato de Cristina Fernández. ¿Por qué? Porque Argentina tiene el problema de que no toca fondo. Un pueblo que elige a quien toma ideas sistemáticamente antieconómicas pero las consecuencias nunca las paga quien las tomó, sino el gobernante siguiente, lo que permite al verdadero responsable echarle la culpa del incendio al que llegó realmente a apagar el fuego. Esto permite que Argentina tenga una crisis económica seria cada 15 años más o menos.

    El populismo de los Kirchner ha sido elogiado por personajes como Stiglitz……Pero lo cierto es que el gobierno, si bien paró el caos de la crisis del Corralón, dejó una herencia de controles cambiarios irreales, monumental gasto público, una de las presiones impositivas más altas del mundo, leyes laborales demasiado rígidas y una moneda cuya inflación empieza a ser preocupante. Enfrentar todo ésto le hubiera tocado al sucesor de Cristina Fernández. Por eso hubiera sido más justo que su sucesor nominal fuera el que tuviera que limpiar el estiercolero y quedar embarrado de estiércol en el proceso. Así los kirchneristas no hubieran podido decir, “con nosotros estaban ustedes mejor, vuelvan a votar por nosotros en la próxima elección.”

    Pero le tocó al opositor Mauricio Macri. Y esta es la lección para el próximo presidente de Panamá.

    Martinelli y Varela le van a dejar una deuda inflada, un gasto público elevado, una recaudación fiscal descendente debido a la contracción económica, un Seguro Social en quiebra. Un salario mínimo inflado, una legislación laboral rígida. Compromisos internacionales que atentan contra el centro de servicios de Panamá. Y no basta con decir que se es el cambio porque sus cromosomas tienen un ADN distinto. No, se tiene que presentar un plan de gobierno claro y explicarle desde ahora a la gente que se va a tener que tomar medidas duras y por qué se tiene que tomarlas. Macri en Argentina llegó al poder sin querer armar un plan económico que ameritaba la situación, sin tener un ministro de economía pesado. Sin querer explicar bien por qué el estado de las cosas que heredó de Doña Cristina lo iba a obligar a tener que tomar medidas serias. No basta con decir que se es el Cambio, se tiene que decir por qué las cosas tienen que cambiar.

    Y hay que saber moverse rápido; dejar que las cosas pasen los primeros 100 días de gobierno, o dejar que pasen todavía las elecciones legislativas dos años después y hacer los cambios gradualmente en lugar de desactivar la bomba de una sola vez, solo puede que se lleve a que la bomba estalle y explote en la cara. El pragmatismo es bueno, pero no tanto si en realidad significa no un sentido realista sino falta de convicciones, de conciencia del peligro de no hacer las cosas y falta de valor para hacer lo correcto.

    Esperemos que el próximo presidente tenga el valor de hacer las cosas bien……..la realidad no puede esperar, como no esperó a Macri.

  • El futuro está en el Agri Tech.

    Panamá tiene un problema estructural serio en el tema del agro. Año tras año, década tras década, bajo las excusas de comercio justo o de salvaguardar la soberanía alimenticia, los gobiernos prometen ayudar al agro, y poner barreras no arancelarias, o subsidios, o grandes proyectos de infraestructura, o una combinación de todas esas cosas, pero el agro no levanta. Una de las causas de la mala distribución del ingreso en Panamá es que el agro emplea a medio millón de personas de manera directa, pero solo genera menos del dos por ciento del PIB. Que el agro caiga con respecto a otras actividades en la generación del PIB no es en sí malo, porque eso es normal en todos los países con industrias o servicios, pero que emplee tanta gente en proporción a los ingresos que genera es negativo, el agro es una fábrica de pobreza. Y es algo que todos los sectores políticos deben entender.

    El agro en Panamá tiene varios problemas estructurales.

    1. Un enfoque en el mercado interno, lo cual limita su capacidad de crecimiento y lo hace enfocarse en rubros de alimentos en los cuales no es necesariamente competitivo y tiene que ser protegido y subsidiado, engendrando poco valor agregado para el país y para quienes viven del agro.
    2. El proteccionismo y el enfoque en el mercado interno significan que los panameños tenemos que comer comida más cara para sostener el agro, que la pagamos de dos maneras, en precios más altos de la comida y en impuestos para subsidios.
    3. La falta de claridad en temas como derechos de propiedad hace difícil usar la tierra para financiamiento.
    4. La falta de proyectos de infraestructura por temas de corrupción y malos manejos.
    5. La protección constitucional dada a los comerciantes al por menor que crea cuellos de botella en el mercado local que perjudican a los productores. El control de precios y las cuotas de importación al final actúan como otra distorsión más.
    6. El hecho de que el agro está enfocado en el mercado local ata la tierra y los recursos humanos a rubros poco lucrativos que solo subsisten por las protecciones locales en lugar de buscar rubros competitivos a nivel mundial.

    La solución es ser como Nueva Zelanda y Australia, dos ejemplos de países con un sector agrario fuerte y sin embargo son países desarrollados.

    Estos países tienen derechos de propiedad claros sobre la tierra que facilitan el financiamiento y una política agraria enfocada en las exportaciones. Cuando Nueva Zelanda abrió los mercados a las importaciones, y eliminó los subsidios de raíz, su primera ministra fue tachada de ser la asesina del agro, pero fue esta apertura la que abrió el mercado a la exportación en lugar de usar la tierra para actividades destinadas a suplir el mercado local.

    Hay que tener claro un par de cosas:

    1. Los inversionistas no van a invertir en un mercado local pequeño como el de Nueva Zelanda o Panamá, ellos quieren un mercado más grande para sus productos, un mercado global. Y van a invertir en un agro enfocado en un mercado global no en un agro enfocado en 4 millones de personas.
    2. Los inversionistas no van a invertir en un mercado donde la titularidad de la tierra no está clara. Panamá no atrae inversionistas al agro por eso. El agro sigue dependiendo de la banca estatal comparado con otros sectores de la economía. Y de subsidios y ayudas.
    3. La inversión extranjera y la propiedad sobre la tierra así como la libre competencia son fundamentales para poder introducir nuevas tecnologías y es allí donde está el futuro. Atar la tierra a rubros poco competitivos matan la innovación.

    El mundo demanda cada vez más alimentos; sobre todo Asia. Y esta situación demanda granjeros competitivos e innovadores, no gente que hace lo mismos década tras década y espera resultados distintos.

    Desde métodos para automatizar el manejo de las fincas, a mejores maneras de conservar los productos, manejar la cadena de comercialización en blockchain, conservar agua, electricidad y tierra, nuevos fertilizantes y pesticidas más seguros y económicos, sistemas automatizados de diagnóstico de enfermedades y plagas, el mercado en línea con blockchain que elimina intermediarios, el uso de robots y drones para manejar los cultivos y el ganado, la genética para mejorar las especies. Todo esto requiere de inversionistas que un sector agropecuario enfocado en 4 millones de personas y fuertemente intervenido por el Estado no se puede costear, pero sí podría un mercado enfocado en 7 mil millones de personas con un agro manejado por inversionistas privados globales.

    Los australianos han logrado, en un país donde su industria es la segunda menos subsidiada, y con condiciones de sequía, suelos y climas poco favorables convertirse en un jugador mundial en tecnología agropecuaria, algo que también han logrado los Israelíes. La agrotecnología es en futuro, y requiere de mercados libres e innovación, no de subsidios y protecciones.

    Acá queremos seguir haciendo lo mismo, y esperando resultados distintos. Es la definición de idiota de Albert Einstein.

     

  • Colombia acusa a Panamá ante OCDE por no intercambiar información tributaria

    El acuerdo hecho por Colombia y Panamá, hace más de dos años, para compartir información tributaria, habría quedado en letra muerta debido al incumplimiento de Panamá, de acuerdo a la denuncia realizada por el Ministro de Hacienda de Colombia ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

    De hecho, la cuestión trasciende los niveles binacionales, si se tiene en cuenta que el compromiso entre ambas partes quedó suscrito en el Foro Mundial de Transparencia, el cual lidera la OCDE.

    Según el ministro de Hacienda de Colombia, Mauricio Cárdenas, el gobierno panameño se ha “negado a entregar la información” y que esto podría acarrearle sanciones económicas.

    El ministro de Hacienda hizo el pronunciamiento durante la presentación del libro Revolución de la Infraestructura: Colombia más cerca, realizado por la Sociedad de Ingenieros de Colombia.

    Luego del escándalo suscitado por los denominados ‘Panamá Papers’, el gobierno colombiano asegura que este no es un episodio superado  y que Panamá se niega a cumplir con los acuerdos de cooperación realizados.

    Según el ministro, el gobierno panameño se niega a entregar información relacionada con las propiedades e inversiones de los nacionales colombianos residentes en Panama.

    El ministro colombiano expresó su malestar ya que el Gobierno de Panamá no ha intercambiado información tributaria con Colombia, pese a firmar un compromiso ante la OCDE.  «Es un compromiso que Panamá adquirió no solo con Colombia sino con la comunidad internacional», dijo.

    De acuerdo con Cárdenas, el gobierno colombiano elevó su protesta ante la OCDE por el incumplimiento del gobierno panameño, que según afirmó debió entregar los datos en el transcurso del primer semestre del año. “Tuvieron que haber entregado esa información en el primer semestre y no lo hicieron, mandaron unas excusas injustificables. Colombia no acepta esas excusas”, advirtió.

    “Nosotros necesitamos saber qué ingresos y qué activos tienen estos colombianos y si no cumplen (el gobierno de Panamá) le va a acarrear sanciones”, aseguró Cárdenas.

    “Panamá se ha negado a entregarle a Colombia la información tributaria a la que se comprometió y ha salido con todo tipo de excusas y de argumentos que no tienen justificación”, dijo el Ministro.

    “Panamá se expone a sanciones muy severas por ese incumplimiento y muy costosas, además,  para su economía”, finalizó Cárdenas.

    crédito: twitter Cardenas

    Según un reportaje del periódico La Estrella de Panamá de fecha reciente, para dos destacados economistas el hecho de que Colombia pasase a formar parte del ‘team’ de la OCDE iba a provocar presión en el intercambio de información fiscal, hecho que se corrobora con esta primera nota de presión.

    ‘Con el acercamiento de Colombia a la OCDE, Panamá prácticamente se vería obligado a hacer ese intercambio de información fiscal, en caso de que todavía no lo haya hecho, pues inicialmente este país pedía que fuera automático’, señaló  el economista Francisco Bustamante.

    Para el financista Allan Corbet, esto ‘es como tener el escorpión metido en el bolsillo del pantalón’.

    «Colombia necesita cobrarle impuesto a los colombianos que están afuera y de esta manera, al entrar en la OCDE, si Panamá no lo ha hecho, va a tener que darle esa información», destacó Bustamente en esa misma nota.

    «Que los bancos más importantes en Panamá son de origen colombiano, también le da mayor autoridad y libertad a Colombia de pedir información a Panamá», añadió.

    Corbett cuestiona que la OCDE «haya impuesto una cantidad de normas que van más allá de la parte legal y sobrepasa las barreras territoriales imponiendo sanciones a los países que son libres de colocar el impuesto que más le convenga. Entonces, eso de decirnos que somos paraísos fiscales por esa razón me parece absurdo» .

    «Hay que hacer algo urgente con el tema de OCDE e irlos parando, porque cada país debe ser dueño de su destino», añadió Corbett.

    «La actitud de Colombia hacia Panamá es poco amistosa en términos comerciales, en términos de exigencias y en la forma, mientras que Panamá mantiene un perfil diplomático, bastante sereno y tranquilo», señaló.

    Por el momento, ya está clara la posición en el tablero de ambos países: mientras Panamá aún sigue sin poder hacer valer sus derechos comerciales, con varios fallos de la OMC a favor y Colombia desconociéndolos, a poco de su ingreso formal a la OCDE, ya comienza con las denuncias y agresiva presión sobre el intercambio de información tributaria.

    En ambas situaciones, Panamá pierde. Hora de revisar la política diplomática, dada la evidencia de lo resultados.

  • Queda un año

    Después de la Semana Santa queda un período corto para las elecciones de Mayo. O sea que el próximo año vamos a estar en plena carrera electoral. Y lo preocupante es que todavía no se sabe quiénes van a ser los candidatos de los partidos importantes o los candidatos a puestos de elección de los principales partidos o los independientes. En un momento donde el país se encuentra sumergido en la complacencia de un crecimiento económico continuo, que aunque se ha ralentizado y nos trae un aumento de la deuda pública constante, todavía existen problemas de seguridad que el ceder cada día más autonomía a la fuerza pública y ceder el control civil sobre las fuerzas de seguridad no han solucionado. El sistema de servicios de Panamá, del cual depende el 80% por ciento de la economía local está bajo presiones externas fuertes. Panamá ha cedido sin crear negocios alternativos. Desde el 2009 no se han emprendido tareas de modernización del Estado.

    El problema es que la falta de ideología de los partidos políticos significa que no sabemos a qué atenernos, y estamos ligeramente a merced de cualquier locura que agarre “tracción” que proponga un diputado busca notoriedad en la Asamblea.  En la calle “grupos cívicos” tratan de ganar votos por medio de la xenofobia y de la homofobia. La educación y la justicia siguen siendo los grandes temas pendientes.

    El Panameñismo que resultó más falto de ideas en este gobierno que en el de Mireya Moscoso, parece que tiene como idea que gobernar simplemente es recaudar impuestos para gastar, y ha demostrado debilidad frente a los grupos de presión de intereses particulares locales, y a las presiones de organizaciones internacionales como la OCDE en el extranjero. La falta de ideología clara significa que el gobierno tiende a ceder, prefiriendo la calma a corto plazo a los grandes problemas futuros que las regulaciones, subsidios y aumentos decretados, van a traerle. La estructura del partido panameñista como una especie de culto a la personalidad de quien tiene el poder y su organización en forma de círculos concéntricos en torno al gobernante hacen imposible cambiar de rumbo o generar debates internos.

    La oposición no está mejor. El PRD, el partido que ha liderado los cambios económicos más profundos que ha sufrido Panamá, parece tener vergüenza de esto, en su lugar sus precandidatos parecen querer hacer guiños al nacionalismo xenofóbico, al conservadurismo religioso y al proteccionismo económico, en lugar de tratar de promover sus mayores ases en la manga, su capacidad de gestión administrativa, su experiencia modernizando al estado y su buena gestión económica. Buscan causas divisionistas y de intereses puntuales en lugar de presentar un discurso unificador en torno al deseo de los panameños a estar mejor. El PRD sigue teniendo la mejor maquinaria política y lo más cercano que hay a una meritocracia, pero parece no querer usar ninguna de sus ventajas. Prefiere jugar a coquetear con grupos de presión.

    Cambio Democrático no está mejor, y eso es una ventaja. Al final fue un partido que realmente funcionaba como una sociedad anónima más de las empresas de Ricardo Martinelli Berrocal. Su objetivo era llevar a Ricardo Martinelli. Y lo logró. Pero sin su fundador, presidente y mecenas, parece haberse convertido poco a poco en un cascarón vació. Y carece de la capacidad moral para criticar en Varela las cosas que este hace de manera similar a las que hizo su jefe. Aunque mucha gente añora a Ricardo Martinelli, su partido no ha podido capitalizar su popularidad y por ahora no parecen tener un rumbo propio, además, siendo un partido de amores comprados, que recogió a personas deseosas de llegar al poder pero que no cabían en ningún otro partido, es muy vulnerable a que un nuevo mecenas, desde el gobierno compre sus lealtades.

    Ni el MOLIRENA ni el Partido Popular ni el FAD tienen oportunidades creíbles para llegar al poder. Su objetivo es más bien sobrevivir como partidos políticos y de ser posible lograr cuotas de poder y representación política.

    ¿Y los candidatos independientes? Bueno, los que existen parecen concentrarse en el “yo soy el novato en el sistema político, voten por mí porque voy a luchar contra la corrupción”. Como si la corrupción fuera un tema de personalidades y no de estructuras de poder.

    A un año y un mes de las elecciones, no vemos que la clase política parece tomar la política en serio, proponiendo políticas públicas sensatas. Y esto es un poco deprimente. Porque está claro que la complacencia de un crecimiento económico financiado en gran parte por deuda pública nos hace conformarnos con políticas a corto plazo y superficiales en lugar de asegurar el futuro de Panamá a largo plazo.

     

  • Cállense Mentecatos

    El ministro está furioso, porque Panamá en el 2018 está previsto que sea el país con más alto per cápita de América Latina, pero no le han hecho caso ni le han echado las flores que él piensa que se merece el gobierno actual. ¿Será en realidad porque no lo merece?

    Vamos a dejar en claro una cosa. Es poco lo que puede hacer un gobierno, por más de que los políticos vendan lo contrario, para levantar la economía de un país. Un gobierno no puede por sí solo hacer que la economía de un país florezca. Son los habitantes de un país los que levantan la economía del mismo. Un gobierno puede fijar los marcos correctos para que la actividad económica florezca, garantizar la seguridad de las personas y las actividades económicas, hacer cosas que hagan la economía más productiva como obras de infraestructura, garantizar el acceso a la educación y la salubridad. No puede garantizar el éxito de las actividades económicas en una economía compleja.

    Pero lo que si puede hacer el gobierno de manera muy fácil es destruir la economía; se está demostrando en Venezuela: basta con establecer controles de precios y de salarios irreales, basta con imprimir moneda sin respaldo y aumentar la masa monetaria, basta con debilitar los derechos de propiedad. Tratar de levantar una economía a punta de gasto público como hizo el gobierno de Ricardo Martinelli o está haciendo el gobierno actual tampoco es bueno. Se puede crear una burbuja, pero ese gasto público al final no es sostenible, porque sale o de los impuestos o sale de la deuda, que finalmente termina en forma de impuestos en el futuro. El precio de esa burbuja siempre va salir de sacar dinero de las actividades productivas de los particulares. Endeudar a un país no es mejorar su economía, es crear una burbuja. Y las burbujas tarde o temprano revientan. Recordemos a las economías latinoamericanas en los 80s con la crisis de la deuda o a Grecia recientemente. El crecimiento real es el que surge del ahorro y la inversión privada.

    Por eso el ministro no debe sorprenderse cuando la gente rehúsa darle crédito por los triunfos económicos de Panamá. Ya que por ejemplo, la vuelta a la estabilidad democrática fue un triunfo del quinquenio de Guillermo Endara, la reforma de la estatista economía heredara de los militares, fue un triunfo del quinquenio de Ernesto Pérez Balladares. Y fue ralentizada durante el quinquenio perdido de Mireya Moscoso. Pese a eso, desde los últimos años de ese quinquenio, a partir del 2003 para ser exactos, que la economía panameña empieza a crecer, llegando a tasas de crecimiento superiores al 6 o 7% durante el gobierno de Martín Torrijos. Todo eso sin que la deuda pública aumentara.

    Durante el gobierno de Ricardo Martinelli, esta tendencia se disparó, ya que al crecimiento de la empresa privada y a la inversión extrajera directa, el gobierno Martinellista sumó grandes dosis de gasto público sufragado por deuda. Lo que hizo que Panamá tuviera niveles de crecimiento económicos chinos, superiores al 10% anual. Aunque ya para el 2013 estos niveles empezaban a decrecer.

    La gran diferencia entre el quinquenio Martinelli y el quinquenio Torrijos es que mientras que con Torrijos el crecimiento se debía a la inversión privada, local y extranjera, en el quinquenio Martinelli ésta tenía un importante elemento de gasto público y deuda pública. La relación deuda /PIB seguía siendo buena, pero recordemos que el PIB tiene la trampa de incluir en él gasto público, el cual crecía alimentado por esa misma deuda contra la cual lo comparamos. Así que ese crecimiento exagerado durante el quinquenio Martinelli tenía elementos de burbuja artificial. Y no era sostenible. Lo peor es que el gasto público quitaba recursos a la empresa privada, creaba inflación y permitía aumentos artificiales de salarios. Para el 2013, al bajar el gasto público, este crecimiento empezaba también a bajar como ya hemos dicho. No era algo indefinidamente sostenible.

    Lo que nos lleva al quinquenio actual que no ha terminado. Difícilmente puede reclamar el gobierno de Juan Carlos Varela crédito por el actual nivel per cápita de Panamá cuando esto ya había sido predicho por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hace años. Y es el producto de decisiones tomadas mucho tiempo antes. Como el eliminar el Banco Central en 1904, las leyes de abanderamiento de naves y de sociedades en las primeras décadas de la República, la creación del centro bancario en los 1970s. Y por supuesto todas las medidas políticas y económicas tomadas en los 1990s. Panamá creció de manera continua desde 1990 hasta el 2001, y del 2003 hasta nuestros días, la recesión del 2008 solo ralentizó el crecimiento un año. Pero a diferencia de otros países nunca entramos en recesión. Hemos crecido desde el 2003 hasta nuestros días.

    Cuando un auto va a velocidad, y se le daña el motor, todavía puede seguirse moviendo un tiempo por inercia a menos que alguien aplique los frenos. Lo mismo pasa con la economía de Panamá. Cuando tiene impulso desde hace más de 15 años, aunque se pongan los frenos, no se va a frenar de golpe, se puede tratar de frenarla, y sin embargo, se mueve.

    Porque vamos, el gobierno actual ha seguido con una política de aplicar frenos al crecimiento, siguiendo las políticas del gobierno anterior pese a una distinta situación económica. Se ha seguido endeudando al país, ya no tanto para financiar obras, sino para sufragar gastos corrientes y subsidios, algo insostenible en el tiempo. Se han rendido a las presiones de la OCDE a cambio de nada, y sin buscar alternativas a los negocios que se pierden en el país, cuando otros países han reemplazado sus ofertas de servicios por otras. Han seguido la política de aumentos irreales del salario mínimo, lo cual es un estímulo a que las empresas se automaticen, llevando a una situación en la cual el desempleo aumenta pese a que el crecimiento económico sigue estable, y convenientemente se le echa la culpa a los inmigrantes extranjeros. Se ha aumentado el peso y costo de la burocracia a la hora de formalizar trámites, pagar impuestos o inscribirse en el Seguro Social. Y los problemas estructurales más profundos como la falta de un Órgano Judicial independiente, confiable, y rápido, o un buen sistema educativo siguen sin atenderse, o el hecho que existan grandes disparidades de ingresos entre amplios sectores de la población. En otras palabras, es poco lo que el gobierno actual ha hecho para garantizar el crecimiento económico, el cual más bien se ha dado pese a las políticas del gobierno actual. Simplemente vivimos de la inercia positiva de gobiernos pasados. O de nuestra misma base institucional.

    Así que no nos llamen mentecatos cuando rehusamos en dar crédito a un gobierno por los resultados de nuestro diseño institucional y pese a, más que debido a, las políticas menos intervencionistas de gobiernos anteriores.

     

     

  • ¿Blockchain para la Zona Libre de Colón?

    Publicado en el diario La Prensa el 24 de Agosto del 2017

    A pesar de que blockchain se vinculó inicialmente al mundo financiero y las criptomonedas, esta situación ha cambiado en los últimos dos años y crecientes investigaciones e implementaciones de prueba han sido efectuadas para todo el proceso del comercio internacional.

    Esto es de fundamental importancia para la alicaída Zona Libre de Colón (ZLC), decaimiento debido principalmente a más impuestos y regulaciones y la consiguiente burocracia, así como al surgimiento de muchas más zonas especiales que le compiten.

    Muchas de las propuestas de mejora apuntan a cambiar su modelo de negocios; y quizás la solución no venga de la mano de cambiarlo, que muy bien le ha funcionado a la fecha, sino más bien modernizarlo y actualizarlo con la mejor tecnología disponible. Y ahí está blockchain listo para ser apropiado y utilizado.

    Tanto importadores como exportadores buscan mitigar los riesgos comerciales a través de intermediarios de confianza (bancos), quienes cobran una comisión por la posición de riesgo. Actualmente, más de 2 billones de dólares del comercio mundial dependen del intercambio físico de cartas de crédito, emitidas por los bancos.

    Desde las “cartas de crédito” hasta los “conocimientos de embarque”, el comercio de mercancías depende todavía en gran medida de documentos en papel. Los controles para el lavado de activos, los retrasos en entregas y pagos, la multiplicidad de intermediarios, la ineficiencia que genera la duplicidad de documentos en procesos de verificación y múltiples plataformas entre países, hacen que blockchain se presente como la solución ideal: la transparencia en el seguimiento del proceso, la automatización de las “cartas de crédito” y su almacenamiento en libros de contabilidad ( ledgers) bajo la figura de contratos inteligentes ( smart contracts). También el proceso de cumplimiento automatizado que permite el acceso en tiempo real a las operaciones almacenadas en el ledger para el control de lavado de activos. Asimismo, se reducen los costos en la creación de documentos, gracias a la automatización de procesos, la eliminación de bancos corresponsales y la reducción del fraude.

    Esta trazabilidad permite la visibilidad en la gestión de inventarios, tiempos y costos para el sector. La tecnología blockchain asegura que: a) las transacciones de envío sean auditables; b) las cadenas de custodia de los bienes puedan ser verificadas; c) los registros de transporte no puedan ser alterados; y d) las partes inconformes no puedan repudiar la veracidad de estos registros.

    En noviembre del año pasado, HSBC y la empresa Reliance Industries completaron el primer intercambio electrónico de cartas de crédito en la India con éxito. Bank of America Merrill Lynch, HSBC y la Infocomm Development Authority de Singapur (IDA) anunciaron que han desarrollado un prototipo en blockchain, utilizando el proyecto Hyperledger, que refleja una carta de crédito compartiendo información entre exportadores, importadores y bancos en un libro distribuido privado. Esto les permite ejecutar un acuerdo comercial automáticamente en minutos literalmente.

    IBM y Maersk están aplicando blockchain para el seguimiento de envíos internacionales, por ejemplo, un cargamento de flores desde Mombasa, Kenia, hacia Holanda, o rastrear bienes enviados desde Schneider Electric en Lyon, Francia, hasta el puerto de Newark, en Estados Unidos, pasando por el puerto de Róterdam.

    El Ferrocarril Estatal de Tailandia (SRT) y Tailandia Post aplicarán la internet de las cosas (IoT) y la tecnología blockchain para mejorar sus servicios logísticos. Tailandia Post también está estudiando crear un e-marketplace y un sistema de e-logística, donde Tailandia Post desarrollará canales de distribución para clientes de comercio electrónico. Esto incluye soluciones de cumplimiento C2C (cliente a cliente) y servicios de entrega en lugares convenientes seleccionados por el cliente, además de un sistema de pagos electrónicos para la utilización de e-wallets.

    La tecnología de blockchain podría revolucionar la ZLC, haciendo al comercio más barato, rápido y sencillo y a la logística un factor disruptivo, para que los negocios se conviertan en “el Alibaba” regional. Solo hace falta determinación, el resto ya existe.