Etiqueta: privacidad

  • El Cateo Ilegal

    “Cateo” viene del latín “captare”, de coger o buscar; tal como ocurre con la búsqueda de vetas auríferas en minas y tal. También el uso ha llevado el término a referirse la búsqueda de evidencias relacionadas con delitos. Pero, lo que no es legal es la detención y cateo en ausencia de delitos o razonable sospecha de ello. Sin embargo, no es nada rara esa actuación policial en Panamá y la pregunta sería ¿por qué lo hacen? La respuesta la encontraremos en una historia de gobernanza desmedida y corrupta que nuestra gente ha apadrinado a través de los siglos.

    Una organización policial que permite a sus agentes cometer semejantes delitos sin ningún resquemor dice mucho acerca de la corrupción endémica que traemos en el DNA en este hermoso istmo. Es así, ya que las autoridades no pueden desconocer semejante práctica; la cual se da con peatones y conductores de autos. Y las excusas que dan son ¡baladí!; termino de origen árabe que significa “tierra”, o digo yo… “mugre”.

    Alegan algunos que la detención, con demanda de identificación y cateo se justifica como herramienta para pescar delincuentes. ¡Qué lindo!, considerando que en tales actos el delincuente es el agente de policía. Esa no es la manera de pillar delincuentes; y al respecto doy un ejemplo: Si los agentes de tránsito se dedicaran a patrullar y pescar a los infractores crónicos, verían que entre ellos están los malandrines. Triste que a menudo los malandrines son los de la ATTT.

    Vayamos al fondo jurídico… tal como el caso de Jennings versus Smith, en que se demandó por pedido ilegal de identificación a un pastor negro. El pastor regaba el jardín de su vecino que se había ido y le pidió el favor. Una vecina vio al pastor y llamó a la policía, que llegó e interrogó al pastor; quien explicó el caso, pero igual le pidieron identificación y el pastor se negó. Imagínense, que para salir a regar el jardín del vecino tienes que llevar cédula o tal. En fin, el caso fue hasta la Corte Suprema de Alabama, la cual falló en contra de pedir identificación cuando no media falta ni delito de por medio.

    Entonces, regresemos a Panamá en dónde a mi hermano en dos ocasiones que fue detenido sin mediar causa se negó a presentar su licencia. En el primer caso fue un agente motorizado que insistió y mi hermano le declaró arresto al agente; el cual salió en corriendo, se montó en su moto y se dio a la fuga. En el segundo caso lo detuvieron en un retén, de esos que se hacen fuera de norma: “Su licencia.” “¿Por qué?” “¡Su licencia!” Mi hermano cerró la ventana. Lugo vino un sargento y luego un teniente; este último le preguntó: “¿Qué ocurre señor?” “Que me piden la licencia y cuando pregunto por qué no me dan razón.” El teniente: “Señor, ¡váyase, váyase!” ¿No les dice esto algo mis estimados lectores?

    El meollo o tuétano del asunto es que en una población en donde no se respeta a los ciudadanos o extranjeros el bienandar anda trastabillando, ese que nace con el respeto a la libertad, es que es lo primero que aparece en el Preámbulo de nuestra malísima constitución; la cual, al menos, en eso no anda mal al decir:

    “Con el fin supremo de fortalecer la Nación y garantizar la libertad…”

    Es simple, cuando el mal ejemplo lo apadrinan las autoridades que permiten o hasta andan en contubernio con sus agentes, es análogo a los padres de familia que no enseñan el bienandar as sus hijos.

  • Veredicto parcial a Roman Storm: un signo preocupante para la privacidad y la libertad del código

    Ayer, un jurado federal en Manhattan emitió un veredicto parcial en el caso del co‑fundador de Tornado Cash, Roman Storm, encontrándose impedido de llegar a consenso sobre los cargos más graves de lavado de dinero y evasión de sanciones. Sin embargo, fue hallado culpable únicamente de haber operado un servicio de transmisión de dinero no autorizado, lo que puede acarrear hasta cinco años de prisión.

    ¿Qué ocurrió?

    El juicio giraba en torno a acusaciones de que Tornado Cash facilitó el lavado de más de mil millones de dólares, incluyendo fondos vinculados al grupo Lazarus de Corea del Norte. Los fiscales alegan que Storm sabía del uso ilícito del protocolo y se lucró de ello. En respuesta, la defensa sostuvo que él solo escribió un software descentralizado; que no controla cómo se usa y que no intentó apoyar actividades criminales.

    La “victoria parcial” sobre la privacidad

    Previo a la deliberación, la jueza Katherine Polk Failla permitió que la defensa incluyera argumentos sobre motivaciones de privacidad, aunque prohibió apelaciones al término legal “derecho a la privacidad”. Esto ha sido interpretado como un reconocimiento limitado de que el software puede desarrollarse por convicción, no por ánimo criminal, pero sin otorgar un amparo constitucional completo.

    Implicaciones para el movimiento cypherpunk y el software libre

    Desde comunidades cypherpunk y defensoras del software libre, este fallo genera gran preocupación: ¿puede un desarrollador ser penalizado por el uso que hagan otros de su código? Si la respuesta es sí, muchas herramientas legítimas podrían volverse criminalizables.

    La comisionada de la SEC, Hester Peirce, ha advertido que los desarrolladores de código abierto no deben responder legalmente por cómo lo usan los usuarios. Apelando a precedentes de la criptografía (como el caso de PGP en los años 90), subraya que si se persigue a creadores neutrales, la innovación tecnológica se vería seriamente amenazada.

    El sentir de la comunidad

    Activistas y defensores ven este juicio como un precedente peligroso. Aunque el jurado no condenó por los cargos más graves, la culpabilidad por operar un servicio sin licencia ya representa una señal inquietante para quienes desarrollan herramientas de privacidad descentralizadas. Los desarrolladores de Tornado Cash recaudaron millones en apoyo legal dentro del gremio criptográfico, lo que simboliza un fuerte respaldo comunitario.

    Además, el juicio interroga directamente si programar anonimicidad o privacidad puede ser criminalizado dependiendo del uso que le den terceros.

    ¿Una noticia alentadora?

    No lo es. Aunque Roman Storm evitó condenas por los cargos más devastadores, la sentencia parcial y la presión legal ejercida por las autoridadeds constituyen un aviso para desarrolladores y defensores de tecnologías descentralizadas.

    El mensaje se percibe claro: cualquier herramienta que dificulte el rastreo financiero puede convertirse en objeto de persecución, incluso si su creador no promovió usos ilegales. Esto genera un clima de inseguridad jurídica para software libre, DeFi y proyectos orientados a proteger la privacidad.

    La sentencia parcial de Roman Storm pone el foco sobre un tema central para la cultura cypherpunk: la responsabilidad penal por escribir código. Aunque esta vez los cargos más severos quedaron sin cerrar, el hecho de que una persona sea declarada culpable por mantener en funcionamiento un protocolo descentralizado ya marca un duro precedente. A ojos de activistas por la libertad como nosotros, la privacidad y los desarrolladores de software libre, no son noticias alentadoras.

  • Carissa Véliz, filósofa: “Muchos adolescentes ni siquiera alcanzan a imaginar cómo es vivir con privacidad”

    Asegura Carissa Véliz (Reino Unido) que aprende lo indecible en las conversaciones con sus estudiantes de la Universidad de Oxford, con los que habla del valor de lo analógico, de las relaciones personales, de qué hace que una vida sea buena. Está convencida de que solo protegiendo la privacidad podemos mantener a salvo la democracia. Y le preocupa que muchos jóvenes, acostumbrados a crecer sin ella, no se den cuenta de las implicaciones que su ausencia puede tener para su futuro.

    En alguna ocasión ha comentado que la privacidad es un instinto animal que compartimos con todas las especies y, sin embargo, últimamente vivimos como si pudiéramos prescindir de ella. ¿Son conscientes las generaciones más jóvenes de su importancia?

    Es difícil responder porque “los jóvenes” no son un grupo homogéneo: hay diferencias importantes en función de dónde nacen, dónde viven, incluso depende de si son hombres o son mujeres. Últimamente me ha sorprendido bastante que mis estudiantes son más conscientes de la importancia de la privacidad y están menos enganchados a la tecnología que muchos adultos. Aunque quizás mis estudiantes no sean lo suficientemente representativos de la población.

    En general, me preocupa el hecho de que haya muchos chavales que no han crecido con privacidad, que ni siquiera alcanzan a imaginar lo que es vivir con privacidad y, sobre todo, que no se dan cuenta de las implicaciones que su ausencia tiene para su futuro.

    La privacidad no es solo una cuestión de si permitimos o no que nos vean o sepan de nosotros. Cuando empresas y gobiernos tienen acceso a información acerca de quiénes somos, qué hacemos, si gozamos de buena o de mala salud, cuáles son nuestras tendencias políticas o religiosas o de quién nos enamoramos, eso tiene implicaciones.

    Así es. Sobre todo porque cuando has vivido siempre en una democracia es difícil imaginar que es frágil, que es vulnerable, que puede tener un fin si no la cuidamos.

    La pérdida de la privacidad puede coartar tu libertad, la libertad de poder decir lo que piensas, la libertad de juntarte con quien elijas, la libertad de poder protestar de manera pacífica. Cuando todo eso desaparece, uno empieza a tener miedo de lo que ha dicho, o de lo que puede decir, y acaba autocensurándose.

    Ocurre ya que en Inglaterra y Estados Unidos se invade la privacidad de quienes tratan de alquilar un piso: los propietarios contratan compañías de datos para obtener información sobre el posible inquilino. Y si le rechazan, si le niegan el acceso a una vivienda, no tienen que justificar por qué, no necesitan dar un motivo.

    Se vulneran, entonces, varios de los derechos que recoge el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama garantizar la protección de la vida privada, la familia, el domicilio, la reputación…

    Claro. Y lo más preocupante es que los problemas no surgen en el momento en el que se recolectan los datos, sino que suelen aparecer mucho más tarde. Es más, ni siquiera cuando surgen es fácil hacer una conexión directa entre el momento en el que un dato deja de pertenecerte y el momento en que sufrimos discriminación o exclusión por ese dato perdido.

    Los derechos son derechos justamente porque son un bien a proteger, imprescindible. Y, si la sociedad vive con una perspectiva demasiado individualista, nos arriesgamos a perder derechos y libertades.

    A veces son los propios padres quienes empiezan a compartir los datos de los chavales antes de que ellos puedan decidir, sin darse cuenta de que, en el futuro, puede tener consecuencias negativas para sus hijos.

    Sin duda. Y eso me hace pensar que todos tenemos que estar mejor informados, algo nada fácil porque muchas compañías y muchos gobiernos no tienen interés en que se conozca cómo tratan los datos.

    Pero no debemos caer en el error de poner toda la responsabilidad sobre los hombros de los individuos, que estamos sobrepasados con el actual nivel de burocracia y de trabajo, y con la cantidad de exigencias que supone nuestro día a día. Lo ideal sería que pudiéramos disponer de mejores productos, poder tener todos acceso a correos electrónicos privados y móviles que respeten la privacidad.

    La necesidad de probar cosas nuevas y la atracción por el riesgo es inherente a la adolescencia. Pero ¿qué pasa con los riesgos digitales? ¿Se asumen con la misma consciencia que, por ejemplo, un salto en paracaídas?

    Indudablemente, no. Uno de los problemas con la vida digital es que es muy nueva. No tenemos experiencia suficiente para tener reacciones viscerales de miedo al riesgo al que nos exponemos. En parte por la novedad, en parte porque es muy abstracto, y en parte porque está diseñado para ser opaco.

    Cuando escribo un mensaje que parece privado en una plataforma como X, pero en realidad está a la vista de todos, hay una incongruencia entre lo que realmente estoy haciendo y la sensación que experimento.

    Por otra parte, somos seres biológicos y, si nos lanzamos desde un avión, la sensación física de riesgo es muy tangible. Pero, si alguien te empuja a la dark web o vende tus datos a un data broker particularmente irresponsable, no hay ninguna sensación física que te alerte.

    ¿Explicar a los más jóvenes esos riesgos invisibles puede ayudarles a poner límites?

    Considero que sí. He conocido a muchos estudiantes que evitan compartir ciertas cosas porque se preocupan por el día de mañana, por si en el futuro, cuando vayan a pedir trabajo, tienen problemas porque alguien ve aquella foto en la que habían bebido más de la cuenta, o lee aquel comentario desafortunado.

    Yo, sobre todo, animaría a los jóvenes a que participen en la construcción de su propio mundo. Es su mundo, el mundo que van a habitar, y tienen derecho a construirlo. Me gustaría ver jóvenes que programen, dedicados a crear aplicaciones mejores de las que hay, que no quieran trabajar para Google sino crear su propia compañía, con otra ética diferente y sin sesgos racistas o sexistas.

    ¿Digitalizar implica vigilar?

    No necesariamente. Según hemos diseñado lo digital, ahora mismo ambas cosas están indisolublemente unidas. Por eso hay que reinventar lo digital.

    Tal y como lo plantea, el debate no es tecnología sí o tecnología no, sino tecnología cómo y, sobre todo, con qué ética.

    En efecto, la clave es quién tiene el poder sobre la tecnología, quién la controla y hasta qué punto nos da autonomía. Un adolescente que tiene 18 años vive en un mundo en el que siempre ha existido Google, pero lo cierto es que, si lo vemos en perspectiva, Google ha existido un microsegundo en la historia de la humanidad. Las nuevas generaciones deben darse cuenta de que todo es temporal, y de que tienen la oportunidad de cambiar lo que no les gusta.

    Muchas redes sociales y apps nos ofrecen constantemente contenidos a medida, y eso nos encierra en una especie de pecera, una burbuja donde solo se muestran contenidos que coinciden con nuestra forma de pensar, mientras el resto de la realidad se diluye. Así, parece más fácil que triunfen los discursos de odio y la desinformación.

    Sí, así es. Pero la tecnología no tiene por qué colocarnos necesariamente en estos guetos de información, de ahí mi insistencia en que los propios jóvenes inventen algo diferente, algo menos personalizado. Porque todo lo personalizado nos aísla de los otros.

    Insisto en que estamos en un momento en que es necesario involucrarse en la sociedad que tenemos, hacernos responsables de ella, forjarla, cultivarla, cuidarla.

    Y eso, entiendo, va más allá de crear nueva tecnología.

    Sí. Y, aunque podemos caer en el error de pensar que en este momento, con el auge de la inteligencia artificial, lo más importante para construir el futuro son las ciencias experimentales, la realidad es que es el momento de las humanidades. Porque sin humanidades, sin un entendimiento de cómo gobernar la tecnología, podemos terminar peor que si no desarrollamos esa tecnología.

    Hace un rato leí en un artículo del Financial Times que las empresas se quejan de que sus empleados no son capaces de pensar por sí mismos. Y las disciplinas que nos enseñan a pensar son, precisamente, las humanidades.

    No sé si conoce el debate que ha habido en España hace poco, con la última reforma de la Ley de Educación, sobre si mantener o no como obligatoria la asignatura de Filosofía, si es lo bastante útil.

    Que podamos tan siquiera insinuar que la Filosofía no es útil deja en evidencia que estamos manejando un concepto de utilidad increíblemente superficial, cortoplacista, centrado solo en producir y obtener resultados que podamos cuantificar, traducir a números. Cuando lo cierto es que todos nosotros tenemos una idea bastante intuitiva de que las cosas que más importan en la vida no se pueden medir.

    ¿Qué mensaje le mandaría a los jóvenes?

    Mandaría dos. El primero, que es el momento perfecto para leer. Leer todo lo que puedas leer. Leer historia, leer filosofía, leer política, leer antropología, aprender de las generaciones pasadas, de cómo superaron los momentos más difíciles de sus vidas. Y leer en papel, porque el acto de leer es un acto de desafío a todo lo que está pasando. Es decir: no, no voy a estar en tu ordenador, ni voy a estar en tus redes sociales, voy a leer a los grandes pensadores de la historia.

    El segundo: que la vida no es digital, sino analógica… La vida es la vida de las cosas, de la cafetería de la esquina, la vida de tus amigos, de las conversaciones en persona, de la naturaleza, de salir a correr. Y mientras menos dependamos de lo digital, más robusta y satisfactoria será esa vida. Lo digital es un fantasma de lo analógico, es un second best, lo que usamos cuando no tenemos la opción de hacer algo analógico. Hablamos por Zoom cuando no podemos vernos en persona.


    Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la Generación Alfabeta.The Conversation

    Elena Sanz, Directora, The Conversation

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Samourai Wallet: sus fundadores cambian su defensa y se declaran culpables ante EE. UU.

    En un giro significativo en el caso legal, Keonne Rodriguez y William Lonergan Hill, cofundadores de Samourai Wallet, han anunciado que cambiarán su declaración de «no culpables» y se declararán culpables ante cargos presentados por el gobierno de EE. UU..

    De la acusación a la declaración de culpabilidad

    En abril de 2024, ambos fueron formalmente acusados de conspiración para cometer lavado de dinero y de operar un negocio de transmisión monetaria sin licencia. Las autoridades federales afirman que la plataforma mezcló más de 2.000 millones de dólares en transacciones ilícitas, y que se lavaron más de 100 millones procedentes del mercado negro en línea.

    Inicialmente, Rodriguez y Hill se declararon inocentes; sin embargo, según documentos judiciales presentados en tribunales de Manhattan, han decidido cambiar su estrategia legal y admitir culpabilidad, posiblemente reduciendo su exposición máxima a condenas conjuntas de hasta 25 años de prisión.

    Implicaciones legales y precedentes

    Este cambio surge en un contexto más amplio de acciones regulatorias en EE. UU. contra mezcladores de criptomonedas. Casos como el de Tornado Cash, cuyo cofundador Roman Storm se encuentra en juicio y enfrenta hasta 45 años de prisión, están generando gran atención en la industria.

    Expertos legales advierten que esta declaración de culpabilidad podría ser interpretada como un aviso sobre la posición firme del Departamento de Justicia (DOJ) frente a herramientas que se considere facilitan el lavado de dinero, incluso si son de código abierto y están destinadas a proteger la privacidad.

    El impacto sobre el software de privacidad y el criptoecosistema

    Samourai Wallet era valorado entre defensores de la privacidad por permitir transacciones anónimas mediante CoinJoin y otras técnicas de mezcla. Críticos del enjuiciamiento lo han descrito como un ataque jurídico contra tecnologías de privacidad financiera. La defensa también alegó que las autoridades no informaron al equipo fundador que el servicio probablemente no requería licencia como transmisor monetario, lo cual generó tensiones con FinCEN.

    Ahora, con la admisión de culpa, el caso Samourai podría tener un efecto paralizante sobre futuros desarrollos de software open source enfocado en privacidad, especialmente en entornos regulatorios estrictos.

    Qué sigue para los cofundadores

    Los próximos pasos incluyen la lectura de pliegos judiciales en una audiencia prevista en la mañana del miércoles ante la jueza Denise L. Cote en el Distrito Sur de Nueva York. Se espera que, a cambio de la declaración, el DOJ retire el cargo más grave de lavado de dinero (con pena máxima de 20 años), manteniendo solo el cargo de operar sin licencia (5 años).

    Aunque los desarrolladores se enfrentan ahora a un panorama legal más favorable que en caso de juicio completo, la sentencia final dependerá del tribunal, considerando factores como cooperación, arrepentimiento o argumentos de defensa.


    Este caso marca un punto de inflexión en el debate sobre privacidad versus regulación en el criptoespacio y puede redefinir los límites legales y amenazas ante el ejercicio de la libertad que enfrentan los desarrolladores de herramientas de mezcla en el futuro cercano.

  • Roman Storm y el juicio que define el futuro de la privacidad

    En julio de 2025, el resultado del juicio contra Roman Storm, cofundador de Tornado Cash, se presenta como uno de los procesos legales más relevantes en materia de privacidad digital y libertad de software. Esta causa, que comenzó el 14 de julio en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, enfrenta al desarrollador con cargos graves: conspiración para lavar dinero, violar sanciones de Estados Unidos y operar un negocio de transferencia de dinero no autorizado. De ser declarado culpable, Storm podría ser condenado hasta a 45 años de prisión.

    ¿Qué es Tornado Cash y por qué es polémico?

    Tornado Cash es un «mixeur» de criptomonedas lanzado en diciembre de 2019 y basado en la red Ethereum. Su función es mezclar fondos de múltiples usuarios, dificultando el rastreo de quién envía o recibe criptodivisas. Fue diseñado como una herramienta de privacidad financiera, útil tanto para activistas como para usuarios comunes que desean mantener sus transacciones seguras y anónimas.

    Sin embargo, las autoridades estadounidenses lo acusaron de facilitar el lavado de más de mil millones de dólares en criptomonedas, incluidos los fondos robados por el grupo Lazarus, vinculado al gobierno de Corea del Norte. Esto llevó a que el Departamento del Tesoro impusiera sanciones en agosto de 2022, aunque estas fueron retiradas en marzo de 2025 tras una batalla legal que argumentó que sancionar el software es equivalente a sancionar ideas.

    El debate central: ¿Código como discurso o crimen?

    El núcleo del juicio radica en si publicar y mantener un protocolo descentralizado es un ejercicio legítimo de libertad de expresión o si constituye una actividad criminal. La defensa alega que Storm solo escribió código abierto, sin control sobre cómo lo usarían terceras personas. Desde mayo de 2020, según documentos judiciales, Tornado Cash se volvió inmutable y no podía ser apagado por sus creadores.

    Sus abogados sostienen que ni él ni sus colegas recibieron o transmitieron fondos directamente, argumento reforzado por pronunciamientos de entidades como Paradigm, la Ethereum Foundation, Defi Education Fund, Coin Center y Vitalik Buterin, quienes presentaron amicus briefs, advirtiendo que criminalizar a desarrolladores tendría un efecto paralizante sobre toda la industria del software.

    Por otra parte, los fiscales argumentan que Storm obtuvo ganancias a través del token TORN, vinculado al funcionamiento del protocolo, y que era consciente de que Tornado Cash facilitaba el lavado de grandes sumas de dinero ilícito.

    ¿Por qué este caso marcará el futuro?

    Para los defensores del software descentralizado y la privacidad financiera, para quienes amamos la libertad sin cortapisas, este juicio constituye un punto de inflexión. Si un tribunal decide que escribir y publicar código se considera delito cuando puede ser mal usado, sentaría un precedente con consecuencias profundas sobre el desarrollo de aplicaciones de cifrado, blockchain, IA y otras tecnologías abiertas.

    El juicio también pone bajo lupa hasta qué punto los desarrolladores deben ser responsables por el uso que hagan terceros de su software. Especialistas legales señalan que la clave está en probar si hubo intención, conocimiento del uso ilícito o participación activa de Storm para facilitar transacciones criminales.

    El momento decisivo

    Roman Storm ha recaudado más de 2 millones de dólares en criptomonedas para financiar su defensa, y solicita aún otros 500 000 USD adicionales ─parte de un fondo previsto de 3,5 millones─ para enfrentar un juicio que se alargará varias semanas y que incluye testigos y peritos complejos. La jueza Katherine Failla, antes del inicio del juicio, ya ha dejado claro que prohibirá que se mencionen las sanciones de 2022, pues fueron levantadas y podrían confundir al jurado.

    El veredicto no solo afectará directamente a Storm, sino que también definirá si los desarrolladores de herramientas tecnológicas pueden ser perseguidos penalmente por cómo otros empleen esos instrumentos. En última instancia, el fallo podría redefinir los límites de la libertad de expresión en la era digital y el grado de responsabilidad legal de quienes crean software descentralizado.

    El juicio a Roman Storm ha trascendido la esfera individual para convertirse en una batalla legal central por la privacidad, la libertad de código y la innovación tecnológica. Haciendo comparaciones de simple entendimiento, es como penalizar al fabricante de cuchillos porque un usuario en lugar de usarlo para cortar alimentos, lo utilizó como un arma asesina contra un semejante. El desenlace del juicio, esperado en las próximas semanas, podría marcar un antes y un después para el ecosistema de las criptomonedas, DeFi , la tecnología abierta y sobre todo, la privacidad, un derecho fundamental que está siendo puesto en peligro. Y si se convalida la posición de las autoridades, no puede esperarse nada menos que un futuro oscuro para los derechos individuales.

  • Vitalik Buterin presenta hoja de ruta para llevar la privacidad a todos los rincones de Ethereum

    En una era donde la privacidad digital se ha convertido en una demanda social y técnica urgente, Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, ha dado un paso clave al presentar una hoja de ruta integral destinada a reforzar las garantías de anonimato dentro del ecosistema de la red. Su propuesta, publicada en el blog de investigación de Ethereum el 11 de abril de 2025, establece una serie de reformas que abarcan desde cambios en wallets hasta mejoras en el protocolo base, con el objetivo de que la privacidad no sea una opción elitista, sino una funcionalidad estándar para todos.

    El planteamiento de Buterin parte de una observación clara: actualmente, proteger la privacidad en Ethereum requiere herramientas externas o conocimientos técnicos que muchos usuarios no poseen. Por eso, la primera etapa de su plan busca integrar funciones de privacidad directamente en las wallets más utilizadas, como MetaMask, sin requerir instalaciones adicionales ni flujos complejos.

    Herramientas como Privacy Pools y Railgun —que permiten ocultar el origen y destino de los fondos— podrían integrarse por defecto, habilitando un botón tipo “enviar desde saldo protegido” visible al momento de transferir activos. Así, el anonimato dejaría de ser un privilegio para quienes entienden cómo funcionan los mixers o los zk-SNARKs, y pasaría a ser una elección por defecto accesible para cualquier usuario.

    La segunda parte de la propuesta se enfoca en modificar el diseño de las aplicaciones descentralizadas (DApps) y los protocolos DeFi, en especial promoviendo el uso de una sola dirección por aplicación y usuario. Aunque esto puede parecer incómodo desde la perspectiva de la usabilidad, Buterin argumenta que impide correlacionar actividades entre plataformas, un elemento clave para mantener la privacidad en un entorno pseudónimo como Ethereum.

    El documento también aborda cambios técnicos a nivel de protocolo. Uno de los más destacados es la implementación de la propuesta EIP-7701, que permitiría dividir las transacciones en fases y facilitar que terceros —no necesariamente el emisor original— paguen las tarifas de gas. Esto resulta crucial para aplicaciones de privacidad, donde la revelación del origen del pago puede comprometer el anonimato.

    Otra innovación importante es el uso temporal de entornos de ejecución confiables (TEE) para blindar las comunicaciones entre usuarios y nodos RPC, los cuales suelen recolectar información sobre consultas realizadas. A largo plazo, Buterin propone reemplazar los TEE con sistemas PIR (Private Information Retrieval) y mixnets, tecnologías que impiden revelar metadatos de conexión.

    La hoja de ruta cierra con un llamado a reducir las comisiones de uso de los sistemas de privacidad mediante la agregación de pruebas criptográficas, lo que facilitaría su adopción a gran escala.

    La iniciativa de Buterin representa una síntesis entre valores fundamentales de Ethereum —descentralización, soberanía individual y accesibilidad— y una realidad global donde la privacidad está cada vez más amenazada. Si bien la implementación de esta visión llevará tiempo, marca un antes y un después en el compromiso del ecosistema con la protección de sus usuarios.

  • Reino Unido y su ofensiva contra la privacidad: criptomonedas bajo vigilancia total desde 2026

    A partir del 1 de enero de 2026, el Reino Unido, en una clara ofensiva contra la privacidad, exigirá que todas las plataformas de criptomonedas reporten información detallada sobre cada transacción de sus clientes, incluyendo datos personales y fiscales, monto de las operaciones, tipo de criptoactivo y la naturaleza de la operación. Esta iniciativa, impulsada por la agencia fiscal británica (HMRC), busca, según el discurso oficial, combatir la evasión fiscal y proteger al consumidor.

    Pero detrás de este lenguaje burocrático se esconde un avance directo contra la privacidad financiera y la autonomía individual. En la práctica, estas medidas suponen un sistema de vigilancia masiva sobre las finanzas personales, transformando a cada exchange en un brazo ejecutor del Estado fiscal. El incumplimiento por parte de las plataformas resultará en sanciones económicas que buscan forzar la obediencia del sector privado a esta nueva lógica de control.

    ¿Qué diferencias hay con MiCA?

    A simple vista, la medida británica guarda semejanzas con el Reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets) de la Unión Europea, que también establece marcos regulatorios para emisores y proveedores de servicios relacionados con criptomonedas. Sin embargo, hay diferencias clave: MiCA busca generar un marco normativo uniforme para facilitar la innovación, mientras que la política del Reino Unido se enfoca casi exclusivamente en el control fiscal. No hay aquí un intento de equilibrio regulatorio: se trata de control puro y duro, en nombre de una supuesta “protección” que nadie ha solicitado.

    MiCA al menos reconoce que hay una dimensión económica que puede potenciarse si se proporciona seguridad jurídica. En cambio, el enfoque del Reino Unido criminaliza de antemano cualquier uso anónimo o privado de criptomonedas. Bajo este nuevo régimen, cada transacción será tratada como sospechosa por defecto.

    La traición al espíritu de Satoshi

    Lo que está en juego no es simplemente una nueva capa de compliance para los exchanges. Es, en términos ideológicos, un ataque frontal a las ideas que motivaron el nacimiento de Bitcoin. El white paper de Satoshi Nakamoto, publicado en 2008, proponía una red descentralizada, resistente a la censura, sin intermediarios ni confianza en autoridades centrales. Una red entre pares, donde los individuos son plenamente responsables de su dinero y sus decisiones.

    Bitcoin fue creado como respuesta al abuso de poder de los bancos centrales y gobiernos tras la crisis financiera de 2008. No vino a pedir permiso. Vino a desintermediar. A ofrecer una alternativa para quienes no quieren participar en un sistema financiero basado en deuda, inflación crónica y vigilancia.

    Estas nuevas regulaciones suponen lo contrario: reinstaurar el control estatal mediante la cooptación de actores privados, socavando la privacidad, criminalizando la autonomía financiera y asfixiando el uso libre de una tecnología que, por diseño, nació para estar fuera de su alcance.

    Libertad no es “equilibrio”

    Hablar de “buscar un equilibrio” entre libertad e intervención estatal es asumir una premisa falsa: que el Estado tiene derecho a controlar todas las formas de intercambio humano por defecto. Pero Bitcoin propone otra cosa: una relación libre, voluntaria, sin coacción. Nadie está obligado a aceptar Bitcoin. No es de curso forzoso. Por eso la idea de que el Estado debe “proteger al usuario” es absurda: ¿protegerlo de qué? ¿De sí mismo?

    El usuario de Bitcoin es, en esencia, un adulto responsable. La arquitectura misma de la red asume que cada persona es capaz de cuidar su clave privada, validar sus transacciones y asumir las consecuencias de su uso. Esa concepción —profundamente libertaria— es incompatible con la idea de que una burocracia puede vigilar cada movimiento por nuestro bien.

    Lo que está ocurriendo no es nuevo. Es una vieja historia: cada vez que aparece una tecnología que escapa al control estatal, el Leviatán reacciona. La descentralización es, para los Estados, una amenaza existencial. Y como no pueden destruir la tecnología, buscan domesticarla mediante normativas coercitivas, sanciones, vigilancia y miedo.

    Pero Bitcoin no necesita pedir permiso. Su código sigue funcionando. Su red sigue creciendo. Y cada persona que decide custodiar sus claves, validar sus bloques y operar fuera del sistema, mantiene viva la promesa de una libertad que no se negocia.

  • Worldcoin y el escaneo de iris: ¿progreso o distopía digital?

    El proyecto Worldcoin, ideado por Sam Altman —sí, el mismo que está al frente de OpenAI—, vuelve a poner sobre la mesa un debate que en el mundo cripto nunca deja de ser urgente: la privacidad de los datos. La idea, al menos en su versión oficial, suena tentadora. Crear una identidad digital global, respaldada por una criptomoneda, que pueda verificar si una persona es humana sin necesidad de revelar su información personal. Pero la realidad es mucho más compleja, y más inquietante.

    Worldcoin basa su promesa en un dispositivo que escanea el iris de las personas —el famoso “Orb”— para generar una identificación única. Una especie de pasaporte digital que permitiría moverse en el futuro mundo de las inteligencias artificiales sin perder la condición humana. La justificación es clara: cuando los bots lo dominen todo, necesitaremos probar que no lo somos. Pero la solución plantea más preguntas que respuestas.

    Lo primero que salta a la vista —o mejor dicho, al iris— es el uso de datos biométricos. En la comunidad cripto, acostumbrada a pelear por cada bit de soberanía digital, entregar un escaneo ocular a una organización privada, sin un marco legal sólido que regule su almacenamiento, uso o eliminación, suena a herejía. El problema se vuelve aún más preocupante cuando se expande en países como Estados Unidos, donde no existe una legislación federal que proteja expresamente los datos biométricos. Cada estado decide por su cuenta. Un cóctel perfecto para abusos.

    Mientras tanto, Worldcoin sigue ampliando sus “centros de verificación” en ciudades como Los Ángeles, Miami o San Francisco. Prometen recompensas en tokens a quienes entreguen su iris, pero no queda claro bajo qué condiciones. ¿Qué ocurre si más adelante esa información se filtra, se vende, o simplemente se usa para otro fin? Recordemos que los datos biométricos, a diferencia de una contraseña, no se pueden cambiar. Si alguien accede a tu clave privada, la revocas. Pero si alguien accede a tu escaneo de iris, ¿qué haces?

    Muchos usuarios, especialmente en países con economías inestables, se sienten atraídos por la promesa de recibir criptomonedas a cambio de su participación. Pero el desequilibrio de poder es evidente: entregar datos íntimos a cambio de una recompensa es un modelo que recuerda más a prácticas coloniales digitales que a una verdadera descentralización. ¿Dónde queda la autonomía? ¿Dónde queda el consentimiento libre e informado?

    Amnistía Internacional y otras organizaciones ya han expresado su alarma. Y no es para menos. En lugares como Kenia o Argentina, donde Worldcoin ha operado, las autoridades han comenzado a investigar sus prácticas. Algunos países, como España y Hong Kong, han optado directamente por bloquear el proyecto por no cumplir con sus leyes de protección de datos.

    Los defensores de Worldcoin dirán que el sistema es seguro, que no almacena imágenes del iris y que todo se convierte en datos cifrados irreversibles. Pero los tecnólogos y defensores de la privacidad saben que esas promesas, sin auditorías abiertas y sin código libre, son solo eso: promesas.

    En el ecosistema cripto, donde el mantra es “not your keys, not your coins”, esta iniciativa despierta serias contradicciones. ¿Queremos una identidad descentralizada? Sí. ¿Estamos dispuestos a entregar nuestros datos biométricos a una corporación global para obtenerla? Difícil de aceptar. La privacidad no es solo un lujo; es un derecho y, en el mundo de las criptomonedas, una línea roja que no se debería cruzar.

  • XMR Bazaar: Un Mercado Privado y Sin Intermediarios

    Si te interesa el mundo de las criptomonedas y, en especial, Monero (XMR), seguramente te llamará la atención XMR Bazaar. Se trata de una plataforma que está ganando popularidad porque permite comprar y vender bienes y servicios de manera completamente privada y sin intermediarios.

    ¿Qué es XMR Bazaar y por qué es diferente?

    A diferencia de otros mercados en línea, XMR Bazaar funciona de forma descentralizada. Aquí no hay un «dueño» reteniendo tu dinero ni cobrando comisiones abusivas. Todo se maneja directamente entre compradores y vendedores, lo que significa menos costos y más control sobre las transacciones.

    Además, la plataforma está diseñada para operar exclusivamente con Monero, una de las criptomonedas más privadas del mundo. Si te preocupa tu privacidad en línea, esta es una gran ventaja, ya que las transacciones con XMR no pueden rastrearse como las de Bitcoin u otras monedas.

    ¿Cómo funciona?

    Usar XMR Bazaar es bastante sencillo:

    1. Publicas un anuncio si quieres vender algo.
    2. Buscas productos o servicios si quieres comprar.
    3. Negocias directamente con la otra parte.
    4. Pagas con Monero y recibes el producto sin intermediarios de por medio.

    La plataforma no cobra ninguna comisión, así que solo pagarás la tarifa mínima de la red Monero, que es casi insignificante.

    ¿Es seguro?

    Sí, y aquí es donde se pone interesante. Para compras grandes o situaciones donde prefieras un poco más de seguridad, XMR Bazaar ofrece un sistema de escrow multisig. Básicamente, esto significa que un tercero de confianza (un mediador) puede ayudar a garantizar que la transacción se realice correctamente. Es una opción útil para evitar problemas entre compradores y vendedores.

    Una comunidad en crecimiento

    Algo que hace especial a XMR Bazaar es su comunidad. A diferencia de otros mercados en los que nunca sabes con quién estás tratando, aquí hay un grupo de personas comprometidas con el uso legítimo de Monero. No es un mercado clandestino ni un lugar para actividades turbias; es una alternativa real para quienes buscan privacidad en el comercio en línea.

    En plataformas como Reddit y Twitter, varios usuarios ya han compartido sus experiencias usando XMR Bazaar. En general, destacan la facilidad de uso y la seguridad de las transacciones peer-to-peer. Además, la plataforma sigue evolucionando gracias a la retroalimentación de la comunidad.

    ¿Quieres ganar Monero como mediador?

    Si te interesa involucrarte más, puedes convertirte en mediador dentro del sistema de escrow. Básicamente, ayudarías a garantizar transacciones seguras y, a cambio, podrías ganar XMR por tus servicios. Es una buena manera de participar activamente en la comunidad y generar ingresos en criptomonedas.

    Un Mercado con Potencial

    XMR Bazaar es una propuesta interesante para quienes buscan un mercado digital privado y sin intermediarios. Su enfoque en la privacidad, la ausencia de comisiones y el uso exclusivo de Monero lo convierten en una opción atractiva para los entusiastas de las criptomonedas. A medida que más personas descubren sus ventajas, es probable que la plataforma siga creciendo y mejorando.

    Si te gusta la idea de un mercado libre, sin censura y con total privacidad, vale la pena echarle un vistazo. ¿Quién sabe? Tal vez encuentres algo interesante para comprar… o una nueva forma de vender lo que ya no usas.

  • Pirmeras palabras en libertad de Julian Assange en el Consejo de Europa

    En su primer discurso como hombre libre ante el Consejo de Europa, Julian Assange expuso una serie de preocupaciones profundas y análisis sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la privacidad, la vigilancia y el poder militar. Con su sólida formación como científico de la computación, Assange compartió una visión crítica sobre la intersección entre la inteligencia artificial (IA) y la vigilancia, advirtiendo sobre los riesgos que esto implica para la sociedad y los derechos humanos.

    La Criptografía como Protección

    Assange comenzó su intervención destacando su interés por la tecnología desde una edad temprana, donde se formó en áreas como la matemática, la física y la criptografía. Este último, según él, es un pilar fundamental para proteger tanto a las fuentes como a las organizaciones que se dedican a la verdad y la transparencia, como WikiLeaks. Mostró un optimismo cauteloso hacia los avances recientes en criptografía, que podrían ofrecer alternativas a la creciente concentración de poder en los medios de comunicación, controlados por unos pocos multimillonarios. Sin embargo, subrayó que estas tecnologías todavía están en sus primeras etapas y requieren un desarrollo más significativo para cumplir su potencial.

    La Revolución Snowden

    Otro aspecto crucial de su discurso fue la revolución desencadenada por las revelaciones de Edward Snowden. Assange explicó que estos eventos no solo revelaron la magnitud de la vigilancia masiva, sino que también inspiraron a ingenieros y programadores a convertirse en defensores de la privacidad. A partir de ese momento, muchos comenzaron a ver su trabajo como una misión para proteger los derechos de las personas frente a los abusos de poder. Esta radicalización ha llevado al desarrollo de herramientas tecnológicas que permiten a los ciudadanos salvaguardar su privacidad, en particular la comunicación entre periodistas y sus fuentes.

    La Amenaza de la Inteligencia Artificial

    Sin embargo, el mensaje de Assange tomó un giro sombrío al abordar el papel de la inteligencia artificial en la guerra moderna. Al salir de prisión, expresó su preocupación por cómo la IA se está utilizando para llevar a cabo «asesinatos masivos». En su opinión, la distinción entre asesinato y guerra se ha vuelto difusa, y muchos de los ataques en Gaza son el resultado de sistemas de IA que seleccionan objetivos. Esta integración de IA en el ámbito militar no solo plantea cuestiones éticas, sino que también pone de manifiesto la peligrosidad de dejar en manos de algoritmos decisiones que afectan vidas humanas.

    Vigilancia y Algoritmos: Un Vínculo Peligroso

    Assange enfatizó la importancia de la relación entre la inteligencia artificial y la vigilancia. Señaló que la IA requiere grandes volúmenes de datos para ser efectiva, y estos datos provienen principalmente de la vigilancia masiva, incluyendo información obtenida de teléfonos e internet. Esta recolección de datos se convierte en un recurso esencial para entrenar algoritmos que, a su vez, se utilizan para la toma de decisiones en tiempo real, muchas veces sin la intervención humana.

    La implicación de esto es alarmante: el uso de IA para seleccionar objetivos en contextos bélicos, apoyado por datos de vigilancia, crea un ciclo vicioso donde la privacidad individual es sacrificada en nombre de la seguridad. Assange instó a la audiencia a reflexionar sobre cómo esta dinámica podría normalizar la violencia y deshumanizar a las personas al convertirlas en meras cifras en un algoritmo.

    Oportunidades y Riesgos en el Futuro

    Assange concluyó su discurso señalando que, a pesar de los cambios drásticos en el ámbito tecnológico, muchos problemas fundamentales siguen sin resolverse. Se enfrenta a un panorama lleno de oportunidades, especialmente en el desarrollo de herramientas para proteger la privacidad, pero también de riesgos considerables. La pregunta que queda es: ¿cómo podemos asegurarnos de que la tecnología se utilice para empoderar a las personas en lugar de someterlas?

    El desafío para la sociedad será encontrar un equilibrio entre aprovechar los avances tecnológicos y proteger los derechos fundamentales. En un mundo cada vez más interconectado, donde la vigilancia y la inteligencia artificial se entrelazan, es imperativo que los ciudadanos, los legisladores y los desarrolladores trabajen juntos para garantizar que la tecnología sea un instrumento de liberación y no de opresión.

    El discurso de Julian Assange en el Consejo de Europa subraya la necesidad urgente de un debate informado sobre el papel de la tecnología en nuestra sociedad contemporánea. Su análisis crítico nos invita a reflexionar sobre los riesgos asociados con la vigilancia y la inteligencia artificial, y nos recuerda que, mientras avanzamos hacia un futuro digital, debemos estar alerta ante las implicaciones éticas y sociales de estos desarrollos. La defensa de la privacidad y la verdad nunca ha sido tan crucial, y es una responsabilidad compartida por todos nosotros.