Etiqueta: puertos

  • Puertos de Panamá y el precio de convertir la seguridad jurídica en geopolítica

    Puertos de Panamá y el precio de convertir la seguridad jurídica en geopolítica

    El conflicto por los puertos de Balboa y Cristóbal acaba de entrar en una etapa mucho más delicada.

    CK Hutchison inició un arbitraje internacional contra Panamá reclamando más de US$1.500 millones, alegando violaciones al tratado de protección de inversiones aplicable a sus activos. Su filial Panama Ports Company mantiene, paralelamente, otro procedimiento arbitral en el que reclama más de US$2.000 millones por la pérdida de las concesiones que durante casi tres décadas le permitieron operar los puertos de Balboa y Cristóbal.

    Conviene aclararlo desde el comienzo: Panamá no ha sido condenado a pagar US$3.500 millones. Son reclamaciones de las empresas, que deberán ser discutidas y eventualmente resueltas en arbitraje internacional.

    Pero tampoco conviene minimizar lo que está ocurriendo. El verdadero problema supera ampliamente la identidad de CK Hutchison, China o Estados Unidos.

    Lo que está en juego es algo bastante más importante para un país pequeño, abierto y dependiente del comercio internacional: la previsibilidad de las reglas bajo las cuales alguien decide invertir capital durante treinta años.

    Una concesión no se vuelve legítima por ser privada

    Existe una tentación frecuente entre quienes defendemos mercados libres: asumir que cualquier conflicto entre una empresa privada y el Estado debe resolverse automáticamente a favor de la empresa. Eso sería un error. El liberalismo no consiste en defender empresarios, sino defender derechos de propiedad, contratos, competencia e igualdad ante la ley.

    Una concesión otorgada mediante privilegios, exclusividades, condiciones discriminatorias o violaciones constitucionales no se transforma en liberal simplemente porque el beneficiario sea una compañía privada.

    La Corte Suprema de Justicia de Panamá declaró el 29 de enero de 2026 inconstitucional la Ley 5 de 1997, que aprobaba el contrato con Panama Ports Company, así como sus adendas y la prórroga posterior. El fallo fue publicado en la Gaceta Oficial el 23 de febrero y quedó en firme. Además, el fallo cuestionó particularmente la interpretación realizada en 2021 según la cual la concesión debía renovarse automáticamente hasta 2047.

    Si un contrato viola la Constitución, ningún liberal serio debería sostener que debe mantenerse simplemente porque existe. Pero aquí comienza, no termina, el problema.

    El Estado también debe responder por los contratos que él mismo celebró

    Durante casi treinta años Panama Ports Company operó esos puertos bajo un contrato celebrado, aprobado y sucesivamente reconocido por el propio Estado panameño.

    La empresa realizó inversiones, contrató trabajadores, adquirió equipos, estableció relaciones comerciales y organizó su actividad económica suponiendo que los actos del Estado eran jurídicamente válidos. Y aquí aparece un cuestionamiento: si el propio Estado concedió, aprobó, supervisó, prorrogó y durante décadas reconoció un contrato que finalmente resulta inconstitucional, ¿quién debe asumir el costo de ese error institucional?

    No existe una respuesta sencilla.

    Pero desde la perspectiva de la seguridad jurídica resulta difícil sostener que toda la pérdida debe recaer automáticamente sobre quien confió en los actos oficiales de ese mismo Estado. Una república seria no puede comportarse como una contraparte contractual común cuando firma y como soberano omnipotente cuando desea salir del contrato. Si el Estado tiene la capacidad de declarar inválido aquello que él mismo otorgó, el inversionista incorpora ese riesgo al precio de invertir.

    Y ese precio no lo paga solamente CK Hutchison, lo pagan todos los futuros inversionistas.

    El riesgo país no nace únicamente del déficit

    Solemos hablar de riesgo país pensando en deuda pública, pero existe otro riesgo menos visible: el riesgo institucional.

    Un empresario que estudia invertir US$500 millones en Panamá intenta estimar costos de construcción, salarios, energía, demanda, impuestos y logística, pero además, analiza el marco institucional: ¿las reglas bajo las cuales invierto hoy seguirán siendo reconocidas dentro de diez o veinte años?

    Cuanto mayor sea la incertidumbre sobre esa respuesta, mayor será la rentabilidad que exigirá para arriesgar su capital. Ese fenómeno es perfectamente comprensible; la inversión es necesariamente una acción orientada hacia el futuro. El empresario renuncia a recursos presentes esperando obtener un rendimiento posterior. Cuanto mayor sea la incertidumbre institucional que no puede controlar, menor será el número de proyectos que superen su cálculo empresarial.

    Algunos no se harán, otros exigirán retornos mayores o incorporarán garantías adicionales. Y otros simplemente se realizarán en otra jurisdicción.

    La seguridad jurídica, por tanto, no es una abstracción para abogados, es un precio.

    Y ahora apareció la geopolítica

    El caso sería suficientemente complejo si fuera solamente jurídico. Pero no lo es.

    Los puertos además quedaron atrapados en la creciente disputa estratégica entre Estados Unidos y China; Donald Trump cuestionó públicamente la presencia china alrededor del Canal, aunque el Canal propiamente dicho pertenece y es administrado por Panamá. Posteriormente CK Hutchison anunció una operación global de aproximadamente US$23.000 millones para vender numerosos activos portuarios —incluidos inicialmente Balboa y Cristóbal— a un consorcio encabezado por BlackRock y MSC. La operación encontró a su vez resistencia desde Beijing. Panamá quedó literalmente en el medio.

    Y para un país cuya gran ventaja histórica consiste precisamente en servir como punto de encuentro del comercio mundial, ésa es una posición especialmente peligrosa ya que la función económica del Canal no consiste en elegir ganadores geopolíticos, sino en todo lo contrario, que es permitir el tránsito, el comercio y la conexión entre individuos y empresas independientemente de las disputas de sus gobiernos.

    Cuanto más consiga Panamá mantenerse como una jurisdicción confiable, neutral y comercialmente abierta, mayor será el valor de su posición geográfica. Cuanto más permita que sus decisiones económicas sean interpretadas como extensiones de Washington, Beijing o cualquier otra potencia, más difícil será preservar esa ventaja.

    Neutralidad no significa ingenuidad

    Esto tampoco implica que Panamá deba ignorar riesgos legítimos de seguridad nacional.

    Un Estado puede y debe establecer reglas básicas. Panamá puede establecer reglas generales de control, transparencia y seguridad sobre infraestructura crítica, exigir información sobre propiedad efectiva, imponer requisitos de gobernanza, auditoría, continuidad operativa, ciberseguridad o límites previamente definidos a determinadas formas de control. Sólo en casos excepcionales, claramente previstos por la ley y bajo criterios objetivos, podría llegar a impedir una operación concreta.

    Pero hay una enorme diferencia entre hacerlo mediante reglas ex ante, aplicables a todos, y alterar condiciones una vez que las inversiones ya fueron realizadas. Ésa es precisamente una de las funciones centrales del Estado de derecho, permitir que las personas conozcan las reglas antes de actuar.

    Hayek insistía en la importancia de normas generales, abstractas y previsibles precisamente porque reducen la discrecionalidad del gobernante.

    El problema no es que Panamá establezca una política sobre activos estratégicos, lo sería si esa política cambiara dependiendo de quién presiona, qué potencia amenaza o qué empresa ocupa circunstancialmente el activo. Eso dejaría de ser rule of law, una vez más, administración discrecional de intereses.

    Los US$3.500 millones no son todavía una deuda, pero tampoco son gratis

    También existe una dimensión fiscal.

    Las dos reclamaciones conocidas superan conjuntamente los US$3.500 millones. Una corresponde a los derechos contractuales reclamados por Panama Ports Company; la nueva acción de CK Hutchison se plantea separadamente bajo derechos derivados de un tratado de protección de inversiones.

    Panamá puede ganar ambos casos, obtener decisiones parciales, llegar a acuerdos o perderlos.

    Hoy nadie responsable puede presentar esos US$3.500 millones como una obligación cierta, pero desde el punto de vista presupuestario representan una contingencia. Y las contingencias también forman parte del verdadero costo del Estado.

    Ésta es una cuestión especialmente importante desde Public Choice, porque los gobernantes toman decisiones hoy cuyos costos pueden aparecer años después, pero quien obtiene el beneficio político de una medida puede no ser quien tenga que incorporar posteriormente la indemnización al presupuesto. El tiempo separa la decisión de su factura y cuando finalmente llega la factura, la paga un tercero: el contribuyente.

    ¿Quién paga cuando el Estado se equivoca?

    Éste es quizás el aspecto más interesante del caso. Supongamos que el contrato original tuvo condiciones extraordinariamente favorables para la empresa. Supongamos incluso que funcionarios panameños cometieron errores gravísimos al aprobarlo o prorrogarlo.

    ¿Quién termina pagando?

    Si el contrato permanece, pueden hacerlo los ciudadanos mediante condiciones desfavorables; si se anula y Panamá pierde el arbitraje, vuelven a hacerlo los ciudadanos mediante una indemnización, pero los funcionarios que diseñaron el contrato original rara vez aportan un centavo; lo mismo, los funcionarios que aprobaron la prórroga tampoco. Y quienes toman posteriormente decisiones que generan responsabilidad internacional tampoco responden personalmente con su patrimonio.

    Éste es exactamente el problema de incentivos que Buchanan y la teoría de Public Choice obligan a mirar. El Estado no es una entidad abstracta que absorbe pérdidas, las traslada.

    Por eso el control institucional previo importa tanto.

    La próxima concesión debería ser muy diferente

    Panamá tiene ahora una oportunidad.

    No para reemplazar una empresa extranjera por otra políticamente más conveniente, o sustituir capital chino por estadounidense. Y mucho menos para convertir los puertos en empresas administradas burocráticamente por el Estado.

    La oportunidad consiste en diseñar un sistema mucho más competitivo y jurídicamente robusto.

    Si Balboa y Cristóbal vuelven a concesionarse, Panamá debería procurar: reglas abiertas y conocidas previamente; licitaciones internacionales genuinamente competitivas; ninguna negociación diseñada alrededor de una empresa específica; plazos razonables; mecanismos transparentes de revisión; obligaciones claras de inversión; ausencia de renovaciones automáticas y procedimientos de resolución de controversias definidos desde el comienzo.

    Sobre todo, debería evitar contratos-ley convertidos en matrimonios de varias décadas entre el poder político y un único operador.

    El mercado necesita contratos, pero también necesita contestabilidad.

    Panamá debe elegir a Panamá

    Existe finalmente una tentación geopolítica que convendría resistir; interpretar el episodio como una victoria estadounidense sobre China sería tan peligroso como interpretarlo como una obligación panameña de proteger intereses chinos. Panamá no tiene por qué elegir entre Washington y Beijing. Tiene que elegir algo mucho más sencillo: a Panamá.

    Y el interés panameño de largo plazo consiste en ser una jurisdicción abierta al capital, respetuosa de los contratos, neutral en el comercio y extraordinariamente predecible en sus reglas.

    El activo más importante del país no es solamente el Canal, sino la confianza en que cualquier persona puede utilizarlo, invertir alrededor de él y comerciar a través de Panamá sin necesitar primero saber qué potencia controla el tablero político del momento.

    La geografía le dio a Panamá una ventaja extraordinaria, las instituciones determinan cuánto vale.

    Por eso el desenlace del conflicto de Balboa y Cristóbal importará mucho más que los US$1.500 millones, los US$2.000 millones o incluso quién termine operando ambos puertos.

    Cuando todo esto termine, ¿los inversionistas considerarán que Panamá ofrece reglas más claras y previsibles que antes, o menos?

    Ésa será la verdadera factura del caso. Y ésa, mucho más que cualquier arbitraje, será la que determine el costo económico de lo ocurrido.

  • La fragilidad institucional detrás de la crisis portuaria panameña

    La fragilidad institucional detrás de la crisis portuaria panameña

    La situación de los puertos Balboa y Cristóbal ofrece uno de los ejemplos más interesantes —y delicados— sobre cómo los problemas de diseño institucional terminan convirtiéndose, décadas después, en conflictos económicos y políticos de gran escala.

    La discusión pública suele reducirse a una falsa dicotomía entre “defender la soberanía” o “proteger inversiones extranjeras”. Sin embargo, el problema de fondo parece mucho más estructural: cuando una concesión nace rodeada de opacidad, privilegios o debilidades jurídicas, el tiempo no corrige esos defectos. Los amplifica.

    La reciente declaración de inconstitucionalidad sobre la concesión vinculada a Panama Ports, sumada a las amenazas de arbitraje internacional y a la intervención temporal del Estado, revela precisamente eso: la fragilidad de acuerdos cuya legitimidad nunca terminó de consolidarse social ni institucionalmente.

    Desde nuestra óptica, el problema no es la inversión extranjera. Panamá, de hecho, construyó buena parte de su éxito precisamente sobre apertura comercial, estabilidad relativa y capacidad de atraer capital internacional. El Canal, la banca y la logística son prueba de ello.

    El problema aparece cuando el vínculo entre Estado y empresas se vuelve ambiguo: concesiones excesivamente largas, condiciones poco transparentes, renegociaciones difíciles de auditar o marcos regulatorios percibidos como diseñados para actores específicos. En esos contextos, tanto la izquierda estatista como el nacionalismo terminan encontrando terreno fértil para cuestionar la legitimidad completa del sistema.

    Y allí surge el verdadero costo económico: la incertidumbre.

    Para un país logístico y financiero como Panamá, la previsibilidad jurídica no es un detalle técnico. Es uno de sus principales activos nacionales. Cada vez que un contrato estratégico entra en disputa pública o judicial, el mensaje hacia los mercados internacionales deja de ser exclusivamente económico y pasa a ser institucional.

    El problema tampoco se resuelve simplemente defendiendo “la seguridad jurídica” de forma abstracta. Porque la seguridad jurídica no significa blindar cualquier contrato para siempre, independientemente de cómo fue concebido. Significa construir reglas claras, competitivas, transparentes y legítimas desde el inicio, de modo que ni el gobierno ni la presión política futura tengan incentivos para desarmarlas.

    En otras palabras: la estabilidad no se logra impidiendo revisar errores, sino evitando cometerlos desde el principio.

    Panamá enfrenta además un desafío adicional. El Canal no es únicamente un activo económico; es también un símbolo nacional y geopolítico. Todo lo relacionado con puertos, agua, rutas comerciales o infraestructura estratégica termina inevitablemente atravesado por presiones internacionales, rivalidades entre potencias y sensibilidad política interna. Eso obliga a niveles aún mayores de transparencia y profesionalismo institucional.

    La enseñanza más importante quizá sea una bastante antigua: las instituciones débiles suelen producir ganancias rápidas, pero conflictos largos. Lo que comienza como una solución pragmática o políticamente conveniente termina años después convertido en litigios, desconfianza y polarización.

    Y esa es probablemente la lección liberal más relevante de este episodio.

    No basta con atraer capital.

    Hay que construir instituciones capaces de hacerlo convivir con legitimidad pública, competencia genuina y reglas previsibles para todos.

    Porque en economía política, como en tantas otras cosas, lo que mal empieza rara vez termina bien.

  • Puerto Bahia en Colombia apuesta por la Inteligencia Artificial para fortalecer su seguridad.

    La terminal multimodal más moderna de Colombia dio a conocer su más reciente solución de alta seguridad basada en inteligencia artificial.

    Puerto Bahia, ubicado en Cartagena, con solo 6 años de operaciones, es conocido hoy como el primer terminal de carga rodante del Caribe y es referente en tecnología y optimización de recursos, gracias a la implementación del primer muelle automatizado de manejo de líquidos al granel del país con una capacidad de almacenamiento de hidrocarburos de casi 2,7 millones de barriles.

    Por otro lado, el alto flujo de personal necesario, unido a sus visitantes, hacen que el puerto requiriera una solución de alto nivel para el acceso, monitoreo y videovigilancia de su terminal marítima.

    El primer paso para ello ha sido la implementación del Adaptador PLAI para Tyco Software House de administración de eventos y control de acceso C • CURE 9000, parte del conjunto de soluciones conectadas OpenBlue de la empresa multinacional estadounidense de equipos de seguridad Johnson Controls, que admite hasta 5000 lectoras por servidor y 500,000 titulares de tarjetas para control de acceso. Además, el sistema de inteligencia artificial ofrece visualización de videos y reportes dinámicos sobre la actividad del sistema, alarmas y visitas, permitiendo centralizar la gestión de operaciones de seguridad y gracias a la funcionalidad de mapas y vista dinámica, ofrece una mejor obtención de información crítica y un menor tiempo de respuesta ante incidentes relacionados con la seguridad.

    Esto se suma a la implementación de 136 cámaras de Illustra Flex por todo el interior de las instalaciones y en las áreas exteriores con el fin de captar imágenes de alta calidad 24/7. De esta manera, la terminal puede aprovechar características como imágenes de alta definición y la detección anti-sabotaje integrada, que identifican rápidamente un lente bloqueado o una luz brillante. El modo Día/Noche permite registrar video de alta calidad en condiciones de poca iluminación. Cada cámara está monitoreada en tiempo real a través del sistema de gestión de video (VMS) exacqVision, una solución escalable, intuitiva y fácil de usar.

    Apoyándose en los más recientes avances tecnológicos, Puerto Bahía incorporó también Tyco Radar, la primera implementación de su clase en Colombia, en la que un sistema integrado de 11 radares en tierra con cámaras automáticas es capaz de rastrear personas extrañas a la terminal con una cobertura completa de todo el perímetro de la Terminal Marítima.
    “Durante el proceso de diseño de la solución, incorporamos la plataforma de inteligencia artificial a Tyco Radar, junto con la integración de exacqVision, para poder clasificar los objetos del video en tiempo real e identificar posibles falsas alarmas”, comentó Mónica Prieto, Gerente de Desarrollo Empresarial de Johnson Controls en América Latina Norte y la Región Andina. Gracias a la implementación de soluciones Tyco Radar, la compañía redujo además sus gastos operativos de seguridad en un 30%. “Invertimos en tecnología de punta y, gracias a esto, redujimos inmediatamente los costos de seguridad en un 30%”, aseguró Alejandro David Sejnaui, Director de tecnología y procesos de Puerto Bahía.

    El desarrollo implementado en el puerto permitió visibilizar que la transformación digital no es sinónimo de enormes inversiones sin retorno. Además, como parte de su estrategia de Transformación Digital ‘DigiPort’, la compañía se encuentra implementando nuevos proyectos de automatización e innovación basados en tecnologías 4.0 como Blockchain e IA permitiéndole ser referente de seguridad portuaria para toda Latinoamérica.

  • e-PuertoBUE en blockchain, revoluciona el transporte marítimo en Argentina

    Buenos Aires da un gran paso hacia el presente al implementar en blockchain a e-PuertoBUE, que actuará como un «notario digital» en su puerto más importante.

    Casi todos los sectores del mundo han incorporado la tecnología blockchain de una forma u otra a sus procesos. La introducción permanente de las nuevas tecnologías y la creciente competencia en los mercados locales y globales, exigen identificar nuevas fuentes de ventajas competitivas.

    Los puertos son un lugar concurrido y transitado las 24 horas, los 7 días de la semana. Manejar tan inmensos fletes, logística y tráfico no es una tarea fácil. El enfoque para responder a estas exigencias es la implementación de estrategias en la logística, la cual es clave al impactar directamente el nivel de satisfacción de los clientes, la rotación de activos y el costo total de la operación. La logística moderna se debe apoyar en modelos de negocios electrónicos.

    En medio de tales condiciones, el puerto más importante de Argentina y uno de los más grandes del mundo, el puerto de Buenos Aires, emprende avances tecnológicos importantes incorporando tecnología blockchain.

    La Administración General Portuaria (AGP) dependiente del Ministerio de Transporte de Argentina, lanzó una nueva plataforma digital completamente electrónica para realizar todo tipo de trámites de documentación y logística.  Esta plataforma se denomina  «e-PuertoBUE», y ya fue lanzada oficialmente en un comunicado de prensa de AGP.

    Pero ahora se preparan para el gran salto a blockchain y para ello se ha convocado a una licitación pública. En la resolución n°8/2021 publicada en el Boletín Oficial se especifica que la plataforma a desarrollar se deberá basar en herramientas tecnológicas seguras, estandarizadas e interoperables, de manera que permita que los actores de la cadena de comercio exterior compartan información de manera efectiva y eficiente, así como una adecuada trazabilidad de la carga.

    Los principales objetivos de la plataforma electrónica e-PuertoBUE, que actuará como un «notario digital» serán simplificar los trámites de entrada, salida y estancia de buques: manejo de todo tipo de logística marítima, mantenimiento de flotas, procesamiento de envíos, despacho y elaboración de diversos papeles y documentos relacionados con las aduanas, etc, asi como integrar todos los actores logísticos estatales y privados y agilizar la interacción de las empresas, ciudadanos y gobierno. Las mejoras a nivel tecnológico incorporarán nuevos procesos documentales, tales como: servicios a la nave, tanto al ingreso como en su estadía en el muelle, Libre Deuda Electrónico, Administración de Formaciones Ferroviarias, Carta de Porte Electrónica y el proceso de Declaración de Mercaderías Peligrosas.

    Anteriormente, la plataforma todavía se basaba en el lápiz y el papel para propósitos organizativos y burocráticos importantes. Como ya era hora de eliminar la tecnología de archivo de «la edad de piedra», Buenos Aires da un gran paso hacia el presente al implementar blockchain como notario digital. Esto asegurará el estado inalterable de la información al mismo tiempo que se llevan a cabo métodos de trazabilidad y se proporciona un marco seguro. Esto ayudará a prevenir todo tipo de intercambios ilegales, ya que la información una vez encriptada no podría modificarse. Asimismo, permitirá un seguimiento eficiente y podrá identificar fácilmente mercancías peligrosas, notas de asignación electrónicas y otras facturas y documentos de envío.

    En otras palabras, Buenos Aires archivará información tokenizada, como NFT. Llevar dicha tecnología a la organización de envíos es un hito para la adopción masiva de la tecnología emergente, a pesar de que Buenos Aires está lejos de ser el primero en hacerlo.  De acuerdo a la incorporación de blockchain a e-PuertoBUE, las funciones de puerto serán aún más rápidas, más seguras y, por lo tanto, aumentarán la eficiencia total del sistema portuario.

    Blockchain se utiliza cada vez más para mejorar la eficiencia de los puertos marítimos. El puerto de Salalah en Omán comenzó a probar la plataforma TradeLens a principios del año pasado. Los puertos de Valencia, Algeciras y San Petersburgo, así como el operador de terminales de contenedores en Hong Kong y el operador norteamericano de terminales de contenedores Global Container Terminals, también se han conectado previamente a este sistema. Además, los servicios de aduanas de Tailandia y Jordania están probando la plataforma.

  • El gigante marítimo Cosco prueba reducir costos en la Blockchain de Alibaba

    Uno de los transportistas de carga más grandes del mundo quiere usar la cadena de bloques empresarial del Grupo Alibaba para reducir costos.

    • Cosco Shipping, con sede en Shanghái, confirmó a principios de esta semana que probará Ant Blockchain, un producto de la subsidiaria de Alibaba Ant Financial, para racionalizar sus operaciones.
    • Cosco Shipping opera una flota de 1.330 buques con una capacidad combinada de transporte de carga de poco menos de 106 millones de toneladas, una de las más grandes del mundo.
    • En una declaración el lunes, las compañías dijeron que blockchain podría usarse para distribuir documentación clave verificada y a prueba de manipulaciones, como registros de contenedores y licencias de importación, a las partes relevantes.
    • El presidente ejecutivo de Ant Group, Eric Jing, dijo que Ant blockchain, que puede procesar hasta mil millones de transacciones diarias, puede hacer que el envío global sea más eficiente.
    • A principios de este año, el fabricante de automóviles eléctricos Tesla dijo que estaba probando blockchain con la autoridad portuaria de Shanghai para ver si facilitaba la importación de bienes.
    • En mayo, tanto Ant como Alibaba comenzaron a probar blockchain con el operador portuario China Merchants.

    Cosco Shipping Holdings colaborará con Alibaba Group Holding, a través de Ant Financial Group, filial de tecnología financiera del líder mundial de e-commerce, en el uso de la tecnología blockchain para el seguimiento de los bienes comerciales a través de las cadenas de suministro marítimo, reportó Wall Street Journal.

    En un comunicado, las partes dijeron que el proceso de envío marítimo es un ‘caso de uso ideal para las tecnologías blockchain’ debido a la gran cantidad de participantes en la cadena logística.

    Las tecnologías inteligentes como blockchain se están volviendo cada vez más importantes en la industria marítima y en la cadena de suministro global. Esto es particularmente cierto hoy en día, ya que el mundo busca nuevas formas de resolver la crisis provocada por la pandemia de COVID-19.

    Muchos de los principales puertos del mundo sufren de congestión, ya que luchan por limpiar tanto los contenedores que tenían antes de la pandemia como los que ahora llegan desde China y el Lejano Oriente.

    En un seminario web sobre la cadena de suministro de extremo a extremo en mayo de 2020, se sugirió que la pandemia podría ser lo que acelera la adopción de un conocimiento de embarque electrónico (B / L), debido a la transparencia y facilidad de uso en comparación con las transacciones en papel.

    Ant Blockchain dijo que puede ayudar a garantizar que la información clave de envío, como los registros de contenedores y los certificados logísticos, sean a prueba de manipulaciones y se verifiquen fácilmente y se compartan entre todos los participantes.

    Esto incluye compañías navieras, gerentes de puertos, proveedores de servicios logísticos y entidades financieras de la cadena de suministro. Mejora significativamente la transparencia al tiempo que reduce los costos.

    ‘A través de la tecnología blockchain de Ant Group, esperamos apoyar la transformación digital de la industria naviera global y trabajar con COSCO SHIPPING para que sea más fácil y más eficiente comerciar a nivel mundial’, dijo Eric Jing, presidente ejecutivo de Ant Group.

    Ant Financial Services dirige la mayor plataforma blockchain orientada a los negocios en China, procesando pagos y otros servicios con hasta 1.000 millones de usuarios al día.

    Alibaba firmó un acuerdo similar en mayo con el conglomerado naviero China Merchants Holdings para crear una plataforma digital para las operaciones portuarias.

    En tanto, Maersk e IBM introdujeron en 2016 una plataforma blockchain para buques portacontenedores denominada TradeLens, a la que se han unido desde entonces otras grandes líneas navieras como MSC, CMA CGM y Hapag-Lloyd.

    Hasta ahora no está claro si se han manejado importantes flujos de carga a través de la plataforma. Los participantes de TradeLens han dicho que el uso de la plataforma blockchain ha disminuido durante la pandemia porque los flujos comerciales mundiales han caído bruscamente, mientras que las líneas navieras han eliminado cientos de recaladas portuarias, reduciendo y simplificando eficazmente muchas cadenas de suministro.

    Grandes empresas como Walmart Inc. y Procter & Gamble Co., junto con cientos de puertos, han estado probando la tecnología para obtener una mejor visión de sus cadenas de suministro, que van desde materias primas hasta productos acabados.

    Cosco Shipping, como la compañía de envíos integrados más grande del mundo, se ha dedicado a construir una plataforma de servicio de cadena de suministro a través de la integración profunda de nuevas tecnologías, como big data, blockchain y supercomputación; de esta forma mejoran la seguridad y eficiencia de sus servicios, y propulsan la transformación digitalizada de la industria, con la cual ganan los consumidores finales globales, con un servicio digitalizado confiable que hace cada vez menos costosos los bienes alrededor del planeta.

    Con información de Tecnología Portuaria, Coindesk, Cámara Marítima de Chile.

  • El principal operador de puertos del Reino Unido apunta a un comercio sin fricciones con tecnología blockchain.

    Hace unos días les contábamos sobre la puesta en marcha del Registro Marítimo de Dinamarca y la Lloyd’s Register en Blockchain, para registrar naves en los registros de buques locales. Así como una subsidiaria de Abu Dhabi Ports, que también lanzó su propia solución doméstica de blockchain para la logística, y por último el Puerto de Veracruz, el más importante de México, que ya maneja la información de operaciones a través de blockchain.

    Pues bien, ahora un operador portuario líder del Reino Unido, Associated British Ports (ABP) ha firmado un Memorando de Entendimiento (MOU) para trabajar con el habilitador de logística digital Marine Transport International (MTI) para desarrollar el uso de blockchain para la logística portuaria.

    ABP opera 21 puertos en todo el Reino Unido. Colectivamente, estos puertos manejan el 25% de la carga marítima del país. Como tal, se conecta con una gran cantidad de empresas involucradas en la industria de la logística, por lo que ser capaz de transferir todo tipo de carga de forma rápida y sin problemas a través de sus puertos es fundamental.

    «Manejamos casi 100 millones de toneladas de carga en todos los sectores cada año, por lo que somos una puerta de entrada significativa para las cadenas de suministro de nuestros clientes», dijo Jens Skibsted Nielsen, Director Comercial de ABP. «Este MOU con MTI es una demostración de nuestro compromiso con la innovación técnica y la búsqueda de nuevas formas de mejorar las cadenas de suministro del Reino Unido. Con blockchain, podemos conectar todos esos sistemas para garantizar que los datos se compartan con precisión y rapidez, lo que ayuda a acelerar y simplificar el flujo de comercio dentro y fuera del Reino Unido».

    Como parte del acuerdo, ABP se comprometerá a participar en la solución Blockchain de MTI en envíos piloto. Actualmente, cada parte de una cadena de suministro, desde el cargador o transportista hasta el operador del puerto, utiliza diferentes sistemas, que no se comunican entre sí de manera eficiente. Tradicionalmente, cuando un contenedor entra a un puerto, es recogido de la terminal por un conductor, y para asegurarse de que la persona indicada recoja el contenedor apropiado, se utiliza un código PIN. Sin embargo, este código se transmite a través de un número de departamentos operacionales. En todo este proceso, como es normal, existen riesgos de que se cometan errores humanos o que alguien actúe no con las mejores intenciones. La tecnología de MTI podría ofrecer una forma de vincular de forma segura estas formas dispares de trabajo y podría unir los silos para reducir el tiempo dedicado al reingreso manual de los datos, garantizando una única versión.

    «Blockchain es la palabra de moda de la industria de la logística en este momento», dijo Jody Cleworth, fundador y CEO de MTI. “La tecnología habilitada con Blockchain tiene el potencial de proporcionar una forma transparente, segura y precisa de capturar y compartir datos con partes clave, pero para MTI, la parte crítica es la interoperabilidad: tiene que poder conectarse abiertamente con los sistemas existentes. La industria de la logística está inundada de tecnología patentada que obliga a los usuarios a trabajar de cierta manera: con blockchain, podemos conectar todos esos sistemas para asegurar que los datos se compartan de forma precisa y rápida, acelerando y simplificando el flujo de comercio dentro y fuera de Reino Unido.»

    Está claro que cada vez más puertos están confiando su optimización de procesos en la cadena de suministro a blockchain, siendo el futuro de la logística portuaria y el comercio internacional, la próxima frontera que va a cambiar por completo la industria.