Categoría: Acción Humana

  • Innovación, libertad y la vigencia de la destrucción creativa: lecciones del Nobel de Economía 2025

    El reciente anuncio del Premio Nobel de Economía 2025 —otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt— es más que un reconocimiento académico: es una reivindicación intelectual de la libertad creativa como motor del progreso humano. El fallo de la Real Academia Sueca distingue a Mokyr “por haber identificado los prerrequisitos del crecimiento sostenido mediante el progreso tecnológico”, y a Aghion y Howitt “por la teoría del crecimiento impulsado por la destrucción creativa”.

    El mensaje de fondo es nítido: las economías prosperan cuando las instituciones y los valores sociales permiten innovar, competir y aprender. El crecimiento no se impone por decreto ni por redistribución, sino por la acumulación de conocimiento útil y la valentía de destruir lo viejo para crear lo nuevo.

    Desde una óptica liberal, el galardón rinde homenaje a una línea de pensamiento que conecta a Schumpeter con la economía moderna del conocimiento. Aghion y Howitt formalizaron en los años noventa la intuición schumpeteriana de la “destrucción creativa”: el proceso mediante el cual las innovaciones reemplazan tecnologías obsoletas, generando incrementos sostenidos de productividad. Su modelo mostró que la competencia no destruye el capitalismo, sino que lo renueva constantemente.

    Mokyr, por su parte, aportó la mirada histórica y cultural. En The Lever of Riches y A Culture of Growth, demostró que la Revolución Industrial no fue un accidente geográfico, sino el resultado de una cultura de la curiosidad y del intercambio intelectual. Las sociedades que valoran el conocimiento práctico, la libre experimentación y la crítica abierta son las que logran innovar de forma sostenida. En otras palabras, la libertad —en el pensamiento, en el comercio y en la investigación— es condición necesaria del progreso.

    Economistas liberales como Peter Boettke han celebrado el premio precisamente por esa reafirmación del rol de las instituciones abiertas. Boettke recuerda que el capitalismo de libre entrada y competencia es el mejor marco para que la innovación florezca sin depender de planificadores ni burócratas. El mérito de Aghion, Howitt y Mokyr es haber ofrecido, cada uno a su modo, evidencia teórica e histórica de esa premisa: la prosperidad surge cuando las reglas del juego premian la creatividad, no la captura de rentas.

    También resuena aquí el eco de Deirdre McCloskey, quien ha insistido en que la “gran enriquecedora” moderna fue, ante todo, un cambio de actitudes hacia el comercio y la innovación. Su noción de “dignidad burguesa” complementa la teoría de la destrucción creativa: no hay progreso material sin una cultura que legitime al innovador y al empresario como agentes de mejora social.

    La coincidencia entre estos enfoques no es casual. En todos, la libertad ocupa el centro del escenario. El mercado competitivo —con sus imperfecciones y sobresaltos— sigue siendo el entorno más fértil para que surjan ideas nuevas. La intervención estatal, cuando busca “proteger” sectores obsoletos o dirigir la innovación hacia fines políticos, suele congelar justamente ese dinamismo que Schumpeter consideraba esencial para la vitalidad capitalista.

    Sin embargo, el premio también invita a una autocrítica liberal: la innovación sin competencia real degenera en monopolio, y el capitalismo sin virtud puede derivar en captura política. De ahí la necesidad de preservar instituciones que mantengan abiertos los canales de entrada, difundan el conocimiento y reduzcan los privilegios. La destrucción creativa no debe convertirse en destrucción concentrada.

    El Nobel de 2025, en definitiva, no celebra una moda académica, sino un principio civilizatorio: el progreso sostenido depende de la libertad de innovar. Mokyr, Aghion y Howitt nos recuerdan que el crecimiento económico no nace del control, sino de la confianza en la mente humana cuando se le permite crear, competir y equivocarse. Ese sigue siendo el fundamento moral y práctico del liberalismo económico.

  • Crash cripto de octubre: la lección más cara sobre riesgo y apalancamiento

    El crash cripto volvió a recordarnos lo que muchos habían olvidado: el riesgo nunca desaparece, solo cambia de forma. El 10–11 de octubre de 2025 quedará en los registros como uno de los peores episodios de volatilidad en el mercado cripto: en pocas horas se desencadenó una oleada de ventas que provocó liquidaciones masivas por cerca de $19–20 mil millones y arrancó una cascada de órdenes forzadas en derivados y posiciones apalancadas. El detonante inmediato fue una noticia geopolítica —el anuncio de aranceles del 100% a ciertas exportaciones chinas por parte de la administración estadounidense— que encendió el pánico macro y hizo caer bitcoin y otros activos de riesgo con una rapidez inusitada.

    ¿Cómo se convierte una noticia en una catástrofe de este tipo? En esencia, por la combinación de tres factores: (1) posiciones apalancadas masivas en exchanges centralizados y descentralizados; (2) mecanismos automáticos de liquidación que ejecutan ventas forzadas cuando el margen cae por debajo de ciertos umbrales; y (3) la naturaleza 24/7 del mercado cripto, que permite movimientos gigantescos incluso fuera del horario de los mercados tradicionales. Cuando los precios caen con rapidez, los stops y los márgenes fallan en cascada: una liquidación dispara otra y así hasta que el impacto se amplifica exponencialmente.

    A la turbulencia se sumaron fallos operativos y acusaciones públicas. Usuarios reportaron dashboards congelados, stops que no se ejecutaron y movimientos extraños en liquidez: las principales plataformas se culparon entre sí por sistemas sobrecargados y “flash crashes”. En paralelo surgieron sospechas en redes sobre operaciones muy oportunas —grandes cortos abiertos poco antes del anuncio— y tweets que apuntaron a posibles prácticas de “inside trading” o ejecuciones que habrían intensificado la caída. Estas acusaciones todavía están en el terreno del rumor y el escrutinio público, pero han alimentado la demanda de investigación y mayor transparencia del mercado.

    El coste humano fue doloroso y real. En Kyiv, medios locales e internacionales informaron la muerte de un conocido influencer y trader cripto, Konstantin (Kostya) Kudo/Galish, hallado sin vida en circunstancias que la policía investiga; su deceso coincidió con la oleada vendedora y ha sido vinculado por muchos a la presión financiera y emocional que sufren operadores altamente apalancados. Es importante tratar ese hecho con respeto: detrás de cada número hay vidas y personas afectadas.

    Lecciones prácticas y nunca del todo aprendidas.

    1. Solo arriesga lo que puedas perder. El tenedor emocional y financiero debe ser la primera regla: si una pérdida te arruina, no deberías exponerte. El apalancamiento amplifica ganancias y pérdidas; a menudo lo segundo es devastador.

    2. Gestión de riesgo y tamaño de posición. Usa tamaños de posición conservadores, fija márgenes adecuados y evita multiplicadores extremos. Diversificar y usar órdenes limitadas puede mitigar slippage en mercados volátiles.

    3. No confiar ciegamente en stops en exchanges congestionados. En un mercado 24/7, los stops pueden no ejecutarse al precio esperado durante un “flash crash”. Aprende a gestionar salidas manuales y planes de contingencia.

    4. Salud mental y comunidad. El trading de alta intensidad exige apoyo emocional y límites claros. Si sientes angustia o desesperación por pérdidas, busca ayuda profesional y apela a redes de apoyo; nadie vale menos por un trade fallido.

    5. Demandar mejor transparencia. Las acusaciones de operaciones oportunas y fallos de infraestructura muestran la necesidad de supervisión, auditorías de exchanges y reglas que reduzcan conflictos de interés y “dark liquidity” que empeora las caídas.

    6. Aprender de la historia, no especular con la tragedia. Las pérdidas ajenas no son lecciones abstractas: son advertencias sobre la fragilidad del apalancamiento y la asimetría de información en mercados emergentes.

    En conclusión, los mercados cripto ofrecen oportunidades reales, pero su naturaleza especulativa y apalancada transforma noticias geopolíticas en catástrofes financieras en cuestión de minutos. Jugar a ganar rápido puede salir caro; la prudencia, la gestión de riesgo y la responsabilidad colectiva (de traders, exchanges y reguladores) son las únicas formas de reducir el precio humano y económico de la próxima gran caída.  En el mercado, como en la vida, no se trata de ganar siempre, sino de poder volver a jugar mañana.

  • László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025

    El reciente Premio Nobel de Literatura 2025 otorgado a László Krasznahorkai marca un reconocimiento singular: no solo a una obra literaria exigente y visionaria, sino también a una mirada profundamente filosófica y política sobre la condición contemporánea. Su escritura, torrencial y lúcida, parece nacer de la certeza de que el mundo ha entrado en un proceso irreversible de degradación moral y espiritual. Sin embargo, en medio del caos, Krasznahorkai insiste en la posibilidad —quizá mínima, quizá trágica— de la lucidez.

    Nacido en Gyula, Hungría, en 1954, Krasznahorkai pertenece a una generación que creció bajo la sombra del totalitarismo y que asistió luego al desencanto de la transición democrática. Ese trasfondo histórico impregna su obra con una desconfianza radical hacia la política institucional, entendida no como espacio de emancipación, sino como un teatro de mediocridades. Para él, la política moderna se ha convertido en una maquinaria de distracción que evita confrontar lo esencial: la pérdida de sentido. De ahí que, en entrevistas, haya afirmado que su tarea no es intervenir políticamente, sino explorar las ruinas interiores que la política deja tras de sí.

    Krasznahorkai no se adscribe a ninguna corriente ideológica reconocible. Su pensamiento se mueve más bien entre el existencialismo y una suerte de misticismo apocalíptico. En sus novelas —como Satantango (Satan’s Tango), Guerra y guerra o Melancolía de la resistencia— el mundo aparece al borde del colapso, pero el verdadero desastre no es social sino espiritual: la imposibilidad de creer, de comunicarse, de orientarse. En ese paisaje, la esperanza no desaparece del todo, pero se vuelve una forma de resistencia silenciosa, casi monástica.

    El escritor ha expresado abiertamente su preocupación por la deriva autoritaria de Hungría y por el cinismo global que normaliza la desigualdad y la violencia. No milita en ninguna causa, pero su obra es, en sí misma, una forma de militancia: una crítica radical al conformismo, a la rapidez y la distracción que definen la era digital. Krasznahorkai ve en el arte una de las últimas reservas de profundidad frente a la superficialidad del consumo y la inmediatez mediática. En este sentido, su literatura es política no por lo que predica, sino por el tipo de atención que exige.

    También hay en él una influencia oriental, producto de sus viajes por China y Japón, donde encontró una visión del tiempo más contemplativa. Esa mirada contrasta con la ansiedad occidental por el progreso y la productividad, dos ídolos que Krasznahorkai considera vacíos. Su obra propone, así, una ética de la lentitud, de la observación, de la resistencia interior.

    El Premio Nobel otorgado a László Krasznahorkai puede leerse, entonces, como un gesto de reconocimiento hacia una voz que desafía la lógica del presente. En un mundo saturado de ruido, su prosa densa y meditativa nos recuerda que pensar sigue siendo un acto subversivo. Y que, incluso en el colapso, la literatura puede seguir siendo una forma de verdad y rebeldía.

  • En el Gobierno el Fracaso es Éxito

    ¿Te parece absurdo lo que digo en el título, donde en el gobierno el fracaso es éxito ? Entonces explícame ¿cómo es que mientras más fracasa el NODUCA más $$$ se le asigna? El reto está en entender las razones detrás de algo tan absurdo; y no crean que hablo sólo de Panamá, ya que el mismo fenómeno se dan en Gringolandia y otros sitios. Las “razones” son muchas, pero comencemos con las más básicas que son las reglas o realidades de la diferencia entre lo que es gobierno y lo que es empresa privada.

    En la empresa privada el éxito depende de si se logra ganancia, lucro; que, a su vez, requiere ofrecer un producto por el cual alguien o muchos están dispuestos a soltar sus billetes, lo cual no es el caso en la empresa gubernamental, cuyos fondos operativos le llegan vía los ‘impuestos’; es decir, aquello que se impone de Fidanque a Toledano. Y ya, nomás con esta realidad deberíamos entender que él o los gobiernos no están para los negocios, sean estos: electricidad, agua, transporte, educación, salud, etc.

    La función de gobierno no es compatible con los negocios, no sólo por las razones expuestas anteriormente sino es la de asegurar que las actividades comunitarias se lleven a cabo respetando al prójimo; sus derechos inalienables de libertad al hablar, transitar, religión, comerciar y mucho más. Pero, desdichadamente, desde siempre, están los que se ganan el sustento respetando a los demás y, por otro lado, los que eligen ganarse el sustento o el disfrute violando al prójimo. Si tan sólo los gobiernos se dedicaran a su verdadero encargo otro gallo cantaría en el mundo y en Panamá.

    Si mañana se les regala a los educadores y funcionarios del NODUCA las escuelas para que se conviertan en empresas privadas educativas y su éxito dependa de la calidad del producto ¿qué cree el lector harían los sindicatos magisteriales y los funcionarios?

    Tomemos el caso del fracasado NODUCA, el cual es una entidad de gobierno que se ha metido a hacer lo que no es gobernar. ¿O crees que educar es gobernar? Desgraciadamente el “no a la privatización” es prueba latente del lavado de cerebro que le han metido pervertidos políticos y otros al pueblo con el propósito de mantenerlos mansitos.

    Vean no más lo que ocurriría si se privatiza en MEDUCA: Se reduciría notablemente la congestión vehicular Se mejoraría la educación Se reduciría la burrocracia Los padres dejarían de ser víctimas pasando a ser clientes con el derecho de elegir Mejorarían notablemente las condiciones de las escuelas Se reduciría en grande la politiquería Mejoraría la economía Se reduciría el tamaño de mastodonte gubernamental Aumentaría notablemente la diversidad educativa El gasto educativo disminuiría ya que las privadas, entre otras, compiten en calidad y precio Se reduciría en grande la pobreza Al achicar el gobierno el mismo se torna más eficiente Crearíamos una cultura de emprendimiento y no de sometimiento En fin… podría seguir y seguir enumerando los resultados positivos; tal como que en vez de tener una sola entidad planificando la educación, tendríamos miles.

    El tuétano del mal es que, en nuestra querida Panamá, desde tiempos inmemorables, hemos cultivado una cultura de juega vivo, de sacarle provecho a la masa inculta e ignorante. Recuerdo de niño que mi padre, que igual que mi abuelo Novey, hizo empresa que dio miles de plazas de trabajo e hizo patria, hablaba de la cantidad de rabos blancos que como empresarios se morían de hambre, pero como políticos se volvían ricos, poderosos y engreídos. Pero hoy ya los de rabo prieto se la aprendieron y entraron a la competencia de la corrupción y el desgobierno.

  • Frente al miedo al reemplazo: una mirada libertaria hacia el futuro del trabajo

    El reciente informe de OpenAI que identifica 44 profesiones potencialmente reemplazables por la inteligencia artificial ha sacudido conciencias y encendido debates en todo el mundo. Para muchos, es el augurio de un desplazamiento masivo, el preludio de extinciones laborales definitivas. Pero desde una postura libertaria crítica al ludismo, no es momento de rechazar el cambio: es el momento de reimaginar la libertad, la innovación y la responsabilidad individual frente a esta nueva ola tecnológica, en definitiva, reimaginar el futuro del trabajo.

    El ludismo renace — y debemos resistirlo

    El ludismo del siglo XXI no empuña martillos contra telares sino discursos que invocan el temor: “La IA nos reemplazará. Rechacémosla o regulémosla drásticamente.” Pero esa mentalidad es una trampa: es negar que la innovación —la libertad de emprender, de crear máquinas para servirnos— ha sido siempre el motor del progreso humano. Intentar detener la IA es querer atrincherarse en el pasado, ignorar que somos seres que inventan su propio destino.

    La posición luddita —o tecnófoba— asume que el statu quo laboral actual es inviolable, y que cualquier disrupción que genere ganadores y perdedores es intrínsecamente injusta. Pero desde el liberalismo clásico entendemos que la libertad implica cambios, riesgos y adaptaciones, no estabilidad perpetua. Las sociedades abiertas no elevan muros ante el cambio tecnológico: lo canalizan con instituciones fuertes, educación flexible y redes de emprendimiento, que justamente ven nuevas oportunidades para complacer ese ocio generado por el ahorro de tiempo que conlleva la tecnología.

    El informe de OpenAI: un espejo, no una sentencia

    El estudio de OpenAI —llamado GDPval— evalúa qué tanto pueden los modelos de IA replicar entregables laborales reales, desde informes legales hasta reportes financieros.  Los resultados resultan llamativos: en profesiones como empleados de mostrador, la IA fue “más eficaz” en hasta un 81 % de las tareas; en desarrollo de software, 70 %; en atención al cliente, 59 %. Pero estos porcentajes deben interpretarse con cautela: miden tareas específicas, no la totalidad del rol profesional. No capturan el juicio humano, la ética, la creatividad, el liderazgo, el contexto social y la intuición que son el dominio humano.

    Además, aunque la IA ejecute ciertas tareas más rápido y barato —un modelo puede “inferir” cientos de veces más rápido— esos cálculos no integran los costos de supervisión, corrección, integración al entorno real y mantenimiento.  En suma: no se trata de un apocalipsis laboral automático, sino de una invitación a rediseñar nuestra relación con el futuro del trabajo y la tecnología.

    Hacia una sociedad de cooperación entre humanos y máquinas

    Desde la libertad, no rechazamos la IA; la aprovechamos. Aquí algunas ideas para encarar esta transición con esperanza:

    1. Educación radicalmente flexible
      No enseñar “para un empleo fijo”, sino cultivar adaptabilidad, pensamiento crítico, habilidades de aprendizaje permanente, innovación y espíritu emprendedor. Un individuo libre debe saber reinventarse cuando cambian las reglas.
    2. Emprendimiento tecnológico libre
      El individuo debe tener libertad para construir, experimentar, desplegar nuevas IA, sin permisos absurdos que frenen la innovación. Que emerjan plataformas, soluciones especializadas, redes cooperativas, inteligencia distribuida.
    3. Seguros voluntarios y mercados de respaldo
      En lugar de depender de una tutela estatal que retenga o regule la IA para “proteger empleos”, pueden crearse mecanismos privados y mutuales: fondos de reconversión, microcréditos, seguros volumétricos, redes de coworking, incubadoras que apoyen la transición laboral.
    4. Instituciones públicas mínimas pero efectivas
      Si existe un papel para lo público, que sea garantizar el estado de derecho, la propiedad, la competencia libre, la transparencia y la defensa de los derechos individuales ante abusos de plataformas dominantes de IA, normalmente generadas por intervenciones del gobierno a la economía con esa excusa..
    5. Conciencia ética descentralizada
      No necesitamos un gran regulador central que dicte qué está permitido y qué no; podemos articular marcos de ética pública, estándares colaborativos y reputación del mercado para contener los abusos sin sofocar la innovación.

    Porque la esperanza está en la libertad

    Que la IA pueda reemplazar el 50 % de las tareas de un periodista no significa que los periodistas dejarán de existir. Significa que deberán evolucionar: profundizar, especializar, aportar creatividad, interpretar, conectar con emociones humanas, hacer lo que las máquinas aún no saben: ser humanos. Tal vez emerjan híbridos laborales: periodistas que sepan programar, artistas que trabajen con algoritmos, técnicos de IA que colaboren con creativos humanos.

    La tecnología no es el enemigo; es una herramienta potencialmente liberadora. La resistencia lúdica —que pretende inmovilizar el cambio— es en realidad una prisión mental: nos condena a permanecer atrás, a temer el futuro. En cambio, desde la libertad podemos situarnos al frente de la ola: pilotear la transición, construir mercados de cooperación humano-máquina, y mostrar que la verdadera prosperidad se funda no en evitar el cambio, sino en adaptarlo al individuo y a la innovación.

    Vivimos un momento de bifurcación: algunos abogan por regulaciones asfixiantes, otros por resignación. Pero quienes creemos en la libertad sabemos que el desafío es mayor: mostrar que el progreso generado por la IA puede elevar la dignidad humana, no someterla. Ese es nuestro optimismo libertario: no abandonamos al trabajador ni al individuo, sino que le compartimos las herramientas intelectuales para que, en esta era tecnológica, sea él quien tenga el poder. Por ahí va el futuro del trabajo.

  • Bitcoin supera los USD 125.000: cuando la desconfianza en el gobierno impulsa el nuevo oro digital

    El precio de Bitcoin (BTC) volvió a sorprender al mundo financiero al superar los USD 125.700, un récord que llega en un momento particularmente simbólico: Estados Unidos enfrenta un nuevo cierre parcial de su gobierno (shutdown), mientras crece el temor a un default y a un ciclo de desaceleración económica global.

    La coincidencia no es casual. Cada vez que el sistema político muestra grietas, Bitcoin parece recordarle al mundo que existe una alternativa sin bancos centrales, sin congresos trabados y sin límites fronterizos.

    1. Los motores del repunte

    De acuerdo con un informe de Cointelegraph y análisis de Glassnode, el salto de BTC responde a una combinación de factores macro y de comportamiento de mercado.

    • Crisis política en EE. UU. → El bloqueo presupuestario genera incertidumbre institucional y pone en duda la solvencia del Tesoro. Este tipo de episodios —como los shutdowns de 2013 y 2018— históricamente coincidieron con repuntes del precio de Bitcoin.

    • Liquidez global abundante → A pesar de las subas de tasas, el flujo de capital hacia activos de riesgo continúa. Según Willy Woo, analista on-chain, “el mercado está descontando un entorno de inflación estructural donde los activos duros superan al dinero fiduciario”.

    • Acumulación institucional → Datos de CoinMetrics muestran que las direcciones con más de 1 000 BTC están aumentando posiciones, mientras el volumen de monedas en exchanges alcanza mínimos de dos años.

    • Narrativa de refugio digital → Ante la erosión de la confianza en las monedas nacionales, Bitcoin refuerza su identidad como “oro digital” —una tesis que PlanB, creador del modelo Stock-to-Flow, considera cada vez más validada.

    bitcoin shutdown

     2. Un patrón que se repite

    En 2013, durante un shutdown similar del gobierno norteamericano, Bitcoin pasó de USD 120 a más de USD 900 en pocos meses. En 2020, en plena pandemia y tras la expansión monetaria de la Fed, su precio se multiplicó por seis. Hoy, el escenario político-fiscal parece replicar los mismos incentivos: deuda creciente, déficit estructural y desconfianza ciudadana.

     3. Los riesgos

    No todo es euforia. Si la Reserva Federal reacciona endureciendo su política monetaria para compensar el impacto del shutdown, podría enfriar el apetito por activos de riesgo. Además, la historia muestra que después de cada máximo —2017, 2021— se producen correcciones de entre el 25 % y el 35 %.

    4. Reflexión final: la desconfianza como motor

    Más allá de las cifras, lo relevante es el trasfondo: Bitcoin prospera cuando se erosiona la confianza en las instituciones. Cada crisis política, cada emisión excesiva y cada medida improvisada alimentan la percepción de que el dinero estatal ya no garantiza estabilidad.

    BTC no solo crece por codicia especulativa; crece porque millones de personas —desde inversores institucionales hasta ciudadanos en economías frágiles— están buscando una reserva de valor ajena al control político.

    Los USD 125.000, entonces, no son solo un récord de mercado. Son un reflejo del momento histórico: cuando la credibilidad de los gobiernos tambalea, el capital global busca refugio en el único activo que no necesita permiso para existir.

  • Entre Quesos y Gobiernos

    Jamás imaginé que existiera una relación significativa entre los quesos y los gobiernos, hasta que leí un ensayo de Ludovico Lumicisi, ingeniero en computación radicado en Dinamarca, quien aborda esta conexión de manera tan curiosa como reveladora. En su texto, Lumicisi relata cómo el queso, junto con otros alimentos duraderos como las carnes secas o la leche fermentada, tuvo un papel fundamental en la historia militar: fue sustento indispensable para las legiones romanas, los ejércitos mongoles y otras fuerzas preindustriales. Sin embargo, su análisis no se limita al ámbito gastronómico o histórico, sino que avanza hacia un terreno más profundo: la economía política.

    Lumicisi utiliza el queso como metáfora para explicar la noción de “dinero sano”, es decir, de una moneda respaldada por valor real y no distorsionada por políticas monetarias arbitrarias. Según el autor, pocos comprenden verdaderamente qué es el dinero, cuál es su origen y cómo los poderes políticos han manipulado su función a lo largo del tiempo. Así, el queso se convierte en símbolo de un bien tangible, de algo que posee valor intrínseco y cuya escasez o abundancia responden a dinámicas naturales, no a decretos gubernamentales.

    Históricamente, diversos bienes han servido como medios de intercambio: la sal, el cacao, el trigo, el arroz, el ganado o incluso el tabaco. Todos ellos representaban valor en la medida en que eran útiles, deseables y difíciles de producir. De manera similar, el queso, al igual que otros productos alimenticios, fue utilizado en ciertos contextos como moneda de trueque, reflejando una economía basada en la producción real y no en la emisión monetaria. Este paralelismo sirve de punto de partida para una crítica más amplia: la del intervencionismo estatal en los mercados y sus consecuencias sobre la estabilidad económica y la cultura social.

    Uno de los ejemplos más ilustrativos que cita Lumicisi es el caso de los Estados Unidos durante las décadas de 1970 y 1980, cuando el gobierno federal acumuló aproximadamente 1.4 mil millones de libras de queso en almacenes nacionales. La medida se justificó como un subsidio para proteger a los productores lácteos ante la sobreproducción y la caída de precios. Sin embargo, la política resultó contraproducente: al intervenir artificialmente en la oferta y la demanda, el Estado generó distorsiones que, a largo plazo, afectaron tanto a productores como a consumidores. El resultado fue un “montaña de queso” almacenada a costa del contribuyente, un ejemplo paradigmático de cómo la buena intención de “ayudar al mercado” puede terminar perjudicándolo.

    En términos económicos, este tipo de políticas se asocian con la teoría del intervencionismo, la cual sostiene que el Estado, al alterar los precios y subvencionar sectores específicos, termina debilitando la eficiencia del mercado y creando dependencias estructurales. Autores como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises advirtieron que tales intervenciones conducen inevitablemente a una expansión del poder político y a una pérdida de libertad económica. En otras palabras, el intervencionismo no solo afecta los precios, sino también la cultura política de las naciones: promueve la idea de que el bienestar depende de la acción del gobierno y no de la responsabilidad individual o la competencia productiva.

    Ejemplos de estas distorsiones abundan en América Latina. En Panamá, por ejemplo, la intervención gubernamental en la producción y comercialización del arroz ha generado ciclos de sobreproducción y escasez, acompañados de conflictos entre productores, distribuidores y el propio Estado. Las políticas de control de precios, aunque presentadas como medidas para proteger al consumidor, terminan desincentivando la inversión agrícola y fomentando la informalidad. Algo similar ocurre con otros productos básicos o energéticos, como el etanol mezclado con gasolina, que responde más a intereses políticos que a criterios de eficiencia económica.

    El verdadero problema, por tanto, no es el queso en sí, sino la mentalidad que subyace a la idea de que el Estado puede y debe regular todos los aspectos de la economía. Cuando los gobiernos se arrogan funciones empresariales o paternalistas, se produce una confusión entre lo público y lo privado, entre lo político y lo productivo. En última instancia, quienes se benefician no son los ciudadanos comunes, sino los grupos de poder que manipulan las políticas públicas para su propio beneficio.

    Si los gobiernos se limitaran a cumplir su función esencial, esto es, garantizar el orden, la justicia y la protección de derechos fundamentales, sin interferir en los mecanismos naturales del mercado, la sociedad experimentaría una auténtica prosperidad. El intervencionismo, aunque a menudo se presenta como una solución compasiva, termina siendo una trampa económica y cultural. Tal vez por eso la analogía del queso resulte tan oportuna: como producto, puede fermentar y madurar; pero, si se le encierra en exceso, acaba por pudrirse.

  • Sin Libre Mercado Somos Esclavos

    Intentando promover el amor por la libertad, pues soy “libertófilo”, me pongo a explicar, a quienes se dejen, lo que es la libertad y, entre las explicaciones más fundamentales, abordo el “mercado” o mejor aún, el “libre mercado”, para distinguirlo del que tenemos en Panamá que de libre tiene poco. Pero, con inusitada frecuencia muchos me preguntan: “¿qué es eso del mercado?”, y, ni hablar cuando le meto lo de “libre”; con lo cual despierto a nuestra triste realidad que, en Panamá, desde Colón o antes, jamás hemos sido libres y, peor aún, que hemos cultivado y perfeccionado la esclavitud.

    Los humanos somos seres sociales; es decir, que vivimos en una interacción cooperativa que se logra por intermedio de una vinculación con otros humanos, comenzando por la familia nuclear y ascendiendo al vecindario y así hasta llegar al estado y sus gobiernos. De esa vinculación social depende nuestra sobrevivencia y desarrollo; de la interacción pacífica y productiva que llamamos “la división del trabajo”; en dónde las personas se especializan en algo y con ello intercambian bienes y servicios. En resumen, mercado es la plaza en dónde se dan los intercambios y esa “plaza” está por todas partes; desde la empleada en tu casa hasta COPA o el Canal de Panamá; aunque la ACP es harina de otro costal pues no es una empresa típica del mercado si no del estado.

    Pero, más allá de los bienes y servicios, no podemos dejar por fuera los intercambios de recursos, conocimientos, valores y hasta el amor y más; lo cual requiere dominio del arte de la comunicación; esa que no anda nada bien. Más aún, todo ello está relacionado a lo que llamamos “cultura” o aquello que cultivamos; que pueden ser cultivos sanos o malsanos.

    Todo lo anterior se logra por medio de relaciones personales y, también, por intermedio de sistemas más complejos que nos facilitan (ojalá) la convivencia; tal como debe ser la Constitución, que supone constituir nuestras interacciones sociales pacíficas y constructivas. Así, veamos que el mercado no sólo es un mecanismo económico sino uno de libertad; en dónde a cada quien corresponde decidir lo que va a producir, consumir o con quien lo intercambia, bajo qué condiciones y a qué precio. Es de esta manera que se fomenta la innovación, la eficiencia y la prosperidad, lo cual al hacerlo en busca del beneficio propio contribuye al bienestar general.

    Lastimosamente muchos creen que la libertad de mercado conlleva a que unos saquen ventaja de otros y, en ello, piden la intervención gubernamental (léase políticos) que evite el juega vivo. Lo que se les escapa a quienes piensan así es que sin libertad de intercambio todo el proceso social se viene abajo. Y sí, el gobierno está como árbitro del partido, pero jamás como jugador que patea los balones del intercambio. El gobierno está para evitar faltas y delitos pero, no para ser jugador en el partido.

    El peligro está en que a través de nuestra historia los vivarachos se dieron cuenta de que dominando la política y los puestos de autoridad, pueden hacerse ricos sin tener que competir en el mercado. Sin libertad para actuar perdemos la esencia de esa libertad que nos concedió el Creador; libertad, tanto para hacer el bien como el mal.

    Y es que sólo en libre intercambio es que ambas partes salen beneficiadas y no cuando los políticos intervienen bajo la suposición de que ellos son buenos árbitros. De allí emerge el error de creer que el intervencionismo estatal gubernamental beneficia a la sociedad. Sigamos con ese cuento a ver cómo nos va…

  • Sora 2 y la nueva frontera de los videos generados por IA

    OpenAI ha presentado Sora 2, una aplicación que permite generar videos realistas a partir de descripciones, incorporando a una persona real dentro de escenas ficticias con una calidad técnica que impresiona: sincronización de diálogos, sonidos, físicas realistas, iluminación, efectos visuales.

    La versión social de la app permite “cameos”: un usuario puede subir su imagen para integrarse en escenarios generados por la IA. OpenAI afirma que el usuario mantiene control sobre su imagen, puede revocar permisos o borrar videos que lo incluyan.

    Este salto tecnológico plantea interrogantes técnicos, legales y normativos: ¿cómo cambiará el panorama de los medios tradicionales? ¿cuál será la responsabilidad sobre falsificaciones visuales? ¿qué límites marcar para proteger identidad y derechos?

    Aspectos técnicos y capacidades nuevas

    1. Mejora en controlabilidad y seguimiento de instrucciones complejas
      Sora 2 promete seguir indicaciones “multitoma”, escenas complejas, animaciones coherentes en diferentes planos. Esto genera contenidos más sofisticados, menos “artificiales”.
    2. Simulación de leyes físicas realistas
      No sólo rostros o gestos, sino objetos en interacción (rebotes, colisiones, gravedad). Eso hace que el contenido no parezca un “pegote” digital sino una escena plausible.
    3. Recomendaciones personalizadas y control de consumo
      OpenAI integra algoritmos que ajustan el “feed” mediante lenguaje natural, con mecanismos para sondear el bienestar del usuario y limitar el consumo excesivo.
    4. Controles para menores y aparición en cameos
      Se establecen límites de creación y visualización para adolescentes, y restricciones para los cameos. Este control es esencial para mitigar abusos.

    Estas características técnicas permiten que las falsas “actuaciones” con personas reales resulten cada vez más creíbles, lo que hace que la línea entre contenido legítimo y manipulación digital se vuelva borrosa.

    Impacto en medios tradicionales y redes sociales

    Los medios de comunicación —que han confiado por décadas en cámaras, reportajes, imágenes verificadas— ahora enfrentan una competencia donde los “videos reales” pueden ser fabricados sin rodaje físico alguno. Un medio tradicional que difunde un video debe cuestionarse su autenticidad.

    Redes sociales y plataformas de video se enfrentarán a mayores exigencias de moderación y verificación: detectar deepfakes en video será tan necesario como detectar noticias falsas de texto.

    Además, el modelo de consumo cambia: alguien podría protagonizar anuncios, discursos o escenas ficticias sin su consentimiento. La reputación, la propaganda política, la difamación, todo eso entra en un terreno más riesgoso.

    Riesgos, regulaciones y desafíos

    • Derechos de imagen e identidad
      Aunque OpenAI promete control del usuario sobre su imagen, la aplicación real de esas promesas es lo que importa. ¿Quién supervisa que la revocación funcione? ¿Cómo se sanciona el uso indebido?
    • Responsabilidad y atribución
      Si un video generó daños (difamación, manipulación), ¿quién es responsable: quien lo generó, la plataforma, la IA? Las leyes vigentes no están preparadas para esto.
    • Regulación ética y técnica
      Se requieren normas específicas para IA de generación de video: identificación implícita de que es IA, marcas de agua, registros verificables de origen.
    • Riesgo de saturación y escepticismo
      Si todo video puede ser falso, la credibilidad colapsa. La gente podría dejar de creer en lo que ve, lo que socava medios legítimos.

    Ver y no creer

    Sora 2 representa un punto de inflexión: pasamos de imágenes generadas estáticas a videos generados por IA casi indistinguibles de los reales. Desde el punto de vista técnico, el salto es enorme; desde el punto de vista social, supone un reto: revalidar la confianza, redefinir responsabilidad, inventar nuevos métodos de verificación.

    Los medios tradicionales ya no pueden asumir que lo que llega ante sus ojos es auténtico. Las leyes deben adaptarse, y los usuarios deben ganar herramientas de defensa. En esta nueva era, “ver” ya no es creer: debemos saber cómo y quién lo hizo.

  • Stablecoins, Visa y el futuro de los pagos transfronterizos: ¿una oportunidad para Panamá?

    El anuncio de Visa sobre su programa piloto con stablecoins para pagos transfronterizos marca un posible punto de inflexión en la infraestructura de pagos globales. La iniciativa, que permite a bancos y entidades financieras usar monedas estables como USDC o EURC para prefinanciar transferencias internacionales, abre la puerta a un sistema más ágil, menos costoso y con menor dependencia de intermediarios tradicionales. Para países como Panamá, que dependen casi por completo de la banca corresponsal estadounidense, el impacto potencial puede ser significativo.

    El sistema legacy: SWIFT y la banca corresponsal

    Hoy en día, la gran mayoría de las transferencias internacionales se liquidan a través de SWIFT y de la red de banca corresponsal. Este mecanismo, vigente desde hace décadas, implica que los bancos de un país deben mantener cuentas prefondeadas en bancos de otro país para procesar pagos en diferentes monedas.

    El modelo funciona, pero con costos:

    • Altos tiempos de liquidación, que pueden ir de uno a tres días hábiles.
    • Comisiones elevadas, que en muchos casos se trasladan al usuario final.
    • Dependencia política y regulatoria: países como Panamá, dolarizados y sin banco central propio, dependen de bancos corresponsales en Nueva York para mover dólares hacia el exterior. Esto los hace vulnerables al “de-risking” (cuando bancos internacionales cierran relaciones por riesgo reputacional o regulatorio) y a presiones externas.

    Qué propone Visa con las stablecoins

    El piloto de Visa busca desintermediar parcialmente ese sistema. En lugar de tener que mantener cuentas prefondeadas en múltiples jurisdicciones, las entidades financieras podrían:

    • Usar stablecoins para liquidar pagos casi instantáneamente, 24/7.
    • Reducir los costos operativos y de intermediación.
    • Minimizar la exposición cambiaria al trabajar con monedas digitales ligadas al dólar o al euro.

    En términos simples, Visa crea una capa alternativa de pagos globales donde las stablecoins funcionan como “efectivo digital” para las transferencias internacionales.

    Impacto sobre la banca corresponsal

    No significa la desaparición inmediata de la banca corresponsal, pero sí un cambio en las reglas de juego. Con stablecoins, los bancos locales pueden reducir su dependencia de corresponsales para ciertos flujos, obligando a los actores tradicionales a modernizarse o a abaratar costos.

    Para SWIFT y la red legacy, este tipo de iniciativas son una competencia directa en velocidad, eficiencia y disponibilidad horaria.

    Panamá: ¿riesgo o oportunidad?

    El caso panameño es paradigmático. Al no tener banco central ni moneda nacional, el país depende enteramente de bancos corresponsales en EE. UU. para cursar pagos internacionales en dólares. Eso implica:

    • Altos costos de operación.
    • Riesgo de exclusión financiera internacional, si corresponsales reducen su exposición.
    • Limitada autonomía en la gestión de flujos financieros.

    La adopción de sistemas como el de Visa podría brindar a Panamá:

    • Mayor autonomía operativa en pagos internacionales.
    • Menores costos para comercio, banca local y remesas.
    • Una vía de escape parcial a la dependencia casi absoluta de bancos en Nueva York.

    No obstante, los riesgos son reales:

    • Se necesita un marco regulatorio claro sobre stablecoins y prevención de lavado.
    • La confianza en los emisores de stablecoins aún no está consolidada, con antecedentes de colapsos.
    • Una adopción apresurada podría tensionar la relación con corresponsales tradicionales.

    El piloto de Visa con stablecoins no elimina de inmediato el sistema tradicional, pero sí abre una alternativa concreta a décadas de dependencia en la banca corresponsal. Para Panamá, que vive en la intersección de la dolarización y el comercio internacional, esta puede ser una oportunidad histórica para diversificar su infraestructura de pagos y ganar autonomía.

    La cuestión no es si las stablecoins impactarán los pagos globales, sino cuándo y bajo qué reglas. El reto para Panamá será adelantarse, con regulación y estrategia, para convertir este cambio en una ventaja competitiva y no en una fuente de vulnerabilidad.