Categoría: Acción Humana

  • Bitcoin supera los USD 125.000: cuando la desconfianza en el gobierno impulsa el nuevo oro digital

    El precio de Bitcoin (BTC) volvió a sorprender al mundo financiero al superar los USD 125.700, un récord que llega en un momento particularmente simbólico: Estados Unidos enfrenta un nuevo cierre parcial de su gobierno (shutdown), mientras crece el temor a un default y a un ciclo de desaceleración económica global.

    La coincidencia no es casual. Cada vez que el sistema político muestra grietas, Bitcoin parece recordarle al mundo que existe una alternativa sin bancos centrales, sin congresos trabados y sin límites fronterizos.

    1. Los motores del repunte

    De acuerdo con un informe de Cointelegraph y análisis de Glassnode, el salto de BTC responde a una combinación de factores macro y de comportamiento de mercado.

    • Crisis política en EE. UU. → El bloqueo presupuestario genera incertidumbre institucional y pone en duda la solvencia del Tesoro. Este tipo de episodios —como los shutdowns de 2013 y 2018— históricamente coincidieron con repuntes del precio de Bitcoin.

    • Liquidez global abundante → A pesar de las subas de tasas, el flujo de capital hacia activos de riesgo continúa. Según Willy Woo, analista on-chain, “el mercado está descontando un entorno de inflación estructural donde los activos duros superan al dinero fiduciario”.

    • Acumulación institucional → Datos de CoinMetrics muestran que las direcciones con más de 1 000 BTC están aumentando posiciones, mientras el volumen de monedas en exchanges alcanza mínimos de dos años.

    • Narrativa de refugio digital → Ante la erosión de la confianza en las monedas nacionales, Bitcoin refuerza su identidad como “oro digital” —una tesis que PlanB, creador del modelo Stock-to-Flow, considera cada vez más validada.

    bitcoin shutdown

     2. Un patrón que se repite

    En 2013, durante un shutdown similar del gobierno norteamericano, Bitcoin pasó de USD 120 a más de USD 900 en pocos meses. En 2020, en plena pandemia y tras la expansión monetaria de la Fed, su precio se multiplicó por seis. Hoy, el escenario político-fiscal parece replicar los mismos incentivos: deuda creciente, déficit estructural y desconfianza ciudadana.

     3. Los riesgos

    No todo es euforia. Si la Reserva Federal reacciona endureciendo su política monetaria para compensar el impacto del shutdown, podría enfriar el apetito por activos de riesgo. Además, la historia muestra que después de cada máximo —2017, 2021— se producen correcciones de entre el 25 % y el 35 %.

    4. Reflexión final: la desconfianza como motor

    Más allá de las cifras, lo relevante es el trasfondo: Bitcoin prospera cuando se erosiona la confianza en las instituciones. Cada crisis política, cada emisión excesiva y cada medida improvisada alimentan la percepción de que el dinero estatal ya no garantiza estabilidad.

    BTC no solo crece por codicia especulativa; crece porque millones de personas —desde inversores institucionales hasta ciudadanos en economías frágiles— están buscando una reserva de valor ajena al control político.

    Los USD 125.000, entonces, no son solo un récord de mercado. Son un reflejo del momento histórico: cuando la credibilidad de los gobiernos tambalea, el capital global busca refugio en el único activo que no necesita permiso para existir.

  • Entre Quesos y Gobiernos

    Jamás imaginé que existiera una relación significativa entre los quesos y los gobiernos, hasta que leí un ensayo de Ludovico Lumicisi, ingeniero en computación radicado en Dinamarca, quien aborda esta conexión de manera tan curiosa como reveladora. En su texto, Lumicisi relata cómo el queso, junto con otros alimentos duraderos como las carnes secas o la leche fermentada, tuvo un papel fundamental en la historia militar: fue sustento indispensable para las legiones romanas, los ejércitos mongoles y otras fuerzas preindustriales. Sin embargo, su análisis no se limita al ámbito gastronómico o histórico, sino que avanza hacia un terreno más profundo: la economía política.

    Lumicisi utiliza el queso como metáfora para explicar la noción de “dinero sano”, es decir, de una moneda respaldada por valor real y no distorsionada por políticas monetarias arbitrarias. Según el autor, pocos comprenden verdaderamente qué es el dinero, cuál es su origen y cómo los poderes políticos han manipulado su función a lo largo del tiempo. Así, el queso se convierte en símbolo de un bien tangible, de algo que posee valor intrínseco y cuya escasez o abundancia responden a dinámicas naturales, no a decretos gubernamentales.

    Históricamente, diversos bienes han servido como medios de intercambio: la sal, el cacao, el trigo, el arroz, el ganado o incluso el tabaco. Todos ellos representaban valor en la medida en que eran útiles, deseables y difíciles de producir. De manera similar, el queso, al igual que otros productos alimenticios, fue utilizado en ciertos contextos como moneda de trueque, reflejando una economía basada en la producción real y no en la emisión monetaria. Este paralelismo sirve de punto de partida para una crítica más amplia: la del intervencionismo estatal en los mercados y sus consecuencias sobre la estabilidad económica y la cultura social.

    Uno de los ejemplos más ilustrativos que cita Lumicisi es el caso de los Estados Unidos durante las décadas de 1970 y 1980, cuando el gobierno federal acumuló aproximadamente 1.4 mil millones de libras de queso en almacenes nacionales. La medida se justificó como un subsidio para proteger a los productores lácteos ante la sobreproducción y la caída de precios. Sin embargo, la política resultó contraproducente: al intervenir artificialmente en la oferta y la demanda, el Estado generó distorsiones que, a largo plazo, afectaron tanto a productores como a consumidores. El resultado fue un “montaña de queso” almacenada a costa del contribuyente, un ejemplo paradigmático de cómo la buena intención de “ayudar al mercado” puede terminar perjudicándolo.

    En términos económicos, este tipo de políticas se asocian con la teoría del intervencionismo, la cual sostiene que el Estado, al alterar los precios y subvencionar sectores específicos, termina debilitando la eficiencia del mercado y creando dependencias estructurales. Autores como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises advirtieron que tales intervenciones conducen inevitablemente a una expansión del poder político y a una pérdida de libertad económica. En otras palabras, el intervencionismo no solo afecta los precios, sino también la cultura política de las naciones: promueve la idea de que el bienestar depende de la acción del gobierno y no de la responsabilidad individual o la competencia productiva.

    Ejemplos de estas distorsiones abundan en América Latina. En Panamá, por ejemplo, la intervención gubernamental en la producción y comercialización del arroz ha generado ciclos de sobreproducción y escasez, acompañados de conflictos entre productores, distribuidores y el propio Estado. Las políticas de control de precios, aunque presentadas como medidas para proteger al consumidor, terminan desincentivando la inversión agrícola y fomentando la informalidad. Algo similar ocurre con otros productos básicos o energéticos, como el etanol mezclado con gasolina, que responde más a intereses políticos que a criterios de eficiencia económica.

    El verdadero problema, por tanto, no es el queso en sí, sino la mentalidad que subyace a la idea de que el Estado puede y debe regular todos los aspectos de la economía. Cuando los gobiernos se arrogan funciones empresariales o paternalistas, se produce una confusión entre lo público y lo privado, entre lo político y lo productivo. En última instancia, quienes se benefician no son los ciudadanos comunes, sino los grupos de poder que manipulan las políticas públicas para su propio beneficio.

    Si los gobiernos se limitaran a cumplir su función esencial, esto es, garantizar el orden, la justicia y la protección de derechos fundamentales, sin interferir en los mecanismos naturales del mercado, la sociedad experimentaría una auténtica prosperidad. El intervencionismo, aunque a menudo se presenta como una solución compasiva, termina siendo una trampa económica y cultural. Tal vez por eso la analogía del queso resulte tan oportuna: como producto, puede fermentar y madurar; pero, si se le encierra en exceso, acaba por pudrirse.

  • Sin Libre Mercado Somos Esclavos

    Intentando promover el amor por la libertad, pues soy “libertófilo”, me pongo a explicar, a quienes se dejen, lo que es la libertad y, entre las explicaciones más fundamentales, abordo el “mercado” o mejor aún, el “libre mercado”, para distinguirlo del que tenemos en Panamá que de libre tiene poco. Pero, con inusitada frecuencia muchos me preguntan: “¿qué es eso del mercado?”, y, ni hablar cuando le meto lo de “libre”; con lo cual despierto a nuestra triste realidad que, en Panamá, desde Colón o antes, jamás hemos sido libres y, peor aún, que hemos cultivado y perfeccionado la esclavitud.

    Los humanos somos seres sociales; es decir, que vivimos en una interacción cooperativa que se logra por intermedio de una vinculación con otros humanos, comenzando por la familia nuclear y ascendiendo al vecindario y así hasta llegar al estado y sus gobiernos. De esa vinculación social depende nuestra sobrevivencia y desarrollo; de la interacción pacífica y productiva que llamamos “la división del trabajo”; en dónde las personas se especializan en algo y con ello intercambian bienes y servicios. En resumen, mercado es la plaza en dónde se dan los intercambios y esa “plaza” está por todas partes; desde la empleada en tu casa hasta COPA o el Canal de Panamá; aunque la ACP es harina de otro costal pues no es una empresa típica del mercado si no del estado.

    Pero, más allá de los bienes y servicios, no podemos dejar por fuera los intercambios de recursos, conocimientos, valores y hasta el amor y más; lo cual requiere dominio del arte de la comunicación; esa que no anda nada bien. Más aún, todo ello está relacionado a lo que llamamos “cultura” o aquello que cultivamos; que pueden ser cultivos sanos o malsanos.

    Todo lo anterior se logra por medio de relaciones personales y, también, por intermedio de sistemas más complejos que nos facilitan (ojalá) la convivencia; tal como debe ser la Constitución, que supone constituir nuestras interacciones sociales pacíficas y constructivas. Así, veamos que el mercado no sólo es un mecanismo económico sino uno de libertad; en dónde a cada quien corresponde decidir lo que va a producir, consumir o con quien lo intercambia, bajo qué condiciones y a qué precio. Es de esta manera que se fomenta la innovación, la eficiencia y la prosperidad, lo cual al hacerlo en busca del beneficio propio contribuye al bienestar general.

    Lastimosamente muchos creen que la libertad de mercado conlleva a que unos saquen ventaja de otros y, en ello, piden la intervención gubernamental (léase políticos) que evite el juega vivo. Lo que se les escapa a quienes piensan así es que sin libertad de intercambio todo el proceso social se viene abajo. Y sí, el gobierno está como árbitro del partido, pero jamás como jugador que patea los balones del intercambio. El gobierno está para evitar faltas y delitos pero, no para ser jugador en el partido.

    El peligro está en que a través de nuestra historia los vivarachos se dieron cuenta de que dominando la política y los puestos de autoridad, pueden hacerse ricos sin tener que competir en el mercado. Sin libertad para actuar perdemos la esencia de esa libertad que nos concedió el Creador; libertad, tanto para hacer el bien como el mal.

    Y es que sólo en libre intercambio es que ambas partes salen beneficiadas y no cuando los políticos intervienen bajo la suposición de que ellos son buenos árbitros. De allí emerge el error de creer que el intervencionismo estatal gubernamental beneficia a la sociedad. Sigamos con ese cuento a ver cómo nos va…

  • Sora 2 y la nueva frontera de los videos generados por IA

    OpenAI ha presentado Sora 2, una aplicación que permite generar videos realistas a partir de descripciones, incorporando a una persona real dentro de escenas ficticias con una calidad técnica que impresiona: sincronización de diálogos, sonidos, físicas realistas, iluminación, efectos visuales.

    La versión social de la app permite “cameos”: un usuario puede subir su imagen para integrarse en escenarios generados por la IA. OpenAI afirma que el usuario mantiene control sobre su imagen, puede revocar permisos o borrar videos que lo incluyan.

    Este salto tecnológico plantea interrogantes técnicos, legales y normativos: ¿cómo cambiará el panorama de los medios tradicionales? ¿cuál será la responsabilidad sobre falsificaciones visuales? ¿qué límites marcar para proteger identidad y derechos?

    Aspectos técnicos y capacidades nuevas

    1. Mejora en controlabilidad y seguimiento de instrucciones complejas
      Sora 2 promete seguir indicaciones “multitoma”, escenas complejas, animaciones coherentes en diferentes planos. Esto genera contenidos más sofisticados, menos “artificiales”.
    2. Simulación de leyes físicas realistas
      No sólo rostros o gestos, sino objetos en interacción (rebotes, colisiones, gravedad). Eso hace que el contenido no parezca un “pegote” digital sino una escena plausible.
    3. Recomendaciones personalizadas y control de consumo
      OpenAI integra algoritmos que ajustan el “feed” mediante lenguaje natural, con mecanismos para sondear el bienestar del usuario y limitar el consumo excesivo.
    4. Controles para menores y aparición en cameos
      Se establecen límites de creación y visualización para adolescentes, y restricciones para los cameos. Este control es esencial para mitigar abusos.

    Estas características técnicas permiten que las falsas “actuaciones” con personas reales resulten cada vez más creíbles, lo que hace que la línea entre contenido legítimo y manipulación digital se vuelva borrosa.

    Impacto en medios tradicionales y redes sociales

    Los medios de comunicación —que han confiado por décadas en cámaras, reportajes, imágenes verificadas— ahora enfrentan una competencia donde los “videos reales” pueden ser fabricados sin rodaje físico alguno. Un medio tradicional que difunde un video debe cuestionarse su autenticidad.

    Redes sociales y plataformas de video se enfrentarán a mayores exigencias de moderación y verificación: detectar deepfakes en video será tan necesario como detectar noticias falsas de texto.

    Además, el modelo de consumo cambia: alguien podría protagonizar anuncios, discursos o escenas ficticias sin su consentimiento. La reputación, la propaganda política, la difamación, todo eso entra en un terreno más riesgoso.

    Riesgos, regulaciones y desafíos

    • Derechos de imagen e identidad
      Aunque OpenAI promete control del usuario sobre su imagen, la aplicación real de esas promesas es lo que importa. ¿Quién supervisa que la revocación funcione? ¿Cómo se sanciona el uso indebido?
    • Responsabilidad y atribución
      Si un video generó daños (difamación, manipulación), ¿quién es responsable: quien lo generó, la plataforma, la IA? Las leyes vigentes no están preparadas para esto.
    • Regulación ética y técnica
      Se requieren normas específicas para IA de generación de video: identificación implícita de que es IA, marcas de agua, registros verificables de origen.
    • Riesgo de saturación y escepticismo
      Si todo video puede ser falso, la credibilidad colapsa. La gente podría dejar de creer en lo que ve, lo que socava medios legítimos.

    Ver y no creer

    Sora 2 representa un punto de inflexión: pasamos de imágenes generadas estáticas a videos generados por IA casi indistinguibles de los reales. Desde el punto de vista técnico, el salto es enorme; desde el punto de vista social, supone un reto: revalidar la confianza, redefinir responsabilidad, inventar nuevos métodos de verificación.

    Los medios tradicionales ya no pueden asumir que lo que llega ante sus ojos es auténtico. Las leyes deben adaptarse, y los usuarios deben ganar herramientas de defensa. En esta nueva era, “ver” ya no es creer: debemos saber cómo y quién lo hizo.

  • Stablecoins, Visa y el futuro de los pagos transfronterizos: ¿una oportunidad para Panamá?

    El anuncio de Visa sobre su programa piloto con stablecoins para pagos transfronterizos marca un posible punto de inflexión en la infraestructura de pagos globales. La iniciativa, que permite a bancos y entidades financieras usar monedas estables como USDC o EURC para prefinanciar transferencias internacionales, abre la puerta a un sistema más ágil, menos costoso y con menor dependencia de intermediarios tradicionales. Para países como Panamá, que dependen casi por completo de la banca corresponsal estadounidense, el impacto potencial puede ser significativo.

    El sistema legacy: SWIFT y la banca corresponsal

    Hoy en día, la gran mayoría de las transferencias internacionales se liquidan a través de SWIFT y de la red de banca corresponsal. Este mecanismo, vigente desde hace décadas, implica que los bancos de un país deben mantener cuentas prefondeadas en bancos de otro país para procesar pagos en diferentes monedas.

    El modelo funciona, pero con costos:

    • Altos tiempos de liquidación, que pueden ir de uno a tres días hábiles.
    • Comisiones elevadas, que en muchos casos se trasladan al usuario final.
    • Dependencia política y regulatoria: países como Panamá, dolarizados y sin banco central propio, dependen de bancos corresponsales en Nueva York para mover dólares hacia el exterior. Esto los hace vulnerables al “de-risking” (cuando bancos internacionales cierran relaciones por riesgo reputacional o regulatorio) y a presiones externas.

    Qué propone Visa con las stablecoins

    El piloto de Visa busca desintermediar parcialmente ese sistema. En lugar de tener que mantener cuentas prefondeadas en múltiples jurisdicciones, las entidades financieras podrían:

    • Usar stablecoins para liquidar pagos casi instantáneamente, 24/7.
    • Reducir los costos operativos y de intermediación.
    • Minimizar la exposición cambiaria al trabajar con monedas digitales ligadas al dólar o al euro.

    En términos simples, Visa crea una capa alternativa de pagos globales donde las stablecoins funcionan como “efectivo digital” para las transferencias internacionales.

    Impacto sobre la banca corresponsal

    No significa la desaparición inmediata de la banca corresponsal, pero sí un cambio en las reglas de juego. Con stablecoins, los bancos locales pueden reducir su dependencia de corresponsales para ciertos flujos, obligando a los actores tradicionales a modernizarse o a abaratar costos.

    Para SWIFT y la red legacy, este tipo de iniciativas son una competencia directa en velocidad, eficiencia y disponibilidad horaria.

    Panamá: ¿riesgo o oportunidad?

    El caso panameño es paradigmático. Al no tener banco central ni moneda nacional, el país depende enteramente de bancos corresponsales en EE. UU. para cursar pagos internacionales en dólares. Eso implica:

    • Altos costos de operación.
    • Riesgo de exclusión financiera internacional, si corresponsales reducen su exposición.
    • Limitada autonomía en la gestión de flujos financieros.

    La adopción de sistemas como el de Visa podría brindar a Panamá:

    • Mayor autonomía operativa en pagos internacionales.
    • Menores costos para comercio, banca local y remesas.
    • Una vía de escape parcial a la dependencia casi absoluta de bancos en Nueva York.

    No obstante, los riesgos son reales:

    • Se necesita un marco regulatorio claro sobre stablecoins y prevención de lavado.
    • La confianza en los emisores de stablecoins aún no está consolidada, con antecedentes de colapsos.
    • Una adopción apresurada podría tensionar la relación con corresponsales tradicionales.

    El piloto de Visa con stablecoins no elimina de inmediato el sistema tradicional, pero sí abre una alternativa concreta a décadas de dependencia en la banca corresponsal. Para Panamá, que vive en la intersección de la dolarización y el comercio internacional, esta puede ser una oportunidad histórica para diversificar su infraestructura de pagos y ganar autonomía.

    La cuestión no es si las stablecoins impactarán los pagos globales, sino cuándo y bajo qué reglas. El reto para Panamá será adelantarse, con regulación y estrategia, para convertir este cambio en una ventaja competitiva y no en una fuente de vulnerabilidad.

  • Aguinaldos públicos: la fiesta inmoral del privilegio

    La reciente revelación de que diversas entidades del Estado panameño destinarán más de 70 millones de dólares en 2025 y 67 millones en 2026 a gratificaciones y aguinaldos debería encender una alarma no solo económica, sino fundamentalmente moral. Desde una perspectiva republicana responsable, lo preocupante no es solo la cifra , ya de por sí escandalosa en un contexto de crisis fiscal y carencias sociales, sino la filosofía que subyace a este tipo de prácticas: la idea de que el dinero de los demás puede usarse como si fuese propio, para premiar lealtades, alimentar clientelas y perpetuar privilegios.

    Incluso si existiera algo parecido a una verdadera meritocracia en la administración pública (lo que en la práctica está muy lejos de ocurrir, pues las vacantes suelen llenarse por simpatías políticas más que por concurso de oposición y antecedentes), el otorgamiento de bonos y aguinaldos extraordinarios con recursos públicos es profundamente inmoral. El dinero estatal no es un fondo privado de gratificaciones, ni una caja de celebración para premiar al funcionario más sumiso al jerarca de turno. Es, en rigor, el fruto del esfuerzo de millones de ciudadanos que trabajan y producen, y a quienes el Estado extrae coercitivamente parte de su ingreso mediante impuestos.

    La administración del dinero de otros sólo puede justificarse en nombre de economías de escala y coordinación, para proveer bienes que, de otra forma, serían más costosos o ineficientes de gestionar individualmente. Es decir: seguridad, justicia, salud y educación básica. Servicios esenciales cuya provisión colectiva tiene una justificación pragmática y, también humanitaria. Más allá de ese marco, todo uso de los fondos públicos es un acto de expoliación.

    Por eso, cuando se destinan decenas de millones a aguinaldos y bonos para funcionarios, muchos de los cuales ya disfrutan de estabilidad laboral, privilegios sindicales y escalas salariales difíciles de encontrar en el sector privado, lo que se consuma es un acto de despilfarro inmoral. Se premia no al mérito, sino a la cercanía política; no al esfuerzo, sino al servilismo. Y peor aún: se financia ese derroche con los recursos que podrían aliviar problemas urgentes y reales, como el acceso al agua potable, la infraestructura de salud colapsada o la crisis educativa.

    No se puede juzgar estas cifras con criterios de legalidad formal, porque la ley puede ser tan solo el instrumento de un sistema de privilegios. Lo que está en juego es un principio ético: nadie tiene derecho a disponer del fruto del trabajo ajeno salvo para lo estrictamente necesario en términos de convivencia y protección mutua. Cuando se usan millones de dólares para “coronar” al mejor burócrata complaciente, lo que ocurre es un doble atropello: se roba al ciudadano y se degrada la noción misma de servicio público, transformándola en botín partidista.

    No hay que perder de vista lo más importante: lo que para un funcionario es un “bono de gratificación”, para un ciudadano es el sacrificio de horas de trabajo, de emprendimientos postergados, de inversión no realizada. Cuando el Estado se convierte en una fiesta de aguinaldos, deja de cumplir su función más básica y se convierte en un festival de saqueo institucionalizado.

    La ética liberal nos recuerda que administrar el dinero de los demás es siempre un acto de extrema responsabilidad. No se trata de hacer fiestas con recursos públicos, sino de garantizar que lo que se toma al ciudadano retorne en forma de bienes esenciales que aseguren la vida en sociedad. Todo lo demás es abuso, y el abuso no se justifica ni con leyes ni con lindos discursos.

  • Los Tranques y el Desorden vial no son accidentales sino autoridad corrupta

    Escribo sobre el tema vial desde la perspectiva de haber presidido por cinco años la Comisión Intergremial de Tránsito y Transporte de la Asociación Panameña de Ejecutivos. También con el antecedente de haber escrito ensayos intitulados “Qué Funciona para Cambiar el Comportamiento Vial” y otro intitulado “Retenes y Cateos”; y, vale decir, que no es un tema que abordo sin experiencia en ello. Y también vale acotar que por muchos años fui director de seguridad aérea y que la seguridad aérea y terrestre tienen mucho en común. El asunto es que hoy día, ya pasados mis 80 años, que ya no manejo sino me sacan a las vías, voy en disgusto al ver tanto desorden; desorden que, a todas luces, es producto de una inmensa irresponsabilidad de una entidad que muy mal llamamos “autoridad de tránsito” pues de autoridad no tiene nada, y paso a ampliar.

    La mayoría de los conductores de automotores no son locos o desquiciados, pero… entre esa mayoría existe una fracción que ciertamente podemos llamarles o locos o irresponsables que no creo respetan ni a su madre. Es lo mismo que ocurre en la población en general, en dónde la mayoría procura respetar las normas de convivencia sana y cuerda; pero… está esa minoría que ni siquiera responde ante las multas y es necesario cancelarles las licencias; y si insisten en conducir sin licencia y causan accidentes graves, llegar al confinamiento. El problema o reto en administrar un sistema de educación vial requiere de una legítima y verdadera autoridad; que es lo que no tenemos.

    Fíjense en la imagen que les presento, la cual estuvo en el Corredor Norte (CN) por años. desorden vialUn límite de 25 kph en plena vía y, más adelante, en la rampa de salida un límite de 30 kph. Por años a diario pasaban por allí los agentes de tránsito y, que siga el desorden. Por supuesto que nadie obedecía o peor, en esa época (2011) le preguntaba a vecinos acerca del aviso y nadie lo había visto. Según parece era invisible. Lo que sí ilustra es que era magnífico instrumento de una desordenada educación vial.

    Pero vayamos más allá en el Corredor Norte, que cuando abrió tenían un auto que se paseaba con un letrero que decía: “Paño izquierdo sólo para rebasar”. Ese era el inicio de un programa de educación vial en mano en autopistas, el cual quedó truncado y no pasó a sus siguientes fases, que debieron ser; fase 2, amonestaciones. Fase 3, las citaciones y multas. Fase 4, suspensiones de la licencia. Y, fase 5, al infractor consuetudinario o irremediable, según el caso, la cancelación de la licencia. Todo ello está en el reglamento, no de tránsito sino de adorno.

    Hoy, cuando me llevan desde Las Cumbres al centro o Costa del Este no veo un agente. Y si lo veo, típicamente es cometiendo el delito de retenes coimeros. ¿Creen ustedes que las autoridades superiores, el director de la ATTT, en ministro y más arriba, no están al tanto de esta barbaridad? Del hecho de que muchos agentes de la ATTT no pasan de ser asaltantes de camino, que nada hacen por la seguridad vial.

    Hace años estuvo en Panamá Mart Laar, dos veces primer ministro de Estonia, invitado por nuestra empresa. Un día, en mi auto y en el desorden, le pregunté: “¿Tienes este problema en Estonia?” Me contestó: “Teníamos, despedimos 1/3 de los agentes, entrenamos y equipamos al resto y hoy el ordenamiento vial es impecable”. Estonia, que tenía un IPC menor que el de Panamá en la época con Rusia, hoy día nos dejó en la polvareda de su desarrollo y ordenamiento.

  • Socialismo Donde Sea, es Estatismo

    Cuando uno pregunta a algún socialista que muestre ejemplos donde esa doctrina estatista haya dado buenos resultados, no faltan quienes mencionan a los países escandinavos. Pero la realidad es que el centralismo, sea a la panameña o a la escandinava, suele ser puro tilín-tilín y nada de paleta. Es cierto que en Escandinavia existe libertad relativa de emprendimiento, pero también ha habido largos períodos de fuerte estatismo, con impuestos confiscatorios y regulaciones desbordadas que afectan los derechos de propiedad. No es muy distinto a lo que en Panamá conocemos como una burocracia de pillaje.

    Los resultados de tales políticas se hicieron evidentes en Suecia en la última década del siglo pasado, cuando el país entró en una profunda recesión. La crisis obligó a un giro decisivo hacia políticas de mercado: privatizaciones, reducción del gasto público y reformas que devolvieron dinamismo a la economía. Fue ese cambio, y no el estatismo previo, lo que permitió recuperar el crecimiento y sentar las bases de un desarrollo más sostenido.

    Lo notable es que, a partir de entonces, incluso los gobiernos socialdemócratas que sucedieron mantuvieron buena parte de esas reformas promercado. Es decir, la experiencia mostró que, sin un marco de respeto a la iniciativa privada, el bienestar prometido no es sostenible.

    Cuando se analiza si un país favorece un emprendimiento robusto y un desarrollo justo, basta observar si los jóvenes talentos encuentran allí futuro o prefieren emigrar. En Escandinavia, como en tantas partes, muchos han buscado oportunidades en otros horizontes, precisamente porque ningún sistema basado en la coerción y la obediencia logra sostener un crecimiento vigoroso. El incentivo genuino —la posibilidad de avanzar gracias al propio esfuerzo, con espacio para el éxito o el fracaso— sigue siendo insustituible.

    ¿Cómo ahorrar capital y generar riqueza en un sistema que se basa en confiscar para repartir? La experiencia panameña ofrece ejemplos claros: las zonas de menor pobreza no son las que dependen del “parte y reparte”, sino aquellas donde el emprendimiento libre ha podido florecer.

    No hay atajos hacia un desarrollo pujante que no pasen por la libre empresa. Los mejores resultados los obtienen quienes más y mejor se esfuerzan, y esos logros se derraman hacia el resto de la comunidad. Basta comparar a COPA con la vieja Air Panamá de la era estatista: mientras la primera prospera en competencia global, la segunda fracasó bajo la tutela del gobierno. En 1990 me tocó analizar la posibilidad de revivirla y mi recomendación fue clara: cerrarla, porque no tenía futuro.

    En definitiva, si queremos ver resultados reales, debemos mirar más allá de sentimientos ideológicos. Suecia aprendió a la fuerza que el estatismo no era sostenible, y que solo con un marco de mercado podía garantizar bienestar a largo plazo. Panamá haría bien en tomar nota: mientras sigamos atrapados en las viejas mañas del reparto político, será difícil emprender las correcciones que necesitamos.

  • El verdadero mercado cripto no está en Wall Street.

    Mientras la industria cripto dirije su mirada hacia Estados Unidos y la Unión Europea —peleando por claridad regulatoria, acceso institucional y “mainstream adoption” en mercados desarrollados— la verdadera revolución silenciosa podría estar ocurriendo en ciudades tan dispersas entre sí como Buenos Aires, Lagos o Manila.
    La noticia de Cointelegraph plantea que el foco geográfico de discursos y productos cripto está equivocado: lo que está creciendo de verdad no es la especulación en el mercado avanzado en Wall Street, sino el uso cotidiano en economías vulnerables.

    Adopción cripto como herramienta de supervivencia

    El informe de Chainalysis, citado en el artículo, confirma que India lidera en adopción de cripto, seguida por Nigeria, Vietnam y Filipinas. Pero más relevante es el propósito con que esas sociedades acceden: no para especular, sino para protegerse de la inflación, mover remesas o evitar costos excesivos de intermediarios financieros tradicionales.

    Argentina es un caso paradigmático: con inflaciones históricamente altas, muchos ciudadanos no compran Bitcoin para “hodlear”, sino que convierten sus pesos en stablecoins para conservar poder adquisitivo y pagar bienes básicos, alquileres o servicios. En Nigeria, la criptoacumulación y uso también apuntan a comercio transfronterizo y remesas, para esquivar los costos elevados de los sistemas tradicionales.

    Estos usos no son marginales: representan la metamorfosis del cripto desde un activo especulativo hacia una infraestructura financiera alternativa —un reemplazo parcial del sistema bancario en zonas con altos costos, exclusión financiera o controles cambiarios rígidos.

    ¿Qué falla en la estrategia cripto occidental?

    Mientras en EE. UU. y Europa las discusiones giran alrededor de ETFs, custodias institucionales, regulaciones y competencia normativa, ocurre que esos debates parecen casi irrelevantes para millones que necesitan una transacción cripto para enviar dinero al exterior, ahorrar frente a una devaluación diaria o simplificar pagos locales.

    Si la industria cripto sigue diseñando productos para inversores institucionales y reguladores de Wall Street, puede seguir perdiendo terreno frente a proyectos más simples, móviles y orientados al uso real en mercados emergentes.

    Datos que refrendan esta visión

    • En 2024, las remesas globales superaron los 685 mil millones de dólares, y reducir siquiera un 1 % de los costos de transferencia podría dejar miles de millones en manos de quienes los necesitan.

    • En países como Filipinas, ya más de un millón de comercios aceptan criptomonedas mediante billeteras móviles vinculadas.

    • Algunas jurisdicciones emergentes están reaccionando rápido: Nigeria ha lanzado un sandbox regulatorio para criptoactivos y otorgado nuevas licencias.

    Este tipo de impulso regulatorio local puede ser más significativo para la adopción real que las luchas reglamentarias en foros occidentales.

    Implicancias y riesgos

    El redireccionamiento del “mercado cripto” hacia países emergentes no está exento de peligros. La volatilidad de las stablecoins locales, riesgos regulatorios impredecibles, controles cambiarios o cierres normativos abruptos pueden desincentivar proyectos sólidos. También existe el desafío de la educación financiera: muchos usuarios carecen de conocimiento técnico o de seguridad digital.

    Sin embargo, la apuesta está clara: quien logre construir una infraestructura cripto simple, de bajo costo y accesible vía dispositivos móviles, estará entrando en el verdadero “mainstream” no del mercado rico, sino del mercado que necesita herramientas financieras alternativas, confiables y resilientes.

    El error del ecosistema cripto occidental ha sido creer que la adopción masiva vendrá de los grandes mercados regulados. Pero lo que ya está sucediendo es mucho más profundo: en economías golpeadas por inflación, exclusión financiera o barreras del sistema tradicional, las criptomonedas no son un lujo especulativo sino una necesidad operativa.

    El futuro del cripto no se escribirá en Wall Street: se está escribiendo, silenciosamente, en barrios de Buenos Aires, en iniciativas de Manila, en comercios de Lagos. Y los proyectos que lo entiendan serán los que definan la próxima frontera financiera.

  • Así impacta en nuestro cerebro tener un gato como mascota

    Los gatos pueden tener fama de independientes, pero las últimas investigaciones sugieren que compartimos una conexión única con ellos, impulsada por la química cerebral.

    La principal sustancia implicada es la oxitocina, apodada como la “hormona del amor”. Es el mismo compuesto neuroquímico que se libera cuando una madre acuna a su bebé o cuando los amigos se abrazan, fomentando la confianza y el afecto. Y ahora los estudios demuestran que este neurotransmisor también es importante para el vínculo entre gatos y humanos.

    La oxitocina fomenta la confianza y la calma

    La oxitocina desempeña un papel fundamental en los vínculos sociales, la confianza y la regulación del estrés en muchos animales, incluidos los seres humanos. Un experimento de 2005 demostró que hacía que los voluntarios humanos estuvieran mucho más dispuestos a confiar en los demás cuando practicaban juegos financieros.

    También tiene efectos calmantes en humanos y animales, ya que suprime la hormona del estrés cortisol y activa el sistema nervioso parasimpático (el sistema de descanso y digestión) para ayudar al cuerpo a relajarse.

    Los científicos saben desde hace tiempo que las interacciones amistosas desencadenan la liberación de oxitocina tanto en los perros como en sus dueños, creando un círculo vicioso de vinculación. Sin embargo, hasta hace poco no se sabía mucho sobre su efecto en los gatos.

    Los efectos de acariciar un gato que ronronea

    Los gatos son más sutiles a la hora de mostrar afecto. Sin embargo, sus dueños suelen referir los mismos sentimientos cálidos de compañía y alivio del estrés que los dueños de perros, y los estudios respaldan cada vez más estos testimonios. Investigadores de Japón, por ejemplo, informaron en 2021 de que las breves sesiones de caricias con sus gatos aumentaban los niveles de oxitocina en muchos propietarios.

    En ese estudio, las mujeres interactuaron con sus mascotas durante unos minutos mientras los científicos medían los niveles hormonales de los propietarios. Los resultados sugirieron que el contacto amistoso (acariciar al gato, hablarle en un tono suave) estaba relacionado con un aumento de la oxitocina en la saliva de los humanos, en comparación con un período de descanso tranquilo sin su gato.

    Muchas personas encuentran relajante acariciar a un minino que ronronea, y las investigaciones indican que no es solo por su suave pelaje. El acto de acariciar e incluso el sonido del ronroneo pueden desencadenar la liberación de oxitocina en nuestro cerebro. Un estudio de 2002 descubrió que esta descarga provocada por el contacto suave con un gato ayuda a reducir el cortisol (nuestra hormona del estrés), lo que a su vez puede reducir la presión arterial e incluso el dolor.

    Hombre con un gato gris en el regazo.
    Acurrucarse con un gato puede ayudar a suprimir la hormona del estrés, el cortisol.
    Vershinin89/Shutterstock

    ¿Cuándo se libera la oxitocina entre gatos y humanos?

    Las investigaciones están identificando momentos específicos que provocan la liberación de esta hormona en nuestra amistad entre especies. El contacto físico suave parece ser un desencadenante principal para los gatos.

    Un estudio de febrero de 2025 descubrió que cuando los dueños acariciaban, abrazaban o mecían a sus gatos de forma relajada, la oxitocina de los dueños tendía a aumentar, al igual que la de los gatos, siempre que la interacción no fuera forzada para el animal.

    Los investigadores monitorizaron los niveles de la hormona en los gatos durante 15 minutos de juego y mimos en casa con su dueño. Los felinos con un vínculo seguro que iniciaban el contacto, por ejemplo, sentándose en el regazo o empujando con el hocico, mostraban un aumento de oxitocina. Cuanto más tiempo pasaban cerca de sus humanos, mayor era el aumento.

    ¿Qué ocurre con los felinos menos cariñosos? El mismo estudio observó patrones diferentes en gatos con estilos de apego más ansiosos o distantes. Los ejemplares evasivos (los que mantenían la distancia) no mostraron cambios significativos en la oxitocina, mientras que los ansiosos (que buscaban constantemente a su dueño, pero se sentían fácilmente abrumados al ser manipulados) tenían niveles altos de oxitocina desde el principio.

    Se descubrió que la oxitocina de los gatos evasivos y ansiosos descendía tras un abrazo forzado. Cuando las interacciones respetan la comodidad del animal, la hormona del vínculo fluye, pero cuando un gato se siente acorralado, es esquiva.

    Quizás los humanos podrían aprender algo de sus amigos felinos sobre cómo gestionar los estilos de apego. La clave para crear un vínculo con un gato es comprender cómo se comunican.

    A diferencia de los perros, los gatos no dependen del contacto visual prolongado para crear vínculos. En su lugar, utilizan señales más sutiles. La más conocida es el parpadeo lento, una sonrisa felina que transmite seguridad y confianza.

    El ronroneo también desempeña un papel importante en la creación de conexiones con las personas. El ronroneo grave no solo se ha relacionado con la curación de los propios gatos, sino también con efectos calmantes en los seres humanos. Escuchar ese peculiar sonido puede reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y la oxitocina media estos beneficios.

    La compañía de un gato, reforzada por todos esos pequeños aumentos de oxitocina de las interacciones diarias, puede servir como amortiguador contra la ansiedad y la depresión, en algunos casos proporcionando un consuelo equiparable al apoyo social humano.

    ¿Son los gatos menos cariñosos que los perros?

    Es cierto que los estudios suelen encontrar respuestas más fuertes de oxitocina en las interacciones entre perros y humanos. En un experimento muy comentado de 2016, los científicos midieron la oxitocina en mascotas y propietarios antes y después de diez minutos de juego. Los perros mostraron un aumento medio del 57 % en los niveles de oxitocina después del juego, mientras que los gatos mostraron un aumento de alrededor del 12 %.

    En los seres humanos, los niveles de oxitocina aumentan durante las interacciones sociales significativas. Los estudios demuestran que el contacto con un ser querido produce respuestas de oxitocina más fuertes que el contacto con extraños. Por lo tanto, el saludo alegre de un perro es similar a la emoción que se siente al ver a un hijo o a la pareja.

    Los perros, al ser animales de manada domesticados para la compañía constante de los humanos, están casi programados para buscar el contacto visual, las caricias y la aprobación de las personas, un comportamiento que estimula la liberación de oxitocina en ambas partes. Los gatos, sin embargo, evolucionaron a partir de cazadores solitarios que no necesitaban gestos sociales evidentes para sobrevivir. Por lo tanto, es posible que no muestren un comportamiento impulsado por la oxitocina con tanta facilidad o consistencia. En cambio, los gatos pueden reservar su comportamiento de liberación de esa hormona para cuando se sienten realmente seguros.

    La confianza de un gato no es automática, hay que ganársela. Pero una vez concedida, se refuerza con la misma sustancia química que une a los padres, parejas y amigos humanos.

    Así que, la próxima vez que su gato le mire lentamente desde el otro lado del sofá o se suba a su regazo para acurrucarse y ronronear, tenga en cuenta que también está ocurriendo algo invisible: la oxitocina está aumentando en ambos cerebros, profundizando la confianza y aliviando el estrés de la vida cotidiana. Los gatos, a su manera, han aprovechado la antigua biología del amor.The Conversation

    Laura Elin Pigott, Senior Lecturer in Neurosciences and Neurorehabilitation, Course Leader in the College of Health and Life Sciences, London South Bank University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.