Categoría: Artes

  • Saber vivir y saber morir según Ana Blandiana

    La reciente concesión del Premio Princesa de Asturias de las Letras a la poetisa rumana Ana Blandiana (seudónimo de Otilia Valeria Coman; Timișoara, 1942) la ha puesto en el centro de las miradas mediáticas. Ojalá que esto sirva para dar a conocer a una gran figura de la poesía europea de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos de este.

    En 2008 vino a dar una conferencia en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, gracias al Instituto de Cultura rumano y a Viorica Patea, la traductora de su poesía al español, además de a la profesora Iuliana Botezan. La sala estaba llena de jóvenes rumanos que deseaban ver y escuchar lo que les parecía un sueño, a Blandiana en persona. Había dejado de ser un mito y estaba allí, con su sencillez, su simpatía y su sonrisa abierta para todos, fotografiándose con ellos.

    De dónde viene Ana Blandiana

    Podemos distinguir artificialmente entre la Ana Blandiana símbolo de la libertad y la independencia intelectual en la Rumanía dominada por el Partido Comunista y la gran poeta de la sencillez, de la vida en busca del silencio. Blandiana dio voz a todos en una dimensión personal, hablando a cada uno de sus lectores al buscarse a sí misma. No es poesía política, es humanidad puesta en palabras.

    La propia Blandiana comenta de forma irónica que su gran lanzamiento como poeta se debió al sistema comunista que la convirtió en heroína de la resistencia, provocando que miles rumanos corriesen a leerla. La prohibición fue su mejor presentación y promoción. La censura de todo lo que no era oficial abrió las puertas de sus obras a la gente que, harta de oficialidad rígida, encontró en ella la frescura de una joven con la que podía identificarse.

    Pasados ya esos tiempos, nos queda la pureza de Blandiana, a quien en otra ocasión califiqué como constructora de una “poética de la humildad”. Si tuviéramos que señalar los puntos esenciales sobre los que gira su poesía diríamos que son la vida como trayecto hacia la muerte, no como drama, y las palabras como medio para llegar al silencio, como testimonio del viaje.

    “El imparable camino”

    La capacidad de tratar los temas más esenciales bajo una forma sencilla es característica de la poeta. Nos lleva desde lo más próximo, lo más cotidiano, y lo eleva a una dimensión que nos ilumina. El imparable camino hacia la muerte, como dirá en un relato de Proyectos de pasado, “Lo soñado”, es como las huellas dejadas al caminar sobre la nieve, las de la vida misma.

    Los poemas llegan como visiones, como un viento que no se ve pero se siente en el rostro. La naturaleza, como enseña en sus poemas, crea sin saber. El ser humano, consciente de la muerte, de su final, debe aprender.

    Pero, como a todos los grandes poetas, a Blandiana hay que leerla, no contarla. Una pequeña muestra de ese decir tranquilo, revelador, modesto, humilde que es su obra se percibe en el poema “Un paso más”:

    Sé hacer muy pocas cosas:

    Ni melocotones como los melocotoneros,

    Ni uvas como la vid,

    Ni siquiera nueces

    Como los nogales de amarga sombra

    Con su tenue susurro de hojas;

    Pero una cosa sé hacer

    Con singular destreza:

    Sé morir.

    No presumo,

    Sé morir como pocos hombres saben;

    Primero me envuelvo en el silencio,

    Luego en el vacío,

    Y avanzo así, despacio, un paso,

    Otro paso, y un paso más,

    Hasta que solo queda de mí

    Una voz,

    Colocada suntuosamente

    En el ataúd del libro.

    No presumo,

    Creedme, sé morir,

    Y sé, sobre todo, resucitar,

    Pero eso es, claro está,

    Mucho más sencillo.

    Los poemas de Blandiana son huellas en la vida, palabras que transitan por ella y que acabarán “en el ataúd del libro”. Frente al poema, que nos invade, el libro es una decisión racional, una construcción en la que se agrupan los temas a la espera de esos lectores que seguirán las huellas dejadas en la nieve.

    Rilke, Dickinson, Blandiana

    Ana Blandiana ha explicado en diversas entrevistas que sus referencias poéticas son el austriaco Rainer Maria Rilke y la estadounidense Emily Dickinson, dos buenos modelos para una gran poeta y dos líneas que llevan a la comprensión de la vida en sus dimensiones temáticas esenciales.

    La precisión y meticulosidad de Rilke a la hora de elegir las palabras esenciales está muy presente en la idea de poesía de Blandiana. Eso se aplica también a lo que admira de la poesía de Dickinson, la economía incluso aplicada a la descripción minuciosa de lo pequeño en la naturaleza.

    En “Telaraña” Blandiana se adentra de nuevo en el mundo de los sentidos:

    Crucificada en una telaraña

    Cuyo tejido aún muriendo soy capaz de admirar,

    No intento escapar de lo que sobre mí ha escrito

    El destino con mi propia mano. Como el odio,

    El poema ha tejido redes a mi alrededor

    Para prender signos y palabras.

    Esta es mi derrota: yo misma soy ahora una palabra

    Cuyo significado no puedo recordar.

    La poesía de Blandiana lleva a recorrer con ella el camino hacía el silencio final. Lejos de un falso vitalismo, su obra se reviste de la propia naturaleza, con un ser humano entre la búsqueda de un sentido que se nos escapa y una vida plena de la alegría de existir.

    Se puede hablar mucho de Blandiana y de su poesía. Pero ¡hay que leerla! No hay en ella grandilocuencia, sino modestia. Solo desde la humildad de la vida se puede percibir esa experiencia en su plenitud. Los grandes poetas no enseñan muchas cosas, solo las esenciales. En el caso de Blandiana, saber morir, saber vivir… las dos dimensiones.The Conversation

    Joaquín Mª Aguirre Romero, Profesor Titular de Periodismo, Universidad Complutense de Madrid

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • En su origen, los cómics no eran cosa de niños, sino una industria cultural

    Hacia 1910, en los Estados Unidos, el suplemento dominical a todo color con viñetas y cómics de temáticas diversas era ya un elemento más de la prensa, al punto de que no tardó en generar sus primeras creaciones de elevado nivel artístico. Tal fue el caso de la primera gran obra maestra del cómic, Little Nemo in Slumberland, del dibujante Winsor McCay (1869-1934), que publicaba el rotativo New York Herald, y que más allá de la incuestionable calidad técnica de sus viñetas, o su elaborada narrativa visual, destacaba por la florida imaginación de su creador.

    El formato suplemento vivió modificaciones con el paso de los años, pues los diarios empezaron a contar con entregas durante la semana en blanco y negro de los cómics más demandados por los lectores. Sería sólo cuestión de tiempo que, a fin de facilitar a los maquetadores su inserción, estas publicaciones esporádicas adoptaran la forma de comic strip –una tira horizontal de viñetas sucesivas–.

    Se atribuye la autoría de este invento al dibujante Bud Fisher (1885-1954), autor de la serie humorística Mutt and Jeff, creación luego inspiradora de una ingente cantidad de parejas cómicas del cómic y el cine, pues parece que fue el primero en adoptarlo en noviembre de 1907.

    Tira cómica.
    Una tira diaria de la serie de cómics de Mutt y Jeff.
    Bud Fisher / Heritage Auctions

    Nacen los syndicates

    No obstante, los pleitos y disputas por la titularidad de los derechos de autor se sucedían, al estar los creadores tiranizados por los editores de prensa. Esto cambió con la consolidación de los llamados syndicates. Tales agrupaciones, germen de la posterior industria del cómic, vinieron a romper con las habituales duplicidades del medio, devenidas de la dictadura que los periódicos establecían sobre los autores y sus productos.

    Se trataba de agencias que, mediante la afiliación de los artistas, que así podían ostentar la titularidad legal de sus producciones, las ofrecían, previo pago de derechos, a todos los diarios por igual. Así, ser titular de un cómic altamente demandado equivalía a fama y fortuna. Fue precisamente a partir de la aparición de estas agencias cuando los artistas empezaron a ganar independencia, protagonismo y prestigio, y el cómic como forma de expresión artística no solo comenzó a profesionalizarse, sino también a atraer creadores procedentes de otros ámbitos más reputados.

    A comienzos de la década de 1920, la sindicación se tornó inexcusable. Los syndicates recibían miles de propuestas de aspirantes de lo más variopinto, seleccionando aquellas que consideraran de interés para la prensa por su contenido y calidad. Del mismo modo, encargaban trabajos, bajo titularidad de la propia agencia, a autores específicos.

    La agrupación pionera fue, al parecer, el McClure Newspaper Syndicate, nacida en fecha tan temprana como 1884. Sin embargo, la sindicación de tiras de cómic se convertiría en un negocio emergente hacia 1905, de la mano del sempiterno Joseph Pulitzer (1847-1911), quien fundó el World Feature Service Inc.

    El francotirador de la competencia, William Randolph Hearst (1863-1951), crearía el suyo, el célebre King Features Syndicate, en 1914. Para entonces ya existían otros como el Associated Newspapers Syndicate (1912) y el Wheeler Syndicate (1913).

    El nacimiento de los álbumes de historietas

    El hecho es que el cómic se convirtió en un elemento de prestigio para los periódicos. Era tan seguido por los lectores que la calidad y el formato de los suplementos no hicieron otra cosa que mejorar. De este modo nacieron los primeros comic books o álbumes de historietas, casi siempre cuadernos recopilatorios, que vieron la luz entre 1900 y 1910. Se hicieron muy comunes como artículos promocionales o como regalos añadidos a la compra de productos, llegando así de manera directa a niños y adolescentes. Baste un detalle para significar su popularidad creciente: fueron un elemento de entretenimiento e intercambio habitual entre los soldados estadounidenses que combatieron en Europa durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

    Finalizada la década de 1920, el cómic de prensa estaba muy profesionalizado e influido por los éxitos literarios, radiofónicos y cinematográficos, con los que entró en una perfecta simbiosis de contenidos.

    Amazing Stories fue una revista de pulp estadounidense muy popular en los años 20 y 30.
    Frank R. Paul / Wikimedia Commons

    También en este momento se produjo la explosión de las revistas pulp, publicaciones baratas consideradas como de “baja literatura” o “literatura popular”, editadas en rústica con un papel barato que se elaboraba a partir del desecho de la pulpa de madera. La emergente industria de la historieta no tardaría en inspirarse en sus contenidos e incluso en intercambiar simbióticamente con ellas guionistas e ilustradores, comenzado a generarse ya obras de extraordinaria factura.

    Este fue el caso de la adaptación al cómic del Tarzán, de Edgar Rice Burroughs (1875-1950), cuyas primeras aventuras en las tiras de prensa vieron la luz en 1929 de la mano del genial Harold Foster (1892-1982).

    El origen de la edad dorada del cómic

    El éxito entre los lectores de todas las edades de este diversificado cómic de prensa motivó que alguien intuyera las ingentes posibilidades de negocio. Fue una persona completamente ajena al medio, el fundador de la Dell Publishing Company George T. Delacorte Jr. (1894-1991), cuya editorial trabajaba contenidos muy eclécticos, dedicándose a todo tipo de formatos para entretenimiento del público general, especialmente revistas de pasatiempos.

    cómics
    Portada de Famous Funnies número 1 (julio de 1934, Eastern Color Printing), arte de Jon Mayes.
    Wikimedia Commons

    Delacorte entendió que una revista de cómics, aderezada con contenidos atractivos para toda la familia, de mejor calidad editorial y mayor extensión que el formato de prensa, tendría un público potencial. Así, en 1934, comenzó a editar el que es reconocido por propios y extraños como primer comic book original: Famous Funnies.

    Dell Publishing trabajaba con la empresa impresora Eastern Color Printing Company, fundada en 1928 por George G. Janosik (1889-1943). Esta compañía tenía experiencia en la materia, pues imprimía los suplementos dominicales de diversos periódicos de los estados de Nueva York y Nueva Inglaterra.

    El dato en sí no tendría mayor importancia de no ser porque en el departamento de ventas de Eastern trabajaba quien luego sería uno de los grandes popes editoriales del comic book estadounidense: Maxwell Gaines –nacido Ginzberg– (1894-1947). Este, por su ocupación, tenía muchos contactos dentro del mundo de las agencias de sindicación y fue, junto con su compañero Harry I. Wildenberg (1885-1963), el gran artífice del formato final que adquiriría Famous Funnies y que cualquier persona aficionada conoce: el cuadernillo de grapa, de tamaño manejable, de entre 24 y 36 páginas.

    Gaines fue la avanzadilla de un grupo de negociantes que se lanzó a la creación de editoriales dedicadas al comic book infantil y juvenil. Mediada la década de 1930 ya existían empresas como All American Comics, National Allied Publications o la David Mckay Publications. Esta última era una compañía editora fundada en Philadelphia en 1882 que advirtió el potencial existente en el emergente mercado del comic book.

    Mckay, atraída en 1935 por el éxito de Delacorte, había publicado álbumes elaborados a partir de recopilaciones de las tiras de prensa de King Features, como Popeye y Henry, bajo el encabezado de King Comics. En el bienio 1936-1937 se decidió a poner en marcha sus propias revistas con contenidos enteramente nuevos. Así apareció Ace Comics, en cuyas páginas nacería otro de los grandes iconos del cómic: The Phantom, creación de Lee Falk (1911-1999).

    Había llegado la edad dorada del cómic.The Conversation

    Francisco Pérez Fernández, Profesor de Psicología Criminal, Psicología de la Delincuencia, Historia de la Psicología, Perfilación e investigador psicosocial. Experto en historia de la novela gráfica., Universidad Camilo José Cela y Francisco López-Muñoz, Catedrático de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Monte Athos, una república autónoma dentro de Europa que rechaza a las mujeres

    El Monte Athos, también conocido como Monte Sagrado, es una península montañosa ubicada en el norte de Grecia, en la región de Macedonia Central. Es un lugar de gran importancia religiosa para la Iglesia Ortodoxa Oriental y ha sido un centro espiritual y monástico durante más de mil años.

    La historia del Monte Athos se remonta a la antigüedad, con evidencia de ocupación humana desde la época prehistórica. Sin embargo, su importancia religiosa se consolidó en el siglo X, cuando se estableció como un centro monástico importante bajo el gobierno del Imperio Bizantino.

    Hoy en día, el Monte Athos alberga una comunidad autónoma de monasterios ortodoxos orientales, habitados por monjes que viven según una estricta disciplina religiosa y monástica. Estos monasterios son considerados como algunos de los más antiguos y venerables de la cristiandad oriental, y su arquitectura y arte religioso son de gran valor histórico y cultural.

    La prohibición de la entrada de mujeres al Monte Athos es una de las características más notables de este lugar. Esta regla se basa en la creencia religiosa de que la presencia de mujeres podría distraer a los monjes de su vida monástica y llevar a la tentación. Como resultado, desde hace siglos, el acceso de mujeres al Monte Athos está estrictamente restringido. Incluso las hembras animales, con la excepción de gatos y pollos, están prohibidas en la península.

    En cuanto a la población, el Monte Athos alberga una comunidad de monjes ortodoxos orientales que viven en los veinte monasterios y numerosas ermitas dispersas por la península. La población fluctúa, pero en general se estima que hay alrededor de 2.000 monjes viviendo en el Monte Athos en la actualidad. Estos monasterios han sido centros de estudio religioso, preservación cultural y vida monástica durante siglos.

    El Monte Athos ha sido reconocido como un sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1988. Su importancia histórica, cultural y espiritual lo convierte en un tesoro invaluable para la humanidad. Los monasterios están llenos de tesoros artísticos y manuscritos antiguos, algunos de los cuales datan de la época bizantina. Estas reliquias son cuidadosamente conservadas y protegidas por las comunidades monásticas.

    En términos de gobierno, el Monte Athos es una «República Sagrada» autónoma dentro de Grecia. Tiene su propio gobierno y administración, conocido como la Sagrada Comunidad del Monte Athos, que está compuesta por representantes de cada uno de los monasterios. Este gobierno monástico, eximido de pagar impuestos a Grecia, se encarga de la gestión de los asuntos internos de la península, incluida la aplicación de las reglas y regulaciones que rigen la vida monástica y la visita de peregrinos.

    El Monte Athos es un lugar único con una rica historia y una vibrante vida monástica. Su prohibición de la entrada de mujeres, su población monástica, su estatus como Patrimonio Mundial de la UNESCO y su gobierno autónomo lo convierten en un destino fascinante para aquellos interesados en la religión, la historia y la cultura. Tiene muchos visitantes muy famosos, como el actual Rey de Inglaterra entre otros.

    Para visitarlo se deben cumplir reglas estrictas, la prohibición de entrada de mujeres es inapelable y mantienen una baja relación de visitantes con fines turísticos vs visitantes en la fe. Si se animan, los datos pueden encontrarlos en este lugar.

  • Radios Piratas en el Reino Unido: Faros de Libertad

    En la década de los 60, las ondas radiales británicas estaban controladas principalmente por la BBC, conocida coloquialmente como «La Tía». Con una programación que ofrecía noticias, entretenimiento ligero y programas para niños, la explosión del Rock n’ Roll en Estados Unidos parecía ajena para el público británico. Sin embargo, todo cambió con la llegada de las radios piratas, una verdadera revolución en la industria de la radiodifusión.

    I. Los Orígenes: Los 60’s

    El movimiento de las radios piratas empezó con Radio Caroline en la década de los 60, liderada por Ronan O’Rahilly desde el barco Mi Amigo, ubicado en aguas internacionales para evitar las leyes británicas de radiodifusión. Pronto, otros barcos transformados en emisoras, como Radio Atlanta, Radio Scotland, Radio 390 y Radio London, se unieron para llevar la música de bandas como The Hollies y The Rolling Stones a casi 20 millones de británicos.

    Estos DJs se convirtieron en celebridades, a pesar de enfrentarse a desafíos como las tormentas invernales que obligaban a muchos a permanecer en los barcos durante semanas. A pesar de las dificultades, las radios piratas introdujeron la publicidad en la radiodifusión británica, un fenómeno novedoso en ese momento.

    El Proteccionismo a la BBC y la Intervención del Gobierno

    La BBC, financiada principalmente por una licencia obligatoria para los hogares que ven o graban programas de televisión, no transmitía anuncios comerciales y se basaba en un modelo de financiación único en su tipo. Sin embargo, con la llegada de las radios piratas, surgió una competencia que desafiaba el monopolio informativo y musical de la BBC.

    En 1967, el gobierno británico promulgó la Ley de Delitos de Radiodifusión Marítima, criminalizando el suministro de música, combustible y alimentos a los barcos de radiodifusión sin licencia. Un mes después, la BBC lanzó su primera estación de música comercial, con la que llegaron variados DJs de radios piratas. Esta acción marcó el comienzo del fin para las radios piratas, que enfrentaron una intensa persecución por parte del gobierno y los medios de comunicación tradicionales.

    II. La Explosión de los 80’s y 90’s

    A pesar de los obstáculos, las radios piratas experimentaron un renacimiento en las décadas de 1980 y 1990, especialmente en el ámbito de la música negra, soul, reggae y funk. Nombres como Horizon, Jazz Funk Music, Dread Broadcasting Corporation, LWR y Kiss FM se convirtieron en referentes de estos géneros musicales, llenando un vacío dejado por las emisoras tradicionales.

    Durante el auge de la música rave y acid house, las radios comerciales no se aventuraban en estos territorios, lo que llevó al surgimiento de emisoras piratas como Sunrise, Centreforce y Fantasy, que se dedicaban a difundir estos estilos musicales innovadores.

    El Legado y la Evolución

    A pesar de la persecución y la regulación gubernamental, las radios piratas dejaron un legado duradero en la escena musical británica. Gracias a emisoras como Rinse FM, el movimiento grime emergió como una fuerza cultural y musical única, proporcionando una plataforma para artistas como Dizzee Rascal, Wiley y Skepta.

    Hoy en día, el espíritu de las radios piratas vive en internet, con emisoras como Reprezent, Balamii y Radar Radio continuando la tradición de descubrir y promover nuevos talentos musicales. Estas emisoras han evolucionado más allá de la transmisión de música para convertirse en marcas reconocibles, colaborando con festivales y clubes nocturnos, y ofreciendo una plataforma para artistas emergentes.

    A pesar de los avances tecnológicos y la regulación gubernamental, el legado de las radios piratas perdura como un faro de libertad y diversidad cultural en el panorama musical británico. Su impacto sigue resonando en la escena musical actual, sirviendo como recordatorio de la importancia de desafiar las normas establecidas injustamente y buscar nuevas formas de expresión creativa. Les recomendamos una película sobre esta historia, que incluso pueden encontrar en español y en Youtube. 

  • Sor Juana, defensora de la mujer en un siglo de varones

    Mujer genial, estudiosa insaciable y magnífica escritora, sor Juana Inés de la Cruz, la gran figura de las letras novohispanas del siglo XVII, fue también defensora del derecho de la mujer para acceder al conocimiento, y precursora de las causas feministas.

    Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació el 12 de noviembre de 1648 (1651?) en San Miguel Nepantla (México). Fue una niña prodigio, una adolescente brillante y una talentosa monja que dejó un invaluable legado a las letras hispanoamericanas.

    Gracias a su inteligencia y a su carisma supo sortear los obstáculos y ahondar en el estudio de las disciplinas más importantes de su época, como las letras, la astronomía, la alquimia, la música y la arquitectura, entre otras. Todo esto lo realizó además de desempeñar con acierto sus tareas en el convento.

    Denuncias en verso

    Su vida da testimonio de sus ideas, avanzadas para un siglo en que las estructuras del poder eran regidas por varones y el papel femenino se limitaba a roles domésticos y sociales, alejados del estudio. Sor Juana tuvo consciencia de esta desigualdad y del injusto trato a la mujer y lo denunció en sus textos.

    El ejemplo más famoso de esta consciencia lo constituyen sus famosas redondillas –estrofas compuestas de cuatro versos, normalmente octosílabos–, que muestran la inequidad en las relaciones amorosas, y visibilizan la forma en que la mujer era sometida injustamente.

    Hombres necios que acusáis

    a la mujer sin razón

    sin ver que sois la ocasión

    de lo mismo que culpáis (…)

    Este poema denuncia cómo, a fin de cuentas, la mujer es señalada como culpable sin importar la actitud que sostenga ante las pretensiones masculinas. Al referirse a los varones, el poema agrega:

    Con el favor y el desdén

    tenéis condición igual,

    quejándoos, si os tratan mal,

    burlándoos, si os quieren bien (…)

    Derecho al estudio

    Pintura de una mujer vestida de monja que escribe en sentada a la mesa.
    Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz por Andrés de Islas.
    Museo de América/Wikimedia Commons

    No sólo en sus octosílabos sor Juana mostró tales injusticias. En otros textos dejó pruebas, inteligentes y sólidas, de su postura en favor de los derechos de la mujer, contraviniendo las costumbres sustentadas por los discursos que emergían del poder político, de la organización social y de la jerarquía eclesiástica de la Nueva España.

    Su resplandor inevitable y su innegable talento ganaron la admiración (y a veces la envidia) de sus contemporáneos. Pero también el favor incondicional de la marquesa de Mancera, Leonor Carreto, virreina entre 1664 y 1673, quien la invitó a la corte cuando Juana tenía alrededor de 15 años; así como el de la condesa de Paredes, María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, virreina entre 1680 y 1686, quien cultivó con ella una muy estrecha amistad y promovió en España la publicación de sus primeras obras.

    Que la inteligencia no tiene sexo lo tenía claro sor Juana. En 1682, en la carta con la que despide a su confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda, queda de manifiesto su férrea defensa del derecho de la mujer al estudio y al conocimiento. El párroco la había presionado largamente para que abandonara la escritura de versos y dedicará su vida sólo al cultivo espiritual. Sor Juana, en su misiva, se duele de tal insistencia y defiende el derecho de la mujer a cultivarse:

    “No ignoro que el cursar públicamente las escuelas no fuera decente a la honestidad de una mujer […] pero los privados y particulares estudios ¿quién los ha prohibido a las mujeres? ¿no tienen alma racional como los hombres? Pues ¿por qué no gozará el privilegio de la ilustración como ellos? ¿no es capaz de tanta gracia y gloria de Dios como la suya?”

    Pionera en la búsqueda de la equidad y precursora de las luchas feministas, postuló la igualdad de hombres y mujeres. Para mostrar el valor de las virtudes femeninas, las realza en varios escritos, como lo hace, por ejemplo, en las cartas aquí descritas y en el poema dedicado a la duquesa de Aveiro, María Guadalupe de Lencastre, amiga suya y destacada intelectual del Barroco hispano, a la que describe como:

    (…) claro honor de las mujeres,

    de los hombres docto ultraje,

    que probáis que no es el sexo

    de la inteligencia parte.

    De sor Juana a sor Filotea

    Portada de la _Carta Atenagórica_ con el texto de Sor Juana Inés de la Cruz.
    Portada de la Carta Atenagórica con el texto de Sor Juana Inés de la Cruz.
    Cervantes Virtual

    Otro testimonio de su defensa del derecho femenino a los estudios y al conocimiento quedó plasmado cuando el obispo de Puebla y amigo epistolar suyo, Manuel Fernández de Santa Cruz, publicó con el título de Carta Atenagórica (1690), y sin consentimiento de la monja, un escrito que ella le había enviado a instancias suyas, donde contradecía lo que el renombrado teólogo Antonio de Vieyra había expresado en el Sermón del Mandato (1650) en torno a las finezas de Jesucristo.

    La Carta se publicó acompañada de un texto que Fernández firmó con el seudónimo de sor Filotea, en donde comentaba los argumentos de sor Juana y le recomendaba dedicar sus esfuerzos a las letras espirituales más que a las mundanas. “Lástima es que un tan gran entendimiento, de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el Cielo”, decía, entre otras cosas.

    La publicación de ambos documentos causó revuelo en la Nueva España y tuvo repercusiones en una lucha de poder que libraban el obispo de Puebla y el arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Seijas, cuyo teólogo favorito era, precisamente, Antonio de Vieyra.

    Sor Juana, dolida, reaccionó a la Carta con su Respuesta a Sor Filotea, un texto intenso y apasionante donde sintetiza su vida, refiere su inclinación al estudio y muestra la grandeza de la mujer al enumerar a una treintena de ellas muy notables. Pero lo más trascendente es el fervor con el que defiende el acceso femenino al conocimiento:

    “Lo que sólo he deseado es estudiar para ignorar menos: que, según San Agustín, unas cosas se aprenden para hacer y otras para sólo saber. […] Pues ¿en qué ha estado el delito?”

    En el mismo documento reclama el derecho de… ¡hacer versos!: “Pues nuestra Iglesia Católica no sólo no los desdeña, mas los usa en sus Himnos”. Con solidez, rechaza la creencia de que las mujeres por ser mujeres “por tan ineptas están tenidas”, mientras los hombres “con sólo serlo piensan que son sabios”.

    La Respuesta fue publicada póstumamente, en 1700. Cinco años antes, sor Juana había fallecido víctima de una epidemia que alcanzó al convento. Desde entonces, el texto ha sido analizado y comentado por numerosos estudiosos y críticos, y se considera fundamental para comprender y contextualizar la vida de la monja jerónima.

    Sor Juana no sólo argumentó, sino que con su propia vida dio testimonio de la grandeza de la mujer, dejó una huella perenne en las letras y mostró su esplendor en un siglo en el que sólo a los hombres les era permitido brillar.The Conversation

    Jorge Alfonso Souza Jauffred, Investigador y coordinador de la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega y del Centro de Investigaciones Filológicas, Universidad de Guadalajara

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La compleja relación humana con el canibalismo a lo largo de la historia

    La sociedad de la nieve es una película del director español J.A. Bayona sobre el accidente de avión de un equipo de rugby uruguayo en los Andes en 1972 que se ha estrenado hace unas semanas. Un aspecto importante de esta historia que ha cobrado protagonismo en estos días es la cuestión del canibalismo que la película aborda. El hecho histórico es que, tras el rescate, los supervivientes ocultaron en un primer momento que habían practicado canibalismo por temor. Después, fueron expuestos, censurados y recriminados por los medios como “caníbales”.

    El canibalismo se define como el acto o la práctica de comer miembros de la propia especie. Usualmente se refiere a los humanos que comen otros humanos. El primer caso de canibalismo ha sido atribuido a los neandertales, y hace más de 100 000 años la cueva francesa de Moula-Guercy fue testigo de ello.

    Se trata de una práctica documentada en África Occidental y Central, Melanesia, Nueva Guinea, en algunas islas de la Polinesia y en tribus de Sumatra. La práctica fue bastante común en las sociedades preestatales. En la historia contemporánea, los casos individuales se han atribuido a personas inestables o criminales y a situaciones de penuria como la crisis alimentaria en Ucrania, en los años 30 del siglo pasado, y en la Segunda Guerra Mundial, durante el sitio de Leningrado y en Bergen-Belsen, de acuerdo a los oficiales británicos que liberaron el campo de concentración.

    Pero el alcance de su relevancia en el momento actual es controvertido. Lo que resulta generalmente aceptado es que las acusaciones de canibalismo han sido históricamente más comunes que la propia práctica en sí, tal como menciona Alberto Cardín en Dialéctica y canibalismo. El caníbal casi siempre ha sido “el otro” en el imaginario colonial.

    El término caníbal es un legado de Cristobal Colón. Es la deformación de “Caribe”, pueblo originario de las Antillas y que Colón creyó que eran súbditos del Gran Khan de China (kannibals). Colón, preparado para encontrarse con el Gran Khan, llevaba consigo intérpretes arábigos y hebreos, y al escuchar de los nativos la palabra “caniba” (o “canima”) pensó que estos podían ser los hombres con cabeza de perro (cane-bal) descritos por el explorador John Mandeville.

    Pueblos caníbales

    Los judíos han sido acusados históricamente de comer niños cristianos, al igual que los gitanos. En la antigüedad, los griegos reportaban casos de antropofagia entre los pueblos no helénicos, los bárbaros. Y los españoles hacían lo propio en relación con el canibalismo azteca, aunque la antropofagia fue reportada durante las llamadas guerras floridas del Imperio azteca, siendo considerada una manifestación masiva de canibalismo.

    En este sentido, William Arens señalaba que, más allá de los casos de canibalismo de penuria, el canibalismo es un mito y que la descripción de un grupo humano como caníbal solo se trata de una afirmación retórica e ideológica para establecer la superioridad moral sobre este grupo.

    En una línea similar, Michel de Montaigne señalaba en el siglo XVI que se denominaba bárbaro (o caníbal) a todo aquel o aquello a lo que no se está acostumbrado y consideraba más bárbaro las guerras de religión en Francia y la tortura de los cuerpos vivos o que fueran echados a los perros que la ingestión por parte de los Tupinamba del cuerpo de un difunto.

    No obstante, la amplitud de los casos registrados muestra que el canibalismo no es una invención. La más reciente definición del canibalismo por F. B. Nyamnjoh se refiere al consumo de humanos en forma material, metafórica, simbólica o fantasiosa. De hecho, la extensión de internet ha contribuido a multiplicar las fantasías canibalísticas y sexualizadas de miles de personas que sueñan en los foros con devorar o ser devorados por miembros de su género sexual preferido.

    Asesinos y canciones de los Rolling Stones

    Cabe mencionar los casos extremos como el asesino en serie Fritz Haarmann (“el carnicero de Hannover”) o el de Armin Meiwes, un técnico de computadoras de Rotenburg (Alemania) que en 2001 solicitó por internet a “un chico joven, de entre 18 a 25 años” para comérselo (la demanda surtió efecto, pues Jürgen B. accedió a ello y fue asesinado y devorado por Meiwes).

    Uno de los casos más sorprendentes fue el del estudiante japonés de literatura inglesa Issei Sagawa, quien se comió a una estudiante alemana de la Sorbona en París en 1981, describiendo el acto con todo lujo de detalles. La forma en que reveló este hecho lo convirtió en un héroe nacional en Japón y ha escrito varios best sellers. Incluso los Rolling Stones le dedicaron una canción en 1986: Too much blood.

    El canibalismo no es ajeno a nosotros. El acto de la Eucaristía católico y la conmemoración de La última cena remiten a la idea de ingerir un tótem, símbolo sagrado de un grupo, clan o linaje, para absorber su poder distintivo. Tras el dogma de la transustanciación católica se expresa la idea de adquirir la divinidad (inmortalidad, perdón de los pecados…) por absorción comiendo el cuerpo de Cristo. Este “canibalismo ritual” comparte muchas de las características del concepto.

    En otras culturas en Asia y Australia, por ejemplo, existe la creencia de que comer el pene de un tigre proporciona mayor virilidad, y que comerse al enemigo (exocanibalismo) entre los baruya o que ingerir una parte de un difunto (endocanibalismo) entre los fore perpetuará su alma. El cuerpo de otro resulta un alimento para el cuerpo, la mente y el alma.

    La cuestión que surge es, por un lado, quién tiene el derecho a juzgar y evaluar los aspectos conflictivos de los pueblos del pasado; y, por otro, por qué se ha hecho característica habitual pensar que aquello que es solo extraordinario (canibalismo) es una costumbre.

    Un ejemplo de esto último es Pierre Clastres, quien habla de la normalidad de fenómenos como la guerra y el canibalismo entre los indios guayaki como si fueran propios de pueblos exóticos, cuando en muchos casos estos pueblos han sido las víctimas. A los andamaneses del Golfo de Bengala se les otorgó en Occidente una fama de caníbales por belicosidad, tal como describe Radcliffe-Brown en The Andaman Islanders (1922), ya que despedazaban a sus víctimas de guerra y acostumbraban a colgar los huesos de sus antepasados. De hecho, se escribieron diversas novelas donde, invariablemente, el argumento era un naufragio provocado por los arrecifes coralinos de la costa andamanesa, episodios de canibalismo y el relato del único superviviente.

    Perversiones individuales

    El canibalismo sería un fenómeno más propio, no de pueblos exóticos, sino una consecuencia de perversiones individuales, situaciones catastróficas y peculiares. En los años 90 los periodistas occidentales escribieron sobre el canibalismo en el contexto de la guerra civil de Liberia (1989-1997). El historiador Stephen Ellis sugería que las causas no eran solo políticas, sino que podían explicarse en términos religiosos o espirituales propios de los rituales de sociedades secretas.

    En suma, las descripciones contemporáneas del canibalismo, que parecen hacerse eco de los estudios arqueológicos, muestran que, de una forma u otra, como señalaba Claude Lévi-Strauss, “todos somos caníbales”.The Conversation

    David Lagunas, Profesor de Antropología, Universidad de Sevilla

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Feliz Navidad

    En esta época tan especial, cuando el espíritu navideño colorea nuestros días, en nombre de todo el equipo de Goethals Consulting, extendemos nuestros más cálidos saludos a cada uno de ustedes. La Navidad nos reúne en un abrazo fraternal, une nuestros corazones en una melodía de esperanza y renovación. Es el momento de reflexionar sobre el año que se va, valorar las experiencias compartidas y celebrar los lazos que nos unen.

    En este espíritu de generosidad y compañerismo, queremos obsequiarles un regalo especial: un poema escrito con amor y dedicación por nuestro querido presidente John Bennett N. Con este poema, Navidad y Redención, que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023, culminamos con la serie de poemas del libro inédito aún de John, que comenzamos a publicar cada viernes desde el mes de Mayo. Que estas palabras sean un bálsamo para el alma y un recordatorio de la belleza que nos rodea en esta temporada de alegría.

    Que la luz de la Navidad ilumine sus hogares, trayendo consigo paz, amor y prosperidad. Que cada sonrisa sea un motivo para celebrar y cada encuentro un momento para compartir la felicidad.

    ¡ Feliz Navidad, Próspero Año nuevo, Felices fiestas a todos!

    Navidad y redención

    Una alegre meditación de la natividad en ese extraordinario y rústico pesebre.

    El Cirio Navideño

    Un discreto cirio

    en quieta noche de divino alumbramiento

    luce diminuta Palidez,

    casi temeroso de turbar con su tenue

    Fulgor el sueño del recién nacido. . .

    El tierno Redentor abre sus ojos,

    Y bosteza con lánguida somnolencia infantil.

    Sus tiernos ojos vacilan errantes en la rústica estancia

    Y por un instante se detienen al contemplar

    al pálido cirio.

    Una gutural risa pueril rompe el silencio,

    Y el cirio siente que su pequeño ardor no ha sido en vano.

  • ¿Qué hace exactamente un director de orquesta?

    En los últimos tiempos están proliferando las películas sobre la figura de los directores de orquesta. A principios de este año pudimos ver Tar, basada en la figura de Marin Alsop, y próximamente se estrenarán Divertimento –sobre la creación de la orquesta del mismo nombre por su directora, Zahia Ziouani– y Maestro, biopic del carismático Leonard Bernstein.

    Un hombre delante de un atril con batuta salta enérgicamente.
    Retrato de Leonard Bernstein, Carnegie Hall, Nueva York, entre 1946 y 1948.
    Library of Congress/Wikimedia Commons

    En ellas se advierte el halo de misterio que acompaña a esta figura, que ya en 1836 Schumann denominó “un mal necesario”. Porque ¿qué hace realmente un director de orquesta?

    A simple vista, el personaje sube a un podio y gesticula de forma más o menos histriónica ante un grupo de músicos que conocen a la perfección las partituras que deben interpretar. Paradójicamente, además, es el único miembro que carece de instrumento, y no emite sonido alguno por sí mismo en toda la ejecución. Sin embargo es quien recibe la mayor parte de la ovación del público. ¿Cuál es la aportación de un director a la calidad del resultado sonoro de una orquesta?

    Nos centraremos en dos funciones básicas: el liderazgo técnico y el expresivo.

    Marcar el ritmo

    Si nos fijamos bien en la gestualidad del director durante un concierto notaremos ya una de estas funciones, que es marcar el ritmo de la obra.

    Las referencias más tempranas de esta necesidad en la cultura occidental se encuentran en tratados de música del siglo XVI, donde se recomienda que cantantes e instrumentistas se guíen golpeando con la mano o el pie. Ahora bien, las primeras formaciones orquestales de carácter sinfónico durante el siglo XVIII –la época del denominado clasicismo musical representada por compositores como Haydn o Mozart– aún poseían tres características que hacían innecesaria la existencia de una figura de dirección.

    En primer lugar, el número de músicos era pequeño, lo que facilitaba su coordinación. Además, el ritmo se mantenía muy estable a lo largo de las piezas, de manera que resultaba sencillo mantenerlo sin una guía externa. Por último, los músicos tocaban de manera prácticamente continua de principio a fin. Por ello, solía ser el propio compositor (a menudo tocando el clavecín o el violín) quien proporcionaba las indicaciones básicas de entrada y finalización a la orquesta.

    Dibujo del interior de una iglesia en donde una orquesta toca a las órdenes de un director mientras el público atiende.
    Misa en conmemoración de Santa Cecilia en la iglesia de Saint-Eustache de París dirigida por Charles Lamoureux (1834-1899).
    Bibliothèque nationale de France

    El primer tercio del siglo XIX, marcado en la cultura occidental por la figura de Beethoven (1770-1827), puso de manifiesto la necesidad de una dirección orquestal. Su obra supuso un salto cualitativo en cuanto a la complejidad de las composiciones. El tamaño de las orquestas se incrementó notablemente, y los instrumentos comenzaron a alternarse en orquestaciones sofisticadas.

    Todo esto generó la necesidad de organizar ensayos formales previos a las representaciones, liderados a menudo por el propio compositor. Si pensamos que una orquesta sinfónica cuenta con un mínimo de ochenta miembros es fácil comprender que se necesita una figura que imponga un criterio único en lo que respecta a sincronizar tanto las entradas de los músicos como el ritmo y el tempo general de las obras. Mientras que los músicos cuentan solamente con sus partes respectivas (partituras que incluyen solamente los compases que deben interpretar), el director es el único que dispone de la partitura completa, el único que tiene la visión de conjunto de la obra.

    Voz única

    La posibilidad de representar la obra de un compositor sin su presencia, que se materializó al consolidarse un mercado internacional de editores musicales, nos conduce a la segunda función básica de un director, la expresiva.

    A pesar del desarrollo que fue experimentando paulatinamente la notación musical para que un autor pudiera transmitir instrucciones sobre el carácter que quería imprimir a los diferentes pasajes de sus piezas, lo cierto es que dicha notación no alcanza en absoluto a precisar la intención que se persigue con la obra. Y es en esta limitación donde reside la infinita gama de interpretaciones de una misma pieza, y donde la dirección de orquesta cobra toda su relevancia.

    Algunos ejemplos ilustran este punto. Gustav Mahler, uno de los compositores más prolijos en anotaciones en las partituras por ser también director de orquesta, señala en un pasaje de su Segunda Sinfonía que “los trombones, violines y violas deben tocar sólo si es necesario para evitar que el coro se desinfle”, dejando así a criterio del director la decisión final. Otras indicaciones tales como “con máximo poder” o “imperceptible, un poco más agitado” dan una idea de las múltiples lecturas que pueden realizarse sobre el carácter de una obra.

    Desde este margen de libertad interpretativa de la partitura, el director elabora su propio modelo mental de cómo debe ser ejecutada una determinada pieza, generándose así versiones personales que pueden llegar a ser muy distintas. Podemos comprobar fácilmente estas diferencias escuchando los primeros compases de la Obertura Coriolano de Beethoven en las versiones de Karajan, Fürtwangler o Savall.

    La Obertura Coriolano dirigida por Karajan con la Berliner Philharmoniker en enero de 1975.

    Líder de grupo

    El siguiente paso para el director consiste en persuadir a un colectivo de decenas o cientos de músicos de que coordinen sus respectivas ejecuciones con esa misma intención expresiva.

    Esta labor requiere de un notable liderazgo, entendido como la capacidad de motivar al colectivo a seguir sus indicaciones interpretativas, incluyendo no solo el tempo sino también la intensidad relativa de cada solista o grupo instrumental, los fraseos o los múltiples matices que terminan dotando de un determinado color a la música.

    Dicho liderazgo se ha ejercido hasta hace poco tiempo, como en tantos otros campos de actividad, a través del poder jerárquico y las actitudes autoritarias. Así, son múltiples las anécdotas de directores como el irascible Toscanini que insultaba frecuentemente a la orquesta, el divo von Karajan que dirigía con los ojos cerrados y apenas hablaba con los músicos o el elegante Claudio Abbado, suave y educado en sus formas pero conocido por susurrar al director artístico al finalizar los ensayos los nombres de los músicos a los que quería fuera de sus conciertos.

    Hoy día los músicos cuentan con más voz en las instituciones, existe una mayor diversidad de todo tipo en las orquestas y ello exige un liderazgo más cercano, abierto y persuasivo.

    El venezolano Gustavo Dudamel, que dirigirá próximamente la Filarmónica de Nueva York, Kirill Petrenko, al frente de la Filarmónica de Berlín, o el jovencísimo Klaus Makkela, recientemente nombrado director titular de la Royal Concertgebouw holandesa, son magníficos ejemplos de directores de orquesta que aportan valor, dejan huella y son capaces de crear un entorno en el que los músicos de la orquesta se sienten estimulados, crecen artísticamente y están motivados para llevar las obras de música a sus estándares más altos.The Conversation

    Cristina Simón, Master en Musicología por la Universidad de La Rioja y Profesora de Comportamiento Organizacional en IE University, IE University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Viernes de poemas: De la libido

    Desde el viernes 26 de Mayo, hemos comenzado a publicar como sección especial semanal, poemas extraídos de libros inéditos aún, del prolífico autor John Bennett, cuya pluma en este campo es realmente admirable. La combinación entre una mirada irónica y aguda de la realidad socio-política y la concatenación de las palabras producen estas pequeñas maravillas que invitamos a disfrutar. Esta semana, los deleitamos con «De la libido», que pertenece a la obra: El Mundo Mío que es Tuyo, firmada por Juan Alejo, en Panamá 1998 – 2023.

    Del eros

    El impulso sexual es central en la humanidad y en la naturaleza en general. Más aún, es vital. Es el deseo vehemente de la vida por la vida; pero como tantas cosas de pasiones exaltadas, son muy difíciles de apaciguar y muy fáciles de desbocar, y así vivimos en un constante pugilato entre lo que sentimos y el recato del bienandar. De la Libido es una anotación del vaivén de las mareas de nuestras pasiones.

    De la libido

    Por fin

    He roto las sensuales cadenas

    Que me unían a ti,

    Oh despiadada diosa del placer.

     

    Tú que estás sólo en ti misma,

    En el ciego sobrevivir de la especie.

    Más pudo mi templanza

    Que el sutil veneno de tu zagas tentación.

     

    Ahora,

    No se desmorona mi compostura,

    Ante cualquier maniquí

    De tu usura.

     

    De hecho,

    Puedo asegurar

    Que he ingresado al mundo

    De hombres cabales.

     

    Que no me doblego

    Como manso borrego

    Ante el cenagoso cortejo

    De banales incontinencias.

     

    Ahora cuando miro

    Lo hago con altura,

    Con admiración pura

    Y recatada compostura.

     

    Al doblado escote soslayo,

    Ante sayas voladas retiro,

    El dulce coqueteo evito,

    Las blusas ceñidas rechazo.

     

    Soy,

    En fin,

    Un perfecto caballero

    De hidalguía completa.

     

    Mi único temor,

    Admito,

    Es, ¿qué hacer mañana,

    Cuando me levante de la cama?

    Juan Alejo.