Categoría: Cultura y Sociedad

  • La Pequeña Casa en la Pradera: Un Retrato Liberal de la Vida Pionera

    La serie de libros «La pequeña casa en la pradera», escrita por Laura Ingalls Wilder, es una serie de relatos semi-autobiográficos que detallan la vida de la autora y su familia mientras se establecen en la frontera estadounidense durante la segunda mitad del siglo XIX. La serie captura la esencia de la vida pionera y contiene elementos que reflejan valores asociados con el liberalismo clásico, como la independencia, la libertad individual y la autosuficiencia.

    En las vastas extensiones de la pradera estadounidense, donde el viento susurra entre los pastizales, la familia Ingalls escribió una historia que trasciende el tiempo. «La Pequeña Casa en la Pradera», obra semi-autobiográfica de Laura Ingalls Wilder, no solo narra las experiencias de una familia pionera, sino que también destila valores fundamentales asociados con el liberalismo clásico.

    Independencia y Autonomía:
    La vida de los Ingalls estuvo marcada por la independencia y la autosuficiencia. Al establecerse en la frontera, construyeron su propia casa, cultivaron sus alimentos y dependieron en gran medida de sus propios esfuerzos para prosperar. Esta independencia refleja el énfasis del liberalismo en la libertad individual y la capacidad de las personas para forjar su propio destino.

    Comunidad Voluntaria:
    A medida que los Ingalls se encontraron con otros pioneros en la pradera, surgieron comunidades voluntarias basadas en la cooperación mutua. La serie resalta cómo estas comunidades se formaron sin la intervención del gobierno central, subrayando la capacidad de las personas para organizarse y colaborar por elección propia.

    Educación y Empoderamiento:
    La importancia de la educación también se destaca en la serie. A pesar de las dificultades, la familia Ingalls valora la educación y trabaja arduamente para asegurar que sus hijos reciban una formación sólida. Este énfasis en la educación como medio de empoderamiento personal refleja los valores liberales de la capacidad individual para buscar conocimiento y mejorar.

    Conclusión:
    «La Pequeña Casa en la Pradera» se erige como un testimonio literario de la vida pionera, pero también encapsula valores que resuenan con el liberalismo clásico. La independencia, la comunidad voluntaria, la educación y el empoderamiento personal son temas que perduran en la narrativa de los Ingalls. Al explorar la vida en la pradera a través de los ojos de la familia Ingalls, descubrimos una historia que va más allá de la mera narración de eventos históricos. «La Pequeña Casa en la Pradera» nos ofrece un retrato intemporal de los principios liberales que han moldeado la historia de los Estados Unidos y continúan inspirando a aquellos que buscan la libertad y la autodeterminación.

  • Lenin y el Totalitarismo: Un Siglo de Oscuridad Cruel

    Se cumple un centenario de la muerte de Vladimir Ilich Ulianov, conocido como Lenin, una figura central en la génesis de uno de los totalitarismos más despiadados de la historia moderna. Este aniversario nos invita a reflexionar sobre un período caracterizado por la opresión sistemática, la violencia desmedida y la consolidación de un régimen que dejó cicatrices indelebles en el tejido de la humanidad.

    La Unión Soviética, bajo el liderazgo de Lenin, se transformó en una maquinaria de represión sin precedentes. Más allá de los informes estadísticos que documentan millones de ejecuciones, es crucial profundizar en la naturaleza de un totalitarismo que no solo buscaba el control político, sino que se inmiscuía en la esencia misma de la vida de sus ciudadanos.

    Lenin orquestó un sistema que no solo fusilaba opositores, sino que también dictaba la economía y regulaba cada aspecto de la existencia diaria. La carta a Smirnov, donde Lenin expresaba su asombro ante la falta de ejecuciones masivas, revela la crueldad y la eficiencia despiadada con la que el líder soviético aplicaba la represión. La Cheka, la Comisión Extraordinaria Panrusa para la Lucha contra la Contrarrevolución y el Sabotaje, se convirtió en la herramienta que garantizaba la anulación de cualquier disidencia, dejando en su estela un rastro de sufrimiento inimaginable.

    Este órgano represivo, la Cheka, se convirtió en el símbolo máximo del terror impuesto por Lenin. Fue la encarnación de la crueldad estatal, encargada de sofocar cualquier atisbo de resistencia y destruir la vida de aquellos que se oponían al «plan formidable» del líder soviético. Los fusilamientos masivos, las prohibiciones económicas y la instauración del miedo como herramienta de control dejaron a la población sumida en una pesadilla sin fin.

    Desde la perspectiva del marxismo clásico, se ha criticado a Lenin por desestimar la realidad material objetiva en sus análisis y, especialmente, en su aplicación práctica. Es innegable que Lenin experimentó fallos en este aspecto: los pequeños campesinos libres no se unieron a la revolución, sino que, contrariamente, fueron víctimas de una violencia indiscriminada. Además, el proletariado mundial no se alzó siguiendo el ejemplo soviético. Sin embargo, donde Lenin falló como teórico, destacó de manera sorprendente en la praxis. Su habilidad para consolidar el poder, cautivar a las masas que lo seguían ciegamente y erigir un aparato de dominación implacable resulta verdaderamente asombrosa.

    El golpe bolchevique de 1917 desencadenó un periodo totalitario que se extendió hasta 1991, caracterizado por la aniquilación de libertades políticas y económicas. Lenin, guiado por un deseo implacable de imponer la dictadura del proletariado, estableció las bases de un totalitarismo que se construyó sobre la negación sistemática de la realidad objetiva exterior.

    Esta negación, inherentemente peligrosa, llevó a la creación de un nuevo hombre y una nueva sociedad, subyugados a un plan ideológico sin consideración por la individualidad. La exportación del imaginario soviético permeó la cultura y la política, alimentando la ilusión de una civilización futura. Sin embargo, esta utopía se convirtió en una pesadilla para aquellos designados como enemigos del régimen.

    La historia de Filemón y Baucis, ancianos que no encajaban en el «plan formidable» en el Fausto de Goethe, se repitió innumerables veces a medida que la maquinaria totalitaria se expandía. La muerte de Lenin hace cien años no marcó el fin de la opresión, sino que dejó un legado sombrío que persiste en las luchas contra la tiranía y en la memoria de aquellos que sufrieron bajo su yugo.

    Lenin y su totalitarismo cruel son recordatorios oscuros de los peligros inherentes a ceder a la tiranía en nombre de ideologías extremas. Reflexionar sobre este capítulo de la historia nos ofrece lecciones cruciales para evitar que la crueldad del totalitarismo vuelva a asolar la humanidad.

  • Silk Road: El Experimento Anarco-Capitalista que Estremeció el Mundo Digital

    En la intersección de la tecnología blockchain, las criptomonedas y la libertad individual, surgió Silk Road, un experimento anarco-capitalista que desafió las normas establecidas. Esta historia real no solo cambió la narrativa en torno a Bitcoin, sino que también planteó preguntas éticas profundas sobre la libertad en el ciberespacio.

    El Surgimiento de Silk Road:
    En 2011, Ross Ulbricht lanzó Silk Road (SR), una plataforma en la dark web que permitía a los usuarios comerciar bienes y servicios de manera anónima, utilizando exclusivamente Bitcoin para las transacciones. Con una visión utópica de un mercado libre y descentralizado, Silk Road rápidamente se convirtió en un símbolo del poder disruptivo de la tecnología blockchain.

    Impacto en la Percepción de Bitcoin y Blockchain:
    Sin embargo, este experimento anarco-capitalista tuvo consecuencias significativas para la percepción pública de Bitcoin y la tecnología blockchain. Al asociarse con transacciones criminalizadas como ilegales y actividades del mercado negro, SR contribuyó a la creencia errónea de que las criptomonedas eran herramientas exclusivas para actividades ilícitas.

    Caída de Silk Road y Lecciones Aprendidas:
    La historia de SR llegó a su fin en 2013 cuando las autoridades llevaron a cabo una operación que culminó en el cierre del mercado y la detención de Ross Ulbricht, el joven cerebro detrás de Silk Road. Este evento dramático puso de manifiesto la necesidad de abordar los aspectos éticos y regulatorios en la intersección de la tecnología y la libertad individual.

    Ross Ulbricht, el cerebro detrás de Silk Road, fue arrestado y en 2015 fue condenado por cargos relacionados con conspiración, fraude informático y lavado de dinero. Fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, lo que subraya las consecuencias legales severas que pueden enfrentar aquellos que osaron desafiar el status quo, ejercer la libertad sin cortapisas y  aprovechar la tecnología para actividades que no generan víctimas, pero  aún así, son criminalizadas.

    Conclusión:
    A pesar de su impacto negativo inicial, Silk Road dejó un legado que va más allá de la delincuencia cibernética. Esta historia real destaca la necesidad de encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y la responsabilidad individual. Mientras avanzamos en la era de las criptomonedas y la tecnología blockchain, debemos aprender de experiencias como Silk Road para forjar un futuro donde estas herramientas puedan ser utilizadas para el ejercicio responsable de nuestra libertad. Silk Road fue un experimento fallido en el anarco-capitalismo digital, pero su legado perdura en las conversaciones sobre la regulación, la privacidad y la ética en la era de las criptomonedas y la tecnología blockchain. La clave reside en cómo la sociedad y las autoridades reguladoras abordan estas herramientas para garantizar un equilibrio adecuado entre la libertad individual y la responsabilidad frente al colectivo legislador. La condena de Ross Ulbricht destaca las consecuencias significativas que pueden surgir cuando se utiliza la tecnología de manera absolutamente libre sin darnos cuenta que vivimos bajo el azote legal del Gran Hermano, apenas pocos años despues de 1984, donde lo situara el gran George Orwell.

  • La compleja relación humana con el canibalismo a lo largo de la historia

    La sociedad de la nieve es una película del director español J.A. Bayona sobre el accidente de avión de un equipo de rugby uruguayo en los Andes en 1972 que se ha estrenado hace unas semanas. Un aspecto importante de esta historia que ha cobrado protagonismo en estos días es la cuestión del canibalismo que la película aborda. El hecho histórico es que, tras el rescate, los supervivientes ocultaron en un primer momento que habían practicado canibalismo por temor. Después, fueron expuestos, censurados y recriminados por los medios como “caníbales”.

    El canibalismo se define como el acto o la práctica de comer miembros de la propia especie. Usualmente se refiere a los humanos que comen otros humanos. El primer caso de canibalismo ha sido atribuido a los neandertales, y hace más de 100 000 años la cueva francesa de Moula-Guercy fue testigo de ello.

    Se trata de una práctica documentada en África Occidental y Central, Melanesia, Nueva Guinea, en algunas islas de la Polinesia y en tribus de Sumatra. La práctica fue bastante común en las sociedades preestatales. En la historia contemporánea, los casos individuales se han atribuido a personas inestables o criminales y a situaciones de penuria como la crisis alimentaria en Ucrania, en los años 30 del siglo pasado, y en la Segunda Guerra Mundial, durante el sitio de Leningrado y en Bergen-Belsen, de acuerdo a los oficiales británicos que liberaron el campo de concentración.

    Pero el alcance de su relevancia en el momento actual es controvertido. Lo que resulta generalmente aceptado es que las acusaciones de canibalismo han sido históricamente más comunes que la propia práctica en sí, tal como menciona Alberto Cardín en Dialéctica y canibalismo. El caníbal casi siempre ha sido “el otro” en el imaginario colonial.

    El término caníbal es un legado de Cristobal Colón. Es la deformación de “Caribe”, pueblo originario de las Antillas y que Colón creyó que eran súbditos del Gran Khan de China (kannibals). Colón, preparado para encontrarse con el Gran Khan, llevaba consigo intérpretes arábigos y hebreos, y al escuchar de los nativos la palabra “caniba” (o “canima”) pensó que estos podían ser los hombres con cabeza de perro (cane-bal) descritos por el explorador John Mandeville.

    Pueblos caníbales

    Los judíos han sido acusados históricamente de comer niños cristianos, al igual que los gitanos. En la antigüedad, los griegos reportaban casos de antropofagia entre los pueblos no helénicos, los bárbaros. Y los españoles hacían lo propio en relación con el canibalismo azteca, aunque la antropofagia fue reportada durante las llamadas guerras floridas del Imperio azteca, siendo considerada una manifestación masiva de canibalismo.

    En este sentido, William Arens señalaba que, más allá de los casos de canibalismo de penuria, el canibalismo es un mito y que la descripción de un grupo humano como caníbal solo se trata de una afirmación retórica e ideológica para establecer la superioridad moral sobre este grupo.

    En una línea similar, Michel de Montaigne señalaba en el siglo XVI que se denominaba bárbaro (o caníbal) a todo aquel o aquello a lo que no se está acostumbrado y consideraba más bárbaro las guerras de religión en Francia y la tortura de los cuerpos vivos o que fueran echados a los perros que la ingestión por parte de los Tupinamba del cuerpo de un difunto.

    No obstante, la amplitud de los casos registrados muestra que el canibalismo no es una invención. La más reciente definición del canibalismo por F. B. Nyamnjoh se refiere al consumo de humanos en forma material, metafórica, simbólica o fantasiosa. De hecho, la extensión de internet ha contribuido a multiplicar las fantasías canibalísticas y sexualizadas de miles de personas que sueñan en los foros con devorar o ser devorados por miembros de su género sexual preferido.

    Asesinos y canciones de los Rolling Stones

    Cabe mencionar los casos extremos como el asesino en serie Fritz Haarmann (“el carnicero de Hannover”) o el de Armin Meiwes, un técnico de computadoras de Rotenburg (Alemania) que en 2001 solicitó por internet a “un chico joven, de entre 18 a 25 años” para comérselo (la demanda surtió efecto, pues Jürgen B. accedió a ello y fue asesinado y devorado por Meiwes).

    Uno de los casos más sorprendentes fue el del estudiante japonés de literatura inglesa Issei Sagawa, quien se comió a una estudiante alemana de la Sorbona en París en 1981, describiendo el acto con todo lujo de detalles. La forma en que reveló este hecho lo convirtió en un héroe nacional en Japón y ha escrito varios best sellers. Incluso los Rolling Stones le dedicaron una canción en 1986: Too much blood.

    El canibalismo no es ajeno a nosotros. El acto de la Eucaristía católico y la conmemoración de La última cena remiten a la idea de ingerir un tótem, símbolo sagrado de un grupo, clan o linaje, para absorber su poder distintivo. Tras el dogma de la transustanciación católica se expresa la idea de adquirir la divinidad (inmortalidad, perdón de los pecados…) por absorción comiendo el cuerpo de Cristo. Este “canibalismo ritual” comparte muchas de las características del concepto.

    En otras culturas en Asia y Australia, por ejemplo, existe la creencia de que comer el pene de un tigre proporciona mayor virilidad, y que comerse al enemigo (exocanibalismo) entre los baruya o que ingerir una parte de un difunto (endocanibalismo) entre los fore perpetuará su alma. El cuerpo de otro resulta un alimento para el cuerpo, la mente y el alma.

    La cuestión que surge es, por un lado, quién tiene el derecho a juzgar y evaluar los aspectos conflictivos de los pueblos del pasado; y, por otro, por qué se ha hecho característica habitual pensar que aquello que es solo extraordinario (canibalismo) es una costumbre.

    Un ejemplo de esto último es Pierre Clastres, quien habla de la normalidad de fenómenos como la guerra y el canibalismo entre los indios guayaki como si fueran propios de pueblos exóticos, cuando en muchos casos estos pueblos han sido las víctimas. A los andamaneses del Golfo de Bengala se les otorgó en Occidente una fama de caníbales por belicosidad, tal como describe Radcliffe-Brown en The Andaman Islanders (1922), ya que despedazaban a sus víctimas de guerra y acostumbraban a colgar los huesos de sus antepasados. De hecho, se escribieron diversas novelas donde, invariablemente, el argumento era un naufragio provocado por los arrecifes coralinos de la costa andamanesa, episodios de canibalismo y el relato del único superviviente.

    Perversiones individuales

    El canibalismo sería un fenómeno más propio, no de pueblos exóticos, sino una consecuencia de perversiones individuales, situaciones catastróficas y peculiares. En los años 90 los periodistas occidentales escribieron sobre el canibalismo en el contexto de la guerra civil de Liberia (1989-1997). El historiador Stephen Ellis sugería que las causas no eran solo políticas, sino que podían explicarse en términos religiosos o espirituales propios de los rituales de sociedades secretas.

    En suma, las descripciones contemporáneas del canibalismo, que parecen hacerse eco de los estudios arqueológicos, muestran que, de una forma u otra, como señalaba Claude Lévi-Strauss, “todos somos caníbales”.The Conversation

    David Lagunas, Profesor de Antropología, Universidad de Sevilla

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La esencia de la teoría de la relatividad de Einstein

    Albert Einstein provocó una revolución científica que permitía explicar el universo, el espacio y el tiempo, como un todo absoluto, finito, pero a la vez ilimitado y curvado sobre sí mismo. Incluso a los grandes físicos les costó entenderla. Más de un siglo después, seguimos intentando explicarla a la sociedad. La esencia de las tres teorías relativistas, la de Galileo, la especial de Einstein y su teoría general, nos señala el camino hacia una teoría final, de relatividad total, por ahora inalcanzable.

    Primero fue Galileo

    Galileo Galilei (1564-1642) fue el primero en formular el principio de relatividad, o covariancia. Lo hizo en 1632, en su libro Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo. El día segundo de diálogos, Filippo Salviati propone:

    “Enciérrate con un amigo en la cabina principal, bajo la cubierta de un barco más bien grande; y llévate moscas, mariposas y otros animalillos voladores. Cuelga una botella para que se vaya vaciando, gota a gota, en un amplio recipiente debajo. Haz que el barco vaya a tu velocidad preferida, siempre la misma, sin virar hacia uno u otro lado. Verás las gotas caer siempre en el recipiente, sin desviarse a popa, aunque el barco haya avanzado mientras las gotas aún estaban en el aire. Las mariposas y moscas seguirán con su vuelo habitual, como si nunca se cansaran de mantener la velocidad de la nave, por rápido que vaya; y jamás sucederá que se concentren a popa.”

    Galileo afirma que existe una ley universal para el movimiento uniforme (en línea recta, a velocidad constante). La ley es la misma en cualquier lugar, ya sea Madrid, Buenos Aires, la Luna o Marte. Tanto en reposo como montados en un tren, barco o cohete que se mueven a velocidad constante. En ausencia de una fuerza externa que afecte al sistema, éste permanecerá igual indefinidamente. Se conocen como sistemas de referencia inerciales.

    Si la ley es universal, ¿por qué hablamos de relatividad?

    La clave está en que la descripción de una misma realidad es distinta según el marco de referencia que se tome. Mirado desde el barco, son el mar alrededor y el puerto del que zarpó los que se desplazan.

    Así, la ley del movimiento (la ecuación matemática) es universal, pero su solución (la descripción de la realidad) es distinta en cada sistema de referencia (condiciones iniciales). De ahí el término “relatividad”.

    La galileana es la más simple de todas las teorías relativistas. Jean-Marc Lévy-Leblond la formuló de manera similar a la relatividad especial de Einstein. Aunque quedaba un cabo suelto, aparentemente pequeño pero esencial: las ecuaciones de Galileo no funcionan a la velocidad de la luz (c), ni siquiera a velocidades cercanas.

    Fenómenos inverosímiles

    En uno de sus cuatro trabajos fundamentales de 1905 (año bautizado como su annus mirabilis), Einstein publicó su teoría especial de la relatividad. Partiendo del principio de relatividad (de Galileo) y de la constancia de c (corroborada por el experimento de Michelson y Morley), obtuvo las transformaciones de Lorentz y de Poincaré. Estas se habían utilizado durante casi veinte años, pero Einstein las reformuló y demostró su significado interpretándolas como simples cambios de sistema de referencia de su teoría especial. Ambas revierten a las transformaciones de Galileo, cuando la velocidad es mucho menor que c. A partir de ahí todo encajaba, sin necesidad de que el espacio estuviera relleno de éter.

    Las consecuencias que se derivan de la teoría especial de la relatividad son extraordinarias, difíciles de digerir por quienes nos movemos siempre a velocidades insignificantes comparadas con la de la luz. Aparecen fenómenos inverosímiles: la simultaneidad de dos sucesos es relativa, el tiempo se dilata, las longitudes se acortan… Son fenómenos que se producen a velocidades cercanas a la de la luz, y que se han corroborado en multitud de experimentos de laboratorio llevados a cabo con partículas elementales, en fotónica, y que tienen aplicaciones prácticas en la vida cotidiana, como las señales GPS.

    Aunque la consecuencia más extraordinaria de la teoría especial de la relatividad es la equivalencia entre masa y energía: E=mc². Einstein afirmó que las leyes de conservación de la energía y de la masa eran “una y la misma ley” .

    “La idea más feliz de mi vida”

    La teoría general de la relatividad contiene solamente un postulado más: el principio de equivalencia. Einstein lo formuló un día en que tuvo la que llamó “idea más feliz de toda mi vida”.

    Ocurrió en 1907, mientras trabajaba en la Oficina de Patentes, en Berna. De repente, se sobresaltó al pensar qué ocurriría si, en aquel preciso instante, estuviese cayendo de pie desde el tejado de su casa. Mientras cayera, no existiría para él ningún campo gravitatorio. Si tuviese un objeto en la mano, una moneda o una manzana, y lo soltase, no caería a sus pies, seguiría junto a su mano, sin separarse de ella: no experimentaría… ¡ninguna gravedad!

    Conclusión: la fuerza de gravedad no es especial, es como cualquier otra fuerza mecánica que acelera un objeto (Einstein, 1907)

    La teoría general de la relatividad se fundamenta en este principio de equivalencia, tan simple como los dos anteriores de la relatividad especial. ¡Y no hay más!

    Eso sí, Einstein tardó aun diez largos años en formular las correspondientes ecuaciones.

    La dimensión tiempo entra en juego

    Cuando nos adentramos en la relatividad especial, aparece el tiempo como la cuarta dimensión de un espacio-tiempo que trasciende la concepción newtoniana. Esta idea, debida a Hermann Minkowski, deviene fundamental en la teoría de la relatividad general, en que la geometría misma del espacio-tiempo se ve afectada por la presencia de materia.

    Su “idea feliz” permitió a Einstein entender que la gravedad puede mutar en pura geometría y expresarse en términos de una deformación del tejido del espacio-tiempo: la gravedad se traduce en curvatura del espacio-tiempo.

    Einstein predijo con éxito la desviación de la luz de estrellas lejanas al pasar cerca del Sol durante el eclipse de mayo de 1919. También, la existencia de los agujeros negros, y de las lentes y ondas gravitacionales, cuya comprobación experimental tuvo que esperar bastantes años más.

    Hoy constituyen herramientas imprescindibles para el conocimiento de nuestro universo: su origen, su evolución, su futuro.

    Lo que queda por hacer

    Einstein reconoció enseguida que su teoría era aproximada, incompleta. Vaticinó que otros la mejorarían pronto, lo que todavía no ha ocurrido, aunque se intenta. La relatividad general funciona muy bien hasta energías altísimas; lo ha hecho, con precisión, en colisiones de agujeros negros de treinta masas solares. Pero a energías aún mayores, capaces de plegar el espacio-tiempo en capas, se prevén dificultades.

    Einstein no logró materializar el principio de relatividad total de Ernst Mach, que incluye las transformaciones más generales posibles de las coordenadas espacio-tiempo. Las ecuaciones definitivas deberían contener todos los movimientos posibles y no sólo los relacionados por una velocidad (Galileo) o aceleración constante (Einstein).

    Hasta aquí, lo esencial. A partir de aquí, todo un universo, a explorar con estas fabulosas herramientas.The Conversation

    Emilio Elizalde, Profesor de Investigacion Senior, Física Teórica y Cosmología, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE – CSIC)

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Corte Suprema argentina avala acceso al aceite de cannabis para epilepsia

    La reciente decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación argentina ha marcado un hito significativo en la garantía del acceso a tratamientos médicos para pacientes con condiciones crónicas. En este caso específico, el Máximo Tribunal ha obligado a una obra social a cubrir de manera integral el tratamiento con aceite de cannabis para un menor diagnosticado con epilepsia refractaria. Esta determinación se basa en el análisis de un caso similar resuelto en 2021, donde se evidenciaron mejoras significativas en la salud y calidad de vida de un niño con epilepsia luego de recibir este tratamiento médico.

    El fallo de la Corte Suprema surge a partir de la presentación de un padre, oriundo de Rosario del Tala, Entre Ríos, quien interpuso un amparo ante la Justicia provincial para solicitar la cobertura completa del tratamiento con aceite de cannabis medicinal («tratamiento compasivo») y el medicamento antiepiléptico SULTIAME. Estos fueron prescriptos por el neurólogo del menor debido a su cuadro clínico de «epilepsia y síndromes epilépticos».

    Inicialmente, la obra social se negó a cubrir el aceite de cannabis, argumentando que la Ley N° 27.350 establece al Estado Nacional como responsable de suministrar este producto. Sin embargo, tras la presentación del amparo, diferentes instancias judiciales provinciales fueron variando en sus resoluciones, limitando la cobertura del tratamiento médico.

    Finalmente, el caso llegó a la Corte Suprema, que, mediante la firma de los ministros Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz, Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti, decidió dejar sin efecto las decisiones previas y respaldar la demanda del padre del paciente. La Corte consideró que el tratamiento con aceite de cannabis había demostrado mejoras sustanciales en la salud y calidad de vida de menores con epilepsia, conforme a un caso análogo resuelto en 2021.

    En la sentencia, se destacó que el uso continuado del aceite de cannabis había reducido notoriamente las convulsiones del menor, además de mejorar su alimentación, movilidad, atención e interacción social. Los jueces resaltaron la importancia de garantizar el acceso a tratamientos integrales, basándose en la prescripción médica, la falta de efectividad de tratamientos convencionales y el consentimiento informado del paciente.

    Este fallo establece un precedente importante en la protección de los derechos de las personas con discapacidad y condiciones médicas crónicas, enfatizando la obligación de las entidades de salud de cubrir integralmente tratamientos que han demostrado ser beneficiosos para la salud y calidad de vida de los pacientes.

    La Corte Suprema, al hacer hincapié en la Ley 24.901 y la ley provincial 9891, ha sentado un precedente significativo, recordando la obligación de las entidades de salud de asumir el costo de tratamientos médicos específicos, como es el caso del aceite de cannabis para pacientes con epilepsia refractaria, respaldando así el derecho fundamental a la salud y la calidad de vida de los pacientes.

    En conclusión, este fallo representa un avance en la protección de los derechos de las personas con condiciones médicas crónicas, estableciendo la responsabilidad de las obras sociales en la cobertura integral de tratamientos médicos que han demostrado mejoras sustanciales en la salud y bienestar de los pacientes.

  • Por qué la gente desea líderes autoritarios?

    La historia nos ha mostrado momentos en los que líderes autoritarios han surgido en contextos de crisis, prometiendo soluciones rápidas y efectivas. Sin embargo, la idea de que la salida autoritaria sea la única alternativa viable no es necesariamente cierta ni sostenible a largo plazo.

    Las soluciones autoritarias a menudo sacrifican libertades individuales y derechos democráticos en aras de la estabilidad o el progreso a corto plazo. Aunque estos líderes puedan implementar reformas aparentemente efectivas, frecuentemente lo hacen a expensas de la participación ciudadana, la diversidad de opiniones y la rendición de cuentas. Esto puede generar problemas más graves a largo plazo, como la falta de representación, la corrupción sistémica y la erosión de las libertades fundamentales.

    La solicitud de autoritarismo en lugar de democracia puede surgir de la desesperación y la falta de confianza en las instituciones existentes para abordar los problemas de manera efectiva. A veces, las democracias enfrentan obstáculos para brindar soluciones rápidas debido a la burocracia, la corrupción o la falta de consenso político.

    La atracción hacia líderes mesiánicos, en ocasiones con rasgos autoritarios, se nutre de dos motivos fundamentales.

    Primero, la desesperación ante la crisis económica, moral y social puede llevar a la búsqueda de líderes que prometan estabilidad y soluciones inmediatas. Estos líderes, presentándose como salvadores, pueden captar la atención de quienes ven en ellos la posibilidad de restaurar el orden y la prosperidad perdidos.

    Segundo, la desconfianza en las instituciones democráticas existentes puede generar un vacío de poder, donde líderes carismáticos se presentan como alternativas viables en medio del desencanto con la clase política tradicional. Su discurso enérgico y su capacidad para conectar emocionalmente con la población los convierten en figuras atractivas para aquellos que sienten que el sistema actual no les representa.

    A menudo, la gente puede votar por modelos autoritarios por frustración con el status quo, preocupaciones económicas, miedo a la inseguridad o una sensación de falta de representación por parte de la clase política tradicional. En algunos casos, la retórica populista o el carisma de ciertos líderes pueden influir en las decisiones de voto.

    Es importante tener en cuenta que las elecciones son un reflejo de una variedad de opiniones, perspectivas y circunstancias individuales y colectivas. No todas las personas que votan por modelos autoritarios lo hacen necesariamente porque apoyan todas las facetas del autoritarismo, sino que pueden ver en ciertos líderes una solución a problemas específicos que consideran urgentes.

    Estos líderes, cuando alcanzan el poder, muchas veces casi de casualidad, enfrentan el desafío de gobernar sin una mayoría clara en el parlamento o congreso. La ausencia de respaldo legislativo puede conducir a intentos de consolidar su poder mediante decretos ejecutivos o modificaciones institucionales, planteando un riesgo para la estabilidad democrática.

    Es esencial comprender que la concentración de poder en manos de líderes que asumen el poder sin mayorías puede representar un peligro latente para la democracia. Gobernar sin el respaldo parlamentario adecuado puede desencadenar decisiones unilaterales y socavar los controles necesarios para evitar el abuso de poder.

    Esta concentración de poder en manos de un ejecutivo sin el contrapeso adecuado puede ser preocupante y llevar a un aumento del autoritarismo si no se maneja con cautela.

    La falta de equilibrio de poder entre los diferentes poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) es una preocupación legítima en términos de mantener la democracia funcional. La separación de poderes es esencial para evitar el abuso de poder y garantizar la rendición de cuentas. Cuando un líder carece de mayoría en el parlamento, es crucial buscar consensos, negociar y trabajar en alianzas para avanzar en políticas que beneficien a la sociedad en su conjunto.

    La construcción de mayorías a través del diálogo político, la negociación y el compromiso son fundamentales para garantizar una gobernanza efectiva en democracia. Los líderes que llegan al poder en circunstancias de fragmentación electoral deben enfocarse en la cooperación y la construcción de consensos en lugar de buscar concentrar un poder excesivo en el ejecutivo.

    La clave para abordar esta situación radica en fortalecer la participación ciudadana, promover una educación cívica robusta y trabajar en la construcción de consensos políticos. Es necesario fomentar una democracia participativa, donde el diálogo, la negociación y el respeto por la separación de poderes sean pilares fundamentales.

    En tiempos de incertidumbre, la sociedad necesita líderes comprometidos con la colaboración, la transparencia y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Solo así se podrá mitigar el riesgo de caer en el ciclo peligroso del autoritarismo que, aunque prometa soluciones rápidas, compromete los pilares mismos de la libertad y la justicia en una sociedad.

  • Nuevo Año: Celebrando la Libertad, la Convivencia y la Solidaridad

    Mientras nos acercamos al umbral de un nuevo año, es hora de reflexionar sobre el viaje que hemos recorrido y mirar hacia adelante con esperanza, determinación y una renovada apreciación por los valores que nos unen como seres humanos.

    El fin de un año es mucho más que una fecha en el calendario; es un momento para recordar la importancia de la libertad. La libertad que nos permite ser quienes somos, expresarnos y buscar nuestros sueños. Es el derecho fundamental que nos conecta a todos, sin importar nuestras diferencias. En este nuevo año, abracemos esa libertad y trabajemos para que todos puedan disfrutar de ella plenamente.

    La convivencia en armonía es otro pilar esencial de nuestra existencia. En un mundo lleno de diversidad, es la convivencia respetuosa y amorosa la que enriquece nuestro tejido social. Abramos nuestros corazones a la comprensión, la tolerancia y el diálogo constructivo. Este 2024, celebremos nuestras diferencias como un símbolo de nuestra riqueza humana, reconociendo que juntos somos una sociedad más fuerte.

    La empatía, esa capacidad de ponernos en el lugar del otro, como nos decía Adam Smith, es el pegamento que une nuestras vidas. En un mundo que a menudo parece estar dividido, la empatía es la fuerza que nos une. Practiquemos la empatía en cada interacción, recordando que detrás de cada rostro hay una historia, alegrías y luchas que merecen nuestro respeto y comprensión.

    La solidaridad es el faro que ilumina los tiempos oscuros. Nos recuerda que somos una familia global y que nuestra responsabilidad con el prójimo es fundamental. En este nuevo año, extendamos nuestra mano a quienes más lo necesitan, apoyemos causas justas y trabajemos juntos para construir un mundo más equitativo y compasivo.

    Recordemos que cada nuevo año es una oportunidad para crecer, aprender y mejorar como individuos y como sociedad. Es un lienzo en blanco que nos invita a pintar con colores de esperanza, amor y unidad.

    En el 2024, comprometámonos a hacer del mundo un lugar más luminoso. Celebremos la libertad que nos une, valoremos la convivencia respetuosa, practiquemos la empatía en cada paso y brindemos nuestra solidaridad a aquellos que lo necesitan.

    Que este nuevo año esté lleno de momentos que nos desafíen, nos inspiren y nos acerquen unos a otros. Juntos, construyamos un futuro donde la libertad, la convivencia, la empatía y la solidaridad sean los cimientos sobre los cuales florezca la esperanza para todos.

    ¡Feliz año nuevo!

  • Inmigración y Liberalismo: Una Perspectiva Reflexiva

    En un artículo reciente para ABC, Guy Sorman aborda el tema candente de la inmigración y el auge del populismo en Europa.

    En un mundo azotado por la desinformación y las interpretaciones sesgadas, la reciente cobertura de las elecciones parlamentarias en Países Bajos ha ilustrado cómo los titulares pueden distorsionar la realidad. La victoria aparente del partido de Wilders se ha presentado como un triunfo rotundo de la extrema derecha. No obstante, una mirada más detallada revela una situación matizada: 35 escaños de 150 no equivalen a un dominio absoluto ni a una señal de asunción del poder.

    ¿Por qué temer al partido de Wilders? La etiqueta de «extrema derecha» parece más una representación simplista. Sería más preciso definirlo como populista, una ideología que, ya sea de derecha o izquierda, niega la diversidad y busca la uniformidad cultural y nacionalista. Este populismo, arraigado en la hostilidad hacia la inmigración, ha ganado terreno en varios países europeos, planteando cuestionamientos sobre su compatibilidad con la democracia.

    Es crucial discernir que si bien los populistas pueden rechazar la diversidad, cuando acceden al poder, su actuación tiende a ser más moderada de lo que sus discursos proclaman. Esta moderación ha sido evidente en países como Italia, Suecia y Eslovaquia, aunque Hungría presenta un panorama más preocupante para la democracia.

    Resulta injusto demonizar a los populistas opuestos a la inmigración. Representan una parte significativa de la población y encarnan preocupaciones legítimas. Si bien es válido no compartir esas inquietudes, no se puede tachar de fascistas a todos los votantes que respaldan estos partidos. Es fundamental aceptar los resultados y analizarlos desde una perspectiva liberal.

    El paradigma liberal exige reconocer la dignidad de todos los ciudadanos, independientemente de sus creencias, siempre y cuando respeten la Constitución. El aumento del voto populista en Europa es sintomático de una inquietud real. Podemos cuestionar a aquellos hombres blancos que temen la supuesta islamización de la sociedad, pero ¿podrían tener razón en sus temores? Desde una óptica liberal, comprender la naturaleza de esta migración es primordial.

    La migración no está exclusivamente compuesta por los más desfavorecidos, sino también por individuos emprendedores. Su arduo viaje hacia Europa merece compasión. A nivel demográfico, estos inmigrantes contrarrestan el envejecimiento de la población europea. Aportan mano de obra en sectores desatendidos por locales, aunque también se benefician de servicios públicos financiados por impuestos europeos.

    El debate migratorio carece de reflexión. Los populistas se oponen, pero ofrecen pocas soluciones realistas. Los demás partidos, a menudo, evitan abordar la problemática. ¿Existe una solución? Los principios liberales podrían proporcionar un camino viable.

    Los liberales abogan por dos enfoques en materia migratoria. Uno de ellos, planteado por economistas como Gary Becker, sugiere que los inmigrantes paguen una tasa de entrada, dado que acceden a un capital acumulado del que no han contribuido. Esta teoría, aunque no implementada, ilustra las implicaciones económicas de la migración.

    Otra alternativa, la «solución helvética», adoptada por Suiza hasta 2016, establecía cuotas anuales de inmigración basadas en las necesidades laborales. Esta propuesta, promovida por Daniel Cohn-Bendit, propone que la Eurocámara adopte cuotas periódicas de inmigración legal, legitimando así la inmigración bajo parámetros controlados.

    En lugar de temer una toma de poder de la extrema derecha o abrazar la inmigración sin restricciones, aboguemos por una solución realista, humana y aceptable para todas las partes involucradas. Los liberales tienen la responsabilidad de elevar su voz en este debate y ofrecer soluciones fundamentadas en los valores de dignidad, libertad y respeto.

    El texto original de Guy Sorman plantea una perspectiva desafiante y reflexiva sobre la inmigración, destacando la necesidad de soluciones pragmáticas en consonancia con los principios liberales. La inmigración, vista desde este prisma, se convierte en un tema complejo que requiere un análisis profundo y soluciones innovadoras para abordar sus múltiples facetas con humanidad y sensatez.

  • Un paseo desde la Navidad occidental hasta el Año Nuevo chino

    Con emoción hemos entrado en el mes más festivo del año: diciembre. Durante esta época, en Occidente mucha gente está inmersa en la alegría de la Navidad, lo que equivale, más allá del mero significado religioso, a disfrutar de la familia y los amigos. Esto no es muy distinto a lo que se vive en China, donde la gente también se prepara para la llegada del Año Nuevo chino.

    El Año Nuevo chino (también conocido como el 春节, “Festival de Primavera”) cae el primer día del primer mes del calendario lunar. Tradicionalmente, China utiliza dos calendarios al mismo tiempo: el calendario solar, que se utiliza para la producción agrícola, y el lunar.

    El primero, que depende del movimiento del sol, coincide completamente con el que utilizamos en Occidente (12 meses y 365 días al año). El calendario lunar, por su parte, depende del movimiento del satélite que le da nombre y se divide en 12 meses y 360 días al año para coincidir con las cuatro estaciones (con un mes bisiesto cada cuatro años). Este último es el que pone fecha a las fiestas.

    El próximo Festival de Primavera, según el calendario gregoriano, se celebrará el 10 de febrero de 2024. El año del conejo de agua dará entonces paso al año del dragón, el único animal mítico entre los doce signos del zodíaco, una criatura que simboliza poder, nobleza, honor, suerte y éxito.

    Igual que la Navidad “occidental” está repleta de fiestas hasta que llega el 31 de diciembre, China también celebra tres importantes festivos tradicionales hasta la llegada del Festival de Primavera: el Festival de Laba (腊八节), Xiaonian (小年) y la víspera del Año Nuevo chino (除夕).

    Festival de Laba (腊八节)

    La palabra Laba (腊八) significa “día 8 de diciembre”, por lo que este festival se celebra en esa fecha según el calendario lunar (18 de enero de 2024 en el calendario gregoriano).

    Un círculo blanco y negro en el que el blanco tiene un punto negro y viceversa, rodeado de ocho grupos de líneas con diferentes diseños.
    Imagen de una Tai Chi-Bagua.
    Meul/Wikimedia Commons, FAL

    La presencia del número ocho no es casual. Dicen que se originó en la tabla china de Tai Chi-Bagua (太极八卦图), que, según el Tai Chi, representa, junto al yin y el yang, los ocho fenómenos naturales que componen el mundo: cielo, tierra, trueno, viento, agua, fuego, montaña y luz. Se cree que estos fenómenos fueron dados por Dios y por eso el ocho es el número de la suerte para los chinos.

    En el budismo existe una hermosa leyenda sobre el Festival de Laba. Según esta, cuando el Buda Sakyamuni era joven, observó cómo todos los seres vivos sufrían a través de las etapas de la vida: nacimiento, vejez, enfermedad y muerte. Para buscar el verdadero significado de la existencia y la liberación tanto de la vida como de la muerte, abandonó su prosperidad y se hizo monje. Finalmente, se iluminó y se convirtió en Buda. Esto sucedió el 8 de diciembre del calendario lunar.

    Para conmemorar este día, los budistas comenzaron a cocinar gachas de Laba, un plato tradicional chino muy rico en nutrientes y de sabor dulce. Como sugiere el nombre, la gacha de Laba se elabora a partir de semillas de ocho tipos de plantas. Generalmente incluye arroz, mijo, judías rojas y negras, dátiles rojos, semillas de loto, maní, maíz y cebada.

    La medicina tradicional china cree que las semillas contienen la energía necesaria para el crecimiento de la vida, lo que convierte a este plato en uno muy beneficioso para la salud. Comerlo este día significa que se tendrá una vida dulce y saludable durante el nuevo año.

    Festivo de Xiaonian (小年)

    Xiaonian se traduce literalmente como “año pequeño”: el “año pequeño” que da paso al “año grande”, es decir, al Año Nuevo chino. El Xiaonian se suele celebrar el 23 de diciembre en el norte y el 24 en el sur (2 y 3 de febrero de 2024 respectivamente, según el calendario gregoriano), debido a la gran extensión de territorio que conforma el país oriental.

    Este día por la mañana, todos los hogares preparan comida tradicional para el Dios de la Cocina (el más importante de los dioses domésticos, que protege el hogar y la familia). Después de comer, el Dios de la Cocina regresa al Palacio Celestial (lugar donde viven las deidades en la mitología China) para informar al Emperador de Jade (Dios supremo) del comportamiento de la familia durante el año.

    Por ello, en la ceremonia de despedida del Dios de la Cocina se suele ver el siguiente verso: “上天言好事,下界降平安” (“Por favor, Dios de la Cocina, háblele bien de nosotros al Cielo, y tráiganos paz cuando vuelva a la Tierra”). Estas palabras expresan los buenos deseos de la gente para el próximo año.

    Tras esta ceremonia, también se lleva a cabo el sǎoshè (扫舍), la limpieza de las casas, fundamental antes de dar la bienvenida al nuevo año.

    Festivo de Chuxi (除夕)

    El “Festivo de Chuxi” en China equivale a la Nochevieja occidental. Durante esa noche, con una tradición de más de dos mil años, toda la familia se reúne para comer comida tradicional china, tomar té, charlar y recibir felizmente el nuevo año. Además, los padres suelen entregar a sus hijos sobres rojos con dinero (红包 hóng bāo o 压岁钱 yā suì qián, “dinero de la suerte”).

    Una niña china recibe de sus parientes adultos un sobre rojo.
    Los padres les dan sobres rojos con dinero a sus hijos para desearles buena suerte y salud.
    Maples Images/Shutterstock

    Esta tradición tiene su origen hace miles de años, cuando se utilizaban monedas de cobre. Estaban grabadas con patrones de animales de la buena suerte como dragones, fénix, tortugas, grullas y peces, así como expresiones chinas como 千秋万岁 (“longevidad”) o 天下太平 (“paz en el mundo”). Los padres se las daban a sus hijos deseándoles que reprimiesen los espíritus malignos, creciesen saludables y estuviesen seguros y felices el próximo año. Lo hacían en sobres o hilos rojos, el color del sol en el cielo y de las flores en la tierra.

    El rojo se ha consolidado como el color festivo tradicional de China. Las calles se vuelven carmesíes y se colocan carteles –tiras de papel con versos– del Festival de Primavera en las puertas y rejas de las ventanas. También se cuelgan linternas, entre otros accesorios decorativos –todos rojos–, para dar la bienvenida al nuevo año.

    En definitiva, a pesar de que la Navidad occidental y el Año Nuevo chino parecen fiestas muy diferentes, durante estas fechas damos importancia a lo mismo: la salud, la felicidad y la familia.

    ¡Les deseamos a todos una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo!

    圣诞节快乐!新年快乐!The Conversation

    Anabel Mederos Cedrés, Personal investigador de lengua española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; Lili Wang, Profesora de lengua y cultura china, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y María-Teresa Cáceres-Lorenzo, Profesora e investigadora de la ULPGC, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.