Categoría: Cultura y Sociedad

  • ¿Son arte los NFT que se venden como tal?

    Los NFT (token no fungible, por sus siglas en inglés) son obras digitales que pueden ser compradas y vendidas como cualquier otro tipo de propiedad, pero no tienen forma tangible. Una fotografía digital o un vídeo, por ejemplo, son piezas de arte que no existen en el mundo físico.

    Hasta ahora, los artistas que trabajaban con soportes digitales tenían verdaderas dificultades para comercializar su producto porque no podían firmar y seriar su obra como se haría con un grabado o una foto impresa, es decir, era imposible distinguir el original de una copia. Con la inclusión de un NFT se puede confirmar la autenticidad, con el añadido de que se registra la historia de compraventas futuras, lo que supone que el artista puede obtener también los derechos de autoría de cada transacción.

    Tengamos claro que un NFT es un certificado. No es un tipo de obra de arte ni una técnica de creación ni un movimiento artístico. Hasta aquí parece que todo son ventajas para los artistas y los coleccionistas. ¿Dónde está la polémica? En que se están pagando cantidades muy altas por estas obras de arte o por cualquier cosa que sea un NFT.

    El mercado del arte y las criptomonedas

    Las obras de arte digitales tenían muchos problemas a la hora de venderse porque era difícil asegurarle al comprador la posesión de una pieza cuya naturaleza es ser distribuida y accesible a todo el mundo. La creación de Bitcoin en 2009 trajo consigo la tecnología blockchain como registro distribuido e inmutable, un recurso ideal para los artistas digitales que podían, al fin, competir en un mercado, el del arte, que se sustenta en la autenticidad y la escasez.

    Catálogo de los CryptoKitties. CryptoKitties

     

    A partir de 2014 comenzaron a aparecer las primeras plataformas que ofrecían a los artistas el registro de propiedad intelectual en una blockchain y muchos comenzaron a vender sus obras digitales con certificados de autenticidad NFT. En 2017 los tokens no fungibles se crean en Ethereum, comienzan a interesarse los inversores en criptomonedas, y aparecen NFT como los CryptoPunks, retratos de personajes generados por un algoritmo, o los CryptoKitties, un juego de gatos virtuales.

    ¿Pagar por algo que puede tener gratis?

    El rendimiento de las obras artísticas es tremendamente volátil. Los precios dependen de diversas variables, como son las fluctuaciones de la oferta y la demanda en el mercado, el número de intermediarios que haya en el momento de la venta o las situaciones específicas que afecten directamente al currículum del artista como son las exposiciones, las adquisiciones para colecciones de prestigio o los premios.

    En el caso de un NFT, esto funciona igual. O debería, porque lo que debemos valorar es la obra (aunque no exista físicamente), y el NFT sería únicamente un certificado. Puede parecer curioso que alguien esté dispuesto a pagar por una pieza digital que puede disfrutar gratis, pero también podemos leer a Joanne Kathleen Rowling sacando sus libros de la biblioteca, y entenderíamos que alguien pagara una gran suma de dinero por tener una primera edición de Harry Potter y la piedra filosofal firmada por la autora.

    Cualquier archivo MP3, cualquier meme o cualquier JPG se puede retransmitir una y otra vez. Eso significa que todos tenemos la posibilidad de verlo o escucharlo, y de tenerlo descargado en el móvil. Y cuando todo está disponible de manera infinita, deseamos aún más tener algo especial. Es lo que proporcionan los NFT, una prueba de que la versión que tenemos es diferente. Pagamos por el derecho a presumir. O por poseer algo en exclusividad que nos hace diferentes.

    Pero un NFT representa también un valor financiero o un activo digital. Son como fichas de casino que se pueden usar para comprar arte, se crean como las criptomonedas y, a diferencia de otros activos como el Bitcoin, no se pueden dividir ni reemplazar por otro activo. Cuando se compra un NFT, se puede transferir, vender o regalar, pero no se puede copiar ni eliminar. Eso es lo que explica que se esté vendiendo una colección de 10 000 NFT de retratos de monos en The Bored Ape Yacht Club de dudoso valor artístico, el hecho de que se esté utilizando el certificado como una inversión en criptomoneda, evitando las grandes fluctuaciones del mercado.

    Ejemplos de los NFT de Bored Ape Yatch Club. Bored Ape Yatch Club

     

    Así que, por un lado, los NFT utilizados para la autentificación de obras que tienen valor intrínseco son un gran avance para los artistas digitales que pueden, al fin, ver recompensado su trabajo. Muy probablemente se extenderán para autentificar las obras de arte en soportes físicos. Pasado el boom inicial, lo cierto es que las posibilidades de tener un éxito aceptable en este campo siguen siendo muy pocas incluso para los artistas digitales con más trayectoria. Las compraventas se están estabilizando y asemejando a las del coleccionismo tradicional.

    Pero, por otro lado, son una inversión. Al menos de momento. Más pronto que tarde el uso de los NFT se extenderá y se hará habitual más allá del arte, porque serán necesarios para comprar artículos con los que distinguirnos en el metaverso, que, nos dicen, será el espacio habitual de socialización.The Conversation

    Joan Feliu Franch, Profesor de didáctica de las Ciencias Sociales, Universidad Internacional de Valencia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La mascarilla obligatoria en educación primaria no frenó el coronavirus de manera significativa

    Desde el principio de la pandemia de covid-19, la obligación del uso de la mascarilla ha sido una de las medidas impuestas para intentar reducir la transmisión que más controversia ha generado. El debate se ha centrado principalmente en su uso en exteriores, si conllevan perjuicios para la salud y si son efectivas.

    Diversos estudios experimentales han mostrado que la eficacia de las mascarillas para impedir la emisión o inhalación de partículas está entre el 20 y el 90 %. Estos porcentajes varían según el tipo de mascarilla, el tiempo de uso y el nivel de ajuste. Reducciones similares se han encontrado al analizar la transmisión entre animales de laboratorio y en entornos humanos muy controlados.

    Sin embargo, en el mundo real el uso de mascarillas parece reducir la transmisión en menor medida.

    En Europa, cada país ha ido modificando su política de uso de las mascarillas en función de su disponibilidad, el tipo de actividad, el entorno, la incidencia y las evidencias científicas disponibles en ese momento. Solo unos pocos países se han limitado a recomendar su uso sin hacerlo obligatorio pero, en cualquier caso, sin analizar qué efectos tiene la obligatoriedad de su uso.

    El debate de la mascarilla en los colegios

    El debate sobre el uso obligatorio de la mascarilla en el entorno escolar ha sido aún mayor. A los pocos meses del inicio de la pandemia se hizo evidente que la covid-19 es una enfermedad cuya gravedad aumenta con la edad, por lo que la población pediátrica se ve mucho menos afectada que la adulta.

    Varias hipótesis pueden explicar esto. Entre ellas, diferencias en la respuesta del sistema inmunitario y respuestas cruzadas mediadas por anticuerpos generados frente a otros coronavirus estacionales.

    Además, a diferencia de lo que ocurre con la gripe, los niños no son más transmisores que los adultos. Por estos motivos, organismos de referencia internacionales como la OMS y el ECDC solo recomiendan el uso de mascarillas para los niños mayores de 12 años o para edades comprendidas entre los 6 y 11 años si la transmisión comunitaria es elevada.

    Algunos estudios realizados sobre la efectividad de la obligación del uso de las mascarillas en entornos escolares han llegado a diferentes conclusiones, muchas veces contrapuestas.

    Para salir de dudas, sería necesario realizar un estudio con un diseño controlado y aleatorizado en el que algunos niños usaran mascarillas y otros no, pero esto tiene complicaciones prácticas y éticas. Por suerte, existen diseños alternativos que se pueden acercar bastante.

    Un estudio cuasi-experimental

    Recientemente hemos analizado tres variables en los niños de Cataluña de los tres cursos de educación infantil (P3-P5, 3-5 años) y de los seis cursos de educación primaria (6-11 años). Estas fueron las variables:

    1. La incidencia de covid-19.
    2. La tasa de ataque secundario (TAS): el porcentaje de casos que aparecen entre los niños expuestos a un caso inicial.
    3. El número reproductivo R*: el número de casos que genera un caso índice.

    Durante el periodo analizado, e independientemente del nivel educativo, el protocolo obligaba a que, si aparecía un positivo en un aula, todos esos alumnos debían confinarse durante 10 días. Además, se realizaba una PCR a todos ellos. En ese momento la variante predominante era delta y aún no había empezado la vacunación de los menores de 12 años.

    La prepublicación, que está pendiente de ser revisada por pares, se ha realizado con datos del primer trimestre del curso 2021-2022. Incluye aproximadamente a 600 000 niños de 1 900 escuelas organizados en más de 28 000 grupos burbuja.

    La única diferencia entre ambas etapas escolares en lo que respecta a las medidas para prevenir los contagios es que en primaria el uso de la mascarilla era obligatorio en el centro escolar.

    El diseño de este estudio cuasi-experimental, sin llegar a estar controlado y aleatorizado, sigue una metodología muy parecida. Algo más alejados están los estudios más comunes sobre mascarillas: estos son de tipo ecológico (observacionales), en los que se comparan datos de territorios diferentes, y en ellos resulta difícil separar los factores de confusión.

    La incidencia aumenta con la edad

    Nuestro estudio reafirma los resultados de otro previo al observar que la incidencia sigue una tendencia creciente con la edad, con una menor incidencia en infantil que en primaria. Un 1,7 % de los alumnos de P3 se contagiaron, frente al 5,9 % de los de 6º curso de primaria.

    Incidencia media para curso. La mascarilla es obligatoria a partir de 1º de primaria. Author provided

     

    Además, probablemente la mayoría de los contagios no se produjeron dentro del grupo burbuja, ya que en un 57 % de las ocasiones en las que se identificó un caso en un aula no apareció ningún otro caso. En infantil este porcentaje fue incluso mayor, del 70%.

    Quizás la comparación más relevante para analizar el impacto de la obligatoriedad de llevar mascarillas en la escuela sea estudiar las diferencias de transmisión entre el último curso de infantil (5 años, mascarilla no obligatoria) y el primer curso de primaria (6 años, mascarilla obligatoria). Las edades son tan cercanas que se minimiza el efecto que puede ejercer la edad en la transmisión.

    El resultado es que no hay diferencias significativas entre P5 y el primer año de educación primaria en relación a los indicadores de transmisión del SARS-CoV-2 analizados.

    la mascarillaTasa de ataque secundario y número reproductivo efectivo en el último curso de infantil y primero de primaria. Author provided

     

    Incluso asumiendo que el aumento de la tasa de ataque secundario con la edad observado en los cursos de primaria debiera mantenerse en los cursos de infantil, el ligero incremento entre lo observado y lo esperado en P5 no es estadísticamente significativo. Por el contrario, los datos de P3 y P4 sugieren valores inferiores a los esperados.

    Las diferencias de TAS y R* entre los valores observados y esperados en P5 podrían explicarse por la diferente obligación del uso de mascarillas entre infantil y primaria, pero también puede influir la diferente dinámica del aula en educación infantil y en primaria, que implica un contacto más estrecho entre los niños a edades más tempranas.

    Porcentaje de brotes con algún caso secundario. Author provided

     

    A pesar de que la mascarilla no era obligatoria entre los alumnos de infantil, la menor transmisión del SARS-CoV-2 en estas edades puede estar asociada a la respuesta inmunológica innata, que evoluciona hacia un patrón de respuesta inmunológica similar al de los adultos cuando el niño entra en la etapa de primaria.

    Otra posibilidad es que las mascarillas utilizadas tengan poca capacidad de contención de partículas, ya sea por el material o por un ajuste en general defectuoso en un entorno infantil, debido al gran número de horas de interacción. En cualquier caso, no parece razonable exigir a un niño de primaria que lleve todo el día una mascarilla con el mismo cuidado que un adulto.

    ¿Debe ser obligatoria la mascarilla para los niños de primaria?

    A la vista de los datos analizados se puede concluir que la evidencia científica no apoya la obligación del uso de la mascarilla en la etapa de primaria porque esta política no ha demostrado una reducción significativa de la transmisión del virus en comparación con los cursos de infantil.

    Los resultados son similares a los encontrados en otros estudios, que observan una menor efectividad en entornos escolares que en los estudios en laboratorio.

    Por el contrario, sí observan diferencias otros estudios de tipo ecológico en los que se comparaban diferentes regiones con diferente política respecto al uso de mascarillas en la escuela. Sin embargo, este tipo de estudios ecológicos deben ser interpretados siempre con cautela por su alto riesgo de estar afectados por variables no controladas. Por ejemplo, el CDC de los Estados Unidos define el contacto estrecho (y por tanto la búsqueda de casos secundarios) de forma diferencial, ya que no considera como contacto estrecho los que se dan entre 3 y 6 pies de distancia cuando los alumnos usan mascarilla.

    En el estudio realizado en las escuelas de Cataluña, de hecho, no se observan diferencias significativas en indicadores de transmisión entre alumnos con uso obligatorio y alumnos sin él. Es evidente que durante el periodo analizado podría haber niños de infantil con mascarilla en el aula porque así lo decidieron sus padres, pero probablemente no suponía un porcentaje importante de los niños. Además, el estudio solo pretende mostrar si la obligación de llevar mascarillas en las aulas de primaria ha sido efectivo para reducir la transmisión de manera significativa.

    Aunque hay muchos factores que pueden jugar un papel en el resultado observado (dificultades de uso y ajuste, menor incidencia en niños, tiempo de uso demasiado prolongado, tipo de mascarilla, diferencias con otros entornos como el hospitalario o residencial), a la luz de este estudio no parece que la medida (la obligación de uso de mascarillas en las aulas) en el entorno escolar haya sido efectiva.

    En resumen, si bien hay estudios que muestran que las mascarillas, como tecnología, son eficaces para filtrar un gran porcentaje de partículas y virus, esto no significa que su uso obligatorio en entorno escolar sea efectivo para reducir la transmisión. La diferencia entre eficacia y efectividad es una cuestión importante a tener en cuenta en salud pública.


    Este artículo ha sido escrito en colaboración con todos los autores del estudio.The Conversation


    David Pino González, Profesor agregado, Departamento de Física, Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Rusia: terror blanco, terror rojo y terror a secas

    El sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder: el terror a secas.

    Dadas las circunstancias espantosas que hoy se vive en Ucrania debido a la invasión del criminal Putin, se hace imprescindible volver sobre el historial ruso. Machacar con verdades resulta necesario en la esperanza de influir sobre algunas mentes nobles que deben ser sacudidas de tanta propaganda totalitaria.

    Como introducción a esta nota periodística consigno que en su discurso inaugural de 2019 en Ucrania, el flamante presidente Volodimir Zelensky dijo a los legisladores: “No quiero mi foto en sus oficinas: el presidente no es un ícono, un ídolo o un retrato. Cuelguen las fotos de sus hijos y miren a ellos cada vez que ustedes tomen una decisión”. Fue un ejemplo de higiene moral para todos los políticos del mundo.

    Se ha dicho muy liviana y estúpidamente que el régimen actual ruso es de “capitalismo de amigos” lo cual constituye una contradicción en los términos puesto que el capitalismo o liberalismo es un sistema que inexorablemente conlleva la división de poderes, libertad de prensa, partidos políticos en competencia y libertad de mercado todo lo cual es abolido en la Rusia actual, además de persecuciones implacables a toda disidencia, envenenamiento de opositores y encarcelamiento de toda manifestación de protesta contra las botas del régimen. El capitalismo no se agota en transferencias bancarias, es antes que nada un sistema moral basado en el respeto recíproco, lo cual está a todas luces ausente en el actual sistema dominado por una banda de forajidos.

    En este sentido cabe destacar que Alexei Navalny —dirigente de la oposición en la clandestinidad y uno de los envenenados por Putin, rescatado por médicos alemanes— ahora desde su presido en Moscú alienta a sus connacionales a continuar con las protestas debidas a la invasión a Ucrania por las que en estos días suman más de trece mil detenidos, mientras los ataques de las fuerzas rusas ni siquiera respetan hospitales materno-infantiles, ni escuelas, ni corredores humanitarios ni a periodistas acreditados. Todo en abierta violación a las Convenciones de Ginebra que convierten a los invasores, además del atropello a territorio ajeno, en criminales de guerra.

    La monumental obra de Richard Pipes titulada La Revolución Rusa es solo comparable a la de William Herny Chamberlin aún no traducida a nuestra lengua: The Russian Revolution. En el primer libro mencionado de 1045 páginas en la edición Barcelona-Debate el autor se detiene en el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (’El Terrible’), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente entregó el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

    Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que absorbía las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

    De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por María y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art.2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder: el terror a secas.

    Antes hemos escrito sobre Vladimir Bukovsky —el disidente con mayor peso junto a Solzhenitsyn— pero ahora agregamos algo muy poco conocido de su reclamo a las naciones libres: “Miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de doctrinas se han creado por políticos prominentes al efecto de encontrar un compromiso con este tipo de régimen. Todos están evadiendo la única solución correcta, la oposición moral. Las democracias occidentales se han olvidado de su pasado y su esencia, esto es que la democracia no consiste en una casa confortable, un automóvil elegante o un beneficio en el trabajo, pero antes que nada es la habilidad y el deseo irrenunciable de defender los derechos individuales.” La Unión Soviética provocó el mayor genocidio de la historia de la humanidad: cien millones de asesinatos desde 1917 a 1989 como lo muestra, además de la obra de Pipes, el Libro negro del comunismo escrito por seis investigadores encabezados por S. Courtois.

    Ya dijimos que Garry Kasparov —más conocido por el ajedrez— escribió que el actual presidente Vladimir Putin celebró nada menos que la historia de la KGB, imprimió efigies del asesino Félix Dzerzhinsky, eliminó el debate sobre si Lenin debe ser removido del lugar de honor que ocupa en la Plaza Roja, puesto que afirmó que “hacerlo sería decirles a los rusos que ellos han venerado valores falsos”. Asimismo, Kasparov señaló que en los textos difundidos por la Universidad de Moscú se tergiversan los hechos más importantes de la historia soviética y “las invasiones de Hungría y Checoslovaquia son descritas como operaciones conjuntas del Pacto de Varsovia para preservar la integridad del sistema socialista”. Kasparov, con razón, se indignó frente al hecho de que las autoridades rusas —a diferencia de lo que ocurrió después del holocausto hitleriano o la reciente inauguración de La Casa del Terror, en Hungría— no han producido ni el más mínimo mea culpa. Insiste en que Putin “es el mayor enemigo del mundo libre”, con quien “no hay diálogo posible” y “nada es cierto de lo que dice de Ucrania”, invadida por la canallada gubernamental rusa… Un escándalo internacional para todas las personas decentes.

    La situación actual de Rusia, como queda dicho, dominada por la antigua nomenclatura, se ha adueñado por parte de aquellos hampones de lo más importante de la actividad económica de aquel país. En medio de intimidaciones y cercenamiento de la prensa y amenazas cada vez que hay simulacro de procesos electorales y de violencia institucionalizada, esta parodia grotesca significa un peligro para la civilización además de una catástrofe para el sufrido pueblo ruso que debe absorber dictámenes desde el poder en cuanto a que proyectos de vida son aprobados y cuales desaprobados. Tengamos presente que la tradición liberal implica el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, es decir, solo puede recurrirse a la fuerza defensiva cuando hay lesiones de derechos de terceros; todo lo demás debe ser respetado independientemente de las opiniones que se puede tener sobre las características del proyecto de vida del vecino. El respeto es irrestricto, solo merece bloquearse la invasión a los derechos individuales cosa que —entre otros muchos temas— el matón y mandamás ruso no está dispuesto a aceptar. En esta línea argumental hay quienes han incurrido en el dislate de sugerir que para entender lo que sucede debemos tratar de recurrir a la lógica incrustada en la pandilla de Putin como si hubiera la posibilidad de dos lógicas en un contexto donde se confunde las reglas universales de la lógica con errores de apreciación, en verdad se trata de valores opuestos: la libertad frente a la tiranía. Un plano es el de lógica o ilógica y otro es el de proposiciones verdaderas o falsas.

    Ahora la muy digna coordinación de la defensa de Ucrania por parte del Presidente Volodimir Zelenski en la valiente y conmovedora lucha metro a metro a pesar de su manifiesta inferioridad de fuerzas ha incentivado a Estados Unidos y a Europa a enviar armamentos y a establecer severas sanciones financieras al autócrata ruso. Son verdaderamente conmovedoras las escenas transmitidas por el periodismo de mujeres y niños refugiados en otros lares para dejar atrás a maridos y padres en la guerra defensiva de un ataque brutal de Putin, un asesino a la enésima con 6000 cabezas nucleares; pero la defensa ucraniana es aguerrida al tiempo que el avance ruso sufre bajas también de generales de alta graduación y los aparatos militares se quedan sin nafta, se les pinchan las gomas, sufren serios desperfectos mecánicos e incluso hay soldados rusos que se cambian de bando en medio de drones y bazookas que destrozan sus tanques. Todo en medio de reiteradas muestras de disconformidad en diversas áreas en las altas esferas rusas, pero mientras el daño que infringen las botas invasoras a ucranianos es horripilante.

    Ucrania es parte de Europa Oriental, de seiscientos mil kilómetros cuadrados, de cuarenta millones de habitantes se remonta al año 882 y luego de invasiones de mongoles y rusos puede consolidar su territorio en 1919 en la Conferencia de Paz en París lo cual es desconocido por la URSS en medio de siempre criminales “limpiezas étnicas” hasta el derrumbe del Muro de la Vergüenza y en 1991 se declaró estado independiente con altibajos de diversa magnitud hasta el presente por todos conocido (incluso el pro-ruso Viktor Yanvkovich que finalmente huyó luego de haber decretado fusilamientos de estudiantes rebeldes y otras tropelías mayúsculas).

    Debe destacarse la impronta de gran excelencia de la Universidad de Kiev, la notable producción agrícola e industrial de Ucrania, la elegancia de los edificios de sus ciudades, la gastronomía de alta calidad, la música lugareña y sobre todo el espíritu religioso, cordial y solidario de su pueblo. Por ahora la catástrofe humanitaria infringida a ese sufrido pueblo sigue su cruel y espantoso curso. En momentos de estar redactando la presente nota no sabemos cómo terminará este episodio bochornoso para la elemental conducta civilizada, pero cualquiera sea el desenlace Ucrania habrá ganado holgadamente en el plano más relevante: el plano moral, el plano de la dignidad, el plano del coraje y de los valores más caros a lo que es inherente a lo propiamente humano, mientras que Putin y sus secuaces se han hundido en lo más profundo del estiércol de la historia.

    La tarea para aquellos que pretenden vivir en una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradando en dirección a cleptocracias de distinto grado. Hoy el mayor peligro son personajes repugnantes como Putin, solo admirados por espíritus esclavistas.

  • Putin y los oligarcas: poder económico y poder político en el Kremlin

    Qué papel jugarán los oligarcas rusos si se produce el colapso económico en Rusia por las sanciones occidentales aplicadas ante la guerra a Ucrania.

    El 24 de febrero pasado Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa, se reunió con representantes de los círculos empresariales rusos. Precisamente el mismo día en que Moscú inició su agresión militar a Ucrania.

    La reunión estaba prevista de antemano, y, como no podía ser de otra manera, Putin hizo alusión en ella a las inevitables consecuencias económicas de la guerra que acababa de iniciar.

    En este encuentro el marco jerárquico aparecía tan claro como en la espantosa sesión del Consejo de Seguridad Nacional ruso donde, días antes, Putin había humillado al jefe del servicio de inteligencia exterior (SVR por sus siglas en ruso).

    Esta vez la ceremonia no brindó anécdotas tan memorables, pero mostró quiénes son los oligarcas, actores clave para entender tanto la estructura económica de la Rusia actual como su historia más inmediata. En ese sentido, cabe destacar dos cosas:

    1. Que la relación entre poder político y poder económico rusos no siempre tuvo la jerarquía que se mostraba en la ceremonia.
    2. Que en ese encuentro no estaban todos los que suelen caer dentro de esa inquietante denominación.

    Por tanto, se imponen dos preguntas: ¿quiénes fueron y quiénes son los llamados oligarcas?

    Oligarca, el concepto

    Antes de nada, cabe aclarar qué se entiende por oligarca y por qué no hablamos simplemente de empresarios. La palabra oligarquía nos remite a los regímenes políticos de la antigua Grecia, donde solo una fracción de los ciudadanos tenía derechos políticos. En el contexto de nuestro orden político liberal democrático, hablar de oligarquía irremediablemente remite a la idea de la captura ilegítima del orden político por parte de una élite no electa. Y de hecho, eso es lo que hicieron los oligarcas rusos en el contexto del brutal colapso económico de la URSS y del convulso nacimiento de la Federación Rusa.

    El término oligarca tiene una doble dimensión. Por una parte, podemos hablar de la captura de determinados sectores económicos por parte de una serie de empresarios, gracias a sus conexiones políticas. Por la otra, también puede tratarse de un abuso de su poder económico para ejercer influencia política. Lo cierto es que, juntas, ambas dimensiones llevan a una simbiosis perversa: el saqueo de recursos conlleva influencia política. Y a su vez, tal influencia propicia un saqueo aún mayor.

    Mijaíl Jodorkovski, antiguo dueño de la petrolera Yukos, tras los barrotes durante el juicio por fraude y evasión de impuestos el 28 de marzo de 2005. Shutterstock / kojoku

    Los oligarcas de la caída del Soviet

    El trampolín político de muchos de los futuros oligarcas, como el ahora disidente Mijaíl Jodorkovski, fueron las propias estructuras de la ya moribunda URSS. Para la empobrecida ciudadanía rusa esto conllevaba una dolorosa ironía: ¡quienes disfrutaron de posiciones de poder o privilegio durante el régimen comunista eran quienes iban a medrar en el nuevo capitalismo! Boris Berezovski, eminencia gris de la inmensamente corrupta administración de Boris Yeltsin (presidente de la Federación Rusa en la década de los 90), ejemplifica el poder que muchos de ellos llegaron a adquirir.

    El episodio más escandaloso de esta perversa simbiosis llegó con las elecciones presidenciales de 1996. Frente a un pujante candidato del Partido Comunista, Guenady Ziuganov, aupado por el hartazgo de gran parte del electorado, Yeltsin tenía que asegurarse la reelección. Así, se ideó un lucrativo esquema: una serie de magnates ofrecieron préstamos al Estado. Tales préstamos se garantizaron con bienes estatales, hipotecados por si el Estado no podía devolver el dinero. Obviamente, el dinero no se pudo devolver. Así, ingentes sectores económicos acabaron en manos de ricos oligarcas a precio de saldo. Los oligarcas que se iban a beneficiar cumplieron su parte del trato. Los medios de comunicación controlados por ellos dieron la debida cobertura mediática a Yeltsin, quien salió reelegido.

    Esta fue, a grandes trazos, la génesis del brutal capitalismo de la nueva Rusia. Pero entonces, llegó un tal Vladimir Putin a la presidencia en el año 2000. Y trajo dos cambios de calado.

    Las fuerzas del orden y el poder del dinero

    En primer lugar, Putin, forjado en la convulsa política local del San Petersburgo de los años 90 y recomendado por Berezovski como un sucesor maleable, demostró más personalidad de la esperada. Fue aupado a la presidencia como defensor contra la amenaza terrorista y, una vez en el poder, marcó el territorio. Los oligarcas recibieron el siguiente mensaje: “Quédense ustedes con lo robado y disfrútenlo. Eso sí, dejen de robar y paguen sus impuestos. Pero sobre todo, por su propio bien, no se metan en política” (parafraseo libre por parte del autor).

    Un policía junto a un joven con un cartel que reza ¡Berezovski, estamos contigo! durante una manifestación el 3 de marzo de 2007 en San Petersburgo. Wikimedia Commons / Fontanka.ru, CC BY

    Berezovski y Vladimir Gusinsky no terminaron de entender el mensaje. Perdieron sus medios de comunicación y acabaron en el exilio. Otros magnates, como Mijaíl Jodorkovsky, lo entendieron aún peor. Jodorkovski pasó 10 años en la cárcel mientras los fieles a Putin se repartían su emporio.

    Y es aquí donde entra el segundo cambio: el nacimiento de una nueva clase de oligarcas, a los que Daniel Treisman ha definido como silovarcas.

    En Rusia se identifica como silovikis a todos aquellos con un pasado en el ejército, en los servicios secretos o en la policía. Por expresarlo de una forma algo más pedestre, podríamos definirlos como “agentes del orden”. Este perfil políticoburócrata empezó a cobrar relevancia de la mano de Vladimir Putin. Se trata de estrechos colaboradores del régimen que provienen del círculo más íntimo de Putin y, en su mayoría, provienen de los sectores del orden público. Un ejemplo es Igor Sechin, quien, a través de la empresa Rosneft, absorbió a la petrolera Yukos, que en su momento perteneció a Jodorkovsky.

    oligarcas
    Oleg Deripaska, presidente de la compañía rusa de aluminio RUSAL.Shutterstock / Alexey Smyshlyaev

    A principios del siglo XXI estaba naciendo, pues, una nueva generación de oligarcas rusos que ha amasado enormes fortunas y representa uno de los grandes puntales de la élite en la que se apoya Putin. Y que, en paralelo, conviven con los oligarcas de los años 90, como Oleg Deripaska, nacidos de la caída de la URSS y que han sabido entender el nuevo consenso que Putin propuso al llegar al poder.

    Oligarquía y sanciones económicas

    Llegados a este punto se impone la pregunta sobre qué papel jugará la oligarquía rusa si se produce el colapso económico por las sanciones occidentales en respuesta a la guerra contra Ucrania. Porque Putin les ofrecía poder económico a cambio de su primacía política. ¿Qué ocurrirá si, además de ceder políticamente, los oligarcas se arruinan? Pues, no lo perdamos de vista, las sanciones persiguen un impacto generalizado a la economía rusa. Afectan, sobre todo, a la ciudadanía rusa. Pero también, aunque tengan más margen, a prácticamente todo el empresariado ruso.

    Habrá que ver qué capacidad de resistencia política tiene el régimen de Vladimir Putin. Por lo pronto, dos son los factores que habrá que tener en cuenta para el futuro inmediato.

    • La reacción de la ciudadaníaTras la anexión de Crimea, en 2014, los rusos se mostraron orgullosos pero ahora no parecen mostrar tanto entusiasmo. Las protestas por la guerra no han sido masivas y, si había potencial para que fuesen a más, la mordaza gubernamental ha logrado, por el momento al menos, amedrentar a otros ciudadanos.Putin se labró su aureola de poder poniendo orden tras el caos cleptocrático de los 90. Sin embargo, gracias a las filtraciones de Alexei Navalni, muchos ciudadanos pueden abrigar sospechas sobre el tren de vida del círculo cercano a Putin, si no de él mismo. Queda saber si la caída en la calidad de vida se combinará con un resentimiento latente entre los ciudadanos rusos.
    • La reacción de la propia oligarquíaEn los primeros días tras el comienzo de la invasión se hicieron escuchar algunas voces de oligarcas en contra del ataque a Ucrania. Pero hay que pensar fríamente en las consecuencias de sanciones prolongadas.Muchos querrían creer que, tarde o temprano, una población indignada saldrá a la calle y agrietará a una élite igualmente insatisfecha. Sin embargo, una situación económica crítica puede llevar a muchos oligarcas a depender aún más del patronazgo del Kremlin, y a afianzar así su control político. Aunque Putin haya roto su parte del contrato al supeditar el éxito económico a un trágico aventurerismo geopolítico.

    Los oligarcas que se enriquecieron en los 90 aspiraron a controlar la política rusa pero se vieron obligados a subordinarse a Putin. Los que lo hicieron, junto con los recién llegados, demostraron estar para quedarse. Sin embargo, no sabemos si esta guerra les llevará a una mayor irrelevancia política o si serán un puntal clave en un cambio de rumbo. Los próximos meses, o incluso años, responderán a un par de preguntas que omitimos al principio: ¿quiénes serán los nuevos oligarcas y de dónde sacarán sus nuevas fortunas?The Conversation

    Eric Pardo, Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad de Deusto

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Los girasoles de Ucrania

    Existe un video de una mujer ucraniana regalándoles semillas de  girasol a soldados rusos, el cual se viralizó en todo el mundo. Pero, ¿por qué lo hizo? “Para que florezcan girasoles cuando mueran”, afirmó la ucraniana.

    Más allá de lo estremecedor por la honestidad brutal de la mujer protestando por la invasión de las fuerzas militares rusas a su país, hay una historia cierta del girasol y su importancia para las personas de Ucrania. Si bien los girasoles ya eran la flor nacional de Ucrania, han surgido como un símbolo de resistencia después de este video ampliamente compartido en redes sociales.

    Para el folclore ucraniano se cree que el girasol simboliza la fertilidad y la unidad. Los ucranianos creen que estas flores miran hacia el cielo buscando esperanza y bienestar; su presencia es clave en tejidos de algunas ceremonias, donde simbolizan la protección contra espíritus malvados y en los dibujos originarios de Ucrania son reconocidos como patrimonio de la humanidad por la Unesco, los llamados petrykivka.

    También el girasol es de suma importancia para la economía de Ucrania. Los suelos fértiles en buena parte del país ayudaron al gran desarrollo de su agricultura. El mundo se abastece de los girasoles principalmente de Ucrania, que provee el 90% de la oferta exportadora global.

    Pero mi visión sobre el girasol hoy, que contemplo devastada y entre lágrimas las imágenes de la guerra, quiere ser de resistencia. De resistencia de la libertad y esperanza ante una guerra cruenta e injusta traída por el comunismo totalitario. Un invasor que no respeta los mínimos códigos de la guerra o simplemente a su moral.  Porque matar civiles inocentes indefensos es barbarie y no hay excusas de subordinación a las órdenes. Esas órdenes son inmorales y un hombre decente no debería obedecerlas, aún dentro del más estricto código militar.

    Esta guerra sórdida, desalmada, negra, oscura, traidora, horrorosa, esta suciedad que es el comunismo, la veo descripta de alguna forma en uno de los poemas en Howl (Aullido) de Allen Ginsberg, un ícono de la cultura americana de la era Beat.

    Ginsberg pertenecía a una generación que puso de cabeza los principios que regían la vida cultural y social de Estados Unidos. A pesar del sentimiento nacional de alegría por haber salido victoriosos en la Segunda Guerra Mundial, los escritores de la famosa Generación Beat le daban la espalda al optimismo de la posguerra.

    Las poemas que construyen Howl hablan de toda una generación, de un deseo y un ansía de libertad, como «Sutra del girasol», poema al que me refiero, y que convertiría a Ginsberg en una irresistible personalidad internacional. A tal punto que, durante su paso por Praga en mayo de 1965, la juventud checoslovaca lo paseó por las avenidas principales de esa capital, después de haberlo proclamado “Rey de Mayo”, como acto de resistencia contra el stalinismo imperante. Entre los jóvenes universitarios de entonces estaba Vaclav Havel, estudiante de la Facultad de Economía y futuro dramaturgo, quien en 1991, post Velvet revolution e independencia nacional, sería presidente de su país, República Checa.

    Ginsberg escribió «Sutra del girasol» en 1955, descriptivo, tal vez, del amor y los valores que persisten en medio de la devastación moral y física. En el texto, Ginsberg y Jack Kerouac están sentados contemplando el desolador paisaje industrial norteamericano cuando de pronto el segundo llama la atención al primero sobre un girasol que ha crecido en el medio de la basura; contemplan el girasol cubierto de mugre en un paisaje sucio y urbano, a la sombra de una locomotora. Un río complementa el paisaje y sus aguas inmundas y aceitosas reflejan un cielo rojo y melancólico. Ambos colegas contemplan también objetos viejos y sucios de todo tipo, que completan la escena. Ginsberg, al mirarlo, ve tanto su belleza como el horror, considerándolo prácticamente como una aberración de la naturaleza, con su sombra “gris y muerta” y tan alto como un ser humano. La flor es bella pero ha nacido de la contaminación ambiental que la rodea.

    Según la interpretación libre que hago del poema, en este contexto sugerente y revelador se detalla, con un lenguaje crudo y metafórico, las consecuencias de una historia llena de barro, de  sangre y de traumas. Es la oscuridad del comunismo. De la guerra ahora mismo. En esa mugre que cubre al girasol, generada por la actividad  constante de las locomotoras, veo yo las desesperanzas, el desánimo causado por la pérdida de la libertad. Todo va manchando la personalidad (si se me permite la licencia) del país, hasta dejarla quebrada, muy sucia o, en el peor de los casos, irreconocible.

    Ginsberg contempla con tristeza al girasol, es la encarnación del sentimiento, de la vida y de una libertad que se va marchitando lentamente.

    Sin embargo, Ginsberg reivindica la naturaleza como vehículo de liberación frente a una sociedad que ha perdido el alma . El pulso silencioso de la naturaleza late todavía en un esfuerzo por sobrevivir y encontrar su espacio entre las estructuras grises y herrumbrosas. Así, Ginsberg nos describe su visión representada en ese girasol que se abre camino a través de las olvidadas grietas de la industria o yo reinterpreto ahora, de las grietas y destrucción dejados por los bombardeos de los invasores comunistas.

    Nuestro girasol, como nosotros mismos, como Ucrania ahora mismo, cubiertos por el polvo de la guerra, lucha por recobrar su propia esencia, su condición de ser natural y bello.

    El texto advierte que a pesar de la adversidad, se debe albergar la esperanza, la capacidad de ver toda la luminosidad que guardamos, la libertad pisoteada por botas y fusiles, pero que sigue allí, resistiendo como el girasol de la locomotora. Creemos que hemos perdido los valores y principios éticos de la libertad, pero siguen ahí, debajo de toda esa cantidad de escombros y penumbras.

    Así, tras unos versos desoladores y sombríos Ginsberg hace al girasol la siguiente pregunta: ¿cuándo olvidaste que eras una flor?  El poeta, después de tanta melancolía y unos versos cargados de pesadumbre y oscuridad, da un giro sorprendente y positivo al poema y termina afirmando que no somos nuestra piel de mugre, no somos nuestra triste y espantosa polvorienta locomotora, no somos ruinas;  todos somos hermosos dorados girasoles por dentro, benditos por nuestra propia semilla, el germen de la libertad.

    Aunque en este fin de invierno la agresión del invasor impedirá que los ucranianos siembren sus preciosos girasoles, las semillas están guardadas en cada uno de los valientes combatientes ucranianos por su tierra y su libertad. Y volverán a sembrarse y volverán a florecer.

    ¡Nunca fuiste locomotora, Girasol, ¡fuiste un girasol!, concluye Ginsberg.

    Ucranianos, del país de los girasoles, siempre fueron hombres libres.

    Transcripción del texto:

    Por Allen Ginsberg

    Caminé por las orillas del muelle con bananas y latas y me senté bajo la sombra gigante de una locomotora de la Pacífico del Sur para mirar el atardecer sobre las colinas de las casas como cajas y llorar.

    Jack Kerouac estaba ahí, sentado al lado mío, sobre un poste roto de metal oxidado, compañero, pensamos los mismos pensamientos sobre el alma con la mirada azul triste sombría rodeados por las raíces nudosas de acero de los árboles de maquinaria.

    El agua aceitosa sobre el río reflejaba el cielo rojo, el sol se hundía sobre el tope de la cima de los picos de Frisco, ningún pez en este arroyo, ningún ermitaño en estos montes, sólo nosotros con las miradas reumáticas y resacosos, como viejos vagos en la ribera del río cansados y taimados.

    Mirá el girasol, me dijo, había ahí una sombra muerta y gris contra el cielo, alta como un hombre, sentada y secándose sobre la superficie de una montaña de aserrín antiguo —

    Corrí hasta allí encantado — era mi primer girasol, recuerdos de Blake — mis visiones — Harlem,

    los infiernos de los ríos del este, puentes tronando, los sánguches grasientos de Joe, cochecitos de bebé muertos, cubiertas con el dibujo gastado y olvidadas y sin recapar, el poema de la orilla del río, preservativos y ollas, cuchillos de acero, nada sin oxidar, sólo mugre fría y húmeda y artefactos muy afilados que pasan jabonosamente hacia el pasado —

    y el girasol gris suspendido contra el atardecer, quebradamente sombrío y lleno de polvo por el smog y el hollín y el humo de viejas locomotoras atravesadas en su ojo —

    Corola de púas lagañosas apretadas y rotas como una corona aboyada, las semillas salidas del rostro, la boca prematura-para-no-tener-dientes del aire soleado, rayos de sol arrasados sobre su cabeza peluda como una tela de araña reseca y de alambre,

    Hojas extendidas como brazos desde el tallo, gestos provenientes de las raíces de aserrín, piezas resquebrajadas de yeso caídas de las ramillas negras, una mosca muerta en su oreja,

    ¡eras una cosa vieja, profana y maltrecha, mi girasol, oh mi alma, te amé entonces!

    La mugre no era mugre de ningún hombre sino de muerte y de locomotoras humanas,

    todo ese ropaje de polvo, ese velo de piel oscurecida por el ferrocarril, ese cachete de smog, ese párpado de miseria negra, la mano enhollinada o el falo o la protuberancia cubiertos de algo-peor-que-la-mugre, de algo artificial—industrial—moderno—toda esa civilización manchando tu alucinante corona dorada—

     y esos pensamientos lagañosos de muerte y ojos polvorientos sin amor y extremos y raíces muertas debajo, en la casa-pila de arena y de aserrín, billetes de un dólar de goma, la piel de los mecanismos, las tripas y los intestinos de auto tosiendo y llorando, las latas vacías y solitarias con sus lenguas ay oxidadas, qué más podría nombrar, las cenizas ahumadas de algún cigarrillo verga, las cajetas de las carretillas y los senos lechosos de los autos, los culos gastados de las sillas y los esfínteres del dínamo—todo esto

     enredado en tus raíces momificadas — y vos ahí parado ante mí en el atardecer, ¡toda tu gloria en tu forma!

    ¡La belleza perfecta de un girasol! ¡La existencia perfecta excelente adorable de un girasol! ¡Ojo natural y dulce apuntando hacia la cadera nueva de la luna, despertó vivo y excitado atrapando la brisa dorada y mensual de la aurora en las sombras del atardecer!

    ¿Cuántas moscas zumbaron alrededor tuyo inocentes de tu mugre, mientras vos insultabas los cielos del ferrocarril y tu alma de flor?

    ¿Pobre flor muerta? ¿Cuándo olvidaste que eras una flor? ¿Cuándo miraste a tu piel y decidiste que eras una locomotora vieja sucia e impotente?

    ¡Vos no fuiste nunca una locomotora, Girasol, vos fuiste siempre un girasol!

    Y vos locomotora, vos sos una locomotora, ¡no te olvides de mí!

    Entonces arranqué el esqueleto frondoso del girasol y me lo pegué en un costado como si fuera un cetro,

    y lancé mi sermón a mi alma, al alma de Jack y al alma de cualquiera que estuviera ahí para escuchar.

    —No somos nuestra piel de mugre, no somos nuestro temor, locomotoras polvorientas y lúgubres privadas de su aspecto, somos todos girasoles dorados y preciosos en nuestro interior, estamos bendecidos por nuestra propia semilla y nuestros cuerpos-terminados velluda y doradamente desnudos transformándose en girasoles formales negros y trastornados bajo la caída del sol, espiados por nuestros ojos bajo la sombra de la locomotora loca al atardecer en la ribera del río en Frisco visión de latas en un atardecer montañoso sentado.

    (1955)

  • Maestro de ajedrez Kasparov pone en jaque a Putin

    El despotismo de Putin se ha chocado con un maestro del mundo del ajedrez. Garry Kasparov, uno de los mejores ajedrecistas del mundo, además de político y escritor ruso que huyó de Rusia en 2013 tras ser encarcelado por su oposición al régimen, ha decidido mover su ficha en el tablero de ajedrez contra Putin.

    No es nuevo. En 2015, después de que Putin invadiese Crimea, Kasparov publicó el libro «Winter Is Coming: Why Vladimir Putin and the Enemies of the Free World Must Be Stopped». El “ogro de Baku” advertía en él del peligro de Putin, algo en que volvía a insistir hace unos días en redes sociales: “Esta es la serpiente que el mundo libre anidó en su seno, tratando a Putin como un aliado, un igual, mientras difundía su corrupción. Ahora ataca de nuevo, demostrando que no puedes evitar luchar contra el mal. Solo puedes retrasarlo mientras eleva su apuesta. Gloria a Ucrania».

    El hilo en Twitter de Garry Kasparov sobre la invasión rusa sobre Ucrania es de una valentía y una visión extraordinarias: el campeón de ajedrez habla sobre la guerra que libra Putin contra el mundo desde mucho antes que este ataque, de cómo, en su opinión, no se detendrá si no le detenemos ahora. Y que para detenerlo tenemos que arrinconar la fuerza de Rusia, pero no solo la militar, sino la que ejerce chantajeando con sus reservas de recursos naturales. Kasparov cree que la forma es la presión de los oligarcas rusos y pide, finalmente, que no tratemos más a Putin como presidente, sino como lo que verdaderamente es: un dictador.

    «La guerra de Putin en Ucrania ha entrado en su siguiente fase, la destrucción y la matanza de civiles. Esto también forma parte de la Guerra Mundial de Putin, una guerra en un mundo civilizado con derechos internacionales, democracias y cualquier amenaza a su poder, que ya declaró hace tiempo. La negación del mundo libre de esta guerra y varias décadas de apaciguamiento permitieron a Putin amenazar y conquistar en el extranjero mientras convertía a Rusia en un estado policial. El precio de detenerlo ha ido creciendo cada vez más y sigue sin ser desafiado. Y los ucranianos están pagando este precio con sangre».

    Por esta razón Kasparov pide a la comunidad internacional que reaccione cuanto antes para detener a Putin y evitar que el próximo conflicto sea con un país de la OTAN. «Si no paramos a Putin ahora, si no se le impide destruir Ucrania y cometer este genocidio contra el pueblo ucraniano, habrá una próxima vez y será en los países de la OTAN, con una amenaza nuclear sin precedentes. No permitamos que Putin escale de nuevo al tiempo y lugar que él elija».

    Kasparov también afirma que es hora de dar un paso adelante y que esto supone aceptar riesgos y desafíos. «Todos están citando mi libro de 2015 «Winter is coming» y diciendo que tenía razón y que «hay que escuchar a Kasparov». ¿Pero seguirás escuchándome cuando diga que todo esto necesita sacrificio y riesgo? No me refiero a los precios del trigo y el gas, las casas vacías y a los lobbys desempleados. Se acabó lo fácil. ¿O dirás que soy irracional y que estoy cegado por el odio, como escuché en 2015? Espero que no. Putin debe ser detenido porque lo impensable ahora es posible. El mundo ha despertado, por fin, y muchos de los pasos que recomendé la semana pasada están ocurriendo. Pero no es suficiente».

    Las recomendaciones citadas de Kasparov para acabar con el gobierno de Putin en Rusia y para las que pedía colaboración tanto dentro como fuera de Rusia son:

    1. No pido a la OTAN que ataque a Rusia directamente, pero puedo hablar desde la historia y el conocimiento sobre Putin. No se puede evitar que un dictador que ya ha cruzado todas las líneas siga creciendo. Si destruye Ucrania, no lo podremos parar.

    2. No estamos intentando llamar al asesino en su búnker de los Urales. El mensaje es para aquellos que cumplen sus órdenes. ¿Lo harán? ¿Quieren morir todos? Putin seguirá su escalada de todas formas si no lo paramos. Lo hará como siempre ha hecho, y el precio será aún mayor.

    3. Enviemos a Rusia a la era tecnológica de la Edad de Piedra. No la apoyemos, que no tengan repuestos ni servicios. Los boicots de las petroleras no serán necesarios si la tecnología necesaria no está disponible. La industria se parará. Esto supondrá un sacrificio, reorganización y el aumento de producción para sustituir las piezas. Es la guerra

    4. Siempre es trágico que los ciudadanos sufran, pero ellos no están siendo bombardeados en sus casas como los ucranianos. Cada elemento de la sociedad de Rusia debe presionar a Putin para darle a elegir entre él y lo demás. Algunos lo apoyarán pero ¿por cuánto tiempo?

    5. Un claro mensaje para los generales de Rusia de que serán aniquilados si tocan una sola pulgada de un país de la OTAN. Envíen a Ucrania todas las armas, incluidos los aviones bloqueados, como si a Putin le importase la diferencia. Dejen de adivinar sus pensamientos y hagan lo que sea necesario.

    6. Cada día que resiste Ucrania nos da la oportunidad de comunicar esta catástrofe a la gente que de verdad puede detener a Putin, la gente de Rusia, desde los oligarcas a los comandantes y los manifestantes. Hay que hacerles saber a los miembros del poder que serán tratados como criminales de guerra, como lo que son.

    7. Dejadlos sin reservas. La velocidad es clave para detener sus pagos y cogerles a ellos y sus activos antes de que los escondan. Amenazas como «no saben la que les espera» no surten efecto si Putin no te cree. Demuéstraselo. Y muestra a los rusos que no hay vuelta atrás con Putin. Nunca.

    8. Saquen de raíz a los políticos corruptos, los empresarios y el dinero negro con el que corrompieron a una generación para hacer la vista gorda o ayudar a regímenes autoritarios. Sigan las donaciones, los pagos, los regalos y el tráfico de influencia. Hazlos responsables. Abajo Putin y sus secuaces, gloria a Ucrania.

    Kasparov calificó a Putin de «dictador demente» y dijo que anhelaba el fin de su régimen, en declaraciones al diario alemán «Frankfurter Allgemeine». «Espero que esto lleve al colapso de su régimen. Ni en mis sueños más extremos me hubiera imaginado una ola de solidaridad tal en uno o dos días», dijo Kasparov. El riesgo es que Putin, según Kasparov, tiene los recursos para acabar con la vida en el planeta: “La dictadura de un hombre en Rusia es la amenaza más grande para la humanidad”, señaló.

  • Héroes en la Rusia totalitaria y nuevos paradigmas

    La situación actual de Rusia, dominada por la antigua nomenclatura, se ha adueñado por parte de aquellos hampones de lo más importante de la actividad económica de aquel país. En medio de intimidaciones y cercenamiento de la prensa y amenazas cada vez que hay simulacro de procesos electorales y de violencia institucionalizada, esta parodia grotesca significa un peligro para la civilización además de una catástrofe para el sufrido pueblo ruso.

    El término “héroe” ha sido usado y abusado muy frecuentemente por parte de quienes aplastan con sus botas las libertades individuales, sean militares o civiles entronizados en gobiernos que fuerzan a la población a rendirles tributo con estatuas y demás homenajes a todas luces injustificados.

    A nuestro entender los seis héroes rusos en el sentido más ajustado del término han sido sin duda Anna Politkovaskaya, Alexander Solzhenitsyn, Mstilav Rostropovich, Vladimir Bukovsky,Garry Kasparov y Andrei Sakaharov.

    La primera fue asesinada en un ascensor en Moscú por su valiente y constante crítica al régimen de Putin. Politkovskaya nació en Nueva York, hija de diplomáticos rusos ante las Naciones Unidas, estudió en los Estados Unidos para luego vivir en la tierra de sus ancestros, donde se graduó en la carrera de periodismo en la Universidad de Moscú y allí tuvo su primera confrontación seria al presentar su tesis sobre Marina Tsvetaeva, la poetisa condenada por el régimen estalinista. En Moscú, con un grupo de amigos fundó un diario, la Novaya Gazeta, con la idea de competir nada menos que con Pravda, el periódico oficial que paradójicamente significa “verdad”.

    Desde ese nuevo periódico denunció permanentemente la corrupción y los atropellos del gobierno de Putin en todos los frentes. Como sucede en esos sistemas, fue reiteradamente amenazada de muerte y advertida de los serios peligros que corría incluso por amigos periodistas de Occidente, como el director de The Guardian de Londres. Esto ocurría en un contexto donde, según el Grupo Helsinki, solamente en Moscú durante los gobiernos de Putin, fueron asesinados por los sicarios una cantidad inaudita de periodistas que se animaron a hablar de las atrocidades del sistema.

    A pesar de todo, la extraordinaria periodista de marras proseguía con sus denuncias en sus valientes artículos de investigación. Consignó que el fundamento de su actitud era: “Si alguien cree que puede vivir una vida confortable en base a pronósticos optimistas, allá ellos, es la forma más fácil pero también constituye la pena de muerte para nuestros nietos” (este pensamiento hay que refrescarlo también en otros lares). Randon House de Nueva York publicó su impresionante y muy ilustrativo diario bajo el título de A Russian Diary. A Journalist Final Account for Life, Corruption and Death in Putin’s Russia.

    Salman Rushdie escribe: “Como toda buena investigadora periodística, Anna Politkovskaya presentó verdades que reescribieron los cuentos oficiales. La continuaremos leyendo y aprendiendo de ella a través de los años”. Antes de eso publicó un libro con una notable investigación cuyo título en la versión castellana es La Rusia de Putin (Barcelona, Debate) donde documenta muy acabadamente los reiterados atropellos y las iniquidades llevadas a cabo por los hampones de Putin y los desaguisados y la miseria que debe sufrir el común de la gente.

    De Alexander Solzhenitsyn no hay mucho más que decir de lo que ya se ha dicho sobre este notable escritor que ilustró su opinión sobre el sistema comunista en su célebre El archipiélago Gulag y en su también celebrada Carta a los burócratas soviéticos donde destaca la mugre moral del sistema en contraste con el respeto recíproco como eje central de la sociedad libre.

    Mstilav Rostropovich si bien pertenece al mundo de la música como director de orquesta, pianista y el violonchelista de mayor jerarquía mundial que estrenó más de un centenar de piezas, fue un notabilísimo y persistente difusor de las libertades individuales y severo detractor de los totalitarismos, comenzando por el imperante en Rusia, país lo privó de su ciudadanía por todas sus reiteradas declaraciones en favor de la sociedad abierta y por haberlo cobijado a Solzhenitsyn cuando este no contaba con los suficientes ingresos como para mantenerse debido al acoso totalitario. Recibió el Premio de la Liga Internacional de Derechos Humanos en 1974, estaba casado con la soprano Galina Vishnévskaya y fue director de la orquesta sinfónica de Washington DC durante 17 años.

    Vladimir Bukovsky -a quien tuve el gusto de conocer personalmente cuando siendo Rector de ESEADE lo invité a pronunciar una conferencia en uno de los actos académicos de graduación- ha sostenido que “el monstruo que crearon nuestros Frankensteins mató a sus creadores, pero él está vivo, muy vivo. A pesar de los informes optimistas de los medios de comunicación occidentales, que en los años transcurridos desde entonces han proclamado que Rusia entró en la era de la democracia y de la economía de mercado, no hay evidencias, ni siquiera perspectivas, de que así sea. En lugar de un sistema totalitario ha surgido un estado gangster, una tierra sin ley en la cual la antigua burocracia comunista, mezclada con el hampa, se ha convertido en una nueva élite política, así como en una nueva clase de propietarios”.

    La Unión Soviética provocó el mayor genocidio de la historia de la humanidad: cien millones de asesinatos desde 1917 a 1989 como lo muestra el Libro negro del comunismo escrito por seis investigadores encabezados por S. Courtois, (Planeta, 1998).

    Alarmado,Garry Kasparov -más conocido por el ajedrez- escribió que el actual presidente Vladimir Putin celebró nada menos que la historia de la KGB, imprimió efigies del asesino Félix Dzerzhinsky, eliminó el debate sobre si Lenin debe ser removido del lugar de honor que ocupa en la Plaza Roja, puesto que afirmó que “hacerlo sería decirles a los rusos que ellos han venerado valores falsos”.

    Asimismo, Kasparov señaló que en los textos difundidos por la Universidad de Moscú se tergiversan los hechos más importantes de la historia soviética y “las invasiones de Hungría y Checoslovaquia son descritas como operaciones conjuntas del Pacto de Varsovia para preservar la integridad del sistema socialista”. Kasparov, con razón, se indignó frente al hecho de que las autoridades rusas —a diferencia de lo que ocurrió después del holocausto hitleriano o la reciente inauguración de La Casa del Terror, en Hungría— no han producido ni el más mínimo mea culpa. Insiste en que Putin “es el mayor enemigo del mundo libre”, con quien “no hay diálogo posible” y “nada es cierto de lo que dice de Ucrania”, al escribir estas líneas en proceso de ser invadida por la canallada rusa instalada en el gobierno… un escándalo internacional para todas las personas decentes.

    La situación actual de Rusia, dominada por la antigua nomenclatura, se ha adueñado por parte de aquellos hampones de lo más importante de la actividad económica de aquel país. En medio de intimidaciones y cercenamiento de la prensa y amenazas cada vez que hay simulacro de procesos electorales y de violencia institucionalizada, esta parodia grotesca significa un peligro para la civilización además de una catástrofe para el sufrido pueblo ruso. En su momento nos visitó en Buenos Aires Yuri Yarim Agaev como emisario de Bukovsky, quien nos explicó detenidamente que en 1991 hubiera sido posible revertir la situación en Rusia debido a la colaboración de eminentes ciudadanos de ese país. La operación se frustró debido a la decidida intervención del Fondo Monetario Internacional, que apoyó con sumas millonarias a las mafias hoy enquistadas en el poder y en los sectores económicos y sociales más importantes. Una vez más se repite aquello que Eudocio Ravines citaba de Lenin: “Occidente vende a los rusos las cuerdas con que serán ahorcados”.

    Por último Sakharov, el destacado físico nuclear que sin entender de economía ni de derecho -lo cual ha puesto en evidencia en varias de sus declaraciones públicas- cabe subrayar su arrojo para combatir al totalitarismo ruso lo cual lo hizo acreedor del premio Nobel de la Paz en 1975. En su entrevista con Olle Stenholm enfatiza que el aparato estatal soviético “representa el extremo de la concentración económica, política e ideológica del poder” y que lo que define al régimen “es la ausencia de libertad y la burocratización de la administración”. Tras este drama está presente de largo tiempo en Rusia la confusión de ideas y valores, primero con el terror blanco y luego con el rojo que se prolonga hasta nuestros días con otro disfraz. La única forma de progresar es contar con marcos institucionales que respeten la propiedad privada -a contracorriente de lo propuesto por Marx y Engels en cuanto a la abolición de esta institución fundamental- y, por tanto, los derechos individuales y la consecuente libertad de las personas, comenzando por su propio cuerpo y su pensamiento, extendido a lo que obtienen de modo lícito.

    Para percatarse de primera mano de la catástrofe que genera el marxismo revolucionario nada mejor que la lectura del libro del argentino ex guerrillero y agente de los servicios cubanos de espionaje Jorge Masetti titulado Entre el furor y el delirio donde concluye que “caigo en cuenta de que la revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades […] Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación en Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada.”

    Afortunadamente la larga tradición liberal abre las puertas a nuevos paradigmas que se despegan por completo de los extremos apuntados en la presente nota periodística puesto que como reza el lema de la Royal Society de Londres nullius in verba, es decir, no hay palabras finales. Es constante el peregrinaje por incorporar nuevas dosis de conocimiento en el mar de ignorancia en el que nos debatimos en una secuencia interminable de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones. Hay quienes se han quedado atrasados en el debate considerando que no es necesario actualizarse pero de un tiempo a esta parte incluso se han suscitado intercambios académicos aún no saldados del todo sobre la objeción a la existencia del monopolio de la fuerza. No completados aún pues no ha podido dedicarle el suficiente tiempo debido a la manía por la monotonía en la repetición de los errores del estatismo en sus diversas variantes lo cual hace que no pocos se dediquen a coyunturas girando como canes que pretenden morderse la cola sin destino a la vista. Proceden como si el liberalismo fuera una ideología, no en el sentido inocente del diccionario de conjunto de ideas ni siquiera en el sentido marxista de falsa conciencia de clase sino como algo cerrado, terminado e inmóvil. Necesitan ventilación porque hay tufo a encierro. En esta línea argumental hace tiempo publiqué un artículo titulado “El liberalismo como anti-ideología”.

    Estos giros infructuosos de machacar en lo coyuntural no les ha dado oxígeno y los ha apartado del centro de jugosos debates sobre los que ni siquiera se han dado tiempo para saber de qué se trata. Esto es así principal aunque no exclusivamente referidos a los pro y contras de las externalidades, los free-riders, bienes públicos, el dilema del prisionero, la asimetría de la información, el teorema Kaldor-Kicks y el equilibrio Nash donde se extiende el concepto del orden espontáneo con reformas sumamente ingeniosas y rigurosas en las áreas de justicia y seguridad que es necesario atender. Por mi parte he participado en este debate vía mi libro titulado Hacia el autogobierno. Una crítica al poder político que lleva prólogo del premio Nobel en Economía James M. Buchanan (Buenos Aires, EMECÉ Editores, 1993), mi ensayo presentado en el seminario en Seúl, en agosto de 1995, con el título “Toward a Theory of Autogovernment” patrocinado por la International Cultural Foundation, ponencia publicada en 1997 junto a las otras de ese encuentro académico en el libro Values and Social Order (Sydney-Londres, Avebury Publishers, Gerard Radnitzky ed.), complementado al año siguiente por otro de mis ensayos: “Bienes públicos, externalidades y los free riders: el argumento reconsiderado” publicado en Estudios Públicos, Santiago de Chile, No. 71, invierno de 1998, mi ensayo “¿Es posible el gobierno limitado?” publicado en Madrid por Proceso de Mercado. Revista Europea de Economía Política, Vol. XIV, No. 2, otoño 2017 que amplié con una nota en el post scriptum de mi libro Maldita coyuntura editado por Grupo Unión y también en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos publicado en su primera edición por el Fondo de Cultura Económica siempre con prólogo de Carlos Rodríguez Braun y prefacio de Álvaro Vargas Llosa donde intercalé el referido debate en el capítulo titulado “Despejar telarañas mentales: una mirada al futuro”.

    En todo caso, aun sabiendo que -igual que en todas las ramas científicas- es muy probable que más adelante nos refuten a nosotros con mejoras, es necesario mirar desde distintos ángulos a nuevos paradigmas radicalmente opuestos al totalitarismo ruso y a todo exceso encabezados principalmente por autores de la talla de Anthony de Jasay, Bruce Benson, David Friedman, Bruno Leoni, Michel Huemer, Leslie Green, Murray Rothbard, Walter Block, Gustave de Molinari, Albert J. Nock, Herbert Spencer, Edward Stirngham, Jesús Huerta de Soto, Morris y Linda Tannehill y también en las postrimerías de Friedrich Hayek que a pesar de su avanzada edad ha mostrado cintura y capacidad notable de reflejos frente a nuevas propuestas que han dejado en la antigüedad a muchas propuestas clásicas, lo cual hemos consignado en detalle en textos anteriores.

  • ¿Podría ser la jornada laboral de cuatro días pronto una realidad?

    Una jornada laboral de cuatro días a la semana puede parecer el sueño de muchos empleados, pero, a medida que se pone en marcha una nueva prueba del concepto con la participación de 30 empresas del Reino Unido, podría convertirse en una realidad antes de lo esperado. El ensayo se realizará junto con pruebas similares en Irlanda, EE. UU., España, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

    Este proyecto es parte de un estudio internacional sobre cómo el trabajo flexible puede mejorar la productividad. La prueba, que comenzará en junio de 2022, está siendo coordinada por 4 Day Week Global en asociación con el grupo de expertos británico Autonomy, 4 Day Week Campaign e investigadores de la Universidad de Cambridge, Boston College y la Universidad de Oxford.

    Pasar menos tiempo en el trabajo, o perder menos tiempo en la oficina y trabajar de manera más efectiva, es obviamente un atractivo. La pandemia ha cambiado nuestras percepciones sobre la noción de equilibrio entre el trabajo y la vida personal ligado al hecho de muchas veces tener que realizar jornadas de teletrabajo desde el hogar. Reducir la semana laboral al mínimo y garantizar la máxima «productividad» (en realidad, una medida de nuestra producción económica por hora) es de interés para todos.

    Bélgica se convirtió recientemente en el último país en anunciar una reforma laboral que incluye la posibilidad de reducir la jornada a cuatro días, aunque no se reducen las horas laborales totales. Si alguien trabaja una semana de 40 horas, por ejemplo, tiene la opción de trabajar cuatro días de 10 horas, obtener un día libre adicional o trabajar los cinco días normales.

    Pero esta no es una idea nueva. Microsoft comenzó a usar la semana de cuatro días en Japón en 2019, los experimentos con empresas estadounidenses han estado en curso en los EE. UU. desde los años 90. A principios de este mes, el «Hotel Landmark» en Londres anunció que estaba ofreciendo una semana de cuatro días, con un salario más alto a sus chefs.

    Para las empresas, la mejora real es indirecta. La evidencia anecdótica apunta a una reducción en el número de días libres por enfermedad, o empleados que van alegando “agotamiento”, y las tasas de retención del personal tienden a ser más altas a medida que los trabajadores mencionan menos estrés mental.

    Las encuestas al personal muestran que el 90% de los empleados pueden hacer frente a la misma carga de trabajo en un día menos, mientras que el número de personas que dicen estar estresadas en el trabajo se ha reducido del 43% al 24%. La productividad es un claro beneficiario. En el caso de Microsoft, descubrió que la productividad aumentó en un 40%.

    Más allá del aumento de la productividad, hay otros beneficios como la reducción de las emisiones de CO2, gracias a menos desplazamientos y menos consumo de energía, y algo que es más difícil de medir: el propósito de una empresa cada vez más centrado en la salud y el bienestar de sus empleados.

    Sin embargo, en última instancia, los empleadores deben considerar qué es lo correcto para su negocio. Implementar una semana laboral de cuatro días en algunos sectores, en particular los de fabricación, o los que ya operan en patrones de turno, podría ser un desafío, o las organizaciones con trabajadores que realizan una amplia gama de funciones les podría resultar más difícil cambiar su negocio a una semana más corta.

    Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el exceso de trabajo genera pérdidas de hasta el 3% del PIB. “Hace 100 años pasamos de trabajar seis días a la semana a cinco”, recordó la organización antes de enfatizar que no se debe perder el tiempo en esa discusión: “Ya llegamos tarde para una actualización”.

    El plan piloto del Reino Unido es un buen intento para visualizar ese futuro. Todavía se desconoce si una semana laboral de cuatro días se convertirá o no en la norma para la mayoría de las empresas. Mientras tanto, esperaremos con interés los resultados de los ensayos.

  • En torno a una persona extraordinaria: Sophie Scholl

    Sophie Scholl fundó junto a su hermano  el movimiento estudiantil de resistencia al nazismo conocido como Rosa Blanca.

    Hay personajes en la historia de la humanidad que merecen recordarse todos los días. En buena parte de las ciudades se descubren múltiples estatuas con generales blandiendo espadas en actitudes nada conciliadoras. Como he dicho antes, a mi gusto, incluso en París, por ejemplo, hay demasiado Napoleón y muy poco Voltaire (para no decir nada de las figuras ecuestres que aparecen por doquier en las plazas latinoamericanas). Paul Johnson, en su obra titulada Napoleón, afirma que buena parte de las ideas estrafalarias de los megalómanos del siglo veinte provienen del bonapartismo y Tolstoi, en el magnífico segundo epílogo de La guerra y la paz, ridiculiza y condena al personaje de marras.

    En todo caso, no sería mal sustituir a muchos de los guerreros que inundan los lugares públicos de distintos lares por personas extraordinarias que son en verdad los genuinos héroes de la humanidad. Uno de los casos es el de la maravillosa y ejemplar Sophie Scholl sobre la que vuelvo a escribir y que se batió en soledad contra la comparsa criminal de los secuaces y sicarios del hediondo sistema nacional-socialista de Hitler.

    Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

    Una fantochada que hacía de tribunal de justicia presidida por el prototipo de lo antijurídico y el fanatismo mas brutal, de nombre Ronald Freisler, entre otros, condenó a los célebres hermanos a la guillotina, lo cual fue ejecutado el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 al efecto de no dar lugar a defensas.

    Es cierto que la plaza frente a la Universidad de Munich lleva el nombre de Scholl (donde estudiaban esos corajudos hermanos), también hay una calle en Hamburgo (donde operaba una importante filial de la Rosa Blanca) y un colegio en Tübingen con ese glorioso recuerdo. Pero no resulta suficiente. En momentos que surgen indicios y primeros pasos totalitarios de Hitler en distintos países debe tenerse presente más que nunca las luchas y la integridad moral de personas como Sophie Scholl que ponen de manifiesto que no están dispuestas a claudicar ni a negociar los principios de libertad.

    Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta chica en la que aparecen jugosos diálogos que uno de los forajidos-captores mantiene con ella y, sobre todo, estremece al más curtido cuando Sophie le comenta a su compañera en la celda un sueño que tuvo. En ese sueño estaba con un niño de blanco que ella lograba salvar de diversas peripecias. Ella sucumbía en el sueño y caía al precipicio que se abría en la tierra pero el niño de blanco -los principios que defendía- prevalecían. Una metáfora encantadora que se hizo realidad después de la caída del sistema tan bien ilustrado y resumido por el canalla de Hermann Göring en el Parlamento alemán el 3 de marzo de 1933: “No quiero hacer justicia, quiero eliminar y aniquilar, nada más”.

    Por más estatuas que se fabriquen para conmemorar las proezas de Sophie Scholl, nunca será suficiente la gratitud que todos las personas de bien le profesan a esa adolescente con la fuerza de un titán. Vayan estas líneas como una muestra de emocionado reconocimiento y tributo a una persona que sacrificó su vida en aras de los principios nobles en los cuales creía y fue ejecutada miserablemente, también con la íntima satisfacción que, tal como anticipó su padre aún destruido por la injusticia, estaba orgulloso de la conducta recta e inclaudicable de sus dos hijos.

    Las hordas nazis fueron diezmadas en Stalingrado pero como suele ocurrir con los megalómanos esto los enfureció aun más y reprimieron con mayor bestialidad a los disidentes. Joseph Goebbels se prendió del micrófono para vociferar que “La guerra total es la exigencia de la hora. La patria debe permanecer pura e intacta en su totalidad. Nada puede perturbar la situación. Todos deben aprender a prestar atención a la moral de la guerra y atender las justas demandas del pueblo trabajador y combativo. No somos aguafiestas, pero tampoco toleraremos a aquellos que impidan nuestros esfuerzos.”

    En El idiota moral, La banalidad del mal en el siglo XX Norbert Bilbeny resume el idiotismo moral de los nazis especialmente referido a Hitler, a Himmler (el fundador de las SS y jefe de policía, el que subrayaba » yo no tengo conciencia, Hitler es mi conciencia”), Hess (el secretario de Hilter), Heydrich (quien planeaba los exterminios), el antes mencionado Goebbels (ministro de propaganda, autor del libro La lucha por el poder), Clauberg (ginecólogo obsesionado por los experimentos macabros), Kramer (“la bestia de Belsen”), Krebsbach (el que ordenaba inyectar gasolina en el corazón de deportados), Eichmann (el asesino de “la solución final”) y Mengele (“el ángel de la muerte”) en cuyo contexto Bilbeny destaca en toda su crudeza el patético “gusto por la tortura” y concluye que la responsabilidad es siempre individual por más que pretenda ocultarse en la multitud: “La apatía moral es siempre del individuo, aunque se multiplique por cien mil y adquiera la forma de decreto” y nos informa que “en las cocinas de Auschwitz había un letrero que decía hay un camino hacia la libertad, sus hitos se llaman obediencia, laboriosidad, limpieza y amor a la patria” y también nos dice que el lema de la SS era “mi honor es mi lealtad”…lealtad a la barbarie, no lealtad a valores morales anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

    Por mi parte formulo la siguiente crítica al libro de Bilbeny, algo que resulta desafortunadamente común. Cuando se está frente a monstruos, a “la banalidad del mal” como diría Hanna Arendt, hay a veces la tendencia de calificar a estos sujetos como “enfermos mentales” pero como nos enseña Thomas Szasz en El mito de la enfermedad mental, desde el punto de vista de la patología una enfermedad se concreta en problemas en los tejidos, en las células y en cuerpos pero las ideas no están enfermas. Pueden desde luego estar equivocadas o contradecir la lógica pero no pueden enfermar en el sentido médico de la expresión. Pueden sufrir trastornos en la sinapsis y en los neurotransmisores, problemas químicos en el cerebro todo físico pero no mental, no enfermedad del pensamiento.

    En este sentido resulta también de provecho la lectura de una de las obras del doctor en medicina Stanton E. Samenow titulada Inside the criminal mind donde explica que su entrenamiento fue en la línea freudiana en cuyo contexto el que hace daño es un enfermo y no un delincuente. Escribe: “Cuando comencé mis trabajos creía que el comportamiento era un síntoma de conflictos enterrados resultado de traumas anteriores. Pensaba que las personas que cometían actos criminales eran víctimas de un desorden psicológico, de un ámbito social opresivo o ambas cosas. Concluía de mi trabajo que el crimen era normal, si no una reacción excusable de desesperación y pobreza que pervertían vidas”.

    Pero escribe Samenow que todo lo tuvo que rever y volver a estudiar cuando tuvo acceso a otros profesores y a una visión radicalmente distinta cuyo aspecto medular reside en la naturaleza del ser humano despojada de visiones que la opacan y degradan. Dice siempre en el libro mencionado que la esencia de esta nueva y valiosa perspectiva “consiste en que el criminal elige cometer crímenes. El crimen reside en la persona en cuestión y es causado por el modo en que piensa, no forzado por su medio ambiente. Los criminales piensan de un modo distinto a como lo hacen las personas responsables. Lo que debe ser cambiado es el modo en el que ofende se ve a sí mismo y al mundo que lo rodea. Enfocar en otros aspectos es equivocado. Encontré que el enfoque convencional psicológico y sociológico sobre el crimen y sus causas es erróneo y contraproductivo porque solo ofrece excusas. De considerar al criminal como víctima pasé a considerarlo victimario que libremente decide su modo de vida […] el tema central es uno de valores.” Sostiene que los criminales aprenden a engañar a sus detractores y a enfatizar en sus desgracias como disfraz para sus fechorías en vista de la percepción absurda y contraproducente que comentamos, a lo que se agrega en algunos medios el “abolicionismo” en materia penal pues se mantiene que el delincuente no es responsable de sus actos debido al determinismo presente en ese razonamiento, en lugar de apuntar al libre albedrío y a los valores de la sociedad libre.

    Como se ha apuntado, el determinismo considera que los humanos somos solo kilos de protoplasma y por ende encerrados en los nexos causales inherentes a la materia donde no hay libertad. El premio Nobel en medicina Roger Sperry ilustra el desatino del determinismo al consignar que la pretensión de descifrar el código cognitivo por la biología equivale a intentar la interpretación de un mensaje escrito analizando la composición química de la tinta.

    Por otra parte, en relación con lo anterior, es en verdad un insulto a nuestros ancestros el sostener que la pobreza extrema genera delincuentes pues todos provenimos de las cuevas y la miseria más espeluznante de lo cual no se desprende que descendemos de criminales. Por otra parte, no hay más que ver a barones de la droga o empresarios prebendarios con cuantiosas fortunas que son delincuentes que muchas veces incluso operan con apoyo y estímulo gubernamental.

    En otros términos, la responsabilidad de cada cual es ineludible por lo que destacamos actitudes de inmenso coraje moral como el de Sophie Scholl y condenamos enfáticamente a los criminales que operan bajo la protección del aparato estatal y en un plano más general a todos los que comenten crímenes, es decir los que atacan los principios medulares de una sociedad civilizada: la vida, la libertad y la propiedad, cualquiera sea su procedencia. Ese es el sentido de la definición de liberalismo que fabriqué hace tiempo y que me halaga sea repetida: “El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”, toda lesión al derecho se aparta del respeto irrestricto e invade las autonomías individuales.

  • Maquiavelo describe la raíz del poder político

    El pensador florentino Maquiavelo fue el precursor del pensamiento político moderno. Durante siglos fue colocado del lado de los villanos, aunque el contenido de su obra refleja otra cosa.

    Hace tiempo escribí sobre este personaje pero debido a que se vuelve sobre el asunto estimo pertinente recordar lo dicho con algunas variantes. Hay quienes juzgan que este autor revelaba su perversidad en sus dos obras más conocidas, es decir, El Príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio, lo cual se configura como “maquiavelismo”, pero lo que hizo en estas obras -especialmente en la primera- es simplemente una descripción del poder y de los politicastros que pululan por doquier, lo cual es señalado, entre otros, por autores como James Burnham, George Sabine o Maurizio Vitroli en sus archiconocidos trabajos sobre la materia.

    “Podría citar mil ejemplos modernos y demostrar que muchos tratados de paz, muchas promesas han sido nulas e inútiles por la infidelidad de los Príncipes, de los cuales, el que más ha salido ganando es el que ha logrado imitar mejor a la zorra. Pero es menester respetar bien ese papel; hace falta gran industria para fingir y disimular, porque los hombres son tan sencillos y tan acostumbrados a obedecer las circunstancias, que el que quiera engañar siempre hallará a quien hacerlo”. Este es uno de los pasajes de El Príncipe de Maquiavelo en el que resume su tesis central.

    En esa obra célebre se encuentra el verdadero rostro del poder cuando se lee que el gobernante “debe parecer clemente, fiel, humano, religioso e íntegro; más ha de ser muy dueño de sí para que pueda y sepa ser todo lo contrario […] dada la necesidad de conservar el Estado, suele tener que obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión […], los medios que emplee para conseguirlo siempre parecerán honrados y laudables, porque el vulgo juzga siempre por las apariencias”. Incluso hay quienes ingenuamente interpretan el uso maquiavélico de virtú como si se tratara de virtud cuando en verdad esa expresión en El Príncipe alude a la voluntad de poder que solo se obtiene por el uso de la fuerza. Más aún, escribe Maquiavelo que “El Príncipe que quiera conservar a sus súbditos unidos y con fe, no debe preocuparse de que le tachen de cruel […] es más seguro ser temido que amado […] Los hombres temen menos ofender al que se hace amar que el que se hace temer […] solo han llevado a cabo grandes empresas los que hicieron poco caso de su palabra, que se dieron maña para engañar a los demás”.

    Por su parte, en el contexto de los poderes papales, en el otro libro referido Maquiavelo señala que en relación a los abusos del caso “el primer servicio que debemos los italianos a la sede papal es haber llegado a ser irreligiosos y malos” y concluye en un plano más amplio que “Jamás hubo ni habrá un país unido y próspero sin no se somete todo a la obediencia de un gobierno.” Recordemos en otro orden de cosas que de los veinte Concilios hasta el momento -de 325 a 1965- a la mitad de ellos asistió el gobernante político del momento.

    Se trata entonces de una muy ajustada observación de lo que en líneas generales significa quién se instala en el trono del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno, pero resulta sumamente curiosa la renovada confianza, no solo de los consabidos adulones que sin vestigio alguno de dignidad están en todas partes y anidan en todos los tiempos, sino de gente de apariencia normal que es engañada y saqueada una y otra vez, a pesar de lo cual insiste en la experiencia cuando el próximo candidato promete “cambio, combatir la corrupción y establecer justicia” y otras cantinelas equivalentes.

    Produce asombro y verdadera perplejidad que se suela considerar como normal que el político mienta en campaña para engatusar a la incauta clientela, incluso livianamente se lo justifica y perdona al candidato diciendo que “es político”. Es que como ha escrito Hannah Arendt, “nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado a la veracidad entre las virtudes políticas”. Por ello es que Alfred Whitehead ha enfatizado que “el intercambio entre individuos y entre grupos sociales es de una de dos formas, la fuerza o la persuasión. El comercio es el gran ejemplo del intercambio a la manera de la persuasión. La guerra, la esclavitud y la compulsión gubernamental es el reino de la fuerza”. Por su lado Ortega y Gasset ha escrito: “La política se apoderó de mí y he tenido que dedicar más de dos años de mi vida al analfabetismo (la política es analfabetismo)”. Como nos ha enseñado Gaetano Mosca, la historia no debe interpretarse con lentes monistas o unidireccionales, pero en el caso que nos ocupa se juega nada menos que la libertad que es lo que precisamente permite abrir ríos que se bifurcan en muy distintas direcciones y que permiten naves de diverso calado y volumen.

    Después de tantas matanzas, guerras, torturas y estropicios mayúsculos patrocinados por los aparatos estatales de todas las latitudes, es menester derribar telarañas mentales y explorar otras avenidas fértiles. Para los que quieren ver la realidad del poder hay por lo menos dos etapas que, a su debido tiempo, es aconsejable se transiten. Si lo que se presenta a continuación no es aceptado hay que pensar en otros procedimientos pero no quedarse inmóvil esperando las próximas elecciones pues de este modo se corre el riesgo de convertir al planeta tierra en un inmenso Gulag en nombre de una democracia degradada.

    Debe percatarse que la democracia como ha sido concebida en una manifestación de igualdad ante la ley y la protección de los derechos de las minorías, no ha funcionado debido a los incentivos perversos que se desatan muy a disgusto de los Giovanni Sartori de todos los tiempos. En el camino el sistema ha mutado en cleptocracia, a saber, el gobierno de los ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida de cada uno de los que llevan a cabo actividades que no lesionan derechos de terceros.

    En una primera etapa, por ejemplo, debería contemplarse el establecimiento de tres pilares aplicables a los tres poderes. Un triunvirato para el Ejecutivo al efecto de diluir la idea del líder y similares tal como se propuso en los debates constitucionales estadounidenses y, agregamos, elegido por sorteo tal como lo propuso Montesquieu en el segundo capítulo del Segundo Libro de El espíritu de las leyes y tal como ocurrió en las repúblicas de Florencia y Venecia, situación en la que las personas dejan de contarse anécdotas más o menos irrelevantes sobre candidatos para concentrarse en los límites al poder, esto es en la fortaleza de marcos institucionales puesto que cualquiera podría acceder. En el Judicial, Bruno Leoni sugiere que debería permitirse que en los conflictos que surjan en las relaciones contractuales, las partes deberían establecer quienes han de oficiar de árbitros en todas las instancias que se estipulen sin regulación de ninguna naturaleza, con lo que se volverá a lo ocurrido durante el primer tramo del common law y durante la República romana. Por último, debería adoptarse lo que Hayek bautizó como “demarquía” en el tercer tomo de su Law, Legislation and Liberty al efecto de introducir reformas al Legislativo.

    En la segunda etapa, que es en la que ahora nos detendremos a resumir pero con la brevedad que exige una nota periodística, debería prestarse atención a lo que han venido sugiriendo autores tales como Anthony de Jasay, Bruce Benson, Randy Barnett, David Friedman, Murray Rothbard, Jan Narvenson, Gustave de Molinari, Leslie Green, Walter Block, Morris y Linda Tanehill y tantos otros (sistema que he bautizado como “autogobierno”, que a falta de una definición lexicográfica hago una estipulativa en mi libro y en mis tres ensayos académicos sobre la materia publicados respectivamente en Buenos Aires, Londres, Madrid y Santiago de Chile). Debates sobre estos temas están demorados y poco explorados debido a que estamos inundados de medidas infantiles que atrasan y demoran toda posibilidad de progreso como la machacona y absurda idea del control de precios, la inflación monetaria, el embrollo de impuestos astronómicos, deudas siderales, legislaciones contrarias a los derechos más elementales, cerrazón al comercio internacional y normas en el ámbito laboral que perjudican enormemente a quienes desean trabajar.

    Es del caso destacar que una de las obras del referido de Jasay titulada Against Politics donde se objeta el monopolio de la fuerza y se explica la manera evolutiva de producir normas en libertad, el premio Nobel en economía James Buchanan escribe sobre ese trabajo que “Aquí se encuentra la filosofía política como debiera ser: temas serios discutidos con verba, agudeza, coraje y genuino entendimiento”. Lo peor son los conservadores en el peor sentido de la expresión, esto es, no los que pretenden conservar la vida, la libertad y la propiedad, sino los que no pueden zafar de las tinieblas mentales y son incapaces de discutir otros paradigmas dentro de la tradición liberal que como es sabido no es un puerto sino una travesía permanente en un contexto evolutivo. Por ello la sabiduría del lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, a saber, no hay palabras finales.

    No me quiero poner demasiado técnico en esta columna periodística pero el debate por el momento se centra y gira en torno a la asimetría de la información, las externalidades, el dilema del prisionero, el teorema Kaldor-Hicks y el llamado equilibrio Nash.

    Es de interés tener en cuenta los casos en los que las sociedades que operaron sin el monopolio de la fuerza como el de Islandia desde el año 900 al 1200 de nuestra era al que se refiere David Friedman en “Private Creation and Enforcement of Law: A Historical Case” y David Miller en su libro Bloodtaking and Peacemaking. Feud, Law and Society in Saga Island, el de Irlanda desde principios del siglo VI a mediados del XVII, caso al que alude Joseph E. Penden en “Stateless Societies: Ancient Ireland” y el caso de los hebreos, tal como lo relata la Biblia antes del período de los Jueces (Samuel, II, 8), mencionado sucintamente por Lord Acton en su Essays on Freedom and Power.

    Nada de lo dicho puede adoptarse a la manera de un tajo abrupto en la historia, es indispensable el debate en un proceso de discusiones paulatinas en el que exista la debida comprensión de las ventajas de un sistema abierto sin monopolios impuestos. El antes aludido Barnett en Restoring The Lost Constitution nos dice que en nuestro sistemas políticos resulta curioso la insistencia que están consentidos por los ciudadanos cuando no hay manera de expresar el no-consentimiento en cuyo contexto se interpreta como que el aparato estatal fuera el dueño del lugar donde uno vive: “Cara, usted consiente, seca también consciente, no tira la moneda ¿adivine que? Usted también consiente. Esto simplemente no es consentir”. Por último, resulta atingente recordar que Joseph Schumpeter ha señalado en Capitalismo, socialismo y democracia que “La teoría que asimila los impuestos a cuotas de club o a la adquisición de los servicios, por ejemplo, de un médico, solamente prueba lo alejada que está esta parte de las ciencias sociales la aplicación de métodos científicos”.

    No es posible vaticinar cuánto tiempo demandará el antedicho debate ni siquiera si se concretará a niveles suficientes, pero en todo caso es absolutamente necesario ponerle bridas al abuso del poder si queremos vivir una vida digna. Es cierto que ha habido y hay políticos con los mejores propósitos y deseos de libertad, pero el tema es revisar con atención y el debido tiempo los incentivos y las consecuencias implícitas en el monopolio de la fuerza.

    En línea con lo dicho en esta nota, es pertinente concluir con un pronóstico de Jorge Luis Borges. En el libro titulado El otro Borges en el que Fernando Mateo recopila dieciséis entrevistas de diversos medios al célebre escritor, se reproduce una en la que Borges reitera lo que ha dicho y escrito en muchas otras oportunidades, a saber, que la meta debiera ser la abolición de los aparatos estatales en línea con lo estipulado por el decimonónico Herbert Spencer, ocasión en la que el periodista inquiere: “¿Piensa seriamente que tal estado es factible?” A lo que el entrevistado responde: “Por supuesto. Eso sí, es cuestión de esperar doscientos o trescientos años”. A continuación, como última pregunta, el entrevistador formula el siguiente interrogante: “¿Y mientras tanto?” A lo que Borges contesta: “Mientras tanto, jodernos”.

    Agrego un pensamiento de Chesterton antes de un final con un par de pensamientos brutales: “Toda ciencia incluso la ciencia divina es una sublime novela policial. Solo que no está destinada a descubrir por qué ha muerto un hombre, sino el más oscuro secreto de por qué está vivo.” Así es, resulta clave preguntarnos para qué vivimos, no simplemente transcurrir. Y los dos pensamientos brutales llevan al extremo lo consignado por Maquiavelo, uno es el disfraz de politicastros que resumió Trotsky en su discurso en el Parque Sokolniki el 6 de junio de 1918 donde vocifera que “Nos proponemos construir un paraíso terrenal”, el otro mucho más sincero y que pone al descubierto la tentación de los aparatos estatales sin límites pertenece a Stalin en el Catorceavo Congreso del Partido el 18 de diciembre de 1921 en el sentido de sostener que “Quien se oponga a nuestra causa con actos, palabras o pensamientos -si, bastan los pensamientos- será totalmente aniquilado”…lo cual mandó hacer con el propio Trotsky.