Categoría: Opinión

  • Una economía en UCI en dos tiempos

    Una economía en UCI en dos tiempos: este artículo toma una radiografía de algunos resultados económicos que comienzan y terminan con un denominador común: el mismo Ministro de Economía en Panamá.

    El mismo nos dejó un legado financiero sano (2009) y recibió una herencia financiera enferma (2019) luego de transcurridos sólo 10 años. ¿Podrá repetir la hazaña? Parecería que el camino tomado no deja mucho entusiasmo por ahora.

    economía en UCI

    El PIB desde el año 2003 hasta el 2019 se mantuvo en crecimiento sostenido. Con ciertas altas y bajas, alcanzó un promedio de 10.51% anual, ubicándose como uno de los más altos de América y del mundo, a pesar de haber sufrido los efectos de la crisis económica mundial del 2008 y el ataque exterior indiscriminado de los Panama Papers.

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    Sin embargo, estas oscilaciones en el crecimiento, se iban a manifestar crudamente a partir del primer trimestre del año 2020, cuando comienza la pandemia del COVID 19, que desata una feroz “guerra” para controlar, minimizar y tratar de neutralizar los efectos devastadores en la salud, que bajo una falsa dicotomía entre salud o economía, dejó a un lado esta última, con los resultados que veremos a continuación.

    En la “batalla sanitaria” que nos encontramos desde hace más de un año se logró, hasta ahora, pudiera decirse que por ahora, se ha logrado controlar al virus;  con un costo altísimo, no solo sopesado en vidas, sino  también a nivel social y económico, reflejado en las cuentas estatales como privadas, tal y como ocurre en cualquier guerra bélica.

    Tan solo viendo estos gráficos se puede apreciar que la “Guerra COVID 19” desencadenó otras nuevas batallas; la “Batalla Económica” y la “Batalla Social”, ya declaradas, pero que aún no son asumidas conscientemente como tal. La que me ocupa hoy, la batalla económica, ya se venía librando silenciosamente, pero se expuso con toda su crudeza en este escenario post Covid en la economía que comienza a despuntarse.

    El siguiente gráfico reseña desde el año 2003 a la fecha, estos cambios que se iban gestando, en especial, respecto al uso de  la herramienta del endeudamiento estatal . Dicho endeudamiento,  ahora se esgrime como la única posibilidad frente a los daños en la economía que se produjeron debido a las medidas de contención del virus tomadas por el gobierno,  que básicamente generaron un corte del flujo de caja real de la economía.

    A partir de aquí cabe analizar los resultados de cada periodo de gobierno, con la finalidad de observar el impacto de las políticas públicas ejecutadas en la utilización del endeudamiento como motor del crecimiento en una economía.

    En el período presidencial de Martín Torrijos (2004/2009), el actual Ministro de Economía recibe como herencia una deuda de $10,026 millones en el año 2004, en una gestión compartida con el periodo de M. Moscoso, teniendo un crecimiento de 15.08%  respecto al 2003.

    En esta gestión se logra estabilizar la deuda, congelándola alrededor de los $10,500 millones, pasando de un valor diferencial de $1,314 millones a -33 millones en el 2008, representando un aumento promedio anual de tan solo 1.84%. Es decir, congelar y rebajar deuda, no implicó sacrificar el crecimiento del país,  ya que el PIB aumentó a un promedio anual de 12.63%, pasando de $15,013 millones en el 2004 a $27,117 en el 2009.

    Esto significó una disminución sostenida de la Relación Deuda Vs. PIB, siendo de 0.668 en el año 2004 a 0.415 en el 2009, con un diferencial de 0.253. Dicho de otra manera, por cada dólar de crecimiento del PIB, logra ahorrar $0,25 dólares.

    Estos resultados ponen de manifiesto que las políticas publicas ejecutadas fueron de carácter austero aplicando una filosofía de crecimiento en base al ahorro.

    Este legado económico influyó positivamente para que Panamá alcanzara en el 2010 el Grado de Inversión BBB-, otorgada por Fitch Ratings y ratificada por Standard & Poors y Moody’s, asumiéndose que las Calificadoras de Riesgo establecieron una relación límite de 0.40.

    En el periodo R. Martinelli (2009/2014) la deuda pasó de $10,972 millones a $18,231 millones, aumentando $7,259 millones, a un promedio anual de 10.74% sufriendo una fuerte aceleración (en valor porcentual), con respecto al período anterior (8.9% mayor).

    Así mismo el PIB aumentó a un promedio anual de 13.04%, sufriendo una leve aceleración (en valor porcentual), con respecto al período anterior (0,41% mayor).

    En cuanto a la Relación Deuda Vs. PIB pasó de 0.415 en el año 2009 a 0.365 en el 2014, continuando con una disminución sostenida hasta llegar a 0.344 en el año 2013 marcando el punto de inflexión de mínima logrado en el periodo total analizado.

    Estos resultados contribuyeron a la sostenibilidad y afianzamiento del Grado de Inversión, aunque refleja un cambio filosófico en las políticas públicas ejecutadas, poniendo en evidencia que se pasó de un crecimiento de la economía en base al ahorro a un crecimiento en base al endeudamiento.

    En el periodo J. C. Varela (2014/2019) la deuda pasó de $18,231 millones a $31,018 millones, aumentando $12,787 millones, a un promedio anual de 11.32%, sufriendo una leve aceleración (en valor porcentual), con respecto al periodo anterior (0.6% mayor).

    Así mismo el PIB aumentó a un promedio anual de 6.02%, marcando una acentuada desaceleración (en valor porcentual), con respecto al periodo anterior (7.02% menor).

    En cuanto a la Relación Deuda Vs. PIB paso de 0.365 en el año 2014 a 0.464 en el 2019, continuando con un aumento sostenido iniciado en año 2014.

    Estos resultados muestran una continuidad en las políticas públicas ejecutadas, basadas en la filosofía de «crecimiento» en base al endeudamiento, con resultados deficientes y exacerbados dado que, por un lado, la deuda continuó en aumento, pero el crecimiento (PIB) sufrió una disminución porcentual progresiva y, por otro lado, pone en riesgo la Calificación de Grado de Inversión, dado que la tendencia en continuo aumento de la relación Deuda Vs. PIB sobrepasó el límite sostenido por las calificadoras (0,40) en el 2019 para la economía panameña.

    En el año 2019 se inicia el periodo de Laurentino Cortizo, en donde el Ministro de Economía recibe una herencia de $31,018 millones de deuda (2.8 veces más de lo que dejó 10 años antes), un PIB de $66,801 (2.4 veces de lo que dejó en el 2009) y una relación Deuda Vs. PIB creciente (habiéndola dejado con tendencia decreciente). A esta herencia con indicadores que presentan tendencias desfavorables, a los nueve meses de gestión se le suma la paralización económica como consecuencia de la “Guerra COVID 19” provocando el inicio de una “Batalla Económica” que apenas está comenzando.

    La “Batalla Sanitaria” dejó como consecuencia en el 2020 una abrupta caída del PIB de 20.75% en tan solo 9 meses, equivalente a $13,863 millones (valor mayor al PIB total del 2003). El año cierra con un valor absoluto de $52,938 millones, cifra similar al resultado del primer trimestre del 2015, o sea que retrocedió 5 años, situación que se mantendría proporcional en el 2021, si se diera la proyección de crecimiento pronosticada por el Banco Mundial de 9.0%.

    En cuanto a la deuda, el 2020 cerró en $36,960 millones, acusando un aumento porcentual de 19.15%, equivalente a una variación diferencial de $5,941 millones con respecto año anterior (sin pandemia). Esta situación también se mantendría en el 2021 al aumentar la deuda en $6,000 millones (según lo expresado por el Ministro de Economía en estos días), para llegar a los $42,961 millones.

    Además, en el 2020 la relación Deuda Vs. PIB creció abruptamente escalando de 0.464 (en el 2019) a 0.698, representando un diferencial de 0.234 y sobrepasando en 0,268 el límite sostenido por las calificadoras (0,40), pudiendo llegar a 0,745 en el 2021 de darse los pronósticos ya mencionados, sobrepasando el límite del Grado de Inversión por 0.345.

    De acuerdo a los indicadores del PIB y la Deuda, la situación no cambiaría sustancialmente para el año 2021, aunque sí se agravaría- aún más- y llegaría a niveles insostenibles para mantener el Grado de Inversión actual.

    Por otra parte, los Ingresos Corrientes percibidos por el Gobierno Central se mantuvieron en crecimiento sostenido desde el 2003 hasta el 2013 (durante 10 años). En el año 2014 (gestión compartida entre el Gobierno de R. Martinelli y J. C. Varela) se produjo una disminución significativa  de los ingresos de 7.86%, equivalentes a $591 millones, para cerrar el año en $6,927 millones.

    Desde este punto, retoma en alza, tardando 2 años (2016) para equiparar en valor absoluto el máximo logrado en el 2013 que fue de $7,517, para alcanza otro pico máximo de recaudación en el 2018 con $9,011 millones.

    En el año 2019 (sin pandemia) en una gestión compartida entre J. C. Varela y N. Cortizo, los Ingresos disminuyen significativamente un 8.34% (casi medio punto más que la caída del 2014) seguido de una nueva abrupta caída de 19.77% en el 2020, año de la pandemia (un 11.91% más que la caída del 2014) equivalente a $1,633 millones (cifra casi similar al total de ingresos percibidos en el 2003), para lograr cerrar el año con un valor de $6,626 millones.

    Los Ingresos Corrientes en el 2020 se retrotraen en valor absoluto a la cifra alcanzada a mediados del año 2014 (o sea 6 años de retroceso).

    Si se compara la experiencia del 2014, en donde se perdieron 2 años, para recuperarse de una caída de 7.86%, en el caso de repetirse la historia, recuperar la caída del 2019/20 de 28.11%, llevaría por lo menos 7 años, o sea que en el 2027 se equipararía (a valor constante) con la cifra pico del año 2018 (en esta estimación no se contempla la inflación).

    Según lo estimado por el Ministro de Economía, los Ingresos Corrientes en el 2021 podrían aumentar a $7,489 millones logrando una recuperación de 13.02%, con lo que se equipararía a lo percibido en el 2016, achicando la brecha en un año (o sea 5 años). De acuerdo a ello, se debería suponer que los Gastos corrientes también se tendrían que retrotraer al año 2016 para estar en una situación similar, pero como se verá a continuación los gastos solo se retrotraerían al valor de 2019 (esto no se ve nada bien).

    En cuanto a los Gastos Corrientes efectuados por el Gobierno Central desde el 2003 hasta el 2019 se mantuvieron con una tendencia al alza, con ciertas altas y bajas, alcanzando un crecimiento promedio de 9.25% anual.

    Para el periodo 2014 al 2019 el Gasto aumentó en promedio un 9.84%, pasando de $5,737 millones a $9,091 millones, representando un diferencial de $3,354 millones.

    Y respecto al año 2020 los Gastos disminuyeron significativamente un 12.09%, equivalente a $1,099 millones con respecto al año anterior, para cerrar en $7,992 millones, cifra similar a los Gastos Corrientes efectuados a inicios del 2018.

    Según lo estimado por el Ministro de Economía, los Gastos Corrientes en el 2021 podrían aumentar a $8,833 millones lo que implica una cifra cercana al pico del 2019 (año pre pandemia).

    Al considerar la relación de Gastos Corrientes Vs. Ingresos Corrientes durante 8 años (periodo 2010 al 2018 se mantuvo por debajo del punto de equilibrio (por cada dólar ingresado se gastó menos de 1 dólar).

    En el 2019 (año sin pandemia) la relación pasó a ser de 1,10, (por cada dólar ingresado se gastó $1,10), sobrepasando el punto de equilibrio en un 10,0% y aumentando un 20.02% respecto al año anterior. Es decir, que se pasó del superávit al déficit.

    En el 2020 (año de pandemia), la relación continúa en aumento (9,58% más) pasando a ser de 1,21 (por cada dólar ingresado se gastó $1,21), sobrepasando aún más el punto de equilibrio en un 21% (por cada dólar ingresado se gastó $1,21), quedando a un nivel superior del pico alcanzado en el 2009.

    Según los Ingresos Corrientes y Gastos Corrientes previstos por el ministro para el 2021, la relación daría como resultado 1.18, por lo que indicaría que la situación no cambiaría sustancialmente. Cabe aclarar que este diferencial (Ingresos Corrientes menos Gastos Corrientes) se refiere al flujo de caja generado en Operaciones. Por lo tanto, sólo a ese renglón puedo estimar el déficit o superávit correspondiente.

    Sector privado, su endeudamiento.

    En cuanto al Sector Privado, la deuda reflejada por los saldos de créditos locales del Sistema Bancario, reflejan un continuo crecimiento desde el año 2003 al 2019 a un promedio anual de 10.45%, disminuyendo levemente en el 2020 en 1.66%, reflejando las consecuencias de las restricciones impuestas en la “Batalla Sanitaria”.

    El año 2020 cerró con un saldo de $54,292 millones, superando en $1,354 millones al alicaído PIB y en $17,332 millones a la Deuda del Sector Público. Si la Deuda Pública asusta, la Deuda Privada con los Bancos asusta mucho más, eso sin contar los otros tipos de deudas que mantienen los privados.

    Al comparar los saldos del 2010 y los del 2020, de los cuatro principales sectores que aglutinan alrededor del 86% del saldo total, se observa a nivel general que este porcentaje no varió sustancialmente en los últimos 10 años. A nivel especifico, la composición del saldo destinado al Comercio sufrió una caída de 7.1%, pasando de 26.6% en el 2010 a 19.5% en el 2020, mientras que el Hipotecario subió un 5.7% pasando del 27.5 al 33.2%, al igual que el Consumo Personal lo hizo en un 1.6% pasando de 21.2% al 22.8% y la Construcción que pasó de 10.2% al 10.7% incrementándose 0.5%. El resto de los sectores en conjunto disminuyó su saldo en 0.7% pasando de 14.6% al 13.9%.

    Si se asocian los sectores con cierto grado de dependencia, la Construcción creció casi el doble que las Hipotecas, mientras que el Consumo Personal casi se quintuplicó frente al Comercio. Y  creció 2,4  veces en los últimos 10 años, o sea, un diferencial de $7,162 millones más respecto a los iniciales $ 5,207 millones en el 2010. El problema con este gasto (consumo personal) es que el mismo, mayormente, no tiene un activo que lo respalde, es un gasto de una sola vez sin generación de activo alguno.  En otras palabras, en el caso de endeudarse para la compra de una propiedad (hipotecario), siempre existirá esa propiedad o inversión. Un gasto efectuado con tarjeta de crédito, normalmente, es de un solo uso y se extingue al momento sin generar activo alguno.

    Una alerta muy importante que surge a raíz de este análisis, es que generalmente, el crédito personal está respaldado por el trabajo (la ficha de la CSS que se solicita por ejemplo); al haberse al menos duplicado la tasa de desocupación según diversas estimaciones, quiere decir que posiblemente la mitad de los saldos de los créditos al consumo, personales, tengan dificultades para ser honrados, a menos que hubiera suficiente capacidad de ahorro que no estarían demostrando los números a priori.

    Posiblemente, tomando en cuenta esta situación, se explique que el sector bancario, que siempre toma recaudos para mantener mas o menos estable la salud del sistema mediante la provisión de fondos para préstamos (incobrables por ejemplo), haya ido en constante aumento en los últimos años. La provisión  es un buen indicador para observar el nivel de confianza e incertidumbre en el fiel cumplimiento de las obligaciones crediticias asumidas.

    Desde el 2003 al 2015 las provisiones fluctuaron entre un valor mínimo de $404 millones a un máximo de $642 millones, marcando una franja de oscilación de $238 millones. En el 2016 comienzan a subir desde $662 millones a $2,033 millones marcando un diferencial de $1,371 millones.

    Esto refleja que durante 12 años el Sistema Bancario se mantuvo medianamente estable hasta el 2015.  En el año 2016 y 2017 comienza a mostrar cierto grado de endurecimiento puesto de manifiesto al provisionar $282 millones más que en el 2015. Endurecimiento que se acentúa en el 2018 y 2019 al provisionar $623 millones más que en el 2017 (más del doble que los dos años anteriores) para llegar al 2020 provisionando $638 millones (en un solo año superó la cantidad de los dos años anteriores juntos).

    Para terminar, aplicando términos sanitarios, tan de moda en estos tiempos: esta radiografía da algunos indicios, entre otro tantos, del estado de gravedad en que se encuentra la economía y, por ende, la amenaza que recaerá en la situación social al sufrir las consecuencias. Esta situación amerita una urgente internación directa en la unidad de cuidados intensivos (UCI). El resultado dependerá si se afronta la enfermedad con el diagnóstico correcto y del tipo de tratamiento que se le dé. Lo que queda claro, que ni el sector privado ni mucho menos el sector público, tienen comodidad ni capacidad para seguir endeudándose. Ese no es el camino, tal como quedó demostrado en el primer tiempo, cuando la base del crecimiento fue el ahorro y no la deuda.

  • Día del beso, que se perdió con el sentido común

    “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!”, Gustavo Adolfo Bécquer.

    La cultura occidental hace agua por todos lados y es que el racionalismo la inundó desprestigiando a la metafísica, ciencia que cultivaron los griegos como Aristóteles, y a la teología que, como método científico, es independiente de religiones particulares.

    Sintetizando, la metafísica dice que existe un orden en el cosmos para el desarrollo de la vida que la pequeñez del hombre no puede alterar, y la teología asegura que Dios ha creado al universo para el bien, “a su imagen y semejanza”, y esta omnipotencia no puede ser, ni remotamente, desafiada por el cerebro humano. Así, los “religiosos” que no sigan a la teología deben revisar sus creencias porque resultan esotéricas, fetichistas.

    Por ello es que el racionalismo -pseudo religión y pseudo ciencia, decía el destacado epistemólogo Paul Feyerabend- que pretende controlar al cosmos con la “razón” humana, necesita desprestigiar a la metafísica y a la teología. Y ha montado a los Estados modernos que se creen capaces de cuidar y hasta diseñar la vida humana (la “nueva normalidad”).

    De estas ciencias surge que no pueden existir amenazas naturales contra el desarrollo y crecimiento de la vida, o sea, es irreal la posibilidad de la existencia de una “pandemia” que ponga en jaque a la humanidad y quienes esto creen, además, desoyen al sentido común (sensus communis), como lo describe Tomás de Aquino, que unifica los datos del episodio perceptivo, y le da al sujeto la certeza del hecho que está viendo, oyendo, etcétera.

    Por el contrario, la fantasía o imaginación según Tomás es un instrumento cognitivo que cree reales hechos solo pensados por la mente humana. Como señala Feyerabend, suele ser mucho más acertado el sentido común de las personas cuyos propios intereses están en juego, que las decisiones -las fantasías- de lejanos “expertos” racionalistas subidos en una torre de marfil ridículos al punto de decir que trabajar y socializar no es saludable.

    Son estos “expertos” quienes inventaron esta falsa pandemia que los números desmienten, ya que los muertos totales en el mundo a casi año y medio de comenzada son apenas el 0,04% de la población global. Y ahora, pretenden asustar con la cantidad de contagios, claro que se aseguran de no revelar que lo normal es que, en una temporada de gripe, se contagie alrededor del 70% de la población, es decir, más de 5 mil millones de personas en todo el mundo y la mayoría ni se entera.

    Como cada día aumentan los testeos, se detectan más casos y los gobiernos utilizan el “aumento de casos” para asustar, y la gente en pánico agrava su situación y concurre a hospitales ante síntomas mínimos.

    Y, además de las gravísimas consecuencias de los confinamientos, nos quieren dejar sin el beso cuyo día internacional se festejó el 13 de abril y que es una manifestación universal de afecto y alegría que ya aparecía en el Antiguo Testamento.

    Algunos científicos creen que besar es un comportamiento instintivo con raíces en la biología. Junto con la oxitocina y la dopamina que provocan afecto y euforia, besar libera serotonina, otra sustancia que incrementa el bienestar y la felicidad, y moviliza 146 músculos e intercambia 80 millones de bacterias nuevas, lo que no debe asustar, es natural.

  • El látigo del miedo, la herramienta probada de control

    A través del tiempo el látigo ha sido instrumento de control y sumisión. Hoy, que ya hemos superado el uso desinhibido de esa brutal herramienta, los que buscan arrear han echado mano a otras herramientas de control más sutiles, pero igualmente o hasta más efectivas; me refiero a «el látigo del miedo» o del espanto. El miedo es una característica animal de sobrevivencia. Sin miedo nuestras probabilidades de sobrevivir disminuyen notablemente. Pero, los miedos pueden ser tanto reales como imaginarios y, exagerados, se pueden tornar peligrosos. El terrorismo es uno de los métodos más eficaces que infunde miedo para facilitar el control y la sumisión.

    Son muy variadas las formas de infundir espanto y sumisión, unos más velados que otros; tal como leyes que garantizan inmunidad contra despidos. Si yo soy gobierno y te garantizo ingresos e inmunizo contra el despido, igual te puedo retirar el ingreso y hacer que te despidan; y así los politicastros ejercen control sobre sindicatos y sindigarcas, como también entran en coyunda con una clientela de comerciantes e industriales.

    Por otro lado, quienes buscan controlar al prójimo, no sólo se valen del miedo sino de la ignorancia que promueven a través de sistemas educativos centralizados, que más que educar lo que hacen es adoctrinar. No hay mejor forma de controlar que la promesa de dádivas en una mano, con el rejo de miedo en la otra.

    Hoy, que a los politicastros del mundo se les presentó la herramienta terrorífica del COVID, se han afanado en ponerla a buen uso. Sin embargo, con el aumento de las comunicaciones, muchos ya advierten la tramoya y ello hace peligrar la dominación del estado profundo; y con ello arrecian sus artimañas de control.

    En la historia los gobiernos nacen de la conquista violenta; pero con el tiempo la gente clama liberación, tal como sucedió con la independencia de los EE.UU. de Inglaterra, y la creación del pacto constitucional de mayor libertad en la historia humana.

    Sin embargo, la herramienta del miedo tiene límites. Es algo así como el chico en la escuela que lo molestan y atormentan hasta que le colman y entonces viene la ¡sorpresa!.  Desafortunadamente, pasa el tiempo y bajamos la guardia, dando oportunidad a los inescrupulosos de ingeniar nuevas formas de control. En los años setenta fue el enfriamiento global, luego el calentamiento y hoy el acuerdo verde. Así, pervertidos gobernantes ingenian nuevas formas de infundir miedo y controlar; manteniendo a sus rebaños semovientes dóciles al aumento de impuestos, al uso de máscaras más allá de lo sensato, a los encierros y prohibición de reunión en iglesias, pero no en casinos,  gubernamentales y tal.

    En artículo reciente en GCC Views se nos informa sobre el Neuralink de Elon Musk, chip que pretenden implantar en el cerebro humano para el 2022. La innovación tecnológica es algo maravilloso. Tristemente están los inescrupulosos que ven en ello el nuevo látigo.

    En el Panamá de 300,000 funcionarios públicos al mando de ministros, directores, comisionados y tal, se pasan todo el día ingeniando nuevas trabas o formas de justificar su intromisión en nuestras vidas.  Dilapidan ingentes recursos económicos que serían mucho más útiles en manos de quienes saben producirlos y, de hecho, los producen, creando oportunidades para salir de la pobreza.

    No hay que temer al libre mercado sino a los ejércitos de parásitos que están en o fuera de los gobiernos, dañando al buen funcionario. Los de adentro llegan con cada nueva elección. Por fuera del gobierno está toda su clientela sumisa y leal, que vende su alma al mejor postor al son de “no a la privatización”.

  • Gobiernos y «regaliernos»

    Antes que nada, definamos términos: “Gobierno” es una institución a la cual un pueblo le encomienda la autoridad de ejercer ciertas normas de conducta social. Sugiero que no busquen la definición en diccionarios ya que estos, más que nada, nos presentan el uso que hoy damos a las palabras y no, necesariamente, su auténtico sentido. Por ejemplo, hoy día son muchos los gobiernos que se apartan de las normas constitucionales de su población, gobernando de forma discrecional y, hasta discriminatoria. De allí, que me he tomado la libertad de acuñar el nuevo vocablo “regalierno”; neologismo por “gobierno regalón” o del confisca, parte y reparte, para quedarse con la mejor parte.

    Veamos que la invención “regalierno” no es tan alocada ya que en el diccionario de la RAE encontrarán el término “regalero”, en desuso que se refiere al: “Empleado que en los sitios reales tenía el cuidado de llevar las frutas o flores al rey y demás personas a quienes acostumbraba regalárselas.” Tal vez podría igual llamarse “agentes de coima o coimeros”.

    En nuestro patio, la política la hemos convertido en instrumento de vileza y no de corrección. Recuerdo un diputado que luego de ser electo dijo: “Bueno, ahora tengo que recuperar los $300,000 que invertí para ser electo”; pero no habló nada del lucro que pretendía lograr. Ello me trae a mente el Anillo del Poder de Tolkien, el cual no es un simple cuento de ficción, pues encierra profundas verdades de nuestra existencia. Es la brutal fascinación que ejerce el Anillo que abre los portales a la venta de toda clase de favores. Y por sus propias palabras los podemos conocer. Hemos escuchado a uno y otro presidente panameño que sin pena alguna declaran que “si unos reciben es porque otros ofrecen”; cosa que los pintan de cuerpo y alma. Es como el pedófilo que dice: “Es que la menor se me ofreció”. ¡por supuesto! que ofertas sobrarán; lo triste es hacerse policía para recibir y aceptar regalías. Semejante actuar fomenta el aumento de las ofertas.

    Si le das la oportunidad a un enamorado del Anillo del Poder, le pasará igualito que a  Sméagol en la oda del Tolkien, quien se convierte en el desfigurado Gollum. A su vez, vemos a ministros que se asemejan a los Nazgûl – literalmente “espectro del Anillo”. Y la sombra de Mordor no sólo oscurece la tierra en Panamá sino en tantos otros países; hasta en los EE.UU., cuna de la libertad. El término regalierno no me vino así no más, sino que lo plagié del nuevo vocablo del inglés “giverment” que está en boga en los EE.UU. entre liberales clásicos.

    La genial Ayn Rand (1905-1982), novelita ruso-americana, filósofa, dramaturga y guionista, desarrolló el sistema conocido como el “objetivismo”, formuló la pregunta: ¿Por qué los humanos requieren una institución de gobierno? Su filosófica respuesta fue: Dado que la mente humana constituye su herramienta básica para sobrevivir, la forma de lograr conocimiento para guiar sus acciones es la libertad para pensar y para actuar en conformidad con su raciocinio y juicio. Pero el hombre no vive sino en sociedad, de la cual deriva enormes beneficios en intercambios de pensamientos y de bienes y servicios; todo lo que es conducente a la sobrevivencia, siempre que se den las condiciones propicias para ello.

    A través de generaciones el ser humano ha ido derramando conocimientos que enriquecen a la sociedad. Y el otro elemento fundamental, no sólo del relevo de conocimiento sino del aumento del potencial de desarrollo, nos ha llegado a través de la división del trabajo. Desafortunadamente, todos esos mecanismos de desarrollo y progreso se van perdiendo en la medida en que se pierde la libertad y la seguridad; y para ello es que se han constituido los gobiernos, para coadyuvar en aquello que es propio de cada quien.

    De lo expuesto bien podemos inferir que la función esencial de un gobierno es la protección de la propiedad, comenzando por la de nuestros cuerpos, seguido por nuestras facultades de pensamiento, palabra, tránsito y apropiación sin violación. De allí también podemos inferir de que la única legislación que corresponde a un gobierno es en el ámbito descrito. El gobierno no debe dictar sino estar al servicio de los ciudadanos en fiel acatamiento a la sana ley.

  • Al covid se lo vence sin pánico ni violencia, con la naturaleza

    Cuenta el ex senador Ron Paul -de centro derecha, por ubicarlo en algún lugar- que el presidente de Ucrania firmó casi una declaración de guerra y, respaldado por Washington, dijo que la política de Ucrania es recuperar Crimea de Rusia.

    El secretario de Defensa de EE.UU., ex director del fabricante de misiles Raytheon, prometió “apoyo inquebrantable a la soberanía de Ucrania”.  Washington está enviando armas y ya van más de 300 toneladas. Moscú ha respondido reubicando tropas en su frontera con Ucrania.

    Por cierto, bastaría con un plebiscito entre los ciudadanos para que decidieran qué gobierno quieren tener, si es que quieren uno. Tiene razón Ron Paul al afirmar que “Estamos viendo la política exterior hecha por Raytheon y los otros contratistas militares… los irresponsables “expertos” en política exterior… están a punto de llevarnos a la guerra”.

    Eso son los Estados, estas son las “autoridades”, y los “expertos”: traficantes de armas, literalmente, que marcan fronteras y por ellas crean guerras donde mueren millones (60 millones solo en la Segunda Guerra Mundial).

    Y estas son las “autoridades sanitarias” que aseguran que vivimos una “pandemia” que lleva muertos a menos de 3 millones de personas -suponiendo que la cifra no esté inflada- en año y medio en todo el mundo, el 0,04% de la población global, la misma cantidad que los fallecidos en accidentes viales y domésticos. Por cierto, en una temporada de gripe normal se contagian alrededor del 60%, es decir, unas 4000 millones de personas globalmente.

    Como dice el juez, y destacado jurista, Ricardo Manuel Rojas, “la única epidemia que existe es la del miedo infundido por el gobierno y sus aliados periodistas”, los “miedos” de comunicación, como dice un amigo, que replican, sin un análisis sensato, lo que dicen los “organismos oficiales” como si éstos no fueran ineficientes sino corruptos.

    El presidente mexicano se resiste a vacunarse, justificándose en la opinión del médico que lo atendió cuando dio positivo en coronavirus. Y se niega a llevar cubrebocas. Después de todo, el presidente argentino se inyecto las dos dosis de la vacuna Sputnik -que no está aprobada por la Unión Europea- y, sin embargo, se contagió de covid. Entretanto, se ha encontrado un vínculo entre la vacuna de AstraZeneca y las trombosis, dijo el jefe de estrategia de vacunas de la Agencia Europea del Medicamento.

    Pero lo importante, en todo caso, no es si el covid es grave o no, sino que las “autoridades” acepten, y las personas y sobre todo los medios comprendan, que la violencia y el pánico -que dispara a la violencia- no solo son inútiles, sino que destruyen a la naturaleza, a la vida.

    Son las personas en libertad -sin la coacción del monopolio estatal de la violencia- las que deben cuidarse a sí mismas. Porque la violencia es inmoral, desde que va contra la vida, contra la naturaleza, como ya lo decía Aristóteles, así siempre destruye. Así, los confinamientos y otras restricciones al desarrollo de la vida han provocado muchas más víctimas que el covid.

    Ya el año pasado -ahora ha empeorado-, sin contar el enorme daño sicológico y los suicidios, según Oxfam solo el desempleo, las interrupciones en el suministro de alimentos y la disminución de las ayudas a causa de los confinamientos podrían causar 12.000 muertos por hambre al día en el mundo.

  • Creadores y depredadores

    Todos somos propietarios de nuestras vidas y de la vasija que la contiene, es decir, nuestro cuerpo; con lo cual surge la gran pregunta de si nuestro cuerpo es cosa contenida dentro de la vasija conocida como “cuerpo humano”. Pero dejemos eso allí ya que a dónde los quiero llevar hoy es a la definición o entendimiento de la diferencia del humano creador del bien y el depredador de miseria. Comencemos preguntándonos ¿cómo se mide la sana creatividad humana? Podría ser a través de una obra de arte, una sinfonía o, tal vez, su capacidad de producir riqueza y bienestar no sólo personal sino social. Las vacas, por ejemplo, se pasan la vida pastando y abonando la tierra con heno digerido; lo cual, de cierta manera es creativo, ya que enriquece el suelo y da vida a las plantas y árboles, cosa que hace inconscientemente.

    Por su parte, los humanos, para mantener el cuerpo que sustenta la vida también se apropian de las cosas del mundo, tal como la vaca se apropia de los pastos. Pero allí termina la analogía, ya que los humanos vamos mucho más allá y no sólo nos apropiamos de vegetales, animales, insectos y otras fuentes nutrientes, sino que sembramos, cosechamos y también fabricamos herramientas y una inmensa o infinita gama de elementos que no sólo enriquecen la vida personal sino también la comunal. Y por “enriquecimiento” me refiero no sólo a la creación de cosas materiales sino inmateriales, tal como la música y, quizá hasta la risa y el amor.

    Y, al hablar de enriquecimiento, muchos, inmediatamente habrán pensado en el dinero. Pero, el dinero sólo es una de tantas representaciones de aquello que es “rico” o “sabroso”; tal como es rica la comida, la música, el arte cosas del mundo que hacemos nuestras. El dinero sólo es una forma que inventamos los humanos para ahorrar riquezas, ya sean físicas o abstractas. Como no podemos ahorrar lo pescado, vendemos lo que producimos de más, creando ahorro.

    Pero, el humano, como ser social que es, a través de la división del trabajo logra no sólo satisfacer sus propias necesidades, sino que va creando condiciones propicias para intercambios enriquecedores; llamémosle “mercado”. A todo ello, no perdamos de vista el que algunos se dedican a vilipendiar los términos: riqueza, mercado, enriquecimiento y otros en un afán ideológico contrario a la libertad comercial y en favor de un sistema centralizado que, supuestamente, subsana las deficiencias del mercado; argumentando que el mercado favorece a unos y perjudica a otros menos creativos.

    Y aunque sea cierto que unos son más capaces o productivos que otros. El problema es que el sistema centralizado que proponen es muchísimo más imperfecto que el mercado y destructivo de la libertad creativa. En tal sentido, acusan a unos de acaparar inmensas fortunas. Pero ¿acaso es mala la capacidad de ser más creativo y productivo? Quienes así piensan no entienden que los llamados “ricos” apenas usan una minúscula porción de su caudal para satisfacer sus necesidades personales; mientras que mucho más del 90% favorece a la sociedad en maneras que poco llegamos a ver o hasta comprender.

    No existe ni gobierno ni gobernante que pueda superar la capacidad productiva de todas esas personas o ciudadanos que son capaces de producir mucho más que cualquier gobierno. Más aún, los gobiernos no son medio de producción, sino que están para proteger los medios productivos. En este sentido es vital identificar y separar al creativo productivo del creativo depredador. El mundo está repleto de depredadores y la función de gobierno no es la de ser uno más de ellos.

    Son tantas las formas en que se da la depredación y una de las principales es a través de la prostitución del dinero papel; ese que ansían controlar los malos gobernantes para poder reproducirlo a su antojo en imprentas gubernamentales. Esto lo señaló el jesuita Juan de Mariana (1536 – 1624) en su obra, “De monetae mutatione”; o degradación de la moneda, perversidad que persiste hasta este día. Mariana fue denunciado por hacer alusiones a los ministros que modificaron el peso del oro moneda para financiar los gastos estatales que a menudo eran ímprobos.

    Semejante vileza no sólo produce una dislocación de los recursos productivos, tanto humanos como materiales, sino que conduce a males inflacionarios y malas inversiones. Y más aún, resulta en un promotor del sistema fiscal confiscatorio en oposición a la auténtica economía de dejar hacer. Cuando quien infla se hace llamar “autoridad”, se pone en movimiento una decadencia moral generalizada y clientelista.

    Luego de todo ello, se evapora la creación productiva y floree la depredación, dando lugar a ideologías de falso socialismo que presumen correcciones de arriba hacia abajo, negando hasta la misma propiedad de nuestros cuerpos que en adelante pasan a ser propiedad del estado.

  • El salario mínimo legal golpea a los que menos tienen

    Como vengo neciamente repitiendo, el salario mínimo (SM) no sólo es fiel representación del intervencionismo gubernamental castrante sino un instrumento del estado profundo en su permanente afán de imponer la servidumbre a la población. Servidumbre que golpea más a los que menos capacidad de aguante tienen; entre los cuales están los desempleados, los del sector informal, y los pequeños y medianos empresarios y las poblaciones nativas ancestrales a las cuales se les dificulta la evolución cultural.

    En 1931 en los EE.UU. se sancionó la ley Davis-Bacon con el propósito de evitar que trabajadores negros del sur, no sindicalizados, le quitaran puestos de trabajo a los sindicalizados del norte. Los defensores del SM entendían muy bien algo que hoy día se nos escapa a la gran mayoría; y es que, a quienes se les aumentan los salarios por la vía de la ley y no del mercado, no necesariamente saldrán beneficiados a más largo plazo, ya que serán reemplazados por trabajadores más calificados que rindan al salario más alto. Por algo hoy día están siendo reemplazados por robots.

    Tampoco entienden que montar pequeñas empresas es inmenso reto; cosa que se les resbala a burrócratas gubernamentales que jamás han sido emprendedores. Y no perdamos de vista que esos pequeños emprendedores son el motor de una economía; es decir, que la economía depende de esas pequeñas y medianas empresas.

    En los EE.UU., los genios del nuevo desgobierno de supuestos “demócratas”, o liberales  que no creen en la libertad, o progresistas que son retrógradas, quieren imponer un salario mínimo de $15 la hora, cuando el mínimo federal anda por los $7.25; incremento casi del 100%. Ni se les pasa por mente que todo empleado que no rinde $15 la hora será sujeto de despido, particularmente en empresas pequeñas y medianas que están luchando por sobrevivir. Tampoco ven que los aumentos en los salarios se traducen en aumentos en los costos operativos que, a su vez, se traducen en aumentos de los precios o la quiebra de las empresas. O… puede que sí entiendan estas cosas y que por razones diabólicas quieren destruir el país para reconstruirlo a la Venezuela.

    En Panamá, siempre me ha dejado perplejo cómo las asociaciones del sector empresarial se sientan en una mesa llamada “tripartita” derrochando verborreas estériles que siempre terminan en desacuerdos de manera que la determinación final del SM queda en manos de gobernantes que deciden sobre bases de clientelismo político y no sobre bases de un auténtico interés social. Y hasta se me paran los pelos de punta al usar la frase “interés social”, dado que la misma es comúnmente mal usada como comodín diabólico.

    Debería ser más que obvio que con un aumento de precios se dará una disminución en la demanda; la cual, a su vez, repercutirá en una disminución en la producción. Esto se lo explicó a Obama el profesor George Reisman en el 2014, pero la razón económica no puede contra la corrupta razón politiquera. La única manera de lograr sanos aumentos en los salarios es logrando un aumento en la salud del mercado; lo cual no se logra con dementes mandatos centrales. En fin, ¿de qué sirve llegar a casa con más dinero si todos los precios suben? ¡Ha!, es que entonces el gobierno debe instaurar un “control de precios”; tal como lo establece y faculta el Artículo 284 de nuestra perversa constitución panameña.

    Resumiendo: Mientras más intervención socialistoide sufre una comunidad, más se dificulta el emprendimiento, a punto que ya no es posible determinar las causas del éxito o del fracaso y toda la actividad económica queda sumida en tinieblas politiqueras.

  • Cuando la convicción moral manda

    A menudo leo cosas que no encuentro mejor forma de expresarlas y en esta ocasión cito una de ellas: “Para ser un economista con integridad significa el tener que decir cosas que la gente no quiere escuchar y especialmente el decir cosas que el gobierno no quiere que se digan.” Llewellyn H. Rockwell Jr.

    Llewellyn H. Rockewell Jr., es el fundador del Instituto Mises, dedicado a la defensa y promoción del sagrado derecho de albedrío engendrado en la misma Creación. En especial, el Instituto celebra la vida y obra de Ludwig Heinrich Edler von Mises (1881-1973) En esencia, el legado que nos dejó Mises fue el sostener que la única política económica viable para la humanidad era la de dejar hacer; mientras que los gobiernos se limitasen al cuido de la vida y la propiedad, dentro de sus territorios.

    Y digo o escribo sobre estas cosas ya que si algo he aprendido con los años es que se aprende ejercitando tanto el cuerpo como la mente. Y la mejor forma de ejercitar es con la repetición; esa que permite ir descubriendo nuevas maneras y formas de ver la realidad y la verdad. Es por ello que comparto con mis amistades en la «Cara del Libro», de manera insistente, una revisión de los principios de libertad sin los cuales la humanidad sería retrógrada; como en buena medida lo está siendo en manos de quienes desdeñan la libertad de sus prójimos.

    En estos días un amigo economista me comenta sobre el malandar económico, que en realidad es social, en el que deambulamos como ciegos en pantano, con lo cual algunos nos preguntamos: “¿Cómo diablos fue que nos metimos en semejante situación?” Y Rockwell nos lo aclara recordando las advertencias de Frédéric Bastiat, que hasta Omar Torrijos las reiteró a su manera, y que el partido de turno parece despreciar. Hablo de andar no sólo con luces cortas sino también con las largas. Los economistas de gobierno que no pueden ver aquello que subyace al intervencionismo estatal, ese que estamos viviendo en Panamá, harían bien en ganarse la vida limpiando parabrisas de autos en las calles y no haciendo ver que gobiernan.

    La economía no es asunto de numeritos sino de acción humana. Es decir, que se trata sobre lo que hace la gente, por qué lo hacen y cómo lo hacen; cosa que hasta la maligna constitución que sufrimos lo dicen en su Artículo 282, antes de contradecirse arrastradamente a la dictadura que sufrimos: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará…” Oda a Mario Moreno, alias Cantinflas. O sea, la economía es asunto de los particulares, pero «yo estado», hago lo que me viene en ganas con ella. Y… ¿aún no entendemos por que andamos a ciegas en el pantano de la corruptela institucional?

    Un ejemplo alegórico es el de los tsunamis, que cuando la marea se retrae súbitamente, muchos se van a la playa a retozar y recoger caracoles que se quedaron varados. ¿Cómo es que no ven lo raro de una marea que se vacía súbitamente? Es la marejada destructiva que la recoge antes de embestir.

    ¿Y qué mejor ejemplo de la acción estatal descarriada que aquella que leía en Facebook ocurrió en El Valle de Antón? Que, luego de casi un año de retraída la actividad económica el fin de semana se desata una oleada de turismo interno que reboza los restaurantes y tiendas. ¿Y cómo reacciona es sistema centralizado de luces cortas o putrefactas? Manda una oleada de burrócratas auditores: sanidad, trabajo, seguridad social, y tal, con el propósito de que no los ignoren; pues no hay peor que ser ignorado. Es cierto, para quienes andan con luces cortas. Pero como nos dijo el 2 veces primer ministro de Estonia Mart Laar cuando nos visitó en Panamá: “El mejor gobierno es como el sistema de aguas negras: Sabes que está allí, pero no lo tenemos que ver ni oler.”

  • Las embajadas del diablo: los Estados

    El Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI) acaba de publicar su informe sobre el comercio mundial de armas. Por primera vez desde 2005, en los últimos cinco años (2016-2020) se compró menos armamento que en el lustro precedente (-0.5 %), por algo más de 95.000 millones de dólares al año. La caída de las exportaciones rusas y chinas contrasta con el aumento de las ventas de EE.UU., Francia y Alemania.

    EE.UU. elevó sus ventas un 15 % y se consolida como el principal exportador global con el 37 % del total, Rusia 20 %, Francia 8 %, Alemania casi lo mismo que China un 5.5 % y Gran Bretaña 3 % lo mismo que España. Arabia Saudí, gobernada por una violenta tiranía oscurantista, se afianzó como el primer importador global, al elevar sus adquisiciones un 61 %. En tanto que Qatar multiplicó casi por cinco sus compras de material militar.

    Por caso, los roces de Turquía con Grecia y Egipto por los hidrocarburos en el Mediterráneo han provocado que Atenas y El Cairo refuercen su capacidad naval. El régimen egipcio, tercer receptor mundial, compró un 136 % más de armamento que en los cinco años anteriores. Y, por cierto, hay muchas dudas sobre la transparencia en el manejo de los fondos, por no decir que resulta obvia la corrupción que suele acompañar al tráfico de armas.

    Los mayores importadores son Arabia Saudí con el 11 % del total global, India 10 %, Egipto 6 % y Australia 5 % al igual que China. Por otro lado, el Gobierno británico decidió ampliar su arsenal de armas nucleares por primera vez desde la caída de la URSS y elevará el arsenal de ojivas de 180 a 260, un aumento de casi 45 %, citando a Rusia, y en menor medida a China, como las principales amenazas.

    En fin, si algo queda claro de este informe es que los compradores de armas son los Estados, los “ilegales” -por fuera del Estado- ni siquiera son tomados en las estadísticas ya que son completamente marginales. Otra cosa que queda muy clara es que las razones “defensivas” son, precisamente, a partir de las imposiciones estatales. Por caso, “la defensa” de las fronteras y límites impuestos por los políticos, ya que los ciudadanos comunes no tienen problema en cruzar las líneas divisorias, diseñadas por los burócratas, para comerciar o simplemente visitar amigos y lugares.

    Por supuesto que la excusa de los Estados “pacíficos” es que quieren las armas para “disuadir” cualquier ataque. Mas allá de que la defensa es algo arbitrario, ya que todos los atacantes dicen defenderse de algo, si las armas fueran disuasivas no existiría el terrorismo, que tiene una capacidad militar muy inferior, ni a la guerra de Vietnam la hubieran ganado los guerrilleros.

    La verdad inconfesable de todo esto es que los Estados son el monopolio de la violencia, son la violencia, con la que imponen desde sus fronteras, y pasando por la necesaria exigencia coactiva de tributos sin la cual no podrían existir, hasta “leyes” de todo tipo que, precisamente, son imposiciones coactivas en contraposición con las leyes de la naturaleza como la de la gravedad o la necesidad de un hombre y una mujer para la procreación.

    Corolario: sería utópico pensar que los Estados desaparezcan, pero si queremos menos armas y más producción para la vida, si queremos paz, debemos trabajar para que se vayan achicando, para que recurran cada vez menos a la violencia y a sus imposiciones coactivas.

  • La avalancha del futuro

    Una “avalancha” es un alud ya sea de nieve, suelo u otro material que se precipita pendiente abajo. Lo característico de una avalancha es que son repentinas y abrumadoras; y, en el caso de este escrito lo uso en sentido alegórico para referirme al futuro que se nos viene encima tanto en sentido exponencial como en sentido de convergencia, y paso a explicar los conceptos “exponencial” y “convergencia”. Y no es sólo que viene, sino que ya está encima.

    El futuro exponencial se refiere a los adelantos tecnológicos que ocurren cada vez más rápido. Pero ese “más rápido” también trae consigo un aumento de la capacidad de hacer, conjuntamente con una reducción de los costos y precios. Como ejemplo de lo anterior está la Ley de Moore, la cual hacen ya 60 años descubría que el número de transistores en un circuito integrado se duplicaba cada dieciocho meses; lo cual hacía que las computadoras duplicasen anualmente su poder sin un aumento en sus costos. En su momento, muchos pensaron que esto no podía continuar por mucho tiempo; pero han pasado sesenta años y la aceleración no disminuye y es lo que ha hecho posible los teléfonos celulares. Semejante fenómeno se traduce en que en 26 años la laptop típica llegará a tener el mismo poder que hoy tienen todos los cerebros humanos juntos. Dudo que ninguno de nosotros tengamos la menor idea de lo que ello implica.

    El asunto es que no sólo son los chips sino prácticamente todos los dispositivos que usamos que se están volviendo más “inteligentes” que nosotros. A modo de ejemplo, pronto el perro de la casa será robótico y súper inteligente. Lo mismo la tostadora, el refrigerador, el auto; o mejor dicho el nuevo Uber dron que ya está en prueba. Adiós a la congestión vehicular, a los policías de tránsito y las coimas, en fin, ni podemos imaginar lo que está a la vuelta del mañana.

    El otro aspecto que funciona a la par con lo exponencial es la convergencia; que se refiere a que los adelantos en todos los componentes de nuestros aparatos, tal como los autos o drones que muy pronto reemplazarán a los autos, se están uniendo ya para que cosas como el Uber aéreo sea una realidad en unos cuatro o cinco años. Y, de pronto, desaparecen los diablos rojos, Metrobúses y hasta el Metro. A ver qué haremos con los tramos elevados y los túneles del Metro. Supongo que podremos usarlo como ciclovías.

    No quiero meterme en la complejidad de los mecanismos que harán posible el Ubertaxi, pero será un poder de computación fabuloso que no sólo permitirá el control de las muchas hélices y componentes del aparato, sino del sistema de anticolisión que estará comunicado con los cientos de Ubertaxis que estén cerca, evitando colisiones. Adiós a los controladores de tránsito, terrestre y aéreo. Es más, adiós a casi todos los trabajos que hoy conocemos.

    ¿Y, a dónde quiero ir con este escrito de pánico? Pues, por ahora, a advertir que nos tenemos que preparar. ¿Cómo? Buena pregunta. De salida, estando enterados de lo que viene; tal como cuando los autos desplazaron a los caballos y los recogedores de caca de caballo se quedaron sin chamba. Pero no se afanen, que, en un mundo de costos reducidos, nadie se va a morir de hambre. Tal vez todos nos dediquemos a las artes, o qué se yo, la infinidad de necesidades insatisfechas de los hombres que se generan, es imposible de predecir. Lo que sí no debemos hacer es aferrarnos al pasado caduco, tal como estamos haciendo con la CSS, el NODUCA y el desgobierno que nos aflige.