Categoría: Opinión

  • El papa Francisco y la tragedia de los comunes

    Algunas consideraciones a partir de la publicación de la encíclica “Fratelli tutti”

    Acaba de publicarse una nueva Carta Encíclica titulada Fratelli tutti para seguir con la fórmula empleada por San Francisco de Asís a la feligresía. Consta de ocho capítulos divididos en 287 apartados impresos en ciento veintidós páginas según la edición original.

    Dejando de lado generalidades y lugares comunes, el eje central de este mensaje pastoral consiste en un consejo referido a la propiedad privada al efecto de lo que el Pontífice estima es el camino para lograr el bienestar espiritual y material de todos los seres humanos. Pues yerra y se aleja grandemente del blanco ya que sus consejos indefectiblemente conducen a la miseria, muy especialmente de los más vulnerables. Descuento que esas no son sus intenciones pero ese es el resultado cada vez que se adoptan recetas como las sugeridas en el documento en cuestión.

    En su línea argumental, el Papa subraya “el destino común de los bienes creados” en cuyo contexto aplaude lo dicho por Juan Crisóstomo en cuanto a que “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros bienes que tenemos, sino suyos”. En la misma dirección subraya “la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra, el derecho de todos a su uso”.

    Esto es tanto como afirmar que la propiedad privada no debiera existir puesto que significa el uso y la disposición de lo propio. Es equivalente al conocido comentario sobre la mujer semi-embarazada: es un contrasentido, está o no está. En nuestro caso o se respeta aquel derecho o se lo conculca.

    Como es sabido, Marx y Engels en El manifiesto comunista de 1848 concluyen que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Tal vez este es el motivo por el cual el actual Papa a raíz de una pregunta sobre los que lo acusan de tener ideas comunistas, en una entrevista al periódico italiano La Repubblica el 11 de noviembre de 2016, respondió que “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

    Dado que los bienes no crecen en los árboles y no hay de todos para todos todo el tiempo, la institución de la propiedad privada hace que se le de los mejores usos a los bienes por su naturaleza escasos frente a las necesidades ilimitadas. El comerciante que da en la tecla respecto a los deseos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que no acierta incurre en quebrantos. Estas no son posiciones irrevocables, se modifican según se atienda o desatienda las demandas de la gente. Este uso productivo hace que se incrementen las tasas de capitalización que son el único factor que permite aumentar salarios e ingresos y no es la caricatura que dibuja el Pontífice respecto de un “derrame” inexistente y también la emprende contra la tecnología que precisamente hace posible mejoras en el nivel de vida. El volumen de la inversión explica por la que unos países ofrecen mejores condiciones de vida respecto a otros. No es fruto del voluntarismo sino de marcos institucionales que aseguran los correspondientes derechos y no el establecimiento de pseudoderechos que se concretan en arrancar por la fuerza el fruto del trabajo ajeno resultado de medidas como las aconsejadas ahora por la cabeza del Vaticano que subraya “exige un Estado presente y activo”, como si no fuera suficiente esa inclinación en nuestro mundo con aparatos estatales elefantiásicos que no dan respiro a personas que se las trata como súbditos.

    Es en base a esta preocupación por la que León XIII escribió en Rerum Novarum: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”. Sin embargo, además de lo señalado, el actual Papa subrayó en el último Angelus que “quien razona con la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, pasa a ser el primero a ser el último”.

    Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero”.

    En la Encíclica que ahora comentamos se objeta la igualdad de resultados, pero en una sociedad abierta la igualdad solo se refiere a la que es ante la ley y anclada al concepto de Justicia que según la definición clásica se traduce en “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo nuevamente remite al derecho de propiedad que a su vez es inseparable del mercado abierto y competitivo, es decir, el respeto recíproco en las transacciones de lo que pertenece cada cual, por más que el Papa Francisco rechace el liberalismo en cuyo contexto alude al “dogma neoliberal”, una etiqueta ésta a la que ningún intelectual serio se asimila (y mucho menos vinculada a dogmas que son la antítesis del espíritu liberal).

    Aparecen otras contradicciones en el documento de marras, por ejemplo, en el caso del populismo que en un pasaje lo condena y en otro se apura a enfatizar que “es frecuente acusar de populistas a todos los que defienden los derechos de los más débiles”. Lo mismo ocurre con los nacionalismos que son denostados pero enseguida se condena la globalización. También el Pontífice le dedica grandes parrafeadas a incriminar al individualismo en pos de lo colectivo sin percatarse que de ese modo se está endiosando lo abstracto y menospreciando lo concreto. Borges ilustraba bien este punto al despedirse de sus audiencias: “me despido de cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”. El individualismo no patrocina el aislacionismo como sugieren los socialismos en su perpetua insistencia de establecer aranceles, controles y cortapisas a la cooperación social voluntaria. El individualismo considera sagradas las autonomías de las personas y estima imprescindibles las relaciones abiertas con el prójimo.

    Tal vez lo anterior resulte aun más claro si citamos un pasaje de Santo Tomás de Aquino en conexión al texto de esta Encíclica que se detiene en el concepto de amor al prójimo de un modo inconducente. Así se lee en la Suma Teológica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, por lo que el amor al hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene por otro. Pero el modelo es mejor que lo moldeado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a si mismo que al prójimo”. Si decimos que todos los hombres actúan en su interés personal es una perogrullada, inexorablemente la acción está dirigida en esa dirección. Es palmario que siempre está en el interés del sujeto actuante actuar como actúa. Se dice que una persona es bondadosa cuando sus intereses apuntan al bien y que es malvada cuando apuntan al mal.

    Por otra parte, en la nueva Carta Encíclica no parece que se subraye el concepto tradicional de caridad y solidaridad que por definición para que tenga sentido debe ser realizada con recursos propios y de modo voluntario ya que lo que se lleva a cabo por la fuerza es la antítesis de la caridad y la solidaridad y más bien se parece a un atraco.

    En uno de los apartados el texto se inclina a las supuestas ventajas de un gobierno universal sin atender el inmenso peligro del abuso de poder que ello significaría, en verdad la única justificación de aceptar la parcelación del globo terráqueo en naciones es para fraccionar el poder y eventualmente estas a su vez se subdividen en provincias y municipios.

    Antes he escrito sobre la tragedia de los comunes que si bien ha sido bautizada de este modo contemporáneamente por Garret Hardin, fue desarrollada originalmente por Aristóteles cuando refutó en comunismo de Platón. Este asunto tiñe todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos.

    El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro, además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

    Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo? En este sentido, considérese que ocurriría si se debilitara la propiedad del Vaticano y todos pudieran usar y disponer de su patrimonio, para no decir nada de las masivas interferencias en el suculento Banco que sirve a sus propósitos.

    Ilustremos telegráficamente esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresaria es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

    Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

    No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Por último, en esta línea argumental no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios. Por otro lado, cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio.

    Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las antedichas tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

    Hemos vuelto sobre la tragedia de los comunes pues si no se rectifica lo consignado en esta Encíclica la tragedia se extenderá a la Iglesia. Esta advertencia puede resultar fortalecida con una cita que recoge preocupaciones aun antes del actual pontificado y en pleno resurgir de las propuestas iniciadas primero en Medellín y más adelante en Puebla, expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- quien escribe en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desagraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”.

  • ¿Igualdad económica?

    Hoy día muchos hablan de “igualdad económica”, pero la pregunta que cuelga es… ¿qué quieren decir con eso? Otros son más específicos y hablan de “igualdad de ingresos”. El gran problema de todo ello es que del dicho al hecho hay un inmenso trecho que, al caminarlo, nos muestra la falacia de semejante pretensión. Falaz, no porque fuese malo que todos llegásemos a ser igualmente productivos, lo cual sería extraordinario. Lo falaz viene por el lado de cómo pretenden lograr esa supuesta igualdad; para lo cual es menester el uso de un poder coercitivo estatal que en sí no sólo es desigual, sino que jamás logrará su cometido.

    La igualdad económica no es un problema siempre que se logre en el contexto de un mercado desembarazado o libre mercado, ausente de interferencias gubernamentales clientelistas. Lo que tenemos hoy día no es libre comercio, y difícilmente lo tendremos. Aún más, la interferencia estatal que tantos claman es la fórmula ideal para crear más desigualdad. Tomemos un solo ejemplo, el de la educación gubernamental: ¿Crees que el NODUCA crea igualdad? La mayoría sabe que las escuelas privadas, esas que cuestan menos que las gubernamentales, rinden un mejor producto, más creador de igualdad.

    Y, si quieren igualdad… ¿Por qué no dar a todos el derecho a escoger? ¡Uy!, no, porque eso saca de la jugada a los politicastros.

    En todo caso, el problema de la desigualdad es mucho más complejo y viene arrastrando desde los albores de nuestra historia patria y antes. Una historia que cultivó la ausencia de la sana coyunda matrimonial, y que a través del tiempo dio a luz una mayoría de niños nacidos de madres solteras. La probabilidad de que estos niños vivan en pobreza es, al menos, cuatro veces mayor que aquellos nacidos del matrimonio. Jamás debemos perder de vista que el ser humano es un ser social que prospera en sociedad; pero no en cualquier sociedad, sino en una libre de estéril intervencionismo politiquero o peor.

    En muchos casos, llegamos a la triste situación de que la interferencia estatal promueve más hogares a medias; mediante programas de subsidio a la soltería. En adelante lo que conviene a muchas madres no es buscar pareja permanente, sino lo contrario. Luego, es vergonzoso ver a politicastros que se dan golpes de pecho alegando que ayudan a las madres solteras. Sí, ayudan a que cada vez haya más llenas de hijos que difícilmente se arrimarán a una igualdad.

    Otra clase de interferencia nociva la vemos en cosas como el salario mínimo, que es control de precios. También en el favoritismo estatal y hasta constitucional a los sindicatos de “trabajadores”. Todo ello es interferencia que termina dañando y no ayudando, ya que no podemos llegar a una economía sana vía la intervención estatal clientelista. A fin de cuentas, lo que sumas por el lado de la economía formal lo terminas restando por el lado de la informal. Que eso no lo entiendan nuestros politicastros no es nada raro.

    Y luego, tenemos la perniciosa inflación monetaria que recibimos a través del dólar; la cual sería peor si fuese a través del Balboa. El asunto es que cuando un gobierno falsifica su propia moneda, la misma no se distribuye equitativamente; es decir, el dinero nuevo les llega a unos antes de que pierda su valor y cuando llega a los pobres les llega con menos valor. Pero, también hay otros mecanismos que dan ventaja al mercado de valores, lo cual no está al alcance de los que menos tienen. Lo cierto es que con esa intervención el salario o jubilación de los pobres es cada vez menor.

    Y, ni hablar de sectores de izquierda en los EE.UU. que hoy día proponen salario para los desempleados, lo cual garantizaría más desempleo. Supongo que eso es lo que anhelan, ya que con ello el país colapsa y facilita su transformación a la venezolana.

  • Sobre la Tragedia de los comunes

    Hay un asunto que tiñe a todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos. Economistas de la talla de Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han trabajado especialmente en este tema y han publicado numerosos ensayos en la materia.

    El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida, resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro; además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

    Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo?

    El sentido de la institución de la propiedad privada es precisamente para darle el mejor uso posible y en el contexto comercial el empleo de los siempre escasos recursos es para atender las necesidades del prójimo sea vendiendo empanadas, automóviles, libros o lo que fuera. El empresario que no sabe atender los requerimientos de los demás incurre en quebrantos y el que da en la tecla obtiene ganancias.

    Aristóteles en sus discusiones con Platón sentó las bases de lo que modernamente en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes” que así fue bautizada contemporáneamente por Garret Hardin en la revista Science.

    Ilustremos esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresarial es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

    Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

    No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Cuando se alaba lo colectivo y se combate lo privado se apunta a lo abstracto y se deja de lado lo concreto. Borges lo ilustraba muy bien cuando se despedía de sus audiencias: “saludo a cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”.

    Por último, en este contexto no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios.

    Cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio, lo cual en nada se opone a la filantropía ya que la generosidad implica el uso y la disposición de lo propio, de lo contrario disponer coercitivamente de lo que pertenece a otros no es solidaridad sino que constituye un atraco.

    Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

  • El Bitcoin no es tan anónimo ni garantiza privacidad total afirma el economista David Friedman

    David Friedman  es un profesor universitario, escritor y economista anarcocapitalista estadounidense, hijo del conocido economista y Premio Nobel de Economía Milton Friedman y Rose Friedman. Su hijo, Patri Friedman, también ha escrito artículos sobre temas del anarcocapitalismo, en particular sobre ocupación marina. David Friedman es doctor en física de la Universidad de Chicago, aunque es principalmente conocido por su trabajo en teoría política y economía.

    Actualmente es profesor de análisis económico del Derecho en la Universidad de Santa Clara, California. En La maquinaria de la libertad (1973, revisada en 1989), su obra más famosa, el profesor Friedman defiende una sociedad libre sin poder público desde un punto de vista fundamentalmente consecuencialista. También es autor de los libros Price Theory: An Intermediate Text (1986), Law’s Order (2000) y Hidden Order: The Economics of Everyday Life (1996).

    En calidad de tal, fue uno de los conferencistas principales en el HCPP (Hackers Congress Paralelni Polis) de la semana pasada, donde habló sobre la utopía de «Un mundo de fuerte privacidad» y subrayó que el «Bitcoin no garantiza privacidad, pero la fortalece».

    Friedman partió de la idea de que una forma de mantener un mundo con mayores garantías de privacidad es que los sistemas no dependan de la intervención gubernamental. Ya sea para el cumplimiento de acuerdos, intercambios comerciales y hasta la emisión de dinero. Y ahí precisamente entra Bitcoin.

    «La belleza de Bitcoin es que no requiere emisor, no requiere banco. Solo código», reflexionó el economista.

    Sin embargo, Friedman consideró que Bitcoin es «la menos anónima de todas» las opciones de dinero, al mantener un registro público y abierto de todas las transacciones que se ejecutan en la red. Eso sí, la información pública no es más que direcciones sin datos personales, matizó al respecto.

    Pero «alguien que mire cuidadosamente –y dedique muchos recursos- probablemente puede romper con tu anonimato» en Bitcoin, expuso el intelectual. También consideró que «no hay ninguna moneda digital perfectamente anónima» a pesar de sus diversas ofertas de privacidad, con casos como Monero, que sí «lo pueden hacer lo más difícil posible para quienes estén buscando».

    Privacidad, anonimato y cumplimiento de acuerdos

    Los problemas para crear ese mundo con privacidad y anonimatos garantizados son muchos. Y uno de los principales es que «ningún gobierno quiere una moneda anónima». Eso le quitaría su poder sobre los ciudadanos, en términos de control y hasta de cargos impositivos para financiar al Estado.

    En efecto, gobiernos de todo el mundo han tratado, con mucha dificultad, de impedir a los intentos de aumentar privacidad a través de las monedas digitales. Particularmente, Estados Unidos ha redoblado sus esfuerzos y recursos para ese fin en los últimos meses.

    A los gobiernos del mundo se suman empresas que se dedican al espionaje en la Blockchain, establecen patrones de comportamiento e identifican relaciones entre transacciones en casos de diversas monedas digitales, principalmente en Bitcoin, dado su mayor volumen con respecto al resto.

    En un mundo más anónimo, estas firmas no tendrían cabida o su actuación sería muy limitada. Pero un anonimato total también aumentaría los riesgos, tanto en el mundo digital como en el físico. Por una parte, habría mayor libertad. Pero por la otra, sería más fácil cometer crímenes y salir ilesos en el proceso.  Esa problemática bien puede ser resuelta por mecanismos de mercado para prevenirlos. «Para bien o para mal, habría menos control de los gobiernos», evaluó Friedman finalmente.

  • Los Socialistas y Progres en Panamá: cómo identificarlos

    Según el diccionario de la Real academia Española de la Lengua, el Socialismo es un  sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales y la distribución de los bienes.

    Según Winston Churchill, el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, y la prédica de la envidia, cuya virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.

    Según Ayn Rand, no hay diferencia entre el comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final. Mientras el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo lo hace mediante el voto.  Es la misma diferencia entre asesinato y suicidio.

    Se ha afirmado que el vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes, pero que la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria.

    Y finalmente, el Fascismo, nazismo, comunismo y socialismo, son solo variaciones superficiales del mismo tema monstruoso del colectivismo.

    En Panamá, tenemos distintos tipos de progres/socialistas:  1) Los marxistas declarados y confesos; 2) Los marxistas de closet , que son los que apoyan todo lo que dicen los marxistas pero que supuestamente no lo son, son los que apoyan a los marxistas que electoralmente niegan serlo, para una vez que estos lleguen al poder y crean desastres económicos y sociales puedan decir que les mintieron o que esa persona no aplicó adecuadamente el marxismo y fingir ignorancia o candidez ej Cuba, Venezuela o Nicaragua, que siempre encuentran algo positivo que decir de estas dictaduras fracasadas y asesinas  y 3) Los progres y socialistas, que a veces apoyan públicamente a los marxistas y a veces no lo hacen, pero que sistemáticamente apoyan todas las estrategias del marxismo cultural (formas de infiltrar el marxismo en la sociedad , cuyas tácticas son mayormente las sugeridas por Antonio Gramsci , un comunista italiano de principios de siglo) que fue la estrategia sugerida por el foro de Sao Paulo, reunión de comunistas realizada a principios de los noventas,  para solventar la crisis que surgió para ellos cuando el comunismo implosionó en la Unión Soviética, a finales de los años ochenta del siglo que acaba de pasar.

    Estos son los que sistemáticamente también critican al capitalismo como salvaje o que supuestamente son los únicos que pueden humanizarlo con sus ideas marxistas disfrazadas.

    Son también los que califican (muy convenientemente) a todos los que no están de acuerdo con sus ideas, como fascistas, neoliberales, ultraderecha, insensibles, malvados, etc. etc.

    Usan el bullying intelectual y la culpa como elemento para censurar y someter a los que piensan distinto;  y proponen limitaciones abiertas o solapadas a la libertad de expresión, basados en que supuestamente lo que dicen aquellos que tienen opiniones distintas incitan al odio, cuando en realidad lo dicho por ellos incitan frecuentemente al odio de clases y demeritan e insultan a los que no se alinean con sus ideas.

    En muchos casos tienen conexiones con medios de comunicación y difunden sus ideas socialistas bajo distintas modalidades de marxismo cultural y quieren convencer a la ciudadanía de que sus ideas son las más justas y correctas y aun populares cuando no representan sino a muy pocas personas, pero muy mediáticas, con la capacidad de repetir sus ideas frecuentemente y atacar a los que tienen ideas contrarias a las suyas. “Los tontos útiles o compañeros de viaje”, como les designaba Lenin, que se dejan manipular por su buen corazón.

    Finalmente es bueno estar claros que el socialismo nunca ha logrado nada más que traer miseria luto y dolor, especialmente a las personas pobres y necesitadas de aquellos países donde se implementó; que no es la solución de nada y que su única probada habilidad es repartir y regalar cosas o privilegios por votos y cuando se han asentado realmente en el poder, nunca más están dispuestos a perderlo, aunque eso traiga muerte y destrucción a sus compatriotas.

  • Por qué es importante limitar al gobierno

    En esta época de COVID y de encierros dictatoriales, más que nunca, debemos examinar la naturaleza de los gobiernos, sus funciones y sus limitaciones. Y cuando digo “limitaciones” me refiero a: para lo que sirven y para que no sirven. Como suelo repetir incansablemente, los gobiernos no sirven para “resolver tus problemas”, tal como estaba escrito en la pancarta de un manifestante en Colón: “Exigimos vengan a resolver nuestros problemas”.

    Hace unos días fue aniversario del 9/11 y fecha en que se desencadenó un aumento sustancial del intervencionismo gubernamental o central en la vida de los ciudadanos, no sólo allá sino aquí mismo en Panamá; ¿o es que no han visto el jaleo de viajar en aviones y tal? O el caso de policías decomisando licor que pasajeros llevaban en sus maletas en viajes a Taboga. Y ahora que ciertos legisladores proponen una vacunación ¡obligatoria! Tanto el 9/11 como el COVID y tal, son eventos ideales para que el estado profundo se vuelva más profundo; con lo cual los ciudadanos van perdiendo el control de sus vidas. Y no, no estoy contra el gobierno sino contra el gobierno desmedido.

    Uno de los comodines que han surgido con la Pandemia es ese de “confía en los expertos”. Curioso si consideramos que los expertos no confían en los expertos. Mejor sería decir: “Escucha a los expertos, investiga y usa el sentido común.” El problemita es que resulta tan cómodo dejarnos ir con la corriente… Cuando dicen, “el gobierno o los gobiernos son corruptos”, salta la respuesta: “Bueno, sí, pero eso siempre ha sido el caso.” Pero ello no significa que lo será para siempre ya que, igual que ocurre hoy con la CSS, todo mal camino conduce a mal destino. Arreglar el jaleo de la CSS es más que factible. El reto está en el exitoso lavado de cerebro del “no a la privatización”; particularmente cuando quienes lo vociferan no tienen la menor idea de los que es la privatización o descentralización.

    En cuanto a la vacunación OBLIGATORIA, vayámonos enterándonos de que ello no es ético, como tampoco es legal. Ya han salido versiones según las cuales aún no se ha demostrado que la vacuna rusa es más segura que el mismo COVID. ¿Qué te parece que legislen la obligación de tomar pastillas para reducir el colesterol o lo que sea? ¿O es que piensas que el COVID es más mortal que las enfermedades coronarias?

    A fin de cuentas, prácticamente nada obligado es bueno; tanto así que ni el mismo Creador nos obligó a ser buenos. Lo que hizo fue decirnos: “Amaos los unos a los otros” y según entiendo “amar” y “obligar” no son sinónimos.

    En resumen, lo que sí es completamente importante es que los ciudadanos vayamos logrando ser auto determinantes; que seamos capaces de ser productivos y compasivos. Y… de no dejarnos mangonear por los politicastros del estado profundo.

  • El peligro inmenso de los empresarios prebendarios

    En una sociedad abierta, el empresario es un benefactor de la comunidad: lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio, pero para lograr ese propósito está obligado a servir a su prójimo.

    Adam Smith en su obra cumbre de 1776 se refiere a las propuestas de comerciantes contrarios a la competencia y aliados al poder de turno de este modo: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley o de ordenanza nuevas que proponga esta clase de personas […] cuyo interés no coincide jamás con el del público, de una clase de personas que tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello han engañado y oprimido, efectivamente, en muchas ocasiones”.

    Los problemas apuntados se redoblan para la comunidad cuando cámaras empresarias adhieren a las prebendas.,…

    …Es que el empresario se caracteriza por desarrollar un sentido de oportunidad para detectar cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por ende, sacar partida del arbitraje correspondiente. En un mercado libre cuando el comerciante da en la tecla con los gustos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y cuando yerra incurre en quebrantos. Pero el empresario como tal no está preparado en temas de filosofía política ni en los fundamentos de la economía por lo que si el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno le ofrece prebendas, en general las aceptará pues aparentemente resulta más cómodo y menos oneroso que esforzarse por competir en el mercado, aunque como veremos más abajo sus empresas quedan colonizadas por el poder político. Claro que además estos procedimientos tienen su contrapartida en el derroche de capital que implican cuando la gente se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Y, a su turno, el consecuente despilfarro inexorablemente conduce a la reducción de salarios e ingresos en términos reales puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización. Esto desde luego que no va para todos los empresarios, los hay que no solo comprenden los efectos negativos para la comunidad de las políticas de la prebenda sino que mantienen un sentido de la dignidad y de independencia.

    Pero existe el riesgo de la tentación autoritaria y estatista, por lo que la actividad empresaria en una sociedad libre debe limitarse a operar en el mercado lejos de las redes políticas. Es común que los susodichos empresarios prebendarios argumenten que, por ejemplo, no debe abrirse la competencia internacional eliminando aranceles puesto que necesitan tiempo para ajustar sus actividades a la experiencia del exterior, sin percatarse de que no hay derecho a endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores. Si necesitan ese tiempo deben absorber los costos que demandan los primeros períodos con la idea de más que compensarse en las etapas subsiguientes y si mantienen que no tienen los recursos para afrontar semejante situación deben vender la idea a otros para lograr el objetivo. Y si nadie les compra la idea es porque el proyecto está mal evaluado, o estando bien presentado el negocio en cuestión si otros empresarios no aceptan el ofrecimiento, es debido a que hay otros reglones que son aun más atractivos y como todo no puede llevarse a cabo al unísono puesto que los recursos son limitados, el proyecto de marras debe esperar a una mejor ocasión.

    A veces el discurso se pone grandilocuente al referirse al comercio internacional, pero el concepto es exactamente el mismo si un vecino descubre un procedimiento más eficiente de producir un bien o prestar un servicio. Nadie en su sano juicio a esta altura del partido propondrá aduanas interiores para “protegerse” de la eficiencia. Los ríos, las montañas y los mares no modifican los nexos causales de las leyes económicas. Como hemos destacado antes, desde la perspectiva liberal la única razón por la que el globo terráqueo está dividido en naciones es para defenderse del riesgo fenomenal de la concentración de poder en un gobierno universal, pero tomarse en serio las fronteras constituye una sandez mayúscula. Las culturas alambradas son una muestra de regresión a la edad de piedra.

    El empresario en una sociedad abierta es un benefactor de la comunidad, no porque haga las cosas por filantropía. Lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio; pero para lograr ese propósito en un mercado libre está obligado a servir a su prójimo. En este sentido, hay autores que han sostenido que debieran sustituirse en las plazas públicas los monumentos de militares y políticos y colocar monumentos a empresarios puesto que los primeros muchas veces ponen palos en la rueda, mientras que los segundos son los que resuelven los problemas de los transportes, comunicaciones, alimentación, vestimenta, fármacos y todo cuanto se nos ocurra. Pero reiteramos que esto ocurre cuando el empresario opera en el terreno que le es propio sin politizarse y mucho menos combinarse en aquella cópula hedionda con el gobierno del momento, para explotar miserablemente a la gente en cuyo contexto actúan como aplaudidores oficiales, es decir, agentes rastreros y serviles del aparato estatal.

    El premio Nobel en economía George Stigler señala en Placeres y dolores del capitalismo que “han sido ellos, los empresarios, quienes han convencido a los gobiernos que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transportes, las comunicaciones, las industrias extractivas, etc.” y a continuación subraya que es ingenuo pensar que solo ellos serán los beneficiarios y no otros sectores pero “el Estado no es una concubina, sino una ramera”. Robert Nozick coincide en esta conclusión en su obra más divulgada: “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven las empresas establecidas”. Y Richard McKenzie en su libro que lleva el sugestivo título de Usando el poder gubernamental: los empresarios contra la libre empresa afirma que “cuando no hay límites en la acción gubernamental, los empresarios compiten por el uso del poder gubernamental». También el prominente empresario estadounidense Charles Koch declara: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a reglamentaciones gubernamentales? La contestación desde el luego es simple. No, los empresarios ejecutivos no comparten el deseo del suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas, pero se están engañando. En realidad están vendiendo su futuro”.

    Exactamente esta es la explicación: los empresarios prebendarios están rematando sus empresas, su familia y su futuro al entregar el sistema a las fauces del Leviatán. Como ha escrito el antes mencionado profesor McKenzie, “los empresarios necesitan la libre empresa porque es un sistema que los protege contra ellos mismos”, además de beneficiar a toda la comunidad, muy especialmente a los que menos tienen.

    Dejando de lado las donaciones, solo hay dos formas de enriquecerse: sirviendo al prójimo o expoliándolo. En la sociedad libre, los arreglos contractuales voluntarios hacen posible obtener ventajas recíprocas, mientras que el robo al fruto del trabajo ajeno es característica medular del estatismo donde los gobiernos abandonan su misión de proteger las autonomías individuales y los consecuentes derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia de los aparatos estatales. En la antigüedad, los reyes y emperadores otorgaban permisos y licencias para todas las actividades de sus súbitos, mientras que los mercados libres abolieron esos privilegios y barreras, una situación que los empresarios prebendarios apuntan a revertir al efecto de volver a las edades de las cavernas.

    Resulta en verdad paradójico que muchos de los burócratas modernos la emprenden contra los genuinos empresarios mientras cobijan a los prebendarios, esto es, atacan a los benefactores de la humanidad y defienden a los explotadores. Esto es así en gran medida porque buena parte de los políticos nunca han tenido nada que ver con el trabajo honesto en una empresa y no tienen la más pálida idea de que significa. Esta es una razón adicional para adoptar sugerencias en cuanto a que, por ejemplo, los miembros del Poder Legislativo trabajen en ese campo tiempo parcial y de manera muy limitada para no solo poner coto al absurdo y contraproducente ímpetu legislativo sino para que los legisladores se ganen el sustento en el mercado y no vivan solamente a costa de los que trabajan en faenas legítimas y todavía se burlan de sus ocupaciones que consideran subalternas a sus designios imperiales.

  • El comercio os hará libres

    Luego de leer el formidable escrito de Alberto Benegas Lynch, acerca del afro estadounidense Frederick Douglas , nacido en esclavitud, y quien llegó a ser “uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y de la sociedad libre”, ello me llevó a recordar algo que escribí hace muchos años acerca de otro personaje nacido en la esclavitud y quien fue compañero de Carver en el instituto Tusquegee siendo Booker el fundador de dicho instituto. Ambos genios están enterrados uno junto al otro en los predios del campus del instituto Tuskegee.

    Booker T. Washington, nacido en la esclavitud, tenía 7 años al momento de la Declaración de Emancipación. Más tarde a los 11 años de edad, adquirió el primer libro con el cual se auto enseñó a leer. Booker decía: “entrar a estudiar en una escuela… sería algo así como entrar al Paraíso.” A los 16 años de edad Booker se fue caminando al Hampton Institute en Virginia a 500 millas de distancia (como caminar de la ciudad de Panamá hasta Nicaragua), con $1,50 en el bolsillo. En el Instituto logró atender clases durante el día mientras trabajaba en las noches para ganarse el sustento y albergue. Luego de graduarse, Hampton lo hizo instructor. Más adelante, en 188 Booker llegó a fundar lo que es hoy el “Tuskegee Istitute”, del cual fue su director por años, en dónde destacó la importancia de la educación y de la ética en el trabajo.

    Más allá de destacar los buenos valores morales, Booker puso gran énfasis en el empresarialismo en oposición a la agitación social, como la mejor forma de éxito. Formó la Liga Nacional del Empresarialismo Negro. Booker entendía más que bien las bondades del capitalismo, a través del cual sirviendo al prójimo se sirve a uno mismo. Más aún, Booker, a pesar de agravios del pasado, no guardó rencores e hizo énfasis en los acuerdos voluntarios como manera de evitar futuras injusticias.

    Hoy día quien se interese puede buscar las innumerables anécdotas o citas que nos dejó Booker T. Washington, de los cuales destaco algunos que me llamaron la atención:

    • Cuando la gente actúa bajo la idea que la desventaja de unos es el bien de otros, allí hay esclavitud.
    • No puedes mantener a alguien dentro de una zanja sin estar tú con el dentro de la misma.
    • Hay dos formas de ejercer la fuerza propia; una es empujando hacia abajo, la otra es halando hacia arriba.
    • No debemos permitir que nuestros agravios ensombrezcan nuestras oportunidades.
    • Sólo el hombre pequeño atesora un espíritu de odio.
    • En un estado de libertad e iluminación es que el hombre rinde el mayor y más fructífero servicio a los demás.
    • Quienes puedan hacer algo que el mundo busca, al final logrará desarrollar en lo personal sin importar su raza.
    • Quienes sean culpables de efectuar críticas generalizadas de los ricos, no saben la cantidad de gente que quedaría en la indigencia, y cuanto sufrirían si los ricos fuesen súbitamente desposeídos de alguna importante parte de sus riquezas a punto que ello desorganizara y lisiara la gran empresa comercial.

    En fin, si algo destacan los mensajes y vida de Booker T. Washington, es que el peor enemigo de nuestro destino es uno mismo. Podremos echar toda clase de culpas a los conquistadores, a los gringos, a tal y cual, pero a fin de cuentas el timón de nuestras vidas está en nuestras manos; aún en las más difíciles de las circunstancias.

  • De esclavo a insigne maestro de la civilización

    Frederick Douglass pudo escapar de ese tormento y fue uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y la sociedad libre

    No es cuestión de hacer terapia de grupo con mis lectores pero confieso que crujo por dentro cuando constato la criminal capacidad de humanos por haber aceptado el espanto de la esclavitud. Hasta Aristóleles sostuvo sin avergonzarse que unas personas nacían para mandar y otras para obedecer.

    En mi biblioteca siempre tuve retratos de mis amigos, muchos de los cuales no conocí personalmente pero, como escribía Leonard Read, la amistad profunda requiere coincidencia de valores y no necesariamente coincidencia en la contemporaneidad. En primera línea aparece el rostro del gran Frederick Douglass (circa 1818-1895) enmarcado con el necesario esmero.

    Tengo delante de mí dos libros sobre este personaje, uno de Timothy Sandefur titulado Frederick Douglass. Self-Made Man y el otro que contiene tres autobiografías decimonónicas de Douglass ponderadas por escritores de fuste por su notable prosa y editadas en forma conjunta en New York por The Library of America, en 1994. Fue esclavo, pudo escapar de ese tormento y fue uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y la sociedad libre. Contaba con una muy nutrida biblioteca, algunos de sus libros en alemán -un idioma que había aprendido con gran esfuerzo y constancia-, buen violinista y muy compenetrado con los principios de los padres fundadores en cuanto a sus nociones del derecho, el sistema republicano y el federalismo. En su discurso titulado “¿Qué significa el cuatro de julio para la esclavitud?” sentenció: “Los padres fundadores eran hombres de paz pero preferían la revolución a la sumisión, eran hombres tranquilos pero no dudaban en la agitación frente a la opresión. Creían en el orden pero no en el orden de la tiranía”. Todo esto a pesar de la fenomenal inconsistencia que algunos tenían esclavos, pero sus principios llevados a la práctica convertían en absolutamente insostenible la esclavitud.

    Las cacerías humanas en África, muchas veces con la complicidad de los propios negros, el transporte de esclavos en las roñosas bodegas de los barcos negreros donde iban encadenados unos a otros, vomitándose encima en medio de las ratas y las pestes, todo para ser vendidos -si llegaban a destino con vida- en países considerados civilizados y luego usados y abusados como “herramientas parlantes”. No se comprende estas ignominias, este cachetazo más brutal e inmisericorde a la dignidad y al mínimo respeto.

    Frederick Douglass nació con otro nombre en Maryland en fecha desconocida (“no conocí un esclavo que supiera cuando era su cumpleaños” nos dice el personaje del presente relato), de padre blanco y madre esclava de quien “destetaron” cual animal de muy niño. Durante un tiempo ella se desplazaba a pie a través de muchos kilómetros para verlo un ratito a su hijo de noche y poder volver extenuada para iniciar sus labores forzadas en los campos y así evitar los latigazos como pena por el retraso. No lo dejaron verla cuando estaba enferma ni estar con ella cuando murió tempranamente.

    Son indecibles las mil y una peripecias por las que pasó Federick Douglass (apellido que el mismo se puso mucho después como homenaje a uno de los personajes de una novela de Walter Scott, agregándose una s adicional). Nadie puede contener las lágrimas al leer los padecimientos increíbles que tuvo que absorber como esclavo, al límite de perder la razón.

    Tuvo, sin embargo, la dicha (por llamarla de alguna manera) de que la mujer de uno de sus “amos” le enseñara los primeros pasos de la lectura, hasta que el sátrapa descubrió el hecho y prohibió la continuación del aprendizaje puesto que sostuvo que “lo único que un esclavo debe saber es la voluntad de su dueño”. En la más absoluta clandestinidad continuó con las tareas de lectura y aprendió a escribir merced a un librito de gramática de Webster que le obsequió otro esclavo y luego con libros prestados.

    Library of Congress Control Number 93512859

    Repudió de la forma más vehemente la posición adoptada por las iglesias del momento en cuanto a las enfáticas adhesiones de sus representantes a la esclavitud, lo cual lo hizo perder su fe en Dios. Veía a sus explotadores salir del templo del brazo de los predicadores. Mucho después recuperó sus creencias debido a un pastor metodista “excepcional” que mantenía una postura coherente con la religión.

    Vale la digresión para decir que como le señaló el referido pastor, cultivar la religatio consiste en conectar la relación con Dios como la primera causa, puesto que si las causas que nos dieron origen fueran en regresión al infinito querría decir que no podríamos estar aquí ahora puesto que nunca habrían comenzado las causas que permitieron nuestra existencia. Se trata de nuestro esfuerzo por la autoperfección, es decir, nuestra faena por acercarnos al ser perfecto y el sentido de trascender lo meramente material y circunstancial como seres dotados de psique para poder pensar, argumentar, elaborar juicios independientes de los nexos causales inherentes a la materia, la posibilidad de autoconocimiento, distinguir proposiciones verdaderas y de las falsas y tener ideas autogeneradas, a diferencia de una máquina o un loro. Esta concepción espiritual de la religiosidad y la dignidad del ser humano dista mucho de acatar barrabasadas de predicadores irresponsables que mutilan gravemente el respeto irrestricto a través de la condena a diversas manifestaciones de la sociedad abierta y, por otra parte, el Big-Bang alude a lo contingente mientras que la primera causa remite a lo necesario.

    El 3 de septiembre de 1838 Douglass logró finalmente fugarse y a partir de entonces a través de infinitas vicisitudes adicionales y marchas y contramarchas logra tomar contacto con otros abolicionistas (muy especialmente con el célebre William Lloyd Garrison). Posteriormente viaja a Inglaterra, intima con los liberales John Bright y Richard Cobden, se hace miembro del “Free Trade Club” y comienza a pronunciar conferencias sobre distintos aspectos de la libertad, los derechos civiles y la igualdad ante la ley, en Irlanda, Escocia y luego en Canadá y Estados Unidos (principalmente en New York, Michigan y Winsconsin), no sin riesgos y, en más de una oportunidad, absorbiendo palizas por parte de la audiencia y en medio de escaramuzas de tenor diverso.

    Se casó y fundó una familia que volvió a renovar cuando murió su mujer, esta vez casándose con una blanca que lo acompañó hasta el final de sus días. Fundó sucesivamente dos revistas: North Star y Douglass Monthly y los conoce a Ralph Waldo Emerson y a Henry David Thoreau, quienes también influyen en su pensamiento junto con Harriet B. Stowe, la célebre autora de La cabaña del Tio Tom.

    Las antedichas tres autobiografías que escribe Douglass en distintos momentos de su vida constituyen un grito de liberación del espíritu humano y un canto a la notable potencia que surge de la voluntad de hierro y el carácter indomable de una persona oprimida que no se resigna a esa condición.

    No soy propenso a utilizar la palabra “héroe” porque es una expresión que ha sido muy bastardeada (generalmente para hacer referencia a quienes ponen palos en la rueda para la convivencia civilizada y agreden a otros), pero esta vez la empleo porque considero que estamos frente a un verdadero héroe, es decir, “una persona que ha realizado una hazaña admirable para la que se requiere mucho valor”.

    Frederick Douglass Papers at the Library of Congress

    Pudo triunfar en sus propósitos merced a su perseverancia y su decisión inconmovible de salir de las situaciones más espantosas y aterradoras que puedan concebirse. Por eso resulta una afrenta a los pobres el sostener que son propensos a la criminalidad. Esto constituye un insulto a nuestros ancestros ya que todos, sin excepción, provenimos de situaciones miserables (aún que no necesariamente de la condición de esclavos). Entre millonarios se suceden crímenes horrendos, no hay más que constatar los brutales asesinatos perpetrados por las mafias de las drogas, en cuyo caso, tal como documenté en mi libro sobre el tema, el asunto no es de patrimonios sino de valores morales.

    Y, dicho sea de paso, aquellos valores morales enfatizados una y otra vez por Douglass no son fruto de la invención ni del diseño humano sino que están en la naturaleza de las cosas. Taylor Caldwell abre su libro sobre Cicerón son un epígrafe de este notable tribuno quien consigna lo siguiente sobre el poder político: “Divorciado de la Ley eterna e inmutable de Dios, establecida mucho antes de la fundición de los soles, el poder del hombre es perverso, no importa con que nobles palabras sea empleado o los motivos aducidos cuando se imponga”.

    De un tiempo a esta parte, tal vez como consecuencia de los galimatías del political correctness, se ha puesto de moda aludir a los negros como “afroamericanos” como si esta denominación los diferenciara del resto de sus congéneres de todo el continente americano de Alaska a Tierra del Fuego. Antes hemos recordado el hecho de que todos los humanos provenimos de África en un largo y antiquísimo peregrinar. Entre muchos otros, Spencer Wells -biólogo molecular egresado de las universidades de Stanford y Oxford- explica el punto con notable maestría en su obra The Journal of Man. A Genetic Odyssey (Princeton University Press), quien también reitera que el término “raza” no tiene ningún significado puesto que los rasgos físicos como la dosis variable de melanina en la epidermis son cambiantes en procesos evolutivos en una dirección u otra según el también cambiante lugar geográfico en que se ubica la persona y sus descendientes (y no se diga la estupidez de “la comunidad de sangre” ya que están presentes cuatro grupos sanguíneos en toda poblaciones del planeta). Incluso en el caso de los judíos muchas veces no se percibe que se trata de una religión o de ancestros que la practicaban (por ello no resulta preciso aludir a mentes criminales como “antisemitas” cuando, como bien se ha dicho, en verdad se trata de judeofóbicas). De cualquier modo, catalogar moral o intelectualmente a una persona por sus circunstanciales rasgos faciales es tan torpe, inútil e irrelevante como clasificarlos por la medida de su calzado, el espesor de sus uñas o su altura.

    Federick Douglass es el caso desgarrador de una persona de una ejemplar integridad moral que esperemos sirva para iluminar a muchos que habiendo tenido la bendición de nacer libres, abdican de sus responsabilidades por mantener los indispensables espacios de libertad y se entregan encadenados al gobernante como esclavos sumisos y genuflexos, indignos de ser tratados como humanos.

    El personaje de esta columna se oponía tenazmente a las asociaciones sindicales basadas en cualquier forma de compulsión legislativa. Andy Stern, el dirigente sindical del SEIU, uno de los gremios más potentes (de donde Obama obtuvo uno de los mayores apoyos financieros en su campaña electoral) describe muy bien sus inclinaciones: “Nosotros proponemos trabajar con el poder de la persuasión, pero si eso no da resultado hay que usar la persuasión del poder”. Douglass dictó seminarios con un estilo oratorio riguroso en sus conceptos y fogoso en sus modos en muy diversas tribunas -como queda dicho en su país y en el exterior- sobre los abusos de sindicatos autoritarios, sobre la relevancia de la propiedad privada, sobre la importancia del comercio internacional libre, sobre la trascendencia de contar con una moneda sana y sobre los basamentos morales de una sociedad libre.

    Para terminar, pongamos en un contexto más amplio la sentencia de Tucídides: “Estén convencidos de que para ser feliz hay que ser libre y para ser libre se requiere coraje” y, salvando las distancias temporales y de conducta, el guitarrista y compositor de música rock James Hendrix ha escrito: “Cuando el poder del amor derrote al amor por el poder, el mundo encontrará paz”.

    Originalmente publicado en Infobae, se reproduce con autorización del autor.

  • De COVID, economía y vulnerables

    Vale la pena destacar y comentar el mensaje de la presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas -APEDE 20 de agosto- sobre la urgente necesidad de liberar la paralización económica, Elisa Suárez de Gómez; quien pide y destaca que “luego de mucha insistencia, que se haya iniciado el proceso de reapertura de la economía y la flexibilidad de la movilidad de los ciudadanos». Sin embargo, a la presidente de la APEDE le parece que al proceso de reapertura le falta celeridad; considerando que van cinco meses de estancamiento, a lo cual yo agrego, “y acumulación del peligroso daño socioeconómico”.

    Elisa Suárez inclusive habla de “garantizar la estabilidad social”; llamado que debe llevarnos a la reflexión. Como dijo un comentarista estadounidense en estos días: “Tendemos a olvidar lo frágil que es la paz social.” ¿Acaso la historia no lo advierte con regularidad?

    Más allá, Suárez habla de “la necesidad de reducir los niveles de burocracia…” esa que yo suelo llamar “burrocracia”. Si tan sólo los panameños supiésemos el daño que causa a todos esa complicación y lentitud excesiva en la realización de las gestiones gubernamentales, particularmente en las que depende la administración de un estado. Peor aún, es que gran parte de la ciudadanía celebra la burrocracia y desdeña el emprendimiento y la ejecución.

    Suárez también se refiere a la “digitalización” que está caracterizando ese “nuevo normal” en que estamos entrando. Pero va más allá y señala con gran tino al decir: “Lo que no podemos es digitalizar lo que no sirve.” Detrás de esta advertencia hay mucho que no se dice y que deberíamos entender. Y es que el malandar del estado profundo y su cuarto poder ha caminado tanto por oscuros pasillos que ya no puede encontrar la salida. Son tantos los que creen que un nuevo presidente puede sacarnos adelante y cambiar la corrupción. ¡Es ingenuo! Si la ciudadanía no toma conciencia y exige la reducción del estado exagerado, no queda otra salida más que las muy tristes del colapso.

    Sin embargo, y la vida está llena de “sin embargos”, debo discrepar con un comentario que hizo Suárez al sentenciar que “…todo el apoyo a los más vulnerables empieza por la generación de ingresos fiscales…”; lo cual debo rechazar enérgicamente, dado que, precisamente, la vulnerabilidad de los vulnerables ha sido creada por el gobierno exagerado, desviado y corruptor. A diferencia de la actividad productiva liderada por inversionistas y ejecutivos por todo el país, lo único que puede hacer el estado para coadyuvar y abrir escapes a la vulnerabilidad, es circunscribir su actividad a lo que es propio de la gobernanza; y lo que vemos en Panamá está años luz de ello. Es el estado que ha creado la vulnerabilidad y dar más fondos fiscales sería contribuir a semejante crimen.

    Felicito a la presidente de la APEDE por sus enfoques iniciales y también cuando termina haciendo llamado a la libertad de empresa. El problema es que esa libertad de empresa resulta ser igual y opuesta al tamaño e intervencionismo estatal.