Categoría: Opinión

  • Es urgente reiterar la importancia de la libertad de prensa

    La libertad de expresión no solo es una manifestación básica de respeto sino que el contraste de distintas ideas resulta vital para adquirir conocimientos

    La condición humana remite al libre albedrío que constituye el cimiento de la tradición liberal, solo así tienen sentido las ideas autogeneradas, la posibilidad de revisar nuestros juicios, las proposiciones verdaderas y falsas, la moral, la responsabilidad individual y la mismísima libertad. El pensamiento resulta imprescindible para evaluar los medios pertinentes al efecto de lograr fines apetecidos y la expresión del pensamiento constituye no solo una manifestación de la libertad sino que es el aspecto medular que permite alimentar el conocimiento, puesto que como ha señalado Karl Popper este tiene la característica de la provisionalidad abierta a refutaciones. Las críticas y las autocríticas son esenciales para el progreso de la insustituible aventura del pensamiento que es una consecuencia de la racionalidad.

    En algunos ocasiones cuando se estima que alguien está equivocado o no sigue las reglas de la lógica se le endilga la etiqueta de “irracional”, lo cual no es así: todo lo que hace el ser humano es racional a diferencia de los actos reflejos de la biología, cuando la medicina antigua propiciaba ciertas recetas hoy consideradas erradas no es que aquellos médicos eran irracionales, es que no contaban con el conocimiento que hoy disponemos y así sucesivamente.

    Se ha dicho, por otra parte, que la verdad debe estar sustentada en verificaciones empíricas a lo que Morris Cohen ha replicado que esa proposición no es verificable y el antes mencionado Popper ha explicado que nada en la ciencia es verificable, es solo de momento corroborable. La verdad se sustenta en la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado, el relativismo epistemológico, cultural, ético y hermenéutico echan por tierra con toda posibilidad de investigación, además de convertir en relativas las mismas aseveraciones del relativismo.

    Como ha sostenido Einstein, “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos” y en el campo específico de cada cual también hay una dosis grande de ignorancia que se intenta contrarrestar en un difícil peregrinaje en el mar de ignorancia en busca de algo de tierra fértil en que sostenernos sin llegar nunca a un puerto definitivo puesto que la navegación es permanente. Por eso me resulta tan atractivo el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales.

    El debate de ideas resulta imprescindible para ensanchar el conocimiento, de allí que la libertad de expresión no solo es una manifestación básica de respeto sino que el contraste de distintas ideas resulta vital para adquirir conocimientos. En esto estriba el progreso intelectual del que deriva todo progreso humano.

    Antes he escrito sobre la libertad de prensa -que es la manifestación de la antedicha liberad de pensamiento- pero dado el clima amenazador que se vive en distintas latitudes, se hace necesario reiterar lo dicho. Después del derecho a la vida le sigue en importancia el derecho de propiedad una de cuyas manifestaciones centrales es precisamente la facultad de expresar las propias perspectivas y contrastarlas con otras opiniones, para lo cual se requiere un ámbito de puertas y ventanas abiertas al efecto de permitir la mayor dosis de oxígeno, sin limitaciones de ninguna naturaleza. Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea al pasar, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina. Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo último”.

    Este es el sentido por el que mi distinguido amigo, el eminente constitucionalista Gregorio Badeni, sostuvo en su Tratado de libertad de prensa la trascendencia de este valor fundamental para la existencia de la sociedad libre y, asimismo, el correlato con la indispensable preservación de las fuentes de información.

    Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

    Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes”. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

    Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros. Esta plena libertad incluye el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en qué momento se debería prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

    Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

    Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

    De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

    Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisioras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

    Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

    Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros y donde irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel, interfieren en la cibernética o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg y ahora Internet, los medios digitales y las redes sociales no han sido del todo aprovechadas sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente.

    Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en imparables verborragias.

    Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos -y que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa- considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

    El cuarto poder tiene prelación para la preservación de la libertad respecto a los otros tres, la sociedad libre se derrumba sin este valor. También he escrito antes para rendir homenaje al periodismo independiente (un pleonasmo pero por las situaciones que atravesamos vale el énfasis) pero en esta ocasión insisto en este muy sentido tributo pues dan batalla con un coraje y una perseverancia por lo que en gran medida le debemos la supervivencia, en contraste con sujetos disfrazados de periodistas pero vendidos al espíritu cavernario del autoritarismo siempre empobrecedor moral y materialmente.

  • El desentendido bien común

    Algo que caracteriza a los relativistas, esos que dicen ser progresivos, cuando en realidad son regresivos, es el apoderarse de lo que ellos llaman el “bien común” que, en realidad es fiel reflejo de su tergiversación del mundo; vale decir, que aquello que alegan ser bien común es más bien mal común; y paso a explayarme. Recién, el papa Francisco elogió a los gobiernos que decretaron claustros domiciliarios, aduciendo que con ello ponían en primera plana el “bienestar de su gente”. Me cuesta muchísimo creer que valiéndose de una pseudociencia para destruir economías y vidas se atiende el bienestar; pues, como bien señalara en su momento Frédéric Bastiat: Las leyes paren no sólo efectos inmediatos sino una multiplicidad de efectos posteriores; y ya veremos si esos claustros pseudocientíficos resultan en bienestar. ¿No fue Omar Torrijos quien habló de las luces cortas y las largas?; las primeras las tiene la mayoría, más no así las segundas.

    Bastiat también abordó la relación entre la libertad y la fraternidad: “Me resulta imposible separar la palabra fraternidad de la palabra “voluntaria”; pues no entiendo cómo se puede hacer valer la fraternidad sin destruir la libertad. Y más aún, sin pisotear la justicia.

    Cuando el político, desde su cómodo despacho, se ve enfrentado a las disparidades sociales y económicas, si es que no es politicastro, sentirá el deseo de corregir esa “injusticia”; pero, para ello debe antes preguntarse cómo fue que llegamos a tal situación. Debía ser obvio que la clase política no puede separarse de culpas y, desdichadamente, son demasiados los que eligen remedios por la vía del autoritarismo, la planificación y otras herramientas legales y politiqueras; con lo cual terminan perpetuando lo que pretenden corregir. ¿No sería mucho más conducente adoptar un sistema de real justicia que sea compatible con la responsabilidad de cada quien, sin la cual no hay camino de superación verdad?

    Por más fuerza que pueda tener una ley, esta jamás podrá dar leche como si fuese ubre de vaca lechera. Quitando a unos por la vía coercitiva no ayuda a otros a ser productivos. Y ser productivo es el verdadero camino progresivo. Como suelo decir, los impuestos, en su justa medida, son buenos. Pero cuando el impuesto se usa para comprar votos, ello conduce a lo que se conoce como una dictadura de mayorías. Y esa clase de mayoría, la que no paga impuestos, tenderá a ser parasitaria; lo cual no guarda relación con un bien común.

    Y vuelvo a citar en paráfrasis a Bastiat: La vida es nuestro el regalo creativo que incluye a todas las virtudes – la vida física, intelectual y moral. Pero el don de la vida va de la mano con la responsabilidad de desarrollarla y perfeccionarla. Para tal fin, también fuimos dotados de maravillosas facultades, que en medio de ilimitados recursos naturales debemos aprovechar sanamente. Si ello no podemos cumplir nuestro destino.

    Nuestra vida y sus facultades requieren el don de la persona, de la libertad, de aquello que es propio de cada quien, pues sin ello dejamos de ser humanos. Artificiosos politicastros intentarán desviarnos del buen camino, pero los regalos del Creador siempre serán superiores; y después de las tempestades, el cielo amanecerá en claridad. Es así ya que no existe ley terrenal que supera a la ley de la misma Creación.

    La vida, la libertad y la propiedad no existen en virtud de leyes nacidas en turbulentos laberintos legislativos. Al contrario, fueron la vida, la libertad y la propiedad las que dieron lugar a las leyes del hombre. Y cuando los hombres nos apartamos de la ley universal, no hay cabida para un “bien común”.

  • Sin el estudio de la Historia no hay futuro

    Siempre me ha parecido magnífico el resumen en dos pasajes célebres de Aldous Huxley sobre el problema medular que nos envuelve. En primer lugar al escribir que “la gran lección de la historia es que no se ha aprendido la lección de la historia” y ¿cuál es esa lección?, pues según Huxley es debido a que “en mayor o menor medida, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están constituidas por una cantidad reducida de gobernantes, corruptos por demasiado poder y por una cantidad grande de súbditos, corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable”. ¡Que extraordinaria descripción!

    Pero el asunto es intentar el desmenuzamiento de semejante conclusión a través de hurgar en las razones del caso. Me temo que debe arribarse a una explicación inaudita, cual es nada más y nada menos que la porfiada renuncia a la condición humana, a la propia dignidad en cuanto a la manía de abdicar de los derechos de cada cual para endosarlos al megalómano de turno sin detenerse a considerar, por una parte, la degradación monstruosa que implica perder la libertad, el atributo que distingue a los humanos de todas las especies conocidas y, por otra, sin percatarse que es el modo más efectivo de hundirse en la miseria no solo moral sino material.

    Antes he elucubrado sobre facetas de la historia que ahora vuelvo a mirar. Hay muchas clasificaciones que han llevado a cabo los historiadores sobre su materia, pero la que me ha parecido más original es la de mi cuentista favorito Giovanni Papini quien la divide en cuatro grandes etapas según el uso de una fruta: la manzana.

    Así, Papini concluye que hubo cuatro manzanas decisivas en la historia de la humanidad. La primera la de Adán que abrió cauce a la noción del mal. La segunda, la de la discordia, fue la de oro para premiar a la mujer más bella en el relato de Homero. La tercera fue la de Guillermo Tell fabricada por Schiller y ejecutada musicalmente por Rossini que desafió al poder político, y la cuarta fue la científica de Isaac Newton en cuanto a aquello del conocido episodio de la manzana que derivó en la formulación de la ley de la gravedad.

    Como ha esbozado Robin Collingwood, una forma precisa y muy relevante de dividir la historia es según los grados de estatismos, lo cual ha hecho eclosión en nuestra época, como queda dicho, marcada por un Leviatán desbocado y avasallante. La contracara de esto no solo se refiere al achicamiento de los radios de acción del individuo y del estrangulamiento de sus libertades sino que la misma historia se desvía de los múltiples, variados y ricos acontecimientos de las personas para enfocar la atención en los que confiscan derechos puesto que abarcan y cubren casi todo.

    Hacia fines del siglo XVIII fueron menguando en algo los poderes de las monarquías absolutas (aunque, como un ejemplo, quedaron impregnados en los estilos mobiliarios y similares los nombres de los monarcas, casi siempre sin mención a los ebanistas que fabricaron el mueble), situación que dio pie a que se pudiera hurgar en los acontecimientos de la vida propiamente humana para salir de los pasillos del poder político, pero de un tiempo a esta parte se ha vuelto a las andadas y se ha dado lugar a los desmanes de las botas que siempre acompañan a los ámbitos políticos.

    Los cinco tomos de Historia de la vida privada escrita por muchos autores pero coordinada por Philippe Ariés y Georges Duby constituyen una pieza de historiografía superlativa en la que se exhibe lo que podríamos denominar la verdadera historia, la historia de las personas y no el simple registro de las fechorías de los mandamás de todos los tiempos. Duby apunta en el prólogo de la antedicha obra que esa historia “ha de resistir hacia fuera los asaltos del poder público” a pesar de que “con el fortalecimiento del Estado, sus intromisiones se han vuelto más agresivas y penetrantes” y si “no nos prevenimos frente a ellas, reducirán muy pronto al individuo a no ser más que un número suministrado en un inmenso y terrorífico banco de datos”.

    Es que los aparatos estatales en teoría son para proteger los derechos de las personas que gobiernan, es decir, sirven de marco institucional para que cada uno pueda seguir los proyectos de vida que considere pertinentes sin lesionar derechos de terceros. Es así que la multitud de procederes en los campos más diversos va forjando la parte jugosa y fértil de la historia.

    Sin embargo, igual que en las épocas remotas de salvajismo, ahora resulta que el centro de la escena lo ocupa el monopolio de la violencia pero ni siquiera para velar por los derechos de todos sino para conculcarlos a través de atropellos crecientes y dirigiéndose a los gobernados como si fueran súbditos, generalmente subsidiando a grupos que hacen de apoyo logístico al abuso del poder con el fruto del trabajo ajeno.

    En Introducción al estudio del conocimiento histórico, Enrique de Gandia nos dice que ese su libro “ojalá muestre a los jóvenes a amar la historia, no como exaltación de energúmenos o estatuas de cartón, sino como comprensión de la vida, con lo inesperado en cada recodo, y el amor a la libertad”, una obra en la que subraya la importancia del cosmopolitismo y lo destructivo de los nacionalismos, ideas muchas veces contradichas en centros de estudios en los que no solo se enseña a memorizar los pertrechos de guerra de cada bando sino que se alaba y pondera la xenofobia.

    Ya Croce había destacado a la historia como hazaña de libertad y Popper había refutado la existencia de “leyes inexorables de la historia” punto que resume bien Paul Johnson al escribir que “una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de que resulta desagradable, es que ninguna civilización puede darse por sentada. Su permanencia nunca puede asumirse; siempre hay una edad oscura acechando a la vuelta de cada esquina”. Aquella visión falsificada de los inexorables “ciclos vitales” de la historia ha tenido como uno de sus máximos exponentes a Spengler.

    Cuando se estudia la historia privada se estudia la historia de la vida humana, en cambio cuando se relata la historia de los aparatos estatales en expansión se estudia la anti-vida, la destrucción de lo propiamente humano, se mira el monstruo que asfixia al individuo. Cuando se estudia la historia privada se constatan los portentosos resultados de la mente, en el arte, en el derecho, en la filosofía, en la economía y en todas las manifestaciones de la conducta humana. Se aprenden las costumbres, los bailes, las gastronomías, la arquitectura, la música, la pintura, la escultura, las modas, las instituciones, el sentido de las conversaciones y la comunicación en general.

    En esa mirada se percibe la evolución de la civilización o la involución puesto que como enseña Collingwood la civilización “significa como condición que el hombre adquiere lo que necesita para su sustento y confort no sacando a otros lo que les pertenece sino ganando lo suyo” de lo contrario la sociedad es una “del saqueo”, lo cual implica “la revuelta contra la civilización”.

    En última instancia la historia del hombre es la historia del pensamiento, es la historia del espíritu como también destaca Collingwood, al tiempo que señala que “las ciencias naturales… no incluyen la idea de propósito”. En las piedras y las rosas no hay acción sino mera reacción. El historiador en las ciencias sociales interpreta el pensamiento de otros, a diferencia de los pseudohistoriadores que, para citarlo nuevamente a Collingwood, fabrican “la historia de tijeras y engrudo… donde repite lo que le dicen sus ́autoridades´”.

    Los gobiernos se han ensanchado tanto que, fuera de los crímenes, en las noticias, salvo honrosas excepciones, prácticamente no figuran los hechos y dichos de los privados porque los diarios, la televisión y la radio están copados por los movimientos del príncipe. Y el asunto tiene su explicación porque precisamente el Leviatán todo lo deglute, por lo que su figura no puede pasar desapercibida. Esto es lo que hay que cambiar drásticamente. De todos modos, ahora, con los progresos en las redes sociales y equivalentes surge con mayor frecuencia el individuo, pero, como decimos, el grueso de las noticias conservan las andanzas de los burócratas. Incluso, cuando se hace referencia a los ciudadanos se alude a los que están “en el llano” admitiendo que los funcionarios -que en verdad son empleados de la gente- están “en la cúspide” cuando la situación debiera ser la inversa. Quienes debieran estar en el llano esperando órdenes de sus mandantes son los gobernantes, pero el asunto se ha trastocado y los aparatos estatales son cada vez más adiposos.

    Conviene a esta altura una digresión semántica. No se si es apropiado aludir a la historia de la vida privada para distinguirla de la referida a los ámbitos gubernamentales, en todo caso que quede claro que no se apunta a lo íntimo que es privativo de cada cual sino a lo que las personas manifiestan exteriormente, fuera de lo que reservan para sí y que excluyen de la mirada de terceros.

    Otra vez debemos hacer referencia a la educación para poder vislumbrar una salida a tanta referencia a los príncipes. Es que si desde que son niños se machaca con la reverencia debida a las autoridades estatales, es poco probable que haya espacio para el pensamiento independiente y, por ende, para la historia de la vida privada en el sentido consignado ya que todo lo engulle el poder político. Y muchos padres no ayudan en esta faena pues en los cumpleaños de los hijos pequeños les regalan soldaditos y ametralladores que no sirven para consolidar la paz.

    Cuando existe la oportunidad de escarbar ya no en las costumbres y hábitos de un grupo humano sino en la biografía de algún pensador de fuste, se descubren recovecos y propuestas que maravillan a cualquiera. Pero es que muchas veces, con la idea de simplificar, se prefiere tomar la historia de a grupos inmensos y parece más fácil personificarlos en los gobernantes y sus dinastías, en lugar de tomarse el trabajo y sacar provecho de todo lo que subyace.

    En realidad, no hay queja justificada al aplastamiento de la vida personal cuando simultáneamente en los hechos se respaldan las ideas y principios que fortalecen y endiosan las estructuras estatales y a su correspondiente radio de acción para administrar vidas y haciendas ajenas.

    Comienzo el cierre de esta nota periodística con el peligro de la degradación de la democracia para convertirla en una especie de ruleta rusa, no solo formuladas por los Giovanni Sartori de nuestra época sino por autores como Joseph Schumpeter que en Capitalismo, Socialismo y Democracia donde se pregunta y se responde al abrir la segunda parte “¿Puede sobrevivir el capitalismo? No; no creo que pueda.” Y esto a pesar del éxito extraordinario que, como dice el autor, ha producido el capitalismo para las masas. Entre varios factores que se señalan en el libro, el autor destaca que es debido a que “el capitalismo plantea su litigio ante jueces que tienen la sentencia de muerte en sus bolsillos” en base a que “la masa del pueblo no elabora nunca opiniones determinadas por su propia iniciativa. Todavía es menos capaz de articularlas y convertirlas en acciones coherentes. Lo único que puede hacer es seguir o negarse a seguir al caudillaje de un grupo que se ofrezca a conducirlo”, lo cual nos lleva al “concepto particular de la voluntad del pueblo […] ese concepto presupone la existencia de un bien común claramente determinado y discernible por todos” pero, en Psicología de la multitudes Gustave Le Bon nos recuerda que “el comportamiento humano bajo la influencia de la aglomeración, especialmente la súbita desaparición -en un estado de excitación- de los frenos morales y de los modos civilizados de pensar y sentir; […y] la súbita erupción de impulsos primitivos, de infantilismos y tendencias criminales” y de modo similar a Schumpeter se pronuncia Benjamin Roggie en ¿Can Capitalism Survive?

    Estas últimas reflexiones nos llevan a meditar seria y urgentemente en nuevos límites al poder político al efecto de salvaguardar la democracia, tal como han hecho pensadores de peso como Hayek, Leoni y antes que ellos Montesquieu en pasajes poco explorados de su obra cumbre que habría que repasar con detenimiento a los que me he referido en otros textos y lo seguiré haciendo ad nauseam hasta lograr el objetivo dada la gravedad del asunto.

    A esta altura es un lugar común citar a George Santayana en cuanto a que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla” en el sentido de masticar y digerir adecuadamente lo sucedido a los efectos de aprender las lecciones de la historia -al contrario de la advertencia estampada por Huxley con que abrimos esta nota- para progresar y no estar condenados a machacar en los mismos errores.

  • La arrogante planificación estatal

    Mientras más planifica el estado, más difícil se torna la planificación por los ciudadanos, señaló F.A. Hayek hace buen tiempo. Y es que los planificadores estatales desde sus refrigerados despachos jamás podrán disponer de toda la información requerida para dirigir la vida ajena; y más en un mundo en el cual las cosas se van acelerando cada día, requiriendo una rauda adaptación in situ.

    Es “la fatal arrogancia” de los centralistas, esos que presumen ser más de lo que son; es decir, meros mortales. Ese gobernar a control remoto jamás ha dado buenos resultados; y mucho menos es un mundo de aceleración exponencial. Peor aún es que al intentar semejante insensatez las autoridades están en franca violación del principio constitucional de velar por la libertad de los ciudadanos. El asunto no está en harrear sino en cumplir con las limitadas normas constitucionales de vida, libertad y propiedad; pues, más allá, ¡la dañan! Y, ¡ni hablar!, que se presta para el relajo.

    Las autoridades están instituidas y electas no para ser discrecionales sino para hacer cumplir los acuerdos constitucionales. Lástima que esos acuerdos que tenemos en Panamá no son nada cumplibles; pero, ello no implica que tienen licencia de arbitrariedad. Hoy, gracias a las gracias de despistadas autoridades, el pueblo anda desorientado intentando sobrevivir pese al caos creado por soberbias “autoridades”.

    Si algo debe ir apareado con la autoridad gubernamental es una buena dosis de humildad. He insisto, “autoridad” es el autor, el que conoce sus limitaciones y respeta. Eso de esconderse detrás de títulos rimbombantes tales como “expertos” o “científicos” y tal, no pasa de ser deposiciones de heno digerido por semovientes. Lo que corresponde es dar la mejor información posible y que los ciudadanos escojan sus caminos, en el marco de la buena ley. El arrear aduciendo que es porque el pueblo es ignorante, es condenarlos a esa condición; en otras, se aprende a nadar, nadando.

    Hoy, me cuentan unos propietarios de restaurante que están zozobrando, que anoche reciben la información de que ahora el cierre es a las 9:00 p.m. y no a las 11:00 p.m. ¿De verás creen estos dictadores que con eso disminuirán el contagio? ¿O será que sólo les interesa aparentar?; sin importarle que el país entero se vaya al colapso. Ya estoy enterado de algunos que piensan cerrar del todo.

    No estamos frente a gobernantes sino a promotores de disfunción social y desastre económico. El asunto no es tan difícil de entender y les pongo un ejemplo: Si estás nadando en un río y ves venir una cabeza de agua, ¿vas a esperar que SINAPROC te diga: “¡Sal del agua!” Así, hay cualquier cantidad de cosas que sólo las podemos advertir y lidiar en el sitio y el momento, y en las cuales el mandato gubernamental obtuso es fatal. Fatal porque si la haces bien, el politicastro dice que fue gracias a su intervención. Pero, si la haces mal, es tú culpa.

    En otros sitios, tal como en Beverly Hills en los EE.UU., ya la ciudadanía comienza a rebelarse, alegando que no es asunto de salud sino de ineptitud y un desordenado deseo de controlar al rebaño. Dicen controlar la pandemia (falso), pero no les importa destruir a la pequeña empresa, a la economía en general y, ni hablar, la salud mental de los ciudadanos. A fin de cuentas, el estado no se distingue por su honestidad o superioridad, a no ser por la superioridad de las armas; tal como bien señaló Thoreau.

    Al ver todas estas cosas, bien podemos concluir que no estamos siendo gobernados sino muy mal arreados.

  • Conozca la nueva genética del consumidor centroamericano

    Conozca la nueva genética del consumidor centroamericano

    La pandemia cambió el mundo tal y como lo conocíamos. Nuestros hábitos de consumo, los criterios en la decisión de compra, nuestro día a día en el hogar, todo mutó y nos presenta ahora un panorama diferente en la nueva genética del consumidor centroamericano.

    Esta es parte de la información que contiene el estudio realizado por UNIMER, en toda la región centroamericana, denominado Consumidor Mutante, el cual incluye a seis países (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), tres mediciones on line y casi 10.800 centroamericanos consultados durante el mes de octubre. La distribución de esta muestra es:

    Este mega estudio responde a la necesidad de contar con información confiable de nuestra región para tomar decisiones acertadas en medio de tanta incertidumbre generada por la crisis sanitaria y una oportunidad estratégica para que las empresas entiendan y acompañen la transformación del consumidor generando una ventaja competitiva.

     Un consumidor entendido integralmente

    Uno de los datos más fuertes que nos arroja el estudio es que un 79% de los centroamericanos redujo sus ingresos a causa de la pandemia, esto en diferentes escalas de afectación: severa, moderada y sin afectación.

    Porcentaje de centroamericanos que redujeron su ingreso a consecuencia de la pandemia:

    Además, de acuerdo con el estudio, un 38% de los consultados no tenía ahorros al iniciar la pandemia y un 67% de los que tenían algo ahorrado ya agotaron todo lo que tenían en reserva, pues los mismos eran suficientes para unos 30 días. Además, en un 48% de los hogares, solo una persona está aportando ingresos.

    Porcentaje de centroamericanos sin ahorros al iniciar la pandemia:

    La construcción de Consumidor Mutante tomó en cuenta así, a un equipo interdisciplinario de UNIMER, para ofrecer un instrumento robusto y completo que camina por áreas temáticas como bienestar y educación, familia y finanzas, consumo y canales de compra, perspectivas del consumo a futuro, turismo nacional e internacional y uso de tecnología.

    El consumidor como lo conocíamos ya no existe

    En el contexto actual el estudio indica que el 95% de los centroamericanos busca marcas más económicas para suplir sus necesidades y que ha sacrificado el consumo de varias categorías, disminuyendo su volumen o sustituyéndolo por productos más económicos. Sin embargo, el impacto económico dio lugar a muchos otros fenómenos y cambios con diferencias importantes entre los países de la región.

    La rutina cambió y con ello la relación con las marcas y categorías

    Un 37% de los jefes del hogar hacen teletrabajo y un 17% compró muebles para poder trabajar mejor. El día a día en los hogares también mutó: Pasamos a convertir la casa en oficina, centro de estudios y hogar, todo a la misma vez, con impacto en las rutinas y también en la inversión de mejores equipos, mobiliario y servicio de internet.

    El consumo de plataformas o productos relacionados con diversión como YouTube o Netflix también reflejó un incremento como parte del cambio en la dinámica de la actividad familiar, así como el incremento de compras en línea, uso de apps u otras alternativas para comprar diferentes productos. Actualmente, el 51% de los centroamericanos paga sus servicios en línea.

    En Navidad la gente comprará regalos, pero en menor cantidad con el fin de cuidar el presupuesto, un 56% comprará menos obsequios y un 57% afirma que visitará centros comerciales solamente si es necesario, lo cual representa una oportunidad para los comercios para atraer tráfico.

    Porcentaje de centroamericanos que comprará menos regalos:

    Con el análisis de Beatriz Zumbado de Inteligencia de Negocios, Claudia Chúa, Economista y Estrategia de negocios y Guido Romeo, Psicólogo e investigador, se hará un abordaje integral con los datos principales del mega estudio para comprender al nuevo consumidor y afinar las estrategias para lo que resta del 2020 y el año próximo. Este lanzamiento se hará oficialmente el jueves 3 de diciembre a las 9 a. m. hora de Centroamérica / 10 am hora de Panamá, de manera virtual

    Puedes registrarte en el enlace: https://unimer.clickmeeting.com/consumidor-mutante/register

  • La legitimidad de los impuestos

    Al considerar si los impuestos son legítimos debemos comenzar por señalar que lo serían solamente en su justa medida. El impuesto no duele tanto cuando sabemos que esos fondos no sólo son bien usados, sino que no son exagerados. Al respecto, algunos ya hemos efectuado estudios en los cuales se demuestra que se podría gobernar en Panamá con 10% corporativo y 5% en la renta; y eso sin desarticular el estado megalodón actual. Si reducimos el gobierno a su mínimo común denominador, tal vez el asunto sería algo como 3% corporativo y 1% renta, o menos.

    Sé que a muchos no les gustará que sugiera la privatización del 80% de las actividades del gobierno; o, simplemente, su eliminación, de manera que sean los ciudadanos que resuelvan lo suyo. Con semejantes ahorros el dinero sobraría y estaría en manos de los ciudadanos y no de los politicastros. Tristemente, hoy día tenemos poquísimos políticos y muchos politicastros que por falta u omisión apadrinan el estado megalodón y corrupto.

    Como están las cosas, los impuestos no son más que un chueco sistema de redistribución que distribuye muy mal o peor: 1¢ para ti, 99¢ para la Cosa Nostra. Por ejemplo, en el caso de los funcionarios públicos, aunque estos pagan impuestos, estos salen de los impuestos que pagan los ciudadanos “contribuyentes”; palabrita engañosa. Y ni hablar de los políticos electos, particularmente los legisladores, que pueden decidir cuanto, cuándo y cómo.

    Lo otra es eso de una “democracia representativa…” ¡Uy!, ¿a quién están representando? No sé tú, pero yo ♪♫ no me siento muy bien representado. ¿Pueden las autoridades políticas representarnos efectivamente? La realidad muestra que no, lo cual ha quedado más que patente en la costumbre de la mentira. O peor, de una población tan carcomida que dicen cosas como: “Robó, pero le dio al pueblo”. Sí, les dio pobreza y aun así claman por más de lo mismo, pues no conocen la realidad de su pobreza.

    Y la realidad es que los políticos electos podrían ser efectivos en su mandato básico, que es velar por la vida, la libertad y la propiedad. Pero si ni eso pueden o quieren hacer bien; ¡para qué demonios les pedimos más!, si con ello les estamos dando licencia para matar. Matar de hambre, miseria o tristeza.

    A fin del cuento lo que elegimos no son sino oligarquías que retozan en los laureles de una representación bastarda; lo cual, no sería en una gobernanza de justa medida, pero es que la medida está lejos de ser justa. Y lo más triste es que ya la población está tan adicta a la politiquería asquerosa que disfruta los nauseabundos olores de los detritos depositados por los desgobiernos. Ello, como en el caso de la CSS, no deja otra opción que el colapso. A ver si luego de ello sabremos corregir rumbos.

     

  • Dictadura pandémica

    Hoy leí un escrito de opinión que me pareció dar en la diana de la verdad al decir que: “Las pandemias terminan cuando lo decide el público.” Es decir, no cuando quiere el gobierno. Lo anterior va quedando en evidencia al ver que la gente está dejando de obedecer a los necios. No tiene sentido prohibir a quienes tienen hambre que salgan a buscar comida. ¡Es que te vas a morir de COVID! ¿Será que está bien morir de hambre? La otra es que cada día hay más normas, leyes, reglamentos, llámense como quieran, que nadie puede cumplir; pero las “autoridades” sienten que, si no mandan, aunque sean sandeces, pierden el control del rebaño.

    A una sobrina mía que era la única que caminaba en una playa en Taboga le salió un agente del desorden a llamarle la atención por no tener máscara. Supongo que es una forma que tienen algunos agentes de sentirse grandes. O el otro caso, de prohibir la salida de barcos pesqueros, no sea que los peces del mar les infecten con COVID. Realmente hay que admirar la capacidad histriónica de las llamados “autoridades”. En fin, los del gobierno podrán decir que la pandemia arrecia, pero si la gente no les para bola, bien podemos decir que la pandemia llegó a su fin… ¿el asunto es cual pandemia, la virulenta o la politiquera?

    Otra forma de verlo es que las pandemias tienen dos finales diferentes, tal como lo señala Ryan McMaken: “El final médico, que se da cuando menguan las infecciones, y el final social, que ocurre cuando a la gente les vale.” El otro enfoque es el económico, que igual es social y tiene mucho que ver con nuestra sobrevivencia y felicidad. Ya está llegando el momento en que la gente le importa mucho más el hambre y la ruina que el COVID 19.

    Y nuevamente, McMaken nos recuerda que en 1958 y 1918 las pandemias no destruyeron la economía. ¿Qué ocurrió esta vez? Que ya la gente no va a seguir eternamente poniendo sus vidas en pausa, como si fuese una serie de Netflix. Y nos vuelve a decir McMaken que la gente es una cosa y los tecnócratas otra, que no parecen entender, o no les importa, que muchos tienen que salir a poner la paila. Y también están los niños y tal. Ya veremos lo que ocurre cuando los burrócratas no tengan con que pagarse sus salarios.

    En la vida real, cada quien debe ser el gestor de los riesgos que asumen; ya sea si es nadando en la playa o saliendo a trabajar; por más que los burrócratas quieran ser los que dirigen el tráfico de nuestras vidas. Entonces, lo que deben estar buscando los del gobierno es como está y estará reaccionando la gente, para ver cómo lidian con eso. Lo lógico es que salgan a dar consejos sanos y no los ñames que les caracteriza.

    Ojalá fuesen tan efectivos en el caso de la seguridad vial. Ayer que salí a renovar licencia, nos pasaban autos por los hombros y casi por arriba. Pero eso está bien para los campeones de la gratificación pecuniaria; que los tontos sigamos en fila, mientras pasan los juega vivos. O el tema de las placas, que hay que cambiarlas anualmente, no porque ello nos brinde más seguridad, sino porque usan eso como instrumento fiscal; lo cual es delictivo… pero ni eso entienden, o no les importa.

    Ya se le acabará al gobierno la magnífica pandemia y tendrán que buscar otra nueva emergencia para imponer sus desvaríos de poder y avaricia. Lo que no ven y menos entienden es que su forma de gobernar ya caduca.

  • Un balance resumido del Foro de San Pablo

    Luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza y el consiguiente fracaso estrepitoso del socialismo, los movimientos de izquierda quedaron muy descolocados pues no solo desde el punto de vista humanitario las muertes por masacres y hambrunas poblaron todos los países que ensayaron el totalitarismo sino que quedó patente la imposibilidad de operar cuando se elimina la propiedad y consecuentemente los precios pues no hay modo de saber cuándo se consume capital en la evaluación de proyectos. Esto también quedó probado allí donde los aparatos estatales se entrometen con la propiedad privada aun sin abolirla como es el caso sobresaliente del fascismo que a diferencia de sus parientes comunistas permiten que se inscriba la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno.

    Frente a este páramo intelectual las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga. Esta decisión parte de dos usinas: por un lado los capitostes con ansia ilimitada de poder y dinero apuntan a conquistar espacios y, por otro, los ingenuos que estiman que puede fabricarse el dislate del “hombre nuevo” con el uso de la fuerza al efecto de endiosar lo colectivo en contraposición a lo individual que deriva en lo que en ciencias políticas se denomina “la tragedia de los comunes” que hace estragos, especialmente en perjuicio de los más vulnerables que siempre son los que más sufren cuando hay derroche de capital ya que de ello dependen los salarios e ingresos en términos reales.

    En todo caso, puntualizamos que el Foro de San Pablo se creó en 1990 para insistir y volver a plantear las ideas socialistas. El primer órgano ejecutivo estuvo a cargo del Partido Comunista Cubano y luego se incorporaron muy diversos dirigentes, especialmente de América latina y el Caribe aunque con el tiempo también se incorporaron activistas de esa misma tendencia de Europa y Asia. Entre los dirigentes más destacados figuraron Evo Morales (Movimiento al Socialismo de Bolivia), Rafael Correa (Alianza PAIS de Ecuador), Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación de Nicaragua), Fernando Lugo (Alianza Patriótica de Paraguay), José Mujica (Frente Amplio de Uruguay), Mauricio Funes (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador), Dilma Russeff (Partido Nacional de los Trabajadores de Brasil), Ollanta Humala (Partido Nacionalista Peruano), Nicolás Maduro (Partido Socialista Unido de Venezuela) y Andrés López Obrador (MORENA de México) a lo que se agrega una lista de simpatizantes encabezados por el Frente de Todos de Argentina y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

    Hasta el momento ha habido veintiséis reuniones y los temas son los mismos del socialismo tradicional con algún aditamento pero en lugar de analizar toda la agenda es más productivo estudiar un buen texto de economía y derecho para percatarse de los errores de aquellas presentaciones reiterativas. En estas líneas mencionamos solo algunos de los puntos más relevantes con un comentario telegráfico que sigue a cada uno en forma de decálogo dado el espacio disponible en una nota periodística.

    Primero, los documentos se pronuncian contra el “neoliberalismo”. Conviene en este sentido precisar que no existe tal cosa, ningún intelectual serio se identifica con semejante etiqueta. No parece que hubiera el suficiente coraje como para enfrentar al liberalismo que significa el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

    Segundo, resulta inaudito que recomienden unificar los tres poderes, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial al efecto de concentrar capacidad de decisión al tiempo que se sugieren reformas constitucionales para administrar discrecionalmente las partidas presupuestarias y permitir reelecciones indefinidas de gobernantes, todo lo cual va a contramano de los principios republicanos más elementales para preservar las autonomías de las personas sujetos de derechos, anteriores y superiores a gobernantes circunstanciales.

    Tercero, se pone en evidencia la incomprensión del significado del derecho puesto que, por una parte, se patrocina el avasallamiento del fruto del trabajo ajeno y, por otra, se abandonan los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva en base a la Justicia que según su acepción clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad desconocido por esta agrupación.

    Cuarto, en la misma línea argumental se patrocinan las expropiaciones sin percatarse de la necesidad de respetar arreglos pacíficos y voluntarios en el proceso de mercado donde la gente vota en el plebiscito diario al poner de manifiesto sus preferencias, y los comerciantes que aciertan en la satisfacción de las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencias del estado-empresario que inexorablemente opera sin asumir riesgo con recursos propios sino apropiándose de lo ajeno en base al pretexto de empresas hegemónicas que en verdad se establecen como fachada para los negocios de los megalómanos del momento.

    Quinto, proponen aumentar gravámenes especialmente los de carácter progresivo que en verdad son regresivos ya que al disminuir las inversiones los contribuyentes de jure hacen que los salarios e ingresos en términos reales de los marginales se contraigan. También la progresividad vulnera la necesaria movilidad social ya que el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial se ve bloqueada por estas barreras fiscales y, asimismo, las posiciones patrimoniales relativas se modifican de cuajo respecto a las que marcó el consumidor con sus compras y abstenciones de comparar.

    Sexto, se pronuncian por el control de la prensa precisamente uno de los derechos más relevantes y fundamentales de la sociedad libre sin el cual no hay posibilidad de contrastar conocimiento alguno ni ejercer el contralor del aparato estatal que debe estar al servicio de la gente y no tratarla como súbdito de un poder ilimitado en el contexto de la supresión de la irremplazable libertad de expresión a la que tanto le temen los espíritus autoritarios.

    Séptimo, el establecimiento de controles de cambios y restricciones al comercio internacional en sintonía con el veneno nacionalista que establece culturas alambradas y cortapisas para las transacciones de lo que pertenece a cada uno y el movimiento de personas a través de fronteras cuyo único propósito en una sociedad libre es evitar el peligro de concentración de poder en un gobierno universal.

    Octavo, la regimentación de las relaciones laborales al efecto de contar con sindicatos convertidos en ejércitos de ocupación que no permiten a los trabajadores elegir el destino de sus ingresos y a través de legislaciones totalitarias que provocan daños irreparables a los más necesitados instaurando un sistema de dádivas para contar con apoyos condicionados.

    Noveno, la concentración de la facultad de prostituir la moneda al efecto de financiar las operaciones de los burócratas en el poder con el resultado de la estafa al poder adquisitivo de la unidad dineraria.

    Y décimo, ahora con la novedad respecto al socialismo tradicional al que se le adiciona la “ideología de género” que significa la obligación de terceros a contradecir la biología y la genética financiando caprichos de quienes se perciben de un modo distinto a lo que la naturaleza establece con agregados también de propuestas socialistas y la introducción del homicidio en el seno materno mal llamado aborto. Todo bajo el paraguas de un supuesto rechazo a la discriminación sin comprender que lo que no es aceptable es el trato desigual ante la ley por parte del gobierno pero cada uno en su ámbito privado naturalmente discrimina en cuanto a sus amistades, a sus lecturas, pasatiempos, compras, alimentaciones, vestimentas, músicas y todo lo que hace a la vida cotidiana. De más está decir que lo consignado en esta apartado no significa la pretensión de modificar lo que cada uno percibe de sí mismo, lo que se objeta es la obligación de otros de seguir pautas y definiciones no compartidas y mucho menos la obligación de financiar las inclinaciones de otros.

    Me extiendo un poco en este último punto pues estimo necesario precisar aún más lo que trasmito en esta materia. Por ejemplo, una cosa es que pretenda obligar a quien escribe un trabajo académico la sandez de sostener que el sexo depende de la percepción de cada cual y no de la estructura genética (independientemente que alguien se castre y se implante pechos) y otra bien distinta son los modales y el trato que requiere consideración sin necesidad de articular expresiones que no le resultan al receptor. Una vez en una presentación reciente me referí a una situación un tanto pedestre y grotesca para ilustrar el tema: si en un almuerzo se está con uno de los invitados que tiene mal aliento no es necesario declararlo a viva voz, es mejor respirar en otra dirección. Recordemos que, como queda dicho, el liberalismo demanda el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, lo cual para nada quiere decir compartir o adherir al proyecto del vecino, se trata de que cada uno pueda hacer lo que le plazca siempre y cuando no lesione derechos de terceros. En este contexto destaco uno de los casos más repugnantes en la historia del espanto de la intolerancia y el más brutal avasallamiento de espacios privados: Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por ser homosexual lo cual arruinó completamente su vida y en la práctica dejó de existir a partir de su liberación, una injusticia que no puede ser reparada a los ojos del más elemental sentido de la humanidad.

    En otras palabras, en el Foro de San Pablo se reiteran lugares comunes fracasados y se improvisa malamente. Antes de pronunciarse es bueno consultar bibliotecas serias. Esteban Echeverría precisó la idea en su célebre primera lectura en el Salón Literario, en 1837, en pleno corazón del barrio de San Telmo, en Buenos Aires: “No nos basta el entusiasmo y la buena fe; necesitamos mucho estudio y reflexión, mucho trabajo y constancia”.

    En resumen, las ideas patrocinadas por el Foro de San Pablo pretenden empujar a los seres humanos por los caminos de la esclavitud por lo cual vuelvo a citar una advertencia de Aldous Huxley en la esperanza de revertir su diagnóstico tremebundo: “En mayor o menor medida, entonces, todas las sociedades civilizadas del mundo moderno están constituidas por un número reducido de gobernantes corruptos por exceso de poder y por una extendida clase de personas corruptas por exceso de obediencia pasiva e irresponsable».

  • Las conductas y los modales importan en Estados Unidos

    Comienzo por declarar mi más profunda admiración por la tradición estadounidense, además cursé parte de mi colegio secundario en ese país, también obtuve una beca para estudiar allí luego de haberme graduado en la universidad y donde tengo muchos buenos amigos. Entre otras manifestaciones, mi respeto por Norteamérica lo puse de relieve en mi libro titulado Estados Unidos contra Estados Unidos, publicado primero por el Fondo de Cultura Económica y luego por Unión Editorial de Madrid, una extensa investigación en la que marco el declive de esa nación respecto a los extraordinarios valores y principios de los Padres Fundadores.

    Ese pueblo ha estado en una muy difícil encrucijada en las elecciones presidenciales en la que por una parte se encontraba Donald Trump que elevó sideralmente el gasto público, el déficit fiscal y la deuda externa lo cual ha alimentado notablemente al Leviatán y, por otra Joe Biden, que -como hemos destacado tantas veces- arrastra buena parte de las izquierdas radicalizadas que naturalmente abogan por más estatismo. Una vez más subrayamos que el electorado partidario de la sociedad abierta se encontraba en un callejón sin salida: entre aceptar ser ametrallado o ser acuchillado. Triste disyuntiva en la nación que ha sido el baluarte del mundo libre durante generaciones. Es de esperar que esta vez los demócratas en el gobierno apunten a la moderación, lo necesita con urgencia el mundo libre.

    Cuando Trump ofreció un discurso desde la Casa Blanca denunciando fraude en las elecciones, las cadenas ABCCBS y NBC eligieron no trasmitirlo completo, pues lo consideraron infundado y alarmante (la BBC de Londres hizo lo mismo: “No solo lo interrumpimos sino que lo corregimos”, dijo el locutor). CNN Fox News lo trasmitieron completo, pero también advirtieron que las denuncias no se respaldaron en pruebas (especialmente John Roberts en esta última cadena informativa y Chris Wallace que dijo que con sus declaraciones de fraude Trump “encendió un fósforo”), lo cual también señalaron enfáticamente 16 abogados republicanos y miembros destacados de ese partido como el ex candidato presidencial y ex senador por Pennsylvania, Rick Santorum.

    El congresista republicano Marco Rubio había dicho que “Trump es un payaso que hay de desenmascarar” y ahora subraya que “no puede denunciarse fraude sin pruebas” y lo mismo ha expresado el senador republicano Pat Toomey de Pennsylvania. Por su parte el gobernador -también republicano- de Maryland, Larry Hogan, ha dicho que “Trump está minando el sistema democrático” y el congresista republicano de Illinois Adam Kinzinger ha enfatizado que las denuncias de Trump “están desinformando y se están convirtiendo en algo insano”. Finalmente Chris Christie, ex gobernador republicano de New Jersey que aspira a la reelección, acusó a Trump de “inflamar sin informar” y lo instó a “mostrar la evidencia que respalde sus dichos” y William Cogswell de South Carolina concluyó que “como representante que acaba de ganar en un distrito azul, estoy avergonzado y avergonzado por lo que acabo de escuchar del mandatario”, en alusión a las antedichas denuncias por fraude.

    Esta elección más que pro Biden ha sido en gran medida anti Trump. El Partido Demócrata se propone intervenir aun más en el área educativa, imponer sistemas de salud que se traducen en la enfermedad del socialismo, establecer nuevas cargas fiscales y regulaciones varias lo cual incluyen el llamado ambientalismo. Esperemos que esto se revea con la firme decisión especialmente de los republicanos en el Senado. En las líneas que siguen centramos la atención en Trump, pues es quien se ha apartado abiertamente de la tradición republicana en las formas y, sobre todo, en el fondo, una conducta opuesta que había señalado con firmeza Ronald Reagan en sus célebres discursos en la esperanza de volver a las fuentes puesto que “la solución no es el gobierno, el gobierno es el problema”.

    Se han desengañado con esta administración desde encumbrados empresarios -que por esos motivos han renunciado al consejo asesor empresario-, historiadores y, como queda dicho, destacados integrantes de su propio partido, periodistas de muy diversos medios orales y escritos. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus berrinches con la prensa al pretender echar de la Casa Blanca a críticos como si el inmueble le perteneciera, sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos con funcionarios varios incluyendo al director del FBI, al secretario de Seguridad, dos de sus voceros y a su jefe de Gabinete, el despido del secretario de Interior y al secretario de Defensa, su abogado de mayor cercanía termina en la cárcel por mentir y concluye que “Trump no merece confianza” (el Presidente ahora lo llama “rata”, a lo cual el ex procurador federal y colaborador de Fox News Andrew McCarthy le recuerda que esa palabra es usada por la mafia para aludir a quienes confiesan la verdad a las autoridades).

    Tony Schwartz, autor de su biografía best-seller, The Art of the Deal, ahora afirma que ha “llegado a la conclusión que Trump está desequilibrado y carece de las condiciones para mantenerse en el cargo”. Por su parte, David Stockman se detiene en sus múltiples libros, artículos y apariciones televisivas a mostrar el desmesurado y peligroso intervencionismo estatal de Trump.

    Como queda consignado, afortunadamente hay algunas expresiones muy estimulantes en el propio Partido Republicano, por ejemplo, las declaraciones reiteradas y la publicación de un sustancioso libro por parte de Jeff Flake del riñón del republicanismo que lleva el mismo título del legendario Barry Goldwater: The Conscience of a Conservative. Flake, quien es conocido por sus notables discursos en el Senado, sostiene que “Trump no puede seguir en la presidencia puesto que no solo ofende la confianza del pueblo sino que ha dejado de lado lo mejor de la tradición del Partido Republicano”.

    Aquellos que apoyan al inquilino de la Casa Blanca por el mero hecho de haber reducido impuestos sin importarles los avasallamientos a la división de poderes y las antedichas extralimitaciones me recuerdan a los indios sudamericanos en la época de la conquista española que por la entrega de espejitos de colores y otras chucherías se dejaban engañar vendiendo su libertad para someterse a instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo.

    En cualquier caso mencionamos aquí lo que fue la situación de Rex Tillerson, el primer secretario de Estado designado por actual mandatario (que más bien actúa como mandante), quien ha llevado a cabo una carrera descollante en el mundo de los negocios. Es ingeniero civil y antes de asumir esa cartera se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de ExxonMobil, como es sabido la tercera empresa con mayor facturación del mundo. Pues bien, Tillerson luego de dejar ese cargo (cuarto en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter (igual que acaba de hacer con el nuevo Secretario de Defensa Mark Esper), ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

    En este último sentido, Trump impuso aranceles nuevos sobre cerca de $400.000 millones de importaciones, resultando en un aumento de $38.000 millones en impuestos a los importadores, lo que ha sido transmitido a través de las cadenas de suministro, levantando los costos de producción a lo largo del sector de manufacturas y los precios al consumidor en todo el país.

    Ahora Maryanne Trump Barry, ex juez federal en EEUU y hermana mayor de Donald fue grabada por su sobrina Mary Trump (la autora de Too Much and Never Enough: How my Family Created the Wold´s most Dangerous Man), grabaciones que fueron reproducidas por el Washington Post el 22 de agosto de 2020 donde entre otras cosas dice que su hermano “no tiene principios”, “es cruel”, “miente” y “no se puede confiar en él”.

    En determinado momento se llegó a la situación extrema en que la Cámara de Representantes le inició un pedido de juicio político a Trump por abuso de poder el cual fue frenado en la Cámara de Senadores pero con el apoyo al referido juicio del ex candidato presidencial, ex gobernador de Massachusetts, abogado por la Universidad de Harvard y actual senador republicano por Utha, Mitt Romney, quien ahora declara que “Trump recurre a un lenguaje desafortunado.”

    El célebre periodista del sonado caso de Watergate (junto con Bernstein) Robert U. Woodward (Bob) publicó un extenso trabajo sobre los dislates de Trump en cuarenta y dos jugosos capítulos, una investigación titulada en su versión española El miedo. Trump en la Casa Blanca (Barcelona, Roca Editorial, 2019). El título de esta obra proviene de lo dicho por Trump en su campaña electoral el 31 de marzo de 2016 tal como lo consigna Woodward en el epígrafe: “El verdadero poder es -ni tan siquiera quiero utilizar la palabra- el miedo”. Recuerdo en este contexto otro pensamiento de Jefferson: “Cuando el pueblo teme al gobierno hay tiranía, cuando el gobierno teme al pueblo hay libertad”.

    Hay otras manifestaciones realmente repulsivas de Trump como sus referencias peyorativas e insultantes dirigidas al entonces senador por Arizona John McCaine héroe de la Segunda Guerra y el episodio horroroso de Charlottesville, en el que nada menos que en Estados Unidos originalmente la tierra de la libertad, apareció la insignia de la cruz esvástica como si no fuera la señal de la muerte y el más horrendo oscurantismo totalitario. Pues eso ocurrió en una ciudad de Virginia, una manifestación que vociferaba sobre la “supremacía blanca” que luego se topó con otra de diferentes características. Y lo peor es que el presidente Trump dijo ese mismo día -escuchado directamente por quien escribe estas líneas- que “en los dos bandos había gente muy buena” (“very fine people on both sides”). ¡Como puede decirse que en un grupo que adhiere al nazismo puede haber gente buena, sino más bien monstruos!, cualquiera sea el motivo que se alegue para la marcha y cualquiera sean las circunstancias.

    En medio de las trifulcas por las elecciones presidenciales Trump lo llamó a Rupert Murdoch (el principal accionista de Fox News) para que su canal se retractara de proyecciones que estaba trasmitiendo, a lo que Murdoch se negó. Las conductas y los modales importan. Desde luego que las irregularidades -sean o no intencionales- deben ser investigadas lo cual ha venido ocurriendo, pero hay que tener en claro que los votos por correo emitidos antes y durante el 3 de noviembre llegan a destino con posterioridad lo cual naturalmente pone de manifiesto el desfasar del caso.

    Al margen anoto que, según proyecciones de analistas políticos, el Partido Libertario que comanda Jo Jorgensen en esta contienda electoral obtuvo un volumen de votos que hubiera permitido el triunfo de Trump en distritos clave debido a las posibles segundas opciones de sus simpatizantes, una lección que puede servir para otros países (Marshall Burt del PL venció al candidato demócrata Stam Blake para la Cámara por el distrito 39 de Wyoming).

    Carlos Alberto Montaner en su columna titulada “Trump perdió las elecciones” escribe: “Trump, como se sabe, perdió las elecciones, pero quiere permanecer en la Casa Blanca a cualquier costo. Ha pedido que se detenga el conteo de la votación, pero, afortunadamente, ni republicanos ni demócratas le han hecho caso. Uno de los hijos de Trump ha advertido que ya hay ´traidores´ a su padre en las filas republicanas. Seguramente se refería a Mike Pence, el vicepresidente, quien se desmarcó de Trump desde la noche del 4 de noviembre”. Y concluye que al actual presidente “le importa un rábano” el Partido Republicano. El ex presidente G. W. Bush lo llamó a Biden por teléfono para felicitarlo y enfatizó que “el resultado electoral es claro y justo” (y como una nota al pie consigno que la asesora de la primera dama, Omarosa Manigauit Newman, afirma que “Melania está contando los minutos para que su marido esté fuera del cargo para divorciarse”).

    Muchos mandatarios se han adelantado para felicitarlo a Biden por su triunfo electoral, pero es del caso destacar especialmente las emotivas palabras de Angela Merkel, quien subrayó lo que estima son las muy buenas condiciones personales del nuevo presidente y recordó que Estados Unidos es el principal aliado de Alemania y confía en un buen trabajo con el nuevo gobierno para el fortalecimiento del libre comercio y la seguridad.

    En otras palabras, todos los interesados en preservar la sociedad libre deben preocuparse y ocuparse en fortalecer los valores tradicionales de Estados Unidos, la revolución más exitosa en lo que va de la historia de la humanidad. Por esto es que especialmente alarman manifestaciones como las del actual morador en la Casa Blanca. Por suerte, las reservas morales en ese gran país son inmensas y seguramente podrán revertir lo que viene ocurriendo, pero, como ha señalado Mitch McConnall, todas las dudas razonables deben disiparse haciendo las cosas como marca la ley y no como se alardea en algunos sermones.

  • Qué podemos esperar de las Big Tech luego de su activismo en las elecciones americanas?

    Analizando las elecciones americanas, una de las mayores curiosidades que me ha despertado es el apoyo masivo e incondicional de las Big Tech (BT) al candidato Biden.

    Las posibles respuestas a ellas me dan terror a lo que se aproxima.

    Bueno, lo que se aproxima es «1984» en esteroides. Si ustedes creían que ya lo estábamos viviendo, especialmente aupado por el Covid, no es nada comparado a lo que se viene. Mucha gente recién se entera ahora cómo funcionan las BT porque han visto la película The Social Dilemma, muy recomendable, por cierto.

    Veamos: inicialmente uno tendería a pensar que dados los inicios de las Big Tech, el romántico garage, estarían más proclives a apoyar a políticas más promercado. Y claramente Biden les ha dicho en sus caras que les van a aumentar el salario mínimo, y sobre todo, los impuestos.

    ¡¡¡Justo a las empresas que han revolucionado el campo de la competencia fiscal, que se radican en Irlanda o Amsterdam o que inicialmente se constituían todas en Delaware!!! sí, quien de nosotros que no haya iniciado una empresa tecnológica por los 90s no la constituía en Delaware??? todas se radicaban en la tierra de Biden justamente para prevenir voracidades fiscales y fisgonas de los gobiernos. Y esas empresas, aún radicadas en jurisdicciones de baja tributación ¿son las que apoyan todo lo contrario???

    Entonces, algo no está cuadrando, ¿¿verdad?? Bien, les cuento un poco de historia: en los 90s, el senador Biden, ya quería introducir regulación para que las compañías informáticas introdujeran los que se conoce como agujeros traseros o facilidades para permitirle a los gobiernos espiar (siempre con autorización legal, ¿eh?) a los ciudadanos. Eso no prosperó, pero quedó siempre presente y cada tanto regresa el asunto a la discusión pública. Recuerden la imposibilidad de hackeo a un celular que Apple impidió en su momento. Hoy ya lo veo posible y paso a explicar.

    Regresando a la historia, las inicialmente pequeñas compañías tecnológicas, comenzaron a crecer de la mano de los datos que voluntariamente entregaban y entregan los usuarios. Hoy día no hace falta que comente el control total que tienen sobre las vidas de la mayoría, y de los que se dejan sabiendo cómo son las cosas.

    ¿Con tanto poder, por qué necesitan a un candidato como Biden? Bien, porque Trump contaba con asesores de primer nivel que conocen perfectamente cómo se comportan las BT, por ejemplo, uno de ellos, Peter Thiel, proviene del riñón de las BT, fundador de E bay entre otras exitosas compañías tecnológicas tempranas. Algunos de ellos fueron los que redactaron la primer autoregulación ética sobre Internet y más tarde, entendían el concepto de plataforma de publicación de contenidos. En ese contexto, lucharon y consiguieron la ley que debía eximirlos de responsabilidad de la publicación de contenidos por parte de terceros. Lógico. Pero eran otros tiempos y parece que a algunas plataformas les gustó la idea del poder, de control de contenido editando y decidiendo qué sí y que no se publica, interviniendo de esta forma en la neutralidad  necesaria para evitar la ley  y responsabilidad que conlleva; y allí Trump les iba a quitar sus privilegios. Quizás este enfrentamiento pueda ser una posible explicación. Pero quizás no es lo más importante.

    En mi opinión, la explicación va relacionada al crecimiento del poder de las BT. Y como todo en la vida, los apoyos políticos se pagan. Y se pagan bien. De ahora en más, no esperen otra cosa más que el gobierno recién electo (siempre que no prospere causa judicial alguna), les deba cumplir a las BT. Y ello significa que ahora en el campo de la defensa de la libertad tendremos dos frentes: uno, contra los gobiernos y el otro, mucho más peligroso aún, contra el poder de las BT.

    Puedo anticipar la cantidad de data cruzada que habrá entre ambos sectores; la introducción de conductas, manipulación de gustos y preferencias que ya actualmente vemos, será en esteroides. El tan temido gobierno mundial no vendrá de la mano tan grosera y chocante de las organizaciones gubernamentales internacionales, sino de la mano de las BT con el soporte de las primeras. No es apocalíptico lo que planteo, es real porque ya sucede, sólo que se dará un rebalance de fuerzas donde nosotros (o aquellos que se lo permitamos) sólo seremos la materia de intercambio.

    ¿Queda algo por hacer de nuestro lado? ¡Claro! la primera, ser soberanos y estar en control de nosotros mismos, y el primer control viene del lado de la moneda. No solo Bitcoin, cualquier moneda descentralizada que sea resistente a la censura gubernamental, es el primer paso. Olvídense de las tarjetas de crédito utilizadas en la forma tradicional, se pueden tener con algunas sofisticaciones que exceden este artículo.  Tener varias residencias fiscales, utilizar redes privadas virtuales para navegar, utilizar Tor como navegador, o buscadores como Duck Duck Go o instalar herramientas contra el seguimiento que hacen los navegadores más comunes. Existen extensiones disponibles fáciles de instalar. Deben utilizar correos electrónicos diversos para validarse en sitios que sólo lo ameriten. Olvídense de la comodidad de utilizar una cuenta de google o de Facebook para ingresar a ciertas páginas que les interese. Es más incómodo, pero dificultan la tarea de rastreo de sus actividades.

    Utilicen herramientas con encriptación de punta a punta para grupos o conversaciones que requieran privacidad. Es cierto que Whatsapp es fácil, cómodo y en realidad es encriptado de punto a punto; sin embargo, los dueños de las llaves son los mismos dueños de Facebook. Múdense a Signal o investigue otras que cumplan similar cometido. Correos electrónicos deben ir también encriptados de punto a punto. Protonmail es un ejemplo fácil de configurar y Usted y las comunicaciones de su empresa estarán seguras y a salvo. Por supuesto, hay un dilema, entre privacidad y seguridad. La seguridad que brinda Google probablemente sea de las mejores del mundo, pero es a costa de su privacidad. Hay que encontrar un balance, como en todo.

    Por supuesto, si encima están furiosos por esta situación, pueden migrar a redes como Minds, Parler o crear las suyas propias; con la sola movida de decenas de millones de cuentas migrando desde las BT a redes más modestas, más descentralizadas, será cuestión de tiempo una mayor competencia. Así se ejerce y se hace conocer el poder del mercado.

    Los próximos años se tratará de pasar bajo el radar cibernético más que gubernamental. Siempre hemos sabido que el sector gubernamental, si bien tiene más poder que cualquier emprendimiento privado, es lento en reaccionar ante los adelantos del mercado. Pero ahora cuentan con un aliado de ese sector. Reitero, la amenaza viene por estos dos lados. La libertad exige no sólo la eterna vigilancia, sino sacrificios. Si quieren comodidad, luego no se quejen.

    Si está interesado en conocer más sobre estos temas, mejorar su seguridad y la de su empresa, tener sus comunicaciones bajo control, enfrentar la transformación digital bajo formas seguras, no deje de contactarnos para fijar una cita o al teléfono + 507 302 2862 o 6229 2530.