Categoría: Opinión

  • A menor impuesto, mayor ingreso

    Este es el tercer escrito de la serie que aborda, para luego de la cuarentena: 1) La reducción de impuestos. 2) Eliminación de impedimentos propios de las leyes laborales, y 3) Y… perfilar la gobernanza; en dónde “gobernanza”, según los buenos diccionarios, es “la manera de gobernar que, en varios sentidos, es sinónimo de gobernabilidad.

    A su vez, el concepto de “gobernabilidad” es algo elusivo, dado que refleja diferentes o distintos matices. Para un gobierno y sus autoridades la gobernabilidad tiene que ver con el estilo que busca el respaldo popular de sus políticas. Pero para “libertófilos” como yo, la gobernabilidad va de la mano con algo señalado en el Preámbulo de nuestra Constitución: “…exaltar la dignidad humana…”, frase que viene precedida por: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…”

    Visto lo anterior, surge la pregunta: “¿Cómo fortalecemos la nación, garantizamos la libertad, al tiempo que exaltamos la dignidad humana? Pues ¡obviamente!, la garantía viene en mancuerna con la garantía de la libertad, que la Constitución, de salida, tilda como un “fin supremo”. Ahora, en atención a lo señalado surge otra pregunta: “¿Cómo garantizar la libertad?” Pues… conociendo lo que. Y es aquí que comienzan nuestros problemas de gobernabilidad.

    La libertad queda enmarcada en nuestro derecho a la vida, esa que ni el mismo Creador nos negó, al uso y usufructo de nuestras facultades en respeto a los demás, y a la defensa de lo que es propio de cada quien. Y, redundantemente, lo propio de cada quien es la vida, la libertad y propiedad. Dicho de otra forma: Somos libres para hacer lo bueno y no lo malo. Pero en ello van surgiendo las contrariedades, particularmente cuando ni nos podemos poner constitucionalmente de acuerdo en lo más básico ya descripto; lo cual, desdichadamente, envilece y prostituye nuestra Constitución. Pero, no nos perdamos, que el tema es la gobernabilidad.

    El propósito de un buen gobierno es el de coadyuvar a que la población cuide sus derechos básicos y esenciales, ya que, si ni eso puede hacer tío pueblo, es vano pensar que el gobierno y sus políticos la harán por ellos.

    El gobierno está para defender nuestras vidas, pero no para dirigirlas. Es más, “gobierno” está definido como “la conducción arbitraria de una nave.” ¿Quieres tú que otro conduzca de manera arbitraria tu vida?; particularmente cuando las reglas del juego han sido prostituidas y orientadas a la salvaguarda de los bastardos intereses del estado profundo y no los de una población que delegó lo indelegable.

    El título de este escrito habla de “impuestos”, lo cual, típicamente interpretamos en el sentido fiscal. Pero… ¿acaso lo que se le ha impuesto a la sociedad es sólo fiscal? ¡Por supuesto que no! Con el impuesto fiscal viene ligado el impuesto de una gobernanza diabólica en servidumbre. Más allá, el impuesto exagerado es el síntoma mórbido de la patología del estado profundo. Así, desde el momento en que se exageran los impuestos van en aumento los incentivos para la evasión, sea legal o ilegal.

    El economista Daniel J. Mitchell, especialista en políticas fiscales y quien nos ha visitado en varias ocasiones en Panamá, nos asegura que una exageración en la carga económica fiscal termina empobreciendo a todos. No sólo es falso, sino absurdo, creer que el éxito económico de unos se traduce en menos ingreso para otros; por regla, es todo lo contrario. En un bote a remos el remero fuerte y enérgico no quita, sino que aporta a todos. Y, en todo caso, el interés del buen remero es el de fortalecer al débil, a fin de disminuir la carga. Y por otro lado, bien se ha demostrado en diversos estudios que, “todas las clases sociales tienden a subir o bajar su economía juntitos.” Tampoco es cierto la letanía de que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Todo ello no pasa de ser odiosas mantras ideológicas.

    En cuanto al “estado profundo” o “cuarto poder”, veamos que “el poder corrompe y cuando es absoluto corrompe de manera absoluta.” Si lo dudas date una vuelta de turista por Venezuela, Cuba o Corea del Norte o China. Así, vemos que, a través del tiempo, nuestros gobiernos se tornaron glotones, no sólo en cantidad sino en acaparamiento, es decir, dedicándose a cosas que no son propias de una sana gobernanza.

    El costo del recaudo fiscal exagerado junto a la confusión de sus instrumentos fiscales es ilógico. Podríamos irnos a un impuesto único al consumo y prácticamente cerrar la DGI y todos salimos ganando… menos los zorros del gallinero.

    Lo que sí les aseguro es que pronto el gobierno se quedará sin ingresos para pagar planillas, subsidios, inversiones alocadas sin sentido, particularmente en tiempos de COVID. En tal situación ¿qué creen que va a pasar? Pues… o nos ajustamos a la realidad o sufriremos consecuencias.

  • Cuando la ley laboral perjudica a los más pobres

    Al final de mi escrito de opinión intitulado, “siempre es mejor actuar en libertad”, propuse tres rutas de acción para enfrentar la extraordinaria situación a la cual nos ha enfrentado, por un lado, el COVID-19, y por otro, el claustro gubernamental forzado, el cual, bien o mal, es una realidad que nos aboca a otras realidades o formidables retos económicos y sociales. En todo ello, cada día que pasa, veo la urgencia de buscar la luz en la oscuridad. Me refiero a la oportunidad única de lograr cambios en las falaces políticas en las cuales hemos confiado nuestro desarrollo.

    En el artículo señalado dije que expandiría las tres propuestas de cambios en ciertas políticas; a saber: 1) Reducir los impuestos. 2) Eliminar todos los impedimentos de libertad impuestos en la ley laboral, y 3) “Desburrocratizar el gobierno; tanto en lo que no le corresponde como en tamaño.

    Hoy comenzaré ampliando el segundo punto; el de esas leyes laborales que son, más que nada, reflejo de despistadas ideologías impuestas por intermedio de un clientelismo morboso. Y no debemos limitar el tema laboral a “los trabajadores” o emplanillados, sino a todos, y en particular a los más pobres que quedan por fuera del club o sindicato de los “trabajadores”.

    Y hoy, más que nunca, comienzo por rechazar de forma enérgica la torcida noción de que el común de los empresarios no sienta empatía por sus colaboradores. Precisamente, en la mañana de hoy, escuchaba al legislador estadounidense de la Florida, Marco Rubio, destacando el drama de los pequeños empresarios que se han visto forzados a despedir a personas que son mucho más que un mero empleado. Personas que han conocido íntimamente por años; inclusive a sus familias y hasta el perro y el gato de la casa. Quien jamás tuvo que despedir a un colaborador no debe emitir juicios a la ligera. En la actual crisis viral-económica no sólo los empleados están en crisis, sino los mismos empleadores.

    Son tantas las injusticias impuestas a través de leyes clientelistas, que es difícil abordarlas. Tomemos el tema del salario mínimo: esa imposición que favorece a una minoría de emplanillados, al tiempo que deja en desamparo a más del 40% de trabajadores y emprendedores del sector informal para quienes la ley es perjudicial.

    El trabajo del empleado depende del trabajo del empleador. Hoy, más que nunca, esto se hace presente y visible en la pandemia. La imposición de condiciones al empleador no garantiza estabilidad al empleado, y por regla, es todo lo contrario. Quien jamás tuvo que contratar difícilmente entenderá el reto que ello impone; y probablemente puede llevar a la contratación de empleados que pondrán en riesgo la paila de todos.

    El gran error clientelista de sindicatos que exigen estabilidad laboral por la vía legislativa. ¿Cómo dar estabilidad a un empleado cuando al empleador se le imponen toda clase de obstáculos, más allá de los que impone el propio mercado? En términos aeronáuticos, es como mandar a un capitán de aeronave a cruzar un océano con poco combustible.

    El tema es enfocar a todo el mercado; y no sólo el laboral. En la medida del éxito empresarial crecerá en tamaño y estabilidad el mercado laboral, reduciendo la necesidad o tentación de subsidios empobrecedores. En buena medida la crisis de la CSS viene por la poca cantidad de cotizantes.

    En resumen, no sólo cambian los tiempos, sino las condiciones que motivaron legislaciones. El reto está en reconocer cuando las leyes son el problema. La AI o Inteligencia Artificial ya no es ciencia ficción, sino una realidad presente y creciente, la cual no va a reducir plazas de trabajo, sino cambiar las clases de trabajo. Y en la medida que se hace más eficiente la productividad, se reducen los precios y aumenta el consumo favoreciendo la economía.

    Si nos quedamos estancos en caducas realidades laborales, empresariales, legislativas y tal, estaremos sembrando tempestades.

  • El mes en el cual el mundo se detuvo. II parte.

    Sociedades cerradas vs sociedades abiertas

    Dos sociedades confucianas: China vs Corea del Sur. Una sociedad cerrada versus una sociedad abierta. Dos respuestas distintas. Una cuarentena draconiana versus dejar la sociedad relativamente abierta, confiando en los profesionales de la medicina, en los individuos, en la familias y en la comunidad para tomar decisiones correctas.

    Los políticos ahora tienen la piel en juego, y todos están tomando decisiones duras, quizás porque tienen miedo del pánico ciudadano y de que los acusen de que fallaron en actuar, porque raramente en la vida de un político, sus decisiones van a tener castigo, así que prefieren equivocarse del lado de la precaución. Ahora todos los políticos son oficiales de crédito de bancos porque tienen la piel en juego. Es casi una ley marcial, la gente se queda en su casa si o si, y los derechos de reunión y de libre tránsito de los ciudadanos son coartados.

    Es San Luis versus Filadelfia en 1918. San Luis tomó medidas draconianas de cuarentena, Filadelfia no lo hizo, quiso que la vida siguiera normal. Y al final tras miles de muertos, entre ellos servidores públicos, la sociedad cayó en la anarquía, con muertos apilados por las calles sin que nadie los recogiera. Por eso las medidas que tomaron tardíamente China, Italia y España, de prácticamente declarar una ley marcial son tan populares, cuando los políticos ven la barba de su vecino arder, ponen las suyas en remojo. Ahora todo el mundo quiere ser San Luis en 1918, con sus medidas de alejamiento social. Nadie quiere ser Filadelfia, con su “es otra simple gripe dejen que la vida siga normal”. Pero ¿hay alguna alternativa?

    Cuando la crisis estalló en China, todos los problemas de una sociedad cerrada de un solo partido, se vieron venir juntos. El virus andaba circulando desde noviembre, y cuando un médico se dio cuenta en diciembre que existía un virus con características similares al SARS, pero más contagioso, dando vueltas y lo mencionó en redes sociales, las autoridades chinas en lugar de premiar su alerta e investigar qué estaba pasando, detuvieron al médico, lo interrogaron, le hicieron eliminar sus post, y le hicieron firmar una retractación de los mismos. El médico moriría durante la epidemia. Era más importante mantener la reputación de infalibilidad del Estado Chino y del Partido Comunista, que alertar a la población. Cuando la pandemia estalló en Wuhan y en Hubei, se ocultó al mundo su gravedad, aunque el hecho de que China limitara la exportación de materiales médicos y los satélites detectaran la construcción de enormes hospitales de emergencia, le hicieron pensar a muchos que la crisis era más seria de lo previsto. Al final parece que China ha logrado controlar el brote en Wuhan y puede lograrlo pronto en Hubei, pero la crisis ahora es mundial y los estados, uno a uno parecen seguir el ejemplo Chino, de una cuarentena rigurosa y dejar que la economía se detenga por varios meses.

    Pero no todos. Entre ser una sociedad cerrada como China, o ser una nueva Filadelfia, como muy pronto lo serán el México de López Obrador o la Nicaragua de Daniel Ortega, hay otras medidas y hay otros caminos; eso sí, siempre y cuando la sociedad sepa manejar el problema. Y los vecinos de China saben cómo lidiar con eso. Corea del Sur, Japón o Taiwán, saben los problemas de epidemias que presenta la peculiar combinación de clima, hábitos higiénicos y sanitarios, combinados con la censura estatal, que hacen de China un foco de epidemias muy peligroso. Y se han preparado por décadas para ello. Por eso han logrado luchar contra la pandemia, pero manteniendo en lo posible las sociedades abiertas y la vida económica activa.

    Corea de Sur es un caso importante, porque junto con China ha logrado reducir la pandemia, aunque de una manera radicalmente distinta.

    ¿Cómo lo hicieron?

    Bueno, como hemos dicho, ellos conocen a su vecino, así que se prepararon. Un tamizado masivo de la población mediante testeo, un seguimiento agresivo de los casos infectados para aislar a los infectados, uso masivo de mascarillas, no solo para el personal médico sino para todo el mundo, un país donde los negocios se abrogan a no dejar entrar a nadie sin mascarilla. Los derechos de propiedad en lugar de violarse, se potencian. Un local tiene derecho de echar a quien no se limpie o no use mascarilla sin miedo a ser llamado discriminador.

    El tamizado masivo se permite gracias a que los surcoreanos han desarrollado kits de pruebas rápidas y los producen en masa en su empresa privada, tienen puestos de control voluntario donde en 10 minutos tienen un resultado preliminar, tienen apps de celular para diagnóstico temprano, donde las personas pueden entrar a ver si cumplen con los síntomas. Los coreanos han sido educados para lavarse las manos, usar mascarillas, practicar el distanciamiento social.

    Sí se han tomado medidas restrictivas con los contagiados, como usar cámaras de televisión, ponerles brazaletes con GPS, vigilar los celulares, tarjetas de crédito, y transacciones bancarias de los infectados para asegurarse de que no incumplan la cuarentena.

    Los Coreanos del Sur, están dando cátedra sobre cómo luchar contra una pandemia tratando de defender la propiedad privada, la transparencia y libertad de expresión y la sociedad abierta.

    Su sistema de salud es mixto, con un componente público primario preventivo y uno privado secundario. El privado secundario ahora mismo está subsidiado con fondos de emergencia del gobierno, porque está claro que los seguros privados o el seguro estatal universal no son suficientes,  pero a diferencia de otros países como España, se han negado a establecer controles de precio o a requisar de hecho a la sanidad privada.

    Claro que a diferencia de España o Italia, los coreanos del sur sabían lo que se podía venir. Ahora el reto es preparar al mundo y a Panamá para luchar contra pandemias futuras, siendo menos China y más Corea del Sur. Esta vez nos agarró desprevenidos, en el futuro no habrá excusas.

  • ¿Cómo podría una sociedad libre hacer frente a una pandemia?

    ¿Cómo funcionaría la cuarentena en una sociedad libre y cómo se resolvería la falta de máscaras, respiradores, ventilación pulmonar, médicos..etc?

    Este es un momento en que vemos casi todos los días cómo el estado está fallando brutalmente en la lucha contra el COVID-19 (hoy, por ejemplo, el gobierno eslovaco ha prohibido a los laboratorios privados en Eslovaquia realizar pruebas de coronavirus, argumentando que son escasos, aunque ya tenemos más de 100,000). Lo mismo sucedió en la República Checa, donde el estado prohibió las pruebas en el prestigioso laboratorio privado de Sona Pekova, que desarrolló una prueba única para COVID-19 y se la proporcionó a todos los laboratorios de forma gratuita (afortunadamente ayer, Pekova finalmente obtuvo el permiso del estado para realizar las pruebas).

    La usurpación del monopolio para las pruebas de COVID-19 es una amenaza altamente irresponsable para toda la población en nuestra sociedad (en las pocas pruebas que hace el estado, se debe suponer que la cantidad real infectada en Eslovaquia y en la República Checa es de 10-100 veces mayor que las cifras confirmadas oficialmente). El mercado de prueba debe estar completamente abierto y desregulado, para que pueda probarse en cada esquina de la calle. Solo entonces habrá la mayor demanda de este servicio y millones de pruebas baratas fluirán a nuestros países, por lo que todos están dispuestos a pagar (el precio actual de la prueba es de 35 € y solo caerá si no estamos amenazados por la hiperinflación en las próximas semanas).

    Y después de estos obvios fallos cotidianos del estado, mucha gente se pone en contacto conmigo con las palabras “¡mira! Es bueno que tengamos un estado fuerte, porque en una sociedad libre no podríamos hacer frente a esta difícil situación”.

    En el siguiente artículo trataré de explicar cómo la cuarentena podría funcionar en una sociedad libre sin un estado, cómo una compañía podría hacer frente a la falta de máscaras, respiradores, ventilación pulmonar, médicos o las pruebas COVID-19. No estoy diciendo que funcionaría exactamente así, por supuesto que no lo sé y depende de una serie de circunstancias. Pero estoy convencido de que, gracias a la libre difusión de información y al libre mercado, podríamos hacer frente a la pandemia actual mejor de lo que lo hacemos ahora.

    ¿Cómo funcionaría la cuarentena en una sociedad libre?

    Si tuviera que pagar un seguro de salud real que refleje su salud, los lugares de riesgo que visita, las actividades de riesgo que realiza, su edad, la compañía de seguros de salud tiene el incentivo máximo para ser responsable y ella puede minimizar la probabilidad de pago de cualquier reclamo.

    Sin embargo, la mayoría de ustedes no pagan un seguro de salud «real»: pagan un impuesto de salud obligatorio que depende mucho de sus ingresos mensuales. Y su cantidad no refleja su comportamiento arriesgado.

    Estoy asegurado en una compañía de seguros de salud «real» (IMG Global), en el que tuve que describir en detalle mi afección médica, incluidas todas las predisposiciones genéticas. Y debido a que quería un descuento de ellos, también tuve que declarar que no los exigiría en los EE. UU., Canadá, Singapur o Hong Kong, donde los costos médicos de cualquier tratamiento son muy altos y que no realizaré ningún deporte riesgoso. Por supuesto, puedo romper esta regla o no decirles toda la verdad sobre mi estado de salud, pero cuando se enteran o descubren que mentí, no solo no recibo ningún pago del seguro si algo me sucede, sino que cancelan mi contrato. Y después de eso, es muy posible que incluso sus competidores no me aseguren. De vez en cuando recibo un correo electrónico de mi aseguradora de salud privada que indica que hay una situación de riesgo en algún lugar y no me aconsejan que viaje allí. Por supuesto, todavía puedo ir allí bajo mi propia responsabilidad, pero en este caso, no se reembolsarán los costos médicos en este país. También puedo adherirme a cláusulas para deportes de riesgo y reembolso en los EE. UU., Canadá, Singapur o Hong Kong, pero mi seguro será significativamente más caro. Así que no me importa.

    En una sociedad libre en la que estallaría una cuarentena, parecería que todos los clientes de seguros de salud serían contactados de inmediato y se les pediría que estuvieran en cuarentena, de lo contrario, aumentarían drásticamente la probabilidad de infección, no solo para ellos sino para todos los clientes de seguros de salud. Por lo tanto, aumenta significativamente la probabilidad de reclamos de seguros para el tratamiento de sus miles de clientes.

    Por lo tanto, garantizar la cuarentena (y su control) para sus clientes, en una situación de pandemia, es una pregunta literalmente existencial para una compañía de seguros de salud.

    Por lo tanto, las compañías de seguros de salud en una sociedad libre tendrían un gran incentivo para establecer sus propias cuarentenas para sus clientes, o para encontrar medios técnicos efectivos para monitorear el cumplimiento de la cuarentena domiciliaria de sus clientes. Cualquier violación de la cuarentena sería severamente castigada, cancelando el contrato con el cliente, porque sería de alto riesgo y amenazaría automáticamente a todos sus otros clientes y, por lo tanto, a sus negocios.

    Es posible que la cuarentena en una sociedad libre se imponga de una manera «más dura» que a través de las compañías de seguros de salud. Por ejemplo, directamente por agencias de seguridad privadas que lo considerarían un delito (violación de NAP) si un cliente de una agencia de seguridad infectara a otro cliente de otra agencia de seguridad (esto podría clasificarse como «daño físico»). En este caso, el objetivo de todas las agencias de seguridad sería minimizar cualquier desembolso de compensación a la contraparte (y, en última instancia, maximizar su beneficio). El resultado podría ser una cuarentena dura para todos sus clientes. Por supuesto, también habría un riesgo de que sus clientes pudieran juzgarlo por la pérdida de ganancias y la cuarentena demasiado dura y excesiva, por lo tanto, se requeriría que las agencias de seguridad hicieran un análisis en profundidad de la efectividad de cualquier cuarentena establecida. Lo que también significaría que no obligarían a las personas a poner en cuarentena si no fuera realmente necesario. De hecho, un gobierno puede permitirse imponer cualquier medida severa que a menudo no tiene ningún sentido. Debido a que es «para el interés público y la protección de la población», fácilmente «barre la mesa» de cualquier acción por parte de empresas o personas para quienes la cuarentena era innecesaria e ineficaz y destruyó sus negocios.

    Aquí, podría argumentar que esto es fácil de decir, porque a las personas ricas no les importa que una compañía de seguros de salud cancele un contrato con ellos, ya que incluso las operaciones más exigentes las pueden pagar en efectivo con su propio dinero y no necesitan una compañía de seguros de salud. Y me gustaría señalar en este momento que las personas ricas ya pueden violar la actual cuarentena obligatoria impuesta por el estado, ya que la multa por su violación es actualmente de 1650 €, que, por supuesto, cualquier hombre rico puede pagar fácilmente, incluso repetidamente. Por lo tanto, las personas con riesgo irresponsable, como vemos, pueden existir en cualquier sistema. Sin embargo, en una sociedad libre, en el futuro, ninguna compañía de seguros de salud en el mercado tendrá que asegurar a esa persona, porque ha puesto en grave peligro la salud de todos sus clientes (y, por lo tanto, de sus negocios).

    Así como las personas a nivel individual ahora son conscientes de la gravedad de la situación actual y se mantienen unidas (y no se ven amenazadas innecesariamente), probablemente se mantendrían juntas de manera muy similar en una sociedad libre y no se pondrían en peligro. Por ejemplo, usar máscaras solo es obligatorio en el transporte público, pero la mayoría de las personas en las calles de las ciudades ya usan máscaras, y esto se debe a su responsabilidad individual, no porque el estado lo haya ordenado. Del mismo modo, una condena individual de personas que no cumplen con los estándares de higiene esperados ya funciona (ayer en la calle, personas al azar comenzaron a gritarle a mi amiga, quien se puso un velo mientras hablaba por teléfono).

    ¿Cómo podría una sociedad libre hacer frente a la falta de máscaras, respiradores, ventilación pulmonar, médicos…etc?

    Tener una falta aguda de máscaras, respiradores u otras necesidades médicas durante la pandemia actual no significa que el mercado libre o el capitalismo hayan fallado. Todo lo contrario: el capitalismo no fracasó en absoluto en este caso (como mucha gente piensa y pide regulaciones estatales), sino que funcionó bien y creó un incentivo claro para que muchas personas nuevas comenzaran a producir y vender de inmediato necesidades médicas de protección (decenas si no cientos de empresas en Eslovaquia y la República Checa han cambiado a la producción de máscaras, incluso las producimos en nuestra Polis Paralela).

    La falta de productos y servicios en caso de un desastre puede ocurrir en cualquier empresa, incluso en el mercado al 100%, no es de extrañar que no siempre haya cosas milagrosas disponibles bajo ninguna circunstancia. Simplemente, los desastres están cambiando drásticamente la demanda actual del mercado en la sociedad, lo que resulta en una falta de algo sólo a corto plazo.

    Pero es precisamente un mercado libre que, en esta difícil situación, puede reaccionar de manera más rápida y flexible y devolver a la normalidad la situación de deficiencia.

    Sin embargo, esto requiere a corto plazo «precios sobrevalorados» de las cosas que tienen más demanda. Actúan como señales claras del mercado para que los emprendedores produzcan y entreguen productos y servicios mucho más que antes, y también significa que emprendedores completamente diferentes se concentren en lo que actualmente es la mayor demanda, y también para la gente común, comprender la «escasez» de sus máscaras o respiradores y evitar desperdiciarlos innecesariamente durante las primeras semanas de la pandemia (a menos que haya más). Después de un tiempo relativamente corto, el mercado estará saturado con la cantidad de bienes faltantes, y habrá una serie de nuevas empresas competidoras, lo que resultará en una caída de los precios, probablemente incluso por debajo del precio anterior a la crisis.

    Desafortunadamente, los intentos del estado de regular el precio máximo al que se pueden vender estos artículos muy demandados tienen el efecto completamente opuesto: bloquean las señales del mercado y, en última instancia, hacen que los clientes pierdan los productos faltantes, incluso si están dispuestos a pagar por ellos. Lo que lamentablemente es la situación actual con máscaras y respiradores.

    Cuando hay una crisis y algo es escaso, la demanda aumentará automáticamente y, por lo tanto, el precio y la oferta. Cuando un estado introduce un ‘precio tope’, el resultado es una escasez de bienes.

    Cuando el estado falla, el mercado negro comienza a funcionar perfectamente (tanto los geles desinfectantes como los respiradores FFP3 se venden en el mercado descentralizado OpenBazaar). Se crea la «mafia respiratoria» que, como las drogas, satisface las necesidades humanas. Y, al igual que las compañías farmacéuticas, el estado está comenzando a librar una guerra peligrosa; como resultado, los respiradores caros ya no podrán llegar a nadie.

    Para una explicación de si la venta de material médico caro es moral por parte de los traficantes en el mercado negro, vea mi último artículo (en checo)  COVID-19 y sus consecuencias inesperadas y absurdas en la sociedad, específicamente el punto 8, o el video INESS ¿Cuánto cuesta un respirador?

    Tengo una gran admiración por todos los médicos apasionados que, debido a su creencia médica más profunda y a su sincero compromiso con el juramento hipocrático, están luchando activamente contra COVID-19. Desafortunadamente, son pocos, y lleva años entrenar a nuevos médicos. ¿Qué hay de eso? Numerosos estudiantes que se gradúan de la escuela de medicina o de la escuela secundaria de medicina también pueden ayudar en esta situación de crisis. Quizás solo se necesite motivarlos más. En cuanto a los expertos, seguramente hay médicos dispuestos a ayudar a combatir la pandemia en países como China, donde los hospitales cierran después de una pandemia. Desafortunadamente, el background médico no es suficiente para comprar un boleto solo a Eslovaquia y venir a ayudarnos. También debe desarrollar un medicamento y una vacuna para COVID-19 lo antes posible. Y, por supuesto, ordenar tanta ventilación pulmonar como sea posible. Y todo esto tiene que ser pagado.

    En un mercado libre, tanto las compañías de seguros de vida como las de salud tienen un claro incentivo económico: minimizar las grandes reclamaciones para reembolsar el tratamiento costoso a sus pacientes (y aún tienen clientes que pagan porque los clientes incapacitados o muertos no pagan nada), así como retrasar los pagos del seguro de vida. Esto se logrará principalmente mediante una prevención importante (motivación económica para construir cuarentenas funcionales para aislar a sus clientes), invirtiendo en tratamientos de última generación (tremenda motivación económica para buscar una vacuna COVID-19) y salvando a sus clientes (solicitando suficiente ventilación pulmonar, ordenar a los mejores médicos para una pandemia mundial).

    El estado ya no puede ayudar en esto y sus intervenciones solo empeoran las cosas.

    Conclusión

    La falta de respiradores, máscaras, pruebas COVID-19, médicos o ventilación pulmonar no es una falla del mercado libre que requeriría cualquier intervención estatal. Es el resultado de un desastre inesperado que puede ocurrir en cualquier sociedad. Y es el mercado libre el que puede resolverlo de manera rápida y mejor. Por lo tanto, no nos interpongamos en su camino. Y no apoyemos a los políticos que hacen esto mediante la introducción de prácticas totalitarias.

  • Siempre es mejor actuar en libertad (cuando salgamos de la cuarentena)

    En medio de la pandemia, la tentación gubernamental es la de conculcar libertades a fin de superar la crisis pandémica. Lástima que a eso hemos llegado; que cuando, más que nunca, necesitamos el aporte de todos los ciudadanos, no quede otra que meterlos presos a todos, ya que no saben respetar ni el distanciamiento social requerido.

    Muchos creen que libertad y libertinaje son sinónimos. Libertinaje o libertino se refiere a aquellos que no entienden de límites. En tanto que sólo somos libres para obrar el bien, y no el mal. Visto así, ¿crees que sólo la autoridad central es capaz de obrar en bien y no el resto o buena parte de la ciudadanía? El gran reto de una buena autoridad es saber gobernar sin vulnerar libertades. O, en todo caso, lo menos posible.

    Exagerando, una manera efectiva de evitar accidentes de tránsito es prohibiendo todo el tránsito. ¡Uy! ¿No habrá otra y mejor forma de lograrlo? A juzgar por la actuación de nuestra ATTT uno diría que no. Llegamos a ello mediante la endémica práctica del desgobierno que venimos padeciendo. Ahora, cuando necesitamos el aporte de una ciudadanía, que actúen conmensuradamente, tal como el mantener un distanciamiento social, nos encontramos con que la gente no lo hace, no lo entiende o no le importa. Ahora estamos presos en nuestro camino de servidumbre.

    Un jurista comentó que nuestra constitución es letra muerta. Que no importa lo que diga, las autoridades hacen lo que les viene en ganas. Más aún, gran parte de la constitución es incumplible… ¡no la puedes llevar a la práctica!

    En semejante escenario, con buena medida de anomia, no queda otra que el autoritarismo. El problema es que ello disminuye y va dejando por fuera al ciudadano, lo cual es una ¡barbaridad! Ahora, si las acciones de la autoridad fracasan, ¿quién es responsable?

    En Corea del Norte dictan hasta como vestirse y como peinarse. En Panamá casi todos hemos quedado presos en casa, con lo cual se supone el problema desaparecerá. El tema es que la autoridad central jamás tendrá a mano todas las variables de información de lo que acontece en el país, y menos en el mundo.

    ¿Sabes por qué los alemanes prefirieron no invadir a Suiza durante la II Guerra M? Por que allí todos los ciudadanos estaban armados hasta los dientes y el costo de tomarse ese país era impensable. Pero en Panamá hemos “desarmado” a la población, dejándola sin recursos ante las pandemias. En contraposición, sí tenemos un ejemplo bastante bueno, el de los Vecinos Vigilantes, el cual, mal que bien, funciona.

    Los panameños haríamos bien en movernos hacia una sociedad descentralizada y libre, en dónde los politicastros del mundo no tendrían manera de someternos en servidumbre. Para ello existen tres correcciones de rumbo, apenas salgamos de la cuarentena,  que nos permitirían llegar a buen destino. 1) Reducir los impuestos a no más del 10%, o menos. 2) Eliminar todos los impedimentos de libertad impuestos en la ley laboral, y 3) “Desburrocratizar el gobierno, tanto en lo que no le corresponde como en tamaño. Esa estrategia de salida es la correcta, apostando por la libertad.

  • Ganadores y perdedores

    Estamos en el pico de la crisis. Aún no es momento de balances. Sin embargo, a juzgar por las acciones que se están tomando, ya podemos tener una previsualización de cómo será el cuadro. Porque el Coronavirus va a traer ganadores y perdedores.

    Ganan

    • Los Keynesianos, a corto plazo, porque ahora los bancos centrales, de países que ya estaban endeudados y con la carga fiscal al tope, van a emitir moneda. A largo plazo, esto va a traer inflación. Pero ahora hay que subsidiar, rescatar, pagar, comprar y mantener a toda costa la situación, así que el gasto público se disparará.
    • Los Reguladores, que ahora van a pasar por encima de las normas y van a expandir su poder.
    • Los Proteccionistas, que ahora van a cuestionar qué fármacos y equipos médicos vitales sean fabricados en China, que es curiosamente el país donde se originan las epidemias serias, poniendo en riesgo la cadena de suministros en un momento clave.
    • Los Xenofóbicos. Ahora cerrar fronteras y restringir el movimiento de personas parece buena idea.
    • La economía digital. ¿Seguro que Estonia estará lockdown? Perfecto, es normal para ellos! Ahora los pagos digitales, las compras a domicilio, el teletrabajo, las teleconferencias, las aulas virtuales, están demostrado su valor. Panamá por 10 años arrastró los pies en el tema y ahora vemos su importancia.

    Perdedores

    • China, por más heroico que haya sido su combate a la epidemia, la gente no se va a olvidar fácilmente sus laxas regulaciones ambientales y su falta de transparencia que hicieron las crisis peores.
    • El populismo como técnica de gobierno. Tanto a la derecha como a la izquierda, Trump, Bolsonaro, Nicolás Maduro, Lopez Obrador, Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Pedro Sanchez con Pablo Iglesias, el movimiento de las 5 estrellas de Italia, Nicolas Maduro, todos los populistas menos Bukele de El Salvador, se han caracterizado por haber desechado las advertencias de que la crisis venía dura, y que era mejor prepararse para lo que venía. Algunos de hecho hicieron lo contrario organizado actos multitudinarios y masivos. Ahora los tecnócratas aburridos son los que están quedando mejor.
    • El liberalismo en general. Los estados han tenido que restringir libertades, intervenir economías, cerrar fronteras, expandir el gasto. Es 1930 de nuevo.
    • Los derechos de los animales. No solo mascotas abandonadas a su suerte, sino, peor, ahora la pregunta es, ¿“pruebas de laboratorio en animales”?, pues todas las que quieran!
    •  Las aerolíneas, el turismo y los hoteles. El virus viaja, y para que no viaje estas actividades han sido suprimidas mundialmente.
    • La economía mundial, es depresión lo que estamos viviendo. Peor que una guerra.
  • Estrategia de Salida

    La pandemia nos ha agarrado desprevenidos y ahora no nos queda otra que emprender el camino hacia la cuarentena absoluta. Por 15 días, prorrogables. O sea, sin plan B si el plan A, la cuarentena, no funciona. Porque la cuarentena tiene sus problemas, por ejemplo en Italia, parece que esta semana, la infección debe llegar a su pico, pero luego viene la recaída si no se suspenden todas las medidas.

    China pudo imponer una cuarentena estricta por dos meses porque fue sólo una región de China. El resto de China tomo medidas más leves y subsidió a la economía de Wuhan y Hubei. Eso no va a pasar con Panamá, nadie nos va a subsidiar. Por lo tanto, una vez frenemos la velocidad de expansión de la pandemia, toca encontrar alguna estrategia de salida, aún sin haber terminado los contagios y sin haber terminado la epidemia, o sea, poner a andar la economía con la epidemia aún sin haber sido extinguida. Una estrategia de salida.

    No somos un país confuciano, con gente inteligente, dispuesta a cumplir su misión. Una población homogénea trabajando con un equipo, el juega vivo, el que poco me importa, ahora nos pasarán la factura. Sin embargo hay maneras de mantener la economía andando en medio de una pandemia, y es el camino tomado por los vecinos de China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Japón. Sí, no somos asiáticos confucianos, pero tenemos que aprender o morir, sea de COVID 19 o de hambre, a ser un poco como ellos.

    Una estrategia de salida debe pasar por fomentar el trabajo en casa, y las ventas a domicilio, disminuir el tamaño del estado, mandando para su casa a los empleados públicos no esenciales aún con sueldos suspendidos. El Estado está en modo de guerra y solo los funcionarios esenciales para luchar contra la epidemia, los de seguridad, salubridad, quizás los maestros, pero no es posible que se hable de sacrificios y que la gente se quede en sus casas sin sueldo de sus empresas privadas o sin sus ganancias del día a día de sus negocios informales, mientras los empleados públicos se gastan los impuestos que ya no van a ingresar, trabajando medio día con salarios completos. ¡Con qué moral pueden los diputados exigir que los bancos, o sea los ahorristas, absorban las pérdidas de los pagos a préstamos que no van a recibir, si los propios diputados no están dispuesto a bajarse su salario!. Ni eliminar sin sueldo a las decenas de asesores.

    Panamá tiene un estado sobredimensionado y caro que ahora es un lujo; es el momento de entrar en economía de guerra y enfocar el gasto en sus funciones esenciales: seguridad, salubridad, relaciones exteriores. En lo que nos saque de la pandemia. Cortar subsidios, que ahora son un lujo, y ver qué se hace con la Asamblea Nacional, un Órgano más caro que por ahora es un estorbo, con diputados que de hecho están más para crear corridas bancarias y conatos de saqueos, que otra cosa.

    Los puntos claves para una estrategia de salida es hacer que la empresa privada vuelva a funcionar cuanto antes.

    Para eso se necesita, aparte de una ayuda fiscal, que la gente pueda salir a trabajar.

    Por lo tanto, mientras dure la cuarentena debemos apuntar a ser como Corea del Sur.

    1. Abrir empresas privadas.
    2. Testeo masivo de la población. Sin excepciones, tenemos que saber quién puede ir a trabajar y quién no.
    3. Política de información clara, tipo SMS masivos para saber quién esta contagiado, a quién quieren interrogar los investigadores del MINSA; quién no y qué medidas ha tomado el gobierno, no poniendo toques de queda por sorpresa. La información es vital.
    4. Vigilancia electrónica de los infectados, instalar cámaras termales con inteligencia artificial en el metro, paradas de buses, aeropuertos y puertos. Brazaletes con GPS a los infectados, vigilancia de sus teléfonos móviles, cuentas bancarias, y tarjetas de crédito y débito. Uso de drones en casos extremos.
    5. Mascarillas, mascarillas, mascarillas. Por ahora dejen las N 95 para los médicos y personal de salud o seguridad, eventualmente para todo el mundo. La gente tiene que salir a trabajar, pero tiene que dejar sus fluidos respiratorios apartados. El distanciamiento social funciona así, pero permite que las oficinas puedan funcionar. No se puede hacer distanciamiento social en el metro o en autobús, o en un taxi. En Asia los asiáticos prefirieron mascarillas para todo el mundo, y que la gente salga a trabajar, los europeos prefirieron no recomendar el uso de mascarillas, por razones más culturales que científicas, y bueno ahora tienen a todo el mundo en casa. Encerrados sin trabajar ni producir.

    ¿Quién tiene razón? ¿Quiénes van a salir mejor librados de esta crisis? Panamá debe ir pensando en un plan B. En una estrategia de salida.

  • Exigiendo cuentas

    Cuando pase todo, muchos gobiernos tendrán que rendirles cuentas a sus ciudadanos. De la manera como afrontaron la crisis, de la manera como están estructurados los sistemas de salud, de la necesitad de ver a la salubridad como una función esencial del estado, igual que la defensa nacional, pues las dos mayores amenazas para un estado moderno son la guerra y las pandemias.

    Dos grandes perdedores se perfilan, la Unión Europea y la Globalización y su mayor beneficiario, China. Y posiblemente podemos sumar a Donald Trump.

    Los italianos están hartos, aunque los alemanes dicen que no, los italianos sienten que la Unión Europea no ofreció nada más que palabras de aliento, pero nada de médicos, nada de equipos como respiradores, mascarillas, sábanas de hospital. Todos los países de Europa están velando por sus propias existencias, la solidaridad con sus socios de la Unión Europea ya no existe. Y por lo tanto, es muy probable que en Italia, tras el fin de la crisis, exista una seria discusión sobre el Italexit. Ahora ven más problemas que beneficios de estar en Europa, esto solo dependerá de lo que haga la Unión Europea durante la recuperación económica.

    Si la crisis del 2008 desnudó al Euro, una moneda común para un montón de economías dispares, ahora el COVID 19 demuestra que Bruselas es muy buena para mandar en tiempos de paz pero en tiempos de crisis es un cero a la izquierda. Y tras la crisis habrá reclamos y rendiciones de cuentas.

    Trump y los Estados Unidos tendrán otros problemas. Los Estados Unidos tienen un buen sistema médico secundario u hospitalario privado. Pero un pobre sistema estatal. Y el sistema secundario depende exclusivamente de seguros privados que no cubren a toda la población y de copagos elevados.

    Por mucho tiempo se han opuesto a un seguro médico universal estatal con cobertura para todos. Lo más cerca que tienen es el Obamacare. El sistema público o Medicaid es relativamente débil. Los gremios médicos nunca han dejado usar el libre mercado, limitando la disponibilidad de médicos per cápita, y un casi inexistente sistema primario preventivo que se refleja en la crisis de obesidad y en el mal manejo de los enfermos mentales violentos. Ahora los polvos se convertirán en lodos.

    Como no tienen un buen sistema primario, no tienen una estructura de tamizado de la población para saber quién está infectado. Ni de seguimiento de los que están enfermos. No pueden ser Corea del Sur si nunca se prepararon para eso.  No les va a ir bien. Y el debate en noviembre va a girar en torno a la salud pública, porque el desastre económico ya se da por sentado. ¿Qué sistema quieren, Obamacare para todos como Francia y Alemania, o Medicare para todos como Italia y España?

    Creo que la cantidad de fatalidades del COVID 19 parecen indicar lo primero.

    China, tiene ahora todo su aparato de propaganda tratando de lavar su imagen, tras aparentemente haber derrotado al virus en Wuhan y ahora van por Hubei. Y como la epidemia está cada vez más controlada, ahora China puede mandar ayuda en forma de mascarillas, equipos médicos y know how a otros países. Pero no van a poder lavar el hecho de que su falta de transparencia, su control de la información y sus peculiares hábitos gastronómicos e higiénicos, han hecho a China el foco periódico de enfermedades respiratorias severas.

    Los expertos de los países se preguntan si es buena idea haber dejado en nombre del libre comercio y el principio de especialización, dejar que las manufacturas de equipos médicos, y medicamentos del mundo estén en China, porque se demostró que durante una pandemia, probablemente originada en China, estas manufacturas se van a detener, y China probablemente usará estos medicamentos para resolver su problema primero. Por ejemplo, sé de un importador de mascarillas médicas a Panamá, que sus suplidores Chinos intentaron comprarle sus pedidos de vuelta, y que no podrían hacer nuevos pedidos de mascarillas. Ahora los países se van a concentrar en la “Seguridad Medica” o sea en políticas industriales proteccionistas para asegurar sus existencias de medicamentos esenciales durante una crisis, así como las de equipos médicos. La gente se pregunta ahora si poner todos los huevos manufactureros en China, un país que no cumple con los estándares higiénicos, laborales, ambientales, y de transparencia que tienen otros países, fue una buena idea. Y van a exigirles cuentas a China.

  • El CORONAVIRUS (Covid-19) ya tiene su versión digital (igual de dañino)

    Los cibercriminales no se detendrán ante nada para explotar cada oportunidad de aprovecharse de los usuarios de Internet. Incluso la propagación desastrosa de SARS-COV-II (el virus), que causa COVID-19 (la enfermedad), se está convirtiendo en una oportunidad para que ellos también propaguen malware o inicien ataques cibernéticos.

    La Seguridad Cibernética lanzó recientemente un informe de análisis de amenazas que detalla un nuevo ataque que aprovecha el creciente deseo de los usuarios de Internet de obtener información sobre el nuevo coronavirus que está causando estragos en todo el mundo.

    El ataque de malware apunta específicamente a aquellos que buscan presentaciones cartográficas de la propagación de COVID-19 en Internet, y los engaña para que descarguen y ejecuten una aplicación maliciosa que, en su front-end, muestra un mapa cargado desde un archivo legítimo fuente en línea, pero en el fondo compromete la computadora.

    Abro un paréntesis en este punto para recordarte la definición de algunos conceptos, los cuáles me ayudará a ilustrar mejor en dónde estamos y las decisiones que debemos tomar:

    Una CRISIS se puede convertir en una OPORTUNIDAD o en un DESASTRE, todo dependerá del ángulo de visión que tengas.

    CRISIS: Es una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución.

    OPORTUNIDAD: Las oportunidades, son los instantes o plazos que resultan propicios para realizar una acción. Las oportunidades no se pierden, otros las aprovechan.

    DESASTRE: Un desastre es un hecho natural o provocado por el ser humano que afecta negativamente a la vida, al sustento o a la industria y desemboca con frecuencia en cambios permanentes en las sociedades humanas.

    Es una realidad que el instinto más primitivo del ser humano es luchar para sobrevivir y dependiendo de las circunstancias, este instinto puede llegar a ser tan bajo como el instinto animal.

    El Covid-19 pasó de ser Epidemia  a ser una Pandemia, lo que ha disparado de forma colectiva el TEMOR de los ciudadanos.

    TEMOR: Es una pasión del ánimo que lleva a un sujeto a tratar de escapar de aquello que considera arriesgado, peligroso o dañoso para su persona. El temor, por lo tanto, es una presunción, una sospecha o el recelo de un daño futuro.

    El temor se puede convertir en nuestro aliado o en nuestro enemigo, todo dependerá de la capacidad que se tenga para enfrentarlo.

    Una de las grandes habilidades de los CIBERDELINCUENTES es que aprovechan las OPORTUNIDADES que surgen de los momentos de CRISIS y utilizan el TEMOR de los individuos como la golosina para que caigan ingenuos en su trampa.

    Como hemos dicho en varios artículos, el eslabón más frágil en la cadena de la protección de los DATOS es el individuo.

    Ya los CIBERDELINCUENTES han convertido esta CRISIS en una gran OPORTUNIDAD para ellos.

    La última amenaza, diseñada para robar información de víctimas involuntarias, fue descubierta por primera vez por MalwareHunterTeam la semana pasada y ahora ha sido analizada por Shai Alfasi, investigadora de seguridad cibernética en Reason Labs.

    Coronavirus-hacking

    Se trata de un malware identificado como AZORult, un software malicioso que roba información, descubierto en 2016. El malware AZORult recopila información almacenada en navegadores web, particularmente cookies, historiales de navegación, ID de usuario, contraseñas e incluso claves de criptomonedas. Con estos datos extraídos de los navegadores, los ciberdelincuentes pueden robar números de tarjetas de crédito, credenciales de inicio de sesión y otra información confidencial.

    Alfasi proporciona detalles técnicos sobre el estudio del malware, que está incrustado en el archivo, generalmente denominado Corona-virus-Map.com.exe. Es un pequeño archivo Win32 EXE con un tamaño de carga útil de solo alrededor de 3,26 MB.

    Al hacer doble clic en el archivo, se abre una ventana que muestra diversa información sobre la propagación de COVID-19. La pieza central es un «mapa de infecciones» similar al que alberga la Universidad Johns Hopkins, una fuente legítima en línea para visualizar y rastrear los casos de coronavirus informados en tiempo real.

    El número de casos confirmados en diferentes países se presenta en el lado izquierdo, mientras que las estadísticas sobre muertes y recuperaciones están a la derecha. La ventana parece ser interactiva, con pestañas para otra información relacionada y enlaces a fuentes. Presenta una GUI convincente que no muchos sospecharían que es dañina. La información presentada es información real de COVID-19 agrupada del sitio web de Johns Hopkins.

    Cabe señalar que el mapa original de coronavirus alojado en línea por la Universidad Johns Hopkins o ArcGIS no está infectado  y es seguro visitarlo.

    El software malicioso utiliza algunas capas de empaque junto con una técnica de subproceso múltiple infundida para que sea difícil de detectar y analizar para los investigadores. Además, emplea un programador de tareas para que pueda seguir funcionando.

    La clave para eliminar y detener el malware oportunista «mapa de coronavirus» es tener el sistema de protección contra malware adecuado. Será difícil detectarlo y mucho menos eliminar la infección sin la herramienta de software adecuada.

    Puede que no sea suficiente ser cauteloso al descargar y ejecutar archivos de Internet, ya que muchos tienden a mostrarse demasiado ansiosos por acceder a la información sobre el nuevo coronavirus en la actualidad, por lo que recomendamos, si desean ver el Mapa de las Infecciones, ir directamente al sitio de la Universidad Johns Hopkins, donde hacen referencia al mapa, aquí les comparto el link: https://www.arcgis.com/apps/opsdashboard/index.html#/bda7594740fd40299423467b48e9ecf6

    ¿Qué sacaremos nosotros de esta CRISIS?

    Me gustaría saber sus opiniones, de repente desde sus perspectivas me ayudan a tener una visión más amplia de la realidad, por lo que les agradezco me dejen sus comentarios, mientras les comparto lo que yo saqué de esta CRISIS y me refiero a la crisis de la gran proliferación de los ciberdelincuentes:

    • Compartir mi experiencia vivida, ya que fui víctima de los ciberdelincuentes y si puedo con mi experiencia ayudar a que ustedes no  sean una víctima más, para mí será un gran logro.
    • Reinventarme, pude descubrir en mi transformación que todos tenemos la capacidad de empezar de nuevo, a veces lo tenemos que hacer desde cero, otras veces lo hacemos desde la cima de las experiencias acumuladas en el pasado lo que nos da mayor credibilidad e idoneidad del tema a tratar.
    • Convertir el fracaso en una EXPERIENCIA y seguir adelante.

    Muchas gracias por leer mi artículo, sean extremadamente cautelosos a la hora de abrir «mapas de coronavirus» en el mundo, actualicen su antivirus, sean celosos de su seguridad y como siempre, espero ansiosamente sus comentarios.

  • El Coronavirus ya está aquí. ¿Y ahora qué hacemos?

    Nada fortalece el poder del estado después de las guerras que una epidemia. Una epidemia usualmente implica restricciones al derecho de libertad de movimiento, al derecho de reunión, al derecho a la intimidad, ya que tu historial medio y con quien te reúnes se torna un tema de políticas públicas, y hasta de seguridad nacional. El Estado, cuya misión básica es dar seguridad a todos los ciudadanos, ahora tiene todas las excusas para acrecentar su poder. También hay restricciones al derecho de propiedad. Por ejemplo es común que los países pongan controles de precios para acabar con la especulación, y lo único que logran es fomentar las compras de pánico y las compras especulativas de acaparadores para su reventa a mayor precio. Hay que estar muy atentos a estos peligros. Por ahora el gobierno parece tomar las cosas con su calma característica. Lo que no sabemos es que si es por sangre fría o incapacidad oculta.

    Porque el corona virus trae dos problemas grandes. El primero, es el médico, que no pienso tocar acá porque no soy médico, el segundo es el impacto económico sobre Panamá del coronavirus.

    Panamá tiene una economía de servicios con varios pilares. Y el coronavirus puede hacer entrar en crisis a todos.

    El colapso del offshore y la construcción. El pilar planteado por la plataforma financiera de Panamá se encuentra bajo asedio de la OCDE y el GAFI, con sus estándares internacionales, algunos realmente planteados para combatir el financiamiento de actividades ilícitas y la evasión fiscal, pero también con claros propósitos proteccionistas de evitar que la gente vote con los pies hacia jurisdicciones más cómodas y evitar la competencia fiscal perjudicial. El sector construcción también ha tomado duro, y hay ahora mismo hay un exceso de inventario, con apartamentos y locales comerciales vacíos. Los obreros de la construcción se han reducido a la mitad. Y por lo tanto, las cuotas sindicales que financiaban al SUNTRACS, FENADESO y al FAD.

    Ahora el coronavirus va a atacar otros dos pilares de la economía panameña que ya venían estando golpeados.

    El Canal de Panamá. La ACP no ha dicho nada, pero ahora a las restricciones de calado por la falta de agua se va a sumar el colapso del comercio desde China y Corea del Sur y la caída de los precios del petróleo. La actividad comercial en los puertos de la costa oeste de los Estados Unidos que comercian principalmente con Asia, ha caído un 25% y los puertos de la costa este, que usan el Canal de Panamá para comerciar con Asia, esperan una caída del 15% el primer cuatrimestre de este año, principalmente gracias a la caída del comercio con China. Comercio que pasa por el Canal de Panamá. Y que sumado a las restricciones de dragado por la sequía, va a hacer que el tránsito por el Canal de Panamá disminuya, y por consiguiente los ingresos en forma de peajes y los aportes del Canal al presupuesto de Panamá, que desde Martinelli usa estos ingresos para sufragar gastos fijos y no inversiones. Sume a esto que la crisis deflacionaria del Coronavirus ha provocado una caída brutal en las importaciones de materias primas a China, entre ellas el petróleo, que ha caído a un mínimo, lo que hace la ruta por Suez más competitiva que la Panameña con sus restricciones de calado y tiempos de espera. El Canal de Panamá, los puertos y la industria logística van a tomar duro. Y con esto los ingresos del Estado Panameño.

    El Sector Turismo. Los hoteles ya habían despedido a más de 30 mil personas antes del coronavirus, ahora va a ser devastador. Las aerolíneas han tenido que cancelar vuelos, dejar pasajeros en tierra, la industria cinematográfica ha tenido que atrasar estrenos como Mulan y la última de James Bond. La Liga de Fútbol Italiana está cancelada. Los restaurantes operan con horarios restringidos. En Francia todas las aglomeraciones de más de mil personas han sido canceladas. Si las aerolíneas, hoteles, restaurantes y cines tenían problemas antes del coronavirus, ahora el efecto puede ser devastador.

    ¿Qué hacer? Emmanuel Rahn tiene una frase famosa, “no dejar que ninguna crisis se desperdicie”.  Las crisis también son épocas de oportunidades. Y las oportunidades son varias.

    El problema con poner todos los huevos en una sola canasta. Los empresarios norteamericanos se estaban dando cuenta con la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, antes del coronavirus, que no había sido sabio poner todos sus huevos manufactureros en la misma canasta China. Ahora con más razón, teniendo en cuenta el riesgo de los gustos gastronómicos y hábitos higiénicos de los Chinos, la posible aparición de cisnes negros en forma de pandemias en China, van a asustar más a los inversionistas que van a buscar un “desacoplamiento” de la economía China y la norteamericana diversificando su producción en otros países. Un economista norteamericano nos dijo la semana pasada que México y Centroamérica deberían poder aprovechar la coyuntura para atraer inversiones manufactureras. Panamá, que ha puesto todos sus huevos en un sector servicios que ahora va a tomar duro con la crisis, debería prepararse para aprovechar esta oportunidad. Pero para ello debemos hacer modificaciones en la legislación vigente, sobre todo en el Código de Trabajo.

    El aumento de desempleo y el colapso de la industria de la construcción van a hacer que el poder de los sindicatos sea mucho menor para oponerse a las reformas, y si persiste la situación de Coronavirus, no van a poder hacer grandes y violentas manifestaciones contra las mismas. Es una oportunidad que no debería desperdiciarse.

    El problema del sistema de salud público panameño. La atención médica primaria, que es la que evita que la gente no se enferme en primer lugar y la atención médica terciaria, para los cuidados catastróficos que la atención medica privada es incapaz de asumir, como lo demuestra la conducta de las aseguradoras, pueden ser mejores. Está claro que la salubridad pública tiene un rol que cumplir y puede ser mejor. Es una discusión que hay que tener. Fuera de la histeria de que “quieren privatizar la CSS” cuando en efecto se trata de unificar el sistema estatal de salud. Se trata acá de crear un sistema estatal de seguros primarios que funcione, un seguro de salud estatal que cubra las carencias de los seguros privados y un sistema de salud estatal terciario para los eventos catastróficos, como lo puede ser la infestación del coronavirus.

    Son todas oportunidades que se presentan en una crisis. Pero por ahora parece que el gobierno sólo puede atender un problema a la vez, y éste es contener el coronavirus. En lugar de mirar los efectos que la crisis va a tener sobre nuestra economía y ver qué oportunidades saldrán al final de la crisis.