Categoría: Opinión

  • El socialismo explota al trabajador

    El meollo del argumento socio-marxista ha sido girado por personajes como Carl Marx en torno al valor del trabajo de los “trabajadores”, soslayando los derechos de propiedad. Semejante enfoque introduce una concepción ambigua al tema, con eso de “trabajadores”; que nos fuerza a definir quién es o no es “trabajador”. Tal vez un mejor término sería “obrero”; es decir, a quien se le encarga hacer una obra; lo cual, a su vez, suscita otra pregunta: ¿Acaso a quien se le da el encargo trabajar en una obra se convierte en el propietario de la obra? Particularmente cuando quien te encargó la obra te está pagando una cantidad mutuamente acordada por el encargo. De acuerdo con Marx, en semejante situación, en adelante, el llamado “trabajador” no sólo sale con un pago, sino que quien ideo el negocio y lo gestionó asumiendo los riesgos de la aventura, va perdiendo el dominio sobre su criatura con cada nuevo ayudante que emplea. Y, ¿qué del empresario que no contrata a nadie para su emprendimiento? ¿Este sí sería propietario?; es decir, un sistema que favorece la no contratación de “colaboradores”, lo cual cobra relevancia hoy más que nunca en la nueva era de la automatización y la IA.

    Pero, poniendo a un lado el argumento de quién es el dueño de un negocio: el que lo ideó, capitaliza y monta, arriesga y luego administra, o los llamados trabajadores que el emprendedor contrata para el desempeño de trabajos específicos a fin de aumentar el rendimiento del negocio; o los socio-marxistas que alegan que el capitalista esclavista le roba al trabajador parte de su producción laboral. Y, ¡por supuesto! que semejante argumento es música para quienes no pasan mucho más allá de 2 + 2 = 4. Pero, en todo caso, aun cuando sea el mismo estado el dueño de las empresas, tal como el NODUCA, IDAAN o la ACP, ¿acaso no persiste el supuesto vicio de una explotación por el dueño estado?

    Más allá, habrá que entrar a definir lo que es el lucro, ganancia o plusvalía, lo cual nos va sumergiendo en el pantano de lo gris en el claroscuro. Carl Marx propuso que el valor de una mercancía es el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Y ese “tiempo” requerido para producir algo, guarda relación con lo que el trabajador requiere para llevarse a casa y alimentar y mantener a su familia; lo cual, de salida, suscita la pregunta: ¿Y qué si el trabajador es soltero? ¿Ven por qué hablo de “relajo”? O de pronto es bígamo o trígamo; o es la abuela que mantiene a los hijos de sus seis hijas solteras.

    La realidad del mundo es que el mismo no da cuartel, como bien lo vivían los humanos hace, digamos, 60,000 años, cuando el concepto de un “living wage” o salario de vida, sólo dependía de la habilidad de cada quien de recolectar frutos, raíces, hojas o batirse a palo contra las garras de una fiera. Lo que no realizan es que hoy las cosas no han cambiado. Hoy te mueres igual si no sabes y cuentas con las herramientas para la sobrevivencia; por más que tantos crean que un estado con gobierno benevolente puede confiscar a unos para luego partir y repartir. Ello es mucho más que ingenuo.

    Compliquemos aún más el asunto con el caso de un vendedor de “raspao” que no trabajan para una empresa. ¿No sería estos odiosos y aprovechados capitalistas empresarios propietarios? ¿A estos no habría que pagarles una remuneración de vida? Es decir, ¿pagarles los suficiente para que pongan la paila en casa? Imagínense: Compras un “raspao” a uno que pasó todo el día sin vender nada. Llegas tú, le pides uno y mientras le metes la lengua al raspao, le preguntas: “¿Cuánto?” El hombre saca su calculadora y eventualmente dice: “Son $120.” Te atoras y feneces. Pero supongamos que sobrevives, y pides explicación del asunto. Bueno, es que como no he vendido nada y tengo que mantener a mis tres mujeres y 10 hijos, me tiene que pagar 15 por cada hora de trabajo, que son 8 para el día, y eso sale a los $120. La realidad es que cuando compro raspao no estoy pagando por mantener a nadie, sino por comerme un raspao; sea que el vendedor es asalariado o empresario informal. El negocio es asunto de oferta y demanda.

    Pero si dejamos atrás al mundo de las fantasías socio-marxistas, veremos que sus sociedades terminan siendo una torcida imagen de como ellos ven al capitalismo; es decir, masas de trabajadores abusados bajo las botas de una minoría de élites, como un Chávez, Castro, Maduro y tal. O en el caso del NODUCA, terminas con edificios de supuesta enseñanza, vandalizados y un producto al que no le podemos llamar “educación”. Los gamonales socio-marxistas siempre exigirán el mayor rendimiento de sus súbditos al menor esfuerzo posible.

    En el caso del NODUCA, por ejemplo, la suma que no se suma es la de un producto inferior que terminamos pagando a precio superior. Y es que en esos sistemas populistas clientelistas los políticos reparten todo el dinero en lo que no es y luego no tienen con que invertir en lo que sí es; tal como le ocurre a Venezuela con sus océanos de petróleo que no logran procesar.

    A todo ello, los socio-comunistas de hoy no son los paisanos de la revolución bolchevique sino hijos de una clase media acostumbrada al servilismo estatal. O, tal vez son hijos de familias cuya visión de lo que es “progre” o progreso es la de una vida aristocrática a costillas del partido benevolente. En fin, los socio-marxistas modernos han sido paridos por supuestos capitalistas frustrados que no entienden de capitalismo.

    Lo que poco entienden, tanto  esos «capitalistas» como socio-marxistas, es que lo más importante del proceso productivo viene a través de las ideas; y tomar en serio las propuestas de Marx es de necios. Y todo ello se complica aún más cuando se trata de productos de alto valor subjetivo que no requieren esfuerzo laboral; tal como un Rembrandt. ¿En dónde colocas el valor agregado?

  • ¿Frente a cada necesidad nace un derecho?

    Tomar livianamente el significado del derecho resulta devastador

    Una de las mayores incomprensiones respecto a la sociedad libre radica en la noción misma del derecho, que significa la facultad de usar y disponer de lo propio. A todo derecho corresponde una obligación. Si una persona gana diez en el mercado laboral hay la obligación universal de respetarle ese ingreso, pero si ganando lo dicho la persona pretende que el gobierno le asegure veinte y el aparato estatal procede en consecuencia, esto se traduce en que otros deben hacerse cargo por la fuerza de la diferencia lo cual implica una lesión al derecho de esos otros por lo que estamos frente a un pseudoderecho.

    Vivimos la era de los pseudoderechos: “derecho a una vivienda digna”, “derecho a vitaminas e hidratos de carbono”, “derecho a un salario adecuado”, “derecho a la recreación” y similares. Son todos pseudoderechos, como queda dicho, no pueden otorgarse sin lesionar derechos de terceros.

    En este ámbito se hace necesario insistir en la importancia crucial del derecho de propiedad. Esta institución se torna indispensable al efecto de darle el mejor uso a los siempre escasos recursos disponibles. En las transacciones cotidianas el comerciante que acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. El cuadro de ganancias y pérdidas no es una situación irrevocable, se modifica según se modifique le eficiencia del empresario para atender los deseos de sus congéneres. Desde luego que no nos referimos a los que la juegan de empresarios pero están vinculados al poder de turno para obtener privilegios de diversa naturaleza puesto que explotan a sus semejantes con precios mayores, calidades inferiores o las dos cosas al mismo tiempo.

    Como se ha puesto de relieve la intervención en los precios afecta el derecho de propiedad y en el extremo la abolición de la propiedad elimina precios y por ende no hay posibilidad alguna de evaluar proyectos, de llevar registros contables y en general de todo cálculo económico. Como hemos ejemplificado antes, en este contexto no se sabe si conviene construir carreteras con pavimento o con oro puesto que se ha barrido con los únicos indicadores que tiene el mercado para operar y es imposible conocer la mejor variante técnica puesto que es inseparable de su costo lo cual, como decimos, no se conoce si no hay precios de mercado. Sin llegar a este extremo, en la medida en que los aparatos estatales si inmiscuyen con los precios se desdibujan las antedichas señales y por ende se consume capital que es el único factor que permite el incremento de salarios e ingresos en términos reales. En otros términos, afectar el derecho de propiedad empobrece a todos pero muy especialmente a los más necesitados puesto que son los más afectados por el derroche.

    Entonces decir que “frente a toda necesidad nace un derecho” no solo es una sandez mayúscula sino que constituye un imposible puesto que las necesidades son ilimitadas y los recursos escasos por lo que no hay de todo para todos todo el tiempo lo cual sería Jauja, situación en la cual no habría precios ya que todo sería gratuito pero no se necesita ser un economista para saber que en la vida nada es gratis, todo tiene un costo.

    Para ilustrar la relevancia del derecho de propiedad, hemos puesto antes el ejemplo de lo que ocurría con el ganado vacuno en nuestro continente: quien se topaba con un animal lo achuraba para engullirlo o lo cuereaba y dejaba el resto a las aves de rapiña con lo que se corría el riesgo de la extinción de estos animales hasta que apareció la tecnología más avanzada de la época que consistió primero en la marca y luego el alambrado con lo que los propietarios podían reproducir y defenderse de la extinción. Esto mismo ocurrió con las manadas de elefantes en África: al asignar derechos de propiedad los titulares estaban incentivados a mantener y reproducir y no dejar a la suerte que se ametrallaran en busca de marfil.

    La misma Justicia es inseparable del derecho de propiedad puesto que la definición clásica es “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad y ésta es inseparable del proceso de mercado, es decir, del respeto irrestricto a las transacciones entre propietarios de dinero, bienes y servicios.

    Benjamin Constant diferenciaba “la libertad de los modernos” de “la libertad de los antiguos”. En el primer caso la libertad era entendida como una defensa frente al poder y como resguardo de las autonomías individuales, mientras que en el segundo, era más bien la facultad de participar en procesos políticos. En todo caso la clasificación resulta analíticamente de utilidad. La llamada “libertad de los antiguos” puede también concebirse como una gracia concedida por el gobernante a los gobernados y no el reconocimiento de derechos anteriores a la misma existencia del gobierno. La Carta Magna de 1215 se considera como el punto de partida de la teoría constitucional propiamente dicha. Sin embargo es poco conocido que hay antecedentes anteriores, en España. Juan Beneyto reúne documentación y demuestra: “La formulación más antigua de los derechos de libertad tuvo lugar en territorio español. Las leyes leonesas de 1188, que bien pueden llamarse Carta Magna, fijan normas de carácter constitucional un cuarto de siglo antes que en la arrancada a Juan sin Tierra por los ingleses”.

    En realidad antes que eso ya existieron los Fueros de León en 1020, de Nágera en 1076, de Toledo en 1085, de Burgos en 1073, de Calatayud en 1120, Zaragoza en 1115 y de Puebla de 1191. Posteriormente al antes mencionado Fuero de León deben destacarse muy especialmente los Fueros de Aragón de 1283. Norberto Gorostiaga explica: “El respeto del Fuero era, por así decirlo, la razón de ser del fuero mismo. El rey le debía obediencia en los mismos términos que sus súbditos. El Fuero tenía el valor de ley suprema y estaba por encima de la voluntad real. Todo lo que el rey hiciera en contra de él carecía de valor y no podía aplicarse”. Carlos López de Haro señala que la función de los fueros fue “impedir que los reyes impusieran su ley”. Segundo V. Linares Quintana citando a Rafael Bielsa señala: “Debe agregarse, finalmente, que el mismo recurso de habeas corpus, cuya ascendencia sajona es considerada casi como un axioma de ciencia constitucional, aparece configurado en el juicio de manifestación, en defensa de la persona oprimida por cualquier autoridad, incluso el juez, que instituía el Fuero de Aragón”. En la misma obra Linares Quintana lo cita a Macaulay quien afirma: “El gobierno de Castilla era en el siglo XV tan libre como en Inglaterra e indudablemente más lo era el de Aragón”.

    También es de gran interés destacar el derecho de resistencia o de contragolpe cuando se repiten insoportables golpes a las instituciones republicanas que se encontraba presente en los aludidos fueros antes que lo desarrollara John Locke y toda la tradición de la sociedad libre inserta primero en la Declaración de la Independencia estadounidense y luego replicadas en documentos fundacionales de muy diversos países. En la misma obra, Beneyto subraya que “el régimen de las libertades del súbdito español se encontraban a la cabeza de cualquiera otras análogas tendencias extranjeras”. Afirma Linares Quintana que en las Cortes de León se consagran libertades “que pueden considerarse modelos de principios reconocidos en las constituciones modernas”.

    Por su parte, Bruno Leoni destaca la importancia del common law inglés y de procedimientos equivalentes en la República romana antes del Imperio en cuanto a la tendencia de jueces en competencia que con sus fallos reconocían al derecho como un proceso de descubrimiento y no de diseño o ingeniería social.

    Hoy día salvo honrosas excepciones en gran medida no egresan de las facultades de derecho abogados (es decir defensores del derecho) sino más bien estudiantes de leyes que pueden recitar el número de la legislación, el año de promulgación, el inciso y el párrafo pero no tienen idea de los mojones o puntos de referencia extramuros de la norma positiva. En este sentido el positivismo legal ha hecho estragos en los sistemas jurídicos.

    Por todo esto es que resulta vital prestarle atención primordial a la educación como un proceso abierto y competitivo en el que las instituciones privadas (y no meramente privadas de toda independencia por los así denominados “ministerios de cultura y educación” que mandan sobre estructuras curriculares) hacen de auditorías cruzadas para el logro de la excelencia. Lo contrario, es decir, la politización de las faenas educativas es lo que aconseja el marxista Antonio Gramsci a través de su conocida conclusión: “Tomen la educación y la cultura, el resto se da por añadidura”. Esto ha sido refinado y reforzado por la denominada deconstrucción de autores como Michel Foucault y Jacques Derrida que insisten en transformaciones en el lenguaje para aquellos propósitos. Esta tarea marxista y neomarxista (recordemos que el nombre original de la Escuela de Frankfurt era Instituto Neomarxista) es al efecto de lograr la llamada Revolución Molecular en la que como miles de moléculas dispersas ya no se precisa un líder para coordinar la subversión sino que cada cual dotado de fuertes pertrechos intelectuales marxistas hace su faena disruptiva y luego se disipa. Esa es la explicación de lo que viene ocurriendo en diversos países en distintos grados con distintos logros en la destrucción de lo existente y que tanto sorprende a los incautos.

    Por su parte, el derecho es un concepto correlativo a la libertad como ausencia de coacción de otros hombres lo cual se ubica en el contexto de las relaciones sociales y, por tanto, no es pertinente confundirla con otros planos como el biológico y el físico. Esto último es del caso subrayarlo pues en este ámbito, por ejemplo, carece de sentido sostener que “no se es libre de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias” o que “no se es libre de bajarse de un avión en pleno vuelo” y así sucesivamente. Tampoco debe confundirse la libertad con la oportunidad y concluir que “el pobre no es libre pues tiene restringidas sus elecciones”, la miseria es un problema pero no tiene que ver con la libertad del mismo modo que el dolor de espalda puede resultar insoportable pero se encuentra fuera de la órbita de la libertad. Nuestros ancestros que venían de las cuevas o nosotros respecto de eventuales situaciones futuras de descendientes más holgados económicamente no representan menos libertad. Todos tenemos diferentes oportunidades intelectuales, físicas y económicas de lo cual no se desprende que no seamos libres si se respeta nuestras decisiones que no lesionen derechos de otros. Si alguien se está ahogando en el mar, está perdido en el bosque, es derrotado un partido de tenis, es reprobado en un examen o extravía su billetera no tiene por ello restringida su libertad que, como queda dicho, es siempre en el contexto de las relaciones interindividuales, en aquellos casos el sujeto en cuestión estará frente a un problema que puede ser más o menos grave pero si no han sido lesionados sus derechos es una persona libre.

    Desafortunadamente viene arrastrándose una corriente por la que gobernantes han convencido a grandes audiencias que es conveniente que unos vivan a costa del fruto del trabajo de otros y así convertir a la sociedad en un círculo nefasto donde muchos tienen metidas las manos en los bolsillos del vecino lo cual -como hemos consignado- se traduce en empobrecimiento generalizado y conflictos permanentes.

    En resumen, tomar livianamente el significado del derecho resulta devastador. Actualmente el tronco principal de la tradición recientemente incorporada al mundo latino -aunque de larga data en el mundo anglosajón- ha contribuido grandemente a fortalecer el vínculo entre el derecho y la economía (Law and Economics) y así sacar partida de la rica experiencia interdisciplinaria para la mejor comprensión de los lazos indivisibles entre los marcos institucionales y los procesos de mercado.

     

  • Del capitalismo al socialismo

    Según parece, el único camino hacia el éxito y la derrota de la pobreza, tanto económica como espiritual, es el camino del sufrimiento que nos cierra las fáciles y falsas opciones de vida. Lo señalado me trae a mente una variante de un refrán muy conocido: “Puedes vivir engañado parte del tiempo, pero no podrás vivir el engaño todo el tiempo.” Y, en este caso me refiero a quienes creen que pueden vivir a costillas de otros; particularmente mediante una intervención estatal/gubernamental que procure para ti aquellas cosas que no sabes procurar por cuenta propia.

    El caso de Chile y los chilenos es particularmente aleccionador y lo será muy pronto. Un país Latinoamericano que logró mejorar sustancialmente su economía sin recurrir a las obtusas magias del socialismo desbocado. En síntesis, y como bien lo señala Victor Espinosa, PhD en economía en la universidad Rey Juan Carlos en España, en su último artículo publicado en el instituto Mises (“Chile Won’t Become a Developed Country If It Doesn’t Change Course”).

    Espinosa abunda diciendo que el éxito de Chile en los últimos cuarenta años fue debido al respeto por la propiedad, tanto personal como empresarial. Y ni hablemos de Argentina, que pasó de ser una de las mejores economías del mundo a ser una muy triste, gracias a la adopción de políticas de guacho socialista/fascista.

    ¿Cómo pretenden tener y mejorar una pujante actividad empresarial en un sitio en dónde se va perdiendo la seguridad del respeto a la propiedad? ¿Invertirías los ahorros de una vida cuando, de pronto, te lo pueden tirar todo por el suelo aduciendo que es para lograr una quimera igualdad?

    Y al fin del escrito vemos interesantes comentarios, tal como uno que si señala: “Y los EE.UU. también dejarán de ser desarrollados sino cambia de rumbo y se deshace del capitalismo de compinche junto con su nueva versión del socialismo que osan llamar progresivo.”

    Otro señala algo como: Bueno, el capitalismo de compinches más bien es fascismo a la Mussolini. A lo cual añado y pregunto: “Si no tenemos libertad, ¿qué tenemos? El problema de contestar la pregunta es que pocos saben definir o entender lo que es la libertad; esa que muchos confunden con libertinaje y otros con lo que en nuestro Panamá pasa por democracia o capitalismo. ¡Que ingenuidad! Y es que muy pocos se afanan o molestan con la búsqueda de la verdad, pues la noticia fantasiosa es más entretenida.

    También vale pasar otro comentario que señala: Un gobierno no produce bienes ni servicios que sean consumidos por elección propia. Como igual son pocos los que entienden que la demanda depende de la oferta; es decir, que si quieres que alguien coopere contigo sólo tienes dos caminos: 1) Le quitas lo que tiene a palos. 2) Tú produces algo que el otro desea y entran en libre intercambio y no en eso de ‘control de precios’ y lo que dice nuestra constitución que el estado se encargará de dirigir y controlar la producción.

    ¿Acaso no vemos y entendemos que cuando lo que se premia es el juega vivo y no la honestidad y la calidad, las cosas irán de mal en peor? Y como dice otro: “Si algunos países europeos lograron ciertos niveles de prosperidad no fue debido a la social democracia sino a que gracias a su nivel de capitalismo pudieron sufragar su ñame socialismo; el problemita es que se les acaba el relajo.

  • Nuestro enemigo, el estado

    El título de este escrito es el título del libro de Albert Jay Nock, y no sé si al lector le ocurre igual que a mí cuando por primera vez escuché decir semejante cosa: que el estado es nuestro enemigo, ya que a través de toda mi vida se me había presentado o vendido la imagen mental del estado benefactor o bondadoso, que resuelve, protege y combate a los malos y a la pobreza. Esa burbuja de ingenuidad se fue rompiendo con las advertencias de personajes como Nock, que abre su obra literaria con una cita de Herbert Spencer (1850): “Sea cierto o no de que el Hombre fue moldeado en iniquidad y concebido en el pecado, es incuestionablemente cierto de que el Gobierno es concebido de la agresión, y por la agresión.” Y si vamos a la historia veremos cuan ciertas son estas palabras.

    La realidad es que todo se presta para el bien o para el mal; sin embargo, hay cosas que mejor se prestan para ser instrumentos del mal; y los gobiernos están de primeritos en esa lista de la ignominia. La distinción debería ser simple: El gobierno o la gobernanza, en su justa medida, es esencial en un mundo de abundantes injusticias, en el cual unos optan por salir adelante pisoteando a otros. Pisotean arrebatando vidas, hiriendo, negando libertades y despojando propiedades; y para ello se supone es el estado y gobierno. Pero, esa esencial y delicada función de velar por la vida, la libertad y la propiedad debe llevarse a cabo sin menoscabar el orden espontáneo social; es decir, fomentando que cada quien resuelva por cuenta propia sus necesidades, entre las cuales está la de extender la mano al prójimo. Es así ya que sin ello los destinos humanos no pueden prosperar.

    Pero, resulta que el gobierno o el rey no sólo es el instrumento ideal para velar por la vida, libertad y propiedad, sino también lo es para abusar del poder y usarlo como instrumento de la rapiña. ¿O será que no hemos caído en cuenta de ello? ¿Acaso no hemos visto como los que acceden a los puestos de “autoridad” van conformando una casta que se imagina superior? Una casta que investida con un poder adulterado puede entrometerse en todo. Inclusive, pueden encarcelar a toda una comunidad bajo el falaz alegado de: “Te estamos cuidando”.

    Y es que el poder es algo difícil de definir. Pruébalo, anda y define en tu mente, con tus palabras imaginarias, lo que entiendes por “poder”. Yo acabo de hacer lo mismo en este momento que escribo, y mis palabras mentales fueron: “El poder es poder; es decir, es poder hacer algo por la fuerza de la fuerza o, idealmente, por razón de la fuerza de la verdad”; lo cual me lleva más allá. Me lleva a preguntar: ¿Cuál fuerza es mayor, la fuerza de la fuerza o la fuerza de la razón del pensamiento lleno de la verdad? La pregunta es más que válida.

    Hace años, en un conclave de gremios empresariales que se habían separado del CoNEP, debido, precisamente, a abusos del poder, yo sugería que dicho organismo (consejo nacional de la empresa privada) no era un gremio sino un consejo de gremios; cuya función consistía en permitir y promover un intercambio de ideas sobre las cuales los distingos gremios podían encontrar comunidad o… encontrar la fuerza de la razón. Pero un joven representante de uno de los gremios me reclamó: “Tú lo que quieres es un club de conversación.” Le respondí: “¿Y qué propones tú que sea el CoNEP?” Me dijo algo así: “Un instrumento del poder empresarial.” Le dije: “¿Crees que existe mayor fuerza que la razón? Y el joven no supo responder pues, dudo que entendía.

    Como bien señala Nock: “Las ideas tienen consecuencias…” Pero, a diferencia de las consecuencias de nuestros actos personales, los actos de los organismos nacidos y forjados en el poder, fácilmente se combinan para promover los intereses de la coerción, a expensas de los más débiles. Más aún, el estado excedido no sirve a los débiles sino de ellos se sirve; pues son los mismos débiles que eligen en votos de ignorancia a los henchidos de vano poder.

    Una cosa es la satisfacción de nuestras necesidades personales por intermedio de nuestro ingenio y esfuerzo y, a su vez, a través de intercambios de muto acuerdo. Otra cosa, muy diferente y perversa, es la procura de satisfacer necesidades propias por intermedio del trabajo de otros, sin que en ello medie un muto acuerdo. Así, por ejemplo, son los controles de precios coercitivamente impuestos a través del estado excedido en poder; en cual caso se mitigarían carencias del momento a la vez que se potencias otras mucho mayores a futuro.

    ¿No ha visto el lector a tantos políticos que llegan a ser acaudalados sin que de ellos se conozca empresa que no sea la política y la fuerza del estado en vicio? ¿Acaso no es más que obvio que se trata de síntomas del poder estatal desbocado? Creer que en tales circunstancias el estado pueda ser instrumento de desahogo de los más necesitados es máxima ingenuidad o peor.

    Y, más allá, cuando a quienes se ataca son a los que salen a denunciar la rapiña del estado excedido, es que debía ser obvio que estamos frente a nuestro enemigo el estado; particularmente, cuando un estado es erigido sobre las arenas de adulteradas constituciones. Pero aún, teniendo constituciones construidas sobre la roca sólida de la razón y la verdad, no queda garantizado el gobierno comedido y puesto al auténtico servicio del pueblo; ya que quienes ejercer el poder exagerado fácilmente pueden prostituir las instituciones estatales para practicar la rapiña bajos instintos.

    Hoy, el común de la gente no entiende lo que es un gobierno limitado; lo cual les suena caricaturesco cuando, para ellos, el poder es para ser poderoso, tal como la lujuria es para ser lujurioso. Y, a fin de cuentas… ¿qué hemos de proponer a cambio del estado, sus gobiernos y gobernantes? ¿Acaso estoy hablando de “reformas políticas”, o de una afanada búsqueda del caudillo salvador?

    Lo que debemos esforzarnos por ver es que mientras persista una población escasamente educada, que no tenga la profundidad de carácter, así como la capacidad intelectual para entender los principios subyacentes, seguiremos a merced de nuestro enemigo el estado.

    Y… hoy que les escribo, lo hago consciente que igual que Nock, me dirijo al remanente; es decir, a esa minoría capaz de entender y de tomarse el tiempo de leer; pues no son los fácilmente manipulados los que podrán propiciar un cambio. Pero semejante cambio no podrá ocurrir sin antes no colapsan las corruptas prácticas de enemigo estado. Y es, precisamente, eso lo que hoy día estamos presenciando, aunque pocos lo advierten. Que el estado de ayer ya no tiene cabida en el mundo del mañana.

    Y más allá de las predicciones de Albert Jay Nock en 1935, hay que ver que los cambios sociales son como tomar el tren; es decir, que tienes que estar en la estación cuando llegue el mismo. O son como los frutos que sólo se pueden cosechar cuando maduros. O… tal vez, son como los restos de un naufragio, que sólo sirven como asidero luego del naufragio. Hoy, en el 2020, ya va siendo obvio que los cambios siempre han estado presentes, en mayor o menor grado. Los eventos que estamos viendo en sociedades más desarrolladas, tal como en los EE.UU., así lo muestran.

    Y es que se está exacerbando el frenesí de pedir al estado o, mejor dicho, a los zorros del gallinero, aquello que jamás debíamos pedirles. Y hablo de gallineros y zorros, ya que el estado, propiamente dicho, no es para lo que mayormente le usamos hoy día. Que si controles de precios, inflación, endeudamiento, manipulación agraria y tantas otras actividades impropias. Y son los jóvenes hoy día que, a pesar de que tal vez no lo entiendan… ¡vaya si no lo sienten!

    En síntesis, y como señala Nock, “igual que el estado no tiene dinero propio, tampoco el poder que tiene es propio; pero vayan ustedes a ver si los politicastros lo entienden o les importa. El poder del político o del politicastro es aquel que le damos los ciudadanos. Y no será hasta que despertemos que dejaremos de permitir que se abuse de aquello que nos pertenece a cada uno de nosotros.

  • El papa Francisco y la tragedia de los comunes

    Algunas consideraciones a partir de la publicación de la encíclica “Fratelli tutti”

    Acaba de publicarse una nueva Carta Encíclica titulada Fratelli tutti para seguir con la fórmula empleada por San Francisco de Asís a la feligresía. Consta de ocho capítulos divididos en 287 apartados impresos en ciento veintidós páginas según la edición original.

    Dejando de lado generalidades y lugares comunes, el eje central de este mensaje pastoral consiste en un consejo referido a la propiedad privada al efecto de lo que el Pontífice estima es el camino para lograr el bienestar espiritual y material de todos los seres humanos. Pues yerra y se aleja grandemente del blanco ya que sus consejos indefectiblemente conducen a la miseria, muy especialmente de los más vulnerables. Descuento que esas no son sus intenciones pero ese es el resultado cada vez que se adoptan recetas como las sugeridas en el documento en cuestión.

    En su línea argumental, el Papa subraya “el destino común de los bienes creados” en cuyo contexto aplaude lo dicho por Juan Crisóstomo en cuanto a que “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros bienes que tenemos, sino suyos”. En la misma dirección subraya “la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra, el derecho de todos a su uso”.

    Esto es tanto como afirmar que la propiedad privada no debiera existir puesto que significa el uso y la disposición de lo propio. Es equivalente al conocido comentario sobre la mujer semi-embarazada: es un contrasentido, está o no está. En nuestro caso o se respeta aquel derecho o se lo conculca.

    Como es sabido, Marx y Engels en El manifiesto comunista de 1848 concluyen que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Tal vez este es el motivo por el cual el actual Papa a raíz de una pregunta sobre los que lo acusan de tener ideas comunistas, en una entrevista al periódico italiano La Repubblica el 11 de noviembre de 2016, respondió que “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

    Dado que los bienes no crecen en los árboles y no hay de todos para todos todo el tiempo, la institución de la propiedad privada hace que se le de los mejores usos a los bienes por su naturaleza escasos frente a las necesidades ilimitadas. El comerciante que da en la tecla respecto a los deseos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que no acierta incurre en quebrantos. Estas no son posiciones irrevocables, se modifican según se atienda o desatienda las demandas de la gente. Este uso productivo hace que se incrementen las tasas de capitalización que son el único factor que permite aumentar salarios e ingresos y no es la caricatura que dibuja el Pontífice respecto de un “derrame” inexistente y también la emprende contra la tecnología que precisamente hace posible mejoras en el nivel de vida. El volumen de la inversión explica por la que unos países ofrecen mejores condiciones de vida respecto a otros. No es fruto del voluntarismo sino de marcos institucionales que aseguran los correspondientes derechos y no el establecimiento de pseudoderechos que se concretan en arrancar por la fuerza el fruto del trabajo ajeno resultado de medidas como las aconsejadas ahora por la cabeza del Vaticano que subraya “exige un Estado presente y activo”, como si no fuera suficiente esa inclinación en nuestro mundo con aparatos estatales elefantiásicos que no dan respiro a personas que se las trata como súbditos.

    Es en base a esta preocupación por la que León XIII escribió en Rerum Novarum: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”. Sin embargo, además de lo señalado, el actual Papa subrayó en el último Angelus que “quien razona con la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, pasa a ser el primero a ser el último”.

    Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero”.

    En la Encíclica que ahora comentamos se objeta la igualdad de resultados, pero en una sociedad abierta la igualdad solo se refiere a la que es ante la ley y anclada al concepto de Justicia que según la definición clásica se traduce en “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo nuevamente remite al derecho de propiedad que a su vez es inseparable del mercado abierto y competitivo, es decir, el respeto recíproco en las transacciones de lo que pertenece cada cual, por más que el Papa Francisco rechace el liberalismo en cuyo contexto alude al “dogma neoliberal”, una etiqueta ésta a la que ningún intelectual serio se asimila (y mucho menos vinculada a dogmas que son la antítesis del espíritu liberal).

    Aparecen otras contradicciones en el documento de marras, por ejemplo, en el caso del populismo que en un pasaje lo condena y en otro se apura a enfatizar que “es frecuente acusar de populistas a todos los que defienden los derechos de los más débiles”. Lo mismo ocurre con los nacionalismos que son denostados pero enseguida se condena la globalización. También el Pontífice le dedica grandes parrafeadas a incriminar al individualismo en pos de lo colectivo sin percatarse que de ese modo se está endiosando lo abstracto y menospreciando lo concreto. Borges ilustraba bien este punto al despedirse de sus audiencias: “me despido de cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”. El individualismo no patrocina el aislacionismo como sugieren los socialismos en su perpetua insistencia de establecer aranceles, controles y cortapisas a la cooperación social voluntaria. El individualismo considera sagradas las autonomías de las personas y estima imprescindibles las relaciones abiertas con el prójimo.

    Tal vez lo anterior resulte aun más claro si citamos un pasaje de Santo Tomás de Aquino en conexión al texto de esta Encíclica que se detiene en el concepto de amor al prójimo de un modo inconducente. Así se lee en la Suma Teológica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, por lo que el amor al hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene por otro. Pero el modelo es mejor que lo moldeado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a si mismo que al prójimo”. Si decimos que todos los hombres actúan en su interés personal es una perogrullada, inexorablemente la acción está dirigida en esa dirección. Es palmario que siempre está en el interés del sujeto actuante actuar como actúa. Se dice que una persona es bondadosa cuando sus intereses apuntan al bien y que es malvada cuando apuntan al mal.

    Por otra parte, en la nueva Carta Encíclica no parece que se subraye el concepto tradicional de caridad y solidaridad que por definición para que tenga sentido debe ser realizada con recursos propios y de modo voluntario ya que lo que se lleva a cabo por la fuerza es la antítesis de la caridad y la solidaridad y más bien se parece a un atraco.

    En uno de los apartados el texto se inclina a las supuestas ventajas de un gobierno universal sin atender el inmenso peligro del abuso de poder que ello significaría, en verdad la única justificación de aceptar la parcelación del globo terráqueo en naciones es para fraccionar el poder y eventualmente estas a su vez se subdividen en provincias y municipios.

    Antes he escrito sobre la tragedia de los comunes que si bien ha sido bautizada de este modo contemporáneamente por Garret Hardin, fue desarrollada originalmente por Aristóteles cuando refutó en comunismo de Platón. Este asunto tiñe todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos.

    El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro, además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

    Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo? En este sentido, considérese que ocurriría si se debilitara la propiedad del Vaticano y todos pudieran usar y disponer de su patrimonio, para no decir nada de las masivas interferencias en el suculento Banco que sirve a sus propósitos.

    Ilustremos telegráficamente esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresaria es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

    Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

    No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Por último, en esta línea argumental no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios. Por otro lado, cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio.

    Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las antedichas tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

    Hemos vuelto sobre la tragedia de los comunes pues si no se rectifica lo consignado en esta Encíclica la tragedia se extenderá a la Iglesia. Esta advertencia puede resultar fortalecida con una cita que recoge preocupaciones aun antes del actual pontificado y en pleno resurgir de las propuestas iniciadas primero en Medellín y más adelante en Puebla, expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- quien escribe en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desagraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”.

  • ¿Igualdad económica?

    Hoy día muchos hablan de “igualdad económica”, pero la pregunta que cuelga es… ¿qué quieren decir con eso? Otros son más específicos y hablan de “igualdad de ingresos”. El gran problema de todo ello es que del dicho al hecho hay un inmenso trecho que, al caminarlo, nos muestra la falacia de semejante pretensión. Falaz, no porque fuese malo que todos llegásemos a ser igualmente productivos, lo cual sería extraordinario. Lo falaz viene por el lado de cómo pretenden lograr esa supuesta igualdad; para lo cual es menester el uso de un poder coercitivo estatal que en sí no sólo es desigual, sino que jamás logrará su cometido.

    La igualdad económica no es un problema siempre que se logre en el contexto de un mercado desembarazado o libre mercado, ausente de interferencias gubernamentales clientelistas. Lo que tenemos hoy día no es libre comercio, y difícilmente lo tendremos. Aún más, la interferencia estatal que tantos claman es la fórmula ideal para crear más desigualdad. Tomemos un solo ejemplo, el de la educación gubernamental: ¿Crees que el NODUCA crea igualdad? La mayoría sabe que las escuelas privadas, esas que cuestan menos que las gubernamentales, rinden un mejor producto, más creador de igualdad.

    Y, si quieren igualdad… ¿Por qué no dar a todos el derecho a escoger? ¡Uy!, no, porque eso saca de la jugada a los politicastros.

    En todo caso, el problema de la desigualdad es mucho más complejo y viene arrastrando desde los albores de nuestra historia patria y antes. Una historia que cultivó la ausencia de la sana coyunda matrimonial, y que a través del tiempo dio a luz una mayoría de niños nacidos de madres solteras. La probabilidad de que estos niños vivan en pobreza es, al menos, cuatro veces mayor que aquellos nacidos del matrimonio. Jamás debemos perder de vista que el ser humano es un ser social que prospera en sociedad; pero no en cualquier sociedad, sino en una libre de estéril intervencionismo politiquero o peor.

    En muchos casos, llegamos a la triste situación de que la interferencia estatal promueve más hogares a medias; mediante programas de subsidio a la soltería. En adelante lo que conviene a muchas madres no es buscar pareja permanente, sino lo contrario. Luego, es vergonzoso ver a politicastros que se dan golpes de pecho alegando que ayudan a las madres solteras. Sí, ayudan a que cada vez haya más llenas de hijos que difícilmente se arrimarán a una igualdad.

    Otra clase de interferencia nociva la vemos en cosas como el salario mínimo, que es control de precios. También en el favoritismo estatal y hasta constitucional a los sindicatos de “trabajadores”. Todo ello es interferencia que termina dañando y no ayudando, ya que no podemos llegar a una economía sana vía la intervención estatal clientelista. A fin de cuentas, lo que sumas por el lado de la economía formal lo terminas restando por el lado de la informal. Que eso no lo entiendan nuestros politicastros no es nada raro.

    Y luego, tenemos la perniciosa inflación monetaria que recibimos a través del dólar; la cual sería peor si fuese a través del Balboa. El asunto es que cuando un gobierno falsifica su propia moneda, la misma no se distribuye equitativamente; es decir, el dinero nuevo les llega a unos antes de que pierda su valor y cuando llega a los pobres les llega con menos valor. Pero, también hay otros mecanismos que dan ventaja al mercado de valores, lo cual no está al alcance de los que menos tienen. Lo cierto es que con esa intervención el salario o jubilación de los pobres es cada vez menor.

    Y, ni hablar de sectores de izquierda en los EE.UU. que hoy día proponen salario para los desempleados, lo cual garantizaría más desempleo. Supongo que eso es lo que anhelan, ya que con ello el país colapsa y facilita su transformación a la venezolana.

  • Sobre la Tragedia de los comunes

    Hay un asunto que tiñe a todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos. Economistas de la talla de Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han trabajado especialmente en este tema y han publicado numerosos ensayos en la materia.

    El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida, resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro; además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

    Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo?

    El sentido de la institución de la propiedad privada es precisamente para darle el mejor uso posible y en el contexto comercial el empleo de los siempre escasos recursos es para atender las necesidades del prójimo sea vendiendo empanadas, automóviles, libros o lo que fuera. El empresario que no sabe atender los requerimientos de los demás incurre en quebrantos y el que da en la tecla obtiene ganancias.

    Aristóteles en sus discusiones con Platón sentó las bases de lo que modernamente en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes” que así fue bautizada contemporáneamente por Garret Hardin en la revista Science.

    Ilustremos esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresarial es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

    Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

    No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Cuando se alaba lo colectivo y se combate lo privado se apunta a lo abstracto y se deja de lado lo concreto. Borges lo ilustraba muy bien cuando se despedía de sus audiencias: “saludo a cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”.

    Por último, en este contexto no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios.

    Cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio, lo cual en nada se opone a la filantropía ya que la generosidad implica el uso y la disposición de lo propio, de lo contrario disponer coercitivamente de lo que pertenece a otros no es solidaridad sino que constituye un atraco.

    Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

  • El Bitcoin no es tan anónimo ni garantiza privacidad total afirma el economista David Friedman

    David Friedman  es un profesor universitario, escritor y economista anarcocapitalista estadounidense, hijo del conocido economista y Premio Nobel de Economía Milton Friedman y Rose Friedman. Su hijo, Patri Friedman, también ha escrito artículos sobre temas del anarcocapitalismo, en particular sobre ocupación marina. David Friedman es doctor en física de la Universidad de Chicago, aunque es principalmente conocido por su trabajo en teoría política y economía.

    Actualmente es profesor de análisis económico del Derecho en la Universidad de Santa Clara, California. En La maquinaria de la libertad (1973, revisada en 1989), su obra más famosa, el profesor Friedman defiende una sociedad libre sin poder público desde un punto de vista fundamentalmente consecuencialista. También es autor de los libros Price Theory: An Intermediate Text (1986), Law’s Order (2000) y Hidden Order: The Economics of Everyday Life (1996).

    En calidad de tal, fue uno de los conferencistas principales en el HCPP (Hackers Congress Paralelni Polis) de la semana pasada, donde habló sobre la utopía de «Un mundo de fuerte privacidad» y subrayó que el «Bitcoin no garantiza privacidad, pero la fortalece».

    Friedman partió de la idea de que una forma de mantener un mundo con mayores garantías de privacidad es que los sistemas no dependan de la intervención gubernamental. Ya sea para el cumplimiento de acuerdos, intercambios comerciales y hasta la emisión de dinero. Y ahí precisamente entra Bitcoin.

    «La belleza de Bitcoin es que no requiere emisor, no requiere banco. Solo código», reflexionó el economista.

    Sin embargo, Friedman consideró que Bitcoin es «la menos anónima de todas» las opciones de dinero, al mantener un registro público y abierto de todas las transacciones que se ejecutan en la red. Eso sí, la información pública no es más que direcciones sin datos personales, matizó al respecto.

    Pero «alguien que mire cuidadosamente –y dedique muchos recursos- probablemente puede romper con tu anonimato» en Bitcoin, expuso el intelectual. También consideró que «no hay ninguna moneda digital perfectamente anónima» a pesar de sus diversas ofertas de privacidad, con casos como Monero, que sí «lo pueden hacer lo más difícil posible para quienes estén buscando».

    Privacidad, anonimato y cumplimiento de acuerdos

    Los problemas para crear ese mundo con privacidad y anonimatos garantizados son muchos. Y uno de los principales es que «ningún gobierno quiere una moneda anónima». Eso le quitaría su poder sobre los ciudadanos, en términos de control y hasta de cargos impositivos para financiar al Estado.

    En efecto, gobiernos de todo el mundo han tratado, con mucha dificultad, de impedir a los intentos de aumentar privacidad a través de las monedas digitales. Particularmente, Estados Unidos ha redoblado sus esfuerzos y recursos para ese fin en los últimos meses.

    A los gobiernos del mundo se suman empresas que se dedican al espionaje en la Blockchain, establecen patrones de comportamiento e identifican relaciones entre transacciones en casos de diversas monedas digitales, principalmente en Bitcoin, dado su mayor volumen con respecto al resto.

    En un mundo más anónimo, estas firmas no tendrían cabida o su actuación sería muy limitada. Pero un anonimato total también aumentaría los riesgos, tanto en el mundo digital como en el físico. Por una parte, habría mayor libertad. Pero por la otra, sería más fácil cometer crímenes y salir ilesos en el proceso.  Esa problemática bien puede ser resuelta por mecanismos de mercado para prevenirlos. «Para bien o para mal, habría menos control de los gobiernos», evaluó Friedman finalmente.

  • Los Socialistas y Progres en Panamá: cómo identificarlos

    Según el diccionario de la Real academia Española de la Lengua, el Socialismo es un  sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales y la distribución de los bienes.

    Según Winston Churchill, el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, y la prédica de la envidia, cuya virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.

    Según Ayn Rand, no hay diferencia entre el comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final. Mientras el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo lo hace mediante el voto.  Es la misma diferencia entre asesinato y suicidio.

    Se ha afirmado que el vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes, pero que la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria.

    Y finalmente, el Fascismo, nazismo, comunismo y socialismo, son solo variaciones superficiales del mismo tema monstruoso del colectivismo.

    En Panamá, tenemos distintos tipos de progres/socialistas:  1) Los marxistas declarados y confesos; 2) Los marxistas de closet , que son los que apoyan todo lo que dicen los marxistas pero que supuestamente no lo son, son los que apoyan a los marxistas que electoralmente niegan serlo, para una vez que estos lleguen al poder y crean desastres económicos y sociales puedan decir que les mintieron o que esa persona no aplicó adecuadamente el marxismo y fingir ignorancia o candidez ej Cuba, Venezuela o Nicaragua, que siempre encuentran algo positivo que decir de estas dictaduras fracasadas y asesinas  y 3) Los progres y socialistas, que a veces apoyan públicamente a los marxistas y a veces no lo hacen, pero que sistemáticamente apoyan todas las estrategias del marxismo cultural (formas de infiltrar el marxismo en la sociedad , cuyas tácticas son mayormente las sugeridas por Antonio Gramsci , un comunista italiano de principios de siglo) que fue la estrategia sugerida por el foro de Sao Paulo, reunión de comunistas realizada a principios de los noventas,  para solventar la crisis que surgió para ellos cuando el comunismo implosionó en la Unión Soviética, a finales de los años ochenta del siglo que acaba de pasar.

    Estos son los que sistemáticamente también critican al capitalismo como salvaje o que supuestamente son los únicos que pueden humanizarlo con sus ideas marxistas disfrazadas.

    Son también los que califican (muy convenientemente) a todos los que no están de acuerdo con sus ideas, como fascistas, neoliberales, ultraderecha, insensibles, malvados, etc. etc.

    Usan el bullying intelectual y la culpa como elemento para censurar y someter a los que piensan distinto;  y proponen limitaciones abiertas o solapadas a la libertad de expresión, basados en que supuestamente lo que dicen aquellos que tienen opiniones distintas incitan al odio, cuando en realidad lo dicho por ellos incitan frecuentemente al odio de clases y demeritan e insultan a los que no se alinean con sus ideas.

    En muchos casos tienen conexiones con medios de comunicación y difunden sus ideas socialistas bajo distintas modalidades de marxismo cultural y quieren convencer a la ciudadanía de que sus ideas son las más justas y correctas y aun populares cuando no representan sino a muy pocas personas, pero muy mediáticas, con la capacidad de repetir sus ideas frecuentemente y atacar a los que tienen ideas contrarias a las suyas. “Los tontos útiles o compañeros de viaje”, como les designaba Lenin, que se dejan manipular por su buen corazón.

    Finalmente es bueno estar claros que el socialismo nunca ha logrado nada más que traer miseria luto y dolor, especialmente a las personas pobres y necesitadas de aquellos países donde se implementó; que no es la solución de nada y que su única probada habilidad es repartir y regalar cosas o privilegios por votos y cuando se han asentado realmente en el poder, nunca más están dispuestos a perderlo, aunque eso traiga muerte y destrucción a sus compatriotas.

  • Por qué es importante limitar al gobierno

    En esta época de COVID y de encierros dictatoriales, más que nunca, debemos examinar la naturaleza de los gobiernos, sus funciones y sus limitaciones. Y cuando digo “limitaciones” me refiero a: para lo que sirven y para que no sirven. Como suelo repetir incansablemente, los gobiernos no sirven para “resolver tus problemas”, tal como estaba escrito en la pancarta de un manifestante en Colón: “Exigimos vengan a resolver nuestros problemas”.

    Hace unos días fue aniversario del 9/11 y fecha en que se desencadenó un aumento sustancial del intervencionismo gubernamental o central en la vida de los ciudadanos, no sólo allá sino aquí mismo en Panamá; ¿o es que no han visto el jaleo de viajar en aviones y tal? O el caso de policías decomisando licor que pasajeros llevaban en sus maletas en viajes a Taboga. Y ahora que ciertos legisladores proponen una vacunación ¡obligatoria! Tanto el 9/11 como el COVID y tal, son eventos ideales para que el estado profundo se vuelva más profundo; con lo cual los ciudadanos van perdiendo el control de sus vidas. Y no, no estoy contra el gobierno sino contra el gobierno desmedido.

    Uno de los comodines que han surgido con la Pandemia es ese de “confía en los expertos”. Curioso si consideramos que los expertos no confían en los expertos. Mejor sería decir: “Escucha a los expertos, investiga y usa el sentido común.” El problemita es que resulta tan cómodo dejarnos ir con la corriente… Cuando dicen, “el gobierno o los gobiernos son corruptos”, salta la respuesta: “Bueno, sí, pero eso siempre ha sido el caso.” Pero ello no significa que lo será para siempre ya que, igual que ocurre hoy con la CSS, todo mal camino conduce a mal destino. Arreglar el jaleo de la CSS es más que factible. El reto está en el exitoso lavado de cerebro del “no a la privatización”; particularmente cuando quienes lo vociferan no tienen la menor idea de los que es la privatización o descentralización.

    En cuanto a la vacunación OBLIGATORIA, vayámonos enterándonos de que ello no es ético, como tampoco es legal. Ya han salido versiones según las cuales aún no se ha demostrado que la vacuna rusa es más segura que el mismo COVID. ¿Qué te parece que legislen la obligación de tomar pastillas para reducir el colesterol o lo que sea? ¿O es que piensas que el COVID es más mortal que las enfermedades coronarias?

    A fin de cuentas, prácticamente nada obligado es bueno; tanto así que ni el mismo Creador nos obligó a ser buenos. Lo que hizo fue decirnos: “Amaos los unos a los otros” y según entiendo “amar” y “obligar” no son sinónimos.

    En resumen, lo que sí es completamente importante es que los ciudadanos vayamos logrando ser auto determinantes; que seamos capaces de ser productivos y compasivos. Y… de no dejarnos mangonear por los politicastros del estado profundo.