Categoría: Opinión

  • El peligro inmenso de los empresarios prebendarios

    En una sociedad abierta, el empresario es un benefactor de la comunidad: lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio, pero para lograr ese propósito está obligado a servir a su prójimo.

    Adam Smith en su obra cumbre de 1776 se refiere a las propuestas de comerciantes contrarios a la competencia y aliados al poder de turno de este modo: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley o de ordenanza nuevas que proponga esta clase de personas […] cuyo interés no coincide jamás con el del público, de una clase de personas que tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello han engañado y oprimido, efectivamente, en muchas ocasiones”.

    Los problemas apuntados se redoblan para la comunidad cuando cámaras empresarias adhieren a las prebendas.,…

    …Es que el empresario se caracteriza por desarrollar un sentido de oportunidad para detectar cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por ende, sacar partida del arbitraje correspondiente. En un mercado libre cuando el comerciante da en la tecla con los gustos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y cuando yerra incurre en quebrantos. Pero el empresario como tal no está preparado en temas de filosofía política ni en los fundamentos de la economía por lo que si el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno le ofrece prebendas, en general las aceptará pues aparentemente resulta más cómodo y menos oneroso que esforzarse por competir en el mercado, aunque como veremos más abajo sus empresas quedan colonizadas por el poder político. Claro que además estos procedimientos tienen su contrapartida en el derroche de capital que implican cuando la gente se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Y, a su turno, el consecuente despilfarro inexorablemente conduce a la reducción de salarios e ingresos en términos reales puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización. Esto desde luego que no va para todos los empresarios, los hay que no solo comprenden los efectos negativos para la comunidad de las políticas de la prebenda sino que mantienen un sentido de la dignidad y de independencia.

    Pero existe el riesgo de la tentación autoritaria y estatista, por lo que la actividad empresaria en una sociedad libre debe limitarse a operar en el mercado lejos de las redes políticas. Es común que los susodichos empresarios prebendarios argumenten que, por ejemplo, no debe abrirse la competencia internacional eliminando aranceles puesto que necesitan tiempo para ajustar sus actividades a la experiencia del exterior, sin percatarse de que no hay derecho a endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores. Si necesitan ese tiempo deben absorber los costos que demandan los primeros períodos con la idea de más que compensarse en las etapas subsiguientes y si mantienen que no tienen los recursos para afrontar semejante situación deben vender la idea a otros para lograr el objetivo. Y si nadie les compra la idea es porque el proyecto está mal evaluado, o estando bien presentado el negocio en cuestión si otros empresarios no aceptan el ofrecimiento, es debido a que hay otros reglones que son aun más atractivos y como todo no puede llevarse a cabo al unísono puesto que los recursos son limitados, el proyecto de marras debe esperar a una mejor ocasión.

    A veces el discurso se pone grandilocuente al referirse al comercio internacional, pero el concepto es exactamente el mismo si un vecino descubre un procedimiento más eficiente de producir un bien o prestar un servicio. Nadie en su sano juicio a esta altura del partido propondrá aduanas interiores para “protegerse” de la eficiencia. Los ríos, las montañas y los mares no modifican los nexos causales de las leyes económicas. Como hemos destacado antes, desde la perspectiva liberal la única razón por la que el globo terráqueo está dividido en naciones es para defenderse del riesgo fenomenal de la concentración de poder en un gobierno universal, pero tomarse en serio las fronteras constituye una sandez mayúscula. Las culturas alambradas son una muestra de regresión a la edad de piedra.

    El empresario en una sociedad abierta es un benefactor de la comunidad, no porque haga las cosas por filantropía. Lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio; pero para lograr ese propósito en un mercado libre está obligado a servir a su prójimo. En este sentido, hay autores que han sostenido que debieran sustituirse en las plazas públicas los monumentos de militares y políticos y colocar monumentos a empresarios puesto que los primeros muchas veces ponen palos en la rueda, mientras que los segundos son los que resuelven los problemas de los transportes, comunicaciones, alimentación, vestimenta, fármacos y todo cuanto se nos ocurra. Pero reiteramos que esto ocurre cuando el empresario opera en el terreno que le es propio sin politizarse y mucho menos combinarse en aquella cópula hedionda con el gobierno del momento, para explotar miserablemente a la gente en cuyo contexto actúan como aplaudidores oficiales, es decir, agentes rastreros y serviles del aparato estatal.

    El premio Nobel en economía George Stigler señala en Placeres y dolores del capitalismo que “han sido ellos, los empresarios, quienes han convencido a los gobiernos que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transportes, las comunicaciones, las industrias extractivas, etc.” y a continuación subraya que es ingenuo pensar que solo ellos serán los beneficiarios y no otros sectores pero “el Estado no es una concubina, sino una ramera”. Robert Nozick coincide en esta conclusión en su obra más divulgada: “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven las empresas establecidas”. Y Richard McKenzie en su libro que lleva el sugestivo título de Usando el poder gubernamental: los empresarios contra la libre empresa afirma que “cuando no hay límites en la acción gubernamental, los empresarios compiten por el uso del poder gubernamental». También el prominente empresario estadounidense Charles Koch declara: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a reglamentaciones gubernamentales? La contestación desde el luego es simple. No, los empresarios ejecutivos no comparten el deseo del suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas, pero se están engañando. En realidad están vendiendo su futuro”.

    Exactamente esta es la explicación: los empresarios prebendarios están rematando sus empresas, su familia y su futuro al entregar el sistema a las fauces del Leviatán. Como ha escrito el antes mencionado profesor McKenzie, “los empresarios necesitan la libre empresa porque es un sistema que los protege contra ellos mismos”, además de beneficiar a toda la comunidad, muy especialmente a los que menos tienen.

    Dejando de lado las donaciones, solo hay dos formas de enriquecerse: sirviendo al prójimo o expoliándolo. En la sociedad libre, los arreglos contractuales voluntarios hacen posible obtener ventajas recíprocas, mientras que el robo al fruto del trabajo ajeno es característica medular del estatismo donde los gobiernos abandonan su misión de proteger las autonomías individuales y los consecuentes derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia de los aparatos estatales. En la antigüedad, los reyes y emperadores otorgaban permisos y licencias para todas las actividades de sus súbitos, mientras que los mercados libres abolieron esos privilegios y barreras, una situación que los empresarios prebendarios apuntan a revertir al efecto de volver a las edades de las cavernas.

    Resulta en verdad paradójico que muchos de los burócratas modernos la emprenden contra los genuinos empresarios mientras cobijan a los prebendarios, esto es, atacan a los benefactores de la humanidad y defienden a los explotadores. Esto es así en gran medida porque buena parte de los políticos nunca han tenido nada que ver con el trabajo honesto en una empresa y no tienen la más pálida idea de que significa. Esta es una razón adicional para adoptar sugerencias en cuanto a que, por ejemplo, los miembros del Poder Legislativo trabajen en ese campo tiempo parcial y de manera muy limitada para no solo poner coto al absurdo y contraproducente ímpetu legislativo sino para que los legisladores se ganen el sustento en el mercado y no vivan solamente a costa de los que trabajan en faenas legítimas y todavía se burlan de sus ocupaciones que consideran subalternas a sus designios imperiales.

  • El comercio os hará libres

    Luego de leer el formidable escrito de Alberto Benegas Lynch, acerca del afro estadounidense Frederick Douglas , nacido en esclavitud, y quien llegó a ser “uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y de la sociedad libre”, ello me llevó a recordar algo que escribí hace muchos años acerca de otro personaje nacido en la esclavitud y quien fue compañero de Carver en el instituto Tusquegee siendo Booker el fundador de dicho instituto. Ambos genios están enterrados uno junto al otro en los predios del campus del instituto Tuskegee.

    Booker T. Washington, nacido en la esclavitud, tenía 7 años al momento de la Declaración de Emancipación. Más tarde a los 11 años de edad, adquirió el primer libro con el cual se auto enseñó a leer. Booker decía: “entrar a estudiar en una escuela… sería algo así como entrar al Paraíso.” A los 16 años de edad Booker se fue caminando al Hampton Institute en Virginia a 500 millas de distancia (como caminar de la ciudad de Panamá hasta Nicaragua), con $1,50 en el bolsillo. En el Instituto logró atender clases durante el día mientras trabajaba en las noches para ganarse el sustento y albergue. Luego de graduarse, Hampton lo hizo instructor. Más adelante, en 188 Booker llegó a fundar lo que es hoy el “Tuskegee Istitute”, del cual fue su director por años, en dónde destacó la importancia de la educación y de la ética en el trabajo.

    Más allá de destacar los buenos valores morales, Booker puso gran énfasis en el empresarialismo en oposición a la agitación social, como la mejor forma de éxito. Formó la Liga Nacional del Empresarialismo Negro. Booker entendía más que bien las bondades del capitalismo, a través del cual sirviendo al prójimo se sirve a uno mismo. Más aún, Booker, a pesar de agravios del pasado, no guardó rencores e hizo énfasis en los acuerdos voluntarios como manera de evitar futuras injusticias.

    Hoy día quien se interese puede buscar las innumerables anécdotas o citas que nos dejó Booker T. Washington, de los cuales destaco algunos que me llamaron la atención:

    • Cuando la gente actúa bajo la idea que la desventaja de unos es el bien de otros, allí hay esclavitud.
    • No puedes mantener a alguien dentro de una zanja sin estar tú con el dentro de la misma.
    • Hay dos formas de ejercer la fuerza propia; una es empujando hacia abajo, la otra es halando hacia arriba.
    • No debemos permitir que nuestros agravios ensombrezcan nuestras oportunidades.
    • Sólo el hombre pequeño atesora un espíritu de odio.
    • En un estado de libertad e iluminación es que el hombre rinde el mayor y más fructífero servicio a los demás.
    • Quienes puedan hacer algo que el mundo busca, al final logrará desarrollar en lo personal sin importar su raza.
    • Quienes sean culpables de efectuar críticas generalizadas de los ricos, no saben la cantidad de gente que quedaría en la indigencia, y cuanto sufrirían si los ricos fuesen súbitamente desposeídos de alguna importante parte de sus riquezas a punto que ello desorganizara y lisiara la gran empresa comercial.

    En fin, si algo destacan los mensajes y vida de Booker T. Washington, es que el peor enemigo de nuestro destino es uno mismo. Podremos echar toda clase de culpas a los conquistadores, a los gringos, a tal y cual, pero a fin de cuentas el timón de nuestras vidas está en nuestras manos; aún en las más difíciles de las circunstancias.

  • De esclavo a insigne maestro de la civilización

    Frederick Douglass pudo escapar de ese tormento y fue uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y la sociedad libre

    No es cuestión de hacer terapia de grupo con mis lectores pero confieso que crujo por dentro cuando constato la criminal capacidad de humanos por haber aceptado el espanto de la esclavitud. Hasta Aristóleles sostuvo sin avergonzarse que unas personas nacían para mandar y otras para obedecer.

    En mi biblioteca siempre tuve retratos de mis amigos, muchos de los cuales no conocí personalmente pero, como escribía Leonard Read, la amistad profunda requiere coincidencia de valores y no necesariamente coincidencia en la contemporaneidad. En primera línea aparece el rostro del gran Frederick Douglass (circa 1818-1895) enmarcado con el necesario esmero.

    Tengo delante de mí dos libros sobre este personaje, uno de Timothy Sandefur titulado Frederick Douglass. Self-Made Man y el otro que contiene tres autobiografías decimonónicas de Douglass ponderadas por escritores de fuste por su notable prosa y editadas en forma conjunta en New York por The Library of America, en 1994. Fue esclavo, pudo escapar de ese tormento y fue uno de los más claros y persistentes oradores y escritores del abolicionismo y la sociedad libre. Contaba con una muy nutrida biblioteca, algunos de sus libros en alemán -un idioma que había aprendido con gran esfuerzo y constancia-, buen violinista y muy compenetrado con los principios de los padres fundadores en cuanto a sus nociones del derecho, el sistema republicano y el federalismo. En su discurso titulado “¿Qué significa el cuatro de julio para la esclavitud?” sentenció: “Los padres fundadores eran hombres de paz pero preferían la revolución a la sumisión, eran hombres tranquilos pero no dudaban en la agitación frente a la opresión. Creían en el orden pero no en el orden de la tiranía”. Todo esto a pesar de la fenomenal inconsistencia que algunos tenían esclavos, pero sus principios llevados a la práctica convertían en absolutamente insostenible la esclavitud.

    Las cacerías humanas en África, muchas veces con la complicidad de los propios negros, el transporte de esclavos en las roñosas bodegas de los barcos negreros donde iban encadenados unos a otros, vomitándose encima en medio de las ratas y las pestes, todo para ser vendidos -si llegaban a destino con vida- en países considerados civilizados y luego usados y abusados como “herramientas parlantes”. No se comprende estas ignominias, este cachetazo más brutal e inmisericorde a la dignidad y al mínimo respeto.

    Frederick Douglass nació con otro nombre en Maryland en fecha desconocida (“no conocí un esclavo que supiera cuando era su cumpleaños” nos dice el personaje del presente relato), de padre blanco y madre esclava de quien “destetaron” cual animal de muy niño. Durante un tiempo ella se desplazaba a pie a través de muchos kilómetros para verlo un ratito a su hijo de noche y poder volver extenuada para iniciar sus labores forzadas en los campos y así evitar los latigazos como pena por el retraso. No lo dejaron verla cuando estaba enferma ni estar con ella cuando murió tempranamente.

    Son indecibles las mil y una peripecias por las que pasó Federick Douglass (apellido que el mismo se puso mucho después como homenaje a uno de los personajes de una novela de Walter Scott, agregándose una s adicional). Nadie puede contener las lágrimas al leer los padecimientos increíbles que tuvo que absorber como esclavo, al límite de perder la razón.

    Tuvo, sin embargo, la dicha (por llamarla de alguna manera) de que la mujer de uno de sus “amos” le enseñara los primeros pasos de la lectura, hasta que el sátrapa descubrió el hecho y prohibió la continuación del aprendizaje puesto que sostuvo que “lo único que un esclavo debe saber es la voluntad de su dueño”. En la más absoluta clandestinidad continuó con las tareas de lectura y aprendió a escribir merced a un librito de gramática de Webster que le obsequió otro esclavo y luego con libros prestados.

    Library of Congress Control Number 93512859

    Repudió de la forma más vehemente la posición adoptada por las iglesias del momento en cuanto a las enfáticas adhesiones de sus representantes a la esclavitud, lo cual lo hizo perder su fe en Dios. Veía a sus explotadores salir del templo del brazo de los predicadores. Mucho después recuperó sus creencias debido a un pastor metodista “excepcional” que mantenía una postura coherente con la religión.

    Vale la digresión para decir que como le señaló el referido pastor, cultivar la religatio consiste en conectar la relación con Dios como la primera causa, puesto que si las causas que nos dieron origen fueran en regresión al infinito querría decir que no podríamos estar aquí ahora puesto que nunca habrían comenzado las causas que permitieron nuestra existencia. Se trata de nuestro esfuerzo por la autoperfección, es decir, nuestra faena por acercarnos al ser perfecto y el sentido de trascender lo meramente material y circunstancial como seres dotados de psique para poder pensar, argumentar, elaborar juicios independientes de los nexos causales inherentes a la materia, la posibilidad de autoconocimiento, distinguir proposiciones verdaderas y de las falsas y tener ideas autogeneradas, a diferencia de una máquina o un loro. Esta concepción espiritual de la religiosidad y la dignidad del ser humano dista mucho de acatar barrabasadas de predicadores irresponsables que mutilan gravemente el respeto irrestricto a través de la condena a diversas manifestaciones de la sociedad abierta y, por otra parte, el Big-Bang alude a lo contingente mientras que la primera causa remite a lo necesario.

    El 3 de septiembre de 1838 Douglass logró finalmente fugarse y a partir de entonces a través de infinitas vicisitudes adicionales y marchas y contramarchas logra tomar contacto con otros abolicionistas (muy especialmente con el célebre William Lloyd Garrison). Posteriormente viaja a Inglaterra, intima con los liberales John Bright y Richard Cobden, se hace miembro del “Free Trade Club” y comienza a pronunciar conferencias sobre distintos aspectos de la libertad, los derechos civiles y la igualdad ante la ley, en Irlanda, Escocia y luego en Canadá y Estados Unidos (principalmente en New York, Michigan y Winsconsin), no sin riesgos y, en más de una oportunidad, absorbiendo palizas por parte de la audiencia y en medio de escaramuzas de tenor diverso.

    Se casó y fundó una familia que volvió a renovar cuando murió su mujer, esta vez casándose con una blanca que lo acompañó hasta el final de sus días. Fundó sucesivamente dos revistas: North Star y Douglass Monthly y los conoce a Ralph Waldo Emerson y a Henry David Thoreau, quienes también influyen en su pensamiento junto con Harriet B. Stowe, la célebre autora de La cabaña del Tio Tom.

    Las antedichas tres autobiografías que escribe Douglass en distintos momentos de su vida constituyen un grito de liberación del espíritu humano y un canto a la notable potencia que surge de la voluntad de hierro y el carácter indomable de una persona oprimida que no se resigna a esa condición.

    No soy propenso a utilizar la palabra “héroe” porque es una expresión que ha sido muy bastardeada (generalmente para hacer referencia a quienes ponen palos en la rueda para la convivencia civilizada y agreden a otros), pero esta vez la empleo porque considero que estamos frente a un verdadero héroe, es decir, “una persona que ha realizado una hazaña admirable para la que se requiere mucho valor”.

    Frederick Douglass Papers at the Library of Congress

    Pudo triunfar en sus propósitos merced a su perseverancia y su decisión inconmovible de salir de las situaciones más espantosas y aterradoras que puedan concebirse. Por eso resulta una afrenta a los pobres el sostener que son propensos a la criminalidad. Esto constituye un insulto a nuestros ancestros ya que todos, sin excepción, provenimos de situaciones miserables (aún que no necesariamente de la condición de esclavos). Entre millonarios se suceden crímenes horrendos, no hay más que constatar los brutales asesinatos perpetrados por las mafias de las drogas, en cuyo caso, tal como documenté en mi libro sobre el tema, el asunto no es de patrimonios sino de valores morales.

    Y, dicho sea de paso, aquellos valores morales enfatizados una y otra vez por Douglass no son fruto de la invención ni del diseño humano sino que están en la naturaleza de las cosas. Taylor Caldwell abre su libro sobre Cicerón son un epígrafe de este notable tribuno quien consigna lo siguiente sobre el poder político: “Divorciado de la Ley eterna e inmutable de Dios, establecida mucho antes de la fundición de los soles, el poder del hombre es perverso, no importa con que nobles palabras sea empleado o los motivos aducidos cuando se imponga”.

    De un tiempo a esta parte, tal vez como consecuencia de los galimatías del political correctness, se ha puesto de moda aludir a los negros como “afroamericanos” como si esta denominación los diferenciara del resto de sus congéneres de todo el continente americano de Alaska a Tierra del Fuego. Antes hemos recordado el hecho de que todos los humanos provenimos de África en un largo y antiquísimo peregrinar. Entre muchos otros, Spencer Wells -biólogo molecular egresado de las universidades de Stanford y Oxford- explica el punto con notable maestría en su obra The Journal of Man. A Genetic Odyssey (Princeton University Press), quien también reitera que el término “raza” no tiene ningún significado puesto que los rasgos físicos como la dosis variable de melanina en la epidermis son cambiantes en procesos evolutivos en una dirección u otra según el también cambiante lugar geográfico en que se ubica la persona y sus descendientes (y no se diga la estupidez de “la comunidad de sangre” ya que están presentes cuatro grupos sanguíneos en toda poblaciones del planeta). Incluso en el caso de los judíos muchas veces no se percibe que se trata de una religión o de ancestros que la practicaban (por ello no resulta preciso aludir a mentes criminales como “antisemitas” cuando, como bien se ha dicho, en verdad se trata de judeofóbicas). De cualquier modo, catalogar moral o intelectualmente a una persona por sus circunstanciales rasgos faciales es tan torpe, inútil e irrelevante como clasificarlos por la medida de su calzado, el espesor de sus uñas o su altura.

    Federick Douglass es el caso desgarrador de una persona de una ejemplar integridad moral que esperemos sirva para iluminar a muchos que habiendo tenido la bendición de nacer libres, abdican de sus responsabilidades por mantener los indispensables espacios de libertad y se entregan encadenados al gobernante como esclavos sumisos y genuflexos, indignos de ser tratados como humanos.

    El personaje de esta columna se oponía tenazmente a las asociaciones sindicales basadas en cualquier forma de compulsión legislativa. Andy Stern, el dirigente sindical del SEIU, uno de los gremios más potentes (de donde Obama obtuvo uno de los mayores apoyos financieros en su campaña electoral) describe muy bien sus inclinaciones: “Nosotros proponemos trabajar con el poder de la persuasión, pero si eso no da resultado hay que usar la persuasión del poder”. Douglass dictó seminarios con un estilo oratorio riguroso en sus conceptos y fogoso en sus modos en muy diversas tribunas -como queda dicho en su país y en el exterior- sobre los abusos de sindicatos autoritarios, sobre la relevancia de la propiedad privada, sobre la importancia del comercio internacional libre, sobre la trascendencia de contar con una moneda sana y sobre los basamentos morales de una sociedad libre.

    Para terminar, pongamos en un contexto más amplio la sentencia de Tucídides: “Estén convencidos de que para ser feliz hay que ser libre y para ser libre se requiere coraje” y, salvando las distancias temporales y de conducta, el guitarrista y compositor de música rock James Hendrix ha escrito: “Cuando el poder del amor derrote al amor por el poder, el mundo encontrará paz”.

    Originalmente publicado en Infobae, se reproduce con autorización del autor.

  • De COVID, economía y vulnerables

    Vale la pena destacar y comentar el mensaje de la presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas -APEDE 20 de agosto- sobre la urgente necesidad de liberar la paralización económica, Elisa Suárez de Gómez; quien pide y destaca que “luego de mucha insistencia, que se haya iniciado el proceso de reapertura de la economía y la flexibilidad de la movilidad de los ciudadanos». Sin embargo, a la presidente de la APEDE le parece que al proceso de reapertura le falta celeridad; considerando que van cinco meses de estancamiento, a lo cual yo agrego, “y acumulación del peligroso daño socioeconómico”.

    Elisa Suárez inclusive habla de “garantizar la estabilidad social”; llamado que debe llevarnos a la reflexión. Como dijo un comentarista estadounidense en estos días: “Tendemos a olvidar lo frágil que es la paz social.” ¿Acaso la historia no lo advierte con regularidad?

    Más allá, Suárez habla de “la necesidad de reducir los niveles de burocracia…” esa que yo suelo llamar “burrocracia”. Si tan sólo los panameños supiésemos el daño que causa a todos esa complicación y lentitud excesiva en la realización de las gestiones gubernamentales, particularmente en las que depende la administración de un estado. Peor aún, es que gran parte de la ciudadanía celebra la burrocracia y desdeña el emprendimiento y la ejecución.

    Suárez también se refiere a la “digitalización” que está caracterizando ese “nuevo normal” en que estamos entrando. Pero va más allá y señala con gran tino al decir: “Lo que no podemos es digitalizar lo que no sirve.” Detrás de esta advertencia hay mucho que no se dice y que deberíamos entender. Y es que el malandar del estado profundo y su cuarto poder ha caminado tanto por oscuros pasillos que ya no puede encontrar la salida. Son tantos los que creen que un nuevo presidente puede sacarnos adelante y cambiar la corrupción. ¡Es ingenuo! Si la ciudadanía no toma conciencia y exige la reducción del estado exagerado, no queda otra salida más que las muy tristes del colapso.

    Sin embargo, y la vida está llena de “sin embargos”, debo discrepar con un comentario que hizo Suárez al sentenciar que “…todo el apoyo a los más vulnerables empieza por la generación de ingresos fiscales…”; lo cual debo rechazar enérgicamente, dado que, precisamente, la vulnerabilidad de los vulnerables ha sido creada por el gobierno exagerado, desviado y corruptor. A diferencia de la actividad productiva liderada por inversionistas y ejecutivos por todo el país, lo único que puede hacer el estado para coadyuvar y abrir escapes a la vulnerabilidad, es circunscribir su actividad a lo que es propio de la gobernanza; y lo que vemos en Panamá está años luz de ello. Es el estado que ha creado la vulnerabilidad y dar más fondos fiscales sería contribuir a semejante crimen.

    Felicito a la presidente de la APEDE por sus enfoques iniciales y también cuando termina haciendo llamado a la libertad de empresa. El problema es que esa libertad de empresa resulta ser igual y opuesta al tamaño e intervencionismo estatal.

  • ¡Ojo!, con pedir protección al zorro del gallinero

    La semana pasada publiqué un escrito acerca de como el intervencionismo central conlleva serias consecuencias económicas y sociales; y, como me ocurre muy a menudo, un amigo de Facebook comentó su preocupación en cuanto a que en la ausencia intervencionista gubernamental, tío pueblo quedaría a “la merced del mal empresario”. Como suele ser, el amigo no está falto de un pedazo de la razón; es decir, que existen problemas con los precios que se elevan. Pero lo que pocos ven, son las verdaderas causas de la elevación de precios, que son muchas y sólo les dejo con algunas.

    Comencemos por señalar que a través de la historia los precios de los productos, incluyendo los alimentos, han ido en disminución. Hace unos 100 años la gente vivía en un estado de desnutrición, particularmente en los países poco desarrollados. Pero hoy, cualquiera que transita por las calles de nuestro Panamá verá cantidad de gente que de flaca no tiene nada. Es más, la obesidad se torna en problema social de salud. En síntesis, hoy los alimentos resultan unas 8 veces más económicos que hace 100 años. Y las razones deberían ser obvias, pues los métodos de hoy permiten una producción mucho mayor a menor esfuerzo y costo. En todo caso, sí existen problemas, pero debemos conocerlos.

    La pregunta a responder es: ¿Tío pueblo está a merced de los malos empresarios o…?; y en el “o” es está el tuétano. El asunto es enredado, pero si damos un paseo por la cadena de producción y suministros, encontraremos cosas muy curiosas a la que pocos ponen atención. De salida, al uso del nombrecito “empresario”. Empresario somos todos los que emprendemos la aventura de ganarnos el pan. El agricultor que siembra, sus jornaleros, el transportista y quienes le ayudan a cargar, y toda la gran lista de intermediación, hasta llegar a los sitios de venta. Estas cosas no las ve tío pueblo, al que sólo le importa el precio y culpar al empresario, sin discriminar en su enojo.

    Pero, pregunto: ¿Acaso todo el costo de mantener al brontosaurio gubernamental no entra en los precios de la comida? ¿O es que no te lo habías imaginado? ¿Sabes cuántas botellas pululan los pasillos de la burrocracia central? Más allá de los costos burrocráticos, que entran en escena, están los costos que deben capear los empresarios para cumplir con la lluvia de normas gubernamentales, muchas de las cuales no tienen ni pie ni cabeza. Y ni hablar de la corruptela institucionalizada.

    Ahora, vayamos al final de este cuento, al momento en que pides ayuda al Chapulín gobierno. ¿Crees que nuestra clase política está allí para resguardarte contra los malos empresarios? ¿O, no te has dado cuenta que están más bien para hacer mancuerna con ellos? Me queda clarísimo el recuerdo de mi abuelo George F. Novey, quien rehusaba hacer negocios con el estado porque  «quien con chuecos se asocia, chueco es y chueco queda».

    Años más tarde sus ejemplos saldrían a flote cuando me tocó ir a un ministerio a poner una queda contra un sub director que nos extorsionaba en la Novey. ¡Uy!, qué mal, me dijo el ministro, y al torcido lo cambiaron de puesto. ¡Por favor!, vayamos dejando la inocencia, la envidia y el odio irracional a un lado y, aprendamos para qué está el gobierno, qué servicios le son indelegables prestarnos y a elegir a gente honesta en consecuencia; porque, por lo que he visto a mis 77 años, son demasiados los que se identifican con los deshonestos que abusan del abultado sistema.

  • El intervencionismo central conlleva serias consecuencias

    Al grueso de la población poco les mueve las realidades económicas; sin embargo, ¡vaya ello si no le afectan! Es tan cómodo dejar que el rey se encargue de esos fastidios: “¡Economía!, ¿qué es eso? Para eso tenemos gobierno, y yo sigo con lo mío.” Luego, cuando lo económico se hace presente en nuestras vidas, las cosas cambian, aunque sigamos ignorando su razón y origen. Toda esa irresponsable delegación que venimos haciendo al gobierno, en cosas que realmente no son propias de una sana gobernanza, son fatales.

    Podemos decir que hay “intervención o intervencionismo económico central” cuando los gobiernos se inmiscuyen en la economía de los ciudadanos más allá de su constitucional función de velar por la vida, libertad y propiedad. Simplemente, el gobierno no debe inmiscuirse en la economía; lo cual nos lleva a reiterar la definición de economía. Son muchas las definiciones, pero las auténticas guardan la esencia del asunto, algo así como: “Es el arte de poner la paila con lo que nos entra.” En términos menos vulgares: “Es la administración frugal o ahorrativa del gasto o consumo del dinero y otros capitales.” Es la planificación prudente de la casa o familia. Entonces ¿dónde entran los politicastros en todo ello?

    La misma naturaleza humana responde a la necesidad de satisfacer deseos que son infinitos con recursos que son finitos. Pero ¡ojo!, que sólo son finitos en la medida de nuestra falta de visión de un mundo y universo infinito. Dicho eso, no hay caso que estamos limitados por nuestras propias limitaciones humanas, ya que el pastel es infinito y sólo hace falta ir descubriéndolo y ampliándolo; siempre y cuando los politicastros no se inmiscuyan.

    Los humanos tenemos dos vías de acceso a las cosas que deseamos: 1) Es fabricándolas nosotros mismos, o… 2) Mediante el intercambio o mercado; al cual debo añadir, mercado no intervenido, y menos por bribones de palacio. No obstante, la ruta de entrada de los interventores centrales va por la ruta de “te estamos cuidando” contra el robo, fraude y tal. Sí, eso es potable, hasta que quien roba y comete fraude es quien te cuida. ¡Uy!, ‘ ¿ y cómo nos protegemos contra eso? Pues, limitando el tamaño y función de los cuidadores. ¿Recuerdan también aquello de la “división de poderes”?

    Tristemente, una vez que hemos permitido o ayudado con la entrada de los bribones centrales en nuestras economías, el asunto se torna harto difícil de arreglar. Las tretas parecen ser infinitas: tal como aquello de una “economía mixta”. No sé por qué, pero me suena a “ménage a trois”. ¿Seremos tan ingenuos de pensar y creer que los gobiernos se meten en nuestras alcobas para colaborar con la coyunda reproductiva? Tristemente, sí somos ingenuos. Y ni hablar cundo nos dicen que están para “estimular” el asunto.

    Debemos ser más que ingenuos o descuidados para creer que la intervención de los politicastros van a ayudarnos económicamente, y ni hablar en la alcoba. ¡Ya, basta! No es más que el zorro justificando su presencia en el gallinero. Y entonces entra el estado completamente obeso y metiche… y se me acaban las palabras y el buen humor.

    Lo cierto, mis estimados lectores, consecuencias hay, y cada día están más próximas. Y aprovecho para reiterar lo que nos advirtió esa gringa nacida en Rusia, Ayn Rand, lo cual me lo recordó un amigo economista: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada: cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”

  • El intervencionismo estatal castrante

    F.A. Hayek refiriéndose a la planificación central, sostuvo:  “A más planificación estatal, más difícil se le hace al ciudadano su planificación personal.” El tema de fondo es uno de principios, comenzando por nuestro inalienable derecho de ser libre para actuar en el marco de la moralidad y en busca de un bienandar que conduzca a un bienestar. Y lo que poco nos detenemos a meditar y comprender es la esencialidad de ser libres en la conducción de nuestras vidas, dado que de ello depende nuestro bienestar. Y la necesidad de esta libertad que nos fue legada en la misma Creación, surge a partir de las variantes que intervienen en nuestras vidas y debemos navegar de forma particular en la búsqueda de nuestros deseos y felicidad. Variantes que una planificación centralizada jamás podría suplantar. A modo de ejemplo: Un burócrata estatal podría decirnos que si nos lanzan una piedra, la esquivemos, pero jamás podrían predecir en el momento hacia dónde. En otras palabras, ser libre implica dejar al libre arbitrio sobre cómo reaccionar ante aquello que no podemos prever en tiempo real.

    En el contexto del complejo pandémico en que nos encontramos, no sólo nuestra sobrevivencia sino la misma civilización descansa en la posibilidad de las tragedias. Cada día que salimos a llevar a los hijos a la escuela los ponemos en riesgo de lesión o muerte, pero ello es esencial. Sin embargo, vemos a un SINAPROC que llega hasta prohibir bañarse en la playa cuando hay marejadas, que es, precisamente, el momento ideal para el surfista.

    Más allá debemos advertir que accidentes, tal como el pandémico que sufrimos, bien pueden tener un componente fortuito provechoso, tal como provechosas son las grandes olas para el surfista. Es decir, que se trata de una realidad que será enfrentada por una inmensa variedad de personas con diversidad de conocimientos y actitudes que les calificarán para enfrentar la particular situación; y el estado no debe jamás coartar aquello. Esas son las realidades de la ocasión y de las probabilidades. Y aunque por norma los accidentes no son provechosos, debemos prepararnos para encontrar en ellos el provecho. Esa es la realidad de nuestra existencia; y es lo que separa a los sobrevivientes de los que perecen. Frente a semejantes adversidades, lo único que podemos hacer es cargar a nuestro favor las probabilidades.

    Todo ello guarda un paralelo con aquello de quienes buscan detener el cambio climático; lo cual no sólo es absurdo sino imposible, dado que la constante universal es la del cambio. La probabilidad de un impacto de asteroide que cambie por completo nuestra existencia es real; y el reto está en prepararnos para ello.

    A todo esto, el uso y acuso de «la ignorancia del pueblo», como razón de una planificación central que llegue a reemplazar y controlar nuestro albedrío, es bochornoso. Y es bochorno que se presta para la peor de las catástrofes; es decir, la extinción de aquel don que nos provee de la gracia de la adaptación y la supervivencia. Aún más, y como bien lo señala Hayek: “Encontraremos que las instituciones de la libertad son adaptaciones al hecho fundamental de nuestra ignorancia, adaptada para lidiar con lo fortuito y sus posibilidades, no sus certidumbres.” El CORONA virus es lo que es; pero lo que no es certidumbre es cómo actuamos frente a ello.

    Y sigue Hayek advirtiéndonos: “El hombre aprende mediante la desilusión de nuestras expectativas. Y no debemos aumentar lo impredecible de los eventos mediante la tontería de nuestras instituciones. Y, por encima de todo, nuestro objetivo debe apuntar al aumento de las oportunidades de aquellos humanos desconocidos que puedan aprender acerca de las cosas que ignoramos, y que puedan ponerlas a uso y provecho de sus acciones.”

    Es, precisamente, por intermedio los esfuerzos ajustados de muchos, que podemos aprovechar el conocimiento de todos y no el de pocos. Es, precisamente, mediante el uso disperso del conocimiento es que surgen los grandes logros. La libertad es renunciar del control directo del burócrata gubernamental; ese cuya auténtica labor no es de liderar, como bien dice Irene Gimenez, sino de facilitar el que todos seamos líderes de nuestros destinos.

  • ¿Será que los ET son nuestros ancestros?

    Yo estoy más que convencido que los extraterrestres estuvieron entre nosotros; es más, aún andan entre nosotros, y el asunto es: ¿Quiénes son y dónde están? Al respecto, lo primero que debemos entender es que sólo son “extraterrestres” en un sentido figurativo; es decir, que son terrícolas que por diversas razones acceden a un estadio superior del intelecto; lo cual les permite ver y hacer cosas que para otros son… extraterrestres. Lo que se nos escapa ya lo han advertido antepasados, tal como Jesucristo cuando nos advirtió: …en verdad os digo, si tienen fe tan pequeña como una semilla de mostaza, podéis decir a una montaña, ‘muévete…’ y se moverá, nada les será imposible. En fin, nuestra capacidad para ver y entender el potencial humano es sumamente limitada; y, cuando vemos a un Aristóteles o Einstein y tal, no entendemos que son tan humanos como todos, salvo que se les ha abierto un portal que asoma a nuestra verdadera naturaleza.

    En realidad, lo que pretendo hoy es escribir sobre la pobreza ya que, a toda luz, resulta obvio que poquísimo dominamos el asunto. Mi hermano, Irving, le peguntó a un connotado economista: “¿Cuáles son las causas de la pobreza?” La respuesta del connotado fue tan precisa como precisas son las acrobacias de una hormiga bajo los efectos del insecticida. Nada raro, pues dudo que un solo político del patio lo entienda; o, si lo entienden, se hacen los despistados… veamos un poco.

    La pobreza es el estado natural del hombre. Nacemos desnudamente pobres y el reto está en superar esa condición. Entonces, en lo que debemos enfocarnos no es en la pobreza en sí, sino en la riqueza, o cómo podemos acceder a ella, mejor dicho, cómo podemos generarla. Y, me parece que el punto de partida es entendiendo qué es la riqueza; ya que sin entender el término es harto improbable que lleguemos al destino. El problema comienza cuando vamos al diccionario y vemos definiciones como la de la RAE: “Abundancia de bienes y cosas preciosas.” Tienen razón en cuanto a qué ese es el concepto típico; otra cosa, muy diferente es el auténtico concepto de la riqueza.

    El auténtico sentido del vocablo “riqueza” es aquello que es rico o sabroso. Puedes estar acostado como Rico McPato sobre una montaña de dinero y ser pobre; o, andar desnudo y ser feliz como lombriz. Bien conozco ejemplos de ambos casos. Lo cierto es que la riqueza es cosa espiritual. Así, el auténtico capitalismo está asociado a un caudal de bienes espirituales de moralidad o bienandar. Caudales que al ser bien invertidos pueden producir, entre otras, riqueza económica. Y no, ahorita no quiero entrar en aquello de que si el dinero envilece. No lo creo. El dinero sólo envilece a los que se dejan.

    En todo caso ¿cómo es que unos avanzan y otros no? De hecho, apenas entre el 2 y el 3% de las personas en el mundo son innovadores y productores de riqueza. Personas como Thomas Edison y Alexander Graham Bell no inventaron sino descubrieron el bombillo y el teléfono. Lo hicieron a través de sus empresas y del emprendimiento.

    En síntesis, a lo que voy es que es secreto de la verdadera riqueza yace en la sociedad; es decir, en el intercambio libre y voluntario entre los seres humanos. También podemos hablar de la “división del trabajo”, sin lo cual degeneraríamos todos. Pero como bien lo dice nuestra constitución (menos mal) “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” Si tan sólo eso entendieran nuestros políticos y sus partidos…

  • Democracia o República

    El Preámbulo de nuestra Constitución establece en su razón de ser, entre otras: “…con el fin supremo de… asegurar la democracia…”; lo cual gime la pregunta: ¿Y qué con ‘la república’? Si nos llamamos “república”, ¿cómo no dejamos sentado en constitución la defensa de esa institución que es superior a la democracia? John Adams (1735-1826), segundo presidente de los EE.UU., lo explicó de la siguiente manera: “Las personas tienen derechos que anteceden a todos los gobiernos terrenales; derechos que no pueden ser revocados o restringidos por la ley humana; derechos que devienen del Gran Legislador del Universo.” Si lo entendemos bien, veremos que nada en una constitución puede crear derechos; es decir, los derechos los podemos descubrir, pero no crear.

    Lo extraordinario de la constitución estadounidense es que nació con apenas siete artículos, a los cuales luego se agregaron 27 enmiendas. Pero lo más trascendental aún es que quienes enmarcaron la constitución estadounidense dejaron claro que el mayor peligro para las libertades vendría a través del gobierno. Por ello fue que las enmiendas fueron redactadas en frases negativas, tales como: no será recortada, infringida, negada, degradada, violada o negada. En otras palabras, hablaron de un ‘estado de derecho’ en dónde todos son iguales ante la ley. Que el poder del gobierno es limitado y descentralizado, mediante un sistema de pesos y contrapesos. Y, que, si el gobierno interviene en los asuntos de la sociedad civil, es con único fin de proteger al ciudadano en contra del fraude y la fuerza, pero no para para intervenir en los casos de intercambios voluntarios y pacíficos. En otras palabras y como ejemplo, no para encargarse de cosas como la educación sino para ver que en ello no se den fraudes. Lástima que ni en los EE.UU. ni en Panamá fueron fieles a ello. Ahora, cuando quien comete fraude es el mismo gobierno, no hay forma de poner cascabel a ese gato.

    En escueto contraste, el término “democracia” comúnmente se refiere a un mandato mayoritario; lo cual deja el camino abierto para pensar que la ley es lo que sea que fuese decidido por el gobierno; dado que quien gobierna es el pueblo. ¡Por supuesto!, que el grave peligro en ello es que terminemos con leyes viscerales ausentes de la razón. Más trágico aún es que con demasiada frecuencia vemos que las democracias engendran “derechos” que son vistos como privilegios. Ejemplo patético de ello lo vemos en el Artículo 91 de nuestra constitución que da a los padres de familia el “derecho a participar” en la educación de sus hijos; cuando debía ser todo lo contrario.

    Una lectura estudiada de la historia y constitución de los EE.UU. dejará en clara evidencia el desdén que sentían los padres de esa patria por la democracia. O, como señaló Winston Churchill: “…la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas esas otras que se han intentado de tiempos en tiempo…”

    En nuestra querida Panamá vemos que la democracia es vista como la pugna entre partidos para ver quien se hace con el poder de rapiña para el próximo período. Ello queda en marcado contraste con una república en dónde las minorías no quedan a la merced de las mayorías. Y vuelvo con John Adams cuando advirtió: “Recuerden, las democracias no perduran, pronto se desgastan cometiendo suicidio.” John Marshal lo propuso así: “…la diferencia (entre democracia y república) es análoga a la diferencia entre el caos y el orden.” En síntesis, los fundadores de la república estadounidense entendían muy bien que la democracia les conduciría a la misma tiranía monárquica de la cual habían escapado bajo el rey Gorge III.

    Expuesto de otra manera: el sistema democrático, carente de la república, se presta para burlar los mecanismos democráticos o de gobierno por el pueblo; tal como, de hecho, ocurre en nuestro patio. La cruda realidad es lo fácil que una república puede degenerar en una democracia o tiranía de mayorías, que fácilmente se reviste de legitimidad.

    En escueto resumen, los términos “democracia” y “república” no son sinónimos, sino, más bien antónimos.

  • Las falsas premisas

    Desde prácticamente el inicio de las medidas contra el Corona Virus, el latiguillo del gobierno ha sido “conservar los empleos”, al mismo tiempo que regulaba por Decreto, algo ciertamente ya permitido por Ley, sobre la cesantía temporal de los contratos laborales.

    Lo cierto es que mientras se cerraban las actividades comerciales consideradas “no esenciales” por el equipo a cargo de gobernar, las empresas en esa consideración, tuvieron que hacer frente a gastos corrientes difíciles de obviar y trazar planes para una reapertura diferente, en tiempos medianamente previstos.

    Pero la cuarentena se extendió y demasiado, de 40 días a unos 100 por ahora. Con ello, las consecuencias económico-financieras comenzaron a presionar a dueños y gerentes sobre qué hacer ante un escenario cada vez más incierto y riesgoso.

    Y la falsa premisa mientras tanto manteniéndose incólume ante el mismo entorno empresarial. ¿Qué quiero significar con esto? La premisa es falsa porque en primer lugar no se puede decidir en forma uniforme  y desde un organismo centralizado, sobre la complejidad y diversidad de una sociedad, (¿acaso para el chichero su actividad no es esencial para alimentar a sus hijos?); y segundo, la premisa sigue siendo falsa porque sin empresas no hay empleos posibles.

    Y no se ha hecho nada para preservar la premisa correcta, que es crear las condiciones para dejar  que el mercado fluya en un entorno libre y amigable. No se ha hecho nada para que explote y se libere la energía creativa de las personas y se adapten a un entorno altamente riesgoso. Y el castigo cae ahora sobre las empresas, porque se vence su plazo legal para los contratos laborales cesados y ante la incertidumbre, tendrán la horrible disyuntiva si asumir el pasivo laboral que les ha generado la situación o intentar mantener la empresa a flote bajo otros escenarios, esperando una recuperación. Es horrible, porque en las dos situaciones se pierde: si se decide reestructurar, y la negociación no funciona entre empresas y empleados, rige el marco legal actual y la empresa pierde, debe cerrar o irse a litigio. Los empleados tendrán por un tiempo liquidez para pagar sus deudas o consumir nuevamente, pero posiblemente no encontrarán otro trabajo por mucho tiempo, porque no habrá empresas que los generen. Esta situación donde unos ganan y otros pierden, es típica en mercados altamente intervenidos, no así en una sociedad libre donde todos ganan. Es típica en sociedades donde se crean enemigos en lugar de cooperadores. Y mientras el enemigo siga siendo el empresario, no hay sociedad próspera posible.

    Esperaba algún anuncio en la vía de migrar hacia mercados más desregulados; un anuncio de una reforma laboral, un anuncio de una reforma fiscal real y un anuncio de desburocratización del sector público, requisitos claves para atraer inversión genuina, sea local o internacional;  pero lo único que escuché fue un largo enunciado de préstamos y créditos, que incluso por los montos, no van a contribuir mucho más que para pagar deudas atrasadas de los beneficiarios.

    Esta otra falsa premisa, de “estimular el consumo”, choca contra la realidad de una sociedad que ya no tenía capacidad de ahorro al inicio de la Pandemia, y estaba muy endeudada, de acuerdo a los números a la vista proporcionados por la Superintendencia de Bancos de Panamá, de los saldos de préstamo al consumo.  Si una familia o una empresa no pueden afrontar un mes sin tener ingresos, implica que no estaban generando ahorros; por algo surgió en forma inmediata la solicitud de moratoria. Y sin ahorro, no hay consumo posible. Lo que el gobierno piensa y piensa mal, es que a estas empresas y personas los préstamos anunciados les van a ayudar. Todo lo contrario, les están arrojando un salvavidas de plomo. Sólo van a contribuir a la falsa sensación de seguridad temporal de que pueden continuar la actividad normal como previa a la Pandemia. Lo cual podrá ser cierto para ciertas actividades, pero no para todas. Nuevamente, la pretensión del conocimiento de cómo funciona la totalidad de la sociedad y sin temor a equivocarse, es lo que causa juegos de suma cero. Y así no funciona la economía. La sociedad no necesita ayudas estatales, necesita que, al igual que Diógenes, no les haga sombra.

    Uniendo ambas falsas premisas, un pésimo diagnóstico da como resultado un peor remedio, que sólo va a agravar la enfermedad que no es la del Covid 19. Aunque es tarde, aún hay tiempo para explorar otras ideas, aunque sea para obtener resultados diferentes. Sino, haciendo siempre lo mismo, nos llevará siempre a los mismos resultados: cada vez más con más deudas y sin empleos genuinos o ingresos para honrarlas.