Categoría: Opinión

  • Angela Merkel se va, ¿cuál es su legado?

    Angela Merkel se va. La primera mujer Canciller de Alemania. La primera persona nacida en Alemania Oriental, criada bajo los comunistas que llega a ser líder de una Alemania unificada. La que ha gobernado Alemania desde el 2005, o sea que tiene ya casi 19 años en el poder. Pero el desgaste es inevitable y a diferencia de las monarquías, el relevo pacífico en el puesto es el principal aporte de las democracias modernas. El año pasado anunció que renunciaba a la presidencia de su partido, tras resultados desfavorables en las elecciones regionales, y puede que este año o el próximo anuncie su renuncia a la cancillería alemana. La carrera por la sucesión está abierta.

    Lo cual deja varias interrogantes. Angela Merkel, aparte del desgaste natural del poder no supo adaptarse a una cambiante situación global. De la amistad con Obama, ha pasado a ser blanco de las hostilidades de Putin y de Trump. De ser la matrona de la Unión Europea que ha convertido Alemania en el motor económico de Europa, se ha convertido en la bestia negra de todos los grupos de izquierda que quieren gastar más imprimiendo mas Euros, sobre todo en el sur de Europa, y de la derecha que está harta de la selva de regulaciones e impuestos de la Unión Europea, gobernada por el eje Franco Alemán. Sus políticas progresistas para la conservadores demócrata-cristianos alemanes, como imponer por primera vez leyes de salario mínimo, o prometer cerrar los reactores nuclearas para el 2020, han puesto a Alemania a depender aún más del petróleo ruso pese a la retórica anti Putin, o sus políticas migratorias que han invitado al país a una ola de refugiados haciendo que aumente la xenofobia.

    Angela Merkel, tuvo una gestión económica acertada en general. Se benefició enormemente de la gestión monetaria del Banco Central Europeo que favoreció a los intereses alemanes, permitiendo que las exportaciones alemanes fueran baratas para otros europeos, y permitiendo que los alemanes ahorraran y celebraran contratos a largo plazo, gracias a la estabilidad monetaria y la inflación nunca mayor del 2% anual y muchas veces menor que ésta. También se benefició enormemente de las reformas laborales de su predecesor Gerard Schroeder aunque al costo de introducir el salario mínimo en la legislación alemana por primera vez.

    Alemania logró empleo máximo durante el gobierno de Angela Merkel, la economía Alemana supo recuperarse rápido durante las crisis del 2008 y del 2010. Alemania también se convirtió en uno de los grandes exportadores del mundo. Su superávit es mayor que el chino.

    Pero tanto la reforma laboral como las políticas monetarias del Banco Central no fueron un resultado de las políticas de Angela Merkel. Ella supo manejar lo que tenía.

    Sin embargo los fracasos de Angela Merkel no se verán hasta dentro de un largo tiempo. Angela Merkel controló el gasto público, pero a costa de cortar los gastos en infraestructura y defensa y no hizo nada para reducir el gasto social.  El resultado es que pese a la política de línea dura de Merkel contra Putin, pocos de los otrora temibles tanques, submarinos y aviones de las fuerzas armadas alemanas, están operativos, y a los soldados les faltan equipos básicos, lo cual enfurece a los norteamericanos con Trump a la cabeza, quienes piensan que los alemanes han optado por recostarse bajo el paraguas del Pentágono y el contribuyente norteamericano mientras proponen una política de línea dura frente a Rusia. Lo mismo pasa con el cierre de los reactores nucleares. Ahora que Alemania pretende oponerse a las pretensiones de Putin es cuando Alemania va a ser más dependiente que nunca del gas ruso.

    Durante las crisis de la deuda griega, Merkel, al prometer un rescate a medias que nunca debió prometer, hizo que Alemania, y no los políticos gringos, aparecieran como los malos de la crisis. Algo similar ocurrió durante la crisis de la primavera árabe. Algo similar pasó con la crisis de los refugiados. Los estallidos de la primavera árabe en Siria y Libia terminaron no en nacientes democracias sino en guerras civiles dominadas por facciones de fundamentalistas financiados por los Árabes Saudíes y con ayuda de los Estados Unidos. Sin embargo Alemania aceptó recibir a millones de refugiados, que es algo incompatible con un estado social grande. Y peor, muchos de estos son culturalmente incompatibles con la sociedad alemana, lo cual ha hecho que los partidos xenofóbicos en Alemania aumenten sus votantes. Peor aún, insistió en usar la Unión Europea para convertir este problema alemán en un problema europeo, lo cual llevó al Brexit y al surgimiento de partidos nacionalistas en Europa Oriental e Italia.

    Y éste va a ser el legado más polémico de Merkel, una crisis de refugiados inasimilables, un estado social alemán demasiado grande, que se ha unido a Francia en su cacería de brujas contra los paraísos fiscales y es incapaz de ser tomado en serio por Trump y por Putin.

    Por ahora la economía está bien, esta es la gran ventaja, pero este legado no es de Merkel sino del Banco Central Europeo.

  • No, la JMJ no atraerá inversión extranjera a Panamá: los datos que lo demuestran

    La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá es una buena noticia para los católicos del istmo. Sería absurdo negar la trascendencia religiosa, cultural, mediática y social de un acontecimiento así. No obstante, es un error que el gobierno panameño pretenda asociar la visita del Papa Francisco con un supuesto boom inversor que poco o nada tiene que ver con este tipo de reunión.

    Echemos un vistazo a los datos. En el año 2008, Australia acogió la Jornada Mundial de la Juventud. Sin embargo, como refleja el siguiente gráfico, la entrada de inversión extranjera directa no se comportó de modo distinto tras la celebración de la reunión católica.

    España celebró la edición 2011 de la JMJ, con idéntico resultado. Tal y como pone de manifiesto el siguiente gráfico, el volumen de inversión extranjera no muestra cambio alguno tras la celebración del evento.

    Un par de años después, en 2013, la JMJ llegó a Brasil. Una vez más, la curva de inversión extranjera se mantuvo indiferente, sin cambios entre la situación previa y el escenario posterior a la visita del entonces Pontífice, Benedicto XVI.

     

    Polonia es el último país que ha organizado una Jornada Mundial de la Juventud. Según el informe de Inversión Mundial que elabora la ONU, el flujo de inversión extranjera directa hacia el país del Este de Europa se redujo en 2017, año siguiente a la celebración del evento. Durante dicho ejercicio, la inversión foránea cayó de 14.000 a 6.500 millones.

    Parece evidente, por tanto, que la relevancia de la JMJ se circunscribe al plano religioso, cultural, mediática o social, pero no se extiende al terreno económico. De hecho, no hay que olvidar que estos eventos implican ciertos costes para el sector productivo: cierre temporal de oficinas, vacaciones forzosas de trabajadores ocupados en zonas cortadas por motivos de seguridad, aumento del gasto público, etc.

    Pero, entonces, ¿qué puede hacer Panamá para aumentar su competitividad en el ámbito de la inversión internacional? Y, mejor aún, ¿qué recetas pueden ayudar a mejorar la captación de capital foráneo y crear, al mismo tiempo, un entorno más atractivo para quienes ya operan dentro del istmo? Quizá la mejor respuesta a esta pregunta es la que nos ofrece el Foro Económico Mundial en su Índice de Competitividad.

    De acuerdo con la encuesta de ejecutivos incluida en dicha publicación, el 18% de los empresarios menciona la ineficiencia burocrática de las Administraciones Públicas como el primer factor que les impide hacer negocios e invertir con facilidad en Panamá. Un 15% cita la corrupción, un 14% lamenta la falta de conexión entre educación y mercado de trabajo y un 10% se queja de regulaciones laborales excesivamente restrictivas.

  • El problema de los independientes

    Panamá permite por segunda vez consecutiva, la figura del independiente en las elecciones; y esta vez, como en la serie de Ocean Eleven, que a cada entrega le aumentan un número, son tres los independientes.

    Vamos que ha sido dramático, con los días de los muertos vivientes que aportan sus firmas, con menores de edad emancipados que también firman, con foto finish, con acusaciones por primera vez a un Tribunal Electoral de fraude y de parcialización. Pero bueno, al final quedarán tres candidatos independientes a la Presidencia de la República.

    Y es aquí donde está el problema, que la frustración de la gente con los partidos políticos se está decantando no por crear partidos políticos nuevos y reformar los ya existentes, sino por eliminarlos del todo buscando candidatos independientes a puestos de elección popular.

    No nos oponemos a los candidatos independientes para puestos menores, pero para la presidencia hay un problema. Un presidente debe gobernar con un equipo de trabajo. Un partido político actúa de hecho como una marca de mercadeo. Los votantes de un partido saben más o menos qué esperar de él. Saben cómo han sido sus gobiernos, saben qué cuadros son ladrones y que cuadros son serios y responsables. De un candidato independiente no se sabe nada. Son un concurso de personalidades, y un gran salto al vacío amparado por la fe. Esto no está mal para puestos de elecciones menores, o para puestos en el Órgano Legislativo, pero trae problemas en el Ejecutivo porque al final se trata de gobernar. En otras instancias, por el contrario, se trata de las actuaciones individuales del político, así que la figura del independiente trabaja bien.

    Por ahora los independientes actúan como una válvula de escape para los que están descontentos con el sistema de partidos tengan alguna opción; sin embargo, hasta cierto punto los independientes refuerzan el sistema de partidos. Porque los descontentos no van a votar en bloque por un independiente sino por varios, mientras que los militantes y simpatizantes de un partido van a salir a votar en bloque por su partido. En la próxima elección quizás Marco Ameglio robe votos a los simpatizantes del panameñismo, pero dudamos que Ana Matilde Gomez y Ricardo Lombana, le roben muchos votos al PRD o al CD.

    Esto le permite en un país sin segunda vuelta (y no la propiciamos) al partido que saque la mayor minoría, ganar, como en el pasado han ganado Juan Carlos Varela o Ernesto Pérez Balladares.

    Y el problema de los partidos es que éstos no se dan por aludidos. Saben que la opinión pública los rechaza y en lugar de cambiar y adaptarse a los tiempos, buscan satisfacer solamente los intereses de su voto duro. Solo así podemos entender la campaña de Weber para tratar de que lo nombren magistrado. Y saben esto porque los votantes independientes, que son mayoría, no tienen un catalizador común y votan de manera dividida.

    La única solución sería que por lo menos dos candidatos independientes creen una plataforma común y empujen un mecanismo para lograr satisfacer las dos grandes fuertes del hastío político de los panameños, el sistema de partido y la corrupción pública y manifiesta de la Asamblea de Diputados y la Corte Suprema de Justicia.

    Para esto, éstos deben apelar a los votantes a que voten para forzar la Asamblea a reformarse o someterla a la opción nuclear de una Constituyente Originaria.

  • Bolsonaro: “La Bolsa Sona”

    “Barcelona es bona si la bolsa sona, si la bolsa no sona, Barcelona no es bona”

    La aparición de Bolsonaro ha traído de nuevo a la palestra una discusión ética y política respecto a la izquierda y la derecha. Al respecto voy a insistir en que es un tema trascendente y a mi juicio Bolsonaro lo pone de manifiesto. En primer término dícese que Bolsonaro es de extrema derecha, y una vez más me pregunto que significa es calificación o descalificación.

    Todo parecería indicar que Bolsonaro pretende reinstaurar en Brazil el sistema político económico que cambió la historia del mundo, y trajo por primera vez en la historia la libertad y la creación de riqueza. Por tanto pareciera a partir de sus declaraciones que pretende liberar al Brazil del sistema de izquierda imperante que destruyó la economía y que también planteo la problemática de la libertad. Y no olvidemos eliminar la corrupción.

    En razón de esa actitud que considero una virtud, también se ha opuesto a la dictadura de Maduro en Venezuela y tampoco ha ignorado la prevaleciente en Cuba por casi sesenta años. Este último hecho parece ser ignorado en el resto del llamado mundo Occidental. Fue así que Obama firmó un acuerdo con Raúl Castro y los europeos continúan invirtiendo en las playas de Cuba.

    Es un hecho notorio que aparezca en América Latina una personalidad que como Bolsonaro pretende reconocer públicamente el fracaso económico del socialismo y su lamentable éxito político. Insisto pues en que la demagogia está presente en el mundo occidental vía el socialismo y la evidente confusión prevaleciente entre los derechos individuales y los derechos humanos. Hecho al que me he referido en anteriores oportunidades. Pero otra vez voy a insistir en la presente falacia de la igualdad como principio en que se basa la reducción de la pobreza, cuando la historia ha demostrado lo contrario.

    Cuando los derechos son del pueblo, nadie tiene derecho, y es la razón de ser de la instauración del poder absoluto. Y permítanme citar de nuevo a Alexander Hamilton que escribió: “Una peligrosa ambición subyace bajo la especiosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Pero Marx está presente en Occidente vía Eduard Bernstein que en discusión con Lenin dijo: “Al socialismo se puede llegar democráticamente y sin revolución”. Creo que lamentablemente tuvo razón, y a los hechos me remito.

    Al respecto escribió Fareed Zakaria en su artículo en Foreign Affairs: “Populism on the March”. Allí en primer lugar reconoció que Occidente está en problema y seguidamente escribió definiendo al populismo: “¿Qué es populismo? El significa cosas diferentes para diferentes grupos, pero todas las versiones comparten un recelo de una hostilidad hacia las élites, corrientes políticas e instituciones establecidas. Históricamente el populismo ha tenido variantes de izquierda y de derecha y las dos están hoy floreciendo”.

    Al respecto vale recordar hoy las palabras de León XIII en su encíclica Rerum Novarum en 1891: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos; afánanse en verdad por ello los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual su ingenio, ni la salud ni las fuerzas. Y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad”. Creo que había aceptado la mano invisible de Adam Smith. No puedo menos que reconocer la sabiduría de estas palabras y que hoy lamentablemente son ignoradas por el Papa Francisco.

    Volviendo a Bolsonaro ahora surge en The Economist otra confusión al respecto, por llamarlo un peligroso populista con algunas buenas ideas. No me cabe la menor duda que esa observación entraña otra confusión en el ámbito de las calificaciones en la filosofía política. El populismo lo describió Aristóteles como la democracia destructora de la república en función de la demagogia. Y advirtió: “Tengan cuidado que los pobres siempre van a ser más que los ricos”.

    Por otra parte como dije en el artículo citado de Foreign Affairs se reconoció la existencia del populismo de izquierda, socialismo y de derecha nacionalismo. La imperancia del primero trasmitida en el aumento del gasto público determinó la caída en la tasa de crecimiento de la Unión Europea. A partir de la crisis del 2008 el único país europeo que creció fue Alemania un 7% en el período. Hoy parece que tampoco crece. Por otra parte el populismo de derecha representado por Maurice Le Pen en Francia constituye una amenaza a la permanencia de la Unión Europea.

    Aparentemente Bolsonaro en defensa aparente de los principios que cambiaron al mundo parece popular. El es favorable a la reducción del gasto público y el déficit fiscal, a eliminar la corrupción, a la liberación del comercio y adoptar acuerdos bilaterales además del Mercosur, y por supuesto el respeto por la propiedad privada. A esa política propuesta se le ha denominado extrema derecha y The Economist populismo.

    Creo que lo importante es destacar las propuestas políticas y económicas que pretenden recuperar la economía breasileña, que se encuentra defenestrada por los gobiernos de izquierda prevalecientes en los últimos 20 años, con Lula da Silva a la cabeza, hoy preso por corrupción política.

    Bien venido Bolsonaro quien ya según la reciente información ha logrado que “sone la Bolsa de Brazil”. Nada mejor puede esperarse políticamente que la política correcta sea popular y haga posible rescatar los principios reconocidos en el Rule of Law, bajo las ideas de Locke, Hume y Adam Smith desarrollados por lo Founding Fathers en Estados Unidos. Esa es la inversa de la popularidad en que se basan los gobiernos de izquierda fundados en la demagogia del populismo de izquierda y de derecha.

    Perdón de nuevo por la multiplicidad de citas. Me parece importante hacerlo pues las ideas de la libertad que yo defiendo afortunadamente no son mías. Si hubiesen sido mías estaríamos viviendo en la Edad Media. Y esta aclaración no la hago por modestia. Yo no tengo ese defecto.

  • El precio de la JMJ

    Dice el señor de los encajes de pollera que la JMJ es una inversión para Panamá, que nos pone en el mapa. Que es una inversión, porque seguramente los mochileros religiosos que llamamos peregrinos seguramente van a gastar plata en bares y restaurantes en lugar de hacer botellones enormes en la vía pública, aunque es cierto que las ramas más pudientes de la Iglesia Católica así como los periodistas probablemente le den vida a la deprimida industria turística local.

    Ya hemos visto la falacia de los grandes eventos públicos organizados por el Estado; es un clásico ejemplo de lo que se ve (el evento) versus lo que no se ve (las disrupciones causadas en otras industrias). Y que estos mega eventos suelen terminar costando más para los contribuyentes que lo que recaudan para el estado o para industrias específicas como la del turismo, que reciben un subsidio encubierto de las industrias y sectores de la economía que ven su actividad mermada por el evento.

    Algunos calculan el costo directo para el contribuyente panameño en más de 50 millones de dólares, en gastos aprobados para la JMJ, tanto protocolares, como relacionados al evento (tarimas, alfombras rojas), como paquetes de ayuda a los peregrinos, como gastos de seguridad. Más difícil será calcular cuánto costarán las cosas que no se harán los 3 días en que las oficinas públicas van a estar cerradas y los trámites que no se harán durante estos días que repercutirán negativamente en las empresas. Ni pensar en cuánto costará la productividad perdida de las empresas que se verán forzadas a cerrar (y que así y todo deberán pagar sus impuestos como si hubieran estado abiertas).

    Y hablando de repercusiones negativas. También han que tomar en cuenta otras cosas como las interrupciones en el tránsito por la ciudad esos días, incluyendo las restricciones al tránsito vehicular por tener calles cerradas, que sin duda afectarán negativamente la productividad de las empresas localizadas en esas rutas.

    Así que los costos van subiendo. Los cálculos optimistas consideran que la JMJ generará unos 230 millones en ganancias, aunque ya sabemos que nos está costando organizarla como 55 millones aportados supuestamente por la Iglesia y la empresa privada sin contar los gastos estatales (ya vemos una partida por aquí y otra por allá en los diarios todos los días, 10 millones por aquí, 12 millones por acá) y excluimos porque las desconocemos, las pérdidas que van a ocasionar en los sectores de la economía que no están relacionados ni con el turismo ni con el gasto público. Existen razones por las cuales los mega eventos, sean los juegos de la NFL o la JMJ, o las Olimpiadas o la Copa del Mundo, suelen ser organizados por países cuya clase política está dispuesta a soportar la gloria del evento con los impuestos de otros. Si estos eventos fuesen realmente rentables para todos, los organizaría la empresa privada principalmente. No habría necesidad de organizarlos con fondos públicos asignados por los políticos. Esto es una regla básica para saber si un evento es bueno para el público, ¿usa fondos públicos o privados?

    Aparte de ser incompatible con un estado laico moderno (vamos, en los Estados Unidos donde hay una verdadera separación de la iglesia y el estado, el estado gastaría en seguridad, pero no en poner tarimas o ayudar a los peregrinos),  si se hiciera, debería totalmente manejado por la Iglesia y la empresa privada, salvo en el tema de la seguridad que es función esencial del Estado.

    Y qué decir del cierre de las oficinas públicas. ¿Cerrarían las oficinas públicas si viene alguna otra figura religiosa? ¿No es eso el usar al estado para hacer proselitismo en favor de la Iglesia Católica de facto, a costa del tiempo de los funcionarios que pagamos todos los ciudadanos independientemente de nuestras creencias? Y de los trámites que no podremos hacer, o de los dineros que no podremos facturar esos días.

    El costo de la JMJ es mucho más profundo de lo que nos están diciendo.

  • Una constituyente Inoportuna

    El presidente, en la cúspide de su impopularidad, y viendo una derrota clara para su partido en las próximas elecciones se saca de la manga la constituyente. O sea, llamar al público a una refundación radical del Estado mediante una nueva Carta Magna. Esto lo ha hecho pasando por encima de pedirle un visto bueno a la Asamblea Nacional. Sabemos que ésta posiblemente se negará del todo.

    ¿Qué se busca con esto y qué consecuencias tiene?

    Políticamente es claro que se busca amarrar, como en algún momento intentó Ricardo Martinelli, al próximo gobierno. Se puede dar el caso de que el ganador de las elecciones del 2019 obtendría una victoria pírrica, porque ganaría no para llevar a cabo su plan de gobierno, sino para convocar a un Asamblea Constituyente que daría por terminado su mandato. En otras palabras, todo el tiempo y esfuerzo, todos los recursos utilizados por los candidatos a puestos de elección en las elecciones del 2019 serían en vano, ya que sus cargos serían anulados por la Asamblea Constituyente.

    Porque estemos claros, una Constituyente es un cambio radical, estamos hablando de quitar la piedra angular sobre la cual se sostiene todo el sistema legal y político de un Estado y reemplazarlo por otro. Esto significa mantener a todo el país en pausa por dos años más, cuando el país desde el 2016 vive una marcada desaceleración económica que el gobierno esconde con cifras maquilladas pero que es evidente en el día a día de los panameños. ¿Conviene paralizar al nuevo gobierno dos años más con una Constituyente, mientras la economía del país se frena? Parece que los proponentes de la Constituyente no piensan en esto. Los del gobierno es claro que buscan neutralizar al siguiente gobierno, porque si hubieran estado desesperados por la constituyente, la hubieran convocado al inicio de su período y no al final. Los de la sociedad civil se dividen en dos grupos, los abogados divos constitucionalistas que se miran en el espejo y aspiran a ser los padres de la refundación de la Patria, y los grupos de extrema izquierda que desean quizás dar un cambio radical a la composición del Estado Panameño.

    El problema es que fuera de estos grupos, nadie en Panamá parece tener claro qué se quiere con una Constituyente. No hemos avanzado mucho desde el ejercicio de la Junta de Notables de Ricardo Martinelli, una serie de cartas al Niño Dios legales, donde cada grupo aspira a elevar su tema mascota a nivel constitucional. Básicamente todos los proponentes de la Constituyente actuales aspiran a eso. A que sus intereses especiales o sus políticas personales sean elevados a normas constitucionales. Y ésa ha sido desgraciadamente la constante de los últimos ejercicios constituyentes latinoamericanos.

    Las constituciones latinoamericanas modernas suelen ser cada vez más largas y detallistas, pero no logran resolver los problemas de crecimiento económico, inequidad, corrupción legal y falta de estabilidad política. Crean hermosas políticas de papel, pero no resuelven nada en la práctica.

    Y es que todos sabemos que la Constitución Panameña actual tienen problemas serios, como la falta de legitimidad en su origen en la dictadura militar, así como el hecho de que los poderes del Estado dependen en la práctica del Ejecutivo quien controla el presupuesto, lo cual significa que elegimos un monarca, no un presidente por un período limitado de 5 años. Esto ha sido una receta para la corrupción y la impunidad. Sólo cuando la sociedad corrupta entre los poderes del Estado se rompe temporalmente como ahora, podemos ver lo corrupto que es el sistema político actual. Pero resulta curioso que los impulsores de la Constituyente no toquen este tema ni qué normas proponen para resolverlo en la nueva constitución; más bien se enfocan en los mecanismos para llamar a una Asamblea Constituyente, como si ésta fuera un fin en sí y no un medio para cambiar la constitución. Si se está desesperado por cambiar la constitución lo más lógico sea que se diga de antemano qué se quiere cambiar ¿no? El problema de ir a una Asamblea Constituyente de esa manera es que no se sabe qué clase de Constitución va a salir de ésta, y se puede terminar con algo peor, lo cual va a poner al país en vilo por dos años, en medio de una crisis económica.

    Hay mecanismos adecuados para cambiar la Constitución sin irse a un salto al vacío político. Como las reformas constitucionales. Y de irse a un Asamblea Constituyente, una paralela al inicio y no final de un período presidencial sería garantía de hacer cambios de la manera racional y calmada que el país necesita.

    Llamar a una constituyente en las circunstancias actuales, dejando la puerta abierta a un caos político sin que la sociedad la pida, es un ejercicio de irresponsabilidad suprema de los cuales ya hemos tenido varios en los 2010s.

  • Los ‘Chalecos Amarillos’ y la crisis del Estado de bienestar

    Europa y un modelo socialdemócrata en crisis. Pero, ¿alcanza la ciudadanía a comprender el fenómeno en todo su alcance?

    Por Juan David García Ramírez

    Los movimientos de protesta que días pasados han conmovido la tranquilidad social en las grandes urbes europeas –comenzando por París– acaso evoquen los tiempos convulsos de la Roma imperial; instancia aquella en la que la disconformidad de sectores bien representativos de la población supo hacerse sentir en las calles –al menos, así lo relata Tácito en su Historia.

    A lo largo de las últimas horas, turistas despistados y opinadores snobistas se han escandalizado con el accionar de las turbas, con los bloqueos de avenidas, plazas o del funcionamiento de trenes subterráneos, así como con los ataques registrados en perjuicio de las fuerzas del orden.

    A aquellos, tras no haber tomado nota respecto de la crisis del Estado de bienestar, les resulta incomprensible que en París, Berlín, Madrid o Estocolmo, la conflictividad social se haya acentuado. En París –conforme ya se ha visto–, los comentados ‘Chalecos Amarillos‘ se tomaron las calles durante semanas, en abierto rechazo a la decisión del gobierno del presidente Emmanuel Macron de aumentar el precio de los combustibles. En Madrid, desde tiempos de la recesión económica, las manifestaciones masivas de pensionados y empleados públicos –inicialmente autocalificados como ‘Indignados’– tuvieron por fin explicitar una férrea oposición contra los recortes, y hoy son cosa de todos los días. En Berlín, Frankfurt y otras ciudades germanas, miles de ciudadanos han expresado sus reparos en torno de los efectos nocivos que comporta la entrada indiscriminada (y carente de control alguno) de centenares de miles de inmigrantes provenientes de Oriente Medio.

    Ya desde los años sesenta, generaciones enteras de europeos volviéronse permeables a una fe ciega en el Estado como proveedor de bienes y servicios, garante este de estabilidad social y económica, y como solucionador primigenio de toda problemática emparentada con el individuo. El transporte, la educación, la salud y, tiempo después, la política agraria, la previsión social, la gestión de los asuntos culturales y hasta el control del consumo, se propusieron como excusa para nutrir un crecimiento desmedido de los gobiernos y de la propia Unión Europea –todo lo cual ya se ha agotado. El ciudadano europeo promedio tenía por costumbre burlarse de sus pares estadounidenses, asiáticos y de la América Latina –aunque sobre todo de los primeros, dadas las incontables horas de trabajo que les caracteriza y el escaso tiempo familiar y para vacaciones. Todo ello, mientras italianos, españoles y franceses –siempre gracias al formato de Estado-niñera propugnado por el modelo socialdemócrata europeo– podían y, aún hoy, pueden irse de vacaciones casi durante dos meses en el verano, y obtener licencias médicas a partir de un simple dolor de cabeza; como también pudieron acceder a subsidios de desempleo y a cuantiosas variantes de beneficios, por el solo hecho de existir. Al punto tal en que millones de inmigrantes se exhiben hoy dispuestos a perecer en el Mar Mediterráneo, con tal de aprovechar para sí las mieles del asistencialismo.

    Un manifestante de los chalecos amarillos ondea una bandera tricolor francesa durante una protesta en París. (EFE)

    Sin embargo, hoy día, cuando les toque despertar del sueño, lo cierto es que esos mismos europeos ya no se ríen tanto de sus pares en otros continentes. De tal suerte que, ahora, padecen las consecuencias de haber puesto a la economía de mercado y a la democracia liberal al servicio de la utopía socialista. Hace a esta realidad la estadística de Estados eminentemente gigantescos, como el francés o el español, en donde el 22 y el 16% de la población, respectivamente, ocupa puestos en el sector público. Estos guarismos permiten comprender cómo es posible que tantas personas sigan oponiéndose a la implementación de reformas económicas profundas, por cuanto aquel sistema es el que les ha mantenido aislados de los riesgos de la vida real.

    El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, acaso buscando evitar un movimiento similar al de Francia, ha tomado la decisión de incrementar el salario mínimo en un 22%. No caben dudas: le lloverán aplausos, y su índice de popularidad mejorará. Pero, más tarde o más temprano, la iniciativa resultará onerosa para su país, en tanto que ella solo servirá para pisar el acelerador hacia el esperable colapso del Estado de bienestar.

    Publicado a través de La Gran Epoca.

    Publicado originalmente en El Quindiano (Armenia, Colombia)

  • Las rivalidades que vienen y la inocencia de los políticos.

    China quiere vender sus recursos, y adquirir materias primas. Para eso lanzó las Iniciativas de la Seda y el Camino y el Collar de Perlas. El gobierno del partido comunista chino se basa en un contrato social tácito. El gobierno garantiza al pueblo un aumento de sus niveles de vida, pero el pueblo no va a desafiar el monopolio del partido comunista chino. Por ahora, después de Tianamen, ese contrato social funciona bastante bien. Pero este acuerdo depende de que los chinos cada vez puedan conseguir las materias primas que necesita, y vender sus productos. Para esto dependen de la buena voluntad de los Estados Unidos, algo que no les gusta. Así que eventualmente van a necesitar bases en el extranjero para garantizar sus rutas marítimas, o sea un Collar de Perlas militar. Pero al hacerlo, de paso puede controlar las rutas marítimas de otros. Lo cual lleva a rivalidades de carácter militar.

    Por ejemplo, en 1900, los alemanes, cansados de depender de la buena voluntad de los británicos, decidieron tener colonias y una flota marítima lo cual hizo que los británicos, históricamente amigos de Gran Bretaña, se convirtieran en enemigos durante dos guerras mundiales. Lo mismo pasó cuando Japón, potencia emergente, decidió que no podía depender de la buena voluntad de los occidentales en garantizar sus fuentes de materias primas de Asia, así que crearon una flota, que chocó militarmente primero con los rusos, y que luego, cuando los norteamericanos no garantizaron sus rutas de materias primas, embargadas como represalia por la invasión a China, con los norteamericanos. Todos sabemos cómo terminó eso. El afán de China de poder garantizarse a sí misma las rutas de materias primas y sus recursos puede llevarla a choques militares con la India primero y luego con los Estados Unidos.

    El tema actual es que poco a poco, de la bipolaridad ideológica de la guerra fría, USA o URSS, o de la unipolaridad de los 90s donde los USA quedaron solos como árbitros del mundo, vemos surgir un mundo multipolar, similar a la Europa del siglo XIX, marcada por áreas de influencia definidas por intereses económicos más que ideológicos. Donde la Unión Europea (realmente el eje franco alemán), una Rusia que sigue en retroceso desde el fin de la Unión Soviética, una ascendente China, una emergente India, y posiblemente un Brasil que busca todavía su rol en el mundo, se pelean áreas de influencia, y buscan aliados no por ideología, sino por temas económicos específicos.

    Salvo los Estados Unidos y la EU que comparten la civilización occidental, cada potencia representa una civilización, Rusia, la cristiana ortodoxa, China, la civilización china, India, la India. Y todas apuntan a áreas de influencia local. Se alían pero también se enemistan por esas áreas. Rusia choca con los occidentales por la Ucrania, fuente de recursos mineros y agrícolas que rusos y alemanes han querido por siglos, y el Báltico o sea la salida a rutas comerciales marítimas, como fue en la era de los zares.

    Además quiere evitar que los árabes saudíes construyan un oleoducto a Europa a través de Siria. África es el gran premio en disputa la Unión Europea, representada por Francia, la China y la India. El control de Indico, ruta necesaria para mover materias primas a la India y China, va crear una guerra entre China y la India tarde o temprano. Los USA ven a Latinoamérica, sobre todo al Caribe, como su área de seguridad natural, pero el Brasil de Bolsonaro va a aspirar a ser el policía de Sudamérica posiblemente con el visto bueno norteamericano. Rusia, y China van a chocar en Asia central tarde o temprano por el Asia Central. Pero por ahora son aliados porque la ruta de la seda los beneficia, mientras no tengan bases militares. El mundo islámico por ahora también está en disputa, los europeos y los gringos van en retroceso, pero los rusos y chinos no van a llenar el vacío por ahora

    Los chinos quieren un Collar de Perlas civil y militar para garantizar la salida marítima de sus mercancías y la llegada de sus materias primas. Y esto puede traer problemas, sobre todo por la parte militar, garantizar las rutas marítimas, ya hemos dicho, puede afectar que otro garantice sus propias rutas marítimas. Y empieza una rivalidad naval que puede terminar mal.

    ¿Cómo afecta eso a Panamá? Panamá es parte del Collar de Perlas Chino… China quiere extraer recursos de Colombia y Venezuela, y quiere garantizar una ruta por Panamá.

    Si lo hiciera pacíficamente no habría problemas, pero ya vemos cómo busca mantener en poder al económicamente incompetente Nicolás Maduro, o ya ofreció a Panamá la trampa de la deuda china en forma de un ferrocarril. La cuenca del Caribe es área de seguridad nacional de los Estados Unidos, y éste no duda en mantener su hegemonía en ese sector. Que Panamá se vea involucrado en una rivalidad entre los Estados Unidos y China no es bueno. Sobre todo cuando el Brasil de Bolsonaro aspira ahora a ser el centro de Sudamérica, mientas que Lula practicaba con el Foro Social de Río, una política ideologizada de enfrentamiento al “capitalismo”, Bolsonaro parece saber que el capitalismo es la base del crecimiento económico, y busca convertir a Brasil en una potencia regional, con el visto bueno de los Estados Unidos.

    Esto pareciera que la Cancillería, enfocada en un mundo de biempensantes y “buenos ciudadanos globales”, parece ignorar que los países, en un mundo sin ideologías se siguen moviendo por los intereses nacionales, o en el peor de los casos por los intereses económicos personales de los dirigentes nacionales. Esto último puede ser que lo entienda bien el Presidente actual… aunque no sabemos si sus intereses personales coinciden con los del país.

  • Moneda digital del Banco Central para pagos transfronterizos en el Caribe

    El primer paso hacia un Mercado y Economía Únicos del Caribe (CSME, por sus siglas en inglés) respaldado por pagos digitales transfronterizos podría realizarse si la Primera Ministra de Barbados, la Honorable Mia Amor Mottley, logra alcanzar sus objetivos.

    En el lanzamiento en octubre de 2018 del Sandbox regulatorio de Barbados, la Primer Ministro Mottley declaró que Barbados está definitivamente interesado en poder facilitar mejores pagos interregionales, especialmente para el comercio. «Una de las cosas de las que estamos muy conscientes es que usamos una gran cantidad de divisas (divisas) dentro de la región «.

    La Facilidad de Compensación Multilateral del CARICOM (Comunidad del Caribe) de la década de 1970 fue un intento inicial, pero evidentemente defectuoso, de crear un sistema de liquidación directa (sin el uso de dólares estadounidenses) entre la entonces Asociación de Libre Comercio del Caribe (CARIFTA). Este experimento demuestra que la idea de una liquidación intrarregional directa no es nueva, pero que la solución y los mecanismos reales son desafiantes, especialmente dado que algunas de las monedas del Caribe están vinculadas al dólar de los Estados Unidos (USD), mientras que otras flotan. Consecuentemente, la región depende de bancos corresponsales fuera del Caribe para facilitar sus transacciones intrarregionales, y persisten los desafíos con respecto a tener suficientes reservas de divisas para facilitar las mismas.

    El Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra y la Autoridad Monetaria de Singapur ya han explorado oportunidades para pagos digitales transfronterizos. Esto se recibió con agrado en noviembre de 2018, en el Festival de Fintech de Singapur, de parte de la Directora Ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, quien dijo que la iniciativa demostró una «visión excepcional».

    Se puede inferir que la Facilidad de Compensación Multilateral de la CARICOM de la década de 1970 fue más allá de lo visionario, pero probablemente se adelantó a su tiempo. La empresa Bitt de FinTech, con sede en Barbados, prevé que los respectivos bancos centrales de la región emitan sus propias monedas digitales (CBDC, por sus siglas en inglés) como una solución rentable y viable, frente a los desafíos actuales para el acuerdo comercial regional. Según Sade Jemmott, Asesor Jurídico de Bitt, en un documento reciente sobre el tema, «.. la realidad es que las monedas múltiples e inmutables dentro de un solo mercado o economía son problemáticas, pero el establecimiento de una unión monetaria en CARICOM es altamente improbable. En ausencia de una moneda común, que requeriría una convergencia monetaria y fiscal más profunda de lo que es posible en la actualidad, la tecnología financiera puede presentar una solución a los desafíos de la región al facilitar la mejor alternativa: la convertibilidad directa de la moneda ”.

    En palabras de Jemmott, «el verdadero significado de esto para el Caribe sería que la libre circulación de capitales podría finalmente ser una realidad …». Finalmente, la visión es que se establecerán acuerdos bilaterales de intercambio de moneda digital entre cada país dentro del CARICOM, de modo que poco o ningún flujo de remesas o comercio intrarregional requerirá divisas para su liquidación. En su lugar, cada beneficiario recibirá fondos en su propia moneda digital nacional, a través de una billetera digital en su dispositivo móvil.

    Fuente: Bitt

     

  • Ideología y Libertad

    Se dice que la discusión no es ni debe ser ideológica. Ese principio es una contradicción respecto a la realidad que enfrentamos. La historia muestra claramente que son las ideas las que determinan los comportamientos, y voy a insistir en que el mundo cambió a partir de la aceptación de ciertas ideas que determinaron el sistema ético y político que produjo el progreso y la libertad. Es un hecho manifiesto que por el contrario fueron otras ideas las que determinaron el totalitarismo como una racionalización del despotismo.

    No puedo menos que insistir en que tal como explica William Bernstein en su The Birth of Plenty el mundo hasta hace unos doscientos años vivía como vivía Jesucristo. ¿Qué fue lo que cambió al mundo? Tomemos en cuenta el pensamiento de David Hume que escribió: “Es imposible cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación”.

    Evidentemente ese cambio se produjo a partir de las ideas que crearon el sistema ético, político y jurídico que determinaron el cambio de situación y circunstancia. No me cabe la menor duda de que el respeto del derecho de propiedad privada y el derecho a la búsqueda de la felicidad, que Locke considerara el principio fundamental de la libertad, han sido las ideas que cambiaron al mundo.

    Las ideas contrarias a éstas fueron determinantes de los regímenes totalitarios que surgieron en Europa. Basta analizar el pensamiento de Rousseau que influyó en la Revolución Francesa las raíces del totalitarismo, Diosa Razón mediante. Al respecto escribió Rousseau: “Así como la naturaleza le da a cada hombre poder absoluto sobre su cuerpo, el pacto social le da al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros”. Y sigue: “Cualquiera que se atreve a emprender la tarea de instituir una nación debe sentirse capaz de cambiar la naturaleza humana”.

    El socialismo es una ideología que proviene de estas ideas y seguidamente llegó Karl Marx, que hoy está presente vía Eduard Bernstein que escribió que el socialismo se podía alcanzar democráticamente y sin revolución. Tampoco podemos ignorar el pensamiento de Kant al respecto.

    Creo que estamos viendo la obviedad del pensamiento de Balynt Basony: “La filosofía política angloamericana y la franco germánica son tan diferentes como el día y la noche”. Y no podemos menos que reconocer al respecto que de la angloamericana surgió la libertad, y de la  francogermánica el totalitarismo. Y al respecto Jean François Revel en su obra “La Obsesión Antiamericana” escribió: “Son los europeos, que yo sepa, quienes hicieron el siglo XX el más negro de la historia, en las esferas política y moral, se entiende. Ellos provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes, que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes más criminales jamás infligidos a la especie humana”.

    Ahora también se está discutiendo que la problemática del mundo que se viene surge de la inteligencia artificial. Por el momento discrepo con esa teoría. A mi juicio el problema pendiente es la falta de inteligencia natural aprovechada por los que la tienen para lograr el poder político. Ese es el caso del socialismo que se fundamenta en la falacia de la búsqueda de la igualdad. Y al respecto recordemos a Karl Popper: “Luché por la igualdad hasta que me percate que en la lucha por la igualdad se perdía la libertad y después no había igualdad entre los no libres”.

    Otro aspecto a tener en cuenta es el resultado aparentemente favorable de la reunión del G20 en la cual parece haberse aceptado el criterio de que el acuerdo es más importante que el desacuerdo. Como bien dijera David Hume: “La riqueza de tu vecino no te perjudica sino que te beneficia”. Y esa conclusión había sido ya aceptada por Estados Unidos y por ello aplicó el Plan Marshall después de la segunda guerra mundial. Esa decisión no fue un acto de beneficencia sino de inteligencia en virtud de la conciencia de que le convenía que Europa restaurara su economía y la libertad. Diría que fue la primera vez en la historia que los países que perdieron la guerra ganaron la libertad.

    Hoy el mundo Occidental  parece confundido por la democracia socialista, pero no hay dudas de que las ideas que lo cambiaron siguen siendo válidas, y por ello Richard Epstein escribió: “Los principios incorporados en la Constitución Liberal Clásica no son aquellos que operan en esta o aquella era. Son principios para todas las eras”. En otras palabras, la tecnología no altera las ideas que la provocaron.

    Al respecto considero importante la evaluación de esa realidad de Peter Drucker: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XX es la creencia de que la Revolución Norteamericana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa y que fue efectivamente su precursora”.

    En función de esa realidad he reconocido la falacia de la Civilización Occidental, que implica la ignorancia de que Europa llegó al totalitarismo, Revolución Francesa mediante, que es la racionalización del despotismo. Y aquí estamos ante la confusión del Iluminismo a la que ya me he referido, y la democracia mayoritaria sigue siendo el camino de la demagogia al socialismo. O sea del populismo que reina en Europa, en tanto que en China desde el poder que se justifica en el comunismo ha aceptado las ideas que cambiaron al mundo a las que me he referido y por ello crece y ha pasado a ser la segunda economía mundial. Por el contrario Europa está enclaustrada en el populismo democrático y no crece.

    Y volviendo a la inteligencia artificial debemos reconocer el avance tecnológico que ella implica y que determina una evolución en la vida cotidiana y no un cambio en la naturaleza humana. Si la inteligencia artificial es usada políticamente para insistir en los derechos del pueblo y la falacia de la igualdad, ello determina el aumento del gasto público y su consecuencia la caída en la tasa de crecimiento económico que prevalece hoy en el mundo occidental. Como se decía en la China, muy al Oriente está Occidente, y todo parece indicar que Occidente está desorientado abandonando las ideas que cambiaron al mundo. Y permítanme recordar de nuevo a Alberdi: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco”.