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Criptoindustria crece en Alemania y El Salvador, mientras Panamá sigue rezagada

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En estas últimas semanas, tanto El Salvador como Alemania, países absolutamente contrapuestos entre sí, han dado impulso ya no sólo a las criptomonedas, sino a la criptoindustria, mediante regulaciones amigables a todo el ecosistema generado. Panamá, habiendo sido un centro bancario internacional, vanguardista en figuras financieras, de a poco ha ido perdiendo terreno en el campo financiero y hoy día, cada día de atraso, equivalen a años completos de competitividad que no se recuperan.

El primer caso es el anunciado y efectivo golpe publicitario dado por el presidente de El Salvador en la Convención de Miami hace exactamente un mes. Desde ese momento, la marca país de El Salvador ha ido en constante aumento, debido no sólo a la cantidad de inversores y no sólo de la criptoindustria hablando sobre el país, sino sobre acciones concretas de empresas como la anunciada hace unos días, Chainbytes.

El fabricante de cajeros automáticos (ATM) de bitcoin, ChainBytes, informó el miércoles pasado que trasladó a El Salvador su centro principal de producción. En 10 días, la empresa tendrá listo el primer prototipo elaborado completamente en tierra salvadoreña y, a partir de allí, sus esfuerzos se centrarán en alcanzar una productividad de 50 equipos diarios o 1.500 al mes. Actualmente son 175 empleados, pero se calcula que las contrataciones locales sólo irán en aumento debido a que la empresa poseía un centro de producción en China que tuvo que desmantelar recientemente debido a la represión contra las criptomonedas en ese país. Ahora, la compañía ha trasladado todo ese centro de producción a El Salvador. De nada sirvió que Panamá tuviera una ley de manufacturas (EMA) preparada a tal fin.

El centro dará servicio a las “operaciones de la empresa en las regiones de LATAM, EE. UU. y Canadá con el supply chain global”. La compañía ha estado prestando servicios a operadores de cajeros automáticos de bitcoin y empresas que buscan ingresar al negocio de cajeros automáticos de bitcoin desde el año 2012.

Eric Grill, el director ejecutivo de Chainbytes, dijo: “Chainbytes brindará servicios a los salvadoreños que buscan operar cajeros automáticos de bitcoin en el país y colaborará con su gobierno, entidades legales y asociaciones para garantizar que el centro de fabricación tenga éxito y traiga prosperidad al país”.

Grill elogió recientemente a El Salvador por “mostrar liderazgo al mundo en la implementación de bitcoin como moneda legal”. El CEO opinó: “Creemos que al hacerlo, el país se está posicionando para ser más un centro tecnológico”, y agregó que su empresa “quiere ser parte de ayudar a que eso tenga éxito”. Grill continuó: “Nuestra iniciativa brindará la capacitación y los trabajos calificados necesarios para todos los salvadoreños, lo que, a su vez, contribuirá a la economía y a la nación”.

Tracy Jefferson, directora de operaciones de la empresa, explicó que El Salvador “tiene zonas francas y parques de servicios que alentarán a más empresas a operar aquí”. Además, señaló que “con los centros marítimos y aéreos en su lugar, tiene sentido que produzcamos máquinas aquí no solo para los salvadoreños sino para exportar a toda América del Norte y del Sur”. Palabras que podrían haber sido perfectamente aplicables a Panamá, con toda su infraestructura preparada y su envidiable posición logística. ¿Criptoindustria en Panamá? No por ahora.

El segundo caso, en Alemania, se refiere a los 4000 fondos institucionales en Alemania que ahora pueden invertir el 20% de sus carteras en criptoactivos.

La muy esperada Ley de colocación de Fondos (Fondsstandortgesetz) entró en vigor el 1 de julio en Alemania. El parlamento federal alemán, el Bundestag, había aprobado la legislación el 22 de abril.

Según esta ley, los fondos especiales nacionales nuevos y existentes (Spezialfonds) pueden invertir hasta el 20% de sus carteras en activos criptográficos, como bitcoin.

Hay aproximadamente 4.000 fondos especiales de este tipo cubiertos por esta legislación. Según un informe de BVI Investments, a finales de diciembre de 2020 se invirtieron 1,88 billones de euros (2,23 billones de dólares) en fondos especiales abiertos, excluidos los fondos inmobiliarios especiales.

Si todos los fondos especiales asignaran el 20% completo en criptomonedas, equivaldría a más de 376 mil millones de euros ($ 446 mil millones).

Tradicionalmente, los fondos especiales son fondos de inversión regulados y de composición abierta limitados a inversores institucionales, como instituciones financieras, compañías de seguros, corporaciones, fundaciones e iglesias.

El interés en la criptoindustria está aumentando, según los expertos del mercado, que anticipan que estas nuevas regulaciones podrían desencadenar una inversión significativa en el mercado criptográfico.

Sven Hildebrandt, jefe de la consultora de cadena de bloques de Hamburgo DLC Distributed Ledger Consulting, dijo al medio Decrypt que proyecta una entrada teórica del orden de 350.000 millones de euros (415.000 millones de dólares) en criptoactivos. Esa es una cantidad significativa, y “malditamente enorme”, según Hildebrandt, considerando que la capitalización de mercado actual de Bitcoin es de $ 632 mil millones. Asimismo, considera que es un gran impulso para la posición de Alemania como un centro de inversión financiera, y los expertos creen que nutrirá a la industria de la criptografía en su conjunto al legitimar aún más esta clase de activos.

Y añadió: “Aquí, la ley va en la dirección correcta y la acogemos expresamente”.

Sus cálculos se basan en estimaciones de que alrededor de 1,87 billones de euros (2,2 billones de dólares) están inmovilizados en aproximadamente 4.000 fondos especiales. “Esto no sucederá de la noche a la mañana, pero estamos hablando del vehículo de inversión más grande que tenemos en Alemania, literalmente, todo el dinero está ahí”, dijo Hildebrandt.

La ley alemana avanza en la dirección correcta. Una criptoindustria es posible. No existe un equivalente estadounidense de Spezialfonds, pero se han comparado con los Fondos Especiales de Inversión (SIF) en Luxemburgo y los Fondos de Inversión Calificados (QIF) en Irlanda. Estos tipos de vehículos de inversión son atractivos para las instituciones porque permiten flexibilidad y son mucho menos restrictivos en los requisitos de liquidez, diversificación, restricciones de endeudamiento y apalancamiento. Al mismo tiempo, el marco regulatorio sólido brinda seguridad a los inversores. ¿Por qué no hemos podido generar un instrumento así en todo este tiempo en Panamá?.

La agencia alemana de defensa de las inversiones alternativas, Bundesverband Alternative Investments (BAI) ha elogiado la nueva legislación. Ahora pide “que se amplíe para incluir fondos públicos”.

Mientras tanto, en Panamá, ¿podemos decir lo mismo?. Quizás muchos lectores no lo saben, pero hace más de 10 años, cuando las criptomonedas comenzaban a asomarse, los reguladores en el estado de New York comenzaron a exigir licencias incumplibles y los pioneros de la criptoindustria vieron en Panamá un oasis para comenzar sus negocios. Los más importantes, muchos de ellos hoy mil veces millonarios, mayormente de Estados Unidos, estuvieron en el país, comenzaron sus negocios aquí, pero de a poco se fueron desilusionando por no poder conformar un ecosistema local y se fueron todos.

En una segunda ola, de la cual he sido activa participante, provino de Europa central más precisamente. Quise compartirles a todos lo que era mi amado paraíso y lo que podía complementar un centro financiero moderno a la criptoindustria. Me habría gustado que Æternity hubiera elegido Panamá y no Uruguay para su expansión por latinoamérica. Mis amigos checos, eslovacos, austríacos, ucranianos que eran fanáticos de Panamá, de a poco mudan sus esperanzas y acciones concretas a Paraguay. Incluso este último al día siguiente de El Salvador anunciaba también un proyecto de ley amigable a la criptoindustria. Localmente, nos cansamos de dar charlas y explicar sobre la conveniencia de una desregulación o una regulación amigable a la criptoindustria y al sector financiero en general y no encontrar eco.

Habrá una tercera ola?? Como expresara al inicio, horas y días que se pierden en vericuetos legislativos, tanto para desregular lo que hace falta, como para darle un respaldo legal a lo que ya existe en el viejo mundo de las inversiones, son años de competitividad perdida. Panamá ya posee un artículo constitucional que rechaza el “curso forzoso de moneda”, por lo cual, a diferencia de El Salvador, no necesitaríamos una regulación para las criptomonedas. Ya existe desde 1904. Y atención, no se necesitan más “personas educadas” o “mejorar la educación” para que tengamos un centro financiero moderno que incluya a todos, como se repite. Se necesita más libertad, menos estado y más personas libres.  El Salvador, con la misma dolarización que poseemos aquí, se ha atrevido a desafiar a los reguladores globales y hasta ahora no le han quitado corresponsales ni amenazado con listas de dudosa reputación. Nosotros ¿qué hacemos mientras tanto? Nada. Luego, nos quejamos.

About the author

Irene Gimenez

Irene Gimenez, analista internacional. Es abogada con maestría en economía y ciencias políticas. Su especialidad es el análisis económico del derecho. También tiene especializaciones en temas financieros, tecnología y globalización. Su preferencia hoy día es analizar el impacto de los desarrollos bajo tecnología Blockchain y el impacto que ello generará en las próximas décadas.

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