Etiqueta: capitalismo

  • Milton Hershey: por un 2026 con más empresarios como él.

    Hay historias empresariales que incomodan al relato dominante. No porque sean perfectas, sino porque demuestran que otra relación entre capital y sociedad es posible sin pasar por el Estado. La de Milton Hershey es una de ellas.

    En una época —finales del siglo XIX y comienzos del XX— marcada por monopolios protegidos, aranceles, concesiones y connivencia política, Hershey eligió un camino distinto: crear valor real, competir en el mercado, y luego devolver a la sociedad no vía impuestos ni prebendas, sino mediante propiedad privada organizada con fines educativos.

    Su mayor legado no es el chocolate. Es el Milton Hershey School Trust.

    El gesto radical: donar la propiedad, no el excedente

    En 1918, Milton Hershey tomó una decisión que aún hoy resulta subversiva: entregó el control económico de su empresa a un fideicomiso educativo destinado a sostener una escuela para niños huérfanos y vulnerables. No fue filantropía cosmética. No fue “responsabilidad social empresaria”. No fue deducción fiscal oportunista.

    Fue algo mucho más profundo: una renuncia voluntaria al control del capital para garantizar una misión concreta, sin intermediación política.

    Desde una perspectiva libertaria, este punto es crucial:

    • Hershey no pidió subsidios ni impuestos reducidos.

    • No reclamó privilegios regulatorios para su escuela.

    • No delegó la educación en el Estado.

    • No esperó el rediseño de la sociedad desde arriba.

    Simplemente dijo: “Esto es mío. Y con esto voy a financiar educación, de forma privada, permanente y autónoma.”

    El Trust como antítesis del capitalismo prebendario

    El capitalismo prebendario —el que hoy se fomenta desde sistemas políticos capturados— funciona al revés:

    • Empresas que no compiten, sino que hacen lobby.

    • Fortunas que no crean valor, sino que capturan rentas.

    • “Filantropía” que depende del favor estatal.

    • Educación convertida en instrumento ideológico.

    El Trust de Hershey rompe ese esquema.

    El fideicomiso:

    • No depende del presupuesto público.

    • No está sujeto a ciclos electorales.

    • No responde a sindicatos estatales ni burócratas.

    • Vive o muere según la buena administración del capital.

    Es educación financiada por mercado, sostenida por propiedad privada y blindada frente al populismo. Para un libertario, esto no es una anécdota moral: es arquitectura institucional.

    Educación sin Estado (y sin resentimiento)

    La Milton Hershey School no nació como un experimento ideológico, sino como una solución concreta: formar personas capaces de valerse por sí mismas.El foco no era la igualdad forzada, sino la movilidad real. No la victimización, sino la responsabilidad personal. No el adoctrinamiento, sino el oficio, la disciplina y la dignidad del trabajo.

    Hershey entendió algo que hoy parece olvidado: la educación no necesita ser estatal para ser inclusiva, necesita ser sostenible, exigente y honesta.

    Un empresario, no un redentor

    Desde el punto de vista libertario, hay algo aún más valioso: Hershey nunca quiso ser un salvador social. No escribió manifiestos.
    No intentó “reformar el sistema”. No pidió que otros siguieran su ejemplo por ley.

    Actuó como empresario: Creó riqueza. Asumió riesgos. Compitió. Ganó. Y luego decidió libremente qué hacer con lo suyo.

    Ese es el orden correcto.

    Todo lo demás —impuestos forzados, redistribución política, filantropía obligatoria— es una inversión moral del proceso.

    Por un 2026 con más Milton Hershey y menos empresarios prebendarios

    Cerrar 2025 recordando a Milton Hershey es recordar que:

    • El capital no es el problema, sino su captura.

    • La desigualdad no se corrige destruyendo riqueza, sino creándola y usándola con inteligencia.

    • La educación florece cuando está protegida de la política.

    • El empresario auténtico no vive del Estado, vive del cliente.

    Hershey no fue un santo. Tampoco fue perfecto. Pero entendió algo esencial que hoy escasea: el verdadero legado no se vota, no se subsidia, no se decreta. Se construye.

    Desde Goethals Consulting, cerramos 2025 con ese deseo: que el talento vuelva a ser premiado, que volvamos a confiar en la libertad, no porque sea perfecta, sino porque es humana, y que el éxito deje de pedir perdón. Porque cuando el capital es libre y responsable, no necesita redención. Necesita propósito. Por un 2026 con más historias como la del gran empresario Milton Hershey.

  • Quien fracasa es el gobierno no el capitalismo

    «El capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral».

    Hoy leí un artículo del Instituto Mises, escrito por George Ford Smith en el cual comienza señalando que la crisis económica inmobiliaria del 2008 se dio debido a que, como dijo en su momento el presidente Bush: “Wall Street se embriagó”; a lo cual añadió Peter Schiff diciendo: “Así fue; y quien puso el licor fue la FED”. Un año antes de la crisis del 2008 consulté un experto que me dijo estuvo en Wall Street y allá le aseguraron que no había problema alguno; que mis inversiones estaban seguras pues el gobierno no dejaría que nada malo ocurriera. ¿Quién iba a pensar que confiar asuntos económicos al gobierno era malísima idea?; ya que “gobernar” y “economía” ni riman ni conjugan.

    ¿Deben los gobiernos entrometerse en los asuntos económicos de la población o sólo velar por las mejores condiciones bajo las cuales los ciudadanos y extranjeros en nuestro país manejen sus asuntos económicos? Si fuésemos a tomar en serio nuestro mandato básico constitucional que en su artículo 282 establece que “el ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares” debía ser obvio que el gobierno no debía entrometerse. Lastimosamente, el mismo artículo luego de un “pero” y un punto y coma, se contradice o y agrega que “el Estado planificará el desarrollo económico y social…” supuestamente para “asegurar beneficios para el mayor número posible de habitantes…”; contradicción que es una barbaridad que abre las puertas al pillaje de los fondos públicos.

    Es risible que los izquierdistas del patio digan que Panamá es un país capitalista, ya que el capitalismo es un sistema que va por el trillo de la libertad de emprendimiento y no por la vía de dictámenes e intromisiones políticas alejados de lo moral. Si algo dejó claro el Título X de nuestra actual constitución, creada en la época arnulfista, fue el intento de volver a Panamá un país socialista, fascista, comunista, todos estos hijos del mismo padre, el colectivismo. Bien lo dijo Benito Mussolini, quien comenzó su carrera como editor de una revista socialista. Y ¿cómo olvidar que Arnulfo Arias admiraba a Hitler?

    El enredo de fondo germina con una población falta de buena educación o peor; una educación diseñada hacia el adoctrinamiento y el servilismo hacia los políticos y sus secuaces ladrones que dejan migajas al pueblo. ¿Cree el lector que el SUNTRAC y los funcionarios del magisterio público del MEDUCA cierran calles y luchan por una mejor educación? ¿Acaso luchan por sus clientes, los estudiantes? ¡Ja!, el colectivismo no tiene clientes.

    La pregunta que poco o jamás nos hacemos es ¿si la intromisión gubernamental política en lo económico nos conduce hacia una mejor economía o sólo sirve para facilitar el pillaje central? Es ceguera no ver que, hasta ahora, el intervencionismo, más que nada, ha servido para el pillaje. Y lo peor es que ni siquiera vemos o cuantificamos los daños colaterales de todo ello. ¿Cuánto cuesta el desorden vial, la mala educación, el mal transporte, agua, electricidad, etc.? Tristemente, hoy día, cambiar todo eso requeriría un «ejército Buqueles». No le envidio la tarea a Mulino.

    Toda actividad que dificulta la actividad del mercado causa daños terribles a la economía; más que nada del que menos tiene. Decir que el mercado fracasa es lo mismo que culpar la borrachera al licor. La medida de éxito empresarial que logremos hoy día en Panamá no es gracias a los gobiernos sino a emprendedores que saben sortear perversas leyes y autoritarismo gubernamental. Pero ¡cuidado!, que la cultura de intervencionismo pillaje central enquistada en nuestro país está herida y busca como sobrevivir.

  • El Gobierno quita más de lo que da

    Es normal que el gobierno quite más recursos de los que da, ya que su función no es ser empresa productiva sino de función normativa; y, lo que jamás ve Tío Pueblo son los costos de gobernar, en especial la parranda de costos escondidos; y no me refiero al pillaje sino a los costos asociados a lo que llaman “inversiones”.

    Miren no más lo que ha ocurrido en países que cacarean el parte y reparte, tal como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o hasta países nórdicos que una vez fueron muy prósperos, hasta que adoptaron políticas socialistas y llegaron a tal punto que no podían siquiera pagar los salarios sus funcionarios; tal como ocurrió con Suecia en 1990. Para arreglar el enredo tuvieron que achicar el gobierno y hasta privatizar muchas funciones. ¡Ah!, pero de esas cosas no hablan los medios que gustan vender cuentos de hadas.

    El tema no explican en los medios son cosas como las complejidades del desarrollo de las estructuras de capital; que es algo que definitivamente no pueden hacer los gobiernos porque los capitales que manejan son ajenos. Todos, de una manera u otro, nos beneficiamos o perjudicamos de esas estructuras de capital. Tristemente, el no entender estas complejidades lleva a las mafias gubernamentales a invertir con fines politiqueros y no de economizar. Así, distorsionan las estructuras de los capitales del mercado. Se ve en el crecimiento del sector informal y el estancamiento del formal.

    Y si hemos logrado inversiones de afuera no es porque las hemos alentado con nuestras torpezas sino porque las que han llegado es porque huían de sitios como Venezuela y otros que están peor que nosotros. Me crispa escuchar en medios y en la misma Constitución cuando se habla del “interés social”. Sí, como no, los gobernantes saben lo que es eso. O hablar de bienestar económico, cuando lo que se practica no lleva a eso. Uno de los ejemplos más horribles fue la doctrina social de la Iglesia, cuando la misma la torcieron hacia el socialismo. La Iglesia sí tiene una sana doctrina social; pero todo se puede usar para el bien o para el mal.

    El problema del llamado “interés social” es que sirven para justificar el intervencionismo y hacer ver que el gobierno es una entidad volcada a servir. ¡Sí claro!, ¿servir a quién? El problema de estos espejismos está en hacer creer que los gobiernos son fuentes inagotables de riqueza; hasta que, como en Cuba y tal, el manantial se queda sin agua porque talaron la selva y envenenaron las aguas.

    Jamás olvido la vez que hice amistad con un señor que había logrado montar su propio taller de herrería y me estaba construyendo un vivero en casa. Un día, le dije que él era un capitalista y se sintió ofendido. “¿Cómo así?”, me dijo. “Yo no soy eso…” Le respondí: “Acaso no tienes una empresa, oficina, autos, equipos, contabilidad y tal?” “Sí, me respondió”. “Bueno, todo esos es capital o cápita, palabra del latín que significa ‘cabeza’. Capitalista es quien usa la cabeza y sus bienes de capital para producir. Lástima que en el país del “no a la privatización” desarrollamos una cultura anti empresarial; lo cual aprovechan otras culturas que llegan y logran echar “palante”.

    Y no hay que ir muy lejos, en vez de pedir que hagamos un uso correcto de la minería lo que pedimos es que cerremos las minas porque crea daños ambientales y tal. Si es así, vamos a cerrar el Canal, que es la obra que más daños ambientales ha creado.

  • El verdadero socialismo es el capitalismo

    El grueso de los significados que típicamente hoy publican los diccionarios en Internet, pues los de papel ya se los comieron las polillas, más que nada presentan el uso que se les está dando a las palabras; significados que cada día se han ido distanciando del original o etimológico. Tal situación ha ido dificultando la el entendimiento y la comunicación. Por ejemplo, en Panamá para hablar de chismes usamos la palabra “bochinche”; cuando bochinche y chisme no son lo mismo. Y me perdonan que tenga que dar tantas vueltas para explicar que el verdadero socialismo es el capitalismo; pero si no entendemos el significado de estos términos, pues seguiremos en Babia.

    ¡Uy!, y ¿qué es eso de Babia? Es una locución adverbial coloquial que significa estar distraído, embobado, ensimismado, abstraído, o despistado; cuyo origen se remonta a la Edad Media, cuando Babia era un sitio de descanso y retiro para los reyes leoneses. Cuando los reyes estaban en Babia, se les decía a quienes acudían a audiencias se les decía: El rey está en Babia. Obvio que estar en babia con los vocablos socialismo y capitalismo sí que nos lleva a grandes errores u horrores en filosofía política y la conducción del país.

    Merriam Webster, nos ofrece una variedad de definiciones de “socialismo”. La primer es: “Cualquiera de varias teorías o movimientos sociales y políticos que defienden o sostienen la gobernanza colectiva o, que el gobierno tiene o representa la propiedad y administración de los medios de producción y control de la distribución de los bienes y servicios; tal es en el caso de: el fourierismo, socialismo sindical, marxismo, o el owenismo. ¡Meto!, la cosa se enreda.

    La realidad de los sistemas del confisca parte y reparte para quedarse con la mejor parte es que no se puede repartir una riqueza que no se ha creado. O peor ¿qué sentido tiene matar la gallina para comerte los huevos que lleva dentro; en especial cuando era la única gallina que tienes.

    Socialismo o ser social es, como dijo Jesús: “amar al prójimo como a ti mismo”. Pero el amor nace en el sagrado vínculo del macho y la hembra; vinculo fecundo y productivo, base de toda convivencia social o de asociación. Tal es el asunto que debíamos ver que el gobierno nace en la familia, en el barrio y tal. Pero en la medida en que se va alejando de ese vínculo primordial se corre el riesgo de perder el enfoque de la verdadera función de gobierno; que es fomentar su base en la familia. En otras, se gobierna de abajo hacia arriba y no al revés.

    Por su lado, el capitalismo se refiere a como la familia le puede dar el mejor uso al capital; y, ¡definitivamente!, no es dándole más capital a los gobernantes de lo necesario para que cumplan las funciones que les delegamos para que asistan y no para que nos reemplacen. Pero en Panamá los gobiernos han desplazado buena parte de la actividad de mercado propia del pueblo; violando el auténtico principio de subsidiaridad de ‘no regalar pescado sino de enseñar a pescar’.

    Tristemente la pérfida tendencia de los poderosos, es que si les das el dedo se toman todo el cuerpo. ¿Seremos tan torpes y ciegos que no lo vemos en un Chávez, en un Maduro, Biden, Putin, Xi Jinping, Ortega, Castro, Hitler, etc.; todos que por sus “obras” excretas se volvieron los más ricos del país y del mundo?

    Simplemente, el capitalismo es el uso de la cápita o cabeza y de los bienes que de ella salen por intermedio de la división del trabajo en un mercado libre. Ese es el verdadero socialismo…

  • Nuestro enemigo el gobierno

    Los organismos estatales, es decir, los gobiernos del estado, no son empresas cuyo éxito económico depende de la calidad y del precio del producto que venden, sino de los engaños que pregonan y de su capacidad de robar al segmento productivo de la población. Y no sólo se trata de falsas promesas sino de su capacidad de adoctrinar a una crédula población. Visto así, bien puedo concluir que el gobierno, los gobiernos, desde el momento que rebasan sus funciones y debida dimensión, se vuelven organismos mafiosos que viven del pillaje de la población a la cual dicen servir; es decir, son organismos parasitarios.

    Lo peor es que como los mafiosos gubernamentales saben que su período es corto, estos se esmeran por los grandes y desmedidos proyectos de los cuales pueden sacar tajadas más grandotas; tal como es el caso del Metro de Panamá que es un mamotreto y fiel representación del desgobierno. A ver si me explico.

    La ciudad de Panamá bien podía, a una fracción del costo, resolver sus necesidades de transporte urbano con un auténtico sistema de metrobus, tal como lo hizo Bogotá y no con el mamotreto de Mi Bus que falsamente llaman “metrobus”.

    En USA al metrobus le apodan BRT, o “bus rapid transit”, que traduce a ‘transporte rápido por bus’. Es lo que también llaman un “metro de superficie”, dado que tiene todas las características de un metro soterrado: vías dedicadas, estaciones fijas, boletería por adelantado, horario, capacidad de dar servicio a casi toda la ciudad, etc.; todo lo cual se traduce en transporte rápido con buses. ¿Es eso lo que nos dieron con el Metro y Mi Bus?

    Lo señalado es apenas un atisbo al mamotreto empobrecedor que son nuestras instituciones gubernamentales. Es más, dudo haya una sola autoridad de gobierno en Panamá que sepa lo que es gobernar. Y, si la hay, la excepción confirma la regla.

    Es imposible advertir y entender el sistema feudal que padecemos en Panamá si no sabemos para qué es un gobierno. Ciertamente que los gobiernos no deber gallineros para alimentar zorros. Uno de los que bien lo sintetiza es el candidato a presidente de Argentina Javier Milei: La función gubernamental es velar por la libertad de la persona y de su propiedad. ¡Meto!, pero muy pocos saben lo que es propio de la persona humana.

    En cuanto al sistema empresarial, en buena o gran medida, es parte de la trama de corrupción; ya que quien no entra en la jugada lo aplastan. Y a los que se someten les permiten participar de los banquetes de arroz con pollo. Esta tendencia de dominación no sólo existe en los países sino que ha emigrado a los organismos de política internacional que buscan conformar un estado mundial o gobernación mundial.

    Decir que en Panamá practicamos el capitalismo es ignorancia o embuste. El capital no prospera en gallineros de dónde los zorros alimentan a las gallinas para luego engullírselas. En un sistema capitalista los servicios de agua, luz, escuela, seguridad social, transporte y mucho más no lo manejan los zorros de gallinero sino los ciudadanos a través del mercado.

    Menos mal que ya asoma un destello de luz al final del sombrío túnel de la corrupción centralizada. Ya, ante la magnitud del descaro de corrupción gubernamental la dormida población comienza a despertar; aunque todavía falta mucho por aprender antes de que logremos la capacidad de mudarnos a un sistema de verdadera libertad ciudadana; en la cual cada persona, familia, barrio, ciudad, aprenda a caminar su propio camino y no el camino de los zorros del gallinero.

  • Ludwig von Mises: Defensor del Capitalismo

    En la conmemoración del fallecimiento de Ludwing Von Mises hace ya 50 años, en Octubre 10 de 1973, compartimos una columna escrita por quien fuera su alumno, George Reisman, escrita originalmente en 1981, en ocasión del aniversario de nacimiento nro 100 en 1973.

    Mises fue mi maestro y mentor, y la fuente de inspiración para la mayoría de lo que sé y considero importante y valioso en estos campos, lo que me permite comprender los eventos que moldean el mundo en el que vivimos. Quiero aprovechar esta oportunidad para rendir homenaje a él, porque creo que merece ocupar un lugar importante en la historia intelectual de los tiempos modernos.

    Mises es importante porque sus enseñanzas son necesarias para la preservación de la civilización material. Como él demostró, la base de la civilización material es la división del trabajo. Sin la mayor productividad del trabajo que permite la división del trabajo, la gran mayoría de la humanidad simplemente moriría de hambre. Sin embargo, la existencia y el funcionamiento exitoso de la división del trabajo dependen vitalmente de las instituciones de una sociedad capitalista, es decir, de un gobierno limitado y la libertad económica, la propiedad privada de la tierra y de toda propiedad, el intercambio y el dinero, el ahorro y la inversión, la desigualdad económica y la competencia económica, y el motivo de lucro; instituciones que han estado bajo ataque durante varias generaciones.

    Cuando Mises apareció en escena, el marxismo y otras sectas socialistas disfrutaban de un monopolio intelectual virtual. Las principales fallas e inconsistencias en los escritos de Smith y Ricardo y sus seguidores permitieron a los socialistas afirmar que la economía clásica era su aliada real. Los escritos de Jevons y los economistas «austríacos» anteriores, como Menger y Böhm-Bawerk, eran insuficientemente comprensivos para proporcionar una contraofensiva efectiva contra los socialistas. Bastiat había intentado proporcionar una, pero murió demasiado pronto y probablemente carecía de la profundidad teórica necesaria de todos modos.

    Así que cuando Mises apareció, prácticamente no había oposición intelectual sistemática al socialismo ni defensa del capitalismo. Literalmente, las murallas intelectuales de la civilización estaban indefensas. Lo que Mises emprendió y que resume la esencia de su grandeza fue construir una defensa intelectual del capitalismo y, por lo tanto, de la civilización.

    El principal argumento de los socialistas era que las instituciones del capitalismo servían únicamente a los intereses de un puñado de «explotadores» y «monopolistas» y operaban en contra de los intereses de la gran mayoría de la humanidad, a la que el socialismo serviría. Mientras que la única respuesta que otros podían dar era idear planes para quitarles a los capitalistas algo menos de su riqueza de lo que los socialistas estaban demandando, o instar a que se respeten los derechos de propiedad a pesar de su incompatibilidad con el bienestar de la mayoría de las personas, Mises cuestionó la suposición básica de todos. Mostró que el capitalismo opera en el interés material de todos, incluidos los no capitalistas, los llamados proletarios. En una sociedad capitalista, Mises demostró que los medios de producción de propiedad privada sirven al mercado. Los beneficiarios físicos de las fábricas y molinos son todos los que compran sus productos. Y, junto con el incentivo del lucro y la pérdida y la libertad de competencia que implica, la existencia de la propiedad privada garantiza un suministro cada vez mayor de productos para todos.

    Por lo tanto, Mises demostró que clichés como «la pobreza causa el comunismo» son absolutamente absurdos. No la pobreza, explicó, sino la pobreza más la creencia errónea de que el comunismo es la solución para la pobreza, causa el comunismo. Mostró que si los revolucionarios mal orientados de los países subdesarrollados y de los barrios empobrecidos comprendieran la economía, cualquier deseo que puedan tener de combatir la pobreza los convertiría en defensores del capitalismo.

    Mises demostró que el socialismo, en su mayor contribución original al pensamiento económico, no solo abolía el incentivo del lucro y la pérdida y la libertad de competencia junto con la propiedad privada de los medios de producción, sino que también hacía imposible el cálculo económico, la coordinación económica y la planificación económica, y por lo tanto, resultaba en caos. El socialismo significa la abolición del sistema de precios y la división intelectual del trabajo; significa la concentración y centralización de todas las decisiones en manos de una agencia: la Junta de Planificación Central o el Dictador Supremo.

    Sin embargo, la planificación de un sistema económico está más allá del poder de cualquier conciencia individual: el número, la variedad y la ubicación de los diferentes factores de producción, las diversas posibilidades tecnológicas que se les abren y las diferentes permutaciones y combinaciones posibles de lo que se puede producir a partir de ellos, están mucho más allá del poder incluso del genio más grande para tener en cuenta. Mises mostró que la planificación económica requiere la cooperación de todos los que participan en el sistema económico. Solo puede existir bajo el capitalismo, donde, todos los días, los empresarios planifican sobre la base de cálculos de lucro y pérdida; los trabajadores, sobre la base de los salarios; y los consumidores, sobre la base de los precios de los bienes de consumo.

    Las contribuciones de Mises al debate entre el capitalismo y el socialismo, el tema principal de los tiempos modernos, son abrumadoras. Antes de que él escribiera, la gente no se daba cuenta de que el capitalismo tiene planificación económica. Aceptaron sin crítica el dogma marxista de que el capitalismo es una anarquía de producción y que el socialismo representa una planificación económica racional. La gente estaba (y la mayoría todavía lo está) en la posición de M. Jourdan de Molière, quien nunca se dio cuenta de que lo que había estado hablando toda su vida era prosa. Porque viviendo en una sociedad capitalista, las personas están rodeadas literalmente de planificación económica, y aún así no se dan cuenta de que existe.

    Todos los días, hay innumerables empresarios que planean expandir o reducir sus empresas, que planean introducir nuevos productos o descontinuar los antiguos, que planean abrir nuevas sucursales o cerrar las existentes, que planean cambiar sus métodos de producción o continuar con los métodos actuales, que planean contratar trabajadores adicionales o dejar ir a algunos de los actuales. Y todos los días, hay innumerables trabajadores que planean mejorar sus habilidades, cambiar sus ocupaciones o lugares de trabajo, o continuar como están; y consumidores que planean comprar casas, autos, estéreos, carne o hamburguesas, y cómo usar los bienes que ya tienen, por ejemplo, conducir al trabajo o tomar el tren, en lugar de eso.

    Sin embargo, las personas niegan el nombre de planificación a toda esta actividad y lo reservan para los débiles esfuerzos de un puñado de funcionarios del gobierno, que, habiendo prohibido la planificación de todos los demás, presumen sustituir su conocimiento e inteligencia por el conocimiento e inteligencia de decenas y cientos de millones. Mises identificó la existencia de planificación bajo el capitalismo, el hecho de que se basa en los precios («cálculos económicos») y el hecho de que los precios sirven para coordinar y armonizar las actividades de todos los millones de planificadores separados e independientes.

    Demostró que cada individuo, al preocuparse por ganar un ingreso y limitar sus gastos, se ve llevado a ajustar sus planes particulares a los planes de todos los demás. Por ejemplo, el estudiante universitario que decide convertirse en contador en lugar de artista porque valora el mayor ingreso que puede obtener como contador, cambia su plan de carrera en respuesta a los planes de otros para comprar servicios de contabilidad en lugar de pinturas. El individuo que decide que una casa en un vecindario en particular es demasiado cara y, por lo tanto, renuncia a su plan de vivir en ese vecindario, también está comprometido en un proceso de ajustar sus planes a los planes de otros; porque lo que hace que la casa sea demasiado cara son los planes de otros para comprarla que pueden pagar más. Y, sobre todo, Mises demostró que cada empresa, al buscar obtener ganancias y evitar pérdidas, se ve llevada a planificar sus actividades de una manera que no solo sirve a los planes de sus propios clientes, sino que tiene en cuenta los planes de todos los demás usuarios de los mismos factores de producción en todo el sistema económico.

    Así, Mises demostró que el capitalismo es un sistema económico racionalmente planificado por los esfuerzos combinados y egoístas de todos los que participan en él. El fracaso del socialismo, mostró, se debe al hecho de que representa no una planificación económica, sino la destrucción de la planificación económica, que solo existe bajo el capitalismo y el sistema de precios.

    Mises no fue principalmente anticomunista. Fue procapitalista. Su oposición al socialismo y a todas las formas de intervención gubernamental se derivó de su apoyo al capitalismo y de su amor subyacente por la libertad individual y su convicción de que los intereses egoístas de los hombres libres son armónicos; de hecho, que la ganancia de un hombre bajo el capitalismo no solo no es una pérdida para otro, sino que en realidad es una ganancia para los demás. Mises fue un defensor coherente del hombre hecho a sí mismo, del pionero intelectual y empresarial, cuyas actividades son la fuente de progreso para toda la humanidad y que, según él demostró, solo puede prosperar bajo el capitalismo.

    Mises demostró que la competencia bajo el capitalismo tiene un carácter completamente diferente a la competencia en el reino animal. No es una competencia por medios de subsistencia escasos dados por la naturaleza, sino una competencia en la creación positiva de nueva y adicional riqueza, de la cual todos se benefician. Por ejemplo, el efecto de la competencia entre los agricultores que usaban caballos y los que usaban tractores no fue que el primer grupo muriera de hambre, sino que todos tenían más alimentos y el ingreso disponible para comprar cantidades adicionales de otros bienes también. Esto fue cierto incluso para los agricultores que «perdieron» la competencia, tan pronto como se trasladaron a otras áreas del sistema económico, que pudieron expandirse precisamente gracias a las mejoras en la agricultura. Del mismo modo, el efecto de la suplantación del automóvil por el caballo y el buggy fue beneficiar incluso a los antiguos criadores de caballos y herreros, una vez que hicieron las reubicaciones necesarias.

    En una importante elaboración de la Ley de la Ventaja Comparativa de Ricardo, Mises mostró que hay espacio para todos en la competencia del capitalismo, incluso aquellos con habilidades más modestas. Estas personas solo necesitan concentrarse en las áreas en las que su inferioridad productiva relativa es menor. Por ejemplo, un individuo capaz de ser solo un conserje no tiene que temer la competencia del resto de la sociedad, casi todos cuyos miembros podrían ser mejores conserjes que él, si eso es lo que eligen ser. Porque, por mucho mejor que otras personas puedan ser como conserjes, su ventaja en otros campos es aún mayor. Y siempre que la persona de habilidades limitadas esté dispuesta a trabajar por menos como conserje de lo que otras personas pueden ganar en otros campos, no tiene nada de qué preocuparse por su competencia. De hecho, supera a otros para el trabajo de conserje al estar dispuesto a aceptar un ingreso más bajo que ellos. Mises demostró que en este caso también prevalece una armonía de intereses. La existencia del conserje permite que las personas más talentosas dediquen su tiempo a tareas más exigentes, mientras que su existencia le permite obtener bienes y servicios que de lo contrario le serían completamente imposibles de obtener.

    Sobre la base de tales hechos, Mises argumentó contra la posibilidad de conflictos de interés inherentes entre razas y naciones, así como entre individuos. Porque incluso si algunas razas o naciones fueran superiores (o inferiores) a otras en todos los aspectos de la capacidad productiva, la cooperación mutua en la división del trabajo seguiría siendo ventajosa para todos. Así, demostró que todas las doctrinas que alegan conflictos inherentes se basan en una ignorancia de la economía.

    Argumentó con una lógica incontrovertible que las causas económicas de la guerra son el resultado de la interferencia gubernamental, en forma de barreras comerciales y migratorias, y que tal interferencia que restringe las relaciones económicas exteriores es el producto de otra interferencia gubernamental que restringe la actividad económica interna. Por ejemplo, los aranceles se vuelven necesarios como medio para evitar el desempleo solo debido a la existencia de leyes de salario mínimo y legislación pro sindicatos, que impiden que la fuerza laboral nacional compita con la competencia extranjera mediante la aceptación de salarios más bajos cuando sea necesario. Mostró que la base de la paz mundial es una política de laissez-faire tanto a nivel nacional como internacional.

    En respuesta a la viciosa y ampliamente creída acusación de los marxistas de que el nazismo era una expresión del capitalismo, mostró, además de todo lo anterior, que el nazismo era en realidad una forma de socialismo. Cualquier sistema caracterizado por controles de precios y salarios, y por lo tanto, por escasez y controles gubernamentales sobre la producción y distribución, como lo era el nazismo, es un sistema en el que el gobierno es de facto dueño de los medios de producción. Porque, en tales circunstancias, el gobierno decide no solo los precios y salarios cobrados y pagados, sino también qué se va a producir, en qué cantidades, por qué métodos y a dónde se enviará. Estos son todos los derechos fundamentales de la propiedad. Esta identificación de «socialismo en el patrón alemán», como él lo llamó, es de inmenso valor para comprender la naturaleza de todas las demandas de controles de precios.

    Mises demostró que todas las acusaciones hechas contra el capitalismo eran completamente infundadas o deberían dirigirse contra la intervención gubernamental, que destruye el funcionamiento del capitalismo. Fue uno de los primeros en señalar que la pobreza de los primeros años de la Revolución Industrial era la herencia de toda la historia anterior, que existía porque la productividad del trabajo todavía era lamentablemente baja; porque científicos, inventores, empresarios y ahorradores e inversores solo podían crear avances y acumular el capital necesario para aumentarla paso a paso. Mostró que todas las políticas de supuesta legislación laboral y social eran en realidad contraproducentes para los intereses de las masas de trabajadores a quienes se suponía que ayudarían, ya que su efecto era causar desempleo, frenar la acumulación de capital y, por lo tanto, mantener baja la productividad del trabajo y el nivel de vida de todos.

    En una importante contribución original al pensamiento económico, demostró que las depresiones eran el resultado de políticas patrocinadas por el gobierno de expansión del crédito diseñadas para reducir la tasa de interés de mercado. Tales políticas, mostró, crearon malas inversiones a gran escala, que privaron al sistema económico de capital líquido y provocaron contracciones crediticias y, por lo tanto, depresiones. Mises fue un firme defensor del patrón oro y del laissez-faire en la banca, que, según él, lograría virtualmente un patrón oro de reserva del 100% e impediría tanto la inflación como la deflación.

    Lo que he escrito sobre Mises proporciona solo una indicación mínima del contenido intelectual que se encuentra en sus escritos. Escribió aproximadamente veinte libros. Y me aventuro a decir que no puedo recordar haber leído un solo párrafo en ninguno de ellos que no contuviera uno o varios pensamientos u observaciones profundos. Incluso en las raras ocasiones en que encontré necesario estar en desacuerdo con él (por ejemplo, en su opinión de que el monopolio puede existir bajo el capitalismo), siempre encontré que lo que tenía que decir era extremadamente valioso y un poderoso estímulo para mi propio pensamiento. No creo que nadie pueda afirmar estar realmente educado sin haber absorbido una medida sustancial de la inmensa sabiduría presente en sus obras.

    Los dos libros más importantes de Mises son «La Acción Humana» y «Socialismo», que representan mejor la amplitud y profundidad de su pensamiento. Sin embargo, estos no son para principiantes. Deben ser precedidos por algunos de los escritos populares de Mises, como «Burocracia» y «Planificación para la Libertad». «La Teoría del Dinero y el Crédito», «Teoría e Historia», «Problemas Epistemológicos de la Economía» y «Los Fundamentos de la Economía» son otros libros de Mises que sería muy recomendable leer.

    Mises fue un hombre de una integridad y carácter excepcionales, que llevó una vida de trabajo incansable, abnegación y autodisciplina en la búsqueda de la verdad y la promoción de la libertad. Hizo una contribución incomparablemente valiosa a la teoría económica y la filosofía política, y su legado vive en cada uno de nosotros que ha tenido el privilegio de aprender de él. En este aniversario de su nacimiento, recordemos a Ludwig von Mises como uno de los gigantes intelectuales de la historia y un defensor incansable del capitalismo y la libertad individual. Su trabajo continúa siendo una fuente de inspiración y guía para aquellos que buscan comprender y promover una sociedad basada en la libertad y el respeto por los derechos individuales.

    George Reisman, Ph.D., is Pepperdine University Professor Emeritus of Economics. He is the translator of Mises’s Epistemological Problems of Economics and is the author of Capitalism: A Treatise on Economics. His publications on Amazon.com are at amazon.com/author/george-; many of his lectures are on YouTube at youtube.com/@georgereisman His blog is at georgereismansblog.blogspot.com. Follow him on Twitter

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  • ¿Qué rayos es el capitalismo salvaje?

    Hoy un amigo me envió un video en el cual un periodista hace referencia a un editorial del Washington Post, asegurando que el “capitalismo salvaje” destruye a su paso los recursos naturales, la explotación del hombre y la manipulación de la mente para que nos convirtamos en rehenes de la sociedad de consumo. También vilipendia al “capital privado” dado que más del 80% de la riqueza está concentrada en el 1% de la población; junto con la privatización del agua, la salud, los recursos humanos que se han convertido en mercancías y que sólo están al alcance de una minoría rapaz voraz e insaciable. Y termina diciendo que o muere el capitalismo salvaje o muere la civilización humana. ¡Meto!, como diría el chiricano.

    ¿Por dónde agarramos a este puercoespín? Comencemos por la frase “capitalismo salvaje”, la cual forma parte de la Bable que intenta llegar al Cielo por una ruta que termina en el Infierno. Lo primero que me saltó en mente al escuchar semejante vitriolo señalamiento… ¡uy!, perdón con la palabrita y perdón si hago la circunvalación por los senderos de este término. Vitriolo, viene de vidrio, especialmente del sulfato cúprico, y se refiere a algo amargo, áspero o cáustico. El video es una retahíla vitriólica dado que en un mundo salvaje los medios de subsistencia no suelen ser primorosos. ¿Cuál otro sistema e ideologías política no es salvaje? A juzgar por los resultados, ¡ninguno! Y, a fin de tanta acusación al capitalismo que tilda de “salvaje”, no proponen alternativa. ¿Por qué? ¿Será que no la hay?

    Y repito a cansancio que la peor de las mentiras es aquella que es casi verdad; con lo cual quiero referirme a lo de la destrucción de los recursos naturales. Obvio que no se puede hacer limonada sin aplastar limones; pero otra cosa es alegar que las limonadas, en general, son destrucción. Lo malo está en pintar al mundo como un pastel que se reparte cada vez en cuñas más pequeñas. Es miopía crasa ver al mundo y al universo así.

    Bien usados, los recursos naturales constituyen la plataforma de lanzamiento a un futuro inimaginable en dónde encontraremos la riqueza del mismo universo. Y, sí, hay mucha destrucción de los recursos, pero no es sensato inventar el cuco del ‘capitalismo salvaje’ para aventarle culpas. En todo caso, la verdadera “derecha extrema” no es capitalista sino nacional socialista, es el nacismo que es extrema izquierda.

    “La explotación del hombre” … La más horrorosa explotación del hombre se da en el comunismo y sus hermanos de la izquierda; los cuales ni siquiera reconocen la familia y la propiedad de nuestros cuerpos, los cuales alegan ser menos que el colectivo. El capitalismo da riendas sueltas a todos para que del aporte de cada persona salgan las soluciones y caminos de virtud al destino de la humanidad. En el centralismo estéril no se abren los caminos de la diversidad sino del centralismo castrante.

    Y… quienes más que los socialistas, comunistas, y totalitarios en general son los que más se valen de la “manipulación de la mente”. ¿Acaso no vemos de dónde sale la locura del woke? Y ni hablar la manipulación de gobiernos regaliernos cuyo único objetivo es conducir las gallinas a los gallineros del policentrismo partidario.

    Que el “capital privado” es perverso. ¡A la gran flauta! ¿Será malo pensar y actuar con la cabeza propia? Es de necios creer y proponer que todo sea de todos, pues lo que es de todos no es de nadie y nadie lo cuida. Vean el agua del IDAAN.

  • Capitalismo y altruismo

    Cuando Carl Marx acuñó el término “capitalismo”, para referirse a la ideología empresarial o de emprendimiento, lo hizo con ánimo de torcer el concepto ante los ojos de los adictos a la envidia, con lo cual buscaba, entre otras, vender la idea de que el capitalismo no se compaginaba con el altruismo. Su mordaz propósito tuvo éxito en su mórbido propósito de promover la Babel a fin de adelantar la agenda comunista; es decir, el centralismo o totalitarismo. ¡Lástima!, pues el significado de “capitalismo” viene de “cápita” o cabeza, referido a quien usa la cabeza en sus esfuerzos económicos de vida.

    Pero, en vez de hablar de “capitalismo” podríamos hablar de “caputalismo”, siendo que “caput” es voz del latín para cabeza. Y, usando la testa, Ayn Rand aclara que el capitalismo no es un medio amoral o inmoral en el logro del bien común; sino, más bien, que es todo lo contrario. A diferencia, el comunismo o colectivismo que definitivamente son inmorales, dado que niega al ser humano su libertad natural y usufructo de aquello que es propio no sólo de cada quien sino de la misma naturaleza de universo.

    La frase clave o de ideología torcida la vemos en la pretensión de asociar al “bien común” con el colectivismo que contradice al capitalismo o empresarialismo. En el trasfondo lo que vemos es la manipulación de las masas a fin de arrearlas a los corrales del estatismo o la utópica visión de la propiedad comunal. Lástima que aquello que es de todos, no es de nadie y, nadie lo atiende.

    El mayor capital humano está en las personas y, en particular, nuestra cabeza en dónde reside el conocimiento de nuestra existencia y su propósito que está presente en todas las cosas que nos rodean. Si buscar a Dios, mira a tu alrededor. En el colectivismo de supuesto bien común, las personas son vistas como elementos de poco significado ante el colectivo. Hoy, que en muchos sitios, tal como en los EE.UU. también se tuerce el sentido del racismo, al mismo tiempo se abanica el centralismo que es sendero al servilismo y primo del racismo. En fin, es la tendencia del tribalismo que opaca y hasta aplasta las personas que forman la tribu.

    Al fonde de la ideología colectiva nos topamos con el axioma de que la riqueza es apenas material y no moral. La realidad es que la riqueza es bienestar o de aquello que es rico, como la salud, los medios económicos, inteligencia, bondad, moralidad y todo lo que conduce al bienandar que es bienestar. El colectivismo es tribalismo a diferencia del empresarialismo que es, en muchos sentidos, virtuoso. Poco conoceremos a la persona humana estudiando a la sociedad sin estudiar a la persona.

    El altruismo o filantropía; que se refiere “al otro” u otra persona, es la conducta humana que brinda atención desinteresada al prójimo; cuyo antónimo es el egoísmo. El colectivista acusa al capitalista de ser egoísta, pero ¿será cierto que el capitalista no quiere y no ayuda al prójimo? Decir esto es un contrasentido o es decir que la persona humana, en lo particular, es egoísta, pero en lo colectivo es altruista. ¡¿De veras?!

    También se acusa al capitalismo se ser fuente de monopolios, pero la realidad va por otra trocha. Cuando el mercado es verdaderamente libre, los monopolios son harto improbables; a diferencia de los monopolios radicados en la ley; tal como el monopolio del fracasado MEDUCA y otras aventuras gubernamentales metiches. Tal es el IDAAN, y antes el IRHE, el ferrocarril, puertos; ni hablar, la CSS. Monopolios hay en leyes que sólo permiten al nacional ejercer una profesión, o que el transporte lo maneja mayormente el gobierno. Vale destacar el caso del MEDUCA que NODUCA, y aún sigue noducando impunemente.

    La realidad es que la mejor forma de servir al prójimo es por intermedio del mercado desembarazado de vagabunderías políticas y sindicales; que siguen sus propios intereses y no los de la comunidad. El empresario que no sirve o satisface a su clientela quiebra. Algunos ven la libertad como libertinaje, lo cual es craso error. Los humanos somos libres para el bienandar y no el malandar.

    En fin, al menos en algunas cosas nuestra constitución atina, tal como en su introito cuando dice: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad… exaltar la dignidad humana…” En resumen, el capitalismo es un sistema que se nutre de la no agresión y la libertad personal.

  • Panamá a la sombra de Panamá la Vieja

    Los seres humanos pasamos nuestras vidas recluidas en el intramuros de la frágil fortaleza de nuestra imaginación; mientras que el país decanta por los vertederos de la corrupción institucionalizada. Así es la sociedad en la cual vemos al mundo a través de los lentes de nuestra ignorancia mientras soñamos con carnavales y favores políticos. Y luego, celebramos los discursos de políticos independientes con la casi certeza de que el rancio centralismo seguirá marcando el compas de los desfiles patrios que auguran la entrada del nuevo partido que será tan viejo como las ruinas de Panamá la Vieja.

    Y no es que vivamos en una realidad estanca. No es que a diario no surgen nuevas realidades… ¡vaya si no las hay!, el problema es que cambiar “los viejos senderos torcidos que el pie, desde la infancia,” sin treguas recorrió, es harto difícil. Panamá esta profundamente dividida entre la sociedad forjada en el centralismo, un sector empresarial que lucha desesperadamente por sortear las riadas burrocráticas y el Panamá cuyo Canal ya no sólo es el marítimo sino uno terrestre entre páramos que arden en llamas y la esperanza de una mejor vida.

    Detrás de todo ello está la realidad de una costumbre gubernamental administrativa insostenible, como insostenible es la Caja del (supuesto) Seguro Social. Todas las sociedades van y vienen como las mareas y la marea en Panamá va de retirada en época de aguaje; en dónde, desde la Avenida Balboa se descubre el extenso lodazal de cieno de nuestra indolencia.

    La novedad que se agita en nuestro medio son los nuevos medios de comunicación en dónde ya los tradicionales diarios y la radio son “los árboles antiguos conocidos que al alma le conversan de un tiempo que pasó.” Y en ese vaivén entre la coima y el precio se va descubriendo el descaro de la corruptela política y en buena parte del alma de la ciudadanía crece la furia del atroz engaño. ¿Cómo no va a ser si cada bache de golpea el transporte nos repite una y otra vez, entre las llantas delanteras y las traseras: “corrupción, corrupción”?

    Y como bien señala un crítico del pensamiento político: “Una vez que la cultura política estrecha el sendero de la obscura triada, el narcisismo, Maquiavelismo, y la sicopatía, el resultado final no es sólo posible, sino inevitable.” B. Duncan Moench.

    El Panamá de ayer fue el Panamá de una rancia clase oligárquica que con el tiempo fue mutando y extendiéndose a la clase media y más allá. Hoy, las mansiones de lujuria no sólo están en los barrios exclusivos sin que brotan en los suburbios periurbanos como rosales en un campo de ortigas.

    El Panamá de hoy no reconoce ni celebra el emprendimiento como camino de prosperidad y bienandar, sino que practica la influencia en el servilismo. Ninguna sociedad puede funcionar desde el Palacio hacia abajo. Son tantos los politicastros que cacareando democracia practican la dedocracia del centralismo. Y todo ello desde las estancas aulas de un MEDUCA que mejor debíamos llamar NODUCA. En las escuelas gubernamentales no se aprende a emprender sino se enseña el servilismo y a decir cosas como “robó, pero dio al pueblo”.

    Ya el país no podrá seguir financiando su grotesco andar entre: estériles subsidios, llaves en manos, una planilla nacida en Cerro Patacón, feudales instituciones, una CSS que de “seguro” sólo tiene el colapso, un código de trabajo que asegura el desempleo, una constitución que no constituye sino pobreza… mejor lo dejo allí que si no me entienden a poco ya entenderán.

  • Muro de Berlín, símbolo del fracaso comunista y la voz de Nino Bravo.

    Es curioso como en ocasiones pasamos toda una vida oyendo una canción, pero sin escucharla. O si la escuchamos, no tenemos contexto para interpretarla. Esto posiblemente les suceda o les haya sucedido con “Libre”, por Nino Bravo. Para quienes quieran refrescar la historia o no conocen la que se esconde tras ella, se la compartimos en un día tan importante para la libertad: hoy, 9 de noviembre, en 1989, caía el Muro de Berlín, o muro de la verguenza, símbolo del fracaso del comunismo como sistema.

    Aunque en la letra no aparece el nombre, la canción habla del primer alemán que murió intentando atravesar el muro de Berlín, Peter Fechter, un joven obrero de la construcción de 18 años, que intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik, el día 17 de agosto de 1962, aproximadamente un año después de la construcción del muro. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y, tras observar a los guardias de la «frontera» alejarse, saltarían por una ventana hacia el llamado «corredor de la muerte», lo atravesarían corriendo y saltarían por el muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.

    Hasta llegar al muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba, a punto ya de pasar al otro lado, los soldados les dieron el alto, y a continuación les dispararon. Helmut tuvo suerte y logró pasar; Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás, y quedó tendido en el suelo en la «tierra de nadie», durante cincuenta angustiosos minutos, moribundo, desangrándose, a la vista de todos, y sin que nadie hiciera nada.

    Gritó pidiendo auxilio, pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, y lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín, que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse, y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora, los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía, gritando a los soldados de ambos lados para que lo ayudasen.

    Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen, como había pasado en otras ocasiones anteriores; aunque ninguna en una circunstancia tan perentoria como esta y a las dos del mediodía, con tantos testigos presentes, incluyendo periodistas en el lado occidental.

    Los soldados del lado oriental, zona a la que pertenecía en realidad la «tierra de nadie», tampoco lo ayudaron, y no se acercaron hasta pasados 50 minutos, seguramente para que sirviera de ejemplo aleccionador para cualquier otro que pensase huir.

    Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente «¡asesinos, asesinos!». En el lado occidental, se sucedieron las protestas y las manifestaciones los días siguientes, y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron claramente lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este el intentar escapar. Asimismo, también se dieron cuenta, decepcionados, de que en pleno auge de la Guerra Fría, pocos harían nada para ayudarlos en circunstancias similares. Fue un duro golpe para la esperanza de los berlineses.

    Entre 1961 y 1988, más de 100.000 ciudadanos de la RDA intentaron huir a través de la frontera interalemana o el Muro de Berlín. Más de 600 personas fueron abatidas a tiros por soldados fronterizos de la RDA o murieron de otra forma al intentar huir. Algunos de ellos murieron ahogados, sufrieron accidentes mortales o se suicidaron al ser descubiertos.

    Entre 1961 y 1989, tan sólo en el Muro de Berlín perdieron la vida unas 140 personas o murieron en relación directa con el régimen fronterizo de la RDA: 100 fugitivos que intentaron superar las instalaciones fronterizas fueron abatidos a tiros, se suicidaron o murieron de otra forma; 30 personas tanto del Este como del Oeste fueron tiroteadas o murieron de otra forma a pesar de que no tenían intención de huir; 8 soldados fronterizos de la RDA en servicio fueron abatidos por desertores, camaradas, fugitivos o un policía de Berlín Este. Además, murieron unos 251 viajantes procedentes del Este y del Oeste al llevarse a cabo los controles en los pasos fronterizos de Berlín. Incontables son las personas que murieron de tristeza y desesperación por los efectos que tuvo para su vida la construcción del Muro.

    Hoy día un monumento recuerda la muerte de Peter Fechter, el triste protagonista de la canción de Nino Bravo.

    El 9 de noviembre de 1989 se permitió el paso hacia Alemania Occidental, y las primeras brechas en el muro aparecieron hasta su derrumbe casi total. Los restos del muro que quedan en pie, son un fuerte recordatorio de que la llama de la libertad es mucho más poderosa que cualquier idea que quiera cercenarla. Ya lo dijo un periodista en los años 60 y lo recogió Jean-François Revel. «El fracaso del comunismo no se evidencia cuando cae el muro sino cuando lo tienes que levantar. Verte obligado a impedir el tránsito libre de tus ciudadanos es un gran fracaso».

    Letra: y por si no conocía las historia, ahora te hará mucho sentido.

    Compuesta en 1972 por José Luis Armenteros y Pablo Herrero, adaptada a las características de la voz de Nino Bravo.

    Tiene casi veinte años y ya estáCansado de soñarPero tras la frontera está su hogarSu mundo y su ciudad
    Piensa que la alambrada solo esUn trozo de metalAlgo que nunca puede detenerSus ansias de volar
    LibreComo el sol cuando amaneceYo soy libre como el marLibreComo el ave que escapó de su prisiónY puede, al fin, volar
    LibreComo el viento que recogeMi lamento y mi pesarCamino sin cesarDetrás de la verdadY sabré lo que es al fin, la libertad
    Con su amor por bandera se marchóCantando una canciónMarchaba tan feliz que no escuchóLa voz que le llamóY tendido en el suelo se quedóSonriendo y sin hablarSobre su pecho flores carmesíBrotaban sin cesar
    LibreComo el sol cuando amaneceYo soy libre como el marLibreComo el ave que escapó de su prisiónY puede, al fin, volar
    LibreComo el viento que recogeMi lamento y mi pesarCamino sin cesarDetrás de la verdadY sabré lo que es al fin, la libertad
    LibreComo el sol cuando amaneceYo soy libre como el marLibreComo el ave que escapó de su prisiónY puede, al fin, volar
    LibreComo el viento que recogeMi lamento y mi pesarCamino sin cesarDetrás de la verdadY sabré lo que es al fin, la libertad

    http://www.youtube.com/watch?v=x_QaKmERzEE