Etiqueta: capitalismo

  • Empresarios y pseudoempresarios

    Los empresarios exitosos son los responsables de los medicamentos, los alimentos, las comunicaciones, los transportes, la vestimenta, la vivienda y todo lo que nos rodea. Debemos aplaudirlos cuando operan en el mercado abierto y preocuparnos cuando entran a la casa de gobierno.

    En el mercado libre el empresario es decisivo para atender las necesidades del prójimo. Su función es detectar arbitrajes entre lo que conjetura son costos subvaluados respecto a los precios finales. Si acierta saca partida por la diferencia, si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de ganancias y pérdidas resulta crucial para marcar el rumbo.

    En este contexto es que Herbert Spencer sostenía que en lugar de contar con monumentos en las plazas públicas de guerreros blandiendo sables o políticos varios, es pertinente hacerlo con los empresarios exitosos pues ellos son los responsables de los medicamentos, los alimentos, las comunicaciones, los transportes, la vestimenta, la vivienda y todo lo que nos rodea. Este razonamiento lo levanta y subraya Juan Bautista Alberdi.

    Todo eso es muy cierto y hay que repetirlo pero cuando el empresario se alía con el poder de turno para obtener privilegios se convierte en un explotador de la gente puesto que vende más caro, de peor calidad o ambas cosas a la vez. Se convierte en un barón feudal o un ladrón de guante blanco: como no queda bien para su status social entrar a la casa del vecino y robarle los muebles lo hace a través del aparato estatal.

    Días pasados consigné en Twitter que Adam Smith en su obra de 1776 sobre el empresario que desfigura su misión y se convierte en cortesano del poder: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley que proponga esa clase de personas para el comercio” (Cap. XI, libro primero, parte III). Más aún ese destacado profesor escocés desconfiaba de los prebendarios disfrazados de empresarios que tienen “interés en engañar e incluso oprimir al público” (idem). Como es sabido Smith fue uno de los mayores propulsores de la libertad de comercio y el baluarte de la función bienhechora del genuino empresario.

    Por ello es que debemos estar agradecidos con los empresarios propiamente dichos, no porque hacen filantropía con sus ventas pues proceden en su interés personal: no tienen más remedio que servir a otros al efecto de mejorar su estado patrimonial pero debemos rechazar con todas nuestras fuerzas a los que negocian y reciben privilegios que siempre hacen mucho daño a la sociedad. Esta es la razón por la que aplaudimos cuando los vemos operar en el mercado abierto pero por los motivos apuntados debemos estar muy preocupados y alarmados cuando los vemos entrar a la casa de gobierno.

    El premio Nobel en economía George Stigler en su obra Placeres y dolores del capitalismo moderno escribe que “Han sido ellos [los empresarios] quienes han convencido a la administración federal [en Estados Unidos] y a la administración de los estados de que iniciaran controles sobre instituciones financieras, los sistemas de transporte y las comunicaciones, las industrias extractivas, etc” y concluye que muchos ingenuos piensan que ellos son los únicos beneficiarios pero “el Estado no es una concubina, es una ramera.” Por su parte, desde la Universidad de Harvard Robert Nozick enfatizó que “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven empresarios establecidos” y el distinguido hombre de negocios estadounidense de los rubros de la refinería de petróleo y agricultura y sus derivados Charles G. Koch quien en el año en curso fue ubicado por Bloomberg Billonaries Index en el puesto quinceavo de las personas más ricas de Estados Unidos. Koch se pregunta “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a manos de reglamentaciones gubernamentales?”.

    Es que los hay que piensan que acercándose al calor oficial protegerán su empresa sin percatarse que la están rematando junto con sus familias a las voraces fauces del Leviatán. En ese tren de cosas si no aplauden con entusiasmo los discursos de los burócratas son expoliados. Si se escudan en el mal llamado “proteccionismo” vía aranceles al comercio exterior -que en verdad desprotege a todos por obligarlos a comprar más caro y de peor calidad- al endosar sus ineficiencias sobre las espaldas de los consumidores en lugar de afrontar el asunto con sus propios recursos. Si no pueden hacerlo de ese modo deben vender su proyecto para abrirlo a la participación de otros pero si nadie lo compra es porque la idea es antieconómica y por lo tanto en esa instancia debe abandonarse y no sufragarse coactivamente con el fruto del trabajo ajeno.

    En resumen, en esta nota telegráfica por una parte pretendo mostrar los peligros de acciones promovidas por quienes irrumpen camuflados como empresarios pero que en verdad son asaltantes, y por otra mostrar los inmensos beneficios que reporta el verdadero empresario.

    El empresario como tal no tiene conocimientos de economía, derecho, filosofía o historia, su fuerte es el olfato y la percepción adecuada para el antes referido arbitraje. Por ello es que es muy común que banqueros no sepan que es el dinero o directores de marketing que desconocen el significado del proceso de mercado. De todos modos, es muy recomendable que en los estudios de grado y posgrado sobre negocios se incluyan asignaturas que pongan de manifiesto la trascendencia del contexto en el que se desenvuelven los empresarios y por tanto la imperiosa necesidad de defender lo que comúnmente se conoce como el sistema de libre empresa. También en esos estudios detenerse a indagar en el nexo entre inversiones y salarios e ingresos en términos reales: la única causa de las mejoras en el nivel de vida son las tasas de capitalización, esa es la explicación por la que unos países son ricos y otros pobres lo cual requiere marcos institucionales civilizados a los efectos de proteger en primer término la propiedad privada que es lo que permite la asignación eficiente de los siempre escasos factores productivos.

    En su momento mi desempeño como asesor económico de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, de la Cámara Argentina de Comercio, de la Sociedad Rural Argentina y del Consejo Interamericano de Comercio y Producción me permitió indagar de primera mano en el mundo empresario y antes también en mis quince años de trabajo en una empresa familiar fui expuesto a distintos ajetreos y menesteres de los negocios.

    Los pseudoempresarios actúan bajo el síndrome de Estocolmo, una caracterización del psiquiatra Nils Bejerot luego del asalto a un banco de esa ciudad sueca por parte de Jan-Erik Olsson quien trató muy malamente a sus cuatro rehenes a pesar de lo cual éstos protegieron al delincuente.

  • Neoliberalismo y Globalismo

    El título de este escrito va dirigido a quienes mal entienden lo que es liberalismo y neoliberalismo; este último asociado al fenómeno del globalismo; termino que igual que tantos, lo desnaturalizamos en caprichosas definiciones que varían de acuerdo con la corriente política que se vale del término para adelantar su agenda.

    Son tantos que por despecho a las injusticias que nos rodean, ciertas o percibidas, se afanan en la búsqueda de mejores caminos de sociedad!, pero, desdichadamente, no es tan fácil encontrar un sistemas o doctrina política que no esté sujeta a iguales o peores males que el defectuoso sistema que llamamos democracia, y con demasiada regularidad escogemos algo peor. Tal es el caso de quienes rechazan el liberalismo clásico para arrimarse a los sistemas que dicen ser “socialistas”; es decir, que favorecen un mejor entorno de asociación humana. Pero ¿realmente crees que, si los humanos, en uso del albedrío concedido en la Creación (y no hace falta añadir “libre” al término albedrío ya que “albedrio” se define como “la potestad de obrar por reflexión y elección), no podemos ser socialmente justos, sino que requerimos de un tropel de burócratas gubernamentales para evitar la injusticia? Si ese fuese el caso, ni siquiera con ejércitos de burócratas gubernamentales podríamos superar el salvajismo.

    El título de este escrito va dirigido a quienes mal entienden lo que es liberalismo y neoliberalismo; este último asociado al fenómeno del globalismo; termino que igual que tantos, lo desnaturalizamos en caprichosas definiciones que varían de acuerdo con la corriente política que se vale del término para adelantar su agenda. Para algunos el globalismo se refiere a una interacción desembarazada global humana; tal como de un verdadero comercio libre, que no requiere ser negociado. Para otros, el globalismo se traduce en instituciones o gobiernos supranacionales, tales como UN, OCDE, FMI y tal, que favorecen estas burocracias o burrocracias internacionales que procuran un mundo más humano y justo; en oposición a los que no creemos en dicha óptica, que «estaríamos en contra del bien de la humanidad».

    Por otro lado, el término “neoliberal” o “neoliberalismo” se desfigura al perder su sentido a lo largo de los laberintos del tiempo y de las intrigas políticas e ideológicas. Pero, intentemos volver a rescatar el parto de este abusado vocablo, ¿o debo llamarle, “frase”? que une los términos “neo” o nuevo, con “liberalismo”, que es liberal o libre… nuevo liberalismo.

    Parece que el primero en acuñar el término “neoliberal” o quien fue acusado de ser inventar una nueva aproximación liberal, fue “Wilhelm Röpke, localista suizo que propuso la ideología de un globalismo económico. La intención de Röpke no estaba mal intencionada, pero, como bien se ha dicho, “de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno.” Para Röpke, las ideas del capitalismo de “laissez-faire” o del ‘dejar hacer’, propuestas por personajes como Jean-Babtiste Say, Lord Acton y Ludwig von Mises, eran extremas o radicales. Röpke pensaba que tal vez el liberalismo clásico o fundamental sería lo ideal pero no funcional; que no sería aceptado ni por las clases dominantes, como tampoco la clase del confisca, parte y reparte. En fin, Röpke buscaba la manera de preservar la libertad en la nueva era del colectivismo. ¿Acaso el neoliberalismo de Röpke logró tales objetivos? Hoy muchos amigos me dicen que mis ideas y planteamientos, tal como la eliminación del MEDUCA, son utópicas y me piden algo intermedio. Tal vez; pero… no sin antes plantear lo ideal. Tu destino es “C”, pero de pronto tendrás que llegar al “B” antes de proceder al destino final.

    Y veamos que todo esto sigue siendo el meollo de la filosofía política o el tuétano del hueso; ya que la misma Constitución panameña comienza planteando los ideales, para luego de un punto y coma, contradecirse y dar riendas sueltas a los burrócratas estatales. En Panamá, por ejemplo, el Artículo 282 de la Constitución dice que: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales…” ¡Ah!, y tal vez un pitito. Es decir, que corresponde a los particulares, pero el gobierno, con sus autoridades y burrócratas, hará con todo ello lo que le venga en ganas, alegando un interés social que no queda definido sino en la discrecionalidad de los políticos de turno. Lo que ya pocos recuerdan o jamás supieron, es que está Constitución fue diseñada para dar más poder a los milicos de nuestra Dictadura. Que igual que Röpke, creían en los principios, pero no si ellos no pudiesen controlarlos; o, quizá debía decir, abusarlos. Y ni hablar cuando la Constitución habla de “exaltar la dignidad humana…”, o cuando dice que “las autoridades… están instituidas para proteger…” la “honra…” ¿Seremos tan imberbes que necesitamos que autoridades como nuestros diputados nos protejan la honra?

    Pero Röpke, frente a la “utopía” de lo ideal, propuso la idea del “mercado social”; lo que debía enamorar a tantos socialistas de hoy en vez de ensalzar a Röpke lo vilipendian y se burlan de los neoliberales; esos son sus parientes. ¿Será que no tienen la menor idea de lo que es neoliberalismo? Y lo propuso Röpke bajo el pensar que un mercado socializado requeriría una buena dosis de juiciosa intervención estatal para mitigar las destructivas tendencias del capitalismo y su ‘dejar hacer’. Pero aún más, y es que Röpke no favorecía el socialismo o el comunismo; sino que propuso el neoliberalismo como exorcismo contra el maligno intervencionismo socialista y comunista.

    Tal vez no debemos condenar a Röpke, quien cedió el partido antes de que el mismo se jugara; algo así como los políticos de hoy que ceden sus principios alegando que luego, cuando sean semi dioses, no cumplirán sus demoníacas promesas y se irán por los trillos del bien. En su época, la posición de Röpke le valió el epíteto de “neoliberal”. Pero los socialistas de hoy, que igual usan el término como epíteto, lo usan como si el neoliberalismo fuese un movimiento de derecha. Y es que en las épocas de Röpke, con Alemania destruida por el bombardeo aliado, existía una real y verdadera posibilidad de que los medios de producción fuesen expropiados por los amantes del dominio centralizado; de hecho, Röpke era furibundo defensor de los derechos de propiedad, entre los cuales está el derecho al mercado. Más aún, el gobierno había impuesto medidas de control de precios y tenían serios problemas con la devaluación del Marco. Tomemos el caso del Marco alemán, que al fin de la Primera Guerra Mundial estaba 7/1 con el dólar. En ese momento en la Alemania Weimar, se podía comprar una postura de gallina por algo así como 1 Marco. ¿Saben cuanto llegó a costar 1 postura de gallina un par de años más tarde? Como 100,000,000 de marcos. Sí, ¡cien millones! Todos los alemanes que no tenían la capacidad de producir bienes de consumo inmediato se morían de hambre. Una alemana cuyo marido murió en la Guerra, perdió todos sus ahorros bancarios que estaban en marcos y lo que le permitió alimentar a sus hijos fue una gran colección de cigarros que dejó en casa su esposo.

    Ya nadie se acuerda ni destaca que luego de la Segunda Guerra, los imperialistas estadounidenses, que eran social demócratas, fue gracias al Plan Marshall. Sin embargo, pocos sacan a relucir los programas neoliberales de Erhard y a la infusión de cantidad de dólares desde 1948. Más aún, Röpke fue furibundo defensor del principio de subsidiaridad; que sin un libre mercado en donde la gente se ocupa de lo suyo, muy pronto se va perdiendo la libertad.

    A todo ello, luego de la Segunda Guerra, también fue la época en la cual comenzaron a tomar fuerza las organizaciones político-económicas supranacionales; que si EU, GATT, IMF y tal, acobijadas como defensoras de la liberad. Y es que el grave problema del intervencionismo central es que una vez que admites la punta de la espada, detrás viene el resto de la hoja; dado que la naturaleza del monstruo metiche es no tener límites. ¿Cómo distinguir entre una intervención sana y una malsana? O, ¿cuándo y hasta dónde permites que tu hijo salga a jugar a la calle? Si, a fin de cuentas, lo que es bueno para unos no lo es para todos. Si dejamos que los zorros entren al gallinero, eventualmente terminaremos con pura pluma y nada de pollo.

    Al final del día, los males de la sociedad moderna bien pueden ser adscritos al surgimiento de la democracia mal entendida; la democracia como el dominio de la voluntad mayoritaria, sin reservas. Hoy día el problema que surge evidente es el de una mayoría que busca imponer sus “conquistas” sobre la minoría; sin darse cuenta que a fin de cuentas quienes terminarán pagando son los adherentes de una falsa democracia.

    Hoy día, cuando son tantos los que condenan la concentración del poder económico, particularmente el de las grandes corporaciones, no ven que el verdadero problema sigue siendo el gobierno desmedido, ese que se alía con el poder económico y sostiene la perversión de la libertad; que si tarifas, subsidios y otras formas de clientelismo castrante. Así, el problema de fondo es el estatismo desembarazado. ¿Cómo podemos llamar a los zorros para que custodien el gallinero? El buen empresario no requiere mayor ayuda central; es decir, nada más allá de la defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Los problemas no vienen asociados a ser libre, sino a ser intervenido. Son los gobiernos y sus diputados y tal que imponen un ordenamiento falso y fatídico. ¿Acaso los diputados y tal, abogan por una igualdad? ¿Acaso los hijos de diputados van a las escuelas del gobierno? Röpke habrá tenido sus buenos enfoques, pero como todos tuvo otros muy malos; pues no se atrevió a defender a capa y espada al gallinero de los zorros. Y nos quedó el neoliberalismo.

  • Sobre el ahorro, el cerdito capitalista y Bitcoin

    El ahorro es la base de la fortuna. Para poseer algo primero hay que ahorrar. El concepto en sí es simple: Ahorrar implica gastar menos de lo que ingresa. Aunque parece fácil, pocas personas lo logran, pese a que manifiestan intenciones de hacerlo. Por lo que entrando en tiempos peligrosos para su bolsillo, qué mejor que comenzar con sus hijos pequeños a demostrarle que es mucho mejor guardar para tiempos futuros e inciertos, que gastar en el presente, con tarjeta de crédito, regalos que un mes dejarán de estar a la moda y habrán sido entonces un desperdicio de dinero.

    Para muchas generaciones que llegan hasta la Generación X, ahorrar era algo que se enseñaba desde pequeñitos y en la generalidad de los casos, la cultura se fomentaba mediante el obsequio de los famosos cerditos-alcancía (sí, ese mismo al que suelen asociar los comunistas como el cerdo capitalista).

    Hay muchas explicaciones para el significado del famoso cerdito-alcancía, color rosa la mayor parte de las veces, que hacía de contenedor para las moneditas que se esperaba pacientemente verlas llenar y romperlo en pedazos mientras se contabilizaba el ahorro logrado en el tiempo.

    En muchas culturas, el cerdo ha sido siempre sinónimo de prosperidad y abundancia, sobre todo en Europa, donde familias pobres guardaban un cerdo para poder venderlo en caso de necesidad, por este motivo, el animal era considerado como un tipo de garantía económica.

    En España, la matanza de este animal permitía conservar durante todo el año su carne como una fuente importante de proteínas. Por esta razón, las primeras alcancías tenían forma de cerdito, ya que era considerado como un símbolo de ahorro y de reserva para el futuro.

    Sea cual fuere el origen del cerdito, siempre fue asociado al ahorro y que hoy, inflación y tecnología mediante, ha quedado abandonado en el baúl de los recuerdos y nostalgias. Sin embargo, en estos tiempos post pandemia, que hizo regresar a comprender la importancia de tener ahorros ante una emergencia, la presencia del cerdito se vuelve relevante. ¿Pero podrá ser posible en esta cultura tan virtualizada? ¿cuál sería la cara del niño que recibe un cerdito.alcancía color rosado para depositar sus moneditas?

    Esas preguntas en realidad tienen a prori y sin mucho análisis, fácil respuesta: «Los cerditos deberían ser virtuales y permitir que con simples clicks los niños depositen sus moneditas virtuales». ¿Pero son éstas las respuestas correctas?? No, porque ya ese tiempo, aunque parezca increíble, pasó de largo. La inflación hizo sus estragos y borró por mucho tiempo la cultura del ahorro, las monedas virtuales o reales, bancarizadas se deprecian cada minuto.

    ¿Entonces, hay algún otro reemplazo del “maldito cerdito capitalista”? Afortunadamente sí y es la criptografía la que nos trae al presente la cultura del ahorro. Nótese que se habla de ahorro como una cultura de paciencia y perseverancia y para ello, el Bitcoin a largo plazo, es el activo ideal. El cerdito capitalista es reemplazado por una wallet que aloja estas criptomoneditas o satoshis. Para los niños no les será nada complicado comenzar a ver cómo sus criptomoneditas conservan su valor durante el tiempo y con mucho entusiasmo se ocuparán cada vez más de depositar y no de extraer.

    Quizás muchos aún no lo vean, pero hemos regresado a la cultura del ahorro, la conservación de valor y el cerdito capitalista, ahora renovado, vuelve a recobrar todo su esplendor. El círculo se cierra si se adopta un estilo de vida intentando no gastar de más, no endeudarse y mantener las cuentas pagas. Si quiere en estas fiestas regalar algo realmente útil, una lección de vida importante para el futuro de sus niños, regale una wallet precargada con algunas criptomoneditas  o satoshis Bitcoin;  y en algún lugar, alojado en sus recuerdos, un cerdito rosa le sonreirá.

  • Capitalismo de compinches ¿o fascismo?

    En estos días escuché a un abogado advirtiendo acerca de los peligros del “capitalismo de extrema”, lo cual me llevó a escribir hoy al respecto, veamos. En los EE.UU. se habla mucho de un “crony capitalism” que a pesar de que el diccionario de inglés/español de Google lo traduce a “capitalismo de amigos” yo lo traduzco, de malas ganas a “capitalismo de compinches”, que dista de ser cosa entre amigos; ya que compinche es de cómplices, ligado a acciones delictivas o censurables. Y digo que lo traduzco “de malas ganas” ya que llamarle “capitalismo” a una compinchería es bobería, valga la cacofonía. Desde el instante en que la praxis de política económica o actividad económica se desboca y entra en asociaciones prostituidas, deja de ser capitalismo. En ese caso llamémosle por su verdadero nombre: “fascismo”.

    El comentarista también hizo mención de la brecha o desigualdad entre ricos y pobres, lo cual, como todo, puede ser bien o mal enfocado. Se enfoca mal cuando generalizamos al decir que la desigualdad es mala. Yo les propongo lo contrario; que ¡menos mal! no somos todos pobres o faltos de intelecto. Lo natural en este mundo es que vayan surgiendo humanos con capacidades superiores que crean adelantos para toda la humanidad; tales como Aristóteles, Galileo y tal. Lo malo es cuando personajes de prestigio le cuelgan sentidos depreciativos que prostituyen cosas buenas; como tal es el caso del término “capital”, capitalismo o cápita”, siendo cápita cabeza en latín, termino referido al uso de la cabeza. Mal también es, hablar del capital referente al capital como dinero, y dando a creer que el dinero es cosa sucia. Más aún, quien acuñó el término “capitalismo” fue Marx, y lo hizo con sentido de desprecio.

    Otros, como algún papa, hablan de “capitalismo salvaje”, lo cual también envilece cosas nobles del capital humano, como la probidad, inteligencia, bondad y tal que son el capital más valioso. El capitalismo es de emprendedores, lo cual es cosa deseable y buena; y no como en Panamá en dónde perversos politicastros arraigaron el “no a la privatización”; que sería no a lo tuyo y sí a lo de los politicastros, quienes son los que terminan con el botín.

    El otro tema a escudriñar es aquello del “bien común” o “bienestar social”; que los izquierdistas tergiversan cuando dan a entender que estas cosas vienen de una propiedad comunitaria o peor, que se originan en sistemas de gobierno típicos del totalitarismo en dónde el bienestar fluye de arriba hacia abajo; cuando es todo lo contrario. Si las personas en lo individual, en su familia, el barrio, los organismos sociales y tal, hacia arriba no andan bien, no puede haber bienestar social. La idea de que a través una confiscación impositiva que resta al productivo para repartirlo entre los menos productivos, o peor, se puede lograr bienestar, es ilusión y engaño.

    Igual ocurre con esa otra frase de engaño: “capitalismo extremo”. Si es extremo, deja de ser capitalismo o, mejor dicho, deja de ser emprendimiento en el mercado, que es el término conceptual correcto. Otra manera de describir el «capitalismo extremo» es cuando la política se torna clientelista. Algunos amantes de la libertad en los EE.UU. o como gusta decir mi hermano Irving: “libertófilos”, hablan de “giverment”, que yo traduzco a “regalierno”. También debemos ver las oligarquías.

    El tema es que, cuando los gobiernos se meten a competir en el mercado contra los ciudadanos, la sociedad pierde en la subsidiaridad. Si un bebé recién nacido no lo arrullas, su mente se atrofia. Al bebé hay que alimentarlo no sólo con leche materna sino con el calor de sus padres, con su voz, caricias y más adelante con palabras y buenas ideas y costumbres; cosas que no nos llegan a través de los regaliernos. Se aprende, evoluciona y logra bienestar personal y comunitario haciendo y no esperando que el regalierno lo haga desde la cuna a la tumba. No hay cosa más alejada de la realidad y la verdad.

  • Entre la libertad y el mandato

    Richard W Rahn, director del Institute for Global Economic Growth y MCon LLC, cuenta que, en junio del presente una encuesta de Momentive halló que en los EE.UU. los jóvenes entre 18 y 24 años, el 54% favorecía el socialismo y sólo el 42% al capitalismo, es decir, entre la libertad y el mandato, elegían el mandato. Esta realidad nos lleva a deducir que la mayoría de esos jóvenes, que rechazan el capitalismo, desconocen que el socialismo ha fracasado en todos los sitios en que se ha puesto en práctica. Y tampoco están enterados que los principales países comunistas asesinaron a más de 100, 000, 000 de su propia gente.

    ¿Saben esos jóvenes lo que es capitalismo o socialismo? En pocas palabras, el socialismo es un sistema totalitario de coerción; algo así como lo que ocurre hoy día en Panamá y el mundo en general, en dónde el gobierno ordena encierros, cierre de negocios, uso de máscaras, y ahora quiere obligar a tener pasaporte de vacunado. Eso no es capitalismo; ya que el capitalismo requiere que los ciudadanos sean libres para resolver sus necesidades sin imposiciones o mandatos. Lo planteo de otra forma: “¿Le darías a las autoridades del gobierno el poder de darte ordenes? ¿Estarías de acuerdo que en la Constitución estuviese plasmada semejante entrega de nuestro albedrío (libertad personal que requiere reflexión y elección consciente)? Mi sentido pésame si estás en esa línea.

    El capitalismo se basa en el libre intercambio de bienes y servicios en una división voluntaria del trabajo, de manera que cada uno resuelve sus necesidades dependiendo de su particular condición, sus habilidades y gustos. No hay sistema de gobierno que sea capaz de tomar esas realidades en cuenta al momento de dar órdenes. Si Pedro es bueno en música, ofrecerá sus servicios de músico. O Pablo es bueno cocinando, resolverá sus necesidades siendo cocinero y así. Lo que se busca son ciudadanos que resuelvan por su cuenta y que les digan a los gobernantes: “¡Oye, no empujes!, que yo toco a mi ritmo y Pablo cocina a su gusto”. Si no te gusta la música de uno o la comida del otro, pues te buscas otro ritmo o platillo.

    En Panamá hemos cultivado una cultura disfuncional en dónde se popularizó el “no a la privatización”; un decir sin sentido. Si estás en San Miguelito y dices: “me voy para Colón, pero no voy por la Transístmica; automáticamente estas diciendo que te vas por otra ruta o medio. Es decir, que te irás por el corredor o en avión. Si le preguntas a quien dice “no a la privatización” ¿qué otro sistema de gobierno pretende?, no te sepa decir y terminamos sin chicha ni limonada, sumidos en el guacho de servidumbre, que es servilismo o capitalismo de compinches.

    El servilismo, que es una condición en la cual uno carece de libertad para determinar cómo actúa en su vida. En tal situación, tu vida no es tuya, no es de tu propiedad; y así lo ven los marxistas, que el estado es dueño de tu cuerpo, pensamiento, palabra y acción. Pero… el estado no es el pueblo sino los Castro, Chávez y Maduros del mundo.

    En la Colonia, el rey de España era la ley; y muchos perdieron la vida por contradecir los deseos de su lacayo, Pedrarias. Algunos ilusos pensarán y dirán que todo eso cambió y que en Panamá hay capitalismo y democracia… ¡falso! En Panamá tenemos, si acaso, un “capitalismo de compinche” o mafia de “honorables”.

    Hoy, a medida que el mundo evoluciona y que los ciudadanos vamos logrando estar más y mejor informados, vamos despertando y exigiendo nuestros derechos. ¡Por supuesto!, que eso incomoda a los “honorables”, que ven peligrar la fuente de sus fétidos sancochos. Esto los lleva a buscar maneras de someter a sus siervos; lo cual hacen con toques de queda, máscaras y tal, bajo la falsa argucia del COVID. Y si eso lo aceptamos, ¿quien sabe qué otra cosa peor aceptaremos?. Entre la libertad y el mandato, se vuelve a elegir el mandato.

    ¿Y cómo resolvemos o salimos del servilismo? Tal vez la mejor forma está en convencer a los panameños de exigir su derecho a elegir cómo y dónde educan a sus hijos. Lo que jamás debimos hacer es encargar a los zorros del gallinero la educación de nuestros hijos; ¿o es que no se han dado cuenta de que no los educan? Esos mismos “honorables” que obligan a los que menos tienen a enviar sus hijos a las mazmorras públicas que osan llamar “escuelas”, envían a los suyos a las privadas. ¿Por qué no darles ese mismo derecho a todos?; si, a fin de cuentas, el NODUCA gasta más por alumno que lo que se cuestan promedio las escuelas privadas.

  • Five9 es adquirido por Zoom en $ 14.7 mil millones para «brindar aún más felicidad»

    Five9 es proveedor de software de centro de atención en la nube. “Nuestro software se basa en una arquitectura flexible que se adapta a sus necesidades cambiantes. Las empresas pueden activar y desactivar puestos de agentes según sea necesario”, destaca Five9 en su página. Y ahora la plataforma de videoconferencia Zoom está adquiriendo la compañía Five9 por $ 14.7 mil millones, anunció la empresa.

    Se espera que la adquisición complementará el servicio Zoom Phone, una alternativa a las empresas tradicionales de telefonía, añadiendo clientes empresariales de Five9 y combinando su software de centro de atención para optimizar las interacciones con los clientes en todos los canales, según dijo el grupo en una nota de prensa.

    “Buscamos continuamente formas de mejorar nuestra plataforma, y ​​la incorporación de Five9 es un ajuste natural que brindará aún más felicidad y valor a nuestros clientes”, dijo Eric Yuan, CEO de Zoom, en el anuncio. Agregó que el acuerdo agregará más clientes comerciales a la base de clientes de Zoom, y que Five9 es «complementario» a su sistema en la nube Zoom Phone.

    Según los términos del acuerdo, Five9 se convertirá en una unidad operativa de Zoom, y el director ejecutivo Rowan Trollope se convertirá en presidente de la empresa que depende de Yuan. En 2020, los ingresos anuales de Five9 aumentaron un 33 por ciento año tras año a $ 435 millones.

    Five9 es la primera adquisición de Zoom de mil millones de dólares, y llega en un momento en que la compañía busca tratar de continuar el impulso que ha ganado durante la pandemia de coronavirus, ya que las personas han estado trabajando y estudiando de forma remota durante los cierres. Ahora, muchos regresan a las oficinas al menos parte del tiempo. «La tendencia hacia una fuerza laboral híbrida se ha acelerado durante el último año, avanzando el cambio de los centros de contacto a la nube y aumentando la demanda de los clientes de experiencias personalizadas y personalizadas», dijo Yuan en una publicación de blog separada sobre el acuerdo.

    El precio de las acciones de Zoom se ha más que triplicado desde que comenzaron los cierres pandémicos el año pasado, pero ese crecimiento ha comenzado a desacelerarse levemente. Sus ingresos aumentaron un 326 por ciento en 2020, pero en el primer trimestre de 2021, Zoom informó un crecimiento de alrededor del 191 por ciento a $ 956 millones.

    La historia de éxito de Five9 contada en primera persona:

    «La firma de corretaje de descuento donde trabajé nos brindó dos semanas de capacitación sobre cómo ejecutar transacciones de acciones en línea en uno de sus centros de llamadas en San Diego. 

    El gerente del centro de llamadas que supervisó nuestra capacitación tenía poco más de veinte años y tenía una sonrisa de suficiencia en el rostro todo el día, todos los días. «Este sistema de centro de llamadas que les estoy enseñando cuesta $ 30,000 por persona», mencionó varias veces. Sonreía demasiado y lo desprecié por esa actitud.

    Me sorprendió que si podía crear un software de centro de llamadas más barato, podría crear mi propia empresa de software y vengarme de «The Smirker».

    Luego de varios intentos frustrados y noches sin dormir, para conseguir capital y que alguien creyera en la idea, al fin logró convencer a su ex jefe de presentarle un inversor. Y luego vino otro, que creían en la potencialidad de la idea y así se logró el capital suficiente para el desarrollo.

    «Esa línea de Safeway Express Checkout donde recibí nuestra primera llamada de Voice Over IP me recordó esa escena en The Shawshank Redemption donde el personaje principal se arrastra a través de millas de tubería de alcantarillado antes de finalmente poder liberarse.

    Poco después, lanzamos oficialmente (creamos un nuevo sitio web) “El Centro de llamadas virtual” y nuestro negocio siguió creciendo a un ritmo cada vez más rápido. Nuestros competidores, la mayoría de los cuales no habían respondido a mis correos electrónicos anteriores preguntando si podía invitarles el almuerzo en la ciudad, se sorprendieron de repente por lo bajos que eran nuestros precios.

    Conseguimos un gran espacio de oficina que impresionó a todos menos a mi padre.»

    Five9 terminó siendo el líder de bajo costo, siguieron obteniendo  financiación de capital riesgo de grandes firmas que creyeron en el concepto y, finalmente, un gran espacio de oficina impresionante que respondía a lo exitosa que era la compañía. Si bien el primer año  no lograron generar ingresos, al año siguiente obtuvieron $ 900,000 y el próximo año $ 3 millones. La compañía llegó a $ 10 millones en ingresos anuales recurrentes cuando su fundador, John Sung Kim el emprendedor insatisfecho que quería reducir los costos de llamadas en la nube, se retiró.

    Hoy, la compañía Five9 cotiza en el mercado de valores NASDAQ y emplea a cientos de californianos del Área de la Bahía, con una oferta pública inicial que le dio a la compañía una valoración de $ 350 millones de dólares el día de la apertura. Y acaba de ser adquirida por ZOOM, en la adquisición más costosa y relevante del 2021.

  • El capitalismo se “resetea” solo

    El problema de un nuevo “contrato social” es que si quienes lo imponen se equivocan, nos perjudicamos todos

    La pandemia global del COVID-19 ha impactado en nuestras vidas de muchas formas: no hemos podido ver a nuestros familiares, ni visitarlos en algunos casos; no hemos podido despedir a seres queridos; hemos cambiado profundamente nuestra vida diaria; sufrimos el impacto psicológico del aislamiento y una rutina de encierro. Todas ellas han sido muy importantes, pero vamos a analizar aquí aquellos cambios que han impactado en nuestras instituciones, con especial relevancia para nuestra salud, nuestra actividad productiva y nuestra libertad.

    El inicio de la pandemia vino acompañado de un conjunto de restricciones a nuestra movilidad que fue aceptada de buen modo por una gran mayoría de la población global, preocupada por la expansión del virus. Los gobiernos reaccionaron a una demanda de acción y se lanzaron a tomar medidas, no siempre racionalizadas o estudiadas. Los políticos apelaron al miedo y a la urgencia, vieron su futuro en juego y que no importaba ser prudentes, y buscaron ordenar las vidas de los ciudadanos de una forma diferente a la que éstos pudieran haberlo hecho. Se tomaron todo tipo de decisiones y se emitieron directivas haciendo uso de poderes ejecutivos extraordinarios que fueron justificados por el peligro de la pandemia. No hubo mayor consideración sobre derechos o libertades, y buena parte de la población, asustada, tampoco se preocupó demasiado. No fue en todos lados igual, por supuesto, sabemos que hubo países con mayores restricciones y otros que confiaron en mayor medida en la responsabilidad social de las personas.

    El objetivo de estas medidas era doble: frenar el contagio del virus y demorar su impacto en el sistema de salud. Pero en muchos casos excedieron los problemas de salud pública y el oportunismo de algunos políticos aprovechó la circunstancia para concentrar más poder, poniendo en peligro las limitaciones constitucionales.

    Un grupo de investigadores de las universidades de Harvard y Stanford analizó encuestas con 480.000 respuestas en 15 países y encontró que la mayoría de los ciudadanos estaban predispuestos a sacrificar libertades civiles a cambio de mejores condiciones sanitarias durante la pandemia del COVID-19. No obstante, también encontraron que cuanto más tiempo esas medidas están vigentes, el apoyo decae y, por el contrario, la preocupación por el debilitamiento de las libertades crece.

    Los países latinoamericanos fueron muy estrictos cuando había pocos casos y redujeron las restricciones cuando los casos alcanzaban un pico. Esto muestra que la elevada “rigurosidad” o, violación de derechos individuales básicos, no brindó un mejor resultado sanitario y ni hablar del costo económico.

    Trabajo y producción en la pandemia

    Los cuatro países con medidas más estrictas en América Latina han sufrido drásticas caídas de su actividad económica durante 2020 según las estimaciones del FMI: Honduras (-6,6%), Argentina (-11,8%), Bolivia (-7,9%) y Venezuela (-25%). En buena medida se explican no solamente por las medidas tomadas en la pandemia sino por la frágil situación de sus economías antes de que ésta llegara.

    Tampoco es que los demás pueden mostrar resultados muy superiores, pero al menos infligieron en sus ciudadanos un costo menor por las restricciones a su libertad. Sí puede afirmarse lo contrario: los países con medidas más restrictivas causaron un mayor daño económico y una mayor pérdida de la libertad individual, sin obtener mejores resultados.

    Algunos sostienen que es necesario un “reseteo” del capitalismo, un nuevo contrato social, ante el descontento que genera la pandemia, pero no es tan evidente que lo sea hacia una reformulación “social” del capitalismo actual, que ya es una clara mezcla de mercados y serias intervenciones estatales en el gasto, los impuestos, las regulaciones o los programas sociales. También puede ser que ese descontento se dirija a quienes tomaron las riendas durante la pandemia, es decir, los gobiernos y los políticos que los conducen. Un verdadero test para la eficiencia del Estado será su desempeño en la distribución de vacunas contra el COVID. Esto recién ha comenzado y ese descontento se nota. Los gobiernos han tomado en sus manos el monopolio de la distribución de la vacuna y han descartado a las instituciones de mercado, que eficientemente distribuyen todo tipo de medicamentos y vacunas.

    Puede que ese descontento social explote y efectivamente tengamos un “nuevo contrato social”; pero también es posible que continúen ocurriendo cambios en base a instituciones que ya han probado en el pasado su capacidad para promover el progreso: el derecho de propiedad, los contratos, las sociedades comerciales.

    En el segundo trimestre de 2020, se crearon en los Estados Unidos 930.000 nuevas empresas o negocios, un leve aumento en comparación con las 910.000 creadas en el mismo período en 2019, pero en el tercer trimestre el número fue cercano a 1.400.000, un incremento del 49% y del 67% respecto al mismo trimestre del año anterior. Según el US Census Bureau en enero de 2021 solamente se crearon 492.133. Bajo la cuarentena, el porcentaje de ventas minoristas por e-commerce en Estados Unidos creció en ocho semanas lo que había crecido en cinco años. Según EMarketer el comercio electrónico habría alcanzado 84.950 millones de dólares en 2020. La penetración en América Latina pasó de 43,4% a 71,5%, y fue una de las regiones con mayor crecimiento, 36,7% anual.

    El “reinicio” del capitalismo parece ser más una preferencia de las elites. La gente se ha lanzado a desarrollar y utilizar las instituciones del mercado, aprovechando la tecnología también en áreas como la educación o la salud. Las empresas privadas de tecnología educativa (apps para idiomas, tutoriales virtuales, video conferencias y software para educación virtual) invirtieron 18.660 millones de dólares en 2019, cifra que llegaría a 350.000 millones en 2025, según datos difundidos por el mismo Foro Económico Mundial que promueve el reseteo.

    Millones de personas se adaptaron en poco tiempo al trabajo en sus casas. Muchos no querrán volver a trabajar en oficinas, al menos todo el tiempo y muchas empresas tampoco querrán gastar en oficinas lo que estaban gastando. Esto va a cambiar el transporte dentro de las ciudades, y hasta las ciudades mismas, pero no es parte de ningún “plan” o “reseteo” de nada, sino tan solo parte del normal proceso evolutivo que se produce en la sociedad y en los mercados para adaptarse a nuevas situaciones.

    La pregunta que será importante responder, entonces, no es “qué tipo de contrato deberíamos ahora tener”, sino qué tipo de instituciones permitirán una mejor evolución hacia ese mundo que se avizora por delante.El problema de un nuevo “contrato social” es que si quienes lo imponen se equivocan, nos perjudicamos todos; mientras que en los “órdenes espontáneos” habrá distintos experimentos y podremos ver cuáles funcionan. Los que fracasen no perjudican a todos sino solamente a aquellos que invirtieron en ellos.

    No es un tema de diseñar un nuevo contrato social, es fortalecer las instituciones que permiten evolucionar hacia nuevas formas de atender a las necesidades de la gente. Es la “mano invisible”, que para algunos no existe, pero que ya está reseteando al mundo.

  • Negocio: una noción injustamente atacada

    Su demonización conduce a la clausura de los arreglos contractuales libres y voluntarios sobre los que descansa la sociedad abierta.

    Lo primero es remitir a la etimología. Negocio es no-ocio, el diccionario dice “cualquier ocupación, empleo o trabajo”. En una acepción más amplia refiere a asunto y en una más reducida alude al vínculo con lo crematístico, a la búsqueda de un beneficio monetario. Ahora bien, en la sociedad libre, para subsistir, cada cual se ve obligado a atender las necesidades del prójimo al efecto de poder mejorar su propia situación. De este modo es que se producen todos los bienes y servicios: quienes dan en la tecla con los requerimientos de sus congéneres obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos. Este es el modo de progresar, este es el modo por el cual las sociedades más evolucionadas incrementan su nivel de vida. Por su parte, en este contexto, el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno teóricamente se constituye para prevenir y evitar lesiones a los derechos de cada cual.

    En un plano más amplio, todo es realizado por el interés personal del sujeto actuante. En este sentido, no hay tal cosa como acción desinteresada. Es una verdad de Perogrullo sostener que quien actúa lo hace inexorablemente porque está en su interés actuar en esa dirección. La Madre Teresa estaba interesada en el cuidado de los leprosos, el que asalta un banco está interesado en que le salga bien el atraco y no ser castigado, el que vende papas está interesado en obtener un beneficio de la transacción, el que compra una bicicleta está interesado en andar en ese adminículo, en fin, en todo está presente el interés personal que en algunos casos puede ser monetario y en otros no-monetario. En algunos casos el fin perseguido es noble y en otros ruin. Se juzga la calidad de las personas por los objetivos a los que apuntan.

    En este plano argumental, hay dos ideas erradas que se filtran de contrabando en este análisis. En primer lugar, la gratuidad. Debe comprenderse que nada es gratis, todo tiene un costo. En economía lo llamamos costo de oportunidad para mostrar que cada vez que hacemos algo nos vemos precisados a dejar de hacer lo segundo que en nuestras prioridades hubiéramos hecho lo cual es el costo de la acción. En la vida diaria cuando se afirma que tal o cual cosa debiera entregarse “gratis” debe resultar claro que alguien paga. En este sentido, es frecuente intentar la transformación mágica del aparato estatal en Papá Noel, sin percatarse que siempre es el vecino el que se ve forzado a pagar.

    El segundo des-concepto mayúsculo radica en la tergiversación del derecho. Así se proclama el derecho a una vivienda digna, el derecho a hidratos de carbono y vitaminas, el derecho a un salario adecuado, el derecho a la recreación y hasta la sandez del derecho a Internet. Esta vociferación no toma en cuenta que a todo derecho corresponde una obligación. Si una persona obtiene por su trabajo cien en el mercado laboral, hay la obligación universal de respetarle ese ingreso, pero si esa persona pretende doscientos cuando gana cien y el gobierno otorga esa pretensión necesariamente quiere decir que otros estarán forzados a entregar la diferencia con el fruto de sus trabajos, lo cual convierte la operación en un pseudo derecho puesto que lesiona el derecho de esos otros.

    Ambas ideas estrafalarias -la de la supuesta gratuidad y la de los pseudo derechos- derriban marcos institucionales civilizados y por tanto perjudican gravemente el bienestar de todos, pero muy especialmente a los más necesitados puesto que el derroche en lugar del aprovechamiento de los siempre escasos recursos atenta contra los ingresos y salarios en términos reales de modo más contundente en los marginales ya que las tasas de capitalización disminuyen.

    En esta nota periodística centro la atención en el tema de los médicos, servicios de salud, vacunas, laboratorios y equivalentes que con un alto grado de cinismo se pretende que vivan del aire sin cobrar por sus servicios mientras que los que reclaman semejante actitud se dedican a sus negocios particulares. Esto sin duda no descarta para nada las muy meritorias obras filantrópicas que mantienen un estrecho correlato con los climas de libertad. Para observar estas obras por doquier no hay más que recorrer Estados Unidos, situación que no existe en Cuba donde se disfraza de “Estado Benefactor”, una contradicción en los términos ya que, por definición, el aparato de la fuerza no puede hacer beneficencia o caridad que significa entregar recursos propios de modo voluntario. Si asalto a mis vecinos y entrego el botín a otros no he realizado un acto caritativo ni una muestra de solidaridad sino que he cometido un atraco.

    Entre muchos otros, John Chamberlin en su ensayo titulado “La enfermedad de la medicina socializada” pone de manifiesto los rotundos fracasos de los países nórdicos y otros en la medida de haber introducido los aparatos estatales en la salud y como han debido retroceder abruptamente en esa decisión política. En este sentido, por ejemplo, hay un libro -desafortunadamente no traducido al castellano- en el que publican veintiún profesionales meticulosos trabajos sobre los graves y muy alarmantes problemas que invariablemente se suscitan en ámbitos de la salud estatal. La obra lleva el sugestivo título de Politicized Medicine y está editada por la Foundation for Economic Education.

    En ningún momento lo dicho significa dejar de reconocer el valiosísimo esfuerzo y notable capacidad de médicas, médicos, enfermeras y enfermeros en los centros de salud estatales. De lo que se trata es de entender el tema decisivo de los incentivos y de la “tragedia de los comunes” que invariablemente irrumpe pues lo que es de todos no es de nadie, no es la misma actitud cuando uno debe hacerse cargo de las cuentas que cuando se obliga a terceros a pagarlas. En los ensayos antes mencionados y en muchos otros en la misma línea se subraya el mencionado rol fundamentalisimo de los incentivos en el contexto de las permanentes faltas de insumos, de equipos y de recursos en general en medio de los habituales y extenuantes pedidos de turnos por parte de pacientes, los déficit que refleja la gestión y el consiguiente pedido de fondos a la administración gubernamental y la situación muchas veces lamentable de los edificios, todo lo cual no ocurre en sanatorios privados pues el emprendimiento que no es apoyado por la gente desaparece.

    Entonces, lo que debería hacerse es vender todos los centros de salud estatales, eventualmente al mismo equipo de médicas, médicos y personal administrativo que los operan con todas las facilidades posibles. La politización y el uso de la fuerza no debiera tener lugar en un área tan delicada e importante. Me imagino que no se intentará argumentar el absurdo de no proceder en consecuencia porque otros no lo hacen, salvando las distancias es similar a cuando se sostenía la imperiosa necesidad de abolir la esclavitud se respondía que en el planeta ese sistema estuvo extendido por miles y miles de años. El enredo con el statu quo no puede conducir al embotamiento mental de esa magnitud. Ningún progreso hubiera existido si no hubiera habido un primero que se salió de lo habitual y cuestionó lo existente.

    Y para las personas con problemas de salud pero sin los ingresos suficientes, como una medida de transición, hasta que puedan adoptarse otras medidas de fondo, aplicar los vouchers, es decir créditos a cargo de terceros para que estos pacientes puedan hacerse atender eficientemente. Hay aquí un non sequitur, a saber: del hecho de que unos deban financiar la salud de otros no se desprende que deban existir centros de salud estatales puesto que el paciente seleccionará la entidad privada que más le resulte. Subsidiar la demanda en lugar de hacerlo con la oferta cambia radicalmente el cuadro de situación pues todos los incentivos de la gestión modifican su rumbo por lo antedicho de la tragedia de los comunes (una denominación moderna que la bautizó así Garret Hardin en la revista Science pero que en la práctica se remonta a Aristóteles en su refutación al comunismo de Platón).

    La medicina no opera de modo independiente a la naturaleza de las cosas, los precios son señales insustituibles para conocer dónde invertir y dónde desinvertir. En una pandemia lo peor es que los gobiernos intenten controlar precios pues el resultado indefectible es el faltante del medicamento o servicio en cuestión. Al establecer por la fuerza precios menores a los de mercado la demanda aumenta y la oferta se contrae. Idéntico fenómeno ocurre con las mutuales de medicina o los servicios médicos en general, con el agravante que se pretende incorporar por la fuerza a candidatos que no han aportado al servicio lo cual desmorona toda la idea del seguro. Estos problemas agudos irrumpen debido a la antes señalada incomprensión del derecho y de la falsa gratuidad y, además, cuando aparece un procedimiento novedoso los aparatos estatales habitualmente achatan los precios lo cual demora el resultado y en algunos casos elimina la beneficiosa novedad.

    En otros términos, del hecho que haya médicas y médicos que atiendan a pacientes sin pretender retribución monetaria, como queda consignado, no se sigue que sea una profesión que deba vivir del aire. Reiteramos la hipocresía de quienes se dedican a sus negocios personales y pretenden gratuidad de los facultativos. También revela gran hipocresía el demandar atención sin cargo “por la importancia de los derechos humanos” mientras muchos avalan y suscriben la exterminación de vida humana en el seno materno con la inaudita pretensión de violentar el juramento hipocrático, que además pretenden que se los paguen otros por la fuerza con el fruto de sus trabajos.

    Seguramente imbuido de las mejore intenciones y propósitos el Papa Francisco nuevamente la emprendió contra el mercado en su Misa del 24 de diciembre del último año en la que rogó para que “la ley del mercado no impida que las vacunas lleguen a todos”, lo cual revela la superlativa incomprensión del significado del proceso del mercado y lo devastador de imitar las recetas estatistas de aquellas republiquetas africanas y equivalentes donde la enfermedad y las hambrunas son moneda corriente por desconocer el mercado que es otra forma de decir que deben desconocerse los requerimientos de la gente. Antes este Papa, entre tantos denuestos contra los fundamentos de la sociedad libre, se había referido al dinero “como el estiércol del diablo” sin prestar atención a la incoherencia del tradicionalmente corrupto Banco del Vaticano. En el campo de la salud es como ha reiterado, entre otros, el distinguido médico-psiquiatra y profesor emérito Thomas Szasz: “Lo más contundente que puede hacerse para destruir la salud de los más vulnerables es que los gobiernos intervengan en los precios de los medicamentos y equipos médicos violentando el mercado, puesto que necesariamente provoca escasez artificial y manifiesto deterioro en la calidad del servicio. Proceder en esa dirección resulta criminal.”

    En resumen, la demonización del negocio conduce a la clausura de arreglos contractuales libres y voluntarios sobre los que descansa la sociedad abierta, lo cual no significa desconocer que también hay trampas y fraudes en el sector privado que deben castigarse en el ámbito de la Justicia, pero la solución no consiste en eliminar incentivos para el progreso, del mismo modo que no sería sensato eliminar los automóviles con la idea de evitar accidentes de tránsito. Una vez más subrayamos que en el ámbito de la trampa y el fraude se encuentran aquellos que la juegan de empresarios pero que basan sus operaciones en el privilegio, la dádiva y los mercados cautivos fruto de sus alianzas hediondas con el poder de turno con lo que explotan miserablemente a sus congéneres, sea en al área médica con apariencia de obras sociales o con cualquier otro disfraz o en cualquier área que sea hay que bloquearles el camino a estos asaltantes. Estos no son negocios sino negociados que naturalmente su perversión los convierte en una naturaleza completamente distinta

    La generosidad sólo tiene lugar con lo propio, sin propiedad privada no hay tal cosa como generosidad. La prolongación de la vida y la calidad de la misma son el resultado directo de la medicina y la investigación médica en la medida en que han podido desenvolverse en un clima de libertad. Recordemos también la formidable faena que han realizado tantos profesionales de la medicina en el área de las ciencias sociales, como ha sido el caso del que fuera nada menos que padre del liberalismo: el médico John Locke.

  • Del capitalismo al socialismo

    Según parece, el único camino hacia el éxito y la derrota de la pobreza, tanto económica como espiritual, es el camino del sufrimiento que nos cierra las fáciles y falsas opciones de vida. Lo señalado me trae a mente una variante de un refrán muy conocido: “Puedes vivir engañado parte del tiempo, pero no podrás vivir el engaño todo el tiempo.” Y, en este caso me refiero a quienes creen que pueden vivir a costillas de otros; particularmente mediante una intervención estatal/gubernamental que procure para ti aquellas cosas que no sabes procurar por cuenta propia.

    El caso de Chile y los chilenos es particularmente aleccionador y lo será muy pronto. Un país Latinoamericano que logró mejorar sustancialmente su economía sin recurrir a las obtusas magias del socialismo desbocado. En síntesis, y como bien lo señala Victor Espinosa, PhD en economía en la universidad Rey Juan Carlos en España, en su último artículo publicado en el instituto Mises (“Chile Won’t Become a Developed Country If It Doesn’t Change Course”).

    Espinosa abunda diciendo que el éxito de Chile en los últimos cuarenta años fue debido al respeto por la propiedad, tanto personal como empresarial. Y ni hablemos de Argentina, que pasó de ser una de las mejores economías del mundo a ser una muy triste, gracias a la adopción de políticas de guacho socialista/fascista.

    ¿Cómo pretenden tener y mejorar una pujante actividad empresarial en un sitio en dónde se va perdiendo la seguridad del respeto a la propiedad? ¿Invertirías los ahorros de una vida cuando, de pronto, te lo pueden tirar todo por el suelo aduciendo que es para lograr una quimera igualdad?

    Y al fin del escrito vemos interesantes comentarios, tal como uno que si señala: “Y los EE.UU. también dejarán de ser desarrollados sino cambia de rumbo y se deshace del capitalismo de compinche junto con su nueva versión del socialismo que osan llamar progresivo.”

    Otro señala algo como: Bueno, el capitalismo de compinches más bien es fascismo a la Mussolini. A lo cual añado y pregunto: “Si no tenemos libertad, ¿qué tenemos? El problema de contestar la pregunta es que pocos saben definir o entender lo que es la libertad; esa que muchos confunden con libertinaje y otros con lo que en nuestro Panamá pasa por democracia o capitalismo. ¡Que ingenuidad! Y es que muy pocos se afanan o molestan con la búsqueda de la verdad, pues la noticia fantasiosa es más entretenida.

    También vale pasar otro comentario que señala: Un gobierno no produce bienes ni servicios que sean consumidos por elección propia. Como igual son pocos los que entienden que la demanda depende de la oferta; es decir, que si quieres que alguien coopere contigo sólo tienes dos caminos: 1) Le quitas lo que tiene a palos. 2) Tú produces algo que el otro desea y entran en libre intercambio y no en eso de ‘control de precios’ y lo que dice nuestra constitución que el estado se encargará de dirigir y controlar la producción.

    ¿Acaso no vemos y entendemos que cuando lo que se premia es el juega vivo y no la honestidad y la calidad, las cosas irán de mal en peor? Y como dice otro: “Si algunos países europeos lograron ciertos niveles de prosperidad no fue debido a la social democracia sino a que gracias a su nivel de capitalismo pudieron sufragar su ñame socialismo; el problemita es que se les acaba el relajo.

  • Parásitos y el capitalismo confuciano

    Parásitos es la mejor película del 2019 según el Oscar, y la mejor película que ví en el 2020. Es o parece de izquierda, pero no; la veo como una inteligente sátira del capitalismo tardío y los conflictos de clases.

    Así la ve también su director, el cretivo Bong Joon Ho, quien no es un admirador del capitalismo y ha dedicado su filmografía a destacar los conflictos de clases en la sociedad de Corea del Sur. El Norte para él existe, aunque de manera muy subliminal. Es el miedo al norte en que hace que la casa/mansión gótica moderna donde trascurre la historia de Parásitos, tenga un bunker, y la antigua criada despedida, imita en tono burlón a las comentadoras de la televisión Norcoreana. Corea del Norte es el cuco que puede destruir a la idílica mansión del capitalismo surcoreano, pero es vieja y enferma como la criada que lo representa, y alimenta a quienes están encerrados en un sótano por decisión propia (la izquierda surcoreana), pero no puede sacarlos de allí.

    Bong Joon Ho es crítico del capitalismo surcoreano, pero está plenamente consciente de la incapacidad de la izquierda radical de plantear alternativas creíbles al capitalismo. Como dijo el crítico literario marxista norteamericano, Frederic James, “es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Por eso sus películas que tratan más del tema como Snowpiercer, Okja o Parásitos, tienen un ambiente claustrofóbico, de humor negro o moralmente ambiguo. En Parásitos por ejemplo, los ricos son ingenuos, naif, y su pecado verdadero, es vivir aislados totalmente de los que no tienen, mientras que los pobres, son mentirosos, manipuladores, y potencialmente violentos. Muy lejos del elogio del pobre y la demonización maniquea del rico que son comunes en las películas sobre la lucha de clases.

    Esto ha incomodado a muchos izquierdistas, entre ellos un periodista español que trabajó para La Prensa, el cual se queja del “mal rollo que le dejó Parásitos”, como también muchos izquierdistas occidentales destacan que en Parásitos, tanto la familia rica como la familia pobre, son familias nucleares, racialmente homogéneas, dirigidas por machos heterosexuales. Se olvidan que los conflictos entre hombres y mujeres, con los inmigrantes, minorías raciales, y minorías afectivas sexuales tan importantes para la izquierda occidental, todavía no han llegado al Asia. Bong Joon Ho no tiene por qué inventarse conflictos que no existen en Asia por ahora.

    Ahora bien. Muchas de las características del capitalismo coreano, así como del comunismo coreano, vienen de la cultura confuciana de ese país. Si Corea del Norte mezcla estalinismo y confucianismo para lograr una extraña distopía, Corea del Sur, Singapur, Taiwan y cada vez más la República Popular de China, con su “socialismo con características Chinas” han logrado un “capitalismo con características confucianas” que explican ciertas cosas que Parásitos critica.

    Un capitalismo de mandarines. El Confucianismo era rígidamente meritocrático; China tenía una burocracia de mandarines, donde existían rigurosos exámenes para poder entrar a ella. Y los mandarines podían ser hijos de mercaderes, campesinos ricos, pero no eran una nobleza hereditaria como la europea. El capitalismo confuciano es así. Si vas a la escuela correcta, puedes ir a la universidad correcta, puedes luego entrar a trabajar a las empresas correctas y codearte con la gente correcta. Eso crea un sistema de estudios brutales, donde las familias de etnia china o coreana invierten en tratar de meter a sus hijos en las escuelas correctas, y pagan tutores después de clases. Los suicidios estudiantiles no son extraños. La presión y la competencia académicas son enormes. El maestro que garantiza buenos resultados es supervalorado en las sociedades confucianas y recibe honorarios por eso. Por algo los países confucianos marcan tan alto en las pruebas PISA. Pero la presión es enorme, porque fallar en los exámenes puede determinar una vida de marginación. Muchos estudiantes se suicidan por ello. Los hijos de las familias pobres tienen este problema; inteligentes y autodidactas, no pueden acceder a esta meritocracia confuciana porque no pudieron pasar por los canales correctos. Así que la única manera de acceder a la mansión es inventándose unos méritos. El Hijo se inventa créditos falsos, la hija un pasado falso en los Estados Unidos.

    Un capitalismo dirigido. El modelo de capitalismo confuciano, tiende a ser autoritario. Muchos comparan el modelo asiático con el de la España de Franco o el Chile de Pinochet. Un desarrollo capitalista rápido, mediante un dirigismo estatal que favorece ciertas empresas estratégicas a cambio de otras. Y ciertas regiones a cambio de otras. Que crea ganadores y perdedores desde el Estado. El mismo boom artístico surcoreano actual es el producto de políticas públicas establecidas hace 25 años. La diferencia entre España y Chile es que en el fondo son países de cultura occidental donde este capitalismo autoritario tuvo siempre una fuerte resistencia y causa enormes resentimientos y una izquierda militante, mientras que el Asia, aunque los resentimientos están allí como lo demuestra Parásitos, éstos no son articulados en forma de una resistencia al sistema. En España y Chile, los pobres guiados por la izquierda quieren destruir el sistema, aunque sea desmembrando España como nación o quemando el metro y saqueando supermercados y colapsando el modelo como en Chile. En el mundo confuciano, los pobres lo que quieren es ver cómo entran a la meritocracia de la cual fueron excluídos, aunque sea haciendo trampa como en Parásitos.

    Una crisis de bienes raíces mundial. Protestas, protestas. Mientras se estrenaba Parásitos, en el 2019 hay protestas en Barcelona, en Ecuador, en Buenos Aires, en Venezuela, en Hong Kong. Éstas tienen distintas causas, y distintas formas, pero llaman la atención dos protestas en países del Primer Mundo: en Barcelona y Hong Kong. En una, la causa aparente es el nacionalismo, en la otra, la dictadura de monopartido China, donde el partido comunista chino se ha convertido en una nueva burocracia confuciana. El problema de España, que estalló en el 2008, y el problema que tiene China y Corea del Sur que no ha estallado pero que estallará pronto, son políticas monetarias expansivas, con tasas de interés anormalmente bajas, que hicieron que sobrara dinero en la economía, penalizando el ahorro y estimulando el gasto. Y ese dinero que sobraba tenía que irse a algún lado, y se fue a los bienes raíces, que se podían comprar con hipotecas baratas. El resultado fue la gentrificación de los centros urbanos a nivel mundial, todo el mundo quería vivir allí; la especulación inmobiliaria, porque todo el mundo que podía sacar hipotecas, compró segundas o terceras viviendas, con la intención de especular. Los precios de las viviendas se dispararon y mucha gente ya no puede costearse una vivienda decente en un centro urbano con sus ingresos. Los pobres de Parásitos viven en un semisótano, en un Seúl que está a punto de ver como estalla una burbuja inmobiliaria.

    La incapacidad de la izquierda anticapitalista de articular alternativas. Los pobres de Parásitos no quieren destruir el mundo de los ricos, quieren entrar a él aunque sea con trampas. El riesgo es quedar atrapados en el sótano, como el deudor original o el padre pobre que en una explosión de ira mata al padre rico. No hay alternativas creíbles al mundo de la mansión. El hijo pobre sueña con ser rico para poder comprar la mansión. Fuera de defender el viejo reformismo socialdemócrata a lo Stiglitz, o de proponer un nuevo reformismo socialdemócrata a lo Piketty, no hay nada que tenga credibilidad. No hay alternativas a la democracia liberal burguesa, a su mezcla de democracia representativa, libremercado económico, y asistencialismo social prusiano/socialdemócrata. Hegel y luego Fukuyama dijeron que ése era el Fin de la Historia, y parece que por ahora es así. Como dijo Margaret Thatcher, “no hay alternativa”. Los que quieren destruir la mansión terminan atrapados en el sótano, o en las facultades de sociología y humanidades en el mundo verdadero.

    Esta última razón explica por qué la claustrofobia y el humor negro y pesimista del director. En Snowpiercer, los que no tienen se rebelan contra los que tienen y terminan causando una masacre, descarrillando el tren y terminando los supervivientes a merced del clima gélido y los osos polares. En Parásitos, el padre pobre termina encerrado en un sótano. No hay salida, o si la hay, puede ser peor.