Etiqueta: gasto público

  • No, la JMJ no atraerá inversión extranjera a Panamá: los datos que lo demuestran

    La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá es una buena noticia para los católicos del istmo. Sería absurdo negar la trascendencia religiosa, cultural, mediática y social de un acontecimiento así. No obstante, es un error que el gobierno panameño pretenda asociar la visita del Papa Francisco con un supuesto boom inversor que poco o nada tiene que ver con este tipo de reunión.

    Echemos un vistazo a los datos. En el año 2008, Australia acogió la Jornada Mundial de la Juventud. Sin embargo, como refleja el siguiente gráfico, la entrada de inversión extranjera directa no se comportó de modo distinto tras la celebración de la reunión católica.

    España celebró la edición 2011 de la JMJ, con idéntico resultado. Tal y como pone de manifiesto el siguiente gráfico, el volumen de inversión extranjera no muestra cambio alguno tras la celebración del evento.

    Un par de años después, en 2013, la JMJ llegó a Brasil. Una vez más, la curva de inversión extranjera se mantuvo indiferente, sin cambios entre la situación previa y el escenario posterior a la visita del entonces Pontífice, Benedicto XVI.

     

    Polonia es el último país que ha organizado una Jornada Mundial de la Juventud. Según el informe de Inversión Mundial que elabora la ONU, el flujo de inversión extranjera directa hacia el país del Este de Europa se redujo en 2017, año siguiente a la celebración del evento. Durante dicho ejercicio, la inversión foránea cayó de 14.000 a 6.500 millones.

    Parece evidente, por tanto, que la relevancia de la JMJ se circunscribe al plano religioso, cultural, mediática o social, pero no se extiende al terreno económico. De hecho, no hay que olvidar que estos eventos implican ciertos costes para el sector productivo: cierre temporal de oficinas, vacaciones forzosas de trabajadores ocupados en zonas cortadas por motivos de seguridad, aumento del gasto público, etc.

    Pero, entonces, ¿qué puede hacer Panamá para aumentar su competitividad en el ámbito de la inversión internacional? Y, mejor aún, ¿qué recetas pueden ayudar a mejorar la captación de capital foráneo y crear, al mismo tiempo, un entorno más atractivo para quienes ya operan dentro del istmo? Quizá la mejor respuesta a esta pregunta es la que nos ofrece el Foro Económico Mundial en su Índice de Competitividad.

    De acuerdo con la encuesta de ejecutivos incluida en dicha publicación, el 18% de los empresarios menciona la ineficiencia burocrática de las Administraciones Públicas como el primer factor que les impide hacer negocios e invertir con facilidad en Panamá. Un 15% cita la corrupción, un 14% lamenta la falta de conexión entre educación y mercado de trabajo y un 10% se queja de regulaciones laborales excesivamente restrictivas.

  • El precio de la JMJ

    Dice el señor de los encajes de pollera que la JMJ es una inversión para Panamá, que nos pone en el mapa. Que es una inversión, porque seguramente los mochileros religiosos que llamamos peregrinos seguramente van a gastar plata en bares y restaurantes en lugar de hacer botellones enormes en la vía pública, aunque es cierto que las ramas más pudientes de la Iglesia Católica así como los periodistas probablemente le den vida a la deprimida industria turística local.

    Ya hemos visto la falacia de los grandes eventos públicos organizados por el Estado; es un clásico ejemplo de lo que se ve (el evento) versus lo que no se ve (las disrupciones causadas en otras industrias). Y que estos mega eventos suelen terminar costando más para los contribuyentes que lo que recaudan para el estado o para industrias específicas como la del turismo, que reciben un subsidio encubierto de las industrias y sectores de la economía que ven su actividad mermada por el evento.

    Algunos calculan el costo directo para el contribuyente panameño en más de 50 millones de dólares, en gastos aprobados para la JMJ, tanto protocolares, como relacionados al evento (tarimas, alfombras rojas), como paquetes de ayuda a los peregrinos, como gastos de seguridad. Más difícil será calcular cuánto costarán las cosas que no se harán los 3 días en que las oficinas públicas van a estar cerradas y los trámites que no se harán durante estos días que repercutirán negativamente en las empresas. Ni pensar en cuánto costará la productividad perdida de las empresas que se verán forzadas a cerrar (y que así y todo deberán pagar sus impuestos como si hubieran estado abiertas).

    Y hablando de repercusiones negativas. También han que tomar en cuenta otras cosas como las interrupciones en el tránsito por la ciudad esos días, incluyendo las restricciones al tránsito vehicular por tener calles cerradas, que sin duda afectarán negativamente la productividad de las empresas localizadas en esas rutas.

    Así que los costos van subiendo. Los cálculos optimistas consideran que la JMJ generará unos 230 millones en ganancias, aunque ya sabemos que nos está costando organizarla como 55 millones aportados supuestamente por la Iglesia y la empresa privada sin contar los gastos estatales (ya vemos una partida por aquí y otra por allá en los diarios todos los días, 10 millones por aquí, 12 millones por acá) y excluimos porque las desconocemos, las pérdidas que van a ocasionar en los sectores de la economía que no están relacionados ni con el turismo ni con el gasto público. Existen razones por las cuales los mega eventos, sean los juegos de la NFL o la JMJ, o las Olimpiadas o la Copa del Mundo, suelen ser organizados por países cuya clase política está dispuesta a soportar la gloria del evento con los impuestos de otros. Si estos eventos fuesen realmente rentables para todos, los organizaría la empresa privada principalmente. No habría necesidad de organizarlos con fondos públicos asignados por los políticos. Esto es una regla básica para saber si un evento es bueno para el público, ¿usa fondos públicos o privados?

    Aparte de ser incompatible con un estado laico moderno (vamos, en los Estados Unidos donde hay una verdadera separación de la iglesia y el estado, el estado gastaría en seguridad, pero no en poner tarimas o ayudar a los peregrinos),  si se hiciera, debería totalmente manejado por la Iglesia y la empresa privada, salvo en el tema de la seguridad que es función esencial del Estado.

    Y qué decir del cierre de las oficinas públicas. ¿Cerrarían las oficinas públicas si viene alguna otra figura religiosa? ¿No es eso el usar al estado para hacer proselitismo en favor de la Iglesia Católica de facto, a costa del tiempo de los funcionarios que pagamos todos los ciudadanos independientemente de nuestras creencias? Y de los trámites que no podremos hacer, o de los dineros que no podremos facturar esos días.

    El costo de la JMJ es mucho más profundo de lo que nos están diciendo.

  • La Presidencia como agencia de eventos. Lecciones para la JMJ. 

    Hay una falacia económica que se conoce como “lo que se ve y lo que no se ve”. En el siglo XIX Frederic Bastiat la expuso como el resultado de que la gente muchas veces se enfoca en los beneficios visibles de un evento o una política pero no ve los costos ocultos del mismo. Por ello, una de las cosas de las cuales los políticos abusan es de decir que “logré X o Y evento para mi país”.

    La gente no se acuerda de la orgía de corrupción que el gobierno de Lula trajo para Brasil al llevar a cabo una Copa del Mundo y una Olimpíada en dos años. En los Estados Unidos es peor, en un sistema de ligas deportivas cartelizado, los alcaldes y gobernadores se atreven a decir que trajeron X o Y franquicia de su liga deportiva a su estado sin ningún reparo, claro que usando el dinero de los contribuyentes.

    En otras palabras estos mega eventos, sean deportivos (lo que usualmente son) o sean religiosos (algo ya poco usual) suelen terminar en mega pérdidas reales para los países que los hacen a largo plazo.

    Son ejemplos modernos del Pane et Cicus romano. Más que cualquier otra cosa.

    Muchas veces los políticos usan eventos como las Olimpiadas o la Copa del Mundo de Fútbol o en los Estados Unidos construir estadios con fondos públicos para equipos privados con la misma excusa, “vamos a mejorar el turismo”. Bueno, el problema de estos eventos organizados con fondos públicos es que éstos tienen que salir de algún lugar. Porque los estados trabajan con fondos limitados. El dinero que se usa en prestar una cosa ya no se puede usar en otra. Lo mismo pasa con el tiempo.

    El dinero que se usa para organizar el evento se obtiene de los impuestos y es menos dinero que se destina a otras actividades estatales como campañas de vacunación masivas, fumigaciones contra los mosquitos, mejorar las calles, agilizar los procesos judiciales, mejorar el patrullaje y la seguridad, mejorar las escuelas públicas.  El tiempo también se pierde; este tiempo perdido en las empresas no turísticas durante el evento y la baja de la productividad en las empresas no turísticas durante los días que las personas no puedan movilizarse fácilmente a sus lugares de trabajo entre otros problemas, es una pérdida que no se recupera.

    En otras palabras, el estado al apoyar un evento específico crea ganadores artificialmente en la industria del turismo a costa de crear perdedores en otros lugares. Hay estudios tras estudios económicos en muchos países que demuestran que las bonanzas de estos eventos temporales, deportivos o en el caso de la JMJ, religiosos, no contribuyen en la recaudación fiscal y son menores en ingresos a los recursos gastados por el estado en los mismos. Y las ganancias en el sector turismo se balancean con las pérdidas en otros sectores.

    El comité organizador de la JMJ reporta que espera recaudar 41 millones en concepto de impuestos o tasas, relacionadas con la JMJ; la pregunta sería, ¿cuánto significa ésto versus cuánto dinero de los impuestos de todos ha recibido la Iglesia Católica durante los últimos 4 años y cuánto dinero se ha gastado el gobierno directamente en su parte de la organización del evento? Por ejemplo los gastos de hospedar a los mandatarios extranjeros y sus comitivas. ¿Cuánto costará cada mochila del peregrino? ¿Y lo gastos hospitalarios a cuánto ascenderán? Está claro que el gran ganador sería el sector turístico, que se encuentra deprimido y tendría un respiro a costas del evento. Pero la experiencia demuestra que estas ventajas se balancean con las cosas que se tenían que hacer en otros sectores durante estos últimos años pero que no se hicieron.

    Moraleja, cuando un político se ufana de haber conseguido X o Y evento para un país, o traer X o Y liga deportiva a una ciudad es porque éste no es económicamente rentable; si lo fueran, la Iglesia o la empresa privada lo hubieran organizado por sí mismos sin necesidad de fondos públicos. Estamos seguros por ejemplo que si la JMJ se hubiera organizado en los Estados Unidos o Francia, salvo en el tema de la seguridad, que es función del Estado, no sale un centavo de los impuestos para el evento… por algo no se hizo allá. Si gobernar bien un país es organizar eventos, bueno Grecia y el Brasil de Lula y Odebretch serían ejemplos de buenos gobiernos.

     

  • Tenemos una Agencia de Viajes

    El Presidente viajó a Rusia…. en una visita oficial, como diría el personaje Church Lady de Saturday Night Live, “¡qué conveniente!”  Es obvio que el presidente quería ir a ver el Mundial, y en lugar de ir con dineros de Odebretch como lo ha hecho alguien que hoy es reo, quiere ir con dineros del contribuyente, que es básicamente lo mismo pero de manera más directa. Porque en serio, ¿es tan importante ver a Putin en medio de un Mundial? ¿Visitar la tumba de una persona como Lenin? ¿Llamarlo un gran filósofo?  ¿Estaba el presidente de Panamá visitando la URSS o la República Rusa?  No tiene nada de malo visitar las momias en museos o santuarios, pero en una visita oficial visitar la tumba de Lenin es un gesto político que no va a pasar desapercibido.

    Lo que nos hace preguntarnos qué tiene en mente la Cancillería. Parece que tenemos Cancillería, pero no sabemos muy bien para quién funciona. Ciertamente no funciona ni para los empresarios del país, ni para el Partido Panameñista que a diferencia del PRD no está atado por la agenda internacional de la Internacional Socialista, ni para los funcionarios de la Cancillería. Funciona para el Presidente sin duda, quien parece que no quiere problemas con la OCDE y el GAFI, y desea viajar a lugares exóticos, pero no sabemos si funciona para alguien más.

    Veamos, visitar la tumba de Lenin…..

    Si lo hubiera hecho de manera privada, actuando como un turista más pero pagado por el contribuyente, no importa tanto. ¿Pero hacerlo de manera oficial y dando declaraciones favorables al muerto? Hubiera sido mejor decir que se visitaba una Momia.

    Estamos hablando de que se visitó la tumba de alguien que dio un golpe de estado contra una Asamblea Constituyente, financiado por dineros de una potencia extranjera, Alemania, contra la cual su país estaba en guerra. Que provocó una guerra civil que ganó gracias a su falta de escrúpulos en matar a 3 millones de campesinos de hambre para alimentar a su ejército; que creó una policía secreta, la Cheka aún peor que la zarista; que ordenó la ejecución de la familia imperial rusa, incluyendo a niños inocentes; que trató de evitar mediante la guerra la independencia de Polonia.

    Una persona que persiguió y encarceló a sacerdotes, monjas y rabinos. Una persona que siempre manifestó su desprecio por la democracia formal, y su amor por el centralismo. Una persona que bajo la excusa de la dictadura del proletariado, creó una dictadura de partido que luego heredó Stalin, un asesino aún peor que él. Como le dijo Martin Amis a Christopher Hitchens, cuando este último era trotskista, “sin duda te gustan los asesinos, porque tus ídolos Trotsky y Lenin eran asesinos, todos ellos eran asesinos de niños y monjas.” Una persona que no solo asesinó a zaristas conservadores, sino a liberales, a socialdemócratas, a anarquistas, o sea a todos los que no compartían su visión de la política y la historia.  Su lenguaje respecto a sus rivales era el de la epidemiología. Sus rivales o detractores no eran seres humanos, eran bacterias o parásitos para erradicar, no seres humanos con ideas que había que evaluar aunque sea para descartarlas. No vemos cual es el interés de nuestro presidente en visitar semejante personaje. Y la pregunta es, ¿dónde estaba la Canciller durante todo esto?

    Porque la Cancillería fuera de actuar como ente ejecutor de la OCDE y el GAFI, y de renunciar a su deber de proteger los derechos de panameños amenazados por la Lista Clinton, parece que no tiene nada claro que hacer, fuera de ser la agencia de viajes presidencial. ¿Realmente tiene que ir nuestro Presidente durante un Mundial a otro país a firmar acuerdos que bien pudieron firmar funcionarios de menor categoría?

    Si esto es así propongo algo.

    Que todas las firmas de acuerdos importantes se den durante eventos deportivos en el país donde se firman los acuerdos. O si el presidente es fanático de las artes, que se den durante festivales de cine, bienales de artes plásticas, o temporadas festivales de música. Así nuestro presidente podrá culturizarse mientras viaja con nuestro dinero. Y siempre podrá tener la excusa de que firmó un acuerdo de vuelos directos entre el país huésped y Panamá. En lugar de dejar que funcionarios de las respectivas autoridades, actuando mediante las respectivas embajadas lo hagan.

    Vamos, que uno de los privilegios del presidente debe ser viajar a costa del contribuyente.

     

  • El cantón suizo Sion rechaza ser sede de los JJ OO de Invierno para no malgastar los recursos públicos.

    Los votantes del cantón del Valais rechazaron la candidatura de Sion para los Juegos Olímpicos de Invierno en 2026 con más del 54% de los votos.

    La oposición al proyecto se centró en los temores de deficits presupuestarios. Los detractores a la candidatura argumentaron que un cantón económicamente débil como el Valais haría mejor en invertir  en sus calles, hospitales y en el sector social en general, que en financiar los Juegos Olímpicos.

    La pregunta del Referendum del 10 de junio se relacionaba «exclusivamente» con el compromiso que asumiría el cantón del Valais de tomar un crédito por 100 millones de francos para organizar los Juegos Olímpicos (60 millones para infraestructuras y 40 para seguridad).

    Evidentemente, es imposible organizar unos Juegos Olímpicos con solo 100 millones de francos. Se estima que el presupuesto total sería de 2.400 millones de francos suizos, confirmó recientemente el Director Financiero del Comité Sion 2026 a la televisión pública RTS. De este monto, el gobierno suizo aportaría casi 1.000 millones de francos, si el Parlamento le otorgaba su aval.

    El rechazo al proyecto fue más pronunciado entre los suizos de más de 65 años  que entre la población entre 18 y 34 años. Sobre todo el rechazo fue hacia la contribución estatal de 1.000 millones de francos (866 millones de euros) que el Gobierno había autorizado ya, ya que un 65 por ciento se pronunciaba en contra o más bien en contra de la aportación financiera a través de los contribuyentes.

    El importe comprometido, según el Gobierno, era en su mayor parte una garantía ante posibles déficits, pero aún así solo un bajo porcentaje de los suizos aceptó  la contribución federal.

    Los votantes del NO del cantón lo hicieron convencidos de que este certamen les costaría mucho más que el beneficio que podría haberles representado. El no al proyecto también fue motivado por la desconfianza al Comité Olímpico Internacional (COI). Su campaña se centró en «30 días de fiesta, 30 años de deuda».

    Los promotores de Sion 2026, por su parte, se apoyaban en la visibilidad que el evento daría a la región con el consecuente aumento del turismo. Argüían que la existencia de infraestructuras habría reducido al mínimo la necesidad de nuevas construcciones. Su campaña trató de imponer el: «Sion 2026, los juegos en el corazón de Suiza».

    Sin embargo, sus esfuerzos fueron vanos y la capital del Valais no será la capital olímpica en el invierno de 2026, como tampoco lo fue en intentos precedentes.

    Un NO de larga data

    Suiza, que se ve a sí misma como un paraíso para los deportes de invierno, donde sus atletas se destacan en varias disciplinas, no ha recibido los Juegos desde 1948. En nueve ocasiones, el pueblo arrancó la candidatura de raíz: Ya en Sion, en 1963, en Berna y Zúrich unos años después, en los Grisones en 1980 y 1986, en Lausana en 1988, en Berna en 2002, luego otra vez en los Grisones en 2013 y 2017. Esta era la quinta vez que la capital del Valais soñaba con acoger la justa olímpica.

    En 1970, los Juegos de Invierno de 1976 fueron atribuidos a Denver, que derrotó a Sion solo en la tercera ronda de votación, con 9 votos por delante (de 69). Pero dos años más tarde, el pueblo de Colorado, consultado mediante referéndum, rechazó una subvención a su capital. El COI recurrió en última instancia a Innsbruck, Austria, que había sido sede en 1964.

    En 1995, Sion volvió a perder ante una ciudad estadounidense para los Juegos de 2002, que se celebraron en Salt Lake City. La candidatura suiza ocupó el segundo lugar, igual que la de Östersund (Suecia), a 40 votos del ganador, en un contexto de escándalo por corrupción.

    En 1999, se produjo la sorpresiva victoria de Turín contra Sion para los Juegos de 2006. Según el nuevo procedimiento establecido por el COI, las dos ciudades permanecieron hasta el final de la contienda, y todos daban a Sion el triunfo, sin embargo, perdió por 36 votos contra 53. Este 10 de junio de 2018, finalmente, es el pueblo del Valais el que aborta la candidatura. Como en 1963.

    La pregunta que respondieron los valesanos el 10 de junio se relacionó «exclusivamente» con el compromiso que asumiría el cantón del Valais de tomar un crédito por 100 millones de francos para organizar los Juegos Olímpicos. La población dijo «no», y la aventura terminó ahí.  ¿El círculo está completo?

  • Tren al Oeste, la deriva socialista del actual gobierno.

    La gente habla de los países escandinavos como ejemplo de socialismo, pero no lo son. Son países capitalistas, con propiedad privada que se respeta, con facilidades para abrir e iniciar empresas, con libre mercado y libre competencia. Lo único en lo cual los escandinavos difieren de la ortodoxia anglosajona, es que tienen unos impuestos relativamente altos (aunque viéndolo bien, los impuestos de los países anglosajones son casi tan altos) que financian una red de gasto social amplia en temas como la salud, la vejez y la educación. Ojalá fuéramos “socialistas” a la escandinava en lugar de ser “capitalistas” a lo latinoamericano. Porque una de las características del verdadero socialismo es la propiedad pública de los medios de producción que no se da en los países escandinavos, salvo el petróleo Noruego, y sí suele darse en el “capitalismo” latinoamericano, donde las empresas más grandes de un país, usualmente las que más aportan a la economía suelen estar en manos del Estado.

    Panamá durante la época de los militares, inició un camino socialista desarrollista, donde se nacionalizaron los servicios públicos, y se crearon una serie de empresas estatales enormes, que supuestamente iban a conducir el país al primer mundo, cuando la empresa privada no lo había hecho. Por supuesto la mayoría de esas empresas estatales perdían dinero y tenían que ser financiadas al final por los impuestos que pagaban los ciudadanos. O sea que las empresas productivas privadas sostenían las empresas improductivas estatales eternamente, mediante los impuestos, impuestos que bien podían dedicarse a la seguridad, justicia, salud o educación. Un desperdicio de recursos limitados. Ese es el problema del socialismo, los medios de producción en manos estatales, han resultado mucho menos eficientes que los medios de producción en manos privadas, y la planificación centralizada ha resultado ser menos eficiente que el supuesto caos del mercado.

    Esa sangría de recursos públicos era insoportable a largo plazo, y de hecho hizo que la brecha entre ricos y pobres en Panamá se disparara, así que los gobiernos post dictadura empezaron a deshacerse de las empresas estatales. Primero, la administración Endara se deshizo de las empresas estatales que perdían dinero eternamente, esto sin mucha fanfarria. Luego, la administración Perez Balladares se deshizo de la mayoría de las empresas estatales que ganaban dinero, pero que requerían de una reinversión en recursos para mantenerse al día que Panamá no tenía. Le falto el IDAAN y las consecuencias las vemos hoy.

    En el siglo XXI las administraciones Moscoso y Torrijos detuvieron la tendencia a privatizar, pero siguieron la ruta trazada de que los medios de producción que mueven la economía de Panamá, salvo el Canal de Panamá deberían seguir en manos privadas. El cambio regresivo se inicia durante el Gobierno de Ricardo Martinelli; éste no solo tenía alergia a la palabra concesión y privatizar, sino que fue el primero en renacionalizar empresas privadas. Durante el gobierno de Ricardo Martinelli se nacionalizaron los servicios de autobuses en la ciudad capital, primero para darlos en concesión a una sola empresa colombiana y luego para que el estado asumiese directamente el manejo de esta empresa.  Luego se procedió a nacionalizar los corredores Norte y Sur, a un costo de aproximadamente mil millones de dólares, sin que esto añadiera un solo centímetro cuadrado de carreteras al país. Está claro que Ricardo Martinelli consideraba que un gobierno de empresarios no era un gobierno pro mercado, sino un gobierno donde el Estado era el empresario, un capitalismo de estado. Un socialismo sin las intenciones igualitarias. Y ésta política, con un discurso un poco más social e igualitario ha sido seguida por el actual gobierno.

    Un ejemplo, cuyos resultados podemos pagar por generaciones es el Tren al Oeste. De Panamá a Chiriquí. Un tren en sí no es mala idea, para transporte de carga por tierra a larga distancia es más barato que un camión. Mucho más barato. Articular un ferrocarril de Centroamérica a Arraijan o de Panamá hasta Medellín en Colombia sería un sueño económico. Un ferrocarril muy bien llevado tiene menor impacto ecológico que una carretera. Por eso sería ideal hacerlo por el Darién.

    El gobierno de China ha ofrecido a Panamá financiar un ferrocarril de Arraijan a David. El gobierno ha nombrado una comisión de alto nivel para analizar el tema (con gastos y presupuesto que ya comenzamos a pagar). Y por ahora parecieran que quieren hacer algo paralelo a la carretera Panamericana, con 17 paradas. Y orientado más al tránsito de pasajeros.

    Allí es donde está el problema, un tren de pasajeros usualmente no es tan viable económicamente, y suele ser subsidiado permanentemente, ya sabemos que los subsidios se comen el 90% de los ingresos del Canal de Panamá. En Asia y Europa existe la densidad de población para que los trenes de pasajeros sean viables, no la existe en Norteamérica, y por eso no hay trenes de pasajeros en los USA y Canadá salvo en parte del Noreste de los Estados Unidos, y aun así AMTRACK es sostenida por el estado. Panamá es uno de los países menos poblados de la región. Y casi toda la población se concentra en los municipios de Panamá/ San Miguelito, Arraiján/la Chorrera y Colón. Salvo David, los municipios del interior están mucho menos poblados.  Además la idea de un tren es que sea rápido. Los trenes suelen tener vías rectas, con viaductos entre montañas y túneles a través de ellas. Curvas muy amplias y larguísimas rectas. Un tren lechero que va a parar en cada municipio de la Panamericana, derrota la idea de tener una comunicación rápida entre la zona canalera y Chiriquí.

    Sería mucho mejor tener un tren de carga y pasajeros combinado, que pare en menos lugares, pero que estas estaciones sirvan para hacer conexiones con empresas de autobuses y camiones de carga que distribuyan a los pasajeros y las cargas por sitios cercanos. Por ejemplo una ruta Arraijan, Rio Hato, Aguadulce, Santiago, Tolé, David, sería más rápida y con la mitad de paradas que simplemente imitar a la carretera Panamericana. Y el énfasis del tren debe ser el transporte de carga, no de pasajeros. Claro que la vía férrea la podrán usar para ambas cosas. Esto en cuanto al diseño del proyecto.

    El otro problema es la naturaleza del mismo. Lo quieren ver como una empresa estatal política, subsidiada permanentemente, o como un negocio productivo? Si es un empresa política, bueno el tren lechero de pasajeros hace mucho sentido; si es un negocio productivo, menos paradas donde realmente están los negocios de carga y pasajeros sería más efectivo. Y lo mismo pasa con la administración y el financiamiento.

    Si es un negocio político, endeudarnos con los chinos, que no fían ni el mafá, para luego tener que subsidiarlo eternamente por varias generaciones, hace sentido, aunque esa deuda la paguemos de miles de maneras, y esos subsidios sean dinero público que no podremos usar en otras cosas.

    Si es un negocio productivo, bueno dar el tren en concesión y permitir eventualmente la competencia de rutas en concesiones distintas sería lo mejor. Total, los ferrocarriles en los Estados Unidos, en Argentina se iniciaron como empresas privadas. El ferrocarril de Panamá era una empresa privada hasta que los gringos la nacionalizaron y luego pasó a Panamá, que la volvió a privatizar. No vemos por qué no podemos hacer lo mismo en el caso del tren, con la opción de extender este tren hasta nuestras fronteras y más allá, a San José y a Medellín eventualmente.

    Pero esa parece no ser la visión de las últimas dos administraciones. Un ejemplo es el Aeropuerto Scarlet Martinez en Rio Hato. Desde la administración de Mireya Moscoso se había propuesto que para utilizar la pista capaz de albergar jets internacionales, se hiciera un túnel para que la carretera Panamericana pasara por debajo. Como esto tenía un costo, lo más sensato era otorgar en concesión el Aeropuerto de Rio Hato entero a un desarrollador de aeropuertos, que no solo hiciera el túnel, sino que además pudiera modernizar las terminales de pasajeros, instalar zonas libres, servicios aeronáuticos, terminales de autobuses, centros comerciales y crear una alternativa a Tocúmen de la misma manera que aeropuertos regionales en Europa se convierten en la alternativa de bajo costo a los aeropuertos en las capitales. Esto no le hubiera costa un centavo al fisco panameño. En su lugar, durante la administración Martinelli se eligió hacer el túnel y la terminal nueva a costo del Estado, para el ocasional vuelo chárter o privado.

    Parece que esa es la mentalidad que se mantiene en la administración siguiente. El estado empresario porque aparentemente el fisco lo puede todo y los recursos son infinitos, solo hay que cobrarlos.

    Esperemos que la comisión de alto nivel salga con ideas creativas y esté dispuesta a admitir que las soluciones privadas deben integrarse en el futuro ferrocarril para hacerlo un negocio viable, auto sostenible y que sea el país y no la administración de turno el que gane.

  • Cállense Mentecatos

    El ministro está furioso, porque Panamá en el 2018 está previsto que sea el país con más alto per cápita de América Latina, pero no le han hecho caso ni le han echado las flores que él piensa que se merece el gobierno actual. ¿Será en realidad porque no lo merece?

    Vamos a dejar en claro una cosa. Es poco lo que puede hacer un gobierno, por más de que los políticos vendan lo contrario, para levantar la economía de un país. Un gobierno no puede por sí solo hacer que la economía de un país florezca. Son los habitantes de un país los que levantan la economía del mismo. Un gobierno puede fijar los marcos correctos para que la actividad económica florezca, garantizar la seguridad de las personas y las actividades económicas, hacer cosas que hagan la economía más productiva como obras de infraestructura, garantizar el acceso a la educación y la salubridad. No puede garantizar el éxito de las actividades económicas en una economía compleja.

    Pero lo que si puede hacer el gobierno de manera muy fácil es destruir la economía; se está demostrando en Venezuela: basta con establecer controles de precios y de salarios irreales, basta con imprimir moneda sin respaldo y aumentar la masa monetaria, basta con debilitar los derechos de propiedad. Tratar de levantar una economía a punta de gasto público como hizo el gobierno de Ricardo Martinelli o está haciendo el gobierno actual tampoco es bueno. Se puede crear una burbuja, pero ese gasto público al final no es sostenible, porque sale o de los impuestos o sale de la deuda, que finalmente termina en forma de impuestos en el futuro. El precio de esa burbuja siempre va salir de sacar dinero de las actividades productivas de los particulares. Endeudar a un país no es mejorar su economía, es crear una burbuja. Y las burbujas tarde o temprano revientan. Recordemos a las economías latinoamericanas en los 80s con la crisis de la deuda o a Grecia recientemente. El crecimiento real es el que surge del ahorro y la inversión privada.

    Por eso el ministro no debe sorprenderse cuando la gente rehúsa darle crédito por los triunfos económicos de Panamá. Ya que por ejemplo, la vuelta a la estabilidad democrática fue un triunfo del quinquenio de Guillermo Endara, la reforma de la estatista economía heredara de los militares, fue un triunfo del quinquenio de Ernesto Pérez Balladares. Y fue ralentizada durante el quinquenio perdido de Mireya Moscoso. Pese a eso, desde los últimos años de ese quinquenio, a partir del 2003 para ser exactos, que la economía panameña empieza a crecer, llegando a tasas de crecimiento superiores al 6 o 7% durante el gobierno de Martín Torrijos. Todo eso sin que la deuda pública aumentara.

    Durante el gobierno de Ricardo Martinelli, esta tendencia se disparó, ya que al crecimiento de la empresa privada y a la inversión extrajera directa, el gobierno Martinellista sumó grandes dosis de gasto público sufragado por deuda. Lo que hizo que Panamá tuviera niveles de crecimiento económicos chinos, superiores al 10% anual. Aunque ya para el 2013 estos niveles empezaban a decrecer.

    La gran diferencia entre el quinquenio Martinelli y el quinquenio Torrijos es que mientras que con Torrijos el crecimiento se debía a la inversión privada, local y extranjera, en el quinquenio Martinelli ésta tenía un importante elemento de gasto público y deuda pública. La relación deuda /PIB seguía siendo buena, pero recordemos que el PIB tiene la trampa de incluir en él gasto público, el cual crecía alimentado por esa misma deuda contra la cual lo comparamos. Así que ese crecimiento exagerado durante el quinquenio Martinelli tenía elementos de burbuja artificial. Y no era sostenible. Lo peor es que el gasto público quitaba recursos a la empresa privada, creaba inflación y permitía aumentos artificiales de salarios. Para el 2013, al bajar el gasto público, este crecimiento empezaba también a bajar como ya hemos dicho. No era algo indefinidamente sostenible.

    Lo que nos lleva al quinquenio actual que no ha terminado. Difícilmente puede reclamar el gobierno de Juan Carlos Varela crédito por el actual nivel per cápita de Panamá cuando esto ya había sido predicho por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hace años. Y es el producto de decisiones tomadas mucho tiempo antes. Como el eliminar el Banco Central en 1904, las leyes de abanderamiento de naves y de sociedades en las primeras décadas de la República, la creación del centro bancario en los 1970s. Y por supuesto todas las medidas políticas y económicas tomadas en los 1990s. Panamá creció de manera continua desde 1990 hasta el 2001, y del 2003 hasta nuestros días, la recesión del 2008 solo ralentizó el crecimiento un año. Pero a diferencia de otros países nunca entramos en recesión. Hemos crecido desde el 2003 hasta nuestros días.

    Cuando un auto va a velocidad, y se le daña el motor, todavía puede seguirse moviendo un tiempo por inercia a menos que alguien aplique los frenos. Lo mismo pasa con la economía de Panamá. Cuando tiene impulso desde hace más de 15 años, aunque se pongan los frenos, no se va a frenar de golpe, se puede tratar de frenarla, y sin embargo, se mueve.

    Porque vamos, el gobierno actual ha seguido con una política de aplicar frenos al crecimiento, siguiendo las políticas del gobierno anterior pese a una distinta situación económica. Se ha seguido endeudando al país, ya no tanto para financiar obras, sino para sufragar gastos corrientes y subsidios, algo insostenible en el tiempo. Se han rendido a las presiones de la OCDE a cambio de nada, y sin buscar alternativas a los negocios que se pierden en el país, cuando otros países han reemplazado sus ofertas de servicios por otras. Han seguido la política de aumentos irreales del salario mínimo, lo cual es un estímulo a que las empresas se automaticen, llevando a una situación en la cual el desempleo aumenta pese a que el crecimiento económico sigue estable, y convenientemente se le echa la culpa a los inmigrantes extranjeros. Se ha aumentado el peso y costo de la burocracia a la hora de formalizar trámites, pagar impuestos o inscribirse en el Seguro Social. Y los problemas estructurales más profundos como la falta de un Órgano Judicial independiente, confiable, y rápido, o un buen sistema educativo siguen sin atenderse, o el hecho que existan grandes disparidades de ingresos entre amplios sectores de la población. En otras palabras, es poco lo que el gobierno actual ha hecho para garantizar el crecimiento económico, el cual más bien se ha dado pese a las políticas del gobierno actual. Simplemente vivimos de la inercia positiva de gobiernos pasados. O de nuestra misma base institucional.

    Así que no nos llamen mentecatos cuando rehusamos en dar crédito a un gobierno por los resultados de nuestro diseño institucional y pese a, más que debido a, las políticas menos intervencionistas de gobiernos anteriores.