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  • Por qué la ‘noviolencia’ es más efectiva, aunque vivamos en un mundo violento

    Vivimos inmersos en un mundo y una cultura que legitiman la violencia. Gaza, Ucrania y el rearme de Europa son sus máximas expresiones visibles. Aunque no podemos olvidar otros lugares del planeta que la padecen y parecen invisibles. Sudán, Myanmar o la República Democrática del Congo entran en esa categoría. Frente a estas realidades, ¿es la resistencia noviolenta efectiva en un mundo violento? El término “noviolencia” fue utilizado por Gandhi. Su origen está en la palabra sanscrita ahimsa, que significa privación total del deseo de violencia. Representa una respuesta frente a escenarios sociopolíticos violentos complejos. Una salida solidaria y con visión constructiva de futuro ante el conflicto. No es un concepto aceptado universalmente, ya que no hemos sido capaces de crear una palabra que refleje su auténtica riqueza.

    Hablar de resistencia noviolenta puede sonar utópico o simplemente ingenuo, sobre todo cuando los conflictos son muy graves o el “enemigo” ya ha comenzado a utilizar la violencia. Pero ¿qué nos dicen los estudios recientes al respecto?

    Las investigaciones de las profesoras Erica Chenoweth y Maria J. Stephan desmienten la creencia popular a favor de la violencia. Sus trabajos muestran que las campañas de resistencia noviolenta han sido “históricamente más eficaces en la consecución de sus objetivos que las campañas de resistencia violenta”.

    No solo Gandhi y Luther King Jr.

    “Esto ha sido así incluso en condiciones en las que la mayoría de la gente esperaría que la resistencia noviolenta fuera inútil”, señalan las mismas investigadoras.

    Pocas personas conocerán estas herramientas pacíficas, más allá de las referencias a algunos personajes históricos, como Gandhi o Martin Luther King Jr.

    A excepción de activistas altamente comprometidos con la noviolencia y académicos e investigadores de la misma, el público en general no ha tenido la oportunidad de conocer, por ejemplo, el informe del profesor e investigador Felipe Daza. Este fue realizado entre febrero y junio de 2022 y nos muestra 235 acciones de resistencia civil noviolenta en Ucrania frente a la invasión rusa.

    Mapa de la disidencia ‘noviolenta’ en Ucrania

    La investigación del profesor Daza incluye un mapa interactivo donde se recogen estas acciones y su marco geográfico. Boicots a empresas multinacionales, pintadas de protesta, actos simbólicos, plantones de empleados públicos, desobediencia civil o intervenciones en las comunicaciones del ejército ruso son algunas de las actuaciones que localiza el informe.

    Otro tanto sucede con la publicación Confrontando el Califato, liderada por el profesor Isak Svensson, sobre la extendida y diversa resistencia noviolenta frente al Estado Islámico.

    Gene Sharp documentó 198 métodos de acción noviolenta en la obra ya clásica titulada De la dictadura a la democracia. Michael A. Beer completó el trabajo de Sharp, llegando a registrar 346.

    Frente a mitos e ideas preconcebidas, estas referencias prueban que no estamos hablando ni de algo pasivo ni limitado a manifestaciones o simples buenas intenciones y discursos. La noviolencia posee todo un compendio de estrategias, tácticas, métodos y herramientas eficaces.

    Existe un cuerpo de conocimiento teórico y práctico cada vez más amplio y una creciente investigación empírica en la que apoyar dicho conocimiento. Este cuerpo se suma a la historiografía, filosofía y teología existente de la noviolencia. Su enseñanza en las escuelas y universidades contribuiría a cambiar el imaginario colectivo sobre la violencia y la noviolencia.

    La rica historia de la ‘noviolencia’

    Los estudiantes deberían poder conocer y reflexionar sobre las experiencias de noviolencia en el pasado. Por ejemplo, las huelgas de profesores en Noruega para impedir la implantación del currículum nazi en las escuelas durante la Segunda Guerra Mundial o el activismo People Power en Filipinas, frente a la dictadura en los años ochenta. Sin olvidar el movimiento serbio Otpor, que desembocó en la caída de Milošević en el año 2000.

    Otras experiencias son más actuales, pero igualmente relevantes. Es el caso de la lucha pacífica por las personas desaparecidas en El Salvador, México y otros países latinoamericanos o la resistencia noviolenta frente al fraude electoral en Venezuela.

    En el clima actual de belicismo, donde la guerra y la violencia parecen inevitables, resulta especialmente necesario exponer este conocimiento, así como la efectividad de las estrategias y herramientas de noviolencia al alcance de la población en general y de quienes toman las decisiones en materia de seguridad y defensa en particular.

    Hacer lo contrario significa trabajar de espaldas al conocimiento y dejarnos guiar por un pensamiento de carácter precientífico, mitológico, sobre la guerra y la violencia.

    Testimonio militar a favor de la noviolencia

    El capitán Daniel Moriarty, oficial de operaciones especiales de asuntos civiles con experiencia en Afganistán y el Golfo Pérsico, señalaba ya en 2022 cómo se “infravalora enormemente la utilidad que puede ofrecer la resistencia civil noviolenta”.

    “A pesar de sus tasas de éxito, históricamente superiores a las de la resistencia armada o las campañas insurgentes, ocupa un espacio marginal en las publicaciones militares sobre resistencia”, señala en un artículo sobre la guerra de Ucrania publicado por The Civil Affairs Association.

    La evidencia científica desmiente la creencia popular: las estrategias y herramientas de la resistencia noviolenta son más efectivas que la utilización de recursos violentos. Sin embargo, vivimos en un mundo violento. Precisamente por ello, no tener en cuenta las aportaciones de la noviolencia representa un error.The Conversation

    Nicolás Paz Alcalde, Profesor Asociado. Mediador, Universidad Pontificia de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • “Costo Neutro”: ¿Puerta trasera a la pérdida de la neutralidad del Canal?

    ¿Puede Panamá compensar el pago de peajes de buques estadounidenses como parte de una fórmula de “costo neutro” sin comprometer su marco jurídico internacional.?

    La política exterior del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se caracteriza por un enfoque abiertamente transaccional, donde el poder duro reemplaza al poder blando como herramienta diplomática. Su lema “Make America Great Again” se traduce en una agresiva renegociación de tratados, una visión utilitaria de las relaciones internacionales y el desprecio por instituciones multilaterales que limitan los intereses estratégicos de Washington.

    Trump ha dejado claro que su doctrina “America First” no reconoce obligaciones globales si no se traducen en beneficios tangibles y unilaterales para Estados Unidos. En esa lógica caben propuestas como la compra de Groenlandia, su proyecto inmobiliario en la Franja de Gaza, el intento de apoderarse de las tierras raras de Ucrania y su amenaza de retomar el control del Canal de Panamá, bajo el argumento de que “fue un regalo de EE.UU. que no está siendo debidamente respetado”.

    En ese contexto, la propuesta de implementar un esquema de “costo neutro” entre Panamá y Estados Unidos para el tránsito de buques de guerra estadounidenses por el Canal genera una legítima preocupación nacional e internacional. Bajo este mecanismo, los peajes que deberían ser pagados por dichas embarcaciones serían compensados indirectamente por Panamá mediante la prestación de servicios de seguridad por parte de Estados Unidos.

    Aunque la medida podría presentarse como parte de la cooperación bilateral en defensa del Canal, su implementación violaría el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá de 1977, tanto desde una interpretación jurídica como desde su práctica histórica. Veamos por qué:

    Violación del Principio de Neutralidad

    1. Igualdad de condiciones (Artículo II): El Tratado exige que el Canal esté abierto “a los buques de todas las naciones en condiciones de entera igualdad”, lo que abarca no solo el acceso físico, sino también las condiciones económicas, operativas y administrativas. Cualquier esquema que beneficie económicamente a una nación sobre otras rompe este equilibrio.

    2. Prohibición de exenciones (Artículo III): Establece que todos los buques, incluidos los militares, deben pagar peajes, sin discriminación por bandera, tipo o carga. Un esquema de “costo neutro” que compense solo a EE.UU. equivale a una exención disfrazada, incompatible con el texto y el espíritu del tratado.

    3. Condiciones de cooperación (Artículo V): El tratado sí permite la cooperación en defensa entre Panamá y EE: UU., pero establece dos límites clave:

    • Dicha cooperación no puede estar vinculada a temas tarifarios ni dar lugar a contraprestaciones económicas relacionadas al tránsito.

    • Toda cooperación debe ser transparente y no generar privilegios operativos o financieros para una nación en particular.

    Riesgo de discriminación y conflicto internacional

    Aceptar un esquema de “costo neutro” exclusivo con Estados Unidos implicaría una ventaja económica para una sola potencia y podría provocar reclamos por trato desigual de parte de otras naciones con presencia naval en la región como China, Rusia, Francia o Reino Unido. La neutralidad no es solo una obligación para Panamá, sino un compromiso multilateral frente a la comunidad internacional.

    Un trato preferencial, aunque sea indirecto, puede abrir la puerta a:

    • Demandas internacionales por violación de principios de igualdad.

    • Represalias diplomáticas o económicas.

    • La erosión del prestigio y la credibilidad del régimen de neutralidad, que Panamá ha logrado consolidar con esfuerzo desde que asumió el control del Canal.

    En resumen, Panamá no puede compensar el pago de peajes de buques estadounidenses como parte de una fórmula de “costo neutro” sin comprometer su marco jurídico internacional. Cualquier arreglo que implique reembolsos, créditos cruzados, condonaciones implícitas o contraprestaciones por servicios de seguridad debe ser evaluado con extrema cautela, pues puede interpretarse como una subvención encubierta, trato preferencial hacia una potencia específica, o corresponsabilidad operativa prohibida en los tratados.

    La única vía jurídicamente aceptable para una cooperación en materia de seguridad entre Panamá y Estados Unidos es que se realice fuera del régimen tarifario del Canal y mediante acuerdos bilaterales autónomos, ya sea de carácter diplomático, financiero o institucional que no interfieran con las reglas de neutralidad.

    El Canal de Panamá es más que una infraestructura: es un símbolo de soberanía, legalidad y equidad. Su neutralidad no debe ser moneda de cambio en ninguna transacción.

  • Trump y China: ambigüedad estratégica en tiempos de incertidumbre

    La política exterior del presidente Donald Trump en su segundo mandato parece definida por una paradoja desconcertante: un tono sorprendentemente cordial hacia China, contrastado con acciones cada vez más hostiles por parte de su Administración. En su análisis publicado en El Mundo, el historiador Niall Ferguson desentraña esta ambigüedad, advirtiendo que podría tener consecuencias geoestratégicas de gran calado.

    Durante la campaña electoral, Trump prometió imponer aranceles del 60% a los productos chinos. Sin embargo, ya instalado nuevamente en la Casa Blanca, su retórica se ha suavizado, e incluso se refiere a Xi Jinping como un “buen amigo”. Lejos de anunciar una distensión real, este giro retórico convive con un endurecimiento tangible de la política comercial y tecnológica hacia Pekín: mayores aranceles, más restricciones a empresas chinas y una escalada en la competencia por la supremacía digital.

    Ferguson interpreta esta contradicción como una forma de realismo estratégico. Estados Unidos, enfrentado a retos simultáneos en Europa del Este, Oriente Medio y Asia-Pacífico, busca evitar un conflicto directo con China a corto plazo. La hipótesis es clara: si Washington logra un acuerdo con Pekín para estabilizar el Pacífico, podría concentrarse en otros frentes, como contener a Rusia o desactivar tensiones con Irán.

    No obstante, Ferguson alerta de los riesgos de esta lógica. Al igual que Nixon en los años 70, Trump parece confiar en que es posible separar a China de Rusia. Pero las circunstancias actuales no permiten tal jugada con la misma facilidad. Los vínculos entre Xi y Putin son hoy más sólidos y estratégicos que nunca. Apostar por un deshielo con Pekín mientras se rehabilita a Moscú podría dejar a EE.UU. sin apoyos fiables ni disuasión efectiva ante una eventual crisis en Asia.

    Taiwán es, precisamente, el punto neurálgico de esa potencial crisis. La Administración Trump ha intentado rebajar el tono, pero China continúa fortaleciendo su arsenal y capacidad de intimidación. Ferguson sugiere que Pekín podría optar por un “bloqueo blando” de la isla, una provocación que pondría a prueba los límites de la respuesta occidental. A ello se suma la preocupante escasez de recursos militares estadounidenses: falta de misiles, de reservas industriales y de logística suficiente para sostener un conflicto prolongado.

    La ambigüedad estratégica, que durante décadas funcionó como doctrina respecto a Taiwán, se extiende ahora a toda la relación con China. El peligro radica en que esa ambigüedad —un intento de disuasión mediante la incertidumbre— ya no parece ser efectiva. Xi Jinping podría interpretar las señales mixtas como una oportunidad, no como una amenaza.

    Ferguson concluye que Estados Unidos debe aclarar su postura o arriesgarse a una confrontación mal calculada. En un mundo donde la percepción de debilidad puede ser tan decisiva como la fuerza real, la coherencia estratégica ya no es un lujo: es una necesidad

  • Cómo negociar con Trump: olvide los principios y aprenda a hablar el lenguaje de los negocios

    En cualquier negociación, es fundamental comprender el estilo de la otra parte. El conflicto de Ucrania, y especialmente la acalorada discusión entre los presidentes Trump y Zelenski en el Despacho Oval, ha revelado una desconexión crítica entre las dos administraciones.  Volodímir Zelenski calificó de “lamentable” el enconado enfrentamiento con el presidente Trump y el vicepresidente J. D. Vance y escribió a Trump para decirle que estaba dispuesto a negociar. Pero el presidente ucraniano y sus aliados europeos han enfocado las conversaciones desde una posición basada en principios. En términos de estilo de negociación, esto significa que tienden a enfatizar los mecanismos multilaterales, como la toma de decisiones colegiada, la construcción de relaciones a largo plazo y la sensibilidad cultural.

    Trump es un hombre de negocios y opera desde un paradigma de negociación fundamentalmente diferente. Por desgracia, esta falta de alineación tiene implicaciones significativas para la posición estratégica de Ucrania y para la seguridad europea.

    Una investigación que mis colegas y yo llevamos a cabo, comparando los estilos de negociación de EE. UU. e Italia, ha demostrado que los negociadores estadounidenses suelen utilizar un enfoque más competitivo y transaccional. Pueden parecer unilaterales o dominantes, pero también son expertos en conectar diferentes partes de un acuerdo y negociar concesiones entre diferentes cuestiones para lograr sus objetivos.

    Trump, sin embargo, combina esto con tácticas altamente competitivas y retórica emocional. A diferencia de los típicos negociadores estadounidenses, que se cree que evitan la expresión emocional, como muestra nuestro estudio, Trump utiliza la ira y la confrontación para dominar las discusiones y controlar las narrativas.

    Enmarca las negociaciones en términos de suma cero, en los que cada acuerdo debe tener un claro ganador y un claro perdedor. Esto refuerza su imagen pública de líder fuerte.

    Y lo más importante, Trump parece negociar de forma selectiva. Solo entra en las discusiones cuando cree que tiene la posición más fuerte.

    Nuestro trabajo muestra que los estadounidenses dan prioridad a los resultados finales y utilizan tácticas competitivas cuando se perciben a sí mismos en posiciones de poder.

    Trump ejemplifica este enfoque, pero añade sus propios elementos distintivos: presión emocional, postura pública y un compromiso inquebrantable con sus posiciones hasta que surja una alternativa más favorable.

    El error de cálculo de Zelenski

    El principal error de negociación del presidente Zelenski ha sido intentar entablar una negociación basada en principios con una contraparte que favorece la realización de acuerdos transaccionales. Cuando el líder ucraniano apela a los principios democráticos, la integridad territorial y el derecho internacional, está hablando un lenguaje de negociación que Trump no entiende.

    La investigación clásica sobre negociación sugiere que Zelenski debería haber estructurado las negociaciones en torno a los intereses económicos de EE. UU. en lugar de la unidad occidental o los imperativos morales.

    Trump ha dejado claro que protegerá a Ucrania y Europa solo en la medida en que sirva a estos intereses económicos. Zelenski está negociando desde una posición de dependencia (Ucrania necesita ayuda para sobrevivir). Por lo tanto, la clave es hacer que el acuerdo sea atractivo para la parte más fuerte y, al mismo tiempo, proteger sus propios intereses.

    En nuestro estudio, también descubrimos que los negociadores italianos suelen hacer hincapié en el compromiso emocional, tratando a sus homólogos como colaboradores en lugar de adversarios. Tienden a centrarse en los intereses mutuos y su enfoque equilibra las consideraciones técnicas con las relaciones humanas.

    Se basa en principios como los valores liberales y el cumplimiento de las normas internacionales. Esto concuerda con otros hallazgos sobre la evolución de los estilos de negociación dentro de la UE.

    Y esta estrategia prospera en contextos multilaterales y multiculturales, donde se priorizan los valores compartidos y la creación de consenso.

    Pero tal enfoque puede ser ineficaz contra las tácticas de confrontación y de poder de Trump. El compromiso emocional puede ser malinterpretado como una debilidad, y los enfoques basados en el consenso fracasan cuando la contraparte insiste en dominar.

    El orden mundial liberal parece no estar preparado para negociar al nivel de Trump. Sigue esperando discusiones racionales basadas en intereses, en lugar de confrontaciones cargadas de emociones.

    La experiencia de la UE en la negociación del Brexit proporciona una plantilla relevante para abordar el conflicto de Ucrania. El nombramiento de Michel Barnier como negociador jefe, respaldado por un bloque de 27 naciones, resultó eficaz a pesar del escepticismo inicial.

    Un enfoque similar podría funcionar para Ucrania. Nombrar a un negociador jefe con autoridad y un mandato claro podría tener éxito. Barnier, el economista y ex primer ministro italiano Mario Draghi o la excanciller alemana Angela Merkel son candidatos obvios. Esta estructura podría neutralizar la preferencia de Trump por los acuerdos individuales basados en el poder y forzar las negociaciones en términos más alineados con los intereses europeos.

    Europa debe replantearse la fórmula de negociación con Trump

    Pero para involucrar a Trump, los líderes europeos y ucranianos deben replantear su enfoque.

    En primer lugar, las propuestas deben presentarse en términos de beneficios económicos. El presidente estadounidense da prioridad al comercio, al empleo y a las oportunidades de negocio por encima de la seguridad o los argumentos morales. El panorama de la negociación debe hacer hincapié en la distribución real de la ayuda a Ucrania, destacando que las naciones europeas han proporcionado colectivamente un apoyo financiero y humanitario sustancial.

    En segundo lugar, los datos objetivos y los argumentos basados en el poder son mejores que los llamamientos morales. Las evaluaciones del impacto económico y los cálculos estratégicos resonarán con más eficacia que el razonamiento basado en principios.

    En tercer lugar, las tácticas competitivas deben ir acompañadas de una confrontación controlada. El compromiso emocional debe ser estratégico, reforzando un posicionamiento firme pero pragmático en lugar de parecer defensivo.

    Por último, los escenarios en los que todos ganan permitirán a Trump cantar victoria. El mandatario norteamericano negocia para ganar, y los acuerdos deben permitirle declarar su éxito personal frente a sus propios partidarios.

    El camino a seguir requiere una adaptación estratégica, no un atrincheramiento ideológico. Zelenski y los líderes europeos deben reconocer que negociar con Trump exige comprender su enfoque de las relaciones internacionales, que tal vez favorezca el pragmatismo sobre el idealismo.

    Una idea crucial de investigaciones anteriores sobre el comportamiento negociador de Trump es esta: rara vez da marcha atrás explícitamente, pero con frecuencia gira hacia nuevos objetivos cuando estos se vuelven más atractivos. Esto debería inspirar a los líderes europeos a desarrollar alternativas atractivas que sirvan tanto a los intereses de Trump como a las necesidades de seguridad de Europa.

    Después de décadas de negociadores comerciales aprendiendo de los políticos, ahora nos enfrentamos a una realidad inversa: los negociadores políticos deben aprender de las tácticas comerciales.

    En el ámbito de la seguridad internacional, donde hay mucho en juego, comprender el estilo de negociación de la otra parte no es solo una buena práctica, sino que puede ser esencial para sobrevivir. Las lecciones del primer mandato de Trump sugieren que las posturas basadas únicamente en principios no garantizarán los intereses ucranianos o europeos. La negociación pragmática (basada en principios) ofrece un camino más prometedor.The Conversation

    Andrea Caputo, Professor of Strategy & Negotiation, University of Lincoln

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El dilema liberal según Sorman.

    El dilema liberal de Guy Sorman plantea una reflexión clave sobre la relación entre el liberalismo y los líderes políticos que, en su nombre, buscan reducir el tamaño del Estado. En su análisis, Sorman destaca la paradoja de que figuras como Donald Trump y Javier Milei, a pesar de defender la modernización estatal y la eficiencia económica, terminan asociando el liberalismo con actitudes autoritarias, extremas y divisivas. Este fenómeno, argumenta, podría llevar a una reacción adversa que desprestigie la causa liberal y facilite el retorno de modelos intervencionistas.

    Uno de los puntos centrales del análisis de Sorman es la diferencia fundamental entre el sector privado y el Estado. Mientras que las empresas están sujetas a la competencia y la necesidad de generar beneficios, el Estado, según él, no enfrenta los mismos incentivos de eficiencia. Sin embargo, esta comparación simplista omite un aspecto clave: el objetivo del Estado no es generar rentabilidad, sino proveer bienes y servicios públicos esenciales que el mercado no puede garantizar de manera equitativa. Por ello, la eficiencia en la administración pública debe evaluarse no solo en términos de costos, sino también en función de su capacidad para garantizar derechos y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

    Sorman también plantea una crítica a la forma en que Trump y Milei implementan sus políticas. Si bien sus ideas sobre reducir el Estado pueden ser válidas en algunos aspectos, el problema radica en su ejecución: el desmantelamiento abrupto de instituciones sin una estrategia de transición clara, el desprecio por el consenso democrático y la polarización extrema. Sorman señala que, en su afán de eliminar lo que consideran excesos estatales, estos líderes terminan enfrentándose a una oposición feroz que puede poner en riesgo la estabilidad del país e incluso derivar en un resurgimiento de políticas estatistas como reacción.

    Un punto especialmente relevante es la advertencia de Sorman sobre los precedentes históricos en América Latina. La región ha vivido procesos de reformas económicas impuestas por gobiernos autoritarios, lo que ha generado una asociación entre liberalismo y represión. Este riesgo no es menor: si las reformas económicas no van acompañadas de un fortalecimiento institucional y un respeto irrestricto por las reglas democráticas, el resultado puede ser una deslegitimación completa del liberalismo y una puerta abierta para proyectos populistas que prometan restaurar derechos socavados.

    Sorman ofrece una tercera vía ante el dilema liberal: la posibilidad de implementar reformas liberales sin caer en la agresión política o el desprecio por el diálogo democrático. Aquí menciona el caso de líderes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes, con distintos matices, lograron aplicar reformas sin generar el nivel de rechazo que hoy enfrentan Trump y Milei. Esto implica que el liberalismo no está condenado a la polarización, pero requiere de un liderazgo que entienda la importancia de la pedagogía política y el consenso social.

    En conclusión, el dilema que plantea Sorman no es menor. Si el liberalismo se asocia con el caos, la exclusión y el atropello institucional, su destino será la marginalidad y el resurgimiento de modelos opuestos. La pregunta es si habrá liderazgos capaces de aplicar reformas con sensatez o si, por el contrario, los excesos actuales terminarán por destruir la credibilidad de su propia causa.

     

  • ¿Cuál debe ser la respuesta europea ante la encrucijada de Ucrania?

    La Unión Europea sufre, aunque injustamente: aportó a Ucrania y dejó la energía rusa, pero abandonó su defensa y Trump decide sin ella.

    Los acontecimientos del pasado fin de semana han dejado en muchos observadores la sensación de estar viendo el drama de la Historia desarrollarse ante sus ojos. El contenido de los discursos pronunciados por el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en el cuartel general de la OTAN, en Bruselas, y en la Conferencia de Seguridad de Múnich, respectivamente, eran esperados y esperables en su fondo, pero han sido demoledores en la forma: una reprimenda sin paliativos a sus socios y aliados europeos.

    Las consecuencias prácticas de ambos discursos están aún por verse del todo, y pueden llegar a cambiar el curso de la historia. Cualesquiera que sean, es innegable a estas alturas que el vínculo transatlántico ha sufrido un daño considerable.

    Estados Unidos parece que ya no está dispuesto a cubrir incondicionalmente las espaldas de Europa, y que la garantía de seguridad que extiende al continente desde 1945 dependerá ahora de que los aliados satisfagan los requerimientos impuestos desde Washington; una relación asimétrica en la que todo tiene un precio.

    ¿Decadentes e inoperantes?

    El tenor de ambos discursos manifiesta con toda crudeza el poco respeto que EE. UU. dispensa a sus socios europeos, a quienes considera decadentes e inoperantes; la visión netamente realista y transaccional que Donald Trump tiene sobre las relaciones exteriores, obviando que la presencia estadounidense en Europa responde, ante todo, a la necesidad de satisfacer sus intereses geoestratégicos; y las tristes realidades de la indefensión europea ante las amenazas que sobre ella se ciernen, y de que, si no reacciona, está condenada a la irrelevancia, si es que no está ya plenamente instalada en ella.

    La reunión de países europeos organizada apresuradamente en París, con su liturgia de quejas de los no convocados y de diferencias sobre el papel europeo en esta grave circunstancia, no hace sino hurgar en la herida.

    Un enano militar

    No faltará quien considere que Europa cosecha hoy lo que ha sembrado a lo largo de varias décadas ignorando las demandas de una defensa digna de tal nombre. Europa optó por convertirse en un enano militar y, consecuentemente, el presidente Trump ha decidido ahora, porque puede hacerlo, dirimir el futuro de Ucrania bilateralmente con Rusia y sin tener en cuenta ni a Ucrania ni al continente.

    Tal visión no está exenta de mérito, pero es injusta en este caso concreto porque, con todas las limitaciones que se quiera, la asistencia financiera y material europea a Ucrania no ha sido menor, y porque el continente ha debido hacer un importante esfuerzo –del que Estados Unidos se ha beneficiado– para reducir su dependencia de los recursos energéticos rusos.

    Además, la cuestión que se dirime le afecta directamente, toda vez que convive con Rusia en Eurasia sin poder beneficiarse del foso protector del Atlántico.

    Negociaciones sobre Ucrania pero sin Ucrania

    Las negociaciones no han hecho sino comenzar y sus contornos son aún imprecisos. La idea de desplegar en Ucrania una fuerza multinacional europea para mantener la paz parece abrirse paso como una de las demandas que Trump podría hacer a sus socios.

    Si, finalmente, Rusia aceptara tal despliegue, probablemente los europeos aceptarían la decisión para no indisponer más a Estados Unidos. Hacerlo, sin embargo, requiere aclarar antes aspectos cruciales como el de la necesidad de contar con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, donde, no se olvide, Gran Bretaña y Francia tienen derecho de veto; o los de la misión específica que deberán cumplir las fuerzas, las condiciones para el uso de la fuerza o la situación final deseada para proceder al redespliegue.

    La fuerza, además, debería contar con un sistema robusto de mando y control, y de capacitadores esenciales como comunicaciones, inteligencia o defensa aérea. Finalmente, tendría que disponer de una reserva potente, y del respaldo creíble de otros medios para disuadir a Rusia de atacar u hostigar a las fuerzas desplegadas en Ucrania. Todo ello, hoy por hoy, hace imprescindible una contribución norteamericana mínima.

    Prepararse para el peor de los escenarios

    Aceptar el despliegue sin una respuesta satisfactoria a estas cuestiones entraña aceptar importantes riesgos: ¿qué pasa si, por ejemplo, un miembro de la OTAN es atacado por Rusia?

    La de participar es una decisión soberana de cada uno de los países europeos afectados quienes, en aras de su propia seguridad, no deberían cejar en su demanda de tener una voz en la toma de decisiones que tan gravemente les afectan.

    La llegada de Trump ha abierto un paréntesis que puede cerrarse, retornando a la normalidad, cuando concluya su mandato. Europa debe prepararse, no obstante, para el peor de los escenarios; considerar que las relaciones transatlánticas ya nunca volverán a ser como antes; y hacer, de la necesidad, virtud, avanzando en la dirección de lograr una auténtica autonomía estratégica de la mano de la OTAN que, a pesar de los pesares, sigue siendo vital para la seguridad continental.The Conversation

    Salvador Sánchez Tapia, Profesor de Análisis de Conflictos y Seguridad Internacional, Universidad de Navarra

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El verdadero peligro para la democracia: Elon Musk y la era de los superricos

    En su reciente artículo publicado en ABC, Guy Sorman plantea una reflexión provocadora: el verdadero peligro para la democracia no es Donald Trump, sino la creciente influencia de los superricos, con Elon Musk como símbolo de esta nueva casta. Según Sorman, Trump, pese a su retórica populista y sus impulsos extravagantes, es un líder cuya capacidad de acción se ve limitada por las instituciones estadounidenses. Por el contrario, figuras como Musk representan una amenaza más insidiosa, ya que acumulan un poder sin precedentes sin estar sujetas a los mecanismos tradicionales de control y equilibrio.

    Trump ha sido, y posiblemente será de nuevo, un presidente ruidoso, pero no necesariamente efectivo en la toma de decisiones. Su primer mandato estuvo marcado por una gran presencia mediática, pero pocas acciones concretas. La única excepción notable, señala Sorman, fue la rápida financiación de la vacuna contra la COVID-19, una medida que, paradójicamente, el propio Trump evita destacar para no alienar a su base antivacunas. En este sentido, su segundo mandato no supondría una desviación significativa del primero: su poder estará limitado por la estructura institucional de Estados Unidos y las propias fuerzas militares, que, como Sorman recuerda, tienen la obligación de rechazar órdenes ilegales.

    El verdadero foco de preocupación, argumenta el autor, debe dirigirse hacia la creciente concentración de poder en manos de los superricos. Estos magnates, impulsados por la globalización y la digitalización, han acumulado fortunas colosales sin aportar necesariamente innovaciones revolucionarias. Elon Musk, por ejemplo, no inventó el coche eléctrico, sino que adquirió y potenció una empresa que ya estaba desarrollándolo. A diferencia de Bill Gates, cuyo impacto en la informática fue transformador, Musk se ha beneficiado de las creaciones ajenas y ha sabido posicionarse estratégicamente en el mercado.

    Más preocupante aún es la influencia que estos multimillonarios ejercen sobre los medios de comunicación y la esfera pública. En países como Francia, gran parte de la prensa está en manos de un pequeño grupo de superricos que imponen su visión ideológica. Las redes sociales, en lugar de equilibrar el debate político, han contribuido a radicalizarlo, ya que también están controladas por empresarios más interesados en el poder que en la verdad. En este contexto, la independencia de los medios de comunicación, considerada tradicionalmente como el «cuarto poder», se ve cada vez más amenazada por este nuevo «quinto poder» de los magnates globales.

    Sorman señala que esta dinámica representa un desafío inédito para la democracia liberal. Los pensadores que diseñaron los sistemas democráticos modernos basaron su arquitectura en la separación de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, con la prensa como un contrapoder esencial. Sin embargo, la aparición de los superricos ha introducido un nuevo actor que escapa a estos controles y que, a través de su enorme influencia económica, está erosionando las bases mismas de la democracia. Estos magnates no están sujetos a regulaciones efectivas y, gracias a la globalización, pueden evitar pagar impuestos, debilitando así la capacidad del Estado para actuar como un contrapeso.

    Frente a esta amenaza, la Comisión Europea ha sido una de las pocas instituciones que ha intentado imponer ciertas restricciones, aplicando multas a las grandes plataformas tecnológicas por abuso de poder. Sin embargo, Sorman advierte que estas medidas son insuficientes para frenar el avance de esta nueva élite económica. La democracia liberal enfrenta un reto sin precedentes: un poder económico que no solo busca maximizar sus ganancias, sino que también tiene la capacidad de moldear la opinión pública y, potencialmente, influir en las decisiones políticas.

    Sorman nos insta a replantear nuestras preocupaciones sobre el futuro de la democracia. Mientras el mundo sigue atento a las extravagancias de Trump, el verdadero peligro acecha en las sombras: un nuevo orden económico donde el poder ya no reside en los gobiernos ni en los ciudadanos, sino en una minoría ultrarrica capaz de moldear la realidad a su antojo. Es hora de dirigir la mirada al lugar correcto y enfrentar este desafío antes de que sea demasiado tarde.

  • William Easterly: Críticas a Musk y Trump por el Desmantelamiento de la Ayuda Exterior Estadounidense

    La figura de William Easterly, conocido por sus análisis críticos sobre la efectividad de la ayuda internacional, ha emergido recientemente como un inesperado defensor –aunque matizado– de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (U.S.A.I.D.). La razón: sus serias objeciones a la forma en que Elon Musk y el expresidente Donald Trump están abordando el desmantelamiento de esta agencia, una acción que, según Easterly, representa una amenaza para la democracia y la estabilidad global.

    William Easterly, economista estadounidense especializado en desarrollo económico, es conocido por su crítica hacia la ayuda internacional a los países en desarrollo. En su libro «La carga del hombre blanco: El fracaso de la ayuda al desarrollo», Easterly argumenta que la ayuda externa a los países pobres no ha sido tan efectiva como se esperaba y que los planes generales de ayuda suelen fracasar.

    Easterly sostiene que la ayuda internacional no es necesariamente contraproducente, pero critica la forma en que se ha implementado y gestionado. Según él, la ayuda debe ser más flexible y responder a las necesidades específicas de los beneficiarios, en lugar de seguir planes generales formulados desde Occidente.

    Easterly ha tenido debates con otros economistas, como Jeffrey Sachs, sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo. Sachs ha acusado a Easterly de excesivo pesimismo y de no reconocer los logros de la ayuda internacional, mientras que Easterly ha respondido defendiendo su postura de que la ayuda debe ser más flexible y menos planificada. Incluso ha llegado a sostener que muchas veces la ayuda internacional supone sostener dictadores y tiranos.

    La postura de Easterly respecto a DOGE (la oficina de eficiencia gubernamental a cargo de elon Musk), aunque pueda parecer paradójica viniendo de un crítico acérrimo de la ayuda extranjera tradicional, reside en su preocupación por los métodos empleados. No se trata de una defensa incondicional de U.S.A.I.D., sino de una advertencia sobre los peligros de implementar cambios radicales de manera abrupta, unilateral y, según él, antidemocrática. Easterly ha comparado la estrategia Trump-Musk con la «terapia de choque» impuesta en Rusia tras la caída de la Unión Soviética, un experimento económico que considera un rotundo fracaso con consecuencias devastadoras.

    La principal crítica de Easterly se centra en la ausencia de un proceso democrático y transparente. A pesar de sus reservas sobre la efectividad de ciertas iniciativas de ayuda, Easterly argumenta que reformar o incluso eliminar estas instituciones debe ser un debate público y abierto, basado en la evidencia y la persuasión, no en decretos ejecutivos impuestos desde el poder. La unilateralidad de la acción, impulsada en gran medida por un multimillonario sin mandato popular directo, socava la confianza en el sistema democrático estadounidense y en su compromiso con la ayuda humanitaria a nivel global.

    La preocupación de Easterly no es solo por el proceso, sino también por el impacto potencial. La ayuda exterior estadounidense, aunque a menudo criticada por su ineficiencia y sus motivaciones geopolíticas, desempeña un papel crucial en el apoyo a programas de salud, educación y desarrollo en países de bajos ingresos. Un desmantelamiento repentino y sin una alternativa viable podría tener consecuencias catastróficas, desestabilizando regiones enteras y generando nuevas crisis humanitarias.

    Además, Easterly señala que U.S.A.I.D., a pesar de sus fallos, ha demostrado cierta capacidad para aprender y adaptarse. La agencia ha comenzado a dirigir fondos hacia proyectos con evidencia de eficacia y ha adoptado un enfoque más riguroso en la evaluación de resultados. Ignorar estas mejoras y optar por una demolición indiscriminada, argumenta Easterly, es una pérdida de oportunidades y un retroceso en el progreso alcanzado.

    La controversia Easterly pone de manifiesto la complejidad del debate sobre la ayuda exterior y la importancia de abordarlo con rigor, transparencia y respeto por los procesos democráticos. Cabe recordar que William Easterly es una autoridad académica de peso, uno de los pocos que ha escrito sobre la ayuda internacional. Si bien las críticas a U.S.A.I.D. son legítimas y necesarias, el camino hacia una reforma o una eliminación gradual debe estar pavimentado con un debate informado y participativo, no con decisiones unilaterales impulsadas por agendas personales y motivaciones políticas. El futuro de la ayuda exterior estadounidense, y el impacto que tendrá en los más vulnerables del planeta, depende de ello.

  • Las guerras comerciales atentan contra el multilateralismo, alientan la volatilidad de los mercados y generan incertidumbre

    Trump escala posiciones en sus declaraciones de guerra comercial y recién ha empezado su segundo mandato. Ante la protesta del gobierno colombiano por las condiciones de deportación de sus ciudadanos, el 47º presidente estadounidense respondió con un furibundo anuncio de 25 % de aranceles (lo que obligó a Petro a echar atrás sus exigencias). Contra Canadá y México, sus vecinos y socios comerciales, acaba de firmar una subida arancelaria también del 25 %. ¿Las razones? Según Trump, el coladero que son sus fronteras para el paso de drogas e inmigrantes ilegales. A China le ha impuesto, por ahora, un 10 % arancelario. Pero la promesa electoral fue de un 60 %. Las guerras comerciales son, en el siglo XXI, uno de los instrumentos estratégicos más controvertidos en el ámbito de las relaciones internacionales.

    La economía, un factor geoestratégico

    Los aranceles han sido utilizados históricamente para proteger las industrias locales y equilibrar las balanzas comerciales. No obstante, su empleo actual va más allá de su propósito original.

    Estas políticas han transformado las dinámicas económicas globales, reconfigurando cadenas de suministro y mercados, e impactando profundamente en las estructuras geopolíticas, sociales y financieras.

    Competitividad y fortaleza tecnológica

    El uso contemporáneo de las guerras comerciales responde a una lógica más compleja y multifacética. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, los aranceles impuestos por los últimos gobiernos han buscado tanto limitar la competitividad de China como preservar la supremacía tecnológica y económica estadounidense.

    Esta estrategia, sin embargo, no se limita a un enfrentamiento bilateral. Estados Unidos también ha impuesto barreras comerciales a socios tradicionales como la Unión Europea y Canadá. Así, las alianzas tradicionales se han convertido en secundarias frente al objetivo unilateral de maximizar beneficios.

    Esta política ha sido justificada bajo argumentos de seguridad nacional, un recurso legal que ha generado tensiones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que desafía los principios de no discriminación y multilateralismo que han sustentado el sistema comercial global desde mediados del siglo XX.

    Los impactos de estas políticas repercuten tanto en las relaciones entre gobiernos como, de manera directa, en los consumidores y productores.

    Aranceles y economía doméstica

    La implementación de aranceles sobre productos provenientes de China, como bienes tecnológicos y equipos manufacturados, ha hecho aumentar sus precios en mercados como el estadounidense.

    Como ocurre siempre que los bienes se encarecen, esto ha perjudicado especialmente a los sectores más vulnerables de la población, al exacerbar las desigualdades económicas y afectar a su poder adquisitivo.

    Muchas empresas, para mantener su competitividad, han optado por relocalizar sus operaciones en países como Vietnam, Malasia o México, lo que conlleva costes de transición y adaptación.

    Regionalización contra el proteccionismo

    A nivel global, las guerras comerciales han desencadenado un fenómeno de regionalización, con el surgimiento de instrumentos como el Acuerdo para la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), liderado por China y firmado por países de Asia y Oceanía, y el Acuerdo Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP), suscrito por países de las costas del Pacífico de Asia y Latinoamérica. Con estos acuerdos, los países firmantes buscan contrarrestar los efectos de las políticas proteccionistas estadounidenses.

    Desde 2019 Estados Unidos mantiene el bloqueo a la elección de nuevos miembros del Órgano de Apelación de la OMC. Esto ha debilitado su capacidad de resolver disputas y ha incrementado la incertidumbre y la posibilidad de que las tensiones comerciales se intensifiquen.

    Si bien la regionalización obliga a revisar la sostenibilidad del sistema multilateral de comercio, en este contexto de inestabilidad e incertidumbre los países buscan alternativas que les garanticen estabilidad económica. Aunque estas soluciones refuercen la fragmentación del comercio global.

    Guerra comercial y geopolítica

    El impacto de las guerras comerciales también se manifiesta en la esfera geopolítica. La rivalidad entre Estados Unidos y China, impulsada en parte por los aranceles y las restricciones tecnológicas, redefine las alianzas internacionales.

    Por un lado, países como Japón y Corea del Sur han estrechado lazos con Estados Unidos para contrarrestar la influencia china.

    Por otro, economías emergentes en América Latina, como México y Brasil, hacen frente a presiones para alinearse con uno de estos bloques, lo que limita su capacidad de maniobra y autonomía en el escenario global.

    En Europa, las tensiones con Estados Unidos han llevado a la Unión Europea a preparar nuevos aranceles y a fortalecer las regulaciones para proteger sus industrias estratégicas, como la automotriz y la tecnológica.

    Incertidumbre y volatilidad

    Si bien la fijación de aranceles puede ofrecer a los países que los aplican beneficios inmediatos en términos de ingresos fiscales o influencia política, sus costos sociales y económicos pueden ser enormes.

    Las guerras comerciales afectan a los flujos de bienes y servicios, pero también a la estabilidad financiera.

    Las tensiones comerciales aumentan la volatilidad de los mercados bursátiles, afectan las decisiones de inversión y debilitan las perspectivas de crecimiento económico global.

    La incertidumbre generada por el proteccionismo obliga a las empresas a adaptarse a un entorno cambiante e impredecible. Las guerras comerciales han evidenciado la fragilidad de las cadenas de suministro globales, la importancia de diversificar fuentes de producción y la necesidad de fortalecer instituciones multilaterales que promuevan un comercio justo y equitativo.

    ¿Qué hacer?

    La solución va más allá de eliminar aranceles o revertir políticas proteccionistas: se necesita un enfoque más estratégico y resiliente. Esto implica fomentar la cooperación internacional para abordar las tensiones comerciales, reformar los mecanismos de resolución de disputas de la OMC y promover la relocalización de cadenas de suministro hacia regiones más estables.

    Los países que aplican aranceles también deben considerar el impacto de esta medida en las familias. El aumento de los precios debe obligar a tomar medidas que mitiguen el aumento de las desigualdades sociales y protejan a los sectores más vulnerables.

    Las guerras comerciales del siglo XXI reflejan un equilibrio complejo entre la protección de los intereses nacionales y la preservación de la estabilidad global. La clave para avanzar radica en adoptar un enfoque basado en la cooperación y la sostenibilidad que, además de los beneficios económicos inmediatos, también tome en cuenta el bienestar colectivo y la cohesión internacional a medio y largo plazo.The Conversation

    Armando Alvares Garcia Júnior, PDI. Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La Montaña Rusa de Bitcoin: Predicciones de Caída y Repunte en 2025

    El mercado de las criptomonedas, especialmente Bitcoin, sigue siendo un tema de intenso debate y especulación entre expertos y entusiastas. Recientemente, Arthur Hayes, cofundador de BitMEX y figura influyente en el mundo cripto, ha lanzado una predicción que ha captado la atención de la comunidad: Bitcoin podría experimentar una caída significativa antes de alcanzar nuevos máximos históricos.

    Hayes proyecta que el precio de Bitcoin podría descender hasta los $70,000 antes de iniciar un nuevo rally alcista. Esta predicción llega en un momento en que la criptomoneda líder ha mostrado una volatilidad considerable, oscilando entre ondas de crecimiento explosivo y correcciones abruptas.

    La lógica detrás de esta proyección se basa en varios factores. En primer lugar, el mercado cripto es conocido por sus ciclos de auge y caída, a menudo influenciados por eventos macroeconómicos, regulaciones gubernamentales y sentimiento de los inversores. Hayes argumenta que una corrección es necesaria y saludable para el mercado, permitiendo una consolidación antes de un nuevo impulso alcista. Además, el «halving» de Bitcoin, en abril de 2024, jugó un papel crucial en estas predicciones. Históricamente, los halvings han precedido a períodos de crecimiento significativo en el precio de Bitcoin, ya que reducen la tasa de emisión de nuevas monedas, aumentando potencialmente la escasez y, por ende, el valor.

    Sin embargo, es importante recordar que el mercado de criptomonedas es notoriamente difícil de predecir. Numerosos factores pueden influir en el precio de Bitcoin, desde la adopción institucional hasta cambios regulatorios globales. La reciente inauguración presidencial en los Estados Unidos, por ejemplo, ha introducido una nueva dinámica en el mercado, cuyo impacto aún está por verse.

    Los críticos de estas predicciones argumentan que el mercado ha madurado significativamente desde los ciclos anteriores. La creciente participación institucional y la mayor integración de Bitcoin en el sistema financiero tradicional podrían resultar en una menor volatilidad y ciclos menos pronunciados.

    Para los inversores, estas proyecciones plantean tanto oportunidades como riesgos. Una posible caída a $70,000 podría representar una oportunidad de compra para aquellos que creen en el potencial a largo plazo de Bitcoin. Sin embargo, también enfatiza la importancia de la gestión de riesgos y la diversificación en las estrategias de inversión en criptomonedas.

    Un aspecto central en el análisis de Hayes es el papel de la FED y sus políticas monetarias. La posibilidad de ajustes en las tasas de interés y otras medidas para controlar la inflación podrían influir en la liquidez disponible en los mercados financieros. Estas acciones darían un impacto directo en activos de riesgo como Bitcoin, potencialmente contribuyendo a la corrección anticipada en su precio.

    Hayes también destaca la influencia de eventos políticos, como los anuncios y decisiones del presidente Donald Trump, en la percepción del mercado y la confianza de los inversores. Estas situaciones generan volatilidad en los mercados financieros, afectando tanto a los mercados tradicionales como al de criptomonedas.

    Proyección a largo plazo: Un Futuro Alcista para Bitcoin

    A pesar de la corrección anticipada, Hayes mantiene una perspectiva optimista a largo plazo. Argumenta que, tras esta caída, Bitcoin está bien posicionado para iniciar una nueva corrida alcista que podría llevar su precio hasta los USD $250.000 para finales de 2025. Esta proyección se basa en la creencia de que las condiciones macroeconómicas y la adopción creciente de Bitcoin crearán un entorno favorable para su apreciación. Esta «sacudida» permitiría una base sólida para que Bitcoin alcance nuevos máximos históricos en el futuro.

    El análisis de Hayes ofrece una visión equilibrada que combina una advertencia sobre una posible corrección a corto plazo con un optimismo fundamentado para el largo plazo. Su enfoque está centrado en la importancia de considerar tanto los factores macroeconómicos como los eventos políticos al evaluar el futuro de Bitcoin. Para los inversores y entusiastas de las criptomonedas, estas perspectivas resaltan la naturaleza volátil del mercado y la necesidad de una visión a largo plazo para navegar en él. Es crucial que los inversores realicen su propia investigación y no basen sus decisiones únicamente en predicciones, por muy respetada que sea la fuente. El mercado de criptomonedas sigue siendo altamente volátil.