Categoría: Cultura y Sociedad

  • La Crítica de Hayek al Gobierno Ilimitado y la Planificación Centralizada

    Friedrich Hayek, uno de los economistas y filósofos políticos más influyentes del siglo XX, es conocido por sus firmes críticas al poder gubernamental ilimitado y la planificación centralizada. Sus ideas, profundamente arraigadas en el liberalismo clásico, abogan por la limitación del poder estatal para proteger la libertad individual y la eficiencia económica. Esta visión se articula claramente en su afirmación de que «El principal mal es el gobierno ilimitado… nadie es apto para ejercer un poder ilimitado».

    El Problema del Poder Ilimitado

    Hayek sostenía que el poder ilimitado en manos del gobierno es inherentemente peligroso. Argumentaba que ninguna persona o grupo de personas es lo suficientemente sabio, justo o informado para manejar tal poder sin cometer abusos o errores. La concentración de poder tiende a corromper y lleva a la toma de decisiones arbitrarias, lo que puede resultar en la violación de los derechos individuales y la erosión de la libertad personal.

    Este argumento se basa en la desconfianza de Hayek hacia la capacidad humana para ejercer un juicio infalible y justo cuando se le otorga un control absoluto. La historia ha demostrado que los gobiernos con poderes ilimitados a menudo caen en el autoritarismo, la represión y la corrupción. Para Hayek, la solución a este problema es limitar estrictamente el alcance del poder gubernamental, asegurando que esté siempre sujeto a controles y equilibrios que protejan la libertad individual.

    El Conocimiento y la Planificación Centralizada

    Una de las contribuciones más significativas de Hayek al pensamiento económico es su teoría sobre la dispersión del conocimiento. Hayek argumentaba que el conocimiento relevante para la toma de decisiones económicas y sociales está disperso entre millones de individuos. Este conocimiento incluye información sobre recursos, necesidades, preferencias y circunstancias locales que no puede ser completamente conocido o comprendido por una autoridad central.

    La planificación centralizada, según Hayek, es inherentemente ineficaz porque intenta imponer decisiones desde una autoridad central que carece de acceso a toda esta información dispersa. Los planificadores centrales, al no poder incorporar todo el conocimiento local y específico, tienden a cometer errores y a tomar decisiones subóptimas. Esto contrasta con un sistema de mercado libre, donde los individuos toman decisiones descentralizadas basadas en su propio conocimiento y circunstancias particulares, lo que conduce a una mayor eficiencia y adaptación a las necesidades reales de la sociedad.

     Gobierno Limitado y Sociedad Libre

    Para Hayek, la combinación de un gobierno limitado y una economía de mercado es esencial para una sociedad libre y próspera. Limitar el poder del gobierno no solo protege contra los abusos de poder, sino que también permite que el conocimiento disperso se utilice de manera efectiva a través del proceso de mercado. En este sistema, los precios actúan como señales que coordinan las decisiones de millones de individuos, reflejando la información dispersa y ajustándose dinámicamente a las cambiantes circunstancias.

    La visión de Hayek subraya la importancia de la libertad individual y la descentralización en la creación de una sociedad que respete la dignidad humana y promueva el bienestar general. Al abogar por un gobierno limitado, Hayek no rechazaba la necesidad de un estado, sino que insistía en que su papel debía ser claramente definido y restringido para evitar la concentración de poder y preservar la libertad.

    Las ideas de Hayek sobre el gobierno ilimitado y la planificación centralizada destacan los peligros de concentrar el poder y la importancia de aprovechar el conocimiento disperso a través de un sistema de mercado libre. Estas ideas continúan siendo relevantes en el debate contemporáneo sobre el papel del estado y la organización económica de la sociedad.

  • Buscando educación en los matorrales de la corrupción

    A través de la historia la educación nunca fue vista como una actividad gubernamental; tristemente, son pocos los que entienden qué y para qué son los gobiernos y, mucho menos ¿qué es educar? En términos simples, gobernar no es hacer las cosas por la gente sino ver que la población haga las cosas sin que sean violadas las normas de convivencia humana.

    Pero, hasta el velar por la no violencia y, en general, por la trampa, no requiere necesariamente la involucración directa estatal a través de sus gobiernos; ejemplo que lo vemos en la gran cantidad de personas que contratan servicios de seguridad privada. Ante ello, algunos dirán: ¿y qué de los pobres, que no pueden pagar por una seguridad privada? Y… ¿cómo les va con la seguridad centralizada que se paga más cara que la privada?; igual que la educación estatal que es más cara y no educa. Y es en esto que debemos enfocarnos, en cómo logramos que sea el pueblo quien pesque y no los corruptos políticos.

    Acabo de leer un artículo de Karl Streitel en dónde pregunta si, ¿cuándo vuestros hijos asisten a los claustros que llaman “públicos” sienten que la escuela es algo que se hace para ellos y no a ellos? O, ¿cuántas veces han llegado tus hijos de la escuela fascinados con la experiencia? O, ¿si tus hijos se sienten respetados por la escuela? Difícil pensar que hay respeto cuando no logran educarse.

    O está la falaz idea que un timbre de clases marca el momento en el que los chicos están dispuestos al aprendizaje. ¿De verás que no hay mejores formas de educar mediante la emoción?; esa que es el motor indispensable para el aprendizaje. Todos los animales, incluyendo al animal humano, aprenden jugando y no cuando suena el timbre.

    O, que el gobierno y sus políticos torcidos nos tienen que obligar en salarios mínimos, en descuentos a viejitos, a usar máscaras o meternos inyecciones venenosas y tantísimo más. Lo único que estamos logrando con todo ese corrupto sistema que osan llamar gubernamental educativo es crear parásitos de los pillos políticos. ¿De veras que no vemos por qué los problemas de la juventud van en aumento? ¿Cómo no va a ser, cuando ni siquiera se promueve y respeta a la familia?

    Otra perversión educativa es el sistema de notas, que si A o C o de 1 a 5 o lo que sea. Hoy día se sable que los exámenes y las notas no son para calificar a los niños sino para que los que se suponen son educadores sepan por dónde van sus estudiantes y puedan ayudarlos. Los sistemas modernos de educación AI sólo usan las notas para saber qué deben repasar los niños. Y… ¡por supuesto! que no todos sacarán A. Marcar a un niño con D es estúpido y no es educar. Pregúntenme a mí que fue de los últimos en toda mi escuela primaria y más de la mitad de secundaria. A todo ello se le conoce como “agresión emocional”.

    Y, a fin de cuentas, tenemos gobiernos con su MEDUCA o, mejor dicho NODUCA, que mienten a los padres; en tantas maneras que ni puedo entrar aquí en ello; a más del ejemplo que en los EE.UU. hoy día muchas escuelas les esconden a los padres que sus hijos han decidido cambiarse de sexo y les están administrando hormonas y tal.

    En resumen, lo que más importa es el respeto, y es lo que menos imparten los gobiernos y el NODUCA.

  • El Poder de las Ideas: Divulgadores vs. Políticos

    El poder de las ideas: ¿moldean más la historia los políticos con leyes o los pensadores con visiones y valores?

    En el vasto panorama de la influencia política y social, surge una pregunta fundamental: ¿dónde reside el verdadero poder para moldear el curso de la historia? ¿Es en la arena política, donde los líderes toman decisiones y promulgan leyes, o en el mundo de las ideas, donde los pensadores y los difusores articulan visiones y valores que pueden cambiar la forma en que se gobierna y se vive?

    La historia nos ofrece un fascinante ejemplo de este debate en la figura de Anthony Fisher, un joven piloto de la Real Fuerza Aérea, cuya vida cambió después de leer una versión condensada del libro de Friedrich Hayek en la revista «Selecciones del Reader’s Digest» en abril de 1945. El impacto de las ideas de Hayek lo llevó a buscar al profesor en el London School of Economics, un bastión de pensamiento socialista fabiano.

    En su encuentro con Hayek, Fisher buscaba orientación sobre cómo influir en las políticas públicas y, quizás, seguir una carrera política. Sin embargo, la respuesta de Hayek fue reveladora: las grandes batallas de las ideas, afirmó, son llevadas adelante por los intelectuales, no necesariamente por los políticos.

    Esta distinción entre el papel del difusor de ideas, el académico y el político resalta una verdad fundamental sobre el poder transformador de las ideas. Mientras que los políticos pueden promulgar leyes y tomar decisiones que afectan directamente la vida de las personas, son los difusores de ideas quienes moldean el terreno sobre el cual se basan esas decisiones.

    En el caso de Hayek, sus obras influyeron en la forma en que se entendía la economía y el papel del gobierno en la sociedad. Sus críticas al intervencionismo estatal y su defensa de la libertad individual resonaron en las mentes de muchos, incluido Fisher, quien se vio inspirado a buscar formas de difundir esas ideas más ampliamente.

    Es en el mundo de las ideas donde se gestan las grandes transformaciones sociales y políticas. Los intelectuales, los escritores, los académicos y los difusores de ideas tienen el poder de cambiar la forma en que la sociedad piensa y actúa. A través de libros, ensayos, discursos y medios de comunicación, pueden sembrar las semillas de la libertad y la justicia, dando forma a la conciencia colectiva de una nación.

    Sin embargo, esto no resta importancia al papel de los políticos. Ellos son los encargados de traducir esas ideas en políticas concretas y acciones gubernamentales. Son quienes tienen el poder de implementar cambios tangibles en la sociedad. Pero su efectividad y su legitimidad dependen en gran medida del respaldo y la fuerza de las ideas que subyacen a sus decisiones.

    En última instancia, tanto los difusores de ideas como los políticos tienen un papel vital que desempeñar en la lucha por la libertad y la justicia. Cada uno aporta sus propias habilidades y perspectivas únicas. Los difusores de ideas pueden inspirar y educar, mientras que los políticos pueden legislar y liderar. Pero su éxito depende en última instancia de su capacidad para trabajar juntos en aras del bienestar de la sociedad más elevado.

    Así pues, la verdadera fuerza del cambio reside en la sinergia entre las ideas y la acción política. Cuando los difusores de ideas y los políticos se unen en la defensa de principios como la libertad, la justicia y la igualdad ante la ley, pueden desencadenar transformaciones profundas y duraderas en la sociedad. En este sentido, el poder de las ideas y el poder político son dos caras de la misma moneda, cada una indispensable para la realización de un mundo más justo y libre.

  • ¿Por qué los algoritmos se llaman algoritmos?

    Los algoritmos se han convertido en parte integral de nuestras vidas. Desde las aplicaciones de redes sociales hasta Netflix, son programas que aprenden tus preferencias y priorizan el contenido que se te muestra. Google Maps y la inteligencia artificial no son nada sin ellos.

    Pero ¿de dónde viene la palabra? Más de 1 000 años antes de internet y las aplicaciones para teléfonos inteligentes, el científico y polímata persa Muhammad ibn Mūsā al-Khwārizmī inventó el concepto de algoritmo.

    De hecho, la propia palabra proviene de la versión latinizada de su nombre, algorithmi. Y, como se puede sospechar, también está relacionado con el álgebra.

    Perdido en el tiempo

    Al-Khwārizmī vivió entre los años 780 y 850, durante la Edad de Oro Islámica. Se le considera el “padre del álgebra” y, para algunos, el “abuelo de la informática”.

    Sin embargo, se conocen pocos detalles sobre su vida. Muchas de sus obras originales en árabe se han perdido en el tiempo.

    Se cree que nació en la región de Jorasmia, al sur del mar de Aral, en la actual Uzbekistán. Vivió durante el Califato abasí, una época de notable progreso científico en el Imperio islámico.

    Sabemos que realizó importantes contribuciones a las matemáticas, la geografía, la astronomía y la trigonometría. Corrigió el clásico libro de cartografía de Ptolomeo, Geografía, para que el mapa del mundo fuera más preciso.

    También hizo cálculos para seguir el movimiento del Sol, la Luna y los planetas. Además, escribió sobre funciones trigonométricas y elaboró la primera tabla de tangentes.

    Eruditos en una biblioteca abasí. Maqamat de al-Hariri, ilustración de Yahya al-Wasiti, 1237.
    Zereshk / Wikimedia Commons, CC BY

    Por todas sus cualidades, Al-Khwārizmī ejerció como erudito en la Casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikmah) de Bagdad. En este centro intelectual, los eruditos traducían al árabe conocimientos de todo el mundo y los sintetizaban para lograr avances significativos en diversas disciplinas.

    Un matemático devoto

    Primera página del Compendio de cálculo por reintegración y comparación.
    Al-Khwarizmi / Wikimedia Commons, CC BY
    Página escaneada de un libro que muestra texto en árabe con diagramas geométricos sencillos.
    Página del libro Compendio de cálculo por reintegración y comparación.
    World Digital Library

    Al-Khwārizmī era un hombre religioso. Sus escritos científicos comenzaban con dedicatorias a Alá y al profeta Mahoma. Y uno de los principales proyectos que emprendieron en la Casa de la Sabiduría fue desarrollar el álgebra.

    Las matemáticas eran, en general, un campo profundamente relacionado con el Islam.

    Alrededor del año 830, el califa Al-Mamún animó a Al-Jwārizmī a escribir un tratado sobre álgebra, Al-Jabr (o Compendio de cálculo por reintegración y comparación), que se convertiría en su obra más importante.

    A estas alturas, el álgebra ya existía desde hacía cientos de años, pero Al-Khwārizmī fue el primero en escribir un libro definitivo sobre ella. Pretendía ser una herramienta de enseñanza práctica y su traducción latina fue la base de los manuales de álgebra de las universidades europeas hasta el siglo XVI.

    Padre del álgebra

    En la primera parte del libro, introduce los conceptos y las reglas de esta materia, así como los métodos para calcular los volúmenes y las áreas de las figuras. En la segunda, plantea problemas de la vida real y elabora soluciones, como casos de herencia, la partición de tierras y cálculos para el comercio.

    Al-Khwārizmī no utilizaba la notación matemática moderna con números y símbolos. En su lugar, escribía en prosa sencilla y empleaba diagramas geométricos:

    Cuatro raíces son iguales a veinte, entonces una raíz es igual a cinco, y el cuadrado que se forma de ella es veinticinco, o la mitad de la raíz es igual a diez.

    En notación moderna lo escribiríamos así:

    4x = 20, x = 5, x2 = 25, x / 2 = 10

    Abuelo de la informática

    Los escritos matemáticos de Al-Khwārizmī introdujeron los números hindúes-árabes a los matemáticos occidentales: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 0.

    Estos símbolos son importantes para la historia de la informática porque utilizan el número cero y un sistema decimal de base diez, el sistema numérico en el que se basa la tecnología informática moderna.

    Además, el arte de Al-Khwārizmī para calcular problemas matemáticos sentó las bases del concepto de algoritmo.

    Proporcionó las primeras explicaciones detalladas sobre el uso de la notación decimal para realizar las cuatro operaciones básicas (suma, resta, multiplicación, división) y el cálculo de fracciones.

    los algoritmos
    Ilustración medieval que muestra a una persona utilizando un ábaco por un lado y manipulando símbolos por el otro.
    El contraste entre los cálculos algorítmicos y los cálculos con ábaco, como se muestra en Margarita Philosophica (1517).
    The Bavarian State Library

    Se trataba de un método de cálculo más eficaz que el ábaco. Para resolver una ecuación matemática, recorría sistemáticamente una secuencia de pasos hasta hallar la respuesta. Este es el concepto subyacente de un algoritmo.

    Algoritmo, término latino medieval que debe su nombre a al-Khwārizmī, se refiere a las reglas para realizar operaciones aritméticas utilizando el sistema numérico hindú-árabe. Traducido al latín, el libro de al-Khwārizmī sobre los números hindúes se titulaba Algorithmi de Numero Indorum.

    A principios del siglo XX, la palabra adquirió su definición y uso actuales: “Conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”.

    Así que la próxima vez que utilicemos cualquier tecnología digital –desde las redes sociales hasta la cuenta bancaria en línea o la aplicación de Spotify–, ya sabemos que nada de esto sería posible sin el trabajo pionero de un antiguo polímata persa.The Conversation

    Debbie Passey, Digital Health Research Fellow, The University of Melbourne

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Fatales arrogantes

    Una de las críticas más contundentes de Hayek hacia aquellos que defienden la planificación centralizada es su descripción de ellos como «fatales arrogantes».

    Friedrich Hayek, destacado economista y filósofo austriaco, es reconocido por sus contribuciones a la teoría del liberalismo clásico y su incisiva crítica a la planificación centralizada. En su obra cumbre «Camino de Servidumbre», Hayek resume mucha de su obra sobre el punto y argumenta vehementemente en contra de la planificación centralizada, destacando la importancia del respeto a la libertad individual y advirtiendo sobre los peligros de la presunción de conocimiento absoluto.

    La crítica fundamental de Hayek a la planificación centralizada se basa en su comprensión de la naturaleza dispersa del conocimiento humano. Argumenta que el conocimiento necesario para tomar decisiones económicas y sociales efectivas está disperso entre millones de individuos y es imposible de reunir y procesar de manera centralizada. Esta dispersión del conocimiento implica que ningún individuo o grupo de individuos puede poseer todo el conocimiento necesario para planificar y controlar eficazmente una economía o una sociedad.

    Para Hayek, la planificación centralizada conduce inevitablemente a la pérdida de libertad individual y a la aparición de una sociedad totalitaria. Al concentrar el poder en manos de unos pocos planificadores, se elimina la capacidad de las personas para tomar decisiones autónomas sobre sus propias vidas. Esto no solo socava la libertad individual, sino que también resulta en la supresión de la creatividad, la innovación y la diversidad que son fundamentales para el progreso humano.

    Una de las críticas más contundentes de Hayek hacia aquellos que defienden la planificación centralizada es su descripción de ellos como «fatales arrogantes». Con esta expresión, Hayek señala la presunción de aquellos que creen que pueden conocer y controlar todos los aspectos de la sociedad. Estos «fatales arrogantes» están convencidos de que poseen el conocimiento y la sabiduría necesarios para dirigir eficazmente la vida de los demás, ignorando la limitación inherente del conocimiento humano.

    La arrogancia de los planificadores centralizados, según Hayek, conduce a resultados desastrosos. Al creer que pueden anticipar y gestionar todas las eventualidades, estos planificadores a menudo generan más problemas de los que resuelven. Sus políticas suelen ser ineficaces e incluso perjudiciales, ya que ignoran las complejas interacciones y feedbacks que caracterizan a los sistemas sociales y económicos.

    Friedrich Hayek abogó fervientemente por el respeto a la libertad individual y advirtió sobre los peligros de la planificación centralizada. Su crítica se centró en la dispersión del conocimiento humano y la imposibilidad de conocer y controlar todos los aspectos de la sociedad. Al llamar «fatales arrogantes» a aquellos que creen en su propia omnisciencia, Hayek nos insta a ser humildes ante la complejidad del mundo y a reconocer la importancia de la libertad y el respeto mutuo en la construcción de sociedades prósperas y libres.

  • Resurrección digital: ¿es ético, legal y sano hablar con los muertos a través de la IA?

    Un episodio de un programa de televisión suscitó hace unos meses un amplio debate público y profesional. En ese programa, varias personas fueron expuestas a recreaciones digitales de las voces de sus familiares fallecidos generadas mediante inteligencia artificial a partir de audios reales. Estas recreaciones no solo imitaban las voces sino que también formulaban preguntas evocadoras, provocando reacciones emocionales intensas en los participantes. El fenómeno, que podemos denominar “resurrección digital”, implica la recreación de aspectos de individuos fallecidos utilizando tecnologías avanzadas. Aunque pueda ofrecer un consuelo momentáneo, esta práctica abre un debate profundo sobre sus implicaciones éticas, filosóficas y jurídicas.

    El riesgo de crear falsos recuerdos

    ¿Qué significa realmente “ser”? Al recrear la voz o imagen de alguien que ha fallecido, nos preguntamos si estamos extendiendo su existencia de alguna manera o simplemente creando una sombra sin sustancia. La esencia de un ser humano es indudablemente más que un conjunto de respuestas programadas o una imagen proyectada. La singularidad de la experiencia vivida, las emociones, los pensamientos, todo ello parece inalcanzable para la mera simulación digital.

    Y entonces, ¿qué papel juega la memoria en este proceso? La resurrección digital podría considerarse un intento de preservar la memoria, de mantener viva la presencia de aquellos a los que hemos perdido. Pero ¿es ético aferrarse a una representación artificial en lugar de dejar que la memoria evolucione y se transforme con el tiempo?

    La memoria humana no es estática: es selectiva, cambia y se adapta. Al recrear digitalmente a una persona, ¿corremos el riesgo de alterar nuestras propias memorias auténticas de ella?

    La verdadera identidad

    Además, surge la cuestión de la identidad. La identidad de una persona es un tejido complejo de experiencias y relaciones. Cuando tratamos de recrear a alguien, ¿podemos capturar verdaderamente su identidad o simplemente estamos creando una versión idealizada, una que se ajusta a nuestras propias expectativas y deseos?

    Estos avances tecnológicos también nos llevan a preguntarnos sobre el duelo. La muerte es una parte natural de la vida, y el duelo un proceso necesario para aceptar esta pérdida. Al tratar de mantener una conexión con los fallecidos a través de la resurrección digital, ¿estamos interfiriendo con este proceso vital? ¿Podría esto impedirnos avanzar y encontrar paz en la aceptación de la pérdida?

    Finalmente, la resurrección digital despierta interrogantes sobre el consentimiento y la propiedad. ¿Quién tiene derecho a decidir si una persona debe ser recreada digitalmente? ¿Y cómo se gestiona el consentimiento de alguien que ya no puede expresar su voluntad?

    La perspectiva de que se hagan negocios a partir de algo tan profundamente humano y doloroso como la muerte y la pérdida de un ser querido suscita diversos interrogantes desde el ámbito de la filosofía, la ética y la moral.

    Desde un punto de vista ético, esta práctica parece transgredir los principios fundamentales de respeto y dignidad que deberían guiar nuestras interacciones humanas. El duelo es un proceso íntimo y sagrado, un camino hacia la aceptación y la paz interior tras una pérdida significativa. La intrusión comercial en este proceso podría ser vista como una forma de explotación emocional, aprovechándose de aquellos que pasan por un momento especialmente vulnerable.

    ¿Y qué pasa con el proceso natural del duelo?

    Además, este tipo de negocios podría distorsionar el proceso natural del duelo. El dolor y la pérdida son experiencias esenciales de la condición humana, y enfrentarlas es parte de nuestro crecimiento personal. Si la comercialización de la resurrección digital impide que las personas atraviesen estas etapas de manera saludable, ofreciendo una ilusión de presencia en lugar de ayudarles a aceptar la realidad de la ausencia, quizás no les beneficien

    Por otro lado, desde una perspectiva moral, cabe preguntarse sobre la intención y el propósito detrás de estos negocios. En principio parece que se justifica por el objetivo de proporcionar consuelo y una forma de recordar a los seres queridos. Sin embargo, ¿dónde se traza la línea entre proporcionar consuelo y explotar el dolor para obtener beneficios?

    En el corazón de la “resurrección digital” yace una paradoja profunda y perturbadora: la tecnología, en su intento de acercarnos a quienes hemos perdido, nos confronta con la ineludible realidad de su ausencia. Esta paradoja nos lleva a cuestionar no solo la naturaleza de la existencia, sino también la esencia de lo que significa ser humano.

    Estas tecnologías, al intentar suplir una carencia o llenar un vacío dejado por un ser querido, no solo resaltan nuestro deseo de aferrarnos a lo que hemos perdido, sino también nuestra dificultad para enfrentar y procesar el duelo ante la ineludible realidad de la muerte.

    La paradoja se extiende aún más al considerar que, en nuestro esfuerzo por preservar la memoria y la esencia de los seres queridos, recurrimos a simulaciones que, por su naturaleza artificial, nunca podrán capturar completamente la complejidad y profundidad de la experiencia humana real. Así, nos vemos enfrentados a la disyuntiva de abrazar una representación imperfecta y digitalizada que, aunque reconfortante en cierto modo, podría no hacer justicia a la verdadera esencia del ser amado.The Conversation

    Damián Tuset Varela, Investigador en Derecho Internacional Público e IA. Tutor Máster Relaciones Internacionales y Diplomacia UOC, Universidad de Jaén

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Origen del estancamiento económico y la decadencia política

    Habernos acostumbrado al tamaño del mastodonte gubernamental y a lo profundo de su incursión en la vida de la población denota la malignidad de la patología que vive nuestra sociedad. Con sólo considerar el grado de confiscación fiscal existente en correlación con los resultados obtenidos debería ser obvio el problema. Pero así somos los humanos, realidad vertida en la historia bíblica de parte de la población judía que optó por no abandonar la esclavitud en Egipto al considerar las penurias que encontrarían en el desierto. Y en Panamá ciertamente encontraremos penurias muy pronto cuando ya no podamos seguir pagando los supuestos subsidios que muy poco o nada subsidian y son origen del estancamiento económico (y la decadencia política).

    No creo podemos encontrar mejor ejemplo del grado de violación de nuestros derechos fundamentales que los vividos y por vivir en la encerrona del COVID; como si no fuésemos más que una gran masa semoviente. Jamás olvidaré que una vez al entrar en Albrook Mall con un profesor visitante extranjero, un policía en la entrada me increpó que tenía la máscara muy baja, cuando a unos metros de distancia había mesas de comensales de un restaurante sin máscaras; y eso sólo un minúsculo detalle de la locura desatada.

    O, tal vez como cierta Big Tech clausuró nuestra revista electrónica por contenido inapropiado, referido a cosas como las que digo en este escrito. Sin embargo vieron bien las vacunas que poco o nada servían y que hoy admiten tienen efectos secundarios nada buenos. Pero del inmenso daño económico y social que pocos advierten aún está por delante, a raíz de la disrupción del mercado y los derechos humanos.

    Poco conocido y entendido el introito de la Constitución de Panamá que literalmente establece: “Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad…” ¿Cuál libertad? ¿Acaso nuestros gobiernos se dedican a fortalecer la libertad, cuando hacen retenes delictivos, controles de precio, y violan toda clase de derechos?

    ¿Y cómo defender derechos cuando a través del tiempo hemos ido trastocando el sentido de las palabras?; tal como cuando un agente de tránsito viola tu derecho de transitar libremente para ver si dejaste vencer tu licencia, la placa o tal. Es decir, cometen un delito para ver si has cometido una falta.

    Lo que pocos entienden es que nuestros derechos son como la respiración, que si dejas de hacerlo, feneces. Presenciamos casos de esta índole por todas partes y no los advertimos. O está el caso de los llamados “subsidios” que nadie sabe su cantidad y costo. Y lo peor es llamar “subsidio” a lo que no subsidia sino todo lo contrario. Y si buscas el antónimo de subsidio te vas a divertir o frustrar.

    ¿Y qué de los “derechos” espurios que surgen día a día, que más que derechos son cartas a Santa? Llamar “derecho” a lo curvo no tiene sentido; máxime cuando esos falsos derechos terminan siendo la causa de la pobreza, tanto económica como la pobreza de conocimiento. Los verdaderos derechos son cosas que ya posees, tal como la vida, el pensamiento, la palabra, casa, celular, etc.; cosas que nadie tiene la razón o derecho de quitarte, tal como la vida, la palabra, el transitar y las cosas que son de tu propiedad.

    Bien lo señala Fin Andreen citando la primera oración de la Declaración de los Derechos Humanos: “La ignorancia, el olvido o el desprecio por los derechos humanos son las únicas causas del infortunio público y de la corrupción gubernamental.” Pero… cuando hemos delegado al corrupto colectivo político la educación de nuestros hijos; lo necio es pensar que no lo usarán para facilitar el pillaje.

  • «Por qué no soy conservador» nos fundamenta Hayek

    El post scriptum «por qué no soy conservador», extraído de «Los Fundamentos de la Libertad» de 1959 de Friedrich A. Hayek ofrece una profunda reflexión sobre las diferencias entre el conservadurismo y el liberalismo, así como una crítica a la asociación entre los defensores de la libertad y los partidos conservadores.

    El autor comienza señalando que, en tiempos en los que la mayoría de los que se autodenominan progresistas abogan por restricciones a la libertad individual, aquellos que realmente aman la libertad a menudo se ven obligados a aliarse con grupos conservadores en busca de oposición. Sin embargo, advierte sobre los peligros de esta asociación, ya que el conservador carece de un objetivo propio y tiende a ser arrastrado hacia posiciones más radicales.

    El conservadurismo, según el autor, se basa en una oposición legítima al cambio brusco, mientras que el liberalismo, contrario al conservadurismo hasta el auge del socialismo, se centra en la defensa de la libertad individual. En los Estados Unidos, el liberalismo ha sido la base de la vida política, a diferencia de Europa donde el conservadurismo ha desempeñado un papel importante.

    El autor señala que la posición conservadora depende de las tendencias predominantes, y que los conservadores tienden a adoptar ideas socialistas a medida que estas se vuelven populares. Por otro lado, los liberales tienen objetivos específicos y están constantemente buscando mejorar la sociedad.

    Una de las principales diferencias entre liberales y conservadores es su actitud hacia el cambio. Mientras que el conservador teme la mutación y se aferra a lo establecido, los liberales abrazan la transformación y la evolución. Los conservadores tienden a confiar en la autoridad para mantener el orden, mientras que los liberales confían en las fuerzas espontáneas del mercado y la libre evolución.

    El autor critica la falta de principios políticos de los conservadores, quienes tienden a confiar en la autoridad y no comprenden las fuerzas que regulan el mercado. Mientras los conservadores tienden a proteger las posiciones privilegiadas, los liberales abogan por igualdad de oportunidades y la eliminación de privilegios. El autor critica la inconsistencia de los conservadores en materia económica, quienes rechazan el dirigismo en la industria pero son proteccionistas en el sector agrario. Señala que muchos políticos conservadores han contribuido al desacreditamiento de la libre empresa.

    En cuanto a la democracia, el autor defiende sus ventajas, aunque reconoce que el problema radica en el poder ilimitado del gobierno, ya sea democrático o no. Los liberales abogan por limitar el poder estatal, independientemente de quién esté en el poder.

    Una de las principales razones por las que Hayek se distancia del conservadurismo es su oposición a todo nuevo conocimiento y su tendencia al nacionalismo patriotero. Mientras los conservadores suelen resistirse a lo internacional y abogan por el nacionalismo, los liberales reconocen la importancia de las ideas transnacionales y se muestran más abiertos a la cooperación internacional.

    Hayek reflexiona sobre la dificultad de encontrar un nombre adecuado para el partido de la libertad, considerando la historia y las asociaciones actuales del término «liberalismo». Reconoce que el uso del término liberalismo puede generar confusión y propone el término «libertario» como una posible alternativa, aunque personalmente lo encuentra poco atractivo. Destaca la necesidad de encontrar una expresión que refleje el amor del liberal por lo vivo y lo natural, así como su apoyo al desarrollo libre y espontáneo.

    Finalmente, Hayek argumenta que los verdaderos investigadores políticos no pueden ser conservadores debido a la falta de orientación hacia el futuro en la filosofía conservadora. Mientras que el conservadurismo puede ser útil en la práctica, carece de principios generales que guíen hacia el progreso y la libertad. Por lo tanto, Hayek se identifica más con la tradición del «viejo whig», que defendía la libertad individual y la separación de poderes, y aboga por una clara separación entre los modos de pensar conservador y liberal.

    En resumen, Hayek nos ofrece el siguiente mapa conceptual:

    Diferencias entre Conservadurismo y Liberalismo:

    • Actitud hacia el cambio: Hayek señala que el conservadurismo tiende a oponerse al cambio abrupto y drástico, mientras que el liberalismo abraza la transformación y la evolución, siempre y cuando se dirija hacia una dirección deseable.
    • Enfoque hacia el progreso: Mientras que el conservador tiende a reaccionar ante el progreso y a mantener el statu quo, el liberal busca constantemente mejorar la situación presente y eliminar obstáculos para el desarrollo libre y espontáneo.
    • Confianza en las fuerzas del mercado: Hayek destaca la confianza del liberalismo en las fuerzas autorreguladoras del mercado, en contraste con la tendencia conservadora a favorecer la intervención estatal para mantener el orden y la estabilidad económica.

    Relación Triangular de los Partidos

    En esta sección, Hayek propone una visión triangular de la política, donde los conservadores ocupan un vértice, mientras que los socialistas y los liberales ocupan los otros dos. Destaca cómo los conservadores, a lo largo del tiempo, han tendido a asimilar ideas socialistas y han adoptado una postura oportunista en respuesta a las tendencias políticas predominantes.

    Relaciones entre Conservadores, Socialistas y Liberales:

    • Adopción de ideas: Hayek argumenta que los conservadores han tendido a absorber ideas socialistas en lugar de mantener una postura independiente, lo que los lleva a desplazarse hacia el socialismo y alejarse del liberalismo.
    • Oportunismo político: Los conservadores, según Hayek, son propensos a adoptar una posición oportunista, buscando aliarse con el partido político dominante en lugar de mantener una postura firme basada en principios.

    Conclusiones: El texto de Hayek ofrece una crítica detallada del conservadurismo tradicional y destaca las diferencias fundamentales entre conservadurismo y liberalismo en relación con el cambio, el progreso y el papel del Estado en la economía. Además, sugiere que la alianza entre conservadores y defensores de la libertad puede ser problemática debido a la falta de un objetivo común y a la tendencia conservadora hacia el oportunismo político. Esta reflexión proporciona una base sólida para examinar las diferencias entre conservadurismo y liberalismo, así como para considerar la posición del partido de la libertad en el panorama político contemporáneo.

  • ¿Cómo afectan la tecnología digital y las redes sociales al cerebro de niños y adolescentes?

    La digitalización es algo imparable, como también lo es el uso de redes sociales. Según una encuesta realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) a mediados de 2023, los adolescentes y los jóvenes pasan en promedio entre 3 y 4 horas diarias pendientes de las redes sociales. La duda es ¿qué efecto produce en su cerebro y, por extensión, en su vida mental y social? Actualmente se dispone de una gran cantidad de datos, procedentes de diversos estudios científicos, que permiten ver el alcance que tiene utilizar tecnología digital y redes sociales en exceso. Pero no resulta sencillo sacar conclusiones.

    Se dice que el abuso de tecnología digital en general, y de las redes sociales en particular, durante la preadolescencia y la adolescencia está detrás de la epidemia de salud mental que afecta a los más jóvenes. Sin embargo, los datos que se han obtenido hasta la fecha resultan, en algunas ocasiones, contradictorios.

    Las redes sociales cambian el cerebro… ¿a peor?

    Uno de los trabajos científicos más completos llevados a cabo es una metaanálisis que se publicó a finales de 2023 en la revista Early Education and Development. Los autores concluyen que el uso de tecnología digital durante la infancia y la adolescencia produce cambios en la conectividad de diversas áreas del cerebro.

    Ahora bien, que haya cambios no indica, de entrada, si son perjudiciales o beneficiosos. El cerebro es un órgano plástico y maleable, que va haciendo y rehaciendo sus conexiones neuronales, las sinapsis, en base no sólo a programas genéticos internos sino también, de forma muy especial, en interacción con el exterior, a partir de las experiencias que la persona tiene y los aprendizajes que va realizando. Y también en función de los estados emocionales con los que vive estas experiencias o realiza los aprendizajes.

    Se trata de un sistema fantástico que se asegura de que, por aprendizaje, conseguimos adaptarnos a casi cualquier situación. Ahora bien, estas mismas sinapsis también contribuyen a regular el comportamiento de la persona. Y eso incluye cómo se percibe a sí misma, cómo percibe el entorno y cómo se relaciona en su entorno social.

    Cuando las redes sociales son el eje de las experiencias diarias

    El hecho de que el uso de tecnología digital durante la infancia y la adolescencia modifique las conexiones neuronales no es, de entrada, una mala noticia. El cerebro se adapta al entorno que encuentra, también al digital y al de las redes sociales, y aprende a gestionarlo. Y eso es positivo.

    Pero ¿qué ocurre cuando el uso de tecnología digital en general y de las redes sociales en particular se convierte, durante la infancia y la adolescencia, en el eje central de las experiencias diarias, de los contactos sociales y de los aprendizajes? Se ha demostrado que en ese caso se altera la conectividad en diversas áreas del cerebro, entre las que destacan la corteza prefrontal, la amígdala y el estriado.

    La corteza prefrontal se ocupa de gestionar los comportamientos más complejos, las llamadas funciones ejecutivas. Incluyen la capacidad de reflexionar y de razonar, de planificar, de tomar decisiones basadas en razonamientos previos y de racionalizar y gestionar los estados emocionales, para evitar en lo posible las respuestas meramente impulsivas.

    En cuanto a la amígdala cerebral, se encarga de generar los estados emocionales, especialmente pero no únicamente los vinculados a sensaciones de estrés y amenaza.

    Finalmente, el cuerpo estriado gestiona las sensaciones de recompensa por las actividades que hacemos o los pensamientos que tenemos, y también permite que anticipemos las recompensas futuras tomando de base las experiencias pasadas.

    Más impulsivos pero también más escépticos

    Todo ello propicia que el abuso de tecnología digital durante la infancia y la adolescencia se relacione directamente con retrasos en el desarrollo psicomotriz y con un incremento de la impulsividad, lo que incluye una disminución en lo relativo a la frustración y de la resiliencia. Abusar de la tecnología digital hace que los niños y los adolescentes se pierdan muchas experiencias vitales presenciales que son cruciales para un buen desarrollo físico y mental, entre ellas el juego con otros niños y adolescentes y la socialización vivencial, también con la familia.

    En este sentido, se ha visto que el abuso de redes sociales (y no hacer un uso racional de ellas) cambia la manera de pensar y expresarnos. Además, nos hace comportarnos de forma más impulsiva y se incrementa la confianza hacia personas desconocidas. Paradójicamente, también nos vuelve más escépticos en cuanto a las noticias que recibimos.

    También se ha visto que los adolescentes que miran muy a menudo las redes sociales para estar pendientes de lo que se dice muestran una trayectoria de neurodesarrollo diferente en algunas regiones del cerebro, que comprenden las redes emocionales, motivacionales y de control cognitivo en respuesta a la anticipación de recompensas sociales. Esto sugiere que la verificación habitual de las redes sociales en la adolescencia puede estar asociada con cambios en la sensibilidad neural a la anticipación de recompensas, lo que podría tener implicaciones psicológicas.

    Faltan certezas absolutas

    Decimos “podría”. Y este es el quid de la cuestión: la falta de certezas absolutas nos obliga a usar siempre el condicional.

    ¿Ciertamente el abuso de las redes sociales está recableando de forma extensa el cerebro, y estos cambios son la causa de la epidemia de salud mental que afecta especialmente, pero no únicamente, a adolescentes y jóvenes? No cabe duda de que contribuye, pero hay muchos otros aspectos implicados, como por ejemplo el incremento constante de estrés social y también de sensación de soledad, que al mismo tiempo se combina a menudo con sobreprotección.

    En cualquier caso, tanto los responsables políticos como los educativos, y toda la sociedad en general, deberíamos estar muy pendientes de la salud mental de todos, generando políticas y espacios de convivencia donde los contactos presenciales y la sensación de acompañamiento no sobreprotector fuesen los auténticos protagonistas de la vida de niños, adolescentes y jóvenes.The Conversation

    David Bueno i Torrens, Profesor e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo. Director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st, Universitat de Barcelona

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El gobierno como manantial de pobreza

    ¿Qué entiendes por  “gobierno”? Pregunto ya que pocos parecen saber lo que es el gobierno o gobernar; lo cual nos lleva a dejarnos manipular por pérfidos gobernantes. RAE dice que “gobierno” es: “Acción y efecto de gobernar y gobernar es: “Mandar con autoridad o regir algo; y que “mandar” es ordenar. En fin, mientras más busca más me enredo. ¿Verdaderamente queremos ser mandados, regidos, ordenados; o, ¿tal vez saqueados?, que parece ser mejor definición de lo que hacen nuestros gobiernos y gobernantes.

    En fin, ¿qué rayos es el gobierno, que es gobernar y para que queremos gobiernos y gobernantes?

    El ser humano, que es persona, es, ante todo, un ser social, que vive asociado a otros seres humanos, no sólo con fines reproductivos sino de seguridad y prosperidad. Así, vemos que lo prioritario es la seguridad de nuestras vidas, que son propiamente propiedad nuestra. Pero la vida no se puede mantener sin movilidad y labranza, facultades que nos permiten tomar cosas naturales, tal como aire, agua, alimentos y más, transforándolas para acopiar o lograr mejor función en nuestras vidas. Así, apropiadas las cosas del entorno, sin violar lo propio de otras personas, las cosas pasan a ser de nuestra propiedad; vale decir, nos pertenecen, tal como como la misma vida nos pertenece y tenemos el derecho de defender nuestras vidas y pertenencias de quienes, en vez de obtenerlas por la vía del acuerdo pacífico y voluntario, eligen obtenerlas por la vía violenta y confiscatoria.

    Determinados los derechos a lo que es propio de cada persona, debemos considerar las mejores formas de defender esos derechos, y en ello entramos a considerar al estado y sus gobiernos. Pero relativo a la conducción social no está sólo en juego la propiedad sino los medios que, de una u otra forma, facilitan las actividades de apropiación de bienes y servicios; tales como las leyes, los ejércitos, las carreteras, correo, bomberos, la moneda y más. Es entonces que debemos considerar y deliberar en cuanto a la viabilidad e importancia tanto del estado como de sus gobiernos, considerando sus funciones y el alcance o limitaciones de dichas funciones.

    Y he aquí el momento de aclarar que “estado” y “gobierno” no son sinónimos, no son lo mismo sino cosas muy diferentes. El “estado” es la organización de los medios políticos de una nación y, sin embargo, los gobiernos electos no representan a la mayoría del pueblo y por tanto no son el pueblo. Por su parte, los gobiernos del estado son organizaciones políticas que intentan lograr el monopolio del uso de la fuerza y la violencia, y que lo hace de forma confiscatoria, y coercitiva impositiva. Visto así, es eminente que el estado y sus gobiernos deben ser limitados en constitución y de hecho en acción.

    También debemos ver que los gobiernos del estado no son la única forma o herramienta para lograr los propósitos sociales; y, como ejemplo, podemos considerar que la seguridad policial no corresponde únicamente a los gobiernos sino que pueden ser privadas, tal como de hecho en muchos casos lo son, y con mayor efectividad que los organismos centralizados de policía; los cuales se prestan para monopolizar poderes políticos y tal; vale decir, el monopolio del uso de la violencia de grupos entronizados en el poder central, que ha sido en la historia la mayor de todas las inseguridades sociales.

    Entonces, debía quedar muy claro que en Panamá el poder estatal, vertido en sus gobiernos, ha sido utilizado como herramienta de control, abuso y violación de los derechos generales de propiedad y sociedad.

    Pero, lo que no vemos es que en el mundo que ya se nos viene como avalancha, los mercados están logrando su propia libertad por la vía científica, tecnológica e informativa y quienes no lo adviertan están condenados al sepulcro de la caducidad y el fracaso.