Categoría: Cultura y Sociedad

  • Por qué la batalla de Ucrania es la de todos

    El artículo de Guy Sorman, titulado «Necesitamos hacer más», publicado en ABC recientemente, aborda la situación actual en Ucrania y su relevancia en la lucha global entre la democracia y el despotismo. El autor comienza haciendo referencia a un encuentro histórico entre el general Franco de España y Adolf Hitler de Alemania en 1940, en el cual Franco se negó a involucrar a España en la guerra y optó por mantenerse neutral o casi neutral. Sorman atribuye esta decisión de Franco a la previsión de que Alemania no ganaría la guerra debido a la resistencia de la Royal Air Force británica durante la Batalla de Inglaterra. El autor luego establece un paralelo entre esa resistencia británica en la Segunda Guerra Mundial y la lucha actual del Ejército y el pueblo ucraniano contra Rusia.

    Sorman argumenta que en la actualidad, al igual que en 1940, se enfrentan dos ideologías y concepciones del mundo: el bando democrático, que defiende la libertad personal y la resolución de conflictos a través de elecciones internas y negociaciones externas; y el bando del despotismo, que prioriza el poder del Estado y a menudo está acompañado de una ideología, como el imperialismo ruso o el comunismo chino, y que busca negar la libertad individual. El autor sostiene que el conflicto en Ucrania es una manifestación de esta lucha entre la democracia y el despotismo, y que una victoria rusa tendría consecuencias negativas para la libertad y la prosperidad en el mundo, ya que Rusia y China se unirían para contrarrestar la democracia en todas partes.

    Sorman expone que, a pesar de que la OTAN está armando a Ucrania, lo hace con cierta vacilación, temerosa de una posible respuesta nuclear de Rusia. Sin embargo, el autor argumenta que si Rusia pudiera usar armas nucleares en el campo de batalla, ya lo habría hecho, y que estas armas son inútiles en una guerra convencional. Sorman critica la demora en la entrega de armamento a Ucrania por parte de Occidente y sostiene que los ucranianos deben dar argumentos durante semanas o meses antes de recibir el apoyo que necesitan para enfrentar la agresión rusa.

    El autor también menciona la implicación de otros países en este conflicto, como África, el mundo árabe e India, que dudan entre apoyar a la democracia o al despotismo. Sorman advierte que una victoria rusa en Ucrania fortalecería a los dictadores en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y establecería una alianza de tiranos liderada por Rusia y China, lo cual pondría en peligro las libertades, vidas, prosperidad y creencias de los europeos y de otros países.

    Sorman concluye su artículo instando a no abandonar a Ucrania, ya que este país está luchando por la democracia no solo para sí mismo, sino también en nombre de otros países que valoran la libertad. El autor hace un llamado a reconocer la importancia de este conflicto en la lucha global entre la democracia y el despotismo. El artículo de Guy Sorman es una advertencia clara y contundente de las consecuencias que podría tener la victoria de Rusia en Ucrania para Europa y el mundo y llama a no permitir que el miedo a las armas nucleares detenga la ayuda a Ucrania. El artículo es un recordatorio de que la libertad, la vida, la prosperidad y las creencias del mundo occidental están en juego y de que no podemos permitir que esto suceda.

  • Los arquitectos del futuro de los niños

    Como más que bien lo señala Nicole Doyle, presidente del Dekalb Christian Home Educators (hogar de los educadores cristianos – DCHE), les zumba a los padres de familia que ellos pueden contratar los servicios NODUCA y privados que quieran pero el desarrollo mental, espiritual y académico de sus hijos recae en sus padres; quienes, si no se involucran, hacen inmenso daño a los niños.

    Es tentador y fácil delegar más de lo aconsejable la educación de los niños; pero no es sano. No sólo es vital mantenerse al tanto de lo que enseñan a tus hijos sino cómo se les enseña. Y, aún más vital es descubrir las pasiones de nuestros vástagos y ayudarlos a desarrollarlas y no como es tan común de padres que le dicen a sus hijos que quieren que estos sean médicos y tal. Como bien señaló Khalil Gibran en su obra El Profeta:

    “Tus hijos no son tus hijos. Ello son los hijos e hijas del deseo de la vida por sí misma. Vienen a través de ti pero no de ti, y aunque estén contigo no te pertenecen. Les podrás dar tu amor pero no tus pensamientos; pues ellos tienen sus propios pensamientos. Podrás dar albergue a sus cuerpos pero no a sus almas, pues sus almas habitan en la casa del mañana, que tú no podrás visitar ni siquiera en tus sueños. Podrás desear ser como ellos, pero no intentes que ellos sean como tú, pues la vida avanza y no se detiene en el ayer…”

    Si es error delegar en demasía la educación de los niños a las escuelas privadas, el error se vuelve garrafal cuando la delegamos al monopolio estatal del NODUCA. No olvido y repito la anécdota de la visita de la ministra del NODUCA a la APEDE. La misma se dedicó a regañar a los empresarios de no “colaborar” con las escuelas “publicas”. Nos dijo que no las visitábamos y no ofrecíamos nuestra ayuda en charlas y tal. Sin embargo, llevo años ofreciendo a escuelas NODUCA visitas y ¡nada! Más aún, una vez que me invitaron a presentar mi libro sobre la educación en una universidad la directora me informó, con gran preocupación, que le habían llamado de la UP para amenazar que si me permitían hablar cerrarían dicha universidad.

    Lo bueno es que la desquiciada y malévola encerrona covidosa en EE.UU. le está reventando en la cara al monopolio estatal supuestamente educativo; a tal punto que más de 1.2 millones de estudiantes han abandonado las escuelas gubernamentales como resultado. En Panamá el asunto va por otro chorrillo como resultado de los encierros covidosos que llevaron a la quiebra a miles de pequeñas y medianas empresas, dejando a dueños, empleados y a toda la cadena de mercado varada. ¡Por supuesto!, ahora el NODUCA no tiene la capacidad de atender a todos los refugiados de la insensatez.

    Lo que poco o nada entienden los del NODUCA y el resto de los zorros del gallinero gubernamental, o simplemente no les importa, es que el futuro que explota ante nosotros requiere alternativas de educación que jamás saldrán de la miasma central. En sitios tales como en Corea del Sur, la respuesta se fue por la ruta de los tutores académicos que ayudan a las familias con el diseño y ruta de la educación de sus hijos.

    El inmenso “secreto” que no logran entender los socialistas y demás centralistas, es lo imprescindible de dar con la veta aurífera de la diversidad, esa que se encuentra diseminada a través de toda la población y no enclaustrada en las mazmorras del NODUCA.

  • Sobre un autor preferido de Borges

    Emanuel Swedenborg nació en Suecia en 1688. Su obra más conocida, “El cielo y sus maravillas, y el infierno”, versa sobre al acercamiento mayor o menor a la Perfección según nuestras conductas.

    Una conferencia de Borges pronunciada el 9 de junio de 1978 despertó mi curiosidad sobre un personaje al que el disertante dijo que “quizá el hombre más extraordinario -si es que admitimos esos superlativos- fue Emanuel Swedenborg” por quien se interesó a raíz de un escrito de Ralph Waldo Emerson y del hecho que el libro más difundido de Swedenborg se encontraba en la biblioteca de su padre, en Ginebra, en 1915 (luego en Buenos Aires volvería a leer esa obra junto a Xul Solar). Personalmente no asistí a esa presentación borgeana pero la leí en una publicación de 1979 titulada Borges oral de Emecé Editores/Editorial Belgrano.

    El personaje de marras nació en Suecia en 1688 y sus estudios y obras publicadas de su primera época se refieren a las matemáticas, a la biología, la anatomía y la física. A partir de 1745 se dedicó por entero a la teología (solamente en esta materia sus escritos ocupan ocho volúmenes) sobre la cual su libro más conocido es El cielo y sus maravillas, y el infierno publicado originalmente en latín en 1758 y traducido al inglés en 1933 y al castellano en 1991. James Joyce sostiene que este escrito “es la obra maestra de Swedenborg”.

    A diferencia de mentes calenturientas de no pocos predicadores religiosos que describen lo que ocurre después de la muerte con lujo de detalles inauditos y aludiendo al cielo y al infierno a través de lecturas bíblicas literales y no referencias metafóricas o alegóricas, a diferencia de estas interpretaciones decimos, el eje central de Swedenborg apunta al acercamiento mayor o menor a la Perfección según hayan sido nuestras conductas. En este sentido, escribe que “al mencionar las acciones y las obras se alude a su contenido y no a su aspecto exterior, ya que como todo el mundo sabe, toda acción y toda obra emanan de la voluntad y el pensamiento del hombre; de no ser así, serían meros movimientos, como los que ejecuta un autómata”. Y antes de esta encendida defensa del libre albedrío y la consiguiente responsabilidad individual por nuestros actos, manifiesta que “a la paz interna se accede solamente a través de la sabiduría y, por ende, solamente a través de la conjunción del bien y la verdad, dado que la sabiduría emana de esa conjunción”. De este modo el autor apunta a la psique, el alma o la mente como lo característico y sobresaliente en el ser humano, cuya alimentación es inexorable para el autoperfeccionamiento y la actualización de las respectivas potencialidades, únicas e irrepetibles en cada uno.

    En la misma línea argumental, subraya que “en el mundo espiritual, la distancia [con la Perfección o Dios] está determinada exclusivamente por los estados de interioridad […] los que son más perfectos, es decir, los que sobresalen por su bondad, su amor, sabiduría e inteligencia, están en el centro: los menos destacados se ubican alrededor, a una distancia que varía según el grado decreciente de su perfección. Su orden de ubicación es semejante al de una luz que va disminuyendo del centro a la periferia” y, más adelante, reafirma que “el mal en el hombre es el infierno dentro suyo, puesto que el decir mal o el infierno viene a ser la misma cosa. Y como el hombre es la causa de su propia maldad, es el mismo quien se conduce al infierno”.

    Estas reflexiones se condicen con la lógica y presentan correlatos bastante estrechos con lo consignado por el doctor en medicina y doctor en filosofía Raymond Moody en su obra en dos tomos titulada Vida después de la vida que reproduce relatos de personas que han sido declaradas clínicamente muertas pero pudieron ser reanimadas, lo cual reitera la también facultativa Elisabeth Kubler-Ross quien prologa este libro y quien por su parte publicó en la misma línea argumental La muerte: un amanecer. También es sumamente revelador en la misma dirección el testimonio de Ebon Alexander (profesor de neurofisiología y también neurocirujano en la Medical School de Harvard) quien estuvo en coma siete días como consecuencia de una meningitis bacteriana que mantuvo su corteza cortical inactivada (Proof of Heaven). Este es el sentido por el cual con anterioridad cuando le preguntaron a Carl Jung si creía en Dios respondió “No creo en Dios, sé que Dios existe.”

    En realidad hay solo dos pilares que son posibles de abordarse de modo racional: la existencia de una Primera Causa y la inmortalidad de los estados de conciencia o del alma. Lo primero debido a que no resulta posible una regresión ad infinitum en nuestra existencia, de lo contrario, si nunca comenzaron las causas que nos dieron origen no existiríamos, lo cual no es incompatible con el Big Bang como fenómeno necesariamente subordinado a la Primera Causa o Dios ya que se trata de lo contingente, no de lo necesario. En segundo lugar, la mente, la psique, el alma o los estados de conciencia (lo inmaterial, lo que no se deteriora, aquello que nos distingue de ser solo kilos de protoplasma) son inexorables para que tengan sentido las proposiciones verdaderas o falsas, la argumentación, las ideas autogeneradas, la revisión de nuestro propios juicios, la responsabilidad individual y la moralidad de los actos. Entre otros muchos autores, Richard Swinburne -profesor emérito de la Universidad de Oxford- explica en Free Will and Modern Science la relación cuerpo/mente con gran elocuencia y fundamentación. Si fuéramos loros, ni siquiera podríamos debatir sobre lo que ahora estamos tratando ya que entre autómatas no hay razonamientos propiamente dichos (escribí un largo ensayo sobre este tema titulado “Positivismo metodológico y determinismo físico” originalmente para el Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Buenos Aires y que ahora está en Internet).

    Pero como siempre ocurre con todo escrito de cierta extensión, hay en esta obra de Swedenborg puntos en los que estoy en desacuerdo. Uno de ellos es sobre su absurda condena al amor propio, el cual constituye la razón por la cual pensamos y actuamos: todo está en nuestro interés personal ya sea lo bueno como lo malo (si no está en interés del sujeto actuante no hay acción). Este tema fue motivo de discusión con el editor del referido trabajo de Swedenborg en castellano, Christian Wildner, quien tuvo la amabilidad de visitarme en mi oficina en Buenos Aires al poco de publicarse el libro, oportunidad en la que nos embarcamos en un debate sobre el tema en cuestión.

    En este sentido, viene muy a cuento una cita de una nota periodística de Gary Hull sobre el interés personal en el amor, la cual es totalmente independiente de la noción que este autor tenga sobre la idea de religión. Hull abre su nota periodística del siguiente modo: “Cada año en el día de San Valentín, se comete un crimen filosófico. De hecho, se comete durante todo el año, pero su destructividad se ve aumentada en esta fecha. Este crimen es la propagación de una falsedad ampliamente aceptada: la idea de que el amor es desinteresado. El amor, se nos repite constantemente, consiste de auto-sacrificio. El amor basado en interés personal, se nos advierte, es barato y sórdido. El amor verdadero, nos dicen, es altruista. ¿Lo es? Imaginen una tarjeta de San Valentín que se tome esta idea en serio. Imaginen el recibir una tarjeta con el siguiente mensaje: No obtengo ninguna satisfacción de tu existencia. No recibo ningún disfrute personal de la forma en que te ves, te vistes, te mueves, actúas o piensas. Nuestra relación no me beneficia. No satisfaces ninguna necesidad sexual, emocional o intelectual mía. Eres sujeto de caridad para mí y estoy contigo sólo por lástima. Besos, XX.”

    El libro de Swedenborg, además de un breve reportaje a Borges realizado por el mencionado Wildner, lleva como introducción un escrito de Hellen Keller que se titula “Mi religión” donde consigna que a través del sistema Braille leyó el prefacio que anota una mujer ciega “cuya oscuridad había sido iluminada por las bellas verdades de las escritura de Swedenborg” y confiesa que “mientras iba dándome cuenta del significado de lo que leía [en el libro], mi alma parecía expandirse […] por primera vez la inmortalidad se hizo inteligible para mí […] Swedenborg hace que la vida futura no sólo sea concebible sino deseable”.

    Agrego a lo dicho una consideración de Swedenborg sobre la pobreza y la riqueza generalmente muy mal tratadas en las comunidades religiosas tradicionales. Así se pronuncia nuestro autor sobre el tema: “los ricos entran al cielo con la misma facilidad que los pobres y que ningún hombre queda excluido del cielo a causa de su riqueza, ni se lo admite en el cielo a causa de su pobreza […] En primer lugar es conveniente aclarar que el hombre puede adquirir bienes y acumular riquezas si se le presenta la oportunidad, siempre y cuando no recurra a artificios o fraudes para lograr su cometido, que puede disfrutar de la exquisitez de la comida y la bebida siempre y cuando no viva nada más que para ello, disponer de una residencia palaciega […] tampoco es menester que ceda sus bienes a los pobres, salvo en el caso en que su afecto se lo dicte […] Los pobres no van al cielo en virtud de su pobreza, sino en virtud de la vida que llevaron. No hay una misericordia que sea privativa de unos o de otros; el que llevó una buena vida es admitido, el que se entregó a la mala vida es rechazado”.

    Como es bien sabido, el soporte de la existencia de Dios está muy extendido en estudiosos y científicos de muy diversas ramas del conocimiento, pero estimo que la tesis sustentada por George Steiner en Real Presences presenta un magnífico resumen en el contexto del mundo de los escritores y artistas: “donde la presencia de Dios no es una suposición defendible y donde Su ausencia no es sentida con un peso sobrecogedor, ciertas dimensiones del pensamiento y la creatividad no resultan asequibles”. Es que la arrogancia y el abuso de la razón no permiten aceptar que el origen del universo se debe a causas que están más allá de nuestras fuerzas y por ende hay un empecinamiento en atribuirlas a situaciones meramente contingentes. El premio Nobel en física Max Plank consigna que “Donde quiera que miremos, tan lejos como miremos, no encontraremos en ningún sitio la menor contradicción entre religión y ciencia natural, antes al contrario encontramos perfecto acuerdo en los puntos decisivos. Religión y ciencia natural no se excluyen […] La prueba inmediata de la compatibilidad de la religión y la ciencia de la naturaleza, también de la construida sobre una observación crítica, la ofrece el hecho histórico de que precisamente los máximos investigadores de la naturaleza de todos los tiempos, Kepler, Newton, Leibniz, eran hombres penetrados de profunda religiosidad” (Naturwissenschaft, 1938, Leipzig).

    Al abrir esta nota hice referencia a Borges, ahora vuelvo a hacerlo en el sentido de subrayar que a pesar que se declaraba agnóstico en el viaje a ESEADE cuando lo llevé a hablar ante alumnos nos dijo con mi mujer que la mejor definición de Dios que había encontrado era esta: “El sol es la sombra de Dios”. A esta declaración cabe agregar que Maria Kodama cuando en 1999 junto al querido escritor español José María Álvarez me invitó a disertar en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges (que titulé “Herbert Spencer y el poder: una preocupación borgeana”), aludió a las idas y venidas de su marido respecto a idea de religiosidad sobre lo cual escribió más adelante en cuanto su pedido de un sacerdote antes de morir en Ginebra.

    De más está decir que todo lo dicho en nada se opone a críticas que puedan hacerse, por ejemplo, a la Iglesia católica lo cual, entre otros, ha sido puesto en evidencia por Juan Pablo II que durante su pontificado de 21 años reiteró sus pedidos de perdón en 94 oportunidades por los atropellos de mucho de lo que las cabezas de la Iglesia han llevado a cabo a través del tiempo, resumen que se encuentra en los perdones realizados en la Basílica de San Pedro con motivo del Jubileo del Año Santo de 2000 donde siete cardenales leyeron las siete imputaciones clave que el Papa quiso reconocer ante el mundo (englobadas en la Inquisición, las Cruzadas, guerras religiosas, el antisemitismo, contra las mujeres, etnias, indígenas e injusticias económicas). Hoy las críticas a la cabeza de la Iglesia se centran en los ataques a la propiedad privada y a lo que en consecuencia irrumpe acentuando exponencialmente la pobreza: aquello que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”.

  • La cultura de la cancelación

    Se le conoce como la “cultura de la cancelación” al fenómeno del ostracismo, boicot o exclusión que hacen ciertos grupos, empresas o hasta entidades políticas a quienes consideran han actuado o hablado de una manera inaceptable. El fenómeno de la cancelación tuvo su despegue por el año 2010. Inicialmente tuvo el propósito de dar voz a quienes carecían de los medios para hacerse escuchar; es decir, en contra de los más poderosos que dominan el diálogo mediático. El asunto se ha tornado confuso a través de los años y en la actualidad no queda claro si el objetivo de los canceladores es lograr una voz en el debate o si quieren imponer su visión trastornada del mundo.

    Por un lado, unos arguyen que la cultura de cancelación da voz a los grupos marginalizados, mientras que quienes creen en la libertad de expresión se oponen a semejante intromisión a sus derechos. Pero, una cosa es el procurar plataformas de expresión y otra, muy diferente y peligrosa es callar a quienes no piensan igual.

    Otra forma de ver y analizar el fenómeno se da cuando advertimos que la humanidad en general se encuentra en un punto de inflexión hacia una nueva forma de existencia acorde con la acelerada evolución tecnológica. Explicado de otra manera, hablo de la necesidad impostergable de enfrentar el futuro que nos cae encima como alud. Una realidad que ya entra como tsunami en nuestras vidas, tal como la inteligencia artificial. En fin, la realidad de un nuevo mundo en dónde peligros tales como las bombas atómicas ya no son la mayor única o mayor amenaza. Sería imposible lidiar con un futuro nuevo e inimaginable anclados al ayer obsoleto; tanto en sentido tecnológico como social y económico.

    Otro aspecto de la cultura de cancelación, que guarda íntima relación con lo que señalo en el párrafo precedente, se presenta en la panóptica, que se origina a fines de 1850. La panóptica es una prisión cuyas celdas están dispuestas alrededor de un centro de guardia y observación, de manera que los celadores pueden ver a todos los presos pero los presos no pueden ver a los celadores.

    La panóptica moderna la tenemos en el Internet y las plataformas tales como Facebook, Twitter, Tiktok, que tienen la capacidad de vernos sin que estemos enterados que nos están viendo, escuchando, grabando y más. No digo que lo hacen sino que lo pueden hacer y probablemente algunos lo hacen. En mi caso, Facebook bloqueó el sitio Facebook de nuestra empresa alegando que posteábamos contenido “inapropiado”. ¿Inapropiado para quién? No hay duda de que nos “veían”.

    Quienes ponen atención bien pueden advertir que quienes más aprovechan el panóptico ciberespacial son los grupos de izquierda y los llamados progre que practican en serio la cultura de cancelación; los cuales han logrado que los celadores de plataformas digitales castiguen a los que estos tildan de “pecadores”. Esto nos pasó a nosotros por defender principios de libertad.

    Personajes como Jordan Peterson han visto verdaderos intentos de boicotear sus publicaciones; lo mismo que el cuento de niños de Rowling, “The Ickabog”. Se trata de una izquierda realmente extrema que no tolera la libertad personal y procura la sumisión del rebaño. Y lo más curioso es que buena parte de los canceladores son personas poderosas; pero con ideas asquerosas.

    La buena es que los canceladores son minoría que con su ñamería están despertando a la mayoría. Uno de estos canceladores alega que quien más cancelan son los capitalistas. Curioso, pues no conozco ningún país en dónde se practica el capitalismo.

  • El liberalismo es universal sostiene Guy Sorman

    El liberalismo es universal, afirma el escritor y filósofo francés Guy Sorman en un artículo para el periódico ABC. Según Sorman, la aspiración occidental a la unidad de la raza humana y la universalidad de la libertad es un requisito previo que sigue estando cargado de consecuencias y arroja luz sobre la diplomacia occidental. Desde el monoteísmo que se impuso a los hebreos, el cristianismo que se difundió por el mundo, hasta los grandes descubrimientos del siglo XV, los europeos siempre han emprendido la conquista del mundo para difundir sus creencias y civilización superior.

    El repaso histórico que Sorman hace pretende subrayar la singular creencia de los occidentales en la unidad de la raza humana y la universalidad de la libertad, lo que carga de consecuencias y arroja luz sobre la diplomacia occidental. En este sentido, en Ucrania el deber de intervenir se basa en la convicción de que los ucranianos son «como nosotros» y aspiran a la misma libertad. Putin, por su parte, presenta el argumento opuesto, ya que afirma que el liberalismo es solo una creación de la propaganda occidental.

    En contraposición, los chinos nunca han intentado imponer el confucianismo al resto del mundo, ni los indios el hinduismo. Cuando los árabes se lanzaron a la conquista del mundo, lo hicieron para afirmar su superioridad militar más que su religión. En el Corán se dice que el islam no debería imponerse por la espada.

    El liberalismo es una corriente de pensamiento político y económico que defiende la libertad individual, la propiedad privada, el libre mercado y la democracia representativa. El liberalismo cree en la igualdad ante la ley, el pluralismo, la tolerancia y la diversidad, y se opone al autoritarismo, el colectivismo y el estatismo. Según Sorman, el liberalismo es universal porque se basa en la naturaleza humana, no en la cultura. La libertad de pensar, de expresarse, de ir y venir o de emprender está anclada en nuestra alma. Es nuestra segunda naturaleza, como el aire que respiramos.

    Sin embargo, algunos prefieren las ideologías totalitarias o las utopías de pacotilla al liberalismo. Para hacer la revolución, todavía es necesario ser libre para manifestarse o gritar «¡ninguna libertad para los enemigos de la libertad!». Aunque el liberalismo representa solo una fracción de nuestra civilización, está en competencia permanente con otras visiones del mundo como las que privilegian la identidad nacional frente a la libertad individual o el culto al estado del bienestar.

    En resumen, Guy Sorman considera que el liberalismo es universal porque se basa en la naturaleza humana, no en la cultura. Y concluye comentando que el fallecido Nobel de la Paz Liu Xiaobo recordó que la I República de China, anterior a muchas democracias europeas, fue fundada en 1911 con elecciones por sufragio universal, partidos y libertad de prensa. «No hace falta, me decía a menudo Liu, explicar a los chinos qué es el liberalismo. Lo saben desde 1911, de nuevo en 1989, en la plaza de Tiananmen y, hoy en Hong Kong y en Taiwán. Si la China de Pekín no es liberal es porque la policía y el Ejército lo prohíben».  No se trata de una singularidad genética o cultural propia del pueblo chino.

    Claro que todo lo anterior puede ser refutado sostiene el autor. El liberalismo es el derecho a la crítica, pero preferentemente, «una crítica basada en el conocimiento más que en el prejuicio o en la autoflagelación woke de moda en EE.UU. Reivindicar el liberalismo y proclamar su universalidad es respetar todas las demás civilizaciones, empezando por la nuestra».

  • ¿Qué rayos es el capitalismo salvaje?

    Hoy un amigo me envió un video en el cual un periodista hace referencia a un editorial del Washington Post, asegurando que el “capitalismo salvaje” destruye a su paso los recursos naturales, la explotación del hombre y la manipulación de la mente para que nos convirtamos en rehenes de la sociedad de consumo. También vilipendia al “capital privado” dado que más del 80% de la riqueza está concentrada en el 1% de la población; junto con la privatización del agua, la salud, los recursos humanos que se han convertido en mercancías y que sólo están al alcance de una minoría rapaz voraz e insaciable. Y termina diciendo que o muere el capitalismo salvaje o muere la civilización humana. ¡Meto!, como diría el chiricano.

    ¿Por dónde agarramos a este puercoespín? Comencemos por la frase “capitalismo salvaje”, la cual forma parte de la Bable que intenta llegar al Cielo por una ruta que termina en el Infierno. Lo primero que me saltó en mente al escuchar semejante vitriolo señalamiento… ¡uy!, perdón con la palabrita y perdón si hago la circunvalación por los senderos de este término. Vitriolo, viene de vidrio, especialmente del sulfato cúprico, y se refiere a algo amargo, áspero o cáustico. El video es una retahíla vitriólica dado que en un mundo salvaje los medios de subsistencia no suelen ser primorosos. ¿Cuál otro sistema e ideologías política no es salvaje? A juzgar por los resultados, ¡ninguno! Y, a fin de tanta acusación al capitalismo que tilda de “salvaje”, no proponen alternativa. ¿Por qué? ¿Será que no la hay?

    Y repito a cansancio que la peor de las mentiras es aquella que es casi verdad; con lo cual quiero referirme a lo de la destrucción de los recursos naturales. Obvio que no se puede hacer limonada sin aplastar limones; pero otra cosa es alegar que las limonadas, en general, son destrucción. Lo malo está en pintar al mundo como un pastel que se reparte cada vez en cuñas más pequeñas. Es miopía crasa ver al mundo y al universo así.

    Bien usados, los recursos naturales constituyen la plataforma de lanzamiento a un futuro inimaginable en dónde encontraremos la riqueza del mismo universo. Y, sí, hay mucha destrucción de los recursos, pero no es sensato inventar el cuco del ‘capitalismo salvaje’ para aventarle culpas. En todo caso, la verdadera “derecha extrema” no es capitalista sino nacional socialista, es el nacismo que es extrema izquierda.

    “La explotación del hombre” … La más horrorosa explotación del hombre se da en el comunismo y sus hermanos de la izquierda; los cuales ni siquiera reconocen la familia y la propiedad de nuestros cuerpos, los cuales alegan ser menos que el colectivo. El capitalismo da riendas sueltas a todos para que del aporte de cada persona salgan las soluciones y caminos de virtud al destino de la humanidad. En el centralismo estéril no se abren los caminos de la diversidad sino del centralismo castrante.

    Y… quienes más que los socialistas, comunistas, y totalitarios en general son los que más se valen de la “manipulación de la mente”. ¿Acaso no vemos de dónde sale la locura del woke? Y ni hablar la manipulación de gobiernos regaliernos cuyo único objetivo es conducir las gallinas a los gallineros del policentrismo partidario.

    Que el “capital privado” es perverso. ¡A la gran flauta! ¿Será malo pensar y actuar con la cabeza propia? Es de necios creer y proponer que todo sea de todos, pues lo que es de todos no es de nadie y nadie lo cuida. Vean el agua del IDAAN.

  • Bernard Mandeville, un personaje para el momento actual

    Nada menos que Samuel Johnson –sin duda una de las figuras más destacadas de la literatura inglesa del siglo XVIII– ha dicho que Mandeville le “abrió la mirada frente a la realidad de la vida” y, por su parte, James Boswell en Life of Samuel Johnson apunta que Mandeville ha influido decisivamente en buena parte de la concepción filosófica del tan ponderado doctor Johnson.

    Pensadores de la talla de Adam Smith, David Hume, James Mill, Emanuel Kant, Jeremy Bentham, Voltaire, Montesquieu y estudiosos como Benjamin Franklin han citado frecuentemente a Mandeville para discutir o para coincidir con sus razonamientos y conclusiones. Condillac y Herder se basaron en Mandeville para la realización de buena parte de sus trabajos sobre el origen y el proceso evolutivo por el que se forma el lenguaje, que como es sabido no procede de la ingeniería social ni el diseño, sino del orden espontáneo. En esta línea argumental, Borges sostenía que el inglés cuenta con un mayor número de palabras porque no lo pretende regir una academia de la lengua.

    Alexander Pope reconoce en los escritos de Mandeville un gran valor literario. Resulta muy curioso que con estos reconocimientos sobre la influencia mandevilliana en el pensamiento de la época contemporáneamente aquel autor pase prácticamente desapercibido. Salvo el formidable trabajo de tesis doctoral presentado por Forrest B. Kates en 1917 en la Universidad de Yale, que más tarde inspirara a Friedrich Hayek para su notable presentación ante la Academia Británica en marzo de 1966 y con anterioridad la disertación doctoral de Chiaki Nishiyama en la Universidad de Chicago en 1960, salvo estos estudios, como queda dicho, Mandeville pasa sin que se destaquen sus contribuciones, aun en los círculos intelectuales considerados de mayor prestigio.

    Bertrand Mandeville nació en Holanda en 1670 y murió en Inglaterra en 1733, lugar este último donde transcurrió prácticamente toda su existencia. Se graduó en medicina –provenía de una familia de médicos célebres–, pero su interés lo volcó por entero a la filosofía, sobre lo que publicó una docena de trabajos de envergadura, pero su tono incisivo, mordaz y por momentos peyorativo condujo a algunos malentendidos. Aunque fueron muchos los intelectuales de peso que reconocieron su originalidad y maestría, otros lo rechazaron por considerar que su lenguaje resultaba insolente y no adecuado para la época. En su afán de ridiculizar al oponente en no pocas ocasiones dificultaba la comprensión del argumento, que incluso a veces resultaba desfigurado.

    Veamos a título de ejemplo una de sus obras titulada La fábula de las abejas o cómo los vicios privados hacen a la prosperidad pública. Es que Mandeville usa la expresión “vicio” en su equivocada acepción vulgar para aludir a los seres humanos persiguiendo su interés personal. Con este razonamiento el autor de marras pretendía señalar con acierto que todos actuamos en nuestro interés personal. Es en realidad una verdad de Perogrullo, puesto que el acto se lleva a cabo precisamente porque está en interés del sujeto actuante, sea la acción ruin o abnegada. Tanto el asaltante de bancos que apunta a que le salga bien el atraco como la Madre Teresa, en cuyo interés personal está el cuidado de sus leprosos, en ambos casos proceden por el referido móvil.

    El eje central de la cooperación social en un sistema abierto se sustenta en que todos para progresar deben atender las necesidades de su prójimo. Se trata de demandas cruzadas en los intercambios, por eso es que suelen agradecerse recíprocamente en un comercio luego de la transacción. Lo que le preocupaba a Mandeville y mucho más nos preocupa a esta generación es la incomprensión manifiesta de lo dicho, e irrumpe el “ogro filantrópico” al decir de Octavio Paz, un esperpento que en nombre del aparato estatal aplasta derechos y libertades de los gobernados a través de controles absurdos, pesadas cargas fiscales, inflaciones galopantes, sindicatos que abdican de sus funciones y en su lugar perjudican a sus supuestos representados, sistemas de inseguridad antisocial, cerrazón al comercio con el mundo. Todo conducido por megalómanos disfrazados de hadas madrinas que todo lo destruyen a su paso degradando el concepto de solidaridad, ya que se inspiran en la expropiación del fruto del trabajo ajeno.

    Esta lección de Mandeville luego fue retomada también por uno de los más destacados exponentes de la Escuela Escocesa, a saber Adam Ferguson, que en 1767 subrayaba que los beneficios del interés personal cruzado en una sociedad libre son “el resultado de las acciones humanas mas no producto del diseño humano” al efecto de alejar de los burócratas “la arrogancia fatal”, tal como denominaba Hayek al ímpetu de los estatistas de siempre. En momentos en que en el llamado mundo libre la arremetida de los planificadores y alquimistas sociales hace peligrar la existencia de la misma libertad, resulta de interés repasar y releer el mensaje central de Mandeville, especialmente cuando se observa una malsana tendencia a abandonar los preceptos de la democracia para convertirla en cleptocracia, lo cual en lugar de preservar intacto el respeto a los derechos de las personas, tal como recomiendan los Giovanni Sartori de nuestro tiempo, en muchos lugares se opta por gobiernos de ladrones de sueños de vida, propiedades y libertades. Se deja de lado la columna vertebral de la democracia para sustituirla por el mero recuento de votos, con lo que se podría concluir que Hitler era demócrata porque asumió con la primera minoría en un proceso electoral, o el sistema implantado por el dictador venezolano que habla con los pajaritos.

    Tal como se ha consignado respecto de Mandeville, el estilo burlón y satírico aplicado a ciertos temas no siempre es conducente, procedimiento a que recurre este pensador en su desesperación para que se comprendan puntos centrales de la convivencia civilizada. Mandeville es el principal responsable de haber refutado lo que se conoce como “darwinismo social”. Darwin mostró que en el reino de la biología las especies más aptas eliminan a las menos competentes, mientras que Mandeville explicó con lujo de detalles que en materia social la libertad hace que los más eficientes, los más fuertes, como una consecuencia no necesariamente buscada, inexorablemente transmitan su fortaleza a los más débiles por las inversiones que son la única causa de salarios e ingresos en términos reales.

    Otro punto sobresaliente en los trabajos del autor que estamos comentando es el referido a lo que en términos modernos de la teoría de los juegos se denomina la suma cero. Esto es el pensar que en las relaciones interindividuales no hay ganancias de las dos partes en una transacción, como si se beneficiara solo la que recibe dinero, sin percatarse de que en las contrataciones libres las partes involucradas ganan. La riqueza no trata de un pastel estático que se divide en partes, sino de un proceso dinámico de crecimiento que no se refiere a cantidad material, sino a valores incrementados. Recordemos aquello de “todo se transforma, nada se consume” en el universo. Los teléfonos antiguos tenían mucha más materia que los modernos, sin embargo estos últimos prestan infinitamente mayor cantidad de servicios, por ende proporcionan mayor valor. En resumen, Mandeville es para nuestra época.

  • ¿Es capaz una inteligencia artificial de componer mejores sonetos que Shakespeare?

    La máquina siempre ha generado miedo entre nosotros, los humanos. En la literatura y el cine de ciencia ficción –que de primeras podrían parecer un canto a la creatividad del inventor o un intento feliz por aventurar cómo será el futuro– hemos tendido a narrar, de mil y una maneras distintas, esa desconfianza hacia lo mecánico y digital.

    Un buen ejemplo lo encontramos en la que muchos consideran la primera novela de ciencia ficción. El doctor Frankenstein es presentado desde el subtítulo del libro como un moderno Prometeo, esto es, un ladrón que juega a robarles a los dioses y termina siendo castigado. De ahí que el resultado de su experimento no salga como esperaba: crea un monstruo deforme, imperfecto, asesino, que desata el terror allá donde va. Y el doctor queda condenado a perseguirlo de por vida, con el único objetivo de enmendar su error.

    Desde entonces, la tecnología ha aparecido en las ficciones como un enemigo en potencia. Será María en Metrópolis, el sabueso mecánico en Farenheit 451, HAL en 2001, la ciudad de las máquinas en Matrix, la ginoide rebelada en Ex Machina. Y hoy todavía más: desde el primer tercio del siglo XX estamos viviendo el auge de las distopías, que amplían la historia de nuestra sociedad hacia comunidades podridas, corruptas, autoritarias.

    Los progresos científicos del presente son fuente de ficciones especulativas desencantadas. El género scifi nos recuerda que el futuro en realidad está naciendo en este mismo ahora. Terminator, aún inexistente, nos vigila desde los años que están por venir.

    Si la IA nos gobernara

    En Membrana, Jorge Carrión (2021) presenta un mundo organizado por máquinas todavía más poderosas que el monstruo de Frankenstein o Terminator: redes rizomáticas, algoritmos autoconscientes, circuitos, resistencias y transistores interconectados que forman una enorme mente digital que todo lo sabe y domina.

    Portada de _Membrana_, el libro de Jorge Carrión.
    Portada de Membrana, el libro de Jorge Carrión.
    Galaxia Gutenberg

    Membrana especula: ¿qué sucedería con nosotros en ese mundo?, ¿qué sucedería con la humanidad? Desde luego, las máquinas tendrían un poder absoluto sobre nuestra supervivencia. Como de alguna manera lo tienen ahora: imaginen el colapso causado por un apagón tecnológico (o no lo imaginen y vean uno de los temores más habituales en tiempos recientes plasmados en series como El colapso o Apagón).

    Pero, además, las máquinas también tendrían un poder casi absoluto sobre nuestra identidad. ¿Qué es lo que nos hace humanos? En Membrana, la IA narradora es capaz de reconfigurar el discurso que nos define: relata otra historia de Occidente, describe a mujeres y hombres desde una lógica distinta a la del Homo sapiens, reinventa nuestros museos, libros de texto y recuerdos a través de una óptica alternativa. Estas instituciones, que en tiempo pasado fueron mitologías de nuestra especie, terminan por resquebrajarse ante otra perspectiva.

    El miedo a la máquina, por tanto, no es totalmente irracional. Un colapso económico, energético, industrial… pondría en riesgo la vida de millones de personas y, en ese sentido, es normal que nos resulte poco deseable. Pero no está tan claro que un «colapso cultural» pudiera provocar un efecto negativo análogo.

    La identidad humana, más que humana

    Tampoco se puede afirmar que las creaciones tecnológicas no tengan su lado perverso en el ámbito de la cultura. Generan dependencia, permiten usos malévolos. Ahora bien, en lo que tiene que ver con la configuración de la identidad humana, terreno siempre móvil, siempre inestable, no está probado que lo digital conlleve pobreza.

    El poshumanismo de Membrana sugiere que, en ciertos contextos, el dominio de la máquina no tendría por qué ser tan malo como los tecnófobos nos han hecho creer. Solo sería una etapa más, incluso podría decirse que una etapa lógica de nuestro desarrollo: somos nosotros los que, de alguna manera, hemos llegado hasta ahí y hemos creado nuestro futuro «no-humano». Inventar nueva tecnología es una habilidad fundada en la genética, en la evolución de la especie. Desde ese punto de vista, la máquina es una extensión de nuestra biología.

    Así, si bien la tendencia general en la cultura de Occidente es temer a la máquina, hay que admitir que, en el campo de lo estético, ceder el poder a la tecnología no nos aboca obligatoriamente al desastre. De hecho, en el arte lo natural es el cambio. Y las IA (nos) ofrecen una nueva revolución del paradigma. La novela de Carrión viene a recordar que adoptar nuevas perspectivas de vez en cuando puede ayudarnos a entender nuestra realidad (también, paradójicamente, nuestra identidad) un poco mejor.

    Arte autónomo vs. código binario

    Existen, sin embargo, muchos prejuicios que todavía minusvaloran la ficción de autoría digital. Un argumento esgrimido habitualmente para desprestigiarla, quizá el más consagrado en nuestra tradición, señala que una máquina nunca podrá producir una obra plenamente autónoma.

    Este razonamiento se fundamenta en el dogma de que lo estético no puede tener otra función que su esteticidad. La obra ha de provenir de una mente genial, en el sentido romántico del término, una mente distinta y única, y deberá ser independiente del sistema establecido. Solo el gran artista encuentra un lenguaje propio para describir el mundo. Esto quiere decir que no es posible crear arte mediante el reciclaje, el plagio o el remake. No entra dentro de nuestros ideales que un epígono pueda estar a la altura del maestro.

    máquina
    Una robot con apariencia femenina acaricia unas máscaras humanas en un pasillo blanco.
    Ava, ¿mujer o robot?, en Ex Machina.
    FilmAffinity

    Si aceptamos esta óptica, las inteligencias artificiales serán el último eslabón de la cadena: el elemento más alejado de la originalidad estética, al lado de otros poco valorados como la copia, la reproducción, el facsímil o el duplicado. Porque las IA están preconfiguradas. Responden a unas normas impuestas de antemano, a un código preescrito. Y, por tanto, son el epítome de lo anticreativo.

    Pero, si nos detenemos a pensar en obras concretas, pronto nos daremos cuenta de que no existe ninguna verdaderamente autónoma, aislada de la realidad, sin componentes intertextuales más o menos explícitos.

    El Quijote recoge crítica literaria, a veces muy áspera, en contra de algunos libros de renombre (y cita títulos), al mismo tiempo que satiriza los comportamientos picarescos de la España del XVII. Se basa en la realidad y en los textos que le preceden para construir su propia ficción. Y, pese a todo, nadie diría que el Quijote sea una mala obra de arte. Ni que Cervantes sea un mal autor.

    No queda otra que aceptar que no hay obra que se erija sobre la nada, con independencia de su realidad más cercana, según los gustos y las claves literarias de su época. Humanistas y filósofos como Boris Groys han expuesto con acierto cómo la innovación solo es posible desde la tradición. El argumento de la autonomía del arte se estrella contra el empirismo de la lectura y deja el camino abierto a la estética maquinal.

    Telos

    El paradigma cíborg y la importancia del efecto

    Es desde estas premisas, ni demasiado entusiastas ni demasiado derrotistas, como creo que deben observarse las inteligencias artificiales en lo que respecta a la creación estética. Porque, en realidad, la obra de arte solo funciona en relación con lo establecido: renovando una forma literaria fosilizada, mezclando géneros, formas y temas preexistentes, buscando las cosquillas a prejuicios asumidos como certezas… Y todos estos «datos» pueden ser alimento de una IA literata en potencia.

    No nos queda otra que abrazar la idea de que la tecnología se ha ganado su hueco en el Parnaso. Y eso está bien: no hemos de tenerle miedo a la máquina que teclea versos; no debería preocuparnos que la cultura mute, que nuestra identidad se deforme o que el canon artístico se desmorone (una vez más).

    Otra cosa será que esta situación nos obligue a repensar muchas rutinas, instituciones y valores. La palabra autor no podrá ser ya la misma. Las asignaturas de primaria y secundaria deberán virar hacia otros contenidos. El concepto de obra tendrá que renovarse o morir. Pero siempre hay que dejar algo atrás para continuar en movimiento.

    Las inteligencias artificiales no van a poder encontrar la fórmula mágica de la literatura. Más que nada porque no existe tal fórmula. Cada obra tiene sus propios códigos y resuelve un diálogo con sus lectores desde términos particulares. Pero de ahí no se deduce que una inteligencia artificial sea incapaz de componer eso que llamamos «una gran novela» o «un buen poema», entre muchas novelas y poemas fallidos.

    Los escritores humanos seguirán escribiendo. A su lado estarán las escritoras máquina. Y, por supuesto, lxs escritorxs cíborgs, una simbiosis inevitable y de lo más interesante, que sin duda dará que hablar.

    Tal vez, por fin, esté llegando el día en que la literatura pasará de ser valorada principalmente por quién la hizo (o cuándo, cómo, por qué) y entrará a considerarse su efecto sobre los lectores. Pues, por mucho que los libros de texto de las escuelas todavía estén organizados como una lista de nombres propios, ¿quién duda, en el fondo, de que lo más importante de la literatura ha sido siempre lo que nos ha hecho sentir y pensar?

    Las IA, con sus muchas trabas (éticas, creativas, políticas…), pueden ser la mecha que ponga fin al paradigma biografista y memorístico en pos de un paradigma receptivo e interpretativo. Our machines are disturbingly lively (“nuestras máquinas están inquietantemente vivas”), y eso es una gran oportunidad para la estética.


    Este artículo fue publicado originalmente en la revista Telos de Fundación Telefónica.The Conversation


    Laro del Río Castañeda, Investigador predoctoral en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Oviedo

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Progreso o regresión es el acertijo

    Nos cuenta Richard Rahn que todo el que haya tenido hijos o dado clases a jóvenes sabe que aprenden a su medida y velocidad. Unos pueden ser raudos en matemáticas y lentos en gramática y al contrario; sin embargo, la educación tradicional monopólica gubernamental insiste en tratar a todos los estudiantes sin diferenciación. En fin, los monopolios estatales son más que lerdos aplicando nuevas tecnologías que permiten un aprendizaje más individualizado y dichos monopolios no son más que regresión, resabios de la historia del intervencionismo.

    El derecho a elegir que cada día va en aumento alrededor del mundo a pesar de que pocos lo advierten, rompe el monopolio politiquero estatal y comenzará a permitir que el pleno potencial de la inteligencia artificial (AI) junto a otras tecnologías puedan ser adaptadas como herramientas educativas ajustadas a cada estudiante en cada materia. Las máquinas de AI no se fijan en el color del estudiante, raza, su religión y antecedentes étnicos; sólo en los resultados del aprendizaje. Todo ello se aplica tanto a los niños de primer grado como a quien estudia para un doctorado. Y lo mejor, ¡adiós a los inútiles oficiales woke, botellas y garrafones estatales!

    A través del tiempo los estudiantes gravitarán del costo MEDUCA o, mejor dicho NODUCA, a alternativas mucho más efectivas y económicas. Y, en particular, alternativas que dan la riqueza de la diversidad y no la pobreza del monocultivo estatal de adoctrinamiento. El NODUCA que sufrimos en Panamá junto con los sindicatos magisteriales y otros que le siguen el juego a los tarados, se oponen y opondrán a todo cambio real y efectivo; usando fondos que obtienen por medio de leyes torcidas y del mismo erario público para comprar a políticos corruptos. Y sí, con el tiempo, de una forma u otra, la tecnología naciente dominará, pero todo ello en detrimento de muchos jóvenes a quienes les han y están arruinando sus vidas. Como suelo señalar: “Los jóvenes que abandonan las escuelas NODUCA son los más inteligentes que saben los están estafando.”

    Aunque en el ámbito tecnológico hay mucho realmente novedoso y más que útil, en el ámbito humano permanecemos, en muchos sentidos, estancados en el letargo de un ayer caduco. Imagínense que todo lo que ocurre hoy día los vio u advirtió en su seminal obra, The Wealth of Nations (La riqueza de las naciones), Adam Smith en 1776. Pero no sólo Smith sino muchos otros que han sabido pensar; y… ¿qué de la Apocalipsis en la Biblia?

    Adam Smith también nos advirtió acerca de la importancia del libre mercado, tanto interno como externo; y, aunque mucho del mercado internacional no sea realmente “libre”, aun así no debemos pensar que la libertad, en general no sea buena; que no funciona, ya que el mal anda por otro trillo. Por los vientos que soplan no hay otra que sufrir el mal del woke y tal para lograr que el sistema inmune reaccione y logremos inmunidad.

    No es bueno ver las cosas en el corto plazo, ya que la vida no es de hoy sino del ayer y el mañana; el hoy es sólo un instante que pasa en un pestañar de ojos. La evolución tecnológica no se irá. Probablemente se dará cierta regresión pero sin ella no vamos a aprender ya que los humanos avanzamos a punta de patadas.

    Uno de los mayores engaños que plagaron a todo el mundo fue el de la teoría “monetaria moderna” que no pasa de ser un ardid trapichero de los politicastros del mundo para mantener a las gallinas en los gallineros del engaño. ¿Qué más prueba necesitamos que la inflación, producto de la falsificación de aquello que no es del gobierno y sus politicastros sino el producto del ingenio y trabajo de toda la comunidad?.

    Por el momento no hay más que hacer como los marinos cuando se acerca la tormenta en altamar; acortar el velamen y cerrar las escotillas.

  • Por qué deberías usar todas las vías legales para evitar pagar impuestos

    Me inspiré para escribir este artículo en una reunión de nómadas de todo el mundo en Bali, donde resido actualmente. Me sorprendió saber que a pesar de que muchos de ellos viajan a tiempo completo y no viven en ningún lugar más de 183 días al año y no tienen un centro de vida en ningún lugar, todavía están empleados «a tiempo completo» en su país de origen o tienen un negocio allí y tienen una carga total de impuestos y gravámenes increíble (más del 50%). Esto significa que incluso si no tienen que hacerlo legalmente (pueden tener residencia fiscal en Paraguay y hacer negocios a través de una sociedad de responsabilidad limitada de los EE. UU.), todavía están (en este caso voluntariamente) bajo los grilletes de su maestro fiscal.

    Si no vives en la Union Europea (UE) la mayor parte del tiempo, normalmente no tiene sentido económico seguir siendo víctima de este infierno fiscal: seguir trabajando allí como empresario individual o en una relación laboral regular.

    Ha sido interesante ver cómo los nómadas difieren en sus puntos de vista sobre el estado, especialmente sobre el pago de impuestos:

    Los nómadas de Europa occidental a menudo creen que reciben servicios adecuados por sus impuestos. Aún así, si tuvieran la opción de no pagarlos, por supuesto, no los pagarían – muchas veces observé una aparente disonancia cognitiva en ellos – nos gusta pagar impuestos porque el estado nos brinda atención médica de calidad, educación y caminos a cambio. Cuando respondí, entonces por qué no los tienes voluntarios, la respuesta fue que nadie pagaría impuestos (pero si no, les “gusta” pagarlos).

    Los nómadas de Europa central perciben que “los que pagan impuestos apoyan la corrupción”. Y lógicamente, si no apoyas la corrupción, no puedes pagar impuestos.

    Los nómadas de Europa del Este fueron aún más lejos: consideraban al estado una organización criminal y extorsionadora que no solo roba todo el dinero sino que comete el mal: encarcela y criminaliza a las personas, inicia guerras, etc.

    Todos los nómadas estuvieron de acuerdo en que si los impuestos fueran voluntarios, nadie los pagaría (ni siquiera los ciudadanos de Europa Occidental a quienes “les gusta pagar”).

    Debo señalar que en esta comunidad nómada, yo era el único libertario obstinado (lo cual era un poco extraño para mí).

    Pasamos de la pregunta de si no pagar impuestos es inmoral (la explicación lógica y ética más simple la puedes encontrar en este video , y a menos que estés convencido y creas en un “contrato social” invisible, el video “ You can always going ” tiene una explicación más detallada) a la pregunta de si, por otro lado, pagar impuestos es moral.

    ¿Por qué pagar impuestos es inmoral?

    Porque pagando impuestos, además de aportar dinero a servicios estatales ineficientes y disfuncionales que distorsionan el mercado al introducir monopolios (educación, salud, etc.) y matar a la competencia potencial (reduciendo así la calidad y aumentando el precio para todos los ciudadanos) , estás contribuyendo a cosas explícitamente inmorales, incluso a crímenes de lesa humanidad.

    Si eres ciudadano de un país que libra guerras invasivas, estás contribuyendo a todo el complejo militarista (por ejemplo, mi amigo apátrida Mike Gogulski revocó su ciudadanía estadounidense solo por esto, para no tener que contribuir a ello con sus impuestos).

    Si eres ciudadano de Eslovaquia, tus impuestos respaldan la criminalización de personas inocentes cuyas vidas han sido completamente arruinadas por el estado (por ejemplo, Jozef Sipos recibió 20 años por cultivar marihuana, más la confiscación de la casa de su familia ). Y hay muchos casos de este tipo en Eslovaquia. Además, está contribuyendo a la censura general que tenemos en Eslovaquia o al totalitarismo digital en constante evolución. Por último, pero no menos importante, usted apoya un sistema judicial disfuncional que deja en libertad a los asesinos agresivos después de tres años ( Juraj Hossa, que mató a golpes a un filipino en el centro de Bratislava, queda en libertad ).

    Si paga impuestos, está haciendo una contribución real a toda esta inmoralidad.

    Y no hagas la vista gorda. Sé que es difícil de leer y aún más difícil de escuchar.

    No es necesario ser un libertario o un anarquista que rechaza los impuestos por principio como una relación unilateral impuesta bajo la amenaza de la violencia para darse cuenta de este simple hecho.

    Te dices a ti mismo, “pero el estado hace muchas cosas buenas; no puedes simplemente mirarlo en blanco y negro de esa manera”. La pregunta es, por tanto: ¿Apoyarías a alguna otra organización que cometa crímenes similares?
    Imagina cualquier otra organización benéfica que dona el 99 % de su presupuesto a una noble causa benéfica pero utiliza el 1 % para abusar de niños pequeños (la similitud con una organización religiosa existente en Eslovaquia es pura coincidencia). ¿Apoyarías a esta organización?

    Si ves al estado en términos puramente utilitarios, la mayoría de las cosas que hace son beneficiosas, por lo que pagar impuestos está bien, aunque cometa atrocidades aquí y allá. Entonces deberías ver esta organización benéfica de la misma manera utilitaria: pueden abusar de niños pequeños aquí y allá, pero la mayor parte de su presupuesto se destina a una buena causa, por lo que es correcto apoyarlos.

    Del mismo modo, así como es irrelevante si nuestra organización benéfica imaginaria utiliza el 1%, el 0,1% o el 0,01% de su presupuesto para abusar de niños pequeños, es vehementemente inmoral apoyarla, así que es igualmente inmoral apoyar con impuestos a un estado que es también haciendo muchas «cosas buenas» mientras comete todo tipo de otras atrocidades (como encarcelar a personas inocentes durante 20 años por delitos sin víctimas).

    El argumento de que podemos influir en el comportamiento y la conducta del estado, a diferencia de las organizaciones benéficas antes mencionadas, con nuestra voz democrática y hacer todo lo posible para garantizar que las personas no vayan a la cárcel durante 20 años por marihuana es débil, ingenuo en el extremo, y también irrelevante.

    Si se nos ofreciera la oportunidad de elegir la gestión de nuestra organización benéfica, que abusa de los niños pequeños, por un voto de uno en un millón, como una excusa para decir que si no nos gusta el hecho de que se abusa de los niños pequeños, tenemos la oportunidad de cambiarlo con nuestro voto, también lo encontraríamos increíblemente ridículo e ingenuo.

    Puede leer el original aquí: