Categoría: Cultura y Sociedad

  • Reconocido productor de cannabis de California adopta blockchain para rastrear su cultivo

    Mendocino Clone Company (MCC) , un proveedor líder de clones de cannabis de alta calidad, anunció la semana pasada que se unió al Proyecto EMTRI, una comunidad de cadena de suministro de cannabis descentralizada, como su miembro principal. El vivero de cannabis con sede en California recurrió a la solución basada en  blockchain y a los contratos inteligentes para verificar y certificar la autenticidad, la genética y el lote de cada una de sus plantas madre y clones para la temporada 2023 y de allí en adelante.

    Este movimiento innovador permite que el vivero documente las etapas iniciales de una planta de cannabis hasta convertirse en un producto premium para los consumidores en función del peso en gramos florecidos. «En Mendocino Clone Company, siempre estamos buscando formas de innovar y mejorar la calidad de nuestros productos», dijo Jed Davis, director ejecutivo de MCC. «Creemos que al unirnos a la comunidad descentralizada de EMTRI, podemos brindar un nivel adicional de transparencia y confianza para nuestros clientes».

    Este movimiento innovador otorga a cada planta madre y a sus plantas bebé, conocidas como clones, un Certificado de lote, un término acuñado por el miembro fundador de EMTRI, Eric Kennedy, un contrato inteligente autogenerado colocado en cada lote de clones y proporciona a cada planta bebé su propio bloque de identidad único, creado por el vivero y vinculado a la cadena de bloques en Ethereum. Esto permite a los clientes verificar fácilmente la autenticidad de sus clones y su linaje genético, brindando una valiosa tranquilidad a los cultivadores y criadores que confían en la calidad y la genética de sus clones para producir cannabis de primera calidad».

    Además, los cultivadores autorizados que compran los clones de cannabis de MCC calificarán automáticamente para desbloquear las recompensas de EMTRI Token y recibirán una tasa más alta por participar en el proyecto blockchain como «contadores de la verdad», el productor de cannabis continúa ingresando datos sobre sus métodos de cultivo como la verdad de sus propios bloques de datos. Luego, los tokens EMTRI se pueden cambiar por US Digital Coin accediendo al Intercambio Descentralizado (DEX) de Uniswap, lo que resulta en un ingreso pasivo dentro de los sistemas globales DeFi.

    «Estamos entusiasmados de estar a la vanguardia de la industria del cannabis y convertirnos en los primeros en los Estados Unidos en adoptar esta tecnología de punta de esta manera», dijo Scott Zarnes, cofundador de EMTRI Corp y cultivador desde hace mucho tiempo. «Creemos que tiene el potencial de revolucionar la forma en que opera la industria y estamos orgullosos de liderar la misma».

    Mendocino Clone Company se compromete a proporcionar clones y genética de la más alta calidad a sus clientes. La adopción de la tecnología blockchain y la unión a la comunidad descentralizada de EMTRI promueven su compromiso con la excelencia. La primera ronda de Batch Certificate Clones estará disponible a partir de la primera semana de febrero del 2023, con el lanzamiento de la anticipada «Lemond Lung Slapper» de MCC, una semilla genética de primera generación del socio de mejoramiento Mendocino Seed Company.

    Combinar criptomonedas con cannabis no es un concepto nuevo. En noviembre se lanzó uno de los últimos proyectos, pero en el Metaverso con temática de cannabis llamado Cannaland para crear un mundo virtual para los entusiastas del cannabis. En Uruguay, desde el 2019, existe un proyecto oficial junto a la red Aeternity, para el rastreo del cultivo legal.

  • Adiós a las cabinas telefónicas y a la tecnología que marcó una época

    Las cabinas telefónicas han desaparecido tras más de un siglo de existencia. Ya no son un servicio universal y esencial según la ley española y, pueblo a pueblo, han sido desmanteladas. Su retirada representa el adiós a una tecnología que marcó una época.

    cabinas telefónicas
    Cabina telefónica en homenaje al realizador Antonio Mercero, situada en el distrito de Chamberí, en Madrid.
    Wikimedia Commons / Smnt, CC BY-SA

    Antonio Mercero convirtió una cabina telefónica en el escenario más pequeño de la historia del cine para una película de terror. La cabina recibió un Emmy al mejor programa de ficción en el año 73 y fue un símbolo velado de la asfixiante realidad de la España del franquismo. Las cabinas y el teléfono fijo han protagonizado ficciones a lo largo y ancho del planeta, y han formado parte de la vida cotidiana de cada ser humano.

    Entre los años 2000 y 2020 se dieron de baja un total de 750 000 líneas de teléfono fijo en España mientras que cada día se daban de alta 800 líneas de teléfono móvil. Su fin merece un repaso a su historia.

     

    Un comienzo de película de gánsteres

    En 2022 se cumplieron cien años de la muerte de Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, la tecnología que le hizo rico.

    Teléfono de Bell Company.
    Wikimedia commons

    Graham Bell tuvo que hacer frente a toda una serie de litigios y acusaciones respecto a la invención del teléfono por parte del inventor italiano Antonio Meucci. Aunque inicialmente la invención fue adjudicada a Alexander Graham Bell, que la mantuvo durante más de un siglo, esta finalmente fue otorgada a Antonio Meucci, que en 1854 había fabricado un primer prototipo de teléfono, al que acuñó como teletrófono, y que conectaba su dormitorio, donde su esposa permanecía convaleciente, y su oficina, situada en su mismo domicilio.

    Lo que sí hizo Graham Bell fue registrar la patente de invención del teléfono en 1876, tras apropiarse de una copia de los planos del teléfono original de Meucci, de una forma presuntamente poco noble. En dicha patente no se describía el teléfono, sino que únicamente se mencionaba.

    Bell comenzó a forjar un imperio que llegaría hasta nuestros días basado en aquella patente. El litigio entre ambos fue tan farragoso que la empresa fundada por Graham Bell, Bell Telephone Company, llegó a sobornar al abogado de Meucci, falleciendo este sin la gloria de la invención.

    No fue hasta 2002 cuando el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos reconoció que fue Antonio Meucci quien inventó el teléfono en lugar de Alexander Graham Bell. Una victoria tardía pero justa.

    Operadoras de telefonía trabajando en una centralita de Londres hacia 1902.
    Wikimedia Commons /

    ¿Con quién le pongo? Los inicios de la telefonía

    El teléfono en su idea original, tal y como lo inventó Meucci, conectaba dos intercomunicadores sin posibilidad de cambiar de interlocutores.

    Todos tenemos en mente, de haber visto en multitud de películas, a las telefonistas, típicamente mujeres, que se encargaban de conectar los cables de la centralita en la posición correcta que permitiera comunicarse a dos personas concretas, situadas a ambos lados de la línea. El número de líneas estaba limitado y eran las telefonistas las encargadas de priorizar unas llamadas y postergar otras. Pasaron unos años de la invención del teléfono hasta que se fundó en España la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) en 1924.

    La primera llamada telefónica en territorio español se realizó mucho antes, en 1877, en Cuba, que por aquel entonces todavía era territorio español, y se realizó entre un parque de bomberos y el domicilio del jefe de bomberos del mismo.

    Si nos ceñimos al uso particular del teléfono, la primera línea telefónica particular de España perteneció al terrateniente Rodrigo Sánchez Arjona, que en 1880 adquirió un par de teléfonos de la compañía de Bell y los instaló en sus dominios de Fregenal de la Sierra (Badajoz), comunicando dos edificios de su propiedad separados por 8 km.

    Del cable a las ondas

    Martin Cooper se inspiró para desarrollar el primer teléfono móvil de la historia, el Motorola DynaTAC, viendo al capitán Kirk usar su comunicador en la serie Star Trek.
    Wikimedia commons

    Bill Gates, el magnate de Microsoft, ya vaticinó en 2007 que el teléfono fijo tal y como lo conocíamos tenía los días contados. Y no estaba equivocado. Un teléfono es un transductor electro-acústico, es decir, transforma el sonido en energía eléctrica y viceversa. La manera en la cual viaja la señal del emisor al receptor difiere según el tipo de telefonía.

    En el teléfono fijo, la señal viaja por cables eléctricos y en el teléfono móvil viaja a través del aire en forma de ondas electromagnéticas. De hecho, somos atravesados constantemente por multitud de ondas electromagnéticas que somos incapaces de ver. No obstante, la comunicación inalámbrica de larga distancia al alcance de los ciudadanos de a pie tardó casi un siglo en aparecer tras la invención del teléfono. La primera llamada sin cables fue hecha en 1973 por Martin Cooper, ingeniero de la empresa Motorola, en la ciudad de Nueva York.

    Si Meucci y Bell levantaran la cabeza

    50 años han transcurrido de aquella primera llamada sin cables realizada con un Motorola DynaTAC 8000X, del tamaño de un zapato y un peso de casi un kilogramo. Hoy en día, el teléfono móvil ha sustituido y aunado a un gran número de instrumentos y aplicaciones tales como cámara fotográfica, cámara de vídeo, GPS, radio, reproductor de vídeo y música, despertador, brújula, máquina de videojuegos, etc. Es posible realizar vídeo-llamadas en tan solo un momento y conectarse con alguien que se encuentra en la cara opuesta del planeta, enviar ficheros y mensajes de forma casi instantánea y acceder a cualquier información desde casi cualquier lugar del globo mediante internet.

    No sabemos que nos deparará el futuro de la tecnología, pero lo que es casi seguro es que el teléfono fijo no volverá a nuestras vidas, aunque persista en la memoria de muchos de nosotros y nos evoque tantos y bonitos recuerdos.The Conversation

    Francisco José Torcal Milla, Profesor Titular. Departamento de Física Aplicada. Centro: EINA. Instituto: I3A, Universidad de Zaragoza

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El veneno de nacionalismos y patrioterismos

    Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”.

    En su momento en Rusia, el vicepresidente de la Duma, Nicolai Kurianovich, presentó un proyecto de ley por el que se prohibía a rusas y rusos contraer nupcias con extranjeros al efecto de “preservar el fondo genético”. El proyecto de marras anunciaba penas de deportación y privación de nacionalidad para quienes incumplan con la norma una vez promulgada. Ahora en la administración Putin se reaviva el proyecto en medio de represiones y crímenes de diversa magnitud entre los cuales se destaca la espantosa agresión a Ucrania. Es inaudito que el máximo representante del gobierno argentino haya invitado al mandamás ruso a que la Argentina sea la puerta de entrada a América Latina para su país.

    Lamentablemente, sin llegar a estos extremos insólitos, en distintos lares, especialmente en Europa, aunque no únicamente allí, se observan manifestaciones racistas de distinto tenor que naturalmente alarman a los espíritus civilizados. Ya el magistral Jean-Francois Revel demuestra en su libro La gran mascarada el estrecho parentesco entre el nacionalsocialismo y el comunismo (ahora resabios de la Nomenklatura). El proyecto renovado revela una mente patética y una necedad digna de mejor causa.

    Como ha señalado Thomas Sowell, los sicarios nazis debían rapar y tatuar a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Hitler, después de mucho galimatías clasificatorio, finalmente sostuvo que “la raza es una cuestión mental”, con lo que inauguró el polilogismo racista, bajo la absurda pretensión de que el ario y el semita tienen una estructura lógica distinta. Esto fue calcado del polilogismo marxista, por el que se arguye que el proletario y el burgués tienen distintas lógicas, aunque, como ha señalado Ludwig von Mises, nunca se explicó en qué se diferencian concretamente esas estructuras del pensamiento. Tampoco se explicó qué le ocurre en la cabeza a la hija de una burguesa y un proletario ni qué le ocurre a este último cuando se gana la lotería o comienza a tener éxito en los negocios. En este sentido cabe subrayar que la idea de clase proviene de este subsuelo del pensamiento que desafortunadamente no pocos distraídos recurren a esa noción estrafalaria sin percatarse de su origen. En realidad al recurrir a esa clasificación se debiera hacer referencia a ingresos altos, medio o bajos pero aludir a la clase como si se tratara de personas de naturaleza distinta es impropio de no marxistas y no nazis. La expresión clase baja es repugnante, clase alta es de una frivolidad alarmante y media es a todas luces anodina.

    Por otra parte, en estos embrollados ejercicios, se suele confundir el concepto de lengua con el de etnia. En este último sentido, la filología demuestra que el entronque del sánscrito con las llamadas lenguas europeas -como el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas- dio como resultado las lenguas denominadas indoeuropeas o indogermánicas, expresiones que más adelante se sustituyeron por la de ario, debido a que el pueblo que primitivamente hablaba el sánscrito en la India se denominaba arya. Max Müller (en Biography of Words and the Home of the Aryans) dice: “En mi opinión un etnólogo que hable de la raza aria comete un error tan importante como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”.

    También, en este mismo contexto, es frecuente que se asimile la idea estereotipada de raza con religión, por ejemplo, en el caso de los judíos. Antiguamente, este pueblo provino de dos grupos muy disímiles: unos eran del Asia menor y otros de origen sudoriental de procedencia árabe. A esto debe agregarse los múltiples contactos con otras civilizaciones y poblaciones de distintas partes del planeta, lo cual ha producido las más variadas características (en última instancia, todos somos de todas partes, ya que nuestros ancestros son de orígenes muy entremezclados).

    Como ha dicho Darwin, hay tantas razas como clasificadores. En verdad produce congoja cuando -ingenuamente a veces, y otras no tan ingenuamente- se hace referencia a las “diversas sangres” que tendrían diferentes grupos étnicos. Vale la pena aclarar este dislate. Hay solamente cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las personas. La sangre está formada por glóbulos que están en un líquido llamado plasma. Los glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes), y el plasma es un suero compuesto de agua salada y sustancias albuminoides disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos, denominada aglutinógeno, y otra conocida como aglutinina, que contiene el suero, da como resultado los antes mencionados cuatro grupos sanguíneos. Eso no tiene nada que ver con las respectivas evoluciones que van estableciendo diversas características exteriores. Y esos grupos sanguíneos no pueden modificarse ni siquiera con transfusiones.

    Los rasgos físicos que hacen que hablemos de etnias responden a procesos evolutivos. En el planeta tierra todos provenimos de África (y, eventualmente, del mono). Spencer Wells -biólogo molecular, egresado de las universidades de Oxford y Stanford- explica magníficamente bien nuestro origen africano (The Journey of Man) y las distintas migraciones que, según las diversas condiciones climáticas, hicieron que la piel y otros rasgos físicos vayan adquiriendo diferentes propiedades.

    En este último sentido, siempre me ha llamado poderosamente la atención que muchas personas llamen a los negros estadounidenses “afroamericanos” como una manifestación un tanto atrabiliaria de lo que se ha dado en llamar political correctness. Curioso es en verdad que muchos de esos negros se dejen llamar afroamericanos como si fuera algo distintivo. Esto no los diferencia del resto puesto que, por las razones apuntadas, por ejemplo, el que esto escribe es afroargentino, así como todos los que vivimos en el continente americano y, para el caso, todos los que ocupan espacio en el globo terráqueo. Sin recurrir a expresiones peyorativas o con intención denigratoria, el uso de black es equivalente a que nos digan a nosotros “blancos”o “amarillos” a algunos orientales. Todos son hechos que proceden de la evolución según donde hayan vivido nuestros ancestros. Es más, como han apuntado diversos estudiosos de la materia, muchos blancos tienen ancestros negros y viceversa.

    Tal vez uno de los mayores males de nuestro tiempo reside en el racismo que, por otra parte, como queda dicho, se basa en puras fantasías que encubren, en realidad, las máscaras para odiar al prójimo y bucear a la pesca de chivos expiatorios de quienes quieren descargar el vacío existencial y los fracasos personales de acomplejados y endebles psíquicos.

    Sin duda, el ejemplo más repugnante estriba en la criminal judeofobia alimentada por tanto mequetrefe que anda suelto por el mundo. Obras tales como Veintitrés siglos de antisemitismo del sacerdote Edward Flannery, y la Historia de los judíos de Paul Johnson son suficiente testimonio de la barbarie racista.

    La noticia tan inquietante con que abrimos esta nota remite al sujeto de referencia y a quienes lo rodean, quienes promueven el proyecto aludido, en el sentido que estiman que los matrimonios de nacionales con extranjeros harán que los primeros pierdan su identidad. Karl Popper y Stefan Sweig muestran la fertilidad producida a través de los estrechos vínculos interculturales y ofrece, como ejemplo, la Viena del siglo de oro antes de que las hediondas botas nacionalsocialistas produjeran otra de las tantas diásporas características de los regímenes totalitarios. Ese caso se ilustra con las notables manifestaciones en el campo de la música, la literatura, la ciencia económica, el derecho y el psicoanálisis.

    Precisamente, como ha señalado Juan José Sebreli, la identidad de la persona se fortalece y enriquece en la medida en que está expuesta a las más diversas expresiones culturales. Por el contrario, lo que alguna vez denominé “cultura alambrada” debilita, bloquea y finalmente extingue la posibilidad de cultivarse por la asfixia a que conduce la cerrazón que sólo es a veces compensada por dificultosas manifestaciones subterráneas y clandestinas.

    El oxígeno resulta indispensable y esto se logra abriendo puertas y ventanas de par en par. La guillotina horizontal que pretende nivelar y enclaustrar necesariamente empobrece. La cultura no es de esta o aquella latitud, del mismo modo que las matemáticas no son holandesas ni la física es asiática. Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”. Incluso Donald Trump ha ponderado aquel desatino de “la superioridad” de estadounidenses nativos a contracorriente de los valores en su momento estipulados por los Padres Fundadores en ese país otrora el baluarte del mundo libre y, por otra parte, desconociendo el origen de esos nativos (sin perjuicio de las otras medidas de signo autoritario adoptadas por Trump en la economía y en relación al campo institucional).

    En una sociedad abierta, las jurisdicciones territoriales tienen por única función evitar los peligros de la concentración de poder que significaría un gobierno universal. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras hay un salto lógico inaceptable. Obstaculizar cualquiera de las muchísimas maneras de intercambios culturales libres y voluntarios constituye una seria amenaza y una forma grotesca de contracultura.

    Mario Vargas Llosa apunta en su columna “El elefante y la cultura” que “considerar lo propio como un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad espiritual de un país […] semejante tesis difícilmente resiste el más somero análisis y es fácil mostrar lo prejuiciado e ingenuo de sus argumentos y la irrealidad de su pretensión –la autarquía cultural- la historia nos muestra que arraiga con facilidad […], el nacionalismo es la cultura de los incultos”.

    Esta concepción cavernaria propia de los nacionalismos se extiende a la cerrazón de las aduanas por medio de tarifas y cupos que empobrecen a todos a favor de comerciantes inescrupulosos que explotan miserablemente a sus congéneres a través de privilegios de toda naturaleza.

  • El pensamiento lateral es imprescindible

    Hay infinidad de autores que han tratado este tema desde tiempo inmemorial, pero hay dos que se destacan nítidamente en nuestra época: Edward de Bono -egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge- con su propuesta tan fértil de lo que bautizó como “pensamiento lateral” y Rollo May con sus consideraciones sobre “el coraje de crear”.

    Una de las premisas fundamentales en el proceso educativo consiste en enseñar a pensar lo cual requiere transmitir la necesidad del espíritu crítico, en no dar nada por sentado y cuestionarlo todo, masticarlo, digerirlo y luego arribar a las propias conclusiones a sabiendas que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones.

    Esto nada tiene que ver con el relativismo puesto que una proposición verdadera es aquella en la que hay una correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Las cosas son independientemente de las opiniones, ese es el sentido de los departamentos de investigaciones en las casas de estudio, si todo fuera relativo nada habría que investigar ya que todo sería cuestión de gustos y por otra parte el relativismo hace relativa la afirmación de su propia tesis. El conocimiento demanda un difícil y constante peregrinaje con distintos matices de luces y sombras al efecto de reducir nuestra ignorancia.

    El enemigo de esta línea argumental es la memorización y el repetir como loro lo que dice el supuesto profesor. En clase resulta vital el intercambio con alumnos en el contexto de reiteradas invitaciones a mirar el asunto abordado desde diversos ángulos y perspectivas. El primer día de mis clases repito un latiguillo que me da mucho resultado en el transcurso del semestre: si lo que digo no resulta claro, interrúmpanme, si no están de acuerdo, discutan, pero si les parece que soy claro y están en principio de acuerdo hagan de abogado del diablo pues esto ayuda mucho a clarificar temas que cuando se presentan pueden aparecer razonables pero cuando comienza el debate resulta que se pone de manifiesto que había que pulir distintos aspectos del asunto.

    Por otra parte, es de especial relevancia destacar que cada persona es única e irrepetible en la historia de la humanidad de modo que resulta esencial estimular las potencialidades de cada cual y nunca pretender el pensamiento único ni buscar promedios intelectuales para lo cual se necesitan climas de libertad, es decir, de respeto recíproco. Todas las concepciones totalitarias naturalmente conspiran contra el conocimiento, además de hacerlo contra la decencia.

    Hay infinidad de autores que han tratado este tema desde tiempo inmemorial, pero hay dos que se destacan nítidamente en nuestra época: Edward de Bono -egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge- con su propuesta tan fértil de lo que bautizó como “pensamiento lateral” y Rollo May con sus consideraciones sobre “el coraje de crear”.

    Seguramente hay amplia aceptación de estos postulados formulados de la manera en la que lo hacemos pero cuando se concretan propuestas que en lugar de comprender como dice el citado Edward de Bono que no resulta fértil seguir escarbado en el mismo pozo en lugar de emprender la faena en otro lugar donde se encuentra la solución, resulta que las telarañas mentales empujan a la rutina de mantenerse en el mismo pozo debido al espíritu conservador. Un espíritu que no se refiere al respeto por la vida, la libertad y la propiedad sino que se encadena al statu quo incapacitado de explorar otras propuestas porque se asientan en la falacia ad populum, es decir si todos lo hacen está bien y si nadie lo hace está mal. Con este criterio cavernario nuestros ancestros no hubieran pasado del taparrabos y el garrote porque el primero que pretendió usar el arco y la flecha era nuevo y por ende inaceptable.

    Probemos este razonamiento con el tema educativo. Otra vez aquí prácticamente todos acordarán que la educación es un tema crucial pero cuando vamos a lo concreto resulta que se anquilosan en lo de siempre con lo cual se torna muy difícil avanzar. Pero antes de entrar en este tema consignamos una nota al pie de carácter general muy deseducativo y es la mala práctica de pseudo empresarios que viven del privilegio en alianza con el poder de turno que todo lo contaminan y desfiguran completamente la idea del empresario como servidor del prójimo en un mercado libre puesto que si dan en la tecla ganan y si yerran incurren en quebrantos, al contrario de los fantoches que viven de la cópula con los gobiernos y, por tanto, sus patrimonios proceden del atraco a sus semejantes.

    Veamos ahora a esta vaca sagrada de nuestra época denominada “educación pública”. De entrada señalamos un error semántico: la educación privada es también para el público de modo que aquella denominación no define nada, se trata en verdad de educación estatal, pero se pretende ocultar esta etiqueta pues se revela en tan desafortunada como arte estatal, periodismo estatal o la literatura estatal por lo que se apunta a disfrazarla con lo de educación pública.

    Pero lo primero es entender que el proceso educativo requiere de puertas y ventanas abiertas para recibir la mayor dosis de oxígeno posible en un contexto competitivo donde las auditorías cruzadas operen con el mayor rigor al efecto de lograr la excelencia académica. En este contexto resulta un insulto a la inteligencia la pretensión de imponer estructuras curriculares desde el vértice del poder vía ministerios de educación o cultura.

    Lo segundo que deriva de lo anterior es aceptar que el proceso educativo -siempre en un contexto evolutivo de prueba y error donde nadie tiene la precisa para abrir cauce a las corroboraciones siempre provisorias abiertas a refutaciones- debe ser ajeno a la fuerza, es decir a las botas, en otros términos ajeno a la politización y consiguientes riesgos de adoctrinamiento.

    Entonces, independientemente de lo que haya ocurrido en otros momentos de la historia rodeada de otras situaciones y recorridos, es del caso prestar debida atención al tema de incentivos. No es necesariamente un problema de malos profesores en el ámbito estatal, es problema estriba en incentivos de los administradores del fruto del trabajo ajeno: no es lo mismo como se toma café o se encienden las luces cuando uno paga las cuentas respecto a cómo se procede cuando se obliga a otros a pagarlas. Personalmente estaría escupiendo al cielo si dijera que se trata de malos profesores puesto que sin perjuicio que mis dos doctorados proceden de universidades privadas, fui titular en la UBA en Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y en Filosofía y Letras, además de haber sido director del Departamento de Doctorado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de la Plata.

    Como han explicado, entre otros, autores como Ronald Coase, Douglass North y Harlod Demsetz, el asunto es de incentivos para manejar lo propio alejado de lo que en ciencias políticas se conoce como “la tragedia de los comunes”, a saber, lo que es de todos no es de nadie con el consiguiente despilfarro de los siempre escasos recursos lo cual perjudica a toda la comunidad pero muy especialmente a los más vulnerables. Estos últimos en definitiva se hacen cargo vía sus salarios por aplicar concepciones de voracidad fiscal que apuntan a un segmento pero debido a la retracción de las inversiones terminan por flagelar a los más necesitados. Incluso a pesar de los estudios alarmantes del costo por año por graduado en instituciones estatales frecuentemente se observa que se limitan a gastos corrientes eludiendo el aspecto central de la inmovilización de capital (sin mencionar las frecuentes paralizaciones por movimientos sindicales ni la mugre y pegatinas de aulas y pasillos). En este plano medir “rendimientos” resulta irrelevante puesto que no toma en cuenta las alternativas de lo que hubiera hecho la gente si hubiera podido disponer libremente del fruto de sus trabajos.

    Entonces una medida de fondo en el campo educativo consiste en desprenderse de todas las instituciones estatales ya sea entregando sin cargo al mismo claustro que al momento las administran o vendiéndoselas a precios sumamente accesibles con lo que las inmovilizaciones de activos fijos y la administración de gastos corrientes serán de características sustancialmente distintas por las razones que dejamos registradas, las que erróneamente pretenden refutarse con el argumento de “los bienes públicos” sin percatarse que el terreno que analizamos no calzan los principios medulares de no rivalidad y de no exclusión.

    Es de trascendental importancia que en esta transición todos los que teniendo las condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes, en adición a las becas existentes en el ámbito privado se les otorguen vouchers, es decir, créditos educativos para que puedan aplicar a la entidad privada de su agrado y elección. En otras palabras, en lugar de financiar la oferta con todos los problemas de incentivos se financie la demanda, pero no se diga que esta propuesta desconoce a los que no pueden hacerse cargo de las matrículas y las cuotas respectivas, en verdad la sola argumentación para no cambiar el sistema sería el deseo de politizar y adoctrinar.

    Desde luego que en este cuadro se situación las carreras y estudios que necesiten acreditación será realizada también por auditorías en competencia tal como ocurría originalmente en buena parte del continente europeo y especialmente durante el período colonial en tierras estadounidenses tal como lo relata detalladamente Andrew J. Coluson en su formidable historia de la educación privada en ausencia del aparato estatal en muy distintos lugares y época en su tratado titulado Market Education. The Unknown History.

    He aquí una prueba del indispensable pensamiento lateral que somete a un examen riguroso a las mentes que dicen ser abiertas y libres de prejucios que debe ser complementado por la nutrida bibliografía hoy disponible que apunta a deshacerse de enquilosamientos tradicionales como son los casos, por ejemplo de Thomas Sowell refierido al otrora baluarde del mundo libre Inside American Education o , en la misma línea argumental, de Alan Charles Kors y Harvey Silvergate una investigación detallada titulada The Sahadow University. The Betrayal of Liberty on American´s Campuses y finalmente para limitarnos a mencionar lo más relevante, el notable trabajo de James Tooley Education Without the State. Son muchos los que alardean de tener una mente abierta pero resulta que cuando se pone a prueba nos encontramos que de las cejas para arriba está clausurado con un pesado candado reiterando lo de siempre, en este caso sin argumentos y sin aceptar una apertura competitiva dando lugar a posibilidades de nuevos paradigmas en el contexto del indispensable juicio crítico, en cambio aferrados a la administración y enseñanza de aparatos estatales.

    Cuanto más abierto y competitivo el sistema mayores son las posibilidades de zafar del adoctrinamiento puesto que detectar esa cerrazón ahuyenta clientes, por eso el hecho de estar impregnados de lo estatal sea de modo directo o indirecto vía la capacitación de profesores necesariamente conduce a la aparición de fulanos y fulanas que irrumpen en marchas agresivas blandiendo en las manos el librito de Mao y similares, por más que la situación brinde la posibilidad de que literalmente todos sean multimillonarios. El tema no es del bolsillo sino de las neuronas. Y nuevamente no se trata de la sandez de contar con “un buen ministro de educación” ya que no hay tal cosa: cualquier política que se imponga desde el poder en materia educativa estará mal ya que el aire distintivo, fresco y renovado es lo que se necesita para escapar de la trampa del igualitarismo de la guillotina horizontal.

  • Hitler y las flatulencias que trastocaron al mundo

    Adolf Hitler sufrió de problemas digestivos durante gran parte de su vida. Desde la infancia, padecía de calambres estomacales y flatulencias, especialmente en momentos de estrés. A medida que envejecía, estos síntomas se intensificaron y se alternaban con ataques de estreñimiento y diarrea.

    Como dictador estresado, los agonizantes ataques digestivos ocurrían después de la mayoría de las comidas: Albert Speer recordó que el Führer, con el rostro desencajado, saltaba de la mesa y desaparecía en su habitación.

    Para tratar estos problemas, Hitler intentó curarse por primera vez en 1929 leyendo manuales médicos y llegó a la conclusión de que una dieta principalmente vegetariana aliviaría su digestión y haría que sus pedos fueran menos ofensivos para el olfato. Además, Hitler se sometía regularmente a enemas de manzanilla y examinaba sus propias heces.

    Después de que su sobrina (y presunto interés romántico) Geli Raubel se suicidara en 1931, Hitler decidió dejar de comer carne completamente. Cuando se le presentó un plato de jamón para el desayuno a la mañana siguiente, lo apartó murmurando: ‘Es como comerse un cadáver’. Desde entonces, su dieta principal consistió en grandes cantidades de verduras, crudas o trituradas en puré para bebés, y Hitler mostraba una predilección especial, según afirman los historiadores culinarios, por la avena con aceite de linaza, la coliflor, el requesón, las manzanas cocidas, los corazones de alcachofa y las puntas de espárragos en salsa blanca.

    Curiosamente, esta dieta rica en fibra tuvo el efecto contrario al deseado en su digestión. Su médico privado, un charlatán incompetente que se hizo cargo de la atención médica de Hitler en 1937, el Dr. Theo Morell, anotó en su diario que después de que Hitler consumiera un plato típico de verduras, «el estreñimiento y la flatulencia colosal ocurrieron en una escala que rara vez había encontrado antes». Aunque Morell era desagradable incluso para los estándares nazis dado que era demasiado gordo, sudoroso y tenía un mal aliento permanente, consiguió la confianza de Hitler al curarle un caso doloroso de eczema en las piernas y al proporcionarle alivio temporal para sus cólicos estomacales. A pesar de la irritación de otros médicos nazis, Hitler seguía ciegamente a Morell y procedió a tragarse cualquiera de sus consejos , sin importar cuán descabellados eran, durante los siguientes ocho años.

    Los problemas estomacales de Hitler podrían haber influido en la conducción de la guerra debido a la influencia del Dr. Morell.

    Para tratar las recurrentes flatulencias de Hitler, el Dr. Theo Morell, le daba un medicamento llamado «Las píldoras antigás del Dr. Köster», que contenía grandes cantidades de estricnina. Hitler solía tomar hasta 16 de estas pequeñas píldoras negras al día. Los signos de envenenamiento por estricnina, como la piel amarillenta, los ojos verdosos y la falta de atención observados más tarde durante la guerra, son consistentes con el uso de este medicamento.

    Otro ingrediente de las píldoras, la antropina, puede causar cambios de humor que van desde la euforia hasta la ira violenta. Aún más extraños fueron las inyecciones de anfetaminas que Morell le administraba a Hitler cada mañana antes del desayuno desde 1941, lo que podría haber agravado el comportamiento errático, la inflexibilidad, la paranoia y la indecisión que Hitler comenzó a mostrar con más frecuencia a medida que avanzaba la guerra.

    Además, Hitler tomaba una gran cantidad de otros suplementos: vitaminas, testosterona, extractos de hígado, laxantes, sedantes, glucosa y opiáceos, todos destinados a aliviar sus dolencias reales o imaginarias. Después de la guerra, los oficiales de inteligencia de los Estados Unidos descubrieron que Morell estaba suministrando a Hitler con 28 medicamentos diferentes, incluyendo gotas para los ojos que contenían un 10% de cocaína (hasta 10 tratamientos al día), una mezcla de placenta humana y «píldoras de potencia» hechas con semen de testículos de toro.

    A pesar de todos estos medicamentos, los diarios de Morell (que fueron recuperados de Alemania y se conservan en los Archivos Nacionales de Washington D.C.) indican que los episodios de «flatulencias agonizantes» seguían siendo frecuentes. Hitler, que era relativamente saludable cuando conoció a Morell, empeoró rápidamente al final de la guerra y se convirtió en un desastre físico. Sus brazos estaban tan llenos de marcas de inyecciones que incluso Eva Braun, normalmente introvertida, se quejó con su madre de que Morell era «el charlatán de las inyecciones».

    Cuando Hitler contrajo ictericia en 1944, tres médicos nazis intentaron despedir a Morell. Sin embargo, Hitler se mantuvo fiel, o probablemente adicto, a sus cócteles químicos y en su lugar despidió al trío de médicos, quedándose casi hasta el final al lado de su ya proveedor, el Dr.Morell.

    Ahora que conocemos todo este pequeño y vergonzante asunto de las flatulencias, y que todo ese cóctel explosivo le era suministrado a diario causándole efectos secundarios graves, como excitación, confusión, alucinaciones y locura, ¿podemos aunque sea plantearnos la idea de que buena parte de la II guerra y el nazismo fue debido a los problemas digestivos que padecía Hitler y que le hacían echar muchos pedos?. Nada más alejado de nosotros que tratar de banalizar o exculpar a Hitler de su responsabilidad absoluta por los horrores padecidos en el siglo pasado, pero por las dudas y especialmente en estos días post fiestas decembrinas, vaya a su médico y elimine de inmediato cualquier incipiente problema estomacal . Y si de flatulencias se trata, ya sabemos que no nos hará mal soportar olores apestosos un rato.

    Fuentes: Gordon, Bertram, “Fascism, the Neo-Right and Gastronomy: A Case in the Theory of the Social Engineering of Taste,” Proceedings of the Oxford Symposium on Food and Cookery (1987); Heston, Leonard and Renate, The Medical Casebook of Adolf Hitler: His Illnesses, Doctors and Drugs, (New York, 2000); Irving, David, The Secret Diaries of Hitler’s Doctor, (London, 1983); Waite, Robert G.L., The Psychopathic God: Adolf Hitler, New York, 1993.

  • Feliz Año Nuevo desde Goethals Consulting

    Cada vez que llega el año nuevo, nos gusta recordar una cita de Ralph Waldo Emerson: «Cada día es un nuevo comienzo. Trata cada mañana como si fuera una nueva oportunidad, una oportunidad para comenzar de nuevo y hacer las cosas de manera diferente».

    Esta cita nos recuerda que, a pesar de los altibajos y desafíos que podamos haber enfrentado durante el año anterior, aunque pudo haber sido difícil, siempre hay oportunidades para comenzar de nuevo y hacer las cosas de manera diferente. No importa lo que haya pasado en el pasado, siempre hay una oportunidad de avanzar y encontrar la felicidad.

    Esperamos que este próximo año traiga más libertad, paz y voluntarismo a todos los rincones del mundo, especialmente a Ucrania, que ha sido golpeada por la invasión, la guerra y la violencia este año que está terminando.

    Aunque el año pasado fue difícil para muchas personas debido a la pandemia de COVID-19 y otros problemas globales, hay razones para tener esperanza en el futuro. La humanidad ha superado grandes desafíos a lo largo de la historia y estamos seguros de que podemos hacerlo de nuevo.

    Desde GCC hacemos votos para que este próximo año veamos un mayor voluntarismo y cooperación entre las personas de todo el mundo para abordar los desafíos  que enfrentamos. La responsabilidad individual es clave para el éxito de cualquier sociedad, y esperamos que cada uno de nosotros asumamos nuestra responsabilidad para construir un mundo mejor para nuestros hijos, nuestra familia. Si todos trabajamos haciendo cada uno su parte,  hacemos mucho por un mundo más justo y pacífico y podemos lograr un futuro más brillante para todos. Es importante recordar que somos capaces de hacer una diferencia positiva en el mundo a través de nuestras acciones y decisiones cotidianas.

    Como la historia de una pequeña semilla de mostaza: Una vez, un hombre plantó una pequeña semilla de mostaza en su jardín y se sorprendió al ver que, poco a poco, comenzó a crecer hasta convertirse en un grandísimo árbol. La historia nos enseña que, aunque algo pueda comenzar pequeño, con esperanza y determinación, puede crecer y convertirse en algo grande y maravilloso.

    Aunque el año que termina quizás fue difícil para muchos de nosotros, estamos seguros de que el año nuevo nos traerá nuevas oportunidades y desafíos. Mantengamos la esperanza y hagamos lo mejor para enfrentar lo que venga con determinación y optimismo. ¡Que este año sea uno lleno de amor, paz , salud y libertad para todos!

     

  • Volver a Stalingrado 80 años después

    Por estas fechas, hace exactamente 80 años, se combatía de manera encarnizada en los edificios destruidos de la ciudad rusa hoy renombrada Volgogrado.

    En el marco de la Segunda Guerra Mundial, el 22 de junio de 1941, Hitler había dado luz verde al inicio de la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética, reuniendo a un gigantesco ejército para alcanzar su sueño imperial. E infravalorando a su oponente, calculó que en poco menos de seis meses derrotaría al gigante soviético y configuraría, de este modo, su imperio de los mil años (lo que duraría el Tercer Reich, en el ideario fantasioso de Hitler), forzando la claudicación de Gran Bretaña, e instaurando una paz germana en Europa.

    Sin embargo, esos planes tan fantasiosos fallaron. La inmensidad del espacio a conquistar y la tenaz lucha de su adversario soviético, que pugnaba por su supervivencia contra las criminales políticas nazis, hicieron no solo que no pudieran tomar Moscú, sino que se quedaran lejos de acabar con la resistencia bolchevique. La campaña militar de 1941 fracasó, pero la guerra continuaría.

    La Operación Azul

    Así, en el verano de 1942, tras haber logrado la toma de Sebastopol y la península de Crimea, se le encomendaría al VI Ejército de Von Paulus iniciar la denominada Operación Azul, cuyos objetivos eran ocupar todo el Cáucaso y Stalingrado. Tras la debacle sufrida ante las puertas de la capital rusa, Hitler centró su objetivo en el Cáucaso, para tener acceso directo a las fuentes de petróleo de la regiones de Maikop, Bakú y Grozni.

    La Wehrmacht (denominación del ejército alemán durante la guerra) padecería durante toda la contienda una carestía crónica de combustible, piedra angular de los ejército modernos. El 21 de agosto de 1941, los nazis plantaban la esvástica en el monte Elbrus, alcanzando la cima más alta de Europa.

    Un símbolo de resistencia

    No fueron más lejos. Más al norte, la ocupación de Stalingrado, junto al Volga, estaba prevista como un objetivo secundario, debido a las dificultades que implicaba la lucha callejera; pero pronto se iba a convertir en el símbolo de la contumaz resistencia soviética.

    La conquista de la urbe industrial pasaría a ser prioritaria para Hitler y se convertiría en un terrible pulso que centraría todos los esfuerzos y recursos del mando alemán; un grandísimo error que sería aprovechado por Stalin.

    La superioridad táctica alemana, aquí, quedó invalidada, y el desgaste alemán se cobró un alto peaje en hombres y material insustituible, teniendo que conquistar palmo a palmo, en un auténtico solar de ruinas y cascotes que favorecía la resistencia numantina soviética.

    Más de medio millón de muertos civiles

    Por desgracia, también, el peaje civil fue muy elevado. De los 600 000 habitantes que fueron obligados a quedarse por orden de Stalin para enardecer la resistencia (solo se evacuó la industria armamentística), entre muertos y posteriores evacuaciones solo quedarían 9 796 almas desangeladas (entre ellos 994 niños) que resistieron hasta el final de los combates.

    En todo caso, los alemanes se enfrentaron a su peor pesadilla en una batalla urbana (se denominaría como guerra de ratas, Rattenkrieg), y aunque lograron apoderarse de cerca del 90 % de aquel páramo de dolor y muerte, la ciudad, pese a todo, no cayó.

    Stalingrado
    Una familia huye de Stalingrado en octubre de 1942.
    Wikimedia Commons / Bundesarchiv / Friedrich Gehrmann, CC BY-SA

    Invicta, a un alto precio

    Vasili Ivánovich Chuikov
    (el mismo que recibió personalmente la rendición de las fuerzas alemanes en Berlín, el 2 de mayo de 1945) fue el oficial soviético encargado de impedir que eso sucediera, adoptando órdenes draconianas: miles hombres y mujeres se sacrificarían para impedir la conquista alemana (surgiendo figuras legendarias como el francotirador Záitsev).

    El general Chuikov y francotirador Vasiliy Zaytsev en 1943.
    Wikimedia Commons / Georgy Zelma

    Mientras tanto, el mariscal Zhúkov prepararía y orquestaría una letal ofensiva oculta a los alemanes: la Operación Urano. En la fría madrugada del 19 de noviembre de 1942, dos fuertes pinzas acorazadas aplastaron los débiles flancos del Eje, guarnecidos por unidades italianas, rumanas y húngaras, cercando a un exhausto VI Ejército.

    El éxito fue completo. Un cinturón de acero se cernió sobre la ciudad, unos 250.000 soldados del Eje se vieron inmovilizados y atrapados. Justo cuando parecía que estaban tan cerca de lograr culminar su tarea, la suerte de las armas germanas se alteró por completo.

    La rendición alemana

    Aunque Hitler encomendaría al mariscal de campo Von Manstein liberar a las tropas cercadas, no se lograría. Nada pudo librar al comandante supremo del VI Ejército, von Paulus, de rendirse el 31 de enero de 1943. le quedaban 91.000 supervivientes, de los que solo 5.000 regresarían de Siberia tras el fin del conflicto.

    El shock de la derrota fue un mazazo para la opinión pública alemana, imbuida de la mística nazi de la invencibilidad de sus ejércitos, que consideraría, por primera vez, seriamente la posibilidad de que podrían perder la contienda.

    Un lugar histórico

    Stalingrado iba a ocupar un lugar especial en la memoria soviética, tanto por su capacidad de resiliencia (aunque el tributo en sangre fue espantoso) como por devolver a los alemanes su propia medicina, utilizando contra ellos sus exitosas tácticas militares.

    Aún los soviéticos tendrían que aprender más duras lecciones, pero la balanza bélica se decantaba claramente a su favor. Hitler había sobrevalorado sus fuerzas e infravalorado a sus enemigos. Fue el principio del fin para el Tercer Reich.

    Objeto de análisis reciente

    Aún en la actualidad, Stalingrado sigue ostentando en el acervo popular un lugar de reconocimiento enorme contra el nazismo. De hecho, el reciente libro de Xosé M. Núñez Seixas, sobre la memoria de los países europeos de la Segunda Guerra Mundial destaca por su título: Volver a Stalingrado.

    Se han publicado otras excelentes crónicas sobre lo ocurrido, como los de Craig y Beevor o la tetralogía de Stalingrado (desde un punto de vista militar), de David M. Glantz y Jonathan M. House, así como el de Jochen Hellbeck, Stalingrado.

    Cartel de ‘Lucharon por la patria’, (Sergei Bondarchuk, URSS, 1975),

    Material de ficción

    Tampoco podemos olvidar de la épica novela de Vasili Grossman, publicada íntegramente hace poco en castellano, Stalingrado; o la ingente filmografía que se ha producido a este respecto desde el punto de vista alemán, ruso–soviético o italiano, en filmes como El médico de Stalingrado (Geza von Radványi, RFA, 1958), Stalingrado: batalla en el infierno (Frank Wisbar, RFA, 1959), Los girasoles (Vittorio De Sica, Italia, 1970), Nieve Ardiente (Gavriil Yegiazarov, URSS, 1972), Lucharon por la patria (Sergei Bondarchuk, URSS, 1975), la antibelicista Stalingrado (Josep Vilsmaier, Alemania, 1993), Enemigo a las puertas (Jean-Jacques Annaud, Reino Unido, 2001), Hasta donde mis pies me lleven (Hardy Martins, Alemania, 2001), sobre la suerte de los supervivientes alemanes; o la última, la belicista Stalingrado (Fiódor Serguéievich Bondarchuk, Rusia, 2013).

    Desolación y ruinas

    Como es bien sabido, la mortífera sangría no se detuvo ahí. Prosiguió hasta la toma de Berlín en mayo de 1945, dejando tras de sí no solo un panorama de desolación y ruinas, sino un precio en vidas ingente.

    Escribía Núñez Seixas:

    “La guerra en el Este provocó una universalización del sufrimiento y de la memoria de la guerra entre amplias capas de la población, entre ocupantes y ocupados, civiles y militares”.

    Lástima que todo ello no haya servido para inducir a los rusos a aprender del pasado. Pues, mientras que los alemanes son muy conscientes de aquel espanto, abogando por el pacifismo, el uso y abuso con el que Putin ha dispuesto en la memoria rusa la Gran Guerra Patriótica (como base de un nacionalismo agresivo) parece haberla preparado para la guerra en Ucrania.

    No para recordar, precisamente, el espantoso sacrificio, sino para enfrentarse a los mismos camaradas ucranianos con los que derrotaron al nazismo.The Conversation

    Igor Barrenechea Marañón, Profesor y Doctor en Historia Contemporánea, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Feliz Navidad y Próspero Año les desea Goethals Consulting.

    En estos días tan especiales, recordamos a Juan Pablo II y su particular visión sobre el tradicional «arbol de Navidad». Juan Pablo II fue el primer Papa en colocar un árbol de Navidad en el recinto abrazado por la columnata de Bernini en el Vaticano, iniciando la tradición en 1982. La Navidad en el Vaticano no siempre incluyó un árbol gigante erigido en medio de la Basílica de San Pedro pero que hoy ya es una tradición anual  que incluye donaciones del abeto procedente de diversos países y líderes de renombre, como el checo Vaclav Havel que lo llevó personalmente en 1999.

    Juan Pablo II amaba la Navidad, especialmente todas las tradiciones que venían de su tierra natal de Polonia. Un amigo de Juan Pablo II explica en el libro de Wlodzimierz Redzioch que «El Santo Padre estaba muy ansioso de que celebráramos las fiestas en un ambiente familiar, según las tradiciones polacas… Al Santo Padre le gustaba mucho el árbol de Navidad. «.

    «Debo decirles – confesaba – que yo personalmente, a pesar de tener unos cuantos años, espero impacientemente la llegada de la Navidad, momento en el cual, es traído a mis habitaciones este pequeño árbol. Todo ello lleva un enorme significado que trasciende las edades, tanto ancianos como niños reaccionan de la misma manera, si bien en distintos niveles de comprensión”.

    El Papa Karol Wojtyla explicó el mensaje de este símbolo durante el Ángelus del 19 de diciembre del 2004: que el árbol de Navidad era una costumbre muy antigua que exalta el valor de la vida, pues en el invierno las ramas siempre verdes se convierten en un signo de la vida que no muere.

    «En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo da la vida que no muere», aclaró dirigiéndose a los peregrinos que se encontraban junto al portal de belén en construcción que sería descubierto después de la misa del Gallo en Nochebuena.

    «Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al «árbol de la vida» (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad», indicó.

    «El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es «siempre verde» si se hace don –subrayó Juan Pablo II–: no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca».

    Má de 40 años después, el árbol de Navidad sigue siendo una imagen poderosa en la Plaza de San Pedro, todo debido a un Papa nostálgico, queriendo celebrar la Navidad como lo hacía en su casa. Sentimiento que compartimos y seguimos repitiendo la misma historia muchos de nosotros.

    Más allá de la anécdota, lo importante es la tradición,  el mensaje, en palabras de  Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad!

    Muchas felicidades de parte de todo el equipo de Goethals Consulting.

     

  • Del adoctrinamiento a la educación

    Escribí y publiqué un libro intitulado “Educación ¿estatal o particular?” y con el pasar del tiempo cada día veo que los caminos chuecos son difíciles de enderezar; y, cada vez me recuerdan el poema que nos legó nuestro padre, Irving H. Bennett, del autor Sam Walter Foss, intitulado El Sendero de la Vaca, el cual traduje al castellano y publiqué con algunos comentarios y que voy a volver a publicarlo a la par de este escrito de hoy sobre el sendero del adoctrinamiento educativo que destruye a nuestra sociedad.

    El periodista y académico israelí Eliezer Ben-Yehuda, quien arribó a Jerusalén en 1881 y dedicó su vida a crear 17 volúmenes de un diccionario hebrero, nos legó un vital mensaje acerca de la importancia del idioma en la educación y la cultura. Hoy, que veo con inmensa tristeza un Panamá en el cual los graduados de secundaria no saben leer ni escribir, recaigo sobre las razones de algo tan absurdamente brutal que es la educación centralizada en gobiernos corruptos hasta sus médulas.

    En el artículo de Paula Jacobs que me motivó a una vez más abordar el tema de la educación, mayormente enfocado a través del idioma, Jacobs destaca el que la juventud israelí de hoy, apenas un 13% entiende las palabras del alfabeto hebreo. ¿Qué porcentaje en Panamá entiende las palabras del castellano?: cuando en nuestro país llamamos “invierno” al verano e “verano al invierno”; y, peor aún, nos enseñan que sólo tenemos 2 estaciones, con lo cual nos roban las primaveras y los otoños.

    Pero, mucho más allá de las aulas del NODUCA panameño, vemos la triste situación de los diccionarios de nuestro idioma. La RAE, por ejemplo, dedica 78 palabras para dar significado al vocablo “etimología”, mientras que el Merriam-Webster le dedica 329 palabras y 3 artículos que abordan el término. Y… hoy que toda Latinoamérica se está mudando a los EE.UU. ¿qué será de nuestro idioma? Y mucho peor, de nuestra capacidad de comunicarnos y entendernos.

    Luego, en un artículo de Paula Jacobs, nos cuenta el caso de Elana Simon casada don esposo judío y con un padre afrodescendiente, que viviendo en Brooklyn no logra encontrar una escuela que llene los cometidos de la familia. Buscaban un ambiente inclusivo, que no sólo abordara la oración sino la comunicación. Entender lo que leen o las palabras que escuchan en canciones. Finalmente encontraron una escuela en la cual las maestras lograban enseñar de manera entretenida, que es el secreto de la educación; es decir, la emoción.

    También cuenta Jacobs que en las escuelas públicas en los EE.UU. está prohibido preguntar a los alumnos acerca de su religión. Nooo, eso es tabú. Y, por otro lado, está la gran importancia de dominar dos o más idiomas dado lo que ello abona en un sentido cognitivo junto con beneficios sociales; lo cual me consta, dado que fui bilingüe desde mi infancia. ¡Ha sí!, y antes que se me pase, por muchos años me dediqué a la docencia, habiendo fundado dos escuelas, una privada y otra gubernamental conjuntamente con el PNUD y la OACI.

    Y reiterando el tema del lenguaje, de entender las palabras desde su origen; ninguna sociedad puede avanzar sanamente si no logran la capacidad de comunicación y entendimiento que ello lleva implícito.

    En fin, nuestro inmenso error fue haber delegado la educación de nuestros hijos al centralismo; a esa desorganización gubernamental corroída totalmente e incapaz de cumplir con semejante encargo. La solución es simple… descentralizar, por no usar el odiado vocablo de “privatizar”. Dicho simple: en el NODUCA no existe la riqueza de la desigualdad; y, si no entiendes eso, olvida lo que acabas de leer.

  • El Sendero de la Vaca

    Seguramente habremos escuchado decir que quien no conoce la historia, está condenado a repetirla; lo cual no sería malo si es que repitiésemos lo bueno. Pero, tristemente, pareciera más común repetir lo malo. En el caso que hoy me ocupa, les quiero recontar algo de la historia y sabiduría del bibliotecario y poeta Sam Walter Foss que nos acompañó en este mundo entre los años 1858 y 1911. Una de sus obras fue la del Sendero de la Vaca, la cual, por alguna razón, me trae a mente lo que vivimos hoy día con la pseudo educación gubernamental en nuestro país; que bien podría referirse a otras cosas gubernamentales más.

    El poema de Foss me vino a través de mi padre. Todavía guardo el recuerdo de mi juventud, en un mundo lejano y disperso por las ventiscas del tiempo, de haberle escuchado el cuento del Sendero de la Vaca. Habrá sido en su oficina o quizá en algún cuarto de la vieja casa empedrada, en la cual crecí; ya no recuerdo. Ahora hace muchos años que mi padre también es una memoria que tiene muchas formas de hacerse presente. Así fue, cuando años más tarde, trabajando en el Ministerio de Gobierno, pude apreciar el alcance de aquel cuento. ¡Con qué facilidad lo burocrático se arraiga como camino santificado!, aunque sus fieles seguidores no tengan la menor idea del origen y razón de semejante proceder. Prácticamente podía escuchar la risa pícara de mi padre, cuando me entregaba alguna prenda recogida en el camino de su vida. Bien conocía el Sr. Foss la naturaleza humana: que para tomar una medicina hace falta mezclarla en un vaso, con algo que la haga más potable; y aquí se las brindo: una moraleja mezclada en un cuento de vaca:

    “Un día a través del bosque primaveral, una vaca regresó a casa, como deben hacerlo las buenas vacas; pero en ello dejó un tortuoso sendero, como es natural de toda vaca. Desde entonces, han pasado trescientos años e, infiero que la vaca ha muerto, pero aún persiste su sendero y de allí reza la moraleja de este cuento.

    El sendero lo tomó el día siguiente un perro solitario que por allí pasaba, y luego una oveja guía retomó el trillo, sobre monte y a través de valles, y trajo consigo a su rebaño, tal como lo hacen las buenas ovejas guías.

    Y desde ese día, por las lomas y los valles, a través de esos viejos bosques, se hizo una vereda y muchos hombres deambularon por el torcida camino, subiendo y bajando, profiriendo palabras de divina indignación, al tener que seguir tan torcida excursión; pero aun así la siguieron – no se rían – las primeras migraciones de esa vaca, que a través de la sinuosa vereda boscosa anduvo, pues, se bamboleaba al caminar.

    Al paso del tiempo, la vereda se convirtió en camino real, que retorcía, viraba y volvía a virar; y este sinuoso camino real se convirtió en carretera, donde muchos fueron los jamelgos que con sus cargas laboraron bajo el ardiente sol, viajando tres millas en una. Y así, durante un siglo y medio, trillaron el camino de la vaca.

    Los años pasaron veloces, y la carretera se convirtió en calle de pueblo; y esto, antes que el hombre percatar pudiese, populosa vía pública de ciudad. Y pronto fue la calle central de renombrada metrópolis; por la cual hombres, por dos siglos y medio, siguieron el sendero de la vaca.

    Cada día cien mil hombres volvían a seguir el sendero de la vaca, todo el tráfico de un continente, siguiendo los pasos de un rumiante.

    Cien mil hombres fueron guiados por una vaca hace trescientos años muerta.

    Todavía seguían ciegamente el sinuoso andar, perdiendo cien años al día; pues tal reverencia es dada, a un establecido precedente.

    Esto encierra una moraleja, si fuese yo ordenado y llamado a predicar; pues los hombres son dados a marchar a ciegas por los caminos vacunos de la mente, y laboran de sol a sol, haciendo lo que otros hombres han hecho.

    Siguen el trillado camino, de aquí allá, ida y vuelta, apegados al errante proceder, cumpliendo la faena que otros le legaron. Mantienen el camino como sendero iluminado, todas sus vidas a él apegados.

    Pero como ríen los viejos dioses del bosque, habiendo conocido a la fenecida vaca.

    Cuantas cosas podría esta anécdota enseñar, pero no he sido ordenado a predicar.”

    Jamás olvido mi primer trabajo gubernamental, cuando le pregunté a la secretaria en jefe, que tenía toda una vida allí, la razón de un procedimiento: Me puso una mirada fiera y con tono sardónico me espetó: “Es que así siempre se ha hecho.” Eso fue en 1968 y dudo que mucho haya cambiado en dicho ámbito “público”.