Categoría: Opinión

  • En defensa de los robots

    En demasiadas circunstancias se vienen reiterado alarmas debido al notable avance tecnológico referido a los robots que se dice que, como cada vez abarcan más áreas, se acentuará el desempleo. Resulta sumamente curioso este razonamiento pues, si fuera cierto, no habría problema puesto que dado que todas las necesidades estarían cubiertas y no habría necesidad de trabajar. Es decir, se supone el paraíso ya que al no requerir trabajo las condiciones de vida se tornan idílicas.

    Pero lamentablemente las cosas no son así, las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos y el recurso por excelencia es precisamente el trabajo. No solo por tratarse de humanos sino porque no puede concebirse la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin el concurso del trabajo.

    Es menester aclarar que en un mercado libre en materia laboral nunca bajo ningún concepto y circunstancia sobra aquel factor clave que, como queda dicho, es siempre escaso en relación a las permanentes y estiradas necesidades a medida que se progresa. No importa el grado de miseria o de riqueza, nunca sobre ese factor esencial. Incluso en el caso de náufragos que llegan a una isla desierta no dirán que como no hay “fuentes de trabajo” pueden descansar. Al contrario, no le alcanzarán las horas del día y de la noche para sobrevivir. Las remuneraciones en ese caso consistirán en los intercambios: cocos recogidos por animal apresado y así sucesivamente. En la medida en que se ahorre de lo habitualmente consumido se podrá destinar tiempo para fabricar un equipo de capital lo cual permitirá elevar el nivel de vida. Por ejemplo invertir tiempo en fabricar una red de pescar lo cual habilitará recoger mayor cantidad de peces en lugar de hacerlo a los cascotazos. Esa mayor cantidad de peces por unidad de tiempo se traduce en un mejor nivel de vida y así con el resto de las cosas.

    Sin duda que si la situación es miserable, serán miserables también los ingresos de cada cual en el caso de la isla retribuciones en especies en el contexto del trueque. En cambio, en lugares de altas tasas de capitalización, es decir, instalaciones, equipos, herramientas, maquinaria y conocimiento relevante, en esa media se incrementa el nivel de vida. La diferencia entre un país rico y uno pobre estriba en las tasas de capitalización y, a su vez, el ritmo de esas tasas depende de marcos institucionales civilizados, o sea respeto a los derechos individuales: la vida, la libertad y la propiedad de cada cual.

    Los salarios e ingresos en términos reales no son nunca consecuencia de voluntarismos ni de decretos, son como queda dicho el resultado del volumen de inversión. Los recursos naturales, los climas y las etnias no definen el asunto, solo se trata del monto invertido. Cuando en un país rico se retribuye con seguros de salud, con automotor, con pagos a colegios, con jubilaciones, son vacaciones y con música funcional en las oficinas no es por bondad de los empleadores, por el contrario están obligados a retribuir de ese modo, de lo contrario no encuentran colaboración.

    Si los aparatos estatales o grupos apoyados por los gobiernos imponen salarios superiores a los de mercado, es decir, superiores a lo que permiten las aludidas tasas de capitalización, el efecto inexorable es el desempleo involuntario. A saber, ocurre que gente se ofrece para trabajar, pero no hay demanda a ese salario artificial. Por otra parte, el desempleo voluntario no constituye un problema pues se trata de personas que no quieren trabajar dadas las circunstancias imperantes o porque viven de rentas o porque estiman que lo que se ofrece no es suficiente. La tragedia, el drama, el problema grave irrumpe cuando las mal llamadas “conquistas sociales” se imponen pues en esa situación se barren personas del mercado o, de lo contrario, se trabaja en el mercado informal al efecto de salvarse del desempleo.

    En este contexto es pertinente subrayar que los sindicatos son de gran utilidad en una sociedad libre siempre que se trate de asociaciones voluntarias que, por ejemplo, informan cuanto se abona en las distintas faenas, se ofrece obras sociales y equivalentes siempre que sean competitivas y abiertas. Los aportes obligatorios, las afiliaciones compulsivas, las representaciones coercitivas y las acciones intimidatorias y violentas son incompatibles con la libertad y el respeto recíproco. Esto desde luego incluye la imperiosa necesidad de abrogar las denominadas retenciones que habitualmente llevan a cabo los empleadores forzados por legislaciones inmorales.

    Ahora bien, cuando se introduce un adelanto tecnológico que produce mayor cantidad y mejor calidad, se libera trabajo para dedicarse a otras cosas ya que como apuntamos las necesidades son infinitas y cambiantes, de lo contrario otra vez debemos aludir a Jauja o al paraíso donde no habría necesidad de incurrir en el costo de trabajar puesto que todos estarían satisfechos. Entonces esa liberación se emplea en otros sectores y los empresarios y comerciantes siempre deseosos de incrementar ganancias fruto de arbitrajes son los principales interesados en capacitar al efecto de sacar partida de la situación. Es el caso del hombre de la barra de hielo antes que apareciera la heladera o los fogoneros de las locomotoras antes del los motores Diesel, el cartero antes de los mails, los mecanógrafos antes de las computadoras o los cableados antes del celular inalámbrico.

    Por eso es que las referencias a los acuerdos entre el capital y el trabajo son impropias: se trata de formas distintas de trabajo, el capital está formado por aparatos que no negocian. De allí que sea una sandez mayúscula aludir a “la clase trabajadora” como si hubiera una clase que trabaja y otra que la explota. Cuando un pintor de brocha gorda se muda de La Paz Bolivia a Huston en Estados Unidos se observa que el candidato en cuestión eleva exponencialmente su salario. No es porque el estadounidense sea más generoso que el boliviano, es porque en el primer caso está obligado a pagar más para lograr el trabajo.

    A veces se ha dicho que no es justo permitir que contrate un millonario con una persona que no le alcanza el sustento para llegar a fin de mes, a fin de semana o a fin del día puesto que se continúa diciendo hay una “evidente desigualdad en el poder de contratación”. Pues no hay tal cosa, el asunto está a todos luces mal analizado. Es irrelevante cuanto tenga cada uno en cuenta corriente, el nivel del salario va por otro andarivel. Como hemos visto, depende exclusivamente de las tasas de capitalización. Ilustremos esto con el ejemplo de una billonario que en cierto pueblo pregunta cuanto cuesta pintar su mansión. Supongamos que le dicen mil, entonces ese rico concluye que como su cuenta corriente está rebosante y su patrimonio es colosal pagará quinientos, el resultado indefectible es que no pintará su casa. Es del todo inatingente a cuanto asciende su riqueza, si en el mercado laboral la cifra es mil no hay salida, el que ofrece menos se queda sin el servicio y si se pretende pagar más esa persona tendrá sus días contados como comerciante y consumirá su patrimonio.

    Entonces nada hay que preocuparse por la generalización de robots y similares, solo hay que celebrar puesto que el nivel de vida necesariamente se eleva a medida que se libera nuevo trabajo para llevar a cabo nuevas tareas que dan lugar a nuevos bienes y servicios. Para no decir las muy fascinantes tareas que han desempeñado robots durante el pico de la pandemia para distribuir medicamentos sin peligro de contagios.

    El principio del robot es exactamente el mismo que el de la máquina en general, antiguamente también muchos distraídos y mal informados objetaron la aparición de maquinaria como enemigo del trabajo, en realidad el verdadero enemigo del trabajo reside en las ideas atrabiliarias de regulaciones y controles ejecutadas por politicastros ignorantes del sentido elemental de la economía. El decimonónico Frédéric Bastiat en el capítulo 20 de su célebre Sofismas económicos ya había ridiculizado la absurda sugerencia de destruir maquinarias y herramientas “para defender el trabajo” y establecía un correlato con las restricciones al comercio exterior que obligan a comprar más caro y de peor calidad “al efecto de proteger fuentes de trabajo” lo cual empobrece al forzar a desembolsar más por unidad de producto que necesariamente conduce a que hayan menos productos.

    Y respecto a la maquinaria no hay necesidad de circunscribirla a sofisticadas para uso industrial, la idea, como decimos asimilable al robot, va del uso cotidiano desde la máquina de coser, la licuadora, la cortadora de pasto y el taladro. Si destruimos la maquinaria y consecuentemente el robot cae precipitadamente el nivel de vida y nos retrotraemos a la cueva y al taparrabos, ni siquiera al garrote pues se trata de una herramienta. Además de todo lo expuesto debe agregarse el trabajo que demanda la fabricación de robots, maquinaria y herramientas.

    Por supuesto que con robots o sin robots si se pacta una remuneración y llegado el momento se paga otra menor esto es un fraude, un engaño, una trampa que debe ser castigada con todo el peso de la ley puesto que se trata de la lesión al derecho y nada tiene que ver con mercados abiertos y competitivos donde el que sirve a sus semejantes obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. En esta línea argumental también debe insistirse que los llamados empresarios prebendarios son la antítesis del comportamiento decente ya que esos sujetos explotan a sus semejantes vía privilegios atados a inaceptables alianzas con el poder político de turno.

    Lo dicho no autoriza a recurrir a expresiones equivocadas como “inteligencia artificial” puesto que inteligencia inter-legum es decir leer adentro, captar esencias es propio de lo humano y del consiguiente libre albedrío y no de un aparato sujeto a programación y por ende determinado. Como hemos consignado antes, esto es similar a cuando se pondera alegremente la “memoria” de la “computadora”. Pues ni lo uno ni lo otro, cuando algunos de nuestros ancestros hacía un nudo en el pañuelo para recordar algo no alabábamos “la memoria del pañuelo”. Del mismo modo son los humanos los que en verdad computan, el aparato es fruto de impulsos eléctricos. Una cosa es mostrar las inmensas ventajas del progreso tecnológico y otra bien diferente es distorsionar significados y conceptos cruciales.

    Por último, en el plano de la desocupación señalo que en los casos de severos defectos físicos las consiguientes tareas filantrópicas se llevan a cabo en la medida de la libertad que tenga lugar, por eso, para ilustrar el punto si se quieren localizar obras de caridad debe mirarse a países como Estados Unidos y no a la isla-cárcel cubana.

  • El problema no es el cambio sino la resistencia al cambio

    Los menos distraídos están muy conscientes acerca, no sólo, de la avalancha del cambio, ya sean climáticos, perláticos o pancreáticos, sino de lo extraordinario de todo ello; lástima que los “menos distraídos” son inmensa minoría, mientras que los más andan totalmente perdidos en la obsolescencia de lo que el viento se llevó.

    Tal vez, para muchos, uno de los ejemplos más ilustrativos e impactantes es que alguien les diga que en un futuro mucho más cercano de lo imaginado, cosas tales como la construcción de carreteras irá en mengua. O, que jamás deberíamos encargar a los gobiernos no sólo de la educación de nuestros hijos sino de la construcción de las carreteras y mucho más. Las razones de todo ello debían ser obvias y el hecho de que no lo sean es clara evidencia de caducidad; y de estar perdidos en la miasma de la corruptela política y social.

    Las carreteras, igual que los negocios, sean educativos o de cualquier índole, no sólo deben responder a una viabilidad económica que podemos encontrar dispersa entre la población, pero rara vez en los gobiernos, que jamás tuvieron el propósito de los negocios. Tanto la construcción y mantenimiento de las vías de circulación como la educación, etc., son los motores de una economía pujante y adaptable; mientras que los gobiernos, particularmente cuando se sobredimensionan, tienden a lo contrario.

    En el mercado, que es la plaza pública en dónde actúa la gente, encontraremos los fenómenos económicos y sociales de “aquello que se ve, y lo que no se ve”; realidades que requieren luces largas, dado que cada acción humana, desde el sexo, los hábitos, leyes, y mucho más, dan lugar a efectos; es decir, acción y reacción.

    Por un lado están los efectos inmediatos y visibles, tal como la felicidad de quienes reciben jamones o subsidios. Luego vienen los menos visibles, pero sí previsibles; tal como la inflación, aumento de precios, impuestos y, en general un aumento en la pobreza debido a una interferencia politiquera; de pillos que tiran la piedra y esconden la mano.

    Cuando fui presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos (APEDE), la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) nos dio una charla acerca de la expansión del Canal y al final preguntas y respuestas. Luego de varias preguntas y respuestas, yo levanté el dedito y el presentador me digo, “sí, diga Sr. Bennett”. Pregunté: “¿Qué será del Canal cuando se invente el trasbordador molecular?” Un escandaloso silencio llenó el recinto. De pronto, el presentador irrumpió en risa y dijo: “Ya entiendo su pregunta Sr. Bennett, pero tenemos previsión del Canal hasta el año 2050; luego de lo cual vino mi segunda pregunta: “¿Alguno aquí se atreve a describir el año 2050?” Otro silencio total. Y he allí el problema, que seguimos legislando, haciendo y construyendo hacia lo desconocido.

    Cambios que ya están ocurriendo, tales como la robotización, sea de neveras que serán más inteligente que nosotros o de autos que volando burlarán los retenes, dejarán a los distraídos cantando: “¿Qué pasó, no sé decirte, que paso?” Y… ¡sorpresa!, hasta el mal concebido Metro, junto con el Metrobus, ese que no es tal cosa, quedarán en la obsolescencia.

    Es más, el Metro y el Metrobus, fueron y son la mayor estafa de nuestra historia, y casi nadie lo ve. No sólo en sus costos de construcción y operación, sino en cuanto a que no resolvieron nuestras necesidades de transporte urbano; las cuales se hubiesen resuelto a una fracción del costo, tanto de inversión como de operación y servicio con un verdadero sistema de Transporte Rápido por Buses o BRT en inglés.

    Resumiendo, el cambio es inevitable. El problema es seguir resistiéndose al cambio proponiendo soluciones arcaicas que pretenden evitarlo y claro, nunca lograrlo.

  • Paul Johnson, el hombre y el autor

    El jueves 12 de este mes de enero murió el gran Paul Johnson a los 94 años. Lo invité en abril de 1991 a dictar conferencias cuando fui Rector de ESEADE. Como digo más adelante, ya lo había conocido unos años antes en la Universidad de Cambridge pero en esta ocasión me encontré más de cerca con un personaje que además de ser un muy prolífico autor –escribió cincuenta libros- era de una calidez notable. Con mi mujer entablamos una relación muy especial con la suya -Marigold con quien se casó en 1958- y con él seguí un estrecho contacto vía epistolar. Su obra Historia del cristianismo abre con esta inscripción: “A Marigold, mi colaboradora permanente, mi más sabia consejera y mi mejor amiga.” Similar es su reconocimiento en The Birth of the Modern. Paul nos regaló un espléndido dibujo de su autoría tomado de la torre de los ingleses que fabricó durante esa estancia que conservamos como uno de nuestros buenos recuerdos.

    En la visita de referencia a Buenos Aires me dedicó su libro Enemies of Society, dedicatoria que comienza “To my friend”, en esa obra apunta los errores del estatismo y la emprende con argumentos de gran solidez contra intelectuales tipo Herbert Marcuse y en general todo el marxismo y sus imitadores. Uno de los capítulos lleva el sugestivo título “Schools for Atilas” donde critica sistemas educativos autoritarios. También en ese libro se detiene a subrayar la importancia del lenguaje y lo disolvente que resulta para el pensamiento y la comunicación el degradarlo (parece escrito para hoy en relación a sandeces como el denominado “lenguaje inclusivo” y otras barrabasadas). Escribe en este contexto que “Aquellos que valoran el sentido de las palabras valoran la verdad y aquellos que tuercen el sentido del lenguaje estarán inclinados a propósitos antisociales.”

    Paul Johnson deja cuatro hijos: Daniel que es periodista, Cosmo que es empresario, Luke que es ejecutivo de la televisión y Sophie editora también para programas televisivos. Paul en su época juvenil era de izquierda, por lo que fue editor de The New Stateman hasta que renunció al Partido Laborista y se mudó al Conservador al tiempo que denunciaba “el espíritu corporativista y totalitario” del estatismo que había comenzado a beber en su colegio de jesuitas, un cambio luego influido principal aunque no exclusivamente por Karl Popper, luego de lo cual recibió en su país la distinción de Comendador del Imperio Británico y en Estados Unidos la Medalla Presidencial de la Libertad y otras manifestaciones honoríficas en distintas partes del mundo.

    El 2 de septiembre de 1984 pronunció una magistral conferencia en la reunión de la Mont Pelerin Society en la Universidad de Cambridge titulada “Nineteen Eighty-Four: a False Alarm?” donde muestra los aciertos de Orwell respecto a sucesos de aquel momento (para no decir nada del agravamiento de algunas facetas oscuras de hoy). Esta fue la primera vez que estuve con Paul Johnson y coincidentemente fue la oportunidad en la que la Mont Pelerin Society (la Academia Internacional, según Friedrich Hayek que fue uno de sus fundadores) me designó miembro de su Consejo Directivo. Esta disertación estuvo en línea con lo que había publicado cuatro años antes en la American Enterprise Institute traducida al castellano con el título de “La base moral del capitalismo”.

    En todo caso resulta difícil poner en palabras una descripción de las características personales del pensador a que aludimos en esta nota. Como queda dicho su calidez era envolvente, su amabilidad y cortesía fueron su marca y en las largas conversaciones mostraba una mezcla de cultura y modestia que ponían en evidencia su calidad humana. Asimismo, era agradable en los debates e intercambios con intelectuales de otras corrientes de pensamiento lo cual no quita su pérdida de paciencia con la insolencia o los arrebatos que a veces surgen en estos ámbitos que lo ponían en un severo enojo.

    No resulta posible en un texto periodístico poner de relieve la obra ciclópea de este escritor colosal pero podemos dar una idea aproximada de sus valores en algunos de sus trabajos recorridos a vuelo de pájaro. En este caso resulta ilustrativo reproducir cinco citas tomadas de los respectivos originales en inglés y con una sexta trabajé en la versión castellana, en total apenas poco más del diez por ciento de su producción, sin glosas para que el lector saque sus propias conclusiones.

    En primer lugar de A History of the Modern World: “La carrera de Perón ilustra su esencial identidad con el fascista deseo de poder y algunas veces tomaba prestado ideas de Mussolini, Hitler, Franco y Stalin […] Mostró como manipular a la gente en un sistema de contar cabezas […] Como presidente, Perón trasmitió una demostración clásica en nombre del socialismo y el nacionalsocialismo y como destrozar la economía […] Llevó a cabo un asalto frontal al sector agrícola, el mayor recurso de capital argentino. Ya en 1951 había agotado las reservas y había descapitalizado al país […] Destrozó la Suprema Corte. Arrebató el sistema radial y a La Prensa, el gran diario latinoamericano.”

    Segundo, de A History of the American People: “La creación de los Estados Unidos de América es la más grande de las aventuras humanas. Ninguna otra historia nacional contiene esas notables lecciones para los estadounidenses y para el resto del mundo […] Los tropiezos se deben principalmente al keynesianismo -otra palabra para el intervencionismo estatal […] De hecho, el libro de Keynes La teoría general del empleo, el interés y el dinero, proponía una moneda administrada por funcionarios dedicados a estabilizar precios que significan interferencias constantes de los gobiernos lo cual es parte del problema.”

    Tercero, su extenso prólogo a The Voluntary City. Choice, Community and Civil Society una colección de quince autores compilados por Peter Gordon que objetan la existencia del monopolio de la fuerza refutando las nociones de bienes públicos, externalidades, el dilema del prisionero y la asimetría de la información. Allí Paul Johnson exhibiendo una mente abierta, juvenil y atenta a nuevos paradigmas, escribe que “Confío y envídio a los que vivirán para ver el cambio, en cincuenta años estaremos manejando las cosas de modo sustancialmnete diferente a lo que se hace hoy, respondiendo mucho más acertadamente a las necesidades humanas respecto a los métodos que hoy empleamos. El mundo no será Utopía pero para usar una expresión favorita de los victorianos, será un mejoramiento.”

    Cuarto, en Historia de los judíos: “Los judíos han penetrado en muchas sociedades y han dejado su impronta en todas. Escribir la historia de los judíos es casi como escribir la historia del mundo […] Es una historia del mundo observada desde el punto de vista de una víctima culta e inteligente […] El judaísmo rabínico fue un evangelio del trabajo porque exigía que los judíos aprovecharan exhaustivamente los dones divinos. Exigía que los aptos y los capaces se mostraran industriosos y fecundos, entre otras cosas porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas.”

    Quinto, en Napoleón: “Chatobriand y Madame de Stäel fueron dos de los más dedicados enemigos de Napoleón […] Lamartine llamó a ´esta religión napoleónica el culto a la fuerza que está influyendo en el espíritu de la nación en lugar de la verdadera religión de la libertad´ […] El inglés más influyente del napolionalismo fue Thomas Carlyle que lo puso a Bonaparte en le centro de la escena en sus conferencias de 1841, Heroes and Heroe Worship […] El todopoderoso Estado de Napoleón fue concebido por su admirado Hegel que a su vez fue la raíz tanto del marxismo como del totalitarismo nazi […] Ningún dictador del trágico siglo veinte ha estado ajeno a los ecos napoleónicos, desde Lenin, Stalin, Mao Zedong a los tiranos como Kim Il Sung, Castro, Perón, Mengistu, Saddam Hussein, Ceausescu y Gadafi […] Los grandes males del bonapartismo fueron la deificación de la fuerza y la guerra, el todopoderoso Estado centralizado, el uso de la propaganda cultural y el manejo de pueblos en busca de poder personal e ideológico.”

    Y por último, sexto, The Quest for God: “En la religión el antropomorfismo simplemente refleja las limitaciones de la imaginación humana […] La única forma de igualdad que es posible y deseable es la igualdad ante la ley […] Doctrinas conocidas como Teología de la Liberación. Esta es simple y absolutamente una herejía anticristiana, sin ninguna base moral […] La práctica del aborto nos remite a un problema importante. El fracaso de encontrar una alternativa de alimento espiritual, sistemas que son capaces de matar, los millones de niños a los cuales no les permitió nacer, mucho menos vivir igual que lo hizo Hitler, Pol Pot, Stalin o Mao […] El mal surge necesariamente de la magnificencia de Dios al conceder una libre voluntad a sus criaturas humanas […] permite escoger tanto el bien como el mal […] Esta es una línea de pensamiento seguida por Santo Tomás de Aquino y otros.”

  • Retenes de tránsito perniciosos

    Los retenes de tránsito legales y bien llevados a cabo son un mal necesario; y, por tanto, deben seguir procesos y lineamientos que, como bien señala el preámbulo constitucional, deben “exaltar la dignidad humana”. Pero, cuando las autoridades permitan o apadrinen los retenes ilegales y mal llevados a cabo, podemos estar seguros de que estamos frente a un estado de avanzado deterioro social. Estamos frente a la horrible realidad de retenes cuyo propósito es de asalto a mano armada; los cuales son del conocimiento de las autoridades que se hacen de la vista gorda, demostrando con ellos el bajo talante de su moralidad y de una comunidad que lo permite.

    La burla de los fundamentales mandatos constitucionales de: “garantizar la libertad… exaltar la dignidad humana… perturbación del tránsito… transitar libremente…” es clara señal de deterioro social y degeneración gubernamental. Detener la marcha de un auto sin que exista base o criterio objetivo para ello, aumenta exponencialmente las prácticas abusivas policiales; además de ser pernicioso adoctrinamiento.

    Los retenes de tránsito sólo deben llevarse a cabo cuando existan motivos y mandato de autoridad competente para ello. En cual caso, los agentes del retén deben recibir las instrucciones de cómo llevarlos a cabo. Como toda herramienta, el retén es útil y legal bajo estrictos lineamientos de legalidad, evitando la discrecionalidad del funcionario.

    Dado que la detención es contraria a la norma constitucional de “libre tránsito”, debemos tener presente de que ‘detener’ a las personas es asunto serio. El peligro en ello está en que las agencias de policía pierdan la noción de respeto a los derechos ciudadanos de transitar “sin más limitaciones que las que impongan las leyes o reglamento de tránsito…”

    Y sí, el Artículo 125 del Reglamento de Tránsito dicen que la licencia “podrá ser solicitada… en cualquier momento…” Pero, debemos ver que esta norma está dirigida a los conductores y no a los agentes de policía; los cuales no están facultados a solicitarla en cualquier momento y sin medir razón. De haber tal instructivo a los agentes de policía, este sería inconstitucional; sería la legalización de un abuzo de discrecionalidad.

    Los retenes deben seguir lineamentos tales como: ser realizados en sitios difíciles de ser burlados; con espacio suficiente para estacionar los autos de manera que no obstaculicen el flujo vehicular; siempre que sea posible, evitando que se realicen en los horarios de alta densidad de tránsito.

    Los retenes no pasan de ser una excusa “legalizada” para detener y escudriñar a los motoristas cuando no existen otras razones valederas para ello: verificar estado de embriaguez, licencias o seguros vencidos, papeles de auto y tal. Pero, cuando los retenes son como los trasmallos de pesca, que no discriminan; estaremos tratando a la inmensa mayoría de ciudadanos como infractores o malhechores; lo cual es una barbaridad.

    Los retenes son instrumento de intimidación, lo cual no es recomendable y debe ser llevado a cabo con todo respeto y consideración. Cuando ello no es así, la comunidad pierde fe en la policía; lo cual es malísimo. Por ejemplo: Ser detenido en un retén no legaliza el cateo del conductor y pasajeros ni la revisión del auto; a menos que exista causa razonable y sustentable para ello.

    No debemos caer en el engaño de consentir a una revisión. Te dirán que quien no la debe no la teme… a lo cual debemos contestar que tenemos el derecho y deber de proteger nuestra privacidad. Es más, existe la posibilidad de que los policías coloquen algún elemento ilegal en el auto para justificar la detención. Y, en todo caso, la persona detenida debe preguntar al agente las razones de la detención, lo que buscan y la razón de creen que ello está en tu auto. Es bueno preguntar: “¿Ya terminaron, puedo irme? Si no existe razón válida, deben permitir que prosigas tu camino.

    Cuando las autoridades de tránsito se vuelcan a realizar retenes de sobriedad, estos son claros y serios indicadores del deterioro de una sociedad y de sus agencias de policía. La escasa cantidad de personas ebrias que típicamente se detectan habla de la poca racionalidad de llevar a cabo semejantes retenes; lo cual también se aplica a la búsqueda de armas y tal.

    Existen fórmulas mucho más productivas y legales para buscar ebriedad, armas, criminales y tal; consistente en el patrullaje y detención de quienes son sorprendidos en francas y peligrosas infracciones. Se ha visto que entre los infractores consuetudinarios están los malandros.

    No debemos consentir que nos pregunten de dónde venimos o a dónde vamos; igual que contestar si has estado en parranda. Pero, si por alguna razón te ordenan a salir del vehículo, debes trancarlo al salir. Una vez fuera no tienes obligación a que te pongan a bailar ni a responder acertijos y tal. Debes respetuosamente rehusar.

    Y, de ser retenido sin mayor causa o razón, debemos ser respetuosos y no debemos entrar en debates. Podemos decir algo como: “Estimado oficial, no estoy de acuerdo con los retenes ni siento la necesidad de dar mayores explicaciones”.

  • ¿Qué podemos esperar del desarrollo exponencial de la inteligencia artificial? 7 recomendaciones sobre cómo seguir siendo útil en el futuro

    La inteligencia artificial se acelera…

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    Por ejemplo, decidí finalmente convertirme en YouTuber. Sin embargo, mis videos no me mostrarán a mí, ya que no tengo tiempo ni espacio adecuado para filmarlos durante mis viajes, sino mi avatar digital visualmente idéntico (usando los servicios Synthesia.io o Scena.ai ). Él narrará mis conferencias o artículos en mi voz. Por supuesto en 120 idiomas con el mejor acento y entonación. Personalmente, no sé mandarín, árabe o coreano, pero mi avatar digital visualmente idéntico puede manejarlo fácilmente. No necesito un estudio equipado profesionalmente para esto, o una edición complicada de mi voz grabada. Mi avatar digital será el personaje principal de mi video educativo o de marketing.

    ¿Seremos reemplazados por la inteligencia artificial en un futuro cercano?

    No en los próximos años, pero sí estaremos ante un cambio radical en el mercado laboral en los próximos meses.

    Una gran cantidad de personas, incluidos programadores y artistas, tendrán que adoptar la nueva ola de inteligencia artificial o volver a capacitarse.

    El estado como el mayor obstáculo para el desarrollo exponencial de la inteligencia artificial

    El Estado y el sistema político están anclados en el último milenio y no responden en absoluto al desarrollo exponencial de la tecnología.

    La «única certeza» en el desarrollo exponencial de la tecnología y la inteligencia artificial es el estancamiento del Estado y del sistema político.

    Creo que un revisor fiscal, aduanero o policía tendrá un trabajo más seguro en los próximos años que cualquier programador o creativo. Y se agregará un censor central (porque de lo contrario también sería fácilmente manejado por inteligencia artificial).

    inteligencia artificial

    7 recomendaciones para seguir siendo útil en el futuro

    Conclusión

  • ¿Son inteligentes los servicios de inteligencia?

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre.

    En los últimos tiempos observamos con cierta alarma que los aparatos estatales teóricamente encargados de velar por los derechos de los gobernados son en realidad atacantes y en la materia de esta nota periodística espían a la gente con lo que se invade su privacidad. Como ha escrito Milan Kundera “si se pierde la privacidad se pierde todo”. Es sumamente curioso que el ciudadano se vea obligado a financiar con impuestos acciones que lo persiguen y aplastan. Antes he escrito sobre este tema de los llamados servicios de inteligencia, pero en vista que vuelva a surgir el asunto es del caso reiterar lo dicho.

    El adagio consigna que si a uno lo engañan una vez, la vergüenza corresponde a quien engaña, pero si nos vuelven a engañar con lo mismo, la vergüenza es para uno. Resulta de interés preguntarse y repreguntarse qué grado de compatibilidad o incompatibilidad existe entre los llamados servicios de inteligencia y el sistema republicano de gobierno. Como es sabido, uno de los ejes centrales de esta forma de concebir el aparato político consiste en la transparencia de sus actos.

    Conviene llevar a cabo el ejercicio de una mirada crítica sobre estas reparticiones tan peculiares. Prácticamente todos los gobiernos cuentan con servicios de inteligencia, lo cual no invalida el interrogante. Cuando menos, llama la atención que una sociedad libre se desplace simultáneamente por dos andariveles tan opuestos.

    Por una parte, se insiste en la necesidad de que los funcionarios gubernamentales sean responsables de sus actos y que éstos estén en conocimiento de los gobernados y, por otro, se procede de modo clandestino, echando mano a fondos reservados para propósitos de espionaje y otros menesteres non sanctos que se mantienen en las sombras. Parecería que hay aquí un doble discurso y que se entroniza una hipocresía digna de mejor causa.

    Agentes dobles, contrainteligencia, secretos de Estado, escuchas y detenciones sin orden de juez, violaciones de domicilio y en otros partes del mundo se agregan asesinatos, sabotajes y en la mayor parte de los casos lados seguimiento de los dirigentes de partidos políticos de oposición son sólo algunos de los hechos que producen los más renombrados “servicios”. Esto es en el “mundo libre”, ya que en los países totalitarios se añade la tortura y la implacable persecución a quienes no adhieren al poder de turno.

    En los Estados Unidos, actualmente existen veinticuatro “oficinas de inteligencia”, entre las que se destaca la CIA, creada a fines de la década del 40. En Inglaterra, el M15 y el M16; en Canadá, la CSIS; la BND en Alemania; el Mossad en Israel, y la FSB, sucesora de la KGB, en Rusia son sólo algunas de las caras visibles de este entramado de espionaje, contraespionaje y guerra subterránea.

    El periodista de la BBC de Londres Paul Reynolds puso en tela de juicio la eficiencia de los servicios de inteligencia más destacados del mundo a raíz de la célebre invasión de Irak, en una columna titulada “¿Podemos confiar en los servicios de inteligencia?”. Por su parte, Harry Browne señala los fiascos de los servicios de inteligencia estadounidenses en Vietnam, Corea, Somalía y Haití, e incluso tiende un manto de sospechas sobre los que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, en la que se terminó entregando a Stalin aproximadamente las tres cuartas partes de Europa.

    Es que siempre los burócratas están tentados a utilizar este y otros departamentos y oficinas para fines políticos, y cuando no hay claros límites al poder y se permite recurrir a la clandestinidad los abusos no deben sorprender, sin contar con las traiciones, las falsas denuncias y las delaciones internas y ex amistades, como ocurría con la policía secreta de Sha de Persia, incluso con Ben Laden y en la CIA.

    Por esto es que León Hadar, del Cato Institute, sugestivamente titula su ensayo “Los servicios de inteligencia no son inteligentes” que inspira el título del presente texto. Allí muestra con profusión de datos cómo la alegada seguridad nacional está en riesgo con estos procedimientos oscuros en los que, por definición, no hay control de gestión propiamente dicho. Hadar se refiere a los Estados Unidos. Imaginemos qué le cabe, por ejemplo, a lo que fue nuestra SIDE creada por Perón, luego SI y hoy AFI. Cambios de nombres pero con una alarmante y persistente continuidad de procedimientos aberrantes que incluyen casos espantosos y muy sonados en todos los rincones del planeta como es el del fiscal Alberto Nisman.

    David Canon, del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Indiana, en su trabajo titulado Inteligencia y ética, alude a las declaraciones de un agente de la CIA que explica que lo importante es lograr los objetivos sin detenerse en los medios: “Los temas legales, morales y éticos no me los planteo, igual que no lo hacen los otros [integrantes de la CIA]”, dice, y documenta la cantidad de “sobornos a funcionarios, derrocamiento de gobiernos, difusión deliberada de mentiras, experimentos con drogas que alteran la mente, utilización de sustancias venenosas, contaminación de alimentos, entrega de armas para operar contra líderes de otros países y, sobre todo, complotar para asesinar a otros gobernantes”.

    En esta dirección ofrece ejemplos de operaciones de la CIA en Costa Rica, Corea, Colombia, Laos, Guatemala, Irán, China e Indonesia. Asimismo, el ex presidente estadounidense Harry S. Truman 15 años después del comienzo de la oficina de inteligencia declaró a la prensa: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

    Pero, como bien destaca Norman Cousins, el establecimiento de entidades de estas características “necesariamente tiene que terminar en un Frankenstein”. Idéntica preocupación revela Drexel Godfrey en la revista Foreign Affairs, en un artículo titulado “Ethics and Intelligence”, en el que añade las encrucijadas del célebre embajador Joseph Wilson, quien contradijo los informes de inteligencia ingleses y norteamericanos respecto de la patraña de las armas de destrucción masiva.

    No se avanza mucho aunque se establezcan estrictos controles republicanos, división horizontal de poderes y, en general, los indispensables límites al poder político si puede deslizarse por la puerta trasera todo tipo de abusos, sin rendir cuenta al público, por más que se tejan subterfugios más o menos elaborados a través de comisiones parlamentarias.

    Los servicios de inteligencia son compatibles con regímenes totalitarios de factura diversa, pero parecen del todo inadecuados en el seno de una sociedad libre. No en vano en los Estados Unidos se extiende la utilización de la expresión rusa “zar” para el máximo capitoste del espionaje.

    Es útil cuestionar y someter al análisis temas que habitualmente se dan por sentados. Si no se procede a esta revisión periódica, podemos encontrarnos con que estamos avalando ciertas políticas que resultan nocivas, pero que continúan en vigencia sólo por inercia, rutina o molicie. John Stuart Mill decía que todas las buenas ideas pasan invariablemente por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. Este tema de los llamados servicios de inteligencia se vincula con muchos otros que también requieren limpieza de telarañas mentales para su mejor comprensión.

    Ahora se informa que miembros del servicio de inteligencia del gobierno anterior en Brasil ayudaron en los actos de vandalismo a la sede de los tres poderes, tomando como ejemplo el bochorno de Donald Trump que además de alentar el ataque al Capitolio con el apoyo logístico de algunas reparticiones de los servicios, desconoce los resultados electorales a pesar de estar certificados por los cincuenta estados, por sesenta y un jueces federales y locales y su propio Vicepresidente.

    En conexión con la llamada “inteligencia” menciono cuatro áreas adicionales al correr de la pluma. En primer término, la seguridad. Paradójicamente, en no pocos lugares para proteger este valor se lo conculca. Esto ocurre hoy, en gran medida, con la lucha antiterrorista. En última instancia, el terrorismo apunta a desmantelar y liquidar las libertades individuales. Pues lo curioso del asunto es que, por ejemplo, en lo que ha sido el baluarte del mundo libre –los Estados Unidos–, con el argumento de proteger aquellos derechos se los lesiona, con lo que en la práctica se otorga una victoria anticipada a los criminales del terror. Tal es el ejemplo de la vergonzosa denominada “ley patriótica”.

    En segundo lugar, para mitigar las convulsiones que hoy tienen lugar, debería hacerse un esfuerzo mayor para no caer en la trampa mortal de las guerras religiosas y para distinguir un asesino de quien suscribe determinada religión. Hay que insistir en los graves peligros y acechanzas que aparecen al vincular el aparato estatal con una denominación confesional.

    El tercer capítulo, emparentado con el surgimiento de los servicios de inteligencia para contrarrestar las guerras, son las epidemias de nacionalismos, xenofobias y racismos a que nos hemos referido la semana pasada en este mismo medio y que toman los lugares de nacimiento como un valor y un desvalor para el extranjero, como si las fronteras tuvieran algún sentido fuera de la descentralización del poder.

    Por último, no estaría mal revisar exhaustivamente el papel de las Naciones Unidas, de la que dependen innumerables oficinas que pregonan a los cuatro vientos, en sus publicaciones y en las declaraciones de sus directivos, políticas socializantes que conducen a la pobreza y a la guerra, al tiempo que muchas veces se constituyen durante largos períodos en observadores incompetentes, tal como ha ocurrido hasta el momento en el caso actual de Hezbollah e Israel.

    Un comentarista de la televisión mexicana proclamó: “Nosotros también somos observadores, pero de la inoperancia de las Naciones Unidas”. En este sentido es recomendable la lectura de gruesos volúmenes como The Fearful Master, A Second Look at the United Nations de Edward Griffin en su época el periodista radial de mayor audiencia en CBS Network y UN: Planned Tyranny del profesor de economía de la Universidad de Harvard Orval Watts donde se detallan las ideas de planificación socialista de los organizadores originales de la institución en 1945 y sus propósitos de extender sus idearios a los países miembros confirmadas luego en algunas de las entidades que han surgido de esa fundación como es el caso resonante de la CEPAL que ha propiciado el estatismo en América Latina, una tendencia en otros casos consignada en estatutos a veces apoyados en distintas operaciones por servicios de inteligencia. Todo lo cual no significa desconocer que algunos de los miembros han denunciado políticas a contramano aquellas medidas muchas de las cuales intensifican los problemas que se anuncia se quieren resolver.

    De todos modos, al efecto de ilustrar preocupaciones justificadas con un ejemplo extremo, el dictador de Uganda Idi Amin Dada -”el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros, además de hacer alarde de sus servicios de inteligencia criminales- el autor relata minuciosamente en el libro de referencia que el primero de octubre de 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas le brindó una ovación de pie por parte de todos los delegados cuando llegó al podio el dictador y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, en el contexto de las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas donde ahora el régimen de la tiranía cubana ocupa un sitial de peso.

    Entonces, en nuestra línea argumental de fondo, no sólo debemos concentrar la atención en la naturaleza y los alegados servicios que prestan las estructuras de “inteligencia”, sino también prestar atención a las causas que dan lugar al debate que ahora pretendemos abrir, al efecto de seguir averiguando los graves inconvenientes de este tipo de organizaciones. A esta altura del partido y en vista de los antecedentes truculentos de estos llamados servicios, tal vez debiera abandonarse el uso de la expresión “inteligencia” y sustituir esos departamentos por otros bajo auditorias y controles solo para evitar ataques a los derechos en diversas manifestaciones pero nunca provocar atropellos a las libertades individuales, que como queda dicho constituyen actos contra los principios más elementales de la civilización.

  • Adiós a las cabinas telefónicas y a la tecnología que marcó una época

    Las cabinas telefónicas han desaparecido tras más de un siglo de existencia. Ya no son un servicio universal y esencial según la ley española y, pueblo a pueblo, han sido desmanteladas. Su retirada representa el adiós a una tecnología que marcó una época.

    cabinas telefónicas
    Cabina telefónica en homenaje al realizador Antonio Mercero, situada en el distrito de Chamberí, en Madrid.
    Wikimedia Commons / Smnt, CC BY-SA

    Antonio Mercero convirtió una cabina telefónica en el escenario más pequeño de la historia del cine para una película de terror. La cabina recibió un Emmy al mejor programa de ficción en el año 73 y fue un símbolo velado de la asfixiante realidad de la España del franquismo. Las cabinas y el teléfono fijo han protagonizado ficciones a lo largo y ancho del planeta, y han formado parte de la vida cotidiana de cada ser humano.

    Entre los años 2000 y 2020 se dieron de baja un total de 750 000 líneas de teléfono fijo en España mientras que cada día se daban de alta 800 líneas de teléfono móvil. Su fin merece un repaso a su historia.

     

    Un comienzo de película de gánsteres

    En 2022 se cumplieron cien años de la muerte de Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, la tecnología que le hizo rico.

    Teléfono de Bell Company.
    Wikimedia commons

    Graham Bell tuvo que hacer frente a toda una serie de litigios y acusaciones respecto a la invención del teléfono por parte del inventor italiano Antonio Meucci. Aunque inicialmente la invención fue adjudicada a Alexander Graham Bell, que la mantuvo durante más de un siglo, esta finalmente fue otorgada a Antonio Meucci, que en 1854 había fabricado un primer prototipo de teléfono, al que acuñó como teletrófono, y que conectaba su dormitorio, donde su esposa permanecía convaleciente, y su oficina, situada en su mismo domicilio.

    Lo que sí hizo Graham Bell fue registrar la patente de invención del teléfono en 1876, tras apropiarse de una copia de los planos del teléfono original de Meucci, de una forma presuntamente poco noble. En dicha patente no se describía el teléfono, sino que únicamente se mencionaba.

    Bell comenzó a forjar un imperio que llegaría hasta nuestros días basado en aquella patente. El litigio entre ambos fue tan farragoso que la empresa fundada por Graham Bell, Bell Telephone Company, llegó a sobornar al abogado de Meucci, falleciendo este sin la gloria de la invención.

    No fue hasta 2002 cuando el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos reconoció que fue Antonio Meucci quien inventó el teléfono en lugar de Alexander Graham Bell. Una victoria tardía pero justa.

    Operadoras de telefonía trabajando en una centralita de Londres hacia 1902.
    Wikimedia Commons /

    ¿Con quién le pongo? Los inicios de la telefonía

    El teléfono en su idea original, tal y como lo inventó Meucci, conectaba dos intercomunicadores sin posibilidad de cambiar de interlocutores.

    Todos tenemos en mente, de haber visto en multitud de películas, a las telefonistas, típicamente mujeres, que se encargaban de conectar los cables de la centralita en la posición correcta que permitiera comunicarse a dos personas concretas, situadas a ambos lados de la línea. El número de líneas estaba limitado y eran las telefonistas las encargadas de priorizar unas llamadas y postergar otras. Pasaron unos años de la invención del teléfono hasta que se fundó en España la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) en 1924.

    La primera llamada telefónica en territorio español se realizó mucho antes, en 1877, en Cuba, que por aquel entonces todavía era territorio español, y se realizó entre un parque de bomberos y el domicilio del jefe de bomberos del mismo.

    Si nos ceñimos al uso particular del teléfono, la primera línea telefónica particular de España perteneció al terrateniente Rodrigo Sánchez Arjona, que en 1880 adquirió un par de teléfonos de la compañía de Bell y los instaló en sus dominios de Fregenal de la Sierra (Badajoz), comunicando dos edificios de su propiedad separados por 8 km.

    Del cable a las ondas

    Martin Cooper se inspiró para desarrollar el primer teléfono móvil de la historia, el Motorola DynaTAC, viendo al capitán Kirk usar su comunicador en la serie Star Trek.
    Wikimedia commons

    Bill Gates, el magnate de Microsoft, ya vaticinó en 2007 que el teléfono fijo tal y como lo conocíamos tenía los días contados. Y no estaba equivocado. Un teléfono es un transductor electro-acústico, es decir, transforma el sonido en energía eléctrica y viceversa. La manera en la cual viaja la señal del emisor al receptor difiere según el tipo de telefonía.

    En el teléfono fijo, la señal viaja por cables eléctricos y en el teléfono móvil viaja a través del aire en forma de ondas electromagnéticas. De hecho, somos atravesados constantemente por multitud de ondas electromagnéticas que somos incapaces de ver. No obstante, la comunicación inalámbrica de larga distancia al alcance de los ciudadanos de a pie tardó casi un siglo en aparecer tras la invención del teléfono. La primera llamada sin cables fue hecha en 1973 por Martin Cooper, ingeniero de la empresa Motorola, en la ciudad de Nueva York.

    Si Meucci y Bell levantaran la cabeza

    50 años han transcurrido de aquella primera llamada sin cables realizada con un Motorola DynaTAC 8000X, del tamaño de un zapato y un peso de casi un kilogramo. Hoy en día, el teléfono móvil ha sustituido y aunado a un gran número de instrumentos y aplicaciones tales como cámara fotográfica, cámara de vídeo, GPS, radio, reproductor de vídeo y música, despertador, brújula, máquina de videojuegos, etc. Es posible realizar vídeo-llamadas en tan solo un momento y conectarse con alguien que se encuentra en la cara opuesta del planeta, enviar ficheros y mensajes de forma casi instantánea y acceder a cualquier información desde casi cualquier lugar del globo mediante internet.

    No sabemos que nos deparará el futuro de la tecnología, pero lo que es casi seguro es que el teléfono fijo no volverá a nuestras vidas, aunque persista en la memoria de muchos de nosotros y nos evoque tantos y bonitos recuerdos.The Conversation

    Francisco José Torcal Milla, Profesor Titular. Departamento de Física Aplicada. Centro: EINA. Instituto: I3A, Universidad de Zaragoza

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La naturaleza de la bestia gubernamental

    Nos dice la Wikipedia que el estado profundo (“deep state”) es aquella gobernanza compuesta por redes potencialmente secretas y que, sin la debida autorización, operan independientemente del liderazgo oficial estatal; y que dichas redes persiguen agendas y fines propios, a las cuales también se les apoda de “gobiernos-sombra” (“shadow governments”) o estado dentro del estado. Sin embargo, habiendo yo trabajado 14 años en funciones gubernamentales, en las cuales dirigí, con rango de autoridad, dos veces una institución estatal, formé otra visión de lo que es el estado profundo o, como preferiblemente suelo llamarle el “gobierno profundo”.

    La definición de la Wikipedia tiende a sugerir que se trata de algo así como una red de conspiración; pero yo lo veo de otra forma. Veo al gobierno profundo como el resultado propio y natural del ejercicio del poder centralizado; realidad que es imperativo conocer y controlar para evitar el mal rumbo que llevamos. Que no se trata solamente de corrupción y conspiración sino de la realidad de las flaquezas humanas que se traducen en aprovecharse del puesto de poder. Pero, también entra en juego la inmensa dificultad de lidiar con una inmensa organización gubernamental centralizada pero disgregada en dónde cada órgano se centra en sus objetivos; o, lo que cree que son sus objetivos, sin la debida coordinación con los demás órganos estatales y sin la debida atención a los límites constitucionales.

    Pero, aún más allá y mucho más insidioso, hay otros factores sociales que también inciden en la formación o deformación del ente gubernativo; vale decir, hablo de aquellas culturas de la población que se han acostumbrado a la gobernanza corrupta y corrompedora. Que, es de esta realidad cultural de dónde se forman los partidos políticos, que luego quedarán encargados de gobernar; no con apego a los mejores intereses de la población sino del partido o peor, de las cúpulas del partido.

    Y más insidioso aún es el que no sólo sean las clases populares las que prohíjan la desordenada gobernanza sino que la patología hace metástasis al resto del organismo de la nación. He trabajado o lidiado con diversas organizaciones empresariales y sindicales en las cuales he sido testigo de los males que saco a relucir. Por ejemplo, a un consejo empresarial que se vende a bastardos intereses del poder central. O sindicatos dominados por espurios intereses ideológicos que quedan por encima del bienestar de sus asociados y de la comunidad. En resumen, el problema es mucho mayor e insidioso.

    Tomemos el caso del llamado MEDUCA, con sus 65,000 funcionarios, al cual “le” asignamos educar a nuestros hijos y que, supuestamente, debía regirse con apego a los fundamentos constitucionales de libertad de pensamiento, tránsito, propiedad y tal. ¿Es eso lo que promueve al MEDUCA? ¿Quién realmente manda en el MEDUCA? ¿Cuánto del poder y decisión lo ejercen los sindicatos y los intereses económicos mezquinos? En fin, el poder central le sustrae la savia económica a la población para darles a cambio un producto inservible.

    En conclusión, no estamos hablando de conspiraciones sino de lo que ocurre abiertamente ante nuestras narices, a ciencia y paciencia de todos. Pero, como bien en su momento señalara Bastiat: es la ley puesta al servicio de los inescrupulosos para proteger a los pillos de los probos. Para castigar a quienes osan advertir que el rey va desnudo en la procesión y aún así todos lo aclaman diciendo: “Robó pero dio”. No estamos hablando de una democracia sino de algo mucho más siniestro y peligroso.

  • El veneno de nacionalismos y patrioterismos

    Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”.

    En su momento en Rusia, el vicepresidente de la Duma, Nicolai Kurianovich, presentó un proyecto de ley por el que se prohibía a rusas y rusos contraer nupcias con extranjeros al efecto de “preservar el fondo genético”. El proyecto de marras anunciaba penas de deportación y privación de nacionalidad para quienes incumplan con la norma una vez promulgada. Ahora en la administración Putin se reaviva el proyecto en medio de represiones y crímenes de diversa magnitud entre los cuales se destaca la espantosa agresión a Ucrania. Es inaudito que el máximo representante del gobierno argentino haya invitado al mandamás ruso a que la Argentina sea la puerta de entrada a América Latina para su país.

    Lamentablemente, sin llegar a estos extremos insólitos, en distintos lares, especialmente en Europa, aunque no únicamente allí, se observan manifestaciones racistas de distinto tenor que naturalmente alarman a los espíritus civilizados. Ya el magistral Jean-Francois Revel demuestra en su libro La gran mascarada el estrecho parentesco entre el nacionalsocialismo y el comunismo (ahora resabios de la Nomenklatura). El proyecto renovado revela una mente patética y una necedad digna de mejor causa.

    Como ha señalado Thomas Sowell, los sicarios nazis debían rapar y tatuar a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Hitler, después de mucho galimatías clasificatorio, finalmente sostuvo que “la raza es una cuestión mental”, con lo que inauguró el polilogismo racista, bajo la absurda pretensión de que el ario y el semita tienen una estructura lógica distinta. Esto fue calcado del polilogismo marxista, por el que se arguye que el proletario y el burgués tienen distintas lógicas, aunque, como ha señalado Ludwig von Mises, nunca se explicó en qué se diferencian concretamente esas estructuras del pensamiento. Tampoco se explicó qué le ocurre en la cabeza a la hija de una burguesa y un proletario ni qué le ocurre a este último cuando se gana la lotería o comienza a tener éxito en los negocios. En este sentido cabe subrayar que la idea de clase proviene de este subsuelo del pensamiento que desafortunadamente no pocos distraídos recurren a esa noción estrafalaria sin percatarse de su origen. En realidad al recurrir a esa clasificación se debiera hacer referencia a ingresos altos, medio o bajos pero aludir a la clase como si se tratara de personas de naturaleza distinta es impropio de no marxistas y no nazis. La expresión clase baja es repugnante, clase alta es de una frivolidad alarmante y media es a todas luces anodina.

    Por otra parte, en estos embrollados ejercicios, se suele confundir el concepto de lengua con el de etnia. En este último sentido, la filología demuestra que el entronque del sánscrito con las llamadas lenguas europeas -como el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas- dio como resultado las lenguas denominadas indoeuropeas o indogermánicas, expresiones que más adelante se sustituyeron por la de ario, debido a que el pueblo que primitivamente hablaba el sánscrito en la India se denominaba arya. Max Müller (en Biography of Words and the Home of the Aryans) dice: “En mi opinión un etnólogo que hable de la raza aria comete un error tan importante como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”.

    También, en este mismo contexto, es frecuente que se asimile la idea estereotipada de raza con religión, por ejemplo, en el caso de los judíos. Antiguamente, este pueblo provino de dos grupos muy disímiles: unos eran del Asia menor y otros de origen sudoriental de procedencia árabe. A esto debe agregarse los múltiples contactos con otras civilizaciones y poblaciones de distintas partes del planeta, lo cual ha producido las más variadas características (en última instancia, todos somos de todas partes, ya que nuestros ancestros son de orígenes muy entremezclados).

    Como ha dicho Darwin, hay tantas razas como clasificadores. En verdad produce congoja cuando -ingenuamente a veces, y otras no tan ingenuamente- se hace referencia a las “diversas sangres” que tendrían diferentes grupos étnicos. Vale la pena aclarar este dislate. Hay solamente cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las personas. La sangre está formada por glóbulos que están en un líquido llamado plasma. Los glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes), y el plasma es un suero compuesto de agua salada y sustancias albuminoides disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos, denominada aglutinógeno, y otra conocida como aglutinina, que contiene el suero, da como resultado los antes mencionados cuatro grupos sanguíneos. Eso no tiene nada que ver con las respectivas evoluciones que van estableciendo diversas características exteriores. Y esos grupos sanguíneos no pueden modificarse ni siquiera con transfusiones.

    Los rasgos físicos que hacen que hablemos de etnias responden a procesos evolutivos. En el planeta tierra todos provenimos de África (y, eventualmente, del mono). Spencer Wells -biólogo molecular, egresado de las universidades de Oxford y Stanford- explica magníficamente bien nuestro origen africano (The Journey of Man) y las distintas migraciones que, según las diversas condiciones climáticas, hicieron que la piel y otros rasgos físicos vayan adquiriendo diferentes propiedades.

    En este último sentido, siempre me ha llamado poderosamente la atención que muchas personas llamen a los negros estadounidenses “afroamericanos” como una manifestación un tanto atrabiliaria de lo que se ha dado en llamar political correctness. Curioso es en verdad que muchos de esos negros se dejen llamar afroamericanos como si fuera algo distintivo. Esto no los diferencia del resto puesto que, por las razones apuntadas, por ejemplo, el que esto escribe es afroargentino, así como todos los que vivimos en el continente americano y, para el caso, todos los que ocupan espacio en el globo terráqueo. Sin recurrir a expresiones peyorativas o con intención denigratoria, el uso de black es equivalente a que nos digan a nosotros “blancos”o “amarillos” a algunos orientales. Todos son hechos que proceden de la evolución según donde hayan vivido nuestros ancestros. Es más, como han apuntado diversos estudiosos de la materia, muchos blancos tienen ancestros negros y viceversa.

    Tal vez uno de los mayores males de nuestro tiempo reside en el racismo que, por otra parte, como queda dicho, se basa en puras fantasías que encubren, en realidad, las máscaras para odiar al prójimo y bucear a la pesca de chivos expiatorios de quienes quieren descargar el vacío existencial y los fracasos personales de acomplejados y endebles psíquicos.

    Sin duda, el ejemplo más repugnante estriba en la criminal judeofobia alimentada por tanto mequetrefe que anda suelto por el mundo. Obras tales como Veintitrés siglos de antisemitismo del sacerdote Edward Flannery, y la Historia de los judíos de Paul Johnson son suficiente testimonio de la barbarie racista.

    La noticia tan inquietante con que abrimos esta nota remite al sujeto de referencia y a quienes lo rodean, quienes promueven el proyecto aludido, en el sentido que estiman que los matrimonios de nacionales con extranjeros harán que los primeros pierdan su identidad. Karl Popper y Stefan Sweig muestran la fertilidad producida a través de los estrechos vínculos interculturales y ofrece, como ejemplo, la Viena del siglo de oro antes de que las hediondas botas nacionalsocialistas produjeran otra de las tantas diásporas características de los regímenes totalitarios. Ese caso se ilustra con las notables manifestaciones en el campo de la música, la literatura, la ciencia económica, el derecho y el psicoanálisis.

    Precisamente, como ha señalado Juan José Sebreli, la identidad de la persona se fortalece y enriquece en la medida en que está expuesta a las más diversas expresiones culturales. Por el contrario, lo que alguna vez denominé “cultura alambrada” debilita, bloquea y finalmente extingue la posibilidad de cultivarse por la asfixia a que conduce la cerrazón que sólo es a veces compensada por dificultosas manifestaciones subterráneas y clandestinas.

    El oxígeno resulta indispensable y esto se logra abriendo puertas y ventanas de par en par. La guillotina horizontal que pretende nivelar y enclaustrar necesariamente empobrece. La cultura no es de esta o aquella latitud, del mismo modo que las matemáticas no son holandesas ni la física es asiática. Nada más absurdo que la troglodita noción del “ser nacional” y nada más truculento y tenebroso que las banderas de la “cultura nacional y popular”. Incluso Donald Trump ha ponderado aquel desatino de “la superioridad” de estadounidenses nativos a contracorriente de los valores en su momento estipulados por los Padres Fundadores en ese país otrora el baluarte del mundo libre y, por otra parte, desconociendo el origen de esos nativos (sin perjuicio de las otras medidas de signo autoritario adoptadas por Trump en la economía y en relación al campo institucional).

    En una sociedad abierta, las jurisdicciones territoriales tienen por única función evitar los peligros de la concentración de poder que significaría un gobierno universal. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras hay un salto lógico inaceptable. Obstaculizar cualquiera de las muchísimas maneras de intercambios culturales libres y voluntarios constituye una seria amenaza y una forma grotesca de contracultura.

    Mario Vargas Llosa apunta en su columna “El elefante y la cultura” que “considerar lo propio como un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad espiritual de un país […] semejante tesis difícilmente resiste el más somero análisis y es fácil mostrar lo prejuiciado e ingenuo de sus argumentos y la irrealidad de su pretensión –la autarquía cultural- la historia nos muestra que arraiga con facilidad […], el nacionalismo es la cultura de los incultos”.

    Esta concepción cavernaria propia de los nacionalismos se extiende a la cerrazón de las aduanas por medio de tarifas y cupos que empobrecen a todos a favor de comerciantes inescrupulosos que explotan miserablemente a sus congéneres a través de privilegios de toda naturaleza.

  • Tasa impositiva y recaudo impositivo no son lo mismo

    Se ha visto que un impuesto ideal no debe pasar de un 10% y, definitivamente no más allá del 20%; lo cual es mucho más lógico cuando quienes administran la cosa pública son una banda de malhechores; que son tan ignorantes que no se dan cuenta de que podrían robar más con una tasa impositiva menor.

    La ignorancia legislativa es uno de los grandísimos problemas de nuestra sociedad; es decir, legisladores o, si se quiere, diputados, que no entienden de economía. Pero, antes de seguir sería bueno ponernos en sintonía respecto al o a los significados de la palabra “economía”; la cual viene del griego “oikos» o “casa”, término que incluía todo el contenido de la casa. La palabra “oikos» asociada con el vocablo “nemó” o “administrador”, de la casa. Pero la definición mía al término es: “Cómo poner la paila con lo que nos entra”; es decir, con recursos limitados. Luego, vienen definiciones tales como “la riqueza de los recursos de un país, especialmente en términos de la producción y consumo de bienes y servicios.” Pero… realmente ¿acaso en ello está la verdadera riqueza? Y, también hay definiciones como: “el manejo cuidadoso de los recursos disponibles”; lo cual nos debería llevar a la pregunta: ¿Nuestros legisladores y políticos en general, manejan cuidadosamente nuestros recursos?.

    A lo que voy es que, mal andamos cuando no entendemos que los aumentos de las leyes de impuestos no se traducen en mayor recaudo; lo cual debía ser obvio para quienes alguna vez han administrado su propio negocio. Lastimosamente, son pocos los políticos o politicastros que han montado empresas y las han administrado exitosamente; estos, más bien lo que “administran” son los recursos ajenos, y los administran muy mal. Si tienes un negocio y aumentas precios no significa que automáticamente vas a ganar más. Obviamente, disminuirá la clientela; sea que no estén dispuestos a pagar más o que puedan pagar más.

    Más allá, el aumento en impuestos tiende a disminuir los recaudos a más largo plazo. Tal vez en el corto plazo el político de turno aumente su recaudo; hasta que el efecto negativo o dañino de semejante medida socave la producción y actividad del mercado. Nuevamente, en este caso, vemos que se trata de desincentivos, tal como el disminuir los ahorros del productor, los cuales son esenciales para la inversión y el crecimiento. Desgraciadamente los politicastros tienden a torcerles las mentes a la población diciéndoles cosas tales como: “es que los ricos se quieren hacer más ricos.”

    La realidad es que llega el momento en que las personas muy acaudaladas ya no pueden vivir mejor y sus riquezas las usan para efectuar nuevos negocio e inversiones. Esta es la experiencia que me quedó de mi abuelo Novey y de sus hijos y mi padre, quienes crearon docenas de empresas y miles de plazas de trabajo; pero si los conocías en casa, te darías cuenta que no vivían en lujosa extravagancia.

    Está el caso del economista Laffer, quien publicó la hoy famosa “Curva Laffer”, la cual explica de forma obvia lo que ocurre cuando aumentamos los impuestos más allá de lo racional. El problema con la explicación gráfica de Laffer es que es demasiado sencilla, a punto que cualquiera puede entender el mensaje y eso no les gusta a los malos políticos. En efecto, los impuestos tienen consecuencias y a partir de cierto punto dichas consecuencias se tornan negativas; particularmente par los más pobres. Se ha visto que un impuesto ideal no debe pasar de un 10% y, definitivamente no más allá del 20%; lo cual es mucho más lógico cuando quienes administran la cosa pública son una banda de malhechores; que son tan ignorantes que no se dan cuenta de que podrían robar más con una tasa impositiva menor.

    En fin, el secreto de una pujante economía está en motivar o incentivas un emprendimiento que se traduzca en mejores ganancias para todos.