Categoría: Opinión

  • Cuando los bomberos incendian

    Como es bien sabido una de las novelas más conocidas de Ray Bradbury titulada Farenheit 451 se ocupa de una sociedad del futuro donde los libros estarán prohibidos y los bomberos -los comisarios del conocimiento- tienen a su cargo la misión criminal de quemar a su paso todas las obras que estén a su alcance, es decir la bestialidad contracultural llevada al extremo.

    La novela de marras relata lo ocurrido con un bombero arrepentido que se une a las fuerzas de la resistencia, pero en el mundo real se piensa que solo en el régimen nazi y en el comunista del pasado han sucedido estos hechos aberrantes de la censura más brutal. No es así, no solo en los regímenes totalitarios de hoy se sucede con más o menos desparpajo la acción de la policía de pensamiento sino en lugares que se dicen parte del mundo libre se llevan a cabo episodios de muy diversas maneras de censura encubierta y no tan encubierta vía restricciones a la libertad de prensa.

    Pero en esta nota periodística quisiera mantenerme en el eje central de la trama que nos presenta Bradbury: bomberos que incendian. Eso es precisamente lo que tiene lugar cuando asumen gobiernos cuya misión consiste en garantizar y proteger derechos de los gobernados pero henos aquí que los conculcan, los atropellan, los barren aunque pretendan disfrazar las medidas con cosméticas varias para engañar a incautos. Pero falsos bomberos que en verdad incendian, vaya paradoja macabra.

    Como se ha dicho una y otra vez los pronosticadores que más han acertado con los sucesos del futuro son los Julio Verne de antes y de ahora. Aldous Huxley en su memorable Mundo feliz revisitado constituye otro caso sobresaliente donde el autor reexamina su obra original de 1932 y corrige algunos conceptos clave y publica en 1958 esta nueva versión que resulta extraordinaria excepto su preocupación sobre el exceso de población planetaria con que abre su libro.

    Me detengo un minuto en este aspecto inicial para luego zambullirme en otros de sus lados muy fértiles por cierto. Ya Malthus había escarbado y advertido sobre el asunto de la llamada sobrepoblación lo cual fue actualizado por el Club de Roma. Ambas posiciones erradas son refutadas por la experiencia de crecimientos vegetativos inmensos y simultáneamente mejoras notables en el nivel de vida, lo cual ilustra del mejor modo Thomas Sowell. Este último autor invita a considerar un ejercicio muy ilustrativo que llevó a cabo en los 70: tomar toda la población del orbe y dividirla por cuatro para acercarse a una familia tipo y colocarla en la imaginación en el estado de Texas lo cual daba como resultado 650 metros cuadrados por familia que es el equivalente del espacio habitacional de una familia tipo en Estados Unidos. También muestra que Somalía y Estados Unidos tienen la misma densidad poblacional, igual que ocurre con Calcuta y Manhattan. Esta gimnasia la realiza Sowell para demostrar que el problema no es de sobrepoblación sino de marcos institucionales que en unos casos conducen a la pobreza y en otros a la prosperidad. Agregamos nosotros al margen que las características en general de las estadísticas poblacionales ponen de manifiesto una caída en el crecimiento con lo que aparece un envejecimiento con los consiguientes problemas agudos que ponen aun más al descubierto la trampa de los sistemas de inseguridad antisocial basados en procedimientos que no se necesita ser un actuario para descubrir la encerrona y la necesidad de abandonar los sistemas de reparto quebrados para recostarse en los de capitalización.

    Pero dejemos estas disquisiciones respecto a los andamiajes poblacionales para ir a las reflexiones de Huxley en línea con la trama de Bradbury. En primer lugar, el espanto que se traduce en los consejos de “ajustarse a los demás” lo cual destruye la individualidad que es lo más preciado y característico del ser humano. En lugar de estimular lo distinto, lo creativo, lo diferente se aplasta al ser humano insistiendo que la nivelación es constructiva, repitiendo como loros que la uniformidad y la igualación es la meta con lo que se convierte a lo humano en animalismo. Escribe Huxley que “cuando se subordina los fines a los medios aparecen los Hitler y Stalin” y concluye en este apartado que debe estarse muy alerta y prevenidos con los ingenieros sociales que pretenden imponer desde el poder sus esquemas.

    Mantiene este pensador que las muchedumbres son peligrosas ya que “son caóticas puesto que no tienen propósitos propios y son incapaces de nada excepto de acciones inteligentes y pensamiento realista. Reunidas en asambleas la gente pierde su capacidad de razonar de elección moral. Se sugestionan fácilmente a un punto que dejan de lado juicios personales y voluntad propia. Son sensibles a la propaganda, a los slogans vacíos y alas sobresimplificaciones.” Es por ello que destaca la importancia decisiva de la lectura que es una faena privada y no colectiva que requiere silencio y concentración.

    Este es el cuadro de situación que permite que afloren los demagogos, es decir “la imbecilidad moral” que convierten a los súbditos en cosas que hay que manipular a costa de ellos mismos. Los cánticos, las marchas y los gritos sofocan todo indicio de razonabilidad.

    Todos nosotros, dice Huxley, decimos que “queremos la paz y la libertad pero muy pocos de nosotros mostramos entusiasmo por los pensamientos, los sentimientos y las acciones que conducen a la paz y la libertad. También se dice que se rechaza la guerra y la tiranía pero son muchos los que se regocijan con las ideas, sentimientos y acciones que conducen a la guerra y a la tiranía. Las mayores tonteras que avergonzarían a cualquiera que las escribiera o dicha puede ser cantada y coreada” en grupos vociferantes puesto que “el propio gobierno está en relación inversa a los números” en cuyo contexto “los grandes temas del día deben ser tratados a lo más en cinco minutos” ya que “el método para vender a los candidatos políticos como si fueran desodorantes”.

    Y viene luego el clímax del libro con el adoctrinamiento en lugar de la educación y en última instancia la invención de químicos que haga dóciles a la gente. En este sentido el Gran Hermano de Orwell -Eric Blair pues lo orwelliano era un pseudónimo- muestra el horror de la bota totalitaria pero la trama de Huxley va más allá y sugiere la ayuda de químicos que darán la sensación de felicidad como cobertura para imponer los caprichos del aparato estatal. En otros términos si bien es horrendo el cuadro orwelliano de los abusos del poder político esto que sugiere Huxley es mucho peor pues son las personas las que pedirían ser esclavizadas no solo vía los químicos sino a través del uso desaprensivo y temerario de herramientas tecnológicas para el control y el vaciamiento de todo vestigio humano.

    Para dejar de lado a Huxley no puedo resistir la tentación de reiterar una vez más una de las conclusiones vitales de este pensador de fuste. Escribe en Ends and Means que “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están formadas por un pequeño grupo de de gobernantes corruptos por demasiado poder y por una cantidad grande de gobernados corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable.”

    Entonces el asunto radica en fortalecer la educación que remite a la trasmisión del valor central del respeto recíproco y en el plano político debemos abrir debates al efecto de introducir nuevos límites al poder porque lo que viene ocurriendo es que se naturalizan avasallamientos a las libertades que conducen a los peores resultados, especialmente para los más vulnerables. Tenemos que repensar las salvaguardas del sistema para no ser ahogados en mares embravecidos que no nos darán tregua a menos que encontremos los botes salvavidas.

    Es muy pertinente referirnos a cuatro opiniones de muy distintas épocas para ilustrar el tema del abuso del poder en el contexto de la falsificación de la democracia. En primer lugar en la antigüedad el tribuno Cicerón: “El imperio de la multitud no es menos tiránico que el de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre de pueblo”. En segundo lugar el padre de la Constitución estadounidense James Madison que diferencia una facción de un partido político: “Por una facción entiendo un número de ciudadanos, sea mayoría no minoría, a los que guía el impulso, la pasión o los intereses comunes en dirección al conculcamiento de los derechos de otros ciudadanos”. En tercer lugar el decimonónico Herbert Spencer: “La gran superstición política del pasado era el derecho divino de los reyes. La gran superstición política del presente es el derecho divino de los parlamentos”, Y por último el contemporáneo Bertrand de Jouvenel: “Para proclamar la soberanía de cada uno sobre sí mismo es preciso que cada miembro de la sociedad tenga un dominio propio en donde sea su propio señor […] La soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción y es una ficción que a la larga no puede ser más que destructora de las libertades individuales.”

    Los bomberos que incendian no debieran ser tolerados, de lo contrario terminamos como vaticinó Algernon Sidney -el precursor de John Locke- ”unos pocos tienen coronas sobre sus cabezas mientras que todos los demás tienen monturas sobre sus espaldas”.

    Antes he apuntado que Leonard E. Read subrayaba su admiración a los Padres Fundadores en Estados Unidos pero escribió que se equivocaron al recurrir a una expresión que venía de larga data y es “gobierno” ya que significa mandar y dirigir y concluía que cada uno debe hacer eso con su persona, “lo contrario es el mismo desacierto que llamarlo gerente general al guardián de una empresa”. Efectivamente, “gobierno” deriva del verbo latino “gubernare” que es “controlar” que remite al sustantivo “mens” que aplica en última instancia al control de la mente. En base a eso es que uno de mis libros lleva el título Hacia el autogobierno publicado en Buenos Aires, por EMECÉ en 1993 con prólogo del premio Nobel en economía, James M. Buchanan. En realidad para ser precisos el monopolio de la fuerza debiera denominarse Agencia de Seguridad, Agencia de Justicia o equivalentes, precisamente dos responsabilidades que en gran medida se eluden para encarar otras actividades que son impropias de un sistema republicano. Sin duda que mucho más importante que la cuestión semántica es la dimensión deformada y sobredimensionada del aparato estatal cualquiera sea la denominación que adopte.

    Cierro este texto con una referencia autobiográfica que remite a cinco pensamientos que me resultan decisivos para calibrar una buena vida y para defenderse de los falsos bomberos que pretenden incendiar. El primero es de William Faulkner: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejores que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”. Segundo Kim Bassinger para eliminar la soberbia: “Si lo quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, que se vincula con la reflexión de Viktor Frankl que puede aparecer como contrapuesta pero que bien mirada es complementaria para alimentar proyectos sin cerrazones mentales y consecuentes dogmatismos: “No dejes que lo que es alcance a lo que debe ser”. Cuarto, Rosa Montero como proyecto de epitafio: “Nunca se conformó con lo que sabía”. Y por último una autodefinición que me recuerda a una producción cinematográfica en la que Jack Nicholson era su protagonista que hacía de psicólogo que reunía a un grupo y les pedía a cada uno que se defina a sí mismo. Cuando habló el primero comenzó a recitar su curriculum a lo que Nicholson interrumpe para aclararle que no pidió saber qué hace cada uno sino quien es, lo cual es un ejercicio muy fértil. En esta línea argumental, Inés Berton transmitió una autodefinición con la que me siento identificado: “Soy una persona-esponja puesto que absorbo mucho y pretendo entregar mucho”.

  • Las malas políticas y costumbres afectan a los más vulnerables

    La inmensa tentación de los políticos y, en particular, de los politicastros, es la de sucumbir a la tentación no sólo de complacer al votante que pide lo que daña y no le conviene, sino a la tentación de convertirse, a través de sus políticas, en agentes de la prestación de su pueblo. Es parecido al padre que da al hijo malcriado cosas que no le convienen.

    El otro factor agrio del debate político es el promover políticas o modelos que se originan en las vísceras y no en el cerebro. Y, ni entremos a ver como los neosocialistas tuercen el significado de las palabras para confundir. Divide y vencerás. O peor, destruye y vencerás.

    Por ejemplo, si abordamos el tema del precio de los alimentos, también debemos abordar otros elementos, tales como la producción, distribución y venta de estos. La mayor parte de lo que comemos viene de afuera y se advierte que habrá seria escasez, debido a Ucrania, el combustible, fertilizantes y tal. Pero, lo triste de ello es que la escasez no será, necesariamente, a una falta tecnológica sino a otros factores más elusivos; tales como las malas costumbres alimenticias y gubernamentales.

    Veamos un solo ejemplo, ocurrido en Venezuela, en donde a puerto llegaron barcos cargados de comida y la misma se pudrió en los contenedores debido a una desorganización en sus procesos y corrupción.

    Si lo que he venido vaticinando hace muchos años es cierto, que nuestros gobiernos comen tanto que se han vuelto maquinarias obesas e inservibles, entonces por allí va el mal. Lo malo y difícil es que bajar de peso no es nada fácil; ya sea en nuestros cuerpos o el de grasosos gobiernos.

    Un buen ejemplo de ello es nuestro hábito de comer cantidad de arroz y pocas frutas y vegetales. Los resultados de esas malas costumbres las vemos caminando por todas nuestras calles. Si tuviésemos más consumo de buenos alimentos, lograríamos más producción y menores precios; y, de ñapa, mejor salud y menos costos hospitalarios y de medicamentos.

    Por otro lado, la comida es una forma de energía; es el combustible que requiere nuestro cuerpo para andar, lo cual trae al tapete el tema de nuestras políticas energéticas. ¿Están estas en las mesas de diálogo?

    O está la terrible costumbre de politicastros de vilipendiar al empresario y al empresarialismo… el mejor ejemplo es ese “no a la privatización” que está en boca de la mayoría de nuestro pueblo. ¿¡De veras!? Si no crees en el emprendimiento ¿en qué crees? Si no lo sabes te lo soplo: la aspiración de muchos es ser funcionarios públicos o… receptores de subsidios. No sólo los politicastros han vendido estas ñamerías, sino los gobiernos a través del MEDUCA; ese que NODUCA.

    En resumen y, como dice el proverbio chino: “en cada crisis hay oportunidades”. Hoy, en medio del alboroto, se nos está presentado la oportunidad de cambiar malos caminos; oportunidad que surge, gracias a que ¡por fin!, estamos comenzando a despertar. El gran reto es el de aprender a pensar desde el órgano de arriba y no el de abajo.

  • Neoliberalismo y Globalismo

    El título de este escrito va dirigido a quienes mal entienden lo que es liberalismo y neoliberalismo; este último asociado al fenómeno del globalismo; termino que igual que tantos, lo desnaturalizamos en caprichosas definiciones que varían de acuerdo con la corriente política que se vale del término para adelantar su agenda.

    Son tantos que por despecho a las injusticias que nos rodean, ciertas o percibidas, se afanan en la búsqueda de mejores caminos de sociedad!, pero, desdichadamente, no es tan fácil encontrar un sistemas o doctrina política que no esté sujeta a iguales o peores males que el defectuoso sistema que llamamos democracia, y con demasiada regularidad escogemos algo peor. Tal es el caso de quienes rechazan el liberalismo clásico para arrimarse a los sistemas que dicen ser “socialistas”; es decir, que favorecen un mejor entorno de asociación humana. Pero ¿realmente crees que, si los humanos, en uso del albedrío concedido en la Creación (y no hace falta añadir “libre” al término albedrío ya que “albedrio” se define como “la potestad de obrar por reflexión y elección), no podemos ser socialmente justos, sino que requerimos de un tropel de burócratas gubernamentales para evitar la injusticia? Si ese fuese el caso, ni siquiera con ejércitos de burócratas gubernamentales podríamos superar el salvajismo.

    El título de este escrito va dirigido a quienes mal entienden lo que es liberalismo y neoliberalismo; este último asociado al fenómeno del globalismo; termino que igual que tantos, lo desnaturalizamos en caprichosas definiciones que varían de acuerdo con la corriente política que se vale del término para adelantar su agenda. Para algunos el globalismo se refiere a una interacción desembarazada global humana; tal como de un verdadero comercio libre, que no requiere ser negociado. Para otros, el globalismo se traduce en instituciones o gobiernos supranacionales, tales como UN, OCDE, FMI y tal, que favorecen estas burocracias o burrocracias internacionales que procuran un mundo más humano y justo; en oposición a los que no creemos en dicha óptica, que «estaríamos en contra del bien de la humanidad».

    Por otro lado, el término “neoliberal” o “neoliberalismo” se desfigura al perder su sentido a lo largo de los laberintos del tiempo y de las intrigas políticas e ideológicas. Pero, intentemos volver a rescatar el parto de este abusado vocablo, ¿o debo llamarle, “frase”? que une los términos “neo” o nuevo, con “liberalismo”, que es liberal o libre… nuevo liberalismo.

    Parece que el primero en acuñar el término “neoliberal” o quien fue acusado de ser inventar una nueva aproximación liberal, fue “Wilhelm Röpke, localista suizo que propuso la ideología de un globalismo económico. La intención de Röpke no estaba mal intencionada, pero, como bien se ha dicho, “de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno.” Para Röpke, las ideas del capitalismo de “laissez-faire” o del ‘dejar hacer’, propuestas por personajes como Jean-Babtiste Say, Lord Acton y Ludwig von Mises, eran extremas o radicales. Röpke pensaba que tal vez el liberalismo clásico o fundamental sería lo ideal pero no funcional; que no sería aceptado ni por las clases dominantes, como tampoco la clase del confisca, parte y reparte. En fin, Röpke buscaba la manera de preservar la libertad en la nueva era del colectivismo. ¿Acaso el neoliberalismo de Röpke logró tales objetivos? Hoy muchos amigos me dicen que mis ideas y planteamientos, tal como la eliminación del MEDUCA, son utópicas y me piden algo intermedio. Tal vez; pero… no sin antes plantear lo ideal. Tu destino es “C”, pero de pronto tendrás que llegar al “B” antes de proceder al destino final.

    Y veamos que todo esto sigue siendo el meollo de la filosofía política o el tuétano del hueso; ya que la misma Constitución panameña comienza planteando los ideales, para luego de un punto y coma, contradecirse y dar riendas sueltas a los burrócratas estatales. En Panamá, por ejemplo, el Artículo 282 de la Constitución dice que: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales…” ¡Ah!, y tal vez un pitito. Es decir, que corresponde a los particulares, pero el gobierno, con sus autoridades y burrócratas, hará con todo ello lo que le venga en ganas, alegando un interés social que no queda definido sino en la discrecionalidad de los políticos de turno. Lo que ya pocos recuerdan o jamás supieron, es que está Constitución fue diseñada para dar más poder a los milicos de nuestra Dictadura. Que igual que Röpke, creían en los principios, pero no si ellos no pudiesen controlarlos; o, quizá debía decir, abusarlos. Y ni hablar cuando la Constitución habla de “exaltar la dignidad humana…”, o cuando dice que “las autoridades… están instituidas para proteger…” la “honra…” ¿Seremos tan imberbes que necesitamos que autoridades como nuestros diputados nos protejan la honra?

    Pero Röpke, frente a la “utopía” de lo ideal, propuso la idea del “mercado social”; lo que debía enamorar a tantos socialistas de hoy en vez de ensalzar a Röpke lo vilipendian y se burlan de los neoliberales; esos son sus parientes. ¿Será que no tienen la menor idea de lo que es neoliberalismo? Y lo propuso Röpke bajo el pensar que un mercado socializado requeriría una buena dosis de juiciosa intervención estatal para mitigar las destructivas tendencias del capitalismo y su ‘dejar hacer’. Pero aún más, y es que Röpke no favorecía el socialismo o el comunismo; sino que propuso el neoliberalismo como exorcismo contra el maligno intervencionismo socialista y comunista.

    Tal vez no debemos condenar a Röpke, quien cedió el partido antes de que el mismo se jugara; algo así como los políticos de hoy que ceden sus principios alegando que luego, cuando sean semi dioses, no cumplirán sus demoníacas promesas y se irán por los trillos del bien. En su época, la posición de Röpke le valió el epíteto de “neoliberal”. Pero los socialistas de hoy, que igual usan el término como epíteto, lo usan como si el neoliberalismo fuese un movimiento de derecha. Y es que en las épocas de Röpke, con Alemania destruida por el bombardeo aliado, existía una real y verdadera posibilidad de que los medios de producción fuesen expropiados por los amantes del dominio centralizado; de hecho, Röpke era furibundo defensor de los derechos de propiedad, entre los cuales está el derecho al mercado. Más aún, el gobierno había impuesto medidas de control de precios y tenían serios problemas con la devaluación del Marco. Tomemos el caso del Marco alemán, que al fin de la Primera Guerra Mundial estaba 7/1 con el dólar. En ese momento en la Alemania Weimar, se podía comprar una postura de gallina por algo así como 1 Marco. ¿Saben cuanto llegó a costar 1 postura de gallina un par de años más tarde? Como 100,000,000 de marcos. Sí, ¡cien millones! Todos los alemanes que no tenían la capacidad de producir bienes de consumo inmediato se morían de hambre. Una alemana cuyo marido murió en la Guerra, perdió todos sus ahorros bancarios que estaban en marcos y lo que le permitió alimentar a sus hijos fue una gran colección de cigarros que dejó en casa su esposo.

    Ya nadie se acuerda ni destaca que luego de la Segunda Guerra, los imperialistas estadounidenses, que eran social demócratas, fue gracias al Plan Marshall. Sin embargo, pocos sacan a relucir los programas neoliberales de Erhard y a la infusión de cantidad de dólares desde 1948. Más aún, Röpke fue furibundo defensor del principio de subsidiaridad; que sin un libre mercado en donde la gente se ocupa de lo suyo, muy pronto se va perdiendo la libertad.

    A todo ello, luego de la Segunda Guerra, también fue la época en la cual comenzaron a tomar fuerza las organizaciones político-económicas supranacionales; que si EU, GATT, IMF y tal, acobijadas como defensoras de la liberad. Y es que el grave problema del intervencionismo central es que una vez que admites la punta de la espada, detrás viene el resto de la hoja; dado que la naturaleza del monstruo metiche es no tener límites. ¿Cómo distinguir entre una intervención sana y una malsana? O, ¿cuándo y hasta dónde permites que tu hijo salga a jugar a la calle? Si, a fin de cuentas, lo que es bueno para unos no lo es para todos. Si dejamos que los zorros entren al gallinero, eventualmente terminaremos con pura pluma y nada de pollo.

    Al final del día, los males de la sociedad moderna bien pueden ser adscritos al surgimiento de la democracia mal entendida; la democracia como el dominio de la voluntad mayoritaria, sin reservas. Hoy día el problema que surge evidente es el de una mayoría que busca imponer sus “conquistas” sobre la minoría; sin darse cuenta que a fin de cuentas quienes terminarán pagando son los adherentes de una falsa democracia.

    Hoy día, cuando son tantos los que condenan la concentración del poder económico, particularmente el de las grandes corporaciones, no ven que el verdadero problema sigue siendo el gobierno desmedido, ese que se alía con el poder económico y sostiene la perversión de la libertad; que si tarifas, subsidios y otras formas de clientelismo castrante. Así, el problema de fondo es el estatismo desembarazado. ¿Cómo podemos llamar a los zorros para que custodien el gallinero? El buen empresario no requiere mayor ayuda central; es decir, nada más allá de la defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Los problemas no vienen asociados a ser libre, sino a ser intervenido. Son los gobiernos y sus diputados y tal que imponen un ordenamiento falso y fatídico. ¿Acaso los diputados y tal, abogan por una igualdad? ¿Acaso los hijos de diputados van a las escuelas del gobierno? Röpke habrá tenido sus buenos enfoques, pero como todos tuvo otros muy malos; pues no se atrevió a defender a capa y espada al gallinero de los zorros. Y nos quedó el neoliberalismo.

  • Asamblea o mesas de negociación?: crisis de representación

    Este domingo pasado, en Inbuenostv, mientras conversábamos con los aspirantes a una curul en la Asamblea en Panamá, se me ocurrió plantear lo grave de ver cómo temas propios de ese órgano legislativo, se estaban discutiendo (y lo peor, negociando) en un tú a tú entre el Ejecutivo y los designados (o autodesignados) representantes populares. Me pregunto si se está leyendo lo peligroso de esta situación, que en la academia se la denomina “crisis de representación”.

    Para ser breve, la república admite dos formas de gobernarse: la democracia directa, donde no hay mediación entre el ciudadano y el gobierno, entonces por cada decisión que se necesita tomar se somete a referéndum; o la democracia indirecta, que es la que descansa en el diseño constitucional panameño, donde la voluntad del ciudadano se expresa a través de los representantes, que para ello se dedican a los asuntos públicos mientras los primeros se dedican a sus negocios.

    Conviene precisar que la representación tiene carácter público, el debate entonces es público porque todo lo que deba debatirse involucra a toda la sociedad, una Asamblea no puede convertir intereses privados en una cuestión pública mediante un debate y ley en el congreso. Con ello se infiere que los derechos individuales no pueden estar sometidos a discusión pública y he allí el principal carácter de una Asamblea: la delimitación y freno ante el avance del poder del Ejecutivo, entendiendo al poder en modo weberiano de “la posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la conducta ajena”. Para ejemplificar lo anterior, una Asamblea no puede ni debe pasar una ley que beneficie a unos pocos a costa del resto de la sociedad.

    Sin embargo, ya Bertrand de Jouvenel advertía que “el poder es expansivo por su propia naturaleza” y la clase política, una vez que llega al poder, sólo se esfuerza por diseñar los mecanismos para preservarse en el mismo. La teoría de la representación política de la defensa de lo público termina convirtiéndose en un instrumento privado y selectivo para la defensa de intereses privados y selectivos. Esta situación puede perdurar mientras no se produzcan crisis, especialmente económicas, como la que se produce a raíz de las malas decisiones gubernamentales tomadas en respuesta a la pandemia, entre otras tantas malas decisiones que ya se venían dando en materia económica.

    Inevitablemente, la secuencia de conductas previo al quiebre del sistema político que moralmente hay que evitar, comienza con un profundo malestar entre los representados. Este sentimiento de falta de representatividad se traduce en un sentimiento de desapego y desconfianza por parte de la ciudadanía en los partidos y en las instituciones políticas. Inicialmente, los representantes políticos atienden la voz de descontento ciudadano que lo vemos traducido en reuniones, comisiones, alguna invitación a debatir.

    Un segundo momento de esta secuencia se caracteriza por la lenta y completa desatención y desconexión de los partidos políticos tradicionales ante las consecuencias concretas de aquel descontento, ya el ciudadano siente que las promesas iniciales se diluyen en el tiempo y, así, se llega al tercer momento, cuando se produce la doble crisis, tanto de representados como de representantes. El representado se siente defraudado por la política y exige un cambio (no tiene muy claro qué cambio, pero lo quiere) y el representante, ya totalmente abocado a su propia causa de permanecer en el poder, que ya no sabe bien a quién o qué, tiene que representar.

    En este contexto, se abre la puerta de entrada a la escena política de movimientos sociales de todo tipo que canalizan y se apropian de ese descontento social, que pueden terminar en finales pacíficos como movimientos o nuevos partidos políticos. O por el contrario, en revoluciones violentas. La trampa de caer en los primeros cuando aún existe una Asamblea constituida, que es el órgano natural del debate, era advertida por Maquiavelo, cuando sostuvo que “el Príncipe necesita contar con la amistad del pueblo porque de lo contrario aquel no tiene remedio en la adversidad”.

    Entonces, la tentación del ejecutivo gobernante de apoyarse en “el pueblo” antes que en otros poderes fuertes es muy grande (Maquiavelo se refería a una “minoría de poderosos”, que en la época eran la nobleza y otros), dado que “los poderes fuertes pueden convertirse en adversarios y enemigos mientras que al pueblo le basta con no ser oprimido”. Maquiavelo propone así, como manejable y oportuna para el Príncipe, la vía del contacto directo con el pueblo, como actualmente sería una mesa de negociación entre los considerados representantes de los ciudadanos descontentos y el gobierno, haciendo invisible a la Asamblea. Ahora piense el lector en cuántas veces ha escuchado (cuando no sucedido) la amenaza de un Ejecutivo “fuerte” llamando a eliminar la Asamblea y gobernar directamente con el “pueblo.”

    Este clima de conflictividad social es el caldo de cultivo para el surgimiento de líderes mesiánicos y partidos populistas, tanto de izquierda como derecha, que prometen remediar la fractura entre política y sociedad. Esta concepción populista asume que las opiniones de la mayoría son esencialmente justas y se deben respetar. Y nada más moralmente incorrecto, dado que las decisiones de la mayoría no poseen en sí mismas ninguna superioridad moral dado que son solamente una mera convención numérica, una mayoría no constituye un argumento sobre la verdad, lo moral o lo correcto.

    El problema con todos estos movimientos es que siempre que aparece el líder carismático, enseguida propone una serie de medidas, una especie de “hoja de ruta” que comienzan tímidamente con propuestas que a las claras van contra el espíritu republicano y generalmente anticonstitucionales, como la expropiación de facto, o más graves y escalando hasta declarar la necesidad de reforma integral o reemplazo de la Constitución.

    Pero si la representación está en crisis, ¿hay algún remedio que no sea el peligroso de una reforma constitucional con resultado incierto o la implementación de facto de una democracia directa como parecería que es del gusto de algunos líderes latinoamericanos?

    Por suerte sí existen mecanismos de fácil implementación, e incluso muchos de estos mecanismos están previstos en la misma Constitución, pero sino, igual pueden ensayarse mediante un fuerte compromiso de los representantes que constituyen el remanente ético: desde la posibilidad de incluir listas abiertas en los procesos electorales, modificaciones de leyes electorales, facilitación de la iniciativa popular, previsión de referéndums en casos determinados, presupuestos participativos, contacto directo con el ciudadano utilizando las tecnologías, etc.

    Citando a mi querida ex compañera de estudios, la politóloga Constanza Mazzina, “La crisis de los partidos es la crisis de la democracia. Por delante, los partidos tienen el desafío de justificar su existencia, de aggionarse, de rendir cuentas, de transparentar su accionar y su financiamiento y, en última instancia, de responder a los ciudadanos. Deben dejar de ser estructuras opacas y cerradas. En inglés hay un término muy interesante para denominar esta tarea: “answerability”, deberíamos pensar el término en español y hacerlo posible.”.

    Lo que hay que preservar es la Asamblea como órgano imprescindible de la democracia republicana, especialmente en países con muchas complejidades. Esa es la tarea como ciudadanos, acudir donde reside el poder ciudadano y que es parte del contrapeso institucional. Si caemos en la tentación de la voluntad popular directa a manos de un líder carismático que, por definición puede modificar arbitrariamente las leyes y a su antojo satisfacer todas las demandas, podemos terminar de cavarnos el pozo donde irán a parar los derechos fundamentales y esta idea negativa de ellos, que implican restricciones a la acción de terceros.

    Por ello es preocupante que el ejecutivo pueda negociar por fuera de la Asamblea; aún cuando no nos gusten los representantes actuales, existen mecanismos para exigirles y encauzarlos. Reconocer o legitimar agrupaciones, movimientos, mesas, rondas, que puedan realizar acuerdos que comprometen a la ciudadanía entera y generaciones futuras, es no entender aquel principio básico republicano que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes. Y de ahí, al surgimiento del populismo mesiánico, sólo hay unos pocos votos descontentos.

     

  • Estados Unidos: la Corte Suprema, el aborto y Trump

    El 24 de junio del corriente año la Corte Suprema de Justicia estadounidense revocó la decisión federal del 22 de enero de 1973 en el caso Roe vs. Wade que a su vez había revocado la norma en el estado de Texas que protegía la vida. Se trata del denominado aborto que ahora vuelve a sus cauces por una mayoría de seis contra la opinión disidente de tres. Votaron por esta resolución clave el presidente del tribunal John G. Roberts y Clarence Thomas, Brett M. Kavanaugh, Neil M. Gorsuch, Samuel A. Alito y Amy Coney Barrett. Votaron a favor del aborto Elena Kagan, Stephen Breyer y Sonia Sotomayor. Esta decisión quiere decir que los estados miembros decidirán sobre el particular pero se elimina la usurpación del gobierno central tal como aconsejaron los Padres Fundadores no debería hacerse con temas fuera de las relaciones exteriores, la defensa nacional y conexos (recordemos incluso que en la Asamblea Constituyente se propuso eliminar el gobierno central como incompatible con el federalismo, lo cual no prosperó pues en el debate se argumentó que aquello iba en línea con una confederación). Inmediatamente después del fallo de marras se pronunciaron en contra del aborto la mitad de los estados.

    Dado que se atribuye esta votación a la designación de tres jueces de los que se pronunciaron contra el aborto por parte de Donald Trump durante su presidencia (lo cual es muy loable), es muy pertinente subrayar que Trump siempre fue partidario del aborto hasta que los asesores lo convencieron que modifique su posición puesto que si quería dedicarse a la política su potencial base electoral consideraba un crimen el aborto. Así, para ejemplificar con algunas de sus declaraciones, en 1989 apoyó entusiastamente el evento que tuvo lugar para honrar al presidente de la Liga Nacional del Derecho al Pro Aborto, Robin Chandler Duke. En 1999 declaró al periodista Tim Russert que era “muy pro elección” (Pro- Choice) en Meet the Press a lo que agregó enfáticamente “Soy muy pro elección en todos los aspectos de la vida”. Y en el mismo año resumió su postura al Daily Intelligence: “Quiero que se remueva el tema del aborto de la política pues creo que se trata de un asunto personal que deben decidir la madre y sus médicos”. Son muy loables los cambios para bien, todos mutamos con la intención de hacerlo en esa dirección, pero ejecutarlo con criterios oportunistas es a todas luces reprobable.

    Como es de público conocimiento Trump desconoció las mismas normas por las que compitió en las últimas elecciones alegando fraude a pesar que los cincuenta estados certificaron el triunfo de su oponente, también lo hicieron sesenta y un jueces federales y locales (incluyendo tres designados por el propio Trump) y certificó su propio vicepresidente Mike Pence. Esto además del bochorno en Charlotteville donde dos grupos de manifestantes se enfrentaron, uno de los cuales llevaba estandartes con las insignias nazi. A pesar de esto Trump declaró públicamente que “había muy buenas personas en ambos bandos” (“very fine people on both sides”). A esto debe agregarse el bochorno de la intentona de tomar el Congreso por la fuerza con el aliento del entonces presidente Trump y el aumento del gasto público, el endeudamiento y el déficit fiscal y todos los atropellos como los destacados por Bob Woodward en su libro Miedo: Trump en la Casa Blanca, nada de lo cual justifica los desmanes de la actual administración demócrata.

    En el tema del aborto -como el de todos los vinculados al respeto recíproco como columna vertebral del liberalismo- debemos contribuir diariamente a sostener valores si queremos sobrevivir a la barbarie. Tuve el inmenso gusto de prologar la edición definitiva del tratado de mi querido amigo Jorge García Venturini titulado Politeia donde reproduzco un pensamiento suyo que fuera publicado en una de sus columnas periodísticas del 24 de abril de 1975 y que es muy pertinente reproducir en esta ocasión: “La lucha contra el despotismo es cosa de todos los días y de todos los lugares. No se trata de esperar una gran y definitiva batalla, que además siempre se espera que la den los demás. Se trata de nuestra cotidiana y muchas veces minúscula y anónima batalla por la libertad.” En política constituye una gimnasia muy saludable el acostumbrarnos a abandonar la tentación de apoyar al “menos malo” que naturalmente es malo -la kakistocracia según Garcia Venturini- lo cual también va desde luego para el caso estadounidense. Allí también hay que subir la vara con la mira en los Padres Fundadores, pues como escribió Jefferson “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos”…no importa el signo.

    Es del caso reiterar lo que hemos escrito en otra oportunidad sobre el homicidio en el seno materno. Si desde costados sensatos se repite hasta el cansancio los efectos devastadores del control de precios que vienen fracasando desde hace 4.000 años antes de Cristo, con mayor razón se torna imprescindible insistir en los horrores de las matanzas masivas a través de lo que se ha dado en denominar aborto. Es un aspecto que estimamos vital, no en sentido figurado sino literal. Nos referimos a un ser humano en acto con la carga genética completa desde el momento de la fecundación del óvulo, distinta del padre y de la madre por lo que su exterminación resulta un despropósito mayúsculo e injustificable para cualquiera que considera que lo primero es respetar la vida.

    Paul Johnson en A History of the American People se refiere al aborto como “una destrucción masiva” y subraya que el antes referido tristemente célebre fallo de Roe vs. Wade convalidó asesinatos “del mismo modo que en el siglo XIX millones de americanos [norteamericanos] fueron esclavizados en conformidad con disposiciones legales que permitieron que los estados miembros aplicaran esa infamia”. Así es, como ha escrito Benjamin Constant, una ley o una mayoría “no puede convertir en justo lo que es injusto”, el derecho se recuesta en mojones y puntos de referencia extramuros de la ley positiva. Afortunadamente ahora la Corte estadounidense abre las puertas para rectificar aquél desacierto mayúsculo y criminal.

    A veces se ha mantenido que esto no debe plantearse de este modo puesto que “la madre es dueña de su cuerpo” lo cual es absolutamente cierto pero no es dueña del cuerpo de otro y cómo las personas no aparecen en los árboles y se conciben y desarrollan en el seno materno, mientras no exista la posibilidad de transferencias a úteros artificiales u otro procedimiento es inexorable respetarlo. Es cierto que está en potencia de muchas cosas igual que todo ser humano independientemente de su edad por lo que constituye una arbitrariedad superlativa inventar un momento de la gestación para proceder a la liquidación de esa vida humana como si se produjera una mágica mutación en la especie, lo cual, dicho sea de paso, es una lógica tan arbitraria que puede conducir a la justificación del infanticidio.

    En este sentido y antes de seguir adelante con este tema -sin perjuicio de otras muchas declaraciones científicas procedentes de distintas partes del mundo- es pertinente reproducir la muy oportuna declaración oficial en el medio argentino por parte de la Academia Nacional de Medicina de la que transcribo lo siguiente resuelto por su Plenario el 30 de septiembre de 2010 donde concluye “Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción […] Que destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano. Que el pensamiento médico a partir de la ética hipocrática ha defendido la vida humana como condición inalienable desde la concepción. Por lo que la Academia Nacional de Medicina hace un llamado a todos los médicos del país a mantener la fidelidad a la que un día se comprometieron bajo juramento”.

    Como queda dicho, un embrión humano contiene la totalidad de la información genética: ADN o ácido desoxirribonucleico. En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características del ser humano.

    Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza.

    De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho, Jerome Lejeune el célebre profesor de genética de La Sorbona escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

    La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie. En nuestro caso, la secuencia embrión-mórula-balstocito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

    Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar las matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

    Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

    Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión -nada frecuente en la medicina moderna- que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

    Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar, el hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”. Como ha dicho Ronald Reagan “tienen suerte los abortistas que no se les haya aplicado las recetas que ellos patrocinan”.

    A contramano de la ciencia se ha pretendido disociar al feto de la personalidad lo cual también contradice las definiciones de los diccionarios de persona como “individuo de la especie humana”. Bien ha explicado Roland M. Nardone que “La asignación de un ser vivo a una especie está determinada, no por la etapa de desarrollo, sino por la suma total de sus características biológicas, reales y potenciales, las cuales son determinadas genéticamente [..] Si decimos que el feto no es humano, es decir, un miembro del homo sapiens, debemos decir que es miembro de otra especie lo cual es un absurdo”.

    La lucha contra este bochorno en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el aborto no hay posibilidad de revertir la situación.

    Entonces, celebramos el fallo rectificatorio de la Corte Suprema en Estados Unidos que esperamos sea imitado en otros países donde lamentablemente se acepta este crimen. Resulta muy contradictorio que muchos de los que declaman sobre “derechos humanos” (un pleonasmo puesto que los derechos solo pueden ser humanos) se pronuncian por la liquidación de seres inocentes. Tal como he escrito antes, dado que los bebés no crecen en los árboles mientras no exista la posibilidad tecnológica de transferirlos a úteros artificiales esa vida debe ser respetada en el seno materno.

  • Cuánto gobierno es demasiado gobierno

    Cuánto gobierno es demasiado gobierno

    La pregunta del título de este escrito no sólo es fundamental sino esencial para el desarrollo y prosperidad de una sociedad nacional; y, el mejor ejemplo se dió con los movimientos de independencia de los EE.UU. de Inglaterra. Cuenta Hans Eicholz, integrante senior del Liberty Fund y autor de Harmonizing Sentiments y otros libros históricos, que cuando la provincia de Massachusetts, en acto de rebeldía, dejó de pagar los impuestos, al parlamento inglés le pareció gracioso, ya que confiaban que les iría muy mal sin gobierno y en anarquía. Sin embargo, los días pasaron a semanas, y luego a meses, y la gracia del parlamento se volvió mueca y frustración, hasta convertirse en shock. La explicación la dió Edmund Burke:

    Estábamos confiados que la experiencia de anarquía y falta de gobierno movería a la provincia a la sumisión, de manera que no se ordenó una acción de fuerza inmediata. Pero… algo nuevo e inesperado apareció. La población no sólo halló la anarquía tolerable sino provechosa; por doce meses sin gobernador, sin concejo distrital, sin jueces, ni magistrados ejecutivos. Los miembros del parlamento inglés estaban perplejos.

    Los gobernantes ingleses estaban convencidos de que el orden y la prosperidad fluían desde arriba hacia la masa inculta y no como es en la realidad, que el orden tiene muchos manantiales en cada miembro de la comunidad. Que cada persona, cada familia y cada comunidad cuentan con avenidas de accionar, que tienen sus propios intereses, fe, y capacidad de hacer lo suyo. Que el orden no se origina solamente desde el gobierno político. En fin, que las mejores sociedades son aquellas cuyos miembros no sólo son capaces de conducir sus propias vidas, sino que anhelan su independencia y rechazan las interferencias indebidas que vienen de arriba.

    Nuestro problema en Panamá es que, a través de nuestra historia, hemos delegado demasiado a los poderosos centrales, a los políticos y a la politiquería. Hablo del Intramuros de la vieja ciudad amurallada de San Felipe, en donde a lo negros les estaba prohibida la buhonería. Hablo de la cultura del “bien cuidao”, que degeneró en el fétido clientelismo politiquero de las botellas y de los gobiernos que están metidos en cada paila que ponemos en la mesa cada día.

    Es el Panamá en donde el gobierno no está para gobernar sino para estar repicando en la procesión; es el MEDUCA que compite con las escuelas privadas; es la pervertida CSS; es ese MERCA PANAMÁ al que le cuelgan un “S.A.”; es el IDDAN en nuestros grifos y retretes; y ¿para qué seguir?, pues si ya no van entendiendo el problema, entonces estamos fritos.

    La verdadera riqueza de una comunidad está en su gente, en la diversidad que aporta cada quien en la búsqueda de su felicidad y no en los caminos torcidos que nos marcan los politicastros de la Asamblea y del resto del pútrido andamiaje gubernamental que hemos parido los panameños. Pero que no sólo lo parimos, sino que día a día lo seguimos amamantando.

    El único camino de recuperación de nuestra independencia no está en la separación de España o de Colombia sino del gobierno desmedido y corrupto. Está en tener una Asamblea con la misma cantidad de diputados que provincias para cortar con los compinches.

    En fin, el camino de rectificación no es simple. Dar marcha atrás luego de tanto malandar no será fácil, pero es vital; pues de lo contrario nos iremos al desastre. Será como el condimento del caldo o el picante del sancocho, sólo lo justo para saber que está allí pero no para quemarnos el hocico.

  • ¿Cuál es la mejor manera de gobernar una sociedad compleja y plural?

    Vivimos en sociedades cada vez más grandes, complejas y con numerosas diferencias internas, por lo que encontrar el mejor modo de gobernarlas supone todo un reto. Por ejemplo, ¿las acciones para afrontar una pandemia deberían coordinarse a través de una autoridad global como la Organización Mundial de la Salud o, por el contrario, coordinarse internacionalmente de manera flexible? ¿Debería existir un ente regulador global para gestionar la sostenibilidad ambiental o es mejor que los agentes locales tomen la iniciativa? ¿Deberíamos diseñar las ciudades de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba?

    Los argumentos a favor y en contra de centralizar una u otra función de gobierno pueden basarse, hasta cierto punto, en las ventajas que presenta cada una de las técnicas de gobierno. No obstante, a menudo se basan, consciente o inconscientemente, en determinados supuestos sobre los fundamentos del orden civil.

    Con frecuencia, estos no se hacen explícitos. Pero hay más de una forma de abordar el orden civil. Dos ideas han desempeñado en particular un papel importante: por un lado, la idea de orden social como producto de una planificación central de arriba hacia abajo (monocentrismo) y, por otro, la idea de orden social como producto de muchas iniciativas diversas de abajo hacia arriba que cristalizan gradualmente en una pluralidad de sistemas de gobierno unidos por costumbres y normas emergentes (policentrismo).

    Estas dos categorías son, de algún modo, reduccionistas. Implican cierta simplificación del pensamiento y las prácticas del mundo real. No obstante, una de ellas dos suele predominar con frecuencia en el debate y esto explica muchos aspectos de cómo aborda una persona o una institución los problemas de gobierno.

    Monocentrismo: la complejidad como la semilla de la anarquía

    Se podría considerar al filósofo político Thomas Hobbes (1651) como uno de los representantes más mordaces del monocentrismo. Para él, si las comunidades humanas no están sometidas al control de una autoridad pública poderosa tienden rápidamente a la inseguridad y la anarquía. De acuerdo con Hobbes, muchas personas perseguirían sus propios intereses de forma egoísta y agresiva e incluso estarían dispuestas a mentir, engañar, robar y matar para reafirmar su poder sobre los demás.

    Esto genera un ciclo peligroso en el que prima el ojo por ojo y la conquista violenta, que solo puede romperse si se da autoridad a un poder soberano irresistible, representado por Hobbes como el Leviatán, un imponente monstruo marino mencionado en el Libro de Job. El gobernante soberano de una sociedad es el tribunal de última instancia para resolver todas las disputas políticas imaginables y mantiene a los ciudadanos bajo control al castigar a cualquiera que se rebele contra sus reglas.

    Para muchos ciudadanos y académicos, Hobbes es demasiado absolutista. No obstante, buena parte del pensamiento político contemporáneo continúa bajo el influjo de dos características del monocentrismo: primero, la creencia de que la manera más adecuada de resolver los problemas sociales muy complejos es agrupar en una institución de gobierno centralizada los recursos y conocimientos y, segundo, asociar los altos niveles de complejidad institucional y diversidad con la anarquía y la ineficiencia.

    Policentrismo: el valor de la complejidad

    El policentrismo tiene una consideración más positiva que Hobbes de la complejidad social y el pluralismo. Entre sus defensores más influyentes se encuentra la economista Elinor Ostrom, que ha argumentado en qué medida los métodos de administración pública complejos y descentralizados, como las fuerzas policiales descentralizadas, brindan servicios superiores a otros muy centralizados. Otros autores ofrecen enfoques policéntricos a través de la defensa del federalismo y de una variedad de formas de pluralismo social, político y constitucional.

    Los policentristas no ven la complejidad y la diferenciación institucional y social como una amenaza al orden público, sino como un valor potencial que puede contribuir a resolver problemas sociales y a promover la libertad humana. En consecuencia, niegan el ideal monocentrista de un sistema social meticulosamente coordinado de arriba hacia abajo –como una peligrosa quimera– y también rechazan asociar automáticamente altos niveles de complejidad social con el caos y la anarquía. En cambio, proponen un orden social manejado por una pluralidad de actores independientes que cooperan dentro de un marco institucional o metainstitucional amplio, flexible y revisable.

    Ejemplos históricos

    Es bastante fácil encontrar ejemplos históricos de concepciones de orden monocéntricas y policéntricas. Por ejemplo, los sistemas políticos altamente descentralizados, como los Cantones de Suiza, originalmente se basaron en un modelo colegiado de política ascendente que parecía tener un espíritu policéntrico. Mientras, el modelo napoleónico de Estado implantado en Francia, con su idea de una administración pública jerárquica impuesta desde arriba hacia abajo, era claramente monocéntrico en su concepción del orden civil.

    El movimiento de planificación urbana de las décadas de 1950 y 1960 en los Estados Unidos –criticado como una plaga en los vecindarios por la activista y escritora Jane Jacobs en su libro Muerte y vida de las grandes ciudades americanas– se basó en un enfoque altamente monocéntrico del orden. Los urbanistas impusieron planes tecnocráticos para rehacer el tejido de las ciudades de arriba a abajo. Por su parte, se podría calificar de policéntrico el movimiento del “nuevo urbanismo”, en la medida en que pretende construir la vida urbana de forma que responda directamente a los intereses y prioridades de los ciudadanos y las comunidades sobre el terreno (véase, por ejemplo, la “Carta del nuevo urbanismo”).

    Los debates sobre los méritos del gobierno centralizado y del descentralizado tienen que ver con la búsqueda de la eficiencia en la administración, pero también tocan cuestiones profundas de ética y filosofía política. En particular, las estructuras sociales y políticas basadas en una u otra idea de orden condicionan la libertad personal y política de los ciudadanos de formas muy diferentes.

    En consecuencia, la forma en que uno se posiciona en tales debates depende de cómo entiende el valor de la libertad humana y qué prioridad le da frente a otros valores como la eficiencia, la seguridad y la estabilidad política. Resulta poco probable que estos debates se resuelvan a gusto de todos en un futuro cercano.The Conversation

    David Thunder, Ramón y Cajal Researcher & Lecturer in Political Philosophy, Institute for Culture & Society, University of Navarra, Universidad de Navarra

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • ¿Hay que ayudar a los escolares a hacer los deberes en casa?

    La investigación sobre la ayuda directa de los padres con los deberes apunta a que es contraproducente y asociada a un peor rendimiento académico.

    El título del tutorial en Youtube suena perfecto: “Raíz cuadrada superfácil”. “Sí, este vídeo quizás nos sirva”, pensamos. Nuestra hija de 12 años debe entregar para mañana tres problemas sobre raíces cuadradas. Venimos agotados del trabajo, pero sentimos que debemos ayudarla. Es esto lo que hacen las madres, los padres y adultos implicados, ¿no?

    Es difícil acordarse de cómo se hace una raíz cuadrada después de tantos años sin hacerlo, pero seguro que con este tutorial lo refrescaremos lo suficiente. Así mañana su profesor le pondrá el visto bueno, nuestra hija estará más contenta y será el primer ladrillo de un futuro académico prometedor.

    Pero antes de dar al play deberíamos pensarlo mejor. Quizá sea algo contraintuitivo, pero olvidarnos de ese vídeo y de ayudar a nuestra hija puede ser lo mejor para su rendimiento y motivación.

    A mayor control, peor rendimiento

    La investigación sobre la ayuda directa de los padres con los deberes apunta a que es contraproducente. En concreto, controlar la tarea y verificar los resultados de los deberes se asocia a un peor rendimiento académico.

    Los jóvenes que realizan los deberes por sí mismos aprenden a planificarse y autorregularse. Sienten que ellos son los artífices de sus éxitos, se sienten más autónomos y responsables, y esto es clave para sentirse motivado y continuar en el futuro haciendo sus deberes.

    Esto no quiere decir que como madres o padres no tengamos ningún papel. Hay modos de implicarnos en la educación de nuestros hijos que mejoran de modo significativo su aprendizaje.

    Las creencias sobre nuestros hijos

    Los hijos perciben la realidad en gran medida a través de los ojos de sus padres. Aquellos niños cuyos padres creen que pueden tener éxito, tienen efectivamente más éxito.

    Así, si mi madre está segura de que acabaré aprendiendo con éxito a hacer raíces cuadradas, aunque ahora aún no sepa ni por dónde empezar, me seguiré esforzando, porque si ella lo cree significa que puedo hacerlo.

    Las altas expectativas deben estar dirigidas hacia el dominio de nuevas habilidades o de conocimientos y no a las notas. El éxito es aprender algo nuevo, no es sacar un notable o un sobresaliente.

    En el rendimiento y la motivación de los niños influyen también otras actitudes y creencias de sus progenitores o adultos que los acompañan, como el estilo comunicativo que tengan o las creencias que les transmitan a través de sus actos.

    Las creencias sobre la educación

    Un padre que lee un libro delante de su hijo está enviándole el mensaje de que la lectura forma parte de la vida y que puede ser fuente de aprendizaje y entretenimiento.

    Las madres y padres que se interesan por el aprendizaje, la cultura y la ciencia transmiten a sus hijos el valor de que el aprendizaje es relevante.

    Además, las investigaciones han encontrado que los padres que menosprecian el sistema de enseñanza tienen hijos con una menor motivación hacia el estudio y peor rendimiento académico.

    Un hombre ayudando a un niño a hacer deberes escolares.
    Shutterstock / goodluz

    El estilo comunicativo

    Hablar con nuestros hijos sobre los logros y aprendizajes que van adquiriendo fomenta su capacidad reflexiva y ayuda a poner en valor lo que hacen. Al tener una comunicación fluida con ellos sobre qué se les resiste y las dificultades que tienen con respecto a profesores y compañeros, creamos una vía de comunicación que mejora la confianza en ellos mismos.

    En cambio, si basamos la comunicación en aspectos sobre las notas, fechas de entrega o comparaciones con otros niños, ya sean más o menos exitosos, es más probable que su rendimiento y motivación empeoren.

    Crear un contexto adecuado

    Podemos ayudar a nuestras hijas a hacer las raíces cuadradas sin tener que hablar sobre las raíces cuadradas.

    Favorezcamos que tengan un entorno adecuado donde hacer los deberes.

    Asegurémonos de que tienen todos los materiales que necesitan, y que no tienen distracciones que puedan hacer que pierdan la concentración. Ayudémosles a que piensen qué precisan para la tarea y a que reflexionen sobre qué les ayuda y qué no a hacer los deberes o a estudiar.

    Enriquecer el aprendizaje

    Mostrar interés sobre los contenidos que están viendo en clase y hacer actividades relacionadas enriquece el aprendizaje y le da un sentido. No busquemos evaluar lo que saben nuestros hijos, simplemente dejémonos llevar y mostremos una mente abierta a aprender con ellos y a disfrutar.

    Antes de los 6 años, podemos leer cuentos con ellos, sin presionarlos a que lean, sino simplemente compartiendo un espacio lúdico relacionado con la lectura, que permita que la vean como una actividad motivadora.

    Si en primaria están estudiando los dinosaurios, podemos acudir al museo a ver a estos reptiles gigantes, aprender juntos y permitirles a ellos que sean los que nos enseñen a nosotros lo que han aprendido en la escuela.

    En la adolescencia, podemos tratar de fomentar el diálogo sobre lo que sucede en el mundo y sobre lo que estudian, preguntándoles su opinión sobre aspectos históricos o científicos.

    Debemos intentar no juzgarles y permitirles que argumenten o contraargumenten. Aunque no estemos de acuerdo con sus ideas, la evolución vendrá de la reflexión, no de la imposición.

    Dificultades persistentes con los deberes

    Algunos niños y niñas pueden tener dificultades persistentes con los deberes. El primer paso es ver qué sucede: ¿hay alguna limitación cognitiva o psicológica? ¿Son demasiado difíciles los deberes para su etapa evolutiva? ¿Es el entorno de estudio adecuado?

    Para dar respuesta a estas cuestiones es importante hablar con nuestros hijos sin juzgarles y sin reñirles, mostrándonos tranquilos, abiertos, comprensivos y en actitud de ayuda. Hablar con sus profesores es el segundo paso.

    En ocasiones, también puede ser preciso contactar con un psicólogo o psicopedagogo que pueda hacer una evaluación de las necesidades e indicarnos cómo debemos actuar. Una vez detectada la causa, es más fácil ponerle solución.The Conversation

    Mónica Rodríguez Enríquez, Profesora Asociada, Doctora en Psicología, Universidade de Vigo

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Los rincones más oscuros de la CSS

    Me duele decirlo, pero… lo que nos ocurre y ocurra en y con la CSS nos lo merecemos. Advertencias no han faltado, pero pocos han escuchado. La institución amorfa que es la CSS que, como diría Cantinflas: “no es ni gubernamental ni privada sino todo lo contrario,” era una inmensa estafa que ha venido pasando agachada debido a las luces bajas, como decía Omar.

    No había que ser adivino para darse cuenta y entender que la estafa piramidal que era la CSS, desde su primer aliento infantil, la llevaría al desastre; una catástrofe que afectaría y afectará no sólo a los jubilados sino a toda la población ístmica.

    Hoy, que escucho a “conocedores”, a exministros y tal, hablar del “déficit fiscal de la CSS”, se me revuelve el tracto intestinal, ya que no es sólo asunto de un déficit económico sino uno moral y de sentido común; que, ciertamente, es el menos común de todos los sentidos. Hoy mismo leo en LP, bajo el título “desfase en informes financieros; CSS sin reporte actuarial desde 2019.” ¡Claro!, mientras otros pagaban el festín el malgasto no paraba. Y el problema no es sólo en el IVM sino en todo.

    El informe habla de el “IVM próximo a la quiebra…” Según parece el significado de “quiebra” es muy variable. Me parece que cuando una empresa no gubernamental la mantienen en un respirador pulmonar con los fondos de reserva, ya está en quiebra. Y más me crispa escuchar a algunas hablar de “salvar” la CSS; cuando la misma está como un paciente descerebrado que mantienen su carne viva con máquinas.

    En estos días me encontré con un médico que me dijo: “Si un paciente me llega con un uñero yo le cotizo $150 por la operación. Pero si el paciente decide ir a que se lo hagan en la CSS, la operación del pinche uñero le cuesta no menos de $600 a la CSS. Imagínense como será con otras intervenciones más complejas.

    O… está el caso que me contaron sobre la directora en la Junta Directiva que llevaba a sus hijos a las reuniones y los sentaba con ella a darles de las boquitas que les daban en la reunión. O… que había cantidad de Juntas Directivas que sólo duraban unos minutos, ya que su propósito era cobrar las dietas. O… las cirugías de cortesía a quienes no son ni asegurados ni pobretones. O… miles de botellas… Y, a todo ello ¡no a la privatización!; es decir, no a que puedas elegir al médico o clínica y pasar a ser cliente y no víctima infinitamente paciente.

    Pero, la realidad va mucho más allá y en dónde mejor la he visto pintada es en el relato de una charla que dieron en junio 17 de 2021 en el Mises Institute’s Medical Freedom Summit en Salen, Hew Hampshire. La charla la abrieron con el anuncio: “Señoras y señores, ¿por qué estamos aquí hoy? Antes que nada, porque en cierto sentido la práctica médica en América está rota…” La calidad sigue en deterioro y los costos en aumento.

    Menos mal que también hay buenas noticias; que, nos encontramos en la antesala de increíbles adelantos que revolucionarán no sólo la practica médica sino la manera en que pensamos de la salud en general. Recién mi médico me dijo: “Cada día encontramos remedios más naturales que son mucho más económicos y que podemos aplicar de manera preventiva; algo así como el dentista, que vamos a la limpieza y otras, en vez de esperar que se caigan los dientes. A fin de cuentas, los mismos médicos, los buenos, están inmensamente insatisfechos con la actividad.

    Este tema es muy complejo, e intento sintetizarlo. Lo primero es señalar que si no regresamos la práctica médica al mercado y seguimos creyendo que el gobierno nos puede dar salud o lo que sea; ¡estamos fritos! Y sí, el mercado también anda mal; enfermo de trampas y politiquería. Ya en USA hay médicos que se han aliado y abierto clínicas de cirugía que cobran apenas un 10% de lo que cobran otros centros que viven en el mundo del juega vivo.

    Ya los cambios se están dando y lo importante es tomar conciencia y poner atención. No será nada fácil ni grato pasar el mal tiempo neccesario para dar paso a los cambios, pero sin el purgante no hay remedio.

  • El bochorno de la cobardía moral

    Estamos ante una encrucijada gigante. Hay quienes piensan que pueden circunscribirse a sus asuntos personales puesto que el respeto a lo suyo vendrá automáticamente o, en todo caso, son otros a los que les cabe la responsabilidad por cuidar y defender la libertad de cada uno. No se percatan de la responsabilidad moral de cada cual para contribuir a que exista tal cosa como la sociedad libre. Nada está garantizado. Como ha insistido Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Es muy legítimo y necesario que cada uno se dedique a sus menesteres pero éstos no pueden sobrevivir si no se estudian los fundamentos del respeto recíproco y si no se difunden. No basta con ser una buena persona que atiende los quehaceres domésticos y laborales. Nada subsiste si no se defienden los valores del antedicho respeto recíproco desde la perspectiva ética, jurídica, histórica y económica.

    Se sabe que es más reconfortante dedicarse a la vida pacífica en la familia y en el trabajo, pero nuevamente reiteramos que no es posible evitar el inmenso riesgo que se atropellen esos derechos si no se vela por ellos. No es suficiente con no fornicar, no robar y no matar. Alexis de Tocqueville consignó que el problema básico irrumpe en las sociedades en las que ha habido gran progreso moral y material y se da eso por sentado. Se requiere -se demanda- un esfuerzo constante. No se trata de abandonar las faenas en las que uno está, se trata de destinar una parte aunque más no sea pequeña para que aquellas faenas puedan continuar de modo pacífico.

    Hay muchas maneras de proceder en este sentido, la más eficaz es la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero en modo alguno esto se agota en estas actividades para los que no tengan posibilidad de acceder. Por ejemplo, una forma muy fértil consiste en los ateneos de lectura donde se reúnen en casa de familia cuatro o cinco personas para debatir un buen libro: por turno uno expone y el resto debate. Esto tiene inmenso efecto multiplicador en las familias, en las reuniones sociales y en los ámbitos de trabajo. No tiene sentido sostener que uno no está preparado para esas cuestiones, nadie nace con la preparación, todos deben hacer esfuerzos para capacitarse. Es muy cómodo alegar que otros tienen la vocación por defender los principios de la sociedad libre, a todos les atrae mucho más dedicarse a ganar dinero y aplicarlo a los placeres de la vida armoniosa y gratificante, pero a todos les compete la mencionada responsabilidad. No puede esperarse a que la invasión de los bárbaros destruya todo. Cuando no quede nada en pie será tarde para los lamentos.

    Como se ha dicho, el asunto no es preocuparse sino ocuparse y no valen las exclamaciones y las críticas de sobremesa para luego de haber engullido alimentos dedicarse a los intereses personales cortoplacistas. El abandono de las aludidas responsabilidades indelegables conduce indefectiblemente al desastre. En verdad el darle la espalda a esta misión inherente a la civilización es nada menos que cobardía moral.

    No se trata de actuar como si estuviéramos en una inmensa platea mirando al escenario donde supuestamente estarían los que deben ocuparse, se trata de contribuir a sostener la conducta civilizada, lo contrario es una buena receta para que se desplome el teatro. No puede pretenderse ser free-riders de otros (garroneros en criollo) por más que en general se trate de muy buenas personas que creen en la libertad.

    Resulta paradójico en verdad que se diga que la suficiente difusión de las buenas ideas es el único camino para retomar uno de cordura y, sin embargo, se concluye que es altamente inconveniente pretender expresarlas ante el público. Parecería que estamos frente a un callejón sin salida, pero, mirado de cerca, este derrotismo es solo aparente.

    Ortega escribe en el prólogo para franceses de Rebelión de las masas: “Mi trabajo es oscura labor subterránea de minero. La misión del intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que el político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban” y en el cuerpo del libro precisa que en el hombre masa “no hay protagonistas, hay coro” y en el apartado titulado “El mayor peligro, el Estado” concluye que “el resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno”.

    Por su parte, Le Bon en La psicología de las multitudes afirma que “las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio de civilización, son aquellas realizadas en las ideas” pero que, al mismo tiempo, “poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción” y, en general, “solo tienen poder para destruir” puesto que “cuando el edificio de una civilización está ya carcomido, las muchedumbres son siempre las que determinan el hundimiento” ya que “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”.

    Entonces, ¿cómo enfrentar la disyuntiva?. Los problemas sociales se resuelven si se entienden y comparten las ideas y los fundamentos de la sociedad abierta pero frente a las multitudes la respuesta no solo es negativa porque la agitación presente en ellas no permite digerir aquellas ideas, sino que necesariamente el discurso dirigido a esas audiencias demanda buscar el mínimo común denominador lo cual baja al sótano de las pasiones. Como explica Ortega en la obra referida, “el hombre-masa ve en el Estado un poder anónimo y como él se siente a sí mismo anónimo -vulgo- cree que el Estado es cosa suya” y lo mismo señala Friedrich Hayek en Camino de servidumbre en el capítulo titulado “Por qué los peores se ponen a la cabeza”.

    Desde luego que, como hemos apuntado en otras ocasiones, la paradoja no se resuelve repitiendo los mismos procedimientos puesto que naturalmente los resultados serán idénticos. El asunto es despejar telarañas mentales y proponer otros caminos para consolidar la democracia y no permitir que degenere en cleptocracias como viene ocurriendo de un largo tiempo a esta parte. La perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata en esta instancia del proceso es minimizar los desbordes del Leviatán.

    Hay quienes en vista de este panorama la emprenden irresponsablemente contra la democracia sin percatarse que en esta etapa cultural la alternativa a la democracia es la dictadura con lo que la prepotencia se arroga un papel avasallador y se liquidan las pocas garantías a los derechos que quedan en pie. Confunden el ideal democrático cuyo eje central es el respeto de las mayorías por el derecho de las minorías, con lo que viene ocurriendo situación que nada tiene que ver con la democracia sino más bien con dictaduras electas.

    Y para fortalecer las ideas lo último que se necesita es un líder puesto que, precisamente, cada uno debe liderarse a sí mismo lo cual es completamente distinto de contar con ejemplos, es decir referentes que es muy diferente por la emulación a que invitan no solo en el terreno de las ideas sino en todos los aspectos de la vida (esto a pesar de los múltiples cursos sobre liderazgo que en el sentido de mandar y dirigir están fuera de lugar, incluso en el mundo de los negocios donde se ha comprendido el valor de la dispersión del conocimiento y el daño que hace el énfasis del verticalismo.)

    El núcleo de las ideas es siempre iniciado por una minoría. Albert Jay Nock escribió un ensayo en 1937 reproducido en castellano en Buenos Aires (Libertas, Año xv, octubre de 1998, No. 29) titulado La tarea de Isaías (“Isaiah´s Job”). En ese trabajo subraya la faena encargada al mencionado profeta bíblico de centrar su atención en influir sobre la reducida reserva moral (remnant en inglés): “De no habernos dejado Yahvéh un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos”. A partir de lo consignado, Nock elabora sobre lo decisivo del remnant al efecto de modificar el clima de ideas y conductas y lo inconducente de consumir energías con multitudes. Concentrarse en ser personas íntegras y honestas intelectuales en lugar de los timoratas que tienen pánico de ir contra la corriente aun a sabiendas que lo “políticamente correcto” se encamina a una trampa fatal. Necesitan el aplauso, de lo contrario tienen la sensación de la inexistencia. Borges escribió sobre aquellos que se ufanan por aparecer como alguien “para que no se descubra su condición de nadie.”

    Hay incluso quienes podrían ofrecer contribuciones de valor si fueran capaces de ponerse los pantalones y enfrentar lo que ocurre con argumentos sólidos y no con mentiras a medias, pero sucumben a la tentación de seguir lo que en general es aceptado. No se percatan de la inmensa gratificación de opinar de acuerdo a la conciencia y de la fenomenal retribución cuando aunque sea un alumno, un oyente o un lector dice que lo escuchado o leído le abrió nuevos horizontes y le cambió la vida. Prefieren seguir en la calesita donde en el fondo son despreciados por una y otra tradición de pensamiento puesto que es evidente su renuncia a ser personas íntegras que puedan mirarse al espejo con objetividad.

    Y no es cuestión de alardear de sapiencia, todos somos muy ignorantes y a medida que indagamos y estudiamos confirmamos nuestro formidable desconocimiento. Se trata de decencia y sinceridad y, sobre todo, de enfatizar en la imperiosa necesidad del respeto recíproco. Si estuviéramos abarrotados de certezas la libertad no tendría sentido.

    Por otro lado, si nos quejamos de los acontecimientos, cualquiera éstos sean, el modo de corregir el rumbo es desde el costado intelectual, en el debate de ideas y en la educación. Como se ha señalado en incontables oportunidades, los socialismos son en general más honestos que supuestos liberales en cuanto a que los primeros se mantienen firmes en sus ideales, mientras que los segundos suelen retroceder entregando valores a sabiendas de su veracidad, muchas veces a cambio de prebendas inaceptables por parte del poder político o simplemente en la esperanza de contar con la simpatía de las mayorías conquistadas por aquellos socialistas debido a su perseverancia.

    Ya he puesto de manifiesto en otra ocasión que la obsesión por “vender mejor las ideas para tener más llegada a las masas” es una tarea condenada al fracaso, principalmente por dos razones. La primera queda resumida en la preocupación de Nock en el contexto de “la tarea de Isaías”. El segundo motivo radica en que en la venta propiamente dicha no es necesario detenerse a explicar el proceso productivo para que el consumidor adquiera el producto. Es más que suficiente si entienden las ventajas de su uso. Cuando se vende una bicicleta o un automóvil, el vendedor no le explica al público todos los cientos de miles de procesos involucrados en la producción del respectivo bien, centra su atención en los servicios que le brindará el producto al consumidor potencial. Sin embargo, en el terreno de las ideas no se trata solo de enunciarlas sino que es necesario exponer todo el hilo argumental desde su raíz (el proceso de producción) que conduce a esta o aquella conclusión. Por eso resulta más lenta y trabajosa la faena intelectual. Solo un fanático acepta una idea sin la argumentación que conduce a lo propuesto. Además, los socialismos tienen la ventaja sobre el liberalismo que van a lo sentimental con frases cortas sin indagar las últimas consecuencias de lo dicho (como enfatizaba Hayek, “la economía es contraintuitiva” y como señalaba Bastiat “es necesario analizar lo que se ve y lo que no se ve”).

    Por eso es que el aludido hombre-masa siempre demanda razonamientos escasos, apuntar al común denominador en la articulación del discurso y absorbe efectismos varios. Por eso la importancia del remnant que, a su vez, genera un efecto multiplicador que finalmente (subrayo finalmente, no al comienzo equivocando las prioridades y los tiempos) llega a la gente en general que a esa altura toma el asunto como “obvio”. Para esto las minorías que abren camino a las ideas deben ser apoyados y alimentados por todas las personas responsables. Y si la idea no llega a cuajar debido a la descomposición reinante, no quita la bondad del testimonio, son semillas que siempre fructifican en espíritus atentos aunque por el momento no puedan abrirse paso.

    Tal como ha escrito Juan Bautista Alberdi en 1841 donde vaticinó lo que sería su largo esfuerzo de prédica que comenzó en 1836 con su tesis doctoral que se negó a jurarla por el tirano Rosas y que culminó en la Constitución liberal argentina de 1853/60: “Siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio de las actuales ideas” (Obras completas, tomo II, p. 134).

    En resumen, debe dejarse de lado la comodidad y poner manos a la obra. No estaríamos en la situación en la que estamos si todos los que se dicen partidarios de la libertad contribuyeran a estudiar y difundir sus fundamentos. Estimo que es pertinente para ilustrar cómo es que nunca se desperdician las contribuciones bienhechoras de las personas íntegras -aún operando en soledad- lo apuntado por la Madre Teresa de Calcuta cuando le dijeron que su tarea era de poca monta puesto que “es solo una gota de agua en el océano” a lo que respondió “efectivamente, pero el océano no sería el mismo sin esa gota”.