Categoría: Opinión

  • Los rincones más oscuros de la CSS

    Me duele decirlo, pero… lo que nos ocurre y ocurra en y con la CSS nos lo merecemos. Advertencias no han faltado, pero pocos han escuchado. La institución amorfa que es la CSS que, como diría Cantinflas: “no es ni gubernamental ni privada sino todo lo contrario,” era una inmensa estafa que ha venido pasando agachada debido a las luces bajas, como decía Omar.

    No había que ser adivino para darse cuenta y entender que la estafa piramidal que era la CSS, desde su primer aliento infantil, la llevaría al desastre; una catástrofe que afectaría y afectará no sólo a los jubilados sino a toda la población ístmica.

    Hoy, que escucho a “conocedores”, a exministros y tal, hablar del “déficit fiscal de la CSS”, se me revuelve el tracto intestinal, ya que no es sólo asunto de un déficit económico sino uno moral y de sentido común; que, ciertamente, es el menos común de todos los sentidos. Hoy mismo leo en LP, bajo el título “desfase en informes financieros; CSS sin reporte actuarial desde 2019.” ¡Claro!, mientras otros pagaban el festín el malgasto no paraba. Y el problema no es sólo en el IVM sino en todo.

    El informe habla de el “IVM próximo a la quiebra…” Según parece el significado de “quiebra” es muy variable. Me parece que cuando una empresa no gubernamental la mantienen en un respirador pulmonar con los fondos de reserva, ya está en quiebra. Y más me crispa escuchar a algunas hablar de “salvar” la CSS; cuando la misma está como un paciente descerebrado que mantienen su carne viva con máquinas.

    En estos días me encontré con un médico que me dijo: “Si un paciente me llega con un uñero yo le cotizo $150 por la operación. Pero si el paciente decide ir a que se lo hagan en la CSS, la operación del pinche uñero le cuesta no menos de $600 a la CSS. Imagínense como será con otras intervenciones más complejas.

    O… está el caso que me contaron sobre la directora en la Junta Directiva que llevaba a sus hijos a las reuniones y los sentaba con ella a darles de las boquitas que les daban en la reunión. O… que había cantidad de Juntas Directivas que sólo duraban unos minutos, ya que su propósito era cobrar las dietas. O… las cirugías de cortesía a quienes no son ni asegurados ni pobretones. O… miles de botellas… Y, a todo ello ¡no a la privatización!; es decir, no a que puedas elegir al médico o clínica y pasar a ser cliente y no víctima infinitamente paciente.

    Pero, la realidad va mucho más allá y en dónde mejor la he visto pintada es en el relato de una charla que dieron en junio 17 de 2021 en el Mises Institute’s Medical Freedom Summit en Salen, Hew Hampshire. La charla la abrieron con el anuncio: “Señoras y señores, ¿por qué estamos aquí hoy? Antes que nada, porque en cierto sentido la práctica médica en América está rota…” La calidad sigue en deterioro y los costos en aumento.

    Menos mal que también hay buenas noticias; que, nos encontramos en la antesala de increíbles adelantos que revolucionarán no sólo la practica médica sino la manera en que pensamos de la salud en general. Recién mi médico me dijo: “Cada día encontramos remedios más naturales que son mucho más económicos y que podemos aplicar de manera preventiva; algo así como el dentista, que vamos a la limpieza y otras, en vez de esperar que se caigan los dientes. A fin de cuentas, los mismos médicos, los buenos, están inmensamente insatisfechos con la actividad.

    Este tema es muy complejo, e intento sintetizarlo. Lo primero es señalar que si no regresamos la práctica médica al mercado y seguimos creyendo que el gobierno nos puede dar salud o lo que sea; ¡estamos fritos! Y sí, el mercado también anda mal; enfermo de trampas y politiquería. Ya en USA hay médicos que se han aliado y abierto clínicas de cirugía que cobran apenas un 10% de lo que cobran otros centros que viven en el mundo del juega vivo.

    Ya los cambios se están dando y lo importante es tomar conciencia y poner atención. No será nada fácil ni grato pasar el mal tiempo neccesario para dar paso a los cambios, pero sin el purgante no hay remedio.

  • El bochorno de la cobardía moral

    Estamos ante una encrucijada gigante. Hay quienes piensan que pueden circunscribirse a sus asuntos personales puesto que el respeto a lo suyo vendrá automáticamente o, en todo caso, son otros a los que les cabe la responsabilidad por cuidar y defender la libertad de cada uno. No se percatan de la responsabilidad moral de cada cual para contribuir a que exista tal cosa como la sociedad libre. Nada está garantizado. Como ha insistido Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Es muy legítimo y necesario que cada uno se dedique a sus menesteres pero éstos no pueden sobrevivir si no se estudian los fundamentos del respeto recíproco y si no se difunden. No basta con ser una buena persona que atiende los quehaceres domésticos y laborales. Nada subsiste si no se defienden los valores del antedicho respeto recíproco desde la perspectiva ética, jurídica, histórica y económica.

    Se sabe que es más reconfortante dedicarse a la vida pacífica en la familia y en el trabajo, pero nuevamente reiteramos que no es posible evitar el inmenso riesgo que se atropellen esos derechos si no se vela por ellos. No es suficiente con no fornicar, no robar y no matar. Alexis de Tocqueville consignó que el problema básico irrumpe en las sociedades en las que ha habido gran progreso moral y material y se da eso por sentado. Se requiere -se demanda- un esfuerzo constante. No se trata de abandonar las faenas en las que uno está, se trata de destinar una parte aunque más no sea pequeña para que aquellas faenas puedan continuar de modo pacífico.

    Hay muchas maneras de proceder en este sentido, la más eficaz es la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero en modo alguno esto se agota en estas actividades para los que no tengan posibilidad de acceder. Por ejemplo, una forma muy fértil consiste en los ateneos de lectura donde se reúnen en casa de familia cuatro o cinco personas para debatir un buen libro: por turno uno expone y el resto debate. Esto tiene inmenso efecto multiplicador en las familias, en las reuniones sociales y en los ámbitos de trabajo. No tiene sentido sostener que uno no está preparado para esas cuestiones, nadie nace con la preparación, todos deben hacer esfuerzos para capacitarse. Es muy cómodo alegar que otros tienen la vocación por defender los principios de la sociedad libre, a todos les atrae mucho más dedicarse a ganar dinero y aplicarlo a los placeres de la vida armoniosa y gratificante, pero a todos les compete la mencionada responsabilidad. No puede esperarse a que la invasión de los bárbaros destruya todo. Cuando no quede nada en pie será tarde para los lamentos.

    Como se ha dicho, el asunto no es preocuparse sino ocuparse y no valen las exclamaciones y las críticas de sobremesa para luego de haber engullido alimentos dedicarse a los intereses personales cortoplacistas. El abandono de las aludidas responsabilidades indelegables conduce indefectiblemente al desastre. En verdad el darle la espalda a esta misión inherente a la civilización es nada menos que cobardía moral.

    No se trata de actuar como si estuviéramos en una inmensa platea mirando al escenario donde supuestamente estarían los que deben ocuparse, se trata de contribuir a sostener la conducta civilizada, lo contrario es una buena receta para que se desplome el teatro. No puede pretenderse ser free-riders de otros (garroneros en criollo) por más que en general se trate de muy buenas personas que creen en la libertad.

    Resulta paradójico en verdad que se diga que la suficiente difusión de las buenas ideas es el único camino para retomar uno de cordura y, sin embargo, se concluye que es altamente inconveniente pretender expresarlas ante el público. Parecería que estamos frente a un callejón sin salida, pero, mirado de cerca, este derrotismo es solo aparente.

    Ortega escribe en el prólogo para franceses de Rebelión de las masas: “Mi trabajo es oscura labor subterránea de minero. La misión del intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que el político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban” y en el cuerpo del libro precisa que en el hombre masa “no hay protagonistas, hay coro” y en el apartado titulado “El mayor peligro, el Estado” concluye que “el resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno”.

    Por su parte, Le Bon en La psicología de las multitudes afirma que “las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio de civilización, son aquellas realizadas en las ideas” pero que, al mismo tiempo, “poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción” y, en general, “solo tienen poder para destruir” puesto que “cuando el edificio de una civilización está ya carcomido, las muchedumbres son siempre las que determinan el hundimiento” ya que “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”.

    Entonces, ¿cómo enfrentar la disyuntiva?. Los problemas sociales se resuelven si se entienden y comparten las ideas y los fundamentos de la sociedad abierta pero frente a las multitudes la respuesta no solo es negativa porque la agitación presente en ellas no permite digerir aquellas ideas, sino que necesariamente el discurso dirigido a esas audiencias demanda buscar el mínimo común denominador lo cual baja al sótano de las pasiones. Como explica Ortega en la obra referida, “el hombre-masa ve en el Estado un poder anónimo y como él se siente a sí mismo anónimo -vulgo- cree que el Estado es cosa suya” y lo mismo señala Friedrich Hayek en Camino de servidumbre en el capítulo titulado “Por qué los peores se ponen a la cabeza”.

    Desde luego que, como hemos apuntado en otras ocasiones, la paradoja no se resuelve repitiendo los mismos procedimientos puesto que naturalmente los resultados serán idénticos. El asunto es despejar telarañas mentales y proponer otros caminos para consolidar la democracia y no permitir que degenere en cleptocracias como viene ocurriendo de un largo tiempo a esta parte. La perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata en esta instancia del proceso es minimizar los desbordes del Leviatán.

    Hay quienes en vista de este panorama la emprenden irresponsablemente contra la democracia sin percatarse que en esta etapa cultural la alternativa a la democracia es la dictadura con lo que la prepotencia se arroga un papel avasallador y se liquidan las pocas garantías a los derechos que quedan en pie. Confunden el ideal democrático cuyo eje central es el respeto de las mayorías por el derecho de las minorías, con lo que viene ocurriendo situación que nada tiene que ver con la democracia sino más bien con dictaduras electas.

    Y para fortalecer las ideas lo último que se necesita es un líder puesto que, precisamente, cada uno debe liderarse a sí mismo lo cual es completamente distinto de contar con ejemplos, es decir referentes que es muy diferente por la emulación a que invitan no solo en el terreno de las ideas sino en todos los aspectos de la vida (esto a pesar de los múltiples cursos sobre liderazgo que en el sentido de mandar y dirigir están fuera de lugar, incluso en el mundo de los negocios donde se ha comprendido el valor de la dispersión del conocimiento y el daño que hace el énfasis del verticalismo.)

    El núcleo de las ideas es siempre iniciado por una minoría. Albert Jay Nock escribió un ensayo en 1937 reproducido en castellano en Buenos Aires (Libertas, Año xv, octubre de 1998, No. 29) titulado La tarea de Isaías (“Isaiah´s Job”). En ese trabajo subraya la faena encargada al mencionado profeta bíblico de centrar su atención en influir sobre la reducida reserva moral (remnant en inglés): “De no habernos dejado Yahvéh un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos”. A partir de lo consignado, Nock elabora sobre lo decisivo del remnant al efecto de modificar el clima de ideas y conductas y lo inconducente de consumir energías con multitudes. Concentrarse en ser personas íntegras y honestas intelectuales en lugar de los timoratas que tienen pánico de ir contra la corriente aun a sabiendas que lo “políticamente correcto” se encamina a una trampa fatal. Necesitan el aplauso, de lo contrario tienen la sensación de la inexistencia. Borges escribió sobre aquellos que se ufanan por aparecer como alguien “para que no se descubra su condición de nadie.”

    Hay incluso quienes podrían ofrecer contribuciones de valor si fueran capaces de ponerse los pantalones y enfrentar lo que ocurre con argumentos sólidos y no con mentiras a medias, pero sucumben a la tentación de seguir lo que en general es aceptado. No se percatan de la inmensa gratificación de opinar de acuerdo a la conciencia y de la fenomenal retribución cuando aunque sea un alumno, un oyente o un lector dice que lo escuchado o leído le abrió nuevos horizontes y le cambió la vida. Prefieren seguir en la calesita donde en el fondo son despreciados por una y otra tradición de pensamiento puesto que es evidente su renuncia a ser personas íntegras que puedan mirarse al espejo con objetividad.

    Y no es cuestión de alardear de sapiencia, todos somos muy ignorantes y a medida que indagamos y estudiamos confirmamos nuestro formidable desconocimiento. Se trata de decencia y sinceridad y, sobre todo, de enfatizar en la imperiosa necesidad del respeto recíproco. Si estuviéramos abarrotados de certezas la libertad no tendría sentido.

    Por otro lado, si nos quejamos de los acontecimientos, cualquiera éstos sean, el modo de corregir el rumbo es desde el costado intelectual, en el debate de ideas y en la educación. Como se ha señalado en incontables oportunidades, los socialismos son en general más honestos que supuestos liberales en cuanto a que los primeros se mantienen firmes en sus ideales, mientras que los segundos suelen retroceder entregando valores a sabiendas de su veracidad, muchas veces a cambio de prebendas inaceptables por parte del poder político o simplemente en la esperanza de contar con la simpatía de las mayorías conquistadas por aquellos socialistas debido a su perseverancia.

    Ya he puesto de manifiesto en otra ocasión que la obsesión por “vender mejor las ideas para tener más llegada a las masas” es una tarea condenada al fracaso, principalmente por dos razones. La primera queda resumida en la preocupación de Nock en el contexto de “la tarea de Isaías”. El segundo motivo radica en que en la venta propiamente dicha no es necesario detenerse a explicar el proceso productivo para que el consumidor adquiera el producto. Es más que suficiente si entienden las ventajas de su uso. Cuando se vende una bicicleta o un automóvil, el vendedor no le explica al público todos los cientos de miles de procesos involucrados en la producción del respectivo bien, centra su atención en los servicios que le brindará el producto al consumidor potencial. Sin embargo, en el terreno de las ideas no se trata solo de enunciarlas sino que es necesario exponer todo el hilo argumental desde su raíz (el proceso de producción) que conduce a esta o aquella conclusión. Por eso resulta más lenta y trabajosa la faena intelectual. Solo un fanático acepta una idea sin la argumentación que conduce a lo propuesto. Además, los socialismos tienen la ventaja sobre el liberalismo que van a lo sentimental con frases cortas sin indagar las últimas consecuencias de lo dicho (como enfatizaba Hayek, “la economía es contraintuitiva” y como señalaba Bastiat “es necesario analizar lo que se ve y lo que no se ve”).

    Por eso es que el aludido hombre-masa siempre demanda razonamientos escasos, apuntar al común denominador en la articulación del discurso y absorbe efectismos varios. Por eso la importancia del remnant que, a su vez, genera un efecto multiplicador que finalmente (subrayo finalmente, no al comienzo equivocando las prioridades y los tiempos) llega a la gente en general que a esa altura toma el asunto como “obvio”. Para esto las minorías que abren camino a las ideas deben ser apoyados y alimentados por todas las personas responsables. Y si la idea no llega a cuajar debido a la descomposición reinante, no quita la bondad del testimonio, son semillas que siempre fructifican en espíritus atentos aunque por el momento no puedan abrirse paso.

    Tal como ha escrito Juan Bautista Alberdi en 1841 donde vaticinó lo que sería su largo esfuerzo de prédica que comenzó en 1836 con su tesis doctoral que se negó a jurarla por el tirano Rosas y que culminó en la Constitución liberal argentina de 1853/60: “Siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio de las actuales ideas” (Obras completas, tomo II, p. 134).

    En resumen, debe dejarse de lado la comodidad y poner manos a la obra. No estaríamos en la situación en la que estamos si todos los que se dicen partidarios de la libertad contribuyeran a estudiar y difundir sus fundamentos. Estimo que es pertinente para ilustrar cómo es que nunca se desperdician las contribuciones bienhechoras de las personas íntegras -aún operando en soledad- lo apuntado por la Madre Teresa de Calcuta cuando le dijeron que su tarea era de poca monta puesto que “es solo una gota de agua en el océano” a lo que respondió “efectivamente, pero el océano no sería el mismo sin esa gota”.

  • El abandono de la virtud

    El respeto recíproco tan indispensable para convivir civilizadamente a la larga no puede subsistir si no se cuenta con una extendida incorporación de la virtud como valor esencial.

    En uno de mis primeros libros fabriqué una definición de liberalismo que tengo la satisfacción que intelectuales que aprecio mucho la citan con frecuencia. Esta definición dice que el liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Se trata del uso de la fuerza solamente cuando hay lesiones de derechos, todo lo demás debe respetarse aunque no compartamos otros proyectos de vida. Más aún, el test definitivo del respeto es cuando no solo no compartimos el proyecto de vida ajeno sino cuando lo consideramos repulsivo. Y no digo tolerancia puesto que estimo es una expresión que revela cierto tufillo inquisitorial, ya que presume que el que tolera perdona los errores ajenos. Esta es la columna vertebral de la sociedad libre donde los derechos se resumen a la vida, la propiedad y la libertad. Este es el modo de facilitar e incentivar la cooperación social y el consiguiente progreso.

    Habiendo dicho esto consigno que ese respeto recíproco tan indispensable para convivir civilizadamente a la larga no subsiste si no se cuenta con una extendida incorporación de la virtud como valor esencial. La declinación de la virtud se transforma en falta de consideración al prójimo y en el deterioro y posterior degradación del antedicho respeto irrestricto y así sucumbe la sociedad libre. En otros términos, el aludido respeto se convierte en falta de respeto con lo que es necesario destacar que esa consideración interpersonal debe ser acompañada por cierta dosis mínima de respeto intrapersonal, es decir autorrespeto que se pone de manifiesto en las conductas. En resumen, el respeto irrestricto hacia terceros es condición necesaria y suficiente pero si no se mantiene y alimenta con el ejercicio de la virtud a la larga se termina enterrando el mismísimo respeto recíproco.

    Veamos el asunto más de cerca. En primer lugar debe subrayarse que la virtud consiste en la conducta recta, en las manifestaciones honestas, en la sinceridad, en el decoro y en el desarrollo de las potencialidades para el bien. Esto puede sonar subjetivo y compatible con el relativismo epistemológico pero además de ser relativo el relativismo pretende darle la espalda a la noción de verdad que consiste en la concordancia entre el juicio y el objeto juzgado, en negar la noción del bien y el mal en nuestro caso de conductas visibles como lo que nutre al autoperfeccionamiento. Es lo que se ha propuesto desde Aristóteles y confirmado por autores como José Ferrater Mora en su Diccionario de filosofía. Es la debida proporción, la prudencia, la perseverancia en el mérito, el coraje de apartarse de lo que dicen y hacen otros, los modales, la privacidad y el sentido de intimidad, el pudor, la cortesía y sobre todo la moral. Ya sabemos que en una sociedad libre nada puede hacerse si no hay lesiones de derechos por más vicios que existan, solo puede procederse vía la educación sea la informal a través de la familia o la formal en el aula. Y educación no es transmitir cualquier cosa en cualquier dirección sino la trasmisión de valores de respeto a terceros y autorrespeto, como se ha dicho desde los estoicos: “Apuntar a la perfección o el fin de cada cosa” concepto desplegado por filósofos como Kant al resaltar “la fortaleza moral en el cumplimiento del deber”.

    Ejemplifiquemos primero con los modales sobre lo que he escrito antes pero es del caso reiterar ya que se refiere a la manifestación externa de lo que ocurre en el interior de la persona y luego vamos a la educación sobre lo que también me he pronunciado. “El hábito no hace al monje” reza un conocido proverbio, a lo que Jacques Perriaux agregaba “pero lo ayuda mucho”. Las formas no necesariamente definen a la persona, pero ayudan al buen comportamiento y hacen la vida más agradable a los demás.

    Hoy en día, en gran medida se ha perdido el sentido del buen hablar. En primer lugar, debido al uso reiterado de expresiones soeces. Las denominadas “malas palabras” remiten a lo grotesco, a lo íntimo, a lo repugnante y a lo escandaloso. Los que no recurrimos a esas expresiones no es por carencia de imaginación (personalmente se me ocurren variantes bastante creativas), es debido a la comprensión del hecho de que si se extiende esa terminología, todo se convierte en un basural, lo cual naturalmente se aleja de la excelencia y las conversaciones bajan al nivel del subsuelo. Por su parte, los términos obscenos empobrecen el lenguaje y como este sirve para pensar y para la comunicación, ambos propósitos se ven encogidos y limitados a un radio estrecho.

    Entonces, aquello de que “el hábito no hace al monje, pero lo ayuda mucho” pone en evidencia una gran verdad y es que las apariencias, los buenos modales y, en general, la estética, tienen una conexión subliminal con la ética. Cuanto más refinados y excelentes sean los comportamientos y más cuidados los ámbitos en los que la gente se desenvuelve, más proclive se estará a lograr buenos resultados en la cooperación social y el indispensable respeto recíproco como su condición central.

    Claro que un asesino serial puede estar encubierto y amurallado tras aparentes buenos modales, pero de todos modos los buenos signos exteriores tienden a reforzar y a abrir cauce al antes mencionado respeto recíproco. Se ha dicho en diversas oportunidades que en la era victoriana había mucho de hipocresía, lo cual es cierto de todas las épocas, pero no cambia el hecho de que en esa etapa de la historia el ocultamiento de lo malo traducía un sentido de vergüenza que luego se perdió bajo el rótulo de una supuesta “apertura mental” que más bien se abrió a la bosta que puso al descubierto las inmoralidades más superlativas con la pretensión de hacerlas pasar por acciones nobles y “modernas”.

    Como queda dicho, las normas morales aluden al autorrespeto y al respeto al prójimo en las respectivas preservaciones de las autonomías individuales basadas en la dignidad y la autoestima. De más está decir que lo dicho nada tiene que ver con el dinero, sino con la conducta, lo que ocurre es que en las sociedades abiertas los que mejor sirven los intereses de los demás son los que prosperan desde el punto de vista crematístico y, por ende, se espera de ellos el ejemplo, lo cual en los contextos contemporáneos ha mutado, puesto que en gran medida esos patrimonios no son fruto del servicio al prójimo, sino de la rapiña lograda con el concurso de gobernantes que se han extralimitado en sus funciones específicas de proteger derechos para, en su lugar, conculcarlos. Mal puede esperarse ejemplos de una banda de asaltantes.

    La literatura, la escultura, la pintura y la música son evidentemente manifestaciones de cultura por antonomasia. Sin embargo, en la actualidad Carlos Grané apunta en «El puño invisible: arte, revolución y un siglo de cambios culturales», que el futurismo, el dadaísmo, el cubismo y similares son manifestaciones de banalidad, nihilismo, vulgaridad, escatología, violencia, ruido, insulto, pornografía y sadismo (en el epígrafe de su libro aparece una frase del fundador del futurismo, Filippo Tommaso Marinetti, que reza así: “El arte, efectivamente, no puede ser más que violencia, crueldad e injusticia”).

    ¿Qué ocurre en ámbitos cada vez más extendidos en aquello que se pasa de contrabando como arte? Es sencillamente otra manifestación adicional de la degradación de las estructuras axiológicas. Es una expresión más de la decadencia de valores. En este sentido, otra vez, se conecta la estética con la ética. No se necesitan descripciones acabadas de lo que se observa cuando a diario se exhiben sin pudor alguno: alarde de fealdad, personas desfiguradas, alteraciones procaces de la naturaleza, embustes de las formas, alaridos ensordecedores, luces que enceguecen, batifondos superlativos, incoherencias múltiples y mensajes disolventes. En el dictamen del jurado del libro mencionado de Grané -que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco (presidido por Fernando Savater), en Guadalajara- se deja constancia de “los verdaderos escándalos que ha vivido el arte moderno”.

    ¿Qué puede hacerse para revertir semejante espectáculo? Sólo trabajar con paciencia y perseverancia en la educación, es decir, en la trasmisión de principios y valores que dan sustento a todo aquello que puede en rigor denominarse un producto de la humanidad, alejándose de lo subhumano y lo puramente animal, en un proceso competitivo de corroboraciones y refutaciones que apunten a la excelencia y no a burlarse de la gente con apologías de la fealdad y explotar el zócalo del hombre con elogios a la indecencia, la ordinariez y la tropelía.

    Incluso la forma en que nos vestimos transmite nuestra interioridad. La elegancia y la distinción se dan de bruces con lo deliberadamente zaparrastroso en el contexto de modales nauseabundos, ruidos guturales patéticos que sustituyen la fonética elemental. La bondad, lo sublime, lo noble y reconfortante al espíritu naturalmente hacen bien y fortalecen las sanas inclinaciones. El morbo, el sadismo, lo horripilante y tenebroso degrada. Ingleses que transmitían radio en el medio de la nada en África durante la Segunda Guerra Mundial lo hacían vestidos de smoking “to keep standards up”.

    El deterioro en los modales que subestima la calidad de vida al endiosar la grosería y lo chabacano también tiende a anular el sentido de las expresiones ilustrativas que se consideran pasadas de moda. Ya Confucio, quinientos años antes de Cristo, escribió: “Son los buenos modales los que hacen a la excelencia de un buen vecindario. Ninguna persona prudente se instalará donde aquellos no existan” y, en 1797, Edmund Burke sostenía que para la supervivencia de la sociedad civilizada “los modales son más importantes que las leyes”.

    Estimo que antes de las respectivas especializaciones profesionales, debería explorarse el sentido y la dimensión de la vida, para lo cual hay una terna de libros extraordinarios que merecen incorporarse a la biblioteca: The Philosophy of Civilization de Albert Schweitzer, Adventures of Ideas de Alfred N. Whitehead y Human Destiny de Pierre Lecomte du Noüy. Después de esa lectura tan robusta y de gran calado, entre otras muchas cosas, se comprenderá mejor el apoyo logístico que brinda la cobertura de los modales para preservar las autonomías individuales.

    Es de esperar que personas inteligentes y que también hacen aportes en diversos campos abandonen la grosería de sus expresiones al efecto de contribuir a la construcción de una sociedad civilizada y se percaten de que la cloaca verbal se encamina a la cloaca. Reiteramos que nada puede hacerse en una sociedad libre para revertir conductas que no lesionan derechos de terceros, solo a través de la educación, es decir, antes que nada, la trasmisión de valores. Y esto no puede ocurrir allí donde la educación se convierte en adoctrinamiento y politización lo cual es parido desde el momento en que se acepta la existencia de aquella cachetada a la inteligencia cual es el ministerio de educación con la pretensión de imponer estructuras curriculares que constituyen la antítesis del proceso educativo que por definición requiere abrir puertas y ventanas a la competencia y a las auditorías cruzadas. En este contexto la llamada educación privada está privada de toda independencia.

    En esta línea argumental, la “educación pública” es una fachada para ocultar su verdadera naturaleza cual es la educación estatal, una expresión que no se usa porque es tan desagradable como el periodismo estatal o arte estatal. La educación privada es también para el público. El tema para nada consiste en descalificar a profesores que se desempeñan en el área estatal, por el contrario los hay muy esmerados y competentes. El asunto estriba en los incentivos: no es lo mismo la forma en que se toma café y se encienden las luces cuando uno paga las cuentas respecto de cuando se obliga a otros a hacerlo con el fruto de sus trabajos. Por ende, todos los establecimientos educativos estatales deberían entregarse al claustro existente y en la transición a las personas que tienen las condiciones intelectuales pero no cuentan con los ingresos suficientes debería entregárseles vouchers o créditos educativos para que apliquen a la institución privada que prefieran de todas las ofertas disponibles. Esto es financiar la demanda y no la oferta para evitar toda la parafernalia de la administración de activos en manos de la burocracia. Por último en esta materia, cuando resulten necesarias las acreditaciones debieran hacerse como era originalmente en el continente europeo y especialmente el la época colonial estadounidense: academias y entidades privadas también en competencia para acreditar a los efectos de lograr el mayor grado de excelencia posible.

    Ahora se discute acaloradamente en nuestro medio si debe imponerse la educación sexual y el llamado “lenguaje inclusivo” en los colegios, un debate absurdo siempre impuesto desde el vértice del poder en lugar de abrir las posibilidades de competir en instituciones todas privadas y ajenas al ámbito de la fuerza.

    No se trata entonces de limitarse a la queja por la degradación de valores y las amenazas al sine que non de la convivencia civilizada de respeto recíproco, se trata de abandonar la vaca sagrada de nuestro tiempo cual es la llamada educación estatal puesto que las botas, es decir, el monopolio de la vilencia que denominamos gobierno no debiera entrometerse en una función tan privativa de cada cual que por otra parte perjudica especialmente a los más necesitados que se ven obligados a financiar estas politizaciones vía la reducción de sus salarios e ingresos en términos reales. Hay quienes destacan la importancia de la educación -aun sin compartir mi propuesta- pero en simultáneo recurren a lenguaje soez…no saben de qué hablan.

  • Derecho de los animales y situaciones límite

    Como es sabido, el derecho significa la facultad de disponer de lo propio, comenzando por el propio cuerpo, siguiendo con la expresión de los pensamientos de cada cual, completado con el uso de lo adquirido de modo legítimo. En este contexto, a todo derecho corresponde una obligación. Si una persona dice que gana mil en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si esa misma persona dijera que tiene “el derecho” de obtener dos mil aunque su salario es de mil, si se otorgara semejante “derecho” inexorablemente querría decir que se ha expropiado a otro en el fruto de su trabajo por la diferencia. Se trata entonces de un pseudo derecho pues para otorgarlo se ha lesionado el derecho de terceros.

    Vivimos la era de los pseudo derechos: “derecho a una vivienda adecuada”, “derecho a un salario suficiente”, “derecho a una motocicleta”, “derecho a tantos hidratos de carbono o vitaminas”, derechos que no solo se dan de bruces con la noción más elemental del derecho sino que perjudican a todos, muy especialmente a los más vulnerables al vivir en un clima de destrucción de marcos institucionales civilizados. Por eso es tan relevante la igualdad ante la ley donde todos tienen los mismos derechos, lo cual no ocurre allí donde se pretende la igualdad mediante la ley, es decir la guillotina horizontal que apunta a nivelar a todos lo cual aniquila la cooperación social vulnerando acuerdos entre las partes y destruye la noción del contrato que remite a derechos de propiedad.

    La asignación de derechos de propiedad resulta esencial para la supervivencia de la sociedad puesto que permite liberar energía creadora para usar del mejor modo posible los siempre escasos recursos. En este plano, todos para mejorar sus situaciones se ven obligados a mejorar la condición social de sus semejantes. El que acierta obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos lo cual va a contramano de los que se alían con el poder político de turno para explotar miserablemente a sus congéneres. Robar una bicicleta es un delito mucho menor a inyectar polución al ambiente pues el monóxido de carbono ataca los pulmones de los vecinos, del mismo modo que constituye un delito volcar ácido sulfúrico en el jardín del prójimo.

    Por otra parte, la propiedad permite que cada uno se dedique a sus actividades en un proceso que maximiza el bienestar. Antes he usado el ejemplo que esgrime el periodista John Stossel quien ilustra el asunto con un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado. Nos invita a cerrar los ojos e imaginar en regresión los pasos para llegar a ese producto. Los agrimensores calculando espacios en los campos, los alambrados y los postes (solo esto último demanda unos treinta años entre el sembrado, la tala, los transportes, los almacenamientos, las cartas de crédito, los aserraderos, la contratación de personal, los mercados inmobiliarios para adquirir terrenos etc etc), las cosechadoras, los fertilizantes, los plaguicidas, el ganado vacuno, los caballos, las riendas y monturas, los peones, las aguadas y bebederos, la manga, las viviendas, las gestiones bancarias y demás faenas. Cada uno hace lo suyo sin tener la menor idea de las infinitas etapas que llevan al bien final mencionado. Todos se intercambian vía el formidable proceso que marcan los precios como un sistema de información y coordinación hasta que irrumpen los megalómanos de siempre que dicen que “no se puede dejar las cosas a la anarquía del mercado” y por ende fijan precios (en verdad simples números puesto que los precios por definición reflejan estructuras valorativas de las partes, en cambio los números de marras solo exhiben los caprichos de los burócratas que en lugar de permitir la difusión de conocimiento concentran ignorancia). Con este estatismo enfermizo, finalmente no hay carne, ni celofán, nada en las góndolas y tienden a desaparecer los supermercados.

    Como es de conocimiento público, desde la Carta Magna de 1215 las constituciones son para limitar el poder político, sin embargo en la actualidad son en gran medida documentos que le otorgan carta blanca a los agentes del aparato estatal para que abusen de los derechos de los gobernados quienes en lugar de sentirse protegidos se sienten perseguidos y aplastados por un Leviatán desbocado.

    Hecha esta necesaria introducción veamos el caso de los supuestos “derechos” de los animales, un desatino puesto que no son sujetos de derecho: si un elefante destroza nuestro jardín no lo podemos llevar a tribunales para que responda ya que tampoco puede demandarse responsabilidad por el consiguiente respeto a los derechos de terceros. El ser humano es racional lo cual no quiere decir que no se equivoque ni que se abstenga de recurrir a silogismos contrarios a la lógica. Cuando los médicos de antaño colocaban sanguijuelas en el pecho de infartados no era que se trataba de irracionales sino que usaban el conocimiento disponible al momento. La ciencia pone de manifiesto un proceso de prueba y error en el contexto de refutaciones permanentes para progresar. Fuera de los actos reflejos, toda la conducta del ser humano que se sustenta en la elección, preferencia y opción por más que su proceder resulte disparatado a criterio de otros. El animal no racional no tiene libre albedrío, no actúa, solo reacciona frente a ciertos estímulos.

    Esto no quiere decir para nada que se considere adecuado el procedimiento que conduce al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal. Decimos ciertos especímenes puesto que si se es considerado con las bacterias la especie humana desaparecería, lo mismo puede decirse eventualmente con la cucarachas o las serpientes venenosas cerca de viviendas. Sin duda que resulta un espectáculo bochornoso el daño deliberado a perros o caballos solo para citar dos casos, incluso hoy día es muy provechoso y educativo observar a los modernos domadores con el cariño y cuidado que hacen su oficio abandonando por completo los métodos salvajes de domadores anteriores que les parecía un acto de coraje el pegarles rebencazos y clavando espuelas a los pobres animales.

    El punto aquí señalado consiste en subrayar el significado del derecho al efecto de no confundir conceptos. Es realmente llamativo que los que pretenden incrustar la idea del derecho en el campo animal son en general partidarios del homicidio en el seno materno, mal llamado aborto, con lo que se desconoce que desde el momento de la fecundación del óvulo hay un ser humano en acto, en potencia de muchas otras características con una carga genética única distinta de la de la madre y el padre. Es en verdad curioso que se pretenda implantar de contrabando “derechos” animales y se aniquile a seres humanos indefensos.

    Todo esto sin mencionar la matanza de animales para la alimentación como ganado vacuno, peces y equivalentes, lo cual no justifica el denominado “deporte de la caza” en el que el aniquilamiento es una diversión, del mismo modo que a nuestro juicio la corrida de toros pone de manifiesto una carnicería impropia de humanos.

    Finalmente, ahora vamos en una cápsula a las situaciones consideradas límite, denominadas en ingles “life boats situations” íntimamente vinculadas al tratamiento de los derechos de propiedad. Estas situaciones extremas se suelen presentar en el escenario de un naufragio donde hay menos botes salvavidas que posibles ocupantes. En este caso el capitán del barco como representante de los dueños de la embarcación decidirá quienes pueden usar y quienes no pueden usar los botes. Y si suponemos que el capitán muere en el naufragio el uso y disposición de los botes retrotrae al origen de la propiedad tal como lo expuso modernamente primero Robert Nozick y luego Israel Kirzner refinando la tesis de John Locke, es decir, los primeros ocupantes son los dueños de facto. Para un análisis detallado respecto a diversos andamiajes conceptuales y ángulos de estudio referidos a casos extremos, remito a mi ensayo titulado “David Miller and Life Boats Situations: a Note” originalmente publicado en Gulf Islands Review. A Journal of Ideas on Economic, Historical and Political Debate, Primer Cuatrimestre de 2010 que se reproduce en el post-scriptum de mi libro Maldita coyuntura (Buenos Aires, Grupo Unión, 2020).

  • El Quijote o un gestor de contraseñas para crear claves complejas que podamos recordar

    La primera vez que se tenga constancia del uso o la invención de una contraseña es en el año 1961. Ese año, los científicos del MIT tuvieron que inventar un sistema para poder compartir un dispositivo al que se conectaban de manera compartida diferentes usuarios. Necesitaban poder diferenciar quién accedía en cada momento. Así surgieron los nombres de usuarios y las contraseñas.

    Su uso se fue popularizando con las diferentes aplicaciones que se iban desarrollando a medida que pasaban los años. El sistema permitía, y sigue siendo así, que las aplicaciones puedan saber quién es la persona con la que están interactuando y así guardar los datos personalizados para cada una.

    A principio de siglo, los bancos empezaron a operar masivamente en internet, y comenzaron a surgir problemas más serios con las contraseñas. Con el tiempo, los ciberdelincuentes se dieron cuenta de que esas claves eran fáciles de descubrir.

    Del 123456 a las preguntas de seguridad

    La gente se acostumbra a utilizar claves fáciles de recordar, como las más típicas de 123456, nombres de personas y años, nombres de mascotas, lugares conocidos que hemos visitado o donde vivimos y equipos de fútbol. Todas estas contraseñas son muy fáciles de recordar y de usar, pero los ciberdelincuentes pueden descubrirlas muy rápidamente buscando un poco de información sobre las personas.

    Además, como había problemas también de contraseñas que se olvidaban, se inventaron inicialmente una serie de preguntas fijas a las que el usuario debía responder con la misma información que había introducido en el momento de darse de alta. La más típica: el nombre de la mascota.

    Recordemos el ataque que sufrió hace años Paris Hilton. Los ciberdelincuentes pudieron entrar en los archivos que tenía guardados en el móvil simplemente respondiendo a la pregunta del nombre de su mascota (un chihuahua del que no se separaba). Respondiendo acertadamente, pudieron recuperar la contraseña de Hilton.

    Los primeros consejos para crear contraseñas

    En el año 2003, Bill Burr, gerente del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, redactó un documento en el que recopiló un conjunto de trucos para crear las contraseñas más seguras.

    Burr introdujo la pauta de mezclar letras, números, mayúsculas, minúsculas y caracteres especiales y de una longitud mínima para crear así contraseñas más complejas que las que usaba mayoritariamente la gente por aquel entonces. Pensaba que había realizado una buena obra y ayudado a las personas, pero fue todo lo contrario.

    Burr acabó pidiendo perdón por crear este documento y estos trucos. Había concebido un sistema que obligaba al usuario a recordar contraseñas muy complejas imposibles de retener. Podríamos acordarnos de una o incluso alguna persona de dos, pero con la cantidad de servicios que actualmente tenemos en internet, este sistema es precisamente lo contrario a lo que pretendía ser. Las contraseñas que no tienen ningún sentido para las personas son olvidadas rápidamente.

    Programas que encuentran contraseñas

    Partir de una palabra conocida (que suele ser una palabra común), cambiar números y algún signo no es una buena solución. Además de ser mucho más complejo de recordar, nos da la sensación de protección, de usar un sistema completamente seguro de contraseña, pero es todo lo contrario.

    Existen programas informáticos que generan contraseñas a partir de listas de palabras de un diccionario. Van cambiando números por letras o les añaden números delante o detrás o incluso caracteres especiales.

    Estas herramientas permiten así generar combinaciones completamente aleatorias de estas letras, números y caracteres, o permutaciones de letras y números a partir de unas cuantas palabras conocidas que pueden ser más o menos afines a las personas que se quiere atacar. Por ejemplo, para una persona muy fanática de un determinado equipo de fútbol, podría crear combinaciones de nombres relacionados con ese equipo, con deportistas, años, etc.

    En segundos, estos programas son capaces de crear un listado con millones de combinaciones posibles de letras y números que son probados en las webs que piden un usuario y contraseña hasta dar con la correcta.

    ¿Contraseñas seguras y que podamos recordar?

    De momento, no podemos dejar de usar las contraseñas. Hoy en día todos los sistemas se basan en esta manera de identificarse. Por eso, lo mejor es tener alguna manera de utilizar contraseñas complejas que sea fácil de manejar. Hemos visto que no pueden ser palabras conocidas directamente, ni combinaciones de letras y números sin sentido que no recordamos.

    Podemos utilizar dos estrategias que nos van a permitir tener buenas contraseñas fácilmente recordables.

    • La primera es acordarnos de alguna frase de un libro o algún refrán y personalizarla para cada uno de los servicios donde queremos usar una contraseña. Por ejemplo, podemos considerar el libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, que empieza con la frase: “En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo…”. Si cogemos solo las primeras letras y los signos podemos tener una contraseña muy larga que no tenga ningún sentido: E1ldlM,dc2nqa.Pero además podemos modificar esta clave para adaptarla a la web que queremos usar. Por ejemplo, para el banco, que son cinco letras, a partir de la quinta posición insertamos un concepto relacionado con el banco, como una caja fuerte, empleando un signo de separación como +, -, ¿, :, etc. Quedaría algo así como E1ldl+FuerT+M,dc2nqa. Así solo hemos de repetir la frase e ir poniendo las letras iniciales y la web a la que hace referencia. Seguro que es más fácil acordarnos de esta contraseña que no de una combinación aleatoria de 19 caracteres.
    • Otra opción posible es el uso de un gestor de contraseñas, una aplicación que podemos instalar en el móvil o el navegador en la que podemos guardar las diferentes contraseñas que vayamos creando. De esta manera solo tendremos que acordarnos de una que desbloqueará la aplicación y podremos buscar la contraseña que necesitemos.El problema de estas herramientas es que necesitaremos siempre el móvil para mirar qué contraseña usar en cada caso y acordarnos de apuntarla, así como los cambios de estas contraseñas.Además, hay que ir con mucho cuidado a la hora de instalar una aplicación como estas porque los ciberdelincuentes lo saben y crean apps similares para que las utilicemos y les enviemos directamente todas nuestras contraseñas, entre ellas las del banco o el correo electrónico. Antes de instalar, deberemos mirar bien los comentarios que tiene la aplicación y cuándo se creó, y aún así siempre debemos desconfiar un poco. Estas herramientas son útiles, pero al final estamos confiando en una aplicación hecha por terceras personas que no conocemos, y no en la capacidad de nuestra mente de retener una frase, por ejemplo.

    Lo ideal: la autenticación en dos pasos

    Existen tres métodos para poder autenticar a una persona en un servicio, ya sea web o presencial: lo que sabemos, lo que somos y lo que tenemos. Sabemos las contraseñas (las tenemos en la memoria). Somos las huellas dactilares o el iris, en general la biometría. Y tenemos un dispositivo al que enviar un código único, el teléfono por ejemplo.

    Desde hace ya un tiempo se sabe que utilizar únicamente un factor de autenticación es un problema grave de seguridad, por eso los bancos y otros servicios ya utilizan dos. Aparte de la contraseña, nos envían un código único para validar las acciones que hacemos. Además, los teléfonos de última generación ya disponen de la biometría para gestionar los accesos a las webs que queremos guardar.

    Con un buen uso de esos factores de autenticación, las contraseñas se van a quedar muchos años con nosotros. Es muy recomendable que en todos los sistemas que lo permitan activemos ese segundo factor de autenticación, sobre todo en las webs de compras o aquellas que tengan guardada la tarjeta de crédito para comprar, el correo electrónico, etc.

    Aunque los ciberdelicuentes consigan obtener la contraseña, no podrán tener el mismo dispositivo o la misma huella dactilar. Aunque haya problemas de ciberseguridad con estos últimos métodos, no son tan sencillos de manipular y, por lo tanto, podemos estar un poco más protegidos que únicamente con el nombre de nuestra mascota o de nuestro equipo de fútbol favorito.The Conversation

    Jordi Serra Ruiz, Profesor de Ciberseguridad, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • La pésima situación económica: ¿debido al Covid o a malas decisiones?

    La pregunta del título es análoga a preguntar si la carne chamuscada se debe a la sartén o al cocinero. O, si te diagnostican un cáncer ¿a quién vas a recurrir para la cura, a los políticos o al médico de tu elección? En el caso del COVID no hubo elección sino dictadura. ¿Cómo fue qué todos nos copiamos de China, país en el que encierran a toda su población sin el menor reparo de las consecuencias?

    Y, sí, digamos que el COVID era malísimo, pero… ¿y el encierro no era malísimo y hasta peor? Esas consecuencias ya las estamos viendo en la pésima situación económica actual; lástima que la inmensa mayoría no tenga la capacidad de las “luces largas” de Omar. Vean esto: Uno de los principales estudios de todo esto lo realizó el Instituto John Hopkins en su departamento de Economía Aplicada, bajo el título de: “Literature Review and Meta-analysis of the Effects of Lockdowns on COVID-19 Mortality” (literatura de la revisión y meta-análisis de los efectos del encierro del COVID-19 en la mortalidad), en el cual se halló que en los encierros en Europa y los EE.UU. la reducción de muertes lograda fue de apenas un 0.2%.

    ¿Cuál es la gran diferencia entre quienes rechazamos el centralismo o el izquierdismo, y los que favorecemos la libertad? Y ¡ojo!, que no hablo de libertinaje sino de gobierno limitado a las funciones que son propias de una gobernanza sana. La diferencia está en que quienes creemos en la libertad rechazamos toda ropa de tamaño estándar para todos y toda situación. La lucha contra el COVID no tenía respuestas únicas sin muy variadas; y no me canso de insistir y repetir que la riqueza está en la diversidad.

    Veamos el caso de Mendoza en Argentina, que prácticamente no cerraron ni usaron máscaras y tal; y, sin embargo, tuvieron menos enfermedad y muertes que el resto del país. La Florida es otro caso ilustrativo.

    Y para ver el grado de estupidez a que pueden llegar los gobiernos, sus gobernantes y partidos politiqueros, veamos lo que ocurre hoy día en USA, en dónde su presidente, junto con el partido en el poder, o al revés, están llevándolo al desastre económico y social. O en Colombia en dónde casi la mitad de la población quiere seguir los pasos de Venezuela. Es escuchar a la secretaria del tesoro de EE.UU., Janet Yellen, que hace un año, frente al gasto desmedido del mandatario chocho, declaró: “Creo que la inflación es administrable. No anticipo que la inflación será un problema”. Ahora, el primero de junio, Yellen declara que: “Creo que yo estaba equivocada en lo de la inflación…” Ella “cree” … y todos sufrimos.

    Lo que pocos parecen entender es el grado de complejidad e interacción de los actores en una economía, que al ser intervenida produce toda clase de terribles afectaciones. ¡Por favor! lean la historieta “Yo Lápiz” de Leonard E. Reed, magistral obra que nos abre los ojos a la complejidad de la división del trabajo.

    También está el ‘Efecto Mariposa’ con lo cual Edwar Norton Lorenz, el matemático y meteorólogo estadounidense nos explicaba que aún los pequeños eventos en un sitio pueden tener grandes efectos por otro lado, dada la complejidad de nuestro mundo y del mismo universo. Que el aleteo de una mariposa en el Brasil puede causar un tornado en Tejas; ni hablar lo que un encierro de toda la población puede casuar más adelante.

    En corto, es inaudito e inadmisible que quienes se hace pasar por “autoridades”, que deben ser atendidas y que tienen el supuesto derecho de encerrar al ganado, no entiendan el alcance pernicioso de sus actos. Y, la terrible conclusión es que estas cosas las hacen a propósito y con motivos ulteriores; es decir, para asegurar el encierro de las gallinas en el gallinero.

    Creer que los subsidios y el gasto central desmedido es bueno para el pueblo pinta de cuerpo y alma a los centralistas o zorros del gallinero. Lo que necesitamos a gritos son líderes y autoridades que respeten a su gente; lo cual se traduce en enseñar a pescar y no a regalar pescado podrido.

  • La tiranía de lo colectivo

    Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Seguramente el desafío mayor de nuestra época estriba en comprender el valor descomunal de la persona. Entender que cada uno de los humanos es único e irrepetible, por ende, con potencialidades exclusivas en toda la historia de la humanidad. No hay entonces justificativo alguno para que el grupo se imponga y tuerza las inclinaciones y vocaciones de cada cual. Solo es aceptable el uso de la fuerza cuando hay lesiones de derechos, de lo contrario debe respetarse de modo irrestricto los proyectos de vida de los congéneres por más que no los suscribamos.

    El “ogro filantrópico” de Octavio Paz, es decir el aparato estatal, ha mutado su función de proteger y garantizar los derechos de la gente por su descarado atropello que anula la solidaridad y la caridad que como es sabido para que tenga sentido debe llevarse a cabo voluntariamente y con recursos propios. Lo contrario es un atraco. Un Leviatán desbocado que aniquila a la persona y como ha escrito Julián Marías, la persona no es solo lo que se ve en el espejo, es su interioridad única. Como apunta Roger Williams cada uno es extraordinario desde el punto de vista anatómico, bioquímico, y sobre todo psicológico.

    Friedrich Hayek ha mostrado las características del individualismo como protector de la dignidad de cada persona y los correspondientes incentivos para la cooperación social. Las diferencias de cada uno es lo que hace atractivo y necesario el intercambio y las relaciones interpersonales como también diría Ortega y Gasset. Si ocurriera la inmensa desgracia de ser todos los humanos iguales no habría interés ni provecho en los intercambios culturales y materiales pues todos se dedicarían a lo mismo. Como he dicho muchas veces, hasta la simple conversación resultaría en un tedio mayúsculo pues sería igual a conversar con uno mismo. En economía, la división del trabajo está basada en la desigualdad de talentos y fuerzas físicas. Por ello es que la guillotina horizontal impuesta por los gobiernos conduce a un doble estropicio: por una parte destroza los incentivos para progresar puesto que la nivelación bloquea la producción de cantidades mayores a la marca niveladora y los que esperan redistribuciones lo hacen de balde por el primer suceso. Por otra parte, aniquila la esencial igualdad ante la ley para hacerla mediante ella con lo que el marco institucional civilizado queda amputado.

    La obsesión malsana por el igualitarismo indefectiblemente conduce al empobrecimiento moral y crematístico. El delta entre los más ricos y los más pobres depende exclusivamente del comportamiento de cada uno en el supermercado y afines: al elegir con mayor o menor intensidad va estableciendo niveles de rentas y patrimonios. El comerciante que acierta con las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Solo son objetables los que la juegan de empresarios mientras se alían en una cópula hedionda con el poder político de turno para alzarse con privilegios y así explotar miserablemente a los demás.

    Habitualmente en los países más prósperos la diferencia entre el más rico y el más pobre es mayor lo cual no solo no es óbice para el progreso sino que es su condición para que los promedio ponderados de los salarios e ingresos en términos reales resulten más altos debido a la gran diversidad en un contexto donde todos cuentan con las mayores oportunidades posibles debido a dar rienda suelta a la energía creadora y a la consecuente productividad. El más eficiente como un efecto no buscado transmite su potencia a los marginales puesto que las tasas de capitalización fruto de anteriores ahorros constituyen la única causa de mayores salarios. No se trata de recursos naturales, de climas ni de etnias, se trata de mayores inversiones (como hemos ejemplificado antes, el continente africano abriga la mayor dosis de recursos naturales y la miseria está muy extendida, mientras que Japón es un cascote habitable solo en un veinte por ciento).

    Gustave Le Bon destaca las barrabasadas de los grupos a contramano del individuo y concluye que “en las multitudes lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”. En materia educativa es muy necesario abrirla a la competencia a los efectos de contar con auditorías cruzadas de las muy diversas instituciones y estructuras curriculares para lograr los máximos niveles de excelencia en un contexto donde pueda extraerse lo mejor de cada estudiante, al contrario de sistemas burocráticos que dependen del los caprichos de lo que sucede en el vértice del poder estatal en procesos de la siempre nefasta igualación.

    Estas consideraciones de más está decir no solo no se oponen a las faenas en equipo sino que las promueven como parte medular de las metas y aspiraciones individuales que muchas veces se logran de mejor manera aliados en equipos voluntariamente establecidos. Son los espíritus colectivistas los que se oponen a estas iniciativas al imponer todo tipo de cortapisas dentro de un país y al injertar tarifas, aranceles y cupos a las migraciones de personas y a la entrada de mercancías.

    Ludwig von Mises nos enseña que “la distinción principal de la filosofía social de Occidente es el individualismo. Su meta se dirige a la creación de una esfera en que el individuo es libre de pensar y actuar sin ser restringido por la interferencia de aparatos sociales de coerción y opresión, el Estado. Todos los logros espirituales y materiales de la Civilización Occidental fueron el resultado de la operación de esta libertad.” Desde luego como ha escrito Jorge García Venturini, la referencia a Occidente no alude a un lugar geográfico sino al espíritu de libertad.

    En otra oportunidad he escrito sobre lo que sigue pero dado el empecinamiento con la idolatría del colectivismo, es pertinente reiterar parte de lo dicho. Aldous Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de lo colectivo.

    Es curioso que los que usan la pantalla de la unión de todos en realidad separan y generan aislamiento y conflictos permanentes entre los miembros de la sociedad. Interfieren permanentemente en los arreglos voluntarios de sus integrantes. En definitiva alimentan una secuencia sin solución de continuidad de guerras sin cuartel de todos contra todos. Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, en lugar de abrir paso a la suma positiva donde ambas partes ganan en un acuerdo voluntario, provocan la suma cero. Los megalómanos de siempre intervienen en el mecanismo de precios con lo que indefectiblemente se generan faltantes y desajustes de todo tipo al tiempo que desdibujan los únicos indicadores con que se cuenta para saber dónde invertir y donde desinvertir al efecto de aprovechar del mejor modo los siempre escasos factores productivos.

    El individualismo machaca sobre la importancia de la descentralización del poder político y el federalismo. Rechaza de plano las cargas fiscales insoportables, deudas estatales astronómicas, inflaciones galopantes y gastos públicos desmesurados en el contexto de regulaciones que asfixian las libertades. Considera una estafa sideral los sistemas denominados de seguridad social pero que son de llamativa inseguridad antisocial debido a la succión de ingresos de todos pero con especial saña contra los más débiles.

    Las discusiones semánticas a veces no son constructivas pero como las palabras sirven para pensar y para comunicar pensamientos es a veces de interés detenerse en algunos vocablos clave. Estimamos que ese es el caso del individualismo tan vapuleado y poco comprendido en nuestra época.

    Huxley sostiene que la importante y por cierto muy verdadera visión de Eric Blair -que como es sabido firmaba con el pseudónimo de George Orwell- se refiere a la acción imperturbable y maliciosa del Gran Hermano sobre las libertades individuales, en cambio el primer autor apunta a algo peor aún, es decir, al pedido de la gente para ser esclavizada en base a lo antes descrito y especialmente debido a una educación perversa que como queda dicho donde más que educar se adoctrina con lo que las personas mutan a la condición de autómatas esclavizados. Abrigo grandes temores de lo anticipado por Huxley respecto a tecnologías de avanzada en manos de gobernantes para el control de la gente, por ejemplo, entre muchos otros casos, el peligro que encierra la digitalización coactiva de todas las transacciones monetarias para eliminar efectivos y así perturbar y dirigir de un modo más efectivo la vida y las haciendas de las personas, para no decir nada de la sugerencia de algunos energúmenos sobre la obligatoriedad de instalar un chip en el cuerpo de cada uno.

    A su vez en el terreno laboral, en el contexto del individualismo, los sindicatos se desempeñan como asociaciones libres y voluntarias y de ninguna manera como entidades que imponen representaciones y aportes forzosos ni huelgas que sean distintas al derecho a no trabajar para en vez imponer procedimientos violentos e intimidatorios para los que quieren seguir con sus tareas laborales.

    En este razonamiento debe destacarse que las llamadas “conquistas sociales” como la entronización de salarios mínimos y equivalentes indefectiblemente provocan desempleo. Y debe tenerse en cuenta que la incorporación de mayores productividades liberan recursos humanos y materiales para atender otras necesidades para lo cual los comerciantes son incentivados en la capacitación de personal al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes que las circunstancia ofrecen.

    Allí donde hay acuerdos libres entre las partes no hay tal cosa como sobrante de aquel factor indispensable para abastecer las ilimitadas necesidades de la gente. Poner palos en la rueda conduce al empobrecimiento. Cuando se dice que los gobiernos deben inmiscuirse en esta materia para equilibrar las fuerzas dispares en la contratación laboral no se tiene presente que es del todo irrelevante el estado de la cuenta corriente de las dos partes, lo definitorio son las antedichas tasas de capitalización. Las partes podrán disponer de recursos suculentos o estar en la quiebra, esto es indistinto lo trascendental es que el ingreso se establece por las tasas de capitalización y no por la voluntad y la condición de las partes.

    Milton Friedman escribe la introducción a la colección de la revista The Individualist Review que se inauguró en abril de 1961 donde señala que siguió las huellas de una entidad anterior de 1953 fundada por Frank Chodorov bajo el nombre de Intercollegiate Society of Individualists. Friedman destaca lo consignado en el editorial del primer número de la referida revista académica que apuntaba a fortalecer los valores de “la empresa privada y libre y a la estricta imposición de límites al poder del gobierno” y anunciaba se abocaría al “compromiso con la libertad”, una publicación en la que Friedman formaba parte de su Consejo Editorial y también colaboraba con ensayos de su autoría junto con otros destacados colegas. También en esa introducción Friedman apunta que el establecimiento de la Mont Pelerin Society en 1947 -la academia internacional como la denominaba Hayek- ayudó mucho a refutar las falacias tejidas en torno al individualismo y a explicar sus enormes beneficios respecto a su consideración por las autonomías individuales y el consiguiente estímulo a las más extendidas aperturas a las relaciones contractuales entre las personas de todo el globo.

    Se ha exhibido hasta el cansancio las tretas en las que está complotado un grupo para afirmar falsedades frente a gráficos varios en las pantallas que se muestran a todos y que finalmente resultan en que un sujeto no informado que se lo invita al grupo termina por sostener las mentiras que dicen todos los demás. Esto para explicar la malsana tendencia a dejarse empujar por lo colectivo.

    En resumen, el individualismo resalta y resguarda la condición humana de cada cual en cuyo contexto la función de los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno deben cuidar y preservar el derecho de cada uno de los miembros en su jurisdicción y abstenerse de manejar el fruto del trabajo ajeno. La hipocresía colectivista pretende ocultar resultados altamente negativos con un discurso mentiroso dirigido a conquistar a incautos y desprevenidos frente a la avalancha de miserias que invariablemente generan las granjas colectivas y equivalentes que siempre hundieron a la gente en las hambrunas y las miserias más desgarradoras vía de lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie. El colectivismo aplasta al individuo y a sus derechos que son anteriores y superiores a todo gobierno.

  • El encarcelamiento de Julian Assange es una vergüenza para el mundo occidental

    En estos días, el Ministerio del Interior del Reino Unido recibe  miles de cartas, correos electrónicos y llamamientos a la ministra del Interior, Priti Pate, para la liberación del periodista australiano. Actualmente, ella tiene la clave del futuro destino de Julian Assange. Ella decide si este hombre puede ser extraditado o no a los Estados Unidos, al estado cuyos crímenes de guerra en Irak y Afganistán fueron publicados por Julian Assange en la plataforma WikiLeaks en 2010.

    Si bien WikiLeaks se volvió una palabra peligrosa para los gobiernos del mundo debido a la gran cantidad de documentos filtrados elaborados por sus embajadas (incluso la de Panamá) y que pusieron al descubierto sus estrategias e intereses en diferentes países, una de sus publicaciones más serias fue, sin duda, los llamados “Papeles de Afganistán” que dejaron al descubierto las prácticas en la guerra en ese país, así como también en Iraq y en el centro de detención de Guantánamo. Desde entonces, Estados Unidos ha estado persiguiendo ferozmente al hacker periodista.

    Yendo un poco atrás, los hechos que están a punto de resolverse en pocas semanas más, son acerca de la extradición o no a los Estados Unidos por parte de Reino Unido. El problema, especialmente para los que estiman que en el caso Assange se está juzgando el derecho a la información, es que el Tribunal inglés denegó la extradición exclusivamente por los problemas de salud y las condiciones de las prisiones estadounidenses, pero no porque considerara que los hechos que se le han imputado a Assange no son delitos en el Reino Unido. Por el contrario, la sentencia afirma que la condición de periodista no lo exonera de la responsabilidad penal por violar las leyes, lo cual ha generado un enorme rechazo y crítica contra la sentencia, que representa un gran fracaso ante la libertad de información.

    Para el internacionalista Francisco Belaunde Matossian, esta última situación «es más complicada porque tiene que ver con el derecho a la libertad de prensa, pues él se puso en contacto con los medios más importantes del mundo para que se publicaran documentos considerados secretos de Estado». Para el internacionalista, este asunto es el más complejo pues derivará en una larga discusión sobre la libertad de expresión y podría llegar hasta la Corte Suprema estadounidense.

    ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Como es de público conocimiento, Wikileaks publicó en octubre de 2010 miles de documentos del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que evidenciaban claramente la inutilidad de la invasión de Irak y sobre todo, revelaba las cifras reales de muertos, en especial, entre la población civil en ese país y en Afganistán. Esa información había sido hackeada y filtrada por la ex analista del Ejército norteamericano Chelsea Manning. Un Tribunal militar condenó a Manning a 35 años de prisión, pero tras cumplir siete años fue indultada por el Presidente Obama. El indulto de Manning sin embargo, no alcanzaba a Assange, acusado de diversos delitos, entre ellos, la conspiración para acceder a la información confidencial y clasificada (se afirma que fue él quien instruyó a Chelsea sobre cómo hackear al sistema), conducta que se encuadra en la Ley de Espionaje de 1917, que contempla incluso la pena de muerte; pero a su vez,  hubiera sido imposible aplicarla sin la presencia de la indultada Manning, que fue su vía de acceso a la documentación.

    No parece coherente que Manning fuera indultada del delito de sustracción por hackeo de documentos oficiales mientras que la acusación contra el divulgador de lo sustraído ha permanecido invariable durante todos estos años. Esa grave doble vara solo puede explicarse por el posible interés de la Administración americana en mantener su jurisdicción, dar un poderoso escarmiento público y en luchar contra la existencia misma de una fuente de información como Wikileaks, lo cual va, lógicamente, más allá del caso Manning.

    Este caso también ha elevado a discusión pública sobre si existe el legítimo derecho de los Estados a tener secretos en nombre de su seguridad. Al igual que en el otro caso Snowden, ¿qué sucede cuando ese mismo estado comete acciones reprobables, a veces contra sus mismos gobernados y para ocultarlas acude a la figura de secreto de Estado?. El Estado debe ser transparente hacia sus ciudadanos, no a la inversa como nos están queriendo forzar a creer. Especialmente en Panamá lo venimos sufriendo a partir de los Panama Papers (obtenidos a partir de un hackeo/robo a un ente privado), que ha impuesto una narrativa sobre la transparencia de los ciudadanos hacia el gobierno. Pues no. Es exactamente al revés: quien maneja fondos del público, quien compromete a los ciudadanos en nombre del estado debe ser transparente en sus actuaciones.

    Los hombres nacen libres, tienen derecho a su vida, propiedad y perseguir sus sueños y su felicidad siempre y cuando no dañen a terceros. El gobierno se erige para garantizar ese disfrute: ningún funcionario nunca podrá estar por encima de esta ley natural ( «las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados».). Por cientos de años el mundo occidental se ha encargado con mayor o menor éxito, de perpetuar estos valores. Por lo mismo, lo que contemplamos hoy día, y no sólo con Julian Assange, es una vergüenza para el mundo occidental: un estado que controla la vida de sus ciudadanos, espía sus cuentas, accede a sus condiciones de salud, lo fuerza a poner su cuerpo por encima de su propio y privado interés; en fin, el lector podrá pensar y tener una idea mínima de cuántas cosas sobre él, sabe, controla y diseña el estado, y siempre en nombre de un bien superior que vaya uno a saber quién lo ha definido, siempre otros, menos uno mismo. Foucault nos contó sobre vigilar y castigar; Assange nos mostró sólo una parte de lo que se cuece en oficinas oscuras con funcionarios más oscuros aún que no rinden cuentas a nadie sobre su actuar.

    El mundo está actualmente esperando la decisión de la Ministro del Interior británico, a quien ahora le toca el turno en el largo y muy complicado procedimiento legal y quien anunciará su decisión a la esfera global a mediados de este mes.

    Si desea adherirse al movimiento global en contra de la extradición de Assange a los Estados Unidos, los mismos solicitan se les envíen cartas y/o correos electrónicos pidiéndoles que rechacen la extradición:
    1. Correo electrónico firmado a Priti Patel (y Boris Johnson): dontextraditeassange.com
    2. Carta a Priti Patel (franqueo: 1,10 €):
    Rt Honorable Priti Patel
    Secretaria del Interior
    2 Marham Street
    London
    SW1 P4 D7
    UK

  • Cuando los impuestos se vuelven asalto

    Nos plegamos al asalto fiscal, ya sea por la fuerza de leyes prostituidas o porque el sistema enseñó a muchos que es posible vivir a las patas de las mesas del banquete de pérfidos gobernantes o, simplemente por que nos acostumbramos al sistema, perdiendo de vista su inmoralidad.

    Los impuestos son, como bien lo define el mismo término, cosas que nos imponen, por vía de la fuerza o compulsión; lo cual, debería llevarnos a preguntar ¿por qué a la fuerza y no voluntariamente? ¿Dirás que mi pregunta es ingenua? ¿Lo es? Anoche veía una serie en Netflix en la cual los recaudadores del rey hacían la recolecta a punta de espada. En fin ¿puedes darme una explicación moral que justifique la imposición forzada?

    Uno de los argumentos o argucias morales mediante la cual se intenta justificar el asalto fiscal jala por el lado de la “integración social”. Es muy entretenido como le cuelgan apéndices al término “social”; la constitución de Panamá está llena de ejemplos, cada uno más bobo que el otro.

    Pero, lo que nos dicen otros es que el verdadero motivo de la recolecta coercitiva o violenta nace desde el momento en que la comunidad percibe que el gobierno anda desbocado, tanto en tamaño como en alcance. Y sí, el asunto es sumamente sencillo y lo triste es que somos todos unos congos. El gobierno es una institución social necesaria o buena, ¡sólo en su medida justa!, a punto tal que pagar los impuestos sería mayormente cosa voluntaria.

    Nos plegamos al asalto fiscal, ya sea por la fuerza de leyes prostituidas o porque el sistema enseñó a muchos que es posible vivir a las patas de las mesas del banquete de pérfidos gobernantes o, simplemente por que nos acostumbramos al sistema, perdiendo de vista su inmoralidad. Tristísimo, ya que robar es robar, y peor cuando apodamos “autoridad” a los ladrones.

    El problema yace más allá del asalto, en las consecuencias de todo ello, que las sufren los que menos tienen; al tiempo que disculpan a los ladrones y acusan a quienes, bien o no tan bien algo producen, dando economía y trabajo.

    Si revisamos la historia humana, veremos que los impuestos tienen su origen en la conquista y en la iniquidad. En el Panamá de la historia, llamada Castilla de Oro, el verdugo mayor y celador de la finca del rey, tenía sus puestos y sistemas de control y recaudo. ¿Qué diferencia podemos ver en los dominios de Al Capone o los capos en México?, que en muchos casos brindan mayor y mejor seguridad de que las mismas autoridades gubernamentales.

    Veamos lo que ocurre hoy en Panamá con los precios del combustible, que ahora, insoportables, muchos se lanzan al paro para exigir controles de precio. Pero… $0.60 de cada galón son impuestos que usa el gobierno para que “el pueblo” pueda comprar el gas licuado a $5, cuando el precio de mercado está cerca a los $20. Podrás vivir a costillas de otros por cierto tiempo, pero, tarde o no tan tarde se acaba el espejismo.

    Por otro lado, pocos conocen o entienden la desproporción entre los costos de producción o distribución y lo que cuesta superar los costos normativos y burrocráticos; sin entrar a lo de las coimas. ¿Qué más prueba requieren que el tamaño de la economía informal? ¿Conocen los costos asociados a la producción de un molde de pan? Tío pueblo pide impuesto a los relojes de oro de los ricos; pero no se dan cuenta que el verdadero costo que paga la sociedad está en esos $0.60 del combustible o el los $0.35 del pasaje del Metro, que les está costando diez veces más que eso; cosa que no sufren porque no lo ven.

    Y no entremos en las marañas de la CSS y otros instituciones públicas o privadas que desde su nacimiento no fueron más que engaño monumental; el cual, por lo visto, aprenderemos a lo rudo.

    ¿Y qué hacer al respecto? La respuesta es simple pero probablemente utópica, al menos hasta que lleguemos al colapso; ese que es la mayor de todas las escuelas. La solución y la señalé en este escrito, que está en disminuir el tamaño e intromisión del gobierno a lo que verdaderamente es su función. Ese día nacería un nuevo Panamá.

  • Lo que sabemos sobre los tiroteos masivos en escuelas de EE. UU. y los pistoleros que los llevan a cabo

    Para la mayoría de los autores, el tiroteo masivo pretende ser un acto final. La mayoría de los autores de tiroteos masivos en escuelas mueren en el ataque.

    Cuando en 1999 tuvo lugar la masacre del instituto Columbine, se consideró un momento decisivo en Estados Unidos: el peor tiroteo masivo en una escuela de la historia del país.

    Ahora, ocupa el cuarto lugar. Los tres tiroteos en escuelas que han superado su cifra de 13 víctimas mortales –12 alumnos y un profesor– han tenido lugar en la última década: el ataque de la Escuela Primaria Sandy Hook de 2012, en el que un hombre armado mató a 26 niños y profesores de la escuela; el tiroteo de 2018 en el Instituto Marjory Stoneman Douglas de Parkland (Florida), que se cobró la vida de 17 personas; y ahora el asalto a la Escuela Primaria Robb de Uvalde (Texas), donde el 24 de mayo de 2022 fueron asesinados al menos 19 niños y dos adultos.

    Somos criminólogos que estudiamos las biografías de los atacantes en tiroteos masivos en Estados Unidos. Como parte de esa investigación, construimos una base de datos exhaustiva de estos tiroteos utilizando datos públicos, con más de 200 variables diferentes, incluyendo la ubicación y el perfil racial.

    A efectos de nuestra base de datos, los tiroteos públicos masivos se definen como incidentes en los que se asesina a cuatro o más víctimas y al menos uno de esos homicidios tiene lugar en un lugar público y sin conexión con una actividad delictiva subyacente, como las bandas o las drogas.

    Nuestra base de datos muestra que desde 1966, año en que comienza su cronología, ha habido 13 tiroteos de este tipo en escuelas de todo Estados Unidos, el primero en Stockton, California, en 1989.

    Cuatro de esos tiroteos –incluyendo el de la Escuela Primaria Robb– implicaron un asesinato en otro lugar, siempre de un miembro de la familia en un domicilio particular. Se ha informado de que el atacante de este último caso disparó a su abuela antes de ir a la escuela de Uvalde, aunque esto aún no se ha confirmado oficialmente.

    Un solo tirador

    Casi todos los tiroteos masivos en escuelas han sido llevados a cabo por un solo pistolero. Sólo dos –el de Columbine y el tiroteo de 1998 en la Escuela Westside de Jonesboro, Arkansas– fueron llevados a cabo por dos pistoleros. En total, unas 146 personas murieron en los ataques y al menos 182 resultaron heridas.

    Denominar “pistoleros” a los autores de estas matanzas es acertado: todos los tiroteos masivos en escuelas de nuestra base de datos fueron llevados a cabo por hombres o niños. Y la edad media de los implicados en los ataques era de 18 años.

    Esto coincide con los detalles que han trascendido del tirador en el ataque de la Escuela Primaria Robb. Cumplió 18 años hace apenas unos días y compró dos armas de tipo militar que se cree que fueron las utilizadas en el ataque.

    La policía aún no ha revelado información clave sobre el tirador, incluyendo lo que le motivó a matar a los niños y adultos de la Escuela Primaria Robb. La imagen del tirador que ha trascendido se ajusta al perfil que hemos construido a partir de autores anteriores en algunos aspectos, pero difiere en otros.

    Diferencias y similitudes

    Sabemos que la mayoría de los atacantes de centros escolares tienen una conexión con la escuela que atacan. Doce de los catorce tiradores de nuestra base de datos antes del último ataque en Texas eran alumnos o exalumnos de la escuela. No ha sido revelada ninguna conexión previa entre el último tirador y la Escuela Primaria Robb.

    Nuestras investigaciones y docenas de entrevistas con autores de tiroteos masivos encarcelados sugieren que, para la mayoría de los autores, el tiroteo masivo pretende ser un acto final. La mayoría de los autores de tiroteos masivos en escuelas mueren en el ataque. De los 15 autores que figuran en nuestra base de datos, sólo siete fueron detenidos. El resto murió en el lugar de los hechos, casi todos por suicidio. La única excepción fue el tirador de la escuela primaria Robb, que fue abatido por la policía.

    Además, los tiradores escolares tienden a anticiparse a sus ataques dejando mensajes o vídeos en los que advierten de sus intenciones.

    Inspirados por los atacantes anteriores, algunos de estos pistoleros buscan fama y la notoriedad. Sin embargo, la mayoría de los atacantes de centros escolares están motivados por la ira. Su camino hacia la violencia implica odio a sí mismos y una desesperación que se vuelve contra el mundo.

    Nuestra investigación descubre que a menudo comunican su intención de hacer daño por adelantado como un último y desesperado grito de ayuda. La clave para detener estas tragedias es que la sociedad esté atenta a estas señales de alarma y actúe de inmediato.The Conversation

    James Densley, Professor of Criminal Justice, Metropolitan State University y Jillian Peterson, Professor of Criminal Justice, Hamline University

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.