Etiqueta: libertad

  • El anarco-capitalismo

    ¿Has oído hablar o conoces lo que es el “anarco-capitalismo”? ¿No? Puede que te resulte interesante… Se trata de una ideología que, ha dado buenos resultados en el mundo real en dónde se ha practicado; tal como en la Islandia medieval y en Cospaia, una pequeña república ubicada dentro de Italia en el norte de Umbría, que fue independiente entre 1440 a 1826. Pero estos dos sitios no son los únicos en dónde se ha puesto en práctica un gobierno minimalista con sorprendentes resultados, tanto económicos como sociales. Tal vez los panameños debíamos poner un poco de atención, ya que vamos por el camino contrario.

    Hay quienes sostienen que el gobierno es el mayor de las infamias; o, si se quiere, maldad o vileza, que afecta el honor, o el crédito de una persona; y al decir “crédito”, no me refiero al sentido común en que se usa esta palabra, asociado al crédito económico sino a las cosas, personas o entidades que son confiables. ¿Tienen ustedes ‘confianza’ en nuestros gobiernos? De hecho, el camino que lleva nuestra querida república va directo al Cerro Patacón. ¡Hay que cambiar de rumbo!

    Y hacia dónde debemos dirigirnos es hacia una sociedad capaz del autogobierno; vale decir, una sociedad que puede hacer casi todo por cuenta propia, sin tener que recurrir a los zorros del gallinero: el anarco capitalismo. Cuando vemos una población que en sus protestas portan letreros que dicen: “exigimos al gobierno que venga a resolver nuestros problemas”, podemos estar seguros no sólo de que es una sociedad en serios aprietos sino que el camino que los colocó en semejante situación se debe, más que nada, a profanos grupos oligárquicos corruptos; y de eso hay demasiado en nuestro país.

    No hay mejor gobierno que aquel que se origina en la familia, el barrio, la iglesia no prostituida, la escuela no centralizada, las asociaciones civiles; todo lo cual conforma una opinión pública saludable; muy distante a el “no a la privatización” que con tanto éxito han sembrado los zorros del gallinero istmeño en nuestro pueblo.

    Lo curioso de la historia de Acadia, es que la mayoría de sus habitantes eran personas o familias que poseían una verdadera fé, más que nada, judeo-cristiana, que se habían alejado de los feudos europeos, en dónde no existían los derechos de propiedad.

    La tendencia es ver al anarquismo como cosa mala; y sí, todo en extremos suele conducir al malandar. Pero en realidad, cuando hablo de “anarquismo”, hablo de una sociedad cuyos gobiernos son lo justo necesario para la función que es propia de la gobernanza; más allá, se va entrando en el territorio dónde pululan y prosperan los zorros. En Panamá hablamos de la “contención del gasto…” ¡ja! Lo que debemos hablar es de la contención del tamaño y alcance de nuestros gobiernos; que, si los reducimos a su justa expresión, los demás problemas irán desapareciendo.

    En Acadia la frase o concepto de “redistribución de la riqueza” tenía que ver con un sistema que buscaba la paridad en oportunidades y no el confisca, parte y reparte, para que los zorros se apropiaran de la mejor parte. Más aún, el que algunos lograran mayor caudal era visto como cosa buena, ya que en la medida de su prosperidad también mejoraban su condición los que participaban de sus actividades.

    Las políticas del anarco capitalismo practicado en Acadia no eran de coerción sino comunitarias, que surgían a partir de criterios compartidos en cuanto a lo que está bien conduce al bien; es decir, al “bienandar”. La justicia era pareja, justa y rauda. En Acadia unos no les cerraban el tránsito a otros, ya que ello es infame. El secreto está en no llegar a tal grado de cosas. Y lo que más distinguió a Acadia fue el grado de prosperidad de sus habitantes; para lo cual creían y practicaban la privatización y el mercado. Pero no el mercado del IMA, MEDUCA, IDAAN y tal.

    Lástima que todo esto llegó a su fin con la ocupación británica, y la muerte del 55% de la población que no se plegó a los mandatos de los zorros del nuevo gallinero.

  • Cuando los bomberos incendian

    Como es bien sabido una de las novelas más conocidas de Ray Bradbury titulada Farenheit 451 se ocupa de una sociedad del futuro donde los libros estarán prohibidos y los bomberos -los comisarios del conocimiento- tienen a su cargo la misión criminal de quemar a su paso todas las obras que estén a su alcance, es decir la bestialidad contracultural llevada al extremo.

    La novela de marras relata lo ocurrido con un bombero arrepentido que se une a las fuerzas de la resistencia, pero en el mundo real se piensa que solo en el régimen nazi y en el comunista del pasado han sucedido estos hechos aberrantes de la censura más brutal. No es así, no solo en los regímenes totalitarios de hoy se sucede con más o menos desparpajo la acción de la policía de pensamiento sino en lugares que se dicen parte del mundo libre se llevan a cabo episodios de muy diversas maneras de censura encubierta y no tan encubierta vía restricciones a la libertad de prensa.

    Pero en esta nota periodística quisiera mantenerme en el eje central de la trama que nos presenta Bradbury: bomberos que incendian. Eso es precisamente lo que tiene lugar cuando asumen gobiernos cuya misión consiste en garantizar y proteger derechos de los gobernados pero henos aquí que los conculcan, los atropellan, los barren aunque pretendan disfrazar las medidas con cosméticas varias para engañar a incautos. Pero falsos bomberos que en verdad incendian, vaya paradoja macabra.

    Como se ha dicho una y otra vez los pronosticadores que más han acertado con los sucesos del futuro son los Julio Verne de antes y de ahora. Aldous Huxley en su memorable Mundo feliz revisitado constituye otro caso sobresaliente donde el autor reexamina su obra original de 1932 y corrige algunos conceptos clave y publica en 1958 esta nueva versión que resulta extraordinaria excepto su preocupación sobre el exceso de población planetaria con que abre su libro.

    Me detengo un minuto en este aspecto inicial para luego zambullirme en otros de sus lados muy fértiles por cierto. Ya Malthus había escarbado y advertido sobre el asunto de la llamada sobrepoblación lo cual fue actualizado por el Club de Roma. Ambas posiciones erradas son refutadas por la experiencia de crecimientos vegetativos inmensos y simultáneamente mejoras notables en el nivel de vida, lo cual ilustra del mejor modo Thomas Sowell. Este último autor invita a considerar un ejercicio muy ilustrativo que llevó a cabo en los 70: tomar toda la población del orbe y dividirla por cuatro para acercarse a una familia tipo y colocarla en la imaginación en el estado de Texas lo cual daba como resultado 650 metros cuadrados por familia que es el equivalente del espacio habitacional de una familia tipo en Estados Unidos. También muestra que Somalía y Estados Unidos tienen la misma densidad poblacional, igual que ocurre con Calcuta y Manhattan. Esta gimnasia la realiza Sowell para demostrar que el problema no es de sobrepoblación sino de marcos institucionales que en unos casos conducen a la pobreza y en otros a la prosperidad. Agregamos nosotros al margen que las características en general de las estadísticas poblacionales ponen de manifiesto una caída en el crecimiento con lo que aparece un envejecimiento con los consiguientes problemas agudos que ponen aun más al descubierto la trampa de los sistemas de inseguridad antisocial basados en procedimientos que no se necesita ser un actuario para descubrir la encerrona y la necesidad de abandonar los sistemas de reparto quebrados para recostarse en los de capitalización.

    Pero dejemos estas disquisiciones respecto a los andamiajes poblacionales para ir a las reflexiones de Huxley en línea con la trama de Bradbury. En primer lugar, el espanto que se traduce en los consejos de “ajustarse a los demás” lo cual destruye la individualidad que es lo más preciado y característico del ser humano. En lugar de estimular lo distinto, lo creativo, lo diferente se aplasta al ser humano insistiendo que la nivelación es constructiva, repitiendo como loros que la uniformidad y la igualación es la meta con lo que se convierte a lo humano en animalismo. Escribe Huxley que “cuando se subordina los fines a los medios aparecen los Hitler y Stalin” y concluye en este apartado que debe estarse muy alerta y prevenidos con los ingenieros sociales que pretenden imponer desde el poder sus esquemas.

    Mantiene este pensador que las muchedumbres son peligrosas ya que “son caóticas puesto que no tienen propósitos propios y son incapaces de nada excepto de acciones inteligentes y pensamiento realista. Reunidas en asambleas la gente pierde su capacidad de razonar de elección moral. Se sugestionan fácilmente a un punto que dejan de lado juicios personales y voluntad propia. Son sensibles a la propaganda, a los slogans vacíos y alas sobresimplificaciones.” Es por ello que destaca la importancia decisiva de la lectura que es una faena privada y no colectiva que requiere silencio y concentración.

    Este es el cuadro de situación que permite que afloren los demagogos, es decir “la imbecilidad moral” que convierten a los súbditos en cosas que hay que manipular a costa de ellos mismos. Los cánticos, las marchas y los gritos sofocan todo indicio de razonabilidad.

    Todos nosotros, dice Huxley, decimos que “queremos la paz y la libertad pero muy pocos de nosotros mostramos entusiasmo por los pensamientos, los sentimientos y las acciones que conducen a la paz y la libertad. También se dice que se rechaza la guerra y la tiranía pero son muchos los que se regocijan con las ideas, sentimientos y acciones que conducen a la guerra y a la tiranía. Las mayores tonteras que avergonzarían a cualquiera que las escribiera o dicha puede ser cantada y coreada” en grupos vociferantes puesto que “el propio gobierno está en relación inversa a los números” en cuyo contexto “los grandes temas del día deben ser tratados a lo más en cinco minutos” ya que “el método para vender a los candidatos políticos como si fueran desodorantes”.

    Y viene luego el clímax del libro con el adoctrinamiento en lugar de la educación y en última instancia la invención de químicos que haga dóciles a la gente. En este sentido el Gran Hermano de Orwell -Eric Blair pues lo orwelliano era un pseudónimo- muestra el horror de la bota totalitaria pero la trama de Huxley va más allá y sugiere la ayuda de químicos que darán la sensación de felicidad como cobertura para imponer los caprichos del aparato estatal. En otros términos si bien es horrendo el cuadro orwelliano de los abusos del poder político esto que sugiere Huxley es mucho peor pues son las personas las que pedirían ser esclavizadas no solo vía los químicos sino a través del uso desaprensivo y temerario de herramientas tecnológicas para el control y el vaciamiento de todo vestigio humano.

    Para dejar de lado a Huxley no puedo resistir la tentación de reiterar una vez más una de las conclusiones vitales de este pensador de fuste. Escribe en Ends and Means que “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están formadas por un pequeño grupo de de gobernantes corruptos por demasiado poder y por una cantidad grande de gobernados corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable.”

    Entonces el asunto radica en fortalecer la educación que remite a la trasmisión del valor central del respeto recíproco y en el plano político debemos abrir debates al efecto de introducir nuevos límites al poder porque lo que viene ocurriendo es que se naturalizan avasallamientos a las libertades que conducen a los peores resultados, especialmente para los más vulnerables. Tenemos que repensar las salvaguardas del sistema para no ser ahogados en mares embravecidos que no nos darán tregua a menos que encontremos los botes salvavidas.

    Es muy pertinente referirnos a cuatro opiniones de muy distintas épocas para ilustrar el tema del abuso del poder en el contexto de la falsificación de la democracia. En primer lugar en la antigüedad el tribuno Cicerón: “El imperio de la multitud no es menos tiránico que el de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre de pueblo”. En segundo lugar el padre de la Constitución estadounidense James Madison que diferencia una facción de un partido político: “Por una facción entiendo un número de ciudadanos, sea mayoría no minoría, a los que guía el impulso, la pasión o los intereses comunes en dirección al conculcamiento de los derechos de otros ciudadanos”. En tercer lugar el decimonónico Herbert Spencer: “La gran superstición política del pasado era el derecho divino de los reyes. La gran superstición política del presente es el derecho divino de los parlamentos”, Y por último el contemporáneo Bertrand de Jouvenel: “Para proclamar la soberanía de cada uno sobre sí mismo es preciso que cada miembro de la sociedad tenga un dominio propio en donde sea su propio señor […] La soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción y es una ficción que a la larga no puede ser más que destructora de las libertades individuales.”

    Los bomberos que incendian no debieran ser tolerados, de lo contrario terminamos como vaticinó Algernon Sidney -el precursor de John Locke- ”unos pocos tienen coronas sobre sus cabezas mientras que todos los demás tienen monturas sobre sus espaldas”.

    Antes he apuntado que Leonard E. Read subrayaba su admiración a los Padres Fundadores en Estados Unidos pero escribió que se equivocaron al recurrir a una expresión que venía de larga data y es “gobierno” ya que significa mandar y dirigir y concluía que cada uno debe hacer eso con su persona, “lo contrario es el mismo desacierto que llamarlo gerente general al guardián de una empresa”. Efectivamente, “gobierno” deriva del verbo latino “gubernare” que es “controlar” que remite al sustantivo “mens” que aplica en última instancia al control de la mente. En base a eso es que uno de mis libros lleva el título Hacia el autogobierno publicado en Buenos Aires, por EMECÉ en 1993 con prólogo del premio Nobel en economía, James M. Buchanan. En realidad para ser precisos el monopolio de la fuerza debiera denominarse Agencia de Seguridad, Agencia de Justicia o equivalentes, precisamente dos responsabilidades que en gran medida se eluden para encarar otras actividades que son impropias de un sistema republicano. Sin duda que mucho más importante que la cuestión semántica es la dimensión deformada y sobredimensionada del aparato estatal cualquiera sea la denominación que adopte.

    Cierro este texto con una referencia autobiográfica que remite a cinco pensamientos que me resultan decisivos para calibrar una buena vida y para defenderse de los falsos bomberos que pretenden incendiar. El primero es de William Faulkner: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejores que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”. Segundo Kim Bassinger para eliminar la soberbia: “Si lo quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, que se vincula con la reflexión de Viktor Frankl que puede aparecer como contrapuesta pero que bien mirada es complementaria para alimentar proyectos sin cerrazones mentales y consecuentes dogmatismos: “No dejes que lo que es alcance a lo que debe ser”. Cuarto, Rosa Montero como proyecto de epitafio: “Nunca se conformó con lo que sabía”. Y por último una autodefinición que me recuerda a una producción cinematográfica en la que Jack Nicholson era su protagonista que hacía de psicólogo que reunía a un grupo y les pedía a cada uno que se defina a sí mismo. Cuando habló el primero comenzó a recitar su curriculum a lo que Nicholson interrumpe para aclararle que no pidió saber qué hace cada uno sino quien es, lo cual es un ejercicio muy fértil. En esta línea argumental, Inés Berton transmitió una autodefinición con la que me siento identificado: “Soy una persona-esponja puesto que absorbo mucho y pretendo entregar mucho”.

  • ¿Cuál es la mejor manera de gobernar una sociedad compleja y plural?

    Vivimos en sociedades cada vez más grandes, complejas y con numerosas diferencias internas, por lo que encontrar el mejor modo de gobernarlas supone todo un reto. Por ejemplo, ¿las acciones para afrontar una pandemia deberían coordinarse a través de una autoridad global como la Organización Mundial de la Salud o, por el contrario, coordinarse internacionalmente de manera flexible? ¿Debería existir un ente regulador global para gestionar la sostenibilidad ambiental o es mejor que los agentes locales tomen la iniciativa? ¿Deberíamos diseñar las ciudades de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba?

    Los argumentos a favor y en contra de centralizar una u otra función de gobierno pueden basarse, hasta cierto punto, en las ventajas que presenta cada una de las técnicas de gobierno. No obstante, a menudo se basan, consciente o inconscientemente, en determinados supuestos sobre los fundamentos del orden civil.

    Con frecuencia, estos no se hacen explícitos. Pero hay más de una forma de abordar el orden civil. Dos ideas han desempeñado en particular un papel importante: por un lado, la idea de orden social como producto de una planificación central de arriba hacia abajo (monocentrismo) y, por otro, la idea de orden social como producto de muchas iniciativas diversas de abajo hacia arriba que cristalizan gradualmente en una pluralidad de sistemas de gobierno unidos por costumbres y normas emergentes (policentrismo).

    Estas dos categorías son, de algún modo, reduccionistas. Implican cierta simplificación del pensamiento y las prácticas del mundo real. No obstante, una de ellas dos suele predominar con frecuencia en el debate y esto explica muchos aspectos de cómo aborda una persona o una institución los problemas de gobierno.

    Monocentrismo: la complejidad como la semilla de la anarquía

    Se podría considerar al filósofo político Thomas Hobbes (1651) como uno de los representantes más mordaces del monocentrismo. Para él, si las comunidades humanas no están sometidas al control de una autoridad pública poderosa tienden rápidamente a la inseguridad y la anarquía. De acuerdo con Hobbes, muchas personas perseguirían sus propios intereses de forma egoísta y agresiva e incluso estarían dispuestas a mentir, engañar, robar y matar para reafirmar su poder sobre los demás.

    Esto genera un ciclo peligroso en el que prima el ojo por ojo y la conquista violenta, que solo puede romperse si se da autoridad a un poder soberano irresistible, representado por Hobbes como el Leviatán, un imponente monstruo marino mencionado en el Libro de Job. El gobernante soberano de una sociedad es el tribunal de última instancia para resolver todas las disputas políticas imaginables y mantiene a los ciudadanos bajo control al castigar a cualquiera que se rebele contra sus reglas.

    Para muchos ciudadanos y académicos, Hobbes es demasiado absolutista. No obstante, buena parte del pensamiento político contemporáneo continúa bajo el influjo de dos características del monocentrismo: primero, la creencia de que la manera más adecuada de resolver los problemas sociales muy complejos es agrupar en una institución de gobierno centralizada los recursos y conocimientos y, segundo, asociar los altos niveles de complejidad institucional y diversidad con la anarquía y la ineficiencia.

    Policentrismo: el valor de la complejidad

    El policentrismo tiene una consideración más positiva que Hobbes de la complejidad social y el pluralismo. Entre sus defensores más influyentes se encuentra la economista Elinor Ostrom, que ha argumentado en qué medida los métodos de administración pública complejos y descentralizados, como las fuerzas policiales descentralizadas, brindan servicios superiores a otros muy centralizados. Otros autores ofrecen enfoques policéntricos a través de la defensa del federalismo y de una variedad de formas de pluralismo social, político y constitucional.

    Los policentristas no ven la complejidad y la diferenciación institucional y social como una amenaza al orden público, sino como un valor potencial que puede contribuir a resolver problemas sociales y a promover la libertad humana. En consecuencia, niegan el ideal monocentrista de un sistema social meticulosamente coordinado de arriba hacia abajo –como una peligrosa quimera– y también rechazan asociar automáticamente altos niveles de complejidad social con el caos y la anarquía. En cambio, proponen un orden social manejado por una pluralidad de actores independientes que cooperan dentro de un marco institucional o metainstitucional amplio, flexible y revisable.

    Ejemplos históricos

    Es bastante fácil encontrar ejemplos históricos de concepciones de orden monocéntricas y policéntricas. Por ejemplo, los sistemas políticos altamente descentralizados, como los Cantones de Suiza, originalmente se basaron en un modelo colegiado de política ascendente que parecía tener un espíritu policéntrico. Mientras, el modelo napoleónico de Estado implantado en Francia, con su idea de una administración pública jerárquica impuesta desde arriba hacia abajo, era claramente monocéntrico en su concepción del orden civil.

    El movimiento de planificación urbana de las décadas de 1950 y 1960 en los Estados Unidos –criticado como una plaga en los vecindarios por la activista y escritora Jane Jacobs en su libro Muerte y vida de las grandes ciudades americanas– se basó en un enfoque altamente monocéntrico del orden. Los urbanistas impusieron planes tecnocráticos para rehacer el tejido de las ciudades de arriba a abajo. Por su parte, se podría calificar de policéntrico el movimiento del “nuevo urbanismo”, en la medida en que pretende construir la vida urbana de forma que responda directamente a los intereses y prioridades de los ciudadanos y las comunidades sobre el terreno (véase, por ejemplo, la “Carta del nuevo urbanismo”).

    Los debates sobre los méritos del gobierno centralizado y del descentralizado tienen que ver con la búsqueda de la eficiencia en la administración, pero también tocan cuestiones profundas de ética y filosofía política. En particular, las estructuras sociales y políticas basadas en una u otra idea de orden condicionan la libertad personal y política de los ciudadanos de formas muy diferentes.

    En consecuencia, la forma en que uno se posiciona en tales debates depende de cómo entiende el valor de la libertad humana y qué prioridad le da frente a otros valores como la eficiencia, la seguridad y la estabilidad política. Resulta poco probable que estos debates se resuelvan a gusto de todos en un futuro cercano.The Conversation

    David Thunder, Ramón y Cajal Researcher & Lecturer in Political Philosophy, Institute for Culture & Society, University of Navarra, Universidad de Navarra

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • El bochorno de la cobardía moral

    Estamos ante una encrucijada gigante. Hay quienes piensan que pueden circunscribirse a sus asuntos personales puesto que el respeto a lo suyo vendrá automáticamente o, en todo caso, son otros a los que les cabe la responsabilidad por cuidar y defender la libertad de cada uno. No se percatan de la responsabilidad moral de cada cual para contribuir a que exista tal cosa como la sociedad libre. Nada está garantizado. Como ha insistido Thomas Jefferson, “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Es muy legítimo y necesario que cada uno se dedique a sus menesteres pero éstos no pueden sobrevivir si no se estudian los fundamentos del respeto recíproco y si no se difunden. No basta con ser una buena persona que atiende los quehaceres domésticos y laborales. Nada subsiste si no se defienden los valores del antedicho respeto recíproco desde la perspectiva ética, jurídica, histórica y económica.

    Se sabe que es más reconfortante dedicarse a la vida pacífica en la familia y en el trabajo, pero nuevamente reiteramos que no es posible evitar el inmenso riesgo que se atropellen esos derechos si no se vela por ellos. No es suficiente con no fornicar, no robar y no matar. Alexis de Tocqueville consignó que el problema básico irrumpe en las sociedades en las que ha habido gran progreso moral y material y se da eso por sentado. Se requiere -se demanda- un esfuerzo constante. No se trata de abandonar las faenas en las que uno está, se trata de destinar una parte aunque más no sea pequeña para que aquellas faenas puedan continuar de modo pacífico.

    Hay muchas maneras de proceder en este sentido, la más eficaz es la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero en modo alguno esto se agota en estas actividades para los que no tengan posibilidad de acceder. Por ejemplo, una forma muy fértil consiste en los ateneos de lectura donde se reúnen en casa de familia cuatro o cinco personas para debatir un buen libro: por turno uno expone y el resto debate. Esto tiene inmenso efecto multiplicador en las familias, en las reuniones sociales y en los ámbitos de trabajo. No tiene sentido sostener que uno no está preparado para esas cuestiones, nadie nace con la preparación, todos deben hacer esfuerzos para capacitarse. Es muy cómodo alegar que otros tienen la vocación por defender los principios de la sociedad libre, a todos les atrae mucho más dedicarse a ganar dinero y aplicarlo a los placeres de la vida armoniosa y gratificante, pero a todos les compete la mencionada responsabilidad. No puede esperarse a que la invasión de los bárbaros destruya todo. Cuando no quede nada en pie será tarde para los lamentos.

    Como se ha dicho, el asunto no es preocuparse sino ocuparse y no valen las exclamaciones y las críticas de sobremesa para luego de haber engullido alimentos dedicarse a los intereses personales cortoplacistas. El abandono de las aludidas responsabilidades indelegables conduce indefectiblemente al desastre. En verdad el darle la espalda a esta misión inherente a la civilización es nada menos que cobardía moral.

    No se trata de actuar como si estuviéramos en una inmensa platea mirando al escenario donde supuestamente estarían los que deben ocuparse, se trata de contribuir a sostener la conducta civilizada, lo contrario es una buena receta para que se desplome el teatro. No puede pretenderse ser free-riders de otros (garroneros en criollo) por más que en general se trate de muy buenas personas que creen en la libertad.

    Resulta paradójico en verdad que se diga que la suficiente difusión de las buenas ideas es el único camino para retomar uno de cordura y, sin embargo, se concluye que es altamente inconveniente pretender expresarlas ante el público. Parecería que estamos frente a un callejón sin salida, pero, mirado de cerca, este derrotismo es solo aparente.

    Ortega escribe en el prólogo para franceses de Rebelión de las masas: “Mi trabajo es oscura labor subterránea de minero. La misión del intelectual es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que el político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban” y en el cuerpo del libro precisa que en el hombre masa “no hay protagonistas, hay coro” y en el apartado titulado “El mayor peligro, el Estado” concluye que “el resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno”.

    Por su parte, Le Bon en La psicología de las multitudes afirma que “las transformaciones importantes en que se opera realmente un cambio de civilización, son aquellas realizadas en las ideas” pero que, al mismo tiempo, “poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción” y, en general, “solo tienen poder para destruir” puesto que “cuando el edificio de una civilización está ya carcomido, las muchedumbres son siempre las que determinan el hundimiento” ya que “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”.

    Entonces, ¿cómo enfrentar la disyuntiva?. Los problemas sociales se resuelven si se entienden y comparten las ideas y los fundamentos de la sociedad abierta pero frente a las multitudes la respuesta no solo es negativa porque la agitación presente en ellas no permite digerir aquellas ideas, sino que necesariamente el discurso dirigido a esas audiencias demanda buscar el mínimo común denominador lo cual baja al sótano de las pasiones. Como explica Ortega en la obra referida, “el hombre-masa ve en el Estado un poder anónimo y como él se siente a sí mismo anónimo -vulgo- cree que el Estado es cosa suya” y lo mismo señala Friedrich Hayek en Camino de servidumbre en el capítulo titulado “Por qué los peores se ponen a la cabeza”.

    Desde luego que, como hemos apuntado en otras ocasiones, la paradoja no se resuelve repitiendo los mismos procedimientos puesto que naturalmente los resultados serán idénticos. El asunto es despejar telarañas mentales y proponer otros caminos para consolidar la democracia y no permitir que degenere en cleptocracias como viene ocurriendo de un largo tiempo a esta parte. La perfección no está al alcance de los mortales, de lo que se trata en esta instancia del proceso es minimizar los desbordes del Leviatán.

    Hay quienes en vista de este panorama la emprenden irresponsablemente contra la democracia sin percatarse que en esta etapa cultural la alternativa a la democracia es la dictadura con lo que la prepotencia se arroga un papel avasallador y se liquidan las pocas garantías a los derechos que quedan en pie. Confunden el ideal democrático cuyo eje central es el respeto de las mayorías por el derecho de las minorías, con lo que viene ocurriendo situación que nada tiene que ver con la democracia sino más bien con dictaduras electas.

    Y para fortalecer las ideas lo último que se necesita es un líder puesto que, precisamente, cada uno debe liderarse a sí mismo lo cual es completamente distinto de contar con ejemplos, es decir referentes que es muy diferente por la emulación a que invitan no solo en el terreno de las ideas sino en todos los aspectos de la vida (esto a pesar de los múltiples cursos sobre liderazgo que en el sentido de mandar y dirigir están fuera de lugar, incluso en el mundo de los negocios donde se ha comprendido el valor de la dispersión del conocimiento y el daño que hace el énfasis del verticalismo.)

    El núcleo de las ideas es siempre iniciado por una minoría. Albert Jay Nock escribió un ensayo en 1937 reproducido en castellano en Buenos Aires (Libertas, Año xv, octubre de 1998, No. 29) titulado La tarea de Isaías (“Isaiah´s Job”). En ese trabajo subraya la faena encargada al mencionado profeta bíblico de centrar su atención en influir sobre la reducida reserva moral (remnant en inglés): “De no habernos dejado Yahvéh un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos”. A partir de lo consignado, Nock elabora sobre lo decisivo del remnant al efecto de modificar el clima de ideas y conductas y lo inconducente de consumir energías con multitudes. Concentrarse en ser personas íntegras y honestas intelectuales en lugar de los timoratas que tienen pánico de ir contra la corriente aun a sabiendas que lo “políticamente correcto” se encamina a una trampa fatal. Necesitan el aplauso, de lo contrario tienen la sensación de la inexistencia. Borges escribió sobre aquellos que se ufanan por aparecer como alguien “para que no se descubra su condición de nadie.”

    Hay incluso quienes podrían ofrecer contribuciones de valor si fueran capaces de ponerse los pantalones y enfrentar lo que ocurre con argumentos sólidos y no con mentiras a medias, pero sucumben a la tentación de seguir lo que en general es aceptado. No se percatan de la inmensa gratificación de opinar de acuerdo a la conciencia y de la fenomenal retribución cuando aunque sea un alumno, un oyente o un lector dice que lo escuchado o leído le abrió nuevos horizontes y le cambió la vida. Prefieren seguir en la calesita donde en el fondo son despreciados por una y otra tradición de pensamiento puesto que es evidente su renuncia a ser personas íntegras que puedan mirarse al espejo con objetividad.

    Y no es cuestión de alardear de sapiencia, todos somos muy ignorantes y a medida que indagamos y estudiamos confirmamos nuestro formidable desconocimiento. Se trata de decencia y sinceridad y, sobre todo, de enfatizar en la imperiosa necesidad del respeto recíproco. Si estuviéramos abarrotados de certezas la libertad no tendría sentido.

    Por otro lado, si nos quejamos de los acontecimientos, cualquiera éstos sean, el modo de corregir el rumbo es desde el costado intelectual, en el debate de ideas y en la educación. Como se ha señalado en incontables oportunidades, los socialismos son en general más honestos que supuestos liberales en cuanto a que los primeros se mantienen firmes en sus ideales, mientras que los segundos suelen retroceder entregando valores a sabiendas de su veracidad, muchas veces a cambio de prebendas inaceptables por parte del poder político o simplemente en la esperanza de contar con la simpatía de las mayorías conquistadas por aquellos socialistas debido a su perseverancia.

    Ya he puesto de manifiesto en otra ocasión que la obsesión por “vender mejor las ideas para tener más llegada a las masas” es una tarea condenada al fracaso, principalmente por dos razones. La primera queda resumida en la preocupación de Nock en el contexto de “la tarea de Isaías”. El segundo motivo radica en que en la venta propiamente dicha no es necesario detenerse a explicar el proceso productivo para que el consumidor adquiera el producto. Es más que suficiente si entienden las ventajas de su uso. Cuando se vende una bicicleta o un automóvil, el vendedor no le explica al público todos los cientos de miles de procesos involucrados en la producción del respectivo bien, centra su atención en los servicios que le brindará el producto al consumidor potencial. Sin embargo, en el terreno de las ideas no se trata solo de enunciarlas sino que es necesario exponer todo el hilo argumental desde su raíz (el proceso de producción) que conduce a esta o aquella conclusión. Por eso resulta más lenta y trabajosa la faena intelectual. Solo un fanático acepta una idea sin la argumentación que conduce a lo propuesto. Además, los socialismos tienen la ventaja sobre el liberalismo que van a lo sentimental con frases cortas sin indagar las últimas consecuencias de lo dicho (como enfatizaba Hayek, “la economía es contraintuitiva” y como señalaba Bastiat “es necesario analizar lo que se ve y lo que no se ve”).

    Por eso es que el aludido hombre-masa siempre demanda razonamientos escasos, apuntar al común denominador en la articulación del discurso y absorbe efectismos varios. Por eso la importancia del remnant que, a su vez, genera un efecto multiplicador que finalmente (subrayo finalmente, no al comienzo equivocando las prioridades y los tiempos) llega a la gente en general que a esa altura toma el asunto como “obvio”. Para esto las minorías que abren camino a las ideas deben ser apoyados y alimentados por todas las personas responsables. Y si la idea no llega a cuajar debido a la descomposición reinante, no quita la bondad del testimonio, son semillas que siempre fructifican en espíritus atentos aunque por el momento no puedan abrirse paso.

    Tal como ha escrito Juan Bautista Alberdi en 1841 donde vaticinó lo que sería su largo esfuerzo de prédica que comenzó en 1836 con su tesis doctoral que se negó a jurarla por el tirano Rosas y que culminó en la Constitución liberal argentina de 1853/60: “Siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien: necesitamos pues hacer un cambio de las actuales ideas” (Obras completas, tomo II, p. 134).

    En resumen, debe dejarse de lado la comodidad y poner manos a la obra. No estaríamos en la situación en la que estamos si todos los que se dicen partidarios de la libertad contribuyeran a estudiar y difundir sus fundamentos. Estimo que es pertinente para ilustrar cómo es que nunca se desperdician las contribuciones bienhechoras de las personas íntegras -aún operando en soledad- lo apuntado por la Madre Teresa de Calcuta cuando le dijeron que su tarea era de poca monta puesto que “es solo una gota de agua en el océano” a lo que respondió “efectivamente, pero el océano no sería el mismo sin esa gota”.

  • Petro llega a gobernar una Colombia polarizada: analistas

    Petro, el nuevo presidente de Colombia llega a gobernar un país polarizado y hastiado por los partidos tradicionales que han gobernado durante las últimas décadas, además de ser el primer presidente de izquierda en un país relativamente conservador, señalan analistas.

    Tras una campaña marcada por la polarización en las redes sociales y la ausencia de debates entre candidatos, Gustavo Petro se convirtió en el primer presidente de izquierda de Colombia.

    Con antecedentes que incluyen su pasado como guerrillero, y su paso en la política como senador y alcalde de Bogotá, Petro llega a gobernar un país relativamente conservador pero hastiado de los partidos tradicionales que han gobernado durante las últimas décadas, señalaron analistas consultados por la Voz de América.

    “El camino estará lleno de retos para el nuevo mandatario, que deberá buscar una coalición mayoritaria en el congreso para tener gobernabilidad y poder sacar adelante sus propuestas sociales, ambientales y económicas y demostrar que Colombia no se transformará en otra Venezuela”, dijo el economista Alejandro Useche, de la Universidad del Rosario.

    El nuevo presidente no ha expresado opiniones, ideas o planes de gobierno que indiquen un modelo comunista, sin embargo existe «temor en muchos sectores de una presidencia de izquierda, que tienda a aplicar un modelo económico totalitarista y autoritario que se oriente hacia el comunismo, como el caso de Venezuela», dijo Useche.

    El politólogo de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo dijo que lo que vendrá para Colombia es enfrentar una polarización creciente, ahora entre la izquierda y la oposición, que tendrá como bandera sacar a los corruptos del gobierno.

    «Creo que en Colombia, a pesar de que ha sido un país muy estable en los últimos tiempos es posible que venga una etapa de convulsión social, manifestaciones, divisiones y polarización, por eso la gobernabilidad dependerá de la capacidad que pueda tener Petro para construir consensos amplios”, manifestó a la VOA.

    “Con la llegada de Gustavo Petro al poder habría un gran pacto, una suerte como de frente amplio en Uruguay o Morena en México, es decir, un gobierno en cabeza de un movimiento progresista, pero muy cercano al centro por todos los compromisos que ha adoptado para lograr el triunfo con ese centro”, añadió Jaramillo.

    En este gobierno habría mucha moderación, habría un bloque parlamentario más o menos sólido que serían las fuerzas del Pacto Histórico, con algunas fuerzas del centro y del partido Liberal, lo que le permitiría implementar un modelo económico más progresivo, agregó.

    “Este modelo económico será modificado moderadamente, con un Estado más intervencionista en la economía, en términos de subsidios y con impuestos más progresivos, es decir, que paguen más los que tengan más rentas”, manifestó.

    “Además, tendrá una política exterior mucho más cerca al discurso Latinoamericano actual, pero sin señales de simpatía por Venezuela, y obviamente de manera ineluctable, Colombia entrará en una fase de polarización que seguramente va a tener a la mitad del país prácticamente aborreciéndole”, agregó.

    Según el politólogo de la Universidad del Rosario, Yann Basett, los primeros desafíos del nuevo presidente serán armar su equipo de gobierno y definir qué tipo de relaciones tendrá con el Congreso.

    “El presidente Gustavo Petro deberá tratar de armar una coalición, y buscar apoyos más allá de su partido, para poder tener una mayoría funcional en el congreso, y esto significará hacer modificaciones a su programa, porque tiene una serie de cambios sociales y económicos muy fuertes, pero no tendría una mayoría para implementarlos, entonces va tener que negociar”, explicó.

    Para Gerardo Berthin, vicepresidente de Programas Internacionales del centro de pensamiento estadounidense Freedom House, el triunfo de Gustavo Petro genera expectactiva por lo que será su postura y acciones con Estados Unidos y con Maduro en Venezuela.

    “Es muy posible que en la región se alíe inmediatamente con las fuerzas de extrema izquierda y populistas de Argentina, México, Perú, Bolivia, Nicaragua y Cuba”, señaló el analista.

    Berthin aseguró que pese a que en las últimas semanas de campaña Petro moderó sus posiciones, siguen siendo de izquierda para una sociedad relativamente más conservadora y que nunca ha tenido un presidente de izquierda.

    Petro tiene también historia como senador y como guerrillero, y sus gestiones como alcalde no fueron estelares y terminó con un tercio de aprobación a su gestión, agregó.

    “Para calmar la ansiedad e incertidumbre, tendrá que articular una ruta clara y factible para cumplir sus promesas de campaña, que, si bien no son necesariamente extremas, quiebran con el modelo anterior, son de largo alcance y profundas, y se inclinan hacia la izquierda”, argumentó.

    Un ejemplo es el impuesto a las más grandes fortunas, la desmilitarización, la transición energética de la matriz dependiente del petróleo y el carbón a las energías renovables y un cambio radical en el modelo económico que impulse la producción agropecuaria, añadió el analista.

    Petro tendrá que demostrar a corto plazo que no es ideológico y que está dispuesto a “negociar un pacto por Colombia” para el cambio con otros actores que no votaron por él.

    Los expertos consideran que es importante que el nuevo presidente defina rápidamente su equipo económico, lo que le daría tranquilidad al mercado y a los inversionistas extranjeros que tienen proyectos de inversiones en el país.

  • El tema vital es la supervivencia de la democracia

    Me impulsó a escribir sobre este tema medular el libro de Anne Applebaum (ganadora del Premio Pulitzer) titulado «El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo». De entrada consigno que la obra plantea el problema grave del desvío de la democracia de sus cauces originales para entrar en el sendero sumamente peligroso del autoritarismo cuando no del liso y llano totalitarismo, se detiene en anécdotas y referencias muy jugosas e ilustrativas de estos descarriles mayúsculos ocurridos en Polonia, Hungría, Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia y Francia, más no ofrece soluciones para revertir tamaño desbarranque. Es una aguda descripción de los hechos.

    La autora se declara liberal y por ende partidaria del libre mercado y, claro, contraria a los estatismos, la xenofobia, las paranoias nacionalistas, los antisemitismos y el marxismo. Se detiene en subrayar las advertencias de los Padres Fundadores en Estados Unidos para “evitar que una nueva democracia se convirtiera en tiranía” y concluye que las diversas manifestaciones autoritarias hoy en boga muestran una marcada “tendencia a la homogeneidad” puesto que “el autoritarismo es algo que atrae simplemente a las personas que no toleran la complejidad […] es meramente anti-pluralista, recela las personas con ideas distintas y es alérgico a los debates […] personas que admiran a los demagogos o se sienten más cómodos con las dictaduras […] El político antiliberal quiere socavar los tribunales para dotarse de más poder […] fomentar ya fuera la pasión de clase en forma de marxismo soviético o la pasión nacional en forma del fascismo.” Todo en última instancia copiado de los bolcheviques “no meramente antidemocrático, es también anticompetitivo […] Las plazas universitarias, los puestos relacionados con los derechos civiles o los cargos de responsabilidad en el gobierno y la industria no se asignaban a los más trabajadores ni a los más capaces, sino a los más leales […] favorecían a las personas que profesaban en voz alta su fe en el partido […] Lenin escribió que la libertad de prensa es una patraña, se burlaba de la libertad de reunión como una frase vacía y en cuanto a la democracia parlamentaria en sí misma no era más que una máquina para la opresión de la clase obrera.” Todo se resume según Applebaum a “nepotismo, clientelismo estatal y corrupción” en medio de “un odioso predominio de la meritocracia, la competencia política y el libre mercado” y los riesgos de los controles vía tecnología sofisticada en manos de los aparatos estatales.

    Hasta aquí este libro que ha significado un disparador para lo que sigue. Son muy ciertas y pertinentes las advertencias de los Padres Fundadores estadounidenses las cuales por mi parte resumí en mi libro «Estados Unidos contra Estados Unidos» junto a la puntualización del marcado declive de los valores fundacionales en ese gran país. Así, por ejemplo, para ponerlo en una cápsula, George Mason escribió que “todos los actos de la legislatura contrarios al derecho natural y a la justicia son nulos según nuestras leyes y deben serlo según la naturaleza de las cosas […] en conciencia estamos obligados a desobedecer si contradicen aquellos principios”. James Madison ha destacado que “Dondequiera que resida el poder del gobierno, existe el peligro de opresión” y se refiere al alma de la libertad al escribir que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo. Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo.” James Wilson enseña que “el gobierno se debe establecer para asegurar y extender el ejercicio de los derechos naturales de los miembros y todo gobierno que no tiene esto en la mira, como objeto principal, no es un gobierno legítimo.” Y Thomas Jefferson enfatizó que “un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos.”

    Ya señalaban los peligros de los tumultos Gustave Le Bon en «La psicología de las multitudes» y Ortega y Gasset en «La rebelión de las masas» pero mucho antes que esto Cicerón y Benjamin Constant definieron el peligro de trastocar la democracia en tiranía. El primero al escribir que “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y el nombre de pueblo” (en Tratado de la República) y el segundo afirma que “los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que vulnere estos derechos se hace ilegítima […] La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto” (en Curso de política constitucional).

    En torno al desconocimiento de estas definiciones giran los problemas de nuestro tiempo donde en nombre de la democracia se hiere el corazón del sistema cual es la protección de los derechos de todos en el contexto de la igualdad ante la ley y no mediante ella. En su lugar se da prelación al simple recuento de votos con lo que se llega a la aberración de sostener que Hitler era democrático porque asumió con la primera minoría y así sucesivamente con todos los dictadores electos de nuestros días. Esa es la preocupación y ocupación de pensadores contemporáneos como Giovanni Sartori, Friedrich Hayek y Bertrand de Jouvenel.

    Vamos ahora a las propuestas tendientes a revertir el problema antes que el planeta se convierta en un inmenso Gulag en nombre de una supuesta democracia que en verdad muta a cleptocracia, es decir, los gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. Tengamos en cuenta que si por alguna razón no se consideran convenientes las propuestas que siguen es imprescindible sugerir otras pero en ningún caso quedarse con los brazos cruzados esperando la próxima elección. Es indispensable abrir un debate en torno a este problema mayúsculo que amenaza con devorarnos.

    En primer lugar, la educación para atender a lo dicho por Antonio Gramsci desde la vereda opuesta al espíritu liberal en cuanto a la inmensa y decisiva importancia de influir sobre la cultura para cambiar las cosas de raíz. No es del caso detenernos en este tema pues ya hemos escrito en detalle, solo nos limitamos a puntualizar la urgencia que el sistema debe despolitizarse y no aceptar que las estructuras curriculares se dicten desde el poder lo cual contradice el sentido de la educación que requiere un sistema abierto, competitivo y de auditorias cruzadas en busca de excelencia en un contexto evolutivo de prueba y error. Un sistema educativo de esta naturaleza permite entre muchas otras cosas que se perciba la relevancia y el significado de la democracia a la que nos venimos refiriendo.

    En segundo lugar, el debate de fondo respecto a nuevos límites al poder al efecto de preservar la democracia. Bruno Leoni en «La libertad y la ley» ha sugerido en una primer paso para el Poder Judicial que se abra la posibilidad -sin regulaciones de ninguna naturaleza (ni siquiera la condición de ser abogado)- la inclusión de árbitros privados para estimular la competencia en un proceso de descubrimiento del derecho y no de ingeniería social y de diseño vía fallos en competencia, en esta instancia según los marcos institucionales establecidos por la Corte Suprema.

    En cuanto al Poder Legislativo, el antes mencionado Hayek propuso (en «Derecho, legislación y libertad») diferentes disposiciones a las que se suelen añadir la prohibición de reelecciones y el trabajo en tiempo parcial en el Congreso, por un lado para evitar que la política se convierta en un negocio y por otro para que los legisladores sepan de modo vivencial de que se trata el sector privado.

    Ahora viene un tema que sorprenderá a timoratos a quienes me imagino recostados en sus poltronas refiriéndose con sorna a la propuesta que sigue, personajes que nunca contribuyeron a ningún debate serio pero que están envueltos en las pesadas telarañas mentales del statu quo, una instancia de la que son incapaces de zafar. Se trata del Poder Ejecutivo. Resulta fértil aplicar al caso un pasaje escrito por quien es la referencia máxima de la división de poderes superando las ideas centrales de John Locke y Algernon Sidney, es decir Montesquieu que escribe en «El espíritu de las leyes» tomado de las experiencias en las repúblicas de Florencia y Venecia: “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. Esto que puede sonar estrafalario ya que cualquiera puede resultar electo se condice con la preocupación de Karl Popper en «La sociedad abierta y sus enemigos» cuando refuta la tesis de Platón respecto al “filósofo rey” mostrando que lo decisivo no son los hombres sino las instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”. En el caso señalado, los incentivos se volcarán a defenderse de posibles atropellos lo cual se traslada en instituciones fuertes que es precisamente lo que se necesita para contar con una sociedad libre. A esta propuesta podría adicionarse lo que se discutió originalmente de modo detenido en tres sesiones en la Asamblea Constituyente de Estados Unidos pero que finalmente no se adoptó y es que el Ejecutivo sea tripartito para disminuir los riesgos del caudillaje y se vean obligados a proceder por mayoría de sus miembros y tal como se propuso en la referida Asamblea solo en caso de guerra el poder será unipersonal por turno en tiempos previamente establecidos.

    Nuevamente decimos que si estas sugerencias no parecen adecuadas es necesario proponer otras. Siempre y en todos los campos las nuevas ideas se rechazan y se recurre a la sandez de la falacia ad populum, a saber, si nadie lo aplica está mal y si todos lo aplican está bien con lo cual no hubiéramos pasado del garrote puesto que el arco y la flecha en cierto momento nadie las usaba hasta que irrumpió el primero y así con todo el progreso de la humanidad. Es por ello que John Stuart Mill ha consignado que “toda buena idea pasa siempre por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Esto nos recuerda a aquellos que huyen de lo complejo tal como vaticina Anne Applebaum y pretenden escritos cortos y conferencias resumidas. Ludwig von Mises ilustraba lo dicho con lo que le ocurrió con un alumno en la Universidad de New York -seguramente una exageración pero sirve para ejemplificar- contaba riendo que ese alumno le pidió que le explicara la teoría del ciclo económico “pero rápido porque tengo un partido de golf”.

    En resumen, esta nota periodística apunta a la apertura de un debate sobre un tema crucial pues nos va la vida en el asunto. Todos los partidarios de la libertad debieran participar activamente en este debate. Es una irresponsabilidad limitarnos a contar anécdotas sobre posibles sucesos en las próximas elecciones. Debemos mirar más lejos antes que resulte demasiado tarde. Tantas veces ha reiterado Juan González Calderón que los demócratas de los números ni de números saben pues parten de dos ecuaciones falsas: 50%+1%=100% y 50%-1%=0%. Desde esta perspectiva, hoy observamos algunos episodios rayanos en la antidemocracia con la muy pastosa parodia de la democracia en Perú, Nicaragua, Chile, Argentina y con 20 gobiernos autoritarios en 35 años: Haití, solo para citar algunos casos de llamativas implosiones en nuestra región americana. Applebaum pone como ejemplo de la antidemocracia a Donald Trump en Estados Unidos y cita como dos de sus ejemplos “la entrevista realizada en 2017 por Bill O´Reilly de Fox News. Trump expresaba su admiración por el dictador ruso Vladimir Putin” y “en otra entrevista televisiva esta vez con Joe Scarborough: ´él gobierna su país y al menos es un líder´, declaraba Trump hablando de Putin” es la manía de la “retórica de la equivalencia moral” entre el bien y el mal puesto que Donald Trump “no comprende el lenguaje de los fundadores de la nación [estadounidense] ni simpatiza con él, de manera que tampoco puede servirle de inspiración”.

    La revolución norteamericana ha sido la más fértil de la humanidad en lo que va de su historia al efecto de preservar las libertades con el consiguiente progreso moral y material, pero como escribía Tocqueville en «El antiguo régimen y la Revolución Francesa», si esto se da por sentado y no se contribuye diariamente a sostener la libertad fatalmente se revertirá la situación (los Padres Fundadores decían que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”). No pocos son los necios que se circunscriben a sus arbitrajes personales sin darse cuenta que para que se los respete deben contribuir a que se entiendan los pilares de la sociedad libre. Actúan como si estuvieran ubicados en una inmensa platea mirando al escenario donde estiman que se encuentran los que les deben resolver sus problemas en lugar de asumir sus propias responsabilidades. Benjamin Franklin, de 81 años, al salir de la Convención Constituyente cuando lo felicitaban por el documento logrado miró fijo a los aplaudidores y les transmitió su célebre dictum que no ocultaba cierto presagio por lo que advertía con gran sensatez: “Entregamos una República, si la pueden mantener”.

  • Homenaje al pueblo ucraniano

    Homenaje al pueblo ucraniano:  Escribo estas líneas embargado de una inmensa emoción al comprobar la valiente y decidida resistencia de Ucrania frente a la invasión de la bestialidad comandada por Putin.

    Garry Kasparov -más conocido por el ajedrez- escribió que el actual presidente Vladimir Putin celebró nada menos que la historia de la KGB, imprimió efigies del asesino Félix Dzerzhinsky y eliminó el debate sobre si Lenin debe ser removido del lugar de honor que ocupa en la Plaza Roja, puesto que afirmó que “hacerlo sería decirles a los rusos que ellos han venerado valores falsos”.

    Asimismo, Kasparov señaló que en los textos difundidos por la Universidad de Moscú se tergiversan los hechos más importantes de la historia soviética y “las invasiones de Hungría y Checoslovaquia son descriptas como operaciones conjuntas del Pacto de Varsovia para preservar la integridad del sistema socialista”.

    Kasparov, con razón, se indignó frente al hecho de que las autoridades rusas -a diferencia de lo que ocurrió después del holocausto hitleriano o la reciente inauguración de La Casa del Terror, en Hungría- no han producido ni el más mínimo mea culpa. Insiste en que Putin “es el mayor enemigo del mundo libre”, con quien “no hay diálogo posible” y “nada es cierto de lo que dice de Ucrania”. Al escribir estas líneas está invadida por la canallada rusa instalada en el Gobierno…un escándalo internacional para todas las personas decentes.

    La situación actual de Rusia, dominada por la antigua nomenclatura, se ha adueñado por parte de aquellos hampones de lo más importante de la actividad económica de aquel país. En medio de intimidaciones y cercenamiento de la prensa y amenazas cada vez que hay simulacro de procesos electorales y de violencia institucionalizada, esa parodia grotesca significa un peligro para la civilización además de una catástrofe para el sufrido pueblo ruso.

    La muy digna coordinación de la defensa de Ucrania por parte del presidente Volodemir Zelenski ya incentivó a Estados Unidos y a Europa a enviar armamentos y a establecer severas sanciones financieras al autócrata ruso. Son verdaderamente conmovedoras las escenas trasmitidas por el periodismo de mujeres y niños refugiados en otros lares para dejar atrás a maridos y padres en la guerra defensiva de un ataque brutal.

    Ucrania es parte de Europa oriental, de 600.000 kilómetros cuadrados, de cuarenta millones de habitantes. Se remonta al 882 y luego de invasiones de mongoles y rusos puede consolidar su territorio en 1919 en la Conferencia de Paz en París, lo cual es desconocido por la URSS en medio de siempre criminales “limpiezas étnicas” hasta el derrumbe del Muro de la Vergüenza y en 1991 se declaró estado independiente con altibajos de diversa magnitud (incluso el pro-ruso Viktor Yanvkovich que finalmente huyó luego de haber decretado fusilamiento de estudiantes rebeldes y otras tropelías mayúsculas) hasta el presente por todos conocido.

    Debe destacarse la impronta de gran excelencia de la Universidad de Kiev, la notable producción agrícola de Ucrania, la elegancia de los edificios de sus ciudades, la gastronomía de alta calidad, la música lugareña y sobre todo el espíritu religioso, cordial y solidario de su pueblo.

    Estas líneas pretenden rendir homenaje a ese pueblo magnífico, independientemente de cómo termine la tragedia en la que el mundo libre está hoy sumido por la barbarie de un gobernante ruso malvado. Solo los cobardes, pusilánimes y totalitarios se han abstenido de condenar la invasión.

  • Los girasoles de Ucrania

    Existe un video de una mujer ucraniana regalándoles semillas de  girasol a soldados rusos, el cual se viralizó en todo el mundo. Pero, ¿por qué lo hizo? “Para que florezcan girasoles cuando mueran”, afirmó la ucraniana.

    Más allá de lo estremecedor por la honestidad brutal de la mujer protestando por la invasión de las fuerzas militares rusas a su país, hay una historia cierta del girasol y su importancia para las personas de Ucrania. Si bien los girasoles ya eran la flor nacional de Ucrania, han surgido como un símbolo de resistencia después de este video ampliamente compartido en redes sociales.

    Para el folclore ucraniano se cree que el girasol simboliza la fertilidad y la unidad. Los ucranianos creen que estas flores miran hacia el cielo buscando esperanza y bienestar; su presencia es clave en tejidos de algunas ceremonias, donde simbolizan la protección contra espíritus malvados y en los dibujos originarios de Ucrania son reconocidos como patrimonio de la humanidad por la Unesco, los llamados petrykivka.

    También el girasol es de suma importancia para la economía de Ucrania. Los suelos fértiles en buena parte del país ayudaron al gran desarrollo de su agricultura. El mundo se abastece de los girasoles principalmente de Ucrania, que provee el 90% de la oferta exportadora global.

    Pero mi visión sobre el girasol hoy, que contemplo devastada y entre lágrimas las imágenes de la guerra, quiere ser de resistencia. De resistencia de la libertad y esperanza ante una guerra cruenta e injusta traída por el comunismo totalitario. Un invasor que no respeta los mínimos códigos de la guerra o simplemente a su moral.  Porque matar civiles inocentes indefensos es barbarie y no hay excusas de subordinación a las órdenes. Esas órdenes son inmorales y un hombre decente no debería obedecerlas, aún dentro del más estricto código militar.

    Esta guerra sórdida, desalmada, negra, oscura, traidora, horrorosa, esta suciedad que es el comunismo, la veo descripta de alguna forma en uno de los poemas en Howl (Aullido) de Allen Ginsberg, un ícono de la cultura americana de la era Beat.

    Ginsberg pertenecía a una generación que puso de cabeza los principios que regían la vida cultural y social de Estados Unidos. A pesar del sentimiento nacional de alegría por haber salido victoriosos en la Segunda Guerra Mundial, los escritores de la famosa Generación Beat le daban la espalda al optimismo de la posguerra.

    Las poemas que construyen Howl hablan de toda una generación, de un deseo y un ansía de libertad, como «Sutra del girasol», poema al que me refiero, y que convertiría a Ginsberg en una irresistible personalidad internacional. A tal punto que, durante su paso por Praga en mayo de 1965, la juventud checoslovaca lo paseó por las avenidas principales de esa capital, después de haberlo proclamado “Rey de Mayo”, como acto de resistencia contra el stalinismo imperante. Entre los jóvenes universitarios de entonces estaba Vaclav Havel, estudiante de la Facultad de Economía y futuro dramaturgo, quien en 1991, post Velvet revolution e independencia nacional, sería presidente de su país, República Checa.

    Ginsberg escribió «Sutra del girasol» en 1955, descriptivo, tal vez, del amor y los valores que persisten en medio de la devastación moral y física. En el texto, Ginsberg y Jack Kerouac están sentados contemplando el desolador paisaje industrial norteamericano cuando de pronto el segundo llama la atención al primero sobre un girasol que ha crecido en el medio de la basura; contemplan el girasol cubierto de mugre en un paisaje sucio y urbano, a la sombra de una locomotora. Un río complementa el paisaje y sus aguas inmundas y aceitosas reflejan un cielo rojo y melancólico. Ambos colegas contemplan también objetos viejos y sucios de todo tipo, que completan la escena. Ginsberg, al mirarlo, ve tanto su belleza como el horror, considerándolo prácticamente como una aberración de la naturaleza, con su sombra “gris y muerta” y tan alto como un ser humano. La flor es bella pero ha nacido de la contaminación ambiental que la rodea.

    Según la interpretación libre que hago del poema, en este contexto sugerente y revelador se detalla, con un lenguaje crudo y metafórico, las consecuencias de una historia llena de barro, de  sangre y de traumas. Es la oscuridad del comunismo. De la guerra ahora mismo. En esa mugre que cubre al girasol, generada por la actividad  constante de las locomotoras, veo yo las desesperanzas, el desánimo causado por la pérdida de la libertad. Todo va manchando la personalidad (si se me permite la licencia) del país, hasta dejarla quebrada, muy sucia o, en el peor de los casos, irreconocible.

    Ginsberg contempla con tristeza al girasol, es la encarnación del sentimiento, de la vida y de una libertad que se va marchitando lentamente.

    Sin embargo, Ginsberg reivindica la naturaleza como vehículo de liberación frente a una sociedad que ha perdido el alma . El pulso silencioso de la naturaleza late todavía en un esfuerzo por sobrevivir y encontrar su espacio entre las estructuras grises y herrumbrosas. Así, Ginsberg nos describe su visión representada en ese girasol que se abre camino a través de las olvidadas grietas de la industria o yo reinterpreto ahora, de las grietas y destrucción dejados por los bombardeos de los invasores comunistas.

    Nuestro girasol, como nosotros mismos, como Ucrania ahora mismo, cubiertos por el polvo de la guerra, lucha por recobrar su propia esencia, su condición de ser natural y bello.

    El texto advierte que a pesar de la adversidad, se debe albergar la esperanza, la capacidad de ver toda la luminosidad que guardamos, la libertad pisoteada por botas y fusiles, pero que sigue allí, resistiendo como el girasol de la locomotora. Creemos que hemos perdido los valores y principios éticos de la libertad, pero siguen ahí, debajo de toda esa cantidad de escombros y penumbras.

    Así, tras unos versos desoladores y sombríos Ginsberg hace al girasol la siguiente pregunta: ¿cuándo olvidaste que eras una flor?  El poeta, después de tanta melancolía y unos versos cargados de pesadumbre y oscuridad, da un giro sorprendente y positivo al poema y termina afirmando que no somos nuestra piel de mugre, no somos nuestra triste y espantosa polvorienta locomotora, no somos ruinas;  todos somos hermosos dorados girasoles por dentro, benditos por nuestra propia semilla, el germen de la libertad.

    Aunque en este fin de invierno la agresión del invasor impedirá que los ucranianos siembren sus preciosos girasoles, las semillas están guardadas en cada uno de los valientes combatientes ucranianos por su tierra y su libertad. Y volverán a sembrarse y volverán a florecer.

    ¡Nunca fuiste locomotora, Girasol, ¡fuiste un girasol!, concluye Ginsberg.

    Ucranianos, del país de los girasoles, siempre fueron hombres libres.

    Transcripción del texto:

    Por Allen Ginsberg

    Caminé por las orillas del muelle con bananas y latas y me senté bajo la sombra gigante de una locomotora de la Pacífico del Sur para mirar el atardecer sobre las colinas de las casas como cajas y llorar.

    Jack Kerouac estaba ahí, sentado al lado mío, sobre un poste roto de metal oxidado, compañero, pensamos los mismos pensamientos sobre el alma con la mirada azul triste sombría rodeados por las raíces nudosas de acero de los árboles de maquinaria.

    El agua aceitosa sobre el río reflejaba el cielo rojo, el sol se hundía sobre el tope de la cima de los picos de Frisco, ningún pez en este arroyo, ningún ermitaño en estos montes, sólo nosotros con las miradas reumáticas y resacosos, como viejos vagos en la ribera del río cansados y taimados.

    Mirá el girasol, me dijo, había ahí una sombra muerta y gris contra el cielo, alta como un hombre, sentada y secándose sobre la superficie de una montaña de aserrín antiguo —

    Corrí hasta allí encantado — era mi primer girasol, recuerdos de Blake — mis visiones — Harlem,

    los infiernos de los ríos del este, puentes tronando, los sánguches grasientos de Joe, cochecitos de bebé muertos, cubiertas con el dibujo gastado y olvidadas y sin recapar, el poema de la orilla del río, preservativos y ollas, cuchillos de acero, nada sin oxidar, sólo mugre fría y húmeda y artefactos muy afilados que pasan jabonosamente hacia el pasado —

    y el girasol gris suspendido contra el atardecer, quebradamente sombrío y lleno de polvo por el smog y el hollín y el humo de viejas locomotoras atravesadas en su ojo —

    Corola de púas lagañosas apretadas y rotas como una corona aboyada, las semillas salidas del rostro, la boca prematura-para-no-tener-dientes del aire soleado, rayos de sol arrasados sobre su cabeza peluda como una tela de araña reseca y de alambre,

    Hojas extendidas como brazos desde el tallo, gestos provenientes de las raíces de aserrín, piezas resquebrajadas de yeso caídas de las ramillas negras, una mosca muerta en su oreja,

    ¡eras una cosa vieja, profana y maltrecha, mi girasol, oh mi alma, te amé entonces!

    La mugre no era mugre de ningún hombre sino de muerte y de locomotoras humanas,

    todo ese ropaje de polvo, ese velo de piel oscurecida por el ferrocarril, ese cachete de smog, ese párpado de miseria negra, la mano enhollinada o el falo o la protuberancia cubiertos de algo-peor-que-la-mugre, de algo artificial—industrial—moderno—toda esa civilización manchando tu alucinante corona dorada—

     y esos pensamientos lagañosos de muerte y ojos polvorientos sin amor y extremos y raíces muertas debajo, en la casa-pila de arena y de aserrín, billetes de un dólar de goma, la piel de los mecanismos, las tripas y los intestinos de auto tosiendo y llorando, las latas vacías y solitarias con sus lenguas ay oxidadas, qué más podría nombrar, las cenizas ahumadas de algún cigarrillo verga, las cajetas de las carretillas y los senos lechosos de los autos, los culos gastados de las sillas y los esfínteres del dínamo—todo esto

     enredado en tus raíces momificadas — y vos ahí parado ante mí en el atardecer, ¡toda tu gloria en tu forma!

    ¡La belleza perfecta de un girasol! ¡La existencia perfecta excelente adorable de un girasol! ¡Ojo natural y dulce apuntando hacia la cadera nueva de la luna, despertó vivo y excitado atrapando la brisa dorada y mensual de la aurora en las sombras del atardecer!

    ¿Cuántas moscas zumbaron alrededor tuyo inocentes de tu mugre, mientras vos insultabas los cielos del ferrocarril y tu alma de flor?

    ¿Pobre flor muerta? ¿Cuándo olvidaste que eras una flor? ¿Cuándo miraste a tu piel y decidiste que eras una locomotora vieja sucia e impotente?

    ¡Vos no fuiste nunca una locomotora, Girasol, vos fuiste siempre un girasol!

    Y vos locomotora, vos sos una locomotora, ¡no te olvides de mí!

    Entonces arranqué el esqueleto frondoso del girasol y me lo pegué en un costado como si fuera un cetro,

    y lancé mi sermón a mi alma, al alma de Jack y al alma de cualquiera que estuviera ahí para escuchar.

    —No somos nuestra piel de mugre, no somos nuestro temor, locomotoras polvorientas y lúgubres privadas de su aspecto, somos todos girasoles dorados y preciosos en nuestro interior, estamos bendecidos por nuestra propia semilla y nuestros cuerpos-terminados velluda y doradamente desnudos transformándose en girasoles formales negros y trastornados bajo la caída del sol, espiados por nuestros ojos bajo la sombra de la locomotora loca al atardecer en la ribera del río en Frisco visión de latas en un atardecer montañoso sentado.

    (1955)

  • En torno a una persona extraordinaria: Sophie Scholl

    Sophie Scholl fundó junto a su hermano  el movimiento estudiantil de resistencia al nazismo conocido como Rosa Blanca.

    Hay personajes en la historia de la humanidad que merecen recordarse todos los días. En buena parte de las ciudades se descubren múltiples estatuas con generales blandiendo espadas en actitudes nada conciliadoras. Como he dicho antes, a mi gusto, incluso en París, por ejemplo, hay demasiado Napoleón y muy poco Voltaire (para no decir nada de las figuras ecuestres que aparecen por doquier en las plazas latinoamericanas). Paul Johnson, en su obra titulada Napoleón, afirma que buena parte de las ideas estrafalarias de los megalómanos del siglo veinte provienen del bonapartismo y Tolstoi, en el magnífico segundo epílogo de La guerra y la paz, ridiculiza y condena al personaje de marras.

    En todo caso, no sería mal sustituir a muchos de los guerreros que inundan los lugares públicos de distintos lares por personas extraordinarias que son en verdad los genuinos héroes de la humanidad. Uno de los casos es el de la maravillosa y ejemplar Sophie Scholl sobre la que vuelvo a escribir y que se batió en soledad contra la comparsa criminal de los secuaces y sicarios del hediondo sistema nacional-socialista de Hitler.

    Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

    Una fantochada que hacía de tribunal de justicia presidida por el prototipo de lo antijurídico y el fanatismo mas brutal, de nombre Ronald Freisler, entre otros, condenó a los célebres hermanos a la guillotina, lo cual fue ejecutado el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 al efecto de no dar lugar a defensas.

    Es cierto que la plaza frente a la Universidad de Munich lleva el nombre de Scholl (donde estudiaban esos corajudos hermanos), también hay una calle en Hamburgo (donde operaba una importante filial de la Rosa Blanca) y un colegio en Tübingen con ese glorioso recuerdo. Pero no resulta suficiente. En momentos que surgen indicios y primeros pasos totalitarios de Hitler en distintos países debe tenerse presente más que nunca las luchas y la integridad moral de personas como Sophie Scholl que ponen de manifiesto que no están dispuestas a claudicar ni a negociar los principios de libertad.

    Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta chica en la que aparecen jugosos diálogos que uno de los forajidos-captores mantiene con ella y, sobre todo, estremece al más curtido cuando Sophie le comenta a su compañera en la celda un sueño que tuvo. En ese sueño estaba con un niño de blanco que ella lograba salvar de diversas peripecias. Ella sucumbía en el sueño y caía al precipicio que se abría en la tierra pero el niño de blanco -los principios que defendía- prevalecían. Una metáfora encantadora que se hizo realidad después de la caída del sistema tan bien ilustrado y resumido por el canalla de Hermann Göring en el Parlamento alemán el 3 de marzo de 1933: “No quiero hacer justicia, quiero eliminar y aniquilar, nada más”.

    Por más estatuas que se fabriquen para conmemorar las proezas de Sophie Scholl, nunca será suficiente la gratitud que todos las personas de bien le profesan a esa adolescente con la fuerza de un titán. Vayan estas líneas como una muestra de emocionado reconocimiento y tributo a una persona que sacrificó su vida en aras de los principios nobles en los cuales creía y fue ejecutada miserablemente, también con la íntima satisfacción que, tal como anticipó su padre aún destruido por la injusticia, estaba orgulloso de la conducta recta e inclaudicable de sus dos hijos.

    Las hordas nazis fueron diezmadas en Stalingrado pero como suele ocurrir con los megalómanos esto los enfureció aun más y reprimieron con mayor bestialidad a los disidentes. Joseph Goebbels se prendió del micrófono para vociferar que “La guerra total es la exigencia de la hora. La patria debe permanecer pura e intacta en su totalidad. Nada puede perturbar la situación. Todos deben aprender a prestar atención a la moral de la guerra y atender las justas demandas del pueblo trabajador y combativo. No somos aguafiestas, pero tampoco toleraremos a aquellos que impidan nuestros esfuerzos.”

    En El idiota moral, La banalidad del mal en el siglo XX Norbert Bilbeny resume el idiotismo moral de los nazis especialmente referido a Hitler, a Himmler (el fundador de las SS y jefe de policía, el que subrayaba » yo no tengo conciencia, Hitler es mi conciencia”), Hess (el secretario de Hilter), Heydrich (quien planeaba los exterminios), el antes mencionado Goebbels (ministro de propaganda, autor del libro La lucha por el poder), Clauberg (ginecólogo obsesionado por los experimentos macabros), Kramer (“la bestia de Belsen”), Krebsbach (el que ordenaba inyectar gasolina en el corazón de deportados), Eichmann (el asesino de “la solución final”) y Mengele (“el ángel de la muerte”) en cuyo contexto Bilbeny destaca en toda su crudeza el patético “gusto por la tortura” y concluye que la responsabilidad es siempre individual por más que pretenda ocultarse en la multitud: “La apatía moral es siempre del individuo, aunque se multiplique por cien mil y adquiera la forma de decreto” y nos informa que “en las cocinas de Auschwitz había un letrero que decía hay un camino hacia la libertad, sus hitos se llaman obediencia, laboriosidad, limpieza y amor a la patria” y también nos dice que el lema de la SS era “mi honor es mi lealtad”…lealtad a la barbarie, no lealtad a valores morales anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

    Por mi parte formulo la siguiente crítica al libro de Bilbeny, algo que resulta desafortunadamente común. Cuando se está frente a monstruos, a “la banalidad del mal” como diría Hanna Arendt, hay a veces la tendencia de calificar a estos sujetos como “enfermos mentales” pero como nos enseña Thomas Szasz en El mito de la enfermedad mental, desde el punto de vista de la patología una enfermedad se concreta en problemas en los tejidos, en las células y en cuerpos pero las ideas no están enfermas. Pueden desde luego estar equivocadas o contradecir la lógica pero no pueden enfermar en el sentido médico de la expresión. Pueden sufrir trastornos en la sinapsis y en los neurotransmisores, problemas químicos en el cerebro todo físico pero no mental, no enfermedad del pensamiento.

    En este sentido resulta también de provecho la lectura de una de las obras del doctor en medicina Stanton E. Samenow titulada Inside the criminal mind donde explica que su entrenamiento fue en la línea freudiana en cuyo contexto el que hace daño es un enfermo y no un delincuente. Escribe: “Cuando comencé mis trabajos creía que el comportamiento era un síntoma de conflictos enterrados resultado de traumas anteriores. Pensaba que las personas que cometían actos criminales eran víctimas de un desorden psicológico, de un ámbito social opresivo o ambas cosas. Concluía de mi trabajo que el crimen era normal, si no una reacción excusable de desesperación y pobreza que pervertían vidas”.

    Pero escribe Samenow que todo lo tuvo que rever y volver a estudiar cuando tuvo acceso a otros profesores y a una visión radicalmente distinta cuyo aspecto medular reside en la naturaleza del ser humano despojada de visiones que la opacan y degradan. Dice siempre en el libro mencionado que la esencia de esta nueva y valiosa perspectiva “consiste en que el criminal elige cometer crímenes. El crimen reside en la persona en cuestión y es causado por el modo en que piensa, no forzado por su medio ambiente. Los criminales piensan de un modo distinto a como lo hacen las personas responsables. Lo que debe ser cambiado es el modo en el que ofende se ve a sí mismo y al mundo que lo rodea. Enfocar en otros aspectos es equivocado. Encontré que el enfoque convencional psicológico y sociológico sobre el crimen y sus causas es erróneo y contraproductivo porque solo ofrece excusas. De considerar al criminal como víctima pasé a considerarlo victimario que libremente decide su modo de vida […] el tema central es uno de valores.” Sostiene que los criminales aprenden a engañar a sus detractores y a enfatizar en sus desgracias como disfraz para sus fechorías en vista de la percepción absurda y contraproducente que comentamos, a lo que se agrega en algunos medios el “abolicionismo” en materia penal pues se mantiene que el delincuente no es responsable de sus actos debido al determinismo presente en ese razonamiento, en lugar de apuntar al libre albedrío y a los valores de la sociedad libre.

    Como se ha apuntado, el determinismo considera que los humanos somos solo kilos de protoplasma y por ende encerrados en los nexos causales inherentes a la materia donde no hay libertad. El premio Nobel en medicina Roger Sperry ilustra el desatino del determinismo al consignar que la pretensión de descifrar el código cognitivo por la biología equivale a intentar la interpretación de un mensaje escrito analizando la composición química de la tinta.

    Por otra parte, en relación con lo anterior, es en verdad un insulto a nuestros ancestros el sostener que la pobreza extrema genera delincuentes pues todos provenimos de las cuevas y la miseria más espeluznante de lo cual no se desprende que descendemos de criminales. Por otra parte, no hay más que ver a barones de la droga o empresarios prebendarios con cuantiosas fortunas que son delincuentes que muchas veces incluso operan con apoyo y estímulo gubernamental.

    En otros términos, la responsabilidad de cada cual es ineludible por lo que destacamos actitudes de inmenso coraje moral como el de Sophie Scholl y condenamos enfáticamente a los criminales que operan bajo la protección del aparato estatal y en un plano más general a todos los que comenten crímenes, es decir los que atacan los principios medulares de una sociedad civilizada: la vida, la libertad y la propiedad, cualquiera sea su procedencia. Ese es el sentido de la definición de liberalismo que fabriqué hace tiempo y que me halaga sea repetida: “El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”, toda lesión al derecho se aparta del respeto irrestricto e invade las autonomías individuales.

  • Camioneros activistas en Canadá migran a Bitcoin

    Los camioneros activistas en Canadá migran a la criptoplataforma de recaudación de fondos Tallycoin tras la prohibición de seguir recaudando en GoFundMe. Bitcoin, resistente a la censura, interviene donde GoFundMe se desmorona, demostrando su utilidad en tiempos de crisis.

    Los camioneros que protestan por las medidas restrictivas dictaminadas por el gobierno canadiense y amparadas en el COVID-19,  decidieron cambiarse a la plataforma de financiación colectiva basada en Bitcoin Tallycoin, luego de la creciente presión política que culminó con GoFundMe eliminando su “Freedom Convoy Campaing” (campaña de la caravana de la libertad).

    Desde la llegada del convoy, los principales medios de comunicación han estado informado de incidentes de odio y violencia por parte de los manifestantes. Un reclamo denominado “gaslighting authoritarianism” por el autor liberal James Melville.

    Con base en estos informes y a instancias de las fuerzas del orden locales, GoFundMe congeló los fondos de la campaña de los camioneros que ascendían a la suma de USD $ 9 millones en donaciones.  Según se afirmó desde GoFundMe, los activistas rompieron sus términos del servicio. La plataforma fue más allá aún. En una decisión absolutamente arbitraria y rayando en el delito, tomó la decisión de que en lugar de enviar esos fondos a los solicitantes, repartiría esos fondos a otras organizaciones.

    Luego de una oleada de críticas, y atendiendo la posible comisión de un delito, la plataforma informó que reembolsaría automáticamente los fondos a los donantes. A su vez, ello generó una campaña de los furiosos donantes que comenzaron a difundir sobre cómo utilizar otra de las formas de solicitar el reembolso para castigar a la empresa financieramente: realizar un pedido de disputa ante la tarjeta de crédito, que implicaría un cargo de unos 15 dólares de penalización a GoFundMe por cada transacción. Esta historia aún está en proceso, dado que el Fiscal General de Texas, Ken Paxton, dijo a través de las redes sociales que había reunido a un equipo para investigar a Gofundme sobre los cargos de fraude y engaño.

    No obstante, el daño a la reputación de Gofundme ya se ha hecho, y una vez más, se muestra la susceptibilidad de las plataformas centralizadas a la presión política.

    Cabe señalar que poco antes de que se eliminara la campaña Freedom Convoy, desde la misma plataformaba se informaba que se había convertido en la quinta más exitosa en la historia de GoFundMe.

    Plan B: Recurrir a las criptomonedas

    Luego de que GoFundMe eliminara definitivamente la campaña, los camioneros de la libertad (que tienen un gran número de adeptos en aumento, por cierto) se movieron al mundo de las criptomonedas. Recurrieron a Tallycoin, una plataforma de financiación colectiva construida sobre la cadena de bloques de Bitcoin (BTC).

    En la web de Tallycoin, los solicitantes justifican la elección de la plataforma de criptomonedas, como sustituto del anterior método de recaudación:

    A la comunidad canadiense de Bitcoin le gustaría tener un segundo punto de acceso financiero para #FreedomConvoy2022. La infraestructura financiera heredada a veces se puede politizar y reprimir, mientras que Bitcoin es un método de comunicación de valor verdaderamente resistente a la censura. No permita que sus voces sean silenciadas, y no permita que su soberanía financiera sea pisoteada.

    Y han tenido respuestas, aunque no en el volumen que probablemente esperaban. Aún. A las 7:00 am hora de Nueva York, el total de recaudado por la plataforma es de 8,8 bitcoins, equivalentes a USD $375.619,9, según la calculadora de Criptomercados. Hasta el momento, el monto es mucho menor al monto que se había logrado por GoFundMe, que eran USD $9 millones, lo cual es esperable debido a que existe un enorme desconocimiento aún por esta tecnología. Aún es temprano para evaluar, pero gracias a más de 4.000 donantes, ya la convierte en la campaña número uno de la plataforma Tallycoin y llegando a su meta inicial.

    La plataforma ha informado que no toma comisiones de las donaciones y  las campañas reciben todas las donaciones directamente a su propio nodo dedicado. Al eliminar al intermediario, a favor de las transacciones peer-to-peer, tanto en cadena como a través de Lightning Network, los camioneros pueden acceder a la financiación sin temor a que las autoridades intervengan.

    Esto no será la primera vez que los manifestantes recurren a la criptografía después de que las autoridades censuran los métodos de donación centralizada. Por ejemplo, en 2020, los nigerianos que protestaban contra la brutalidad policial comenzaron a aceptar donaciones criptográficas después de que los bancos congelaran sus cuentas. En Myanmar, el gobierno en la sombras del país usa ahora el USDT como su moneda oficial.

    Estas movidas, como la que acaba de ocurrir, demuestran la vulnerabilidad y dependencia al criterio político de turno de las plataformas centralizadas como GoFundMe o incluso los bancos tradicionales, y vistas desde el lado positivo, continúan haciendo más favorable las opiniones y la adopción para las criptomonedas.

    Según la activista de Bitcoin, Marty Bent, la decisión de GoFundMe es un respaldo para Bitcoin en la búsqueda de la libertad. Esto muestra además que la centralización seguirá siendo propensa a la censura, sin importar cuán imparcial ellos se vendan inicialmente.