Categoría: Acción Humana

  • La Doctrina de la Obediencia

    Un MEDUCA (Ministerio de Educación) no puede más que vender doctrina de obediencia a los gobiernos del estado; y vemos que cada gobierno tiende a imponer sus intereses más que los de la comunidad. Pero la tiranía no conjuga con el verdadero espíritu humano, ese que crece y florece en libertad, tal como dice nuestra Constitución en el mero principio de su Preámbulo. En los gobiernos de la Cosa Nostra es natural la emergencia del despotismo y vaya que si se tiene la herramienta ideal para adoctrinar no la van a usar.

    En el MEDUCA será raro encontrar espontaneidad, diversidad, y personas independientes, el producto de la educación centralizada son caminos de servidumbre semejantes a los rebaños de semovientes. Aún, históricamente, las manifestaciones estudiantiles han sido más instrumentos de la Cosa Nostra, en dónde sus clanes se baten furiosamente por ganarse el Palacio de las Garzas.

    ¿Crees que el estatista o el estatismo no va a procurar el servilismo? Las opciones están entre el control parental o estatal. Y si creen que exagero, sólo tienen que fijase en nuestro Panamá en dónde el estado, a través de sus gobiernos los tenemos metido hasta en el agua de nuestros retretes.

    La educación no siempre la manejaron los gobiernos del estado. Y en esto vale hacer un alto y distinguir entre “estado y gobierno”. El estado es la población, mientras que los gobiernos son los organismos que crea el estado para arbitrar el partido de la nación. Y perdonen que lo diga, pero hasta para robar. El asunto es que con la centralización educativa no se logró mejorar ni la educación ni los educados. En los EE.UU. lo que si se logró en los primeros 5 años luego de la centralización fue un aumento de 750% en los salarios de los funcionarios encargados del adoctrinamiento; con el perdón de los verdaderos educadores que sé los hay pero como dice el refrán: “La excepción confirma la regla”.

    La otra fue la educación compulsoria, en dónde o vas al MEDUCA o a las escuelas privadas que son tuteladas por el MEDUCA. Al comienzo de la centralización la educación en casa era muy mal vista o hasta prohibida. Recuerdo el caso de una familia alemana que se mudó a los EE.UU. para educar en casa a sus hijos. Un día entró el SWAT derribando pureta y armados hasta los dientes, y se llevaron esposados a los padres, frente a sus hijos; porque habían recibido una orden de captura por INTERPOL.

    Y, con el centralismo viene apareado el síndrome de la igualdad o equidad; lo cual es absurdo dado que si algo caracteriza este mundo es la desigualdad. ¿Se imaginan un mundo en dónde todos son iguales en la ignorancia? En el aula lo peor es la uniformidad en la enseñanza, ya que el aprendizaje no es parejo. Yo fui uno de los alumnos más retrasados en mi primaria y parte de la secundaria y, sin embargo, miren que no escribo tan mal.

    La igualdad en el salón hace que los aventajados se aburran y los retrasados se frustren. Cada niño aprende a su ritmo y en virtud de la emoción. ¿Crees que en un partido de futbol hay igualdad? Aún, la tendencia de una educación centralizada e igualitaria es tornarse represiva, lo cual destruye el proceso educativo. La igualdad no puede ser obligada; lo cual ha llevado a aguar la sopa para que todos sean igualmente ignorantes.

  • La Familia o la Cosa Nostra

    La Cosa Nostra o Mafia Siciliana tienen bastante en común con algunos gobiernos que se constituyen no a través de un voto democrático limpio y transparente sino una votación prostituida mediante variados mecanismos de engaño y adoctrinamiento. Y no, “prostituido” no sólo se refiere al mercado sexual sino a lo que se corrompe o rebaja.

    A través de la historia humana el poder gubernamental ha sido como la miel, que atrae moscas; lo cual digo en plural. Moscas que se congregan en familias o agrupaciones que se toman el poder a través del poder, el chantaje, violencia, la ley prostituida y el oscurantismo engañoso. Y una de las herramientas favoritas la tenemos en el adoctrinamiento; tal como cuando los gobiernos se toman para sí la educación, esa que nos es una legítima función gubernamental, pero que sirve de maravillas para la Cosa Nostra, tal como el MEDUCA y vayamos a eso.

    ¿A quién corresponde la educación de los hijos, a la familia a la Cosa Nostra? Ni siquiera cuando no es Cosa Nostra un gobierno debe crear MEDUCAs. Y veamos que si tantos gobiernos que hemos conocido en nuestro patio pocos han sabido gobernar. ¿por qué piensas que sabrán educar? De hecho, el MEDUCA no sirve para educar, pero sí para adoctrinamiento de pobreza. El elemento o fin central de la educación es ayudar al niño en su camino hacia la independencia; la cual se da al sexto grado o los 12 o 13 años, cuando los niños y niñas ya son adultos… ¿o es que crees que un ser humano que ya puede reproducirse no es un adulto?

    Si luego de esa edad los tratamos como niñitos, seguirán siendo niñitos; y así lo consideran los hebreos que celebran el “Bar Mitzvá”. Así, lo lógico y sensato es que sean los padres que estén encargados en la educación de sus hijos y, si van a buscar ayuda para ese fin, no debemos inducirlos y menos obligarlos a que sea un MEDUCA; que es un ente político o peor, un ente de la Cosa Nostra.

    En algunos países que por diversas razones no han logrado buen desarrollo social; la evidencia apunta hacia los porcentajes natalidad fuera de la familia nuclear, fuera del matrimonio. Aún en estos casos el o los MEDUCA no son la solución, pues en ello no hay atajos. Lo esencial es respetar el ‘derecho paterno a escoger’, pues sin ello no sólo los niños no maduran sino tampoco los padres.

    Es iluso o ingenuo pensar que los gobiernos del estado por intermedio de MEDUCA se preocuparán por la personalidad independiente de sus víctimas… eee alumnos. ¿De verás crees que el MEDUCA sirve para crear emprendimiento; cuando sus “educadores” no son sino funcionarios sindicalizados que se afanan más en cierres de calles?

    Sin libertad no se puede desarrollar la persona. De hecho, sin emoción no hay educación y aprendizaje y vaya usted a ver si en el MEDUCA hay emoción. Busquen la canción de Pink Floyd intitulada “We are not Brick on a Wall” -no somos ladrillos en una pared. Más aún, la educación y la violencia no conjugan; pero… vayan a ver que los gobiernos son entes de violencia y compulsión. No más con la palabra “impuestos” deberíamos ver esto.

    Y, ni hablar que los gobiernos del estado imponen uniformes o uniformidad y no personalidad libre que rechaza a la Cosa Nostra. Este es el caso del colectivismo socialista que no gusta de la libertad. De hecho, ello ocurre con los currículos que típicamente tienden a la uniformidad; y vaya usted a ver si la riqueza la encontraremos uniformemente distribuida en el mundo.

  • Rebelión en la granja a 80 años: las advertencias de Orwell frente al autoritarismo populista

    En 1945 George Orwell publicó Rebelión en la granja, una fábula política que, bajo la apariencia de un cuento sobre animales, encierra una de las críticas más lúcidas y mordaces contra el totalitarismo. Han pasado 80 años desde entonces y, sin embargo, las advertencias que plantea el autor inglés no solo no han perdido vigencia, sino que parecen cobrar nueva fuerza en un mundo donde los populismos autoritarios resurgen, apelando a las emociones más básicas de la gente: el miedo, la desconfianza hacia un enemigo común y la promesa de seguridad a cambio de libertad.

    El relato es conocido: los animales de una granja se rebelan contra los humanos opresores en nombre de la igualdad y la justicia, pero pronto la revolución es secuestrada por una élite —los cerdos— que va imponiendo su dominio con métodos cada vez más despóticos. Lo que comenzó como una utopía emancipadora termina convertido en una tiranía más brutal que la anterior. “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, reza la célebre máxima que resume la traición al ideal original.

    Desde una perspectiva del liberalismo clásico, Rebelión en la granja es una advertencia clara sobre los riesgos de concentrar el poder, incluso en nombre de causas justas. Orwell muestra cómo la promesa de igualdad y justicia degeneran en una maquinaria de control absoluto, donde la libertad individual se sacrifica en aras de un supuesto bien colectivo. El problema no es solo el tirano que asciende, sino la ingenuidad de quienes, con la esperanza de un futuro mejor, ceden sus derechos a un poder que pronto se vuelve incuestionable.

    La clave de la manipulación, nos recuerda Orwell, está en el manejo del discurso. Los cerdos, encabezados por Napoleón, reinterpretan los principios de la revolución según sus propios intereses. Cada vez que los animales dudan, el propagandista Squealer (el “Chillón”) está ahí para convencerlos de que recuerdan mal, de que lo que se hace es por su bien. Es imposible no ver en este personaje un antecedente de lo que hoy llamamos “posverdad”: la manipulación emocional de los hechos hasta que la gente duda de su propia memoria y percepción.

    En la política contemporánea, los populistas autoritarios emplean estrategias similares. Necesitan fabricar enemigos permanentes: “el extranjero”, “el rico explotador”, “la élite globalista”, “los traidores internos”. Así logran movilizar al pueblo detrás de una narrativa de lucha constante, en la que el líder se erige como el único protector. El enemigo externo cumple la misma función que el mítico “Snowball” (Bola de Nieve) en la novela: una figura convenientemente culpable de todos los males, aun cuando esté ausente. “Siempre que algo salía mal, se le echaba la culpa a Bola de Nieve”, se nos dice en la fábula, un recurso que no dista de lo que vemos en líderes actuales que justifican sus fracasos atacando a adversarios imaginarios.

    La tradición liberal clásica ha insistido en que el poder debe estar limitado, controlado y disperso. Friedrich Hayek advertía que “la concentración del poder es siempre peligrosa, sin importar las intenciones de quienes lo ejercen”. En este sentido, Orwell y los liberales comparten una intuición común: el peligro no está solo en quién gobierna, sino en el hecho mismo de que alguien pueda gobernar sin contrapesos reales.

    En la actualidad, el fenómeno no se limita a regímenes explícitamente totalitarios. Gobiernos democráticos también adoptan lógicas populistas: restringen libertades, amplían el control estatal, y todo ello bajo el argumento de que “el pueblo” exige protección. La pandemia, las crisis económicas y las tensiones geopolíticas han servido de excusa para que algunos líderes impongan medidas extraordinarias que luego se normalizan. El ciudadano, cansado y temeroso, acepta la pérdida de derechos a cambio de seguridad, repitiendo el ciclo que Orwell tan bien ilustró.

    La lección más incómoda de Rebelión en la granja es que la servidumbre no siempre es impuesta a la fuerza: a menudo es aceptada. Los animales, agotados y confundidos, terminan justificando su opresión. En un pasaje, Orwell nos muestra cómo el caballo Boxer, símbolo del trabajador obediente, repite incansablemente: “Yo trabajaré más fuerte” y “Napoleón siempre tiene razón”. En esas frases se refleja el drama de quienes, por fe ciega o resignación, terminan sosteniendo al sistema que los explota.

    A 80 años de su publicación, Rebelión en la granja nos advierte que la libertad no se pierde de golpe, sino gradualmente, disfrazada de justicia, seguridad o igualdad. Los liberales encuentran aquí una confirmación de su advertencia: ningún poder absoluto es benigno, y ningún líder que pida confianza ilimitada merece recibirla. Como en la novela, el precio de la ingenuidad política es ver cómo un día, al mirar a los nuevos amos, “era imposible distinguir a los cerdos de los hombres”.

    Orwell no escribió un manual de política, sino una parábola sobre la naturaleza humana y el poder. Pero su mensaje sigue siendo urgente: la libertad requiere vigilancia constante, desconfianza hacia todo poder concentrado y el valor de resistir a quienes, en nombre del pueblo, buscan convertirnos en súbditos.

  • El Cateo Ilegal

    “Cateo” viene del latín “captare”, de coger o buscar; tal como ocurre con la búsqueda de vetas auríferas en minas y tal. También el uso ha llevado el término a referirse la búsqueda de evidencias relacionadas con delitos. Pero, lo que no es legal es la detención y cateo en ausencia de delitos o razonable sospecha de ello. Sin embargo, no es nada rara esa actuación policial en Panamá y la pregunta sería ¿por qué lo hacen? La respuesta la encontraremos en una historia de gobernanza desmedida y corrupta que nuestra gente ha apadrinado a través de los siglos.

    Una organización policial que permite a sus agentes cometer semejantes delitos sin ningún resquemor dice mucho acerca de la corrupción endémica que traemos en el DNA en este hermoso istmo. Es así, ya que las autoridades no pueden desconocer semejante práctica; la cual se da con peatones y conductores de autos. Y las excusas que dan son ¡baladí!; termino de origen árabe que significa “tierra”, o digo yo… “mugre”.

    Alegan algunos que la detención, con demanda de identificación y cateo se justifica como herramienta para pescar delincuentes. ¡Qué lindo!, considerando que en tales actos el delincuente es el agente de policía. Esa no es la manera de pillar delincuentes; y al respecto doy un ejemplo: Si los agentes de tránsito se dedicaran a patrullar y pescar a los infractores crónicos, verían que entre ellos están los malandrines. Triste que a menudo los malandrines son los de la ATTT.

    Vayamos al fondo jurídico… tal como el caso de Jennings versus Smith, en que se demandó por pedido ilegal de identificación a un pastor negro. El pastor regaba el jardín de su vecino que se había ido y le pidió el favor. Una vecina vio al pastor y llamó a la policía, que llegó e interrogó al pastor; quien explicó el caso, pero igual le pidieron identificación y el pastor se negó. Imagínense, que para salir a regar el jardín del vecino tienes que llevar cédula o tal. En fin, el caso fue hasta la Corte Suprema de Alabama, la cual falló en contra de pedir identificación cuando no media falta ni delito de por medio.

    Entonces, regresemos a Panamá en dónde a mi hermano en dos ocasiones que fue detenido sin mediar causa se negó a presentar su licencia. En el primer caso fue un agente motorizado que insistió y mi hermano le declaró arresto al agente; el cual salió en corriendo, se montó en su moto y se dio a la fuga. En el segundo caso lo detuvieron en un retén, de esos que se hacen fuera de norma: “Su licencia.” “¿Por qué?” “¡Su licencia!” Mi hermano cerró la ventana. Lugo vino un sargento y luego un teniente; este último le preguntó: “¿Qué ocurre señor?” “Que me piden la licencia y cuando pregunto por qué no me dan razón.” El teniente: “Señor, ¡váyase, váyase!” ¿No les dice esto algo mis estimados lectores?

    El meollo o tuétano del asunto es que en una población en donde no se respeta a los ciudadanos o extranjeros el bienandar anda trastabillando, ese que nace con el respeto a la libertad, es que es lo primero que aparece en el Preámbulo de nuestra malísima constitución; la cual, al menos, en eso no anda mal al decir:

    “Con el fin supremo de fortalecer la Nación y garantizar la libertad…”

    Es simple, cuando el mal ejemplo lo apadrinan las autoridades que permiten o hasta andan en contubernio con sus agentes, es análogo a los padres de familia que no enseñan el bienandar as sus hijos.

  • Acuerdos libres y voluntarios, el caso SpareFare

    Desde tiempos inmemoriales, el ingenio humano ha superado los límites del statu quo: frente a rígidas regulaciones o situaciones imprevistas, las personas inventan soluciones, pactos y mecanismos que responden a nuevas demandas, aportando valor y flexibilidad a la sociedad. Esta “acción humana”, en palabras de Mises, es el motor del progreso: es a través de miles de acuerdos libres y voluntarios que se construyen mercados, instituciones y redes de cooperación.

    La plataforma SpareFare es un claro ejemplo contemporáneo de esta dinámica. Su objetivo es simple pero potente: conectar a personas que tienen reservas de vuelos, hoteles o paquetes vacacionales —no reembolsables y que ya no pueden usar— con otras que desean comprarlas a precios significativamente inferiores a los del mercado convencional.

    Fundada en 2016 y con sede en Londres, SpareFare se presenta como el mercado secundario más grande, seguro y confiable para la compraventa de reservas de viaje. Vendedores y compradores se conectan directamente, pero con la plataforma funcionando como intermediario tecnológico y garante: los primeros listan sus reservas, los segundos hacen ofertas o pujas, y si ambas partes aceptan, hay un intercambio dentro de un plazo de 48 horas, que culmina con la transferencia del dinero o del billete según el rol.

    Aquí emergen con fuerza los elementos distintivos de los acuerdos libres y voluntarios: autonomía, cooperación espontánea y beneficio mutuo. El vendedor recupera una parte del gasto que de otro modo perdería; el comprador accede a una oferta inesperada, a menudo con descuentos de hasta 50‑60 %. Todo ello sin necesidad de regulación coercitiva ni intervención estatal.

    Además, la plataforma ofrece mecanismos de seguridad —como protección contra fraude— que permiten minimizar el riesgo, facilitando la confianza entre personas que de otro modo no se conocerían. El mercado se autorregula mediante reputación, reseñas y sistemas de valoración.

    No obstante, los mercados voluntarios no están exentos de crítica o desafíos. Algunas opiniones de usuarios señalan problemas relacionados con la experiencia de usuario, estructura de comisiones, lentitud en ventas o atención al cliente. Esto demuestra que, aunque el mercado es creativo y espontáneo, también es perfectible: requiere retroalimentación, ajustes y mejora constante impulsada por quienes participan.

    SpareFare en la economía colaborativa: comparativa con otros modelos

    La economía colaborativa ha transformado sectores enteros al facilitar el encuentro directo entre oferta y demanda. SpareFare se inscribe en esa lógica, pero con características singulares. Veamos:

    Airbnb (alojamiento)

    • Similitud: conecta personas con recursos subutilizados (una casa o habitación vacía, en Airbnb; una reserva no reembolsable en SpareFare) con quienes desean aprovecharlos.
    • Diferencia: Airbnb crea experiencias repetibles, donde el anfitrión puede “profesionalizar” su servicio; SpareFare, en cambio, suele operar en transacciones únicas (un vuelo, un hotel, un paquete puntual).
    • Reflexión: SpareFare se acerca más a rescatar “valor perdido” que a generar un flujo constante de ingresos.

    BlaBlaCar (transporte compartido por carretera)

    • Similitud: ambos aprovechan un recurso ya adquirido. En BlaBlaCar, es un asiento en un coche que ya iba a viajar; en SpareFare, un billete o reserva ya comprada.
    • Diferencia: BlaBlaCar es preventivo (se organiza antes del viaje), mientras SpareFare es correctivo (aparece cuando la persona ya no puede usar lo comprado).
    • Reflexión: ambos reducen desperdicio y permiten ahorro, mostrando cómo la cooperación voluntaria mejora la eficiencia.

    Wallapop / Vinted (compra-venta de segunda mano)

    • Similitud: ponen en valor lo que alguien ya no usa, evitando que se pierda y generando beneficio para comprador y vendedor.
    • Diferencia: los objetos físicos en Wallapop pueden revenderse infinitas veces; en SpareFare, la reserva es perecedera y única (fecha fija, vuelo único).
    • Reflexión: SpareFare es un mercado “urgente”, donde el tiempo es determinante y donde la plataforma debe garantizar agilidad.

    StubHub / TicketSwap (entradas de conciertos y eventos)

    • Similitud: permiten revender un bien perecedero (entrada con fecha y lugar definidos).
    • Diferencia: las entradas tienen más estandarización; en viajes, cada reserva implica datos personales y cambios de nombre con reglas específicas según aerolínea u hotel.
    • Reflexión: aquí se ve la verdadera innovación de SpareFare: no basta con transferir un “código”, sino con crear un entorno seguro para trámites más complejos.

    En síntesis, SpareFare se distingue en la economía colaborativa porque no parte de un recurso disponible por diseño, sino de un una contingencia personal: una reserva no reembolsable que, en el esquema tradicional, solo genera pérdida. La plataforma lo convierte en oportunidad, conectando inteligentemente oferta y demanda ejemplificando lo señalado por Kirzner sobre el emprendedurismo.

    SpareFare no es solo una plataforma comercial: es un microcosmos de mercado libre en acción. Demuestra que, cuando se permite a los individuos interactuar voluntariamente y responder creativamente a desafíos, surgen soluciones valiosas sin necesidad de regulaciones rígidas. La cooperación voluntaria —basada en la acción humana, el ingenio y la autonomía— genera estructuras eficientes, equitativas y evolutivas.

    En tiempos donde se debate tanto sobre regulación, paternalismo o subsidios, ejemplos como SpareFare reafirman que gran parte del progreso no proviene de arriba, sino de acuerdos espontáneos libres y voluntarios entre personas que buscan mejorar su bienestar y el de los demás. Y ese, en definitiva, es el mejor tributo a la libertad práctica.

  • Sharifeh Mohammadi: libertad, disidencia y el espejismo de los “derechos positivos”

    La historia de Sharifeh Mohammadi, ingeniera, sindicalista y activista, es un espejo donde vemos con nitidez el conflicto entre el individuo y el Estado. Arrestada en diciembre de 2023, fue condenada a muerte en julio de 2024 por “baghi” (rebelión armada), pese a que su “delito” real fue apoyar la autoorganización obrera y derechos de mujeres y trabajadores. La condena fue anulada por la Corte Suprema en octubre de 2024 por “defectos” del proceso; sin embargo, en febrero de 2025 un tribunal revolucionario volvió a imponer la pena capital, y el 16 de agosto de 2025 la propia Corte Suprema la ratificó, dejando su vida en manos del capricho estatal.

    Desde una perspectiva libertaria, el caso es paradigmático: el Estado se arroga la potestad de definir qué asociaciones son “peligrosas” y qué ideas merecen castigo. La coacción jurídica se disfraza de “seguridad” para legitimar la censura y el control social. Para colmo, los cargos se apoyan en afiliaciones pasadas a organizaciones legales de trabajadores o en actividades de difusión, desde artículos hasta grupos de mensajería, lo que convierte la libertad de asociación y de expresión en papel mojado. Varias organizaciones de derechos humanos han subrayado el carácter político de la causa y las violaciones de debido proceso: confesiones bajo coacción, ambigüedades probatorias, juicios de excepción.

    Este choque evidencia una confusión frecuente en el discurso contemporáneo: creer que la libertad se deriva de “derechos positivos”, prestaciones, favores, cuotas administrados por la burocracia. El feminismo libertario recuerda lo contrario: mujeres, hombres y personas trans o no binarias  o de cualquier opción de género escogida, poseen derechos por el hecho de ser individuos. Esos derechos naturales —vida, propiedad, libertad ( dentro de las cuales se dan la asociación o expresión) no “se conceden” desde el estado; se reconocen y se protegen, ante todo, limitando el poder coercitivo estatal. Cuando el Estado se erige en tutor, convierte a los ciudadanos en súbditos: primero condiciona, luego selecciona, y al final decide quién merece hablar, reunirse, protestar o, como en el caso de Mohammadi, quién merece vivir.

    Lejos de la retórica de despacho, hay experiencias que encarnan un feminismo de base, centrado en la agencia personal y la autodefensa comunitaria. Las mujeres de Rojava (noreste de Siria) han construido estructuras horizontales —consejos paritarios, casas de mujeres (Mala Jin), justicia comunitaria— y milicias de autodefensa como las YPJ, que fueron clave contra ISIS. Su ideario, conocido como jineolojî, pone la libertad femenina y la autonomía local en el centro, sin esperar permisos de ningún ministerio. No es un “falso feminismo” de privilegios concedidos desde arriba, sino un ejercicio directo de libertad y responsabilidad compartida.

    En esta clave, el caso de Sharifeh no es una excepción trágica, sino el recordatorio de que la emancipación no se negocia con el poder: se ejerce. Quien defiende un feminismo libertario no pide trato preferencial ni nuevas cadenas “bienintencionadas”, pide que el Estado quite las manos de la garganta: que no criminalice la asociación, que no castigue la crítica, que no convierta tribunales en patíbulos. El pluralismo —mujer, hombre, trans, gay, o como cada quien se defina— se defiende protegiendo al individuo concreto, no creando castas jurídicas.

    ¿Qué hacer? Primero, claridad moral: condenar sin matices la pena de muerte y la criminalización de la disidencia. Segundo, solidaridad práctica con los presos de conciencia y con las redes que documentan abusos y ofrecen defensa legal. Tercero, coherencia intelectual: el feminismo que delega su fuerza en “derechos positivos” administrados desde arriba termina rehén de la misma maquinaria que hoy ejecuta a las disidentes. La alternativa libertaria es más austera y más exigente: límites estrictos al poder, garantías procesales reales, y un principio indeclinable de no agresión.

    Sharifeh Mohammadi nos interpela desde el lugar exacto donde la libertad deja de ser eslogan: cuando cuesta. Su vida pende de una resolución dictada por jueces que responden a la razón de Estado. La nuestra, en cambio, puede responder a la razón de la libertad: defender a cada individuo, sin apellidos ideológicos ni prebendas, porque ahí —y sólo ahí— empieza la justicia.

  • El individuo por encima del Estado: la amenaza a la libertad en tiempos del veredicto Storm

    Desde una perspectiva libertaria, la máxima de Jorge Luis Borges, “Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos”, refleja una esperanza fundamentada más en la maduración moral humana que en el rechazo simplista del Estado. No es un capricho literario, sino una aspiración profunda: llegar a un futuro donde las personas sean lo suficientemente civilizadas para convivir sin estructuras coercitivas.

    Esta idea cobra fuerza en un contexto donde el Estado, por su propia naturaleza expansiva, parece más una amenaza que una garantía. Como sostiene el fallo reciente contra Storm, el Estado no siempre está al servicio del individuo. Al contrario, cuando ampara o amplía su aparato coercitivo, pone en riesgo las libertades fundamentales.

    Los valores libertarios descansan en la convicción de que el individuo posee derechos inalienables: vida, libertad, propiedad y que éstos deben estar protegidos frente a cualquier invasión del poder estatal. El Estado, en cambio, por definición, tiende a priorizar los propios intereses de una mayoría circunstancial ejerciendo el gobierno, expandir su control y reglamentar las acciones de los ciudadanos aunque sea bajo el velo del “bien común”.

    El veredicto contra Storm, que destruye, sin matices, el ejercicio genuino de esas libertades, confirma esta peligrosa dinámica. La justicia, en este caso, se convierte en herramienta de represión. El Estado actúa como acusador, juez y verdugo, sin distinción entre roles ni contrapesos efectivos. El individuo, así, queda subordinado a una máquina estatal rígida y deshumanizada.

    Por eso, afirmar que “el gobierno no es tu amigo” no es una frase retórica vacía: es reconocer que la protección real de la libertad está en los límites que los ciudadanos imponen desde su autonomía. La verdadera defensa de los derechos surge cuando el Estado reconoce su rol limitado y cede el protagonismo al individuo responsable.

    Pero esto no implica caer en el nihilismo. El objetivo no es abolir el Estado hoy, sino replantear su naturaleza. Requiere reglas mínimas, claras y concretas, donde el poder estatal sea transparente, accountable y subsidiario. Un Estado que cumpla funciones imprescindibles: seguridad, justicia, defensa, sin invadir los espacios del individuo.

    La cita borgiana, entonces, ilumina una senda esperanzadora: mereceremos un futuro sin gobiernos, no porque los despreciemos, sino porque habremos alcanzado un grado de civilización tal que ya no los necesitaremos para convivir con respeto, ética y responsabilidad individual.

    Mientras tanto, el fallo contra Storm pone en evidencia cuánto queda por recorrer. La libertad no es una concesión estatal: es un activo que es anterior al estado, son derechos self-evident por el mero hecho de ser seres humanos, derechos fundamentales que debemos defender y resguardar con firmeza. El individuo debe velar por sus derechos siempre ante cualquier forma de autoridad que los desmerezca. Y nunca pedir permiso por ejercerlos siempre que respetemos a los mismos derechos en nuestros semejantes.

    Este fallo contra Storm refuerza una enseñanza clara: el individuo no debe delegar su soberanía en un Estado con intereses propios de quienes gobiernan. Debe vigilar, cuestionar y, sobre todo, actuar libremente. Los libertarios compartimos la convicción de que el Estado no es nuestro amigo; reconocerlo no es derrotismo, sino una advertencia necesaria para defender lo que realmente importa.

  • Google Play exige licencia bancaria para wallets: ¿seguridad o cerrojo al mercado libre?

    En agosto de 2025, Google Play anunció una nueva política que podría transformar profundamente el ecosistema de las aplicaciones de criptomonedas. A partir del 29 de octubre, solo los desarrolladores con licencia bancaria o equivalentes podrán listar apps wallets en su tienda en más de 15 jurisdicciones clave, incluyendo Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá y Japón.

    En EE. UU., los desarrolladores deberán registrarse como Money Services Business (MSB) ante FinCEN y obtener licencias estatales de transmisor de dinero, o bien actuar como bancos autorizados. En la UE, deben contar con autorización como Crypto-Asset Service Provider (CASP) bajo el marco MiCA. Lo preocupante para muchos es que no se hacen distinciones claras entre wallets custodiales —que guardan los activos del usuario— y no custodiales —donde el usuario retiene el control total de sus fondos.

    Desde una perspectiva libertaria, esta medida despierta alarmas por varias razones:

    1. Reducción de la competencia y centralización forzada: al requerir licencias costosas, se favorece a grandes empresas ya establecidas, mientras que pequeños desarrolladores, proyectos de código abierto y wallets orientadas a la privacidad quedan marginados. Así, se obstaculiza el florecimiento de alternativas descentralizadas.
    2. Regulación encubierta a través de plataformas privadas: esta no es una regulación estatal, sino una imposición indirecta de un actor privado con enorme control sobre la distribución móvil. Google asegura querer “proporcionar un entorno seguro y conforme”, pero la realidad es que está actuando como regulador de facto, sin pasar por debate legislativo ni rendición de cuentas clara.
    3. Sobre-regulación: el hecho de que FinCEN en 2019 reconociera que las wallets no custodiales no son transmisoras de dinero —por tanto, no requieren registro como MSB— choca frontalmente con el nuevo enfoque de Google, que obliga igual cumplimiento a todas las wallets.

    Wallets concretas afectadas

    • MannaBitcoin (Manna Wallet): Se trata de una wallet no custodial de Bitcoin. Su fundador, Adam Simecka, denunció que Google la deslistó sin previo aviso, eliminó reseñas de cinco estrellas y la hizo desaparecer de los resultados de búsqueda. Aunque no requiere custodia, sufrió los efectos colaterales de la política ambigua.

    • Samourai Wallet: Reconocida wallet no custodial centrada en privacidad, ya fue removida previamente por supuestas investigaciones federales (aunque FinCEN indicó que no necesitaba registro MSB). La nueva política amenaza su disponibilidad estable.

    • Wallets históricos de 2018: Google silenciosamente removió varias wallets conocidas, como Bitcoin Wallet (de Bitcoin.com), CoPay (de BitPay) y BitPay mismo. Este episodio no estaba relacionado con licencias, sino probablemente con confusiones tras prohibiciones a apps de minería.

    • Falsas apps maliciosas: Aunque no derivadas de la política, merece mencionarse que existen wallets fraudulentas que imitan servicios legítimos y han sido removidas tras estafas. Por ejemplo, una app falsa de WalletConnect drenó más de US$70 000 antes de ser retirada, y otras imitaron marcas como Daedalus.

    En respuesta a las críticas, Google aclaró en X que las wallets no custodiales no estarían en el alcance de la política, y que el Centro de Ayuda será actualizado para reflejar esa distinción. Pero dicha aclaración llega después de que el cambio generó incertidumbre, llevando a varias apps a autodeslistarse por temor a incumplimientos imposibles de asumir. Y aunque se reconozca la distinción, nada garantiza que no se mantenga la barrera de entrada para nuevos actores.

    Desde un punto de vista libertario, que defiende el libre mercado, la innovación abierta y los derechos individuales, esta medida representa un retroceso:

    • Atenta contra la libertad de creación: imponer requisitos de licencias que normalmente no se exigen para desarrolladores de software (sin que manejen dinero de terceros) crea una brecha inédita en el mundo del desarrollo móvil.
    • Amenaza la privacidad financiera: muchas wallets no custodiales son invaluablemente útiles para quienes buscan soberanía sobre sus finanzas. Exigir registros KYC/AML convierte aplicaciones que solo muestran el saldo del usuario en instrumentos más intrusivos.
    • Refuerza los monopolios tecnológicos: si solo las grandes, corporaciones con recursos legales y financieros pueden cumplir, se consolida un oligopolio de apps reguladas y homologadas, a expensas de la pluralidad del ecosistema.

    En definitiva, aunque la intención de proteger a los usuarios puede parecer legítima, el camino elegido echa por tierra principios esenciales de libertad económica y privacidad. La puerta al mercado se convierte en un portón blindado, impedimento para quienes buscan innovar sin ceder su independencia.

     

  • Jack Ma y Brandon Park : conservación desde el mercado

    Un santuario que redefine el futuro de la conservación

    Contra las creencias generalizadas que señalan a los empresarios como destructores o poco apegados al medio ambiente, algunos lo quieren proteger. En esta ocasión, el mundo se conmueve al conocer que un multimillonario chino, Jack Ma, crea un santuario silvestre, sólo enfocado en la conservación y demostrando que las grandes fortunas también pueden usarse para preservar la naturaleza.

    En junio de 2015, Jack Ma, cofundador y expresidente ejecutivo de Alibaba, adquirió una vasta propiedad de 28 100 acres (aproximadamente 114 km²) en los Adirondacks (Nueva York) por unos 23 millones de dólares. El terreno, denominado Brandon Park, incluye más de 9 millas del río St. Regis, múltiples lagos, arroyos, bosques, estanques para trucha y una cabaña tradicional.

    Esta propiedad formaba parte del legado del magnate William A. Rockefeller Jr., y luego perteneció a la familia Du Pont; fue puesta a la venta entre 2012 y 2014, con un precio inicial de 28 millones que finalmente bajó a unos 22,5 millones .

    Jack Ma realizó la compra a través de una entidad legal denominada New Brandon LLC y planea gestionar el terreno mediante una fundación sin fines de lucro, con el objetivo principal de conservar el entorno natural,  proteger la biodiversidad y evitar la destrucción por industrias madereras y mineras y también lo utilizará como retiro ocasional.

    Este paso representa su primera inversión en conservación fuera de China, coherente con su historial filantrópico en el país, donde ha impulsado iniciativas como la Sichuan Nature Conservation Foundation, la Laohegou Nature Reserve y una fundación con endowment de 3 000 millones de dólares.

    Soluciones de mercado en conservación

    Desde la óptica libertaria, el caso de Brandon Park ilustra cómo la propiedad privada y el compromiso voluntario son poderosos para la conservación de la naturaleza. Al adquirir el terreno, Jack Ma evita que se someta a actividades extractivas como la tala o minería, preservando el ecosistema sin necesidad de intervención estatal directa.

    Además, su enfoque ejemplifica cómo los incentivos del propietario alineados con el valor intrínseco del ecosistema posibilitan una gestión responsable y duradera que no dependa de imposiciones reglamentarias, sino de valores compartidos y conciencia personal.

    La tragedia de los comunes y el rol del mercado

    La teoría de la tragedia de los comunes alerta sobre cómo los recursos no privatizados, como bosques o ríos, generalmente son degradados por la sobreexplotación colectiva. En este caso, Brandon Park, bajo propiedad privada, está a salvo del deterioro que provoca la gestión común sin coordinación eficaz.

    Desde esta perspectiva, el mercado y la propiedad privada no solo permiten, sino que son necesarios para conservar bienes naturales que, de otra forma, podrían ser sobreexplotados.

    Parques concesionados como modelo mixto

    Un paralelismo útil aparece en el Parque Kruger de Sudáfrica, donde el Estado ha otorgado concesiones de caza controlada a empresas privadas. Aunque suene contraintuitivo, este modelo ha permitido proteger especies clave, como los rinocerontes, gracias a las inversiones y gestión eficiente de los concesionarios.

    Propiedad privada para la conservación

    La compra de Brandon Park por Jack Ma no solo es un ejemplo notable de filantropía medioambiental, sino también una muestra de la efectividad del orden espontáneo del mercado para la conservación ecológica. La propiedad privada, sustentada en incentivos alineados, puede superar con creces modelos centralizados y estatales en términos de eficiencia y adaptabilidad.

    En un mundo donde el Estado monopoliza con frecuencia la protección del medio ambiente, casos como este invitan a reflexionar sobre alternativas basadas en la libertad económica, el respeto por la propiedad privada y la colaboración voluntaria.

  • Monero bajo ataque: lo que debes saber sobre las últimas 48 horas

    En los últimos dos días, la comunidad de Monero (XMR) ha sido testigo de un episodio que pone a prueba tanto la fortaleza técnica como la confianza en una de las criptomonedas más centradas en la privacidad. Un pool de minería llamado Qubic alcanzó y mantuvo más del 50 % del poder de minado de la red, generando el temor de un ataque del 51 %.

    Para entender la magnitud del asunto, vale la pena repasar qué significa y por qué es especialmente sensible para una criptomoneda como Monero.

     ¿Qué es un ataque del 51 %?

    En redes de blockchain basadas en proof-of-work, si una entidad controla más del 50 % de la potencia de minado (hashrate), puede reorganizar bloques, censurar transacciones o incluso realizar ataques de doble gasto. Esto no implica necesariamente que todos esos abusos ocurran, pero el simple hecho de que el control exista ya es una amenaza seria para la descentralización.

     Lo que pasó con Monero

    • Concentración de hashrate: El pool Qubic superó el 50 % del hashrate global de Monero, activando alertas en toda la comunidad.
    • Reorganizaciones de bloques: Se detectaron reorganizaciones —por ejemplo, seis bloques consecutivos—, una señal inequívoca de manipulación activa de la cadena.
    • Impacto en el precio: En apenas 24 horas, XMR cayó entre un 8 % y 17 %, tocando mínimos de tres meses alrededor de $247–$248 USD.
    • Reacción de Qubic: El pool afirmó que se trataba de una especie de “stress test” para revelar vulnerabilidades y fortalecer la red, no para destruirla.
    • Costo estimado: Analistas como Charles Guillemet (CTO de Ledger) calculan que mantener tal nivel de control costaría unos $75 millones diarios, lo que limita la viabilidad de un ataque prolongado, pero no lo hace imposible.

    Reacción del mercado y análisis técnico

    La respuesta del mercado fue inmediata: ventas masivas y sentimiento bajista. Técnicamente, los indicadores muestran:

    • RSI en zona de sobreventa: podría indicar posibilidad de rebote técnico a corto plazo.
    • Tendencia bajista consolidada según el ADX.
    • Soportes: $240 USD como nivel inmediato, $220 USD como soporte fuerte.
    • Resistencias: $260–$265 USD inmediatos, $290–$300 USD como zona clave de recuperación.

    Posibles contramedidas

    Para protegerse contra este tipo de amenazas, la comunidad de Monero podría considerar:

    1. Descentralizar el hashrate incentivando la migración a pools más pequeños.
    2. Modificar el algoritmo RandomX para dificultar ataques prolongados.
    3. Hard fork de emergencia si la amenaza persiste.
    4. Restricciones temporales en exchanges para mitigar posibles dobles gastos.

    Escenarios a mediano plazo

    Escenario optimista
    Qubic reduce su control, la red adopta medidas y el precio se recupera hacia los $280–$300 USD. La narrativa de resiliencia refuerza la imagen de Monero como bastión de la privacidad.

    Escenario neutral
    El control alto del hashrate se mantiene pero sin más incidentes, y el precio oscila entre $240–$265 USD, con volatilidad moderada.

    Escenario pesimista
    Se repiten reorganizaciones o problemas técnicos, provocando una nueva ola de ventas que empuja a XMR hacia $210–$230 USD.

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    Implicaciones para la criptolibertad

    Monero no es solo un activo digital; es una herramienta crucial para quienes valoran la privacidad financiera. Episodios como este ponen de relieve que la descentralización no es un estado fijo, sino un equilibrio que debe vigilarse y protegerse constantemente.
    La criptolibertad implica no solo usar herramientas seguras, sino participar activamente en su defensa, detectando riesgos y reaccionando antes de que la centralización erosione su esencia.

    En este sentido, la respuesta de la comunidad de Monero en las próximas semanas no solo definirá el futuro de su precio, sino que enviará un mensaje claro sobre la capacidad de las criptomonedas verdaderamente descentralizadas para resistir amenazas reales.