Categoría: Cultura y Sociedad

  • Revolución Francesa: de la emancipación al deslizamiento

    El 14 de julio de 1789, la toma de la Bastilla marcó uno de los momentos más simbólicos de la Revolución Francesa. Esta fecha, celebrada hoy como el día nacional de Francia, es recordada como el inicio de una de las transformaciones sociales y políticas más profundas de la historia moderna. Para la tradición libertaria, la Revolución Francesa representa un momento complejo: una chispa de emancipación popular y antiautoritaria que, con el tiempo, fue absorbida por formas de poder que terminaron traicionando sus principios originales.

    Desde una óptica libertaria —inspirada en pensadores como William Godwin, Pierre-Joseph Proudhon o posteriormente Mijaíl Bakunin— la Revolución Francesa encarnó inicialmente el impulso de un pueblo por liberarse de la opresión feudal, clerical y monárquica. Fue la revuelta espontánea del pueblo llano, de los sans-culottes, de campesinos y obreros urbanos hartos de la explotación, el hambre y la desigualdad. El asalto a la Bastilla no fue un simple acto simbólico contra una prisión: fue un rechazo radical del absolutismo y del orden jerárquico tradicional.

    El ideario de «libertad, igualdad y fraternidad» se convirtió en lema revolucionario y reflejó, al menos en sus primeras etapas, una aspiración profundamente libertaria. Las asambleas populares, los clubes políticos de base, la organización comunal y la acción directa de las masas pueden entenderse como expresiones tempranas del autogobierno. Sin embargo, este impulso liberador fue pronto contenido y reconducido por otras fuerzas dentro de la propia revolución.

    Es lo que varios historiadores y teóricos han denominado «el deslizamiento» de la Revolución Francesa: el tránsito desde una revolución social y popular hacia un proceso cada vez más centralizado, autoritario y nacionalista. El jacobinismo, con Robespierre como figura central, instauró una dictadura bajo el argumento de defender la revolución. El terror, la guillotina, los tribunales revolucionarios y el culto a la virtud cívica fueron mecanismos para silenciar las voces disidentes, incluso dentro del propio movimiento revolucionario.

    Desde una perspectiva libertaria, este deslizamiento ilustra una lección clave: el poder, incluso en manos de quienes proclaman representar al pueblo, tiende a reproducir estructuras de dominación. El Estado revolucionario terminó por concentrar el poder en nuevas élites burocráticas, sustituyendo la vieja nobleza por una nueva clase política. La libertad que se proclamaba desde las instituciones revolucionarias era, en muchos casos, incompatible con la autonomía real de las personas y las comunidades.

    El colofón de este proceso fue la consolidación del régimen napoleónico. Napoleón Bonaparte, inicialmente presentado como defensor de la revolución, terminó instaurando un imperio centralizado y militarizado, sofocando las esperanzas de una sociedad verdaderamente libre e igualitaria. Para los libertarios, esto no fue una traición externa al espíritu revolucionario, sino la consecuencia lógica de haber confiado la revolución al aparato estatal.

    Así, el 14 de julio y la Revolución Francesa son, desde esta mirada, una advertencia tanto como una inspiración. Son recordatorio de que las revoluciones no garantizan por sí mismas la libertad, y que solo mediante la acción directa, la autogestión y el rechazo de toda forma de poder centralizado es posible construir una sociedad verdaderamente libre. La Revolución Francesa fue un despertar popular, pero también una advertencia sobre cómo los ideales libertarios pueden ser apropiados y traicionados por el poder.

  • La Singularidad Suave: ¿y si el futuro no es una distopía?

    Durante décadas, la idea de una “singularidad tecnológica” ha despertado tanto fascinación como temor. El concepto, en pocas palabras, describe un momento en el que la inteligencia artificial (IA) supere la capacidad intelectual humana, provocando cambios tan profundos que la vida como la conocemos será irreconocible. ¿Será ese momento un salto al paraíso o un abismo sin retorno? Sam Altman, CEO de OpenAI, plantea una posibilidad más esperanzadora y matizada en su ensayo The Gentle Singularity (“La singularidad suave”). En lugar de un quiebre caótico y hostil, imagina un futuro en el que la IA acelera el progreso humano sin despojarnos de lo que nos hace humanos.

    El cambio ya está en marcha

    Altman no habla del futuro lejano: habla del presente. La transformación impulsada por la IA ya comenzó, y aunque aún estamos en etapas tempranas, las repercusiones son visibles. Desde herramientas de productividad hasta sistemas de recomendación, la IA se infiltra en todos los aspectos de nuestra vida. Pero lo más importante es que todavía tenemos la oportunidad de guiar este proceso.

    La singularidad suave no es una utopía sin conflictos, sino un cambio de paradigma que puede resultar beneficioso si lo conducimos con cuidado. Esto implica reconocer que la inteligencia artificial no es un ente independiente, sino una creación humana que refleja nuestras decisiones, valores y prioridades.

    La IA como multiplicador humano

    Uno de los argumentos centrales de Altman es que la IA puede actuar como un “multiplicador de inteligencia humana”. Así como el microscopio amplió nuestra visión del mundo microscópico o Internet expandió el acceso al conocimiento, la IA tiene el potencial de aumentar nuestra creatividad, productividad y capacidad de resolver problemas complejos.

    La clave, según Altman, está en asegurarse de que el beneficio sea compartido. Para evitar que la IA se convierta en una herramienta de concentración de poder —ya sea en manos de gobiernos o corporaciones—, se necesita una gobernanza justa y transparente, acompañada de instituciones nuevas o adaptadas al desafío.

    Riesgos reales, decisiones urgentes

    Altman no ignora los riesgos. Advierte sobre la posibilidad de que la IA sea mal utilizada para el control social, la desinformación, la vigilancia masiva o la manipulación económica. También reconoce el impacto que tendrá sobre el trabajo humano y la estructura social.

    Pero lo más peligroso, afirma, no es la tecnología en sí, sino nuestra inacción o dirección equivocada. Si no tomamos decisiones deliberadas hoy —sobre transparencia, distribución de beneficios, derechos digitales y regulación responsable— podríamos terminar con un sistema que reemplace a los humanos en lugar de empoderarlos.

    Una oportunidad histórica

    “La singularidad suave” es más que una expresión elegante: es un llamado a la responsabilidad. Altman nos invita a imaginar una sociedad en la que la abundancia generada por la IA no sea privilegio de unos pocos, sino una base para el florecimiento humano generalizado.

    El desafío no es técnico, sino ético y político. Implica decidir qué queremos preservar de nuestra humanidad y cómo queremos evolucionar como especie. En este escenario, la IA no es el protagonista, sino el instrumento. Los verdaderos agentes del cambio somos nosotros.

    La singularidad no tiene por qué ser una explosión descontrolada ni una pesadilla distópica. Puede ser suave, humana y colaborativa. Pero solo si decidimos activamente construirla así.

    ¿Estamos preparados para liderar ese camino?

  • ‘La interpretación de los sueños’: el libro que cambió cómo nos conocemos

    En 1900, mientras el siglo XX despertaba, Sigmund Freud publicó una obra que cambiaría la forma en que la humanidad se sueña a sí misma: La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung). Con este libro, inició una revolución en el campo de la psicología: la posibilidad de que los sueños tengan sentido y de que el inconsciente dirija gran parte de nuestra vida.

    Más de un siglo después, las ideas de Freud sirven de base a gran parte del pensamiento contemporáneo, no sólo en el ámbito de la psicología, sino en la forma en que la humanidad se entiende a sí misma.

    Un deseo reprimido

    Durante siglos, los sueños fueron vistos como meras fantasías sin sentido o como presagios. La revolución freudiana consistió en afirmar que los sueños tienen un significado, y que descifrarlo nos permite asomarnos al inconsciente, ese territorio oculto donde se guardan nuestros deseos, miedos y conflictos más profundos.

    Freud escribió: “El sueño es la realización (disfrazada) de un deseo reprimido”“. Esta idea, simple en apariencia, sacudió los cimientos de la psicología y la filosofía occidentales.

    Acceder al inconsciente

    La interpretación de los sueños no sólo introdujo el concepto de inconsciente como categoría científica, sino que también ofreció una metodología para acceder a él: el análisis de símbolos, la asociación libre, y el reconocimiento de que nuestros impulsos más íntimos se expresan a menudo de forma indirecta.

    Este enfoque abrió caminos no sólo en el campo de la clínica psicoanalítica, sino también en la literatura, el arte, el cine y la crítica cultural.

    Desafío a la racionalidad

    El valor del libro no radica únicamente en su teoría, sino también en su coraje intelectual. Freud, médico de formación, se atrevió a desafiar los dogmas científicos de su tiempo, proponiendo que no somos seres plenamente racionales y conscientes, sino que estamos gobernados, en gran medida, por fuerzas invisibles. Hoy puede parecer obvio, pero en la Viena de finales del siglo XIX era una idea casi subversiva.

    La interpretación de los sueños marca el punto de partida del psicoanálisis como disciplina y establece el método de exploración del inconsciente a través del contenido onírico.

    Riqueza literaria

    Además, es un texto que sorprende por su riqueza literaria. Freud no solo explica conceptos: narra, argumenta, se confiesa. Mezcla observaciones clínicas con sus propios sueños, incluyendo el famoso «sueño de la inyección de Irma”, inaugurando así un estilo de escritura que combina la precisión científica con la introspección humanista.

    Su influencia fue inmediata en algunos círculos y resistida en muchos otros. Como suele ocurrir con los grandes innovadores, Freud fue ridiculizado, combatido y, finalmente, aceptado. Años después, sus ideas no sólo impregnaban la psicología, sino también la literatura de Kafka, el arte de Dalí o la arquitectura conceptual de las ciencias humanas.

    Hoy, La interpretación de los sueños sigue siendo un libro que interroga, provoca y estimula. En un tiempo donde la velocidad y la superficialidad dominan, Freud nos recuerda que comprendernos requiere detenernos, escuchar nuestros propios relatos oníricos y aceptar que somos más complejos –y más fascinantes– de lo que parece.

    Freud y la neurociencia moderna

    A pesar de las críticas que ha recibido desde algunos sectores científicos, especialmente por la falta de verificación empírica de muchas de sus tesis, Freud no ha sido del todo desacreditado por la neurociencia moderna. Si bien es cierto que hoy se reconoce que los sueños no son exclusivamente realizaciones de deseos reprimidos, estudios recientes han confirmado que durante el sueño REM –fase donde los sueños son más vívidos– se activan áreas del cerebro relacionadas con la emoción, la memoria y el procesamiento simbólico.

    Investigadores como Mark Solms, pionero en el campo de la neuropsicoanálisis, han defendido que ciertas intuiciones freudianas –como la existencia de conflictos inconscientes o la función emocional del soñar– tienen correlatos en la neurobiología. Así, aunque muchas teorías han evolucionado o sido reformuladas, la idea de que el sueño revela aspectos profundos de la mente humana sigue vigente, ahora en diálogo con la ciencia del cerebro.

    Nuestro yo oculto

    La trascendencia de La interpretación de los sueños no reside únicamente en su ambición de descifrar el significado de los sueños, sino en algo mucho más profundo: fue el primer gran texto que se atrevió a postular, con argumentos clínicos y teóricos, la existencia de una dimensión psíquica no racional, invisible y poderosa.

    Freud no sólo interpretó sueños, sino que abrió una puerta a lo que hasta entonces se ignoraba: que dentro de nosotros actúan fuerzas inconscientes que influyen en nuestra conducta, nuestras decisiones y hasta en nuestras enfermedades.

    El mérito del libro fue convertir esa hipótesis en un corpus articulado, capaz de poner sobre la mesa la complejidad del alma humana más allá de la razón, invitando a prestar atención a lo que no decimos, a lo que reprimimos y a lo que se escapa de nuestra voluntad.

    Más de un siglo después, Freud nos recuerda que cada sueño es un recuerdo inacabado de lo que somos… y también una promesa de lo que podríamos llegar a ser.The Conversation

    Fernando Díez Ruiz, Professor, Faculty of Education and Sport, Universidad de Deusto

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Internet y el peligro de regular con buenas intenciones

    A menudo, los peores recortes a las libertades no vienen vestidos de autoritarismo, sino de buenas intenciones. La defensa de los niños, la lucha contra la pornografía, la batalla contra el odio o la protección de la “moral pública” suelen ser causas nobles. El problema comienza cuando, en su nombre, se restringe el acceso a información, se vigila a los ciudadanos y se erosiona la esencia abierta y libre de Internet. Un ejemplo claro y preocupante: los proyectos de ley que exigen identificación oficial para acceder a contenido sexual.

    En el artículo “Internet necesita sexo” (publicado en The Conversation y replicado en Almendrón), se expone cómo esta tendencia, impulsada en países como Reino Unido y Estados Unidos, busca obligar a los usuarios a verificar su edad mediante métodos intrusivos como documentos de identidad o tarjetas bancarias. Aunque el argumento es proteger a los menores, el resultado es construir un sistema de vigilancia generalizada que pone en riesgo la privacidad de todos.

    El anonimato no es el enemigo

    Internet ha sido un refugio para quienes buscan información sobre su sexualidad, salud, identidad de género o experiencias que no pueden compartir en su entorno inmediato. El anonimato no es un defecto del sistema: es su protección. Obligar a los usuarios a identificarse para ver contenido legal, aunque sea sexualmente explícito, abre la puerta a listas negras, estigmatización, chantaje o censura política encubierta.

    Como advierte la Electronic Frontier Foundation (EFF), cuando el Estado o las plataformas recopilan datos sensibles sin garantías sólidas, lo que está en juego no es sólo el contenido: es la libertad misma. Hoy es la pornografía; mañana puede ser cualquier forma de disidencia.

    Regulaciones desproporcionadas

    Regular el acceso de menores a contenidos es legítimo. Pero hacerlo con herramientas que afectan a toda la ciudadanía es desproporcionado y contraproducente. Exigir una verificación de edad obligatoria y centralizada puede:

    • Crear bases de datos sobre hábitos sexuales y preferencias personales.
    • Incentivar el uso de VPNs o redes inseguras para evadir el control.
    • Desincentivar la creación de sitios independientes por miedo a sanciones.

    Y lo más grave: abre la puerta al precedente de que para ejercer un derecho —como el acceso a información— uno debe registrarse ante una autoridad.

    El verdadero problema no es el contenido, sino la vigilancia

    En lugar de construir un internet más seguro, estas medidas lo vuelven más hostil, burocrático y desigual. Como plantea la EFF, el foco debe estar en educar, empoderar a los usuarios, y garantizar mecanismos de control parental voluntarios, no en imponer filtros estatales ni exigir cédulas digitales para navegar.

    Porque cuando se normaliza la idea de que el Estado puede decirnos qué ver, cuándo y cómo —y con qué credencial en la mano—, ya no estamos hablando de protección, sino de control.

    Responsabilidad individual

    La censura moderna rara vez se presenta como tal. Llega disfrazada de buenas intenciones, de protección paternalista, de cruzadas morales. Pero Internet no necesita más paredes, necesita más luz. Y en lugar de sacrificar el anonimato para “cuidarnos”, deberíamos defenderlo como lo que es: una trinchera de libertad. Y la libertad, como se sabe, implica responsabilidad individual.

  • Hong Kong: de faro de libertad a altavoz único de Beijing

    La reciente disolución de la League of Social Democrats —el último partido pro‑democracia que aún celebraba protestas callejeras— marca un hito sombrío en la historia de Hong Kong. Bajo la coacción del régimen, este partido decidió disolverse ante la imposibilidad de operar bajo una vigilancia omnipresente y un peligro legal constante.

    Este desmantelamiento no ocurre en el vacío: es la culminación de un proceso sistemático de absorción política y cultural por parte de China. Desde que entró en vigor la Ley de Seguridad Nacional en 2020, Beijing ha actuado para eliminar cualquier forma de oposición institucional .

    Una gradual clausura de derechos políticos

    Según Freedom House, Hong Kong pasó de un estatus de “parcialmente libre” (scoring ~40/100) a una realidad de silencio y miedo (freedomhouse.org). Antes un laboratorio de libertades —con pluralismo político, prensa vibrante, y espacio para la crítica— ahora es una ciudad con una sola voz: la del partido único. Lo que otrora era autonomía garantizada por el principio “un país, dos sistemas”, se ha reducido a una mascarada jurídica detrás de uniformidad autoritaria.

    Las reformas electorales de 2021 y la promulgación del artículo 23 han reforzado este proceso, imponiendo filtros de lealtad que excluyen toda disidencia . Así, el sistema que antes permitía cierto disenso hoy está deliberadamente construido para excluirlo.

    La disolución de organizaciones y la persecución sistemática

    La más reciente disolución de la League of Social Democrats se suma a un largo registro: el Civic Party desapareció en 2023, la Democratic Party inició su proceso de disolución en abril de 2025 , y decenas de ONG, medios y sindicatos fueron clausurados o intimidados .

    Combinado con arrestos masivos —más de 300 bajo la NSL, 85% de ellos por expresiones legítimas según Amnesty International— surge un ambiente de autocensura y miedo, donde cualquier voz crítica es considerada «subversiva».

     ¿Qué se pierde cuando desaparece la disidencia?

    1. Pluralidad de ideas: sin oposición formal, la deliberación pública se empobrece gravemente.
    2. Controles democráticos: sin partidos adversarios, no hay rendición de cuentas real.
    3. Espacio civil: con medios, sindicatos y sociedades civiles destruidos, el sistema se queda sin contrapesos.
    4. Seguridad jurídica fracturada: la discrecionalidad reemplaza la previsibilidad.

    Hong Kong se convierte así en un modelo de cómo una entidad que alguna vez fue libre puede ser absorbida casi sin disparar un tiro, solo a través del silencio, la ley y la presión institucional.

     Comparativas globales

    La dinámica que hoy vive Hong Kong ya se observa en otros lugares. En Hungría, la izquierda recurrió a controles en medios; en Rusia, a leyes restrictivas; en Turquía, a detenciones por opinión. Lo común es el mismo mecanismo: legalidad formal para justificar autoritarismo real.

    Pero lo que hace a Hong Kong único es su transformación en apenas cinco años —de un polo de libertad a una región “cerrada” — según el CIVICUS Monitor.

    Reflexiones clave para democracias en riesgo

    • La legalidad no es legitimidad: lo que está permitido por ley puede seguir siendo profundamente injusto y opresivo.
    • Un solo partido, cero libertad: cuando solo una voz es escuchada, la democracia muere.
    • Silencio visible: la autocensura suele ser el peor síntoma de un régimen represivo.
    • El control sofisticado es más eficiente: el poder actual opera sin tanques, con corrupción legal y presión silenciosa.

    Rumbo irreversible

    Lo que antes fue Hong Kong, modelo de competencia política y prensa abierta, hoy es una ciudad muerta políticamente, absorbida por Beijing poco a poco, sin bombas, sin invasiones, pero con leyes, presión económica y jurídica.

    La disolución de la League of Social Democrats solo es la confirmación de un rumbo irreversible.

    Para quienes valoramos la libertad, queda una pregunta urgente: ¿Estamos atentos al silenciamiento de nuestra propia sociedad, sutil o legal a través de códigos, filtros o leyes? Porque lo que comienza en otro lado puede replicarse acá, si no actuamos con convicción.

  • El resentimiento, esa pasión que deforma el poder

    Entre las muchas pasiones humanas, el resentimiento es, quizás, una de las más invisibles y corrosivas. Gregorio Marañón, médico, historiador y liberal, lo exploró con precisión clínica en su obra Tiberio: Historia de un resentimiento (1939), donde no sólo retrata al emperador romano como personaje histórico, sino que traza una tipología universal del alma resentida, válida para cualquier tiempo o sociedad.

    Para Marañón, el resentimiento no es un pecado moral menor ni una debilidad emocional. Es un verdadero “virus de la conducta”. Lo define así:

    «Una agresión (…) produce en nosotros una reacción fugaz o duradera… Pero, otras veces, la agresión queda presa en el fondo de la conciencia… incuba y fermenta su acritud… y acaba siendo la rectora de nuestra conducta… este sentimiento… es el “resentimiento”».

    Este sentimiento, que puede anidar en personas inteligentes y disciplinadas, se convierte en una fuerza motora, pero no creativa, sino destructiva. El resentido no olvida. No redime. Recuerda con dolor, interpreta con hostilidad y actúa desde el agravio acumulado. Como advertía Marañón:

    «El alma resentida, después de su primera inoculación, se sensibiliza ante las nuevas agresiones… Todo, para él, alcanza el valor de una ofensa o la categoría de una injusticia».

    El resentido no siempre es agresivo de entrada. Al contrario, muchas veces adopta una fachada de humildad, virtud o mansedumbre. Pero cuando el azar o las circunstancias lo llevan al poder, su verdadero carácter se desata:

    «Así son temibles los hombres débiles y resentidos cuando el azar les coloca en el poder».

    El resentimiento no se cura con el éxito. Lejos de ello, el éxito lo confirma, lo justifica, lo envalentona:

    «El resentimiento es incurable. Su única medicina es la generosidad… Pero… al triunfar, el resentido, lejos de curarse, empeora… el triunfo… es una consagración solemne de que estaba justificado su resentimiento».

    Marañón distingue con cuidado el resentimiento de otras pasiones: no es envidia (no quiere lo que otro tiene), ni odio espontáneo. Es algo más sutil y más peligroso: una protesta constante contra el propio destino, contra lo que uno cree que se le ha negado injustamente.

    Esta psicología —describe el autor— muchas veces adopta formas morales, incluso ascéticas:

    «Muchos puritanos son sólo resentidos… su fracaso sexual se convierte en castidad ostentosa».

    Así, el resentido puede presentarse como el más íntegro, el más ético, el más moral… pero su moralidad está al servicio de una herida no resuelta.

    Para una sociedad democrática, o para cualquier institución —desde una empresa hasta un gobierno—, el resentimiento es una amenaza latente. Como advierte Marañón en una de las frases más inquietantes del libro:

    «Nada más eficaz para destruir la moral de un pueblo como el miedo a la delación, que es el más inesperado, el más sutil, el más difícil de combatir y vencer. (…) En efecto, las paredes oyen cuando la justicia calla».

    El resentido, al verse en el centro, ya no busca justicia: busca reparación simbólica, revancha, castigo. Desconfía de todos, incluso de sus aliados. Su rencor contamina decisiones estratégicas, bloquea pactos, impide la generosidad que requiere el liderazgo sano.

    En tiempos donde abundan discursos inflamados por agravios —reales o construidos—, conviene volver a Marañón. No para juzgar personas, sino para identificar síntomas. El resentimiento no sólo vive en los otros: también puede germinar en nosotros. La única prevención es, como él mismo dice, la generosidad, el autoconocimiento y la templanza.

  • Parece que fue ayer: 30 años de ‘Antes del amanecer’

    Y sin embargo han pasado tres décadas. Antes del amanecer se estrenó en España el 23 de junio de 1995 (su estreno en EE. UU. había sido a finales de enero). Visto desde la perspectiva de 2025, treinta años parecen una eternidad.

    Para empezar, en junio de 1995 apenas existían los teléfonos móviles. Justo en el año en el que los espectadores pudieron ver cómo se cruzaban los caminos de Céline y Jesse en la ficción, se concedió en España la primera licencia para la explotación comercial de la tecnología de comunicación móvil 2G. Con esos aparatos, el encuentro en Antes del amanecer habría sido distinto y las dos secuelas que componen la trilogía (Antes del atardecer y Antes del anochecer, estrenadas respectivamente nueve y dieciocho años después de la película original) probablemente no habrían existido.

    En 1995 Internet estaba todavía dando sus primeros pasos. La palabra “google” no existía en su acepción actual (faltaban tres años para que Larry Page y Sergey Brin fundaran la compañía que desarrolló el buscador más famoso del mundo). No sabíamos lo que eran las redes sociales y apenas habíamos oído hablar de la IA. El mundo era muy distinto.

    Viajes por Europa

    En 1995 Austria acababa de entrar en la Unión Europea (tres años después de que la UE iniciara su andadura tras la firma del Tratado de Maastricht en 1992). Sin embargo el Erasmus llevaba ocho años de existencia, siendo ya entonces uno de los programas de movilidad juvenil de mayor éxito del nuevo ente político transeuropeo.

    Céline no es una estudiante Erasmus. Jesse tampoco; ni siquiera es europeo (es estadounidense y está viajando con un Eurail Pass, un billete de tren para viajar por Europa que comenzó a comercializarse en Estados Unidos y Canadá en 1959). Sin embargo, la idea de que dos jóvenes de veintipocos años se conociesen en un tren en algún lugar del Viejo Continente y se enamorasen era ya habitual en 1995.

    Un chico y una chica se sientan frente a frente en el vagón restaurante de un tren.
    Jesse y Celine, en el tren antes de decidir bajarse a conocer Viena.
    IMDB

    Según estadísticas posteriores, de los más de tres millones de estudiantes que habían participado en el programa Erasmus en 2017, el 25 % había conocido a su pareja durante el intercambio. En 2014 ya habían nacido más de un millón de hijos de Erasmus. Antes del amanecer es, metafóricamente, también hija de estos programas de movilidad y del optimismo generado por el tratado de Maastricht y de un proyecto transeuropeo en expansión.

    Una ciudad del pasado

    Rodada en las calles de Viena con un estilo directo, realista y aparentemente simple, Antes del amanecer está narrativa y estilísticamente anclada en 1995. Sin embargo, la afinidad que sienten Céline y Jesse al encontrarse también tiene, incluso ya en 1995, un cierto carácter nostálgico.

    La película invoca un periodo específico de la historia de la ciudad de Viena, en concreto las últimas décadas del Imperio austrohúngaro. Algunas de las localizaciones escogidas para acompañar el proceso de enamoramiento de los personajes, tales como el Monumento a María Teresa, el Museo de Historia del Arte o la noria del Prater, remiten de forma directa a los últimos años del reinado del emperador Francisco José I y sus llamamientos patrióticos al esplendor de un imperio que, a finales del siglo XIX, había comenzado un proceso de desintegración irreversible.

    Un chico sentado sobre una balaustrada habla con una chica de pie a su lado con una ciudad de fondo.
    Viena es el tercer personaje de la película.
    IMDB

    Estos significados históricos se entretejen con otros que emanan directamente del pasado cinematográfico. Jesse y Céline pasean por Schreyvogelgasse, la calle en la que Harry Lime, encarnado por Orson Welles, sale de entre las sombras en el filme El tercer hombre (1949). La ciudad casi mágica que acoge a Jesse y Céline durante unas horas tiene poco que ver con la Viena de posguerra dividida en cinco secciones que vemos en la película de Carol Reed. Pero la referencia intertextual es tan obvia que casi parece que se quiera borrar de un plumazo la historia de la ciudad en la primera mitad del siglo XX, refugiándose en un pasado imperial que, en aquel momento, al igual que la relación entre Céline y Jesse, tenía las horas contadas.

    El hecho de que Viena acabara siendo el escenario de la película es casi tan casual como el encuentro de los personajes. El guion original escrito por Richard Linklater –también su director– y Kim Krizan transcurría en San Antonio, Texas, con dos estadounidenses como protagonistas. El cambio de ubicación estuvo, al menos al principio, dictado por motivos económicos: Linklater había solicitado financiación para rodar la película en Viena, así como en otras ciudades europeas, y obtuvo una respuesta positiva del Vienna Film Financing Fund, debido, principalmente, al papel relevante de la ciudad en la futura película.

    La historia no termina aquí: cuando llegó el momento del rodaje, la productora Castle Rock ya estaba involucrada en la producción y distribución de la película, con dinero suficiente para rodarla en cualquier lugar. Pero claramente, para entonces, las razones para rodar en Viena habían cambiado. La capital europea acabaría convirtiéndose en el tercer protagonista.

    Volver a verse

    Es sorprendente pensar que la trama de una película aparentemente tan realista (según la mayor parte de la crítica en el momento de su estreno) tenga como inspiración más directa dos melodramas clásicos como Tú y yo (1939) y su remake, homónimo en español (1957). Al igual que las parejas de enamorados en estas dos películas de Leo McCarey, Jesse and Céline toman la decisión, in extremis, de concertar un reencuentro seis meses después –sin intentar contactarse en el medio–.

    Un hombre y una mujer se miran delante de un vagón de tren.
    Jesse y Céline deciden, antes de separarse, quedar seis meses después en el mismo lugar.
    IMDB

    Vistos desde 2025, los protocolos de Jesse and Céline pueden parecernos casi tan desfasados como los de las parejas formadas por Charles Boyer/Irene Dunne y Cary Grant/Deborah Kerr. Sin embargo, el hecho de que, a diferencia de sus predecesoras, Antes del amanecer tenga un final abierto, con la promesa del futuro reencuentro, nos hace creer que, al menos en junio de 1995, todo era posible en esta joven configuración de una Europa sin fronteras.

    Vista treinta años después, y en un panorama geopolítico europeo y mundial totalmente distinto, Antes del amanecer nos retrotrae a un mundo que casi no reconocemos. Pese a todo, debido a esta mezcla de presente, pasado y futuro, la película acaba trascendiendo su momento histórico y cultural y mantiene su fuerza y su atractivo, aunque su época se haya desvanecido.The Conversation

    Celestino Deleyto Alcalá, Catedrático de Estudios Ingleses y Fílmicos, Universidad de Zaragoza y María del Mar Azcona, Profesora Titular Grado Estudios Ingleses, Universidad de Zaragoza

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Zomia: la resistencia libertaria contra el Estado omnipresente

    En 2012, la Universidad de México (UNAM) destacó a Zomia como un “refugio para pueblos que se niegan a someterse al poder de un Estado” Hoy, más de una década después, este testimonio sigue resonando: Zomia no es un mero relicto antropológico, sino un faro libertario en un mundo donde el Estado, bajo cualquier bandera, busca expandirse.

    ¿Qué es Zomia?

    Zomia es una vasta región montañosa del Sudeste Asiático –más de 2.5 millones de km²– que abarca territorios de Vietnam, Laos, Tailandia, Birmania, suroeste de China e incluso zonas limítrofes con India, Pakistán y Afganistán. En estas tierras viven cerca de 100 millones de personas, agrupadas en diversos pueblos que han permanecido al margen del control estatal por milenios .

    La “anarquía por diseño”

    El antropólogo James C. Scott, en The Art of Not Being Governed (2009), explica cómo estos pueblos han cultivado deliberadamente formas de vida que los hacen poco absorbibles por los Estados centralizados: movilidad constante, agricultura migratoria, estructuras sociales horizontales, identidades fluidas, religiosidad itinerante, cultura oral. Scott lo llama “barbarie por diseño”: elementos culturales que, lejos de ser “primitivos”, son perfectamente funcionales para mantener la libertad individual frente al Estado.

    Desde una óptica libertaria, esto representa una respuesta activa a la coerción institucional. En lugar de esperar una revolución, la estrategia es simple: evitar el control estatal.

    Lecciones libertarias para el mundo moderno

    1. Subsidiariedad efectiva: Zomia demuestra que las comunidades pueden autoorganizarse sin necesidad de intervención estatal. Su éxito reside en soluciones locales, sin burocracias.
    2. Resistencia silenciosa y descentralización: Scott resalta cómo estos pueblos practican infrapolítica, es decir, formas cotidianas de resistencia, sin grandes rebeliones, pero con impacto real. Esa es la verdadera contracultura, algo que libertarios valoran como acción directa sin coletazos violentos.
    3. Cultura como herramienta de libertad: Zomia es una cultura de resistencia. Lo que los convierte en símbolos no es la revuelta armada, sino su decisión cotidiana de no ser “gobernados”. Su forma de vida es un testimonio de que existen modos alternativos de convivencia.
    4. Una advertencia para el Estado moderno: en un mundo que siente el impulso de digitalizar, censurar y regular cada aspecto de la vida, Zomia nos recuerda que cuando el Estado crece demasiado, la gente encuentra formas de escapar. No solo huyen geográficamente, sino que utilizan la descentralización tecnológica, criptomonedas, educación libre, comunidades digitales.

    ¿Sigue Zomia siendo relevante en 2025?

    Sí. Las formas modernas de poder –vigilancia masiva, control de datos, intervención educativa– son la nueva frontera. Inspirarse en Zomia implica:

    • Favorecer comunidades locales abiertas, móviles y autónomas.
    • Reconocer que la descentralización no es solo técnica, también es cultural y social.
    • Rechazar sistemas educativos, sanitarios o financieros impuestos por el Estado, y avanzar hacia modelos voluntarios, cooperativos o basados en vouchers.

    ¿Es posible replicar Zomia fuera de Asia?

    No se trata de huir a las montañas. Más bien, se trata de construir espacios donde la autoridad sea reducida, temporal y delegada. Comunidades rurales autogestionadas, barrios que se organizan sin Estado, redes de voluntarios, iniciativas ciudadanas de transparencia. Todo esto ya existe como semilla de un mundo pos-estatal.

    Zomia es más que una curiosidad histórica: es un modelo práctico de libertad. Más allá del academicismo, esta región nos habla del poder del individuo y de la comunidad cuando se niegan a dejar su destino en manos de una autoridad central.

    Para la perspectiva libertaria actual, Zomia no es lejana o exótica: es la biblia viva de la no-sumisión, demostrando que, donde el Estado impone su presencia, florecen formas de vida alternativas. Ahí radica su verdadera lección: la libertad no siempre se conquista, a veces simplemente se elige.

  • Probarse ropa con una foto: Google revoluciona la moda online

    Comprar ropa online es una de las actividades más populares del comercio electrónico actual, pero también una de las más frustrantes. ¿La talla será la correcta? ¿Cómo me quedará realmente esta prenda? ¿Qué pasa si me queda mal y tengo que devolverla? Estas preguntas han perseguido a los consumidores desde que las tiendas virtuales comenzaron a ofrecer ropa. Sin embargo, Google está dando un paso gigante para terminar con estas dudas, con una propuesta que podría transformar para siempre nuestra experiencia de compra: la posibilidad de “probarse” ropa virtualmente a partir de una sola foto.

    En su blog oficial, Google ha anunciado una nueva funcionalidad basada en inteligencia artificial que permitirá a los usuarios «probarse ropa» y visualizar cómo se vería una prenda sobre su propio cuerpo, simplemente subiendo una imagen. Este avance no es sólo cosmético: es una solución técnica a un problema estructural del e-commerce de moda, y responde a una demanda creciente por parte de los consumidores.

    ¿Cómo funciona esta tecnología?

    A través del motor de búsqueda de Google, al buscar una prenda específica —por ahora disponible sólo con camisetas de marcas estadounidenses como H&M, Everlane, Anthropologie y Loft— los usuarios podrán acceder a una herramienta de prueba virtual. Usando inteligencia artificial generativa, el sistema superpone digitalmente la prenda seleccionada sobre una imagen del usuario, ajustándola a su fisonomía, tonalidad de piel, cuerpo y proporciones.

    Para esto, Google ha entrenado sus modelos con imágenes de personas reales, no con modelos estilizados ni cuerpos idealizados. Esta inclusión de cuerpos diversos —en términos de complexión, altura, edad y tono de piel— marca un avance también desde el punto de vista de la representación: no sólo se mejora la experiencia técnica, sino también la emocional y psicológica de quien compra.

    ¿Qué cambia realmente con esta innovación?

    Uno de los principales motivos de devolución de ropa en las tiendas online es que el producto no cumple con las expectativas de ajuste o apariencia. Al ofrecer una visualización personalizada y realista al «probarse la ropa», Google no sólo mejora la experiencia del usuario, sino que también reduce costos logísticos para los vendedores (menos devoluciones, menos transporte innecesario) y hace más sostenible la industria.

    Esta herramienta representa un claro ejemplo de cómo la IA generativa no sólo tiene aplicaciones en texto, imagen o audio, sino también en soluciones prácticas y cotidianas. Al democratizar el “probador virtual”, Google acerca una experiencia que hasta ahora era limitada a aplicaciones específicas o costosos entornos de realidad aumentada.

    ¿Cuáles son los desafíos?

    Claro que este tipo de avances también abre nuevas preguntas. ¿Qué pasa con la privacidad de las fotos que los usuarios suben? ¿Cómo se almacenan esas imágenes? ¿Qué garantías existen de que los datos corporales no serán utilizados con otros fines? Como en todo desarrollo tecnológico impulsado por IA, el dilema ético y de uso responsable sigue vigente. Google asegura que las imágenes se utilizan sólo para generar la vista previa y no se almacenan, pero habrá que seguir monitoreando cómo evoluciona esa política con el tiempo.

    Reflexión final

    En un momento en el que las fronteras entre lo físico y lo digital se vuelven cada vez más difusas, propuestas como esta redefinen no solo cómo compramos, sino cómo nos relacionamos con nuestra propia imagen. Probarte ropa con una sola foto podría sonar a magia, pero en realidad es el resultado de una conjunción de datos, visión computarizada e inteligencia artificial aplicada al servicio del usuario.

    La compra online de moda está entrando en una nueva era, y Google quiere estar al frente. ¿Será este el inicio del fin del probador tradicional? Lo que es seguro es que, de aquí en adelante, mirar una prenda en la pantalla y saber cómo nos quedará está mucho más cerca de ser una realidad cotidiana.

  • Tiananmen: Entre la Esperanza y el Silencio

    Entre el 2 y el 4 de junio de 1989, el corazón de Pekín fue testigo de uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea de China. Lo que comenzó como una manifestación pacífica de estudiantes y ciudadanos en la Plaza de Tiananmen, clamando por reformas democráticas y el fin de la corrupción, culminó en una brutal represión por parte del gobierno chino.

    El 2 de junio, las tensiones aumentaron cuando el Ejército Popular de Liberación comenzó a movilizar tropas y tanques hacia el centro de la ciudad. Los manifestantes, decididos a mantener su posición, erigieron la «Diosa de la Democracia», una estatua que simbolizaba sus aspiraciones de libertad y cambio político.

    La noche del 3 de junio marcó el inicio de la violencia. Las fuerzas armadas avanzaron hacia la plaza, disparando contra civiles desarmados y aplastando a quienes intentaban bloquear su paso. El 4 de junio, al amanecer, la plaza fue despejada, dejando un número indeterminado de muertos y heridos. Las estimaciones varían, pero se cree que cientos, posiblemente miles, perdieron la vida en esos días.

    Más allá de las cifras, el legado de Tiananmen perdura en las cicatrices de quienes sobrevivieron y en la memoria de los familiares de las víctimas. Grupos como las «Madres de Tiananmen«, lideradas por Ding Zilin, han luchado incansablemente por el reconocimiento de los hechos y la justicia para sus seres queridos. Su activismo ha sido constantemente reprimido, enfrentando vigilancia, arrestos domiciliarios y censura.

    El gobierno chino ha mantenido una política de silencio y negación respecto a los acontecimientos de Tiananmen. La censura en medios y plataformas digitales ha borrado casi todo rastro de las protestas, y cualquier intento de conmemoración es rápidamente suprimido. Sin embargo, fuera de China continental, en lugares como Hong Kong y Taiwán, se han mantenido vivas las vigilias y actos de recuerdo, aunque en los últimos años también han enfrentado restricciones.

    La imagen del «Hombre del Tanque», un individuo solitario que se interpuso frente a una columna de tanques el 5 de junio, se ha convertido en un símbolo mundial de resistencia pacífica. Su identidad y destino siguen siendo desconocidos, pero su acto de valentía encapsula el espíritu de quienes se atrevieron a desafiar al poder en busca de libertad.

    A 36 años de los hechos, Tiananmen sigue siendo un recordatorio de los peligros del autoritarismo y la importancia de la memoria histórica. La lucha por la libertad y la justicia continúa, y es responsabilidad de la comunidad internacional mantener viva la memoria de aquellos que sacrificaron sus vidas por un futuro más justo.

    Recordar Tiananmen no es solo un acto de homenaje, sino una declaración de compromiso con los valores universales de derechos humanos y democracia. Es un llamado a no olvidar y a seguir luchando contra la opresión, dondequiera que se manifieste.