Categoría: Cultura y Sociedad

  • Cónclaves papales: entre el humo blanco, las intrigas y el cisma

    La plaza está en silencio. Miles de ojos miran hacia lo alto, donde una delgada chimenea corona la Capilla Sixtina. De repente, una columna de humo comienza a ascender: ¿negra?, ¿blanca?, ¿gris? No hacen falta palabras porque, desde hace siglos, el mundo aprende a leer en el humo los misterios del poder, el alma y la historia. Más allá del rito solemne, los cónclaves también tienen una historia paralela: encierros forzosos, alianzas secretas, muertes repentinas, errores rituales y renuncias inesperadas. Cada uno refleja su tiempo. Todos juntos componen una crónica de la Iglesia en su dimensión más humana y, a veces, más frágil.

    Cuando el cielo se abrió: el nacimiento del encierro sagrado

    En 1268 los cardenales se encerraron en Viterbo para elegir el sucesor de Clemente IV. Pero el cónclave duró casi tres años.

    Ante esta situación, la ciudad cerró con llave el edificio, retiró el techo para que el cielo presionara y redujo la dieta de los electores a pan y agua. Tres cardenales murieron en el proceso. Al fin, eligieron a Teobaldo Visconti. Sería él, Gregorio X, quien instauraría el encierro obligatorio con la constitución Ubi periculum en 1274.

    No fue el único cónclave accidentado. En 1287, en plena elección, seis cardenales murieron a causa de una epidemia de malaria, lo que interrumpió el proceso hasta el año siguiente.

    Y en 1294, los cardenales eligieron a un ermitaño casi octogenario, Pietro del Morrone, convertido en Celestino V. Su pontificado, que se desarrolló entre julio y diciembre de 1294, fue turbulento y estuvo marcado por la influencia de personajes poderosos y ambiciosos. Agotado, y convencido de que no era digno del cargo, decidió renunciar. Su sucesor, Bonifacio VIII, lo encerró en el castillo de Fumone, donde murió aislado.

    Tres papas, una Iglesia rota: cismas y sombras de legitimidad

    En 1378 la presión popular sobre los cardenales reunidos en Roma derivó en la elección de Urbano VI. Su carácter reformista y autoritario provocó que muchos cardenales declararan inválida su elección y eligieran a Clemente VII, que se instaló en Aviñón. Así, con las dos sedes, comenzó el Cisma de Occidente.

    Pronto habría un tercer papa, en Pisa, y tres cónclaves simultáneos, tres sedes y tres versiones de la misma Iglesia.

    La unidad se recuperó décadas más tarde, en el Concilio de Constanza (1414–1418). Ahí, Gregorio XII (sucesor de Urbano VI) renunció, Juan XXIII (sucesor de Alejandro V, el papa de Pisa) fue depuesto y Benedicto XIII (sucesor de Clemente VII) quedó solo.

    Finalmente, el cónclave de 1417 eligió a Martín V y cerró una herida que había afectado a toda la cristiandad.

    Veneno, veto y humo en la historia del cónclave

    En el Renacimiento los cónclaves se transformaron en luchas de poder. En 1492 Rodrigo Borgia fue elegido papa y adoptó el nombre de Alejandro VI, tras una campaña de compra de votos tan pública como eficaz. Prometió cargos, diócesis, rentas e influencias. Su elección marcó el apogeo de los Borgia, una familia que convirtió el papado en el centro de una política dinástica.

    Como pontífice, Alejandro VI consolidó el poder territorial del Vaticano, pero también convirtió a sus hijos, especialmente a César Borgia, en agentes de ambición y violencia.

    Retrato del papa Alejandro VI.
    Retrato del papa Alejandro VI.
    Bibliothèque nationale de France

    La curia papal funcionaba en este contexto como una sede cortesana más del Renacimiento. Johannes Burchard, maestro de ceremonias, documentó con crudeza las intrigas, rituales y escándalos de aquel pontificado.

    En agosto de 1503, tras una cena con varios cardenales, Alejandro VI y su hijo enfermaron gravemente. Una de las teorías que se barajan es que el veneno que debía eliminar a un rival se introdujo por error en la copa del papa. El pontífice murió. César sobrevivió, pero su poder se fue debilitando.

    El papa Pío III fue elegido en septiembre de 1503 como sucesor de Alejandro VI. Su nombramiento respondió más a un intento de equilibrio entre facciones que a una apuesta a largo plazo. Su salud, ya deteriorada antes del cónclave, se agravó rápidamente. Apenas 26 días después concluyó su pontificado, sin que pudiera adoptar decisiones significativas. Su muerte reabrió de inmediato las maniobras entre cardenales, en un momento especialmente inestable para la curia.

    Cuatro siglos más tarde, persistían las interferencias externas en la elección papal. El emperador Francisco José I intervino en el cónclave de 1903 invocando el ius exclusivae (derecho de veto papal) para impedir la elección del cardenal Mariano Rampolla. El colegio cardenalicio rechazó formalmente el veto, pero su efecto fue decisivo. La presión derivó en la elección de Giuseppe Sarto, proclamado como Pío X. La elección marcó el fin de este privilegio secular, que no volvió a ejercerse en ningún otro cónclave.

    El humo y la elección invisible

    Hasta el cónclave de 1903, no existía una distinción clara en los colores del humo, que podía aparecer blanquecino u oscuro. En algunas ocasiones –como en la elección de Pío X– ni siquiera había habido humo.

    La diferenciación oficial entre la fumata blanca, que anuncia la elección, y la negra, que indica un resultado fallido, se estableció por primera vez en el cónclave de 1914, en el que fue elegido Benedicto XV.

    Gente esperando en una plaza redonda.
    La gente espera en la plaza de San Pedro la fumata blanca en el cónclave de 1922.
    Bibliothèque nationale de France

    El cónclave no es una mera tradición conservada por la inercia. Es el momento en que la Iglesia se repliega sobre sí misma, suspende su visibilidad pública y traslada toda su autoridad a una asamblea cerrada, con reglas estrictas, sin cámaras, sin declaraciones, sin discursos.

    Desde el siglo XIII, su arquitectura simbólica –el encierro, la votación secreta, la quema de papeletas, el humo– no ha cambiado sustancialmente, y sigue cumpliendo la misma función: proteger la decisión que definirá el rumbo de la Iglesia católica en el mundo.

    La historia demuestra que estos procesos no están exentos de tensiones. Ha habido elecciones pactadas para garantizar una transición breve, y otras que abrieron el camino a reformas de largo alcance. En algunos casos, incluso, el papa elegido encarnaba un proyecto eclesial cuya magnitud solo se entendió años después.

    El humo que emana de la Capilla Sixtina no explica, solo informa. Durante siglos, ha sido ambiguo, equívoco o prematuro. Pero una vez que sale blanco, se dirige la mirada hacia el balcón. El “Habemus Papam” es el inicio de una etapa cuya dirección aún nadie puede anticipar.

    Cuando el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronuncie la fórmula “Extra omnes” se activará una liturgia institucional que ha resistido guerras, cismas, epidemias, cambios de época y colapsos políticos. Y una vez más, todo dependerá de lo que ocurra dentro de esas paredes.The Conversation

    Anna Peirats, IVEMIR-UCV, Universidad Católica de Valencia

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • “Nadie se salva solo”: El Eternauta, Adam Smith y la cooperación liberal

    En El Eternauta, la icónica historieta argentina escrita por Héctor Germán Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López, ahora convertida en una exitosa serie en Netflix, un mensaje resuena con fuerza a lo largo de sus páginas: nadie se salva solo. Esta frase, repetida como un mantra a lo largo de la obra, es mucho más que un lema de resistencia colectiva ante una invasión alienígena. Es, también, una afirmación profundamente filosófica que, bien entendida, encaja de manera sorprendentemente coherente con la visión del liberalismo clásico de Adam Smith.

    A menudo, cuando se menciona el liberalismo, se lo caricaturiza como un culto al individualismo egoísta y desconectado. Sin embargo, esta es una distorsión. El liberalismo de Adam Smith no es un proyecto de aislamiento, sino un sistema que reconoce profundamente la interdependencia humana, no sólo en términos económicos, sino también morales y sociales.

    En La riqueza de las naciones, Smith describe cómo la cooperación entre individuos es el motor del bienestar general. El famoso pasaje en que afirma que no obtenemos nuestra cena de la benevolencia del carnicero, el panadero o el cervecero, sino de su interés propio, no es un canto a la codicia, como suele malinterpretarse, sino una observación sobre la estructura espontánea del orden social. Cada uno, al perseguir su propio interés dentro de un marco de normas compartidas, contribuye al bien común mediante un sistema de interdependencia voluntaria. En otras palabras, el mercado no es un espacio de competencia destructiva, sino de cooperación organizada.

    Esta visión se complementa con su menos citada pero igualmente importante obra, La teoría de los sentimientos morales, donde Smith aborda la empatía, la compasión y la simpatía como elementos naturales de la conducta humana. Allí sostiene que los seres humanos no sólo interactúan por interés, sino que están naturalmente inclinados a preocuparse por los demás. Esta dimensión ética del liberalismo smithiano subraya que una sociedad libre debe nutrirse de lazos morales, no de la indiferencia.

    Cuando El Eternauta afirma que “nadie se salva solo”, habla desde una experiencia radical: la supervivencia ante lo desconocido, lo incontrolable, lo descomunal. Pero lo que permite sobrevivir a sus protagonistas no es un Estado omnipresente que los rescate, sino la solidaridad espontánea entre vecinos, la organización en grupos, la ayuda mutua, la cooperación nacida desde abajo. Precisamente el tipo de organización que Adam Smith reconocía como esencial para una sociedad libre y próspera.

    La clave está en no confundir solidaridad con coacción. El liberalismo clásico no rechaza lo colectivo: rechaza que lo colectivo sea impuesto. A lo largo de la historia, asociaciones voluntarias como cooperativas, mutuales, comunidades religiosas y organizaciones benéficas han demostrado que la cooperación puede florecer sin la intervención directa del Estado. Son ejemplos vivos de que lo común puede surgir libremente, desde la base, y no necesita ser dictado desde arriba.

    El peligro aparece cuando la frase “nadie se salva solo” se convierte en excusa para expandir indefinidamente el poder del Estado. Entonces, el principio de ayuda mutua se convierte en un mandato, y la libertad individual corre el riesgo de ser sacrificada en nombre de una falsa solidaridad.

    Así, El Eternauta y Adam Smith coinciden, desde caminos distintos, en una misma enseñanza: la salvación —en cualquier sentido de la palabra— no es un acto solitario, pero tampoco debe ser un mandato autoritario. Es fruto de la cooperación libre, voluntaria, nacida del reconocimiento de nuestra interdependencia. Nadie se salva solo, pero todos podemos salvarnos juntos, si lo elegimos.

  • La Terrible Educación Pública

    Hace años escribí un libro intitulado “¿Educación Gubernamental o Particular?” en dónde expuse el grave error de delegar la educación a una institución de gobierno que engaña al llamarle “educación pública” a lo que es un monopolio gubernamental. Pero, lastimosamente, el error queda plasmado en la misma Constitución que por un lado establece los monopolios oficiales, para luego en su artículo 295 prohibir todo aquello que “tienda a restringir efectos de monopolio en perjuicio del público; y… ¡vaya si la actividad del MEDUCA no es perjudicial al interés público. Y, el mismo hecho de que no lo veamos y entendamos lo dice todo.

    Lastimosamente y, como bien lo señaló el poeta Sam Walter Foss en su poema “El Sendero de la Vaca”, los humanos somos dados a seguir los caminos vacunos de la mente. ¿Es que no advertimos los terribles resultados de la “noducación del MEDUCA; ese que NODUCA”? Lo mismo ocurre en los EE.UU., en dónde cada día hay más padres de familia que se dan cuenta el inmenso error de haber delegado a los gobiernos aquello que nos es gobernar; pero…. ¡vaya si no se presta para adoctrinar y controlar a una gran masa de funcionarios gubernamentales que hacen las veces de educadores. Algunos lo serán, pero…

    ¿Realmente crees que los funcionarios del NODUCA se esmeran por enseñar a sus víctimas el arte del emprendimiento?; cuando sus centros monopólicos, aunque no eduquen jamás quiebran; y cuando las víctimas de su monopolio no son “clientes”. Por lo menos los comunistas no andan con engaños y no dejan duda cuando declaran que tus hijos no son tus hijos pues estos pertenecen al dios estado.

    Y… cuando quieres un buen producto, sea una estufa, refrigerador, auto y tal ¿acaso los vas a buscar al gobierno? ¡Ajá!, pero si buscas una buena educación vas al MEDUCA que NODUCA. ¡Eso es absurdo! Con las montañas del despilfarro del NODUCA, podríamos enviar a todos los niños del país a escuelas privadas, en dónde no sólo serían “clientes” sino que si lo les gusta el producto educativo que compran, pueden ir a otro negocio educativo. Pero muchos dicen que no se debe comerciar la educación, lo cual es curioso porque no parece molestar que se comercie la salud, el agua, el transporte, el gas licuado, etc.

    Pero, llevemos el tema a la Constitución, si es que podemos llamar “constitución” a lo que tenemos; la misma comienza diciendo que la función del gobierno es velar por la libertad. ¿Acaso hay libertad cuando los más pobres no tienen otra que colocar a sus hijos en la perversión MEDUCA? Ideal sería que fuesen los padres que decidan no sólo la escuela de sus hijos sino el currículo y tal. ¿Somos libres cuando no podemos escoger la escuela y lo que se enseña? Y ¿de dónde creen que sale el “no a la privatización”? que es tan popular con el pueblo. No sólo de dónde sale sino lo que quieren decir con ello.

    Y aquello que tantos llaman “igualdad” en realidad es igualdad en la ignorancia y en la pobreza, ya que eso es lo que buscan los malos políticos; al ciudadanos sumiso, servil e ignorante. Si no cerramos el MEDUCA seguiremos los caminos lemúridos de la mente.

    En fin, para quienes realmente les interese la dignidad humana, el progreso y el desarrollo de la persona en una sociedad verdaderamente libre; elegir si deben ser los padres o los políticos los que deciden no sólo es elemental sino fundamental. Si realmente amamos a nuestros hijos deberíamos tener el coraje de cerrar el NODUCA.

  • El Carácter como Condición para la Libertad

    Lawrence Reed, presidente honorario de la Foundation for Economic Education (FEE) y autor de Are We Good Enough for Liberty?, sostiene una tesis fundamental: sin carácter, la libertad es insostenible.

    Reed explica que el carácter fuerte es la base indispensable de una sociedad libre. No se puede preservar la libertad en un pueblo que carece de virtudes esenciales como la honestidad, la humildad, la paciencia, la responsabilidad, la autodisciplina, la autosuficiencia, el optimismo, el coraje, una visión de largo plazo y el deseo constante de aprender. Estos valores no son simples adornos morales: son pilares estructurales. Donde faltan, la libertad inevitablemente se deteriora.

    Los Elementos Fundamentales del Carácter

    Cada una de estas virtudes cumple un rol esencial en el sostenimiento de una sociedad libre:

    • Honestidad:
      La verdad es la base de la confianza social. Sin honestidad, las relaciones humanas —y la vida en comunidad— se corrompen. La honestidad actúa como primer escudo contra el abuso de poder. Por el contrario, cuando se toleran la mentira y el engaño, los líderes corruptos ascienden al poder reflejando el desprecio generalizado por la verdad.

    • Humildad:
      Reconocer que nadie posee todo el conocimiento y que siempre hay algo que aprender evita el autoritarismo y la soberbia. La falta de humildad genera gobernantes arrogantes y planificadores centrales que creen saber más que la sociedad misma.

    • Paciencia:
      La construcción de una sociedad libre y próspera requiere tiempo. La impaciencia conduce a atajos que, a menudo, erosionan derechos.

    • Responsabilidad:
      Asumir las consecuencias de los propios actos es vital para la libertad. Sin responsabilidad personal, se alimenta la cultura de la culpa y la dependencia. La irresponsabilidad fomenta una cultura de la victimización, en la que cada quien culpa a otros por las consecuencias de sus propios errores.

    • Autodisciplina:
      Quien no es capaz de gobernarse a sí mismo, abre la puerta para que otros lo gobiernen. La autodisciplina es autodefensa en una sociedad libre. La ausencia de autodisciplina convierte a las personas en presas fáciles de controles externos. Quienes no se gobiernan a sí mismos terminan siendo gobernados por otros.

    • Autosuficiencia:
      La capacidad de proveerse lo necesario reduce la dependencia del Estado o de terceros, protegiendo así la autonomía individual. La falta de autosuficiencia transforma a los ciudadanos en dependientes manipulables.

    • Optimismo:
      La creencia en que los individuos pueden mejorar su destino mediante el esfuerzo y la creatividad es el motor del progreso en libertad. El pesimismo, a su vez, apaga el impulso de construir, innovar y progresar.

    • Coraje:
      La defensa de los derechos individuales requiere valentía, especialmente cuando enfrenta presiones o amenazas. El coraje es otra virtud indispensable: la gente tímida tiende a permitir que sus derechos sean pisoteados sin resistencia.

    • Enfoque a largo plazo:
      Pensar en el futuro evita sacrificar principios o libertades por soluciones rápidas que hipotecan generaciones futuras. Una visión de corto plazo, que busca soluciones inmediatas sin considerar las consecuencias futuras, termina hipotecando a generaciones enteras.

    • Deseo constante de aprender:
      Finalmente, una mente cerrada al aprendizaje condena a repetir los errores del pasado. Una mente abierta y curiosa permite comprender las lecciones de la historia y adaptarse a nuevos desafíos sin caer en errores cometidos.

    Cada uno de estos elementos no sólo define al individuo, sino que también moldea la cultura de una sociedad. Donde estos valores florecen, la libertad prospera; donde se marchitan, la libertad muere.

    Lawrence Reed plantea una pregunta contundente: ¿quién, en su sano juicio, querría vivir en un mundo donde estas virtudes estén ausentes? La respuesta es evidente, pero a menudo las sociedades actúan como si la libertad fuera un hecho garantizado y no un bien que exige ser sostenido mediante el esfuerzo personal.

    La libertad no se preserva únicamente mediante discursos o legislaciones. Se mantiene viva en los actos cotidianos de millones de individuos. Sociedades integradas por ciudadanos virtuosos tienden naturalmente hacia la libertad. Sociedades dominadas por ciudadanos sin carácter, por el contrario, terminan clamando por su propia servidumbre, buscando que «otros» resuelvan lo que ellas mismas no son capaces de enfrentar.

    Así, el desafío central que plantea Reed no es político, sino profundamente moral: ¿somos suficientemente buenos para ser libres? Cada acto de responsabilidad, de honestidad, de compromiso con el aprendizaje, responde afirmativamente a esa pregunta. La libertad no es un regalo que se recibe sin condiciones: es una responsabilidad que exige virtud, carácter y sacrificio. Sin estas bases, tarde o temprano, la libertad se pierde.

  • Por qué la ‘noviolencia’ es más efectiva, aunque vivamos en un mundo violento

    Vivimos inmersos en un mundo y una cultura que legitiman la violencia. Gaza, Ucrania y el rearme de Europa son sus máximas expresiones visibles. Aunque no podemos olvidar otros lugares del planeta que la padecen y parecen invisibles. Sudán, Myanmar o la República Democrática del Congo entran en esa categoría. Frente a estas realidades, ¿es la resistencia noviolenta efectiva en un mundo violento? El término “noviolencia” fue utilizado por Gandhi. Su origen está en la palabra sanscrita ahimsa, que significa privación total del deseo de violencia. Representa una respuesta frente a escenarios sociopolíticos violentos complejos. Una salida solidaria y con visión constructiva de futuro ante el conflicto. No es un concepto aceptado universalmente, ya que no hemos sido capaces de crear una palabra que refleje su auténtica riqueza.

    Hablar de resistencia noviolenta puede sonar utópico o simplemente ingenuo, sobre todo cuando los conflictos son muy graves o el “enemigo” ya ha comenzado a utilizar la violencia. Pero ¿qué nos dicen los estudios recientes al respecto?

    Las investigaciones de las profesoras Erica Chenoweth y Maria J. Stephan desmienten la creencia popular a favor de la violencia. Sus trabajos muestran que las campañas de resistencia noviolenta han sido “históricamente más eficaces en la consecución de sus objetivos que las campañas de resistencia violenta”.

    No solo Gandhi y Luther King Jr.

    “Esto ha sido así incluso en condiciones en las que la mayoría de la gente esperaría que la resistencia noviolenta fuera inútil”, señalan las mismas investigadoras.

    Pocas personas conocerán estas herramientas pacíficas, más allá de las referencias a algunos personajes históricos, como Gandhi o Martin Luther King Jr.

    A excepción de activistas altamente comprometidos con la noviolencia y académicos e investigadores de la misma, el público en general no ha tenido la oportunidad de conocer, por ejemplo, el informe del profesor e investigador Felipe Daza. Este fue realizado entre febrero y junio de 2022 y nos muestra 235 acciones de resistencia civil noviolenta en Ucrania frente a la invasión rusa.

    Mapa de la disidencia ‘noviolenta’ en Ucrania

    La investigación del profesor Daza incluye un mapa interactivo donde se recogen estas acciones y su marco geográfico. Boicots a empresas multinacionales, pintadas de protesta, actos simbólicos, plantones de empleados públicos, desobediencia civil o intervenciones en las comunicaciones del ejército ruso son algunas de las actuaciones que localiza el informe.

    Otro tanto sucede con la publicación Confrontando el Califato, liderada por el profesor Isak Svensson, sobre la extendida y diversa resistencia noviolenta frente al Estado Islámico.

    Gene Sharp documentó 198 métodos de acción noviolenta en la obra ya clásica titulada De la dictadura a la democracia. Michael A. Beer completó el trabajo de Sharp, llegando a registrar 346.

    Frente a mitos e ideas preconcebidas, estas referencias prueban que no estamos hablando ni de algo pasivo ni limitado a manifestaciones o simples buenas intenciones y discursos. La noviolencia posee todo un compendio de estrategias, tácticas, métodos y herramientas eficaces.

    Existe un cuerpo de conocimiento teórico y práctico cada vez más amplio y una creciente investigación empírica en la que apoyar dicho conocimiento. Este cuerpo se suma a la historiografía, filosofía y teología existente de la noviolencia. Su enseñanza en las escuelas y universidades contribuiría a cambiar el imaginario colectivo sobre la violencia y la noviolencia.

    La rica historia de la ‘noviolencia’

    Los estudiantes deberían poder conocer y reflexionar sobre las experiencias de noviolencia en el pasado. Por ejemplo, las huelgas de profesores en Noruega para impedir la implantación del currículum nazi en las escuelas durante la Segunda Guerra Mundial o el activismo People Power en Filipinas, frente a la dictadura en los años ochenta. Sin olvidar el movimiento serbio Otpor, que desembocó en la caída de Milošević en el año 2000.

    Otras experiencias son más actuales, pero igualmente relevantes. Es el caso de la lucha pacífica por las personas desaparecidas en El Salvador, México y otros países latinoamericanos o la resistencia noviolenta frente al fraude electoral en Venezuela.

    En el clima actual de belicismo, donde la guerra y la violencia parecen inevitables, resulta especialmente necesario exponer este conocimiento, así como la efectividad de las estrategias y herramientas de noviolencia al alcance de la población en general y de quienes toman las decisiones en materia de seguridad y defensa en particular.

    Hacer lo contrario significa trabajar de espaldas al conocimiento y dejarnos guiar por un pensamiento de carácter precientífico, mitológico, sobre la guerra y la violencia.

    Testimonio militar a favor de la noviolencia

    El capitán Daniel Moriarty, oficial de operaciones especiales de asuntos civiles con experiencia en Afganistán y el Golfo Pérsico, señalaba ya en 2022 cómo se “infravalora enormemente la utilidad que puede ofrecer la resistencia civil noviolenta”.

    “A pesar de sus tasas de éxito, históricamente superiores a las de la resistencia armada o las campañas insurgentes, ocupa un espacio marginal en las publicaciones militares sobre resistencia”, señala en un artículo sobre la guerra de Ucrania publicado por The Civil Affairs Association.

    La evidencia científica desmiente la creencia popular: las estrategias y herramientas de la resistencia noviolenta son más efectivas que la utilización de recursos violentos. Sin embargo, vivimos en un mundo violento. Precisamente por ello, no tener en cuenta las aportaciones de la noviolencia representa un error.The Conversation

    Nicolás Paz Alcalde, Profesor Asociado. Mediador, Universidad Pontificia de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Papa Francisco: una despedida desde la vereda crítica y el respeto.

    Una reflexión desde el disenso sobre la figura del Papa Francisco, su pontificado y el peso simbólico de su partida.

    No compartimos muchas de sus ideas. Fuimos críticos de su visión sobre la economía, del lugar que asignó al Estado en la vida de los pueblos y de ciertos gestos y silencios que, a nuestro juicio, tuvieron consecuencias políticas e históricas. Discrepamos con respeto, pero sin ambigüedades.

    Y sin embargo, hoy —ante su partida— elegimos el silencio antes que la insistencia, la reflexión antes que la polémica.

    Porque más allá de las diferencias, el Papa Francisco fue un hombre que cargó sobre sus hombros el peso de una de las instituciones más antiguas del mundo en un tiempo especialmente difícil. Su pontificado, iniciado en 2013, no fue uno más: fue el primero en venir “del fin del mundo”, el primer jesuita, el primer latinoamericano y el primer papa en más de 600 años en suceder a uno que había renunciado. La sola elección de Jorge Mario Bergoglio ya era, en sí misma, un gesto de ruptura histórica.

    Su papado fue profundamente político, aunque él insistiera en lo contrario. Fue la voz de los márgenes, de los descartados, de una Iglesia que buscaba volver a las periferias, como él mismo decía. Reformó el discurso papal, denunció las desigualdades, abrazó causas sociales y climáticas, y no temió señalar a los poderosos. Para algunos, un gesto profético. Para otros, una confusión peligrosa entre lo pastoral y lo ideológico.

    Pero más allá del acuerdo o el desacuerdo, nadie puede negar la centralidad de su figura. En un mundo cada vez más polarizado, Francisco eligió el puente antes que el muro, el diálogo antes que la condena, la ternura antes que el castigo. Con sus gestos —visitar cárceles, lavarle los pies a migrantes, arrodillarse ante la Virgen de Luján en silencio— comunicó mucho más que con sus encíclicas.

    Para millones de creyentes, fue un faro de consuelo y una presencia paternal en tiempos de incertidumbre. Para otros, una figura incómoda y a veces difícil de comprender. Y quizás ahí radique parte de su valor: en haber sido un papa que incomodó, que no buscó agradar, sino provocar una reacción, una reflexión, un examen de conciencia.

    Hoy, más allá de nuestras discrepancias, nos inclinamos ante la dimensión humana de su partida. Porque el dolor de una comunidad —en este caso, la católica— merece respeto, incluso por parte de quienes la miramos desde afuera o desde otra vereda.

    El cristianismo pierde a un Pastor. Y el mundo pierde una voz que, con todo lo discutible que pueda ser, no fue indiferente ni tibia.

    Que descanse en paz, Jorge Mario Bergoglio.

  • ¿Es mala la sobrepoblación?

    Un día un amigo me preguntó: “¿Sabes Johnny, cual es el mayor problema que tiene la humanidad?”; la sobrepoblación. Le dije que no compartía esa noción y eso fue hace muchos años, cuando deambulaba yo por los cincuenta o sesenta o algo así. Hoy, pasado mis 80 lustros y sentado en la soledad de mi aposento desván de la vida me salta ese incidente a la conciencia y creo es hora de contestarle a mi amigo; lo cual es muy difícil ya que se me adelantó en el camino a la próxima dimensión, de manera que la explicación se las pasó a quien lea estas líneas.

    Gran parte de la población en este mundo piensa que demasiados humanos no es algo bueno; que debemos limitar la cantidad porque… ¡buena pregunta!, no “porque” sino ¿por qué? El argumento típico va por la línea del socialismo, del centralismo y de las mentes incapaces de asomarse al Universo y a la Creación. Personas que creen que los recursos, las riquezas y tal son finitas y que si aumenta la población hay que repartir entre muchos. De hecho, así funcionamos en Panamá: es la política con la cual los grupos de poder vienen engañando al pueblo; es el manantial de los programas que osamos llamar de “subsidio” cuando lo único que subsidian es la pobreza y la ignorancia.

    Pero el asunto derrama mucho más allá de nuestro Panamá. Tomemos el caso de China, en dónde el gobierno llegó a prohibir más de un hijo por familia y hoy están en inmenso problema social y económico. No sólo por falta de quienes sustituyan a los viejos sino de quienes aporten más riqueza; riqueza de recursos, de ideas, y de amor. Se estancaron en un ayer obsoleto. Pero… ¿es eso lo que hemos visto al paso del tiempo y con el incremento poblacional? ¡Nop! Es miopía no ver los adelantos en recursos, en ciencias y tantas otras avenidas que nos abren camino al Más Allá.

    Lo que muchos no ven es que los humanos estamos dotados de facultades únicas que hoy apenas comenzamos a atisbar. Cada ser humano es un manantial creativo, innovativo, capaz de abrir nuevos caminos, particularmente en comunión con sus hermanos cercanos y distantes; en un mundo en el cual lo distante ya prácticamente no existe.

    Detrás de todo ello, y como bien lo señaló Huerta de Soto, más gente es más fuerza de desarrollo y cambio. Es el alma de la incomprendida “división del trabajo” que también es la división del conocimiento y, en particular, la del conocimiento emprendedor; que en Panamá se topa con el “no a la privatización”, que es lo mismo que decir, no al desarrollo.

    En el emprendimiento de la población y no en el gobierno es dónde está la riqueza de la nación. Pero en Panamá el gobierno y sus torcidos políticos en infecciosa coyunda con malos emprendedores se enquistan en la misma carne del pueblo, como un cáncer mortífero. Simplemente no vemos que el conocimiento emprendedor es subjetivo, exclusivo, y propio de cada quien, a punto que no se puede centralizar. No más veamos que nuestros gobiernos no son evolutivos sino involutivos; es decir, dados a caminar hacia tras.

    En fin, el mayor peligro en Panamá y el resto del mundo no reside en la «sobrepoblación», sino está en no ser capaces de conocer lo que es la creatividad humana. Que en vez de temer el futuro, debemos conocer el camino hacia el Más Allá; lo cual jamás encontraremos en los pasillos del Palacio de las Garzas y otros oscuros laberintos del centralismo.

  • Adiós a Mario Vargas Llosa

    La literatura hispanoamericana despide a una de sus figuras más ilustres. Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril de 2025 en Lima a los 89 años, deja un legado que trasciende las letras y se adentra en los dominios de la libertad, la política y la historia de América Latina. Premio Nobel de Literatura en 2010, y parte esencial del «boom» latinoamericano junto a García Márquez, Cortázar y Fuentes, Vargas Llosa dedicó su vida a explorar las tensiones entre el poder y la libertad, la moral y la corrupción, la historia y la ficción.

    Entre su prolífica obra, La fiesta del Chivo (2000) ocupa un lugar central. No solo por su calidad literaria y su profundidad psicológica, sino por la contundencia con la que retrata los mecanismos del totalitarismo. Ambientada en la República Dominicana bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la novela alterna tres líneas narrativas: el regreso de Urania Cabral, hija de un político trujillista que regresa del exilio; los últimos días de Trujillo antes de su asesinato; y la historia de los conspiradores que acabaron con su vida.

    Lo que Vargas Llosa logra en esta obra es más que una novela histórica. Es un testimonio feroz sobre cómo el poder absoluto degrada no solo a quienes lo ejercen, sino a toda una sociedad. El miedo, la obediencia ciega, la corrupción institucional y la degradación moral son los pilares de un régimen que, aunque caribeño y situado en los años 50 y 60, encuentra ecos inquietantes en nuestros días.

    La fiesta del Chivo no es solo una denuncia del autoritarismo, sino también una meditación sobre la memoria, el trauma y la complicidad. Urania, la protagonista, representa a toda una generación marcada por el silencio, la represión y el dolor heredado. Su regreso a Santo Domingo no es solo geográfico, sino emocional: es la confrontación con un pasado que todavía duele, y cuya huella persiste.

    En una época en la que resurgen liderazgos mesiánicos, discursos autoritarios y el desprecio por los límites institucionales, La fiesta del Chivo se vuelve urgente. Nos recuerda que los regímenes de fuerza no nacen de la nada: crecen con la indiferencia, se alimentan de la cobardía y prosperan en el terreno fértil del miedo.

    Vargas Llosa escribió esta novela cuando ya era un intelectual consolidado, defensor de la democracia liberal y crítico implacable de los populismos, de izquierda y de derecha. Su postura ideológica —controvertida para muchos— nunca contaminó la honestidad de su literatura, que no evita mostrar la miseria humana incluso en los personajes más idealizados.

    Hoy, al despedirlo, no solo lloramos al novelista que nos ofreció obras monumentales como Conversación en La Catedral o La ciudad y los perros. También nos despedimos del pensador que defendió, en cada línea, la libertad individual como principio innegociable.

    La obra de Mario Vargas Llosa seguirá viva mientras se lean sus libros, pero La fiesta del Chivo, en particular, debería permanecer como lectura obligatoria para todos aquellos que, en tiempos de crisis, buscan entender cómo nace y cómo se sostiene una tiranía. Porque la historia —como la literatura— está ahí no solo para ser recordada, sino para no ser repetida.

  • ¿Qué tipo de fotos triunfan en Instagram cuando hablamos de turismo?

    ¿Qué hace que unas fotos turísticas se vuelvan relevantes en redes sociales?

    Una pareja sonríe frente a una catedral. Una joven se toma un selfie con un pincho en la mano. Un grupo de amigos se abraza en medio de una plaza empedrada. Estas escenas, cotidianas en Instagram, van mucho más allá del simple recuerdo personal. Cada imagen compartida es un pedacito de la imagen que millones de personas forman sobre un destino turístico.

    Instagram se ha convertido en la gran vidriera del turismo contemporáneo.
    Tiene más de 1 300 millones de usuarios activos, y hashtags como #travel superan los 680 millones de publicaciones. Sin embargo, hasta hace poco era difícil saber con precisión qué tipo de contenido conecta realmente con la audiencia.

    ¿Qué imágenes generan más interacción?

    ¿Influye que las comparta un turista o un residente?

    ¿Afecta que haya personas en la fotografía, o no?

    Por el Camino de Santiago

    Plaza Mayor de León. Imagen promocional.
    Portal oficial de turismo de España
    Catedral de León. Imagen promocional.
    Portal oficial de turismo de España

    Para responder a estas preguntas, hemos realizado un análisis de alrededor de 150 000 publicaciones de 43 000 usuarios anónimos de Instagram. Tras su filtrado y limpieza, en torno a 27 000 publicaciones de Instagram de la ciudad de León, una de las paradas principales del Camino de Santiago, han sido tratadas mediante inteligencia artificial para estudiar tanto el contenido visual como textual de las fotos: qué mostraban, quién las compartía y cuántos likes y comentarios recibían. Nuestro objetivo era entender qué hace que una foto turística se vuelva relevante en redes sociales.

    Los resultados sorprenden por su coherencia. Las imágenes que muestran lugares emblemáticos –monumentos, calles históricas, paisajes– generan mucha más interacción que aquellas centradas en bares o restaurantes. Además, las fotos que incluyen personas reciben más likes y comentarios que las que no lo hacen. Es decir, ver a alguien viviendo la experiencia hace que quien observa pueda imaginarse en su lugar, empatice mejor y reaccione a ese contenido.

    Y hay algo más: las publicaciones compartidas por turistas logran mayor impacto que las de los propios residentes. Tal vez porque el turismo tiene algo de excepcional, de novedad, que capta mejor la atención. Incluso, cuando aparece una persona en la foto, el efecto positivo en la interacción es aún mayor si quien la publica es un turista.

    Esto no significa que los residentes no tengan un papel relevante. Al contrario, también ellos contribuyen activamente a la construcción de la imagen del destino. Pero sus publicaciones parecen generar una conexión diferente, quizá más cotidiana, menos aspiracional.

    Agente de destino

    En este contexto, cada usuario de Instagram se convierte, sin saberlo, en un agente de marketing territorial. Sus fotos moldean la percepción de miles de potenciales viajeros. Esto abre un abanico de oportunidades (y también de responsabilidades) para los destinos turísticos.

    ¿Y si en lugar de limitarse a lanzar campañas institucionales fomentaran que los visitantes compartiesen ciertos tipos de imágenes? ¿Y si diseñaran espacios pensados para ser fotografiados, como puntos selfie diferentes a los más visitados, con el fin de luchar contra la masificación? ¿Y si invitaran a los propios ciudadanos a mostrar lugares de su ciudad desde su propia mirada?

    Hoy, más que nunca, una foto puede ser el inicio de un viaje. Y entender qué imágenes emocionan, inspiran y generan interacción es clave para construir destinos más visibles, atractivos y deseados, pero también más responsables y sostenibles. Esta investigación no busca decirle a nadie qué fotografiar, pero sí invita a reflexionar sobre el poder de lo que compartimos.

    Porque en cada publicación, en cada “me gusta”, se va tejiendo la imagen –real o idealizada– de los lugares que visitamos… o que soñamos visitar.The Conversation

    Sofía Blanco Moreno, Profesor ayudante doctor, Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León; Ana M. González-Fernández, Profesora Titular de Universidad. Área de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de León; Luis Vicente Casaló Ariño, Catedrático de Universidad en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Zaragoza y Pablo Antonio Muñoz-Gallego, Catedrático de Universidad en Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Salamanca

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Inteligencia Artificial

    La palabra “inteligencia” tiene que ver con la facultad del entendimiento, el saber y la comprensión, razón por la cual el nombrecito de “inteligencia artificial” o AI es irreal o sacado de los pelos; y, bien vale la pena ahondar en el asunto ya que casi todos, sino todos, los problemas de la humanidad surgen a partir del mal uso de las palabras. El asunto lo pintaron desde la Biblia en la parábola de la Babel, como también en el decir “Dios es Palabra”. Pero el tema se torna mucho más embrollado debido a que la llamada AI es uno de los factores más impactantes de la singularidad que deviene la humanidad hoy día. Que, si la manzana la podemos usar para bien o mal, ni se diga la AI, la cual nos puede llevar al Paraíso o al mismo Infierno. En fin, el vocablo “artificial” también es primo del vocablo “artificio”, vocablo que indica falta naturalidad.

    El asunto gira es que la AI no puede hacer conexiones mentales creativas y si usamos esa herramienta como y para lo que no es, los resultados pueden ser terribles. En resumen, los humanos no nos salvamos de ser los gestores de nuestro destino; sea brillante o lúgubre. Jamás olvido el dicho que lo dice todo respecto a las computadoras: “si les metes basura, te responden con basura”. Pero el peligro va mucho más allá porque en el juego de póker que es la vida, el pote o “pot” hoy día es más grande que jamás en la historia humana.

    La AI funciona con analogías o semejanzas y los científicos han visto que la AI no se gana al ser humano resolviendo problemas de matrices, que son formaciones numéricas u de otros objetos matemáticos, conocidos como entradas de la matriz, que requieren un sentido que no tiene la AI. El problema comienza cuando pretendemos usar la AI para lo que no es y, de salida, cuando le ponemos un nombre que tampoco es. Tal es el caso del llamado “metrobus” de Panamá, que no es tal cosa; de manera que si lo tratas de usar para resolver los problemas de tránsito y transporte, te ira muy mal… ¿o es que no lo hemos notado?

    Otro aspecto que debemos considerar cuando intentamos, erróneamente, comparar al ser humano con la AI, es que nuestras prácticas educativas en siglos recientes, ha sido terribles y la humanidad, en muchos sentidos, ha perdido capacidad intelectual. Hoy día ya contamos con el entendimiento y capacidad de tornar a todo niño en genio; pero, insistimos en delegar y centralizar la educación; más que nada, con fines de adoctrinamiento y fines politiqueros.

    Y para mayor ilustración del tema, tomemos el caso de el “aprendizaje de disparo cero o ‘Zero-shot learning’, que es una técnica de aprendizaje automático que permite a un modelo reconocer y clasificar objetos o conceptos sin haberlos visto previamente durante el entrenamiento, utilizando información semántica y transferencias de conocimiento. ¿Me explico o me entiende el lector? ¿No? No se preocupen, que a mí tampoco me queda muy claro el asunto.

    Y, para resumir y enredarles más, termino comentando algo sobre el razonamiento analógico. Una cosa es intentar comprensión a base de razonamiento abstracto en contraposición del atajo de resolver incógnitas basándose en conocimientos que no fueron dados durante las clases o los estudios; conocimientos que ya tenías en tu alacena mental. ¿Puede la AI resolver cuándo no le has provisto toda la información? Por ejemplo; Einstein resolvió o imaginó la Teoría de la Relatividad cuando mentalmente montó un rayo de luz en el espacio.