Categoría: Cultura y Sociedad

  • Cómo la química de nuestro cerebro hace que las drogas tomen el control

    Las drogas forman parte de nuestra sociedad, con todas sus formas y aplicaciones. Desde el tabaco al alcohol, pasando por los opiáceos, siempre han estado de moda. En los medios vemos constantemente noticias relacionadas con la crisis del fentanilo, la legalización del cannabis y los efectos antioxidantes del consumo de vino. Pero ¿cuál es la base química que hace que estas sustancias sean tan populares y peligrosas?

    Una vieja costumbre

    La historia del consumo de drogas es prácticamente tan antigua como la de la humanidad. Ya en la Edad Antigua, numerosas drogas como el opio recorrieron ampliamente las civilizaciones de la cuenca mediterránea, principalmente aplicadas como remedios medicinales. Pese al aviso de pensadores como Diágoras de Melos (“es mejor sufrir dolor que volverse dependiente del opio”, siglo V a. e. c.), su aplicación recreativa no tardó en llegar.

    Otro ejemplo de droga popular desde la Antigüedad es el alcohol. Persas, griegos, chinos, egipcios, mayas, romanos… Por todos los rincones del mundo la elaboración y el consumo de bebidas alcohólicas formaba parte de la vida social, espiritual y cultural de cada civilización. Hoy en día la situación se mantiene: el consumo moderado de alcohol en la cultura occidental está normalizado, legalizado y extendido a gran parte de la población. En ocasiones, el cine, la televisión y la música incluso glorifican su ingesta, enfatizando sus efectos eufóricos.

    ¿Cuál es el secreto de estas sustancias? ¿Cómo es posible que afecten a nuestra química cerebral hasta el punto de influir en el devenir de las civilizaciones?

    La respuesta se encuentra en un conjunto de áreas interconectadas de nuestro cerebro conocido como sistema mesocorticolímbico.

    ¿Me está engañando mi dopamina?

    Para hacernos saber que un estímulo es beneficioso para la supervivencia, nuestro cerebro se encarga de que este nos guste. Ejemplo de ello son las sensaciones de placer que experimentamos a través de una comida calórica, el sexo y la interacción social.

    Acompañando a esa sensación, nuestro cerebro también señaliza ese estímulo y hace que aprendamos que nos ha gustado: así es más probable que repitamos esa actividad positiva. De hecho, gracias a este sistema tendremos además una gran motivación, necesaria para poner en marcha nuestro cuerpo y así obtener esos estímulos.

    ¿Son siempre importantes para la supervivencia las conductas que se ven reforzadas? La respuesta es que no.

    Al sistema mesocorticolímbico encargado de la recompensa se le puede hackear.

    A nivel celular, las dos regiones más relevantes de este sistema son el área tegmental ventral y el núcleo accumbens. Las neuronas de la primera región conectan con las de la segunda y envían una molécula neurotransmisora llamada dopamina. Esta cumple un rol esencial en la recompensa: cuando se aumenta el nivel de dopamina que se libera se inician una serie de procesos. El resultado final es que aprendemos que ese estímulo es importante para la supervivencia y provoca que estemos más motivados para volver a buscarlo en el futuro.

    Este sistema requiere regulación. De esto se encargan unas proteínas en la superficie celular llamadas receptores opioides. Es aquí donde entran en juego las drogas y el hackeo del sistema: este tipo de receptores pueden ser activados tanto por estímulos naturales como por las drogas. Al hacerlo, se intensifica la liberación de dopamina.

    El resultado es que a nuestro cerebro le gustan estas drogas, aprende que son estímulos importantes y nos motiva a volver a conseguirlas. Aunque no aporten ventajas para la supervivencia.

    De este modo se explican parcialmente los efectos eufóricos y reforzantes del consumo agudo de estas sustancias. Sin embargo, también es la base de su cara más oscura: la adicción. ¿Qué pasa cuando el uso de drogas se cronifica?

    La delgada línea entre la euforia y el dolor

    Si bien el consumo moderado de drogas se normaliza y hasta celebra en contextos sociales, este puede desencadenar problemas graves. El consumo prolongado de alcohol y de otras sustancias no solo afecta a nuestras percepciones y comportamientos, sino que también deja su huella en nuestro cerebro de una manera que puede ser difícil de revertir.

    Recordemos que nuestro sistema mesocorticolímbico es un sistema de recompensa, diseñado para hacernos sentir bien cuando realizamos acciones beneficiosas. No obstante, el consumo repetido de estas sustancias puede hacer que su funcionamiento cambie y que aquello que solía producir placer ya no lo haga en la misma medida.

    Estos cambios en las capacidades reforzantes del alcohol y los opioides se deben, entre otras cosas, a reducciones en la liberación de dopamina. Pero ¿quién es responsable de estas alteraciones?

    Igual que hay receptores opioides –receptor Mu opioide– que provocan un incremento en la liberación de dopamina y son responsables del refuerzo positivo, existen otros –receptor Kappa opioide– que actúan de forma opuesta. Es decir, su actividad hace que disminuya la liberación del neurotransmisor y da lugar a efectos opuestos: disforia, aversión y pérdida de motivación.

    Durante el consumo repetitivo de sustancias como alcohol y opioides tienen lugar cambios en la expresión de estos receptores. Mientras que los Mu están cada vez menos activos, los Kappa lo están cada vez más.

    La disminución de la capacidad de las drogas para generar sensaciones placenteras hace que estas se vuelvan menos gratificantes con el tiempo. Este hecho, junto a los estados disfóricos que se manifiestan en ausencia de la sustancia, conducen a escaladas en el consumo con la finalidad de autotratar dicho malestar.

    Es tan importante este mecanismo en la adicción que hasta se ha acuñado un nuevo término: hyperkatifeia, del griego katifeia, que significa “abatimiento” o “estado emocional negativo”. Curiosamente, estas alteraciones en los receptores opioides son similares a las que ocurren en situaciones de dolor crónico y pueden desencadenar estados negativos como falta de motivación, ansiedad y depresión.

    La conclusión es que el consumo continuado de ciertas sustancias puede tener consecuencias físicas, mentales y sociales graves, y alterar la manera en que nuestro cerebro experimenta el placer y el dolor. No es de extrañar que la adicción a las drogas haga tocar fondo. Aunque se disfracen como aliadas para sobrellevar los problemas, acaban convirtiéndose en el mayor de ellos.The Conversation

    María Ros Ramírez de Arellano, Doctorando en Neurociencias, Universitat de València; Lucía Hipólito Cubedo, Profesora en el área de Farmacia y Tecnología Farmacéutica, Universitat de València y Víctor Ferrís Vilar, Doctorando en Neurociencias, Universitat de València

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • De Remover a Reemplazar: El Liberalismo de Milei en Davos

    El liberalismo clásico pone énfasis en limitar el poder estatal a sus funciones esenciales: garantizar la seguridad y la justicia. Esto implica «remover» cualquier intervención estatal que exceda esos roles, dejando espacio para la autonomía individual y el desarrollo espontáneo de la sociedad civil. En cambio, las ideologías colectivistas tienden a «reemplazar» estructuras existentes con nuevas que reflejen su propia visión del mundo, imponiendo una hegemonía ideológica que puede sofocar la diversidad de pensamiento. En su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos 2025, Javier Milei adoptó una postura que resulta polémica dentro del marco del liberalismo que dice defender.

    Calificar al «wokismo» como un «virus» y un «cáncer» que debe ser «extirpado» no solo implica una retórica combativa y polarizadora, sino que también plantea dudas sobre la coherencia de sus declaraciones con los principios fundamentales del liberalismo. El liberalismo no busca imponer un pensamiento único, sino promover un terreno fértil donde las ideas compitan libremente en un mercado abierto de perspectivas.

    La cultura «woke» tiene su origen en un contexto específico: la lucha por visibilizar las injusticias sociales y raciales. Aunque su evolución y algunas de sus expresiones han generado controversia, descalificar todo el movimiento como un mal que debe erradicarse es una simplificación que ignora la riqueza y la complejidad de las dinámicas sociales. Además, el tono mesiánico de Milei, al presentar su postura como una «cruzada global», lo coloca en un rol de salvador que contradice el principio liberal de que los cambios auténticos deben surgir de abajo hacia arriba, es decir, de la sociedad civil y no como imposiciones desde el Estado o, en este caso, desde una figura política con aspiraciones globales.

    El discurso de Milei en Davos también revela un entendimiento limitado del rol del Estado dentro del marco liberal. El verdadero liberalismo no se compromete con batallas culturales diseñadas para reemplazar una ideología con otra, sino que se enfoca en limitar el poder del Estado y garantizar las condiciones para que cada ciudadano ejerza sus libertades individuales. Emprender una cruzada ideológica contra el «wokismo» sugiere la intención de utilizar las herramientas del poder para moldear la sociedad según un modelo específico, lo cual no difiere, en esencia, de las tácticas de los regímenes totalitarios que Milei critica.

    Un ejemplo concreto de esta incoherencia en el discurso es la forma en que Milei sugiere que Occidente debe alinearse en su lucha contra el «wokismo». Este llamado contradice el principio del pluralismo liberal y la idea de que cada individuo y cada comunidad tienen derecho a decidir su propio camino. El intento de suprimir una corriente ideológica particular mediante la intervención estatal o el liderazgo global no respeta la diversidad de pensamiento ni el principio de autonomía que el liberalismo defiende.

    Es importante subrayar que la verdadera amenaza al liberalismo no radica en la existencia de ideologías como el «wokismo», sino en el uso de los mecanismos del poder para controlar el discurso público y limitar las expresiones individuales. Si Milei realmente aspira a liderar un movimiento liberal coherente, debería concentrarse en fortalecer las instituciones de seguridad y justicia, y dejar que el debate ideológico ocurra en el ámbito privado y social, sin interferencias estatales ni cruzadas impuestas desde arriba.

  • Ross Ulbricht: Un Símbolo del Triunfo de la Libertad y la Justicia

    La reciente decisión del Presidente Donald Trump de otorgar un perdón total e incondicional a Ross Ulbricht, creador de Silk Road, ha generado una ola de celebración entre la comunidad libertaria y defensores de las criptomonedas. Tras más de 10 años en prisión cumpliendo dos cadenas perpetuas más 40 años, Ulbricht camina libre, convirtiéndose en un símbolo de justicia restaurada y una victoria para la libertad individual.

    Un Caso de Exceso Judicial

    Ross Ulbricht fue arrestado en 2013 y condenado en 2015 por múltiples cargos relacionados con la operación de Silk Road, una plataforma de comercio en la dark web que usaba bitcoin para facilitar transacciones, incluidos bienes y servicios ilegales. Aunque la plataforma promovía un enfoque de mercado libre y prohibía explícitamente actividades que generaran víctimas, como la explotación infantil, la narrativa judicial lo trató como un capo de la droga, aplicando la llamada «ley del jefe» destinada a líderes de cárteles y organizaciones criminales violentas.

    El castigo desproporcionado impuesto a Ulbricht, un primer ofensor no violento, se convirtió en un emblema del exceso del sistema judicial estadounidense. Su caso mostró cómo el sistema puede castigar severamente actos de innovación tecnológica y principios libertarios, mientras deja a otros perpetradores de crímenes violentos con penas más indulgentes.

    El Contexto Libertario y Bitcoin

    Desde su encarcelamiento, la comunidad libertaria y de criptomonedas ha abogado por la liberación de Ulbricht, destacando su papel como pionero en la adopción de bitcoin y su defensa del comercio libre. Para el espectro libertario, Silk Road fue un experimento en libertad de mercado, no un espacio para promover actividades ilegales. Ulbricht se convirtió en un mártir de los ideales libertarios: la creencia en la autonomía individual, la privacidad y la descentralización del poder.

    Su liberación ha sido celebrada como una reivindicación de estos principios. Instituciones como el Instituto Satoshi Nakamoto han señalado que Ulbricht demostró cómo bitcoin podía facilitar un comercio más pacífico y libre de intermediarios, sentando las bases de su adopción global. Su caso también subraya los desafíos éticos y políticos de criminalizar tecnologías que promueven la privacidad y el anonimato.

    El Rol Decisivo de Trump y Lyn Ulbricht

    El perdón de Trump representa más que una simple medida política; es una declaración de que la justicia puede corregir errores pasados. Durante su campaña de reelección, Trump prometió indultar a Ulbricht, cumpliendo finalmente su palabra en un gesto que sorprendió incluso a los más optimistas. Además, el perdón total, en lugar de una conmutación de la pena, absuelve a Ulbricht de las consecuencias legales de su condena, dándole una nueva oportunidad para contribuir a la sociedad.

    Un factor clave en este resultado fue la incansable campaña liderada por Lyn Ulbricht, madre de Ross, quien durante más de una década dedicó su vida a abogar por la libertad de su hijo. Lyn se convirtió en un símbolo de perseverancia y determinación, inspirando a miles a unirse al movimiento #FreeRoss.

    Un Camino Hacia la Libertad y la Justicia

    La liberación de Ross Ulbricht no solo es una victoria personal, sino un paso hacia una sociedad más justa. Es un recordatorio de que la lucha por la justicia y la libertad debe ser constante, abarcando casos similares como los de Julian Assange y Edward Snowden, entre muchos más, así como la eliminación de leyes que criminalizan actividades sin víctimas.

    Además, la decisión impulsa el debate sobre el futuro de las criptomonedas y su relación con el gobierno. La creación de una «reserva estratégica de bitcoin» y la eliminación de barreras regulatorias ahora parecen más posibles, lo que podría consolidar a Estados Unidos como líder en la adopción y regulación de criptoactivos.

    Un final feliz 

    El perdón a Ross Ulbricht es un triunfo de la libertad sobre la opresión y la esperanza de que los ideales de justicia y mercado libre aún pueden prevalecer. Sin embargo, la lucha no termina aquí. Este momento debe servir como catalizador para reformas más amplias que promuevan la libertad individual, la innovación tecnológica y un sistema judicial más humano y equilibrado. Ross está libre, pero la causa de la justicia apenas comienza.

  • El Canal de Panamá y el retorno de la diplomacia de fuerza bajo Trump

    El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos viene acompañado de un giro drástico en el discurso inaugural. Sorprendiendo a quienes esperaban que reiterara prioridades de campaña como Ucrania, o incluso que mencionara a Canadá o Groenlandia, o a ningun país,  Trump se centró exclusivamente en una declaración de gran peso histórico y geopolítico: “retomar el control del Canal de Panamá”. Esta afirmación, con fuertes implicaciones, nos invita a analizar no solo su viabilidad real sino también lo que significa en un mundo cada vez más multipolar.

    El Canal de Panamá: legado, soberanía y pragmatismo geopolítico

    El Canal de Panamá fue administrado por Estados Unidos hasta 1999, cuando, tras una negociación que comenzó con los Tratados Torrijos-Carter (1977), fue transferido a Panamá. Este cambio marcó un hito de soberanía para el país centroamericano y reforzó el mensaje de que el control de las rutas comerciales clave ya no es monopolio exclusivo de las grandes potencias. Hoy, el Canal es operado de manera eficiente por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), un organismo panameño que asegura su funcionamiento en beneficio del comercio mundial.

    Sin embargo, la retórica de Trump revive un viejo temor: la percepción de que Estados Unidos todavía ve el Canal de Panamá como una extensión de sus intereses estratégicos. Al acusar a Panamá de violar el «espíritu» del acuerdo y culpar a China de una influencia indebida en la región, Trump parece apostar por un retorno a la diplomacia coercitiva, similar al estilo de la Doctrina Monroe en el siglo XIX, pero adaptada al siglo XXI.

    ¿Qué opciones tiene Trump para «retomar» el Canal?

    Desde un punto de vista práctico, las opciones para forzar una renegociación o imponer control directo sobre el Canal de Panamá son limitadas y enfrentan varios desafíos:

    1. Presión económica y sanciones: Trump podría buscar sancionar a empresas relacionadas con el Canal o amenazar con medidas económicas contra Panamá, como aranceles o restricciones comerciales. Sin embargo, esto podría ser contraproducente, afectando la estabilidad financiera de un país aliado y fragmentando aún más las relaciones diplomáticas en América Latina.
    2. Intervención militar: Si bien Trump podría insinuar una acción militar, la realidad es que esta opción sería impopular tanto a nivel interno como internacional. Además, en un contexto donde China y Rusia han expandido su influencia, una intervención estadounidense podría desencadenar reacciones diplomáticas y militares imprevistas.
    3. Negociaciones bilaterales: Una estrategia más viable podría ser presionar para renegociar los términos comerciales de uso del Canal, buscando tarifas más favorables para los buques estadounidenses. Esto, sin embargo, requeriría colaboración diplomática y concesiones mutuas, algo que no encaja del todo en el enfoque de confrontación que caracteriza a Trump.
    4. Apoyo a sectores opositores dentro de Panamá: En un escenario más indirecto, Estados Unidos podría intentar influir en la política interna de Panamá, apoyando a facciones que favorezcan una mayor apertura hacia los intereses estadounidenses. Este tipo de estrategia, aunque sutil, no está exenta de riesgos y puede alimentar el sentimiento antiestadounidense en la región.

    La postura de Panamá: un baluarte de soberanía

    Panamá tiene varios recursos para defenderse ante cualquier intento de presión:

    • Legitimidad internacional: La comunidad internacional reconoce la soberanía panameña sobre el Canal. Cualquier movimiento agresivo por parte de Estados Unidos podría ser condenado en foros como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).
    • Eficiencia operativa: La ACP ha demostrado que el Canal es administrado con altos estándares, lo que refuerza la narrativa de que Panamá es un gestor competente de esta infraestructura crítica.
    • Apoyo de China y otros actores: Aunque Trump acusa a China de operar el Canal, lo cierto es que la influencia china se limita a la operación de puertos cercanos. Sin embargo, Beijing podría usar su poder económico y político para contrarrestar cualquier intento de intervención estadounidense, fortaleciendo a Panamá.

    Un análisis libertario: la soberanía frente al intervencionismo

    Desde una perspectiva libertaria, la retórica de Trump es problemática porque refuerza la idea de que un Estado, por poderoso que sea, tiene el derecho inherente de imponer su voluntad sobre otro. Este tipo de intervencionismo contradice los principios de soberanía y libre comercio, fundamentales para un orden mundial equilibrado.

    Además, el argumento de que el Canal «debería» pertenecer a Estados Unidos no solo ignora el marco legal de los tratados Torrijos-Carter, sino que también desconoce el espíritu de autogobierno que define a los Estados soberanos. ¿Por qué un país, solo por ser una superpotencia, debería tener derechos sobre un activo clave de otro?

    En un mundo globalizado, los principios de cooperación y respeto mutuo son esenciales para el progreso. Si bien Trump podría usar su retórica para movilizar su base política, sus acciones deben ser cuidadosamente calculadas para evitar socavar las relaciones con América Latina y desencadenar conflictos innecesarios.

    Un desafío para la diplomacia contemporánea

    La declaración de Trump sobre el Canal de Panamá tiene más que ver con proyectar fuerza ante sus seguidores que con una estrategia geopolítica clara. Sin embargo, las implicaciones de este discurso son serias. Panamá deberá prepararse para enfrentar presiones crecientes, mientras que el resto del mundo observará de cerca si Estados Unidos opta por una diplomacia de fuerza o por el diálogo.

    En última instancia, cualquier intento de «retomar» el Canal sería un retroceso para el principio de soberanía y una señal de que los grandes poderes aún consideran que las reglas internacionales pueden ser moldeadas a su antojo. Como dijo el libertario Murray Rothbard: «La verdadera paz solo puede lograrse a través del respeto mutuo y la ausencia de coerción». En este caso, ese respeto comienza por reconocer que el Canal de Panamá pertenece, ante todo, a Panamá.

  • Economía y Cultura

    Hay muchas maneras de definir lo que es la economía y les dejo dos de ellas: 1) Un sistema que describe cómo hace la gente para producir, comerciar y consumir bienes y servicios y; 2) la definición mía, la economía es ver como pones la paila en casa con lo poco que te entra. En resumen, se trata de una actividad que existe en el dominio social, la cual involucra la administración de los recursos escasos con los que podemos subsistir y prosperar. Y mi intención en este escrito es la de explicar como el desgobierno, típico de la gobernanza estatal desbocada y prostituida, afecta la capacidad ciudadana productiva; veamos.

    Lo primero que debemos destacar es la importancia primordial de una cooperación voluntaria libre de interferencia política centralizada es esencial para dar riendas sueltas al corcel del desarrollo humano. Al escribir esto, de inmediato me viene a mente la coerción central de leyes de control de precios o descuentos obligados que son impuestas, no porque las mismas mejoran los resultados finales en lo económico sino porque mejoran las perspectivas de que villanos políticos logren llegar y permanezcan en puestos de poder y rapiña.

    Otro elemento natural, básico y esencial en lo económico es la una libre interacción que de lugar al florecimiento de la infinita creatividad e intelecto humano; cosas que no germinan, crecen y fructifican en los sistemas centralizados; tal como queda claro y patente en el Título X de la supuesta Constitución panameña; título que instituye el intervencionismo castrante y rapaz.

    Más aún, estos enunciados que les presento nos hablan de libertad; que es el derecho de hacer lo bueno, ya que no hay derecho de hacer lo malo o perverso, tal como intervenir en la vida ajena, no para ayudar sino para robar y pelechar. De hecho, el breve Preámbulo de nuestra perversa Constitución, esa que, más que nada, constituye el intervencionismo, instituye el “fin supremo de fortalecer la Nación garantizar la libertad…”. Pero triste que en discusiones que expertos en ley, éstos me recriminan que el Preámbulo no es parte de la Constitución; lo cual es como decir que nuestra cabeza no es parte del cuerpo.

    De hecho, y como lo dice Jesús Huerta de Soto, y digo en paráfrasis, el mercado no requiere un rescate de parte de la politiquería central; lo que requiere es que lo dejen en paz. Y digo yo, que el mercado es como el intestino, que no requiere ayuda política para digerir los alimentos. Y no, no hablo del sobrante en caca, sino de los nutrientes que entran y alimentan el cuerpo.

    Más aún, es arrogancia fatal la de políticos que creen que pueden conocer y controlar todos los procesos y actividades en un mercado. O peor, no es que se sientan capacitados de controlar, pero sí para robar y despilfarrar. La realidad es que hemos llegado al presente no gracias a la interferencia politiquera sino a los procesos naturales de interacción humana. Decidir su gastos en carnavales o en arreglar la casa no es asunto de políticos; a menos que éstos se dediquen a usar los recursos impuestos para despilfarrarlos en festejos del Rey Momo.

    Y hay muchísimas formas de rapiña, tal como la de repartir subsidios que no subsidian sino distraen a las vacas mientras las ordeñan. Y qué triste que estas cosas ya las advertían los jesuitas escolásticos en épocas olvidadas hoy. Las normas económicas nacidas con la Escuela Austríaca de Economía, están fundamentadas en la naturaleza humana y alejada del desastroso intervencionismo en el mercado que hoy nos infecta, lacera y empobrece.

  • Viajes en el tiempo: el físico Gavassino demuestra su posibilidad

    Imagina, por un momento, que tienes acceso a una máquina del tiempo. La pregunta es inevitable: ¿a dónde irías? ¿A impedir el auge del reguetón? ¿A susurrarle a Da Vinci que los helicópteros no son tan prácticos sin motores? Los viajes en el tiempo han sido objeto de fascinación en la ciencia ficción, pero el físico Lorenzo Gavassino acaba de demostrar algo sorprendente: podrían ser posibles. Eso sí, nada de lo que Hollywood nos ha contado parece encajar en su análisis científico.

    La base de su propuesta, publicada en Classical and Quantum Gravity, es un concepto tan extraño como apasionante: las curvas cerradas de tipo tiempo (CTCs, por sus siglas en inglés). Estas curvas, que surgen en ciertos modelos del universo, permiten que el tiempo fluya de manera circular. Es decir, en lugar de ser una línea recta hacia adelante, podría doblarse sobre sí mismo y llevarnos de regreso a nuestro propio pasado.

    No tan rápido, Marty McFly

    Antes de que prepares el DeLorean, Gavassino advierte que estos viajes temporales no implican paseos por el pasado para corregir errores o comprar boletos de lotería ganadores. El principio de autoconsistencia, una pieza clave en su teoría, elimina las paradojas clásicas, como la famosa “paradoja del abuelo” (¿qué pasa si retrocedes y evitas tu propio nacimiento?). Según Gavassino, las leyes de la mecánica cuántica garantizan que cualquier evento en una CTC debe ocurrir de manera que no contradiga el resto de la línea temporal. En otras palabras, no puedes alterar el pasado porque simplemente no puedes.

    Además, las implicaciones termodinámicas de estas curvas son profundas. La entropía, esa medida del desorden que marca la flecha del tiempo, debería regresar a su estado inicial al completar un bucle temporal. Esto significaría una inversión espontánea del tiempo tal como lo entendemos, donde lo roto se recompondría mágicamente y los recuerdos adquiridos durante el viaje desaparecerían al final. Suena más a un truco cuántico que a un episodio de Doctor Who.

    Entonces, ¿dónde está la magia?

    Uno de los conceptos más intrigantes del trabajo de Gavassino es el “evento de mínima entropía”, un punto dentro de una CTC donde el orden parece surgir de la nada. ¿Qué significa esto? En teoría, estructuras complejas, como un cerebro humano o un libro completo, podrían aparecer espontáneamente en este punto debido a fluctuaciones estadísticas. Sí, suena absurdo, pero es el tipo de absurdidad que la física cuántica parece disfrutar.

    Además, cualquier intento de interactuar con una versión más joven de uno mismo sería, según Gavassino, casi imposible. Lo más cercano a ese escenario sería la aparición de un “clon” ilusorio, generado por las mismas fluctuaciones estadísticas que crean el evento de mínima entropía. En resumen, no podrías darte consejos sobre cómo evitar tus errores de juventud, pero tal vez podrías saludarte desde lejos.

    Más allá de la ciencia ficción

    El estudio de Gavassino no es solo un ejercicio académico; es un ejemplo de lo poco que entendemos sobre el tiempo y su relación con las leyes fundamentales del universo. Su trabajo desafía nuestra intuición y nos invita a pensar más allá de los límites convencionales. ¿Qué significa realmente el tiempo? ¿Es algo que podemos doblar, manipular o recorrer como si fuera un río? Y si es así, ¿qué responsabilidad moral implicaría alterar el curso de la historia?

    Un desafío para el lector

    La próxima vez que pienses en viajes en el tiempo, no te detengas en las imágenes de películas o novelas. Pregúntate: ¿qué implicaría realmente vivir en un universo donde el tiempo no es lineal? ¿Cómo afectarían estas leyes a nuestras ideas de causalidad, identidad y libre albedrío? Y, sobre todo, ¿estamos preparados para las consecuencias de lo que podríamos encontrar en esas curvas cerradas?

    Como demuestra Gavassino, el tiempo es mucho más que un concepto filosófico o una herramienta narrativa; es una dimensión entrelazada con las reglas más profundas del cosmos. Y aunque los viajes en el tiempo no nos permitirán deshacernos del reguetón (al menos no por ahora), sí nos obligan a replantearnos qué es posible en este vasto y misterioso universo. ¿Listo para investigar más?

  • Polonia: El Renacimiento de un Escudo Histórico para Europa

    En su artículo «El momento polaco», para el medio ABC, Guy Sorman traza un recorrido histórico y político que posiciona a Polonia como una nación clave para la defensa de los valores democráticos y liberales en Europa. El análisis de Sorman no solo destaca el papel histórico de Polonia como baluarte frente a las amenazas externas, sino que también celebra el liderazgo actual de Donald Tusk como una oportunidad única para revitalizar el proyecto europeo frente a los desafíos contemporáneos. A continuación, examinaremos los principales puntos de este texto y su relevancia en el contexto geopolítico actual.

    Polonia como baluarte histórico de Europa

    Sorman inicia su artículo recordando episodios en los que Polonia actuó como escudo de Europa frente a amenazas externas. Desde la contención de las invasiones mongolas en el siglo XIII hasta la defensa de Viena frente al Imperio Otomano en 1683, Polonia aparece como un actor central en la salvaguarda de la cristiandad y la estabilidad europea. Este hilo histórico se extiende al siglo XX con el Milagro del Vístula en 1920, cuando el ejército polaco detuvo la expansión del comunismo soviético hacia Occidente.

    Este marco histórico refuerza la idea de que Polonia, a menudo subestimada, ha jugado un papel desproporcionado en la configuración del destino de Europa. Más que un repaso nostálgico, Sorman utiliza estos ejemplos para cimentar su argumento: Polonia, una vez más, está llamada a liderar en un momento crítico para Europa.

    Donald Tusk: Un líder liberal en tiempos de incertidumbre

    La figura de Donald Tusk emerge como el eje central del análisis de Sorman. Según el autor, Tusk no solo representa la restauración de la democracia en Polonia tras los años de populismo de derecha, sino también un modelo de liderazgo liberal que la Unión Europea necesita urgentemente. Su programa, resumido en el lema “¡Seguridad! ¡Europa!”, combina una economía liberal dinámica con un compromiso firme con la seguridad militar y los valores democráticos.

    Polonia, bajo la dirección de Tusk, ha demostrado un compromiso ejemplar con la defensa, destinando cerca del 5% de su PIB al gasto militar, una cifra que supera con creces la de otros países europeos. Este esfuerzo no solo fortalece la seguridad frente a las amenazas rusas, sino que también responde a las críticas de Estados Unidos, que ha presionado a sus aliados europeos para aumentar sus presupuestos de defensa.

    El enfoque de Tusk, sin embargo, va más allá de la seguridad militar. Sorman lo describe como un defensor de la Europa liberal frente al iliberalismo representado por figuras como Viktor Orbán en Hungría y Marine Le Pen en Francia. En este sentido, su liderazgo se presenta como una oportunidad para revitalizar el proyecto europeo, recordando los beneficios sociales, económicos y políticos que han caracterizado a la Unión.

    Desafíos globales y el papel de Europa

    Sorman no minimiza los retos que enfrenta Tusk en su presidencia rotatoria de la Unión Europea. Con solo seis meses de mandato, las prioridades son claras: garantizar el apoyo europeo a Ucrania frente a la agresión rusa, reafirmar el compromiso con la OTAN y consolidar los valores democráticos y liberales en un contexto de crecientes tensiones internas y externas.

    En este sentido, Sorman advierte sobre el peligro del chantaje estadounidense y del imperialismo ruso, subrayando la necesidad de que Europa actúe con autonomía y determinación. La referencia a Elon Musk, a quien Sorman describe como un «delirante», introduce una dimensión contemporánea al debate, señalando cómo los actores no estatales también influyen en la dinámica global y desafían los valores europeos.

    El reto de ilusionar a Europa

    Sorman concluye su artículo con un llamado a la acción: Europa necesita líderes ilustrados capaces de devolver la ilusión a sus ciudadanos. La propuesta de Tusk, basada en seguridad y liberalismo, podría ser la chispa que reactive la confianza en un proyecto europeo que, según el autor, se encuentra en una encrucijada. Más allá de la seguridad y la economía, Sorman subraya la importancia de reafirmar los principios democráticos y liberales que han sido la piedra angular de la Unión Europea desde su creación.

    «El momento polaco» de Guy Sorman es tanto un homenaje al papel histórico de Polonia como un análisis del liderazgo de Donald Tusk en un momento crucial para Europa. Al conectar los logros pasados de Polonia con los desafíos actuales, Sorman presenta un argumento convincente sobre la importancia de este país en la defensa de los valores europeos frente a las amenazas internas y externas. Bajo la dirección de Tusk, Polonia tiene la oportunidad de demostrar que el liderazgo liberal no solo es viable, sino necesario para el futuro de Europa. En un contexto de creciente incertidumbre global, este «momento polaco» podría marcar el comienzo de un renacimiento europeo basado en los principios de libertad, seguridad y cooperación.

  • 2025 es un año cuadrado según las matemáticas, y puede ser el único de nuestras vidas

    El año que comienza es un año cuadrado: 2025 = 45². No decimos que eso sea bueno ni malo, porque el anterior año cuadrado fue 44² = 1936, que no brilla precisamente por ser un año de paz. Pero lo que sí podemos afirmar es que, para la mayoría de nosotros, 2025 será el único año cuadrado en el que vivamos: algunos mayores sí que vivían en 1936 y algunos de los más jóvenes de hoy puede que lleguen al 2116.

    Comencemos con un pequeño juego.

    En el calendario de enero de 2025 marque un cuadrado de tamaño 4×4. Tiene 4 posibilidades:

    2025 año cuadrado

    Sume los números que aparecen en los vértices del cuadrado que ha elegido y apunte ese número.

    Elija ahora uno de los números del interior del cuadrado, rodéelo con un círculo y tache todos los que están a izquierda y derecha y arriba y abajo del que ha señalado.

    De entre los números que están sin tachar (ni rodear), elija un segundo número. Márquelo también con un círculo y tache los que están por encima de él, por debajo, a su izquierda y a su derecha.

    De los que quedan sin tachar ni rodear elija uno, rodéelo y, de nuevo, tache los que están en su misma fila y columna.

    Ya le quedan pocos números sin usar. Elija uno de ellos, enciérrelo con un círculo, y tache todos los que queden sin usar en el cuadrado.

    Sume los números que había metido en los círculos.

    ¿Coincide esa cantidad con la que había escrito antes? ¿Sorprendente?

    Por qué coincide la cifra

    El hecho de rodear números y tachar los que se encuentran en la misma fila o columna fuerza a que se elijan 4 números con una propiedad importante: cada uno de los números encerrados con un círculo está en una fila diferente y, a la vez, en una columna diferente.

    Así, entre los 4 números se barren todas las filas y todas las columnas. Por otra parte, los números de la segunda fila se obtienen sumando 7 a los de la primera fila. Los de la tercera se obtienen añadiendo 14 y los de la cuarta sumando 21 a los de la primera. Si llamamos “a” al vértice superior izquierdo, los demás números de esa fila serán a+1, a+2 y a+3. Si, por ejemplo, los números elegidos fueran los de la diagonal, la suma sería a+(a+1+7)+(a+2+14)+(a+3+21). Cualquier elección que hagamos nos llevará a esa misma suma (aunque expresada en un orden diferente). No es magia. Son matemáticas.

    1 de enero de 2025

    Hay un desfase entre el 1 de enero y el primer día de cada uno de los otros meses. Dicho desfase se produce porque, salvo febrero en años no bisiestos, los meses no constan de semanas completas.

    Maurice Kraitchik menciona en su libro Mathematical Recreations una fórmula ideada por Carlos Federico Gauss para poder determinar el día de la semana, pero es mucho más versátil y rápida la que descubrió Lewis Carroll y que fue publicada en Nature como nota corta. El método de Carroll requiere hacer algunos cálculos: básicamente dividir entre 4 y entre 7 y quedarnos con los restos.

    En 2020 Miquel Durán, profesor de química y entusiasta divulgador, y yo mismo adaptamos los cálculos de Carroll a un esquema gráfico en el que para determinar el día de la semana en que cae una fecha no hay más que contar con los dedos. Este es nuestro calendario perpetuo:

    1. Elija el año. Atención, los años bisiestos están escritos con tinta blanca. Ponga su dedo índice sobre el año elegido.
    2. Busque el mes. Verá un número debajo del mes. Muévase en el sentido de las agujas del reloj tantos pasos como indica el número que está bajo el mes.
    3. Muévase en el sentido de las agujas del reloj tantas veces como indique el número del día de la fecha que ha elegido.
    4. Precaución: si el año elegido era bisiesto y el mes es enero o febrero, debe moverse una posición hacia atrás.

    El lugar donde está ahora su dedo índice indica el día de la semana en que cae la fecha elegida.

    El orden de los días

    El día 1 de enero de 2025 es miércoles, el día de Mercurio.

    El origen del nombre de los días de la semana es bastante conocido: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus. Sábado y domingo nos descuadran la idea astronómica por tratarse de nombres religiosos: el Sabbat y el Dies Domini. En latín sí estaban las referencias a Saturno y Sol, que se mantienen en inglés todavía hoy.

    Rob Eastaway comenta en su libro How Long is a Piece of String la razón del orden en el que aparecen los días de la semana. Los datos conocidos de los que partimos son los tiempos que tardan los objetos celestes, desde nuestro punto de vista, en dar una vuelta y volver a la posición inicial: Saturno tarda 28 años; Júpiter, 12 años; Marte, 687 días; el Sol, 365 días; Venus, 225 días; Mercurio, 88 días, y la Luna, 28 días. Podríamos haber puesto los nombres de los días de la semana por este orden y haber acabado, pero ese no es el orden que utilizamos.

    La clave del orden en el que aparecen mencionados los días de la semana se debe a que los babilonios nombraron las horas, no los días, según los periodos de las órbitas, de mayor a menor. Así, escribieron las 24 horas del día asignando esos nombres:

    2025 año cuadrado

    Si nos fijamos en una línea cualquiera de esa tabla veremos el orden habitual en el que aparecen los días de la semana.

    El final de un año y el principio de otro nos evoca muchos sentimientos: hacemos balance de lo que ha pasado y también propósitos para el nuevo periodo que comienza. Podríamos hacerlo en cualquier momento pero, como todo ritual, bien merece una ocasión solemne.

    2025 puede ser el único año cuadrado de nuestras vidas. ¡Habrá que celebrarlo!The Conversation

    Fernando Blasco, Profesor Titular de Universidad de Matemática Aplicada. Área de interés: educación, divulgación y comunicación científica., Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

  • Hola 2025, en Viernes de Poemas

    Hola 2025

    Recuerdo imaginar en la década de 1980 si llegaría yo al 2000 y hoy, 31 de diciembre del 2024 contemplando el cambio al año nuevo me pregunto ¿qué pasó? Creo que fue el tiempo; pero… hoy que me dice mi hermano Irving que el tiempo es relativo o, más aún, que el tiempo no existe, hoy definitivamente no sé qué pasó. A ver si logro expresar lo que pienso y siento, este mañana sentado ante el nuevo año; pero lo hago en el medio que mejor me inspira, en prosa sentimental.

    Hola 2025

    ¿Qué recuerdos dejo en la estela del 2024?
    Ahora, dedos en teclas, los busco en el retrovisor de mi mente
    Y en la opacidad de eventos derramados en decanto
    No logro distinguir eventos clarividentes

    Curioso que las visiones sean emotivas
    Que sin emoción no hay noción
    Que sin noción no hay retentiva
    Y sin retentiva se pierda la creación

    ¿A dónde se fueron mis recuerdos?
    Hoy en la antesala de los Alisios
    Y en la ausencia de ventiscas colmado
    Me pregunto la razón de mis olvidos.

    ¿Serán los años que llevo enredados?
    ¿Será que busco en sueños el amor pasado?
    ¿O será que distraído se escabullen los días?
    Y dormidos los amores ya cansados

    Y… frente al año como cerro que empina
    Me asedian enigmas del destino
    Enigmas de las rutas supinas
    Y de los recovecos del camino

    Pero que importa el andar
    Lo que importa es el caminar
    Importa el paso a paso encantar
    Y a nuevos destinos inimaginables llegar

    John A.Bennet Novey, especial para nuestra sección Viernes de poemas .

    *La imagen que ilustra el poema fue generada con AI.. que ha determinado su propio prompt a partir de la lectura de la poesía. Impresiona por momentos, dado que son técnicamente ceros y bits combinados, pero ha captado muy bien los sentimientos de Juan Alejo: «Una ilustración reflexiva y sentimental que representa la transición del año 2024 al 2025. La escena muestra a una persona sentada en un escritorio en una habitación con poca luz, escribiendo en una máquina de escribir antigua. La vista fuera de la ventana revela un cielo nocturno sereno con estrellas y débiles rastros del amanecer que simbolizan la esperanza. El fondo incluye un calendario de estilo retro que muestra el 31 de diciembre de 2024 y el 1 de enero de 2025, con un reloj que indica la medianoche. Elementos etéreos, como débiles rastros de recuerdos, representados por hilos brillantes y translúcidos, fluyen alrededor del individuo, simbolizando la búsqueda de significado y recuerdo. El tono general es nostálgico y poético.»

  • Entre promesas renovadas y desafíos globales: una perspectiva libertaria para el 2025

    A medida que el calendario avanza inexorable hacia el nuevo año, se abre el tradicional ciclo de reflexión y propósitos. Entre brindis y abrazos, renuevan su espacio las promesas incumplidas, las metas ambiciosas y las esperanzas de un futuro mejor. Pero también, entre las luces y el júbilo, acecha el recuerdo de un mundo que no parece detenerse en sus conflictos ni en su complejidad. Desde la interminable guerra en Ucrania hasta la gran intriga que trae consigo la llegada de nuevos gobernantes en 2025 –con Trump nuevamente en escena como una fuerza polarizadora–, el panorama global sigue dominado por las maniobras de los poderosos. Los Estados Unidos mantienen su hegemonía, mientras otros países intentan reconfigurar sus papeles en un tablero donde los intereses individuales parecen quedar relegados frente a las agendas de quienes ostentan el poder.

    Políticos: los grandes maximilizadores de utilidades

    En este contexto, resulta tentador –como lo ha sido durante siglos– depositar nuestras esperanzas en los líderes y sus promesas. Pero, desde una perspectiva libertaria, es esencial recordar que los políticos no son los salvadores que pintan ser. Ellos son, en el mejor de los casos, actores racionales que maximizan sus propias utilidades: buscan perpetuarse en el poder, proteger sus intereses y favorecer a quienes les aseguran apoyo.

    Si algo nos ha enseñado la historia, es que las grandes revoluciones personales y sociales no surgen de despachos gubernamentales, sino de la acción decidida de individuos y comunidades. Confiar nuestro destino en un grupo que circunstancialmente está en el poder es un acto de fe que no siempre se ve recompensado. Por eso, el verdadero propósito para 2025 debería ser claro: confiar más en nosotros mismos, en nuestras redes cercanas, y en las herramientas que la tecnología nos brinda para construir nuestra soberanía personal.

    Tecnología y soberanía financiera: las llaves del futuro

    Hoy más que nunca, contamos con medios para ejercer una independencia real frente a las decisiones de los poderosos. Las criptomonedas, como Bitcoin o Monero, representan mucho más que simples alternativas al sistema financiero tradicional. Son la posibilidad tangible de construir una soberanía financiera que dependa de nosotros mismos y no de bancos centrales o políticos que manipulan las monedas nacionales según sus necesidades del momento.

    Monero, con su enfoque en la privacidad y el anonimato, ejemplifica el sueño libertario de una economía donde nuestras transacciones sean realmente nuestras, sin interferencias ni vigilancia. A través de estas herramientas, podemos aspirar a un mundo donde no seamos simples peones en los juegos de los poderosos, sino agentes activos de nuestro propio destino.

    Un mensaje de acción

    Este fin de año, entre propósitos y reflexiones, podríamos cambiar el enfoque. En lugar de confiar en que las decisiones de un nuevo gobierno o los tratados internacionales resolverán los problemas del mundo, elijamos creer en nosotros mismos. En nuestras comunidades, en nuestras familias y en nuestros vecinos. En la capacidad que tenemos de construir un entorno más justo y libre a partir de nuestras acciones.

    Para 2025, propónganse algo diferente: educarse financieramente, explorar las herramientas tecnológicas que promueven la independencia, apoyar negocios locales, construir redes de confianza y colaborar con quienes comparten sus valores. La verdadera revolución no necesita un decreto presidencial ni una cumbre mundial. Está en las decisiones que tomamos cada día y en la valentía de vivir según nuestras convicciones.

    El mundo seguirá siendo un lugar complejo, con guerras y gobernantes que prometen más de lo que cumplen. Pero si algo es seguro, es que la posibilidad de un futuro más libre y soberano está en nuestras manos. Que el próximo año sea un recordatorio de que la confianza más valiosa no está en los políticos, sino en nosotros mismos.

    ¡Feliz 2025 y que el poder vuelva a estar donde siempre debió estar: en las manos de cada uno de nosotros!